El Deshielo del Ártico – La nueva ruta de navegación


No se si el motivo es el Cambio Climático o no. Pero lo cierto es que el hielo Ártico continúa su retroceso, imparable desde hace unos años. Y para quien dude de que esto es una realidad, basta con echar un vistazo al mapa en el que se muestra la situación actual de la banquisa del polo norte y su extensión media en el último cuarto del siglo XX.

Tan grande ha sido el deshielo que recientemente y por primera vez en la historia dos mercantes alemanes procedentes de Corea del Sur y sin necesidad de utilizar buques rompehielos, han alcanzado Rótterdam atravesando el Ártico. Esta ruta de navegación que enlaza el Pacífico con el Atlántico ya se conocía, pero la gran cantidad de icebergs y plataformas heladas que surcaban sus aguas la hacia ciertamente intransitable.

Según los científicos rusos, la nueva vía todavía esta lejos de competir con la tradicional vía marítima de Asia a Europa que atraviesa el Canal de Suez. De hecho solo se encuentra abierta durante seis semanas al año, entre agosto y septiembre. Sin embargo, si el deshielo continúa a la velocidad de estos últimos años, pronto se convertirá en una ruta viable durante cuatro meses anuales.

La apertura de la vía supone importantes ventajes para el transporte, como por ejemplo:

  • Una reducción en tiempo y combustible, ya que se trata de una ruta mucho más corta que la tradicional.
  • Se evita el paso por lugares tan conflictos como Somalia (ver los articulo La Pirateria en Somalia   y   Consecuencias de la Pirateria) .
  • Un menor coste, debido en parte al primer punto detallado, pero también al no tener que pagar las elevadas cuotas de transito impuestas por Egipto a su paso por el canal.
  • Una mejora considerable en la explotación de toda la zona de Siberia, muy rica en hidrocarburos y otras materias primas.

El paso del Noroeste (tal y como es conocido por los rusos), fue recorrido por primera vez en 1878 por Adolf Eric Nordenskjold, navegante sueco, pero su explotación comercial no empezó hasta el desarrollo de la radio y los rompehielos. A partir de 1935, cargueros soviéticos lo transitaron con cierta frecuencia, pero siempre con la ayuda de barcos de apoyo para abrirse paso. Hacia los años 90 cayó en desuso debido al elevado coste económico que suponía su travesía y el colapso político de la URSS.

L os grandes navieras se frotan las manos con las expectativas que la nueva vía proporciona, mientras los científicos se echan las manos a la cabeza sin tener claro si todavía el mundo se encuentra a tiempo de dar marcha atrás a la catástrofe que se avecina.

El Agujero de la Capa de Ozono

Aunque según los científicos parece que la amenaza de la Capa de Ozono no es tan grave como hace unos años, el problema sigue existiendo. Un informe reciente presentado ante el Protocolo de Montreal sentenció que:

  • El ozono en el Ártico y en general en todo el globo, se ha estabilizado. Es decir no se está ampliado el agujero, pero tampoco se está cerrando.
  • La capa de ozono fuera de las regiones polares se espera que a lo largo de los próximos 50 años se recupere a los niveles previos a 1980.
  • Los niveles de ozono en el Ártico se producirán a un ritmo mucho menor.
  • El impacto del agujero sobre el clima mundial es evidente, así como el aumento de la temperatura.

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El Ciclo del Agua o Ciclo Hidrológico


El Ciclo Hidrológico consiste en la circulación y conservación del agua en la Tierra. El ciclo hidrológico es el paradigma de los ciclos de nutrientes, pues aparece prácticamente compensado a escala planetaria y movido por la energía solar. La primera descripción realizada sobre el ciclo del agua fue realizada por E. Halley.

El volumen total de agua en nuestro planeta se estima en unos 1.460 millones de km3 y ha permanecido relativamente constante desde hace más de 3.000 millones de años aunque no de forma estacionaria. Este volumen ha desarrollado una incesante dinámica con el desplazamiento continuo del agua desde la superficie de los océanos hasta la atmósfera y viceversa, en lo que se ha denominado ciclo del agua.

El Proceso de Desertificación del Mundo


La desertificación es el proceso de transformación en desiertos de amplias zonas de la superficie terrestre por la desaparición de su vegetación, ya sea por causas naturales (evolución bioclimática regresiva o degradación climática) o no naturales. En los últimos años, el problema de la desertización por causas no naturales, achacables fundamentalmente a las actividades humanas, afecta de manera directa a aproximadamente unos seiscientos millones de personas.

Entre las causas naturales que provocan la desertización, se puede considerar el carácter cíclico de las glaciaciones, con el consiguiente calentamiento de la atmósfera que se produce en los periodos interglaciales. A este respecto, hay teorías que achacan la desertización general que vive la Tierra a este calentamiento, ya que algunos científicos afirman que podríamos estar viviendo el punto álgido de este período interglacial, argumento que es rebatido por otro importante sector de la comunidad científica. También son causas naturales los calentamientos de la atmósfera provocados por fenómenos extraordinarios, como las erupciones gigantescas de un volcán o los impactos de grandes meteoritos sobre la corteza terrestre. Además, la abundancia de rocas poco consolidadas, proclives a una mayor erosión, contribuye al proceso de desertización.

 

En lo relativo a las causas no naturales, cabe reseñar la agricultura y la industria como las actividades humanas que más han afectado a los suelos de la superficie terrestre. Entre las primeras se encuentra la búsqueda de terreno cultivable y su posterior sobreexplotación, que provoca la eliminación de la vegetación existente y, a la larga, la esterilidad del suelo. La pérdida de la masa vegetal y la exposición del suelo desnudo disminuyen la capacidad de absorción de agua, debido a una mayor escorrentía, e incrementan el albedo de la superficie (el reflejo de los rayos solares desde el suelo hacia todas las direcciones). El aumento en el albedo incide negativamente en la formación de nubes, disminuyendo, por tanto, las precipitaciones. La tala de bosques para la obtención de suelos de cultivo, práctica muy extendida en todo el planeta, está disminuyendo rápidamente la cantidad y superficie de tierra arbolada, especialmente en los trópicos, y está cambiando las características de la superficie de grandes áreas de la Tierra.

Otra práctica que acarrea la destrucción de la vegetación es el sobrepastoreo. Es normal en estas actividades la tala de árboles y el incendio provocado de zonas boscosas con el fin de extender las zonas de pastos. También la introducción de especies de pastoreo de forma masiva provoca la pérdida de vegetación, pues éstas impiden la regeneración natural de las especies vegetales.

Las actividades industriales conforman el otro gran grupo de prácticas humanas provocadoras de la desertización global del planeta. Éstas inciden preferentemente sobre los elementos esenciales del clima, a diferencia de las anteriores, cuyos efectos se dejan sentir sobre todo en los suelos. Hay dos consecuencias principales derivadas de los procesos industriales que intervienen en la erosión general del planeta: la lluvia ácida y el efecto invernadero. La lluvia ácida se ha convertido, en las zonas más industrializadas del mundo, en la fuente principal de contaminación ambiental, capaz de producir la deforestación de grandes masas vegetales. En Alemania, por ejemplo, la lluvia ácida es la responsable de la pérdida de la mitad de los bosques en las zonas más industrializadas. Por otra parte, el efecto invernadero se ha revelado en los últimos años como el causante principal del calentamiento de la atmósfera, y, por tanto, de los procesos de desertización que éste conlleva. El efecto invernadero surge por la emisión excesiva de ciertos tipos de gases, principalmente de CO2, que se quedan suspendidos en la atmósfera, formando una capa que permite la entrada de radiaciones del espacio exterior pero no su salida, puesto que al chocar contra la superficie terrestre y volver a proyectarse hacia fuera son incapaces de atravesar la capa de gases, produciendo así un calentamiento progresivo de la atmósfera. Las emisiones de CO2 pueden producirse de manera natural, pero en los últimos años el incremento de CO2 en la atmósfera ha sido tan alto que se ha asociado con los procesos industriales modernos y con la combustión excesiva de combustibles fósiles. Los científicos han calculado que el incremento de CO2 en la atmósfera ha sido de un 15% durante el presente siglo, y que en la actualidad la tasa de incremento es de 0,33% anual. Con estos datos se llega a la conclusión de que la atmósfera está expuesta a un excesivo calentamiento, lo que está produciendo un cambio climático que favorece los procesos de desertización de amplias regiones de la Tierra. Por supuesto, las zonas más proclives a verse afectadas son aquellas que presentan un grado relativo de aridez o semiaridez.

El proceso de desertización afecta a zonas de todos los continentes: América del Norte y del Sur, cuenca del Mediterráneo, región subsahariana, Oriente Medio, Australia, etc. Se calcula que la extensión de los terrenos afectados por este problema supera los 34.000.000 km2. Para atajarlo se hace necesaria la contribución de todos los países del mundo en la implantación de políticas conservacionistas, cuya puesta en marcha, no obstante, se ve obstaculizada por la dinámica actual de la economía mundial. Medidas como el control de las emisiones de gases a la atmósfera, los programas de reforestación de los bosques o el desarrollo de políticas agrarias que tengan en cuenta la regeneración del terreno, son imprescindibles para evitar que la desertización se siga extendiendo por la Tierra. De cualquier modo, los resultados de las mismas difícilmente serán apreciables a corto plazo.

La Influencia del Cambio Climático en el Ártico


El hielo del Ártico es cada vez más delgado y su extensión, menor. A finales de este verano la capa marina congelada cubría 4,34 millones de kilómetros cuadrados, una superficie que se quedó muy cerca del récord histórico de mínimos, el de 2007. Pero los científicos sospechan que, en realidad, se superó esa marca, que la situación fue peor que hace cuatro años por cantidad total de hielo, ya que ahora es más delgado. “Lo que estamos viendo es que, en 10 años, entre 2002 y 2011, es mucho mayor la reducción de volumen, un 60%, que la de extensión, un 30%”, explica Ed Ross, físico de la empresa ASL Enviromental Sciences y de la Universidad de Victoria (Canadá). ¿La causa? No hay que buscar muy lejos: el calentamiento global. “En 20 años el incremento de temperatura registrado, por ejemplo, en la bahía de Hudson, es siete veces superior a la media del planeta; es algo que se aprecia a simple vista”, afirma Vincent Warwick, director del Centro de Estudios Nórdicos (CEN), en Quebec.

Pero la pérdida de hielo en el océano del norte es más compleja que la reducción de su tamaño. “El que se está perdiendo es sobre todo el hielo viejo, y se forma el de un año, que es más frágil”, explica Frederic Lasserre, investigador del CEN. Y esto tiene que ver con el adelgazamiento progresivo de la capa congelada, “porque el hielo viejo puede llegar a tener ocho o nueve metros de grosor, y el nuevo, unos tres”, añade.

El hielo tiene unas propiedades muy interesantes, señalaba el físico Bruce Parsons (Instituto de Tecnología Oceánica, Canadá) en el congreso Ocean Innovation 2011, celebrado en pleno Ártico, en Iqaluit. “Al congelarse pierde densidad y flota (si no, el mar estaría congelado hasta el fondo) y es muy duro, buen aislante y muy quebradizo”.

Para conocer su extensión total los satélites son óptimos, pero medir el grosor es complicado, explica Ross. La perforación es precisa, pero tiene la limitación de ser puntual. “Lo común ha sido medir cómo es de grueso el hielo del océano Ártico con sónar desde submarinos que navegan constantemente por debajo”, añade este especialista. “También se pueden aplicar métodos electromagnéticos desde helicópteros y, desde satélites, láser, radar y altímetros para determinar el volumen de hielo que sobresale del agua”. Así, poco a poco, los científicos van conociendo muy bien al menos algunas regiones árticas, aunque, dicen, queda mucho por hacer para saber del conjunto.

El efecto del calentamiento no es menor en tierra, donde el permafrost (terreno congelado) es muy sensible. “En 1987, empezamos a realizar perforaciones en el permafrost en unos 50 lugares [en territorio del extremo norte]”, explica Michel Allard (de la Universidad Laval, de Quebec). “Hemos constatado que la temperatura está incrementándose y, en las zonas en las que hay deshielo superficial del terreno en verano, esa capa es cada vez más profunda”. Desde 1992, en la península de Quebec, que hasta entonces era una de las más estables del planeta, se registra una de las tasas de calentamiento más altas de la Tierra.

Una consecuencia es que proliferan los arbustos. “Esto tiene un efecto de retroalimentación positiva del calentamiento”, explica Allard, porque el terreno con esta vegetación absorbe más radiación solar que la superficie helada, con lo que se refuerza la subida de la temperatura. Los arbustos, además, retienen más nieve y aumentan su efecto aislante, impidiendo que se congele el suelo en muchas zonas que van colonizando los arbustos, con lo que se extiende esta vegetación.

El CEN tiene en el Ártico, en el Noroeste canadiense, 80 bases científicas. La más septentrional está en Ward Hunt, el extremo del continente americano, señala Émilie Saulnier-Talbot, científica del centro, durante una visita organizada por el Gobierno canadiense. La base más meridional está en la bahía de Hudson, en lo que ellos llaman el final de la carretera. A partir de ahí, hay 3.000 kilómetros de Ártico hasta Ward Hunt y solo se puede viajar por aire, o por mar en verano.

La acelerada pérdida del permafrost influye, por ejemplo, en el mayor riesgo y coste de las infraestructuras y edificios, que se quedan en suelo inestable. Pero no solo. “Cuando se derrite el permafrost se forman lagos y prolifera en ellos actividad microbiana”, concreta otra científica del CEN, Isabelle Laurión. Y esos lugares pasan de ser sumideros de carbono atrapado a emisores activos de gases de efecto invernadero liberados por la actividad de plantas y microorganismos. “Los parches de agua en el hielo están aumentando y estos fenómenos poco conocidos pueden esconder un efecto grande de aceleración del cambio climático”, advierte Laurión. “El calentamiento es muy intenso en los polos y los cambios pueden ser drásticos”, asevera.

Sin duda los ecosistemas reaccionan ante las condiciones climáticas cambiantes y el científico Luis Fortier pone varios ejemplos, desde los osos polares y las morsas, hasta el zooplancton marino, pasando por las focas. En Canadá hay unos 20.000 osos blancos en 12 poblaciones, dice. “Cada hembra necesita comer entre 50 y 55 focas (phoca hispida) al año para no pasar hambre y poder reproducirse”, y esas focas se reproducen en el hielo, que cada vez es menos extenso. “Esto supone un serio riesgo para los osos”. También las morsas afrontan problemas al retraerse la capa helada porque están encima de las plataformas en aguas someras y se alimentan de animales del fondo, que resultan más inaccesibles si la placa helada se aleja de la orilla, apunta Warwick.

Con menos hielo hay más luz en el agua y, por tanto, mayor actividad fotosintética y más comida, en general, para todo el ecosistema marino, continúa Fortier. Esto afecta al zooplancton y, por la cadena alimenticia, a numerosos animales, incluido el bacalao ártico y la foca que se lo come. “Habrá un reemplazo de las especies árticas por las más generalistas. En 50 años habrá cambiado todo el ecosistema. Esto será en un tiempo más parecido al norte del Atlántico y del Pacífico”, advierte. “Poco a poco nos vamos quedando sin Ártico”, sentencia Warwick.

Fuente: ABC

El deshielo de glaciares de Canadá ha crecido un 1.000% desde 2005


El Mundo

Vista aérea de Barnes Ice Cap en mayo de 2015 NASA

Vista aérea de Barnes Ice Cap en mayo de 2015 NASA

El deshielo de los glaciares de Canadá y sus masas heladas se ha convertido en uno de los principales responsables de los cambios en el nivel del mar debido a la rapidez con la que se están derritiendo. Así lo asegura un estudio basado en los datos recogidos entre 1991 y 2015, el primero que analiza la evolución de las masas de hielo en ese país durante un periodo tan amplio. La investigación se ha publicado en Environmental Research Letters.

Según asegura el equipo de la Universidad de California en Irvine (EEUU), que firma esta investigación, la pérdida de hielo en los glaciares y masas heladas de las Islas de la Reina Isabel (Queen Elizabeth) ha aumentado de forma dramática entre 2005 y 2015: nada menos que en un 1.000%. La pérdida media de hielo, detallan, es de 30.000 millones de toneladas por año.

Los científicos apuntan directamente al aumento de temperaturas experimentado en esa región en los últimos 10 años como causante del acelerado deshielo: “Durante la última década, a medida que la temperatura de la atmósfera subía, la superficie derretida se ha incrementado de forma dramática“, afirma Romain Millan, autor principal del estudio.

Los científicos prevén, además, que el deshielo irá en aumento en las próximas décadas. Una tendencia muy preocupante teniendo en cuenta que Canadá alberga el 25% de todo el hielo ártico, sólo superado por Groenlandia.

Aire caliente

El estudio fue realizado con datos recabados por satélites y modelos climáticos regionales para determinar cuánto hielo ganan y pierden cada año, e intentar entender las causas. Debido a que una gran cantidad de glaciares terminan en zonas de costa, pensaban que la principal causa del deshielo acelerado eran las corrientes de agua cálida que bañan a estas montañas de hielo.

Sin embargo, descubrieron que hasta 2005 la pérdida de hielo fue debida a dos factores, que contribuyeron al deshielo de una forma similar: el 52% fue debido a las masas de agua que chocan con los frentes costeros de los glaciares y hacen que se desprendan icebergs, mientras que el 48% del deshielo de los glaciares fue causado por el aumento de la temperatura del aire.

Durante el periodo 2005-2015, las temperaturas atmosféricas no han parado de crecer. Esa subida continua de las temperaturas, dicen los autores de este estudio, ha hecho que la pérdida de hielo por esta causa haya ascendido al 90%.

Los datos de este estudio se suman a los de otros investigadores, que están monitorizando el estado de glaciares en todo el mundo. El pasado octubre, una investigación, también de la Universidad de California en Irvine, revelaba que tres glaciares de la Antártida occidental habían perdido hielo a un ritmo sin precedentes entre 2002 y 2009. De hecho, los científicos creen que sólo el deshielo en la Antártida puede duplicar el aumento del nivel del mar.

2016 ha sido, globalmente, el año más cálido desde que hay registros de temperaturas, superando a 2015, que ostentaba ese récord.

Dónde ver las mareas más grandes de Europa


ABC.es

  • La diferencia de altura entre marea baja y marea alta en Saint-Malo (Francia) es excepcional
Saint-Malo, en la Bretaña francesa

Saint-Malo, en la Bretaña francesa

Las mareas son cambios periódicos del nivel del mar producidos principalmente por la fuerza de atracción gravitatoria que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra. Es un fenómeno meteorológico que, en sus situaciones más extremas, puede convertirse también en un atractivo turístico.

La situación geográfica de la bahía de Saint-Malo, en la región francesa de Bretaña, es el teatro de las mayores mareas de Europa. Durante la época de las grandes mareas, cuando el Atlántico entra en el embudo que es el canal de la Mancha, las olas llegan muy rápido y muy fuerte. La diferencia de altura entre marea baja y marea alta es excepcional en esta esquina atlántica llegando a los 13 metros.

El espectáculo más impresionante se contempla a lo largo del dique du Sillon y en Rochebone, sobre todo si sopla un viento fuerte de noroeste, ya que el impacto de las olas es extraordinario recubriendo muchas plazas de la ciudad corsaria.

Con marea baja, el mar desvela sus tesoros tanto en la arena como en las rocas. Cangrejos, gambas, almejas… las familias y los aficionados al marisqueo disponen de una horas para llenar sus cubos antes de que suba de nuevo la marea.

Chateaubriand, que nació en esta costa en 1768, escribió: «Durante las horas de reflujo, el puerto queda seco y, en las orillas este y norte del mar, se descubre una playa de la más hermosa arena. Es posible dar la vuelta entonces a mi nido paterno. Al lado y a lo lejos, hay diseminados peñascos, fuertes, islotes deshabitados: el Fort-Royal, la Conchée, Cézembre y el Grand-Bé, donde estará mi tumba», escribió.

Precisamente, a la roca donde reposa el vizconde de Chateaubriand sólo se puede llegar en las horas de bajamar.

Además de Saint-Malo, existen otros lugares para disfrutar de este fenómeno de la naturaleza. Las grandes mareas permiten acceder a zonas del litoral que no suelen ser accesibles a pie como la bahía de Saint-Brieuc y su reserva natural, Roscoff y el amplio campo de algas que cosechan manualmente para la cosmética, la agricultura o la alimentación.

A lo largo de la costa bretona, múltiples islas salpican el mar y muchas solo se pueden alcanzar gracias a rutas sumergidas que se desvelan únicamente con marea baja. La isla Callot en la bahía de Morlaix, la isla Berder en el Golfo del Morbihan o la isla de la Comtesse en Saint-Quay-Portrieux, forman parte de estas pequeñas islas que se pueden visitar cuando se retira el mar.

El Ártico y la Antártida baten récords mínimos de hielo marino en noviembre


ABC.es

  • Las temperaturas inusualmente altas, los vientos persistentes del sur y un océano más cálido de lo normal se citan entre las causas
Los científicos están más preocupados por cómo se ha comportando la región antártica en noviembre - J. Beitler/National Snow and Ice Data Center

Los científicos están más preocupados por cómo se ha comportando la región antártica en noviembre – J. Beitler/National Snow and Ice Data Center

La extensión del hielo marino del Ártico y el que rodea la Antártida registró récords mínimos históricos en noviembre desde que en 1979 comenzaran los registros por satélite, según los últimos datos del Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo (NSIDC, en sus siglas en inglés), que pertenece al Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Ambientales (Cires) de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos).

La superficie helada del Ártico promedió en noviembre 9,08 millones de kilómetros cuadrados (km2), lo que supone 1,95 millones de km2 por debajo de la media de ese mes entre 1981 y 2010.

La disminución fue de unos 50.000 km2 y se produjo principalmente en el mar de Barents, una zona del océano Ártico al norte de Noruega, Finlandia y el oeste de Rusia.

La extensión del mes pasado fue de 3,2 desviaciones estándar por debajo del promedio, que supera la de 2012, cuando la superficie del verano alcanzó entonces un récord mínimo.

La superficie helada del Ártico promedió en noviembre 9,08 millones de km2, casi dos millones por debajo de la media de ese mes entre 1981-2010

Los científicos del NSIDC indicaron que esta reducción no tiene precedentes en el registro satelital de noviembre y que las temperaturas inusualmente altas, los vientos persistentes del sur y un océano más cálido de lo normal provocaron ese mínimo histórico.«Parece un triple contratiempo», recalcó Mark Serreze, director del Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo.

Desde el noreste de Groenlandia hacia los archipiélagos de Svalbard (Noruega) y Tierra del Norte (noreste de Rusia), las temperaturas del aire a 925 hectopascales de presión (unos 720 metros sobre el nivel del mar) fueron de hasta 10ºC sobre el promedio de noviembre entre 1981 y 2010.

Las temperaturas de la superficie oceánica en los mares de Barents y Kara se mantuvieron inusualmente altas: hasta 4ºC por encima del promedio alrededor del archipiélago de Nueva Zembla (Rusia) y Svalbard. Ello reflejó un patrón de vientos del sur que ayudó a empujar el hielo hacia el norte y reducir la extensión helada.

«Normalmente, el hielo marino comienza a formarse en los fiordos a principios de noviembre, pero este año no se encontró hielo», apuntó Juliana Stroeve, científica del NSIDC que estuvo en Svalbard el mes pasado.

El hielo marino del Ártico se encuentra ahora en las primeras etapas de congelación del invierno y se espera que continúe expandiéndose hasta alcanzar su máximo alrededor de marzo del próximo año.

Hemisferio sur
En cuanto al hemisferio sur, la extensión de hielo marino que rodea la Antártida disminuyó muy rápidamente a principios de noviembre y estableció un mínimo récord de este mes debido a las temperaturas moderadamente cálidas y a un cambio rápido en los vientos circumpolares.

La extensión media del hielo antártico en noviembre fue de 14,54 millones de kilómetros cuadrados, lo que significa 1,81 millones de km2 menos que la media entre 1981 y 2010. Se trata de más del doble del mínimo histórico anterior de noviembre, establecido en 1986, y 5,7 desviaciones estándar por debajo del promedio de ese periodo de 30 años de referencia.

La extensión media del hielo antártico en noviembre fue de 14,54 millones de km2; 1,81 millones menos que la media entre 1981 y 2010
Las temperaturas del aire en el Antártico fueron de dos a cuatro grados más altas de lo normal y un patrón de vientos fuertes del oeste contribuyeron a crear una capa de hielo marino más dispersa en esa zona del planeta. Un cambio rápido a una estructura de viento más variada, con tres áreas principales de vientos del norte, comprimió rápidamente el hielo marino alrededor de Tierra de Wilkes, Tierra de la Reina Maud y la Península Antártica. Además, al este del mar de Weddell y a lo largo de las costas de los mares de Admunsen y de Ross se abrieron varias polinias muy grandes (espacios abiertos de agua rodeados de hielo marino).

«El Ártico ha sido normalmente donde más interés encontramos, pero este mes la Antártida ha cambiado el guión y es el hielo meridional el que nos sorprende», señaló Walt Meier, científico de la NASA e investigador afiliado al NSIDC.

Aumenta el nivel del mar por el calentamiento global


web

  • Las aguas crecerán más de un metro en las próximas décadas si el mundo sigue dependiendo de los combustibles fósile
  • Desde 1993 la tasa ha aumentado a hasta 30 centímetros (un pie) por siglo.

 

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Los niveles del mar están subiendo mucho más rápidamente que en los últimos 2,800 años y la tendencia se acelera debido al calentamiento global causado por los seres humanos, según nuevos estudios.

Un equipo internacional de científicos excavó en dos docenas de sitios en distintas partes del mundo para registrar las alzas y bajas de los mares a lo largo de siglos y milenios. Hasta la década de 1880 y la industrialización mundial, las alzas más pronunciadas fueron de 3 a 4 centímetros (1 a 1.5 pulgadas) por siglo. Durante ese tiempo, el nivel de los mares no oscilaba mucho más que 5 centímetros (3 pulgadas) en comparación con el promedio de 2,000 años.

Pero en el siglo XX el nivel de los mares subió 14 centímetros (5.5 pulgadas). Desde 1993 la tasa ha aumentado a hasta 30 centímetros (un pie) por siglo. Y dos estudios publicados el lunes en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias, dicen que para el 2100, los océanos subirán entre 28 y 131 centímetros (11 a 52 pulgadas), dependiendo de cuántos gases de efecto invernadero emitan las industrias.

“No hay duda de que el siglo XX es el más acelerado”, comentó Bob Kopp, profesor de ciencias terrestres y planetarias en Rutgers, autor central del estudio que revisó el nivel de los mares en los tres últimos milenios. “Se debe al aumento de las temperaturas en el siglo XX impulsado por el uso de combustibles fósiles”.

Para determinar el nivel de los mares en el pasado y las tasas de alzas o bajas, los científicos se abocaron a una “historia detectivesca geológica”, afirmó el coautor del estudio Ben Horton, experto en ciencias marinas en Rutgers. Recorrieron varios sitios en el mundo en busca de marismas y otros sitios costeros, y revisaron distintas características para calcular el nivel de los mares en épocas diferentes. Utilizaron organismos unicelulares sensibles a la salinidad, manglares, corales, sedimentos y otros factores, dijo Horton. Además comprobaron sus cifras por medio de marcadores conocidos como el aumento del plomo con el comienzo de la era industrial, e isótopos solo posibles en la era atómica.

Cuando Kopp y sus colegas trazaron los cambios en el nivel de los mares a lo largo de los siglos —se remontaron 3,000 años, aunque no están tan seguros en los 200 primeros— comprobaron que el nivel de los mares estuvo en baja hasta la era industrial.

El aumento en el nivel de los mares en el siglo XX se debe principalmente a la acción de los seres humanos, dijeron los autores del estudio. Otro estudio todavía no publicado de Kopp y colaboradores halló que, desde 1950, unos dos tercios de las inundaciones costeras en 27 sitios en Estados Unidos tienen el sello del calentamiento global causado por el hombre.

Y si el nivel de los mares sigue subiendo, como se proyecta, otros 28 centímetros (18 pulgadas) de aumento causará grandes problemas y gastos, dijo el coautor del estudio Stefan Rahmstorf, del instituto de Postdam para la Investigación sobre el Impacto Climático en Alemania.

Así arrasó la fiebre del oro el río San Bingo de Colombia


El Mundo

  • Más de tres kilómetros de paisaje devastado
El San Bingo desde el aire. EJÉRCITO NACIONAL

El San Bingo desde el aire. EJÉRCITO NACIONAL

Bastaron tres semanas para que olvidaran la operación militar que destruyó cinco retroexcavadoras. El miércoles pasado conté dieciocho en el mismo sitio. A medida que propietarios y operarios van sintiéndose seguros, las sacan de sus escondites entre la maleza de los alrededores y las conducen al cauce seco del agonizante San Bingo. Abren nuevos cráteres con una rapidez aterradora. Cada 24 horas agigantan el desastre ambiental.

“Gracias a Dios se salvaron unas máquinas. Nos tocó defenderlas porque es lo que nos está ayudando”, indica un agricultor de la región, convertido en minero, que no quiere dar su nombre. Sentado en lo alto de un montículo de arena, aguarda paciente, junto a cuatro miembros de su familia, el momento propicio para buscar oro con sus bateas. Las bull-dozer sacan arena a gran escala para “lavarla” y extraer con mercurio el metal precioso, y les permite trabajar en las orillas de los socavones. “Sembrábamos maíz aquí cerca, pero es perder el tiempo y peor con el Niño que acabó las cosechas. El oro se ha convertido en la cuchara de la zona. Aquí la gente anda de cabestro; lo que dé, todo el mundo se mete”.

Repudia la intervención de las autoridades, cree que el gobierno no comprende el alcance de su pobreza en medio de la sequía que asola Colombia, ni las posibilidades que ofrece la minería de oro a los desamparados. “Nos atacan a cambio de nada, nos mandan helicópteros pero ni una sola alternativa”, se queja.

En una buena jornada, asegura, cada uno de los suyos puede sacar un gramo de oro que le compran a 80.000 pesos (unos 22 euros). Si dan con un golpe de suerte, el número de ceros aumenta. En ninguna de las actividades rurales que conoce soñaría con cantidades similares.

Para realizar su tarea sin interferencias, cuentan no solo con la protección del “Frente Manuel Vázquez Castaño” de la guerrilla del ELN (Ejército De Liberación Nacional), responsable de imponer las normas y el orden en la mina, sino con la indiferencia gubernamental y la complicidad de algunos policías, dirigentes locales y funcionarios de entidades de control.

En septiembre del año pasado, en Mercaderes, el municipio del sur del departamento del Cauca donde se encuentra esa parte del río, advirtieron al Ministro de Defensa y otras instancias estatales de la catástrofe ambiental que se gestaba. Solo a mediados de enero del 2016 aterrizaron el CTI (cuerpo de investigación de la Fiscalía), la policía y el Ejército en el San Bingo para combatir la minería que lo está matando, pero fue tarde e insuficiente.

Incineraron las cinco retroexcavadoras mencionadas y no pudieron culminar su misión porque hombres y mujeres se les echaron encima para impedir que hicieran lo mismo con otra treintena.

Además de la fotografía aérea que mandó la primera señal de alarma sobre la brutal explotación minera del San Bingo, basta observar en el terreno las consecuencias de lo sucedido para comprender la magnitud de desastre. Desde el momento en que la camioneta entra al cauce de lo que fue un río caudaloso y hasta el poblado de chabolas de los mineros, son más de tres kilómetros de un paisaje devastado. Enormes hoyos de unos veinte metros de profundidad por doquier, montañas de arena y piedras, ni un solo pájaro a la vista, sequedad y aguas mortecinas que descienden de la cordillera siguiendo surcos inciertos pues cada día los modifican las retroexcavadoras. No solo asfixian su caudal, también lo contaminan. En el último año de actividad emplearon unas 100 toneladas de mercurio.

“El San Bingo era un río encañonado, con mucha agua. En octubre del 2014 se produjo una avalancha que mató a cuatro personas y tumbó puentes. Eso benefició a los mineros porque bajó el oro”, explica un lugareño.

Guerrilla

Para llegar al río, se puede tomar una senda estrecha que sale de Mercaderes, situado sobre una meseta entre dos cordilleras andinas, un accidente geográfico de extraordinaria belleza. Son unos 45 minutos de trayecto.

Distintos testimonios de mineros, transportadores y comerciantes indican que en los meses de más intensa actividad llegaron a operar hasta setenta retroexcavadoras y la cantidad de buscadores de oro oscilaba entre los dos mil quinientos y los tres mil. En cada agujero que excavaba una bull-dozer, se apelotonaban decenas de barequeros. “Para todos había, la mina no excluye a nadie, aquí encuentra gente del Huila, Atlántico, Buenaventura, Chocó, Antioquia, Marmato”, afirma una muchacha del Valle del Cauca que se dedicó a buscar oro al quedarse desempleada.

“Uno se pregunta, ¿por dónde es que meten las máquinas si son tantas y no se pueden esconder cuando circulan por la carretera?”, comenta irónico el dueño de una tienda de cuatro palos y techumbre de plástico. La respuesta me la dieron con posterioridad fuentes oficiales y habitantes de la zona, bajo condición de anonimato: alguna que otra pasa por Mercaderes, si bien el nuevo comandante de la estación incautó una este año; un puñado las metieron por Florencia y la mayor parte entró por Bolívar, municipio con mejores accesos al río, fortín del ELN y de tradición cocalera.

No solo arrasaron con una fuente hídrica vital. También, cuentan los lugareños, hubo muertos que nadie ha osado denunciar ante la Fiscalía y la policía. “Hay quince, unos picados, y a otro se lo estaban comiendo los gallinazos”, señala un hombre. Un comerciante indica, a media voz y sin ofrecer más detalles, que la guerrilla mató a una mujer de otro departamento que solo pretendía trabajar y la enterraron en una loma. “Es que hay mucho oro, demasiado. En un entable (un equipo) pueden sacar una arroba de oro por semana, que son 25 libras. A 80.000 pesos el gramo, calcule. Mucha plata”, exclama.

En el momento de mayor apogeo, que algunos sitúan en el segundo semestre del 2015, el poblado polvoriento, atestado de chabolas, donde se asentó la mayoría de mineros llegados de distintos puntos del país, organizaban peleas de gallos con apuestas millonarias y conciertos de cantantes populares reconocidos.

“Se vendían 300 canastas de cerveza al día, whisky fino, prostitutas las que quiera”, rememora un minero. “Por el operativo de enero muchos se han ido, ahora la mina está muy caliente, es peligroso venir”.

Pese a la tensión y zozobra que se respira, aún siguen apareciendo compradores de oro y se hacen transacciones puesto que son pocas las personas que se aventuran a vender sus pepitas fuera. “En los mejores tiempos, el ELN recibía tres mil millones (unos 850.000 euros) mensuales en vacunas (impuesto revolucionario)”, me había dicho un oficial de policía, el mismo dato que repiten los que están familiarizados con el negocio.

Le pregunté a un comandante del ELN en la mina, al que apodan “El Mono”, veterano en la región. Al igual que su escolta, algunos con la cara tapada, vestía de civil e iba armado de fusil. “Es una mentira difundida por los medios de comunicación y el Ejército. Estamos aquí para acabar con la minería que daña la Naturaleza”, dijo.

Sin embargo, no solo custodian la explotación desde su inicio y dieron luz verde para la entrada de maquinaria, sino que el día anterior, al advertir mi presencia, me quitaron la tarjeta de la cámara para no registrar los estragos que continúan causando las retroexcavadoras (las fotos son del celular) y me obligaron a salir.

Si bien los nativos de la región confían en que los aguaceros del próximo invierno, una vez desaparezca El Niño, devolverá la vida al San Bingo, expertos de la CAR del Cauca (máxima autoridad ambiental regional) consideran que no será posible. El perjuicio causado en unos cinco años de minería, en especial en los dos últimos, sin apenas tregua, requerirá grandes inversiones y muchos años para reponerlo. Y pone en riesgo a los caseríos de sus orillas puesto que perdió su lecho y sus fronteras y en las primeras lluvias fuertes puede arrasarlas.

“Se solicitaron recursos al Ministerio de Minas para recuperar zonas afectadas pero respondieron que no hay”, cuenta una fuente de la CAR del Cauca. “Cuando en el 2015 llegó una denuncia por el San Bingo, enviamos en octubre delegados y antes de llegar al río los agredieron, los amenazaron y les dañaron la camioneta. Nos recomendaron no incursionar porque, además, hay fuerte presencia de un grupo armado (ELN)”.

En la CAR reconocen las limitaciones institucionales para hacer frente a una problemática que crece a ojos vista y que supera su ámbito de actuación, máxime en un departamento donde son muy fuertes FARC, ELN y Bacrim (bandas criminales).

“Esperamos ayuda nacional ahora que es una catástrofe ambiental que puede adquirir proporciones bíblicas“, advierte una funcionaria de la alcaldía de Mercaderes, que pide no dar su nombre. “Esta región tiene paisajes únicos y no pueden dejar acabarlos”.

Una pequeña edad de hielo pudo cambiar la historia de la Antigüedad


El Pais

  • En los siglos VI y VII, la temperatura bajó hasta 4º, afectando a civilizaciones en Europa y Asia
El mural recoge el asedio de Constantinopla en 626 por persas y ávaros, expulsados de las estepas por el hambre y los turcos. Su derrota supuso el fin del imperio persa. Wikimedia Commons

El mural recoge el asedio de Constantinopla en 626 por persas y ávaros, expulsados de las estepas por el hambre y los turcos. Su derrota supuso el fin del imperio persa. Wikimedia Commons

La plaga de Justiniano, la invasión de Europa por varios pueblos de las estepas, la caída del segundo imperio persa, la entrada de los turcos en Anatolia, la unión de los tres reinos de China, el inicio de la expansión árabe… Todos son eventos que tuvieron lugar entre el año 540 y el 660 de la Era Común. Ahora, un estudio de los árboles muestra que durante ese siglo y poco se produjo una edad de hielo donde la temperatura bajó hasta 4º en verano y aquel frío pudo ser el marco de tanta historia.

En los últimos 2.000 años se han producido varias anomalías climáticas. Por el lado del frío, la más significativa es la denominada Pequeña Edad de Hielo (PEH), que se inició en el siglo XV y acabó a mediados del XIX. Antes, el clima fue especialmente cálido desde la época del Imperio Romano hasta la llegada del Renacimiento. Sin embargo, en esos 1.500 años de clima benigno, hubo un hiato que, aunque más corto en extensión que la PEH,  experimentó temperaturas aún más bajas. Los que lo han descubierto lo han llamado LALIA, siglas en inglés de Pequeña Edad de Hielo de la Antigüedad Tardía.

“Fue el enfriamiento más drástico en el hemisferio norte en los últimos dos milenios”, dice en una nota el investigador del Instituto Federal Suizo de Investigación, Ulf Büntgen, coautor de una investigación sobre la temperatura en estos 20 siglos. Büntgen es dendroclimatólogo y usa los patrones de crecimiento de los anillos de los árboles para inferir la temperatura. En 2011 ya publicó en la revista Science una investigación del clima del pasado basada en lo que pudo leer en los árboles de los Alpes austríacos. Ahora completa aquel trabajo con la información que le ha arrancado a 660 alerces siberianos (Larix sibirica), el árbol más abundante en el macizo de Altái, en Asia central.

La estimación de la temperatura se apoya en el estudio de los anillos de árboles de los Alpes y el macizo Altái

Entre ambas fuentes de datos hay unos 7.600 kilómetros pero también una sincronía que enseguida llamó la atención de Büntgen y sus colegas. Los L. sibirica solo crecen en verano y en su ritmo de crecimiento, los dendroclimatólogos pueden estimar la temperatura estival. Para validar sus estimaciones del pasado, los científicos han usado la evolución de los anillos en el presente, cuando ya había buenos registros de la temperatura.

Con los datos de Altái y los anteriores de los Alpes, los científicos han podido determinar la evolución de las temperaturas del verano en estos 2.000 años dentro de un proyecto aún mayor, que hace unos días mostró cómo las últimas décadas han sido las más calurosas desde tiempos de los romanos.

El actual trabajo, publicado en la revista Nature Geoscience, se detiene más en el frío que en el calor. En los árboles de Altái, los climatólogos encontraron que los veranos más fríos fueron los de 172 y 1821, con temperaturas 4,6º inferiores a la media del final del siglo XX. Ambas fechas coinciden con erupciones volcánicas de gran intensidad.

Pero lo que enseguida llama la atención del gráfico elaborado por los autores del estudio es el pronunciado y sostenido descenso de las temperaturas a partir de 536. Así, la década entre 540 y 550 fue la más fría en Altái y la segunda más fría en los Alpes. Además, desde esa fecha y hasta alrededor de 1660, se dieron 13 de las 20 décadas más frías de todo el periodo estudiado.

Gráfico con la evolución de la temperatura durante LALIA en los Alpes (azul) y Altái. Abajo, correlación de eventos históricos. Past Global Changes International Project Office

Gráfico con la evolución de la temperatura durante LALIA en los Alpes (azul) y Altái. Abajo, correlación de eventos históricos. Past Global Changes International Project Office

El origen de LALIA no está escrito en los árboles, pero sí en el hielo. Un estudio publicado en Nature el año pasado determinó las erupciones volcánicas de los últimos 2.500 millones de años las erupciones volcánicas midiendo la ceniza volcánica atrapada en cilindros de hielo extraídos en los dos polos. Una de las más intensas se produjo en 536. Le siguió otra cuatro años mas tarde, en lo que hoy es El Salvador. Y aún hubo una tercera, cuya ubicación se desconoce, en 447. Las dos primeras crearon, según los registros en el hielo, verdaderos inviernos volcánicos, con una capacidad de reflejar la radiación solar aún mayor que la de la erupción del Tambora en 1815.

La sucesión de erupciones volcánicas, según los autores, se vio reforzada con las corrientes oceánicas, la expansión del hielo y la coincidencia en el siglo VI de un mínimo solar. La consecuencia fue el descenso sostenido de las temperaturas. De hecho, esas décadas registraron un gran retroceso de las tierras dedicadas a la agricultura y el pastoreo.

La erupción sucesiva de tres volcanes provocó la pequeña edad de hielo

En la segunda parte del estudio, Büntgen se rodea de historiadores lingüistas y naturalistas para relacionar LALIA con la historia de los humanos. Es muy sugerente comprobar como al poco de la primera erupción, estalla una de las mayores epidemias de peste, la plaga de Justiniano en lo que entonces era el Imperio Romano de Oriente. En Asia central, donde los pastos dependen de ligeras variaciones de temperatura, se sucedieron grandes movimientos de poblaciones turcas y rouran que desestabilizaron toda Eurasia. Al este, acabaron con la dinastía Wei e, indirectamente, ayudaron a la unificación de China. En el oeste, llegaron hasta Constantinopla, empujando a los pueblos que se encontraban cada vez más al oeste.

Durante LALIA también entró en declive el imperio persa de los sasánidas. En la península arábiga, las temperaturas más suaves pudieron aumentar el régimen de lluvias y, con ellas, la disponibilidad de pastos para alimentar los camellos sobre los que se expandieron los árabes a partir de la Hégira de Mahoma.

“Con tantas variables, debemos ser cautos con la causa ambiental y el efecto político, pero fascina ver cuánto se alinea el cambio climático con las grandes convulsiones que se sucedieron a lo largo de diferentes regiones”, comenta Büntgen. También deja claro que la historia no se puede escribir sin tener en cuenta fenómenos climáticos como LALIA.