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  • Según un estudio publicado hoy, la gravedad de la Tierra, Venus y Júpiter bastaría para generar una débil oscilación en el Sol de gran importancia para la aparición de manchas y tormentas solares
 Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean. Proponen que podrían influir en la actividad del Sol - NASA/SDO

Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean. Proponen que podrían influir en la actividad del Sol – NASA/SDO

El ciclo de actividad solar es un fenómeno que se repite cada 11 años y del que depende la cantidad de manchas solares que aparecen sobre la superficie de la estrella. Como estas manchas están más frías que el entorno, este ciclo influye también en la cantidad de calor que llega a la Tierra. Aún hay muchas cosas por aprender sobre este complejo mecanismo, pero hoy en día se considera que depende del campo magnético solar.

Según un estudio publicado hoy en la revista «Solar Physics» por investigadores del «Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf» (HZDR), la atracción gravitatoria que resulta de la alineación de Venus, Júpiter y la Tierra influye en la actividad del Sol.

«Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean», ha explicado en un comunicado Frank Stefani, primer autor del estudio e investigador en el HZDR. «Nos preguntamos si eso era una coincidencia, o si el ciclo solar está relacionado con el ciclo de conjunción u oposición de estos tres planetas».

Esta pregunta no es nueva, pero en el estudio presentado hoy por los investigadores se propone un nuevo mecanismo que en teoría es capaz de explicar esta influencia.

El Sol es una dinamo en la que el movimiento de las partículas cargadas del plasma generan un campo magnético. Este campo es creado por la llamada dinamo alfa-omega, un mecanismo que cada once años provoca que los polos del sol se inviertan (el Norte pasa al Sur y viceversa) y que además está relacionado con el ciclo de actividad solar. Este fenómeno provoca que la cantidad de manchas y de explosiones alcance tasas mínimas y máximas también cada 11 años.

Pero tal como ha averiguado el equipo de Stefani, este fenómeno de dinamo alfa está influido por ciertas oscilaciones que podrían provenir de los débiles efectos de marea de los planetas.

«Nuestros cálculos muestran que la atracción gravitatoria de los planetas actúa como una influencia externa. Esta oscilación en el efecto alfa, que se activa casi cada 11 años, podría causar la inversión de la polaridad del campo magnético solar y, finalmente, dictar el ciclo de 22 años de actividad de la dinamo solar», ha explicado Stefani.


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  • Los discos de gas de muchas estrellas se desvanecen y permiten la formación de planetas en 5 o 10 millones de años, pero en dos enanas rojas detectadas, estos discos son aún más antiguos
nasa Imagen de la formación de un sistema planetario en el centro de una galaxia en desarrollo captada por el telescopio Hubble

nasa | Imagen de la formación de un sistema planetario en el centro de una galaxia en desarrollo captada por el telescopio Hubble

Un equipo de astrónomos de la Universidad Nacional Australiana (ANU) y de la de Nueva Gales del Sur (UNSW) han descubierto por casualidad los discos de gas y polvo cósmico de dos estrellas enanas rojas cercanas relativamente al Sistema Solar, a unos 380 millones de años luz de distancia, en la asociación estelar Escorpio- Centauro, y que podrían revelar pistas sobre la formación de los planetas. Este estudio ha sido publicado en la revista mensual «Notices of the Royal Astronomical Journal».

Estos cinturones se forman en torno a las estrellas jóvenes y se van desvaneciendo a medida que se forman los planetas. Hasta ahora, los científicos creían que estos discos estelares desaparecían aproximadamente a los cinco millones de años, dando paso a planetas que tardan varios millones de años más en solidificarse por completo.

El descubrimiento de los científicos australianos puede suponer que haya planetas que disponen de más tiempo para formarse, lo que arroja nuevas posibilidades de investigación.

Como ha explicado para EFE, el jefe de la investigación, el astrónomo Simon Murphy (Universidad Nacional Australiana, ANU) «todos los planetas nacen en las órbitas de los discos ‘circunestelares’ de gas y polvo, que tienen un tiempo de vida típico de menos de cinco millones de años».

Formación de planetas

Los planetas rocosos creados de la acumulación de pequeños cuerpos se forman en unos diez millones de años, a medida que los discos se disipan, aunque planetas gigantes de gas como Júpiter o Saturno se demoran unos millones de años más.

Según Murphy, el hallazgo de los discos alrededor de las estrellas enanas de 15 millones de años «supone una evidencia convincente de que los discos alrededor de las estrellas con masas menores que las del Sol pueden durar más de lo que se pensaba».

Este descubrimiento pone a prueba las actuales teorías sobre la formación de los planetas porque sugiere, en opinión del astrónomo que «se dispone de más tiempo para que se formen los planetas alrededor de esas estrellas y más tiempo para que los planetas migren alrededor del disco (de gas y polvo cósmico)».

Telescopio WISE

Los autores del estudio no observaron directamente los cinturones de gas y polvo cósmico, sino a través de una especie de destello inusual detectado por el potente telescopio WISE, de la NASA, en el espectro infrarrojo de las estrellas. Pero la relativa cercanía de las dos estrellas enanas rojas a las que circunvalan ha abierto la posibilidad de poder observar directamente los discos e incluso la formación de un planeta a través de telescopios especializados.

El coautor de este estudio, Warrick Lawson, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, ha destacado en un comunicado que esas estrellas enanas, que también podrían albergar ya planetas, despertarán el interés de muchos astrónomos. En este sentido, ha agregado que «la mayoría de estos objetos están en el cielo meridional y por ello los telescopios del hemisferio sur son los mejores, incluyendo aquellos operados por la ANU y en toda Australia».

Escorpio – Centauro

La asociación estelar Escorpio-Centauro, que cubre un 10% del cielo meridional, se estudia profusamente desde Australia y Chile, que con el radiotelescopio ALMA consiguió las mejores imágenes conseguidas hasta ahora de la formación de un planeta en torno a una estrella infante.

Australia ha realizado varios trabajos de gran relevancia en el campo de las astronomía, como la recepción en julio pasado de las primeras imágenes de Plutónen el Complejo del Espacio Profundo Tidbinbilla, a las afueras de Camberra. Además, un equipo de investigadores internacionales, entre ellos australianos, midieron la energía generada por más de 200.000 galaxias y descubrieron que el Universo está muriéndose lentamente.

Astrónomos del país oceánico también tienen en su agenda la medición del movimiento de millones de galaxias para elaborar el mayor mapa de materia oscura del Universo.


El Mundo

  • Un experimento en California trata de averiguar las condiciones especiales que se dieron en la evolución de los planetas
  • Pretenden resolver el misterio de la vida en la Tierra. ¿Surgió en el planeta o vino a bordo de cometas y asteroides?

Recreación artística de la formación de planetas.

El proceso de formación del Sistema Solar fue extremadamente largo y violento. Algunas teorías recientes sugieren que el Sol y la ‘nebulosa solar’ surgieron de los restos de supernovas cercanas, creando un disco protoplanetario en el que nacerían los planetas por medio de numerosas colisiones que duraron millones de años. Así, los planetas terrestres se formaron con altos puntos de fundición de silicatos y metales, mientras, el resto de protoplanetas, alejados del cinturón de asteroides y del calor, pudieron absorber más compuestos volátiles de hielo e hidrógeno, creando gigantes gaseosos y de hielo.

Estos procesos de formación planetaria son los que está reproduciendo un equipo de científicos en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL), de la Universidad Berkeley en California, utilizando un láser impulsado por compresión, con el que recrean las violentas condiciones que se producen en el interior en el nacimiento de planetas similares a la Tierra, documentando las propiedades de los materiales que determinaron los procesos de formación y evolución de los planetas.

No se trata de reproducir un Sistema Solar en miniatura, sino que, según ha detallado a EL MUNDO Marius Millot, investigador principal de este experimento publicado este viernes en la revista Science, utilizan “uno de los láseres más potentes del mundo” dirigiéndolo hacia una muestra milimétrica de policristales y monocristales de stishovita, una forma de sílice de alta densidad (SiO2), induciendo sobre ella “un pulso muy corto, de una milmillonésima de segundo”. De esta forma, “la enorme expulsión de energía crea un plasma que envía una onda de compresión por ‘efecto cohete’ a nuestra muestra, generando una onda de choque que comprime y calienta los cristales a medida que se desplaza”.

Después, los científicos monitorizan la onda de choque mientras se mueve a través de la muestra, como una bola de nieve bajando una montaña, “con diagnósticos ópticos ultra-rápidos, para deducir las propiedades del sílice sometido a las altas presiones y temperaturas que existen en las profundidades de los planetas y durante los violentos eventos de su historia, como el gran impacto que creó la Luna”, concluye el físico.

El director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN), Rafael Bachiller, reconoce los beneficios que este estudio tendría para la astrofísica. En su opinión, “las medidas en laboratorio del comportamiento de los materiales bajo las enormes presiones que reinan en los núcleos de los planetas son de sumo interés para comprender su formación, estructura y evolución interna“.

La clave para determinar estas características, según explica Millot, “es saber cuánto tiempo se mantienen sólidos sus materiales antes de fundirse por la presión, y ahora podemos medirlo en el laboratorio”, celebra. Gracias a este método, pudieron saber que la fusión del sílice se produce a 5 millones de atmósferas (500 GPa), una presión comparable a la presión entre el núcleo y el manto de una súper-Tierra, es decir, un planeta 5 veces mayor que nuestra Tierra, como Urano y Neptuno.

Los planetas rocosos podrían poseer desde hace muchos años profundos océanos de magma (roca fundida)

En combinación con anteriores mediciones sobre otros óxidos y sobre el hierro, los datos de esta investigación indican que los silicatos del manto y el núcleo de metal tienen temperaturas de fusión comparables por encima de 300-500 GPa, lo que sugiere que los grandes planetas rocosos podrían poseer desde hace muchos años profundos océanos de magma, en el que se pueden formar los campos magnéticos planetarios. Además, según señala Millot, “nuestra investigación sugiere que el sílice está probablemente en estado sólido en el interior de los núcleos de Neptuno, Urano, Saturno y Júpiter, lo que establece nuevas restricciones en los futuros modelos mejorados para la estructura y evolución de estos planetas”.

Sin embargo, Bachiller advierte que, aunque las simulaciones en laboratorio de procesos astrofísicos ganan en realismo cada día, siempre hay que tener cuidado con las analogías que se realizan en física, pues los sistemas astrofísicos son extremadamente complejos, ya que en ellos coexisten numerosos fenómenos físicos y químicos. Por ejemplo, en el interior de los planetas encontramos convección, turbulencia, inestabilidades de diferentes tipos, fenómenos magnéticos, y un largo etcétera. Esto es algo imposible de reproducir en un laboratorio“.

Stishovita sintética

Conseguir policristales y monocristales de stishovita no es nada fácil para los científicos, pues usualmente sólo se encuentran en pequeñas cantidades cerca de cráteres formados por impactos de meteoritos. Las muestras naturales, por lo tanto, son demasiado pequeñas y demasiado valiosas para utilizarlas en un experimento de este tipo. “¡Nuestro método es destructivo!“, bromea Millot. Con lo cual, sólo podrían utilizar cristales creados artificialmente.

Así, los avances de Millot no habrían sido posibles sin la labor de la científica Natalia Dobrovinskaia y su equipo de la Universidad de Bayreuth en Alemania, pues según asegura el físico estadounidense, “son las únicas personas en el mundo capaces de sintetizar este tipo de cristales para nuestro estudio”.

Para fabricarlos, utilizan una gran prensa, del tamaño de una habitación, con la que comprimen unos milímetros cúbicos de cuarzo a 130.000 atmósferas (14 GPa), sometiéndolos a miles de grados, hasta alcanzar las condiciones de temperatura y presión en la que la stishovita tiene su fase más estable del sílice. De forma más simple, Millot explica que en nuestras casas “hacemos lo mismo al crear cubos de hielo, poniéndolos en el congelador hasta que las temperaturas alcanzan condiciones bajo cero, que son en las que se alcanza la fase más estable del agua: el hielo”.

Los investigadores pretenden averiguar incógnitas como el origen de la vida en la Tierra. ¿Surgió en el planeta o se sembró en cometas y asteroides?

La stishovita es mucho más densa que el cuarzo o el sílice fundido, por lo que se mantiene más fría bajo compresión, característica que permitió a los investigadores medir la temperatura de fusión a una presión mucho mayor. Según explica Millot, la compresión dinámica de los materiales planetarios es algo muy importante para el éxito de la investigación, pues “en las profundidades del interior de los planetas, el hidrógeno es un fluido metálico, el helio puede comportarse como una lluvia, la sílice fluida es un metal y el agua puede estar en forma super-iónica”.

Estos comportamientos exóticos son los que Millot intenta responder con sus experimentos. “¿Por qué hay una gran cantidad de agua en la Tierra? ¿De dónde viene la vida? ¿Surgió en la Tierra o se sembró en cometas y asteroides?. Para este físico, el nacimiento y la evolución del Sistema Solar “sigue siendo un misterio”.

La violenta formación del Sistema Solar

Según una teoría reciente de la Universidad de Arizona, el Sol pudo haber surgido dentro del alcance de algunas supernovas cercanas, por lo que la onda de choque de estos agresivos fenómenos pudo haber desencadenado la formación de nuestra estrella al haber colapsado las regiones de sobre-densidad en la nebulosa circundante, conocida como ‘nebulosa protosolar’. Al colapso de esta nebulosa, el material de su interior se iría condensando a medida que giraba más y más rápido.
Entonces, los átomos colisionarían liberando energía en forma de calor que se iría acumulando en el centro de la masa. Cuando la gravedad, la presión del gas, los campos magnéticos y la rotación actuaron en ella, la nebulosa en contracción empezaría a allanar, creando un disco protoplanetario en el que el Sol terminaría de formarse. La estrella estaría rodeada por una nube de gas y polvo, la ‘nebulosa solar’, donde se formarían los ‘planetesimales’, cuerpos de 5 km de tamaño que irían creciendo por acreción, colisionando con granos de polvo que irían haciéndolos cada vez más grandes durante millones de años. Formados principalmente por componentes con altos puntos de fundición, como los silicatos y metales, estos cuerpos rocosos finalmente se convirtieron en planetas terrestres.
Mientras, Júpiter, con sus efectos gravitacionales, hacía imposible que se unieran objetos protoplanetarios presentes, dejando detrás el cinturón de asteroides. Además, al sobrepasar la línea de congelación donde más compuestos volátiles de hielo pudieron permanecer sólidos, Júpiter y Saturno juntaron más material que los planetas terrestres, convirtiéndose en gigantes gaseosos, mientras que Urano y Neptuno capturaron menos material, evolucionando como gigantes de hielo, con núcleos hechos por compuestos de hidrógeno.

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  • Detectados por la nave Kepler, la mayoría son más pequeños que Neptuno y muchos forman parte de sistemas solares parecidos al nuestro. Disparan el número de exomundos conocidos a casi 1.700

La NASA confirma el hallazgo de 715 nuevos planetas

NASA Recreación artística de sistemas planetarios con estrellas que tienen más de un planeta en tránsito

La misión Kepler de la NASA ha anunciado el descubrimiento de un botín planetario con nada menos que 715 nuevos mundos extrasolares. Estos planetas orbitan 305 estrellas, lo que revela que conforman sistemas con múltiples planetas muy parecidos al nuestro.

Casi el 95% de estos planetas son más pequeños que Neptuno, que tiene casi cuatro veces el tamaño de la Tierra. Este descubrimiento marca un aumento significativo en el número de mundos de tamaño pequeño conocidos más similares a la Tierra que los identificados previamente.

«El equipo de Kepler continúa sorprendiéndonos con su caza de planetas», ha dicho John Grunsfeld, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA en Washington. «Que estos nuevos planetas y sistemas solares se parezcan un poco a los nuestros, augura un gran futuro cuando tengamos el Telescopio Espacial James Webb en el espacio para caracterizar los nuevos mundos».

Desde el descubrimiento de los primeros planetas fuera de nuestro Sistema Solar hace aproximadamente dos décadas, la verificación de los mismos ha sido un proceso laborioso planeta por planeta. Ahora, los científicos tienen una técnica estadística que se puede aplicar a muchos planetas a la vez cuando se encuentran ante sistemas que albergan más de un planeta alrededor de la misma estrella.

Para verificar esta abundancia de planetas, un equipo de investigación codirigido por Jack Lissauer, científico planetario del Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, analizó las estrellas con más de un potencial planeta, todos los cuales fueron detectados en los dos primeros años de las observaciones de Kepler, de mayo de 2009 a marzo de 2011.

El equipo de investigación utilizó una técnica llamada de verificación por la multiplicidad, que se basa en parte en la lógica de la probabilidad. Kepler observa 150.000 estrellas y ha encontrado que unas pocas miles albergan candidatos a planetas. Si los candidatos estaban distribuidos al azar entre las estrellas de Kepler, solo un puñado tendría más de un candidato a planeta. Sin embargo, Kepler observó cientos de estrellas que tienen múltiples candidatos. A través de un cuidadoso estudio de esta muestra, se verificaron estos 715 nuevos planetas.

Como leones en la sabana

Según dicen los investigadores, este método se puede comparar con el comportamiento que sabemos de los leones y leonas. En nuestra imaginaria sabana, los leones son las estrellas de Kepler y las leonas son las candidatas a planeta. A veces, las leonas se observarían agrupadas mientras que los leones tienden a vagar por su cuenta. Si usted ve a dos leones, podrían ser un león y una leona o podrían ser dos leones. Pero si se reúnen más de dos grandes felinos, entonces es muy probable que sea un león y su manada. De este modo, a través de la multiplicidad, la leona se puede identificar de forma fiable de la misma forma que múltiples planetas candidatos se pueden encontrar alrededor de la misma estrella.

«Hace cuatro años, Kepler comenzó una serie de anuncios de primero cientos y luego miles de planetas candidatos, pero solo eran eso, candidatos», dice Lissauer. «Ahora hemos desarrollado un proceso para verificar múltiples candidatos a planetas en conjunto y lo hemos utilizado para dar a conocer una verdadera bonanza de nuevos mundos».

Más parecidos a la Tierra

Cuatro de estos nuevos planetas tienen menos de 2,5 veces el tamaño de la Tierra y orbitan en la zona habitable de su sol, el rango de distancia donde la temperatura de la superficie de un planeta en órbita puede ser adecuada para que exista agua líquida.

Uno de estos nuevos planetas en la zona habitable, llamado Kepler- 296f, orbita una estrella de la mitad del tamaño de nuestro Sol y un 5% más brillante. Kepler- 296f tiene el doble del tamaño de la Tierra, pero los científicos no saben si el planeta es un mundo gaseoso, con una espesa envoltura de hidrógeno y helio, o se trata de un mundo de agua rodeado por un océano profundo .

«Los planetas en estos sistemas múltiples son pequeños y sus órbitas son planas y circulares -parecidas a tortitas- en vez de la imagen clásica de un átomo», explica Jason Rowe, científico investigador en el Instituto SETI en Mountain View, California, y coautor de la investigación. «Cuanto más exploramos, más encontramos rastros conocidos de nosotros mismos entre las estrellas que nos recuerdan a casa».

Este último descubrimiento trae el recuento confirmado de planetas fuera de nuestro sistema solar a casi 1.700. Lanzada en marzo de 2009, Kepler es la primera misión de la NASA en busca de planetas similares a la Tierra potencialmente habitables. Los descubrimientos incluyen más de 3.600 candidatos, de los cuales 961 han sido verificados.

La investigación aparece publicada en la revista The Astrophysical Journal.


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  • Estos planetas son entre un 10% y hasta un 80% más grandes que la Tierra

La NASA anuncia el descubrimiento de cinco nuevos planetas rocosos

afp | La nave espacial Kepler ha descubierto cinco nuevos planetas rocosos

La nave espacial Kepler ha hallado cinco nuevos planetas rocosos entre una serie de mundos que también han sido encontrados recientemente por la prolífica sonda de la NASA. La agencia espacial estadounidense ha explicado, durante la reunión de la Sociedad Astronómica Americana, que los planetas varían en tamaño, desde un 10% hasta un 80% más grandes que la Tierra.

Para llevar a cabo este hallazgo y obtener datos de los planetas, se han realizado observaciones de seguimiento con mediciones Doppler de las estrellas anfitrionas de los pleanetas.

El equipo midió la oscilación del reflejo de la estrella anfitriona causada por el tirón gravitacional que, sobre ella, ejerce el planeta en órbita. Esta observación revela la masa del planeta: cuanto mayor es la masa del planeta mayor es la atracción gravitatoria y, por tanto, mayor será el tambaleo.

«Esta maravillosa avalancha de información sobre planetas nos habla de su estructura de núcleo y su envoltura», ha señalado uno de los autores del trabajo, Geoff Marcy. “Ahora nos enfrentamos a preguntas desalentadoras acerca de cómo se forman estos mundos y por qué el Sistema Solar está desprovisto de algunos de los elementos más comunes en la galaxia”, ha apuntado.

Así, ha destacado que de dos de los nuevos mundos rocosos, denominados Kepler-99b y Kepler-406b, ya se sabe que son un 40 por ciento más grande en tamaño que la Tierra y que tienen una densidad similar al plomo. Ambos orbitan su estrella en menos de cinco y tres días, respectivamente, por lo que, según los investigadores, son demasiado calientes para sostener la vida tal y como se conoce.

En este sentido, ha explicado que las mediciones de densidad dictan la composición química posible de los planetas extraños. De este modo, saben que los más pequeños tienen un núcleo rocoso y que las proporciones de hidrógeno o helio, entre otros componentes, varían dramáticamente. La NASA espera ahora, ‘armada’ con esta información, poder convertir la fracción de estrellas que albergan planetas tamaños en la fracción de estrellas que albergan planetas rocosos. “Y eso es un paso más cerca de encontrar un entorno habitable más allá del Sistema Solar”, ha concluido Marcy.


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  • Estos mundos de tamaño medio, situados a 36 y 40 años luz de la Tierra, tienen ambientes abrasadores
El Hubble observa dos planetas extrasolares cubiertos de nubes

Space Telescope Science Institute
Interpretación artística de un planeta con nubes

Pronóstico meteorológico para hoy (y para mañana, y para el día siguiente…) en dos planetas fuera del Sistema Solar: nublado. El Telescopio Espacial Hubble de la NASA ha observado las atmósferas cubiertas de nubes de dos de los tipos más comunes de mundos en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Estas nubes no se parecen a las que conocemos y se prevé que sus ambientes abrasadores se encuentren a cientos de grados Fahrenheit: demasiados calientes para un día lluvioso. La investigación, realizada por el Instituto de Tecnología de California en Pasadena y la Universidad de Chicago, aparece publicada en la revista Nature.

Los planetas son GJ 436b, situado a 36 años luz de la Tierra en la constelación de Leo, y GJ 1214b, a 40 años luz en la constelación de Ofiuco. A pesar de los esfuerzos de los científicos, hasta ahora había sido imposible describir la naturaleza de los ambientes que rodean a estos planetas. Por este motivo, los investigadores creen que el nuevo trabajo resulta un hito importante en el camino hacia el hallazgo de un mundo potencialmente habitable, similar al nuestro, más allá del Sistema Solar.

Los dos planetas tienen una masa de rango medio, entre los más pequeños y rocosos como la Tierra y los grandes gigantes de gas, como Júpiter. GJ 436b se clasifica como un «cálido Neptuno», ya que está mucho más cerca de su estrella que el frío Neptuno está del Sol. GJ 1214b es conocido como una supertierra, debido a su tamaño. Ambos se han podido observar en tránsito, es decir, cuando pasan por delante de sus estrellas. Cuando la luz estelar se filtra a través de sus atmósferas, supone una muy buena oportunidad para estudiarlos con más detalle .

El planeta GJ 436b «puede tener una alta capa de nubes que oscurecen la visión, o una atmósfera libre de nubes deficiente en hidrógeno, lo que lo haría muy diferente de Neptuno», dice Heather Knutson, del Instituto de Tecnología de California, responsable de esta parte del estudio. «En lugar de hidrógeno, podría tener cantidades relativamente grandes de moléculas más pesadas como vapor de agua, monóxido y dióxido de carbono, lo que comprime la atmósfera y hacer que sea difícil para nosotros detectar las firmas químicas».

En cuanto a GJ 1214b, su atmósfera está dominada por vapor de agua o hidrógeno, con nubes altas que cubren el planeta y ocultan información sobre su composición y el comportamiento de la atmósfera baja y su superficie. El Hubble tampoco reveló huellas químicas en la atmósfera, pero los datos son tan precisos que se pueden descartar composiciones libres de nubes de vapor de agua, metano, nitrógeno, monóxido o dióxido de carbono por primera vez.

«Es posible que no conozcamos tan bien como nosotros pensábamos los planetas extrasolares», afirma Knutson. Ahora, los científicos trabajan para determinar a qué se parecen realmente estos planetas, si a un mini-gigante de gas o a otra cosa, más parecida a un mundo acuático o rocoso como la Tierra.


El Mundo

  • ASTROFÍSICA | Según un estudio realizado con los telescopios ‘Kepler’ y ‘Keck’

Ni demasiado cerca ni demasiado lejos de su estrella. Para que un planeta fuera de nuestro Sistema Solar pueda albergar teóricamente algún tipo de vida, debe estar situado a una distancia de su sol que le permita tener agua líquida en su superficie, como sucede en la Tierra. Este área es la que los astrónomos denominan zona habitable. Así, si un planeta orbita a una distancia muy pequeña de su estrella será un mundo extremadamente caluroso y si está demasiado alejado, sería un planeta helado.

Y en la Vía Láctea, ¿cuántas estrellas similares al Sol tienen planetas del tamaño de nuestra Tierra en su zona habitable? Aproximadamente una de cada cinco, responde un equipo de científicos de las universidades de California y Hawai en un estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

En concreto, precisan, un 22% de las estrellas parecidas al Sol tienen planetas con un tamaño y una temperatura similar a la Tierra en nuestra galaxia. No obstante, aclaran que el hecho de que puedan teóricamente tener agua, y por consiguiente, algún tipo de vida, no significa que la tengan.

Planetas similares a la Tierra

«Cuando miras al cielo por la noche, la estrella parecida al Sol con un planeta del tamaño de la Tierra en su zona habitable más cercana a nosotros probablemente está sólo a 12 años luz y podemos verla a simple vista. Es asombroso», afirma Erik Petigura, autor principal de este estudio que muestra cómo los planetas parecidos al nuestro serían relativamente comunes en la Vía Láctea.

Los investigadores utilizaron datos recabados por el telescopio espacial Kepler de la NASA y por el terrestre Keck de Hawai para encontrar estrellas parecidas al Sol y planetas que tuvieran un radio que fuera entre una y dos veces el de la Tierra y que recibieran una radiación de su estrella equivalente a entre una y cuatro veces la que la Tierra.

La NASA ha ofrecido este lunes una rueda de prensa para explicar los últimos resultados científicos obtenidos gracias a su telescopio, lanzado en 2009 con el objetivo de buscar mundos parecidos a la Tierra.

“Las estrellas son los ladrillos de la galaxia, pues conducen su evolución y facilitan a los planetas puertos estables. Cuando uno estudia las estrellas, realmente explora la galaxia y el lugar que ocupamos en ella”, ha declarado William Chaplin, profesor de Astrofísica en la Universidad de Birmingham (Reino Unido).

Los científicos que firman el estudio en PNAS se centraron en 42.000 estrellas parecidas al Sol, o ligeramente más frías o calientes, y hallaron 603 planetas candidatos que las orbitaban. Diez de ellos tenían un tamaño parecido al de la Tierra (una o dos veces su diámetro) y estaban a una distancia de su estrella que hacía que su temperatura fuera adecuada para que hubiera algún tipo de vida. Extrapolando los datos al resto de la Vía Láctea, donde hay unos 100.000 millones de estrellas, estimaron el porcentaje de soles que pueden albergan planetas parecidos al nuestro.

Desde que se descubrió, hace 20 años, el primer planeta fuera de nuestro Sistema Solar o exoplaneta, los científicos han confirmado la existencia de más de mil. La mayoría son mucho más grandes que la Tierra, como Neptuno, o gigantes gaseosos como Júpiter. Los de menos tamaño, son más difíciles de detectar.

El lanzamiento del telescopio espacial Kepler, apodado como el cazador de planetas, ha supuesto un enorme paso en la investigación de estos mundos fuera del Sistema Solar.

Asimismo, ha propiciado un campo de la astronomía denominado asteroseismología y que se centra en estudiar el interior de las estrellas. Los astrofísicos pueden investigar la estructura interior de una estrella como los geólogos usan las ondas sísmicas que generan los terremotos para estudiar el interior de la Tierra.

William Chaplin considera que “la calidad sin precedentes, la duración y la continuidad” de las observaciones de miles de estrellas que ha hecho posible Kepler ha revolucionado la asteroseismología: “Hace pocos años ni siquiera podíamos soñar con estos datos”, asegura.

Y es que durante cuatro años, el telescopio de la NASA ha sido capaz de monitorizar el brillo de unas 150.000 estrellas cada media hora y de detectar unos 3.000 objetos celestes candidatos a ser considerados planetas extrasolares. Una avería en el telescopio, cuya misión inicial ya había sido completada y prolongada hasta 2016, ha impedido que el telescopio de la NASA siga buscando mundos similares al nuestro.

Los astrofísicos creen que están cerca de detectar un gemelo de la Tierra fuera del Sistema Solar y esperan poder localizarlo en los próximos años.


ABC.es

  • El catálogo más conocido y antiguo de estos mundos recoge ya más de un millar de hallazgos, pero todavía está por descubrir el auténtico «gemelo» de la Tierra
Más de mil planetas descubiertos fuera del Sistema Solar

El exoplaneta Gliese 581g, que puede ser parecido a la Tierra

El primer exoplaneta, un planeta que orbita una estrella diferente al Sol, fue descubierto en 1995. Dos décadas después, los astrónomos ya conocen, de acuerdo con los últimos datos de The Extrasolar Planets Encyclopaedia, un millar de estos mundos, una cifra increíble que demuestra hasta dónde ha llegado la astronomía moderna y, sobre todo, hasta dónde podrá llegar en el futuro. La gran cuestión, radica, sin embargo, si alguno de ellos puede ser habitable.

Astrofísicos profesionales y numerosos aficionados de todo el mundo se han convertido en los últimos años en cazadores de exoplanetas. Los descubrimientos son constantes, a razón de uno por semana de media, según informa el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Existen varios listados donde se registran estos hallazgos, mantenidos en centros de investigación y ninguno con rango oficial. Estas listas presentan un número ligeramente distinto de descubrimientos debido a que los criterios para decidir qué es un exoplaneta y cuándo incluirlo en cada catálogo no son exactamente iguales (algunos esperan, por ejemplo, a que el hallazgo se publique en una revista científica para registrarlo; otros lo hacen cuando el descubrimiento es presentado en una conferencia).

The Extrasolar Planets Encyclopaedia, el catálogo más conocido y más antiguo, ha sido el primero en superar los mil exoplanetas descubiertos. No obstante, su responsable, Jean Schneider, del Observatorio de París, advierte de que no se puede «fijar un número exacto de planetas conocidos, dado que existen diferentes criterios para incluirlos en estas listas. Tampoco hay certeza absoluta de que todas las entradas de estos catálogos sean realmente planetas». Los casos en los que la detección del planeta o su naturaleza son inciertas son catalogados en un segundo listado por la enciclopedia. En esta categoría existen en la actualidad 192 planetas.

Aunque los astrónomos suponían su existencia décadas antes, no fue hasta 1992 cuando se realizó el primer descubrimiento de varios planetas de masa terrestre que orbitaban un púlsar o una estrella de neutrones, a unos 1.000 años luz de la Tierra. En 1995 se realizó la primera detección de un planeta orbitando una estrella similar a nuestro Sol: 51 Pegasi b. Los descubridores de este gigante gaseoso tipo Júpiter fueron Michel Mayor y Didier Queloz. Realmente, el exoplaneta más antiguo es HD 114762 b, descubierto en 1989, pero entonces fue considerado como una estrella de baja masa. Solo en los últimos años, con los descubrimientos de otros objetos de masa similar, el HD 114762 b ha llegado a la consideración de planeta.

La mayoría de los planetas extrasolares descubiertos han sido encontrados por métodos de detección indirecta, es decir, aquellos que estudian los efectos que estos planetas causan en su entorno. Según afirma el investigador del IAC Roi Alonso, «las más utilizadas son la de velocidad radial, con la que se han detectado unos 530 exoplanetas, y la fotométrica, también llamada de tránsitos, con la que se han descubierto unos 380». El método de la velocidad radial mide el movimiento de una estrella debido a la influencia gravitacional de un planeta en órbita. El de tránsitos consiste en observar una estrella y detectar cambios sutiles en la intensidad de su luz cuando el planeta pasa por delante de ella.

Los investigadores del IAC, que han participado en el descubrimiento de unos 50 exoplanetas, se han especializado en este segundo método, «con el que se han realizado los descubrimientos más valiosos, dado que permite un mayor conocimiento de los planetas encontrados», valora el astrofísico Hans Deeg.

Los hallazgos de Kepler

La misión estadounidense Kepler, lanzada en 2009, es la mayor descubridora de planetas: 148, además de unos 2.700 candidatos. Algunos de ellos podrían ser muy similares a nuestra Tierra. Para ser considerado como habitable, un planeta debería ser rocoso y tener una masa de entre una y 10 veces la de la Tierra. Se conocen ya unos cien planetas en este rango de masas, pero casi todos tienen temperaturas superficiales demasiado calientes para albergar vida. Como explica Deeg «solo unos pocos de los planetas descubiertos tienen potencial para el desarrollo de vida y éste es escaso. Ahora mismo, todavía no conocemos ningún planeta realmente similar a la Tierra».

El IAC alberga también en su Observatorio del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, uno de los mejores buscadores de exoplanetas, el instrumento SuperWASP. Junto con su instrumento gemelo en África del Sur, este buscador ha descubierto unos 80 exoplanetas con tránsitos y está en el proceso de completar el primer rastreo del cielo completo en la búsqueda de planetas con tránsitos.

Las próximas misiones

En el futuro, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA tienen previsto lanzar nuevas misiones que buscarán planetas más allá de las fronteras de nuestro Sistema Solar. La ESA lanzará el telescopio espacial Gaia este mismo año y la NASA pondrá en órbita el TESS en 2017. Ambas agencias lanzarán conjuntamente el telescopio espacial James Webb en 2018. El próximo mes de febrero, la agencia europea tendrá que decidir sobre la aprobación de dos misiones: EChO, que realizaría espectrografía de las atmósferas de los exoplanetas, y PLATO, que se dedicaría al descubrimiento de planetas terrestres con tránsitos.. Si se aprueban en 2014, su lanzamiento estaría previsto entre 2020 y 2022. Por otro lado, la misión suizo-europea CHEOPS, también de la ESA, que se encargará del análisis de planetas conocidos similares a la Tierra, se lanzará en 2017.

El Pais

La Tierra vista desde Saturno. / NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute y NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington

Es apenas un puntito, tan pequeño que ha habido que añadirle una flecha. Pero es una de las imágenes más lejanas que se han tomado de la Tierra, a 1.440 millones de kilómetros. Bajo el impresionante ala del anillo de Saturno es difícil sentirse el centro del universo.

La Cassini-Huygens, que es la nave que ha tomado la imagen, despegó el 15 de octubre de 1997. Su objetivo era Saturno. Su lejanía impuso una trayectoria compleja que comenzó acercándola hasta Venus en dos ocasiones y luego a la Tierra para recibir su tercer empujón. Contando ya con suficiente energía, se encaminó hacia Júpiter y después el gran salto hasta Saturno. El 1 de julio de 2004 frenó y comenzó la exploración.

El 14 de enero de 2005 la sonda Huygens se separó de Cassini para posarse en la superficie de Titán, el principal satélite de Saturno. Quedó solo la Cassini. Esta, en 2005, se acercó a Júpiter.

El coste de diseñar, construir, lanzar y operar esta ambiciosa misión ha sido de 3.270 millones de dólares (2.327 millones de euros) (80% Estados Unidos, 15% ESA y 5% la Agencia Espacial Italiana, ASI) y este gasto se ha hecho a lo largo de 19 años, lo que da una media de unos 170 millones de dólares por año, por debajo del presupuesto anual de un equipo de fútbol puntero en Primera División


El Pais

  • Un equipo científico desvela la presencia de compuestos orgánicos PAH en la alta atmósfera del mayor satélite del planeta de los anillos

Lagos de metano líquido en la superficie de Titán captados por la sonda ‘Cassini’ en órbita de Saturno. / NASA/JPL/USGS

Titán, el mayor satélite de Saturno, es el cuerpo celeste más lejano en el que se ha posado un artefacto enviado desde la Tierra. Se trata de una luna que merece especial interés por parte de los científicos dado que tiene una atmósfera compleja y lagos de hidrocarburos líquidos en su superficie, características que recuerdan a la Tierra primitiva. Ahora, los datos tomados allí por la sonda automática Cassini, en órbita del planeta de los anillos, ha permitido a un equipo científico desvelar el origen de la neblina que envuelve la superficie de Titán: procede del gas presente en las altas capas de su atmósfera, compuesto por hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH).

“Hace décadas se propuso que la capa de neblina de la baja atmósfera [de Titán] se generaba a partir de moléculas orgánicas complejas y, en 2007, se sugirió que estas moléculas podrían formarse en la atmósfera superior, varios cientos de kilómetros sobre su lugar de origen”, explica el investigador principal de la investigación que confirma ahora ambas hipótesis, Manuel López-Puertas, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), del CSIC.

Sujeta a la sonda Cassini, de la NASA, viajó desde la Tierra el módulo Huygens, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), que protagonizó, el 14 de enero de 2005, una de las grandes hazañas de la exploración espacial al descender con éxito hasta el suelo de Titán, tomando datos durante la caída y una vez en el suelo. Ninguna sonda artificial ha llegado a la superficie de un cuerpo tan lejano. En Titán, casi tan grande como Marte y con una temperatura en la superficie de 179 grados bajo cero, hay lagos de etano y metano que forman nubes y que, ocasionalmente provocan lluvias. “En muchos aspectos, es uno de los mundos más parecidos a la Tierra que se ha encontrado hasta ahora”, explica la NASA. “Con su densa atmósfera y su química orgánica, Titán parece una versión congelada de la Tierra hace unos miles de millones de años, antes de que los organismos vivos empezasen a bombear oxígeno a la atmósfera”.

Esa luna está envuelta por la neblina anaranjada que ha dificultado siempre la observación de su superficie. Pero el trabajo de observación de la misión Cassini-Huygens ha proporcionado una perspectiva nueva.

Los PAH de Titán están presentes entre, al menos, los 900 kilómetros y los 1.250 kilómetros sobre la superficie, explican ahora los investigadores. “Estos compuestos absorben los fotones ultravioleta del Sol, que son muy energéticos, rápidamente redistribuyen esta energía a nivel interno que finalmente vuelve a ser emitida en el infrarrojo cercano, lo que produce una fuerte emisión con una concentración de partículas relativamente baja”, explica López-Puerta. El gas se descubrió, precisamente, a través de su manifestación en infrarrojo, añaden los investigadores en un comunicado del CSIC.

Los resultados de la investigación, en la que participan científicos de España, Italia y Estados Unidos) se publican hoy en la revista The Astrophysical Journal.

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