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  • Los arqueólogos dan con la obra durante los trabajos de construcción de una línea de metro

El hallazgo ocurrió por casualidad y como suele suceder en la capital italiana: haciendo unas simples obras. Pero lo que los arqueólogos descubrieron esta vez puede tener una importancia capital: habrían localizado el acueducto romano más antiguo encontrado nunca, correspondiente ni más ni menos que al siglo III a. C.

El acueducto se sitúa a la altura de la actual plaza Celimontana, a unos pocos centenares de metros del Coliseo, y a una profundidad de veinte metros bajo tierra. Los arqueólogos consiguieron dar con él, porque se está construyendo una nueva línea de metro en esa zona, que ha permitido excavar a tal profundidad. De hecho, la arqueóloga Siomona Morretta detalló al diario Corriere della Sera que los trabajos de excavación se iniciaron hace más de dos años para abrir un conducto de ventilación de 32 metros de diámetro en una superficie que abarca 800 metros cuadrados.

“Sólo gracias a las perforadoras de hormigón para la apertura del túnel del metro, hemos podido bajar a esa profundidad y estudiar por primera vez toda la estratigrafía de Roma“, insistió la arqueóloga. “Es decir, a partir de las casas que existen en la actualidad, hemos ido descendiendo hacia abajo hasta localizar una tumba con objetos funerarios que datan de la Edad de Hierro, y otros del siglo X y principio del siglo IX antes de Cristo“, detalló.

Los arqueólogos no saben precisar todavía de dónde provenía el acueducto exactamente, y hacia dónde se dirigía. No obstante, creen que se podría tratar del denominado Acqua Appia, el primer acueducto que se edificó en Roma, y cuya construcción tardó decenios. “Se sabe que el Acqua Appia era profundísimo, y el que hemos encontrado también lo es”, destacó Morretta.

Un tramo de diez metros del acueducto ha sido desmontado bloque por bloque, catalogado y almacenado en superficie, con el objetivo de montarlo de nuevo en otro lugar para que se pueda visitar. “A veinte metros de profundidad, es imposible que nadie lo pueda ver. Sería necesario reubicarlo entero en otro lugar en un futuro”, opinó la arqueóloga.


ABC.es César Cervera C_Cervera_M

  • A sus 30 años, uno de los hombres que salvaron Roma del desastre había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso: le acusaron a él y a su hermano de apropiarse de un botín de guerra y se vio obligado a exiliarse
 Escipión «El Africano» ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma - The Walters Art Museum

Escipión «El Africano» ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma – The Walters Art Museum

Cuando Aníbal Barca arrasó a un ejército romano muy superior en número al suyo en la batalla de Cannas, un joven oficial romano, de 20 años, destacó por su coraje en medio del desastre. Publio Cornelio Escipión actuó con la «virtus» que cabía esperar de un aristócrata romano y cargó contra aquellos supervivientes del ejército romano que proponían abandonar a la moribunda república. Prorrumpiendo en un «consilium» donde las tropas supervivientes discutían el asunto, el tribuno alzó la espada y juró por Júpiter Optimus Maximus que no abandonaría nunca Roma y mataría con sus manos a todos los que lo hicieran.

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales

Como relata Adrian Goldsworthy en «Grandes generales del Ejército romano» (Ariel), Escipión poseía desde joven de «la ilimitada confianza en sí mismo de un patricio, conocedor desde la infancia que estaba destinado a ocupar un papel preeminente en la vida pública de Roma».

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales envueltos en una supuesta aura de divinidad. Tal vez por ello se decía –como en el caso de Alejandro Magno– que se había descubierto a su madre yaciendo con una serpiente gigante antes de quedarse embarazada. ¿Creía el general romano realmente en aquellas leyendas y en que los dioses guiaron sus victorias? Probablemente no. Los historiadores se inclinan a pensar que simplemente Escipión se valía de estos gestos para motivar a sus tropas y aumentar su popularidad.

 La guerra en Hispania: el origen de la leyenda

Durante la guerra contra Cartago, el padre y el tío de Escipión se hicieron cargo del frente en Hispania, buscando cortar el envío de más tropas y suministros a Aníbal. En el año 211 a.C, sin embargo, ambos fallecieron a consecuencia de la traición de las tribus celtíberas, entre ellas la ciudad de Iliturgi, y de la acometida de Asdrúbal, hermano del genio cartaginés. Los dos hermanos romanos llevaban años pidiendo más recursos y advirtiendo del riesgo, como así ocurrió, de que Roma perdiera todos sus aliados españoles si mostraba debilidad.

Fue en esas fechas cuando el joven Escipión se postuló para ponerse al frente de los escasos ejércitos de Roma en España. Incapaces de encontrar candidatos que quisieran ir a una misión tan incierta, el Senado convocó a los Comitia Centuriata para la elección. Solo Escipión se presentó y, por tanto, le fue otorgado automáticamente el cargo de España en calidad de procónsul. Eso a pesar de su juventud (25 años) y de su inexperiencia. Decisiones extraordinarias para una situación de urgencia.

Escipión inició la expulsión de los cartagineses de España con una fuerza de cerca de 28.000 soldados de infantería y 3.000 jinetes. Frente a él se encontraban tres poderosos ejércitos, si bien distantes entre sí: el de Asdrúbal Barca, el de Magón Barca y el de Asdrúbal Gisco. Su objetivo fue el de vencer a cada una de estas fuerzas por separado y sin que les diera tiempo a coordinarse.

Escipión eligió la conquista de la ciudad de Cartago Nova (la actual Cartagena) para anunciar su llegada a la península. Fundada por el padre de Aníbal, la ciudad era la principal base de operaciones de los cartagineses en España, la sede de su gobierno, su puerto más grande y una de sus plazas mejor fortificadas. Si bien un asedio en la Antigüedad podía durar meses, y eso precisamente es lo que querían evitar los romanos; Escipión logró rendir la ciudad en un asalto directo gracias a la información de unos marineros de la ciudad aliada de Tárraco (Tarragona), que le contaron que al norte de Cartago Nova había un lago por el cual se podía pasar cuando bajaba el nivel del mar. El propio general romano participó de la batalla, donde se disputó cada metro del recinto amurallado y la victoria romana dio paso al saqueo. Magón Barca estaba fuera de juego.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión prestigio, una base en la España meridional y al menos 18 navíos de guerra. Estas nuevas fuerzas permitieron a Escipión dirigirse con garantías al encuentro de Asdrúbal Barca en el año 206 a.C. No está claro hoy en día si hubo realmente un enfrentamiento a gran escala, pero lo cierto es que Asdrúbal tuvo que salir de la península para reforzar a su hermano en Italia (aunque nunca llegó a su destino; solo su cabeza decapitada) dejando un reguero de bajas tras de sí. Un ejército menos al que derrotar, debió tachar Escipión.

La conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión una base en la España meridional, prestigio y al menos 18 navíos de guerra

Faltaba el contraataque. En el año 206, Gisco unió sus fuerzas a los supervivientes del ejército de Magón y organizó una fuerza temible: 60.000 infantes y 4.000 jinetes, entre ellos la fuerza mercenaria de númidas dirigida por el príncipe Masinisa, más tarde aliado de Escipión en Zama.

En Ilipa, hoy cerca de Sevilla, se enfrentaron al fin ambos ejércitos. Tras una infinidad de escaramuzas en los días previos, al inicio del combate los vélites (infantería ligera reclutada entre las clases bajas) arrojaron lanzas contra la veintena de elefantes cartagineses. Los animales huyeron y dejaron paso a que las caballerías ligeras retomaran la lucha donde lo habían dejado en las vísperas. A continuación, las tropas romanas atacaron a los aliados españoles de Asdrúbal, situados en los flancos, con menos ganas que nadie de dar su vida en una guerra extranjera donde solo eran meros invitados locales.

Cuando los celtíberos empezaron a ceder terreno, Escipión mantuvo la calma y se contuvo de adelantar a su infantería aliada, puesto que confiaba ciegamente en la resistencia física de sus tropas puramente romanas. Sus soldados habían comido antes de la batalla y sabían que las horas correrían a su favor conforme aumentara el calor. Además, a diferencia de su rival, Escipión había situado a los hispanos en el centro porque no confiaba mucho en ellos (más cuando su padre y su tío habían muertos traicionados por tropas locales) y esperaba que la batalla se resolviera sin que apenas intervinieran. La diferencia entre la fe que ambos comandantes tenían en estas fuerzas auxiliares marcó el devenir de la jornada.

Camino de Zama, el ocaso de Aníbal

La presión romana obligó al ejército de Gisco a retirarse con cierto orden. Pero aunque volvieron a reorganizarse en la colina del campamento, en poco tiempo comenzaron las deserciones entre los cartagineses y muchos de los soldados fueron capturados en medio de la confusión. En los siguientes meses, uno a uno fueron cayendo en manos romanas todos los enclaves enemigos en España. Tras superar un motín de sus tropas y varias rebeliones de los celtíberos aliados, Públio Cornelio Escipión partió al fin hacia Roma con la misión cumplida.

Y lo cierto es que no le esperaban los vítores que él había imaginado. En el año 205 recibió uno de los consulados, a pesar de que no cumplía con la edad exigida, pero a cambio comenzó a formarse un partido de senadores que recelaba del poder creciente de Escipión. Solo su popularidad evitó que este grupo de senadores, encabezados el rígido Catón «El viejo», pudieran arrebatarle el consulado a raíz de un escándalo protagonizado por uno de los oficiales de Escipión.

No obstante, Roma seguía en estado de guerra y necesitaba cerca a sus mejores militares. Las derrotas en España hicieron insostenible que Cartago pudiera seguir su guerra en Italia, aunque eso solo suponía la solución de la mitad del problema. Fabio Máximo, el escudo, y Marco Claudio Marcelo, la espada, habían contenido las acometidas de Aníbal en el momento más oscuro de la guerra, pero iba a ser ahora una generación más joven la que finiquitara el conflicto.

Los planes de Escipión pasaban por trasladar las operaciones al terreno enemigo, usando Sicilia primero como base de adiestramiento para desembarcar un ejército invasor en África cuanto antes. Una vez en este continente, el general romano venció sin dificultad a los dos primeros ejércitos que mandaron contra él valiéndose de ataques nocturnos a sus campamentos. Aníbal se vio obligado así a regresar a África, cuando Escipión exigió un comandante a su altura.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos elefantes pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión

El genio cartaginés fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C. y Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin a su sueño de crear un gran imperio en el Mediterráneo occidental. Escipión neutralizó la amenaza de los 80 elefantes reunidos por el Aníbal aplicando varias tácticas: por un lado ordenó a sus hombres bruñir corazas, cascos y cualquier cosa de metal, de tal modo que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales; además, pidió a varios músicos militares que desconcertaran con su ruido a los elefantes.

Los romanos se encargaron de que los nerviosos animales (aterrados por el ruido y los reflejos) pasaran de largo a través de los pasillos que había dejado Escipión entre sus tropas. Atacados desde los flancos por las lanzas de los legionarios, los elefantes murieron o retrocedieron hacia las líneas cartaginesas. Al final del combate, las bajas cartaginesas se elevaron a alrededor de 20.000 muertos y 15.000 prisioneros. Los romanos capturaron también 133 estandartes militares y once elefantes.

A Escipión le fue otorgado el apelativo de «El Africano» por su victoria, así como un espectacular triunfo a su vuelta a Roma.

Un final amargo, acusaciones y exilio forzado

El problema al que debió enfrentarse entonces era que, a sus 30 años, Escipión ya había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso, como acostumbraba a hacer para evitar que un hombre acumulara demasiado poder. En 194 fue elegido para un segundo consulado, durante el cual dirigió sus tropas contra las tribus galas del norte de Italia. Nada que, en cualquier caso, le pudiera reportar grandes reconocimientos.

En el año 190, asistió a su hermano Lucio cuando le fue otorgado un consultado y se vio forzado a combatir contra el Imperio seléucida de Antíoco III, que curiosamente tenía a Aníbal contratado en calidad de consejero militar después de que éste hubiera tenido que huir de Cartago.

Durante la aplastante victoria de Lucio sobre Antíoco en la batalla de Magnesia, se insiste en los textos del periodo en que Escipión «El Africano» se encontraba gravemente enfermo y no pudo participar en la contienda. Tal vez es una forma de reseñar que Lucio fue el único responsable de la victorio, o precisamente de ocultar que pudo ser su hermano el que mandaba en verdad. Más fama es lo último que necesitaba Escipión en ese momento, con sus enemigos en Roma presumiendo de colmillos.

A su vuelta a la política romana, los dos hermanos fueron acusados de apropiación indebida del botín de guerra y de dar un trato de favor a Antíoco a cambio de que liberara al hijo secuestrado del general romano. Catón y los suyos lanzaron una campaña de acoso y derribo contra la familia Escipión que, de hecho, desembocó en un juicio donde «El Africano» trató de escabullirse invocando su popularidad. En una de las jornadas del juicio, que coincidía con el aniversario de la batalla Zama, Escipión se ausentó porque quería elevar sacrificios a los dioses en señal de agradecimiento. Este exceso de autoestima iba a costarle muy caro.

Los cargos siguieron en pie, a pesar de todas las maniobras populistas de los Escipiones, hasta el punto de que las propiedades de Lucio fueron violentamente confiscadas. La persecución, de hecho, solo se frenó cuando Escipión se vio forzado a una especie de destierro de Roma. «Yo mismo me destierro si es que crecí más de lo que te convenía», afirmó según la versión mitificada. Se exilió a su casa de campo en Liternum y pasó sus últimos cinco años allí. Al morir se dice que reclamó que su cuerpo no regresara a la ingrata tierra romana.

Si bien no hay unanimidad sobre el año exacto de su muerte, Polibio y Rutilio sostienen que falleció en el mismo año que murió su más íntimo enemigo, Aníbal, al que guardó siempre cierta admiración.


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  • En la alta Edad Media, Marozia y su madre Teodora eligieron a una serie de personajes de paja para ponerse al frente de Roma. Aquellos pontífices menos inclinados a obedecer solían desaparecer en extrañas circunstancias
Pintura de San Pedro, por Peter Paul Rubens - Wikimedia

Pintura de San Pedro, por Peter Paul Rubens – Wikimedia

En un periodo bautizado como «saeculum obscurum» (Edad Oscura) desfilaron por el «trono de San Pedro» un total de 48 papas en poco más de 150 años (del 880 al 1046). La traición, el asesinato y la compra de cargos monopolizaron la vida diaria de Roma. No obstante, el periodo correspondiente a los siglos IX y X, recibió su propio nombre, la «pornogracia», porque distintas mujeres (calificadas de cortesanas a modo despectivo) manejaron entre las sombras la designación de los pontífices.

Tal como recogió en sus «Anales Eclesiásticos» el cardenal e historiador del siglo XVI Cesare Baronio, el periodo de las mujeres fue conocido así por los orígenes oscuros de estas mujeres pero no porque realmente fueran prostitutas. Tras el brevísimo papado de León V, el Papa Sergio III obtuvo el puesto por medio del asesinato y con el apoyo de la nobleza italiana, en especial de los Spoloto, que estaban emparentados con su amante, una joven llamada Marozia.

Marozia era hija de una influyente noble llamada Teodora y del senador romano Teofilacto I, aunque otras fuentes afirman que su verdadero padre fue el Papa Juan X. La amante de Sergio influyó en el Papa para que su familia recibiera distintos cargos y prebendas. Estas malas influencias y su autoritarismo causaron gran descontento entre los eclesiásticos, pese a lo cual se vivió un cierto respiro respecto a los anteriores y convulsos papados. Sergio III murió de forma natural en el año 911 tras ocupar el lugar de San Pedro durante siete años. A continuación –como reseña Luis Jiménez Alcaide en su libro «Los Papas que marcaron la Historia» (Editorial Almuzara, 2014)–, Teodora y su hija Marozia se encargaron de elevar a Roma a los siguientes pontífices, débiles y de poca influencia.

Teodora y los Spoleto mandan en Roma

Tras la muerte de Sergio III, Teodora nombraría a los tres siguientes:Anastatius III (911-913), Lando (murió después de 6 meses) y a Juan X en 914. La senadora eligió a Juan X porque creyeron que podría ser favorable a sus intereses y más moldeable, especialmente si las órdenes las dictaba ella. Entre el mito y la realidad, se considera que Teodora fue amante de Juan X años antes de que éste portara el solio de San Pedro. En lo respectivo a su política, Juan advirtió desde el primer momento que la marea sarracena constituía un inminente peligro para Roma y trató de convencer a los nobles italianos para realizar una incursión contra los musulmanes. Juan X en persona dirigió las tropas que expulsaron a los sarracenos de Italia en el año 915.

A raíz de la campaña contra los sarracenos, Juan X se distanció de los Spoleto y de esas dos mujeres de ambición desmedida. Con el apoyo del pueblo, el Papa consiguió alejar a los Spoleto de Roma. El segundo marido de Marozia, Guido, marqués de Tuscia, dirigió a un puñado de gente armada contra el palacio de Letrán y encarceló al Papa en Sant’Angelo, para quitarle luego la vida asfixiándole bajo una almohada.

Fallecida ya su madre, Marozia, llamada «la Donna Senatrix», se convirtió sin discusión en la dueña y señora de Roma. Marozia hizo dar la tiara pontificia primeramente a León VI, que no reinó más que seis meses al desaparecer en circunstancias extrañas; y después a Esteban VII, un Papa de paja del que se cuenta que le cortaron la nariz y las orejas por desafiar a «la Donna Senatrix» y desde entonces no salió a la calle, muriendo finalmente en circunstancias difusas en 931.

Amante de Papas, madre de Papas, ¿nieta?

Marozia se valió de estos dos hombres de paja con el propósito de hacer tiempo hasta que su hijo, el futuro Juan XI, alcanzara una edad aceptable para ser elevado al trono de San Pedro. Juan XI, de solo 20 años de edad, era el hijo que Marozia tuvo con el Papa Sergio III, aunque otros autores apuntan a que realmente su padre era su primer esposo, un noble italiano llamado Alberico.

Con su hijo al frente de la Iglesia occidental, ¿qué más podía pedir aquella mujer que se hacía llamar «Domna Senatrix»?

Con su hijo al frente de la Iglesia occidental, ¿qué más podía pedir aquella mujer que se hacía llamar «Domna Senatrix» y dominaba desde su castillo de Sant’Angelo el Vaticano y media Italia? Pues el Sacro Imperio Romano Germánico. Viuda de nuevo, Marozia decidió unirse en terceras nupcias con Hugo de Provenza, que reinaba en el norte de Italia y ambicionaba también la corona del Imperio. Así, el Rey Hugo, con la esperanza de ser pronto emperador, entró en Roma dispuesto a celebrar las bodas en marzo del año 932 con la mayor magnificencia.

La ceremonia nupcial tuvo lugar en el castillo de Sant’Angelo, presidida por el pontífice. Para desgracia de sus planes, durante el banquete otro de los hijos de Marozia, el heredero del matrimonio con Alberico, Alberico II, mostró su descontento respecto al enlace insultando a su padrastro. Tras el incidente, Alberico II amotinó al pueblo de Roma contra Marozia y Hugo, que había dejado su escolta fuera de los muros de la ciudad. Hugo se descolgó precipitadamente de una ventana por una escalera de cuerda, pero Marozia cayó prisionera de su propio hijo, así como el Papa Juan XI. No se volvió a saber nada más de la «Domna Senatrix». Sí, en cambio, de Juan XI, que tras su paso por prisión fue privado de todo poder político. Se limitó a actuar en los sucesivo en las cuestiones puramente eclesiásticas.


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  • La petición para dedicarle un lugar de la capital al teólogo agustino, fundador del protestantismo, la presentó la Iglesia evangélica luterana en Italia al Ayuntamiento romano en el 2009
Á.G.F. La ahora llamada plaza Martín Lutero, en Roma

Á.G.F. | La ahora llamada plaza Martín Lutero, en Roma

Después de cinco siglos, Martín Lutero, el padre de la reforma protestante, vuelve a Roma, en medio de una notable polémica. La Ciudad Eterna le ha dedicado una plaza, inaugurada por el alcalde, Ignazio Marino, acompañado por el pastor de la comunidad evangélica luterana de Roma, el alcalde de Eisleben, ciudad donde nació Lutero, y una delegación de diputados alemanes. El lugar de la nueva plaza es sugestivo: En el Colle Oppio, a dos pasos del Coliseo, con vista de la cúpula de San Pedro y en el mismo lugar en que se encuentra la «Domus Aurea», el grandioso palacio construido por el emperador Nerón tras el incendio del año 64. Ignazio Marino, médico de profesión, católico y desde el punto de vista político uno de los alcaldes más «protestantes» del Partido Democrático, de centro izquierda, ha descubierto la placa con este escrito: «Piazza Martin Lutero – Teólogo alemán (1483-546)». El alcalde ha reiterado que se trata de una decisión que ayudará al ecumenismo: «El ayuntamiento dedica a Lutero un lugar de la ciudad en nombre del respeto para todas las comunidades de fe. Por otra parte, el diálogo entre ellas es una gran fuente de comprensión y de paz, como ha reiterado también el papa Francisco».

La petición para dedicarle un lugar de Roma al teólogo agustino, fundador del protestantismo, la presentó la Iglesia evangélica luterana en Italia al Ayuntamiento romano en el 2009, con vistas al V centenario de la visita que Lutero realizó a Roma en 1510. Pero la decisión final se retrasó: antes de dar una respuesta positiva, el consistorio, aunque decidió con autonomía, consultó al Vaticano, que dio el placet.

La inauguración y homenaje al reformista alemán ha desencadenado una reacción de protesta en la derecha. El partido Fratelli d’Italia ha gritado que se trata de un escándalo: «Cuando falta poco más de dos meses para el comienzo del Jubileo de la Misericordia, el acto es inoportuno y supone un insulto a los católicos». En cambio, aplaude la izquierda, mientras exultan los protestantes. «Dedicar al gran reformador una plaza en Roma, en uno de los lugares más importantes de la cristiandad, es un paso histórico de gran valor simbólico», afirma el pastor Heiner Bludau, decano de la Iglesia evangélica luterana en Italia. Bludau ha mostrado también su alegría por que la inauguración se haya hecho un antes de la gran conmemoración que realizarán en un par de años los protestantes: el 31 de octubre 1517 fueron colocadas las 95 tesis en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg, comenzando de hecho la reforma protestante. Casi cuatro años después, el 3 de enero 1521 el papa León X lo excomulgó mediante la bula «Decet Romanum Pontidicem». Con el cisma surgieron diversas iglesias protestantes en el norte de Europa y las llamadas «guerras de religión».

Muy lejos queda ya la época «de la ira y de la espada» entre católicos y protestantes. Desde hace tiempo se vive un nuevo clima: el papa Francisco acudirá el domingo 15 de noviembre a la Iglesia evangélica luterana de Roma. También Benedicto XVI la visitó en el 2010, justo cinco siglos después del viaje que realizó Lutero a Roma, quedando escandalizado del estilo de vida licencioso de parte del clero y fascinado también por la grandiosidad artística de la Ciudad Eterna.

En definitiva, la inauguración de la plaza Martín Lutero es un pequeño gesto, pero de enorme significado, porque el padre de la Reforma regresa con homenaje a Roma, lo que supone un paso más en el diálogo interreligioso.


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  • Fechada en el siglo VI a.C, es el hallazgo arqueológico más importante de los últimos años y revoluciona el mapa de la Roma antigua
ABC | La planta de la casa era rectangular, con dos ambientes

ABC | La planta de la casa era rectangular, con dos ambientes

El descubrimiento arqueológico más importante de los últimos años revoluciona el mapa de la antigua Roma. Los arqueólogos responsables de las excavaciones afirman que se deberá reescribir la historia urbanística de la Urbe. En óptimo estado de conservación se ha descubierto la casa más antigua de Roma: en el corazón de la ciudad, a tan solo unos metros del palacio del Quirinal, residencia del presidente de la República, entre vía Veneto y la estación de tren Termini, se ha encontrado una vivienda arcaica cuyo origen se remonta al siglo VI a.C., en una zona que siempre se creyó que había sido solo necrópolis y no un área residencial.
La planta de la casa era rectangular, con dos ambientes, un ingreso y probablemente un pórtico, con muros de madera revestidos de yeso de arcilla y cubiertos por un techo con tejas. Las dimensiones de la casa eran de diez metros por tres y medio, con una altura de casi tres metros. El descubrimiento es de gran importancia porque demuestra que hace 2.600 años la antigua Roma era mucho más grande de lo que hasta ahora se creía, según ha manifestado la arqueóloga Mirella Serlorenzi, directora de las excavaciones.
«Este hallazgo excepcional nos obliga a rehacer nuestros conocimientos sobre el desarrollo de Roma en el siglo VI», explica Francesco Prosperetti, superitendente del Área Arqueológica de Roma. Las excavaciones se encuentran en el palacio Canevari, un antiguo Instituto Geológico. El extraordinario estado de conservación de la casa se debe a una serie de circunstancias histórico-urbanísticas: el área pertenecía, hasta el año 1873, al convento de los Carmelitas.
Después fue expropiado, «por utilidad pública», y el edificio se transformó en el Instituto Geológico, permaneciendo intacta la zona arqueológica. Es algo insólito en este área del Quirinal, una de las siete colinas de Roma, porque después de la unidad de Italia, en 1861, se realizó una desmesurada urbanización que hizo desaparecer muchos hallazgos arcaicos.
Actualmente, en el edificio del ex Instituto Geológico se realizaban obras de reestructuración para dedicarlo a oficinas. Pero las excavaciones formarán parte de una especie de museo compatible con la utilización del edificio para oficinas. A pocos metros de la casa arcaica, y conectado con ella, fue descubierto en el 2013 un inmenso templo, con 40 metros de largo y 25 de ancho, del siglo V a.C. Por su posición elevada, todo hace pensar que la casa era habitaba por una familia rica y de alto rango social, seguramente ligada al cuidado del área sagrada, probablemente el custodio.

Una casa «aristocrática»

El valor del extraordinario descubrimiento de esta casa «aristocrática» se ve acrecentado por el hallazgo de una especie de choza con un «suggrundarium», una tumba infantil, porque el niño era sepultado cerca de su familia. Eran los años del sexto rey de Roma, Servio Tullio, etrusco, hijo de una prisionera de guerra, que reinó desde el 578 a.C. al 539 a.C., durante 44 años.

Este descubrimiento confirma que la Roma de esa época monárquica tenía una estructura urbana y social mucho más compleja y amplia de lo que hasta ahora se había imaginado. La leyenda dice que Roma fue fundada por Rómulo y Remo el 21 de abril del 753 a.C. La primera República se declaró en el 509 a C., comenzando un largo periodo de enormes transformaciones en Roma.
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  • Cuando todo parecía dispuesto para el final del Princeps, el griego Antonio Musa modificó el tratamiento dando lugar a una recuperación casi milagrosa. El médico lo curó con algo tan sencillo como aplicar baños de agua fría
Museo Chiaramont Estatua de César Augusto en la Ciudad del Vaticano, Roma.

Museo Chiaramont | Estatua de César Augusto en la Ciudad del Vaticano, Roma.

Cuando en el año 44 a.C. Julio César fue asesinado por un grupo de senadores, Cayo Octavio era un adolescente completamente desconocido recién adoptado por el dictador romano. Nadie pensó que aquel imberbe fuera en serio en su pretensión de continuar con el legado de su padre político. Cayo Julio César Octavio, sin embargo, consiguió en poco tiempo alzarse como uno de los tres hombres más poderosos de la República –formando inicialmente el Segundo Triunvirato con Marco Antonio y Lépido– y más tarde logró gobernar en solitario como Princeps («primer ciudadano» de Roma), para lo cual adquirió la consideración de hijo de un dios. No en vano, una extraña dolencia le recordó, una y otra vez, que era mortal hasta el punto de casi costarle la vida cuando rondaba los 40 años. Sola la intervención de un médico griego evitó que la historia de Roma cambiara radicalmente. Todavía hoy, los investigadores médicos debaten sobre la naturaleza de esta intermitente enfermedad hepática o si, en realidad, se trataban de distintas dolencias no relacionadas entre sí.

El joven Octavio quedó muy pronto huérfano de padre. El patriarca, Cayo Octavio Turino, fue un pretor y gobernador de Macedonia al que, siendo un prometedor político, le alcanzó la muerte de regreso de Grecia a causa de una enfermedad que le consumió de forma súbita en Nola (Nápoles). Curiosamente, Augusto falleció mientras visitaba también Nola muchas décadas después. Numerosos autores apuntan incluso a que murió en la misma habitación en la que falleció su padre. Así y todo, se conocen pocos detalles de la dolencia que causó la muerte del padre y es difícil relacionarla con la que afectó a su hijo.

El niño que «le debe todo a un nombre»

Demasiado joven para participar en las primeras fases de la guerra civil que llegó a Julio César al poder, Octavio se destacó por primera vez como centro de la atención pública durante la lectura de una oración en el funeral de su abuela Julia. Como Adrian Goldsworthy narra en su último libro «Augusto: de revolucionario a emperador» (Esfera, 2015), los funerales aristocráticos eran por entonces acontecimientos muy importantes y servían a los jóvenes para destacarse a ojos de los miembros ilustres de la familia, como ocurrió en esa ocasión con Julio César. El tío-abuelo de Octavio decidió a partir de entonces impulsar la carrera del joven, que desde su adolescencia empezó a mostrar síntomas de una salud quebradiza. Cuando ya había cumplido la mayoría de edad, el dictador destinó a Octavio a Hispania en la campaña militar contra Cneo Pompeyo, pero debido a una enfermedad sin precisar por las fuentes llegó demasiado tarde para participar en el combate. Impregnado de escaso espíritu militar, el joven romano empleó repetidas veces, ya fuera cierta o no, la excusa de sus problemas de salud para alejarse del lugar de la batalla.

ABC | Pintura de la muerte de Julio César en 44 a. C, por Vincenzo Camuccini

ABC | Pintura de la muerte de Julio César en 44 a. C, por Vincenzo Camuccini

A la muerte de Julio César, Octavio –«un niño que le debía todo a un nombre», como le definían sus enemigos– no era todavía apenas conocido ni siquiera entre los partidarios del dictador fallecido, quienes veían en Marco Antonio al verdadero hombre a seguir. Tras levantar un ejército privado y ponerse al servicio de los propios conspiradores que mataron a su tío, Octavio se enfrentó inicialmente a Marco Antonio y Lépido, dos generales hostiles al Senado a consecuencia de la muerte del dictador. No obstante, los tres acabaron uniendo sus fuerzas, en el conocido como Segundo Triunvirato, contra los Libertadores, el grupo de senadores que habían perpetrado el magnicidio. Luego de aplicar una durísima represión política, el Triunvirato acorraló a los Libertadores y sus legiones en Grecia y emprendió en el año 42 a.C. la definitiva campaña militar en estas tierras. El desembarco se produjo en Apolonia, donde Octavio enfermó gravemente sin que se conozca hoy la naturaleza de sus síntomas. La dolencia, una vez más, impidió que Octavio participara en plenitud de condiciones en la batalla que puso fin a la guerra.

Los hechos ocurridos en batalla de Filipos, entre los cabecillas del bando de los Libertadores –Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino– y el Triunvirato, dio lugar durante el resto de la vida de Octavio a comentarios malintencionados sobre su poble actuación. O no tan malintencionados. Como apunta el historiador Adrian Goldsworthy, «Octavio no se comportó como cabía esperar de un joven aristócrata romano al frente de una batalla». De hecho, no apareció por ningún lado. Lo que hoy podríamos llamar la versión oficial aseguró que seguía enfermo y prefirió dirigir la batalla desde la retaguardia trasladándose en litera de un lado a otro, aunque la realidad es que cuando las tropas de los Libertadores consiguieron derrumbar el frente que debía dirigir Octavio e internarse en el campamento enemigo no encontraron por ningún lado al joven. En este sentido, la versión más probable es que ni siquiera se encontrara en el campo de batalla, sino escondido en una zona de marismas cercana recuperándose de su enfermedad en un periodo que se prolongó hasta tres días.

El hijo de un dios que era mortal

De una forma u otra, Marco Antonio consiguió dar la vuelta a la situación y acabar finalmente con el conflicto. Puede que Octavio no fuera un buen militar, pero era un hábil político. Tras repartirse el mundo entre los tres triunviratos, Octavio fue consolidando su poder desde Occidente, mientras Marco Antonio desde Oriente caía en los brazos de Cleopatra y fraguaba su propia destrucción política. Lépido, por su parte, se limitó a dar un paso atrás. En el año 31 a.C, Octavio se vio libre de rivales políticos tras derrotara a Marco Antonio, al que primero había desacreditado con una agresiva campaña propagandística, e inició el proceso para transformar de forma sigilosa la República en el sistema que hoy llamamos Imperio. Lo hizo, sobre todo, valiéndose del agotamiento generalizado entre una aristocracia desangrada por tantas guerras civiles sucesivas. Octavio pasó a titularse con el paso de los años Augusto (traducido en algo aproximado a consagrado), que sin llevar aparejada ninguna magistratura concreta se refería al carácter sagrado del hijo del divino César, adquiriendo ambos una consideración que iba más allá de lo mortal. Sin embargo, los problemas de salud de Augusto –como el esclavo que sujetaba la corona de laurel de la victoria de los comandantes victoriosos durante la celebración de un Triunfo– le recordaban con insistencia que era mortal.

ABC Retrato de Augusto portando un gorgoneion

ABC | Retrato de Augusto portando un gorgoneion

La dolencia que torturó de forma intermitente la vida de Augusto tuvo su punto clave a la edad de 40 años. En el año 23 a.C, Augusto era cónsul por undécima vez, algo sin precedentes en la historia de Roma, y tuvo que hacer frente a una seria epidemia entre la población derivada del desbordamiento del río Tíber. Coincidió esta situación de crisis con las guerras cántabras y con el episodio más grave de la extraña dolencia de cuantos registró en su vida. Ninguno de los remedios habituales contra sus problemas de hígado, como aplicar compresas calientes, funcionó en esta ocasión; y todos, incluido él, creyeron que su muerte era inminente. Así, Augusto llamó a su lecho a los principales magistrados, senadores y representantes del orden ecuestre para abordar su posible sucesión, aunque evitó de forma premeditada nombrar a alguien concreto.

Cuando todo parecía dispuesto para el final del Princeps y del sistema que trataba de perpetuar, la llegada de un nuevo médico, el griego Antonio Musa, modificó el tratamiento dando lugar a una recuperación casi milagrosa. Musa lo curó con hidroterapia alternando baños de agua caliente con compresas frías aplicadas en las zonas doloridas. El agua frío y ese médico griego habían salvado su vida, por lo que Augusto le recompensó con una gran suma de dinero. El Senado, en la misma senda, concedió a Musa una nueva suma de dinero, el derecho a llevar un anillo de oro y erigió una estatua suya junto a la de Escalopio, el dios de las curas. Las muestras de agradecimientos se completaron con la decisión senatorial de dejar exentos del pago de impuestos a todos los médicos.

Ni siquiera hoy está claro cuál fue la naturaleza exacta de la enfermedad que hostigó al Princeps en los diferentes periodos de su vida, aunque lo más probable visto con perspectiva es que no fuera una única dolencia, siendo su salud siempre fue muy frágil y propensa a vivir momentos de colapso. En su largo historial médico registró problemas de eccema, artritis, tiña, tifus, catarro, cálculos en la vejiga, colitis y bronquitis, algunos de los cuales se fueron enconando con el tiempo para convertirse en crónicos, al tiempo que sentía pánico por las corrientes de aire.

Wikipedia | Busto de Tiberio

Wikipedia | Busto de Tiberio

Augusto, en cualquier caso, no volvió a sufrir más problemas de hígado ni registró estados graves más allá de algún catarro primaveral. Al contrario, el Princeps murió en Nola a la avanzada edad de 76 años, lo cual generó el problema contrario al que le había preocupado en su juventud: ¿Quién de los sucesores señalados en diferentes periodos viviría tanto para sobrevivir al longevo romano? Desde luego Marco Vipsanio Agripa –el más fiel de sus aliados y el hombre señalado para sucederle cuando a punto estuvo de fallecer en el año 23 a.C– no pudo hacerlo y fue él quien murió en el 12 a.C. Muy diferente fue el caso del hijastro de Augusto, Tiberio Claudio Nerón, que, habiendo caído en desgracia décadas atrás, tuvo tiempo de recuperar el favor del Princeps antes de su fallecimiento. Tiberio –que se hallaba presente junto con su esposa Livia en el lecho de muerte de Augusto– asumió la cabeza de Roma y pudo escuchar de primera mano las últimas palabras de Augusto: «Acta est fabula, plaudite» (La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!).


El Pais

  • Pocas figuras históricas siguen siendo tan polémicas como Nerón, aunque la fuerza del mito ha enterrado la realidad

Las termas de Trajano en Roma, que utilizaron como cimientos la Domus Aurea. / Album

Nerón pertenece a la estirpe de los grandes tiranos, su fiesta del chivo se ha prolongado a lo largo de los siglos. Pero existe una gran diferencia con los Ceausescu, Sadam Husein, Duvalier, Bokassa, Idi Amín Dadá o el Trujillo que noveló Vargas Llosa: en el caso del emperador romano del siglo I resulta imposible separar la realidad de la leyenda negra. Como escribió la catedrática de Latín de la Universidad de Cambridge Mary Beard: “La mayoría de los emperadores romanos no fueron depuestos porque fueran demonizados, sino que fueron demonizados porque fueron depuestos”. La tradición mantiene que Nerón fue condenado a damnatio memoriae, un castigo que consistía en enterrar todo el legado de un emperador para que su nombre fuese olvidado. En el caso del último miembro de la dinastía Julia Claudia, sus enemigos fracasaron: existen muy pocos personajes históricos sobre los que se hayan escrito tantos tebeos, novelas, óperas, películas o ensayos –el último, Dying Every Day (Muriendo cada día), un magnífico estudio del profesor de Clásicas del Bard College James Romm, en torno a su relación con su tutor, el filósofo estoico cordobés Séneca– y sobre cuya figura se siga debatiendo con tanta intensidad más de 2.000 años después de su desaparición. “¿Cómo no nos iba a fascinar?”, asegura Romm en una entrevista por correo electrónico. “Poder absoluto sobre la mayor parte del mundo conocido unido a los caprichos, la traición, la locura… ¿Puede ofrecer la historia un espectáculo más fascinante?”.

Las dos imágenes más populares del emperador –tocando la lira mientras contemplaba cómo ardía Roma en julio del año 64 y disfrutando de la primera gran masacre de cristianos en el Coliseo– no es que sean falsas, es que son imposibles. Nerón no estaba en la ciudad cuando empezó el incendio, llegó tres días más tarde y se puso al frente de los equipos de rescate (el fuego duró una semana). Casi ningún historiador piensa actualmente que fuese el responsable. En cuanto al Coliseo, fue construido varios años después de su muerte por el primer emperador de la siguiente dinastía, Vespasiano (9-79). Aunque, en una prueba más de la intensidad de su leyenda, acabó por darle su nombre: el monumento fue levantado en el lugar donde Nerón erigió una gigantesca estatua de 35 metros que le representaba como el dios Helios. Durante la Edad Media, el recuerdo de este coloso, hoy perdido, convirtió el Anfiteatro Flavio en el Coliseo.

¿Cómo no iba a fascinarnos? Poder absoluto unido a la traición y la locura”, explica el historiador James Romm, autor de un ensayo sobre Nerón y Séneca

Como ha escrito el profesor de Clásicas de la Universidad de Princeton Edward Champlin en la biografía más reciente del emperador –Nerón (Turner)–, “no hay necesidad de rehabilitar a Nerón: fue un mal hombre y un mal gobernante, pero hay sólidas pruebas que sugieren que nuestras fuentes principales erraron al presentarlo tan mal y crearon así la imagen de un monstruo, desequilibrado y ególatra, que ha regido la imaginación escandalizada de la tradición occidental durante dos milenios. Pero la realidad es más compleja”. La revista National Geographic le dedicó una reciente portada titulada “Repensando a Nerón”. En la otra cara de la polémica están afirmaciones contundentes como la que hace el gran crítico de arte Robert Hughes en su libro Roma (Crítica): “Es de suponer que no es posible que un hombre practique todas las perversiones sexuales conocidas o imaginables, pero es evidente que Nerón tenía un repertorio impresionante de ellas”.

Los restos de su gran palacio romano, la Domus Aurea, la fabulosa Casa Dorada que Nerón ordenó construir después del incendio, situados en el colina del Esquilino, acaban de volver a abrir al público después de permanecer casi diez años cerrados, aunque solo se pueden visitar los fines de semana y con cita previa (es necesario reservar con meses). En realidad, solo han sido accesibles con normalidad entre 1999 y 2005, cuando el palacio fue clausurado por problemas de conservación. Los espacios neronianos, ahora subterráneos, encarnan una metáfora perfecta de su mito: un laberinto de pasillos y estancias enormes, como los datos que se pierden en los rincones de la historia entre juegos de sombras y luces. “La Domus Aurea es impresionante por su arquitectura, pero también por su importancia simbólica”, afirma el historiador francés Joël Schmidt, autor de Néron, Monstre Sanguinaire ou Empereur Visionnaire? (Nerón, ¿monstruo sanguinario o emperador visionario?). “Todos los historiadores describieron sus proporciones gigantescas, su magnífica decoración y la profusión de oro (de ahí viene su nombre de Casa Dorada). El interior albergaba muchísimas obras de arte, traídas directamente de Grecia, sin contar los lagos, jardines, bosques, las fuentes de agua dulce y salada alimentadas por acueductos construidos especialmente para ello”.

Nerón decoró su palacio soñado con todo tipo de estatuas que trajo de Grecia, algunas de las cuales se conservaron en el mismo lugar donde se encontraron. / Corbis

A la muerte de Nerón, en el año 68, el palacio fue abandonado y finalmente Trajano (53-117) lo utilizó como cimientos para sus termas, tras haber esquilmado todo el mármol. Redescubierto en el siglo XV, fascinó a los artistas renacentistas y luego a personajes como el Marqués de Sade o Casanova, que dejaron la firma en sus paredes. Rafael, que se deslizaba con sogas hasta lo que entonces eran unos túneles abovedados, creó el estilo grotesco (de gruta) con el que pintó varias estancias del Vaticano en 1519 inspirándose en los frescos de aquel misterioso palacio enterrado –el hecho de que los papas se paseasen durante siglos bajo pinturas inspiradas por el palacio de Nerón es una de las muchas paradojas que emanan del personaje–. Una de las mejores copias de los frescos tal y como los encontraron los artistas del Renacimiento fue realizada por Francisco de Holanda en 1538 y se encuentra en la Biblioteca de El Escorial, en las afueras de Madrid.

A lo largo de los siglos, muchas pinturas se han borrado, y durante la visita guiada, protegidos por cascos de plástico amarillo (obligatorios porque se han producido desprendimientos), en medio del olor a humedad y bajo un frío pegajoso, resulta difícil imaginar lo que fue entonces un palacio luminoso y ajardinado. Pero, tal vez porque por esos espacios circula la leyenda de Nerón, tal vez por la inmensidad de las salas en las que el emperador ofreció alguna de las mejores fiestas de la antigüedad, resulta fascinante. En los alrededores, entre los miles de turistas, los falsos legionarios y los vendedores de aparatos para hacerse selfies, el viajero puede toparse con la Hostaria da Nerone o el hotel El Coloso. “Nerón siempre vende, no podemos olvidar que era un showman”, explica Darius Arya, arqueólogo estadounidense afincado en Roma desde hace 15 años y director del American Institute for Roman Culture.

Nerón cambió las normas de edificación en Roma después del incendio que arrasó la capital del Imperio para evitar que se repitiese el desastre

Durante un paseo por los Foros Imperiales, Arya asegura que, después del incendio, Nerón cambió las normas de edificación para evitar que una catástrofe de estas dimensiones pudiese repetirse. “Solo un idiota quemaría la ciudad. En Roma en aquel momento vivían en torno a un millón de personas y el fuego provocó 200.000 refugiados”, asegura. Ordenó que las calles fuesen más anchas, las casas de pisos –las insulae– más bajas, y, también es cierto, aprovechó la destrucción general para edificar su palacio soñado. Arya encuentra en la Domus Aurea un problema mucho más contemporáneo que afecta a demasiados lugares en Italia, como Pompeya: la conservación del patrimonio. Para salvar el palacio (un proyecto que consiste ante todo en transformar el jardín que hay encima para que los árboles y las infiltraciones dejen de dañar el conjunto arqueológico) son necesarios 32 millones de euros que, sin embargo, no llegan.

¿Quién es el Nerón más cercano a la historia, si esta pregunta tiene respuesta? Claudio César Augusto Germánico nace en Antium (actual Anzio) el 15 de diciembre del año 37. Miembro de la familia imperial, se convierte muy joven, en el año 54, en sucesor de Claudio (11-54), el tercer emperador de la dinastía que instauró Augusto (63-14 a. de C.) y continuaron Tiberio (42-37 a. de C.) y Calígula (12-41). Séneca es el principal consejero de un emperador muy popular. En el año 64, el mayor incendio que ha conocido Roma destruye una parte muy importante de la ciudad. Un año después, tras desactivar un complot, lanza una purga salvaje que le cuesta la vida al filósofo cordobés, entre muchos otros miembros de la élite. Sin embargo, el ejército, harto de sus caprichos –la oligarquía romana nunca le perdonó que participase en concursos de canto y poesía que siempre ganaba (¿quién iba a atreverse a darle un segundo premio?)–, le depone en el año 68. Nerón se suicida para evitar una muerte horrenda a manos de sus antiguos legionarios, que se habían propuesto azotarle hasta la muerte. Como había acabado con todos los posibles herederos de Augusto y no dejó hijos, Roma entró en un periodo de caos –cuatro emperadores en un año–, hasta la instauración de la dinastía Flavia con Vespasiano en el año 69.

Busto de Nerón encontrado en Libia. Fue el último emperador de la dinastía Julia Claudia. / Album

El historiador español Juan Luis Posada Sánchez, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija y autor de El año de los cuatro emperadores, resume: “Hace ya mucho que los historiadores están intentando rehabilitar la figura de Nerón, un emperador tachado de loco, matricida, incendiario y asesino de cristianos, pero también un artista que protegió las artes y las letras, que gobernó por el pueblo y para el pueblo y que acabó con todos los descendientes de Augusto que pudieran desestabilizar su régimen. Nerón pudo haber tenido trazas tiránicas, sobre todo en la última etapa de su reinado, pero el ejército le puso en su lugar y le llevó a huir y suicidarse”. El ensayista australiano Stephen Dando-Collins, autor de Arde Roma (Ariel), un ensayo sobre el emperador, explica así su final: “Nerón dirigió los esfuerzos para detener el fuego y encabezó la reconstrucción posterior. Pero sus oponentes en el Senado, que despreciaban sus pretensiones artísticas y que añoraban a emperadores soldados como Augusto, vieron que culparle del fuego era una forma de reducir su popularidad, lo que haría más fácil expulsarle del poder. Lo que al final ocurrió”.

Las principales fuentes sobre Nerón provienen de tres historiadores romanos, Suetonio (70-126), Tácito (55-120) y Dión Casio (155-235), y la panoplia de perversiones y crímenes que describen es interminable; algunas de ellas –que mató a su madre, a sus dos primeras esposas y a su hermanastro; que asesinó a todos los que consideró oponentes políticos o un peligro para su poder; que escribía poesía y versos (actividades intolerables para un emperador)– están corroboradas por diferentes fuentes; otras, sin embargo, no: que violó a una virgen vestal, que castró a un hombre para casarse con él, que fundió los lares para convertirlos en dinero, que era un pervertido sexual sin freno. Tampoco es seguro, y es un punto especialmente polémico, que lanzase la primera gran persecución de seguidores de una nueva religión que había nacido en Judea unos años antes. La tradición cristiana mantiene que Pedro y Pablo sufrieron su martirio durante las persecuciones neronianas, que se desataron después de que los cristianos fuesen acusados de quemar Roma en una maniobra para evitar que las culpas recayesen en el emperador. Pero no hay documentos ni evidencias arqueológicas que lo demuestren.

Sí está demostrado que mató a su madre, a su hermanastro y a sus dos primeras esposas. Otros crímenes que se le atribuyen son dudosos

Suetonio y Tácito son los únicos que citan las persecuciones fuera de la tradición cristiana. Tácito escribió en sus Anales el célebre pasaje sobre su brutalidad: “Nerón buscó rápidamente un culpable, e infringió las más exquisitas torturas sobre un grupo odiado por sus abominaciones, que el populacho llama cristianos. (…) Todo tipo de mofas se unieron a sus ejecuciones. Cubiertos con pellejos de bestias, fueron despedazados por perros y perecieron, o fueron crucificados, o condenados a la hoguera y quemados para servir de iluminación nocturna cuando el día hubiera acabado”. Sin embargo, estos testimonios plantean muchas preguntas. ¿Por qué solo lo cuentan ellos? ¿Por qué emplean el término cristiano que entonces no usaban los romanos? ¿Pudo ser un añadido posterior al texto que manejamos durante su copia en la Edad Media? ¿Por qué no vuelven a producirse persecuciones de cristianos hasta décadas más tarde? Marco Aurelio ha pasado a la historia por su sabiduría (véase Gladiator, donde lo encarna un impecable Richard Harris), pero nadie recuerda sus salvajes persecuciones, como la que tuvo lugar en Lyon en el año 177. Yves Perrin, profesor de Historia y Arqueología Romanas en la Universidad de Saint-Etiène-Lyon y presidente de la Sociedad Internacional de Estudios Neronianos (SIEN), afirma: “Los autores cristianos hacen de Nerón el primer perseguidor de la verdadera fe y esta idea ha atravesado los siglos con errores de bulto, como situar los martirios en el Coliseo, que no existía. Los autores cristianos imponen a la posteridad la idea de que el año 64 representa un cambio de rumbo en la historia: la Roma pagana desaparece bajo el fuego y los mártires garantizan la victoria de la fe verdadera”. La mayoría de los investigadores creen que sí se produjeron persecuciones, aunque ponen en duda que fuesen tan intensas.

Suetonio y Tácito le acusan de haber lanzado las primeras persecuciones de cristianos, pero algunos autores lo ponen en tela de juicio

Sin embargo, la fuerza de la ficción es imbatible. Por muchos ensayos que se escriban, resulta casi imposible separar en la imaginación occidental a Nerón del sádico, caprichoso, vicioso e infantil emperador que dibuja Peter Ustinov en una de las mejores versiones cinematográficas de Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951), la famosa novela que ofrece una reconstrucción mítica de los orígenes del cristianismo, publicada por el premio Nobel polaco Henryk Sienkiewicz a finales del XIX. Y encima la ponen en televisión cada Semana Santa. James Romm asegura: “La pérdida de fuentes contemporáneas es un problema, pero son todavía más frustrantes los silencios y las opacidades del propio Séneca. Escribió muchos volúmenes, pero nunca dijo la verdad sobre lo que había hecho o visto junto a Nerón”. La realidad, como la Domus Aurea, se encuentra enterrada bajo demasiadas capas de mitos para que algún día pueda llegar a derrotar a la leyenda.


El Mundo

  • La Capilla Sixtina estrena iluminación y ventilación, cuando se cumplen 450 años de la muerte de Miguel Ángel Buonarroti

Y por fin se hizo la luz… Fue el 31 de octubre de 1512. Justo ese día, del que mañana se cumplen 502 años, los frescos realizados por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina fueron desvelados a los ojos del mundo. La capilla estaba entonces iluminada con luz natural que entraba en ella a borbotones a través de unos grandes ventanales situados en su parte de arriba, y los que contemplaron la maravilla de aquellos frescos quedaron absolutamente boquiabiertos. “Es una obra tan luminosa para el arte de la pintura que ella sola basta para iluminar el mundo, que durante tantos centenares de años ha estado en las tinieblas”, dejó escrito en 1568 Giorgio Vasari en su famoso compendio ‘Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos’.

Pero el Vaticano decidió en 1980 clausurar los ventanales de la capilla Sixtina, para evitar que los temidos rayos ultravioletas de la luz solar pudieran dañar esa obra de arte. Desde entonces los aproximadamente ¡seis millones de personas al año! (con picos de unas 20.000 personas al día) que la visitan se ven obligadas a contemplar la obra cumbre de Miguel Angel bajo la triste luz de unos focos artificiales. Pero a partir de hoy mismo eso va a cambiar, se va a hacer de nuevo la luz: la capilla estrena un nuevo sistema de iluminación que le devuelve todo su esplendor y que permite a los visitantes admirar sus frescos como nunca, bajo una luz específicamente estudiada para simular la natural que llegaba desde los ventanales superiores. Un modo de celebrar el 450 aniversario de la muerte de Miguel Angel, amén de los 20 años del famoso proceso de restauración que en 1994 restituyó los frescos de ‘El Divino’ a su riqueza cromática original.

Expertos en iluminación de las universidades de la Sapienza de Roma, la de Budapest y la de Barcelona han trabajado codo con codo en un proyecto de investigación europeo puesto en marcha para decidir el mejor modo de alumbrar la Capilla Sixtina, un proyecto bautizado como LED4ART en el que han manejado la luz con el mismo mimo y cuidado con el que Miguel Angel utilizaba los pigmentos, incluido el polvo de lapislázuli afgano con el que por ejemplo pintó el cielo del Juicio Universal.

El vaticano se plantea poner un techo de 20.000 visitantes al día (2.000 personas a la vez) en la capilla

El resultado es unA revolucionaria instalación compuesta por 7.000 diodos emisores de luz (LED) que con la irradiación tenue y uniforme que proyectan permiten que desde el suelo se aprecien mucho mejor los detalles de los frescos pintados por Miguel Angel. “El nuevo sistema de iluminación exalta todas las maravillas, incluidos los más pequeños detalles, de la que sin duda es la antología artística más importante del renacimiento italiano”, sentencia Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, recordando de además del famoso Juicio Universal de Miguel Ángel la capilla Sixtina también alberga frescos de Sandro Boticelli, del Ghirlandalo y de otros maestros del siglo XV que hasta ahora pasaban con frecuencia desapercibidos y que ahora vuelven a la luz.

La mejor experiencia visual

“Ha sido un reto enorme para todos nosotros. Pero pensamos que hemos conseguido el equilibrio perfecto entre el espectro lumínico y los pigmentos de las obras de arte para de ese modo crear la mejor experiencia visual posible”, señala Mourad Boulouednine, coordinador del proyecto. “Además, la nueva instalación tiene una eficiencia energética mucho mayor que el sistema anterior y no dañará las obras de arte. En definitiva, los resultados son fantásticos y todos estamos muy orgullosos”.

El Vaticano también está contento porque, más allá de resaltar los frescos, el nuevo sistema de iluminación de la capilla Sixtina le permitirá un ahorro energético del 60% respecto a un sistema tradicional. Algo de agradecer en tiempos de crisis y más cuando sus finanzas no atraviesan su momento más boyante: la Santa Sede cerró 2013 con un déficit de más de 24 millones de euros, aunque hay que precisar que el estado Ciudad del Vaticano lo hizo con un activo de más de 33 millones de euros.

Pero la instalación de los 7.000 LED es sólo el primer paso. A principios de 2015 el Vaticano ofrecerá a quienes acudan a ver la Sixtina unas gafas inteligentes de usar y tirar que les permitirán ver una reconstrucción virtual en tres dimensiones de la famosa capilla antes de adentrarse en ella y llevar a cabo la visita real.

El problema siguen siendo las enormes masas humanas que soporta la Capilla Sixtina, y que con el polvo que arrastran provocan un enorme daño en sus frescos. De hecho, además de la iluminación hoy se estrena también un nuevos sistema de climatización de última generación realizado por una compañía estadounidense que permitirá reducir los niveles de anhídrido carbónico, polvo y otras sustancias que perjudican a la capilla, así como controlar su humedad y temperatura. Aun así el Vaticano, que desde hace tiempo baraja la posibilidad de poner límite al número de personas que acuden a admirarla, parece decidido a hacerlo si los turistas siguen creciendo. Antonio Paolucci así lo confirma: “Desde este momento los Museos Vaticanos exigiremos un crecimiento cero en el número de visitantes. Y si estos continúan aumentando pondremos un techo de 20.000 personas al día, con un máximo de 2.000 personas a la vez”.


ABC.es

  • El conocido como el «Sansón de Extremadura» era célebre por su habilidad con las armas y su extraordinaria fuerza física. En tiempos de Carlos V, gran admirador del legendario guerrero, fue nombrado Caballero de la Espuela Dorada
El gigante extremeño que usó el «Gran Capitán» para atemorizar a los franceses

Museo del Prado | Gonzalo Fernández de Córdoba, acompañado de sus soldados de confianza tras la batalla de Ceriñola

Todos los imperios necesitan héroes propios, y España no fue una excepción. Cuando la unión de los reinos hispánicos dio origen al imperio militar que disputó la hegemonía de Europa en los siglos XVI y XVII, los españoles se percataron de que los personajes clásicos, sobre todo griegos y romanos, ya no servían para hablar de la heroicidad y el sacrificio. Se necesitaban urgentemente héroes nacionales. Fue así como a finales del siglo XV se impuso en el imaginario colectivo una generación de personajes heroicos a medio camino entre la historia y la leyenda. Una muestra de esta hornada de héroes modernos es Diego García de Paredes, «el Sansón extremeño», así como el hombre al que siguió con devoción en sus campañas, Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán».

Diego García de Paredes nació en Trujillo en torno al año 1468. Y poco se sabe de su infancia y juventud más allá de que aprendió a escribir y leer, pese a que ya entonces se inclinaba claramente por el oficio de las armas. Los historiadores no se ponen de acuerdo en sí participó o no en la Guerra de Granada, que terminó con la rendición final de 1492. Pero de lo que no cabe duda es que en 1496, tras el fallecimiento en Trujillo de su madre, Diego García de Paredes ya se encontraba en Italia buscando fortuna como soldado. En ese momento, Gonzalo Fernández de Córdoba combatía en Nápoles contra las ambiciones francesas de anexionarse este reino, tradicionalmente bajo la esfera de Aragón. Sin embargo, la actividad militar estaba parada a la llegada de García de Paredes, quien decidió desplazarse a Roma para ofrecerse como guardia del Papa Alejandro VI, de origen español.

Según relata Antonio Rodríguez Villa en «Crónicas del Gran Capitán», el Papa accedió a contratar al extremeño tras presenciar por casualidad como Diego García de Paredes se impuso en una disputa callejera contra un grupo de más de veinte italianos. Armado solamente con una barra de hierro, el soldado español destrozó a todos sus rivales, que habían echado mano de las espadas, «matando cinco, hiriendo a diez, y dejando a los demás bien maltratados y fuera de combate». Alejandro VI, asombrado por la fuerza del extremeño, le nombró miembro de su escolta.

Nace la leyenda hercúlea en Cefalonia

Bien puede tratarse de una exageración de lo que realmente ocurrió, como la mayoría de sus hazañas, pero lo cierto es que Diego García de Paredes adquirió rápidamente gran fama como espadachín en Italia. Tras matar durante un duelo a un capitán italiano de la confianza de los Borgia, el extremeño pasó a los servicios del Duque de Urbino, una de las familias rivales del Pontífice. No en vano, su tiempo como soldado a sueldo quedó aparcado cuando el «Gran Capitán» reclamó hombres para recuperar Cefalonia, una ciudad de Grecia que había sido arrebatada por los turcos a la República de Venecia. Durante el interminable asedio a esta localidad, los turcos usaron un garfio para elevar a Diego García al interior de su muralla. Una práctica muy habitual en los asedios de la época, que era posible gracias a una máquina provista de garfios que los españoles llamaban «lobos», con los cuales aferraban a los soldados por la armadura y los lanzaban contra la muralla.

El gigante extremeño que usó el «Gran Capitán» para atemorizar a los franceses

Wikipedia | Ilustración de Diego Garcia de Paredes

El «gigante extremeño» consiguió zafarse de las ataduras en lo alto de la fortificación y resistió el ataque de los otomanos durante tres días, donde a cada instante «parecía que le aumentaba las fuerzas con la dificultad». Una vez reducido, los turcos respetaron la vida del extremeño con la intención de usarlo para el intercambio de prisioneros. No en vano, el soldado español escapó por su propio pie y se unió al combate, poco antes de la rendición turca. Fue aquella gesta el origen de su leyenda y cuando comenzó a ser conocido como, entre otros apodos, «el Sansón de Extremadura», «el gigante de fuerzas bíblicas» y «El Hércules de España».

Ya convertido en un mito andante, Diego García se reincorporó a los ejércitos del Papa a principios de 1501. César Borgia tenía puestos los ojos en la Romaña y permitió que las ofensas pasadas quedaran olvidadas. El hijo de Alejandro VI le nombró coronel en el ejército que participó en las tomas de Rímini, Fosara y Faenza. Pero tampoco duró mucho esta nueva asociación con los Borgia, puesto que ese mismo año acudió a la llamada del «Gran Capitán» para luchar en Nápoles.

Se presumía, por las tropas y recursos invertidos, que quien venciera en esta ocasión se haría definitivamente con el reino italiano. El «Gran Capitán» se valió de la fama ganada por «el Sansón de Extremadura» para combatir a los franceses, quienes le «temían por hazañas y grandes cosas que hacía y acometía». Y de nuevo, es difícil estimar cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en los episodios bélicos que supuestamente protagonizó García de Paredes. Así, aunque está confirmada su participación en las batallas de Ceriñola y de Garellano en 1503, más cuestionable es el relato sobre una escaramuza previa a esta segunda batalla donde el extremeño, contrariado con una decisión táctica del Fernández González de Córdoba, se dirigió en solitario hacia las tropas francesas y causó cerca de 500 muertos. «Túvose por género de milagro, que siendo tantos los golpes que dieron en Diego García de Paredes los enemigos… saliese sin lesión», explica una de las crónicas.

De pirata a Caballero de la Espuela Dorada

Tras el final de la guerra en Italia en 1504, Nápoles pasó a la Corona de España y el «Gran Capitán» gobernó el reino napolitano como virrey con amplios poderes. Como agradecimiento a sus servicios, Gonzalo Fernández de Córdoba nombró a Diego García de Paredes marqués de Colonnetta (Italia). Sin embargo, cuando el «Gran Capitán» cayó en desgracia, la defensa que hizo «el Sansón de Extremadura» de su antiguo general le costó la pérdida del marquesado de Colonnetta y forzó un exilio voluntario de la corte. Durante años, el soldado extremeño se dedicó a la piratería en el Mediterráneo, teniendo como presas favoritas a los barcos berberiscos y franceses.

En 1508, Diego García de Paredes recuperó el favor real y se unió a la campaña española para conquistar el norte de África. Durante estos años Paredes participó en el asedio de Orán, fue maestre de campo de la infantería española que el emperador de Alemania usó para atacar a la República de Venecia, y sirvió como coronel de la Liga Santa al servicio del Papa Julio II en la batalla de Rávena, entre un sinfín de gestas militares.

Con la irrupción de Carlos V en España, gran admirador de su leyenda, el extremeño acompañó al emperador por Europa, quien le nombró Caballero de la Espuela Dorada, sirviendo a este en Alemania, Flandes, Austria y en todos los conflictos acontecidos en España, desde la Guerra de los Comuneros a la conquista de Navarra. En 1533, tras regresar con Carlos V de hacer frente a los turcos en el Danubio, Diego García de Paredes falleció por las heridas sufridas durante un accidente a caballo cuando jugaba con unos niños a tirar con la lanza unos palos en la pared. Lo que no habían conseguido quince batallas campales y diecisiete asedios, lo alcanzó un juego infantil: matar al gigante.

El «Desafío de Barletta»: o victoria o nada


ABC.es

  • La muestra se puede ver simultáneamente en cuatro ciudades, y cuenta con novedosas aplicaciones tecnológica que permiten un viaje a la época del emperador Augusto
Así serán los museos del futuro: «Las llaves de Roma»

alphagalileo.org | Hasta mayo de 2015 estarán expuestas las colecciones romanas de los cuatro museos

El año 2014 marca el 2 000 aniversario de la muerte de Augusto, fundador del Imperio Romano. Con motivo de esta efeméride se ha organizado una exposición nueva y singular de los últimos adelantos en tecnologías para museos virtuales originadas en Europa.

Varios integrantes de V-MUST.NET (Virtual Museum Transnational Network) son responsables de la conservación de «Keys to Rome» (Las llaves de Roma) , una exposición instalada a la vez en cuatro ciudades que representaron en claves emblemáticos del Imperio Romano: Alejandría, en Egipto (Bibliotheca Alexandrina) , Ámsterdam (Museo Allard Pierson) , Sarajevo (Ayuntamiento) y, por supuesto, Roma (Museo de los Foros Imperiales).

Hasta mayo de 2015 estarán expuestas las colecciones romanas de los cuatro museos y se difundirán también mediante una serie de «aplicaciones para móviles» y de tecnologías de inmersión creadas por los socios de V-MUST.NET. Los objetos expuestos en las cuatro ciudades podrán descubrirse siguiendo un itinerario digital para el que se han empleado vídeos con gráficos digitales, instalaciones enfocadas hacia interacciones naturales, medios audiovisuales y aplicaciones para teléfonos móviles.

 La exposición, titulada «Keys to Rome» (Las llaves de Roma), se inauguró de forma oficial el 23 de septiembre, por coincidir ese día con la del nacimiento de Augusto. La muestra se reproduce simultáneamente en otras tres ciudades, por lo que no se trata de una simple exposición más de entre las muchas dedicadas a esta ciudad y su pasado lejano.

Una red de investigadores europeos (arqueólogos, historiadores del arte, arquitectos, informáticos y especialistas en comunicación) ha aprovechado esta celebración para mostrar nuevas tecnologías destinadas a museos virtuales. Su propósito es enseñar los usos posibles de estas tecnologías para cautivar el interés de los visitantes.

 Durante el viaje a la época del emperador Augusto, que transcurre en el siglo posterior a la caída del Imperio Romano (siglo VI d. C.), se cuenta con dos guías, un viejo mercader y su sobrino. Los visitantes descubren gradualmente los secretos de la familia de estos dos guías por medio de objetos legados por sus antepasados. Así, «Las llaves de Roma» desvela los relatos que encierran los distintos artefactos expuestos.

Quienes visiten cualquiera de los museos donde se encuentra esta exposición podrán descargarse Matrix (creada por el Instituto Fraunhofer de Darmstadt, Alemania) a su móvil de forma gratuita y usar esta aplicación para escoger un personaje que sea su guía, encontrar objetos y acceder a las cuatro colecciones. Esta aplicación estará a disposición del público en el sitio web de «Las llaves de Roma».

Otra herramienta destacada es un sistema de identificación inalámbrica por radiofrecuencia (RFID), instalado en el Museo Allard Pierson de Ámsterdam, con el que los visitantes podrán personalizar los contenidos. En Roma se encuentra además un un «mapa ambulante» que ofrece al visitante la impresión de estar paseando por esta ciudad en el presente y hace dos mil años.

Se podrá imprimir una imagen tridimensional, equipada con sensores, del famoso altar Ara Pacis Augustae gracias a otra aplicación, Virtex. Se podrá pulsar sobre dicha impresión para obtener información sobre diversos aspectos de este altar.

El instituto francés de investigación INRIA ha creado otra aplicación de realidad aumentada llamada Nisar que permite al visitante obtener información sobre determinado objeto, sencillamente, señalándolo con el dedo. También se podrán explorar escenas tridimensionales reconstruidas a través de Admotum, un juego para Kinect que puede conectar con Holobox, el cual permite manipular hologramas de objetos. Estas dos últimas aplicaciones fueron creadas por el consejo italiano de investigación, CNR ITABC .

Aparte de los dieciocho socios del proyecto, V-MUST.NET cuenta con ciento veinte miembros asociados, algunos de ellos de fuera de Europa. Sus responsables han establecido un «Centro de Competencia» destinado a comercializar las tecnologías resultantes una vez concluya el proyecto.

 V-MUST.NET es una Red de Excelencia europea dedicada a los museos virtuales. Se trata de un proyecto de cuatro años de duración que recibió de la Comisión Europea, a través del Séptimo Programa Marco, fondos por valor de 4,45 millones de euros. Dio comienzo el 1 de febrero de 2011 y finalizará el 31 de enero de 2015.

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