Tag Archive: Mercurio



El Mundo

  • El planeta más cercano al astro rey se verá como un punto negro
  • No debe mirarse al Sol directamente: se podrá observar por ‘streaming’ o en el Planetario de Madrid

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Los llamados ‘tránsitos planetarios’ son fenómenos poco frecuentes. Es por ello que la astronomía se vuelca con estos paseos celestes, en los que Mercurio o Venus pasan por delante del disco solar.

Este lunes, será el planeta más cercano al Sol, Mercurio, quien se verá como un pequeño punto negro navegando en la inmensidad amarilla del astro rey, visto desde la Tierra.

El evento será visible desde “desde toda España. También desde el resto del oeste de Europa, el extremo más occidental de África y el este de América”, apunta Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN).

La inmersión de Mercurio en el disco solar se iniciará a las 13.12 (hora de Madrid), con el Sol bien alto; el planeta se empezará viendo como una gota negra, donde su silueta se funde con el borde del Sol. El máximo acercamiento se alcanzará a las 16.57. El tránsito concluirá a las 20.42, ya con el Sol muy bajo en el horizonte.

¿Por qué no pasa todos los años?

“Hay que tener en cuenta que Mercurio es muy pequeño, su tamaño aparente, visto desde la Tierra, es unas 160 veces menor que el del Sol. Por eso es extremadamente difícil localizar el punto negro”, recuerda Bachiller.

Los tránsitos de Mercurio se dan sólo en los primeros días de mayo o en los primeros de noviembre. El tránsito más reciente tuvo lugar el 7 de mayo de 2003, y el siguiente a éste del 9 de mayo de 2016 sucederá el 11 de noviembre de 2019. El siglo XXI cuenta con un total de 14 de estos tránsitos.

Mercurio no orbita exactamente en el mismo plano que la Tierra. De ser así, cada vez que se alineasen perfectamente (conjunción inferior) tendríamos un tránsito, y eso ocurriría cada 116 días. Es el mismo motivo por el que no tenemos un eclipse lunar cada mes, en lugar de luna llena.

La primera vez que se vio a Mercurio atravesar el disco solar fue en 1631, ya con el telescopio inventado. Fue previsto por Kepler.

Mirar con precaución

Nuestra estrella está pasando por un periodo de actividad muy alta. Es probable que el día 9 se observen manchas sobre su superficie. Para distinguirlas del planeta basta con considerar que “la silueta de Mercurio aparecerá bien redonda y de borde nítido”.

Eso sí: es muy importante observar el tránsito con el instrumental y protección adecuados. Nunca hay que mirar al Sol directamente. Los telescopios o prismáticos a utilizar deben contar con filtros adecuados. No sirven las gafas de observación de telescopios.

Si las nubes lo permiten, durante la jornada del día 9, el personal del Planetario de Madrid, junto a la Agrupación Astronómica de Madrid, estarán a disposición de quienes quieran participar en una observación con todas las precauciones.

Además, ELMUNDO.es, desde este mismo lugar, también les permitirá seguir el fenómeno con la transmisión en vivo producida por ‘Star4All’ junto a sky-live.tv desde Canarias e Islandia.

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ABC.es

  • Las imágenes recogidas durante más de cuatro años por la nave espacial «Messenger» sirven para localizar estos accidentes geográficos, cuyo origen sigue sin aclararse
abc Vista del planeta Mercurio desde la nave espacial «Messenger»

abc | Vista del planeta Mercurio desde la nave espacial «Messenger»

Mercurio vuelve a sorprender: un patrón de acantilados gigantes y crestas en la superficie del planeta, que desafía cualquier explicación científica. Thomas Watters, un científico planetario del Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsonian, es el principal autor de este trabajo realizado a apartir de imágenes de la nave espacial «Messenger», que se convirtió en la primera sonda en orbitar Mercurio.

Las imágenes que «Messenger» recogió durante sus más de cuatro años en órbita revelaron una amplia gama de grandes escarpes de fallas, o acantilados. Estos escarpes parecen escalones gigantes en el paisaje. Los más grandes tienen 1.000 kilómetros de largo y más de 3.000 metros de altura.

Estos escarpes se forman cuando las rocas se juntan y presionan hacia arriba a lo largo de fallas o fracturas en la corteza del planeta. El modelo más ampliamente aceptado del origen de estos escarpes es que son esencialmente las arrugas que se formaron en la superficie de Mercurioa medida que el núcleo del planeta se enfrió con el tiempo, encogiendo de tamaño. Investigaciones anteriores han sugerido que pudo contraerse entre 4 y 14 kilómetros de diámetro.

Si este fue el motivo, estos escarpes debeerían aparecer uniformemente sobre la superficie del planeta. Sin embargo, los científicos han encontrado ahora un patrón desconcertante de estos escarpes de falla.

«Un verdadero misterio»

«Es un verdadero misterio», dijo a Space.com el autor principal del estudio Thomas Watters, un científico planetario del Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsonian.

Los científicos analizaron comunes escarpes de falla en la superficie de Mercurio, de unos 50 kilómetros de largo. Inesperadamente, descubrieron que muchos escarpes están concentrados en dos bandas anchas que van de norte a sur y se encuentran en lados opuestos del planeta.

Una posible explicación de estas bandas podría estar en el flujo de roca caliente en el manto de Mercurio. Watters no se apunta a esta teoría: «Sin embargo, la magnitud de flujo en el manto de Mercurio es demasiado pequeña para explicar estas bandas, porque el manto de Mercurio no es muy grueso».

Mayores concentraciones

Además, en el hemisferio sur del planeta se concentra el doble de grandes escarpes. Sobre un censo de 407 formaciones de más de 50 de largo que los investigadores analizaron, 264 se encuentran en el sur, que suman alrededor de 33.000 kilometros, mientras que 143 se encuentran en el norte, con 14.000 kilómetros acumulados

Watter añadió que «ninguno de los modelos que tenemos en la actualidad, puede dar cuenta de la cantidad desequilibrada de escarpes entre los hemisferios» y concluyó que todavía queda mucho por aprender del planeta.

Los investigadores continuarán analizando imágenes y datos de «Messenger» para arrojar luz sobre este misterio. Además, Watters señaló que la nave BepiColombo, que se lanzará en 2017, «puede ser capaz de darnos una mejor idea de la estructura global de la corteza de Mercurio». La nave espacial BepiColumbo es una misión conjunta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA).

Mientras que la superficie de la Tierra está formada por múltiples placas tectónicas, Mercurio sólo tiene una: «Mercurio es ideal para investigar cómo evolucionan los planetas de una sola placa», dijo Watters. Los hallazgos se han publicado en la revista Geophysical Research Letters.


El Mundo

 Detalle de la zona en la que impactará la sonda 'Messenger' NASA

Detalle de la zona en la que impactará la sonda ‘Messenger’ NASA

Una nave espacial se ha estrellado contra la superficie de Mercurio. No se trata de un accidente, sino de una maniobra perfectamente planeada con la que la sonda Messenger pone fin a sus cuatro años de misión en el planeta más cercano al Sol. Allí encontró un mundo que los científicos de la NASA han definido como «fascinante».

Según ha precisado la agencia espacial de EEUU, el impacto se ha producid a las 21.26 de este jueves (hora peninsular española).

La superficie de Mercurio ha sido modelada por la actividad volcánica. Entre otros descubrimientos, la nave ha confirmado que tiene agua helada en cráteres cerca de sus polos: «Lo más probable es que ese agua almacenada ahora en depósitos de hielo que están permanentemente a la sombra llegó al planeta más interno del Sistema Solar a través de los impactos de cometas y asteroides», explicó hace unos días en rueda de prensa Sean Solomon, investigador principal de la misión y director del Observatorio de la Tierra Lamont-Dohertym en la Universidad de Columbia.

Los análisis químicos mostraron, asimismo, una superficie pobre en hierro y rica en elementos volátiles como el azufre y el sodio. «A pesar de que Mercurio es uno de los planetas vecinos de la Tierra, sorprendentemente se sabía poco de él antes de mandar esta nave», recordó Solomon.

En el momento de su suicidio, la nave viajaba a una velocidad de 3,91 kilómetros por segundo. Según ha calculado Jim Raines, investigador de la Universidad de Michigan, durante el impacto, la nave, de unos 513 kilogramos, ha liberado tanta energía como la que hubiera causado una tonelada de explosivo TNT. Se calcula que el cráter que ha dejado en Mercurio mide 16 metros de diámetro.

La nave Messenger, que despegó el 3 de agosto de 2004 desde Cabo Cañaveral (Florida), tardó casi siete años en llegar a Mercurio, en cuya órbita entró el 18 de marzo de 2011. Durante su viaje por el Sistema Solar, recorrió un total de 7.900 millones de kilómetros.

El plan inicial era que la sonda trabajara durante un año orbitando el planeta para recabar datos que permitieran a los científicos intentar responder a varias cuestiones que consideraban críticas. Sin embargo, debido al buen estado que presentaban sus instrumentos una vez transcurrido ese periodo y aprovechando que todavía le quedaba combustible, la NASA decidió prorrogar su misión durante otros tres años para poder investigar nuevos interrogantes que iban surgiendo a raíz de los datos que proporcionaba.

La ruta a Mercurio

Messenger no fue la primera nave en visitar Mercurio, un planeta con un diámetro de casi 5.000 kilómetros (frente a los 13.000 km aproximadamente que tiene la Tierra). Mariner 1 sobrevoló este planeta del Sistema Solar tres veces entre 1974 y 1975, proporcionando los primeros datos in situ para conocer este mundo, del que sólo pudo inspeccionar la mitad de su superficie.

En Messenger, su sucesora, los ingenieros introdujeron las mejoras tecnológicas desarrolladas durante tres décadas. Componentes miniaturizados y nuevos materiales más ligeros y resistentes que han protegido sus delicados instrumentos en una de las zonas más inhóspitas del Sistema Solar debido a su cercanía con el astro rey. La nave trabaja en un entorno en el que las temperaturas oscilan entre los 300ºC y los 20º C.

Asimismo, otro de los puntos fuertes de la misión ha sido lograr diseñar una trayectoria que permitiera a una nave de esas características llegar a Mercurio. Cuando despegó, el combustible que llevaba a bordo representaba casi el 55% de su peso. Fabricar una nave espacial que fuera lo suficientemente ligera como para poder llevar a bordo esa cantidad de combustible y ejecutar esa trayectoria supuso un gran reto.

La NASA considera que la misión ha sido un éxito desde el punto de vista científico y tecnológico, y da por bien empleados los 446 millones de dólares que ha costado y que comprenden tanto el desarrollo de la nave y de sus instrumentos, como las operaciones y el análisis de los datos. «Lo único que lamentamos es que no tengamos suficiente combustible para operar otros diez años», declaraba Andy Calloway, el jefe de operaciones de la Messenger, durante el décimo aniversario del inicio del viaje de esta sonda.

«Por supuesto, cuanto más sabemos, más preguntas nuevas surgen», apunta Sean Solomon, que considera que «hay muchas razones para que volvamos a Mercurio con nuevas misiones».

Las lecciones de esta misión

Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), destaca los logros en ingeniería y navegación que ha realizado esta misión, «ya que acercarse a la órbita de Mercurio es complicado por su cercanía al Sol». El estudio de este planeta, añade a través de un correo electrónico, es necesario para entender la formación y evolución del Sistema Solar.

Desde el punto de vista científico, «una de las lecciones que nos ha enseñado esta misión es el riesgo que se corre siempre de simplificar cuando carecemos de suficientes datos. Messenger ha desvelado matices de las características físicas, químicas y geológicas de Mercurio que no esperábamos, entre los que destacan principalmente la presencia de hielo de agua en los cráteres de los polos o la alta concentración de volátiles que posee (K, S, Na, Cl)», explica.

Pese a que Messenger ya ha dejado de operar, la científica española recuerda que quedan «un montón de datos para analizar y reconfigurar la idea que teníamos de este planeta». Por otro lado, en 2017 será lanzada la misión europea Bepi-Colombo, que podrá investigar el impacto de la Messenger sobre Mercurio. «El cráter generado abre una ventana (como una cata) para mirar al subsuelo del planeta, donde los materiales están más frescos, menos afectados por la exposición al exterior».

Pese al valor científico de esta maniobra, Prieto recuerda que los impactos de sondas sobre planetas «es un asunto controvertido en la comunidad planetaria por la contaminación que conlleva. En el caso de Mercurio, se tienen menos prejuicios porque es un planeta catalogado como de bajo interés astrobiológico. Las normas internacionales de protección planetaria se oponen frontalmente a este tipo de maniobras en cuerpos planetarios con mayor interés astrobiológico como Marte, Europa o Encélado».

Twitter: @teresaguerrerof


El Confidencial

Mientras la ciencia miraba a Marte, Mercurio dio la sorpresa. Las observaciones realizadas por la cápsula de exploración planetaria Messenger han encontrado agua helada y materiales orgánicos en algunas regiones del polo norte de Mercurio, informó ayer la agencia espacial estadounidense NASA.

El artefacto de exploración, lanzado en 2004 para el estudio del planeta más cercano al Sol y de 485 kilos, llegó a las proximidades de Mercurio en 2008 y entró en su órbita en marzo de 2011. La misión formal de recogida de información comenzó un mes más tarde y, desde entonces, Messenger ha tomado más de 100.000 imágenes.

Las observaciones previas de Mercurio, hechas desde la Tierra y con telescopios y radar, indicaban que podría haber hielo en las áreas permanentes en sombras de los cráteres en los polos del planeta. Desde su órbita en torno al planeta, Messenger observó áreas brillantes y oscuras definidas con luz infrarroja en dichas regiones.

Los investigadores de la NASA, en una conferencia de prensa, explicaron que los datos de los instrumentos de la cápsula, incluido un altímetro por láser y un espectrómetro de neutrones, confirmaron que hay hielo en los cráteres del polo norte de Mercurio.

Los científicos creen que las áreas brillantes captadas en las imágenes representan el hielo que está cerca de la superficie de Mecurio, en tanto que las oscuras corresponden a regiones donde el hielo está cubierto por una capa de material rico en componentes orgánicos.


El Mundo

Roca Génesis, traída por la misión 'Apolo 15'. | EM

Roca Génesis, traída por la misión ‘Apolo 15’. | EM

La superficie de la Luna contiene cristales con restos de agua en su interior, que el viento solar habría transportado hasta ella, informa la revista científica ‘Nature Geoscience’.

La geóloga Yang Liu y sus colegas de la Universidad de Tennessee (EEUU) analizaron muestras de la superficie lunar recolectadas en el ecuador del satélite y traídas a la Tierra por las misiones Apollo, la mayoría de ellas por el astronauta Neil Armstrong, y hallaron restos de agua en algunos de sus componentes.

“Cuando la gente piensa en el agua, siempre lo imagina en estado líquido, en ríos, lagos u océanos. Pero algo que no se suele reconocer es que existe una gran cantidad de agua almacenada en minerales“, explicó Liu a Efe.

De hecho, añade, los minerales del manto terrestre contienen al menos la misma cantidad de agua que un océano, y algo similar podría suceder en la Luna.

Análisis posteriores de las muestras revelaron similitudes entre estos restos de agua y los iones de hidrógeno presentes en el viento solar, lo que sugiere que fue este viento el responsable de transportar iones de hidrógeno hasta la Luna. Una vez allí, estas moléculas quedaron almacenadas en forma de agua en el interior de las vetas analizadas.

El viento solar contiene una gran cantidad de estos iones, que no llegan a tocar la Tierra porque la atmósfera y el campo magnético terrestre se lo impiden, pero en el caso de la Luna no hay nada que proteja su superficie, por lo que el viento solar impacta continuamente contra ella.

Cambio en la visión ‘sin agua’ de la Luna

“En los últimos años hemos sido testigos de un cambio de paradigma en nuestra visión ‘sin agua’ de la Luna“, afirmó Liu.

Según la investigadora, cada cristal analizado contendría entre 200 y 300 partes por millón de agua e hidroxilo -una molécula que se obtiene al restar un átomo de hidrógeno al agua-.

El hallazgo ha permitido a los científicos conocer una nueva fuente a partir de la cual los planetas del interior del Sistema Solar (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte) y sus satélites podrían obtener agua.

Liu y sus colegas defienden que un mecanismo similar a este podría darse en otros cuerpos sobre cuyas superficies el viento solar incide, como Mercurio o el asteroide Vesta.

“El bombardeo del viento solar es un proceso constante. En la actualidad necesitamos reconsiderar nuestro concepto de presencia de agua en nuevos lugares del Sistema Solar“, argumentó Liu.


El Pais

La nave espacial ‘Messenger’, en órbita del planeta más próximo al Sol, muestra un mundo con la superficie sin grandes alturas

Mercurio es, junto a la Tierra, Venus y Marte, el grupo de planetas rocosos del Sistema Solar. Es el más pequeño, el más cercano a la estrella, el que muestra la superficie más antigua el que tiene las mayores variaciones de temperaturas diurnas. Y es el menos conocido. Por supuesto, los científicos están muy interesados en ese mundo, pero hasta que se puso en órbita allí en marzo del año pasado, la nave automática Messenger, de la NASA, solo otra misión (la Mariner 10) había hecho una visita y fue en 1974-1975. Ahora, tras un año de toma de datos, los científicos de la Messenger presentan sus novedades. Han descubierto que el núcleo de Mercurio es mayor de lo que se había estimado, hasta el punto de que ocupa en el interior un 85% del radio del planeta y es, al menos parcialmente, líquido. La estructura interna de ese cuerpo del Sistema Solar empieza a desvelarse. También ha sorprendido a los investigadores el hecho de que en el hemisferio Norte de Mercurio el rango de elevaciones del terreno es muy inferior al de la Marte y al de la Luna.

“Desde las extraordinariamente dinámicas magnetosfera y exosfera de Mercurio a la composición inesperadamente rica en volátiles de su superficie e interior, nuestro planeta vecino más próximo al Sol resulta ahora ser muy diferente de lo que imaginábamos hasta unos pocos años”, destaca el investigador principal de la misión Messenger, Sean Solomon, en un comunicado de la Institución Carnegie (EE UU).

La Messenger es una nave de algo menos de un metro de alto, 1,28 metros de ancho y 1,85 de largo, con una masa de 1.107 kilos incluyendo el combustible y los instrumentos científicos. Fue lanzada al espacio en agosto de 2004 y, siguiendo una trayectoria complicada que incluyó varios sobrevuelos de impulso gravitacional sobre Venus, la Tierra y el propio Mercurio, se puso en órbita allí hace ahora justo un año, el 24 de marzo de 2011.

El análisis de la información recabada en este año de trabajo se presenta ahora en dos artículos en la revistaScience, al tiempo que se han expuesto numerosos trabajos parciales en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias, celebrada esta semana en Texas. La NASA ha prolongado la misión Messanger un año más.

Gracias a los instrumentos de esta nave, los científicos han logrado desarrollar el primer modelo preciso de la gravedad de Mercurio y, al combinar los datos con los datos topográficos y de rotación del planeta, han podido deducir cómo es su estructura interna, el grosor de su corteza, el tamaño de su núcleo y su histórica tectónica y térmica, explican los científicos.

El núcleo de Mercurio, cuyo radio es aproximadamente el 85% del radio del planeta, es diferente del de cualquier otro cuerpo del Sistema Solar. El de la Tierra tiene una capa exterior metálica y líquida sobre núcleo sólido interno. El de Mercurio parece tener una corteza sólida de silicatos, un manto sobre una capa metálica también sólida, otra capa líquida y en interior un núcleo sólido. “Esto tiene implicaciones sobre cómo se genera el campo magnético de Mercurio y su evolución térmica”, dicen los expertos.

Gracias al altímetro láser de la Messenger se ha confeccionado un modelo topográfico del Hemisferio Norte de Mercurio, explican en su artículo en Science Maria T. Zuber (Instituto de Tecnología de Massachusetts) y sus colegas. El rango de las elevaciones en la superficie es considerablemente inferior al de Marte y la Luna, continúan, y el rasgo geográfico más destacado es un extensión de terrenos bajos en las altas latitudes con extensiones volcánicas, que pueden tener una antigüedad de casi 4.000 millones de años. En una latitud media destaca una cuenca de impacto, Caloris, de 1.550 kilómetros de diámetro, en la que una parte del suelo se ha elevado por encima del borde. Estos rasgos significan que Mercurio ha tenido que tener una intensa actividad geofísica durante la mayor parte de su historia.


El Mundo

  • ‘Messenger’ revela miles de hoyos extraños en la superficie del planeta
  • La superficie de Mercurio todavía está evolucionando de manera sorprendente

La sonda espacial Messenger ha descubierto hoyos extraños en la superficie de Mercurio.

Las imágenes difundidas por la NASA revelan miles de depresiones peculiares ubicadas en distintas longitudes y latitudes, con un diámetro que varía desde los 18 metros a más de un kilómetro y medio, y con una profundidad de entre 18 a 37 metros. De momento los científicos no sabes cómo pudieron haberse formado estos agujeros.

“Estos hoyos fueron una verdadera sorpresa”, comenta David Blewett, miembro del equipo científico del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory).

“Hemos estado pensando en Mercurio como una reliquia, como un lugar que ya no está cambiando mucho, excepto por la formación de cráteres ocasionados por impactos. Pero los hoyos parecen ser más recientes que los cráteres en los que se encuentran, y eso quiere decir que la superficie de Mercurio sigue evolucionando de manera sorprendente”.

Un clima extremo

Mercurio es el planeta más cercano al Sol, por lo que está expuesto a un intenso calor y a un clima espacial extremo. Blewett piensa que estos factores desempeñan algún papel.

Una pista clave, asegura el científico en una nota de prensa de la NASA, es que muchos de los hoyos están asociados a montículos o montañas centrales en el interior de los cráteres de impacto de Mercurio.

“Ciertos minerales, por ejemplo aquellos que contienen azufre y otros elementos volátiles, serían fácilmente vaporizados por el calor, el viento solar y los micro-meteoroides que Mercurio experimenta todos los días”, señala el científico. “Tal vez el azufre se está vaporizando, dejando sólo los otros minerales y, por lo tanto, debilitando a la roca y haciéndola más “esponjosa”. Entonces, la roca se desmoronaría y erosionaría más rápidamente formando estas depresiones”, sugiere el investigador.


El Mundo

La sonda Messenger de la NASA, la primera nave que ha logrado entrar en la órbita de Mercurio, ha transmitido su primera imagen de la superficie del planeta más cercano al Sol. La fotografía muestra el polo sur de este mundo ‘infernal’, y revela detalles de su superficie que jamás se habían visto hasta ahora.

“Todo el equipo de la misión Messenger está entusiasmado con el funcionamiento de la nave, ya que todo está saliendo a la perfección, tal y como estaba previsto”, ha declarado Sean Solomon, el investigador principal de este proyecto, en un comunicado difundido por la NASA.

“Estas primeras imágenes desde la órbita y las mediciones iniciales sonsólo las primeras gotas del océano de información nueva que esperamos obtener a lo largo de este año. La exploración orbital del planeta más interno del Sistema Solar ha comenzado”.

La nave Messenger ingresó en la órbita de Mercurio el pasado 19 de marzo, y se dedicará a realizar estudios sobre la composición de su atmósfera y su superficie, además de confeccionar una especie cartografía del planeta. En particular, los científicos de la NASA esperan obtener datos sobre el campo magnético y el núcleo del planeta.

Asimismo, se espera poder determinar si hay hielo en los cráteres de los polos de Mercurio, que están de manera permanente en las sombras.

El Messenger fue lanzado al espacio hace seis años y medio, un periodo en el que ha dado 15 vueltas al Sol y ha pasado una vez por la Tierra, dos veces por Venus y tres veces por Mercurio. Estas maniobras fueron diseñadas para que la sonda adquiriera la velocidad necesaria para ingresar finalmente en la órbita del planeta.

La sonda ya había podido cartografiar gran parte de la superficie de Mercurio en vuelos previos, además de haber enviado numerosas fotos impactantes a la Tierra.

Esas fueron las primeras informaciones detalladas que se tuvieron de Mercurio tras los datos a los que había accedido la sonda Mariner 10 en 1974 y 1975. Sin embargo, los científicos de la NASA aseguran que aquellos no fueron más que “ensayos” comparado con la misión de investigación del Messenger que acaba de empezar.


ABC.es

sistema_solar--644x362Todos hemos visto las láminas que ilustran los libros escolares, esas en que se representan los planetas del Sistema Solar como una serie de esferas de diferentes tamaños, todas situadas aproximadamente a la misma distancia de la que la precede. Esta escala -obviamente- es completamente errónea. Te proponemos tomar la calculadora y realizar un recorrido por las verdaderas dimensiones del Sistema Solar.

El Sistema Solar es enorme. Tanto, que sus dimensiones escapan a la capacidad que posee nuestro cerebro para imaginar lo que significan números tan grandes. Decir que la Tierra se encuentra a más de 149 millones de kilómetros del Sol no basta para darnos una idea de lo que realmente representa esa distancia. Cuando leemos que el Sol posee un diámetro de algo menos de un millón y medio de kilómetros, nuestra mente no alcanza a visualizar lo que ese tamaño significa. Y las láminas que mencionábamos antes poco nos ayudan en esta tarea, ya que nos dan la errónea sensación de que el Sol es unas cuantas veces más grande que la Tierra, o que Plutón se encuentra bastante más lejos del Sol que Marte. Pero las dimensiones del Sistema Solar son lo suficientemente impresionantes como para que resulte completamente imposible realizar una representación a escala e incluirla en una lámina de libro de texto: si lo hiciésemos, los planetas no serían visibles ni siquiera utilizando una lupa.

Para comprender mejor las distancias y tamaños implicados vamos a comparar los objetos más importantes del Sistema Solar con otros de uso cotidiano. Comenzaremos, como corresponde, con el par que más influye en nuestras vidas: la Tierra y el Sol. Sabemos que nuestro planeta posee un diámetro aproximado de 12.750 kilómetros, y que se encuentra a unos 150 mil millones de metros del Sol. Supongamos por un momento que la Tierra posee el tamaño aproximado de una pelota de tenis. En esta escala, el Sol sería una esfera de unos once metros de diámetro, que se encuentra a unos mil doscientos kilómetros de distancia. Ese es el desafío al que se enfrentan los encargados de ilustrar las dimensiones del Sistema Solar. Si seguimos haciendo cálculos manteniendo las distancias entre planetas y su tamaño en la misma escala del ejemplo anterior, volvemos a estar en problemas: si la Tierra se encontrase a mil doscientos kilómetros del Sol, Plutón estaría a unos cuarenta y siete mil y tendría el tamaño de una canica. Está claro quenecesitamos una escala para las distancias, y otra, completamente diferente, para el diámetro de los cuerpos del Sistema Solar.

La escala de los cuerpos

Comencemos por el tamaño relativo de los cuerpos principales del sistema, asumiendo que la Tierra con sus 12.750 kilómetros de diámetro la podemos imaginar como una pelota de tenis de unos 10 centímetros de diámetro. En esta escala, el Sol (1.400.000.000 kilómetros de diámetro) sería la mencionada esfera de unos once metros de diámetro,Mercurio (4,800 kilómetros de diámetro) sería algo así como una pelota de golf y Venus (12,100 kilómetros de diámetro) no sería muy diferente a la pelota elegida para representar a nuestro planeta. Si seguimos avanzando hacia el exterior del Sistema Solar, nos encontramos con Marte y sus 6,800 kilómetros de diámetro. En nuestra escala tendría un diámetro de unos 5,3 centímetros.

Más allá de Marte se encuentra el denominado “cinturón de asteroides”, compuesto por algunos miles de millones de cuerpos rocosos de tamaños extremadamente variables. El más grande de todos ellos, que posee aproximadamente la tercera parte de toda la masa de ese cinturón es Ceres, que tiene un diámetro de 952 metros. En nuestra escala sería más o menos como un guisante. Más allá de Ceres se encuentra el planeta más grande de todos: Júpiter. Este gigante gaseoso tiene un impresionante diámetro de 143 mil kilómetros, solo unas 10 veces menos que el del Sol. Si la Tierra fuese una pelota de tenis, Júpiter sería una esfera de algo más de un metro de diámetro. El siguiente planeta que encontraríamos en nuestro viaje también es un gigante gaseoso, a pesar de que “culpa” de lo majestuoso de sus anillos generalmente olvidamos su tamaño. Saturno tiene un diámetro de 115 mil kilómetros, y en nuestra escala sería una esfera de 90 centímetros de diámetro.

Urano y Neptuno, los dos planetas siguientes, también son gaseosos. Sus tamaños son bastante aproximados –51 mil y 49 mil quinientos kilómetros de diámetro respectivamente- pero más pequeños que los dos anteriores. En nuestra escala, serían esferas de 40 y 39 centímetros de diámetro, bastante más grandes que una pelota de baloncesto. En cuanto a Plutón, recientemente convertido en un “planeta menor” como Ceres, es un pequeñín de la mitad del diámetro de Mercurio (unos 2.390 kilómetros) y tendría en nuestro sistema ficticio el tamaño deuna canica grande. Como puedes ver, es casi imposible dibujar en una misma página objetos con tamaños tan dispares manteniendo la escala. Y con las distancias ocurre exactamente lo mismo.

La escala de las distancias

Por comodidad, vamos a suponer que la distancia que separa la Tierra del Sol -unos 149.597.870.961 kilómetros son 100 metros. Eso convierte los 58 mil millones de kilómetros existentes entre Mercurio y nuestra estrella en sólo 38 metros. Venus, que en realidad está poco más de 108 millones de kilómetros del Sol se encontraría a unos 72 metros, y Marte -227 millones de kilómetros- estaría a unos 150 metros del Sol. A partir de aquí las distancias se incrementan rápidamente, lo que explica la relativa facilidad con la que las agencias espaciales han enviado misiones a los planetas mencionados y la prácticamente inexistencia de misiones al resto de los integrantes de nuestro sistema. Ceres, el gigante de los asteroides, se encontraría a unos 270 metros del Sol. Y Júpiter, que en realidad está a más de 778 millones de kilómetros de nuestra estrella, estaría a unos 520 metros.

El siguiente planeta, Saturno, se encontraría a 950 metros de distancia del Sol. Urano y Neptuno estarían a 1980 y 3100 metros respectivamente, y el frío Plutón a casi 4 kilómetros. Realmente, el Sistema Solar es un sitio enorme, difícil de apreciar en toda su magnitud. Pero así y todo, es prácticamente despreciable frente a las dimensiones de nuestra galaxia: en nuestra escala, Próxima Centauri-la estrella más cercana- se encuentra a 26 mil kilómetros de distancia.El centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, estaría a unos impresionantes 167 millones de kilómetros del Sistema Solar. Como puedes ver, la tarea de representar nuestro Sistema Solar en una lámina y con la escala correcta prácticamente carece de sentido.


El Pais

Se observan hasta el 10 de abril mirando hacia el oeste

Venus y Mercurio, los dos planetas más próximos al Sol, estarán aparentemente muy cerca el uno del otro en el cielo durante 10 días. Se observan a simple vista en el cielo crepuscular despejado, mirando hacia occidente entre media hora y un ahora tras la puesta de Sol. Desde el sur de Europa, Estados Unidos y Canadá se ve Mercurio, hasta el 3 de abril, debajo y a la derecha de Venus -el más brillante de los dos-, mientras que a partir del 4 de abril se verá justo a la derecha. “Es muy difícil ver Mercurio la mayor parte del tiempo, así que mucha gente no lo vería jamás en su vida, pero ahora se da una buena oportunidad gracias a que Venus hace de guía”, explica Alna MacRobert, director de la revista Sky & Telescope, que alerta acerca de esta ocasión astronómica.

El máximo acercamiento aparente de Venus y Mercurio será el 3 y 4 de abril, cuando estarán separados por unos tres grados (el ancho de dos dedos juntos elevados hacia el cielo con el brazo extendido). A partir del 10 de abril, Mercurio dejará de verse, ya que será cada vez menos visible desde la Tierra su cara iluminada.

Este emparejamiento de los dos planetas no es real, se aprecia sólo al verlos desde aquí. Venus está estos días mucho más lejos de la Tierra (unos 235 millones de kilómetros) que Mercurio (151 millones de kilómetros), lo que significa que la luz que emiten tarda 14 y 8,4 minutos, respectivamente, en llegarnos, explica Sky & Telescope. Pese a ello, Venus es más brillante debido a tres razones: que su diámetro es el doble del de Mercurio, que esta cubierto por una capa de nubes blanca muy brillante en comparación con la superficie oscura de rocas y polvo de Mercurio, y que el lucero del alba muestra hacia la Tierra una mayor parte de su cara diurna.

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