Tag Archive: Berlín



El Confidencial

  • Un documental revisa los 100 filmes de ideología nacionalsocialista rodados durante el Tercer Reich
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Joseph Goebbels en Berlín

Una de cifras frías para empezar: durante los doce años del régimen de Adolf Hitler (1933-1945), se produjeron 1.300 películas en Alemania. Acabada la guerra, los aliados prohibieron 300 filmes por considerarlas propaganda nazi pura y dura. Años después, los expertos redujeron la cifra a un centenar, cuarenta de los cuáles siguen prohibidos y están guardados bajo siete llaves.

He aquí el contexto analizado por el documental Forbidden Films, de Felix Moeller, que programa el Atlántida Film Fest en un ciclo sobre cine y propaganda.

Forbidden Films comienza con un descenso al almacén de los filmes prohibidos. Y sigue con imágenes de una película de época, rodada durante el nazismo, en la que una turbamulta enardecida exige expulsar/linchar a los judíos.

El documental salta luego al interior de un centro cultural israelí en Múnich, donde hay cola para ver El judío Suss (1940), película producida por el Ministerio de Propaganda nazi, dirigido por Joseph Goebbels… No, no es que los judíos de Múnich se hayan vuelto locos, es que El judío Suss se proyecta hoy día por motivos pedagógicos: qué mejor manera de entender lo que pasó en Alemania en los años treinta que enfrentarse a su imaginario más siniestro.

‘YouTube está repleto de vídeos nazis’

No obstante, acceder a algunos de estos filmes no es fácil. “Si quiero ver estas películas, tengo que ir al Archivo, lo que es una barrera importante. O tengo que esperar a que la pongan en el cine, lo que es muy inusual. O tengo que pagar por el DVD a algún distribuidor de derechas al que no quiero apoyar. O descargarlas en YouTube, que está repleto de propaganda nazi y me saludan constantemente con un Heil Hitler”, cuenta la académica del cine Sonja M. Schultz.

Entre la prohibición y la difusión

He aquí la clásica discusión sobre qué hacer con el legado nacionalsocialista: arrojarlo al mar o mostrarlo al público como modo de asumir críticamente el pasado. Si es más nocivo ver estas películas o no verlas.

“Hoy día podrían pasar por películas absurdas. Cintas antisemitas o antibritánicas cuyo sentido propagandístico es tan evidente que habrían quedado desfasadas. Pero ahí radica su peligro precisamente. El peligro de que estos estereotipos vuelvan a calar”, analiza en el filme Moshe Zimmermann, historiador de la Universidad Judía de Jerusalén. “A veces no te das cuenta de que eres víctima de ciertos prejuicios o estereotipos. Eso es peligroso. Sabes que es una película y lo aceptas, pero quizá estés asumiendo sin querer un estereotipo nazi”, añade Zimmermann.

“Creo que las grandes películas propagandísticas deberían verse de nuevo, aunque sean ejemplos negativos. Hay que dejar a la gente pensar por sí misma, especialmente si hablamos de escritores o historiadores, o si no sabes mucho sobre el país y quieres aprender. No creo que sea inteligente privar a la gente de conocer más sobre su pasado”, difiere el director de cine Oskar Roehler.

Otro dato: 20 millones de alemanes vieron El judío Suss cuando se estrenó en 1940, nueve millones más de los que vieron Avatar en 2009. El judío Suss también tuvo más espectadores que Titanic (1997). En otras palabras: Goebbels aplasta a James Cameron.

Para rematar, una cita de Joseph Goebbels: “Las películas son el medio más importante para la propaganda”. De lo que no dijo nada Goebbels fue del asunto que aquí nos ocupa: si es mejor enterrar o afrontar el pasado.

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  • Según la inteligencia soviética, el final del «Führer» y de los soldados nazis que defendían Berlín estuvo lejos de ser heroico
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El 30 de abril de 1945. Fue un día como hoy, aunque hace exactamente 70 años, cuando Adolf Hitler y Eva Braun decidieron suicidarse en el búnker ubicado tras la Cancillería. O eso se cree ya que, desde entonces, la forma en la que dejaron este mundo continúa siendo un misterio. Sin embargo, si se recurre al informe elaborado por el NKVD (el servicio secreto soviético) para el mismísimo Stalin, se puede atisbar que dichas jornadas estuvieron lejos de ser heroicas para el «Führer».

Este, por el contrario, se hallaba absolutamente abatido, deliraba con frecuencia y tenía que convivir en su último refugio con las continuas borracheras de sus hombres y con soldados más preocupados de «echar una canita al aire» que de combatir.

Corrían por entonces, como se suele decir, momentos muy desesperados para el nazismo. Los pomposos desfiles a paso de ganso formados por miles de soldados eran ya cosa del pasado. La gloria se había esfumado. En su sustitución tan solo quedaban entre 85.000 y 100.000 defensores de una ciudad –Berlín– que había pasado de ser la gloriosa capital de Hitler, a su último bastión contra el ejército soviético.

La organización militar también se había venido abajo y, debido a la falta de hombres, en las calles se arremolinaban grupos heterogéneos de combatientes de la «Wehrmacht» (las fuerzas armadas alemanas), las SS (las tropas más cercanas al «Führer») y multitud de batallones de «Volkssturm» (unidades de milicianos armadas a toda prisa).

Los delirios de Hitler

Así de crudas andaban las cosas en el exterior mientras que, dentro del búnker, Hitler se escondía esperando la llegada de la muerte. En el recinto, los oficiales que aún le eran leales vieron como sus delirios se volvían cada vez más habituales. Uno de ellos se produjo el 27 de abril cuando el líder nazi hizo llamar a Otto Günsche –oficial de las SS- y le ordenó que movilizara a sus 8.000 soldados para romper el cerco ruso que se cernía sobre la ciudad.

El subordinado no entendió la petición, pues ya le había hecho saber a su jefe que disponía sólo de 2.000 militares mal pertrechados. Aquello no pareció encajar bien en la desquiciada mente del alemán, quien, airado, salió de la sala gritando: «¡Guarde usted silencio! ¡Todos me están engañando! ¡Nadie me dice la verdad!».

El miedo que sentía Hitler por ser atrapado también le llevó a cometer todo tipo de tropelías con la población civil. La primera de ellas fue incluir en las «Volkssturm» a ancianos y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas. Para ello, tal y como señala el historiador Joachim Fest en su libro «El Hundimiento», el ministro de propaganda Joseph Goebbels hizo colgar en las puertas de todas las casas un escrito en el que se afirmaba que todos los hombres de entre 15 y 70 años estaban obligados a alistarse. «Quien se esconda cobardemente en los refugios antiaéreos, comparecerá ante un consejo de guerra y será condenado a muerte», rezaba el documento.

El «Führer» tampoco titubeó cuando ordenó a Helmuth Weidling (al mando de las defensas de Berlín) abrir las compuertas del río Spree con el objetivo de inundar los túneles del metro y que el enemigo no pudiese atacar a través de ellos. Aunque el método fue efectivo, Hitler se olvidó (a sabiendas) de los cientos de ciudadanos alemanes que se agolpaban en el subterráneo huyendo de las bombas. Tampoco le importó que se ahogaran cuando se lo recordaron.

La locura ante la muerte

Con todo, por aquel entonces las locuras no eran cometidas únicamente por Hitler, sino que –tanto en el búnker como fuera de él- la enajenación apareció también en los militares de menor edad, «La llegada del enemigo a la periferia hizo que los jóvenes soldados se desesperaran por perder la virginidad», explica Antony Beevor en su ensayo «Berlín. La caída: 1945». Una de las situaciones más esperpénticas se vivió en el centro de emisiones del Grossdeutscher Rundfunk donde, en palabras del autor, «durante la última semana de abril se extendió una “verdadera sensación de desmoronamiento” que llevó a los empleados a beber desaforadamente y a fornicar de un modo indiscriminado».

Tampoco escaseaban en el búnker las continuas borracheras de aquellos que rodeaban al «Führer». Ya fuera por la celebración de un cumpleaños o de una boda, lo cierto es que, como señalan H. Eberle y M. Uhl en «El informe Hitler», cualquier excusa era buena para descorchar una botella de aguardiente y olvidar que las bombas rusas caían a cientos encima de ellos.

La situación era acompañada por un Hitler que, según declaró posteriormente Günsche, deambulaba apático y hablando casi constantemente de un suicidio que siempre retrasaba. «Hitler no tenía valentía ni para mirar hacia el exterior del búnker. Se aferró a las últimas horas que el destino aún le estaba otorgando, siempre atenazado por el miedo a que los rusos pudieran penetrar en su refugio», añaden el informe soviético. Así hasta que, el 30 de abril de 1945, decidió acabar con su vida y –según el NKVD- se disparó en la cabeza con una Walther del calibre 7,65 mm.


El-Undimiento.

«El hundimiento», una película con mucha historia


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  • En 1945, un experto organizó una estudiada sesión fotográfica para hacer creer al mundo que los soldados de Stalin habían hecho ondear la bandera roja en el Reichstag
 abc Elementos que fueron modificados sobre la fotografía principal

abc | Elementos que fueron modificados sobre la fotografía principal

Finales de abril de 1945. Berlín es sólo una sombra de la ciudad que un día fue durante el Tercer Reich. En las calles donde antes paseaban orgullosas a paso de ganso las tropas de Adolf Hitler, ahora se lucha encarnizadamente por impedir inútilmente que los aliados avancen. Repentinamente, en la azotea del Reichstag (la sede del parlamento alemán), un soldado soviético avanza hasta el punto más alto del edificio e iza una bandera roja ataviada con la hoz y el martillo. El acto significa la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y, debido a su importancia y su simbolismo, es capturado por un atrevido y suertudo fotógrafo. Esta es la versión oficial que se explicó al mundo desde la U.R.S.S. en relación a una de las instantáneas más famosas de la contienda, unos sucesos que nada tienen que ver con la realidad.

Y es que, esta instantánea no fue fruto del azar ni se produjo durante la contienda, sino que fue realizada en una curiosa sesión fotográfica varios días después de que los combates hubieran cesado. Todo ello, por orden de un avispado fotógrafo con ganas de ganarse un hueco en la Historia. No contento con eso, el «artista» realizó además varios retoques en la imagen una vez que fue revelada para que causase el mayor impacto posible entre la población e, incluso, con el objetivo de que escondiera algunas vergüenzas del «glorioso Ejército Rojo». Esta gran mentira logró convencer a la población hasta la caída de la U.R.S.S. (momento en que la verdad sobre esta operación de propaganda salió a la luz).

Esta curiosa historia es una de las tantas que se pueden leer en «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», la tercera reedición de la famosa obra del historiador y periodista Jesús Hernández. Este libro, concretamente, fue con el que este experto en la Segunda Guerra Mundial se dio a conocer en el ámbito editorial en 2003. «Hoy muchos lectores saben de mi gracias a obras como “Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial” o “Breve Historia de la Segunda Guerra Mundial”, pero no tienen en su poder el libro con el que me di a conocer. Por eso lo he reescrito, he actualizado todos los datos y he añadido información que me ha parecido interesante para completarlo», afirma el autor en declaraciones a ABC.

La toma del Reichstag

Para entender la importancia de esta instantánea (conocida a la postre como «Alzando una bandera sobre el Reichstag», tal y como corroboran expertos como Gregorio Doval) es necesario viajar en el tiempo hasta el 16 de abril de 1945. Y es que, fue exactamente ese día cuando comenzó la Batalla de Berlín. Es decir, la última defensa a ultranza de la capital del Reich por parte de las escasas tropas alemanas que aún rendían culto a Hitler. En aquella época ya no era ningún misterio que los aliados (especialmente los soviéticos, quienes disponían de más de dos millones y medio de soldados y 6.000 carros de combate) avanzaban con el cuchillo entre los dientes hacia el último reducto del Führer.

En su contra, el que fuera uno de los líderes más poderosos de la primera mitad del SXX apenas pudo interponer 800.000 combatientes. Y la mayoría de ellos, además, no eran más que unos pobres niños reclutados de las «Juventudes Hitlerianas» con falsas promesas de gloria y un futuro imperio alemán comandado por un Hitler que, según les decían, resurgiría de sus cenizas. Mentiras. Estos pequeños soldados estaban acompañados, a su vez, de miles de ancianos armados y entrenados a la carrera por los restos de las escasas unidades que habían logrado sobrevivir a los continuos combates los aliados en media Europa. Eran, en definitiva, los estertores de muerte de un Reich que trataba de tomar sus últimas bocanadas de aire aún a sabiendas de que la suerte estaba más que echada.

Con el paso de los días, la situación se recrudeció todavía más para los defensores, quienes –a pesar de todo- estaban resueltos a defender al Führer. Un líder que, para muchos, ya había perdido la cabeza hacía semanas. «El 23 de abril, el general Weidling, comandante de la batalla de Berlín, informó a Hitler de que solo quedaba munición para dos días de combate. No obstante, afirmó que defendería sus posiciones mientras el cerco soviético se cernía sobre la ciudad, a escasas manzanas del búnker donde Hitler se sumía en sus delirios. El 30 de abril, Berlín era un infierno encarnizado en el que los rusos tenían un objetivo primordial: capturar el simbólico Reichstag, defendido con vigor por su guarnición», explica Chriss Mann en su obra «Las Grandes Batallas de la Segunda Guerra Mundial».

La misión de los soviéticos no era sencilla, pues entre los muros del edificio gubernamental se defendían nada menos que 5.000 miembros de las tristemente famosas Waffen-SS, las tropas más ideologizadas de toda Alemania. «El Reichstag se convirtió en una auténtica fortaleza. Para ello se minaron todas las calles que conducían al edificio, se colocaron barricadas y se cavaron trincheras y fosas antitanque. Los alemanes dispusieron varias piezas de artillería en el exterior y se hicieron fuertes en los sótanos, reforzados con vigas de hormigón y acero», determina Hernández en su obra «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial».

A pesar de la defensa a ultranza del Reichstag, los soviéticos sabían del golpe moral que supondría para sus enemigos perder este edificio. Por ello, los rusos cargaron sus fusiles Mosin-Nagant y sus subfusiles PPSh para, a finales de abril, tomarlo al precio que costara. Y es que, como es mundialmente conocido gracias a la «Orden 227», Stalin no tenía problema en anteponer los objetivos a la vida de miles de sus soldados. A los militares del Ejército Rojo no les quedó más, finalmente, que combatir por cada una de las habitaciones del enclave para expulsar de él a los soldados de las SS.

La gran mentira

En medio de aquel caos, en medio de toda aquella vorágine de muerte, la versión oficial del gabinete de Stalin afirma que el 30 de abril (cuando todavía no se había tomado totalmente el Reichstag y aún resistían varios cientos de alemanes en varias de sus salas) un soldado soviético logró llegar hasta el tejado del edificio. Una vez allí, descolgó la bandera con la esvástica e hizo ondear el paño soviético con la hoz y el martillo simbolizando así la toma de Berlín. Aquel momento –según lo que contó la U.R.S.S.- fue tan impactante que un fotógrafo lo inmortalizó para la posteridad con su cámara, dando lugar a una de las instantáneas más conocidas de toda la Segunda Guerra Mundial. La verdad es bien diferente, pues la imagen fue un montaje que se realizó el día 2 de mayo en base a lo que, según algunos combatientes, había sucedido varias jornadas antes, pero había sido imposible de inmortalizar.

«La apertura de los archivos secretos de la Unión Soviética tras su disolución desmintió que la imagen fuera de aquel día. El fotógrafo de guerra Yevgeni Jaldéi (1917-1997), de la agencia de prensa TASS, preparó la escena el 2 de mayo, cuando el Reichstag estaba ya asegurado. Para ello pidió a varios soldados que posasen de esa manera, colocando la bandera en la parte más alta del edificio. De las numerosas fotos resultantes de la sesión, escogió la que luego se haría mundialmente conocida», explica Hernández en su obra. Al parecer, lo único que pretendían los soviéticos era hacer una instantánea igual de impactante que la de los americanos en Iwo Jima.

Con todo, esa no fue la única «trampa» que protagonizaron los soviéticos con dicha fotografía. Y es que, una vez que la instantánea llegó a Moscú, los mandamases de la época decidieron que no era todo lo que heroica que debía ser y que necesitaba algún que otro retoque para quedar perfecta. El primero de ellos fue eliminar uno de los dos relojes que el soldado del Ejército Rojo que portaba la bandera tenía en una de sus muñecas.

Puede parecer algo absurdo, pero la razón es bastante sencilla: lo había obtenido saqueando los cadáveres de los soldados alemanes asesinados por sus compañeros aquel día. No se podía tolerar que el resto de los mortales supieran ese dato, así que fue eliminado. A su vez, y tal y como señala Hernández en su obra, fueron añadidas dos columnas de humo en el fondo de la imagen para que la situación de Berlín pareciese más dramática.

Montado el teatro, ya sólo quedaba difundir la fotografía y esperar a que se hiciese famosa. «La histórica instantánea sería publicada por primera vez el 13 de mayo en la revista ilustrada Ogonyok; a partir de entonces sería ampliamente reproducida en todas las publicaciones soviéticas e, incluso, en sellos de correos», explica el historiador en su libro. Finalmente, la prensa hizo el resto del trabajo y «Alzando una bandera sobre el Reichstag» se convirtió pronto en todo un símbolo de la victoria de la U.R.S.S. sobre Adolf Hitler y sobre el nazismo. Acababa una guerra, pero comenzaba una leyenda… falsa.

Con todo, a día de hoy se desconoce quién fue el artífice de esta operación aunque, como en todo, no faltan las teorías. Hernández, tras llevar a cabo las pertinentes investigaciones, apunta directamente al «camarada Stalin», aunque explica que es imposible corroborarlo: «Se ha especulado con que fue el propio Stalin el que animó al Departamento de Propaganda a conseguir esta histórica fotografía al contemplar con envidia la gran difusión que estaba teniendo la imagen de los soldados norteamericanos izando la bandera de las barras y estrellas en Iwo Jima. Por lo tanto, según esta hipótesis, el dictador soviético decidió contrarrestarla con una escena similar».

¿Quién puso la bandera?

Además de esta operación secreta de propaganda, los soviéticos también mintieron en torno a quien fue el encargado de izar la bandera sobre el Reichstag. En principio, se consideró que el responsable fue un sargento georgiano llamado Meliton Kantaria (el cual fue condecorado como héroe de la Unión Soviética). Sin embargo, con el paso de los años y las sucesivas investigaciones históricas el honor fue pasando de soldado en soldado.

«En realidad, ese honor debía corresponder al hombre que realmente colocó por primera vez la bandera roja en el emblemático edificio, a las 22:40 del 30 de abril de 1945: el ruso Mijail Petrovich Minin. Cuando todavía se estaba combatiendo en las salas y pasillos del Reichstag, Minin y otros tres hombres se ofrecieron para subir a la azotea y plantar allí la bandera, con la promesa de sus superiores de que, si lo conseguían, serían nombrados héroes de la Unión Sovíetica», explica Hernández. No obstante, la operación de propaganda hizo que no recibieran tal honor hasta 1995.


El Pais

  • La petición formal del Gobierno de Atenas a Berlín tensa la relación bilateral en plenas negociaciones con Europa

Izado de la esvástica en la Acrópolis en 1941. / BUNDESARCHIV

Deber moral, ejercicio de memoria histórica y un cierto ánimo de revancha (o de justicia poética, al menos): en la petición griega a Alemania del pago de reparaciones por la ocupación nazi (1941-44) durante la II Guerra Mundial se mezclan muchos sentimientos, sazonados por el nacionalismo que recorre todo el arco político del país, de derecha (Griegos Independientes, ANEL) a izquierda (Syriza) y viceversa. Pero, aunque suene extemporánea —Berlín lo considera un asunto zanjado—, la solicitud no se ha desempolvado de los anales; al contrario, desde 2010 era un clamor entre los sectores más nacionalistas de Nueva Democracia y Pasok, los partidos en el Gobierno hasta la victoria electoral de Syriza, el pasado 25 de enero.

En abril de 2013, un comité del Ministerio de Finanzas evaluó en 162.000 millones de euros —casi la mitad de la deuda griega, o el 80% del PIB— su cuantía, sumados el expolio y la destrucción de infraestructuras (108.000 millones) y la devolución del préstamo forzoso (54.000 millones) que el Banco de Grecia tuvo que conceder a Berlín en 1942 para financiar la ocupación. Prueba de que el asunto lleva tiempo sobre la mesa fue que en marzo de 2014 el presidente griego, Karolos Papulias —que de joven participó activamente en la resistencia—, formulara la reclamación a su homólogo alemán, Joachim Gauck, durante una visita oficial de este a Atenas.

Qué hace distinta ahora la exigencia tiene que ver con el radical cambio político y el sustrato ideológico del primer ministro, Alexis Tsipras, de orígenes comunistas (los comunistas, y la izquierda en general, fueron los grandes derrotados de la guerra civil que siguió a la ocupación). Hace una semana, el jefe del Gobierno remató su discurso programático en el Parlamento con la petición formal de compensaciones a Alemania, que figuraba en el programa electoral de Syriza. “Grecia tiene una obligación moral con su pueblo, con la historia, con todos los pueblos de Europa que han luchado y dado su sangre contra el nazismo”, dijo a pocos metros de la bancada del partido neonazi Aurora Dorada (17 escaños, tercera fuerza política del país). El mismo Tsipras, tras tomar posesión de su cargo, se dirigió al antiguo campo de tiro de Kesarianí, un barrio de Atenas, para rendir homenaje a los 200 resistentes, en su mayoría comunistas, fusilados por los alemanes el 1 de mayo de 1944 en represalia por un ataque sufrido por los suyos.

Su ofrenda floral pareció un simple acto simbólico, pero la solicitud formal de compensaciones va unos pasos más allá. “Grecia intenta usar diplomáticamente muchos medios para presionar a Alemania. Tsipras tiene motivaciones políticas y nacionales al tiempo. Su estrategia de comunicación es mostrar que protege la dignidad de los griegos, a menudo contra las políticas de Alemania. Pero a la vez muchos miembros de Syriza y el propio primer ministro creen estar en lo correcto al plantear esta reivindicación”, sostiene George Tzogopoulos, del centro de estudios Eliamep. “En las presentes circunstancias, este país necesita dinero, y las referencias a la II Guerra Mundial no ayudan. Grecia debería iniciar una disputa judicial con Alemania que llevaría mucho tiempo y cuyo resultado no está nada claro”, añade el investigador.

La memoria de la ocupación se transmite de generación en generación. Los más viejos del lugar, como Katerina Katragalos, de 85 años y vecina de Kesarianí, aún recuerdan “el chirrido de los ejes de las carretas cargadas de muertos, la mayor parte de ellos esqueletos de hambre y miseria, que eran recogidos como despojos de las calles” durante la invasión, una de las más bárbaras de Europa y que costó la vida a entre 200.000 y 300.000 griegos, según las fuentes (sólo en el invierno de 1941 a 1942 el hambre acabó con unas 100.000 personas); unas 40.000 sólo en la región de Atenas. También se recuerdan los expolios, el saqueo de cosechas, alimentos y bienes, o, en fin, la afrenta de la bandera nazi ondeando en lo alto de la Acrópolis, de donde fue arrancada por Manolis Glezos, hoy nonagenario eurodiputado de Syriza y principal promotor hace décadas de esta causa.

También ocupa un lugar destacado en los libros de texto el rosario de atrocidades perpetradas por las SS contra la población: Dístomo, donde mataron en 1944 a 218 civiles en respuesta a un ataque partisano; Kalávryta, con más de 700 víctimas mortales, o Ligiadis, con cientos de caídos. Algunos de esos crímenes de guerra, como el de Dístomo, han sido elevados a la justicia internacional, sin resultado. Ahora Atenas, con la petición a Berlín, abre un frente para restañar heridas que aún supuran, pero también para evitar males semejantes en el futuro, como apuntó hace días el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en Berlín: Alemania, felizmente, ha erradicado el nazismo; en Grecia es la tercera fuerza política en el Parlamento.


ABC.es

  • Lucirán desde el 7 al 9 de noviembre, para celebrar el 25 aniversario de la caída del muro (fotos, vídeo)
Así iluminarán 8.000 globos el trazado del muro de Berlín

Air Berlín ofrecerá en la noche del 8 de noviembre tres vuelos panorámicos por Berlín, sobre el trazado del antiguo muro, con motivo del 25 aniversario de su caída.

Los vuelos se realizarán en un avión Bombardier Dash Q400 de 76 plazas que despegarán entre las 17.30 y las 20.30 horas del aeropuerto Berlín-Tegel. Estos vuelos llevarán los números AB1989, AB1990 y AB1991 recordando así el año de la caída del muro, el de la reunificación alemana y el año de la constitución de Air Berlín como compañía aérea después del cambio de régimen.

Así iluminarán 8.000 globos el trazado del muro de Berlín

Los pasajeros de estos vuelos especiales podrán contemplar desde el aire, a una altura de unos 1.000 metros, los 15 kilómetros de la«frontera de luz» compuesta de 8.000 globos luminosos situados entre la calle Bornholmer Strasse y Oberbaubrücke, que iluminará desde el 7 al 9 de noviembre una parte del antiguo trazado del muro.

Así iluminarán 8.000 globos el trazado del muro de Berlín

Otro momento destacado de la tarde del 9 de noviembre será la presencia del famoso pintor francés Thierry Noir, que pintará dos trozos de muro original. Éste ya había contribuido en 1990 en la conformación de la East Side Gallery, declarado hoy Monumento Nacional. Thierry Noir concluirá en vivo su obra de arte en los trozos en forma de T con una altura de 3,60 metros. Posteriormente se expondrán las piezas del muro durante seis meses en el aeropuerto Berlín-Tegel.

Lichtgrenze es una obra de los artistas Christopher y Marc Bauder, junto al estudio de diseño Whitevoid, e incluye calles y avenidas principales de la capital alemana.

En Madrid


El Pais

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Mastaba (tumba en forma de pirámide truncada) de Mereruka (hacia 2300 antes de Cristo), visir del faraón Teti (VI Dinastía). / ISIDORO MERINO

Las cosas se han puesto feas en Egipto, un país maravilloso y fascinante al que recomiendo viajar en cuanto las aguas se calmen. Entre tanto, habrá que conformarse con los tesoros del arte faraónico (algunos, fruto del expolio sistemático de templos y tumbas por aventureros como Giambattista Belzoni) que se exhiben en museos de Europa y Estados Unidos.

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Museo egipcio de Turín (Italia)

En 2006, el escenógrafo Dante Ferretti, colaborador de Fellini y Pasolini, recreó la penumbra de una tumba faraónica para transformar la colección de esculturas del Museo Egipcio de Turín, una de las más importantes del mundo, en un espacio solemne y misterioso donde destaca una figura  sedente de Ramsés II, la joya del museo, fundado en 1824 por el rey Carlo Felice de Saboya con las estatuas, papiros, cerámicas, amuletos, muebles, momias, joyas, objetos domésticos y ajuares funerarios reunidos por Bernardino Drovetti (1776-1852) durante su estancia como cónsul francés en Egipto. Drovetti aprovechó su amistad con el virrey Mohamed Ali para sacar del país  más de 5.000 piezas que vendió por una fortuna.  Excavaciones posteriores, como las que realizaron Ernesto Schiaparelli y Giulio Farina entre 1903 y 1937, contribuyeron a enriquecer los fondos de la colección, que hoy cuenta con más de 26.500 piezas, de las que sólo unas 6.500 pueden ser expuestas.  EL PAÍS / EFE

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Museo Gregoriano Egipcio en los museos Vaticanos. Roma (Italia)

Creado por el papa Gregorio XVI en 1839, buena parte de sus fondos proceden de excavaciones en Roma y   Villa Adriana (Tívoli), lo que demuestra la importancia que alcanzó el culto a Isis, importado de Egipto, durante la época imperial.  Nicho de la Piña, con varias estatuas de la diosa Sejmet. / I. M.

 

Busto de Nefertiti en el Neues Museum

Neues Museum. Berlín (Alemania)

Hace 100 años que la bella Nefertiti,  “señora de la dulzura”, esposa del faraón Akenatón (1353-1336 a. C), llegó a Berlín. Su célebre busto, convertido en canon de belleza, fue  hallado entre las ruinas del taller del escultor Tutmose en el curso de las excavaciones en Tell el-Amarna que dirigía el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt; hoy reina altiva desde su pedestal en las salas de arte egipcio del Neues Museum, remodelado por el arquitecto británico David Chipperfield. /ACHIM KLEUKER / STAATLICHE MUSEEN ZU BERLIN

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Metropolitan Museum. Nueva York (Estados Unidos)

Cerca de 26.000 objetos, de un período que abarca desde el paleolítico a la era romana (300,000 a.C.–siglo IV d. C) constituyen las colecciones egipcias del Metropolitan, fruto de las misiones arqueológicas iniciadas por el museo en 1906. La estrella del museo es el templo de Dendur (siglo I a. C.), gemelo del madrileño de Debod y al igual que este, un regalo del Gobierno egipcio por la ayuda en el salvamento de los monumentos de Nubia tras la construcción de la presa de Asuán. Templo de Dendur / WIKIMEDIA

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British Museum. Londres (Reino Unido)

Junto a  tesoros como los mármoles del Partenón (reclamados por Grecia), el estandarte de Ur o las esculturas del mausoleo de Halicarnaso, el edificio neoclásico del British Museum, en el barrio londinense de Bloomsbury, alberga uno de los mayores conjuntos de sarcófagos, papiros y esculturas faraónicas. En él también se exhibe la piedra de Rosetta, que permitió a Champollion descifrar los jeroglíficos. Foto: Juicio de Hu-Nefer. Papiro tebano de la 19ª dinastía. / BRITISH MUSEUM

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Museo del Louvre. París (Francia)

El primer conservador del departamento de antigüedades egipcias del museo del Louvre fue Jean-François Champollion, padre de la egiptología moderna. En sus salas se pueden contemplar maravillas como El escriba sentado, una de las obras maestras del Imperio Antiguo, hallada en la necrópolis de Saqqara, cerca de Menfis (en la foto). / MUSÉE DU LOUVRE


EL Mundo

  • El tráfico ferroviario y aéreo se está viendo afectado
  • La policía está evacuando los alrededores de la estación
Evacuación

Los residentes de la zona son evacuados por precaución. | Reuters

Una bomba de la Segunda Guerra Mundial de unos 100 kilogramos ha sido descubierta junto a la estación central de Berlín, Hauptbahnhof. Su desactivación está provocando retrasos en el tráfico ferroviario y aéreo y la policía ha comenzado a evacuar a los vecinos de la zona, además de cortar varias carreteras.

Un comité de emergencia se reunió a las nueve de la mañana en la capital para decidir si el artefacto explosivo podía retirarse con seguridad para ser desactivado posteriormente o si era preciso que los artificieros actuasen sobre el terreno.

El tráfico ferroviario por el centro de Berlín se ha visto afectado durante toda la mañana, en el mejor de los casos sólo sería entre las 10 y las 12 de la mañana, advirtió la policía, aunque a esta hora continúan los retrasos.

Además, el aeropuerto de Tegel, cercano al centro de la ciudad ha cerrado su espacio aéreo y no permite que aterricen aviones.

En principio, los trenes de cercanías que circulan a través de la estación central no se verán afectados, según las autoridades, no así los de larga distancia que cruzan la capital, quehan sufrido retrasos y desvíos.

“Los viajeros deben prepararse para retrasos y desvíos en el tráfico de larga distancia”, advirtió un portavoz de la principal empresa ferroviaria alemana, la Deutsche Bahn (DB).

Además, el comité de emergencia debe decidir el tamaño del área en torno a la bomba que se ha de desalojar para que los trabajos de desactivación puedan realizarse en condiciones de seguridad.

Esta decisión podría conllevar nuevos inconvenientes para los usuarios del transporte ferroviario en Berlín, así como nuevos retrasos y desvíos en otras líneas de corta y larga distancia.

La zona donde fue encontrado anoche el artefacto permanece precintada desde entonces.

El pasado septiembre varios miles de personas fueron evacuadas en la localidad de Viersen (oeste de Alemania), donde los artificieros detonaron de forma controlada una bomba de 250 kilogramos de la época de la II Guerra Mundial.


El Mundo

Detenciones en Berlín tras el incendio del Reichstag en 1933.

Detenciones en Berlín tras el incendio del Reichstag en 1933.

Cuando se cumplen 80 años del incendio del Reichstag, la cuestión de la autoría no ha podido ser aún totalmente esclarecida por los historiadores, al igual que sigue bajo sombras el asesinato del hombre que predijo el suceso con todo lujo de detalles y que murió pocos días después, posiblemente a manos de las SA.

Sólo 24 horas antes del incendio, en la medianoche del 26 de febrero de 1933, el reportero Paul Marcus asistía en Berlín a un espectáculo del mago y adivinador Hermann Steinschneider, ‘alias’ Erik Jan Hanussen y conocido en la capital alemana como “el adivinador de Hitler“. Se había especializado en espectáculos de magia adivinatoria que causaban furor en las locas noches de la capital de la República de Weimar y, con el ascenso de los nazis, su clientela se había vuelto más selecta y de color pardo. Gracias a sus sonados éxitos había logrado financiación para establecerse en un teatro propio, en la Lietzenburgerstrasse, al que llamó ‘El Palacio del Ocultismo’.

Marcus cubría el evento para el periódico ‘La hoja de las 12’ y disfrutaba de un asiento en la platea desde el que tomó nota de los números preliminares. Para cerrar la noche, el misterioso Steinschneider hizo subir al escenario a la conocida actriz Maria Paudler, un tipo de cameo muy típico en los espectáculos del Berlín de los años 30. Fingió hipnotizarla para utilizarla como médium entre los espíritus que habitualmente le ayudaban a profetizar sobre acontecimientos futuros. Paudler pareció quedar medio mareada, en trance, por una iluminación estridente en torno a un círculo en el que aparecían los signos del zodíaco. Fue entonces cuando la actriz comenzó a hablar de sus visiones.

‘Resistencia inútil’ contra Hitler

Veo campos benditos. Alemania es feliz. Los alemanes aplauden a su líder… Pero él aún tiene enemigos que intentan un último golpe pero su resistencia será inútil…”.

El periodista escribía en su libreta palabra por palabra: “¿Qué sucede?… Oigo disparos… La gente grita…”, refirió la actriz, poniendo en pie a parte del público. “¿No hay fuego?”, preguntó, sugerente, el adivinador. “Sí, todo está en llamas… Veo el edificio de Wallot“, respondió ella, en clara alusión al edificio del Reichstag, diseñado por el arquitecto Paul Wallot. “Los criminales están en los talleres… Son los comunistas…”, añadió antes de caer desmayada y arrancar una ovación de los asistentes.

El relato apareció impreso unas horas más tarde, antes de que, el 27 de febrero, a las 21.14 horas, diese comienzo el trágico incendio que justificó a ojos de la opinión pública alemana la supresión del Parlamento y el estado de excepción proclamado por Hitler, y con ello el inicio de la dictadura.

Los acontecimientos se sucedieron con tanta rapidez que casi nadie reparó en aquella crónica del espectáculo, poco destacada entre el contenido del periódico. La policía presentó al comunista holandés Marinus van der Lubbe como culpable del incendio y comenzó una caza sin cuartel contra los opositores de Hitler. Pocos días después, el famoso adivinador Hermann Steinschneider apareció también muerto en las afueras boscosas de Berlín y con el sello inconfundible de los crímenes de las SA. Después, el silencio se cernió sobre este suceso.

Hermann Steinschneider había logrado sus éxitos a base de borracheras y sobornos. La financiación de sus espectáculos de adivinación incluía la celebración de fiestas y orgías a las que invitaba a los altos cargos emergentes de la jerarquía nazi y en las que recababa datos que después presentaba como adivinaciones sobre el futuro político de Alemania. Se llevó a la tumba el secreto sobre la fuente que le proporcionó por adelantado los planes para incendiar el Reichstag y el periodista que dio la exclusiva y que guardó silencio sobre aquellos hechos hasta 1951 reconoció 18 años más tarde que el mago había llamado a la dirección de ‘La hoja de las 12’ para “rogarnos que no publicásemos nada”.

Sentencia de muerte

Según Marcus, la dirección del periódico decidió recortar parte del contenido y en el texto publicado fueron borrados numerosos detalles de la predicción, una autocensura parcial que no sirvió para evitar la sentencia de muerte del mago. La actriz Maria Paudler, en sus memorias, recordaría que, efectivamente, vio llamas rojas cuando Steinschneider le cerró los ojos, induciéndola con algún tipo de sugestión, y que siguió el discurso del mago como quien sigue un camino en el bosque.

Un indicio de que Hermann Steinschneider disponía de información privilegiada sobre lo que iba a suceder es la referencia que, en las semanas antes del incendio, el 8 de febrero de 1993, hizo en su predicción del horóscopo, publicada en el ‘Hanussen Zeitung’, sobre “próximas revueltas de los socialistas y los comunistas“, que coincidiría con exactitud a la posterior versión oficial de los hechos.

“Estos grupos políticos, bajo la influencia de Neptuno, el planeta del caos, no le harán la vida sencilla al gabinete de Hitler… Con el transcurso del tiempo conoceremos una gran hostilidad secreta, conspiraciones que, sin embargo, no tendrán éxito”, decía en sus predicciones, en las que mencionaba incluso como fechas más trágicas entre el 24 y el 26 de febrero.

Con la perspectiva del tiempo, la frase que pronunció entonces, aludiendo a que en esa fecha “Hitler tendrá que pasar su gran prueba de fuego“, cobran un significado que pasó desapercibido para la mayoría de los berlineses de la época. No así para sus asesinos.


El Mundo

Berlín es una ciudad con más vidas que un gato, capaz de renacer de sus propias cenizas una y otra vez, de reinventarse a sí misma y así reinventar los tiempos. Hoy Berlín se toma un respiro en las decisiones de la crisis del euro, en la construcción de edificios gubernamentales y en la acogida a turistas del mundo entero que vienen a saborear en sus calles la Historia del siglo XX. Hoy Berlín hace un paréntesis para contemplarse a sí misma y cobrar conciencia de su edad, 775 años.

El primer berlinés del que se tiene constancia es un tal padre Simeón, del que se guardan unos escritos de 1247. Para entonces Berlín había cumplido ya un pequeño recorrido. Los primeros documentos en los que consta la existencia de esta ciudad, encrucijada de una zona de bosques pantanosos, dan fe de que fue fundada en 1237 con el nombre original de Cöll, y en 1300 ya había fagocitado a otro pueblo algo más pequeño denominado Berlín, nombre que prevalecería finalmente para una población conjunta de unos 7.000 habitantes.

Pero no entró de lleno en la Historia hasta 1415, cuando fue elegida capital del Estado de Brandemburgo, uno de los Estados que componían el Sacro Imperio Germánico.

Pronto surgieron dificultades. El elector Federico II desagravió a sus súbditos privándoles de ciertos privilegios, incluida la unidad de las dos ciudades, Cölln y Berlín. En 1447 y 1448 las levantiscas poblaciones de Cölln y Berlín se alzaron contra el monarca y este sofocó con crueldad la rebelión popular, primer momento histórico en que se restringen los poderes populares y el autogobierno conseguidos por la nueva burguesía de comerciantes y artesanos. Ahí se inicia un declinar económico y comercial que alcanza su punto más bajo durante el reinado del Elector Joaquín II, que se convierte al protestantismo, dando origen a la terrible guerra de los Treinta Años. Hacia el 1600, debido a la guerra y a los efectos de la peste, Berlín solo contaba con 12.000 habitantes.

Fueron los Federicos los que la auparon a una época de esplendor, el elector Federico Guillermo y su hijo Federico III. A ellos debe la ciudad importantes obras publicas como el Canal Oder-Spree, el palacio de Köpenick, el Luftgarten. Activaron el comercio con Hamburgo y Breslau y permitieron que otros grupos de población con diferentes religiones pudieran instalase en Berlín. Fundaron las Academias de las Artes y de las Ciencias. Así fue como llegó a capital de Prusia, en medio de delirios de grandeza y extravagancias cortesanas. Federico III llegó a tener en su corte a 6.000 franceses, en una población de 56.000 habitantes.

Sería su sucesor, Federico Guillermo I, el Merkel barroco, el que salvó al Estado de la quiebra al imponer desde 1713 una forma de vida mucho más austera y recortar drásticamente los gastos públicos. El carácter adusto, espartano y ahorrador, autoritario y laborioso, que identificamos hoy como alemán, lo impuso este monarca.

Capital del Imperio

Fue el epicentro del Movimiento Romántico, ligado a nombres como Tieck, Schlegel o E.T.A. Hoffman. Y tras un tropezón con Napoleón, que ocupó la ciudad el 27 de octubre de 1806, siguió su camino como capital europea. En 1826 se inaugura la iluminación a gas y en 1839 circula el primer transporte público urbano arrastrado por caballos entre Alexanderplatz y la Potsdamerplatz. Esla época en que el arquitecto Karl Friedrich Schinkel deja su sello en una Berlín que se industrializaba a toda velocidad y acogía una masa de campesinos emigrantes. El el 18 de marzo de 1847, el príncipe Guillermo ordena abrir fuego contra las multitudes que se manifestaban frente a su palacio. Mueren 250 berlineses cuya sangre regó la semilla revolucionaria. El 19 de marzo, el Rey se vio obligado a permitir la libertad de prensa, de asociación y la creación de partidos políticos, así como el derecho al voto. Su sucesor, Guillermo I, nombraría por primera vez un primer ministro, Otto von Bismarck.

Ya es capital del Imperio. La primera lámpara eléctrica llega en 1879. En 1902 se abre la primera línea de metro entre el Zoo y la Warschauer Tor. Comienza el sigloXX con 1.900.000 habitantes y con las organizaciones sindicales más poderosas de toda Alemania que en 1918, finalizada la I Guerra Mundial, fuerzan la proclamación de la República y el exilio del káiser Guillermo II, mientras los bandos socialistas y comunistas se despellejan entre sí y la derecha reaccionaria intenta fallidos golpes.

Berlín se ha convertido en la capital indiscutible de la cultura europea, con Fritz Lang, Bertok Brecht, Erwin Piscator, Max Reinhart, Elisabeth Bergner, Josephine Baker o Kurt Tucholsky, que hicieron de Berlín la ciudad más vibrante y creativa de los años 20. Pero los efectos de la crisis de la bolsa generaron una inflación desbocada que llevó a todo y a todos a ponerse en venta. La extrema miseria, económica y moral, llevó Hitler al poder en 1933, que la hundió en sus horas más negras y que dejó tras de sí una ciudad destruida en sus dos tercios, cubierta por 75 millones de metros cúbicos de escombro y dramáticamente dividida hasta que llegó Gorbachov, con su Perestroika, y un osado primer ministro húngaro que permitió el tránsito de los alemanes del Este al Oeste a través de Hungría. La caída del Muro de Berlín, marcada a fuego en la mentalidad berlinesa, constituye uno de los momentos más intensos de la conciencia histórica de la ciudad.

Está llevando décadas cerrar la cicatriz del Muro, pero Berlín es hoy una capital europea imprescindible y puntal de tendencias urbanas y artísticas. Tras recuperar el título de capital de Alemania en 2000, se ha vestido de edificios gubernamentales de cristal, buscando una imagen de transparencia y libertad, desde los que se toman decisiones que incumben a toda Europa y desde los que se disparan fuegos artificiales para celebrar este cumpleaños número 775. Berlín celebra con la satisfacción de quien es consciente de lo que ha costado llegar hasta aquí y con la desinhibición de quien es consciente de lo incierto que es el mañana.


El Mundo

El famoso busto de Nefertiti contará con una réplica en bronce para que el público de la muestra, que se inaugurará en diciembre en Berlín con motivo del centenario de su hallazgo, pueda tocar la efigie de la reina egipcia, según anunció este lunes la organización de la exposición: “Queremos que el visitante pueda experimentar la belleza del busto también a través del tacto“, declaró el arquitecto responsable del diseño de la exposición, Noel McCauley, durante la presentación de la muestra, al aludir a la réplica en bronce.

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La extrema fragilidad del busto original no permite su traslado, por lo que permanecerá en el lugar de honor que ocupa en el Museo Nuevo de Berlín, donde se expone desde finales de 2009. La muestra, que podrá verse entre el 7 de diciembre de 2012 y el 13 de abril de 2013, presentará alrededor de 600 objetos “en su debido contexto histórico-cultural”, anunciaron ya el pasado mes de junio los Museos Estatales de la capital alemana. Esta exposición permitirá una aproximación a la era de la reina Nefertiti y de su esposo, el gran faraón Akenatón, en torno a 1346 a.C.

Junto al busto, descubierto el 6 de diciembre de 1912 por el arqueólogo Ludwig Borchardt en el valle de Amarna, entre Luxor y El Cairo, los visitantes podrán ver muchos otros objetos hallados también entonces y nunca antes exhibidos públicamente, y que han sido debidamente restaurados. Así, el busto de Akenatón, hallado al tiempo que el de Nefertiti y al menos tan exquisito como el de su esposa, recuperará todo su esplendor con motivo de la muestra, señaló la directora del Museo Egipcio, Friederike Seyfried. No obstante, la efigie del gran faraón, procedente al igual que el de Nefertiti del taller del escultor Tutmosis, había sido destrozada en la antigüedad por los adversarios del que fuera instaurador del monoteísmo y considerado por ello hereje, y tras su hallazgo fue objeto únicamente de una mínima restauración.

La expedición arqueológica

Otra de las perlas de la muestra es el diario de las excavaciones, en el que se puede leer “(hallado) busto pintado de tamaño real de la reina, de 47 cm de altura”, con fecha del 6 de diciembre de 1912. “Los colores, como recién pintados. Trabajo excelente. Describir no aporta nada, hay que verlo”, quedó inmortalizado en el diario.

Para el director de los Museos Estatales de Berlín, Michael Eissenhauer, “lo emocionante es que los objetos hallados aportan una idea extremadamente ilustrativa del día a día de aquella época”.

Estos hallazgos, que forman parte de la colección de los museos berlineses, se complementará con préstamos de otras instituciones de todo el mundo, como el Museo Metropolitano de Nueva York, el Louvre de París y los museos Británico y de Arqueología Egipcia de Londres.

Durante las excavaciones en Amarna, los arqueólogos hallaron entre 7.000 y 10.000 objetos, de los cuales 5.500 se encuentran en Berlín. La mayoría de ellos no habían sido restaurados o estudiados hasta la actualidad y por el momento sólo se habían expuesto unos pocos.

El busto de Nefertiti, la llamada ‘Reina del Nilo’, de 3.300 años de antigüedad, se expone desde finales de 2009 en el Museo Nuevo (Neues Museum), que reabrió así sus puertas casi 70 años después de haber quedado arrasado por los bombardeos aliados sobre Berlín durante la II Guerra Mundial.

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