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Un trabajador del Instituto Max Planck taladra un hueso de neandertal para obtener su ADN MPI EVA

A medida que avanza el conocimiento sobre el ADN de las poblaciones neandertales, los científicos están siendo capaces de reconstruir no sólo el origen de estos antiguos homínidos, sino el del propio ser humano. Diferentes estudios han concluido que nuestro material genético porta entre un 1,5% y un 2,1% de sus genes. Otros trabajos intentan explicar qué implicaciones tiene que carguemos con la información de esta especie extinta. Las dudas se centran en si nuestros genes neandertales condicionan cómo somos o si incluso nos hacen más proclives a ciertas enfermedades.

Para responder a estas preguntas se necesita disponer de muestras que permitan estos análisis genéticos. Y, aunque existen muchos restos fósiles con los que hacer comparaciones, los científicos solo tenían hasta la fecha el genoma completo de un único neandertal, obtenido a partir de los huesos de una hembra siberiana de las montañas de Altái de hace 122.000 años. Sin embargo, un estudio publicado este jueves por la revista Science ha acabado con esta limitación y aporta, por fin, la secuencia completa de ADN de otro neandertal, el de una mujer que habitó la cueva croata de Vindija hace aproximadamente 52.000 años.

Kay Prüfer, investigador del Instituto Max Planck y primer autor en ambos trabajos, ha logrado junto con su equipo un análisis de gran precisión para estas muestras de ADN, lo que no resulta fácil teniendo en cuenta el estado y la antigüedad de los restos. “La secuenciación de un genoma de alta calidad es un reto, ya que necesitamos identificar una muestra que contenga una cantidad suficiente de ADN y que a su vez esté poco contaminada”, ha afirmado a EL MUNDO Kay Prüfer. “En este caso, por ejemplo, sólo el 10% del ADN provenía del neandertal. El resto era contaminación microbiana. Así que tuvimos que secuenciar hasta 10 veces más cantidad de muestra de lo que habríamos necesitado para un genoma humano normal”, ha explicado.

El hallazgo ha proporcionado resultados inmediatos y así, en el mismo estudio, Prüfer y sus colegas, tras cotejar sus secuencias con las bases de datos sobre genes neandertales y humanos, han estimado que las poblaciones modernas no africanas transportan entre el 1,8% y el 2,6% de ADN de neandertal, más que lo que se conocía hasta ahora. Los asiáticos del este llevan incluso algo más de ADN de neandertal, entre un 2,3% y un 2,6%.

Además, han identificado, en este genoma neandertal común, variantes de genes relacionados con los niveles de colesterol LDL en plasma y vitamina D, trastornos alimentarios, acumulación de grasa visceral, artritis reumatoide, esquizofrenia o respuesta a drogas antipsicóticas. Esto se suma a la creciente evidencia de que la ascendencia neandertal influye en el riesgo de enfermedades neurológicas, psiquiátricas, inmunológicas y dermatológicas que pueden sufrir los seres humanos actuales. “Las variantes que encontramos tienden a estar presentes más a menudo en las personas que padecen la enfermedad, pero no significa que la causen con una certeza del 100%”, ha puntualizado Prüfer.

Por otro lado, esta herencia neandertal, fruto de nuestra relación de convivencia e hibridación con esta especie, no es siempre negativa. El científico ha recalcado que la revista American Journal of Human Genetics ha publicado, también este jueves, un estudio paralelo de su mismo departamento que da fe de ello.

A través de la base de datos Biobank de Reino Unido, los investigadores Michael Dannemann y Janet Kelso, del Instituto Max Planck, han estudiado el ADN de 112.000 personas y han encontrado características neandertales no relacionadas con la enfermedad. Se trata de rasgos relacionados con la exposición a la luz solar y que tienen que ver con el tono de piel y el color del cabello (que podían ser claros), los patrones de sueño regidos por los ritmos circadianos o el estado de ánimo. Según este equipo de científicos, hace unos 100.000 años, cuando los seres humanos modernos migraron a Eurasia, los neandertales ya estaban adaptados a niveles más bajos de radiación solar que a lo que estaba acostumbrado el Homo sapiens que llegaba de África.

Un tercer estudio, publicado a la vez en Science pero liderado por genetistas del Museo de Historia Natural de Dinamarca, viene a completar el panorama. El grupo de investigación de Eske Willerslev se ha centrado, no obstante, en cuatro seres humanos del Paleolítico Superior, enterrados en el cementerio de Sunghir, en Rusia hace entre 34.600 y 33.600 años.

Estos restos se corresponden con cuatro varones no emparentados entre sí y sin signos de consanguinidad debido a la endogamia propia de poblaciones pequeñas, como por el contrario sí ocurre en las poblaciones neandertales. Los científicos explican que la movilidad de las poblaciones de cazadores recolectores del Paleolítico Superior pudo llevar al hombre moderno a aparearse fuera de sus clanes.

“Encontramos que los individuos en Sunghir no estaban estrechamente relacionados entre sí. Como mucho eran primos segundos y no mostraron evidencia de endogamia. Esto contrasta con la hembra neandertal de Altái, que ha demostrado ser muy consanguínea. Sus padres eran probablemente hermanastros“, ha comentado a este medio Martin Sikora, coautor del tercer trabajo.

Los datos de estas tres investigaciones confirman que la estructura de las poblaciones neandertales y humanas son por tanto diferentes. Mientras que los neandertales vivían en poblaciones pequeñas y la relación de parentesco era estrecha, con consanguinidad entre sus miembros, los humanos diversificaron sus apareamientos y desarrollaron una estructura social con prácticas culturales que evitaron la endogamia. “Hemos encontrado que los individuos de Sunghir tienen mayor proporción de ADN de Neandertal que los europeos actuales. Esto podría ser debido a una mezcla adicional en los individuos de Sunghir, o a que la selección natural ha actuado en contra del ADN neandertal a partir del Paleolítico Superior”, ha aseverado Sikora.

Desde el Instituto de Biología Evolutiva (UPF-CSIC), Carles Lalueza Fox, experto en ADN antiguo y neandertales, ha remarcado la importancia del tamaño de la población y la acumulación de mutaciones que fueron perjudiciales para estos homínidos. “Cuando se da una endogamia durante miles de años porque las poblaciones son muy pequeñas y no hay con quien cruzarse, que no esté lejanamente emparentado, se acumulan mutaciones que tienen efectos negativos, sobre todo en la fertilidad”, ha explicado a este periódico.

“Los humanos del Paleolítico Superior tuvieron mecanismos para evitar los apareamientos endógamos y consanguíneos. Los neandertales no, porque eran muy pocos y no podían seleccionar sus parejas, lo que tuvo un impacto en la viabilidad final de la especie. Esto se observa en los neandertales y en animales en peligro de extinción, como el lince ibérico”, ha añadido.

Según este investigador, “la genómica nos informa de la estructura social y de los patrones reproductivos de los neandertales y de los europeos modernos, porque la diversidad genómica es un reflejo de la demografia”, ha concluido.

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  • Se cumplen 50 años de la publicación en España de «El misterio de las catedrales»

Vidriera de la catedral de Notre Dame de París – WIKIPEDIA

«La más fuerte impresión de nuestra primera juventud -teníamos a la sazón siete años- de la que conservamos todavía vívido recuerdo, fue la emoción que provocó en nuestra alma de niño la vista de una catedral gótica. Nos sentimos inmediatamente transportados, extasiados, llenos de admiración, incapaces de sustraernos a la atracción de lo maravilloso, a la magia de lo espléndido, de lo inmenso, de lo vertiginoso que se desprendía de esta obra más divina que humana». En 1967 los españoles leían por primera vez en castellano estas primeras líneas de uno de los libros más enigmáticos jamás publicado. Todo en «El misterio de las catedrales» intrigaba -y aún intriga-: ¿Qué enigma escondían las catedrales? ¿Qué secreto se revelaba entre sus páginas? ¿Quién se ocultaba bajo el seudónimo de Fulcanelli?

El libro había visto la luz por primera vez en Francia en 1926, en una edición de apenas 300 ejemplares lujosamente ilustrada por el pintor Jean Champagne. Firmaba el prólogo el joven Eugène Canseliet, que se presentaba como discípulo del autor. Aquella primera edición «no tuvo repercusión, pero con la segunda y tercera las ventas se dispararon hasta convertirse en un auténtico fenómeno», recuerda el historiador José Luis Corral. El París de entreguerras, donde existía un movimiento de apasionados por los misterios, el ocultismo y la alquimia, era «un campo de cultivo bien abonado» para un libro que aplicaba todos esos temas a las catedrales góticas.

Para el enigmático Fulcanelli, las catedrales constituían un compendio de todos los conocimientos de la alquimia medieval. Los principios de la sabiduría hermética se encontraban allí expuestos, a la vista de todos, pero a través de símbolos incomprensibles para los no entendidos. El alquimista relacionaba, por ejemplo, la planta de las catedrales en forma de cruz con el crisol alquímico y vinculaba los siete medallones de la Virgen en la fachada de Nôtre Dâme con los siete metales del proceso alquímico para la obtención de oro. Afirmaba que el «arte gótico» procedía del término «argot», un lenguaje secreto que solo los iniciados conocían y que la luz que penetraba en el interior de las catedrales poseía propiedades taumatúrgicas porque las vidrieras filtraban los rayos dañinos del sol.

«Los apasionados del esoterismo lo consideraron como su libro de cabecera, pero los académicos lo vieron como una especie de broma sin interés», continúa el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza que se interesó en Fulcanelli en 2004, cuando comenzó a escribir su novela «El número de Dios», ambientada en la construcción de las catedrales góticas de Burgos y León. Después llegarían «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008) o «El enigma de las catedrales» (2012), sobre los mitos y misterios de la arquitectura gótica.

En España, la obra de Fulcanelli no tuvo tanta repercusión como en Francia, al menos hasta los años 70 del siglo XX, pero lleva publicándose de forma ininterrumpida durante medio siglo. Si ese logro ya constituye un misterio en sí para cualquier libro, mucho más para un oscuro tratado de alquimia como «El misterio de las catedrales». A juicio de Javier Sierra, su secreto es que «contiene un material imperecedero y altamente fascinante».

«La clave está en que nos enseña a “leer” el arte gótico en general, y las fachadas de la catedral de Notre Dame de París en particular, utilizando la rica simbología de la alquimia. De hecho, nos obliga a preguntarnos cuánto de ese saber “hermético” manejaron los maestros constructores del gótico y de dónde lo obtuvieron», explica el escritor. Ésa es, en su opinión, la mayor aportación del libro: «Nos enseñó a “leer” las catedrales, no solo a (ad)mirarlas».

Para José Luis Corral, ese contenido lleno de simbolismo y con diferentes vías de interpretación es una de las claves que explican su éxito, aunque el misterio siempre ha atraído a miles de lectores «sobre todo si se mezclan y confunden como es el caso de este libro, realidad y fantasía». Historiográficamente, aclara el historiador de la Universidad de Zaragoza, «no aporta nada y está lleno de errores de interpretación» ya que, por ejemplo, «considera como originales de la Edad Media, y así las analiza, esculturas que se labraron en el siglo XIX en las obras de restauración de la catedral de Nuestra Señora de París y lo mismo hizo con las vidrieras, que tampoco eran, salvo el rosetón norte, medievales».

«En cuanto a la interpretación de aspectos lingüísticos, como derivar la palabra “argot” del concepto “arte gótico” y decir que el argot era “el lenguaje de los pájaros” es absurdo», continúa el historiador.

El misterio del misterio

El verdadero secreto del interés que aún hoy despierta Fulcanelli es, a su juicio, «el misterio que rodeó a su autor en todos los sentidos, desde su desconocida e intrigante personalidad hasta su desaparición».

Carlos J. Taranilla de la Varga lo incluye entre los personajes enigmáticos de los que escribe en su último libro sobre «Grandes enigmas y misterios de la Historia» (2017). «A día de hoy, no se sabe a ciencia cierta su identidad. Fulcanelli quedó en el anonimato», subraya este escritor y divulgador leonés antes de relatar un episodio que contribuyó a aumentar su halo misterioso.

En el libro «El retorno de los brujos» (también traducido como «El amanecer de los magos»), se recoge un episodio supuestamente ocurrido en 1937 en el que el científico Jacques Bergier «creyó tener excelentes razones para creer que se hallaba en presencia de Fulcanelli». Bergier trabajaba entonces como ayudante del científico pionero en la investigación nuclear André Helbronner en un laboratorio de ensayos de la Sociedad del Gas, de París, cuando un «misterioso personaje» le advirtió de los peligros de la energía nuclear.

«Los trabajos a que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos. Y no son solo ustedes los que están en peligro, sino también la Humanidad entera (…) Pueden fabricarse explosivos atómicos con algunos gramos de metal, y arrasar ciudades enteras. Se lo digo claramente: los alquimistas lo saben desde hace mucho tiempo (…) Bastan ciertas disposiciones geométricas, sin necesidad de utilizar la electricidad o la técnica del vacío», contaba Bergier que le dijo aquel hombre, anticipándose en ocho años a la detonación de la primera bomba atómica.

«Queda ese enigma de si era Fulcanelli y de si se adelantó con sus declaraciones a los acontecimientos nucleares», admite Taranilla de la Varga algo receloso, porque ese episodio fue escrito por Louis Pauwells «a toro pasado, ya que el libro se publicó en 1963». «Todo huele a tufo», añade.

Javier Sierra indica que, «por desgracia», no existe ningún documento anterior de Bergier que pruebe la veracidad de este testimonio recogido en «El retorno de los brujos». El escritor describe a Bergier como «un hombre fascinante, que estuvo implicado en mil campos -desde el espionaje a la ciencia de vanguardia- y una fuente inagotable de anécdotas». La de Fulcanelli «es una más», aunque sus libros rebosan de otras no menos intrigantes, según Sierra.

«Siempre estuvo muy obsesionado con el uso bélico de la energía nuclear. Solo eso explica que años después afirmase que el famoso manuscrito Voynich, ese libro indescifrable medieval que se guarda en la Universidad de Yale, era en verdad un tratado para el manejo de la fuerza del átomo», añade.

El supuesto encuentro habría tenido lugar ocho años después de que saliera a la venta un segundo libro de Fulcanelli, «Las moradas filosofales» (1929), en el que ampliaba sus teorías alquímicas a otros edificios góticos civiles y militares. Después, desapareció. No así las conjeturas sobre su identidad, que no dejaron de proliferar. Se pensó en su prologuista, en el pintor, en un tal Rosny el Viejo (escritor de obras esotéricas), en el Doctor Jaubert y otros aficionados al ocultismo como Castelot, Fauguerons o Dujols… También se sostuvo que tras el seudónimo se amparaba un colectivo de masones, alquimistas y ricos aficionados a las ciencias ocultas de París que se hacían llamar Los Hermanos de Heliópolis, a los que Fulcanelli dedicó su obra.

«Los únicos que le conocían, Canseliet y Champagne, sostenían lacónicamente que se trataba de un aristócrata de mediana edad, con cuya fortuna había estado a las puertas de descubrir la piedra filosofal», relata Taranilla de la Varga en su libro.

Sevilla y la conexión Heliópolis

Las especulaciones lo llevaron hasta Sevilla, donde varios discípulos dijeron haberlo visto en los años 50, con una apariencia mucho más joven de la que correspondería a su edad debido a que había comprobado los efectos del elixir de larga vida. Allí lo situó José Luis Corral en su novela «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008), vinculando al misterioso alquimista con el barrio sevillano de Heliópolis.

«Cuando se hizo en 1929 la gran Exposición Universal de Sevilla, varios masones participaron en el diseño de la misma. El barrio nuevo que se construyó para albergar los edificios de la exposición recibió el nombre de Heliópolis, “la ciudad del sol”, nombre extraño y ajeno por completo a Sevilla», explica Corral.

Él, sin embargo, no cree que Fulcanelli fuera una única persona. «Se han propuesto varios nombres, todos ellos miembros de las tertulias que se reunían en las librerías de temas esotéricos en el barrio de Montparnasse en París. Probablemente se trate de un colectivo formado por varios de ellos, pues el estilo del libro “El misterio de las catedrales” parece obra de varias manos», afirma.

¿Un anagrama?

Para Javier Sierra, «quizá la clave se esconda en el propio pseudónimo de “Fulcanelli”» y en esa primera edición de «El misterio de las catedrales» de 1926, de la que se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Francia en París y media docena de ejemplares (hoy de gran valor) más en manos de particulares o bibliotecas masónicas. El escritor explica que con las letras de su nombre se puede armar una misteriosa frase en francés: «l’écu final» (el escudo final) y en la edición original de 1926 -no en posteriores ni en las traducciones- figura un escudo con otra misteriosa frase: «Uber Campa Agna». «Qué curioso que el nombre completo de Julien Champagne, uno de los eternos candidatos a ser Fulcanelli, un artista bohemio y ocultista del París de principios del siglo XX, fuera Julien Hubert Champagne. Uber Campa Agna, pronunciado a la francesa y rápido, recuerda a ese nombre. Eso es cábala fonética, algo que lauda repetidamente “El misterio de las catedrales”», constata.

En 1999, Jacques d’Arès causó un gran revuelo al sacar a la luz un manuscrito presuntamente escrito por Fulcanelli titulado «Finis gloriae mundi», como el célebre cuadro de Juan de Valdés Leal. Surgieron muchas dudas, «razonables» en opinión de Sierra, porque «ese libro, citado por Fulcanelli, nunca se publicó en vida de éste». Tras leer lo que se ha publicado después sobre él, el escritor considera que «no es improbable que sean notas incompletas del mismo autor de “El misterio de las catedrales” y “Las moradas filosofales”». José Luis Corral discrepa: «Mi opinión es que Fulcanelli, fuera quien fuese, no es el autor de este libro, sino alguien que aprovechó el nombre para intentar seguir atesorando éxito, que no logró».

La identidad de Fulcanelli nunca se ha aclarado, probablemente porque nunca se ha abordado una investigación en serio al respecto, a juicio de Corral. «Cuando se ha hecho desde los “incondicionales” ha primado mantener el misterio y el academicismo -especialmente el francés, que es muy rígido, conservador y poco atrevido- no ha querido entrar en ello por parecerle un tema impropio de una investigación seria. Y así seguimos».


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  • El religioso franciscano fundó nueve misiones al otro lado del Atlántico y luchó para que la sociedad nativa avanzara. Sin embargo, hace poco una estatua erigida en su honor fue decapitada en California

Recreación de una misa de Junípero Serra en el Nuevo Mundo

 

Los héroes no son solo aquellos que, espada y escudo en mano, luchan una cruenta batalla sabedores de sus escasas posibilidades de victoria. En muchas ocasiones, los ídolos no necesitan armas ni armadura. El vivo ejemplo de ello fue Junípero Serra, un fraile franciscano que -allá por el siglo XVIII- dejó atrás a su querida España y recorrió casi 10.000 kilómetros en barco hasta México para versar a los nativos en las artes, las ciencias y el comercio.

Olvidándose de su seguridad y bienestar personal, Serra fundó además nueve misiones en el Nuevo Mundo dedicadas por completo a garantizar el bienestar de los indígenas. Fue, en definitiva, un gran hombre con un enorme listado de buenas acciones. Las mismas que, allá por el año 2015, le llevaron a ser canonizado por el Papa Francisco.

La de Junípero Serra es una historia de bondad. Aunque no debían opinar lo mismo los exaltados que, hace menos de una semana, decapitaron y pintaron de rojo una estatua levantada en su honor cerca de la Antigua Misión de Santa Bárbara.

Por desgracia, este denigrante asalto no ha sido una excepción. El pasado 23 de agosto, por ejemplo, fue también atacada una efigie del religioso ubicada en la ciudad de Los Ángeles (California). Otro tanto ocurrió en 2015 cuando, pocas jornadas después de que nuestro protagonista fuese canonizado, unos vándalos derribaron varias de sus esculturas y pintaron sobre su lápida las palabras «Santo del genocidio».

Y es que, a día de hoy son muchos los nativos que -tal y como explica José A. Sanz en «Cruces y flechas»- consideran que el religioso fue «un carcelero» que «construyó auténticos campos de concentración» y obligó «a los indios a convertirse al catolicismo». Todo falsedades, en palabras del mismo autor: «No hay evidencia alguna para afirmar que, en tiempos de Serra, hubiera conversiones forzadas de indios al catolicismo; no hay evidencia alguna que muestre que Serra fuera personalmente cruel con los indios; durante la presidencia de Serra no hubo tal destrucción de los pueblos indígenas».

La visión más cruel de este fraile contrasta también con el hecho de que, a día de hoy, este héroe patrio es el único honrado con una estatua en el Capitolio de Washington.

Triste salida de España

La villa de Petra, en la isla de Mallorca, fue la urbe que vio nacer al futuro evangelizador el 24 de noviembre de 1713. Así lo afirma el también religioso del XVIII Francisco Palou (amigo inseparable de nuestro protagonista) en su obra «Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del V. P. Fray Junípero Serra».

El autor señala además que «fueron sus padres Antonio Serra y Margarita Ferrer, humildes labrados, honrados, devotos, y de exemplares costumbres» los que instruyeron a Miguel José (pues ese era su verdadero nombre) «en el santo temor de Dios». La infancia de nuestro protagonista, por tanto, se forjó en base a la religión. Así lo deja claro el cronista, quien señala que «desde luego que empezó a andar, [comenzó] a frequentar la Iglesia y Convento de San Bernardino».

Su paso por aquella escuela le granjeó, en palabras de Palou, grandes conocimientos en «la latinidad, de la que salió perfectamente instruido». Pronto quedó claro que poseía aptitudes más que claras para la filosofía y que se sentía atraído por la religión. Por ello, y a la edad de 15 años, empezó a asistir a las clases del convento de San Francisco de Palma. «Sintiéndose llamado por la vocación religiosa, al año siguiente viste el hábito franciscano en el convento de Jesús, extramuros de la ciudad. El 15 de septiembre de 1731 emite los votos religiosos, cambiando el nombre de Miguel José por el de Junípero», explicaba el fallecido Salustiano Vicedo en su dossier «Beato Junípero Serra (1713-1784), Apóstol de Sierra Gorda y California».

A partir de entonces se dedicó al estudio y a la docencia. Tarea en la que destacó sobremanera formando a decenas de discípulos. Y así permaneció hasta 1741.

Con todo, su paso por la tarima le duró poco. Ansioso de predicar en el Nuevo Mundo, Serra no pudo contener la alegría cuando le informaron de que, finalmente, se había aceptado su petición para cruzar el Atlántico y unirse al Colegio de Misioneros de San Fernando (en México). La felicidad inicial, no obstante, le duró poco. Y es que, aquello implicaba alejarse de sus padre. Al final nuestro protagonista no tuvo valor para decirles la verdad. «Visitó á sus ancianos padres, despidiéndose y tomado la bendición de ellos para volverse, respecto á haber concluido su tarea; á quienes; dexó asimismo ignorantes de su determinación, quedando por esto mas oculta», añade Palou.

Los horrores del viaje

El 13 de abril de 1749 Serra partió hacia Málaga rumbo a Cádiz. Este viaje ha sido, en cierto modo, olvidado por la historia. Sin embargo, fue más importante de lo que dejan entrever las crónicas. ¿La razón? Que, durante el trayecto, el fraile tuvo un enfrentamiento con el capitán del bajel que podría haber dado con sus huesos en el mar.

En palabras de Palou, presente en el viaje, aquel sujeto era un «hereje protervo» que no dudó en provocar a los religiosos durante las quince jornadas que estuvieron en el barco. Siempre según sus escritos, el marino atacó durante todo el trayecto a la religión «hablando inglés o algo de portugués» (pues no sabía español) y leyendo pasajes de la Biblia que consideraba inadecuados.

Serra, por su parte, no evitó el conflicto durante aquellas jornadas. «Como nuestro Fray Junípero era tan instruido y versado en el dogma y las sagradas escrituras, […] intentaba que percibiera su error», añade Palou. El enfrentamiento, en principio dialéctico, terminó desquiciando al capitán, quien llegó a «ponerle un puñal a a la garganta con intenciones (al parecer) de quitarle la vida». Sin embargo, parece que desistió cuando el español le señaló que «si no nos ponía en Málaga, nuestro rey pediría al de Inglaterra por nosotros, y su cabeza lo pagaría».

En cualquier caso, Serra arribó sano y salvo a Cádiz y, desde allí, partió hasta Veracruz (en México). A este lugar llegó tras una travesía de 99 jornadas.

Por desgracia, su suplicio no acabó cuando pisó México. Y es que, en su camino al Colegio de Misioneros de San Fernando tuvo un percance que le dejó marcado de por vida. «Se hincharon los pies a […] Junipero, de suerte que llegó á una Hacienda sin poderse tener; atribuyeronlo á picadas de zancudos por la mucha comezón que sentía, […] Le amaneció ensangrentado todo con cuyo motivo se le hizo una llaga […] le duró toda la vida», añade Palou. Ni eso podría con nuestro protagonista, decidido a continuar su labor evangelizadora y civilizadora.

Labor civilizadora

Como bien señala Vicedo en su dossier sobre este personaje, Serra permaneció seis meses en el Colegio de Misioneros de San Fernando. Pasado este tiempo dirigió sus pasos hacia la llamada Sierra Gorda (en Querétaro, México). Allí, según Palou, fueron recibidos calurosamente por los nativos de las diferentes misiones. Palabras que acaban radicalmente con la extendida idea de que los indígenas odiaban la labor de los cristianos.

Una vez en la zona, nuestro protagonista se dedicó en primer lugar a aprender la lengua de los lugareños y a dar a conocer entre ellos la religión cristiana. «Intentó imprimir en sus tiernos corazones la devoción al Señor», completa el cronista en su extensa obra.

Pero esa no fue su única labor. «Para que los indios tuviesen qué comer y vestir […] agenció por medio de sindico el aumento de bueyes, vacas, bestias, y ganado menor de pelo y lana, maíz, y frixol para poner en corriente alguna siembra, en lo qual se gastó no solo el sobrante de los 300 pesos […] que daba S. M. á cada Ministro para su manutencion, sino también la limosna que se podía conseguir por misas, y la que ofrecían algunos bienhechores», explica Palou.

«Para que los indios tuviesen qué comer y vestir […] agenció el aumento de bueyes, vacas, bestias, y ganado menor de pelo y lana, maíz, y frixol»

En poco tiempo consiguió también aumentar las cosechas que daban de comer a los indios. Algo que logró, entre otras cosas, «aparatando [a los indios] de toda la ociosidad en la que se habían criado», organizándolos y enseñándoles técnicas avanzadas de cultivo. Por si fuera poco, también les ayudó a construir granjas y talleres.La labor, sin duda, ayudó a los nativos a avanzar. «Fue tal la transformación realizada en aquella zona montañosa que, de un erial infructuoso, sus valles se transformaron en fecundo vergel. Y unos indios semisalvajes y ariscos, quedaron convertidos en sociables ciudadanos, instruidos en los diferentes campos de la actividad humana de aquellos tiempos», añade, en este caso, Vicedo.

El mayor defensor de la labor de Serra era Palou, pues entendía -en palabras de Sanz- que «era un modelo de misionero y que su plan de misiones era el único remedio para que los indios tuvieran un futuro».

Durante aquella vorágine civilizadora fue requerida la presencia de Serra en San Saba (Texas). Más concretamente, en una misión que había sido arrasada a base de flechas por los apaches. El fraile (para entonces «Presidente de los misioneros») aceptó, pero finalmente se canceló su partida. Por ello, y en palabras de Vicedo, «se dedicó a dar misiones populares por todo el Territorio de la Nueva España» durante un año.

Primera expedición

Mientras Serra evangelizaba medio México, la situación internacional se recrudecía. Ejemplo de ello es que, en 1767, los jesuitas fueron expulsados de todos los territorios españoles. Una decisión que dejó vacías sus misiones en la Baja California y obligó a franciscanos como Serra a asentarse en ellas. «Salimos el día 12 de marzo de dicho año, habiendo anochecido ya», añade Palou, quien viajó junto a Junípero.

Por si esta situación no fuese ya lo suficientemente peliaguda para España (la cual se arriesgaba a perder una buena parte de las misiones en la Baja California), un año después de que Serra arribara a su nuevo puesto llegaron informes de que los rusos buscaban colonizar el noroeste americano. Un desastre para los intereses de nuestra corona en la zona.

¿Cuál fue la solución ofrecida por los españoles? Adelantarse a sus competidores. «El Visitador Real José de Gálvez propuso al gobernador una expedición a Monterrey», explica Matt A. Casado en «California hispana: Descubrimiento, colonización y anexión por los Estados Unidos». Sin embargo, sabía que le sería imposible colonizar solo con las armas, por lo que hizo llamar a Serra.

La expedición partió el 10 de abril de 1769 en dirección a Monterrey bajo el mando de Gaspar de Portolá. El viaje fue más duro que cualquiera de los anteriores en los que había participado Serra. Los episodios que vivieron aquellos hombres así lo atestiguan. El 28 de mayo, por ejemplo, los nativos trataron de detener el avance de los soldados españoles por las bravas a la altura de una zona llamada la Cieneguilla, aunque los nuestros los dispersaron a base de tiros al aire.

«Fray Junípero era entusiasta, pero no ciego. Sabía que en cualquier momento los indios se podían convertir en una amenaza», añade Sanz. Lo cierto es que no le faltaba razón. Y así que claro el 27 de junio cuando, de la nada, aparecieron dos grupos de nativos armados con arcos y flechas que se ubicaron en los flancos de la expedición. Los nuestros se pusieron en guardia pensando que les tocaría defenderse hasta la muerte. Pero no sucedió nada. Según explicó Serra en sus memorias, los indios se dedicaron a dar alaridos hasta que se cansaron y se marcharon.

A primeros de julio la expedición arribó al puerto de San Diego, donde nuestro protagonista fundó la primera misión de la Alta California, la de San Diego de Alcalá.

La estructura social y militar que se generó alrededor de esta misión sería más que revolucionaria. De esta forma lo explican, al menos, Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales en su obra «Banderas Lejanas. La exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos»: «[Allí] se hubo de destinar seis soldados. Así nació un sistema muy eficaz que luego fue copiado en toda California en aquellos lugares donde no había un presidio que diese protección inmediata a los misioneros. Consistía en dotar de una pequeña unidad militar a cada asentamiento en el que los religiosos y los indios cristianizados cultivaban la tierra y producían alimentos».

«Creó un sistema muy eficaz que luego fue copiado en aquellos lugares donde no había un presidio que diese protección inmediata a los misioneros»

Vicedo recuerda en su dossier que las relaciones con los nativos no fueron todo lo amables que nuestro protagonista hubiera querido. Aunque ni las tensiones ni los robos perpetrados por los indios le impidieron continuar su labor civilizadora. Tampoco se rindió cuando su campamento fue atacado ni cuando los alimentos se agotaron y Portolá ordenó la retirada.«Sus ruegos lograron que se aplazara la retirada y, en el ínterin, llegó el barco con nuevos recursos», añade Vicedo. Al final, la tenacidad mostrada por Serra y sus deseos de cristianización hicieron que pudiese formar su segunda misión (la de San Carlos de Borromeo) en Monterrey allá por 1771. «Hizo la fundación del establecimiento con misa cantada y demás ceremonias de costumbre», añade Palou en su obra.

Otras misiones

Tras estas dos primeras, Junípero Serra fundó otras tres misiones más: la de San Antonio de Padua (1771), la de San Gabriel Arcángel (1771) y la de San Luis Obispo de Tolosa (1772).

La creación de la última de esta lista (auspiciada por el lugarteniente de Portolá, Pedro Fages) fue particularmente feliz para los nativos. «Serra convenció a Fages para que le dejara algunos hombres y así poder fundar una nueva misión, que recibió el 1 de septiembre de 1772 el nombre de San Luis Obispo de Tolosa. La amistad de los indios, agradecidos por [una] matanza de osos que Fages había llevado a cabo un año antes, garantizó el éxito del nuevo asentamiento», añaden Laínez y Canales en su obra.

En los años siguientes, el número de misiones creadas por Junípero Serra aumentó hasta un total de nueve. Así lo explica Palou en su libro, en el que se señala además que el fraile se desvivió para llevar víveres a las mismas con el objetivo de que ningún nativo pasase hambre.

Entre todas ellas destacó la creación de una misión ubicada a medio camino entre las regiones de Los Ángeles y San Diego. Su levantamiento comenzó en 1774, cuando el fraile Fermín Luasén y un comandante llamado Francisco Ortega fueron enviados a la actual zona de San Juan Capistrano con el objetivo de fundar un centro religioso.

La labor de los mismos, que en principio se desarrolló sin problema alguno, tuvo que ser detenida repentinamente cuando recibieron órdenes de regresar al punto de partida por culpa de un ataque nativo.

La misión (todavía sin fundar) quedó totalmente abandonada. Sin embargo, poco después partió hacia la zona Junípero Serra para continuar el trabajo. Lo hizo, además, junto a dos misioneros (fray Pablo Mugartegui y fray Gregorio Amurrio), un cabo y diez soldados.

«Llegaron al sitio en donde hallaron enarbolada [una] cruz [dejada por Ortega] y desenterraron las campanas, a cuyo repique acudieron los gentiles muy festivos de ver que volvían a su tierra los padres. Hizóse una enramada, y puesto el altar dijo en él el venerable padre presidente la primera misa. Deseoso de que se adelantase la obra, tomó el trabajo de pasar su reverencia a la misión de San Gabriel a fin de traer algunos neófitos para ayuda de la obra, algún socorro de víveres para todos y el ganado vacuno que ya estaba», añade Palou.

«Cuando el misionero murió en la misión de Carmel [en 1784], las exequias fúnebres que se hicieron fueron impresionantes»

Debemos suponer que el monje pasó sus últimos días feliz por el buen trabajo realizado a lo largo y ancho del continente americano. «Cuando el misionero murió en la misión de Carmel [en 1784], las exequias fúnebres que se hicieron fueron impresionantes. Tras la muerte de fray Junípero, el padre Fermín Francisco Lasuén quedó como director de las misiones, y con él tuco que coordinarse Fages», completan los divulgadores históricos españoles.A la tumba, nuestro protagonista se llevó también el odio de algunos gobernadores de California que le impidieron realizar más fácilmente su tarea y la leyenda negra que se generó a su alrededor. Un mito imposible de entender atendiendo a su currículum civilizador.

Falsa leyenda negra

La historia de Junípero Serra nos habla de bondad y de piedad. Así lo demuestra el que fuera beatificado por Juan Pablo II en 1988 y, posteriormente, canonizado por el papa Francisco allá por 2015. Este último señaló durante una de sus homilías que el misionero había tenido que lidiar con la dura mentalidad de los conquistadores que viajaban hasta el otro lado del mundo.

«Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos», explicó hace dos años el Sumo Pontífice.

Sin embargo, ni su pasado misionero ni su reconocimiento internacional han servido para acallar a aquellos que creen que participó en el genocidio que los españoles cometieron en América. En 2015, por ejemplo, algunas asociaciones nativas cargaron frontalmente contra su memoria aprovechando su canonización.

Una de ellas fue «Mexica Movement», defensora de la «liberación americana de los europeos». Esta, a través de uno de sus representantes (Olin Tezcatlipoca) declaró a la cadena CNN que Junípero Serra había «planificado el genocidio». La afirmación es una de las más benévolas, ya que el grupo ha llegado a señalar que el religioso «era un racista que cometió crímenes inmorales y genocidas contra nuestra gente».

El grupo también ha tildado, a lo largo de los últimos años, a las misiones de Serra de ser realmente campos de concentración para los nativos. Una teoría que suscribió posteriormente Andrew Salas (presidente tribal de la nación Kizh) en la cadena BBC: «Eran campos de exterminio para mi gente. Ellos sirvieron de esclavos para erigir algunos de los ejemplos más bellos de la arquitectura del estado de California, que no eran más que una fachada de los insalubres campos de la muerte».

Estos grupos son partidarios también de que los nativos eran obligados a vivir en las misiones fundadas por los españoles en unas condiciones de absoluta insalubridad. Además, no señalan que los españoles repartían comida a diario entre los indios y les protegían de sus enemigos en estas instalaciones. Para contrarrestar esta muestra de solidaridad explican que muchos pueblos no tenían más remedio que alojarse allí debido a que eran las únicas zonas en las que había alimento.

«Las misiones eran campos de exterminio para mi gente»

Asociaciones como «Mexica Movement» también esgrimen que los misioneros (así como los soldados españoles) solían azotar a los nativos cuando se comportaban de una manera inadecuada. En este sentido, cargan contra Serra arguyendo que envió una carta en 1780 en la que afirmaba que no tenía problemas de conciencia por ello debido a que era «el método que se usa en todo el mundo, ha sido practicado por todos los santos misioneros, y es recomendado por las autoridades civiles».Sin embargo, se olvidan de señalar que aquella era una práctica tristemente habitual y que, a su vez, también la sufrían los soldados españoles fugitivos. Por si fuera poco, no hay evidencias de que el mismo fraile fuera el que empuñara el cuero.

A fray Junípero también se le reprocha el haber fundado un sistema de misiones que acabó con una buena parte de la civilización indígena. En este caso, de lo que no se acuerdan los mencionados grupos es de episodios como el acaecido a mediados de julio de 1776. Durante aquellos días, Serra pidió clemencia para un grupo de nativos que había atacado un asentamiento español.

«Fray Junípero tenía buenas razones para pedir clemencia por los indios […] que habían destruido la misión de San Diego. Se lo dijo a Teodoro de Croix, primer comandante general de las Provincias Internas (carta del 22 de agosto de 1778): esos rebeldes y asesinos eran sus hijos, engendrados en Cristo».


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  • Esa es la inclinación del eje de la Tierra y la causa de que los dos hemisferios del planeta solo reciban la misma cantidad de energía del Sol dos días al año, durante los equinoccios

Si el eje de la Tierra no estuviera inclinado no habría estaciones. Esto ocurre por ejemplo en el planeta Mercurio – NASA

¿Por qué hay estaciones? Muchas personas dirán que su causa está relacionada con la distancia que hay entre la Tierra y el Sol: cuando el planeta está más cerca de la estrella, el globo está más caliente. Cuando está más lejos, más frío. Pero, ¿eso explicaría que cuando es invierno en el hemisferio norte sea verano en el sur? Si esta fuera la explicación, ambos hemisferios deberían tener las estaciones sincronizadas, pero cualquiera que haya viajado en avión entre ambos verá que no es así. Además, resulta que la órbita de la Tierra es casi circular: solo se aleja del círculo en un 3 por ciento, tal como explicaron en este artículo de National Geographic, por lo que la distancia es siempre bastante similar. De hecho, el momento en que más cerca está la Tierra del Sol (el perihelio), ocurre en enero, en pleno invierno, y solo se distingue del punto más alejado (el afelio) en unos 4,8 millones de kilómetros.

Hay que buscar la causa de las estaciones en otro lugar. Su origen está en una sencilla cifra: 23.5. Estos son los grados de inclinación del eje de la Tierra en relación con el plano de órbita. ¿Qué significa esto? Si el planeta fuera una pelota girando en círculos por el canto de un plato llano, además habría que hacer rotar esta bola. Pero la Tierra no lo hace de forma perpendicular al plato. Está inclinada 23.5 grados, como si fuera una peonza, pero además su eje siempre apunta en la misma dirección.

Las estaciones dependen de las diferencias

Nadie ha visto ni verá nunca ningún eje atravesando la Tierra. El eje es un polo imaginario que atraviesa el globo de polo a polo y sobre el que gira toda la esfera del planeta (este movimiento se llama rotación). Gracias a la rotación hay días y noches y diferencia horaria.

Pero la Tierra no solo rota, también gira alrededor del Sol. Este movimiento se conoce como traslación y es el que determina la duración de los años. Este movimiento, junto a la inclinación del eje de rotación, determinan que haya estaciones.

¿Por qué? A medida que la Tierra gira alrededor del Sol, su eje inclinado siempre señala en la misma dirección (por ejemplo, el extremo norte del eje de la tierra apunta a un punto muy cercano a la estrella polar). Sin embargo, la posición de la Tierra respecto al Sol va cambiando todo el año. La consecuencia es que a veces el polo Norte está inclinado hasta el Sol pero otras veces está inclinado hacia fuera, mientras que en el Sur ocurre lo contrario. Por eso, los dos hemisferios no suelen recibir la misma cantidad de radiación solar y uno acaba calentándose más que el otro.

De hecho, las cuatro estaciones están determinadas por cuatro posiciones principales en la órbita terrestre. Están opuestas dos a dos y reciben el nombre de solsticios y equinoccios.

Solsticios y equinoccios

A partir del solsticio de verano, en el 21 o 22 de junio, es verano en el hemisferio norte e invierno en el sur. En ese momento, es la parte norte del eje de la Tierra la que está inclinada hacia el Sol. Esto provoca que la cantidad de luz y calor que incide sobre el planeta sea máxima en el hemisferio norte y mínima en el sur.

Desde entonces, a medida que avanza el año y la Tierra se mueve en su órbita, los días se van acortando en el norte y la cantidad de luz y calor incidente se va reduciendo en este hemisferio. Un importante cambio ocurre en el equinoccio de otoño, alrededor del 22 o 23 de septiembre. En ese momento, la duración de los días prácticamente se iguala en el hemisferio norte y en el sur.

A partir de ese momento, el sur vence al norte y se lleva cada día más tiempo de luz (unos tres minutos más cada día). En el norte comienza el otoño y en el sur la primavera.

El sur llega a su auge de luz diurna en el solsticio de invierno. En torno al 21 o 22 de diciembre la cantidad de luz incidente es máxima en el sur y mínima en el norte. Por eso el invierno azota el mundo al norte del ecuador y el verano bendice lo que queda al sur. Sin embargo, a partir de ese día se invierte el ciclo. Los días comienzan a acortarse en el sur y a alargarse en el norte.

El 21 o 22 de marzo llega el equinoccio de primavera. La duración de los días es casi igual al norte y al sur, pero a partir de ese momento, el sur comienza a perder horas diurnas e favor del norte.

El terminador en acción

En el siguiente vídeo puede verse el terminador, la línea difusa (a causa del grosor de la atmósfera) que marca la transición entre el día y la noche. Durante los equinoccios, la línea atraviesa la Tierra de polo a polo. En los solsticios, la inclinación se invierte. En el vídeo, cada mes se resume en un segundo. La película comienza en septiembre de 2010 y acaba en marzo de 2011, en la fecha de los equinoccios.

¿Y si el eje no estuviera inclinado?

Si el eje no estuviera inclinado, el terminador siempre estaría vertical y no habría estaciones. Algo así ocurre en Mercurio, que siempre está en un equinoccio de días idénticos. Si el eje estuviera más inclinado de 23.5 grados, las diferencias estacionales serían más drásticas. Esto ocurre por ejemplo en Marte, cuyo eje está un grado y medio más inclinado que el terrestre. Por último, si el eje de rotación del planeta estuviera inclinado 90 grados, cada hemisferio estaría caliente la mitad del año y frío la otra mitad. En Urano ocurre algo muy parecido, puesto que tiene 98 grados de inclinación. Pero como su año dura 84 años terrestres, los veranos y los inviernos se alargan 42 años en cada hemisferio.

El origen de la inclinación

Se supone que después de la formación de la Tierra su eje de rotación era perpendicular al plano de órbita definido por su movimiento de traslación. Pero algo inesperado ocurrió. Un gran cuerpo, conocido como Theia, impactó contra su superficie a gran velocidad. El choque produjo un cataclismo global que destruyó la superficie y liberó al espacio una gran cantidad de escombros. Con el tiempo, estos residuos se agregaron y formaron un cuerpo muy familiar en el cielo: la Luna.

¿Por qué las cosas no ocurren con exactitud?

En realidad, el panorama es más complicado de lo explicado hasta aquí. La atmósfera alarga ligeramente los días (a causa de la refracción, la misma «ilusión óptica» que dobla la imagen de un lápiz bajo el agua), porque hace aparecer al Sol por encima del horizonte durante unos instantes cuando ya en realidad está bajo él. Además, la duración de los días no es la misma en todos los lugares de la Tierra, sino que depende de la latitud o distancia al ecuador (por eso en invierno los días son más largos en España, más cortos en Londres e inexistentes más al norte del círculo polar).


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  • Se han cumplido 40 años de la primera imagen que captó a ambas en la misma toma. La fotografía fue hecha por la sonda espacial Voyager 1, lanzada en 1977                        

La Tierra y la Luna, unidas por la gravedad- NASA

El 18 de septiembre de 1977 la sonda Voyager 1 «miró atrás» e hizo la primera foto de la historia que capturó una imagen de la Tierra y la Luna en la misma toma. Apenas hacían 13 días de su lanzamiento desde Cabo Cañaveral, en Florida (Estados Unidos).

La instantánea, tomada a una distancia de cerca de 11,7 millones de kilómetros, fue el primer fruto de una misión mítica que exploró los planetas exteriores del Sistema Solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) y muchas de sus lunas, y que incluso llegó a los límites de nuestro sistema planetario: desde 2012 la sonda Voyager 1 surca el espacio interestelar y ya no está bajo la influencia del viento solar.

Después de la toma de la Tierra y la Luna, el largo viaje de la Voyager la llevó hasta las cercanías de Júpiter, el 9 de marzo de 1979. Allí, los astrónomos descubrieron los primeros volcanes más allá de la Tierra, en la luna Ío, y que la gran mancha roja de Júpiter era una gran tormenta con aspecto de ciclón.Después, las dos sondas Voyager se encontrarían con Saturno, Urano y Neptuno y tomarían espectaculares imágenes de su, aparentemente, tranquila superficie.

Pero si una imagen cambió la visión sobre el espacio fue la del famoso «punto azul pálido» (o «pale blue dot»). El 14 de febrero de 1990, casi 13 años después de su lanzamiento, la Voyager 1 hizo sus últimas fotos del Sistema Solar. Captó todos los planetas, apenas puntos en la negrura del espacio, a una distancia de cerca de 6.000 millones de kilómetros. La imagen de la Tierra inspiró a Carl Sagan, quien acuñó el término de «punto azul pálido» para referirse a lo frágil y excepcional que es nuestro planeta.

Después de eso, la Voyager 1 se sumergió en la vasta negrura del Sistema Solar y comenzó un largo viaje en el que ningún objeto está lo suficientemente cerca como para poder fotografiarlo. No será hasta dentro de 40.000 años cuando la Voyager 1 «se acercará» a 1,6 años luz de distancia de la estrella AC+79 3888.


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  • Seis investigadores abandonaron el hábitat donde han estado viviendo para simular la vida en Marte. En todo ese tiempo, se ha analizado los conflictos sociales y los efectos psicológicos de la experiencia

Los colonos han vivido con algunas de las incomodidaes típicas de los astronautas – HI-SEAS.ORG

Ocho meses después de su comienzo, la simulación de la misión humana a Marte ha finalizado este domingo, tal como ha informado Phys.org. Seis investigadores, cuyo trabajo ha sido apoyado por la NASA, han salido de su aislamiento en una remota base construida en un volcán de Hawái. Su principal tarea ha sido ayudar a la agencia espacial estadounidense a comprender los efectos psicológicos a largo plazo y los conflictos sociales que aparecerían al enviar una misión tripulada a Marte, que al menos debería de extenderse dos o tres años.

Los colonos, cuatro hombres y dos mujeres, han vivido este tiempo en un hábitat parecido al que se podría usar en el planeta rojo, y construido sobre una desértica planicie, con un paisaje similar al marciano. Durante ocho meses han sufrido algunas de las incomodidades típicas de los astronautas, como la falta de espacio o la comida deshidratada. Por eso, en cuanto salieron del aislamiento disfrutaron de un banquete con verduras, fruta fresca y tortilla acompañados por periodistas e investigadores.

«Hemos aprendido, por encima de todo, que el conflicto, incluso en el mejor de los equipos, va a aparecer», ha dicho en un comunicado Kim Binsted, profesor de la Universidad de Hawái y director de la investigación. «Por eso, es muy importante tener una tripulación realmente resiliente, que sea capaz de ver el conflicto y responder a él»

Estos ocho meses, los colonos «marcianos» han vivido en un refugio recubierto de vinilo del tamaño de una casa de tres habitaciones, con cerca de 111 metros cuadrados. En su interior hay un pequeño habitáculo personal para dormir, una cocina, un laboratorio y un baño compartido, con una ducha y dos inodoros. La comida y los suministros se lanzaban a distancia y los colonos los recogían con un robot.La comida era deshidratada o enlatada, y las comunicaciones con el exterior sufrieron siempre un retraso de 20 minutos, condición que aparecería en Marte a causa de la distancia que le separa de la Tierra. Aunque los colonos no han estado confinados en el hábitat, cuando salían al exterior para hacer sus tareas debían vestir un equipo que recuerda a un traje espacial.

Esta ha sido la quinta misión de un total de seis estudios financiados por la NASA y hechos en cooperación con la Universidad de Hawái para estudiar la viabilidad de una misión tripulada a Marte. El programa, que recibe el nombre de «Hawaii Space Exploration Analog and Simulation», o «HI-SEAS». En estos momentos, la universidad de Hawái ya está preparando los planes para la sexta y última misión en el hábitat.

Durante estos ocho meses, los científicos han usado sensores para analizar el estado de ánimo de los colonos. Por ejemplo, vigilaron el volumen de las voces, intentaron averiguar si los habitantes estaban tratando de evitar a alguien o si estaban discutiendo. Aparte de esto, propios colonos registraron sus pensamientos en un diario y participaron en juegos para medir su compatibilidad y sus niveles de estrés. Cuando la tensión era alta, pudieron usar dispositivos de realidad virtual como válvula de escape, en los que se desplazaban a paisajes familiares o a playas tropicales, y que podrían ser usados en una misión espacial.

Binsted ha explicado que las misiones anteriores, que duraron ocho y 12 meses, se centraron en la cohesión y el rendimiento del equipo, pero que en este caso el objetivo era distinto: «Hemos dado un paso adelante y estamos analizando la selección y la composición de las tripulaciones».

El fracaso de «Biosfera 2»

En la mente de todos estaba el gran fiasco de «Biosfera 2», un proyecto lanzado en 1990 y de dos años de duración en el que una tripulación de cuatro hombres y cuatro mujeres debían vivir en un invernadero con varios ecosistemas, cultivar plantas, criar animales y reciclar su propio aire. Los niveles de dióxido de carbono se dispararon y muchas plantas y animales murieron, por lo que los participantes pasaron hambre y salieron de la esfera sin hablarse con alguno de sus compañeros.

En esta ocasión, los resultados parecen ser mejores. Laura Lark, especialista en tecnología de la misión, ha dicho que el objetivo de la NASA de ir a Marte es razonable: «El viaje espacial es absolutamente posible a largo plazo», ha dicho en un vídeo desde el interior del hábitat. «Eso sí, aún hay retos técnicos que solucionar. Y también factores humanos en los que hay que pensar».


El Mundo

  • El ejemplar encontrado era adulto y medía 14 metros de longitud

El húmero del Soriatitán medía 125 centímetros FUNDACIÓN DINÓPOLIS

Según el reputado paleontólogo estadounidense James Kirklan, nuestro país se está convirtiendo en una mina de fósiles en Europa como ocurre con Utah en Estados Unidos. El último espécimen en incorporarse al elenco de dinosaurios descubiertos este año es el Soriatitan (Soriatitan golmayensis), un braquiosaurio encontrado en la provincia de Soria. Medía entre 13 y 14 metros y vivió durante el cretácico inferior, hace 130 millones de años.

El equipo de paleontólogos formado por Carolina Fuentes y Miguel Mejide descubrió el fósil del dinosaurio en el año 2000 y su estudio, con el apoyo de la Fundación de Teruel-Dinópolis, ha sido publicado recientemente en la revista científica Cretaceous Research. La excavación se llevó a cabo cerca de Golmayo, un pueblo de la provincia castellanoleonesa, durante cinco años.

Según la investigación, se recuperaron fósiles de las vértebras, de la cadera y de las patas tanto traseras como delanteras del animal, además de un diente. Esta conjunción de huesos fosilizados permitió a los expertos definirlo como una nueva especie de saurópodo, “algo que no es fácil”, aseguran. “Se parece a una especie llamada Cedarosaurus, pero finalmente vimos que era un género nuevo”, afirma a EL MUNDO el profesor Rafael Royo-Torres, coautor del trabajo.

El húmero de 125 centímetros que pertenecía a este dinosaurio herbívoro sugiere que medía 14 metros de longitud, un tamaño “medio” en comparación con los braquiosaurios del jurásico superior que alcanzaban los 24 metros, según Royo-Torres. Los científicos dudan sobre por qué este espécimen era más pequeño que sus congéneres del jurásico, aunque la razón pudo deberse a la influencia del ambiente y de los recursos, “era un braquiosaurio que se había adaptado a una alimentación diferente, de árboles más bajos, dejando las hojas más altas para otros dinosaurios”, explica el paleontólogo, “es una cuestión de dividirse los recursos”, añade.

Según el coautor, este animal pudo alcanzar los 60 años de edad. Vivía bajo un clima subtropical de coníferas y helechos, muy diferente a lo que es la península hoy en día, “mucho más llana, sin tantas montañas, con mucha vegetación y grandes cantidades de agua que permitió tener una fauna abundante de grandes animales como ocurre hoy en África”. Asimismo, el científico cree que Soriatitan tenía como depredador al Baryonyx, un terópodo espinosáurido que vivió en la península durante el cretácico y que “perfectamente pudo dar caza a estos animales”.

Respecto al ejemplar encontrado en el yacimiento Zorralbo I, los expertos han determinado que era adulto. Sin embargo, se desconoce la causa de la muerte del mismo, “se trataba de un ambiente fluvial, una zona donde se acumulaban cadáveres”, asegura el profesor, quien recuerda que además de Soriatitan fueron encontrados en ese yacimiento restos de un anquilosaurio y de un ornitópodo, todos ellos pertenecientes al mismo periodo.

La riqueza del yacimiento se debe a que el ambiente fluvial permitió conservar los cadáveres de los dinosaurios, “se tienen que enterrar rápidamente por la gran avenida de agua y barro. Este enterramiento permite que se preserven los huesos, los cuales se mineralizan y se fosilizan más tarde”, dice Royo-Torres.

Primer braquiosáurido en Europa

El hallazgo de esta nueva especie de braquiosaurio en España pone fin a la teoría que sostenía que esta especie había quedado extinta en el continente europeo durante el cretácico inferior. “Esta primavera, un estudio afirmaba que no había braquiosaúridos en Europa. Con este trabajo hemos venido a decir que no, que realmente los había y así lo han confirmado los revisores de la revista científica”, según el investigador, “se demuestra por primera vez que sí había braquiosáuridos en Europa“.

Además, el descubrimiento, según los autores, incrementa la biodiversidad de saurópodos y con ello el potencial que hay en la Península Ibérica en fósiles de dinosaurios. “James Kirklan, definió a España como la Utah de Europa, porque en Utah hay mucha riqueza de dinosaurios y en España ahora también se está viendo que tenemos un montón de restos”, concluye el paleontólogo.


El Mundo

Recreación artística del planeta WASP-19b y de su estrella madre, WASP-19 ESO/M.KORNMESSER

El planeta extrasolar WASP-19b fue descubierto en 2009 y, desde el principio, llamó la atención de los científicos debido a lo cerca que está de su estrella. Tan próximo está que sólo tarda 19 horas en orbitarla, lo que lo convierte en el planeta con el periodo orbital más corto observado hasta ahora fuera del Sistema Solar. La proximidad con su estrella hace que se trate de un mundo infernal, con temperaturas de unos 1.700º C.

En 2013 las observaciones realizadas con el telescopio Hubble permitieron detectar moléculas de agua en este gigante gaseoso, situado a unos 1.000 años luz de la Tierra. Los científicos han seguido investigando su composición química y, ahora, este planeta vuelve a ser noticia porque en él han detectado por primera vez un óxido metálico en su atmósfera. En concreto, óxido de titanio. También han encontrado pequeñas cantidades de sodio y han confirmado la presencia de agua, además de detectar una especie de neblina que lo envuelve.

El estudio, en el que participa Antonio Claret, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), se publica esta semana en la revista Nature y, según sus autores, abre la puerta al estudio en detalle de la química atmosférica en planetas extrasolares, es decir, aquellos que están fuera del Sistema Solar. “Este estudio abre un nuevo camino porque pensábamos que la detección de estos óxidos metálicos era prácticamente imposible, pero hemos demostrado que podemos hacerlo”, explica Claret en conversación telefónica.

En esta ocasión han utilizado el Telescopio Muy Grande (Very Large Telescope) que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en Chile. El instrumento empleado para las observaciones realizadas entre noviembre de 2014 y febrero de 2016 se llama FORS2 y permite obtener información sobre la composición química, la temperatura y la presión atmosférica. “Es un instrumento muy versátil”, afirma Claret.

WASP-19b pertenece a una categoría de planetas denominada júpiter caliente porque sus tamaños son comparables al de Júpiter pero están mucho más cerca de su estrella que Júpiter del Sol. “La estrella madre, WASP-19, es de tipo solar. Tiene el 90% de la masa solar y la temperatura de sus capas exteriores es de 5.600º Kelvin, muy parecida a la del Sol, que es de 5.800ºK. Sin embargo, tiene una peculiaridad. Y es que la estrella madre rota tres veces más rápido que el Sol“, detalla el investigador del IAA.

“Mientras que la Tierra tarda 365 días en orbitar el sol, el planeta WASP-19b sólo tarda 19 horas. Está muy cerca de lo que llamamos el limite de Roche, que es la distancia mínima a la que un planeta puede acercarse a su estrella madre sin romperse“, explica el físico teórico. Las fuerzas de la marea también actúan sobre los gases que componen este exoplaneta: “Sabemos que está muy achapado”, señala.

Un componente de los filtros solares

El óxido de titanio es un ingrediente frecuente en los filtros solares porque bloquea la radiación ultravioleta, pero en las atmósferas de planetas tipo júpiter caliente, también absorbe el calor. Y en cantidades suficientemente grandes, estas moléculas impiden que el calor se disperse a través de la atmósfera, dando lugar a una inversión térmica. Es decir, la temperatura es más alta en la atmósfera superior, lo opuesto a la situación normal.

No sabemos qué cantidad de óxido de titanio hay en WASP-19b, sólo podemos decir que está presente“, señala Claret. “Muchas veces tienes un determinado elemento o molécula en una región pero no necesariamente la ves porque tiene que haber unas determinadas condiciones físicas para que se haga visible”. Lo explica con el siguiente ejemplo: “Si al cocinar dejas caer un poco de sal en el fogón, verás que la llama azul se vuelve un poco amarilla debido a la presencia de sodio en la sal, pero cuando la tienes en una cuchara no pasa nada”, compara.

Según aseguran los autores del estudio, liderados por Elyar Sedaghatiel, el hallazgo de este óxido metálico permitirá mejorar los modelos teóricos que se usan para analizar las atmósferas de los mundos potencialmente habitables.

Guillem Anglada Escudé, astrofísico de la Universidad Queen Mary de Londres, considera que “la detección de óxido de titanio es ciertamente interesante porque es un material que se sabe que existe en las atmósferas estelares (estrellas con temperaturas entre 2.500 y 4.000 K; el Sol tiene 5.800K pero se detecta en las manchas que son típicamente más frías). En este sentido, el planeta tiene que ser bastante caliente y, su superficie, más parecida a la de una estrella que a la de un planeta”, señala el científico, sin relación con este estudio.

“El hecho de que se detecte y sea estable en la superficie de un planeta como éste, un júpiter caliente, probablemente implica que hay fuertes vientos y turbulencia en la atmósfera”, añade el astrofísico.


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  • Los conductores usaban gafas para protegerse del polvo de los caminos, hasta que a principios del Siglo XX se comenzaron a introducir los primeros cristales frontales de protección

Los conductores de los primeros coches solían usar gafas para protegerse del viento, polvo y de las piedras que podían saltar de los caminos. A principios del Siglo XX se comenzaron a introducir los primeros cristales frontales de protección. Estos parabrisas estaban compuestos por dos hojas de cristal horizontales desplazables: cuando la mitad superior se ensuciaba, el conductor podía plegarla seguir adelante.

Pero pronto los parabrisas se ganaron mala fama, pues en un accidente se rompían en mil pedazos y causaban lesiones en los ocupantes, viandantes y motoristas; lo que también comenzó a provocar numerosas demandas. Por este motivo, cuando aparecieron los primeros coches cerrados, con cristales en los cuatro lados, muchas personas tenían miedo a subirse en ellos.

En los años ’20 del siglo pasado Henry Ford se convence de que hay que fabricar cristales de automóvil -sobre todo, el parabrisas- más seguros; ya fuera por que varios amigos habían sufrido accidentes, por las demandas recibidas o porque no le gustaba que la ventana trasera del Modelo T distorsionara la realidad. A Ford también le preocupaba la escalada del precio del cristal, cuyos fabricantes no podían absorber la creciente demanda por parte de los fabricantes.

Por estos motivos, Ford le encarga a Clarence Avery, el «genio» mecánico de la empresa, que busque una nueva forma de fabricación que consiga un cristal más resistente y barato. Junto al especialista Pilkington crean un nuevo proceso de fabricación de vidrio mucho más resistente y barato, pues se produce en la misma planta de River Rouge de Ford.

El cristal laminado se descubrió por casualidad

El parabrisas laminado es uno de los inventos que más vidas ha salvado y lesiones ha evitado en la carretera. Y se descubrió por casualidad en 1903, cuando al inventor francés Edouard Benedictus se le cayó al suelo un vaso de vidrio y no se rompió en mil pedazos. ¿La causa? Ese vaso había contenido nitrato de celulosa y la película seca que quedó sobre el cristal mantuvo los trozos unidos cuando este se rompió.

En Inglaterra, John C. Wood hace un descubrimiento similar en paralelo, pero es Benedictus quien presenta en 1909 la patente de dos capas de vidrio con una de celulosa entre ellas. En 1911 crea la Société du Verre Triplex, que fabricó un compuesto de vidrio y plástico para reducir las lesiones en accidentes automovilísticos.

El cristal laminado fue muy utilizado en las máscaras de gas durante la Primera Guerra Mundial, pero tardó en popularizarse en el mundo del automóvil por su precio y porque la capa intermedia se decoloraba con el paso del tiempo. Lo primero cambió tras la huelga de la Federación de Trabajadores de Vidrio de Estados Unidos de 1937. Lo segundo se solucionó en 1938, cuando Carleton Ellis fabricó el butiral de polivinilo. En 1939, un anuncio de Ford decía que “el cristal de seguridad ‘Indestructo’ da la protección más completa. Además de no romperse en mil pedazos, es cristalino y nunca se decolora”.

No fue hasta bien entrada la década de los ’30 cuando los parabrisas laminados se popularizan y se convierten en una de las innovaciones de seguridad más importantes de la historia del automóvil, por varios motivos. El primero, que el cristal ya no se astilla en mil pedazos, reduciéndose las lesiones a los ocupantes en caso de accidente. El segundo es que, al ser más resistente, evita que los pasajeros salgan despedidos fuera del coche en una colisión. Y el tercero, que aumenta la rigidez estructural del coche y protege del aplastamiento del techo en caso de vuelco.

Parabrisas pioneros

Oldsmobile fue la primera marca que incluyó el parabrisas como un elemento de serie en todos sus vehículos, en el año 1915. Ford lo ofrecía desde 1908 en su Modelo T, como una opción con un sobreprecio de 100 dólares (en un paquete junto al velocímetro y los faros), un precio algo elevado si tenemos en cuenta que la versión más económica de este modelo costaba 825 (18.000 dólares actuales). El primer parabrisas laminado de serie lo montó un Rickenbacker en 1926, dos años después de que Lincoln equipara a varios departamentos de policía con el modelo Police Flyers, que montaba un parabrisas a prueba de balas, realizado en vidrio y policarbonato, de 2,5 cm. de grosor.

El primer parabrisas de una sola pieza con formas curvas lo empleó Chrysler en 1934, en su modelo Airflow Custom Imperial 8. Mucho más tarde llegó el primer parabrisas panorámico, del que presumía el concept car de General Motors LeSabre, presentado en 1951.

A principios de los años ’30, Cadillac y Chevrolet comenzaron a diseñar coches con el parabrisas inclinado, por diseño y aerodinámica. En 1936 General Motors introduce el parabrisas dividido verticalmente en sus coches. Y hay una patente de esos años del primer sistema antiempañamiento.

La historia de Ford con los parabrisas escribió un nuevo capítulo con el impresionante Ford GT de 2016, primer coche del mundo que monta un parabrisas con cristal ‘Gorilla Glass’. Desarrollado para las pantallas de los smartphones, es más ligero (hasta un 30%, lo que permite ahorrar 5 kilos de peso), delgado (un 25%) y resistente a los arañazos que el vidrio tradicional. Está creado con muchas capas: una interior reforzada, una intermedia termoplástica absorbente de ruido y un vidrio recocido de capa externa.


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  • Sorprenden «in fraganti» a una supernova engullendo a una estrella compañera. Esto permitirá comprender mejor la cuasa de las supernovas de tipo Ia

Remanente generado tras una explosión de supernova de tipo Ia – NASA/CXC/U.Texas

Los astrónomos han logrado observar un evento cósmico del que hasta ahora apenas se tenían indicios. Por primera vez, han observado las etapas más iniciales de una explosión de supernova, en las que una gran ola de gas y energía engullen a una estrella vecina. Las observaciones, que han sido logradas gracias al telescopio robótico PROMPT (Chile), han sido publicadas recientemente en The Astrophysical Journal Letters, tal como ha informado la Universidad de Arizona.

«Ha sido una de las “capturas” más tempranas logradas. La explosión –de supernova– comenzó apenas un día o unas horas antes», ha explicado David Sand, astrónomo de la Universidad de Arizona y coautor de la investigación.

El fenómeno detectado es una supernova de tipo Ia, una explosión termonuclear ocurrida en el núcleo abandonado de una estrella muerta, y que se llama enana blanca. Estas gigantescas explosiones, que pueden hacer que en el cielo aparezca un nuevo punto de luz, se producen cuando una enana blanca atrapa el gas de una estrella compañera en un sistema binario (formado, efectivamente, por dos estrellas). Llegado cierto momento, la temperatura de la enana blanca sube tanto como para iniciar reacciones de fusión nuclear. Estas pueden activar una gran explosión termonuclear capaz de destruir a ambas.

Aunque los astrónomos han obtenido una inquietante diapositiva del momento preciso en que la supernova comienza a engullir a su estrella compañera, este «crimen» ocurrió hace millones de años. El evento, al que han designado como SN 2017cbv, tuvo lugar en la galaxia NGC 5643, y a una distancia de 55 millones de años luz. Por eso no ha sido hasta ahora, en concreto hasta el 10 marzo, cuando los astrónomos han podido observar el comienzo de la explosión de la supernova. A pesar de la increíble distancia a la que se encuentra el estallido, este fenómeno se ha convertido en una de las supernovas más cercanas detectadas en los últimos años.

La premura de los astrónomos ha sido clave. En primer lugar fue detectada por el proyecto del sondeo DLT 40, que en inglés quiere decir «distancias inferiores a los 40 Megaparsecs», y que se especializa en distancias inferiores a 120 millones de años luz. Este sondeo usa una red de telescopios que cada noche sigue de cerca el comportamiento de 500 galaxias.

Entre todos ellos, el PROMPT fue el primero en detectar el evento. En respuesta y en apenas cuestión de minutos, el astrónomo David Sand activó otra red de telescopios, la LCO («Las Cumbres Observatory»), para vigilar de cerca la evolución de la explosión SN 2017cbv.

La causa de las explosiones de estrellas

Estas observaciones pueden ayudar a comprender mejor cuál es el origen de las supernovas de tipo Ia, un fenómeno cuya naturaleza se ha debatido durante 50 años. «Para convertirse en una supernova de tipo Ia, una enana blanca no puede lograrlo por sí sola. Necesita algún tipo de compañera, y estamos tratando de averiguar cómo es esta», ha dicho David Sand.

Una teoría dice que estas supernovas ocurren cuando una enana blanca atrapa el gas de una estrella vecina. Otras que pueden ocurrir cuando dos enanas blancas giran una en torno a la otra y finalmente chocan y se fusionan.

Gracias a la rápida reacción de los telescopios, los astrónomos han podido detectar una curva de luz azulada que, según los científicos, solo puede haber sido causada si la supernova se originó a partir del primer mecanismo. «Creemos que lo que pasó fue el primer escenario», ha explicado Sand. «El aumento de la curva de luz se podría haber generado cuando el material de la enana blanca golpeó a su estrella compañera».

La muerte de una gran estrella

Los datos sugieren que esta vecina es una gran estrella, que mide al menos 20 radios solares. Cuando la enana blanca estalló, el gas creó una onda de choque que chocó con su compañera y emitió un pico de luz azulado y muy rico en luz ultravioleta, que no podría haber sido causado si las dos estrellas fueran enanas blancas.

«Hemos estado buscando este efecto, una supernova chocando con su estrella compañera, desde que se predijo en 2010», ha dicho Griffin Hosseinzadeh, investigador en la Universidad de California, Santa Bárbara, y primer autor del estudio. «Habíamos visto indicios antes, pero esta vez la evidencia es sobrecogedora. ¡Los datos son muy hermosos!».

Según Sand, es probable que las supernovas de tipo Ia sean causadas por los dos mecanismos: el choque de enanas blancas, o el «robo» del gas de una estrella grande por parte de una de estas.

«Observar una supernova como SN 2017cbv es un importante paso en la dirección de entender cuál es la causa más frecuente de estas supernovas», ha dicho David sand. «Si las capturamos cuando son realmente jóvenes, podemos entender mejor estos procesos, y esto nos permitirá comprender mejor el cosmos, incluyendo el misterio de la energía oscura».

Las supernovas de tipo Ia son uno de los «faros» más usados por los astrónomos para estimar distancias en el Universo. Por término medio, solo se produce una de estas explosiones cada siglo en una galaxia como la Vía Láctea. Por eso es muy importante rastrear un número alto de galaxias y además seguir de cerca a cada una de estas supernovas, especialmente al comienzo de la explosión.

 

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