Tag Archive: Neandertales



El Mundo

Un trabajador del Instituto Max Planck taladra un hueso de neandertal para obtener su ADN MPI EVA

A medida que avanza el conocimiento sobre el ADN de las poblaciones neandertales, los científicos están siendo capaces de reconstruir no sólo el origen de estos antiguos homínidos, sino el del propio ser humano. Diferentes estudios han concluido que nuestro material genético porta entre un 1,5% y un 2,1% de sus genes. Otros trabajos intentan explicar qué implicaciones tiene que carguemos con la información de esta especie extinta. Las dudas se centran en si nuestros genes neandertales condicionan cómo somos o si incluso nos hacen más proclives a ciertas enfermedades.

Para responder a estas preguntas se necesita disponer de muestras que permitan estos análisis genéticos. Y, aunque existen muchos restos fósiles con los que hacer comparaciones, los científicos solo tenían hasta la fecha el genoma completo de un único neandertal, obtenido a partir de los huesos de una hembra siberiana de las montañas de Altái de hace 122.000 años. Sin embargo, un estudio publicado este jueves por la revista Science ha acabado con esta limitación y aporta, por fin, la secuencia completa de ADN de otro neandertal, el de una mujer que habitó la cueva croata de Vindija hace aproximadamente 52.000 años.

Kay Prüfer, investigador del Instituto Max Planck y primer autor en ambos trabajos, ha logrado junto con su equipo un análisis de gran precisión para estas muestras de ADN, lo que no resulta fácil teniendo en cuenta el estado y la antigüedad de los restos. “La secuenciación de un genoma de alta calidad es un reto, ya que necesitamos identificar una muestra que contenga una cantidad suficiente de ADN y que a su vez esté poco contaminada”, ha afirmado a EL MUNDO Kay Prüfer. “En este caso, por ejemplo, sólo el 10% del ADN provenía del neandertal. El resto era contaminación microbiana. Así que tuvimos que secuenciar hasta 10 veces más cantidad de muestra de lo que habríamos necesitado para un genoma humano normal”, ha explicado.

El hallazgo ha proporcionado resultados inmediatos y así, en el mismo estudio, Prüfer y sus colegas, tras cotejar sus secuencias con las bases de datos sobre genes neandertales y humanos, han estimado que las poblaciones modernas no africanas transportan entre el 1,8% y el 2,6% de ADN de neandertal, más que lo que se conocía hasta ahora. Los asiáticos del este llevan incluso algo más de ADN de neandertal, entre un 2,3% y un 2,6%.

Además, han identificado, en este genoma neandertal común, variantes de genes relacionados con los niveles de colesterol LDL en plasma y vitamina D, trastornos alimentarios, acumulación de grasa visceral, artritis reumatoide, esquizofrenia o respuesta a drogas antipsicóticas. Esto se suma a la creciente evidencia de que la ascendencia neandertal influye en el riesgo de enfermedades neurológicas, psiquiátricas, inmunológicas y dermatológicas que pueden sufrir los seres humanos actuales. “Las variantes que encontramos tienden a estar presentes más a menudo en las personas que padecen la enfermedad, pero no significa que la causen con una certeza del 100%”, ha puntualizado Prüfer.

Por otro lado, esta herencia neandertal, fruto de nuestra relación de convivencia e hibridación con esta especie, no es siempre negativa. El científico ha recalcado que la revista American Journal of Human Genetics ha publicado, también este jueves, un estudio paralelo de su mismo departamento que da fe de ello.

A través de la base de datos Biobank de Reino Unido, los investigadores Michael Dannemann y Janet Kelso, del Instituto Max Planck, han estudiado el ADN de 112.000 personas y han encontrado características neandertales no relacionadas con la enfermedad. Se trata de rasgos relacionados con la exposición a la luz solar y que tienen que ver con el tono de piel y el color del cabello (que podían ser claros), los patrones de sueño regidos por los ritmos circadianos o el estado de ánimo. Según este equipo de científicos, hace unos 100.000 años, cuando los seres humanos modernos migraron a Eurasia, los neandertales ya estaban adaptados a niveles más bajos de radiación solar que a lo que estaba acostumbrado el Homo sapiens que llegaba de África.

Un tercer estudio, publicado a la vez en Science pero liderado por genetistas del Museo de Historia Natural de Dinamarca, viene a completar el panorama. El grupo de investigación de Eske Willerslev se ha centrado, no obstante, en cuatro seres humanos del Paleolítico Superior, enterrados en el cementerio de Sunghir, en Rusia hace entre 34.600 y 33.600 años.

Estos restos se corresponden con cuatro varones no emparentados entre sí y sin signos de consanguinidad debido a la endogamia propia de poblaciones pequeñas, como por el contrario sí ocurre en las poblaciones neandertales. Los científicos explican que la movilidad de las poblaciones de cazadores recolectores del Paleolítico Superior pudo llevar al hombre moderno a aparearse fuera de sus clanes.

“Encontramos que los individuos en Sunghir no estaban estrechamente relacionados entre sí. Como mucho eran primos segundos y no mostraron evidencia de endogamia. Esto contrasta con la hembra neandertal de Altái, que ha demostrado ser muy consanguínea. Sus padres eran probablemente hermanastros“, ha comentado a este medio Martin Sikora, coautor del tercer trabajo.

Los datos de estas tres investigaciones confirman que la estructura de las poblaciones neandertales y humanas son por tanto diferentes. Mientras que los neandertales vivían en poblaciones pequeñas y la relación de parentesco era estrecha, con consanguinidad entre sus miembros, los humanos diversificaron sus apareamientos y desarrollaron una estructura social con prácticas culturales que evitaron la endogamia. “Hemos encontrado que los individuos de Sunghir tienen mayor proporción de ADN de Neandertal que los europeos actuales. Esto podría ser debido a una mezcla adicional en los individuos de Sunghir, o a que la selección natural ha actuado en contra del ADN neandertal a partir del Paleolítico Superior”, ha aseverado Sikora.

Desde el Instituto de Biología Evolutiva (UPF-CSIC), Carles Lalueza Fox, experto en ADN antiguo y neandertales, ha remarcado la importancia del tamaño de la población y la acumulación de mutaciones que fueron perjudiciales para estos homínidos. “Cuando se da una endogamia durante miles de años porque las poblaciones son muy pequeñas y no hay con quien cruzarse, que no esté lejanamente emparentado, se acumulan mutaciones que tienen efectos negativos, sobre todo en la fertilidad”, ha explicado a este periódico.

“Los humanos del Paleolítico Superior tuvieron mecanismos para evitar los apareamientos endógamos y consanguíneos. Los neandertales no, porque eran muy pocos y no podían seleccionar sus parejas, lo que tuvo un impacto en la viabilidad final de la especie. Esto se observa en los neandertales y en animales en peligro de extinción, como el lince ibérico”, ha añadido.

Según este investigador, “la genómica nos informa de la estructura social y de los patrones reproductivos de los neandertales y de los europeos modernos, porque la diversidad genómica es un reflejo de la demografia”, ha concluido.

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  • Un estudio sugiere que la otra especie humana inteligente apenas dejó muestras artísticas ni fabricó pequeñas herramientas de piedra por la torpeza de sus manos

Recreación de una mujer neandertal en el Museo Arqueológico de Asturias – UCM

Unas falanges más cortas y unas manos menos habilidosas son las responsables de la ausencia de pequeñas herramientas de piedra en época neandertal, y no las deficiencias cognitivas ni simbólicas de los homínidos, como se pensaba. Así lo revela una investigación del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humano tras la recreación de estas extremidades a partir de hallazgos arqueológicos.

«Las manos de alguno de nuestros ancestros o coetáneos, como el neandertal, fueron tan parecidas a las nuestras que nadie había sospechado que ahí podía encontrarse una diferencia crucial», justifica Manuel Martín-Loeches, investigador del departamento de Psicobiología de la UCM.

Mediante una reconstrucción de la mano del neandertal, basada en diversos hallazgos arqueológicos, se determinó el grado de esfuerzo que para esta especie hubiera supuesto la fabricación de este tipo de industria.

Los resultados, publicados en Journal of Anthropolological Sciences, revelaron que de las ocho posiciones manuales necesarias, seis suponían un tremendo estrés mecánico para la mano del neandertal.

Según Martín-Loeches, muchos autores habían atribuido esta escasez de microlitos previa al Homo sapiens a las menores capacidades cognitivas o “simbólicas” de homínidos anteriores. Sin embargo, «fabricarlo no es nada fácil, exige una gran habilidad por parte de ambas manos, con movimientos muy definidos y precisos durante su fabricación», añade.

Este tipo de tecnología en piedra –conocida como microlitos y de entre uno y tres centímetros– apenas figura en el registro fósil antes de la aparición de nuestra especie. Comienza a ser abundante desde hace 40.000 años, y ya se hacía de manera sistemática hace al menos 70.000, en Sudáfrica.

En la investigación, los científicos filmaron las manos y brazos de dos expertos talladores de piedra con diferentes grados de experiencia mientras fabricaban microlitos, desde la extracción de lascas de un núcleo hasta el detalle y retoque de las minúsculas piezas microlíticas.

El posterior análisis biomecánico de los movimientos necesarios para la fabricación de esta industria, mediante software especializado, reveló una serie de posiciones de la mano fundamentales para la obtención de un microlito.

«Las falanges de los dedos neandertales no eran lo suficientemente largas como para que el reparto de fuerzas necesario no hubiera sido eficiente durante la fabricación de microlitos», apunta Francia Patiño, coautora y en ese momento alumna del Máster de Neurociencia de la UCM.

Los resultados apoyan recientes propuestas sobre el origen del arte en nuestra especie basadas en modelos de la psicología que establecen que la principal razón por la que otros homínidos no dejaron muestras de arte se encuentra en sus menores habilidades manuales, más que en la ausencia o presencia de una capacidad mental.

Además de la UCM, en el estudio participan miembros de Paleorama y la Universidad Isabel I de Burgos.


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  • Esta especie humana levantó con estalagmitas unas estructuras circulares en el interior de una cueva de Francia hace 175.000 años
 La construcción neandertal de la cueva de Bruniquel - Etienne FABRE - SSAC

La construcción neandertal de la cueva de Bruniquel – Etienne FABRE – SSAC

Investigadores franceses han descubierto en las profundidades de una cueva del suroeste de Francia unas estructuras circulares hechas de estalagmitas rotas que fueron levantadas por los neandertales hace al menos 175.000 años. El hallazgo, descrito en la revista Nature, supone la primera prueba de la habilidad constructora de la otra especie humana inteligente y demuestra que exploró el mundo subterráneo. Si el lugar era utilizado como refugio o tenía un significado simbólico todavía está por aclarar.

Los neandertales vivieron en Eurasia durante cientos de miles de años hasta hace unos 40.000, momento en el que desaparecieron misteriosamente tras la llegada de los humanos anatómicamente modernos. Aunque gracias a los registros arqueológicos se conocen muchas características sobre la forma de vida de este grupo, como su alimentación, el cuidado de los hijos o sus adornos, poco se sabía sobre sus habilidades constructoras por falta de pruebas directas. Hasta ahora, tan solo se les habían atribuido, con escaso consenso científico, unas pocas estructuras como agujeros para postes o elementos aislados de muros de piedra.

El equipo de Jacques Jaubert, de la Universidad de Burdeos, descubrió casi 400 fragmentos de estalactitas y estalagmitas apilados en varias estructuras, incluyendo dos que tienen una forma circular, a unos 300 metros de la entrada de la cueva Bruniquel. Una de ellas tiene 2 m de anchura y la otra, más de 6,7. La más grande está compuesta de un «muro» hecho de hasta cuatro capas superpuestas de fragmentos de estalagmita de aproximadamente 30 cm de longitud, con elementos más pequeños pegados de forma oblicua en el medio.

Al calor del fuego

Muchas de esas estalagmitas están enrojecidas, ennegrecidas o agrietadas, lo que sugiere que fueron calentadas por pequeños fuegos hechos de forma voluntaria por sus ocupantes, no de manera natural. Los autores también recuperaron un fragmento de 6,7 cm de hueso con señales de haber sido calentado, y evidencias de un efecto similar en la roca por encima y alrededor de las estructuras.

Los investigadores no tienen duda de que los autores de todo este tinglado fueron los neandertales, la única especie humana que entonces ocupaba la zona. Los anillos están hechos con piezas de tamaño similar, lo que indica que la construcción estaba cuidadosamente planeada. Además, la organización interna y el tamaño de las estructuras no encajan con los hogares de los osos de las cavernas, una posibilidad que queda descartada.

Para los científicos, este hallazgo es un ejemplo más de que los neandertales exhibían un comportamiento social complejo. Pero para qué servían esos anillos no está claro. Hacen falta hallazgos similares para aclarar si se trata de los restos de una visita subterránea casual o si eran parte de actividades regulares y planificadas, como un refugio o un lugar con significado simbólico. Eso sí, estas estructuras, muy bien conservadas porque fueron selladas por calcita muy poco después de ser erigidas, muestran que los ancestros humanos ya dominaban el ambiente subterráneo, un comportamiento moderno que parece haber emergido antes de lo que se creía.


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  • Un nuevo estudio sugiere que los humanos modernos pudimos infectarles con enfermedades que trajimos de África, lo que contribuyó a su desaparición

 

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La extinción de los neandertales de Europa hace unos 40.000 años es uno de los misterios más grandes de la evolución humana. Varias son las teorías que intentan explicar su desaparición de la faz de la Tierra, desde una inteligencia menor en competencia con el hombre moderno, a factores climáticos, una alianza del Homo sapiens con los lobos para la caza o incluso la práctica del canibalismo en tiempos de escasez. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de las universidades de Cambridge y Oxford Brookes sugiere que pudimos ser nosotros quienes acabamos con la otra especie humana inteligente… sin querer. El artículo, publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology, plantea la hipótesis de que los sapiens infectaron a los neandertales con enfermedades que llevaron consigo en su viaje fuera de África. Resulta que como ambas eran especies de homínidos, habría sido más fácil para los patógenos saltar entre poblaciones. Y para los neandertales habría resultado fatal.

Nuestros antepasados se cruzaron varias veces con los neandertales (el encuentro más antiguo que se conoce sucedió hace 100.000 años en Oriente Medio) y tuvieron descendencia, motivo por el que todos, menos los africanos, tenemos hasta un 4% de la marca neandertal en nuestro ADN. Algunos de los genes que intercambiaron en esos encuentros están asociados con enfermedades. Existen evidencias de que los seres humanos se beneficiaron de la recepción de componentes genéticos a través de los cruces, que los protegían de algunas de ellas, como la sepsis bacteriana -infección de la sangre por heridas- y la encefalitis provocada por garrapatas que habitan en los bosques de Siberia. De igual forma, también se conoce que otros homínidos pasaron virus a los humanos mientras todavía estaban en África. Por lo tanto, según los investigadores, tiene sentido suponer que los seres humanos podrían, a su vez, haber transmitido enfermedades a los neandertales. Y si nos apareamos con ellos, probablemente lo hicimos.

Charlotte Houldcroft, de la División de Antropología Biológica de Cambridge, apunta que muchas de las infecciones que podrían haber pasado de los seres humanos a los neandertales, como la tenia, la tuberculosis, las úlceras de estómago y algunos tipos de herpes, son males crónicos que habrían perjudicado la caza y la recolección entre los neandertales, haciéndolos más débiles y menos capaces, por tanto, de encontrar alimentos, lo que podría haber provocado la extinción de la especie.

«Los seres humanos que migraron fuera de África habrían sido un importante reservorio de enfermedades tropicales», dice Houldcroft. «Para la población neandertal de Eurasia, exponerse a esos nuevos patógenos pudo haber sido catastrófico». Los neandertales vivían en grupos pequeños, de entre 15 y 30 miembros, así que la enfermedad habría estallado esporádicamente, sin ser capaz de llegar muy lejos. Por este motivo, la investigadora no cree que los contagios se produjeran como tras la llegada de Colón a América, cuando se diezmaron las poblaciones nativas. «Es más probable que cada pequeño grupo de neandertales tuviera su propia infección desastrosa, lo que debilita el grupo y inclina la balanza en contra de la supervivencia», dice.

Úlceras y herpes

Las enfermedades infecciosas se expandieron con el amanecer de la agricultura hace unos 8.000 años, ya que las poblaciones humanas, cada vez más densas y sedentarias, coexistían con el ganado, creando el caldo de cultivo perfecto para que las enfermedades se propagasen. De hecho, los investigadores creen que muchas consideradas tradicionalmente zoonosis, transferidas por los animales a los seres humanos, como la tuberculosis, fueron en realidad transmitidas por los humanos al ganado en primer lugar.

Los investigadores describen la Helicobacter pylori, una bacteria que causa úlceras estomacales, como el principal candidato para una enfermedad que los seres humanos pudieron haber pasado a los neandertales. Se estima que los sapiens se infectaron en África por primera vez hace de 88.000 a 116.000 años. Otro candidato es el virus que causa el herpes genital, transmitido a los humanos en África hace 1,6 millones de años por otro homínido desconocido, que a su vez lo adquirió de los chimpancés. Esto muestra que las enfermedades podrán saltar entre las especies de homínidos. El virus del herpes se transmite por vía sexual y por medio de la saliva.

«Es probable que una combinación de factores provocara la desaparición de los neandertales -concluye Houldcroft- y las evidencias dicen que la propagación de enfermedades fue muy importante».

 


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  • Sucedió hace 100.000 años en Oriente Medio, un cruce en el que la otra especie humana inteligente recibió nuestros genes

 

 Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

La relación entre el Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos todos los seres humanos actuales, y los neandertales, la otra especie humana inteligente ya extinta, es un largo e intrincado culebrón antropológico prolongado durante miles de años en el que no faltan los encuentros sexuales y el intercambio genético. E igual que en una de esas historias por entregas, uno no puede saltarse un capítulo si no quiere acabar perdido. El último episodio, publicado en la revista Nature y firmado por un amplio plantel internacional de investigadores, entre ellos varios españoles, resulta fascinante.

Los científicos, codirigidos por Sergi Castellano, del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck en Leipzig, Alemania, han dado un auténtico giro de guion. Han descubierto que hubo al menos dos cruces entre el hombre anatómicamente moderno y los neandertales. Uno en Europa hace unos 50.000 años, que ya se conocía, y otro anterior, completamente inesperado, que se produjo hace 100.000 años en Oriente Medio. Por si fuera poco, hay otra gran sorpresa. Desde que en 2010 Svante Päävo desentrañó el genoma neandertal, es sabido que en esa segunda cita ellos nos transmitieron sus genes, motivo por el que todas las personas de origen euroasiático llevan esa pequeña herencia en su «código de barras» -alrededor del 2% de nuestro genoma es neandertal-, pero resulta que también sucedió al revés: en la primera hibridación fuimos nosotros quienes les aportamos nuestro material genético.

El estudio parte del análisis de los genomas completos de un neandertal y un denisovano (otro misterioso ancestro humano) de las montañas de Altái en Siberia, cerca de la frontera entre Rusia y Mongolia, y la secuencia del cromosoma 21 de un neandertal de la cueva asturiana de El Sidrón y de otro de Vindija, en Croacia. Los resultados plantean un escenario completamente nuevo. Probablemente gracias a un cambio climático favorable, los humanos modernos salieron fuera de África hacia Asia hace más de 100.000 años, una expansión revelada por los restos encontrados en los yacimientos israelíes de Skhul y Qafzeh. Pudieron hacerlo por dos vías: a través de lo que ahora es Egipto e Israel o por la franja del Mar Rojo o el Cuerno de África hacia la Península Arábiga.

 «Muchos creían que fue una migración fallida, sin descendencia, y que no llegaron muy lejos, pero unas herramientas de piedra recuperadas al sur de Arabia y los restos hallados en China recientemente nos dicen lo contrario», explica a ABC Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y coautor del estudio. Probablemente, estos humanos modernos se extinguieron más tarde y por eso no forman parte de nuestros ancestros.

Múltiples cruces

«Esos sapiens eran hombres de aspecto robusto y primitivo, que aún recuerdan al Homo erectus; también portadores de rasgos que comparten todas las poblaciones subsaharianas actuales», describe Rosas. Durante ese viaje temprano se produjo la primera hibridación con los neandertales, que posteriormente pudieron desplazarse al sur de la actual Siberia, portando los genes sapiens. Pero no todos los neandertales tienen esas secuencias genéticas. No es el caso de los dos de la Península Ibérica, por lo que puede que esos grupos no coincidieran con los sapiens o, si lo hicieron, no tuvieran descendencia. Nuestra «huella» tampoco aparece en el denisovano analizado.

«Este descubrimiento representa un paso más en la demolición del anterior paradigma de la evolución humana. Ahora sabemos que ha habido múltiples cruzamientos entre humanos modernos y homínidos arcaicos que han contribuido a acelerar la adaptación de estas poblaciones», apunta Carles Lalueza-Fox, líder del Laboratorio de Paleogenómica del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), quien también cree además que «esto ha debido ocurrir también en el pasado más remoto de nuestro linaje, desde hace millones de años».

Los hijos, con los sapiens

Los investigadores todavía desconocen cómo se produjeron esos encuentros entre ambas especies, si fueron varones sapiens y féminas neandertales quienes mantuvieron relaciones, o al revés. «Pero cabe sospechar que los descendientes híbridos, ya sea porque una sapiens se quedara embarazada de un neandertal o una neandertal fuera raptada por unos sapiens, permanecían en los grupos sapiens, y a su vez sus descendientes se cruzaban con otros sapiens», dice Rosas. «Lo que también está claro es que la hibridación fue relativamente frecuente pero cuantitativamente escasa: la transferencia de secuencias genéticas hacia el ser humano es pequeña, de solo un 2%», puntualiza. Sin embargo, las consecuencias llegan hasta nuestros días y es ahora cuando empezamos a descubrirlas. Una investigación de la Universidad Vanderbilt en Nashville (Tennessee, EE.UU.), publicada en la revista Science hace una semana, relacionaba la depresión, la adicción al tabaco, el infarto de miocardio e incluso algunas lesiones cutáneas con la herencia de esos parientes europeos.

El Homo neanderthalensis desapareció para siempre hace unos 40.000 años por causas que todavía son un misterio, aunque quizás la endogamia fue un factor determinante, ya que los neandertales tenían una baja diversidad genética. Cuando por fin pueda ser escrita, esa historia cerrará un capítulo de la evolución humana del que aún hay mucho que contar.

 


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  • Investigadores del CSIC han descubierto que las anomalías genéticas halladas en la primera vértebra cervical de esta especie demostraría que la endogamia les llevó a la extinción

 

sinc Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

sinc | Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

Un estudio llevado a cabo por investigadores de CSIC en la cueva asturiana de El Sidrón indica que la endogamia (la práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de un pequeño espacio geográfico) pudo ser un factor decisivo en la extinción de los neandertales, la «otra» especie inteligente que compartió con nosotros el continente europeo y que desapareció sin dejar rastro hace cerca de 30.000 años.

La investigación, que se publica en la revista PLOS ONE, indica que los neandertales vivían en grupos pequeños, relativamente aislados y con una baja diversidad genética. Según afirma a ABC el paleoantropólogo Antonio Rosas, que ha dirigido el estudio, «la endogamia, con la consecuente pérdida de diversidad genética fue, sin duda, uno de los factores que contribuyeron a la extinción de la especie. Se sabe, además, que por debajo de ciertos niveles de diversidad genética el proceso se hace irreversible, ya que disminuye la capacidad de reacción de la especie ante eventuales cambios ambientales».

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar una serie de anomalías congénitas en la primera vértebra cervical, llamada atlas y que constituye el punto de apoyo del cráneo sobre la columna vertebral.

«El atlas –explica Rosas– forma un anillo de hueso donde descansa el cráneo, y puede presentar una gran variedad de anomalías congénitas en la parte anterior y posterior del anillo. Entre ellas, la más sencilla es la dehiscencia (falta de cierre) del arco posterior en la línea sagital media».

En las poblaciones humanas actuales, esta clase de anomalía se presenta con una frecuencia muy baja, entre el 1% y el 4%. Por eso, las cifras de El Sidrón, donde se han hallado ya 13 individuos, resultan tan sorprendentes.

«De los tres atlas que tenemos en El Sidrón –asegura el investigador a ABC– dos presentan anomalías congénitas, lo cual supone una proporción muy superior a la tasa normal. Sabemos, por comparación con poblaciones humanas actuales y con otras especies de mamíferos, que esta clase de anomalías son muy poco frecuentes, y que suelen aparecer relacionadas con la endogamia».

Causa de extinción

«Si sumamos esta anomalía a otros indicadores de endogamia –afirma Rosas–, como la retención del canino de leche (que no se cae durante la infancia y permanece en edad adulta), las evidencias de que esa práctica pudo contribuir de forma decisiva a la extinción cobra gran importancia».

Los datos resultan coherentes con otras investigaciones genéticas llevadas a cabo tanto en los 13 neandertales de El Sidron, que indican que todos ellos estaban genéticamente muy próximos, como con lo que se sabe de los neandertales en general, «que vivían en grupos pequeños y con baja variedad genética. Esta causa, junto con otras, pudo ser uno de los desencadenantes de la extinción», afirma Rosas.

La misma situación de endogamia también puede darse en grupos humanos modernos, que vivan relativamente aislados en una isla o en valles poco comunicados.

Para el investigador, «una especie con baja diversidad genética está menos preparada para enfrentarse a un cambio climático brusco. Si a eso añadimos la llegada de un grupo nuevo al continente, los Sapiens, entonces la extinción se precipita».

A diferencia de los neandertales, nuestros antepasados directos vivían en grupos mayores y que se relacionaban entre sí, lo que se traducía en una mayor variabilidad genética de la que existía entre los neandertales.

A pesar de que los neandertales lograron sobrevivir en Europa durante 350.000 años, «siempre han funcionado en grupos pequeños», asegura Antonio Rosas, quien aclara que «no es lo mismo endogamia que consanguineidad, extremo que se da en una misma familia. El grado máximo de endogamia es la consanguineidad».

Mientras la consanguineidad puede tener efectos muy rápidos, la endogamia en un grupo pequeño y no necesariamente familiar va mucho más lenta. «Lo que hace, explica Rosas, es que las poblaciones estén cada vez más indefensas ante cualquier adversidad. Es como un virus oportunista, que no te mata él, pero te debilita y te termina matando otra enfermedad. Es lo mismo, pero no en un individuo, sino en una población. Se trata de un fenómenio evolutivo».

 


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  • Cortaban, golpeaban y fracturaban los huesos de sus congéneres recién fallecidos, según se ha podido comprobar en los restos fósiles de dos adultos y un niño hallados en el yacimiento de Marillac, en Francia
M.D. GARRALDA ET AL Los neandertales realizaron cortes con herramientas de sílex en este radio

M.D. GARRALDA ET AL
Los neandertales realizaron cortes con herramientas de sílex en este radio

Los restos fósiles de dos adultos y un niño hallados en el yacimiento de Marillac han desvelado que los neandertales de la región francesa de Poitou-Charentes cortaron, golpearon y fracturaron los huesos de sus congéneres recién fallecidos.

Este tipo de manipulaciones se han observado en otros yacimientos neandertales, pero los científicos aún desconocen si lo hacían por razones alimentarias o ceremoniales.

Desde que en 1934 se descubriera el yacimiento de Marillac en Francia, el hallazgo de restos fósiles de animales –90% perteneciente a renos–, de humanos y de útiles musterienses ha permitido identificar este sitio como una zona de caza de los neandertales (Homo neanderthalensis). Pero lo que más sorprende del yacimiento es la presencia de gran cantidad de restos óseos de estos homínidos, muchos de ellos todavía por analizar, según desvela la agencia Sinc.

Ahora, una investigación publicada en American Journal of Physical Anthropology, analiza por primera vez los fragmentos de tres individuos hallados entre 1967 y 1980 en el yacimiento francés y que datan de hace unos 57.600 años. Se trata de una diáfisis (parte media de los huesos largos) incompleta de un radio derecho, otra de un peroné izquierdo y gran parte de un fémur derecho. Este último de un niño.

Al compararlos con los restos de otros neandertales y humanos modernos, los científicos confirman no solo la robustez y la forma redondeada de los huesos de neandertales, sino que también identifican en los tres huesos manipulaciones realizadas al poco tiempo de morir los individuos.

«Algunos grupos neandertales cortaron y despedazaron cadáveres de niños o adultos poco después de su muerte (perimortem), utilizando instrumentos líticos», explica a Sinc María Dolores Garralda,profesora de la Universidad Complutense de Madrid, investigadora en la Universidad de Burdeos (Francia) y autora principal del trabajo.

Cortes, golpes, fracturas y manchas

El fragmento del fémur, que parece corresponder al de un niño que murió a la edad de 9 o 10 años, presenta dos grandes marcas de corte a medio centímetro la una de la otra. Por su estado de conservación, los investigadores sugieren que el hueso fue fracturadoestando aún fresco con el objetivo de separar el extremo superior e inferior del fémur, donde se sitúan las articulaciones.

«El corte superior del corte exhibe rastros de un impacto post-mortem con marcas de rotura concoidea (que no sigue planos naturales de separación)», señala el estudio. Por su parte, el corte inferior muestrauna fractura claramente oblicua y espiral que parece haberse producido también mientras el hueso aún estaba fresco.

«Por la morfología de las fracturas, el cuerpo del niño pudo ser manipulado poco tiempo después de morir. La pierna izquierda recibióuna serie de golpes que fracturaron el fémur, y los cortes identificados son de origen antrópico, es decir que no hay evidencias visibles de mordiscos de animales», apunta Garralda.

Por su parte, los huesos de los dos adultos presentan estas y otras marcas. El fragmento del radio, posiblemente perteneciente a un hombre, también tiene pequeñas y finas marcas de corte, realizadas con herramientas de sílex al poco de morir el individuo. «Lo más significativo son tres cortes que se cruzan los unos con los otros hechos mientras el hueso aún estaba fresco», destaca el trabajo.

En el caso del peroné, aunque las fracturas en fresco de ambos extremos sí se aprecian, existen además signos de percusión en la parte inferior. Pero «no hay evidencias de cortes o rastros de dientes de carnívoros», insiste la investigadora. Contrariamente a los otros dos fragmentos de huesos analizados, el fósil de peroné presenta machas de dióxido de manganeso –un mineral muy abundante en la cueva y que impregna los huesos de color negro.

¿Eran caníbales?

El equipo de científicos desconoce las razones de por qué lo hicieron: «Pudieron ser rituales –todavía ahora en el siglo XXI se sigue realizando en algunas partes del mundo– o alimentarias –canibalismo gastronómico o por necesidad–», apunta la experta quien se mantiene prudente con la hipótesis del canibalismo, debido al gran número de huesos de animales hallados en el yacimiento que pudieron ser el alimento de los neandertales.

«Hasta hoy hemos podido demostrar estas manipulaciones en varios yacimientos neandertales europeos y, por supuesto, mucho más recientes, incluso en grupos humanos contemporáneos, pero no hemos podido demostrar la ingestión de carne humana por los neandertales (aunque sí se ha hecho en otras poblaciones mucho más modernas)», asevera Garralda.

Además de estas manipulaciones corporales perimortem realizadas por miembros del grupo, otros huesos hallados en el yacimiento de Marillac,también fragmentados, muestran signos de mordiscos o digestión animal. «Estas marcas y alteraciones son claramente distinguibles de las estudiadas en las tres diáfisis neandertales», concluye la experta.

Bibliografía


El Mundo

Tomando perspectiva evolutiva y dejando de lado cualquier interpretación sexista, la división sexual del trabajo ha sido interpretada por la Ciencia como uno de los rasgos evolutivos que están en la base de la formación de la estructura de la familia nuclear. Una característica hasta ahora sólo conocida en los humanos modernos (‘Homo sapiens’) y además aparecida hace muy poco tiempo evolutivamente hablando, hace unos 40.000 años, en el Paleolítico superior.

Pero otros linajes humanos ya extintos también pudieron haber desarrollado una división del trabajo distinta en machos y hembras, y por tanto, compartirían con nosotros una de las claves de los lazos que unen a las familias humanas tal y como las conocemos. Un trabajo recién publicado por el investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) Antonio Rosas y su colega del mismo centro Almudena Estalrrich ha encontrado por primera vez evidencias morfológicas que indican que los neandertales tardíos -también llamados clásicos, de entre 60.000 y 30.000 años de antigüedad- ya dividían algunas de sus tareas cotidianas según su sexo.

Maxilar neandertal.J. COSTA

La interpretación del comportamiento de estos homínidos, extinguidos hace alrededor de 28.000 años, según sus rasgos morfológicos ha llevado a los investigadores a pensar desde hace años que tanto hombres como mujeres compartían las mismas tareas cotidianas. La robustez de ambos sexos o los restos de huesos rotos sin discriminar por género indican que todos los individuos estaban implicados en las tareas de caza para alimentar al grupo.

El trabajo, recién publicado en la revista ‘Journal of Human Evolution’, da un paso más allá analizando los restos neandertales desde un punto de vista muy original. “Lo novedoso de este estudio es que se ha realizado sobre los marcadores de actividad, es decir, estudiando las marcas sobre los dientes, ya que los neandertales usaban la boca como una tercera mano”, ha explicado Antonio Rosas en una presentación en la sede madrileña del CSIC.

Los investigadores han analizado 99 dientes incisivos y caninos de 19 individuos provenientes de tres yacimientos diferentes (El Sidrón en Asturias, L’Hortus en Francia y Spy en Bélgica). Y la principal conclusión a la que han llegado es que las estrías dentales presentes en los fósiles femeninos siguen un mismo patrón, pero diferente al encontrado en los individuos masculinos. “Lo que hemos descubierto ahora es que las estrías detectadas en las piezas dentales de las mujeres adultas son más largas que las encontradas en los hombres adultos. Por eso suponemos que las tareas que realizaban eran diferentes”, dice Rosas.

Aún hay que analizar otros muchos aspectos de los restos y de las costumbres de los cazadores recolectores para averiguar el origen de las marcas encontradas. Pero la explicación propuesta por Rosas y Estalrrich, basándose también en las costumbres y rasgos de las poblaciones actuales de cazadores recolectores, es que las mujeres podrían haber desarrollado tareas relacionadas con el tratamiento de pieles y de madera, mientras los hombres se dedicaban más a la fabricación de herramientas líticas y a su retoque, es decir, al afilado o a la creación de filos agudos.

Sin embargo, esta división del trabajo no afectaba a todas las tareas cotidianas. “A pesar de todo, creemos que la especialización del trabajo según el sexo de los individuos probablemente se limitase a unas pocas tareas, ya que es posible que tanto hombres como mujeres participasen de igual manera en la caza de grandes animales”, añade Almudena Estalrrich. Por lo que este rasgo podría haber surgido como un paso evolutivo intermedio hacia la división definitiva de tareas propia de los humanos modernos, según los investigadores.


ABC.es

  • Los seres humanos modernos compartimos una serie de carencias genéticas con la otra especie humana inteligente que provocaron la aparición de esos males hace miles de años
Los neandertales ya sufrían de enfermedades modernas como la psoriasis y el Crohn

Vivieron hace miles de años sobre la faz de la Tierra y su aspecto era algo diferente al de los hombres de hoy en día. Sin embargo, parece que los neandertales guardaban más similitudes con nosotros de las que, hasta ahora, se conocían. Así lo afirma un estudio realizado por las universidades de Oxford y Plymouth en el que queda claro que la otra especie humana inteligente padecía dolencias actuales como la enfermedad de Crohn (la cual afecta al intestino) o la psoriasis (que ataca a la piel creando en ella manchas rojizas).

Según determinan los investigadores en el estudio genético (el cual ha sido publicado por la revista científica «Molecular biology and evolution») las dos enfermedades podrían haber tenido origen en un antepasado común de los neandertales, los hombres modernos y los homínidos de Denisova –la nueva especie de Homo que fue hallada en 2010- que habría vivido hace un millón de años. Al parecer, estas dolencias habrían ido pasando de especie en especie hasta llegar hasta nuestros días. «Nuestra investigación muestra que algunas de las características genéticas asociadas con la psoriasis, y la enfermedad de Crohn de la salud humana tienen miles de años de antigüedad», explica Agüero Gokcumen, doctor en genética evolutiva y director del proyecto.

¿La razón? En palabras de los expertos, esta herencia podría haber permanecido en el tiempo debido a que, en su momento, dichas enfermedades eran beneficiosas de alguna forma para nuestros viejos antepasados o, simplemente, no les perjudicaban. «Estas enfermedades son perjudiciales, pero nuestros hallazgos sugieren que pudo haber algún factor desconocido en el pasado que contrarrestaba su peligro. Ambas enfermedades son trastornos autoinmunes, y podemos imaginar que, en un entorno rico en patógenos tener un sistema inmunológico muy activo puede ser algo bueno, pues puede aumentar las posibilidades de una respuesta autoinmune», añade el experto.

En este sentido, Gokcumen destaca que existen varios ejemplos en los cuales una enfermedad ha sido beneficiosa para nuestros antepasados. Uno de ellos es la anemia falciforme. Esta dolencia provoca que sea más difícil a los glóbulos rojos transportar el oxígeno por el cuerpo, pero también previene la infección de la Malaria. Esta idea ha sido corroborada por otro miembro del equipo, quien ha determinado que estas enfermedades podrían ser más relevantes para la salud humana y para nuestra biología de lo que se puede pensar a primera vista.

Similitudes genéticas con millones de años de antigüedad

Ambas enfermedades fueron descubiertas después de analizar y comparar restos de neandertales, hombres modernos y homínidos de Denisova. Concretamente, los expertos buscaron secciones de ADN que hubieran desaparecido de los genomas de estos individuos a lo largo de la evolución (los cuales son denominadas «supresiones»). Tras los análisis, determinaron que el ser humano cuenta con las mismas «supresiones» que provocan la aparición de la psoriasis y la enfermedad de Chron que los dos antepasados con los que fue cotejado.

«Hallamos 17 “supresiones” (de las 427 totales) que se comparten con el genoma de los homínidos arcaicos. Los genes afectados están relacionados con el metabolismo, el crecimiento y la formación de esperma, así como la susceptibilidad a la psoriasis y la enfermedad de Crohn. Nuestros análisis sugieren que estas variantes han evolucionado y se han mantenido debido a diferentes fuerzas de adaptación», destaca el director del proyecto. Así pues, esto significaría que los homínidos de Denisova y los neandertales contaron también con las susodichas dolencias, las cuales -en el caso de la psoriasis- les habría provocado erupciones y ampollas en la piel y -en el de la enfermedad de Crohn- problemas en el estómago generados por su propio sistema autoinmune.


El Mundo

Tom Higham y una colaboradora escogiendo muestras de neandertales para…

La incógnita de cuándo y cómo desaparecieron los neandertales ha obsesionado a los paleoantropólogos desde hace muchas décadas. Distintos modelos han tratado de esclarecer este asunto mediante diferentes vías, pero sólo los avances tecnológicos están permitiendo aportar pruebas convincentes que permitan datar y averiguar por qué estos robustos humanos fueron desplazados por el hombre moderno hasta su desaparición.

Desde luego la genómica de muestras antiguas ha permitido a los científicos bucear en el patrimonio genético de algunos de los parientes extintos más cercanos del ser humano. Hasta tal punto, que ahora sabemos que compartimos hasta un 4% de nuestro genoma con los neandertales. O, dicho de otra forma, que ambas especies convivieron e hibridaron en algún momento de la historia evolutiva. Pero también la Arqueología y las nuevas y más finas técnicas de datación están abriendo nuevos caminos. Una investigación publicada hoy en la revista ‘Nature’ y liderada por científicos de la Universidad de Oxford ha combinado diferentes técnicas de limpieza de contaminantes de los fósiles y las muestras líticas con nuevas formas de datación con radiocarbono para dar con el momento del fin de la era de los neandertales.

Los científicos recogieron materiales procedentes de 40 yacimientos arqueológicos, desde Rusia hasta España, para datarlos y poder concluir que la desaparición de los neandertales de Europa se produjo hace alrededor de 40.000 años.

Yacimiento español de Arabic Romani.

Yacimiento español de Arabic Romani. THOMAS HIGHAM

“Más que un modelo de reemplazo rápido de los europeos autóctonos neandertales por los humanos anatómicamente modernos, nuestros resultados muestran un escenario mucho más complicado. Uno caracterizado por un mosaico cultural y biológico que duró varios miles de años”, escribe el investigador del Laboratorio de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Tom Higham, autor principal del trabajo.

Los autores concluyen que los neandertales y sus industrias arqueológicas asociadas desaparecieron de Europa entre hace 41.000 y 39.000 años, dejando el continente libre para la expansión del ‘Homo sapiens’. Pero no ocurrió de golpe en todas las regiones de Europa, sino que fue un proceso paulatino que pudo durar milenios. “Nuestros datos indican que la desaparición de los neandertales ocurrió en diferentes momentos según la región geográfica”, detallan los investigadores.

De acuerdo con la investigación, hace 45.000 años Europa era esencialmente neandertal, con pequeños puntos de presencia de humanos modernos, representados por los autores de las herramientas líticas del Uluzziense en algunas regiones de Italia. Pero los autores ponen en duda que los neandertales aguantasen en la península Ibérica, en concreto en Gibraltar, hasta hace menos de 30.000 años, como han sugerido investigaciones previas.

“Al contrario de lo que indicaban los modelos previos, los autores no han encontrado pruebas convincentes de que los neandertales sobrevivieran en la península Ibérica después de hace 40.000 años”, comenta en un artículo que acompaña la investigación William Davies, investigador del Centro para la Arqueología de los Orígenes Humanos de la Universidad de Southampton (Reino Unido).

Además, el equipo liderado por Higham estimó el periodo de tiempo que convivieron ambas especies basándose en la distribución espacial de los últimos neandertales y en el comienzo de las primeras industrias líticas atribuidas a los humanos modernos, las del Uluzziense halladas junto a un diente de leche humano en la Cueva de Cavallo (Italia). Los resultados de los investigadores indican que convivieron entre 2.600 y 5.400 años. Este dato resulta esencial para ahondar en el “conocimiento de los elementos culturales, tecnológicos y biológicos involucrados en el desplazamiento de los neandertales por los humanos modernos”.

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