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  • Un equipo de arqueólogos ha hallado restos humanos cerca de la isla de Anticitera, donde se descubrió el pecio en 1900
Cráneo parcial con tres dientes hallado en los restos del naufragio. Brett Seymour, EUA/WHOI/ARGO

Cráneo parcial con tres dientes hallado en los restos del naufragio. Brett Seymour, EUA/WHOI/ARGO

Un esqueleto humano de más de 2.000 años de antigüedad ha sido descubierto en una nueva expedición cerca de las islas griegas, el lugar donde se produjo el conocido como naufragio de Anticitera. Se trata de un pecio descubierto en 1900 por pescadores, pero debido a que los restos se encuentran a 55 metros de profundidad no está muy explotado. En este lugar apareció el mecanismo de Anticitera, un dispositivo mecánico muy sofisticado del año 87 antes de Cristo que medía los movimientos del Sol, la Luna y los planetas. Ahora, un equipo de arqueólogos del Ministerio Helénico de Cultura y Deportes y la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) ha encontrado un esqueleto casi completo en buen estado de conservación. Lo que hace tan especial este hallazgo es que conserva un hueso en concreto que puede contener ADN y, si los investigadores consiguen analizarlo, será la primera vez que se trabaje con material genético humano tan antiguo.

Los restos fueron hallados el 31 de agosto y consisten en un cráneo parcial con tres dientes, dos huesos de un brazo, partes de varias costillas y dos fémures. Un análisis preliminar indica que todos los huesos pertenecen a la misma persona. El experto en análisis de ADN antiguo Hannes Schroeder del Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha realizado los primeros estudios de estos restos y apunta a que en principio se trata de alguien joven. El arqueólogo Brendam Foley, el codirector del equipo de excavaciones, asegura que el equipo está encantado con el descubrimiento. “No sabemos de nada que se le parezca”, explica Foley. Schroeder señala que lo realmente increíble es que los huesos hayan sobrevivido más de 2.000 años en el fondo del mar. “Y en principio están en buen estado”, añade. El hallazgo ha sido publicado esta semana en la revista Nature.

Desde que se descubrieron los restos, se han llevado a cabo muchas expediciones al lugar. “El famoso explorador Jacques Coustaeu recuperó con su equipo varios huesos humanos en 1976”, explica Schroeder. Pero ninguno de aquellos restos era tan completo ni estaba en tan buen estado como el recién hallado. De los tesoros que quedaron sobre la arena del fondo del mar no queda nada. Pero los investigadores aseguran que la mayor parte de lo que contenía el buque, se encuentra enterrado bajo tierra. Por ello, el equipo lleva trabajando en la zona del naufragio desde 2014 y continuará trabajando allí por si aparecen nuevos huesos o tesoros.

El pecio consiste en los restos del naufragio de un buque mercante que transportaba mercancías por el Mediterráneo. Junto al esqueleto se han encontrado fragmentos de cerámica y diversos artículos como jarras de vino, cristalería y algunas lanzas de bronce. El equipo de buceo también ha recuperado componentes de la nave como una enorme ancla y un peso de plomo que los textos antiguos describen como un arma defensiva a la que llamaban “Delfín de guerra”. Se trata del mayor naufragio antiguo que se ha descubierto y sus objetos pueden servir a conocer mejor a los que vivían en aquella época.

El objetivo de los investigadores es conocer más acerca de las personas que viajaban en el barco y reconstruir el comercio en el Mediterráneo

El próximo paso de los investigadores será analizar el ADN de los huesos. “El análisis puede decirnos muchas cosas como el sexo del individuo, la base genética y posiblemente el origen geográfico”, cuenta Schroeder. El objetivo de los investigadores es conocer más acerca de las personas que viajaban en el barco y reconstruir cómo era el comercio en el Mediterráneo. “Por eso es un hallazgo muy importante, porque podría ofrecer algunos detalles fascinantes de la tripulación de este famoso barco y de su viaje”, detalla. Los investigadores creen que es muy probable que el destino de aquel buque fuese la antigua Roma. Schoeder apunta que debe ser el ADN quien responda a todas las posibles preguntas. Ante las múltiples posibilidades sobre quienes eran aquellos que cruzaron el Mediterráneo hace 2000 años, Schroeder plantea: “tal vez uno de ellos era un astrónomo que poseía el mecanismo de Anticitera”.

Los investigadores especulan sobre los miembros de la tripulación. El equipo sospecha que en el barco viajaban unas 15 o 20 personas y no descartan que el esqueleto hallado perteneciese a un esclavo. El arqueólogo Marcos Dunkley, que también ha participado en las excavaciones, asegura que se han encontrado restos de hierro oxidado alrededor de los huesos. Dunkley explica que cuando se produjo el accidente, la tripulación pudo haber escapado con relativa facilidad. “Pero si llevaban grilletes, no tuvieron ninguna posibilidad”, señala. El óxido del hierro es el responsable de que los huesos del esqueleto hallado estén teñidos de rojo.

El equipo está a la espera de la autorización de las autoridades griegas para realizar el análisis del ADN. Una vez tengan el permiso tardarán una semana para saber si se puede realmente extraer algún resto de material genético. Después, necesitarán un par de meses para secuenciar y analizar los datos.


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  • El primer día de otoño de este 2016 trae consigo un fenómeno astronómico solo visible en dos ocasiones al año

 El primer día de otoño es el descenso de Kukulkán a través del templo - CC

El primer día de otoño es el descenso de Kukulkán a través del templo – CC

El primer día de otoño de este 2016 supondrá para nosotros la victoria de la noche sobre el día o empezar a ver cómo se tornan nuestras calles y bosques de preciosas tonalidades ocres. Pero para la cultura maya el día de hoy tenía un interés especial. Era, nada más y menos que el descenso de una de sus mayores divinidades. Y si queremos, esta jornada de equinoccio puede ser una gran oportunidad para vislumbrarlo.

Kukulkán, algo así como «Serpiente de plumas» en maya yucateco, era una deidad con forma del reptil que le da nombre, que en la cultura maya representaba el agua y el viento. Tanta era la adoración que los prehispánicos mostraban por ella, que erigieron templos en su honor en múltiples ciudades de su reino. Era considerada como una divinidad creadora, y aquello, le daba una magia especial.

Este primer día de otoño de 2016 surgirá, como siempre, la bajada a la tierra de Kukulkán. Para ello, habría que desplazarse a una de las construcciones que se erigieron en su honor, Chichén Itzá, que como cada primer día de otoño, mostrará un fenómeno astrológico impactante. Si nos detenemos a observar la escalinata, de repente seremos conscientes de la presencia de varios triángulos de luz y sombra que aparentan el descenso de la serpiente por la escalera en un primer día de otoño que terminará por convertirse en mágico -ocurre algo similar el primer día de primavera.

Que ocurra esto no es casualidad. Atendiendo a los movimientos de la Tierra, y a la dirección de la luz, que avanza según vamos cambiando de estación, los mayas llegaron a la conclusión de que, para que en los equinoccios -como el que vamos a vivir el primer día de otoño este jueves- pudiese surgir este fenómeno, se hacía imprescindible colocar la construcción con una inclinación aproximada de 20° con respecto al norte geográfico. Aunque no hay evidencias de que la civilización maya erigiera todo el templo orientado a la consecución de este fenómeno, sí que impresiona.

El resultado, toda una imagen para no olvidar. Quien se siente a observar la escalinata del templo durante el primer día de otoño de este 2016 -o el primer día de primavera de 2017, si el lector se anima por entonces a organizar un viaje para contemplarlo-, podrá visualizar, a medida que avanza la tarde, la proyección de la sombra de la serpiente descendiendo ávida, impasible ante la mirada de turistas y curiosos, como un vestigio intacto de aquella cultura maya tan avanzada a su época que lucha por mantenerse viva. El fenómeno comienza, como hemos dicho, el primer día de otoño, pero continúa. Los siguientes cinco días permanece, dando magia a un fenómeno totalmente religioso. Una serpiente que solo despierta dos veces al año, y que después se diluye entre la luz y la sombra, hasta que vuelva a despertar seis meses después


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  • Un extenso y detallado retrato de genes humanos de poblaciones normalmente no estudiadas ha permitido averiguar mucho más acerca de cómo el humano logró extenderse por todos los continentes desde África
  • Además ha permitido averiguar cómo los cambios climáticos del pasado se convirtieron en motor de las migraciones
 Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias - NATURE

Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias – NATURE

La historia recuerda que el viaje está grabado en los genes. La prueba es que hace decenas de miles de años los hombres abandonaron su hogar, en África, y caminaron por todos los continentes de la Tierra, sin detenerse jamás ante los glaciares, los desiertos, las montañas, o los océanos. Aquel apasionante viaje llevó a los humanos adonde están hoy, pero en muchos casos el fracaso hizo desaparecer pueblos enteros y solo dejó un triste testimonio de huesos.

Pero gracias a los avances que se están produciendo en las técnicas de secuenciación de genomas, los científicos pueden acceder cada vez mejor a las historias que quedaron grabadas en la biología del ser humano. Esto ha llevado a que este miércoles se hayan publicado cuatro artículos en la prestigiosa revista Nature en los que se trata de recordar cómo ocurrió aquello.

«Estos estudios llenan algunos huecos del puzzle de la historia humana», han escrito Serena Tucci y Joshua M. Akey en un artículo de análisis de las investigaciones presentadas en Nature. Gracias a un trabajo muy extenso con 270 poblaciones de todo el mundo, incluyendo a algunas que normalmente no han sido muy estudiadas, la diversidad genética de los grupos ha permitido descubrir nuevas cosas sobre el pasado del hombre.

Esto es importante, porque los científicos están sumidos actualmente en un intenso debate. Unos sostienen que hace unos 40.000-80.000 años los africanos dejaron atrás el continente y que desde allí se extendieron por el resto del mundo. Pero otros creen que hubo varias oleadas de migración: una primera, hace 120.000-130.000 años, que les permitió llegar a Asia y Australasia, caminando a través de la Península Arábiga y la India, y una segunda, que les permitió llegar a Europa y al Mediterráneo oriental más tarde.

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

El hecho de que un modelo y no otro sea el más cercano a la realidad, al final implica encontrar una explicación a cómo se mezclaron los genes humanos con sus parientes cercanos, los neandertales y los denisovanos. También permitiría entender si, efectivamente, los aborígenes australianos se separaron de los africanos antes que los pobladores de Eurasia, lo que significaría que estos tienen un origen más antiguo que el resto.

Además, uno y otro modelo de migraciones podrían ayudar a entender por qué la variabilidad genética de los humanos de algunas regiones fue menor a la de otros lugares (lo que es muy importante en el proceso de la evolución), o si hay algunos hombres actuales que representan mejor a sus ancestros que otros.

Los cuatro estudios presentados en Nature han hecho su pequeña contribución a la historia del hombre. La investigación dirigida por David Reich ha secuenciado el genoma de 300 personas de 142 poblaciones normalmente no muy estudiadas en estudios de variación humana. Han apoyado la idea de que hubo una gran oleada migratoria desde África, y que la población que dio lugar a los humanos de hoy en día dejó el continente hace unos 200.000 años. Además, sostienen que desde entonces la tasa de mutación auementó en un 5 por ciento entre los no africanos.

Por su parte, el equipo de Eske Willerslev ha secuenciado los genomas de 83 aborígenes australianos y de 25 personas de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea. Esto, que de por sí solo ya les ha permitido convertirse en el estudio más importante de los genomas de esta poblaciones australianas, sugiere que los aborígenes ocuparon el continente durante mucho tiempo. Y que sus orígenes son más antiguos que los de los demás pobladores actuales.

La investigación de Luca Pagani y Mait Metspalu, estudió 379 genomas de 125 poblaciones, sobre todo europeas, y descubrió que al menos el 2 por ciento de los genes de los papuanos modernos proviene de un ancestro que se separó de África antes que los euroasiáticos. Esto apoya la idea de que hubo varias oleadas de humanos saliendo de África, y la antigua procedencia de los aborígenes.

El papel de los cambios climáticos

Además, una investigación dirigida por Axel Timmermann y Tobias Friedrich ha establecido un vínculo directo entre varios cambios climáticos pasados y un conjunto de oleadas migratorias que salieron de África hace unos 125.000 años (por lo que apoyan también la idea de que hubo varias migraciones). Según su modelo, varias glaciaciones provocaron migraciones a través de la península arábiga y el Mediterráneo oriental. Además, su trabajo apoya la idea de que el humano llegó al mismo tiempo al sur de China y a Europa, hace unos 80.000 años.

Tal como ha aclarado esta investigación, aunque no resulta sencillo relacionar el clima pasado con el humano pretérito, hay casos en los que este vínculo es claro. Por ejemplo, hace unos 12.000-5.000 años el actual desierto del Sáhara estaba cubierto de vegetación, bosques, lagos y ríos. Por eso en la región se han encontrado restos de actividad humana hasta hace unos 5.000 años, momento en el que los cambios en la órbita de la Tierra trastocaron el régimen de lluvias de la zona.

Parece claro que los genes son poderosas herramientas para acercarse al pasado del hombre. Pero tienen sus límites. No se puede olvidar la complejidad de la historia humana, reflejada en la diversidad de lenguas, restos arqueológicos y linajes genéticos encontrados hoy en día. Solo una ciencia armada con muchas disciplinas, como la arqueología, la antropología, la genética y la climatología, puede tratar de entender el pasado del hombre. Ese gran viajero que caminó por todos los continentes.


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  • La sexta temporada de la serie esta basada en este misterioso acontecimiento vivido por un grupo de colonos británicos en el siglo XVI

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Se estrenó por todo lo alto el primer capítulo de la sexta temporada de «American Horror Story». Un total de 90 minutos en los que se desveló la historia ocurrida en la isla de Roanoke, en 1590, en la que se centrarán los nuevos capítulos de la serie: la desaparición sin dejar rastro de 117 personas de esta antigua colonia del condado de Dare, actual Carolina del Norte, dejando tan solo una pista en forma de inscripción en un árbol: «Croatoan».

[Ocho claves de la nueva temporada de «American Horror Story»]

La nueva temporada lleva el título de «My Roanoke Nightmare». Pero, más allá de la ficción, ¿cuántos espectadores conocen la verdadera historia que se esconde detrás de esta trama? Lo que acaeció con aquel centenar de personas que, entre 1587 y 1590, desaparecieron sin dejar rastro de esta colonia inglesa del Nuevo Mundo, es aún hoy uno de los misterios más grandes de los últimos cinco siglos de historia.

En agosto de 2014, este episodio volvió a estar de actualidad después de que un equipo de arqueólogos diera a conocer nuevos indicios que podrían desvelar al fin qué fue de estos colonos desaparecidos. Concretamente, y según explicaron los expertos de la «First Colony Foundation», existen posibilidades de que los británicos se introdujeran en lo más profundo de Estados Unidos y se mezclaran con la población nativa. Una teoría que siempre se había barajado pero que, ahora, podría quedar corroborada gracias a una serie de objetos hallados a 80 kilómetros de Roanoke.

El origen de la colonia

Para hallar el origen de esta colonia perdida hay que remontarse a la Reina Isabel I, que a finales del siglo XVI comenzó a bendecir con dinero y tierras a todos aquellos ingleses que quisieran partir hacia el Nuevo Mundo, con el objetivo de hacerse un hueco en la Historia del continente recién descubierto. Uno de ellos fue un tal Walter Raleigh, que en 1584 organizó una expedición a América del Norte con un par de buques que resultó todo un éxito. Tras meses de contacto con un grupo de nativos locales que les proporcionaron provisiones y cobijo, regresaron a su hogar cargados con productos típicos de la zona.

Tras su vuelta, todo fueron cervezas y felicitaciones para Raleigh, que decidió organizar una nueva expedición a la recién creada Virginia. Eso sí, en este caso planeaba llevar muchos más buques, más soldados y más provisiones con el objetivo de establecer una pequeña colonia que se hiciese fuerte en la región. Con todo, parece que al inglés no le gustó demasiado la idea de arriesgar sus nalgas en aquellas tierras inhóspitas y envió al capitán a Richard Greenvil, su propio primo. Este levó anclas el 9 de abril de 1585 desde el puerto de Plinouth al mando de siete navíos, con un grupo de soldados curtidos en decenas de contiendas. No había ni mujeres ni niños. Todo acorde a los objetivos que se buscaban: instaurar un fuerte que pudiese resistir las incursiones hispanas -con quienes andaban a guantazos-, comerciar con los nativos, buscar metales preciosos (oro y plata) y, llegado el momento, meter sus morriones por santa sea la parte a los españoles que se ubicaban en la zona.

La decisión fue clara: el emplazamiento idóneo sería la isla de Roanoke, en la bahía de Chesapeake, pues ?según creían- gozaba de un clima envidiable. Greenvil se marchó tras prometer regresar con provisiones y dejar por allí a 108 colonos que, al poco, ya habían construido varias casas, levantado un pequeño fuerte y establecido relaciones con los indígenas. Todo inmejorable. O eso parecía. «Por muy risueño aspecto que presentasen estas comarcas a la sazón de su descubrimiento [?] conocieron bien pronto los europeos la dificultad de mantenerse en ellas», explica Jean Baptiste Gaspard Roux de Rochelle (geógrafo y escritor entre los siglos XVII y XVIII) en su obra «Historia de los Estados Unidos de América». Y es que, las costas de la zona eran sumamente bajas (lo que hizo que las inundaciones asolasen el lugar a las pocas semanas) y, en contra de lo que rondaba sus cabezas en un primer momento, la isla no producía suficiente comida.

La violencia

Aunque esta última dificultad la suplieron ofreciendo un buen saco de objetos brillantes a los nativos (las tribus croatoan y secotan) a cambio de alimentos, lo cierto es que empezaban a pensar que una maldición pesaba sobre aquella tierra. El no encontrar ni una mísera onza de oro les corroboró que el lugar no era, ni mucho menos, el paraíso que habían creído, así que terminaron haciendo lo que mejor sabían: abusar económicamente de los indios, cuyas provisiones se metieron entre pecho y espalda sin importarles mucho el extenso tiempo que éstos habían tardado en recogerlas. El gobernador al que habían dejado al mando de aquella partida, Ralph Lane, tampoco dudó a la hora de utilizar técnicas violentas para obtener todavía más comida de los nativos y, después, marcharse al nuevo mundo con Sir Francis Drake, el pirata a las órdenes de la reina que estaba de paso.

Habría que haber visto la cara de Greenvil cuando arribó a la zona algunos meses después cargado de víveres y se encontró con que no quedaba allí ni un alma. Poco más pudo hacer que regresar también a Inglaterra perdiendo una importante suma de oro en el trayecto. Con todo, y ya que habían hecho miles de kilómetros, dejó allí a 50 valientes (o locos, que se podría decir) dispuestos a mantener viva la colonia y defenderla de las posibles incursiones enemigas.

En 1587 Raleigh organizó una nueva expedición al mando del artista John White. A este se le dieron órdenes de establecerse en el fuerte de Roanoke e iniciar de nuevo relaciones comerciales con los nativos. En lugar de soldados, esta vez viajarían hasta la zona hombres y mujeres que supieran realizar todo tipo de trabajos manuales y cultivar la tierra. La finalidad, por lo tanto, era dejar a un lado los saqueos y las armas para asentarse de una forma efectiva en la región, a pesar de que Roanoke había sido calificada de «maldita» por sus habitantes.

Un nuevo intento

Nueva colonia, nuevos métodos. Eso pensaban los británicos, que pretendían trabar amistad con los nativos para comenzar su expansión por la zona y poder respirar tranquilos. Sin embargo, los indios no estaban de acuerdo con esa afirmación. Al fin y al cabo, el hombre blanco ya les había arrebatado no hacía mucho sus pertenencias y había usado la violencia para hacerse con sus alimentos. White no logró por lo tanto calmar los ánimos. De hecho, avivó sin pretenderlo las viejas rencillas. A eso se sumó la imposibilidad de cultivar comida debido a la baja calidad de la tierra.

Pero la tensión campaba a sus anchas por Roanoke y, finalmente, un indio asesinó a un colono sin explicación alguna. Aquella muerte puso los nervios de punta a los ingleses, que insistieron en que White debía regresar a Inglaterra, solicitar refuerzos a la reina, cargar una flota hasta los topes de alimentos, y regresar en el menor tiempo posible. El ilustrado aceptó, aunque antes ordenó a los ciudadanos dos cosas: que no salieran del fuerte si la situación no era extrema y que dejasen una marca muy concreta tallada en un árbol del fuerte (una Cruz de Malta), si eran atacados por indios o españoles y se veían obligados a huir.

White viajó hasta Inglaterra en 1587 para explicar la situación a Raleigh, el señor a quien correspondía el dominio de la tierra de Roanoke. Sin embargo, parece que eligió un momento sumamente malo para solicitar ayuda: el instante en el que su soberana, la reina Isabel, andaba a mandobles contra Felipe II y necesitaba cualquier barco que pudiese encontrar para enfrentarse a los españoles.

El regreso

White tuvo que esperar hasta 1590 para poder viajar de vuelta a Roanoke con la ayuda prometida. Cuando él y sus hombres pisaron la isla, no pudieron creer lo que allí había pasado. «El asentamiento estaba completamente desierto. Ninguno de los 90 hombres, 17 mujeres u 11 niños que había dejado fueron encontrados», explica el escritor Michael Rank en su obra «10 civilizaciones que desaparecieron sin rastro». Tras investigar pormenorizadamente la zona descubrieron que todas las casas habían sido desmanteladas, pero que no había señales de lucha, por lo que, aparentemente, no se había sucedido batalla alguna.

A su vez, White y sus hombres se percataron de que no había ni una Cruz de Malta tallada en los árboles del fuerte de Roanoke, por lo que los colonos no habían sido atacados. Tan sólo hallaron dos extrañas pistas sobre su paradero. «La única posible clave encontrada fue la palabra ‘Croatoan’ escrita en un poste», explica el experto en su obra. Además, encontraron la sílaba «Cro» cerca de la primera.

El gobernador tuvo que regresar a Gran Bretaña sin saber qué había pasado en su ciudad. El misterio quedó sin resolver hasta hoy, momento en que se barajan varias teorías sobre su posible paradero. Entre ellas, destacan las que afirman que los ciudadanos de Roanoke decidieron viajar de vuelta hasta Inglaterra cuando se quedaron sin provisiones; las que determinan que fueron asesinados por los nativos y, para terminar, las que consideran que se mezclaron con ellos. Fuera como fuese, este hecho hizo que la ciudad pasase a ser conocida como la «colonia perdida».

Nuevos indicios

Uno de los avances más destacables para desvelar el misterio se dio en el 2012, año en que el Museo Británico halló en un viejo mapa dibujado por el mismísimo White una serie de marcas ocultas que desvelaban la existencia de una supuesta fortaleza a 80 kilómetros de la colonia. Aunque se desconocía si el gobernador hizo esa señal pensando que los británicos podían estar allí, Nicholas Luccketti (arqueólogo de la «First Colony Foundation») se trasladó a la zona posteriormente para encontrar cualquier resto del paso de los ingleses por el lugar.

Tres años después, Luccketti informó del hallazgo de una serie de objetos que, a falta de las pruebas pertinentes, podrían haber pertenecido a los colonos perdidos. Estos van desde algunas piezas de cerámica con un estilo típicamente inglés, hasta varias herramientas de metal de la época (entre ellas, un gancho y un clavo para una tienda de campaña). A su vez, han desenterrado varios fragmentos de espadas típicamente europeas y mosquetes primitivos que podrían haber sido llevados hasta allí desde la metrópoli. Lo más destacable es que todo lo que se ha encontrado data del S.XVI y los nativos no tenían la tecnología necesaria para llevarlas a cabo.

En base a todo ello, Luccketti y su equipo secundan la teoría de que por esa zona (a la que llegaron en 1655 varias partidas de colonos británicos de forma oficial) pasaron los ingleses de Roanoke. Siempre según los expertos, este centenar de personas habría viajado hasta el interior para vivir con los nativos después de haber sido atacados por alguna tribu de indios cercana.


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  • A pocos días del 96º aniversario de la fundación de la Legión española, recordamos la historia que dio origen a la mítica canción
 Baltasar Queija - ABC

Baltasar Queija – ABC

Baltasar Queija Vega. Un camarero español de poco más de un metro y medio de altura que decidió alistarse en la Legión española (entonces conocida como Tercio de Extranjeros) para defender su patria de los rifeños en los parajes del norte de África. Este es el perfil del primer militar caído en combate de este cuerpo (creado y dirigido en principio por Millán Astray para combatir en la vanguardia de la batalla y evitar la sangría de bajas que se estaba produciendo en Ceuta y Melilla). Un triste fallecimiento que se produjo el 7 de enero de 1921 y que inauguró la lista de caídos de una de las futuras unidades de élite de nuestro ejército.

A pesar de que la historia guarda un lugar especial para aquellos que tienen el honor de ser los primeros de una unidad en dejar este mundo, lo cierto es que la historia de Baltasar Queijo Vega podría haber caído en el olvido de no ser porque, según cuenta la leyenda, sus compañeros hicieron un curioso hallazgo en su cadáver. Este consistió en un papel que había escondido en su camisa y que contenía unos tristes versos dedicados a su novia muerta en los que, según se cuenta, se basó posteriormente la canción del «Novio de la Muerte».

El niño se hace legionario

Baltasar Queija de la Vega (quien se inscribió en el ejército como Baltasar Queija Vega) vino al mundo el 26 de marzo del año 1900 en el pueblo de Minas de Riotinto (Huelva). Al menos, así lo afirma Antonio García Moya (subteniente de infantería ligera) en su dossier «El primer muerto de la Legión».

Nuestro protagonista, futuro poeta y héroe del Tercio de Extranjeros, fue uno de los ocho hijos de Baltasar Queija y Josefa Vega. Con todo, no se conoce demasiado sobre su infancia más allá de que viajó hasta Santa Cruz de Tenerife para ganarse la vida como camarero. Cuando el calendario se encontraba en 1920, este español se enteró casi por casualidad de la creación de la Legión Española.

Esta unidad (llamada entonces Tercio de Extranjeros) había nacido apenas unos meses antes de la mano del coronel José Millán Astray quien, tras observar que los soldados enviados desde España a combatir en Marruecos carecían de experiencia para enfrentarse a los rifeños, decidió idear una unidad entrenada específicamente para resistir las duras condiciones de África. Además, decidió fundarla siguiendo el ejemplo de la Legión Extranjera francesa e incluyendo en su ideario muchas similitudes con el código samurái.

Desde el principio no hubo requisitos para poder acceder. Para los mandos, valía igual un español que un marroquí. De hecho, su fundador jamás despreció a los africanos, pues consideraba que «un extranjero vale por dos soldados, uno español que ahorra y otro extranjero que se incorpora».

Hacia África

Fue en octubre cuando Queija se dio de bruces con un cartel de reclutamiento de la Legión Española. Un pasquín en el que se podía ver la silueta de un combatiente bajo el siguiente rótulo: «Alistaos en el Tercio de Extranjeros». Junto a este, se incluía una extensa información sobre las pagas y las bondades de la nueva unidad: «En la Legión encontraréis un buen haber, primas de enganche, comida sana y abundante, excelente vestuario…».

La información, según parece, fue sumamente atractiva para Baltasar, quien decidió hacer el petate y unirse para empezar a combatir en África, donde los rifeños estaban dando más de un quebradero de cabeza a España.

«A ello ayudaría la sustanciosa prima de enganche de 700 pesetas pues, el 9 de octubre, firmó con el Tercio de Extranjeros un compromiso por cinco años. Antes de embarcar recibiría 2,5 pesetas diarias como viático, suficiente para la manutención hasta llegar a Algeciras, donde embarcó rumbo a África», explica el autor en su dossier. Una vez allí fue asignado a la 6ª Compañía de Ametralladoras de la Segunda Bandera», explica el experto.

Esta unidad que estaba equipada con las famosas Hotchkiss de 7mm. «Era un arma por toma de gases, sencilla y con un mecanismo fiable, aunque necesitaban un cartucho de mayor calidad que los rifles de cerrojo, a pesar de tener el mismo calibre», explica Luis E. Togores en «Historia de La Legión española: La infantería legendaria. De África a Afganistán».

«¡Venís a morir! La Legión os abre sus puertas, os ofrece olvidos, honor y gloria»

Como explica pormenorizadamente García Moya, Queija escuchó al llegar a Ceuta las palabras de bienvenida del mismísimo fundador de la Legión, Millán Astray. Unas frases que ofreció a los primeros hombres que se alistaron para combatir por España. ABC, como testigo de la Historia de España, recogió aquellas palabras en sus páginas.

«¡Venís a morir! La Legión os abre sus puertas, os ofrece olvidos, honor y gloria. Vais a enorgulleceros de ser legionarios. Podeis ganar galones y alcanzar estrellas. Pero a cambio lo tenéis que dar todo sin pedir nada. Los sacrificios han de ser constantes y los puestos más duros y de mayor peligro serán para vosotros. Combatiréis siempre y moriréis mucho. ¡Quizás todos! ¡Caballeros legionarios! ¡Viva el Tercio! ¡Viva la muerte!».

¿Leyenda o realidad?

A partir de ese momento, nuestro protagonista recorrió una buena parte de los alrededores de Ceuta con su unidad. Así, hasta que el 1 de enero se posicionaron cerca de Beni Hassan, donde se asentaron a pesar de verse atacados por una ola de frío.

«El siguiente día comenzaron las patrullas entre el Zoco el Arbaa [Tetuán] y Xeruta, a veces dando protección a los convoyes de la zona, o efectuando reconocimientos y vigilando las diferentes vías de comunicación», añade el experto. En estas jornada fue precisamente donde se generaría una de las leyendas más famosas relacionadas con Queija, la que afirma que recibió una misiva en la que se le informó de que su amada había fallecido.

Así narró el mismísimo Millán Astray este episodio (no exento de cierta leyenda) en su obra «La Legión… Al Tercio»: «Parece una novela, mas sus compañeros lo aseguran: Cierto día, a los muy pocos de salir al campo, dicen que recibió una carta fatal. Allá en su pueblo acababa de morir la mujer de sus amores, y el poeta, en la exaltación de su dolor, se emplazó a sí mismo invocando el unirse a la muerta con la primera bala que llegase».

A pesar de lo heroico del suceso, el que el mismo fundador de la Legión señalase en el texto el carácter novelesco de este hecho ha hecho que algunos historiadores se cuestionen la veracidad del mismo.

El combate final

Poco después, el 7 de enero de 1921 (una jornada como cualquier otra para nuestro militares) se sucedió el trágico pero inevitable suceso: la primera muerte de un Caballero Legionario desde que este cuerpo fuese formado. Aquel día empezó de la forma habitual: con una aguada. Es decir, con la salida de una unidad de las defensas establecidas para buscar agua en algún acuífero cercano. Algo necesario en aquel (habitualmente) seco ambiente. En este caso, la operación corrió a cargo de una pequeña escuadra de la 6ª Compañía. Y entre los seleccionados se encontraba -como no podía ser de otra forma- Queija.

Una vez que la zona estuvo asegurada, los legionarios se llevaron a su compañero hasta la base, pero no se pudo hacer nada por él

Una operación, como ya hemos afirmado, habitual. Sin embargo, la situación se complicó cuando, durante la aguada, la escuadra fue ataca de improviso por un grupo de rifeños. «En medio de la noche -eran las once y media- fue atacada por un grupo rebelde: sonaron “siete disparos”. Posiblemente, el objetivo fuera apoderarse del armamento», añade el militar.

Aunque fueron pocos los tiros, valieron para acabar con la vida de Queija, que cayó gravemente herido frente a sus compañeros. Estos, por su parte, apuntaron sus fusiles y devolvieron la salva a los asaltantes, que prefirieron escapar de la zona a mantener un innecesario tiroteo contra la unidad española. Una vez que la zona estuvo asegurada, los legionarios se llevaron a su compañero hasta la base, pero no se pudo hacer nada por él, pues murió poco después.

Los versos de la muerte

Su fallecimiento, explicado en multitud de telegramas e informes de forma clara, cobró entonces cierto tinte de leyenda. Y es que, se cuenta que, cuando sus compañeros encontraron el cadáver de Queija, hallaron en los bolsillos de su camisa un papel con el siguiente poema: «Somos los extranjeros legionarios / El Tercio de hombres voluntarios / Que por España vienen a luchar». Algo que, a día de hoy, es difícil de corroborar. No obstante, esto le hizo ganarse el apodo de «El poeta», un sobrenombre que le ha acompañado hasta hoy.

«Nadie puede afirmar ni negar que lo fuera [poeta], pero el primer jefe del Tercio de Extranjeros calificaba al primer legionario fallecido en combate como poeta. Consultadas fuentes versadas1 en la historia de La Legión acerca de la producción poética de Queija, ninguno ha podido aportar nada al respecto. Aquellos versos son un misterio y nada podemos decir de ellos aparte de la duda de su existencia», determina el experto.

Millán Astray, por su parte, también ayudó a extender esta idea. «Fieles al juramento, al lema legionario y al honor militar, cuando llegó la hora del supremo sacrificio lo consumaron con heroico desprendimiento. Su bandera es ya gloriosa, sus hazañas son de todos conocidas; la Medalla Militar penderá arrogante en su sagrada insignia patria. ¡Salve, legionarios que disteis la vida por España. Todos se descubren respetuosos ante vuestro inmortal recuerdo! Baltasar Queija de la Vega, el infantil poeta, fue el primer legionario que murió en combate. Era un niño, de inteligente mirada y espontánea presteza. Hizo los versos, de todos conocidos, de exaltada pasión y espíritu guerrero; fue el trovador de la 2 a bandera, y cantó, como el cisne, para luego morir».

«¡Salve, legionarios que disteis la vida por España. Todos se descubren respetuosos ante vuestro inmortal recuerdo!»

Además, en palabras de García Moya, el oficial también extendió la idea de que el joven había fallecido combatiendo cuerpo a cuerpo contra los rifeños, quienes estaban deseosos de quitarle su fusil. Con todo, Millán Astray también escribió en el borrador de su expediente unas sencillas palabras que denotan la importancia que tuvo para él la muerte de nuestro protagonista: «Enterradlo con la mayor solemnidad».

Fuera como fuese, Baltasar pasó a formar parte desde entonces de los legionarios que se reunieron con su amada. Y sus versos, según se afirmó posteriormente, fueron en los que se basó la letra del popular «Novio de la muerte», posteriormente interpretado por Lola Montes y adaptado por Millán Astray a la unidad como canción extraoficial.

El «Novio de la Muerte»

Nadie en el Tercio sabía, quien era aquel Legionario tan audaz y temerario que en La Legión se alistó.

Nadie sabía su Historia, más La Legión suponía que un gran dolor le mordía como un lobo el corazón.

Más si alguno quien era le preguntaba, con dolor y rudeza le contestaba:

Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera.

Cuando más rudo era el fuego y la pelea más fiera, defendiendo a su Bandera el Legionario avanzó.

Y sin temer al empuje del enemigo exaltado, supo morir como un bravo, y la Enseña rescató

Y al regar con su sangre la tierra ardiente murmuró el Legionario con voz doliente:

Soy un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera; soy un novio de la muerte que va a unirse en lazo fuerte con tan leal compañera.

Cuando al fin le recogieron, entre su pecho encontraron una carta y un retrato de una divina mujer.

Y aquella carta decía: “…Si Dios un día te llama, para mi un puesto reclama, que a buscarte pronto iré”.

Y en el último beso que le enviaba, su postrer despedida le consagraba:

Por ir a tu lado a verte, mi más leal compañera, me hice novio de la muerte, la estreché con lazo fuerte y su amor fue mi Bandera.

 


ABC.es -Cesar Cervera

  • El historiador británico Simon Sebag Montefiore publica «Los Románov: 1613-1918», un minucioso repaso a la historia de los zares rusos

Románov es sinónimo de ambición, lujuria, elegancia y también de sangre derramada en la nieve. Litros y litros de sangre derramada. El Imperio ruso aumentó durante su largo reinado una media de 142 metros cuadrados al día, o 52.000 kilómetros cuadrados cada año, mientras de fondo se sacrificaban a miles de campesinos, los zares torturaban y mataban a sus hijos, los herederos envenenaban a sus padres, las zarinas asesinaban a sus maridos y un elenco de personajes grotescos desfilaba por la corte.

«El secreto de la supervivencia de esta dinastía rusa está en su comprensión de todo el poder que tenían, pero a la vez del poco poder que tenían. Su poder procedía de una alianza entre el ejército, la aristocracia y la monarquía», explica en una entrevista a ABC Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965), quien acaba de publicar «Los Románov: 1613-1918» (Crítica).

A lo largo de casi mil páginas, este historiador inglés narra la aventura de la legendaria dinastía zarista a través del paso de los años. Veinte monarcas y 304 años, en los cuales su sangrienta determinación hizo de los Románov los constructores de un rocoso imperio, tan atrasado en el interior como osado en sus fronteras.

Tras la crisis sembrada con la muerte de Iván el Terrible, la nueva dinastía emergió de la mano de Miguel I, que se encontró con un reino empobrecido y sin apenas peso en Europa. «Era un país aislado y ultrareligioso. Tenía más en común con los mongoles que con el resto de Europa», afirma Sebag Montefiore.

Un pequeño principado

Ningún rey europeo estaba dispuesto a mandar a su hija a un lugar tan remoto, por lo que el zar debió hallar esposa de puertas para dentro. Como si se tratara de un certamen de belleza retransmitido para todo el país, Miguel buscó a su esposa en un concurso entre 500 candidatas procedentes, sobre todo, de la nobleza rural. La elección quedó entre seis candidatas, que fueron trasladadas a una mansión especial del Kremlin hasta que el zar manifestó su decisión entregando su pañuelo y un anillo de oro a la joven.

De aquellos tiempos menos lustrosos se pasó, en cuestión de un siglo, al esplendor que trajo Pedro el Grande y a sus intentos de modernizar el país para hacer frente a los problemas exteriores. Sebag Montefiore define a Pedro como un genio que «sabía lo que quería, y tenía los recursos y las habilidades para llevar a cabo sus planes». Además, el gran zar contaba con la perspicacia para conducir un imperio siempre acosado por el sur, este y oeste del continente.

Retrato de Pedro III «El Grande»- Wikimedia

Retrato de Pedro III «El Grande»- Wikimedia

Y todo ello a pesar de su excesiva personalidad. Alcohólico, juerguista y violento con sus ministros, Pedro acostumbraba a reunirse con un «sínodo de borrachos», con el objetivo de disfrazarse y divertirse a costa de todo, incluso del Papa de Roma.

Catalina la Grande era igual de genial a nivel político y de extravagante a nivel privado, salvo que ella no podía permitirse tanto ruido. Procedente de Prusia, Catalina se alió con parte de la aristocracia para desplazar del poder a su marido, el pusilánime Pedro III, y reinar durante 34 años rodeada de amantes poco discretos. «En verdad ella fue igual de licenciosa que otros zares, pero debió andarse con cuidado al ser extranjera. Tuvo amantes y, de hecho, fue muy abierta a la hora de que la aristocracia lo supiera. Quería evitar así que surgieran rumores peores», asegura el autor de «Los Románov: 1613-1918».

«Catalina II fue igual de licenciosa que otros zares, pero debió andarse con cuidado al ser extranjera. Tuvo amantes y, de hecho, fue muy abierta a la hora de que la aristocracia lo supiera»

Esa misma transparencia a la hora de airear quiénes eran sus amantes ha provocado la controversia histórica de si Pablo I es realmente hijo del zar, lo que en caso contrario supondría que la dinastía, en realidad, se apagó en el siglo XVIII. El historiador británico defiende que sí era un Romanóv, pero que su propia madre propagó el rumor porque odiaba a su marido y a su hijo: «Ambos eran muy parecidos. No tenían empatía con los demás ni eran buenos actores, en el sentido en el que un político necesita serlo».

En cualquier caso, apenas tuvo tiempo de reinar porque su hijo Alejandro I y su camarilla acabarían con su vida el 23 de marzo de 1801. Así actuaban la maquinaria Romanóv con sus miembros más débiles. «El asesinato era normal para ellos; es un problema de diseño, ¿en qué otro trabajo el hijo tiene que esperar a que su padre se muera para ocupar su puesto?», se pregunta el autor de la obra sobre los reyes del periodo.

Rusia exige siempre un zar

El final definitivo de la dinastía, sin embargo, llegaría en los tiempos convulsos de Nicolás II. El último zar fue un personaje inmovilista y débil, «aferrado hasta el final a esta autocracia sagrada». ¿Hubiera evitado otro monarca el final de la dinastía? Simon Sebag Montefiore se muestra crítico con Nicolás («Era, incluso, más rígido que su padre Alejandro III»), aunque recuerda que hasta su caída gobernó tranquilo veinte años: «Puede que, simplemente, la familia hubiera perdido su toque y diera igual quién estuviera en el trono», sentencia el historiador.

Nicolás II y su familia fueron brutalmente asesinados por los bolcheviques en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918. Si bien se apagó la dinastía, no lo hicieron los zares: Rusia siempre parece necesitar uno. De aquellos líderes rojos de la Revolución, Lenin y Stalin, que se enfrentaron a los mismos retos que los Romanóv, se ha evolucionado en la actualidad hacia un nuevo emperador que controla el país con rigidez. El entorno de Putin lo llama «El zar» y se dice que, en varias ocasiones, él mismo ha prometido «no abdicar nunca como sí hicieron los peleles de Nicolás II y Mikhaíl Gorvachov».

«Por lo que nos dice la historia, la única manera para que un zar así sea desplazado del poder es que o bien le asesine su sucesor, o bien sea víctima de una rebelión en palacio o bien se le garantice que se podrá retirar sin que le persigan, al igual que hizo Borís Yeltsin», advierte.


El Pais

  • El tanque, icono de la violencia moderna, apareció por primera vez hace un siglo, en la batalla del Somme
Tanque británico sobre una trinchera en el Somme en 1916. Cordon press

Tanque británico sobre una trinchera en el Somme en 1916. Cordon press

Es la gran bestia de la guerra terrestre, heredero del elefante que hizo temblar a la falange de Alejandro y a las legiones romanas, y del caballo, al que envió al matadero de la historia militar. El tanque, tenido durante buena parte del siglo XX como el arma decisiva de la guerra moderna, la combinación perfecta de movilidad, protección y potencia de fuego, y aún en el siglo XXI con un importante papel en los conflictos, cumple cien años. Un siglo de sembrar el terror con su artillería y sus orugas en los campos de batalla pero también en las ciudades, en la guerra y en la paz, en la Blitzkrieg -la guerra relámpago de Hiter-, y en tantos golpes de Estado.

El día 16 de septiembre de 1916 el tanque hizo su irrupción en la historia durante la batalla del Somme: eran los Mark I británicos, unas bestias extrañas con forma romboidal que parecían casamatas andantes, y que se presentaban como la solución al estatismo de la guerra de trincheras. H. G. Wells los había imaginado y descrito muy parecidos en un relato publicado en 1903 en el que los denominaba land ironclads, acorazados terrestres, aunque en su caso funcionaban a vapor, llevaban troneras y no marchaban sobre orugas. La aportación de los primeros tanques -con desastres tácticos como en Cambrai (1917), donde se combinaron con la caballería tradicional y Amiens (1918), donde cargaron medio millar de unidades- fue controvertida, pero habían llegado para quedarse: eran, sin duda, una realidad aplastante.

“Nadie sabía qué eran, excepto que eran de los nuestros”, recordaba un soldado británico

Desde entonces, su presencia no dejó de multiplicarse y el carro de combate pasó a convertirse en uno de los grandes iconos de la violencia de la humanidad. Símbolo del poder militar y también político, el tanque, ha sido sujeto del arte, la literatura -de Keith Douglas al Curzio Malaparte de La piel y Kaputt, sin olvidar a Sven Hassel-, el cine –La batalla de las Ardenas, Patton, La bestia, Corazones de acero, de Brad Pitt- y los videojuegos, y se ha inmortalizado en imágenes arquetípicas arraigadas profundamente en la conciencia de la modernidad. Ahí están las columnas de panzers invadiendo Polonia en 1939, los T-54 soviéticos en Hungría en 1956 y en Checoslovaquia en el 68, los M 41 Walker Bulldog cercando el palacio de la Moneda chileno el 11 de septiembre de 1973, los Merkava israelíes apedreados por los chicos palestinos en las Intifadas, la columna de carros Norinco Tipo 69/59 chinos detenida ante un hombre solitario en la plaza Tiananmen en 1989, los Abram estadounidenses en el desierto iraquí en 1991… O, claro, los M-47 de Milans del Bosch circulando por las calles de Valencia el 23-F.

El tanque, asociado desde sus inicios a Behemot, la criatura bíblica de miembros como barras de hierro, era un largo sueño bélico de invulnerabilidad en movimiento que ya dibujó Leonardo da Vinci, pero, aunque hubo precedentes en forma de carretas y automóviles blindados, su plasmación real y efectiva no llegó hasta la I Guerra Mundial. Británicos y franceses lo desarrollaron paralelamente para romper las tablas con los alemanes en el devastado frente y fueron los primeros los que lo hicieron debutar. El Mark I, que tenía versión “macho”, con cañón, y “hembra”, solo con ametralladoras, fue desarrollado a partir de tractores agrícolas estadounidenses. Las orugas, patentadas por la firma Holts, ya habían probado su funcionalidad en terrenos escabrosos y Scott los había empleado en sus expediciones a la Antártida. El nombre de “tanque” proviene de que a los primeros prototipos se los camufló bajo ese nombre como si fueran inofensivos depósitos de agua. La denominación se hizo popular, aunque el ejército español siempre ha preferido denominarlos “carros de combate” y de hecho en la vieja Brunete te arrestaban si los llamabas tanques.

La primera aparición de los Mark I -de los 50 previstos solo pudieron atacar 20- en el campo de batalla en 1916, en el sector de Flers Courcelette del Somme, sorprendió a propios y extraños. “Eran enormes monstruos mecánicos, algo como no habíamos visto nunca”, describió un soldado inglés al verlos lanzarse hacia las trincheras enemigas. “Nadie sabía qué eran, excepto que eran de los nuestros”. Al desmoronar las paredes de una trinchera propia, un oficial trató de hacerlos detenerse golpeando el flanco de uno con su fusta. Desde el otro bando, un servidor de ametralladoras alemán los vio como “grandes monstruos de acero que se acercaban lentamente, dificultosamente, tambaleándose, oscilando, pero siempre avanzando”. Tras romper el frente, contó luego un prisionero bávaro, alguien gritó: “¡Qué viene el diablo!”.

El historiador militar Max Hastings no tiene ninguna duda sobre el mejor: “El T-34 soviético”

Los primeros tanquistas trataban de evitar los cuerpos caídos, pero pronto lo dejaron por imposible inaugurando una espantosa tradición de aplastamientos, que tendrá un sanguinolento rastro a través de la historia y la literatura del carro de combate. El tanque propaga la muerte -entre los famosos que han caído bajo sus cadenas, la fotógrafa Gerda Taro, atropellada durante la Guerra Civil española por un T-26 republicano-, pero asimismo las tripulaciones están siempre bajo la amenaza de un final espantoso: los carros son susceptibles de devenir hornos y ataúdes de acero. En Cambrai, se perdieron 39 el primer día de ofensiva y uno de los “recuperadores” -una tarea muy desagradable- explicó que al abrir las puertas de la casamata de uno de los carros alcanzados e incendiados encontraron varios pares de piernas de pie, sin nada sobre ellas: el resto de los cuerpos de los tripulantes se había volatilizado.

Curiosamente, los alemanes, que no habían confiado en los tanques en la primera (construyeron muy pocos, 22, los A7V Mephisto, con tripulaciones de entre 18 y 20 hombres) fueron los artistas del carro de combate en la Segunda Guerra Mundial, inmortalizando nombres como los de Rommel o Guderian. Combinados con la aviación y convertidos en elementos muy móviles constituyeron la columna vertebral de acero de la guerra relámpago. La guerra del 39 al 45 supuso la apoteosis del tanque, con la aparición de modelos tan carismáticos como terribles, entre ellos el Tiger, el Sherman y el T-34. Los alemanes, especialmente, desarrollaron tanques pesados asombrosos. La contienda vio las batallas de tanques más gigantescas y brutales de la historia, como Kursk, con millares de carros enfrentados (hasta seis mil según algunas fuentes).

Al recabarle su opinión sobre los tanques, el historiador militar Max Hastings no tiene ninguna duda sobre cuál ha sido el mejor: el T-34. “Fue una enorme sorpresa para los alemanes, un arma capital, el arma individual más importante que hizo ganar la guerra a los rusos”.

Los tanques medraron bien en la Guerra Fría sobre todo en el bloque comunista, con las masas de carros del Pacto de Varsovia que amenazaban cubrir el mapa de Europa. Jugaron un papel esencial en las guerras árabe-israelíes, menor en Vietnam (los M48), y luego han vuelto a verse en masse en la Guerra de Irak. Su papel en la guerra contemporánea, está por acabar de definirse, como lo está el de todo el armamento en un periodo de constante y acelerada transformación hacia la completa automatización (H.G. Wells los imaginaría ahora como drones terrestres). Pero sea cual sea su blindado futuro, en su siglo de historia el tanque ya se ha creado un lugar irreductible en nuestro imaginario, y en nuestras pesadillas.

6 carros de combate famosos

TIGER. Probablemente el tanque más legendario. Pese a sus defectos mecánicos y a que era mejor el Panther, el más temido y carismático. Unos carristas extraordinarios y arrojados lo convirtieron en el tanque alemán por antonomasia. Otto Carius escribió la obra de referencia: Tigres en el barro.

T-34. El gran tanque soviético. Inconfortable (había que ser bajito) y feo pero decisivo. ¡Y sobre todo hubo muchos! Su imagen es de las más icónicas de la II Guerra Mundial. Uno pintado de rosa en Praga en 1991 se reconvirtió en objeto artístico.

SHERMAN. La respuesta de los Aliados occidentales a la supremacía alemana en tanques. Fiable y versátil. Inmortalizado por Donald Oddball Sutherland en Los violentos de Kelly.

CRUSADER. El tanque más literario. A bordo de uno hizo la campaña del Norte de África el poeta inglés Keith Douglas, autor de De El Alamein a Zem Zem, que contiene algunas de las más terribles descripciones del combate de tanques. Inferior a los pánzers del Afrika Korps, ello no era óbice para que inspirara a Douglas grandes poemas.

CENTURION. El tanque británico más famoso post-II Guerra Mundial, con perdón del Chieftain. Los israelíes lo rebautizaron Sho’t, “flagelo”, y lo convirtieron en un mito en la Guerra de los Seis Días, y sobre todo en la del Yom Kippur enfrentándose en el Golan a los T-55 y T-62 sirios.

LEOPARD. El sofisticado tanque que aportaron los alemanes occidentales a la OTAN para frenar a las huestes mecanizadas del Pacto de Varsovia. Emblema de toda una generación que ahora escribe piezas de opinión sobre política internacional.


ABC.es

  • El Comisionado de la Memoria Histórica del Consistorio de la capital se ha servido de una contrarréplica del escritor al militar para cambiar el nombre de la vía a Avenida de la Inteligencia
 Imagen de archivo de Unamuno después del incidente con Millán Astray en la Universidad de Salamanca - ABC

Imagen de archivo de Unamuno después del incidente con Millán Astray en la Universidad de Salamanca – ABC

Avenida de la Inteligencia. Ese es el nombre que el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid, liderado por Manuel Carmena, le tiene preparada a la calle del General Millán Astray en su plan por eliminar cualquier nombre franquista del callejero de la capital. Y, aunque pudiera parecerlo, no es un nombre escogido de forma arbitraria, sino que proviene de una frase extraída de un célebre enfrentamiento entre el escritor y el militar que ha vuelto a ganar actualidad después de que el PP de Madrid y la Legión se posicionaran en contra de cambiar el nombre de dicha vía.

Corría el día 12 de octubre del año 1936 cuando, en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, se reunieron las más altas esferas del franquismo para celebrar la Fiesta de la Raza. Allí estaba también, como rector del centro, Miguel de Unamuno que, al contrario que la mayoría de los intelectuales de la época, se posicionó en contra del bando republicano.

Según recogen los escritos de entonces, de los que se hace eco el historiador británico Hugh Thomas, el profesor vasco no se encontraba del todo cómodo aquella jornada, especialmente después de escuchar el discurso de exaltación del bando nacional de uno de los ponentes que sí gustó al general Millán Astray, allí en representación de Franco.

«Abajo la inteligencia, viva la muerte»

Después de varias soflamas, el militar consiguió excitar al auditorio, hasta el punto que uno de los presentes exclamó uno de los lemas de Millán Astray: «Viva la muerte». Esa fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Unamuno, que aquel día no quería hacer ningún discurso, pero que se sintió obligado a lanzar una réplica.

Unamuno reprochó esos gritos y, en su intervención, llegó a llamar «inválido» al militar, algo que caldeó aún más el ambiente, especialmente en el interior de Astray, que no pudo contenerse y reprendió al intelectual. «¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!», volvió a exclamar el general, dando pie a Unamuno a pronunciar la frase que ha inspirado el nombre a la calle que, precisamente en estos días, aún se denomina del General Millán Astray.

«Este es el templo de la inteligencia y estáis profanando su sagrado recinto. Yo soy su sumo sacerdote. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis», despachó Unamuno que, acto seguido, se levantó de su asiento y se marchó, increpado por los presentes. No sabían que, décadas después, el Gobierno de Carmena iba a servirse de estas palabras para darle la última contrarréplica al general franquista al quitarle su calle para dársela a Unamuno por medio de una de sus frases más célebres.


El Mundo

  • Se instaló un 17 de marzo de 1926 para regular el tráfico entre la Gran Vía y la Calle Alcalá
  • Los periódicos tuvieron que informar a los peatones cómo funcionaba
  • Hoy hay 130.000 en Madrid
 
La bifurcación de la Gran Vía con la calle de Alcalá tras la instalación del semáforo. E. M.

La bifurcación de la Gran Vía con la calle de Alcalá tras la instalación del semáforo. E. M.

En 1926 se instaló el primer semáforo de Madrid y aquello supuso todo un acontecimiento para aquellos que se desplazaron al lugar de los hechos para presenciar el espectáculo. Los madrileños aprovecharon la ocasión para convertir el estreno en motivo de celebración. La prensa titulaba «faros luminosos – gran regocijo del público» y en la noticia se leía que de la inauguración «corrió un juergazo de esos que en Madrid son clásicos».

Hasta su primera aparición, en el cruce de las calles Gran Vía y Alcalá, la circulación estaba regulada por guardias de tráfico. Sin embargo, en un lugar tan concurrido como éste -por el que todo madrileño ha pasado al menos una vez- el trabajo de los agentes dejó de ser efectivo. «Por la forma en que los guardias cortaban la circulación de carruajes y la reanudaban, ocurriría una desgracia», advertía la prensa del momento. La instalación del primer semáforo español duró más de dos meses y su presentación a la sociedad madrileña tuvo lugar el 17 de marzo de 1926.

Los discos luminosos que le siguieron, se colocaron en la Puerta del Sol, en la plaza de Canalejas, en la plaza de Castelar, Red de San Luis, en el cruce de Gran Vía con la calle Clavel, Alcalá con Peligros y en la intersección de Sevilla con Nicolás María Rivero.

Por aquel entonces, los semáforos no se llamaban semáforos y las calles no eran lo que son. Hoy en día, las señales están totalmente integradas en el paisaje de la metrópoli y la sensación es que han estado ahí desde siempre. Actualmente en Madrid hay 2.213 intersecciones reguladas por semáforos, lo que supone una cifra de 130.000, aproximadamente.

En los últimos 90 años mucho han cambiado estos aparatos, que también se han adaptado la evolución tecnológica. El primer semáforo era sólo para vehículos y no para peatones y, ante el desconocimiento de la gente, los periódicos informaron al viandante de cómo cruzar y dieron las instrucciones necesarias para lidiar con el nuevo inquilino de las calles Gran Vía y Alcalá. Éste era electromecánico y se programaba manualmente con clavijas para establecer los momentos en los que se activaba el color verde, el ámbar o el rojo.

Hacia los años 70 pasaron a ser electrónicos y funcionaban con cableado, lo que permitió programarlos para coordinar las calles y rutas. Ahora, los semáforos son como pequeños ordenadores que incorporan microprocesadores y se regulan, en su mayoría, con fibra óptica.

Las luces roja, ámbar y verde se iluminan con lámparas LED, de bajo consumo y cuyos costes de mantenimiento han permitido reducir a la mitad la factura eléctrica municipal.

Lo que nos cuesta a los madrileños su gestión es más de 1.785.000 euros, que es la cantidad que el Ayuntamiento reserva para su mantenimiento.

El semáforo de 1926 se pagó con 23.850 pesetas y su mantenimiento y el de los posteriores faros luminosos supuso un desembolso municipal de 150.000 de la anterior moneda.

Desde el primero, se han ido introduciendo nuevas variantes como los semáforos con pulsadores y demandas de peatón, los que contienen avisadores acústicos y los últimos en llegar, aquellos que incorporan sistemas foto-rojo.

Por si hay todavía alguien que no los conoce, éstos son los que llevan instalados una cámara para controlar que los vehículos cumplan las ordenes de las luces. En Madrid hay un total de 35 foto-rojos. Una quincena se han activado en los últimos meses y los últimos nueve están en periodo de prueba y no sancionarán hasta el 25 de septiembre. En caso de cometer infracción, la multa es de 200 euros y la pérdida de cuatro puntos en el carnet de conducir.

Las cámaras se instalan en los cruces más sensibles, donde ocurren más atropellos o en los lugares en los que hay cerca colegios u hospitales. En el caso de los semáforos estándar, los cálculos para su instalación en un punto u otro tienen que ver con la magnitud de la circulación.

La semaforización debe considerarse cuando las intensidades de las vías confluyentes sean de, al menos, 300 vehículos por hora en cada calle. O bien cuando concurren 500 vehículos por hora por la calle principal y un centenar por la secundaria.

En la actualidad, hay 14 tipos diferentes de semáforos y los equipos más viejos rondan la veintena de años. Los siniestros, la corrosión o el simple cambio de modelo que emprende el Ayuntamiento pone fin a sus vidas.

Si el disco luminoso de las calles Alcalá y Gran Vía hubiese resistido hasta hoy, sería un abuelo de 90 años y hubiera sido testigo de muchas escenas de la vida madrileña.


El Mundo

  • El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.
La estrella CSVO-30 y su planeta más lejano observados con el telescopio VLT. ESO

La estrella CSVO-30 y su planeta más lejano observados con el telescopio VLT. ESO

Los astrónomos han encontrado un sistema planetario muy peculiar rodeando a la estrella CVSO-30. Uno de sus planetas está tan próximo a la estrella que su periodo orbital es de tan solo 11 días terrestres, mientras que otro está tan alejado que su periodo supera los 27.000 años. Este sistema ilustra la sorprendente variedad de los planetas que pueblan nuestra galaxia.

Planetas para todos los gustos

Desde el descubrimiento del primer planeta orbitando a una estrella diferente del Sol hace ahora poco más de 20 años, la búsqueda de exoplanetas está resultando ser una de las tareas más fascinantes de la historia de la astronomía. El número de exoplanetas descubiertos aumenta rápidamente cada día: se conocen hoy más de 3.500 planetas extrasolares que están alojados en unos 2.600 sistemas planetarios diferentes.

Uno de los aspectos más apasionantes de esta búsqueda es la capacidad de los astrónomos para descubrir planetas de una gran variedad. Se conocen planetas que tan solo son unas veces más masivos que la Luna, mientras que otros son muchas veces (hasta 29) más masivos que Júpiter. Hay exoplanetas muy calientes, por estar próximos a sus estrellas, y otros son increíblemente fríos. Y, lo que se considera uno de los resultados de mayor importancia, prácticamente todos los tipos de estrellas tienen la capacidad de estar rodeadas por un cortejo de planetas. Se estima que, en término medio, en la Vía Láctea hay al menos un planeta por estrella, por lo que el número de planetas en nuestra Galaxia podría aproximarse al billón y, de estos, el número de planetas de tipo terrestre y potencialmente habitables se estima en unos 40 miles de millones.

Hace tan solo unos días que hemos leído la excelente noticia en ElMundo.es de que la estrella más cercana a la Tierra, Próxima Centauri, que está situada a poco más de 4 años luz de la Tierra, posee un planeta potencialmente habitable. Sin embargo, hoy vamos a hablar de dos mundos extremos en los que la vida (de tipo terrestre) no podría tener lugar. Ambos están en el sistema planetario de la estrella CVSO-30.

Muy cerca

Situada a 1200 años luz de distancia, CVSO-30 es una estrella de tipo T-Tauri, por lo tanto una estrella de masa similar al Sol pero mucho más joven, que forma parte de la asociación estelar 25 Orionis. Su masa se estima en 0,4 masas solares, y su edad en tan solo 2,4 millones de años, mientras que la edad del Sol es aproximadamente el doble. En el año 2012, mediante la técnica de los tránsitos se detectó de manera indirecta un planeta muy próximo a esta estrella, el conocido como CVSO-30b.

Ya fue sorprendente encontrar un exoplaneta en una estrella tan joven, pero al calcular las propiedades de CVSO-3b, se encontró otra sorpresa. La masa del exoplaneta es de unas 5 a 6 veces la masa de Júpiter, es decir se trata de su super-júpiter como los que abundaban en las primeras búsquedas (que favorecían las detecciones de los planetas más grandes). Hasta aquí nada de extraordinario. Lo que resulta peculiar es que este planeta orbita a una distancia de su estrella de apenas 1,2 millones de kilómetros (como referencia pensemos que Mercurio está a unos 58 millones de kilómetros del Sol). Al ser la órbita tan pequeña, resulta que el periodo orbital de CVSO-30b (la duración de su ‘año’) es también muy corto: tan solo 11 días terrestres.

Muy lejos

La técnica de los tránsitos consiste en observar las pequeñísimas disminuciones en la intensidad de una estrella cuando uno de sus planetas pasa orbitando por delante de ella. Esta técnica y la de la velocidad radial (mediante la que se mide el ligero movimiento de la estrella por el efecto gravitatorio del planeta) son los dos métodos más utilizados para detectar la inmensa mayoría de los exoplanetas conocidos hasta la fecha. Tan solo una docena de planetas han sido observados directamente mediante imágenes directas, pues obtener imágenes de objetos tan pequeños y pocos luminosos como los exoplanetas es algo que está en el límite de las capacidades de los mayores telescopios actuales.

Pues bien, hace unas semanas que un equipo internacional de astrónomos liderado por Tobias Schmidt del Observatorio de Hamburgo han descubierto mediante imágenes directas otro planeta sorprendente en torno a CVSO-30: el exoplaneta CVSO-30c. Como en el caso de su compañero se trata de un super-júpiter, pues su masa es de unas 5 veces más grande que la de nuestro Júpiter. En contraste con otros exoplanetas de su clase, que suelen ser muy rojos, CVSO-30c brilla más en el azul, lo que para los astrónomos es un indicio de su juventud. Se piensa que la edad de este planeta no alcanza los 10 millones de años. Pero lo que resulta sumamente sorprendente es que este planeta orbita lejísimos de su estrella, unas 660 veces más lejos que la Tierra del Sol (para orientación pensemos que Neptuno está 30 veces más lejos del Sol que la Tierra). Al tener una órbita tan lejana, resulta que el periodo orbital de CVSO-30c es muy largo: su ‘año’ dura unos 27.250 años terrestres.

Colisión planetaria

Es muy improbable que estos dos planetas se formasen originalmente en estas órbitas tan extremas, pero cómo han acabado en ellas es un auténtico misterio. Los astrónomos especulan que quizás ambos planetas CVSO-30b y CVSO-30c se formaron originalmente a una distancia de su estrella comparable a las que separan a Júpiter y Saturno del Sol. Una colisión entre ambos super-júpiteres (o una aproximación muy cercana entre ellos) pudo enviar a los planetas a sus órbitas actuales.

Entre un planeta tan extremadamente cercano a su estrella y otro tan extremadamente lejano, los contrastes son espectaculares. En el planeta cercano, CVSO-30b, el año dura 11 días terrestres y la temperatura es de unos 3000 grados Celsius; mientras que en el planeta lejano, CVSO-30c, el año dura 27.250 años terrestres y la temperatura está por debajo de los 250 grados Celsius bajo cero.

Así, el sorprendente sistema planetario de CVSO-30 viene a ilustrar la maravillosa diversidad del universo. La investigación de los exoplanetas se encuentra aún en su infancia, pero no cabe duda de que la construcción de telescopios progresivamente mayores y más precisos nos conducirá a una serie de descubrimientos en los que los planetas se manifestarán con una variedad prácticamente infinita.

También interesante

 

  • Para la detección del planeta CVSO-30c, el equipo de Tobias Schimdt ha utilizado algunos de los telescopios más potentes del mundo como el Keck en Hawaii, el VLT de ESO en Cerro Paranal (Chile) y el Centro Astronómico Hispano-Alemán (CSIC-MPG) de Calar Alto, en la provincia de Almería.
  • Los resultados de Schmidt et al. se han publicado en un artículo titulado “Direct Imaging discovery of a second planet candidate around the possibly transiting planet host CVSO 30” en la revista europea Astronomy and Astrophysics, el manuscrito puede consultarse aquí.
  • Otro trabajo reciente con observaciones de CVSO-30b y una discusión sobre el estado evolutivo del sistema ha sido publicado por St. Raetz (Agencia Espacial Europea) y colaboradores en la revista británica MNRAS. El manuscrito puede consultarse aquí.

    Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.

 

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