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  • La viuda millonaria, Luciana Borgino, murió envuelta en llamas mientras su criada dormía en la habitación de al lado
 Las tres sospechosas de la muerte de Luciana Borgino en el conocido como crimen de Fuencarral

Las tres sospechosas de la muerte de Luciana Borgino en el conocido como crimen de Fuencarral

La mañana del 2 de julio de 1888 los vecinos de Luciana Borcino alertaron a la Policía de los gritos desgarradores que salían de su vivienda. Cuando por fin consiguieron entrar se encontraron a la mujer envuelta completamente en llamas. A los pocos segundos cayó desplomaba y nadie pudo hacer nada por salvarle la vida.

Luciana Borgino era una de las viudas más reconocidas del Madrid de la alta sociedad. Su carisma no tenía límites, al igual que el miedo que infundía entre sus enemigos. Al estar siempre tan bien relacionada, Borgino era temida allá por donde iba.

Al entrar en la vivienda de esta rica viuda, los agentes de Policía se encontraron a su asistenta, Higinia, durmiendo a pierna suelta en su habitación. Desde el principio les resultó extraño que los gritos de la dueña de la casa no hubieran sacado del sueño a su ama de llaves. Enseguida todas las sospechas sobre la autoría del crimen recayeron en ella. El juicio fue el más mediático de la época. Duró dos meses y fue cubierto hasta por Benito Pérez Galdós.

Tanto los agentes como los responsables judiciales intentaron lograr una confesión de Higinia que nunca consiguieron. Entre tanta investigación salió a relucir el nombre de su hijo, José Vázquez-Varela, como otro posible responsable. Todo el mundo conocía al «pollo» Varela por sus andanzas y fechorías. Pero resulta que tenía coartada porque en el momento del crimen se encontraba preso en la cárcel de la Modelo.

La visita de un hombre

Higinia insistía durante el juicio en que el día del asesinato, Luciana Borgino había recibido la visita de un hombre muy importante. Aunque no quiso pronunciar su nombre, apuntaba hacia Millán Astray, el padre del fundador de la Legión y que entonces era director de la cárcel donde estaba su hijo ingresado.

Después de dar muchas vueltas, y sin tenerlas todas consigo, Higinia fue condenada a morir por garrote vil, mientras que a una amiga suya, a la que se consideró cómplice, Dolores Ávila, le cayeron 18 años de cárcel. La ejecución tuvo lugar el 19 de julio de 1890. Unas 20.000 personas asistieron al castigo. Todas ellas pudieron oír las últimas palabras de Higinia antes de morir: «Dolores, catorce mil duros». Este último mensaje no hizo sino añadir un poco más de misterio a un crimen que nadie consiguió resolver.


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La sonda japonesa Hitomi, un observatorio de rayos X, fue lanzada por la agencia espacial de su país, JAXA, el pasado febrero. La nave funcionó durante poco más de un mes antes de que se perdiera el contacto y se desintegrara. Sin embargo, durante su corta vida, tuvo tiempo suficiente para echar un vistazo al cúmulo de Perseo, un enorme grupo de galaxias ligadas gravitacionalmente, situado a unos 240 millones de años luz de la Tierra. Y el tiempo de vida de Hitomi fue, en efecto, corto, pero productivo. La nave logró obtener nuevos datos sobre cómo los agujeros negros gigantes que acechan en el interior de las galaxias dan forma a las mismas actuando como una especie de «termostato». Esos resultados han sido dados a conocer este miércoles en la revista Nature.

 Una imagen de rayos X revela que el plasma caliente que envuelve el cúmulo de Perseo. - Universidad de Waterloo

Una imagen de rayos X revela que el plasma caliente que envuelve el cúmulo de Perseo. – Universidad de Waterloo

El cúmulo de Perseo incluye no sólo la materia ordinaria que forma las galaxias, sino también una «atmósfera» de plasma caliente con una temperatura de decenas de millones de grados, así como un halo de materia oscura invisible.

Estudios anteriores, que se remontan a la década de los 60, han demostrado que cada una de las galaxias en el cúmulo -y de hecho la mayoría de las galaxias- probablemente contienen un agujero negro supermasivo en su centro, un objeto de 100 millones a más de 10.000 millones de veces más masivo que nuestro Sol.

«Estos agujeros negros gigantes se encuentran entre los generadores de energía más eficientes del Universo, cien veces más eficientes que un reactor nuclear», dice Brian McNamara, investigador del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Waterloo en Canadá. «La materia que cae en el agujero negro se desgarra, liberando enormes cantidades de energía en forma de partículas a alta velocidad y energía térmica».

Este calor se libera justo desde el horizonte de sucesos del agujero negro, el límite de no retorno. La materia que queda es absorbida por el agujero negro, añadiéndose a su masa. La energía liberada calienta el gas circundante, creando burbujas de plasma caliente que viajan a través de la agrupación, al igual que las burbujas de aire se elevan en una copa de champán.

Un regulador térmico

La investigación arroja luz sobre el papel crucial que juega este plasma caliente en la evolución galáctica. Cuando los investigadores estudian la formación de la estructura del universo, se preguntan: ¿por qué no se enfría la mayor parte del gas y se forman las estrellas y galaxias? La respuesta parece ser que las burbujas creadas por explosiones de energía de los agujeros negros mantienen las temperaturas demasiado altas para que este tipo de estructuras cobren forma.

«Cada vez que un poco de gas cae en el agujero negro, se libera una enorme cantidad de energía -dice McNamara-, se crean estas burbujas, y las burbujas mantienen el plasma caliente. Eso es lo que evita que se conviertan en galaxias aún más grandes de lo que son ahora».

Debido a que el plasma es invisible a los ojos, y para los telescopios ópticos, no fue hasta la llegada de la astronomía de rayos X que la imagen completa empezó a surgir. A la luz visible, el cúmulo de Perseo parece contener muchas galaxias individuales, separadas por un espacio aparentemente vacío. En una imagen de rayos X, sin embargo, las galaxias individuales son invisibles, y la atmósfera de plasma, centrada en la galaxia más grande de la agrupación, conocida como NGC 1275, domina la escena.

A pesar de que el agujero negro en el centro de NGC 1275 tiene sólo una milésima parte de la masa de su galaxia anfitriona, y tiene un volumen mucho menor, parece tener una gran influencia en la forma en la que evolucionan la galaxia y la atmósfera de plasma caliente que la rodea. «Es como si un termostato de la naturaleza, que mantiene a estas galaxias de crecimiento. Si la galaxia intenta crecer demasiado rápido, la materia cae en el agujero negro, libera una enorme cantidad de energía, lo cual expulsa la materia y le impide la formación de nuevas estrellas».

Una uva en la Tierra

McNamara señala que el horizonte de sucesos real del agujero negro tiene aproximadamente el mismo tamaño que nuestro Sistema Solar, por lo que es tan pequeño en comparación con su galaxia madre como una uva en la Tierra. Pero «qué está pasando en esta pequeña región está afectando a un gran volumen de espacio», dice.

Los datos de Hitomi, aunque limitados, son suficientes para que los astrónomos vuelvan a pensar en el papel del plasma en la evolución galáctica, según McNamara. «El plasma se puede pensar formando una enorme atmósfera que envuelve racimos enteros de galaxias Estas atmósferas calientes representan el fracaso del pasado. El fracaso del Universo para crear las galaxias más grandes», argumenta. «Pero también es la esperanza para el futuro. Esta es la materia prima para el crecimiento futuro de las galaxias, que es todo: estrellas, planetas, gente. Es la materia prima que en los próximos miles de millones de años va a hacer la próxima generación de soles y sistemas solares, y la rapidez con que esto sucede se rige por el agujero negro».

Las observaciones proporcionan a los investigadores, por primera vez, una medición directa de la velocidad turbulenta del plasma caliente. «Esta medida nos dice cómo la enorme energía liberada por los agujeros negros supermasivos regula el crecimiento de la galaxia y el propio agujero negro», dice McNamara.


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  • Construido en China, FAST tiene un tamaño equivalente al de 30 campos de fútbol
 El gigantesco radiotelescopio chino FAST

El gigantesco radiotelescopio chino FAST

El gran radiotelescopio de Arecibo ya tiene un heredero en la búsqueda de señales inteligentes en el Universo. Ayer domingo, en efecto, fue colocada la última pieza del que ya ha arrebatado al gigante instalado en Puerto Rico el título de mayor radiotelescopio del mundo, FAST. Desarrollado y construido por la Academia China de Ciencias en la provincia de Guizhou, tiene, en efecto, 500 metros de diámetro (casi el doble que el de Arecibo) y un tamaño equivalente al de 30 campos de fútbol. FAST ha sido excavado en la ladera de una montaña del suroeste de la gran nación asiática.

Según explica un comunicado oficial, a partir de este momento los científicos podrán empezar a “depurar” el telescopio y llevar a cabo las primeras pruebas. Para Zheng Xiaonian, jefe adjunto del Observatorio Astronómico Nacional, que pertenece a la Academia de Ciencias China, “el proyecto tiene el potencial para buscar y estudiar los objetos más extraños, para entender mejor el origen del Universo y para impulsar la búsqueda global de vida extraterrestre“. El telescopio, cuya construcción ha costado cerca de 180 millones de euros será, durante varias décadas, el más potente y avanzado de su categoría.

El científico ha asegurado, además, que el gran telescopio, en cuya construcción se han invertido más de cinco años de trabajo, empezará a operar durante este mismo mes de septiembre. La instalación forma parte del ambicioso programa espacial chino, una auténtica prioridad para Pekín, que pretende convertir al país en la potencia espacial más avanzada del mundo. Otros hitos dentro de este ambicioso programa son poner un hombre en la Luna antes de 2036, terminar la construcción de una gran estación espacial (ya comenzada) y ser la primera nación que consiga colocar a un ser humano sobre la superficie de Marte.

FAST dedicará sus esfuerzos y su tiempo a seis grandes áreas del conocimiento del Universo. Por un lado, buscará señales de subestructuras de materia oscura en el halo de nuestra propia galaxia, tarea en la que será hasta ocho veces más eficiente que el telescopio de Arecibo. Según las teorías, estas estructuras deberían de ser muy numerosas, pero hasta ahora no han podido ser detectadas en cantidad suficiente como para confirmar esta predicción. En el otro extremo, FAST estudiará también la distribución de materia a grandes escalas, y tratará de comprender lo que es la energía oscura, la extraña y desconocida fuerza que supone más del 70% de la masa total del Universo.

El nuevo radiotelescopio se utilizará también para descubrir nuevos púlsares, cadáveres estelares que giran sobre sí mismos a gran velocidad, emitiendo en cada giro una radiación muy intensa. Desde 2007 se han descubierto 1.850 púlsares, aunque las estimaciones teóricas apuntan a que deberían existir cerca de 60.000 solo en nuestra galaxia.

FAST también buscará e identificará nuevas moléculas en el espacio interestelar. Su sensibilidad mejorada le permitirá, por ejemplo, localizar moléculas de carbono en el espacio con una precisión muy superior a la conseguida hasta ahora.


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  • Después de cinco años y 2.800 kilómetros de viaje, la nave de la NASA emprenderá en la madrugada de este martes (hora española) la maniobra para situarse en órbita en torno al gigantesco planeta
 Ilustración de la misión Juno de la NASA - NASA

Ilustración de la misión Juno de la NASA – NASA

El rey de los dioses romanos, Júpiter, ocultaba sus travesuras tras un velo de nubes. Solo su esposa, Juno, era capaz de ver a través de ellas y descubrir su auténtica esencia. Del mismo modo, una nave de la NASA bautizada con el nombre de esta diosa está a punto de llegar al mayor planeta del Sistema Solar para revelar los secretos que oculta bajo la misteriosa capa de franjas multicolores que lo envuelve. En el caso de los científicos, su interés por Júpiter no se debe a los pecadillos de la principal de las divinidades de la antigua Roma, sino por cuanto pueda contar de sí mismo y de los orígenes del Sistema Solar este gigantesco astro.

Después de un viaje de casi cinco años en el que habrá recorrido 2.800 millones de kilómetros, la nave Juno alcanzará el entorno de Júpiter a las 5:18 de la madrugada de este martes (según el horario peninsular español) e iniciará la maniobra para ponerse en órbita.

Otros artefactos creados por el hombre han explorado Júpiter y sus lunas –en especial la sonda Galileo, que en 1995 alcanzó su atmósfera y se convirtiría en la primera en orbitarlo–, pero nunca hasta ahora se habían acercado tanto. Juno llegará a estar a algo más de 4.000 kilómetros de sus nubes para poder realizar las mediciones encomendadas. Hasta febrero de 2018 completará 37 órbitas, siendo además la primera en hacerlo de polo a polo.

El primer planeta

La misión, perteneciente al programa Nuevas Fronteras y en la que se han invertido 1.100 millones de dólares (cerca de mil millones de euros), pretende comprender el origen y la evolución de Júpiter, que por su tamaño y composición se considera el primer planeta que se formó en torno al Sol. Bajo su espesa cubierta nubosa, los científicos esperan hallar respuestas sobre los procesos y condiciones que gobernaron el Sistema Solar durante su formación y conocer cómo se generan los sistemas planetarios en torno a otras estrellas.

Júpiter se presenta como una gigantesca bola gaseosa, con un diámetro once veces el de la Tierra y una masa 300 veces mayor, compuesta sobre todo a base de hidrógeno y helio, como el Sol. Según lo que se sabe hasta ahora, el planeta se habría formado en los primeros millones de años que siguieron a la creación de nuestra estrella, a partir de los gases ligeros sobrantes que quedaron a su alrededor.

Sin embargo, a pesar de los hallazgos de la sonda Galileo, persisten grandes incógnitas sobre el origen de Júpiter y sus características. Juno tratará de averiguar ahora si tiene un núcleo sólido, trazará un mapa de su intenso campo magnético, medirá la cantidad de agua y amoniaco en su atmósfera profunda y observará las impresionantes auroras que generan en los polos magnéticos las partículas cargadas de energía al entrar en contacto con los átomos de gas del planeta.

Para recoger los datos, la nave va equipada con una serie de sofisticados instrumentos. Entre ellos, un radiómetro de microondas para medir la cantidad de agua en la atmósfera; un sistema de telecomunicaciones que elaborará un mapa gravitacional del planeta con el que se podrá conocer su estructura interna; un magnetómetro que trazará un detallado mapa de su campo magnético, y un equipo de sensores que detectará los electrones e iones que generan las auroras.

«Empleamos todas las técnicas conocidas para ver a través de las nubes de Júpiter y revelar los secretos que guarda de la historia temprana de nuestro sistema solar», ha señalado el investigador principal de la misión, Scott Bolton, del Southwest Research Institute de San Antonio (Texas).

El momento crítico

En la maniobra de inserción en la órbita, la sonda experimentará uno de los mayores frenazos en la historia de la humanidad, puesto que en su aproximación habrá alcanzado más de 200.000 kilómetros por hora al ser atraída por la poderosa gravedad de este descomunal planeta, siendo así uno de los artefactos más veloces creados jamás por el hombre.

El momento crítico durará tan solo 35 minutos y consistirá en el encendido del motor principal de la nave para contrarrestar su impetuosa marcha con una fuerza en sentido contrario y lograr que empiece a orbitar.

No obstante, si supera esta fase, las dificultades no acabarán ahí. Júpiter cuenta con un campo magnético 20.000 veces más potente que el de la Tierra, que se extiende por una vasta región espacial conocida como magnetosfera. Partículas cargadas quedan atrapadas en un intenso cinturón de radiación que Juno deberá atravesar en las 37 órbitas que describirá durante el año y medio que durará la fase científica. Por ello los aparatos electrónicos van protegidos de las radiaciones por una cámara acorazada.

Grandes paneles solares

Por otra parte, es la primera nave alimentada con energía solar que llega tan lejos y, puesto que la órbita de Júpiter está cinco veces más alejada del Sol que la de la Tierra, la insolación que recibe es 25 veces menor que en nuestro planeta. Para aprovecharla al máximo lleva tres paneles solares que abarcan 20 metros desplegados, como una cancha de baloncesto, con 19.000 células un 50% más eficientes y resistentes a la radiación que las de las misiones de hace dos décadas.

Aparte del instrumental, en la nave viajan tres pequeñas figuras de Lego: una del dios Júpiter, otra de la diosa Juno y una tercera de Galileo Galilei, el científico italiano que observó el planeta en el siglo XVII y descubrió sus cuatro grandes lunas. Esta pequeña «tripulación» responde a un programa conjunto de la NASA y la compañía juguetera para motivar a los niños en áreas como la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

También se ha incorporado una cámara que ofrecerá imágenes con una resolución de 25 kilómetros por píxel, con el propósito de acercar al público en general una visión de Júpiter que no había sido posible hasta ahora.


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  • Unos médicos judíos fabricaron una cánula (caña) de oro que introdujeron en la vulva de la reina e «intentaron después que a través de su luz el semen del Rey penetrara en la vagina de su esposa»
 Enrique IV de Castilla, vestido con ropas moras - Wikimedia

Enrique IV de Castilla, vestido con ropas moras – Wikimedia

En el complicado historial médico del Rey Enrique IV de Castilla destacaba el obstáculo más grave al que se puede enfrentar un monarca y que dio origen a su apodo: era impotente. Su historia ha quedado íntimamente vinculado a sus problemas para dar un sucesor al reino. Es más, cuando finalmente lo hizo, con la conocida como Juana «la Beltraneja», sus enemigos propagaron el rumor de que no era hija suya. ¿Es posible que el Rey superara su impotencia y engendrara una niña ayudado por un precario artefacto de reproducción in vitro?

«La boda se hizo quedando la Princesa tal cual nació, de que todos ovieron grande enojo»

La pesadilla sexual de Enrique empezó ya durante su primer matrimonio. Siendo Príncipe de Castilla, se casó con la Infanta Blanca de Navarra, hija de Blanca I de Navarra, aunque no fue capaz de que este enlace se materializara en un hijo. Las crónicas no escatiman en detalle sobre el fiasco ocurrido en la noche de bodas: «La boda se hizo quedando la Princesa tal cual nació, de que todos ovieron grande enojo». Un gatillazo del castellano hizo nula la espera de los heraldos y tres notarios, que aguardaban al otro lado del dormitorio a que les fueran entregadas las sábanas manchadas de sangre como prueba del desfloramiento de la Princesa.

Una pesadilla que empezó en forma de maleficio

Enrique alegó que había sido incapaz de consumar sexualmente el matrimonio, a pesar de haberlo intentado durante más de tres años, el periodo mínimo exigido por la Iglesia, y en mayo de 1453, un obispo declaró nulo el matrimonio a causa de «la impotencia sexual perpetua» que un maleficio había provocado en el castellano. Aparte de los auxilios espirituales –devotas oraciones y ofrendas–, el futuro Rey recurrió a brebajes y pócimas con presuntos efectos vigorizantes enviados por sus embajadores en Italia –por aquel entonces considerada la metrópoli de la ciencia erótica– e incluso financió una expedición a África en busca del cuerno de un unicornio.

En cualquier caso, la nulidad respondía a cuestiones políticas. El Príncipe, intuyendo la inminente muerte de su padre, buscaba una excusa para romper su alianza con Navarra y poder casarse con Juana, hija de los Reyes de Portugal. Un maleficio transitorio justificaría porque la impotencia solo afectaba al matrimonio con la navarra y no a relaciones futuras. No en vano, la petición iba acompañada del testimonio de varias prostitutas de Segovia, que declaraban haber mantenido satisfactorias relaciones sexuales con el castellano.

El 20 de julio de 1454 falleció Juan II y al día siguiente Enrique fue proclamado Rey de Castilla. Una de sus primeras preocupaciones fue cerrar su compromiso con Juana de Portugal. En caso de que Enrique se hubiera creído sus propias mentiras, debió resultar especialmente chocante el descubrir que, en verdad, era impotente y tenía graves dificultades para engendrar un niño sin necesidad de maleficios.

La explicación médica a su impotencia

Un completo diagnosticó de Gregorio Marañón, en 1931, plantea que el monarca sufría «displásico eunucoide con reacción acromegálica» de carácter hereditario, según la nomenclatura de la época, que no solo entorpeció el completo desarrollo sexual del Rey sino que le provocó ser estéril. No obstante, el urólogo Emilio Maganto Pavón en su obra «Enrique IV de Castilla (1454-1474). Un singular enfermo urológico» considera que el diagnóstico del célebre investigador es incompleto y señala que el origen del desorden hormonal era más bien un síndrome de neoplasia endocrina múltiple (MEN) producido por un tumor hipofisario productor de la hormona del crecimiento y la prolactina. Ambos coincidían, a grandes rasgos, en que a Enrique le costaba tener erecciones por razones anatómicas.

Pero más allá del diagnóstico, la incógnita es si hubo alguna manera médica de que Enrique superara estos problemas y engrendrara con su segunda esposa a Juana «la Beltraneja», llamada así por ser el más que probable fruto de la relación adúltera de la Reina con el valido del Rey Beltrán de la Cueva. Las crónicas del médico alemán Hieronymud Münzer describen el uso de la primera fecundación in vitro de la historia para superar los problemas de Enrique. Con este fin, unos médicos judíos fabricaron una cánula (caña) de oro que introdujeron en la vulva de la reina e «intentaron después que a través de su luz el semen del Rey penetrara en la vagina de su esposa pero que éste no pudo y que hubo que recurrir a otros métodos para recoger el semen». Los experimentos tuvieron lugar a lo largo de los años, aunque los propios textos de Hieronymud Münzer sugieren que no se logró ningún avance con esta técnica.

Y a pesar de estos fracasos nació Juana «la Beltraneja», en 1462, y el Rey defendió con uñas y dientes que se trataba de sangre de su sangre. De hecho, pocos meses después del parto, la Reina anunció que estaba de nuevo encinta, en esta ocasión de un varón, aunque el embarazo se malogró a los siete meses. Tampoco la medicina moderna ni los historiadores han podido esclarecer si Enrique era el padre de estos niños. Los restos de Juana se perdieron y no es posible hacer una prueba de ADN.

La versión propagandística de los Reyes Católicos

Aprovechando los rumores, la propaganda de los futuros Reyes Católicos afirmó sin titubear que Juana era hija de Beltrán de la Cueva y, además, el Rey lo habría tolerado e incluso había mantenido él relaciones con el amante de su esposa. Lo que no pasaba de un mero cotilleo en la Corte, se convirtió en un asunto de estado cuando se enfrentaron los partidarios de Isabel «la Católica» –hermanastra del fallecido– contra los de Juana «la Beltraneja» en la Guerra de Sucesión Castellana, que cobró dimensión internacional con la intervención de Francia y Portugal.

La razón esgrimida para dejar a la Infanta Juana de lado no era su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique

El propio Rey demostró en un momento dado que también él tenía dudas sobre la paternidad pues, tras enormes vacilaciones a la hora de defender los derechos dinásticos de Juana «la Beltraneja», su firma en el pacto de Guisando (1468) desheredó definitivamente a su hija a favor de su hermana Isabel «la Católica». La razón esgrimida para dejar a la Infanta Juana de lado no era su condición de hija de otro hombre, sino la dudosa legalidad del matrimonio de Enrique con la princesa portuguesa y el mal comportamiento reciente de ésta, a la que acusaba de infidelidad. Y aunque el pacto fue posteriormente incumplido por ambas partes, las dudas del Monarca desconcertaron aún más a la nobleza castellana, que a la muerte de «El Impotente» se pusieron de forma mayoritaria del lado de Isabel y Fernando.

El conflicto concluyó en 1479 con la firma del Tratado de Alcáçovas, que reconocía a Isabel y Fernando como Reyes de Castilla y obligaba a Juana a renunciar a sus derechos al trono y permanecer en Portugal hasta su muerte.


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  • El veneciano no menciona la Gran Muralla ni el té, ni los palillos de comer o los pies vendados de las mujeres tan característicos de China. No obstante, los historiadores recuerdan que las costumbres que hoy se vinculan a este país puede que entonces no gozaran de tanta popularidad
 La comitiva de Marco Polo atraviesa la India - Wikimedia

La comitiva de Marco Polo atraviesa la India – Wikimedia

Sus contemporáneos apenas podían creer los relatos de Marco Polo en la lejana Catay (la actual China). La crónica de Marco —que se llamó originalmente «Descripción del mundo»— hablaba de tierras exóticas, civilizaciones desconocidas e inmensas riquezas con las que regar los mercados de Occidente. La suya fue, en suma, una aventura que golpeó fuerte en el imaginario de su tiempo. Pero más allá de la literatura de sus gestas, ¿cuánto hay de cierto es su relato?, ¿estuvo el veneciano realmente en China?

La historia de la familia Polo en el Extremo Oriente empezó en el año 1260. Nicolás y Mateo Polo, padre y tío de Marco, vendieron sus propiedades en Constantinopla, importante núcleo del comercio entre Europa y Asia, y viajaron a Sarai, perteneciente al Imperio mongol. La comitiva veneciana atrajo el interés del Gran Kan, que jamás había conocido a europeos latinos y se complació con su compañía.

Un planeta al borde de la fantasía

Un año después se presentaron en la corte de Kublai Kan, nieto del fundador del imperio mongol, Gengis Kan, quien les encargó regresar a Italia en busca de 100 hombres inteligentes que nutrieran su corte. A su vuelta a Venecia, Nicolás conoció a su hijo Marco, nacido cuando él ya había partido hacia el corazón de Asia y, en su segunda expedición a la corte del Gran Kan, en 1271, se llevaron consigo al joven, de 17 años.

Entre 1271 y 1295, Marco y su familia se adentraron en Asia y trabajaron en la corte de Kublai Kan, en China, tiempo durante el cual el veneciano fue anotando en su diario los relatos más increíbles. Entre ellos la descripción del palacio móvil de Kublai, fabricado en bambú y con una notable corte compuesta por nobles, sabios, monjes y magos, cuyo relato convirtió el nombre de Xanadú (el palacio del Ciudadano Kane en la película de Orson Welles) en sinónimo de esplendor para la cultura occidental.

En Armenia, atravesó la montaña donde se dice que se posó el Arca de Noé; en Persia, visitó la supuesta tumba de los Reyes Magos, donde se encontraban los cuerpos incorruptos de Gaspar, Melchor y Baltasar; y a su llegada a China, fue uno de los primeros escritores occidentales en mencionar el petróleo y entender, en parte, el valor del carbón. El veneciano y su escriba, Rustichello da Pisa, riegan a cada paso el relato con leyendas y emplean un tono divulgativo, por momentos incluso literario.

Las grietas del relato, sin embargo, se abren cada vez más conforme avanza la travesía hacia las zonas más exóticas. Oriente resulta un mundo envuelto en un aura de leyenda y fantasía que abraza por momentos el género de la ciencia ficción, al más puro estilo de «los Viajes de Gulliver». Una vez en el objetivo principal de la familia Polo, Pekín, Marco pasó a integrar la élite de extranjeros que trabajaban al servicio del gran Kan dentro de su monumental aparato burocrático. De hecho, según sus anotaciones, allí todo tenía proporciones gigantescas. Marco Polo descubrió a Occidente la férrea organización de un ejército sin igual en Europa y ciudades monstruosas como Quinsai, la moderna Hangzhou, con más de un millón de habitantes y 12.000 puentes.

¿Cuánto hay de inventado en el relato de Polo?

La exagerada literatura y unos detalles poco convincentes han hecho plantearse a los historiadores que Marco Polo no llegó tan lejos como sus relatos sugieren. Se sabe que conoció los territorios de Mongolia, pero, se preguntan diversos historiadores, ¿por qué no menciona la Gran Muralla, ni el té, ni los palillos de comer o los pies vendados de las mujeres tan característicos de China? ¿Puede que nunca llegara a pisar el imperio celeste y se enterara de lo que había allí por los testimonios de los viajeros y libros persas perdidos?

Algunas dudas se responden solas. Lo cierto es que no se conoce el estado de la Gran Muralla en la Edad Medio, pero no debía ser bueno, puesto que sería reconstruida prácticamente entera a comienzos de la Edad Moderna por la dinastía Ming. La muralla de entonces puede que no pasara de unas pocas ruinas. Asimismo, algunas costumbres que hoy en día imaginamos vinculadas a China tal vez eran en aquel momento, a ojos del veneciano, poco significativas o de escaso valor documental, en tanto la suya era una visión influida por los mongoles, quienes ejercían la hegemonía en esta zona del mundo.

No en vano, Hans Ulrich Vogel –profesor de estudios chinos en la Universidad de Tubinga– publicó en 2012 el estudio histórico más completo sobre la veracidad de los viajes de Marco Polo. Además de los argumentos ya planteados en defensa de que el veneciano sí estuvo en China, Ulrich Vogel cree bastante significativo que ningún otro europeo, y en general ningún autor, realizara una descripción tan amplia como la suya de las monedas chinas de la época, así como del proceso de producción de sal en China. Su informe de los métodos utilizados para hacer sal en Changlu han sido contrastados con documentos chinos de la época Yuan. Además, el veneciano es el único que describe con precisión cómo el papel para dinero era extraído de la corteza de la morera («morus alba»). Solo alguien que vio de primera mano estos procesos tan particulares podría haber escrito sobre ellos con tanto detalle.


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  • El local, con un método revolucionario, se ubicaba en la calle de la Reina, donde hoy se suceden los bares y restaurantes
 Manual de ejercicios del siglo XIX - WELCOME LIBRARY

Manual de ejercicios del siglo XIX – WELCOME LIBRARY

La moda por los gimnasios y el culto al cuerpo ha inundado cada rincón del planeta con numerosos locales de entrenamiento. El caso de Madrid, aunque tenga unas cifras similares a otros lugares, esconde una historia muy particular: el primer centro deportivo de España se levantó en la capital. Fue en el barrio de Chueca donde una consulta médica de ejercicios físicos se convirtió en el germen de lo que hoy conocemos.

El gimnasta francés Alfonso Vignolles constituyó esta suerte de gimnasio en Madrid en el año 1859. Lo cierto es que el centro que ideó se encontraba a caballo entre un gimnasio convencional y una consulta. El servicio que prestaba, según figura en recortes de prensa de la época, eran «Gimnasia Médica, Higiénica y Ortopédica». El método, revolucionario en la fecha, estaba inspirado en los implantados por la Academia de medicina de París, y su objetivo era prestar auxilio específico a todas las personas, con independencia de su condición. «Hay gabinete especial para señoras y para enfermos, y clase gratuita de doce a una para los enfermos pobres», detallaba un anuncio. Los novedosos métodos se complementaban con rudimentarias y pesadas másquinas, algo inédito en aquellos años.

El centro se ubicaba en el número 14 de la actual calle de la Reina, en el barrio de Chueca. Paralelo a la Gran Vía (aún no existía), se asentaba en una zona donde hoy abundan locales de copas, restaurantes y cotetos clubes de «gin-tonics» y cócteles. Aunque nació con ese espíritu sanitario, y así se mantuvo durante un largo periodo, su aceptación y evolución estuvo marcado por la influencia de la alta sociedad británica, que contagió a su homóloga española con el cultivo al cuerpo.

Imaginar el gimnasio de Chueca, el primero de España, es bastante difícil si tomamos como referencia los actuales. Como es evidente, ni contaba con las máquinas actuales ni practicaba los mismos ejercicios; ni siquiera buscaba el mismo propósito. No obstante, sí se pueden destacar algunos artilugios que facilitaban la puesta a tono física de quienes acudían. Según el fisioterapeuta Sebastian Busqué Torró, en este centro se empleaban algunos objetos, como unas picas, que manipuladas entre dos sujetos fortalecían los hombros y el pecho. Pero la mejor y más revolucionada herramienta era la conocida como Máquina Vignolles, un artilugio con poleas, escaleras y resortes para trabajar diferentes partes del cuerpo.


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  • Como recuerda la historiadora Carmen Martín Rubio, el Cabildo de Lima identificó en 1881 de forma errónea los restos del conquistador. Tuvo que pasar un siglo y una controversia a nivel científico hasta que se recuperó su auténtica tumba
 Retrato moderno de Francisco Pizarro basado en las descripciones físicas de los textos - Wikimedia

Retrato moderno de Francisco Pizarro basado en las descripciones físicas de los textos – Wikimedia

En su último año de vida, Francisco Pizarro parecía que iba a gozar al fin de los dulces frutos de sus conquistas. A pesar de los fantasmas que le perseguían a sus 63 años, el extremeño vivía feliz en su recién construido palacio de Los Reyes junto a la bella Angélica Yupanqui. Había sido un solterón empedernido, pero, empeñado en que los españoles entroncaran con la población local, se casó al final de su vida con mujeres indígenas a modo de ejemplo. Disfrutaba de cierta calma, aplastada la rebelión de su viejo aliado, Diego de Almagro, hasta que una brutal muerte le sorprendió en su palacio.

El conquistador casi sobrevivió a todo. A la ingrata tierra extremeña, al duro viaje a través del Atlántico y a una lucha contra millares de guerreros incas, pero no pudo hacer nada contra la ira de sus propios compatriotas. Cuando Pizarro pensaba que moriría de viejo rodeado de sus hijos, su esposa y sus fieles hermanos, junto a los cuales había dado muerte al traicionero de Almagro, irrumpieron los almagristas el 26 de junio de 1541, hace 475 años, en el palacio del extremeño para darle «tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta», según la descripción de un cronista.

Terminaba con puñaladas una vida marcada por las armas y las aventura. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Francisco Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. En 1502, se trasladó a América en busca de fortuna y fama, donde oyó historias sobre un rico territorio al sur del continente que los nativos llamaban «Birú» (transformado en «Pirú» por los europeos). Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente.

Los almagristas vengan a su líder

Una vez finalizada la conquista de esa tierra mítica, las riñas internas entre los partidarios de Almagro y los de Pizarro, que luchaban por delimitar los territorios que pertenecían a cada uno de los bandos, entraron en conflicto armado en 1535. Tras un choque entre facciones, conocido como la batalla de Las Salinas, Pizarro cogió prisionero a Almagro y lo condenó a muerte. El conquistador suplicó por su vida, a lo cual respondió uno de los hermanos de Pizarro, Hernando, diciendo: «Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio». Finalmente, fue ejecutado el 8 de julio de 1538 en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco.

En medio de la relativa calma que siguió a la muerte de Almagro, Francisco Pizarro seguía conservando su vitalidad, jugaba a los bolos y a la pelota a diario, así como sus hábitos y vestimentas austeras. «Usaba un sayo de paño negro con los faldamentos hasta el tobillo y el talle a los medios pechos y unos zapatos de venado blancos y un sombrero blanco y su espada y su puñal a la antigua», describe Agustín de Zárate sobre la despreocupada ropa de Pizarro, que vestía a la antigua, esto es, como en otro tiempo. A sus 63 años, el extremeño ya era un anciano, un hombre de otro tiempo que disfrutaba mezclándose con el pueblo y observando cómo la ciudad de Lima crecía un poco más cada día.

Lo cual no significa que Pizarro esperara ocioso el final de sus días. Como explica la historiadora Carmen Martín Rubio –autora de «Francisco Pizarro: el hombre desconocido» (Ediciones Nobel)–: «El decreto dado al teniente de Arequipa el 7 de mayo de 1541, sobre mes y medio antes de su muerte, atestigua fehacientemente la fuerza física y mental que Pizarro poseía en esos momentos. (…) tenía determinado comenzar en el próximo verano otra guerra contra el Inca (Manco Inca); es decir, unos seis o siete meses más tarde…».

Y entonces le llegó la muerte. Ante las amenazas de muerte que le llegaban de los partidarios de Diego de Almagro el Joven, hijo de su antiguo compañero de armas, Pizarro aumentó la seguridad en su palacio y, tal vez por estos temores, el día de su muerte pidió que se oficiara misa en su residencia. No se equivocaba el extremeño, puesto que los almagristas le esperaban junto a la iglesia para coserle a cuchilladas. No obstante, al ver que permanecía en su palacio, el grupo armado se dirigió allí al grito de «Viva el rey, muera el traidor», provocando una enorme espantada entre los acompañantes del conquistador del Perú.

Relata Pedro Pizarro que «todos los que se hallaban en la sala salieron corriendo, incluso el teniente gobernador Juan Velázquez con su vara de mando en la boca, y que se tiraron por las ventanas que daban al río Rimac… dejando solos al gobernador, a su hermano y a dos pajes».

Un error con la tumba durante un homenaje

Francisco Pizarro y su hermano Martín murieron a manos del grupo de almagristas. El extremeño se defendió «bravamente» y fueron necesarias al menos 20 heridas de espada para acabar con su vida. Tras uno de lo mayores magnicidios de la historia de la Edad Moderna, los agresores obligaron a las autoridades de Lima a nombrar gobernador al joven Diego Almagro y forzaron que Francisco Pizarro fuera enterrado de forma casi clandestina, según señala Henry Kamen, en un patio de la catedral de la ciudad. Y precisamente aquí empieza la otra parte del desgraciado ocaso de Pizarro. Las tumbas y diretes.

Los investigadores, sin embargo, hallaron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo, situado en la parte derecha de la catedral

Como narra la historiadora Carmen Martín Rubio en su obra, Pizarro había dejado escrita su voluntad de ser enterrado «en la iglesia mayor de esta Ciudad de los Reyes, en la capilla mayor de la dicha iglesia». Con el paso de las décadas los restos de Pizarro sufrieron distintos traslados hasta que, en 1623, se decidió su definitivo emplazamiento: en la bóveda sepulcral debajo de la capilla mayor de la Catedral de Lima. Allí permanecieron hasta que, en 1881, el cabildo de la ciudad estableció una comisión para exhumar e investigar sus restos como conmemoración del 340 aniversario de su muerte.

Sin excesivo rigor, los investigadores hallaron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo para la ocasión, situado en la parte derecha de la catedral. La comisión defendió que se trataba del extremeño porque, según su informe, el cadáver mostraba marcas de derrames sanguíneos producidos por heridas en la cabeza, cuello y extremidades.

Durante más de un siglo esa momia representó al conquistador del Perú y fue el objeto de sus actos de homenaje, sin que nadie sospechara que no se trataba de los restos de Pizarro. El 18 de julio de 1977, unos operarios encontraron durante unos trabajos de remodelación en la catedral una caja de plomo y otra de madera. En la de madera se hallaron huesos. Por su parte, en el interior de la de plomo había un cráneo y una inscripción inequívoca: «Aquí está la cabeza del señor marqués Don Francisco Pizarro que descubrió y ganó los reinos de Perú y puso en la real Corona de Castilla». Se abría el misterio: ¿cuáles eran los auténticos restos de Pizarro?

El final al misterio y a la polémica

Los sucesivos análisis arqueológicos no terminar de despejar el misterio sobre los restos de Pizarro. En un principio se dijo que los huesos de la caja pertenecían a un adulto, una mujer y dos niños, pero, incluso cuando el arqueólogo Hugo Ludeña aseguró que se trataba de Pizarro, la polémica siguió abierta. Al no alcanzarse un acuerdo en la comunidad científica, los investigadores decidieron abrir también la urna donde reposaba la momia del supuesto Pizarro. Dos antropólogos forenses procedentes de EE.UU. confirmaron las sospechas: aquella momia pertenecía a cualquier persona menos a un soldado del siglo XVI; en tanto, se procedió a trasladar los restos de las cajas a una capilla ubicada en la parte derecha de la catedral.

Se confirmó que se trataba de Pizarro en base a las 16 heridas punzo cortantes y de la huella de otras cicatrices en los hueso

El solemne traslado no significó el final de la polémica. Distintos historiadores continuaron desconfiando de los procedimientos empleados y exigieron nuevos estudios. Tras una investigación radiológico sobre el esqueleto, a cargo de la doctora Ladis Delpino (Universidad Cayetano Heredia), se confirmó que se trataba de Pizarro en base a las 16 heridas punzo cortantes y de la huella de otras cicatrices en los huesos, que correspondría con la forma en la que murió el extremeño y con heridas documentadas a lo largo de su vida.

Y por si aún cabía alguna duda, entre el año 2006 y el 2008 el arqueólogo forense Edwin Raúl Grenwich, de la Universidad de San Marcos, realizó análisis bio-arquiométricos que parecen haber dado al fin carpetazo al misterio. No en vano, Grenwich identificó los restos como los de un hombre diestro, robusto, de 1,74 centímetros, y que al fallecer tenía entre 50 y 68 años en el momento de su muerte.


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  • El 5 de septiembre de 1877, el jefe indio que venció a los norteamericanos en Little Big Horn fue traicionado y murió a manos del Ejército de los Estados Unidos

Un genio militar que logró vencer a Custer en Little Big Horn (una batalla acaecida el 25 de junio); un líder carismático que dirigió a sus hombres contra los «wasichus» (hombres blancos) que querían conquistar las tierras de los pieles rojas y, además, un bravo guerrero que se lanzaba contra sus contrarios al grito de «¡Hoka Hey!» («¡Hoy es un buen día para morir!»).

Caballo Loco fue un jefe indio que cambió la historia de los Estados Unidos al infligir al país una de las mayores derrotas del Siglo XIX. Sin embargo, no murió como un bravo guerrero debe y como él hubiera querido: combatiendo hasta desfallecer contra sus enemigos. Por el contrario, dejó este mundo un 5 de septiembre de 1877 después de que un soldado del ejército norteamericano le clavara una bayoneta a traición, y por la espalda.

El potro se hace caballo

Caballo Loco vino al mundo en los territorios que hoy ocupa Dakota del Sur (al norte de los Estados Unidos) en 1842. Su infancia fue controvertida pues, como explica el divulgador histórico Gregorio Doval en su obra «Breve historia de los indios norteamericanos», su madre falleció cuando él no era más que un niño. Fue entonces cuando su padre (un «hombre medicina» llamado también Caballo Loco) decidió tomar en matrimonio a su hermana para que el pequeño no creciese solo. Con todo, a nuestro protagonista no le afectó el destino de su progenitora y creció sano y fuerte. «Antes de cumplir los doce años ya había matado su primer búfalo y montaba su primer caballo», explica Doval.

Durante aquellos años fue testigo de algunas de las matanzas más cruentas que el ejército norteamericano perpetró contra los indios con el objetivo de que abandonaran los territorios en los que habían vivido desde siempre y se encerraran en reservas. «Con dieciséis años adoptó el nombre de su padre y participó por primera vez como guerrero en una incursión exitosa, pero en la que fue herido en una pierna», completa el experto. A partir de ese punto Caballo Loco se fue ganado la lealtad de su tribu a base de arco y hacha, pues demostró su valor y su valía como guerrero primero, y general después, en todo tipo de combates contra los norteamericanos.

Sin embargo, su gran victoria se sucedió en Little Big Horn (batalla cuyo aniversario se celebrará mañana). Aquel día, un Caballo Loco convertido ya en jefe de los siouxs oglala acabó, junto a Toro Sentado, con el Séptimo de Caballería del mal llamado general Custer (pues era teniente coronel). Un hombre enviado por los EE.UU. para obligar al jefe indio a pasar el resto de su vida lejos de territorios que, desde siempre, habían sido de su tribu. Con todo, lo cierto es que Cabellos Largos (como le conocían los nativos) no solo no consiguió vencer a aquellos pieles rojas, sino que murió con sus hombres tras lanzarse como un verdadero cafre con poco más de 200 jinetes contra 1.200 nativos.

La derrota tras la victoria

Sangre y balas para los indios que asesinaron a Custer. Tras la derrota de Little Big Horn Estados Unidos comenzó una campaña de venganza contra los nativos que habían acabado con la vida de Cabellos Largos. Una tormenta de muerte apoyada por la población, ávida de sangre, y realizada con la excusa de confinar a los nativos en reservas. Como ya había sucedido meses atrás, las persecuciones y matanzas de pieles rojas se generalizaron.

El frío, el hambre y las balas estadounidenses acosaban a los indios

No importó demasiado a la ciudadanía -poco ducha en táctica militar- que el oficial se hubiese lanzado de bruces y sin ninguna posibilidad contra un poblado que superaba ampliamente a su Séptimo de Caballería. Los norteamericanos, el ejército. y el gobierno de las barras y estrellas querían derramar sangre para desquitarse. Por eso fue por lo que el gobierno ordenó a oficiales como el general George R. Crook o el Coronel Miles (más conocido como Chaqueta de Oso Miles) que se dedicasen a hostigar durante meses a todo aquel con penacho de plumas que se cruzara frente a sus fusiles.

Perseguidas y apaleadas, a muchas tribus indias no les quedó más remedio que marcharse de sus casas y convertirse en nómadas. Casi se podría decir que el remedio fue peor que la enfermedad pues, con la llegada del frío, se hizo imposible para jefes como Caballo Loco dar de comer a sus hombres, mujeres y niños. Gregorio Doval señala en su obra lo difícil que fue durante ese tiempo para los indios conseguir alimentos. El historiador estadounidense Dee Brown es de la misma opinión, la cual hace patente en «Enterrad mi corazón en Wounded Knee» al señalar que el «frío y el hambre se habían hecho insoportables».

La primera traición

Al final, la falta de un trozo de carne que llevarse a la boca, el insoportable viento gélido que en aquellas fechas les helaba los huesos, la escasez de municiones con las que enfrentarse a los contrarios, y las promesas de sus enemigos de que solo querían parlamentar, hicieron que Caballo Loco se dejase convencer por sus consejeros y aceptase reunirse con los casacones para pactar una solución a aquella persecución malsana que iba a acabar con su tribu. Para entonces, de hecho, no le parecía tan mala la idea de que les cediesen una reserva.

Lo cierto es que Caballo Loco no estaba del todo conforme con la decisión de parlamentar la posible retirada de su pueblo, pero no le quedó más remedio que hacerlo, por lo que se preparó para llamar a la puerta -bandera blanca en mano- del mismísimo campamento del coronel Miles. «Ocho fueron, entre jefes y guerreros, los que se prestaron voluntarios para acudir al fuerte con bandera de parlamento», explica Brown.

Expuesto y sabiendo que podía ser aniquilado, Caballo Loco se personó junto a sus hombres frente a las puertas de la plaza. Y todo parecía ir bien… hasta que unos mercenarios (indios como ellos, por cierto, pero a las órdenes de los «hombres blancos») les vieron llegar y les tirotearon como si se trataran de conejos. Cinco de los hombres del séquito se fueron con el Gran Espíritu (murieron baleados, vaya), pero nuestro protagonista tuvo suerte y logró salir ileso. A partir de ese momento, la poca fe que le quedaba a este jefe indio se esfumó. Aquellos bigotones no eran gente de fiar, por lo que decidió que lo que le tocaba era volver al campamento, hacer el petate, y poner pies en polvorosa.

Su última batalla

Pero Miles no estaba dispuesto a dejar escapar a Caballo Loco, un líder cuya importancia era crucial para la moral de los nativos, así que llamó a sus hombres para perseguir a los indios y acabar con ellos de una vez.

«El militar les dio alcance el 8 de enero de 1877 en Battle Butte. Caballo Loco apenas tenía munición para defenderse, pero contaba con algunos jefes guerreros extraordinarios que, recurriendo a sus argucias y audaces tácticas, lograron extraviar primero, y castigar después, a los soldados mientras el grueso de la fuerza india ponía tierra de por medio atravesando las Wolf Mountains», explica Brown.

Durante esa batalla, la última de este jefe indio, sus hombres lograron que el pomposo ejército de los Estados Unidos se retirase a base de arco, flechas e ingenio (pues la munición era algo escasa). Con todo, el frío también ayudó a que Miles saliese por piernas y se dirigiese hacia su campamento. Había sido traicionado por el hombre blanco pero, al final, Caballo Loco había salido victorioso.

La rendición de un héroe

Pie sobre pie, y todavía con 900 siouxs oglala junto a él, Caballo Loco logró llegar hasta el noroeste de los Estados Unidos, a las tierras del río Powder. Una zona que podría haber sido idílica para él de no ser porque el Ejército de los Estados Unidos andaba pisándole los talones descalzos. Las semanas siguientes continuaron entre el hambre, el frío y la desesperación para los nativos. Y todo ello, aderezado con los tejemanejes que se traía el general Cook quien, al ver lo que le estaba costando acabar con aquellos siouxs, ofreció grandes ventajas políticas a otros jefes indios a cambio de que convenciesen a Caballo Loco, de una santa vez, de que lo mejor era rendir las armas y retirarse a una reserva.

«La promesa de una reserva era todo cuanto hacía falta para que Caballo Loco ofreciera su capitulación»

La efectividad de su llamada fue innegable, pues algunos líderes tribales como Cola Moteada o Nube Roja trataron de hallarle para convencerle de que, a pesar de todo, el hombre blanco no era tan malvado como parecía. Nube Roja fue el que encontró a Caballo Loco y le transmitió que, a pesar de que el general Crook estaba hasta el sombrero de él, le ofrecía una retirada honrosa en una reserva cerca del río Powder.

«Los 900 oglalas supervivientes se estaban muriendo de hambre […] los guerreros carecían de munición y los caballos parecían sacos de huesos. La promesa de una reserva en el territorio del Powder era todo cuanto hacía falta para que, por fin, Caballo Loco ofreciera su capitulación», explica Brown. La oferta fue demasiado tentadora para el líder indio, que terminó pasando por el aro y rindió el hacha el 5 de mayo de 1877 en Fort Robinson. «El último de los jefes guerreros de los sioux acababa de convertirse en un indio más de las reservas; desarmado, sin caballo, sin autoridad sobre los suyos y prisionero de un ejército que jamás había logrado vencerle en el campo de batalla», completa el experto. Lo cierto es poco más podía hacer.

Rendición de Caballo Loco- Wikimedia

Rendición de Caballo Loco- Wikimedia

La reserva debida

Capitular ante el hombre blanco no terminó con las penurias de Caballo Loco. Y es que, el paso de las semanas demostró al jefe indio que Crook no tenía demasiadas intenciones de darle, ni a él ni a su tribu, una reserva en la que asentarse en el territorio prometido. De hecho, el general terminó obligando a los siouxs oglala a asentarse en un campamento cercano a su fuerte para tenerles controlados.

Aún así, a partir de entonces el feroz guerrero se mantuvo fiel al acuerdo al que había llegado con aquel sujeto ataviado con tres estrellas y procuró que sus hombres no participaran en escaramuzas contra el ejército de los Estados Unidos. Con todo, de tonto no tenía una pluma del penacho y, en palabras de Doval, sus esperanzas de que el militar cumpliera con los dicho no tardaron en desvanecerse en el aire. «Caballo Loco hacía caso omiso de todo cuanto le rodeaba; él y sus hombres vivían solo pensando en el día en que Tres Estrellas Crook cumpliera su promesa», determina Brown.

La situación llegó a ser tan tensa que Crook (desconocemos si para ganar tiempo o no) ofreció a Caballo Loco viajar hasta Washington para entrevistarse con el presidente Rutherford B. Hayes. El tema a tratar: la cesión de la reserva. El jefe indio se negó.

«Él bien sabía cuanto ocurría a los jefes que acudían a la gran capital: volvían gordos y relucientes a causa de la buena mesa y del confort del gran padre blanco, y toda traza de bravura y temple había desaparecido de sus personas. Observaba los cambios experimentados por los mismos Nube Roja y Cola Moteada que, conscientes de aquello, sentían animosidad hacia el jefe más joven», destaca el experto. Esta falta de respeto al hombre blanco no hizo más que tensar unas relaciones que, ya de por sí, andaban más tirantes que la cuerda de un arco similar a los que habían utilizado en sus buenos tiempos los nativos.

Si los ánimos ya estaban candentes, terminaron por ponerse al rojo vivo en agosto. Fue entonces cuando llegaron noticias hasta Caballo Loco y sus hombres de que la tribu de los nez percés («narices agujereadas») había entrado en guerra con el ejército de los Estados Unidos. Aquello no era algo excesivamente raro, pero lo que sí lo fue es que los norteamericanos solicitaran a los oglalas que se alistaran en sus filas para servir como exploradores. El jefe indio, al que solo le quedaba el respeto de los miembros de su tribu, instó a que nadie participara en aquella absurda contienda generada por el hombre blanco. Sin embargo, el 31 de agosto su ánimo fue destruido cuando multitud de jóvenes guerreros pieles rojas decidieron vestir el uniforme azul de la caballería para servir a las órdenes del presidente.

Las incógnitas de su captura

A partir de este punto la historia de Caballo Loco es algo confusa y varía atendiendo a las fuentes a las que se acuda. Brown, por ejemplo, afirma que se sintió tan «asqueado» al ver como sus hombres le desobedecían y se unían al ejército norteamericano, que decidió abandonar sin permiso el campamento en el que vivía para regresar a sus tierras ubicadas en el río Powder.

«Cuando Tres Estrellas Crook se enteró de la nueva, por medio de sus espías, ordenó que ocho compañías se desplazaran inmediatamente al campamento de Caballo Loco, situado a pocos kilómetros de Fort Robinson, para hacerlo prisionero. Sin embargo, el jefe indio fue advertido por unos amigos, y los oglalas se dispersaron en todas direcciones», explica el experto. Según su versión, el jefe indio huyó hacia la reserva de un viejo amigo, Toca las Nubes. Un lugar en el que fue encontrado y capturado posteriormente.

Caballo Loco, antes de morir- Wikimedia

Caballo Loco, antes de morir- Wikimedia

No obstante, esta no es la única teoría sobre su captura. Doval afirma en su obra que Crook detuvo a Caballo Loco basándose en la idea de que estaba organizando una rebelión contra los Estados Unidos. «El general ordenó su arresto aprovechando que [Caballo Loco] había abandonado el fuerte para llevar a su esposa enferma junto a sus padres», determina el español.

Por su parte, la página web del gobierno de los EE.UU. dedicada a la memoria de este jefe indio aporta una versión totalmente diferente: «En 1877, Caballo Loco fue bajo bandera blanca a Fort Robinson. Las negociaciones con los líderes militares de los EE.UU. estacionados en el fuerte se rompieron. Los testigos culparon de ello a los traductores, que no transmitieron bien lo que quería decir Caballo Loco. El jefe fue detenido y llevado a la cárcel».

Una muerte a traición

La llegada al fuerte de Caballo Loco no es la única parte de la vida de este jefe indio que ha generado más controversia. Ese honor corresponde a su muerte, la cual se sucedió poco después de que fuera capturado por los estadounidenses. La versión más extendida sobre su fallecimiento es que corrió a cargo del ejército norteamericano y que sucedió a traición.

«Los soldados lo hicieron prisionero y le comunicaron que sería llevado a Fort Robinson para entrevistarse con Tres Estrellas. Una vez en el fuerte, le dijeron que era demasiado tarde para ver a Crook aquel día, de modo que se le puso bajo la vigilancia del capitán James Kennington y de uno de los policías de la reserva. Este no era otro que Pequeño Gran Hombre [su antiguo amigo]», explica el experto.

Siempre en palabras de este historiador, estos dos sujetos llevaron al jefe indio sin que este lo supiera hasta la puerta de una celda en la que nuestro protagonista inició un forcejeo. «El lance duró unos pocos segundos; alguien gritó una voz de mando y el soldado de guardia, William Gentles, hundió su bayoneta en el abdomen de Caballo Loco», completa. Al final, Caballo Loco falleció esa misma noche, el 5 de septiembre de 1877.

De esta teoría es partidaria también Victoria Oliver (autora de «Pieles rojas» -Edaf-), según explicó a ABC hace algunos meses: «Sospechaban de él y, a pesar de que estaba confinado y no tenía capacidad de actuación, decidieron eliminarlo. Para ello, le convocaron a una reunión en Fort Robinson (en Nebraska) con la intención de asesinarle. Él se presentó, en principio, sin recelo, pero pronto descubrió que le habían preparado una encerrona. Entonces se rebeló contra sus captores mientras le sujetaban y gritó “Otra trampa de los blancos, dejadme morir luchando”. Al final, un soldado le clavó su bayoneta por la espalda».

Otras teorías

Nuevamente, la web dedicada al memorial de Caballo Loco aporta una versión totalmente diferente. Los autores de esta página gubernamental son partidarios de que murió combatiendo arma en mano.

«Cuando se dio cuenta de que los comandantes estaban planeando encarcelarlo, luchó y sacó su cuchillo. Pequeño Gran Hombre, amigo y compañero guerrero de Caballo Loco, trató de detenerlo. Entonces, un guardia de infantería le dio una estocada exitosa con una bayoneta. Hirió de muerte el gran guerrero. Caballo Loco murió poco después de la herida. Hay diferentes teorías sobre la fecha de su muerte, algunos afirman que fue el 5 de septiembre de 1877, y otros, que el 6 de septiembre».

Lo que sí está claro es que el mayor jefe indio que conoció Estados Unidos falleció, como bien señala el historiador Thomas Powers en su obra «The killing of Crazy Horse» triste por ver en lo que se habían convertido las tribus indias.


ABC.es

  • Cuentan que la Encantada lleva todo el año esperando a esta noche para aparecerse en diversas localidades españolas
 El lago de Sanabria - WIKIPEDIA

El lago de Sanabria – WIKIPEDIA

Cuentan que la Encantada (ya sea mora o cristiana, según el lugar) lleva todo el año esperando a esta noche de San Juan para aparecerse en numerosas localidades españolas, peinándose su larga cabellera junto a alguna fuente, arroyo o castillo y que en las profundidades del lago de Sanabria voltea una campana de la mítica Valverde de Lucerna aunque solo quienes están «en gracia de Dios» la escuchan. Hoy es noche de hogueras y de leyendas que han pervivido durante siglos.

La Encantada

Dulciades se llama la joven y bellísima princesa que despierta cada Noche de San Juan en Villarrobledo (Albacete). Hija del señor de un castillo, fue raptada por el depravado Drakolín y al morir éste por la maldición del aya, su padre Hastrano ordenó que la encerraran en una mazmorra y la mataran con un veneno. Cuando se lo suministran, se aparece el aya, que empareda a la bruja Nasanta y consigue que la princesa no muera, sino que duerma en un estado letárgico del que solo despierta por San Juan. «Esa noche aparece La Encantada, una delicada y bellísima joven de tez clara, peinando su larga y hermosa cabellera con un peine de oro, para regar y cuidar unas flores extrañas que sólo crecen allí. Otras versiones de leyenda añaden que, si la ves y te mira fijamente a los ojos, ocuparás su lugar», recogen Elvira Menéndez Pidal y José María Álvarez en sus «Leyendas de España» (SM).

En la Cueva de la Camareta, en la zona del embalse de Camarillas (Hellín, Albacete) cuentan que la dama se peina con un peine de oro y pregunta a quien pasa por allí qué le gusta más si el peine o ella. En cierta ocasión cuentan que un pastor le respondió que el peine y ella le respondió airada: «¡Maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!».

Otras leyendas similares son las de La Encantada de Benamor (Moratalla), la de las Tosquillas (Caravaca), la de la Rambla de Nogalte (Puerto Lumbreras), la Dama de la Terrera de los Argálvez (Baza, Granada) o la Bruja de Aketegui (Guipúzcoa).

En Coy o Manzanares el Real la encantada es una princesa mora que se enamoró de un joven cristiano y fue encerrada por su familia en una cueva. Allí murió esperando ser rescatada por el caballero cristiano, que no regresó jamás. Cuentan que se aparece en la noche de San Juan, vestida de blanco junto a un manantial o una fuente.

También en Rojales (Alicante), la Encantá (Zulaida o Zoraida) busca en la noche de San Juan a algún valiente que la lleve en brazos hasta el río Segura para bañar sus pies en el agua y romper así el maleficio de su padre por haberse enamorado de un príncipe cristiano. Pero quien se presta a llevarla acaba cayendo desfallecido por el peso cada vez mayor de la joven, que queda encerrada en el monte. Sobre el pobre hombre cae entonces la maldición de la Encantá de morir con la lengua fuera.

En la noche de San Juan se dice que se escucha un canto irresistible de mujer desde la fuente de La Velasca, en Badajoz, aunque nadie ha vivido para contarlo. Atraídos por los espectros de tres princesas moras, los hombres se lanzaban al agua y morían ahogados. José María Merino recoge el relato en sus «Leyendas españolas de todos los tiempos» y la fórmula mágica con la que en una noche de San Juan fueron desencantadas las tres jóvenes.

En la noche de San Juan quedaban anulados los poderes de la temida Juáncana, que raptaba a los niños y los devoraba en su cueva en Cantabria. Era el momento que aprovechaba la gente para buscarla y acabar con su vida, aunque según Merino parece que nunca pudieron conseguirlo.

Fantasmas en el castillo

Entre los muros del Castillo de Loarre se cuenta que falleció el conde Don Julián y que enterraron al mayor traidor de la historia de España a la entrada de la iglesia, para que todos pisotearan sus restos por haber abierto las puertas de la Península a los musulmanes por el comportamiento de Don Rodrigo con su hija Florinda, más conocida como La Cava. Hay quien dice que su alma atormentada merodea por las torres del castillo lamentando el trágico fin de Florinda, que se habría suicidado arrojándose desde una torre. Otros creen ver (cómo no, en la misma noche de San Juan) a la abadesa doña Violante, sobrina del Papa Luna, cuya tumba tampoco ha sido aún hallada.

Campanadas bajo el agua

Hay quien asegura que en la noche de San Juan aún voltea una campana de la iglesia de Valverde de Lucerna desde las profundidades del Lago de Sanabria. No está claro si la que repica en esta noche mágica es la campana de Redondo o Bragado, los dos bueyes que corrieron asustados al lago y engancharon sin querer las campanas de la iglesia. Los animales arrastraron una de ellas al salir del agua, pero la otra quedó bajo el lago donde, según la leyenda, yace el mítico pueblo de Valverde, Villaverde o Villa Verde de Lucerna.

Cuenta la leyenda que hasta esta localidad zamorana llegó un día un pobre andrajoso pidiendo limosna, pero todos cerraban las puertas cuando se les acercaba. Solo en una casa apartada, el panadero le animó a pasar y sentarse junto al fuego mientras metía en el horno la última masa de pan que le quedaba. Cuando el buen hombre fue a sacar el bollo de pan, la masa había aumentado tanto de tamaño que casi no cabía por la boca del horno. El pobre le dijo entonces al panadero que guardara el pan «porque de él tendrán que comer usted y su familia hasta que alguna barca pueda venir a rescatarles», según relata Luis Díaz Viana en «Leyendas populares de España».

Otras versiones, como la que recoge la web de Turismo de Sanabria, sitúan el relato en una desapacible noche previa a la fiesta de San Juan. Son unas mujeres quienes acogieron al mendigo y se salvan de su castigo. Antes de abandonar el pueblo, el viejo, que era el mismísimo Jesucristo según la leyenda, cogió el cayado y dijo: «Donde clavo este bastón, que salga un borbollón». El agua inundó el lugar, sumergiendo por completo el pueblo. Hay quien cuenta que en noches oscuras se ven luces que parecen andas sobre las aguas, las almas de los desaparecidos que intentan huir del profundo lago, y que por eso se le llama Villa Verde de Lucerna.

También en la laguna de Antela decían que los muertos de la legendaria ciudad de Antioquía pedían perdón volteando las campanas la noche de San Juan «pero ni les llega ni les llegará nunca porque están condenados por toda la eternidad», según escribía Camilo José Cela en «Mazurca para dos muertos».

De las legendarias ciudades sumergidas en Galicia, quizá la de Antioquía era más conocida. Decían que su idolatría al gallo y sus pecados llegaron hasta tal extremo que Dios decidió castigar a la ciudad. Jesucristo quiso salvar a los justos y bajo el aspecto de un mendigo, recorrió las calles pidiendo limosna sin dar con nadie que se conmoviese de sus súplicas. Solo una pobre vieja le acogió en su casa, le dio algo de comer y le dejó su propia cama para que descansara. Al amanecer, un lago había cubierto por completo la ciudad. Solo la anciana se había salvado.

Para decepción de los más crédulos, en la década de los 50 se desecó la laguna de Antela sin que apareciera rastro alguno de Antioquía.

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