Detectan por primera vez un óxido metálico fuera del Sistema Solar


El Mundo

Recreación artística del planeta WASP-19b y de su estrella madre, WASP-19 ESO/M.KORNMESSER

El planeta extrasolar WASP-19b fue descubierto en 2009 y, desde el principio, llamó la atención de los científicos debido a lo cerca que está de su estrella. Tan próximo está que sólo tarda 19 horas en orbitarla, lo que lo convierte en el planeta con el periodo orbital más corto observado hasta ahora fuera del Sistema Solar. La proximidad con su estrella hace que se trate de un mundo infernal, con temperaturas de unos 1.700º C.

En 2013 las observaciones realizadas con el telescopio Hubble permitieron detectar moléculas de agua en este gigante gaseoso, situado a unos 1.000 años luz de la Tierra. Los científicos han seguido investigando su composición química y, ahora, este planeta vuelve a ser noticia porque en él han detectado por primera vez un óxido metálico en su atmósfera. En concreto, óxido de titanio. También han encontrado pequeñas cantidades de sodio y han confirmado la presencia de agua, además de detectar una especie de neblina que lo envuelve.

El estudio, en el que participa Antonio Claret, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), se publica esta semana en la revista Nature y, según sus autores, abre la puerta al estudio en detalle de la química atmosférica en planetas extrasolares, es decir, aquellos que están fuera del Sistema Solar. “Este estudio abre un nuevo camino porque pensábamos que la detección de estos óxidos metálicos era prácticamente imposible, pero hemos demostrado que podemos hacerlo”, explica Claret en conversación telefónica.

En esta ocasión han utilizado el Telescopio Muy Grande (Very Large Telescope) que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en Chile. El instrumento empleado para las observaciones realizadas entre noviembre de 2014 y febrero de 2016 se llama FORS2 y permite obtener información sobre la composición química, la temperatura y la presión atmosférica. “Es un instrumento muy versátil”, afirma Claret.

WASP-19b pertenece a una categoría de planetas denominada júpiter caliente porque sus tamaños son comparables al de Júpiter pero están mucho más cerca de su estrella que Júpiter del Sol. “La estrella madre, WASP-19, es de tipo solar. Tiene el 90% de la masa solar y la temperatura de sus capas exteriores es de 5.600º Kelvin, muy parecida a la del Sol, que es de 5.800ºK. Sin embargo, tiene una peculiaridad. Y es que la estrella madre rota tres veces más rápido que el Sol“, detalla el investigador del IAA.

“Mientras que la Tierra tarda 365 días en orbitar el sol, el planeta WASP-19b sólo tarda 19 horas. Está muy cerca de lo que llamamos el limite de Roche, que es la distancia mínima a la que un planeta puede acercarse a su estrella madre sin romperse“, explica el físico teórico. Las fuerzas de la marea también actúan sobre los gases que componen este exoplaneta: “Sabemos que está muy achapado”, señala.

Un componente de los filtros solares

El óxido de titanio es un ingrediente frecuente en los filtros solares porque bloquea la radiación ultravioleta, pero en las atmósferas de planetas tipo júpiter caliente, también absorbe el calor. Y en cantidades suficientemente grandes, estas moléculas impiden que el calor se disperse a través de la atmósfera, dando lugar a una inversión térmica. Es decir, la temperatura es más alta en la atmósfera superior, lo opuesto a la situación normal.

No sabemos qué cantidad de óxido de titanio hay en WASP-19b, sólo podemos decir que está presente“, señala Claret. “Muchas veces tienes un determinado elemento o molécula en una región pero no necesariamente la ves porque tiene que haber unas determinadas condiciones físicas para que se haga visible”. Lo explica con el siguiente ejemplo: “Si al cocinar dejas caer un poco de sal en el fogón, verás que la llama azul se vuelve un poco amarilla debido a la presencia de sodio en la sal, pero cuando la tienes en una cuchara no pasa nada”, compara.

Según aseguran los autores del estudio, liderados por Elyar Sedaghatiel, el hallazgo de este óxido metálico permitirá mejorar los modelos teóricos que se usan para analizar las atmósferas de los mundos potencialmente habitables.

Guillem Anglada Escudé, astrofísico de la Universidad Queen Mary de Londres, considera que “la detección de óxido de titanio es ciertamente interesante porque es un material que se sabe que existe en las atmósferas estelares (estrellas con temperaturas entre 2.500 y 4.000 K; el Sol tiene 5.800K pero se detecta en las manchas que son típicamente más frías). En este sentido, el planeta tiene que ser bastante caliente y, su superficie, más parecida a la de una estrella que a la de un planeta”, señala el científico, sin relación con este estudio.

“El hecho de que se detecte y sea estable en la superficie de un planeta como éste, un júpiter caliente, probablemente implica que hay fuertes vientos y turbulencia en la atmósfera”, añade el astrofísico.

Anuncios

¿Pudo la endogamia acabar con los neandertales?


ABC.es

  • Investigadores del CSIC han descubierto que las anomalías genéticas halladas en la primera vértebra cervical de esta especie demostraría que la endogamia les llevó a la extinción

 

sinc Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

sinc | Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

Un estudio llevado a cabo por investigadores de CSIC en la cueva asturiana de El Sidrón indica que la endogamia (la práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de un pequeño espacio geográfico) pudo ser un factor decisivo en la extinción de los neandertales, la «otra» especie inteligente que compartió con nosotros el continente europeo y que desapareció sin dejar rastro hace cerca de 30.000 años.

La investigación, que se publica en la revista PLOS ONE, indica que los neandertales vivían en grupos pequeños, relativamente aislados y con una baja diversidad genética. Según afirma a ABC el paleoantropólogo Antonio Rosas, que ha dirigido el estudio, «la endogamia, con la consecuente pérdida de diversidad genética fue, sin duda, uno de los factores que contribuyeron a la extinción de la especie. Se sabe, además, que por debajo de ciertos niveles de diversidad genética el proceso se hace irreversible, ya que disminuye la capacidad de reacción de la especie ante eventuales cambios ambientales».

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar una serie de anomalías congénitas en la primera vértebra cervical, llamada atlas y que constituye el punto de apoyo del cráneo sobre la columna vertebral.

«El atlas –explica Rosas– forma un anillo de hueso donde descansa el cráneo, y puede presentar una gran variedad de anomalías congénitas en la parte anterior y posterior del anillo. Entre ellas, la más sencilla es la dehiscencia (falta de cierre) del arco posterior en la línea sagital media».

En las poblaciones humanas actuales, esta clase de anomalía se presenta con una frecuencia muy baja, entre el 1% y el 4%. Por eso, las cifras de El Sidrón, donde se han hallado ya 13 individuos, resultan tan sorprendentes.

«De los tres atlas que tenemos en El Sidrón –asegura el investigador a ABC– dos presentan anomalías congénitas, lo cual supone una proporción muy superior a la tasa normal. Sabemos, por comparación con poblaciones humanas actuales y con otras especies de mamíferos, que esta clase de anomalías son muy poco frecuentes, y que suelen aparecer relacionadas con la endogamia».

Causa de extinción

«Si sumamos esta anomalía a otros indicadores de endogamia –afirma Rosas–, como la retención del canino de leche (que no se cae durante la infancia y permanece en edad adulta), las evidencias de que esa práctica pudo contribuir de forma decisiva a la extinción cobra gran importancia».

Los datos resultan coherentes con otras investigaciones genéticas llevadas a cabo tanto en los 13 neandertales de El Sidron, que indican que todos ellos estaban genéticamente muy próximos, como con lo que se sabe de los neandertales en general, «que vivían en grupos pequeños y con baja variedad genética. Esta causa, junto con otras, pudo ser uno de los desencadenantes de la extinción», afirma Rosas.

La misma situación de endogamia también puede darse en grupos humanos modernos, que vivan relativamente aislados en una isla o en valles poco comunicados.

Para el investigador, «una especie con baja diversidad genética está menos preparada para enfrentarse a un cambio climático brusco. Si a eso añadimos la llegada de un grupo nuevo al continente, los Sapiens, entonces la extinción se precipita».

A diferencia de los neandertales, nuestros antepasados directos vivían en grupos mayores y que se relacionaban entre sí, lo que se traducía en una mayor variabilidad genética de la que existía entre los neandertales.

A pesar de que los neandertales lograron sobrevivir en Europa durante 350.000 años, «siempre han funcionado en grupos pequeños», asegura Antonio Rosas, quien aclara que «no es lo mismo endogamia que consanguineidad, extremo que se da en una misma familia. El grado máximo de endogamia es la consanguineidad».

Mientras la consanguineidad puede tener efectos muy rápidos, la endogamia en un grupo pequeño y no necesariamente familiar va mucho más lenta. «Lo que hace, explica Rosas, es que las poblaciones estén cada vez más indefensas ante cualquier adversidad. Es como un virus oportunista, que no te mata él, pero te debilita y te termina matando otra enfermedad. Es lo mismo, pero no en un individuo, sino en una población. Se trata de un fenómenio evolutivo».

 

El Mediterráneo se llenó en menos de dos años, mucho más rápido de lo pensado


La Vanguardia

  • El estudio de Daniel García-Castellanos, publicado en ‘Nature’, recuerda que el mar llegó casi a secarse hace unos seis millones de años

g10p28f2

Madrid. (EFE).- La cuenca mediterránea tardó en llenarse de unos meses a dos años y no de diez a 10.000 años, como se pensaba hasta ahora, una descarga de agua, según los investigadores, que llegó a ser mil veces superior al actual río Amazonas.

Esta es una de las principales conclusiones de un estudio de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicado en Nature, en el que se recuerda que el mar Mediterráneo llegó casi a secarse hace unos seis millones de años, al quedar aislado de los océanos durante un largo período de tiempo, debido el actual levantamiento tectónico del Estrecho de Gibraltar.

Cuando las aguas del Atlántico encontraron de nuevo un camino a través del Estrecho, llenaron el Mediterráneo con la mayor y más brusca inundación que ha conocido nunca la Tierra, según los científicos. La enorme descarga de agua, iniciada probablemente por el hundimiento tectónico del Estrecho y el desnivel de ambos mares (de unos 1.500 metros), llenó el Mediterráneo a un ritmo de hasta diez metros diarios de subida del nivel del mar.

La inundación que conectó el Atlántico con el Mediterráneo provocó en el fondo marino una erosión de cerca de 200 kilómetros de longitud y varios kilómetros de anchura, según este estudio.

El investigador del CSIC Daniel García-Castellanos, que trabaja en el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera, en Barcelona, ha detallado que “la inundación que puso fin a la desecación del Mediterráneo fue extremadamente corta y más que parecerse a una enorme cascada debió consistir en un descenso más o menos gradual desde el Atlántico hasta el centro del Mar de Alborán”. Según Castellanos, se trató de un “megarrápido” por donde el agua circuló a cientos de kilómetros por hora.

Objetivo: Contribuir a unir Europa y África por un túnel
Cuando hace unos años los ingenieros del túnel que debía unir Europa y África estudiaron el subsuelo del Estrecho de Gibraltar se encontraron con un surco de varios cientos de metros de profundidad, rellenado por sedimentos poco consolidados. Los geólogos y geofísicos en los años 90 pensaron que esta enorme erosión había sido producida por algún río de gran caudal durante la desecación del Mediterráneo.

“Esperamos que el artículo contribuya, en cierta medida, a planificar las obras del túnel para unir Europa y África”, ha declarado García-Castellanos. En este sentido, ha indicado que el trabajo se basa en buena parte en los estudios preliminares de este proyecto, “muy condicionado por la presencia de ese canal erosivo que nosotros relacionamos con la inundación”.

Los científicos han demostrado, además, que la erosión no fue producida por un río durante la desecación del Mediterráneo, sino por un enorme flujo de agua procedente del Atlántico. El investigador del CSIC ha concluido que “un cambio tan enorme y abrupto en el paisaje terrestre como el que hemos deducido pudo tener un impacto notable en el clima de aquel período, algo que no se ha estudiado aún con suficiente detalle y a lo que podría ayudar este trabajo”.

En Marte hay agua líquida durante la noche


ABC.es

  • En los 5 primeros centímetros del suelo del cráter Gale se dan las condiciones ambientales necesarias para que exista agua líquida salada
NASA, JPL-CALTECH, MSSS Mástil y cubierta del rover, donde se encuentran los sensores del instrumento REMS

NASA, JPL-CALTECH, MSSS
Mástil y cubierta del rover, donde se encuentran los sensores del instrumento REMS

Un equipo de investigadores liderados por el español Javier Martín-Torres acaba de demostrar que el agua líquida puede seguir existiendo en Marte, por lo menos durante la noche y en su zona ecuatorial. El trabajo, que ha despertado gran expectación entre los científicos dedicados al estudio del Planeta Rojo, se acaba de publicar en «Nature Geoscience».

Martín-Torres, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, un centro mixto del CSIC y la Universidad de Granada, ha llegado a esta conclusión tras analizar los datos de la humedad y la temperatura atmosférica del planeta durante un año marciano completo (equivalente a más de dos años terrestres).

Los datos analizados proceden de uno de los instrumentos del rover Curiosity, REMS (Rover Environmental Monitoring Station), una estación meteorológica diseñada en España por investigadores del CSIC e integrada en el vehículo de la NASA, que desde hace años explora el cráter Gale, en el ecuador marciano. En ese tiempo, el vehículo robótico ha recorrido más de 9 km. en el interior del cráter.

Según la investigación, en los 5 primeros centímetros del suelo del cráter se dan las condiciones ambientales necesarias para que exista agua líquida salada (salmuera) durante la noche. Poco después del alba y a medida que las temperaturas aumentan, las salmueras se secan, pero cuando vuelve a caer la noche las sales presentes en el suelo (percloratos), vuelven a absorber el vapor de agua de la atmósfera. Los resultados sugieren, pues, un activo intercambio de agua entre la atmósfera marciana y la superficie de Marte.

«La presencia de agua líquida – explica Martín-Torres- es un hecho extremadamente relevante, ya que es uno de los requisitos esenciales para que exista vida tal y como la conocemos. Durante las horas en las que es posible la existencia de agua líquida, sin embargo, las temperaturas en Gale son demasiado bajas para el metabolismo y la reproducción celular tal y como se da actualmente en la Tierra, pero la posibilidad de que exista agua líquida en Marte tiene implicaciones enormes para la habitabilidad de todo el planeta, para su futura exploración, y para todos los procesos geológicos que estén relacionados con el agua».

El cráter Gale, en el ecuador de Marte, es una de las zonas más calientes y secas del Planeta Rojo. Por eso, los autores del estudio creen que si se ha encontrado salmuera en una zona donde las temperaturas favorecen la sequedad, ésta podría existir también en el resto de la superficie.

Al profundizar en el terreno más allá de los 5 cm. el agua puede permanecer también durante el día, aunque en forma de hielo. En palabras de Martín-Torres, «los modelos y las medidas tomadas bajo la superficie predicen que por debajo de 15 centímetros de profundidad las sales permanecen hidratadas también durante el día y a lo largo de todo el año, pero no en fase líquida”.

El trabajo también ofrece una posible explicación a los desprendimientos de material que se han observado por todo el planeta. Estos desprendimientos suceden de forma estacional, en los períodos más cálidos, en las laderas de muchos montes de Marte. Y según los investigadores estos derrumbes podrían estar causados por los cambios de estado de las salmueras presentes en los materiales del suelo.

La estación meteorológica REMS, diseñada en España por investigadores del CSIC, se encarga de monitorizar las condiciones ambientales sobre la superficie de Marte. En la medición de los datos analizados en este estudio también ha participado otro instrumento a bordo del Curiosity, DAN (Dynamic Albedo of Neutrons), que mide la hidratación del subsuelo.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»


ABC.es

  • La película ganadora de los Goya ha descubierto al público las marismas del Guadalquivir, el mayor arrozal de Europa
Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Héctor Garrido/EBD-CSIC Fotografía aérea de las estructuras fractales de las marismas andaluzas, una de las imágenes que forman parte de la cabecera de créditos de la película «La Isla Mínima»

La película«La Isla Mínima» ha descubierto al público las marismas del Guadalquivir, una de las zonas más inhóspitas de la Península hasta hace apenas medio siglo, pero que tras titánicas décadas de trabajo humano para desecarlas y roturarlas se han consolidado como el mayor arrozal de Europa.

Los sedimentos arrastrados por el Guadalquivir hacia el mar durante siglos colmataron el golfo conocido en la época romana como Lago Ligustino, que llegaba desde el Atlántico hasta Sevilla, y crearon una enorme marisma de unos dos mil kilómetros cuadrados, penetrada por el Guadalquivir y sus dos brazos más importantes: el Brazo del Este y el Brazo de la Torre.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Soto Grande, Almonte, Huelva Héctor Garrido/EBD-CSIC

Entre estos tres cauces se conformaron las denominadas islas Mayor y Menor, y ésta última fue seccionada por la Corta de los Jerónimos, una de las ejecutadas desde el siglo XVIII entre meandros del Guadalquivir para facilitar la navegación, creando la ínsula conocida desde entonces como la Isla Mínima, el paisaje argumental de la película del mismo nombre, galardona con diez Goyas.

El filme de Alberto Rodríguez no se ha rodado sólo en las 2.300 hectáreas de Isla Mínima, sino también en Isla Mayor, principal población de estos arrozales; la finca Veta la Palma y la intrincada red de caminos y de canales que conforman las 30.000 hectáreas de este arrozal de la margen derecha del estuario del Guadalquivir, que contrasta con la izquierda, poco alterada ya que desde mediados del pasado siglo alberga el Parque Nacional de Doñana.

El paisaje de los arrozales es radicalmente plano, inundado medio año, polvoriento el otro, en el que solo sobresalen los rectilíneos muros de los canales de agua que delimitan las tablas de arroz y alguna construcción o árbol singulares que sirven de referencia en decenas de kilómetros cuadrados.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Isla de Enmedio. Huelva Héctor Garrido/EBD-CSIC

Las geométricas tablas de arroz contrastan con la enrevesada red hídrica del estuario del Guadalquivir, como reflejan las fotos aéreas que cada mes realiza, desde hace décadas, el fotógrafo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) Héctor Garrido, algunas de cuyas imágenes de esta «armonía fractal de Doñana» ilustran «La Isla Mínima».

Las bandadas de miles de aves que viven en los arrozales conforman uno de los espectáculos más singulares de estas marismas, inalteradas durante siglos, aisladas por periódicas inundaciones y por la malaria y con un uso ganadero y cinegético marginal.

Fue en 1926 cuando buena parte de la margen derecha del estuario del Guadalquivir fue vendida por el marqués de Casa Riera a la sociedad británico-suiza Sociedad de las Islas del Guadalquivir, que comenzó su desecación y roturación para cultivar algodón y arroz.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Marisma de San Fernando, Cádiz Héctor Garrido/EBD-CSIC

Al fracaso de esta gran empresa, que ejecutó proyectos de infraestructuras desconocidos hasta la fecha en Andalucía, como kilómetros de canales, carreteras, vías ferroviarias y estaciones de bombeo, siguió el de la Compañía Hispalense de la Valoración de las Marismas y, posteriormente, ISMAGSA que también intentaron, con poco éxito, el cultivo del arroz durante la Segunda República.

Fue el general Gonzalo Queipo de Llano quien a partir de 1937 impulsó definitivamente el cultivo del arroz en esta zona, estratégico para abastecer al bando franquista, pues los otros arrozales españoles, la Albufera de Valencia y el delta del Ebro, permanecían bajo soberanía republicana.

Las condiciones en las que miles de braceros -muchos de ellos republicanos huidos de las matanzas de la Baja Andalucía y Extremadura- domeñaron la marisma para transformarla en un límpido arrozal se asemejaron a las penurias de los campos de trabajo forzado.

Numerosos presos de guerra y políticos también fueron empleados en la construcción de las obras para el riego de estos cultivos.

Así son de verdad las marismas del Guadalquivir de «La isla mínima»

Sancti Petri-La Barrosa. Chiclana. Cádiz Héctor Garrido/EBD-CSIC

La posterior llegada de agricultores valencianos expandió los arrozales por el Bajo Guadalquivir hasta consolidarlos como unos de los principales de Europa, con una cosecha de más de 300.000 hectáreas, casi la mitad de la producción española.

Al ignoto poblado de Alfonso XIII, denominado así al ser el puesto avanzado para las batidas de caza del monarca en estas marismas, le superó a mediados del siglo XX El Puntal, primigenio establecimiento de los braceros del arroz que luego se transformaría en la pedanía de Villafranco del Guadalquivir y, ya en democracia, en la actual Isla Mayor.

La Isla Mínima comenzó su transformación en la primera década del pasado siglo, cuando su propietario, Luis de Olaso, impulsó los regadíos agrícolas y el aprovechamiento ganadero en esta finca, en la que construyó un poblado con este nombre.

El aislamiento geográfico de estas marismas y el silencio forzado de miles de braceros que las transformaron la marisma en condiciones de semi-esclavitud, envolvieron a estas tierras en un halo de misterio desvelado en parte en la película de Alberto Rodríguez.

Medio siglo antes, Alfonso Grosso y Armando López Salinas ya advirtieron la singularidad de esta zona, que recorrieron en agosto de 1960 en un viaje antropológico plasmado en su obra «Por el río abajo», editada en París en 1966 y que no pudo ser publicada en España hasta 1977.

Atín Aya, fotógrafo prematuramente desaparecido en 2007, reflejó en blanco y negro el dramatismo de la vida en la marisma, también reflejado en algunas escenas de «La Isla Mínima».


Héctor Garrido

La necrópolis más antigua de la Península Ibérica está en Valencia


ABC.es

  • Científicos del CSIC han analizado diez cuerpos del conjunto funerario de El Collado, de hace 9.500 años, aún más viejo que los famosos concheros portugueses
La necrópolis más antigua de la Península Ibérica está en Valencia

CSIC | Enterramientos en el cementerio de El Collado, Valencia

Un equipo liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que la necrópolis de El Collado, en Oliva (Valencia), es la más antigua de la Península Ibérica. La datación de los restos óseos de diez de los 15 individuos enterrados en este conjunto funerario, con una antigüedad comprendida entre los 9.500 y 8.500 años, rompe con la idea de que los primeros cementerios ibéricos fueron los asentados en los concheros portugueses, como los ubicados en los estuarios de los ríos Tajo y el Sado.

Los resultados, publicados en la revista PLOS ONE, demuestran que esta necrópolis, la más grande de España, situada en el extremo meridional del Golfo de Valencia, tuvo un uso intermitente durante unos 1.000 años. El empleo de este espacio con fines sepulcrales coincide, por tanto, con otros yacimientos mesolíticos en Europa, como los de Vedbaek (Dinamarca), Skateholm (Suecia) o Téviec y Hoëdic (ambos en Francia).

Hace unos 9.500 años, las últimas comunidades de cazadores-recolectores que ocupaban la Península Ibérica comenzaron a enterrar de forma sistemática a parte de sus congéneres en cementerios, un hábito que se vincula a la progresiva sedentarización de estas sociedades y a un cambio significativo en la relación de sus territorios con las actividades económicas.

Según las dataciones por carbono 14 mediante espectrometría de masas, los restos más antiguos fueron enterrados en el sector sur y los más recientes en la zona norte. “Es significativo que la mayor parte de estas sepulturas no se superpongan ni se corten unas a otras, lo que indica que posiblemente se empleó algún tipo de señalización para indicar las inhumaciones, que era reconocida y respetada mientras se mantuvo la función funeraria de este lugar”, el investigador del CSIC Juan Francisco Gibaja, de la Institución Milà i Fontanals.

En el yacimiento mesolítico de El Collado, excavado en 1987 y 1988, se documentaron 14 enterramientos a lo largo de una superficie de 143 metros cuadrados. Uno de ellos contiene restos de dos individuos. Los datos antropológicos apuntan a que cuatro son mujeres y siete hombres, otros dos probablemente hombres y los dos restantes un adolescente y un recién nacido de los que no se ha podido determinar el sexo. Las dislocaciones documentadas permiten inferir que algunos de ellos fueron enterrados en algún tipo de sudario, saco o con algunos de sus miembros atados.

“Hasta hace poco, las dataciones relativas a un conjunto funerario solían limitarse a unos pocos individuos en el mejor de los casos, ya que en muchas ocasiones se solían realizar dataciones indirectas, es decir, de elementos vinculados al individuo enterrado, pero cuya antigüedad podía no corresponderse necesariamente con el evento funerario. Por ello, nosotros hemos tomado muestras directamente de los huesos humanos de los 10 individuos”, señala Xavier Terradas, investigador del CSIC en la Institución Milà i Fontanals.

El yacimiento es además un depósito de conchas, relacionado con el consumo de moluscos por estas comunidades, que vivían a menudo cerca del mar o de los estuarios. “A veces inhumaban a sus muertos en estos mismos lugares. Por lo tanto, estos moluscos tenían una función de subsistencia, pese a que en algunas ocasiones se hayan utilizado especies concretas con fines ornamentales”, agrega el investigador del CSIC. Juan F. Gibaja.

Un grabado tallado por neandertales en una cueva de Gibraltar


El Mundo

  • El hallazgo muestra que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva de los ‘sapiens’

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Grabado tallado por neandertales descubierto en la cueva de Gprham.

Una cueva de Gibraltar alberga el primer diseño abstracto realizado de manera intencionada por los neandertales que ha sido encontrado hasta ahora. Se trata de un sencillo grabado tallado en la roca de pequeño tamaño, unos 300 centímetros cuadrados: varias líneas cruzadas y paralelas en ángulo recto trazadas en el suelo de una cueva que estuvo habitada por los neandertales, una especie extinta de homínido que convivió con el Homo sapiens. Cuándo dejó de habitar el planeta sigue siendo objeto de debate entre los científicos, que sitúan su desaparición hace entre 41.000 y 24.000 años.

El hallazgo de este grabado supone una nueva prueba de que las capacidades cognitivas de los neandertales han sido minusvaloradas por los paleontólogos durante décadas de estudio de los yacimientos donde se han encontrado restos fósiles de homínidos y de los instrumentos que fabricaban.

Los trazos de la cueva gibraltareña de Gorham mostrarían, según los autores de este estudio con participación española publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que la capacidad de pensamiento simbólico no era exclusiva del Homo sapiens. «Fue un grabado intencional y simbólico, aunque nunca llegaremos a comprender su significado», explica a EL MUNDO Juan José Negro, ecólogo de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y coautor del estudio.

Se muestran convencidos de ello porque han descartado la posibilidad de que las marcas, de hasta seis milímetros de profundidad, fueran realizadas de forma accidental, por ejemplo, mientras cortaban carne o piel con instrumentos líticos. Para averiguarlo, imitaron y repitieron distintos procesos utilizando herramientas originales de los neandertales.

Pensamiento abstracto

Su conclusión es que «para hacer el grabado, hace entre 40.000 y 45.000 años, hicieron falta varias horas de trabajo. Tuvo que pasar la herramienta cientos de veces», dice Negro. «Es un trabajo ex profeso, realizado con un objetivo, por alguien que ya había hecho algo así más veces», añade Joaquín Rodríguez -Vidal, catedrático de Geodinámica de la Universidad de Huelva y autor principal. «Los neandertales eran capaces de pensar, de abstraerse y de representar ese pensamiento», asegura.

Según relata por teléfono el geólogo, el grabado fue descubierto hace dos años. Desde entonces han realizado un estudio exhaustivo para confirmar que su firma es neandertal, una tarea a la que ha contribuido la naturaleza, pues estaba cubierto por sedimentos acumulados en época neandertal: «Los procesos químicos de disolución de sedimento han formado una pátina química de mineral sobre el grabado, que lo ha conservado como si fuera un barniz. Es una circunstancia excepcional», dice Rodríguez -Vidal.

Los paleontólogos creen que neandertales y sapiens convivieron durante varios milenios. Según una investigación publicada en agosto en Nature que examinó fósiles y herramientas de 40 yacimientos europeos, la convivencia duró entre 2.600 y 5.400 años dependiendo de la región. Según sostiene ese reciente estudio, los neandertales se extinguieron hace entre 41.000 y 39.000 años. Sin embargo, otros autores establecen que los neandertales vivieron en Gibraltar hasta hace hace unos 25.000 años. Juan José Negro se muestra convencido de que los neandertales vivieron en Gibraltar, al menos, hasta hace 30.000 años.

Muy parecidos a los ‘sapiens’

Tanto Negro como Rodríguez-Vidal subrayan que cada vez hay más pruebas de que los neandertales se parecían mucho a los sapiens, pese a la creencia tan extendida en el mundo académico de que nuestra especie era intelectualmente superior.

Recientemente se hallaron, también en la misma cueva de Gorham, que se excava desde mediados del siglo pasado, restos de palomas calcinadas que sugieren que los neandertales ya tenían la capacidad de cazar aves y cocinarlas usando fuego.

La cueva de Gorham, en Gibraltar, donde se descubrió el grabado hace dos años.CLIVE FINLAYSON

Asimismo, recuerda Negro, se ha documentado en distintos yacimientos el uso que hacían del fuego, el empleo de pieles para vestirse, la utilización de plumas de grandes aves y garras de águilas reales para ornamentación o la manera en que enterraban a sus muertos, hallazgos que denotan «que tenían comportamientos elaborados y ciertas capacidades intelectuales».

«Con este descubrimiento hemos abierto la puerta a que se reinterpreten hallazgos pasados, evidencias que han podido pasar desapercibidas, que no han sido publicadas o han sido publicadas en revistas secundarias, sobre sus capacidades cognitivas», dice el ecólogo de Doñana.

REFUGIO EN GIBRALTAR

El territorio que hoy es Gibraltar fue hogar de los neandertales durante los aproximadamente 200.000 años que habitaron la Tierra. Allí y en Bélgica se hallaron los primeros fósiles de esta especie. Pero los alemanes que posteriormente encontraron más restos de este homínido en el valle de Neander fueron más rápidos en publicar su descubrimiento y por eso se bautizó como Homo neanderthalensis. Recuerda la anécdota el ecólogo Juan José Negro, que subraya que Gibraltar fue «un refugio para los neandertales», pues su clima se mantuvo estable gracias a su cercanía al mar y a su latitud. «Hemos demostrado que la fauna neandertal era muy similar a la que hay ahora en Doñana».

Luxor tenía una tumba de hace 4.000 años con un centenar de momias


El Pais

  • La sepultura, de la Dinastía XI, ha sido encontrada en la necrópolis de Dra Abu el Naga por el equipo del proyecto Djehuty

Tumba encontrada por el equipo del Proyecto Djehuty en Luxor. / CSIC

A veces ocurre que la arqueología en Egipto es tal y como la imaginamos o la soñamos. El equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor) bajo dirección del madrileño José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de una tumba de la Dinastía XI —hace cuatro mil años— realizado en circunstancias dignas de una novela de aventuras. El descubrimiento se produjo al final de la última campaña, la 13ª, cuando tras excavar un pozo funerario en el patio de la sepultura de Djehuty que daba acceso a dos cámaras sepulcrales los investigadores dieron inesperadamente con un agujero en la pared de una de estas que conducía a una gran tumba. Al pasar a este nuevo recinto los egiptólogos se encontraron con el suelo literalmente cubierto de momias, cerca de un centenar de ellas. La tumba, que había sido saqueada, debe pertenecer a un personaje de la realeza o a un alto funcionario de la corte, “un responsable del Estado”, según el ministerio de antigüedades de Egipto. Aunque las momias, al parecer, son de clase media.

“Hay varias decenas de momias, quizá un centenar”, ha explicado a este diario Galán. “Las momias, por la numerosa cerámica que hemos encontrado junto a ellas, las fechamos en la Dinastía XVII, pero la tumba es 500 años más antigua, de la Dinastía XI, como prueban sus características. El recinto fue claramente reutilizado como sepultura colectiva, casi como fosa común, de personas corrientes”.

Galán, hombre cabal poco dado a entusiasmos, explica que el hallazgo fue “muy emocionante” y narra así el episodio: “Entramos a la tumba por un agujero que nos llevó a un pasillo de veinte metros de largo, dos de alto y dos de ancho, que conducía a un pasaje descendente hasta una cámara sepulcral. Todo estaba sembrado de cuerpos revueltos, un amasijo de restos humanos y lino”. Los investigadores no han encontrado aún la puerta de la tumba. “Hemos accedido por el medio del pasillo. La puerta permanece tapiada por escombros, no se la ve aún. Hay otras cámaras que también están llenas de escombros”.

Objetos encontrados por el equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor). / CSIC

La tumba es de dimensiones muy grandes y está muy bien tallada. No tiene pinturas ni relieves, como es habitual en la Dinastía XI. Galán encuentra paralelos en la que halló Howard Carter en 1909 en el vecino Deir el Bahari —y en la que también encontró muchos cuerpos—, y en las del también cercano El Tarif, pertenecientes a la familia real o a la élite. De la nueva tumba, Galán dice que no tienen aún “ni idea“ de a quien pertenecía. “De momento solo hemos hecho una inspección preliminar, tomado las medidas, realizado foto y una filmación”. De hecho, el descubrimiento fue “en directo”. Se produjo mientras filmaba los trabajos de excavación Javier Trueba, que prepara un documental para TVE que se estrenará en otoño (En busca de Djehuty, entre tumbas, momias y jeroglíficos). “Bajamos al pozo que habíamos excavado, me asomé al agujero, Javier me pasó un foco y entré mientras el me seguía filmando con la cámara, así que captó todo el hallazgo incluidas mis expresiones de asombro, con alguna interjección fuerte, justificable por la intensidad del momento”, explica Galán.

De la significación del descubrimiento, el investigador señala que confirma que “en egiptología no es bueno simplificar; tradicionalmente se considera que Dra Abu el Naga es el lugar de enterramiento de la Dinastía XVII y El Tarif de la XI, pero nuestra excavación demuestra que en realidad los enterramientos se van superponiendo, que el cementerio es usado en todas las épocas”. Galán recuerda que ya antes, hace cinco años, encontraron el enterramiento del arquero Iker, un individuo de tiempos de la Dinastía XI metido en un ataúd de madera.

 

De las nuevas momias, dice que han aparecido muy revueltas y que aún hay que estudiarlas aunque parece claro que se trata de enterramientos de personas de clase media depositados en una tumba más antigua para aprovecharla, con lo que la sepultura se convierte en un cachette, un escondite de momias. “Todo un regalo para los paleopatólogos, que tienen mucho material humano para estudiar”. El ocupante original de la tumba podría haber sido un miembro de la familia real de la Dinastía XI pero las cerámicas muestran que las momias halladas son de la XVII. No se han encontrado ataúdes ni sarcófagos, ni sus trozos. “Pero hay toda una parte de la tumba aún por desescombrar incluida una sala lateral, así que puede haber nuevos descubrimientos”.

Galán recalca que lo más importante del hallazgo es que la nueva tumba “es la punta de un iceberg, nos anuncia lo que nos espera que es sin duda nuevas tumbas de la Dinastía XI, posiblemente todo un cementerio”. El Proyecto Djehuty, al que ha confirmado un año más su patrocinio Unión Fenosa, retomará las excavaciones la próxima temporada.

El egiptólogo explica que la Dinastía XI, 2.000 años antes de Cristo, en la transición del I Período Intermedio al Reino Medio, con Mentuhotep como faraón principal, fue la primera en convertir Tebas en la capital del Alto y Bajo Egipto tras vencer a los gobernantes de Heracleópolis Magna (donde precisamente excava la misión española que dirige Mari Carmen Pérez Die). La posterior Dinastía XVII, que 500 años después, en otro período intermedio, el segundo, devolvió la capital a Tebas dando paso al Imperio Nuevo, buscó su inspiración en la Dinastía XI, tomándola como modelo. Por su parte, los grandes faraones de la Dinastía XVIII, como la reina Hatshepsut, de la que era alto funcionario Djehuty, y Tutmosis III, también miraron hacia la XI.

El misterio de la momia egipcia de Neb


El Mundo

  • EL MUNDO asiste a la apertura de un ataúd de hace 3.600 años
  • En su interior se ha hallado la momia de un hombre de unos 35 años
  • El hallazgo se ha logrado en la necrópolis de Dra Abu el-Naga

El ataúd está intacto. Fue sellado hace 3.600 años y desde entonces nadie había puesto sus manos encima ni había contemplado la bella decoración que algún maestro egipcio de la antigua Tebas plasmó en este lienzo de madera durante la Dinastía 17. Los arqueólogos españoles del Proyecto Djehuty que desde hace 13 años excavan en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en Luxor, lo rescataron el 10 de febrero de un pozo funerario de cuatro metros de profundidad.

Cinco días después del extraordinario hallazgo, están impacientes por conocer a su propietario y comprobar el estado de conservación de su momia. Antes de abrir el ataúd, de dos metros de largo y medio de ancho, sólo saben que se llamaba Neb y que murió hacia el 1600 a. C.

Todo está listo para su apertura y parece que hoy [el pasado sábado] será el gran día. La caja ha sido trasladada desde la cámara sepulcral excavada en la roca donde se encontró, al patio de entrada de la tumba de Djehuty (1470 a. C.), el alto funcionario que da nombre a esta excavación en la que, para alegría y sorpresa del equipo liderado por el arqueólogo del CSIC José Manuel Galán, se están realizando importantes hallazgos de épocas inesperadas. Durante la Dinastía 18, Djehuty fue el supervisor del Tesoro (un cargo equivalente al de ministro) de la Reina Hatshepsut, una de las poquísimas mujeres que ejerció como faraón durante el Antiguo Egipto.

El ataúd antropomorfo de Neb reposa majestuoso sobre una tabla de madera dispuesta encima de varias cajas de plástico de colores, como las que usan para transportar la fruta. Es emocionante apreciar de cerca sus vivos colores, sin la barrera de las urnas de cristal de los museos: el intenso negro de sus ojos, delineados con khol; el ocre que imita el color de la piel de su rostro o los verdes azulados que se eligieron para sus cejas y parte del cuerpo.

“Se han encontrado muy pocos ataúdes como éste ya que sólo se usaron durante un corto periodo de tiempo, cuando Egipto no estaba unificado”, relata Galán mientras explica el significado del par de alas extendidas dibujadas: “Es un ataúd de tipo rishi (que en árabe significa pluma). La diosa alada le abraza por detrás para protegerle durante la eternidad“. La Dinastía 17 es un periodo bastante desconocido pero muy interesante históricamente, pues fue en esta época cuando Tebas se convirtió en capital del reino.

Imagen de la caja funeraria completa. José Latova

Durante la presente campaña, que comenzó a mediados de enero, han excavado tres pozos funerarios. Dos de ellos fueron saqueados en época antigua aunque aún conservaban parte del ajuar funerario del dueño. Pero uno de los tres pozos excavados estaba intacto, con la cámara sepulcral sellada con adobes: “Dentro se encontraba este magnífico ataúd, con una policromía realmente espectacular”, relata satisfecho Galán, cuyo objetivo es que en unos años, quizás dentro de una década, el conjunto de tumbas que están excavando y restaurando sean visitables para el público.

En el momento del descubrimiento del ataúd estaba con él la arqueóloga María Ángeles Jiménez, investigadora de la Universidad de Liverpool, que recuerda cómo el material que encontraron cuando llegaron al metro y medio de profundidad en la excavación del pozo les hizo sospechar ya que allí abajo podía haber un enterramiento.

“Aparentemente se encuentra en buen estado de conservación. Veremos ahora cómo está la momia”, añade Galán mientras nos presta una linterna para que miremos por el pequeño agujero de la parte frontal de la caja, que permite intuir los linos que envuelven el cuerpo de Neb.

El ataúd se abrirá al final de la mañana. La jornada de trabajo para la veintena de investigadores del Proyecto Djehuty se prolonga desde las 7 hasta las 15 horas, mientras que el centenar de obreros egipcios contratados para la campaña, financiada por Unión Fenosa Gas, se marcha a la 13 horas. Hay alegría y emoción entre los miembros del equipo, pero también nervios. Mientras el mudir (jefe) Galán, como le conocen todos, ultima los detalles de la apertura del féretro de madera, los investigadores siguen a lo suyo con sus respectivas tareas. Hay mucho trabajo que hacer y queda poco más de una semana para que concluya la campaña.

Mientras tanto, la restauradora Pía Rodriguez Frade se pone los guantes y comienza a retirar una a una las seis espigas o clavos de madera de acacia (tres a cada lado) que unen las dos partes del ataúd de Neb. Delicadamente las va guardando en una caja. Salen con facilidad, y apenas tarda diez segundos en desincrustar cada una de ellas. ¿Qué se le pasa a uno por la cabeza mientras retira estas piezas milenarias? “Sólo pienso en que no se rompan”, explica la restauradora, cuyas manos han retirado las espigas de otros cuatro ataúdes desenterrados por la misión Djehuty en diversas temporadas: Iker, Valentina y los dos niños (de cinco y once años) que están guardados en una caja de madera frente a Neb.

Aunque el descubrimiento se produjo el lunes 10 de febrero, los arqueólogos tuvieron que mantenerlo en secreto hasta que el jueves 14 el Ministerio de Antigüedades egipcio lo anunció a los medios de comunicación. El viernes, día de descanso en la excavación, los españoles pudieron por fin celebrarlo en el patio del Hotel Marsam, donde también se alojan los arqueólogos de una misión belga y otra alemana. Disfrutaron de la famosa paella que casi todas las semanas prepara el alicantino Joan Ivars, regada con vino egipcio y aperitivos de España.

La expectación creada por el anuncio congrega en el yacimiento arqueológico a diversos responsables arqueológicos de la zona y la apertura se retrasa. Finalmente Galán y cinco miembros de su equipo rodean la caja y la destapan en menos de tres minutos. Dentro yace una momia con una parte del cuerpo ladeada. Las vendas que la recubrían están rotas en varias zonas del cuerpo, dejando al descubierto parte de las costillas y otros huesos. Se distingue alguna telaraña y restos de algún tipo de planta, pero no hay rastro de joyas u objetos de valor.

Roxy Walker, directora de investigación del Instituto de Bioarqueología de San Francisco (EE UU) y encargada de estudiar los restos humanos, entra en escena para hacer un primer análisis de la momia y su estado de conservación.

José Manuel Galán, junto al ataúd hallado en Luxor. José Latova

Por los huesos que pueden verse y los sudarios que están más estropeados,Walker cree que se trata de un hombre de mediana de edad, de unos 35 o 45 años. “En los próximos días le haremos una serie de radiografías que espero que nos permitan ver sus dientes y afinar un poco más su edad, su condición física y quizás las causas de su muerte”, relata Galán. Se utilizará para ello un equipo de rayos X portátil, pues la momia no saldrá del yacimiento.

En otra zona de la tumba de Djehuty se ha dispuesto la tapa del ataúd. El domingo 17, Pía Rodríguez comienza los trabajos de limpieza y consolidación, aunque apenas les queda una semana de campaña y la restauración completa tendrá que esperar a 2015. Equipada con una jeringuilla, una pipeta de agua, un gancho de dentista y espátulas de escayolista, va haciendo pruebas en pequeñas zonas del ataúd: “Para limpiarla usamos agua y alcohol porque sólo tiene polvo y las policromías son muy frágiles. No lleva barnices como los retablos”.

Por otro lado, para consolidar las zonas de color que se han separado del ataúd debido a los cambios de temperatura a los que el féretro ha estado expuesto, utiliza un adhesivo de celulosa que aplica cuidadosamente con una jeringuilla. Se trata de un producto que un colega de otra excavación le recomendó el día anterior cuando fue a ver el hallazgo.

Según la restauradora, la madera con la que se ha fabricado es de baja calidad, aunque su estado de conservación es bastante bueno. La profundidad a la que estaba le han librado de la humedad y de las termitas que tanto dañaron el ataúd de Iker (Dinastía 11), que se exhibe en el Museo de Luxor. Quizás Neb no tarde mucho en ocupar otra de sus vitrinas.

El ataúd de 3.600 años de antigüedad hallado en Luxor.

El ataúd de 3.600 años de antigüedad hallado en Luxor. José Latova

El vórtice polar de Venus se mueve de forma impredecible


El Mundo

  • Los vórtices atmosféricos son flujos turbulentos que rotan en espiral
  • Esta especie de ciclón se mueve a velocidades de hasta 55 km/h
  • Investigadores de la UPV/EHU lideran este estudio en ‘Nature Geosciencie’
El estudio se realizó con datos de la sonda 'Venus Express'.| CSIC

El estudio se realizó con datos de la sonda ‘Venus Express’.| CSIC

La misión espacial Venus Express de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha estudiado el comportamiento del vórtice del polo sur de Venus y ha observado que se mueve de forma impredecible en torno al polo sur geográfico a velocidades de hasta 55 kilómetros por hora.

Los vórtices atmosféricos son flujos turbulentos que rotan en espiral, algo así como una especie de ciclón persistente. Son frecuentes en las regiones polares de los planetas del Sistema Solar de rotación rápida, como la Tierra, Júpiter y Saturno, pero también pueden producirse en cuerpos de rotación lenta, como es el caso de Venus.

El estudio, publicado en ‘Nature Geoscience’, está liderado por investigadores del grupo de Ciencias Planetarias de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). El trabajo se ha incluido en la página web de dicha publicación y el próximo mes de abril aparecerá en la edición en papel, según ha informado la facultad de Ingeniería. En la investigación también han participado un investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC) así como el Observatorio Astronómico de Lisboa, el Observatorio de París y el Instituto de Astrofísica Espacial y Física Cósmica de Roma.

Datos de la ‘Venus Express’

La investigación se centra en el vórtice ubicado en el Polo Sur de Venus, una especie de ciclón persistente y a gran escala que constituye uno de los grandes enigmas del astro más parecido a la Tierra del Sistema Solar

A diferencia de otros fenómenos similares, como los vórtices polares de la Tierra o el conocido como hexágono de Saturno, el trabajo de los investigadores vascos ha demostrado que el de Venus es mucho más variable e impredecible de lo que se creía.

Para llevar a cabo este estudio, el grupo de Ciencias Planetarias ha utilizado el instrumento más sofisticado instalado en la nave espacial ‘Venus Express’, VIRTIS-M: una cámara espectral que obtiene imágenes en diferentes niveles de la atmósfera venusiana. Los investigadores estudiaron de manera simultánea el vórtice a dos alturas diferentes, a 42 y a 63 km de la superficie del polo sur de Venus.

“En cada uno de los planetas que presentan atmósfera los vórtices polares exhiben un comportamiento que obedece al régimen atmosférico existente. El caso de Venus es muy especial en el Sistema Solar, ya que el planeta tarda 243 días en girar sobre sí mismo mientras que su atmósfera lo hace unas 60 veces más rápido, dando origen a un régimen atmosférico llamado superrotación que sólo comparte con Titán, una de las lunas de Saturno”, explica el investigador del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía Javier Peralta.

El estudio, titulado ‘Un vórtice caótico y longevo en el Polo Sur de Venus’, ha estado liderado por Itziar Garate, estudiante de doctorado de la UPV/EHU en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao, que trabaja en su tesis doctoral centrada precisamente en la dinámica atmosférica polar del segundo planeta del Sistema Solar.

El citado vórtice ha sido objeto de observaciones durante años, pero todavía no se ha podido explicar su variabilidad, ya que es capaz de alterar su forma en tan sólo un día o permanecer estable durante semanas.

El Grupo de Ciencias Planetarias de la UPV/EHU está dirigido por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega y se centra en investigar el área de las atmósferas de los planetas del sistema solar. También coordinada la red de observaciones IOPW (International Outer Planets Watch-Observación Internacional de los Planetas Exteriores) y participa en el análisis de datos de otras misiones espaciales.