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  • El matemático flamenco Gerhard Kremer, más conocido por Gerardus Mercator, fue quizás el más grande de todos los «hacedores de mapas». No obstante, su legado está hoy en entredicho
Gerardus Mercator

Gerardus Mercator

Desde Cristobal Colón y Fernando de Magallanes a los exploradores de El Dorado, descubridores y aventureros produjeron un caudal de información que creó una ingente masa de trabajo para los cartógrafos del siglo XVI. Si el reto de explorar nuevos territorios era enorme, no era mucho menor el de representarlos con los rudimentarios medios de la época, lo cual no fue obstáculo para que algunos de ellos, como Gerardus Mercator, alcanzasen el grado de maestros.

Mercator, nacido un 5 de marzo de 1512, hace hoy justo 503 años, —efeméride que Google recuerda en un nuevo «doodle»—, fue quizás el más grande de todos los «hacedores de mapas». El matemático flamenco, venido al mundo como Gerhard Kremer, consiguió una más perfecta representación plana de la Tierra basada en la proyección de un cilindro tangente al ecuador esférico, y dio el nombre de Atlas a un libro formado por un conjunto de mapas. La suya fue una vida apasionante en un mundo que parecía salir de un largo letargo y bullía de ideas y creatividad.

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Gerardus Mercator Mapa de Europa realizado por Gerardus Mercator en 1589

En 1541, Gerardus Mercator trazó sobre un mapamundi las líneas que ayudaban a los navegantes a encontrar más fácilmente la ruta. En 1569 logró transportar éstas líneas de su globo terráqueo a un plano, dando, sin ni siquiera salir de su estudio, un paso de gigante en la historia de la navegación marítima.

Un legado en entredicho

La representación del mundo de Mercator pervive hasta nuestros días, si bien no es completamente fiel a la realidad, ya que da a las potencias del hemisferio norte un tamaño mayor al real. Basta con mirar la extensión de Europa y Sudamérica y luego observar el dibujo de Mercator para darse cuenta fácilmente de que no hay correlación entre las cifras y los tamaños. Estos dos continentes parecen similares y, sin embargo, Sudamérica es en realidad bastante más grande que Europa, que ocupa una extensión de 10.530.751 km cuadrados por los 17.824.296 km cuadrados sudamericanos. O por poner otro ejemplo, África y Groenlandia parecen casi iguales, cuando en realidad el primero es catorce veces el segundo.

Por ello, la proyección de Gerardus Mercator cuenta hoy en día con numerosos detractores, como la Unesco o muchas ONG, que proponen el mapa de Peters (o Gall-Peters), que ajusta mucho más fielmente las áreas de los continentes. Para los críticos, esta desproporción crea prejuicios y perpetúa una concepción eurocéntrica u occidentalcéntrica.

También hay otro aspecto engañoso que hay que mencionar del mapa de Mercator: los países no están donde creemos que están. Europa y Norteamérica deberían estar mucho más al norte de donde están. Aparecen centrados en el mapamundi, prácticamente en el ecuador, cuando están muchos más grados hacia el norte.

Aún así, el mapa de Mercator sigue siendo el más popular, no solo porque su gran éxito inicial haya anulado a sus rivales, sino porque calcula bien las distancias en los rumbos de Europa hacia América y porque tampoco ninguna de sus alternativas, más de 400, es fiable al 100 por cien.

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Representación de Gall-Peters

En nuestra web tenemos una sección dedicada a mapas, atlas tanto antiguos como modernos, recomendamos vuestra visita pinchando el siguiente enlance:

Mapas/Planos del mundo antiguo y moderno


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  • Aunque en sentido figurado, hace referencia al individuo ruin que degenera de su origen y naturaleza, la ofensa más generalizada guarda relación con el rechazo del parentesco
 VALERIO MERINO Tumba del Rey Alfonso XI, en la iglesia de san Hipólito, en Córdoba


VALERIO MERINO
Tumba del Rey Alfonso XI, en la iglesia de san Hipólito, en Córdoba

Si una cosa ha quedado plasmada a lo largo de la historia, es la gran cantidad de hijos no reconocidos que han ido surgiendo entre sus páginas. Reyes, nobles, plebeyos, famosos, anónimos… no importa la condición social del individuo a la hora de entrar en este menester. Aunque el Diccionario de la Real Academia Española define el término bastardo en su primera acepción como un sujeto «que degenera de su origen o naturaleza», la ofensa más generalizada guarda relación con el rechazo del parentesco.

Pancracio Celdrán, en «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, explica que en primer lugar se alude al hijo ilegítimo o borde, pero en sentido figurado, hace referencia a la persona baja, ruin y villana, que no es auténtica ni fetén. «Sujeto vil, de mala inclinación y natural avieso capaz de cualquier traición o trastada ya que no guarda la fe debida a otro».

A mediados el siglo XIV surge este calificativo estableciendo que los hijos ilegítimos de noble cuna eran bastardos y los de baja cuna hi(jos)deputa. «Comenzó a utilizarse en castellano en tiempos de Pedro I apareciendo como aposición a nombre propio en la Crónica de Pedro el Cruel para referirse al hijo bastardo de Alfonso XI, Enrique (II) el de las Mercedes».

Celdrán menciona al escritor español Sebastián de Covarrubias, quien en su Tesoro (1611) otorga a la la ofensa el valor semántico de ‘grosero y no hecho con orden, razón y regla’, y, en relación a su etimología, alude al arabista de su tiempo, Padre Guadix, para quien el origen de la palabra es arábigo: «De baxtaridu, es decir, hijo de quien se quiera, ya que no se sabe de cierto quién sea el padre».

El sainetista madrileño del siglo XVIII Ramón de la Cruz emplea así el término:

Ésa es una presunción

hija de un bastardo pecho.

El vocablo posee procedencia francesa. «Deriva del francés antiguo bastart», apunta el autor aunque incide en que no hay seguridad en cuanto al significado de esa raíz: «Algunos piensan que acaso proceda del alemán bankert: hecho sobre un banco, ya que estos individuos no eran hijos de matrimonio legítimo y por ello no se los engendraba en la cama; otros opinan que pudo derivar del escandinavo arcaico hormung: generado en un rincón. En la lengua occitánica se decía sebenc: engendrado junto a un seto. Mientras que los griegos llamaban a los nacidos en cópula ilegítima lazremaios: hecho en la oscuridad y por los rincones».


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  • Una estatua y una placa recuerdan en este pueblo de Cantabria a Francisco de la Vega Casar, que desapareció nadando y fue pescado cinco años después en Cádiz
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Estatua del hombre pez de Liérganes

«Su proeza atravesando el océano del norte al sur de España, si no fue verdad mereció serlo», reza una placa ubicada junto a la orilla del río Miera en Liérganes (Cantabria) que recuerda la mítica historia de Francisco de la Vega Casar, más conocido como el hombre pez.

Su relato se remonta a mediados del siglo XVII, en la víspera del día de San Juan del año 1674. En Liérganes vivía un matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar con sus cuatro hijos, el segundo de los cuales se llamaba Francisco. «Era bastante listo, pero abandonaba todas sus ocupaciones para zambullirse en el río, en el cual pasaba horas y horas», relataba el alcalde de Liérganes a Carlos Vieyra de Arreu y éste recogió en 1884 en La Ilustración Española.

«Desesperada la madre, lo encontró un día al tiempo en que, dejando las ropas en la orilla, se disponía a darse uno de los baños que solía. Le llamó, le advirtió que le castigaría duramente si se metía en el agua; y viendo que nada conseguía, lo maldijo diciéndole: “Así te vuelvas pez”», continuaba el alcalde. En la web del Ayuntamiento de Liérganes nada señalan de esta advertencia y cuentan que se fue a nadar con unos amigos al Miera, «se desnudó, entró en el agua y se fue nadando río abajo, hasta perderse de vista». Era un excelente nadador y sus amigos no temieron por él hasta unas horas después. A ver que no regresaba acabaron dándole por muerto.

Cinco años después, en 1679, un ser acuático extraño con apariencia humana se apareció a unos pescadores en la bahía de Cádiz, pero desapareció cuando éstos se acercaron. Así sucedió varios días hasta que finalmente los pescadores le atraparon con las redes, tras arrojarle pedazos de pan. Cuando lo subieron a cubierta, «comprobaron con asombro que era un hombre joven, corpulento, de tez pálida y cabellos rojizo y ralo» cuyas únicas particularidades «eran una cinta de escamas que le descendía de la garganta hasta el estómago, otra que le cubría todo el espinazo, y unas uñas gastadas, como corroídas por el salitre», relatan en el Ayuntamiento de Liérganes.

Le hablaron en varias lenguas, pero nada respondió. El joven fue llevado al convento de San Francisco, donde al cabo de unos días pronunció una palabra: «Liérganes». Nadie entendía a qué se refería hasta que un cántabro comentó que en su tierra había un pueblo así llamado, algo que confirmó el entonces secretario de la Inquisición, Domingo de la Cantolla. Desde Liérganes les llegaron entonces noticias de la desaparición de Francisco de la Vega cinco años atrás.

El fraile Juan Rosende acompañó a De la Vega a Liérganes en 1680, donde su madre y sus hermanos lo reconocieron de inmediato. Durante dos años vivió con ellos tranquilo, aunque sin mostrar interés por nada y rehuyendo el trato humano. Gaspar Melchor de la Riba Agüero, caballero de Santiago y vecino de Gajano que decía haberle visto muchas veces, relataba cómo «andaba siempre descalzo y lo mismo le daba ir vestido que desnudo. No solicitaba la comida, pero si se la ponían delante o veía comer, comía y bebía mucho de una vez y después, en tres o cuatro días no volvía a comer» y solo decía «tabaco», «pan» y «vino».

«Cuando le vi por primera vez ya no tenía escamas, sólo mucha aspereza en el cutis y las uñas muy gastadas», añadía De la Riba, según recogió la revista «Alrededor del Mundo» del 12 de marzo de 1913. «Este caso fenomenal está tan bien probado que no se puede dudar de él: lo testifican personas de reconocida ilustración y virtud, que lo vieron unos, lo trataron otros, lo examinaron muchos; y entre éstos figuran tres caballeros de mucho honor, testigos de vista, que fueron D. Joseph de la Torre, ministro de la Real Audiencia de Oviedo; D. Pedro de la Torre, penitenciario de la catedral de la misma ciudad, y D. Diego de la Gándara Velarde», añadía esta publicación que señalaba que el hombre pez pasó en Liérganes «de nueve a diez años» y después desapareció definitivamente sin que se volviera a saber de él.

Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) realizó en su obra «Teatro crítico universal» un «Examen filosófico de un peregrino suceso de estos tiempos» sobre este caso «tan exorbitante del regular orden de las cosas, que no me atrevería a sacarle a la luz en este Teatro, y constituirme fiador de su verdad, a no hallarle testificado por casi todos los moradores de una Provincia, de los cuales muchos, que fueron testigos oculares, y dignos de toda fe, aún viven hoy».

La historia relatada por Feijóo contaba, sin embargo, con algunas diferencias. Francisco de la Vega y Casar había desaparecido en la víspera de San Juan de 1674 en la ría de Bilbao, donde había sido enviado a los quince años por su madre ya viuda para aprender el oficio de carpintero.

«Todo lo que viene referido es la verdad del hecho, según relación de sus hermanos, el Sacerdote Don Tomás, y Juan, que vive; y todo lo que separe de este hecho es falso, como lo es el decir que tenía escamas en el cuerpo, y que este prodigio procedió de una maldición que le echó su madre», añadía según la relación remitida por el marqués de Valbuena, Gaspar Melchor de la Riva Agüero. Don Pedro Dionisio de Rubalcaba, natural de Solares, «que también trató muy de intento a nuestro Nadante», informó de que cuando llegó a Santander tenía escamas, pero luego se le cayeron y que «también algunos equivocarían el cutis áspero de algunas partes de su cuerpo con piel escamosa», según el relato de Feijóo.

Éste aún añadía que tras su desaparición «dicen que poco después le vio en un puerto de Asturias un hombre de la vecindad de Liérganes, pero carece de fundamento».

«Nuevo Mundo» daba cuenta en 1919 de la historia del hombre-pez de Liérganes aportando notas de color, como que decían que fue visto en la costa de Dinamarca por un navío holandés y apareció en el Canal de la Mancha y en el Puerto de Santa María antes de ser apresado en la bahía de Cádiz. La versión más auténtica y documentada, añadía C.R. Salamero en la revista, es la que compuso en 1748 el cura de Liérganes, D. Fernando Antonio del Hoyo Venero, de la cual existe una copia en el Museo Británico. Y eso que en ella el cura narra entre otras hazañas la lucha del hombre pez con un monstruoso congrio.

Gregorio Marañón estudió estos relatos y estimó que Francisco de la Vega no desapareció nadando, sino que probablemente se embarcara en Vizcaya rumbo a Cádiz y que cuando lo encontraron estaría bañándose tal como acostumbraba. Para el doctor Marañón, sería un probable caso de cretinismo. Los cretinos resisten mejor debajo del agua y su piel escamada indicaría una ictiosis, como ya indicó José María Herrán Valdivieso en «El hombre-pez de Liérganes» (Santander, 1877).

«Verdad o leyenda», la «mayor hazaña» del hombre-pez, según la placa que Liérganes colocó junto a su estatua, «es haber traspasado los siglos en la memoria de los hombres».


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  • Astrónomos descubren a 136 años luz un nuevo mundo en un sistema con cuatro estrellas
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Karen Teramura, UH IfA El sistema descubierto en Aries tiene cuatro soles

Investigadores del Observatorio Palomar en San Diego, California (EE.UU.), han descubierto a 136 años luz de distancia de la Tierra, en la constelación de Aries, un gigantesco planeta extrasolar que pertenece a un sistema con cuatro estrellas, el segundo de este tipo que se conoce. Si uno pudiera visitar ese lejano mundo vería que en su cielo brillan cuatro pequeños soles y otras dos estrellas tan luminosas que incluso podrían observarse a la luz del día.

El descubrimiento fue posible gracias a dos nuevas tecnologías de adaptación óptica que compensan los efectos borrosos de la atmósfera de la Tierra: el sistema robótico de óptica adaptativa Robo-AO, desarrollado por el Instituto de Astronomía de Manoa en la Universidad de Hawái, y el sistema de óptica adaptativa extrema-PALM 3000, desarrollado por un equipo de Caltech y el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL).

El nuevo planeta gaseoso es enorme, tiene 10 veces la masa de Júpiter y orbita a su estrella primaria cada 335 días. El nuevo estudio, publicado en la revista Astronomical Journal, eleva el número de estrellas conocidas en el sistema, llamado 30 Ari, de tres a cuatro. El hallazgo sugiere que los planetas en sistemas estelares cuádruples podrían ser menos raros de lo que se pensaba.

«Alrededor de un 4% de las estrellas de tipo solar se encuentran en sistemas cuádruples, lo que ha aumentado a partir de estimaciones previas, porque las técnicas de observación están mejorando constantemente», afirma Andrei Tokovinin, del Observatorio Interamericano de Cerro Tololo en Chile y coautor del estudio.

La cuarta estrella recién descubierta, cuya distancia al planeta es 23 veces la que existe entre el Sol y la Tierra, no parece haber afectado a la órbita del planeta. La razón exacta es incierta, por lo que el equipo está planeando nuevas observaciones para comprender mejor la órbita de esa estrella y sus complicadas dinámicas familiares.

Si fuera posible ver el cielo de este mundo, las cuatro estrellas se verían como pequeños soles y otras dos estrellas, muy brillantes, serían visibles a la luz del día. Si pudiéramos utilizar un telescopio suficientemente grande, nos daríamos cuenta de que una de esas estrellas brillantes es en realidad un sistema binario de dos astros que orbitan entre sí.

Como Tatooine

En los últimos años, se han encontrado docenas de sistemas planetarios con dos o tres estrellas anfitrionas, incluidas las que tienen puestas gemelas que recuerdan al mundo de ficción de Star Wars Tatooine. Encontrar planetas con varias estrellas ha dejado de ser una gran sorpresa, teniendo en cuenta que las estrellas binarias son más comunes en nuestra galaxia, la Vía Láctea, que las individuales, como el Sol.

El autor principal del estudio, Lewis Roberts, del JPL, y su equipo quieren entender los efectos que varias estrellas pueden tener en los planetas jóvenes en desarrollo. La evidencia sugiere que los compañeros estelares pueden influir en el destino de los planetas cambiando sus órbitas e incluso provocando que algunos sean más masivos.

Los planetas tipo «Júpiter caliente», que giran alrededor de sus estrellas en apenas unos días, por ejemplo, podrían ser suavemente empujados más cerca de su estrella principal de la mano gravitacional de una estrella compañera. «Este resultado refuerza la conexión entre los sistemas estelares múltiples y planetas masivos», explica Roberts.


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  • Dos físicos cuestionan la aplicación de las leyes de la naturaleza a la predicción económica

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El pasado 15 de febrero, en ABC.es se publicó un artículo sobre “La crisis actual, explicada por la física”, donde cuatro científicos pretendían explicar la dinámica de la presente crisis económica imaginando el estado de nuestro país como si fuera un objeto que se desliza por un tobogán. En su modelo matemático, el descenso correspondía a un empeoramiento de la situación económica y las medidas económicas del gobierno equivalían a una fuerza aplicada en sentido opuesto, hacia la parte alta del tobogán. Según las leyes de Newton, la fuerza no puede hacer que el objeto comience a ascender inmediatamente, sino que tiene primero que ir perdiendo velocidad hasta detenerse y dar la vuelta. Lo mismo ocurre con la economía, decían estos científicos, pues las reformas del gobierno no pueden invertir la tendencia de manera inmediata. Desde luego, dormiríamos más tranquilos si las leyes de la naturaleza respaldaran el discurso del gobierno en materia económica, pero en este caso la ciencia no nos da respuestas tan claras.

El problema no viene de que presenten un modelo muy simple, pues los científicos estamos acostumbrados a los modelos extremadamente simples para describir fenómenos mucho más complejos. En su sencillez, a menudo capturan los rasgos esenciales de fenómenos que observamos en el laboratorio o en el mundo y nos permiten desarrollar intuiciones sobre su evolución y un análisis más completo del que sería posible con modelos más realistas. A estos modelos debemos exigirles o bien que describan acertadamente al menos algunos aspectos del fenómeno que estudiamos, ayudándonos a comprender el objeto del modelo, o bien que tengan capacidad predictiva, que nos permitan saber lo que ocurrirá en el futuro dadas ciertas condiciones.

Einstein nos dejó un ejemplo magnífico con su modelo del fenómeno descubierto por Robert Brown, un botánico escocés que observó bajo su microscopio el movimiento errático de partículas de polen que temblaban suspendidas en agua, cambiando de dirección bruscamente. Einstein comprendió que las partículas seguían trayectorias enredadas debido a la complejidad de las interacciones moleculares; que el agua, aparentemente apacible, contenía un caos de moléculas entrechocando. La idea genial de Einstein consistió en esta ocasión en no intentar describir los detalles del fenómeno, sino simplemente crear un modelo matemático sencillo que describiera lo que vemos.

En su modelo, las partículas se mueven al azar, “eligiendo” en cada instante una nueva dirección. La teoría de Einstein cumple los dos requisitos que exigíamos antes: en su asombrosa sencillez, nos permite visualizar matemáticamente el objeto observado. Podemos analizar los movimientos de una partícula individual y simular posibles trayectorias. Aunque no dice nada sobre las causas de estos movimientos, nos proporciona un formalismo matemático para describirlos, y no está en contradicción con las complicadas fuerzas que los provocan. Y a pesar de su simplicidad, posee un enorme poder predictivo, pues permite calcular los promedios de la velocidad y la distancia recorrida por una partícula, o la distribución de un conjunto de partículas, de modo que podemos estimar cuántas habrá en un volumen de agua en un momento dado. La idea resultó tan potente que se ha aplicado en muchos otros campos y hoy en día es la base de las matemáticas que se utilizan para describir los mercados financieros.

¿Una fuerza universal?

Por el contrario, el modelo que nos presentan en “La crisis actual, explicada por la física” no posee ninguna de estas virtudes. Pretende explicar por qué, pese a los tremendos esfuerzos realizados por el país, la crisis no ha terminado ya y está, a lo sumo, disminuyendo su severidad. Pero no ayuda en absoluto a entender el fenómeno, y puede incluso generar confusión. Cuando un objeto se desliza por un plano inclinado tenemos una fuerza universal, la gravedad, que tira del bloque hacia abajo. Sin embargo, en la realidad económica no hay tal cosa como la gravedad. No existe una fuerza universal que haga caer a las economías si no se ejerce una fuerza en sentido contrario. Tampoco existe esa fuerza certera que frena la caída y nos lleva a los años de bonanza. Estos últimos años están resultando tan duros y largos que olvidamos los años de crecimiento, hace no tanto. Según el modelo del plano inclinado, este crecimiento sólo podía deberse a una fuerza que sostenía al país y que desapareció, ¿en qué momento? ¿Qué costumbre abandonada estamos retomando? ¿Qué o quién es nuestro esforzado Sísifo, que sufre el peso de nuestra economía y que, tras verla caer, tiene que volver a empujarla cuesta arriba? El modelo no nos otorga una mayor comprensión de qué provoca una crisis o por qué termina, y tampoco tiene capacidad predictiva alguna, ni corrobora los datos de los últimos años.

Segunda ley de la termodinámica

Al exportar modelos de la física a la economía se tiende a utilizar modelos similares al de Einstein, con una visión más estadística que mecanicista, reconociendo que las variables económicas emergen de la interacción compleja de muchos fenómenos y aceptando, por tanto, la incertidumbre como punto de partida. En lugar de una tendencia innata hacia la quiebra y una fuerza en sentido contrario ejercida por el gobierno, imaginamos un sinfín de factores que afectan a la evolución de la economía e intentamos determinar los desenlaces más probables. Desde esta perspectiva, apreciamos que ante las mismas reformas, el sistema puede comportarse de maneras muy diferentes en momentos diferentes. El hielo reacciona ante un golpe quebrándose y el agua salpicando, aunque las moléculas involucradas son idénticas. Del mismo modo, los ciudadanos, las empresas y los demás agentes económicos responden ante las medidas del gobierno en función de multitud de factores, entre los que se encuentran los acontecimientos precedentes. Esto implica que será muy difícil anticipar los efectos que tendrá una medida y, por tanto, averiguar qué medida será acertada. Al modelo del plano inclinado y la segunda ley de Newton podemos contraponer este modelo de sistema complejo y la segunda ley de la termodinámica, que afirma que un sistema aislado (la economía global, en el caso que nos ocupa) evoluciona de manera irreversible. Pese a los discursos que abogan por “restablecer el equilibrio” y volver al estado anterior, nos damos cuenta de que las cosas, vayan bien o mal, nunca volverán a ser como antes. Puede que dejemos atrás esta pesadilla económica, pero despertaremos en un mundo muy diferente. La historia no se ha parado a esperar a que salgamos de la recesión.

Independientemente de lo plausible que nos parezca un modelo, el paso más importante en ciencia consiste en compararlo con los datos y observaciones reales. En el artículo de ABC.es, los autores escriben que no saben si su modelo del plano inclinado “se acercará más o menos a la evolución real”, quizás porque no estaban tan interesados en describir esta evolución real como en presentar esperanzados el futuro de la España que quieren ver.

José Ignacio Gil es Físico y analista cuantitativo y Marc Meléndez es Doctor Cum Laude en Física, tutor de la UNED, licenciado en Antropología y Filosofía

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  • En sus memorias, Nikita Jrushchov afirma que Beria, jefe de la policía y el servicio secreto, confesó a los líderes soviéticos: «Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos». La causa oficial sigue siendo un ataque cerebrovascular, pese a los muchos interrogantes en torno a sus últimos días
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ABC | Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Josef Stalin en Yalta, febrero de 1945

La noche del 28 de febrero de 1953, Josef Stalin celebró una reunión en Kúntsevo con su círculo de hombres de confianza. En dicho encuentro los invitados vieron una película y se retiraron a altas horas de la madrugada, cuando Stalin se fue a dormir. No obstante, según una versión no oficial, el sangriento dictador se retiró luego de discutir gravemente con dos de sus seguidores, Lázar Kaganóvich y Voroshílov. Al día siguiente, Stalin no salió de su cuarto y no llamó ni a los criados ni a los guardias. Nadie se atrevió a entrar en su habitación hasta que, sobre las diez de la noche, su mayordomo forzó la puerta y lo encontró tendido en el suelo, vestido con la ropa que llevaba la noche anterior y sin apenas poder hablar. El dictador había sufrido un ataque cerebrovascular que, tras unos días de agonía, le causó la muerte el 5 de marzo. Al menos así reza la teoría oficial, sobre la que rondan innumerables incógnitas y la sospecha del asesinato.

«El miedo y el odio contra el viejo tirano casi podían olerse en el aire», escribió el embajador americano sobre los últimos meses de vida del que fue durante más de 30 años Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética. El ascenso al poder de Josef Stalin se caracterizó por los brutales métodos empleados contra cualquier persona crítica con su figura. Poco tiempo antes de fallecer, el propio Lenin hizo un llamamiento para frenar al «brusco» Stalin, que terminó elevado, posiblemente, al genocida más sangriento de la historia.

La salud y la memoria de Stalin fallan

Con millones de muertos a su espalda y terminada la II Guerra Mundial, la salud de Stalin empezó a declinar a partir de 1950, cuando la Guerra Fría iba tomando su forma más característica. Durante su vida, Stalin había padecido numerosos problemas médicos. Nació con sindactilia (la fusión congénita de dos o más dedos entre sí) en su pie izquierdo. A los 7 años padeció la viruela, que le dejó cicatrices en el rostro durante toda su vida. Con 12 años tuvo un accidente con un carro de caballos, sufriendo una rotura en el brazo, que le dejó secuelas permanentes. A todo ello había que añadir que su madre y él fueron maltratados a manos de su padre. Siendo adulto, Stalin además padeció de psoriasis (una enfermedad de la piel que causa descamación e inflamación).

A los 70 años de edad, su memoria comenzó a fallar, se agotaba fácilmente y su estado físico empezó a decaer. Vladímir Vinográdov, su médico personal, le diagnosticó una hipertensión aguda e inició un tratamiento a base de pastillas e inyecciones. A su vez, recomendó al dirigente comunista que redujese sus funciones en el gobierno. Pero apreciando una conspiración, Stalin se negó a tomar medicinas y despidió a Vinográdov. Su desconfianza, sobre todo contra los médicos, se incrementó en los siguientes años. Una nueva purga política amenazaba con brotar del ya ensangrentado panorama ruso.

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Wikipedia Stalin a los 23 años de edad

Sus problemas de salud, de hecho, coincidieron con uno de los pocos reveses políticos que sufrió durante su rígida dirección del Partido Comunista. Pocos meses antes de su muerte, en octubre de 1952, se celebró el XIX Congreso del PCUS, donde Stalin dejó entrever sus deseos de no intervenir militarmente fuera de sus fronteras. Frente a esta opinión, Gueorgui Malenkov –colaborador íntimo del dictador y Presidente del Consejo de Ministros de la URSS a su muerte– hizo un discurso en el cual reafirmó que para la URSS era vital estar presente en todos los conflictos internacionales apoyando las revoluciones socialistas, lo que después sería una constante de la Guerra Fría. Como un hecho inédito tras décadas de un férreo marcaje, el Congreso apoyó las intenciones de Malenkov y no las de Stalin.

Fue entonces cuando Stalin se decidió a reanudar sus purgas. Lo hizo motivado por el pequeño tropiezo político y alertado por una carta de la doctora Lidia Timashuk, una especialista del Policlínico del Kremlin, que acusaba a su antiguo médico, Vinográdov, y a otros ocho médicos de origen judío de estar recetando tratamientos inadecuados a altos mandos del Partido y del Ejército, a fin de acabar con sus vidas. Sin esperar a recibir ninguna otra prueba, Stalin ordenó el arresto de los nueve médicos y aprobó que fuesen torturados hasta confesar en lo que fue bautizado como «el Complot de los médicos». La persecución afectó en total a 37 doctores de todo el país, 17 de ellos judíos, mientras que la paranoia anti-semita se extendió entre el pueblo. A finales de enero de 1953 su secretario privado desapareció sin dejar rastro. Y poco después, el 15 de febrero, el jefe de sus guardaespaldas fue ejecutado bajo extrañas circunstancias.

Conocedores del régimen de extremo terror impuesto por Stalin en el pasado, entre los miembros más veteranos del Politburó (el máximo órgano ejecutivo) corrió el miedo a que una nueva purga estuviera en ciernes. Solo la muerte de Stalin en marzo pudo frenar la escalada de muertes que había empezado tras el congreso de octubre. Precisamente por este clima de desconfianza, aunque la causa oficial de la muerte fue un ataque cerebrovascular, la sospecha del asesinato ha perseguido el suceso hasta la actualidad.

Lavrenti Beria, la posible mano ejecutora

Una vez descubierto al dictador tendido sobre el suelo de su habitación, su hombre más fiel entre los fieles, Lavrenti Beria, fue el primero en asistirle, pero lo hizo con cierta parsimonia. No convocó a los doctores hasta pasadas 24 horas del ataque. Ya fuera por la antipatía de Stalin hacia los médicos (los del Kremlin estaban presos) o por el poco empeño que tenían sus hombres en que saliera vivo de aquella situación, la agonía de Stalin se alargó varios días más sin que ninguno de los cirujanos se atreviera a intervenirle o a proponer algún tratamiento específico. Según el testimonio de su hija Svetlana Alliluyeva, en ocasiones el dictador abría los ojos y miraba furibundamente a quienes lo rodeaban, entre los que estaba Beria –jefe de la policía y el servicio secreto (NKVD)–, quien le cogía de la mano y le suplicaba que se recuperase, pero cuando volvía a desvanecerse lo insultaba y le deseaba una dolorosa muerte.

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ABC | Josef Stalin en 1949

El día 4 de marzo pareció por un momento que estaba recuperándose y una enfermera comenzó a darle de beber leche con una cuchara. En ese instante, sufrió un nuevo ataque y entró en coma. Los médicos que atendían a Stalin le practicaron reanimación cardiopulmonar en las diversas ocasiones en que se le detuvo el corazón, hasta que finalmente a las 22:10 del día 5 de marzo no consiguieron reanimarlo. Los enfermeros siguieron esforzándose hasta que su sucesor, Jrushchov, dijo: «Basta, por favor… ¿No ves que está muerto?». No en vano, 90 minutos antes de su último aliento, a las 20:40, representantes del Comité Central del PCUS, el gobierno y la presidencia del parlamento habían celebrado una reunión conjunta para decidir la sucesión del dirigente comunista. Había demasiada prisa por enterrarlo y cerrar su sucesión como para esperar a que estuviera definitivamente muerte.

El primero en propagar la teoría del envenenamiento fue su alcoholizado hijo Vasily, que desde el principio denunció las negligencias médicas que rodearon la muerte de su padre. Sin embargo, el máximo sospechoso, más allá de los médicos a los que el propio Stalin acusó de conspiradores, siempre ha sido Beria. Según las memorias de Nikita Jrushchov, que se alzó como el líder principal del país e inició un proceso de desestalinización, Beria llegó a confesar ante el Politburó: «Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos». Ciertamente, si alguien podía frenar los planes de purga del dictador ese era el jefe de la policía y el NKVD. Un día después de la muerte de Stalin, Beria puso fin a la investigación del «Complot de Médicos», junto al reconocimiento de que las acusaciones habían sido inventadas.

La sombra de Rosetta


El Mundo

  • Imagen captada durante la aproximación al cometa
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La sombra de Rosetta durante la aproximación al cometa 67P. ESA

Ocurrió durante el día de San Valentín. La sonda Rosetta se aproximó a seis kilómetros del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. La Agencia Espacial Europea (ESA) explicó que la imagen muestra en detalle una región inferior de 67P, el “pato espacial”, la “bola de tierra helada” o , más cariñosamente, “Chury”.

Con el Sol directamente detrás de Rosetta, la sonda pudo fotografiar la proyección de su propia sombra sobre la superficie del cometa. “Me gusta porque consigue esta bonita yuxtaposición de Rosetta en un paisaje extraterrestre“, dijo el doctor Matt Taylor, científico del proyecto. Concretamente, la sombra se encuentra en el límite de dos regiones conocidas como Imhotep y Ash.

‘Chury’ está cada vez más activo a medida que se acerca al Sol, por lo que Rosetta no podrá trabajar a pleno rendimiento en un tiempo, como lo hizo a finales del pasado año. La corriente de gas y polvo procedentes del cometa produce resistencia en la sonda europea, lo que complica el trabajo de los controladores que dirigen a la nave a través del espacio.

El plan es mantener a Rosetta a la espera y realizar aproximaciones ocasionales con maniobras como la del 14 de febrero.


El Mundo

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Interior de la tumba. ARCE

 

Otro portillo se abre en la antigua Tebas, el páramo que Homero bautizó como la ciudad de las cien puertas. Una misión de arqueólogos estadounidenses ha hallado de modo fortuito la entrada a la tumba de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo que hace más de 3.000 años tuvo la privilegiada tarea de ser “el guardián del dios Amón”.

La expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) ha descubierto la sepultura en Gurna, la ribera occidental de la actual Luxor, mientras realizaba tareas de limpieza del patio de la tumba anexa TT110, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un escueto comunicado. La puerta permanecía hasta ahora sepultada por los escombros.

El enterramiento, con forma de T, mide 5,1 metros de largo y 1,5 metros de ancho y consta de dos habitaciones y un pequeño nicho inacabado. Un pasillo, de 2,5 metros de longitud, conecta la estancia principal con otra sala lateral, un cubículo de 2 metros con un pozo en el centro que probablemente conduce a la cámara funeraria de este distinguido conserje, que halló el descanso en el paisaje dividido de los campos verdes del Nilo y la tierra desértica.

Según los expertos, el lugar pertenecería a la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.). “El guardián, uno de los varios títulos que se encuentran tallados en el dintel de la puerta de la tumba, dataría de la dinastía XVIII”, confirma el ministro de Antigüedades Mamduh el Damati.

Los muros del laberinto guardan entre montañas de piedras y cascotes escenas de Amenhotep -también apodado “Rebiu”- con su esposa, llamada probablemente Satamen, apostados frente a una mesa de ofrendas; la imagen de una deidad amamantando a un niño de la familia real o paisajes de la vida diaria en el Antiguo Egipto, con especial atención a la caza. A pesar del pillaje que debió sufrir y los achaques de milenios bajo tierra, la sepultura luce aún coloridas estampas pintadas en yeso.

Sus tapias levantan acta además de las turbulencias políticas que asolaron aquella época. Escenas, inscripciones jeroglíficas y menciones a Amón fueron arrancadas y eliminadas en una señal de que la tumba fue alcanzada por la purga desatada por Ajenatón, el faraón que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero de Amón. “Los nombres de los propietarios han sido borrados porque estaban vinculados al de Amón”, señala la misión.

El hallazgo -considerado “asombroso” por el ministerio de Antigüedades- tiene aún mucha luz que arrojar sobre este tiempo de zozobra. La misión -dirigida por el egiptólogo John Shearman- auscultará la tumba -que será restaurada y abierta al público- para determinar si compartía patio con la sepultura cercana, que hasta ahora centraba las labores de los expertos estadounidenses.

La sepultura recuperada es el último de los formidables descubrimientos firmados en el último año y relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 una misión de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.

El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola “Min Project” se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.


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  • El calificatico de arpía hace referencia exclusivamente a las féminas y data de principios del siglo XVI
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ABC Para Calderón de la Barca las arpías eran lo peor que se podía ser

La falsedad muchas veces se presenta disfrazada. Pongamos una situación cualquiera en un lugar de trabajo cualquiera: Usted, confiado y agradable, está hablando con un compañero o compañera que no para de dedicarle amplias muecas de sonrisa a cada cosa que dice, convirtiéndose la charla en una continúa exaltación de la amistad. Quizás, es atrevido generalizar, pues en la mayoría de casos este hecho entra dentro de los cánones de las nobles relaciones humanas. Sin embargo, no es tan ostentoso señalar que nuestro protagonista ha sufrido alguna vez aquello que se conoce como ‘clavártela por la espalda’.

En «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, su autor, Pancracio Celdrán, define a la arpía como una persona perversa, de genio endemoniado y actitud fiera y cruel. Además, señala que la ofensa hace referencia exclusivamente a mujeres y data de principios del siglo XVI, con significado casi idéntico al que aún tiene. El naturalista aragonés Diego de Funes y Mendoza se refiere a ellas como robadoras y causadoras de males mediante manejos e intrigas.

Lope de Vega, gran conocedor del paño, recoge así su pensamiento:

Es la mujer del hombre lo más bueno.

Es la mujer del hombre lo más malo.

Su vida suele ser, y su regalo.

Su muerte suele ser, y su veneno (…)

No ha hecho el cielo cosa más ingrata.

Es un ángel y a veces una arpía.

Tan presto tiene amor como maltrata.

Por su parte, el madrileño Calderón de la Barca las convierte en lo peor que se puede ser:

Si habla de flores, soy áspid;

si de fieras, basilisco;

si de aves, soy arpía;

si de peces, cocodrilo.

Celdrán expone que a lo largo de los siglos XVIII y XIX equivalió a mujer de mala condición, y en nuestro siglo es tanto como bruja o demonio. «No sorprende esta visión. Las arpías o harpías eran monstruos fabulosos hijas de Neptuno y la Tierra, muy voraces, con rostro de mujer, cuerpo de buitre, garras en pies y manos y grandes orejas de oso. En tiempos de Cervantes fueron tenidas por bestias aladas, rapaces e insaciables, símbolo de la usura y de cuantos con malas artes aspiran a hacerse con haciendas ajenas; también se predicó de la mujer que a cambio de sus favores arruina y desbarata las casas de los ricos de poco seso».



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  • Dicen que el sabio monarca grabó el nombre secreto de Dios en un mítico objeto del Templo de Jerusalén y aún hay quien lo busca en tierras españolas. He aquí su leyenda
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Imagen cedida por juan eslava galán «El rey Salomón y su mesa», óleo de Cerezo Moreno

Don Rodrigo debía saber el trágico destino que le aguardaba con la entrada de los musulmanes en la Península y no sólo por las consecuencias que hubiera podido intuir de sus relaciones con La Cava legendaria. Otra de las leyendas que le atañen cuenta que nada más llegar al trono osó entrar en las Cuevas de Hércules desafiando la inscripción disuasoria de su formidable puerta que venía a decir «Rey, abrirás estas puertas para tu mal», según narra el escritor José María Merino en su obra «Leyendas españolas de todos los tiempos: Una memoria soñada» (Siruela).

En una enorme cueva en Toledo se cuenta que Hércules guardó sus tesoros y cerró su boca con un torreón o palacio que aseguró con una gigantesca cerradura. Hasta la llegada al trono de Rodrigo, cada rey había ordenado colocar una cerradura más en la puerta, convirtiéndose el acto en un rito más de la coronación. Se dice que el último rey godo rompió 27 cerrojos antes de abrir las puertas junto a sus hombres.

En el interior del torreón, Rodrigo encontró un arca que guardaba un lienzo muy fino cuidadosamente plegado, según el relato de Merino. Al extenderlo, contempló la escena de una batalla entre «guerreros a caballo, vestidos con los ropajes propios de los pueblos que vivían al sur, en la otra orilla del mar» y figuras con sayales que parecían huir, mientras al pie de una fortaleza yacían muchos guerreros cristianos muertos. En el centro, abatidos y rotos, se representaban «las banderas del ejército de Rodrigo, el blasón de su escudo de armas y la bandera y el blasón del propio reino de España», señala el escritor antes de añadir que al ver aquella representación tan elocuente, «Rodrigo ordenó a todos retirarse, sin que nadie dijese una sola palabra».

El relato del historiador árabe Ahmed al Razi (s.IX-X) fue el primero en dar cuenta de la decisión de Don Rodrigo de entrar en el palacio construido por Hércules. Según Al Razi, conocido como el moro Rasis, la casa guardaba los secretos de un antiguo rey griego dominador de Al Andalus. Allí encontró «una arca de plata e con piedras preciosas» con dibujos de árabes y un escrito que decía: «Cuando sea abierta esta casa y se entre en ella, gentes cuya figura y aspecto sea como los que aquí están representados invadirán este país, se apoderarán de él y lo vencerán».

En esta casa o cueva de Hércules, otros relatos sitúan la legendaria Mesa del Rey Salomón donde el sucesor del rey David habría plasmado todo su conocimiento del universo y la formulación del nombre verdadero de Dios que no puede ser pronunciado ni escrito, el Shem Shemaforash, la llave de la sabiduría y el poder. La mesa de oro que el tercer rey de Israel ordenó colocar en el Templo de Jerusalén, según el I Libro de los Reyes (7,48), fue descrita posteriormente por algunos autores andalusíes como una pieza (mesa o espejo) tallada en una única esmeralda con 365 patas como días del año.

De Jerusalén a Roma y Toledo

Tras la destrucción del Templo en el 70 d.C., los romanos se habrían llevado la Mesa de Salomón a Roma. Así lo contó Flavio Josefo: «Entre la gran cantidad de despojos, los más notables eran los del Templo de Jerusalén: la mesa de oro, que pesaba varios talentos, y el candelabro de oro». De la exhibición de Tito con los tesoros da fe un relieve en el arco triunfal que erigió Roma a su general victorioso.

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wikimedia Relieve del arco de Tito que representa la entrada triunfal en Roma con los tesoros del Templo de Jerusalén

Los godos se hicieron hecho con el tesoro del Templo de Jerusalén tras el saqueo de Roma en el 410 d.C. El historiador Procopio lo menciona expresamente entre las riquezas depositadas en Tolosa, la capital del reino entonces. Un siglo después, éste acabaría siendo trasladado a Toledo ante el avance de los francos, tras pasar por Carcassone, Rávena y Barcelona. Otras leyendas hacen llegar la mesa a la capital del reino visigodo desde el norte de África a través de reyes míticos que habrían participado en campañas contra Jerusalén.

Ningún autor cristiano de la época, como Isidoro de Sevilla, menciona sin embargo la mesa ni su presencia en Toledo, según señaló el escritor y catedrático Jon Juaristi en una conferencia sobre «La leyenda de la Mesa del Rey Salomón» en 2006. «El tesoro sagrado de los godos, entre el que se encontraría la mesa, no se tocaba, ni siquiera se veía en aquel tiempo porque se creía que en él residía la fuerza de la tribu. Eso justificaría que no se haga ninguna mención», considera el historiador Juan Eslava Galán. El hecho es que la primera noticia que se tiene de la Mesa de Salomón en la Península aparece en las narraciones árabes de la toma de Toledo por Tariq, aunque otras leyendas sitúan el hallazgo en Complutum (Alcalá de Henares).

«La Mesa estaba hecha de oro puro, incrustado de perlas, rubíes y esmeraldas, de tal suerte que no se había visto otra semejante», escribió el historiador Al Maqqari, que coincidía con el cronista Aben Al Hakam: «Tenía tanto oro y aljófar como jamás se vio nada igual».

Existe la creencia de que Tariq habría llevado la Mesa de Salomón a Medinaceli, probablemente por el topónimo. La localidad fue llamada Medina Talmeida (Ciudad de la Mesa) y Madinat Salim (ciudad fundada por Salim ibn Waramad), que sería una deformación de Madinat Shelim, Ciudad de Salomón.

Tras desembarcar en la Península, Musa reclamó a Tariq la famosa Mesa de Salomón junto al resto del tesoro real godo. Se cuenta que Musa le humilló y maltrató para conseguirla y éste, antes de cedérsela, le arrancó una pata y la hizo sustituir por una falsa. Ambos fueron llamados a Damasco por el califa Suleimán y dicen que cuando Musa le entregó la mesa presentándose como el conquistador de España, Tariq mostró la pieza que faltaba desautorizándole.

En este punto se pierde la pista de la Mesa de Salomón. Unos dicen que fue desmontada por orden del califa en Damasco, otros que acabó en Roma, otros que fue despiezada y sus gemas adornan la Kabba de la Meca…

Otros sostienen, sin embargo, que no llegó a salir de España y aún lo sitúan en Toledo y en Jaén, donde se cree que pudo extraviarse de camino a los puertos andaluces.

El investigador toledano y escritor toledano, José Ignacio Carmona, cree que los tesoros visigodos fueron ocultados ante la llegada del invasor musulmán, como se constata con el tesoro de Guarrazar, en la localidad de Guadamur .«Obviamente, si las coronas aparecen en Guarrazar, no es disparatado pensar, por proximidad, en su complejo gemelo, Melque, para ocultar el tesoro de Salomón», manifestaba a ABC el autor del libro «Santa María de Melque y el tesoro de Salomón». Ambos lugares están unidos por un antiguo camino secundario romano, la vieja Alpuébriga.

La lápida templaria de Arjona

Otra vía de investigación conduce a la provincia de Jaén, donde en 1924 un labriego encontró en Torredonjimeno otro tesoro visigodo del que solo se conservan hoy unas pocas piezas menores, y donde fue hallada en 1956 una lápida templaria que, según el cabalista Álvaro Rendón, reproduce los símbolos grabados en la Mesa de Salomón. La lápida de mármol, que actualmente se encuentra en el Ayuntamiento de Arjona, se encontró en una extraña cripta de estilo bizantino que se había hecho construir el barón de Velasco en la localidad jienense. «Es un libro mudo, una especie de mandala para que quien sepa interpretarlo lo descifre», señala el historiador Juan Eslava Galán, coautor junto a Rendón de «La lápida templaria descifrada» (2008).

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imagen cedida por juan eslava galán Lápida templaria de Arjona, supuesta reproducción de la Mesa de Salomón

El barón de Velasco era miembro de la sociedad secreta de los «Doce Apóstoles», cuya existencia fue descubierta casualmente por el joven funcionario Joaquín Morales en 1937 durante el inventario de los tesoros artítiscos de la catedral de Jaén. El objetivo de esta sociedad a la que habrían pertenecido destacadas personalidades de finales del siglo XIX y principios del XX habría sido la búsqueda de la Mesa del Rey Salomón, que se creía oculta en Jaén. «Los miembros de esta logia pseudo-masónica no la buscan por su valor material, sino por ser un tesoro iniciático al tener el sello salomónico», apunta Eslava Galán. La cripta del barón de Velasco, añade, «fue construida para albergar una reproducción de la Mesa de Salomón».

Para Juaristi, sin embargo, la Mesa del Rey Salomón «es un símbolo de España» y lo fue siempre desde la conquista. De ahí el interés de Musa por arrebatársela a Tariq.


En busca de las cuevas de Hércules

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