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  • El descubrimiento de estos cuerpos a distancias extremas del Sol puede ayudar a localizar al supuesto noveno mundo oculto
 Recreación artística del Planeta X - Robin Dienel

Recreación artística del Planeta X – Robin Dienel

El pasado enero científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) en Pasadena (EE.UU.) publicaron sus sospechas, a partir de unos cálculos matemáticos, de la existencia de un noveno mundo oculto en los confines del Sistema Solar, que se conoce popularmente como Planeta X o Planeta 9. La noticia dio la vuelta al mundo pero la idea no era nueva. En 2014, los investigadores Scott Sheppard y Chad Trujillo, de la Institución Carnegie, ya habían apuntado a la existencia potencial de un planeta gigante cuya gravedad afectaba a las órbitas de otros cuerpos más pequeños, un puñado de objetos transneptunianos extremos (cuyas órbitas alrededor del Sol están más allá de la de Neptuno) que tenían ángulos orbitales similares. El hipotético planeta sería varías veces más grande que la Tierra (posiblemente tanto como 15 veces más) y se situaría a más de 200 veces nuestra distancia del Sol (cinco veces más distante que Plutón.)

En su día, Sheppard y Trujillo fueron casi tomados por locos -su hipótesis fue rechazada por gran parte de la comunidad científica-, pero hoy en día, reforzados por las nuevas conclusiones de sus colegas de Caltech- siguen en la búsqueda del misterioso planeta. Todavía no han dado con él pero sí han encontrado algo fascinante por el camino: han detectado varios objetos nunca antes vistos a distancias extremas del Sol. Los científicos han presentado sus hallazgos al Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional para que se encargue de darles un nombre oficial.

Uno de los nuevos objetos es 2014 SR349, que se suma a la clase de raros objetos transneptunianos extremos. Exhibe características orbitales similares a los cuerpos extremos previamente conocidos cuyas posiciones y movimientos llevaron a Sheppard y Trujillo a proponer inicialmente la influencia del Planeta X.

Un segundo, designado como 2013 FT28, tiene unas características similares a las de otros objetos extremos, pero también algunas diferencias. La órbita de un objeto está definida por seis parámetros y la coincidencia del grup0 de objetos en ellos es el argumento principal para el noveno planeta. 2013 FT28 muestra características similares en algunos de estos parámetros (excentricidad, inclinación, etc…), pero en uno de ellos, un ángulo llamado la longitud del perihelio, es diferente, lo que hace esa tendencia menos fuerte.

Otro descubrimiento de 2014 FE72, el primer objeto de la distante nube de Oort que se encuentra con una órbita completamente más allá de Neptuno, que le lleva tan lejos del Sol (alrededor de 3.000 veces más lejos que la Tierra) que probablemente está siendo influenciado por las fuerzas de la gravedad desde más allá de nuestro sistema solar, como otras estrellas y la marea galáctica. Es el primer objeto observado a una distancia tan grande.

Ilustración de las órbitas de los nuevos objetos del sistema solar extremadamente distantes y de los conocidos previamente- R.N.

Ilustración de las órbitas de los nuevos objetos del sistema solar extremadamente distantes y de los conocidos previamente- R.N.

En busca del Planeta X

Los autores del estudio, publicado en The Astronomical Journal, creen que cuantos más cuerpos se encuentren a distancias extremas, mayor será la posibilidad de restringir la ubicación del hipotético noveno planeta, ya que la gravedad de ese planeta influye en los movimientos de los objetos más pequeños que están mucho más allá de Neptuno.

«Los objetos encontrados más allá de Neptuno tienen la clave para desbloquear los orígenes y la evolución de nuestro Sistema Solar», explica Sheppard. «Aunque creemos que hay miles de estos pequeños objetos, no hemos encontrado muchos de ellos todavía, porque están tan lejos. Los objetos más pequeños nos pueden llevar al planeta mucho más grande que pensamos que existe ahí fuera. Cuantos más descubrimos, mejor seremos capaces de entender lo que está pasando en el Sistema Solar exterior».

Sheppard y Trujillo, junto con David Tholen de la Universidad de Hawái, están llevando a cabo el estudio más grande y profundo de los objetos más allá de Neptuno y el Cinturón de Kuiper y han cubierto casi el 10% del cielo hasta la fecha utilizando algunos de los telescopios y cámaras más grandes y avanzados del mundo. A medida que encuentran y confirman objetos extremadamente distantes, analizan si sus descubrimientos encajan en las teorías más amplias acerca de cómo las interacciones con un planeta distante masivo podrían haber dado forma a nuestro sistema.

«En este momento estamos tratando con estadísticas muy bajas, por lo que no entiendo muy bien lo que está sucediendo», reconoce Sheppard. «Un mayor número de objetos transneptunianos extremos deben encontrarse para determinar por completo la estructura de nuestro Sistema Solar exterior».

De acuerdo con Sheppard, «ahora nos encontramos en una situación similar a la de mediados del siglo XIX, cuando Alexis Bouvard notó que el movimiento orbital de Urano era peculiar, lo que finalmente llevó al descubrimiento de Neptuno».


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  • La idea de que un cachalote pueda utilizar su enorme cabeza como un ariete para hundir barcos ha sido discutida desde la publicación de la novela en 1851, pero ahora los biólogos confirman que estos mamíferos marinos sí pueden embestir
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El estudio confirma que los cachalotes macho fueron capaces de embestir y hundir barcos – Biodiversity Heritage Library

Desde que el escritor estadounidense Herman Melville publicara en 1851 la novela Moby Dick, la imagen de un cachalote utilizando su cabeza con forma de ariete para hundir los buques ha quedado en el imaginario colectivo. Pero hasta ahora, la ciencia no había confirmado que el mamífero marino con el mayor cerebro del reino animal –de ahí su nombre Physeter macrocephalus– tuviera realmente esta capacidad, aunque ya hubiera referencias históricas.

En 1820, en pleno apogeo de la industria ballenera en EE UU, el Essex capitaneado por el joven George Pollard sufrió la embestida de un cachalote macho en el océano Pacífico. Los daños producidos en el barco lo hundieron y dejaron a la deriva a parte de su tripulación. A pesar de que la historia inspiró a Melville, los biólogos marinos se han mostrado siempre escépticos.

La razón es que en la actualidad existen escasas observaciones de cachalotes luchando entre ellos, como sí lo hacen orcas, narvales y calderones. Sin embargo, en enero de 1997 se logró captar cerca del Golfo de California este comportamiento en estos grandes mamíferos marinos que pueden medir hasta 20 metros de longitud.

“Esta evidencia, junto con los informes de ataques a barcos balleneros en el siglo XIX, indica que a veces los cachalotes participan en combates”, declara a Sinc Olga Panagiotopoulou, autora principal del trabajo publicado en Peer J. e investigadora en la Universidad de Queensland (Australia).

La investigación partió de la información histórica recogida hace dos siglos sobre los ataques de cachalotes a balleneros. Pero fue la diferencia sustancial entre el tamaño de la cabeza de los cachalotes machos y el de las hembras lo que más atrajo a los científicos.

“El hecho de que los machos sean tres veces más grandes que las hembras y que el tamaño de su cabeza sea la principal característica de su dimorfismo sexual sugiere que las hipótesis sobre las embestidas podrían ser verdad”, admite la científica. El equipo se centró en estudiar los mecanismos que permiten a los machos de estos cetáceos encajar los golpes.

Dos huecos llenos de aceite

Los investigadores analizaron por primera vez la parte frontal de la cabeza del cachalote, “una de las estructuras más extrañas entre los animales”, señala Panagiotopoulou. La frente de los cachalotes está compuesta en su interior por dos grandes compartimentos llenos de aceite apilados el uno sobre el otro.

La principal estructura es el órgano espermaceti, una voluminosa cavidad usada para facilitar su flotabilidad durante el buceo y que contiene un aceite muy codiciado durante en los siglos XVIII, XIX y XX por los balleneros que lo vendían como lubricante y combustible para las lámparas, entre otros usos. Debajo se sitúa otra estructura denominada en inglés junk (“desperdicio”, en español), por tener un contenido menor de aceite.

Como la frente del cachalote condiciona y amplifica los sonidos producidos por la ecolocación, la hipótesis de las embestidas no se creía del todo posible. “Algunos biólogos marinos pensaban que los cachalotes no participarían en estos combates debido a que las estructuras que producen sonido y que están alojadas dentro de la frente podrían verse dañadas durante las colisiones cabeza contra cabeza”, apunta la experta.

Sin embargo, sus análisis muestran que el tamaño y la arquitectura de la frente, sobre todo el compartimento llamado junk, podría estar relacionado, al menos en parte, con los combates entre machos. “Durante las embestidas, es más probable que usen el saco inferior que contiene divisiones del tejido conectivo, una estructura que puede amortiguar y reducir la fuerza del impacto”, subraya Panagiotopoulou.

Este compartimento inferior actuaría como mecanismo para proteger el cráneo de fracturas cuando se producen choques. “Los cachalotes no usan esa parte de la cabeza que aloja las frágiles estructuras de comunicación cuando combaten, sino la parte inferior de sus frentes, que es más fuerte y puede resistir mejor a los impactos”, añade la investigadora, quien concluye que los cachalotes macho tienen lo necesario para embestir un barco.

 

 


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  • Unos restos hallados por un granjero en sus campos en Michigan aportarán nuevos datos sobre la vida de los primeros humanos en la región
 Restos de un mamut hallado en Michigan Daryl Marshke

Restos de un mamut hallado en Michigan Daryl Marshke

Barcelona. (Redacción).- Los restos de un antiguo mamut descubierto por un granjero al suroeste de Ann Arbor, en Michigan (EE.UU.), puede arrojar luz sobre la vida de los primeros humanos de la región, según informa la Universidad de Michigan. Un equipo de paloentólogos de la Universidad de Michigan ha desenterrado esta semana los restos del animal y ha logrado recuperar el 20% del esqueleto del mamut, incluyendo la calavera, los dos grandes colmillos, numerosas vértebras, la pelvis y los omoplatos.

Todos estos huesos pertenecen a un ejemplar de mamut que probablemente vivió hace entre 11.700 y 15.000 años. Junto al mamut se han descubierto “excelentes pruebas de actividad humana”, según explica el paleontólogo Daniel Fisher.

“Creemos que en este lugar hubo humanos que descuartizaron y almacenaron la carne para poder venir a recogerla posteriormente”, asegura Fisher, director de Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan.

Los mamuts y los mastodontes (otro tipo de criatura prehistórica de la familia de los elefantes) vagaron por Norteamérica antes de su extinción hace 11.700 años. El equipo de Fisher ha hallado también tres rocas del tamaño de una pelota de baloncesto que podrían haber servido para anclar la carcasa. Los investigadores también han hallador una pequeña piedra que pudo haber servido para cortar la piel y la carne del animal.

La fecha en la que los humanos llegaron a América no está clara y es motivo de un animado debate entre los arqueólogos. El hallazgo en la región de Ann Arbour, si se confirma la presencia de humanos junto al mamut, podría ayudar a establecer la fecha de la llegada de los humanos al sureste de Michigan.

El descubrimiento del mamut lo realizó el granjero James Bristle mientras instalaba una cañería de drenaje en su campo de trigo. En primer lugar apareció un hueso alargado de casi un metro, que posteriormente se descubrió que era una pelvis. “No sabíamos qué era, pero sí que era demasiado grande para ser de una vaca”, explica Bristel. “Cuando mi nieto de cinco años vio ese inmenso hueso se quedó de piedra”.

 


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  • Hasta ahora existían árboles parciales de las especies sobre la Tierra
  • El publicado ahora abarca los 3.500 millones de años de vida en el planeta

 

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La Universidad de Duke, de Estados Unidos, junto a otros 11 centros, acaba de presentar en PNAS un primer borrador del ‘árbol de la vida’ con 2,3 millones de especies de animales, plantas, hongos y microbios conocidos.

El resultado es un recurso digital on line gratuito, que se asemeja a una ‘wikipedia de los árboles evolutivos’ por la que se puede navegar y que también es descargable en esta dirección https://tree.opentreeoflife.org.

El árbol representa las relaciones entre los seres vivos desde que se separaron evolutivamente entre sí hasta el comienzo de la vida en la Tierra hace más de 3.500 millones de años.

Decenas de miles de árboles más pequeños se han publicado en los últimos años para ciertas ramas del árbol de la vida –algunos con más de 100.000 especies– pero esta es la primera vez que esos resultados se han combinado en un solo árbol que abarca toda la vida.

“Este es el primer intento real de conectar los puntos y juntarlo todo”, explica Karen Cranston, de la Universidad de Duke. “Piensen en ello como la versión 1.0“, añade.

Comprender cómo las especies están relacionadas entre sí ayuda a descubrir nuevos fármacos, aumentar los rendimientos agrícolas y ganaderos, y traza los orígenes y la propagación de enfermedades infecciosas como el VIH, el ébola y la gripe.


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  • Las proporciones de esta parte del cuerpo no evolucionaron específicamente para fabricar y usar herramientas de piedra, según una publicación de la revista «Nature Communications»
abc Manos de una mujer y de un bebé

abc | Manos de una mujer y de un bebé

La mano humana ha cambiado menos que la del chimpancé en 6 millones de años y representa una de las estructuras más primitivas del esqueleto humano, según un estudio del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP).

El trabajo, que publicó ayer la revista «Nature Communications», ha concluido que las proporciones de la mano humana no evolucionaron específicamente para fabricar y usar herramientas de piedra, como se creía hasta ahora, y que no han cambiado mucho desde los simios ancestrales que vivieron hace 18 millones de años.

El investigador del ICP y de la George Washington University (EEUU) Sergio Almécija, que ha dirigido el estudio, ha explicado que hay diferencias anatómicas importantes en las manos entre los primates, que se creían consecuencia de la evolución para manipular los objetos y de la locomoción.

Los científicos tradicionalmente han explicado estas diferencias entre la mano humano y las de los monos por la condición bípeda, ya que la eliminación de la función locomotora de las extremidades superiores habría permitido dedicar las manos sólo a manipular.

Así, se consideraba que la mano humana habría cambiado con respecto al ancestro común que compartimos con los chimpancés hace entre 6 y 7 millones de años y estos cambios se habrían producido como consecuencia directa de presiones de la selección natural para fabricar herramientas de piedra.

Una visión diferente de la evolución

«Ahora proponemos una visión de la evolución de la mano radicalmente diferente de la que hemos tenido en los últimos 30 años», ha señalado Almécija.

A partir del análisis de las proporciones de las manos de más de 250 primates actuales y fósiles, los investigadores han constatado que las de los grandes simios actuales no son tan parecidas y que cada linaje ha evolucionado en los últimos millones de años.

El estudio constata que las manos de los chimpancés y los orangutanes actuales son más parecidas entre ellas que entre chimpancés y gorilas, lo que se explicaría por un fenómeno de convergencia evolutiva: las dos especies representan simios de gran tamaño que se mueven ágilmente entre las ramas de los árboles y se cuelgan de ellas sin dificultad cuando son adultos.

Esta misma función de la mano es lo que hace que se parezcan anatómicamente y no el hecho de que la hayan heredado de un ancestro común.

Según Almécija, estos resultados tienen grandes implicaciones para comprender el origen de la pinza de precisión que los humanos pueden hacer con las puntas de los dedos y la del pulgar para manipular objetos y que, tradicionalmente, se ha relacionado con la capacidad de fabricar herramientas de piedra.

«Basándonos en la anatomía de la mano, los primeros homininos ya podían realizar esta pinza hace 6 millones de años», según Almécija.

Según los investigadores, que no se hayan encontrado herramientas tan antiguas (las primeras son de hace 3,3 millones de años) es probablemente porque no tenían las capacidades cognitivas suficientes para desarrollarlas y no por una «incapacidad» táctil.

El estudio también tiene implicaciones sobre el tipo de locomoción del ancestro a partir del cual evolucionaron los primeros homininos bípedos.

Si, como indica el trabajo, el ancestro tenía unas manos relativamente cortas (más parecidas a la de los humanos que a la de los chimpancés) significaría que el linaje humano evolucionó de un antepasado que no era un especialista arbóreo como los chimpancés y orangutanes actuales.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han analizado en detalle la longitud de los huesos de las manos de una muestra de más de 250 primates actuales y extintos, entre macacos y mandriles, gibones, orangutanes, gorilas, chimpancés y Homo sapiens.

También han estudiado las manos de especies extintas de homininos (Ardipithecus ramidus, Australopithecus sediba y neandertales) y simios como Hispanopithecus laietanus, un gran simio extinto del Mioceno encontrado en diferentes yacimientos de Cataluña.


El Mundo

  • El libro explora 80 localizaciones cinematográficas y recrea seis viajes de película tomando como eje central la Ruta 66

 La carretera madre de Estados Unidos,recorre los estados de Illinois, Misouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California. PAU LLAVADOR

La carretera madre de Estados Unidos,recorre los estados de Illinois, Misouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California. PAU LLAVADOR


Después de adentrarse en la Nueva York de ‘El Padrino‘ y recorrer las localizaciones de los rodajes de Woody Allen, los autores María Adell y Pau Llavador sacan un nuevo libro de viajes sobre la mítica Ruta 66, lugar de peregrinaje para cualquier conductor que se precie. Este salto a la carretera no es casual, la periodista y el ilustrador gráfico estuvieron viviendo en Estados Unidos durante prácticamente un año mientras compaginaban viajes de placer con trabajo, y en una de esas salidas surgió el proyecto.

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Sobre todo, hicimos largos trayectos en coche por Texas, Arizona, California, Louisiana…Y nos pareció que ese modo de viajar por EEUU era una experiencia única, la idea de hacer largos viajes por carretera, los inmensos paisajes, los parques naturales, el parar para comer en diners o descansar en moteles. Pensamos que, siempre, el trayecto era mejor que el destino, y que era un modo maravilloso de conocer un país tan enorme, de tantos contrastes como EEUU. De ahí surgió un poco la idea”, explica María.

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“La primera excursión que hicimos fue al Gran Canyon, y desde allí a California cruzando el Death Valley. Después recorrimos Texas y fue allí donde sentimos estar dentro de una de esas películas que tanto hemos visto de moteros, coches y carreteras largas y solitarias. En ese momento nos dimos cuenta de lo importante que son algunas películas para entender la cultura americana”, confiesa Llavador.

La conexión entre el cine, las tradiciones estadounidenses, la carretera y el viaje era algo fundamental que debía ser tratado para estos dos autores, por lo que incluyeron una lista de las ‘road movies’ más emblemáticas del siglo XX. Parques naturales, moteles y diners de películas como ‘Thelma y Louise’, ‘París, Texas‘ o ‘Easy Rider‘ pueblan las páginas detalladas de esta completa guía.

80 localizaciones cinematográficas y seis viajes inspirados en ‘road movies’ de culto como ‘El diablo sobre ruedas’, ‘Entre copas’, ‘Easy Rider’, ‘Punto límite: cero’, ‘París,Texas’ o ‘Thelma y Louise’ son analizados y complementados con otras visitas turísticas de obligación. El cañón del Colorado, el desierto de Mojave, el observatorio Griffith o la curva donde murió James Dean son algunos de los puntos comunes que el cine y el turismo comparten.

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Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película‘ incluye además una ‘playlist‘ para sumergirte en la América profunda con temas de Johnny Cash, Elvis Presley, The Coasters, Bob Dylan, los Stones o los Doors entre otros grupos.

“Una de las características de las road movies es su banda sonora, habitualmente excelente ¡Solo hay que pensar en ‘Easy Rider‘! Evidentemente, hay canciones míticas como ‘Born to be wild‘, de Steppenwolf (Easy Rider) o la canción que Ry Cooder compuso para ‘París, Texas’, pero la selección no sigue un criterio, digamos, práctico. En realidad, hemos combinado temas de bandas sonoras de las películas, con canciones contemporáneas que homenajean o bien a la película (‘Kowalski‘, de Primal Scream, es uno de los homenajes a la película ‘Punto límite:cero’), detalla María.

El libro, sin embargo, no se limita solo al cine y a la música. Las series son otro terreno explorado por estos dos viajeros españoles. Los guiños a ‘Breaking Bad‘ o a ‘Friends‘ conquistarán a más de un lector aficionado a las producciones de la HBO. “Esto ya lo pensamos cuando hicimos el libro ‘El Nueva York de El Padrino y otras películas de la mafia’; no podíamos hablar de mafia, o de representaciones audiovisuales de la mafia sin hablar de ‘Los Soprano‘, una serie que nos ha marcado muchísimo. Del mismo modo, cuando pasamos por Albuquerque, en nuestro recorrido por la Ruta, era absurdo no pensar en los White”, afirma la periodista.

“Alburquerque es una ciudad que hoy en día muchos conocemos por la serie ‘Breaking Bad’. Por tanto no podíamos dejar escapar la ocasión de recomendar algunas localizaciones ya míticas de la serie como el hogar de la familia White o el restaurante Pollos Hermanos“, completa Pau. Lo mismo ocurre con la mitomanía por el famoso decorado de la cafetería Central Perk, que también viene reseñada y ubicada en el interior de los Warner Studios, en Burbank (L.A.).14357622896257Cuando les pregunto qué imágenes les ha marcado más durante el proceso de creación del libro, los autores responden lo siguiente: “Si tengo que quedarme con algo de la América profunda, elijo los rótulos de neón, los pueblos desérticos, el paisaje, los moteles en forma de U con su pequeña piscina en el interior. Todo eso que siempre hemos visto en las películas o en las fotografías de Stephen Shore o Robert Adams“, confiesa el diseñador gráfico.

“A mi me sorprendió la hospitalidad de la gente o lo diverso que puede ser EEUU. Y luego, claro, lo parecido que es el paisaje y la iconografía a las películas que todos hemos visto mil veces. Te das cuenta de que, aunque en el cine está todo exagerado o ficcionado, evidentemente, hay una parte de verdad que tiene que ver con el paisaje y con la iconografía americana, que existe, que está ahí esperando a que vayas a verlo“, concluye la autora.


Noticia en web

  • Los encargados de analizar su cuerpo descubrieron que sus pechos eran falsos, que usaba dentadura postiza y que estaba «sumamente desmejorada» para su edad

ABC.es

  • Los restos de cristales en el planeta rojo podrían proporcionar pistas sobre su vida pasada
csic | Una imagen del Curiosity en Marte

csic | Una imagen del Curiosity en Marte

El orbitador marciano de la NASA, MRO, ha detectado depósitos de vidrio dentro de los cráteres de impacto en Marte. Aunque estas depresiones se forman en el calor abrasador de un impacto violento, pueden proporcionar pistas sobre vida pasada en el planeta rojo.

Un estudio elaborado en 2014 y dirigido por el científico Peter Schultz de la Universidad de Brown (Estados Unidos), encontró en la Tierra moléculas orgánicas y materia vegetal sepultadas en vidrio. Eran resultado de un impacto ocurrido hace millones de años en Argentina. Schultz sugirió que procesos similares podrían preservar signos de vida en Marte, si estaban presentes en el momento de un impacto.

Ahora, investigadores de la agencia estadounidense han querido probar que esto era posible y han logrado conocer al detalle la presencia de este «vidrio de impacto» en Marte. Se trata de un trabajo, publicado en «Geology», que, según los científicos, traerá importantes datos sobre la conservación de firmas biológicas en el planeta rojo.

Uno de los autores, Kevin Cannon, ha señalado que existen «grandes depósitos de vidrio» en varios cráteres antiguos, pero bien conservados, en Marte. Para el trabajo han ido escogiendo los depósitos vidriosos identificando los minerales y tipos de roca de forma remota. Los científicos midieron los espectros de la luz reflejada por la superficie del planeta, aunque un vidrio de impacto «no tiene una señal espectral particularmente fuerte», según ha apuntado.

«El vidrio tiende a ser espectralmente soso o débilmente expresivo, por lo que sus señales tienden a ser abrumados por los trozos de roca que se mezclan con él», ha apuntado el investigador. Sin embargo, el equipo encontró una manera de burlarse de esa señal.

Trabajo en el laboratorio y en el espacio

En un laboratorio, mezclaron polvos con una composición similar a la de las rocas marcianas y, mediante un horno, las utilizaron para formar vidrio. A continuación, midieron la señal espectral del vidrio.

Una vez la tenían, se utilizó un algoritmo para seleccionar señales similares en los datos del Espectrómetro de Imágenes de Reconocimiento Compacto de MRO, que era el «investigador principal adjunto».

Así fue como los depósitos se hallaron en varios picos centrales de los cráteres de Marte, en montículos escarpados que, a menudo, se forman en el centro de un cráter durante un gran impacto. Los expertos señalan que el hecho de que los depósitos se encuentren en los picos centrales es un buen indicador de que tienen un origen de impacto.

«Además, la situación sugiere que los depósitos de vidrio de impacto son relativamente comunes en Marte», ha indicado el director de la división de ciencia planetaria de la NASA, Jim Green. «Estas áreas podrían ser objetivos para la exploración futura con los nuevos exploradores científicos robóticos o humanos», ha añadido.

Uno de los cráteres que contienen vidrio, llamado Hargraves, se encuentra cerca del canal de Nili Fossae y tiene alrededor de 650 kilómetros de longitud. La región es uno de los lugares de aterrizaje que se barajan para el futuro rover de la NASA en Marte para 2020.


El Mundo

  • ARQUEOLOGÍA SUBMARINA
  • ‘Nuestra Señora de la Encarnación’ de la Carrera de Indias
  • Localizado por investigadores de la Universidad Estatal de Texas es uno de los muchos que naufragaron en el Caribe, pero uno de las pocos que no había sido saqueado

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Hace tres años, un grupo de arqueólogos de la Universidad Estatal de Texas (EEUU) localizó los restos de un navío hundido en el siglo XVII en las proximidades de la desembocadura del río Chagres (Panamá). Ahora, la investigación ha determinado que esos restos pertenecieron al buque mercante español de Nuestra Señora de la Encarnación: un navío de la flota de Tierra Firme, integrada en la denominada Carrera de Indias, que en 1681 quedó enterrado bajo las aguas del Océano Atlántico tras una fuerte tormenta cuando se dirigía a Portobelo.

La embarcación fue una de las muchas que naufragó por aquel entonces en esta zona caribeña, pero es una de las pocas que se ha logrado recuperar. Y aunque no oculta ningún tesoro en su interior, su gran estado de conservación confirma el uso que ya se hacía en el siglo XVII de materiales del Nuevo Mundo para la construcción de navíos europeos. Es una de las principales conclusiones del hallazgo extraídas por los arqueólogos, ya que lo habitual es que la acción corrosiva del agua marina dañe a estos pecios con el paso del tiempo.

Además, a pesar de hundirse a pocos metros bajo el mar, no hay evidencias de que el barco sufriera algún tipo de saqueo, algo poco habitual. El jefe de arqueología subacuática del Centro Meadows para el Agua y el Medio Ambiente de la Universidad Estatal de Texas, Frederick “Fritz” Hanselmann, aseguró en un comunicado que los restos encontrados incluyen “porciones inferiores del casco del buque y parte de la carga” que estaba alojada en la bodega. En ella se han localizado barriles y cajas de madera con hojas de espadas, tijeras, herraduras y piezas de cerámica en su interior.

La Flota de Indias

Una antigua investigación realizada en Sevilla por el historiador José Espinosa mantiene que el buque fue construido originalmente en el territorio de Veracruz (actual México). Precisamente al puerto mexicano llegaba una de las flotas -conocida como Nueva España– enviadas desde la capital hispalense (Cádiz asumiría esta función a partir de 1679) para llevar hasta la Corona española las riquezas encontradas (oro, plata, especias, etc.). Sin embargo, el buque La Encarnación formó parte de la otra gran flota: Tierra Firme, que partía rumbo a Cartagena de Indias para recoger el cargamento del norte de América del Sur.

Las dos flotas funcionaban bajo el mando de su matriz, la Flota de Indias: un sistema de convoys que buscaba aumentar la seguridad del transporte de las mercancías por el Océano Atlántico en un momento en el que la piratería y la enemistad de ingleses y franceses por la colonización española de América amenazaban a las embarcaciones de la Monarquía Hispánica, la potencia hegemónica de los mares por aquel entonces. Este método, integrado por galeones fuertemente armados con cañones y barcos mercantes para llevar la carga, estuvo en activo desde la década de 1520 hasta 1776.

Uno de los investigadores inspecciona la zona del hallazgo The Meadows Center for Water and the Environment

Uno de los investigadores inspecciona la zona del hallazgo
The Meadows Center for Water and the Environment

Una vez que las dos flotas cargaban sus mercancías por separado partían hacia La Habana, Cuba, lugar desde el que salían conjuntamente -cuando el tiempo lo permitía- de regreso a España. Para ello atravesaban el estrecho de Florida y la corriente del Golfo de México, continuando después por el norte del archipiélago de las Bahamas para alcanzar los vientos alisios del oeste, más propicios para la navegación. Dos escoltas armadas acompañaban a los buques mercantes. La de Tierra Firme solía ser más numerosa que la de Nueva España, ya que incluía los galeones de la plata que transportaban los cargamentos de plata real de las minas del Perú.

Pero aunque el sistema de convoys armados logró con éxito mantener alejados a los corsarios franceses y británicos, las dificultades climáticas, los bancos de arena o los huracanes caribeños fueron una continua amenaza para los buques españoles. La combinación de estos factores provocó que muchos navíos, como La Encarnación, quedaran sepultados bajo las aguas del Atlántico.

Hallazgo casual

Los científicos afirman que las cosas no suelen ocurrir nunca por el destino o el azar, sin embargo hay ocasiones en las que se producen hechos de forma fortuita. Ese puede ser el caso perfectamente del equipo de arqueólogos de la Universidad Estatal de Texas. Los investigadores reconocen que no andaban tras la pista de La Encarnación, ya que cuando dieron con sus restos se encontraban en plena búsqueda de las cinco naves que el famoso y despiadado pirata Henry Morgan perdió en 1671, tras una tormenta, cuando se dirigía a saquear la ciudad de Panamá. Diez años antes de que se hundiera La Encarnación.

Grabado del corsario Henry Morgan The New York Public Library

Grabado del corsario Henry Morgan
The New York Public Library

En 2010, los investigadores recuperaron algunos cañones pertenecientes a esas embarcaciones lideradas por el legendario corsario galés que se perdieron durante el naufragio, lo que hace que los arqueólogos no pierdan la fe en el proyecto. “La búsqueda de los barcos perdidos de Morgan continuará y quién sabe qué más podemos descubrir en el camino”, explicaba Hanselmann en el comunicado. Morgan, nombrado caballero por el rey Carlos II de Inglaterra en 1674, se convirtió en una leyenda para la cultura popular, ya que así lo demuestran las numerosas novelas o películas que han adoptado su figura para protagonizarlas.


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  • Investigadores estadounidenses han recreado en laboratorio las condiciones en las que se formaron los precursores moleculares del ADN

    NASA Ejemplo de explosión estelar

    NASA
    Ejemplo de explosión estelar

El ADN es sinónimo de vida pero ¿dónde y cómo se originó? Ese es, precisamente, uno de los mayores misterios a los que se enfrenta la Ciencia, y para resolverlo los investigadores han tratado hasta ahora de dar múltiples explicaciones.

Sin embargo, un equipo del Lawrence Berkeley National Lab, del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y de la Universidad de Hawaii, acaba de aportar una solución completamente nueva tratando de «recrear» en laboratorio las condiciones en las que pudieron llegar a formarse los precursores moleculares del ADN.

Precursores como son las pequeñas estructuras de carbono en forma de anillo y capaces de atrapar átomos de nitrógeno, componentes clave de las bases nucleicas que, a su vez, constituyen los bloques de construcción de la famosa doble hélice.

Por primera vez, este grupo de investigación ha logrado demostrar que los «puntos calientes» del Universo, como las zonas muy próximas a las estrellas, podrían ser excelentes lugares para la creación de estos anillos moleculares que contienen nitrógeno.

En un artículo recién publicado en Astrophysical Journal, el equipo describe con todo detalle el experimento en el que lograron recrear las condiciones existentes alrededor de estrellas moribundas ricas en carbono y hallaron las «rutas de formación» de estas importantes moléculas.

«Esta es la primera vez -afirma Musahid Ahmed, de la División de Ciencias Químicas del Berkeley Lab- que alguien se fija en una reacción caliente como esta». Y es que no resulta fácil para los átomos de carbono formar anillos que contengan nitrógeno. Este trabajo, sin embargo, muestra la posibilidad de que se produzca una reacción de fase en un gas caliente, algo que Ahmed ha bautizado como «la barbacoa cósmica».

Durante décadas, los astrónomos han apuntado sus telescopios al espacio en busca de estos pequeños anillos dobles de carbono nitrogenado. Pero solo se habían fijado en el espacio interestelar, muy lejos de las zonas más calientes. Y aunque los entornos más próximos a las propias estrellas se consideran desde hace tiempo como candidatos muy probables para la formación de estas importantes moléculas, nadie había pasado mucho tiempo buscando allí los anillos de carbono con nitrógeno.

Para recrear las condiciones reinantes cerca de una estrella, Ahmed y su colaborador, Ralf Kaiser, profesor de Química de la Universidad de Hawaii, junto al resto del equipo, recurrieron al instrumento Advanced Light Source (ALS) del Berkeley Lab.

En ALS, los investigadores utilizaron un dispositivo llamado «boquilla caliente», usado ya con éxito para estudiar la formación de hollín durante una combustión. Pero para este trabajo, la «boquilla caliente» se utilizó para simular las presiones y temperaturas en las cercanías de estrellas ricas en carbono. Para ello, los científicos inyectaron en la «boquilla caliente» un gas hecho de una molécula de carbono que contenía un átomo de nitrógeno y dos moléculas de acetileno.

«Boquilla caliente»

Después, usando la radiación sincrotón del ALS, el equipo observó el gas caliente para ver qué tipo de moléculas se formaban. Y hallaron que la «boquilla caliente», a más de 400 grados centígrados, transformaba el gas inicial en otro más complejo y cuyas moléculas eran las precursoras de las que estaban buscando.

«Existe una barrera energética para que esta reacción se produzca -explica Ahmed-. Pero se puede superar esa barrera tanto cerca de una estrella como en nuestra configuración experimental. Lo cual sugiere que a partir de ahora debemos empezar a buscar esas moléculas mucho más cerca de las estrellas y no en el vacío interestelar».

Los experimentos proporcionan evidencias muy convincentes de que las moléculas generadas pueden sintetizarse con facilidad en estos ambientes tan calurosos y después ser empujadas por los vientos estelares hasta el espacio vacío entre estrellas, donde han sido descubiertas por muchos investigadores.

«Una vez eyectadas al espacio -concluye por su parte Ralf Kaiser- estas moléculas pueden unirse en frías nubes moleculares, y condensarse en nanopartículas interestelares, donde pueden ser procesadas. Y esos procesos pueden llevar a una mayor complejidad, a moléculas relevantes desde el punto de vista biológico, como las nucleobases imprescindibles para la formación del ADN y el ARN».

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