Las Guerras Púnicas 264 a.C. al 146 a.C. | El Enfrentamiento entre Cartago y Roma


Las Guerras Púnicas es el nombre dado a los tres enfrentamientos bélicos que sostuvieron Roma y Cartago entre 264 y 146 a.C.

El combate directo de la I guerra púnica comenzó en Córcega y Sicilia (264 a.C.). En principio, Roma era una gran potencia terrestre y Cartago dominaba el mar, pero la primera aprovechó los astilleros de sus aliados griegos y consiguió construir una gran flota de guerra en poco tiempo. Además, dotó a las naves con dispositivos para facilitar el abordaje y, de esta forma, los guerreros romanos, expertos en la lucha cuerpo a cuerpo, pudieron adaptar rápidamente sus tácticas a las batallas navales y derrotaron a la flota cartaginesa en Mylae (260 a.C.) y Ecnomus (256 a.C.). En 255 a.C., un ejército romano desembarcó cerca de Cartago, pero quedó inmovilizado y hubo de capitular al año siguiente. Una nueva flota de guerra, que el Senado romano ordenó construir, consiguió en las islas Égates una victoria decisiva sobre Cartago, que perdió Sicilia y tuvo que pagar una fuerte indemnización. Una rebelión de mercenarios de Cartago fue aprovechada por Roma para adueñarse de Córcega y Cerdeña (238 a.C.). El mar Tirreno en esos momentos era romano. Privada de las tres grandes islas del Tirreno, Cartago consiguió reforzar su imperio al aumentar sus posesiones en la Península Ibérica. Amílcar Barca se apoderó de los yacimientos mineros de Andalucía occidental y su yerno Asdrúbal fundó la gran base naval de Cartago Nova (227 a.C.). Roma, temerosa siempre de la expansión cartaginesa, extendió su protección a las colonias griegas de la costa nororiental de la Península.

La II guerra púnica dio comienzo cuando el caudillo cartaginés Aníbal, ante la superioridad romana en el mar, atravesó los Pirineos y los Alpes hasta invadir el N de Italia. Tras la batalla del río Tesino (218 a.C.), los pueblos galos del valle del Po se sublevaron contra Roma, cuyos ejércitos fueron derrotados en Trebia. En 219 a.C., Aníbal volvió a vencer en el lago Trasimeno y en 216 a.C., tras la victoria de Cannas, quedó inmovilizado en Capua. Roma desplazó un considerable ejército a la retaguardia cartaginesa y consiguió dominar la parte NE de la Península Ibérica. Los romanos conquistaron Cartago Nova (209 a.C.) y expulsaron a los cartagineses de la Península tras la conquista de Gadir. La guerra tomó un nuevo giro cuando dos legiones romanas al mando de Publio Cornelio Escipión desembarcaron en Cartago. El choque definitivo en Zama (202 a.C.) significó la victoria absoluta de las tropas romanas, que exigieron a Cartago unas condiciones muy duras para firmar la paz.

La III guerra púnica (149-146 a.C.) se inició con las hostilidades entre el rey númida Masinisa, protegido por Roma, y Cartago. Esta última no tuvo más remedio que implicarse en una guerra que acabó con el asalto de la ciudad. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos, y su territorio se convirtió en la provincia romana de África.

 

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¿cuales eran las funciones del Consul?


Era el Magistrado principal de la antigua República romana. Según la tradición, el cargo fue creado tras la expulsión de los reyes de Roma hacia el 510 a.C. y fue firmemente consolidado hacia el 300 a.C. Los cónsules siempre eran dos, y ocupaban el cargo sólo durante un año. Únicamente se diferenciaban de los reyes en que la ocupación del cargo era limitada y en que sus conciudadanos podían pedirles cuentas al final de sus mandatos. Nunca adoptaron la corona dorada, pero su vestimenta en casi todos los otros aspectos era regia. Negociaban los tratados de paz y las alianzas extranjeras, tenían el dominio supremo sobre el Ejército, nombraban a los tesoreros públicos y ejercían las funciones judiciales de la realeza. En el calendario, a los años se les daba el nombre de los cónsules.

Bajo los primeros tiempos de la República, los cónsules se llamaron en un principio pretores (más tarde una magistratura diferente) o jueces (iudices), nombraban a sus sucesores, quienes entonces eran elegidos anualmente por comicios o asambleas de ciudadanos romanos, conocidas como comitia curiata y comitia centuriata. Los candidatos al consulado bajo los últimos tiempos de la República eran normalmente aquéllos que habían ocupado magistraturas menores, tales como el cargo de cuestor. Durante bastante tiempo los cónsules fueron elegidos únicamente entre el populus o patricios, sin contar con la plebe. Sin embargo, con el tiempo, dos funcionarios plebeyos llamados tribuni plebis fueron nombrados rivales democráticos de los cónsules aristocráticos. Todo ello llevó finalmente a la apertura del consulado a los plebeyos y en el 367 a.C. las famosas Leyes Licinias-sextinas (redactadas por Cayo Licinio Estolón y por Lucio Sextio Sextino Laterano) ordenaban que uno de los cónsules debía pertenecer a esa clase.

El establecimiento de nuevas magistraturas, tales como la de censor después del 443 a.C. y la de edil y pretor después del 367 a.C., disminuyó el alcance de la jurisdicción consular. Las responsabilidades de cada uno de los dos cónsules eran compartidas o alternadas en la medida de lo posible. El poder (imperium) de cada uno era supremo, siempre que no fuera en contra del otro. En tiempos de guerra el Ejército era dividido entre ellos y el mando militar alternado diariamente. Según se iba consiguiendo territorio, las distintas partes o secciones (provinciae) eran asignadas a cada cónsul. De esta costumbre se deriva la asignación de provincias a los cónsules tras terminar su mandato y la práctica regular de dividir las provincias con propósitos administrativos entre antiguos magistrados; los cónsules que habían acabado su mandato se convertían en gobernadores provinciales llamados procónsules.

Durante el Imperio romano, que conservó las instituciones de la República pero modificó sus formas, preservó el consulado. Los cónsules eran elegidos por el Senado después del 14 d.C., y el cargo fue el más alto al cual un ciudadano particular podía aspirar, aunque con menor autoridad y finalmente sólo nominal. El último cónsul civil fue elegido en el 541 d.C.

Senado romano, asamblea que tuvo un papel de significado variable en el gobierno de Roma. Aunque el poder, que ejerció hasta el final del Imperio, varió, el Senado siempre fue una constante en el sistema político romano.

Según la leyenda, Rómulo, el mítico fundador de Roma, convocó al Senado por primera vez. Sin embargo, la información cierta más antigua indica que en el periodo de la Monarquía era un cuerpo consultivo de 300 patricios que tenía gran poder. No obstante, cuando el sistema monárquico finalizó en el 510 a.C., el Senado se convirtió en un consejo asesor de los dos cónsules. Aunque sus declaraciones disfrutaban de considerable influencia y gran respeto, el Senado en este periodo estaba totalmente dominado por el poder y la dirección de los cónsules.

Durante los dos últimos siglos de la República romana, la función del Senado sufrió importantes alteraciones y adquirió poderes importantes, dejando de estar sujeto a la autoridad de los cónsules. Desde este periodo, los poderes del Senado crecieron durante algún tiempo, en el 81 a.C. era la principal fuente de poder en Roma y asesoraba sobre todos los aspectos del gobierno.

Sin embargo, los tribunos no aceptaron esta influencia, y al final de la República el Senado comenzó a perder su poder. Aunque Augusto restituyó el prestigio del Senado, la asamblea nunca recuperó los poderes que había tenido antes, y se limitó a ejercer como cuerpo auxiliar consultivo del emperador. En este periodo el Senado se convirtió prácticamente en un mero tribunal de justicia. Las reformas imperiales introducidas por Diocleciano a finales del siglo III d.C. terminaron por sumir al Senado en una profunda crisis de la que ya nunca salió, hasta su momentánea desaparición hacia el siglo VI, de la que pareció resurgir a partir del siglo XI en otra coyuntura política del poder romano.

Provincias romanas

Todo territorio anexionado se convertía en provincia y era confiado a un pretor o a un promagistrado.

Sicilia (227 adC).

Córcega-Cerdeña (227 adC).

África : África Vetus o Proconsular (146 adC). África Nova (46 adC).

Hispania: (Citerior y Ulterior) (197 adC).

Galia: (Galia Narbonense (120 adC) y Comata (50 adC)).

Grecia: (Macedonia (148 adC) e Iliria (60 adC)).

Asia: (Asia (129 adC), Cilicia (101 adC), Bitinia (74 adC), Ponto (63 adC), Siria (63), Chipre (58 adC).

Cirenaica – (74 adC).

Egipto – (30 adC).

¿ que significa S.P.Q.R.?


SENATUS POPULUS QUE ROMANUS

es el acrónimo de la frase latina Senatus Populus-Que Romanus, cuya traducción es “el Senado y el Pueblo Romano”. Hay varias versiones acerca del correcto significado del acrónimo, dependiendo de la declinación de la última sigla, la R, que podría declinarse como Romanus (pueblo romano) o Romæ (pueblo de Roma), siendo estas dos formas las más comunes. La primera versión es la que nos ofrece la Columna Trajana.

Fue emblema de los estandartes de las legiones romanas así como el nombre oficial de la República Romana y del Imperio Romano. También aparece en el actual escudo de armas de la ciudad de Roma, así como en cada alcantarilla (por iniciativa de Mussolini, que también lo utilizó en numerosas ocasiones para hacer propaganda para su régimen) y demás mobiliario urbano de la ciudad.

Como dato anecdótico, un significado humorístico del acrónimo lo proporciona la frase italiana Sono pazzi questi Romani, cuya traducción sería “Estos romanos están locos”, una frase muy utilizada por el personaje de Obélix en los cómics de Astérix.

Una curiosidad más, en la mayoría de procesiones andaluzas, durante la Semana Santa, se suele llevar una insignia rematada por un águila y con la leyenda SPQR, en recuerdo de la dominación romana durante la Pasión de Cristo. Lo mismo ocurre en la localidad murciana de Alguazas, donde sus antiquísimos “armaos”, o Tropa Romana, también lo usan como emblema.

 

Esclavitud en Roma y Grecia


¿Quienes podían ser esclavos?

  • LOS BARBAROS O EXTRANJEROS:

En Grecia eran considerado esclavos todos los no Griegos, los Barbaros por ejemplo, eran esclavos por naturaleza. Por eso la mayor parte de los esclavos griegos eran extranjeros: Tracios, Escitas…..

-los propios griegos o romanos:

Aunque ni estuviera bien visto, tambien los prpios griegos o romanos podían caer en la esclavitud.

Formas de caer en la exclavitud:

PRISIONEROS DE GUERRA:

La mayor parte de los esclavos procedian de los prisioneros de guerra, a veces por este medio se capturaban ciudades enteras.

ESCLAVITUD POR DEUDAS:

Cuando un hombre libre no podia hacer frente a sus deudas con sus bienes o porque no los tuviera, debía responder con su propia persona o con la de los suyos (Generalmente esclavos a su cargo).

  • ESCLAVOS NACIDOS EN CASA:

Cualquier hijo de un esclavo, al nacer se convertía automáticamente en esclavo.

HOMBRES LIBRES CAPTURADOS POR PIRATAS:

Si un hombre libre, mediante su viaje caía apresado por piratas era vendido o se convertía en prisionero al servicio de los piratas.

NIÑOS VENDIDOS POR SUS PADRES:

En muchas ocasiones eran los padres en apuros económicos los que vendían a sus propios hijos.


MANUMISIÓN

Los esclavos tenían la posibilidad de comprar la libertad pagando a su amo lo que mismo había costado.

Pero en cambio el metodo más habitual de conseguir la libertas era mediante la Manumisión (del Latin Manumittere) que en la antigua Roma , es el nombre que recibía el proceso de liberar a un esclavo, tras lo cual se convertía en un hombre libre o, incluso, en un ciudadano romano con plenos derechos.

La manumisión fue una práctica común en Roma y sus territorios a lo largo de su historia. Un esclavo , por afecto, favores prestados, méritos, cualidades personales, buena voluntad del propietario, podía convertirse en liberto e incluso ser aceptado e incorporado a la alta sociedad romana, como es caso de algunos libertos imperiales, que por el sistema de promoción social, así como por su excepcional riqueza o experiencia, alcanzaron la cima de la escala social llegando a desempeñar cargos políticos gracias al apoyo de la aristocracia romana. Pero lo más habitual era que se les siguiera viendo como siervos, no permitiéndoles olvidar su pasado, y la mayor parte de los libertos simplemente subieron un peldaño en la estratificación social romana, pasando a formar parte de la plebe y con ello la necesidad de ganarse la vida con su trabajo, por lo que muchos de ellos siguieron trabajando para sus anteriores propietarios, ahora patronos.

Había formas diferentes de Manumisión:

PER VINDICTAN: El amo defendia al esclavo delante de un magistrado y le concedía la libertad

MANUMISSIO CENSU: El amo inscribia al esclavo en el censo de los ciudadanos.

MANUMISSIO TESTAMENTO: en el que el amo registraba en su testamento que quería dar la libertad al esclavo una vez el hubiera muerto.

– MANUMISSIO INTER AMICOS: en el cual el amo expresaba delante de unos amigos que quería liberar al esclavo.

MANUMISSIO PER MENSAM: en el que el señor invitaba al esclavo a su mesa y le expresaba su deseo de darle la libertad. Estas dos últimas poco aceptadas por la sociedad.

CONSEGUIDA ESTA LIBERTAD PASABA ALA SITUACIÓN DE:

Liberto (Libertus, en Roma) y Meteco (Metoikos en Grecia)

El esclavo quedaba ligado a su antiguo dueño por una serie de obligaciones, por lo que su amo pasaba a ser su patrono o protector.

EL TRATO SUFRIDO POR LOS AMOS

-MALOS TRATOS: Las relaciones entre amo y esclavo no siempre eran buenas por lo que en muchos casos los esclavos estaban expuestos a torturas e incluso a la muerte. Las torturas mas frecuentes eran los azotes y las muertes mas repetidas eran la crucifixión o en el circo romano deborado por las fieras o por lo gladiadores.

-ESCLAVOS FUGITIVOS: En Roma cuando un esclavo era capturado se le marcaba la frente con un hierro incandescente la iniciales (Fug de Fugitivus), y si había robado (Fur) en latín ladrón.

EL TRABAJO QUE DESEMPEÑABAN

-LABORES AGRÍCOLAS : La mayoría trabajaban en las tierras de sus amos en diferentes labores agrícolas: siembra, recolección, accionando piedras del molino,… Labores muy duras y que generalmente estaban destinadas a los peores esclavos como castigo.

-LABORES DE DOCENCIA: Los esclavos más codiciados y por los que más alto precio se pagaba eran los griegos, ya que entre ellos había muchos (Arquitectos, Filosofos, Medicos, etc) y eran los encargados de la educación de los hijos de la nobleza.

Villa Adriana: la Villa del Emperador Adriano


La villa de Adriano, conocida comúnmente como Villa Adriana, es uno de los más famosos complejos arqueológicos romanos. Está situada a 23 kilómetros de Roma, en las afueras de Tívoli.

Historia

La villa fue creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el siglo II. Se decía que a Adriano le disgustaba el palacio del monte Palatino de Roma, lo que le llevó a construir este lugar de retiro, donde pasó los últimos años de su vida y desde donde gobernó el imperio. Una gran corte, por lo tanto, vivió allí de manera permanente.

Después de Adriano, la villa fue usada por varios de sus sucesores. Durante el declive del Imperio Romano, la villa cayó en desuso y quedó parcialmente en ruinas. En el siglo XVI, el cardenal Hipólito II de Este hizo que gran parte de los mármoles y estatuas de la villa se trasladara para decorar su propia residencia (Villa de Este) ubicada en las cercanías. Entre las estatuas que había aquí se citan una copia del Discóbolo de Mirón, las ocho musas de Cristina de Suecia (Museo del Prado) y posiblemente la Diana de Versalles (Museo del Louvre).

Estructura y arquitectura

La Villa Adriana era un complejo de más de 30 edificios en una extensión de al menos un kilómetro cuadrado, gran parte de la cual aún está sin excavar. La villa fue el más grande ejemplo romano de un jardín tipo alejandrino, recreando un paisaje sagrado.

La Villa es como una pequeña ciudad con palacios, fuentes, varias termas, bibliotecas, teatro, templos, salas para ceremonias oficiales y habitaciones para los cortesanos, los pretorianos y los esclavos.

Reunió distintas construcciones que representan diferentes lugares y monumentos del mundo romano. Por ello muestra ecos de diferentes órdenes arquitectónicos, en su mayor parte griegos y egipcios. Adriano, un emperador que viajó mucho, tomó prestados estos diseños, como las cariátides para el Canopo, junto con las estatuas junto a ellos representando al dios egipcio de la fertilidad, Bes. La biografía de Adriano afirma que las zonas de la villa recibieron su nombre de lugares que el emperador vio durante sus viajes. Sólo unos pocos lugares mencionados en la biografía pueden tener un correlato preciso con las ruinas de la actualidad.

Una de las partes de la villa más sorprendentes y mejor conservadas son una piscina y una gruta artificial que recibieron el nombre de Canopus («Canopo») y Serapeum, respectivamente. Canopus era una ciudad egipcia donde había un templo (Serapeum) dedicado al dios Serapis. Sin embargo, la arquitectura tiene influencias griegas (lo cual es típico en la arquitectura romana del Alto y Tardío Imperio) como puede verse en las columnas corintias y las copias de famosas estatuas griegas que rodean la piscina. Del agua emergía un cocodrilo esculpido con todo detalle.

Una anécdota involucra al Serapeum y su cúpula en forma peculiar. Un destacado arquitecto de la época, Apolodoro de Damasco, despreció los diseños de Adriano, comparando la cúpula del Serapeum con una «calabaza». La cita íntegra es: «Vete y dibuja tus calabazas. No sabes nada de estos asuntos arquitectónicos». Cuando Adriano se convirtió en emperador, Apolodoro sufrió el exilio y más tarde se ordenó su muerte.

Una estructura interesante en la villa es el llamado Teatro marítimo. Consiste en un pórtico redondo con una bóveda sostenida por pilares. Dentro del pórtico hay una piscina en forma de anillo con una isla central. En la Antigüedad la isla estaba conectada con el pórtico por dos puentes levadizos. En la isla hay una pequeña villa romana completa, con un atrio, una biblioteca, un triclinium y pequeños baños. Muestra estilo jónico clásico. La zona fue usada probablemente por el emperador como un retiro de la atareada vida cortesana.

Los edificios más importantes son:

  • La Piazza d’Oro, grandioso peristilo.
  • El Pecile es una reconstrucción de la Stoà poikìle o Stoa pecile (pórtico pintado) que era el centro político y cultural de la ciudad de Atenas, por la que se paseaban los estoicos que de ella tomaron su nombre, la predilecta de Adriano durante sus numerosos viajes.
  • Edificio con tres exedras.
  • El teatro griego.
  • Las Termas Pequeñas, destinadas a los sirvientes.
  • Las Termas Grandes, destinadas a la nobleza
  • Templete circular de Venus.
  • Los cien cuartitos, destinados al personal de servicio.

En 1998 los restos de la monumental tumba de Antínoo, o un templo a su memoria, fueron descubiertos en la Villa.

Estructura y arquitectura

Villa Adriana, fue construida en varias fases. El Emperador podía ver desde la zona conocida como «el teatro griego», cuya peculiar estructura permitía a Adriano, contemplar las obras de su complejo.

Se puede decir además que hay una planificación previa en la construcción, ya que debajo se excavaron previamente una serie de túneles y galerías que permitían el movimiento del servicio y de los animales, sin tener que mezclarse así con el Emperador y sus invitados, que podían disfrutar libremente del complejo.

Se ha constatado cuatro fases de construcción en Villa Adriana.

El fuego griego, la misteriosa sustancia empleada por los bizantinos para frenar los ataques árabes


ABC.es

  • Incluso hoy se desconoce la composición exacta de la fórmula original perdida en los saqueos a Constantinopla de 1204. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y se cree que la mezcla incluía nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina) y azufre
  • Imperio Bizantino

Uso del fuego griego, según una ilustración de una crónica bizantina.

Constantinopla, la segunda Roma, sobrevivió toda la Edad Media a los ataques musulmanes como una isla cristiana a las puertas de Oriente y un agente de equilibrio entre ambos mundos. Las murallas de la ciudad, su poder militar, su capacidad de adaptarse a los tiempos sin renunciar a las tradiciones romanas…. muchos elementos explican la longevidad del Imperio bizantino, pero ninguna responde a la pregunta de cómo pudieron prevalecer ante asedios que llevaron a miles de naves a sus puertas. Un arma secreta, incluso hoy imposible de desentrañar, salvó al menos en dos ocasiones al último imperio romano de su destrucción.

El fuego griego recibió muchos nombres en la Antigüedad: «fuego romano» para los árabes, «fuego griego» para los cruzados que se dirigían a tierra santa y «fuego bizantino» para los otomanos. Entre los siglos VII y XIII, el Imperio bizantino empleó una sustancia inflamable en las batallas navales y en los asedios contra Constantinopla, que le daba una clara ventaja táctica y tecnológica contra enemigos con recursos y hombres muy superiores. Este fuego era capaz de arder sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo. Tratar de apagarlo con agua solo avivaba aún más la llama. Y si bien hoy en día se utilizarían espumas y polvo químico para extinguir el fuego, en la Antigüedad y la Edad Media la única posibilidad probablemente sería la de usar orina (por su alto contenido en sales inorgánicas y urea), esteras de esparto e si acaso vinagre.

El secreto mejor guardado de la historia militar

Los bizantinos usaban dos métodos para lanzar el líquido inflamable. Uno de ellos consistía en derramar a presión la sustancia a través de un inyector con un ajuste giratorio, después de que un brasero instalado en el barco calentara previamente la mezcla. Otro forma era llenando granadas de cerámica con el material y arrojándolas sobre los barcos enemigos, siempre buscando prender sus velas. Cuando el líquido rozaba el agua o alcanzaba cierta temperatura entraba en ignición e incendiaba las embarcaciones enemigas. Entonces se producían «truenos» y una aparatosa nube de humo. Además de los efectos destructivos, hay que tener en cuenta que la sustancia resultaba tóxica para quienes la respiraban.

El hecho de que incluso hoy resulte un misterio saber la composición exacta de esta sustancia convierte la fórmula en uno de los secretos mejores guardados de la historia del mundo. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y los fabricantes vivían aislados del mundo exterior, hasta el punto de que hoy en día solo cabe especular sobre los componentes y las proporciones, sin que existan muestras o documentos que estudiar. La mezcla incluía probablemente nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina), azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. El nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible.

No obstante, otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.

Ya en el año 214 a. C., se considera que el inventor griego Arquímedes había usado una sustancia también inflamable para combatir al ejército romano en su intento de conquistar la ciudad griega de Siracusa. Pero nada demuestra que su fuego griego fuera el mismo que el bizantino… La invención de este segundo se le atribuye a un ingeniero militar llamado Callínico, procedente de la actual Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe de 674. Se cree, no obstante, que el propio Callínico se basó en los trabajos del alquimista, astrónomo e inventor griego Esteban de Alejandría, que se trasladó en 616 a Constantinopla.

Todas estas fechas flotan en torno al primer gran asedio árabe de Constantinopla, cuando la lucha entre el Imperio bizantino y el Califato Omeya devino en el asedio de la gran ciudad, bajo el mando de Constantino IV. En esta batalla, los omeyas fueron incapaces de abrir una brecha en las Murallas Teodosianas, que bloqueaban la ciudad a lo largo del Bósforo, y fueron derrotados a nivel marítimo gracias al invento de aquel sirio loco. La armada bizantina lo utilizó decisivamente para destrozar a la marina omeya en el mar de Mármara y en la posterior batalla de Silea, en las costas de Panfilia, en el año 678. El cronista Teófanes menciona en sus textos la sorpresa táctica que supuso el fuego para los árabes durante el largo asedio de cuatro años:

«Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino».

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzad

Durante año las acometidas árabes perecieron ante la superioridad de la flota bizatina. En el 717, las fuerzas musulmanas aprovecharon un periodo de inestabilidad bizantina para iniciar un nuevo asedio. Después de casi un año de cerco, una escuadra árabe compuesta por 400 naves de refuerzo se sumó a las 300 naves que mantenían el asedio en Constantinopla. Una superioridad numérica que no amilanó a la flota bizantina, que, recuperando la sustancia de Calínico, contraatacó por sorpresa hacia las naves árabes. Esto puso en fuga a los árabes y muchas naves fueron destruidas por el «fuego griego», encaminando el asedio a su último desenlace.Pasada la sorpresa inicial de estos dos asedios, los árabes aprendieron a combatir este fuego, que en tierra resultaba poco útil y en el mar su empleo era limitado. Árabes, venecianos, písanos, normandos y demás rivales del Imperio bizantino aprendieron a contrarrestar los efectos del fuego griego y a neutralizar su valor táctico. El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzada. Sin la mezcla primitiva, los ingenieros bizantinos buscaron alternativas en otras sustancias inflamables usadas en la Antigüedad, aunque su poder de destrucción nunca alcanzó la densidad del fuego griego original. Estas mezclas alternativas fueron la que probablemente usaron para defenderse del Imperio otomano en 1453, año en el que cayó definitivamente la ciudad.

Descubren en Roma el acueducto más antiguo del mundo


El Mundo

  • Los arqueólogos dan con la obra durante los trabajos de construcción de una línea de metro

El hallazgo ocurrió por casualidad y como suele suceder en la capital italiana: haciendo unas simples obras. Pero lo que los arqueólogos descubrieron esta vez puede tener una importancia capital: habrían localizado el acueducto romano más antiguo encontrado nunca, correspondiente ni más ni menos que al siglo III a. C.

El acueducto se sitúa a la altura de la actual plaza Celimontana, a unos pocos centenares de metros del Coliseo, y a una profundidad de veinte metros bajo tierra. Los arqueólogos consiguieron dar con él, porque se está construyendo una nueva línea de metro en esa zona, que ha permitido excavar a tal profundidad. De hecho, la arqueóloga Siomona Morretta detalló al diario Corriere della Sera que los trabajos de excavación se iniciaron hace más de dos años para abrir un conducto de ventilación de 32 metros de diámetro en una superficie que abarca 800 metros cuadrados.

“Sólo gracias a las perforadoras de hormigón para la apertura del túnel del metro, hemos podido bajar a esa profundidad y estudiar por primera vez toda la estratigrafía de Roma“, insistió la arqueóloga. “Es decir, a partir de las casas que existen en la actualidad, hemos ido descendiendo hacia abajo hasta localizar una tumba con objetos funerarios que datan de la Edad de Hierro, y otros del siglo X y principio del siglo IX antes de Cristo“, detalló.

Los arqueólogos no saben precisar todavía de dónde provenía el acueducto exactamente, y hacia dónde se dirigía. No obstante, creen que se podría tratar del denominado Acqua Appia, el primer acueducto que se edificó en Roma, y cuya construcción tardó decenios. “Se sabe que el Acqua Appia era profundísimo, y el que hemos encontrado también lo es”, destacó Morretta.

Un tramo de diez metros del acueducto ha sido desmontado bloque por bloque, catalogado y almacenado en superficie, con el objetivo de montarlo de nuevo en otro lugar para que se pueda visitar. “A veinte metros de profundidad, es imposible que nadie lo pueda ver. Sería necesario reubicarlo entero en otro lugar en un futuro”, opinó la arqueóloga.

El amargo final de Escipión «El Africano», el general que derrotó a Aníbal acabó desterrado de Roma


ABC.es César Cervera C_Cervera_M

  • A sus 30 años, uno de los hombres que salvaron Roma del desastre había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso: le acusaron a él y a su hermano de apropiarse de un botín de guerra y se vio obligado a exiliarse
 Escipión «El Africano» ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma - The Walters Art Museum

Escipión «El Africano» ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma – The Walters Art Museum

Cuando Aníbal Barca arrasó a un ejército romano muy superior en número al suyo en la batalla de Cannas, un joven oficial romano, de 20 años, destacó por su coraje en medio del desastre. Publio Cornelio Escipión actuó con la «virtus» que cabía esperar de un aristócrata romano y cargó contra aquellos supervivientes del ejército romano que proponían abandonar a la moribunda república. Prorrumpiendo en un «consilium» donde las tropas supervivientes discutían el asunto, el tribuno alzó la espada y juró por Júpiter Optimus Maximus que no abandonaría nunca Roma y mataría con sus manos a todos los que lo hicieran.

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales

Como relata Adrian Goldsworthy en «Grandes generales del Ejército romano» (Ariel), Escipión poseía desde joven de «la ilimitada confianza en sí mismo de un patricio, conocedor desde la infancia que estaba destinado a ocupar un papel preeminente en la vida pública de Roma».

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales envueltos en una supuesta aura de divinidad. Tal vez por ello se decía –como en el caso de Alejandro Magno– que se había descubierto a su madre yaciendo con una serpiente gigante antes de quedarse embarazada. ¿Creía el general romano realmente en aquellas leyendas y en que los dioses guiaron sus victorias? Probablemente no. Los historiadores se inclinan a pensar que simplemente Escipión se valía de estos gestos para motivar a sus tropas y aumentar su popularidad.

 La guerra en Hispania: el origen de la leyenda

Durante la guerra contra Cartago, el padre y el tío de Escipión se hicieron cargo del frente en Hispania, buscando cortar el envío de más tropas y suministros a Aníbal. En el año 211 a.C, sin embargo, ambos fallecieron a consecuencia de la traición de las tribus celtíberas, entre ellas la ciudad de Iliturgi, y de la acometida de Asdrúbal, hermano del genio cartaginés. Los dos hermanos romanos llevaban años pidiendo más recursos y advirtiendo del riesgo, como así ocurrió, de que Roma perdiera todos sus aliados españoles si mostraba debilidad.

Fue en esas fechas cuando el joven Escipión se postuló para ponerse al frente de los escasos ejércitos de Roma en España. Incapaces de encontrar candidatos que quisieran ir a una misión tan incierta, el Senado convocó a los Comitia Centuriata para la elección. Solo Escipión se presentó y, por tanto, le fue otorgado automáticamente el cargo de España en calidad de procónsul. Eso a pesar de su juventud (25 años) y de su inexperiencia. Decisiones extraordinarias para una situación de urgencia.

Escipión inició la expulsión de los cartagineses de España con una fuerza de cerca de 28.000 soldados de infantería y 3.000 jinetes. Frente a él se encontraban tres poderosos ejércitos, si bien distantes entre sí: el de Asdrúbal Barca, el de Magón Barca y el de Asdrúbal Gisco. Su objetivo fue el de vencer a cada una de estas fuerzas por separado y sin que les diera tiempo a coordinarse.

Escipión eligió la conquista de la ciudad de Cartago Nova (la actual Cartagena) para anunciar su llegada a la península. Fundada por el padre de Aníbal, la ciudad era la principal base de operaciones de los cartagineses en España, la sede de su gobierno, su puerto más grande y una de sus plazas mejor fortificadas. Si bien un asedio en la Antigüedad podía durar meses, y eso precisamente es lo que querían evitar los romanos; Escipión logró rendir la ciudad en un asalto directo gracias a la información de unos marineros de la ciudad aliada de Tárraco (Tarragona), que le contaron que al norte de Cartago Nova había un lago por el cual se podía pasar cuando bajaba el nivel del mar. El propio general romano participó de la batalla, donde se disputó cada metro del recinto amurallado y la victoria romana dio paso al saqueo. Magón Barca estaba fuera de juego.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión prestigio, una base en la España meridional y al menos 18 navíos de guerra. Estas nuevas fuerzas permitieron a Escipión dirigirse con garantías al encuentro de Asdrúbal Barca en el año 206 a.C. No está claro hoy en día si hubo realmente un enfrentamiento a gran escala, pero lo cierto es que Asdrúbal tuvo que salir de la península para reforzar a su hermano en Italia (aunque nunca llegó a su destino; solo su cabeza decapitada) dejando un reguero de bajas tras de sí. Un ejército menos al que derrotar, debió tachar Escipión.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión una base en la España meridional, prestigio y al menos 18 navíos de guerra

Faltaba el contraataque. En el año 206, Gisco unió sus fuerzas a los supervivientes del ejército de Magón y organizó una fuerza temible: 60.000 infantes y 4.000 jinetes, entre ellos la fuerza mercenaria de númidas dirigida por el príncipe Masinisa, más tarde aliado de Escipión en Zama.

En Ilipa, hoy cerca de Sevilla, se enfrentaron al fin ambos ejércitos. Tras una infinidad de escaramuzas en los días previos, al inicio del combate los vélites (infantería ligera reclutada entre las clases bajas) arrojaron lanzas contra la veintena de elefantes cartagineses. Los animales huyeron y dejaron paso a que las caballerías ligeras retomaran la lucha donde lo habían dejado en las vísperas. A continuación, las tropas romanas atacaron a los aliados españoles de Asdrúbal, situados en los flancos, con menos ganas que nadie de dar su vida en una guerra extranjera donde solo eran meros invitados locales.

Cuando los celtíberos empezaron a ceder terreno, Escipión mantuvo la calma y se contuvo de adelantar a su infantería aliada, puesto que confiaba ciegamente en la resistencia física de sus tropas puramente romanas. Sus soldados habían comido antes de la batalla y sabían que las horas correrían a su favor conforme aumentara el calor. Además, a diferencia de su rival, Escipión había situado a los hispanos en el centro porque no confiaba mucho en ellos (más cuando su padre y su tío habían muertos traicionados por tropas locales) y esperaba que la batalla se resolviera sin que apenas intervinieran. La diferencia entre la fe que ambos comandantes tenían en estas fuerzas auxiliares marcó el devenir de la jornada.

Camino de Zama, el ocaso de Aníbal

La presión romana obligó al ejército de Gisco a retirarse con cierto orden. Pero aunque volvieron a reorganizarse en la colina del campamento, en poco tiempo comenzaron las deserciones entre los cartagineses y muchos de los soldados fueron capturados en medio de la confusión. En los siguientes meses, uno a uno fueron cayendo en manos romanas todos los enclaves enemigos en España. Tras superar un motín de sus tropas y varias rebeliones de los celtíberos aliados, Públio Cornelio Escipión partió al fin hacia Roma con la misión cumplida.

Y lo cierto es que no le esperaban los vítores que él había imaginado. En el año 205 recibió uno de los consulados, a pesar de que no cumplía con la edad exigida, pero a cambio comenzó a formarse un partido de senadores que recelaba del poder creciente de Escipión. Solo su popularidad evitó que este grupo de senadores, encabezados el rígido Catón «El viejo», pudieran arrebatarle el consulado a raíz de un escándalo protagonizado por uno de los oficiales de Escipión.

No obstante, Roma seguía en estado de guerra y necesitaba cerca a sus mejores militares. Las derrotas en España hicieron insostenible que Cartago pudiera seguir su guerra en Italia, aunque eso solo suponía la solución de la mitad del problema. Fabio Máximo, el escudo, y Marco Claudio Marcelo, la espada, habían contenido las acometidas de Aníbal en el momento más oscuro de la guerra, pero iba a ser ahora una generación más joven la que finiquitara el conflicto.

Los planes de Escipión pasaban por trasladar las operaciones al terreno enemigo, usando Sicilia primero como base de adiestramiento para desembarcar un ejército invasor en África cuanto antes. Una vez en este continente, el general romano venció sin dificultad a los dos primeros ejércitos que mandaron contra él valiéndose de ataques nocturnos a sus campamentos. Aníbal se vio obligado así a regresar a África, cuando Escipión exigió un comandante a su altura.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos elefantes pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión

El genio cartaginés fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C. y Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin a su sueño de crear un gran imperio en el Mediterráneo occidental. Escipión neutralizó la amenaza de los 80 elefantes reunidos por el Aníbal aplicando varias tácticas: por un lado ordenó a sus hombres bruñir corazas, cascos y cualquier cosa de metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales; además, pidió a varios músicos militares que desconcertaran con su ruido a los elefantes.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos animales (aterrados por el ruido y los reflejos) pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión entre sus tropas. Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas. Al final del combate, las bajas cartaginesas se elevaron a alrededor de 20.000 muertos y 15.000 prisioneros. Los romanos capturaron también 133 estandartes militares y once elefantes.

A Escipión le fue otorgado el apelativo de «El Africano» por su victoria, así como un espectacular triunfo a su vuelta a Roma.

Un final amargo, acusaciones y exilio forzado

El problema al que debió enfrentarse entonces era que, a sus 30 años, Escipión ya había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso, como acostumbraba a hacer para evitar que un hombre acumulara demasiado poder. En 194 fue elegido para un segundo consulado, durante el cual dirigió sus tropas contra las tribus galas del norte de Italia. Nada que, en cualquier caso, le pudiera reportar grandes reconocimientos.

En el año 190, asistió a su hermano Lucio cuando le fue otorgado un consultado y se vio forzado a combatir contra el Imperio seléucida de Antíoco III, que curiosamente tenía a Aníbal contratado en calidad de consejero militar después de que éste hubiera tenido que huir de Cartago.

Durante la aplastante victoria de Lucio sobre Antíoco en la batalla de Magnesia, se insiste en los textos del periodo en que Escipión «El Africano» se encontraba gravemente enfermo y no pudo participar en la contienda. Tal vez es una forma de reseñar que Lucio fue el único responsable de la victorio, o precisamente de ocultar que pudo ser su hermano el que mandaba en verdad. Más fama es lo último que necesitaba Escipión en ese momento, con sus enemigos en Roma presumiendo de colmillos.

A su vuelta a la política romana, los dos hermanos fueron acusados de apropiación indebida del botín de guerra y de dar un trato de favor a Antíoco a cambio de que liberara al hijo secuestrado del general romano. Catón y los suyos lanzaron una campaña de acoso y derribo contra la familia Escipión que, de hecho, desembocó en un juicio donde «El Africano» trató de escabullirse invocando su popularidad. En una de las jornadas del juicio, que coincidía con el aniversario de la batalla Zama, Escipión se ausentó porque quería elevar sacrificios a los dioses en señal de agradecimiento. Este exceso de autoestima iba a costarle muy caro.

Los cargos siguieron en pie, a pesar de todas las maniobras populistas de los Escipiones, hasta el punto de que las propiedades de Lucio fueron violentamente confiscadas. La persecución, de hecho, solo se frenó cuando Escipión se vio forzado a una especie de destierro de Roma. «Yo mismo me destierro si es que crecí más de lo que te convenía», afirmó según la versión mitificada. Se exilió a su casa de campo en Liternum y pasó sus últimos cinco años allí. Al morir se dice que reclamó que su cuerpo no regresara a la ingrata tierra romana.

Si bien no hay unanimidad sobre el año exacto de su muerte, Polibio y Rutilio sostienen que falleció en el mismo año que murió su más íntimo enemigo, Aníbal, al que guardó siempre cierta admiración.

El siglo olvidado en el que las mujeres dirigieron la Iglesia de Roma desde las sombras


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  • En la alta Edad Media, Marozia y su madre Teodora eligieron a una serie de personajes de paja para ponerse al frente de Roma. Aquellos pontífices menos inclinados a obedecer solían desaparecer en extrañas circunstancias
Pintura de San Pedro, por Peter Paul Rubens - Wikimedia

Pintura de San Pedro, por Peter Paul Rubens – Wikimedia

En un periodo bautizado como «saeculum obscurum» (Edad Oscura) desfilaron por el «trono de San Pedro» un total de 48 papas en poco más de 150 años (del 880 al 1046). La traición, el asesinato y la compra de cargos monopolizaron la vida diaria de Roma. No obstante, el periodo correspondiente a los siglos IX y X, recibió su propio nombre, la «pornogracia», porque distintas mujeres (calificadas de cortesanas a modo despectivo) manejaron entre las sombras la designación de los pontífices.

Tal como recogió en sus «Anales Eclesiásticos» el cardenal e historiador del siglo XVI Cesare Baronio, el periodo de las mujeres fue conocido así por los orígenes oscuros de estas mujeres pero no porque realmente fueran prostitutas. Tras el brevísimo papado de León V, el Papa Sergio III obtuvo el puesto por medio del asesinato y con el apoyo de la nobleza italiana, en especial de los Spoloto, que estaban emparentados con su amante, una joven llamada Marozia.

Marozia era hija de una influyente noble llamada Teodora y del senador romano Teofilacto I, aunque otras fuentes afirman que su verdadero padre fue el Papa Juan X. La amante de Sergio influyó en el Papa para que su familia recibiera distintos cargos y prebendas. Estas malas influencias y su autoritarismo causaron gran descontento entre los eclesiásticos, pese a lo cual se vivió un cierto respiro respecto a los anteriores y convulsos papados. Sergio III murió de forma natural en el año 911 tras ocupar el lugar de San Pedro durante siete años. A continuación –como reseña Luis Jiménez Alcaide en su libro «Los Papas que marcaron la Historia» (Editorial Almuzara, 2014)–, Teodora y su hija Marozia se encargaron de elevar a Roma a los siguientes pontífices, débiles y de poca influencia.

Teodora y los Spoleto mandan en Roma

Tras la muerte de Sergio III, Teodora nombraría a los tres siguientes:Anastatius III (911-913), Lando (murió después de 6 meses) y a Juan X en 914. La senadora eligió a Juan X porque creyeron que podría ser favorable a sus intereses y más moldeable, especialmente si las órdenes las dictaba ella. Entre el mito y la realidad, se considera que Teodora fue amante de Juan X años antes de que éste portara el solio de San Pedro. En lo respectivo a su política, Juan advirtió desde el primer momento que la marea sarracena constituía un inminente peligro para Roma y trató de convencer a los nobles italianos para realizar una incursión contra los musulmanes. Juan X en persona dirigió las tropas que expulsaron a los sarracenos de Italia en el año 915.

A raíz de la campaña contra los sarracenos, Juan X se distanció de los Spoleto y de esas dos mujeres de ambición desmedida. Con el apoyo del pueblo, el Papa consiguió alejar a los Spoleto de Roma. El segundo marido de Marozia, Guido, marqués de Tuscia, dirigió a un puñado de gente armada contra el palacio de Letrán y encarceló al Papa en Sant’Angelo, para quitarle luego la vida asfixiándole bajo una almohada.

Fallecida ya su madre, Marozia, llamada «la Donna Senatrix», se convirtió sin discusión en la dueña y señora de Roma. Marozia hizo dar la tiara pontificia primeramente a León VI, que no reinó más que seis meses al desaparecer en circunstancias extrañas; y después a Esteban VII, un Papa de paja del que se cuenta que le cortaron la nariz y las orejas por desafiar a «la Donna Senatrix» y desde entonces no salió a la calle, muriendo finalmente en circunstancias difusas en 931.

Amante de Papas, madre de Papas, ¿nieta?

Marozia se valió de estos dos hombres de paja con el propósito de hacer tiempo hasta que su hijo, el futuro Juan XI, alcanzara una edad aceptable para ser elevado al trono de San Pedro. Juan XI, de solo 20 años de edad, era el hijo que Marozia tuvo con el Papa Sergio III, aunque otros autores apuntan a que realmente su padre era su primer esposo, un noble italiano llamado Alberico.

Con su hijo al frente de la Iglesia occidental, ¿qué más podía pedir aquella mujer que se hacía llamar «Domna Senatrix»?

Con su hijo al frente de la Iglesia occidental, ¿qué más podía pedir aquella mujer que se hacía llamar «Domna Senatrix» y dominaba desde su castillo de Sant’Angelo el Vaticano y media Italia? Pues el Sacro Imperio Romano Germánico. Viuda de nuevo, Marozia decidió unirse en terceras nupcias con Hugo de Provenza, que reinaba en el norte de Italia y ambicionaba también la corona del Imperio. Así, el Rey Hugo, con la esperanza de ser pronto emperador, entró en Roma dispuesto a celebrar las bodas en marzo del año 932 con la mayor magnificencia.

La ceremonia nupcial tuvo lugar en el castillo de Sant’Angelo, presidida por el pontífice. Para desgracia de sus planes, durante el banquete otro de los hijos de Marozia, el heredero del matrimonio con Alberico, Alberico II, mostró su descontento respecto al enlace insultando a su padrastro. Tras el incidente, Alberico II amotinó al pueblo de Roma contra Marozia y Hugo, que había dejado su escolta fuera de los muros de la ciudad. Hugo se descolgó precipitadamente de una ventana por una escalera de cuerda, pero Marozia cayó prisionera de su propio hijo, así como el Papa Juan XI. No se volvió a saber nada más de la «Domna Senatrix». Sí, en cambio, de Juan XI, que tras su paso por prisión fue privado de todo poder político. Se limitó a actuar en los sucesivo en las cuestiones puramente eclesiásticas.

Martín Lutero vuelve a Roma con polémica 500 años después


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  • La petición para dedicarle un lugar de la capital al teólogo agustino, fundador del protestantismo, la presentó la Iglesia evangélica luterana en Italia al Ayuntamiento romano en el 2009
Á.G.F. La ahora llamada plaza Martín Lutero, en Roma

Á.G.F. | La ahora llamada plaza Martín Lutero, en Roma

Después de cinco siglos, Martín Lutero, el padre de la reforma protestante, vuelve a Roma, en medio de una notable polémica. La Ciudad Eterna le ha dedicado una plaza, inaugurada por el alcalde, Ignazio Marino, acompañado por el pastor de la comunidad evangélica luterana de Roma, el alcalde de Eisleben, ciudad donde nació Lutero, y una delegación de diputados alemanes. El lugar de la nueva plaza es sugestivo: En el Colle Oppio, a dos pasos del Coliseo, con vista de la cúpula de San Pedro y en el mismo lugar en que se encuentra la «Domus Aurea», el grandioso palacio construido por el emperador Nerón tras el incendio del año 64. Ignazio Marino, médico de profesión, católico y desde el punto de vista político uno de los alcaldes más «protestantes» del Partido Democrático, de centro izquierda, ha descubierto la placa con este escrito: «Piazza Martin Lutero – Teólogo alemán (1483-546)». El alcalde ha reiterado que se trata de una decisión que ayudará al ecumenismo: «El ayuntamiento dedica a Lutero un lugar de la ciudad en nombre del respeto para todas las comunidades de fe. Por otra parte, el diálogo entre ellas es una gran fuente de comprensión y de paz, como ha reiterado también el papa Francisco».

La petición para dedicarle un lugar de Roma al teólogo agustino, fundador del protestantismo, la presentó la Iglesia evangélica luterana en Italia al Ayuntamiento romano en el 2009, con vistas al V centenario de la visita que Lutero realizó a Roma en 1510. Pero la decisión final se retrasó: antes de dar una respuesta positiva, el consistorio, aunque decidió con autonomía, consultó al Vaticano, que dio el placet.

La inauguración y homenaje al reformista alemán ha desencadenado una reacción de protesta en la derecha. El partido Fratelli d’Italia ha gritado que se trata de un escándalo: «Cuando falta poco más de dos meses para el comienzo del Jubileo de la Misericordia, el acto es inoportuno y supone un insulto a los católicos». En cambio, aplaude la izquierda, mientras exultan los protestantes. «Dedicar al gran reformador una plaza en Roma, en uno de los lugares más importantes de la cristiandad, es un paso histórico de gran valor simbólico», afirma el pastor Heiner Bludau, decano de la Iglesia evangélica luterana en Italia. Bludau ha mostrado también su alegría por que la inauguración se haya hecho un antes de la gran conmemoración que realizarán en un par de años los protestantes: el 31 de octubre 1517 fueron colocadas las 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg, comenzando de hecho la reforma protestante. Casi cuatro años después, el 3 de enero 1521 el papa León X lo excomulgó mediante la bula «Decet Romanum Pontidicem». Con el cisma surgieron diversas iglesias protestantes en el norte de Europa y las llamadas «guerras de religión».

Muy lejos queda ya la época «de la ira y de la espada» entre católicos y protestantes. Desde hace tiempo se vive un nuevo clima: el papa Francisco acudirá el domingo 15 de noviembre a la Iglesia evangélica luterana de Roma. También Benedicto XVI la visitó en el 2010, justo cinco siglos después del viaje que realizó Lutero a Roma, quedando escandalizado del estilo de vida licencioso de parte del clero y fascinado también por la grandiosidad artística de la Ciudad Eterna.

En definitiva, la inauguración de la plaza Martín Lutero es un pequeño gesto, pero de enorme significado, porque el padre de la Reforma regresa con homenaje a Roma, lo que supone un paso más en el diálogo interreligioso.