El Mundo Romano tras la Conquista de la Galia


El territorio de la Galia se encontraba habitado por los galos, antiguos celtas, y estaba dividida en dos regiones: la Galia Trasalpina o Ulterior, que se extendía por Francia, Bélgica, parte de los Países Bajos, Alemania y Suiza, y la Galia Cisalpina o Citerior que comprendía el norte de Italia.

El territorio fue ocupado por los celtas, que se instalaron en esta región hacia el año 500 a.C y, entre el 250 y el 150, poblaron la zona los belgas; aunque fueron los romanos quienes unificaron políticamente el territorio al crear la provincia de la Galia.

Dicho territorio comprendía unas noventa ciudades, gobernadas por grandes propietarios rurales; esta división facilitó la conquista de estas tierras por César (58-51 a.C.), que sometió la primera de las dos regiones antes mencionadas, la Galia propiamente dicha. Ésta fue dividida por Augusto en cuatro provincias: Aquitania, Narbonense, Bélgica y Lugdunense. El territorio galo sufrió un proceso de romanización progresiva; se impuso a los pobladores el uso del latín, se fundaron nuevas ciudades, entre las que destacaron por su importancia comercial y administrativa se encontraban Burdigala, Lutetia y Lugdunum (las actuales Burdeos, París y Lyon, respectivamente). La crisis económica del siglo III provocó el éxodo de la población rural hacia las ciudades, lo que fue causa de que los emperadores facilitaran la instalación de colonos germánicos (llamados bárbaros por los romanos). En el 406 fue invadida por los suevos, vándalos y alanos, a los que más tarde se unieron burgundios, alemanes y francos. El rey franco Clodoveo unificó la Galia a fines del siglo V, y sus habitantes paseron a denominarse francos.

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Calzadas Romanas


Calzadas romanas , es la red de carreteras muy eficiente, sin igual hasta los tiempos actuales, que abarcaba todo el Imperio romano. En un principio el sistema fue diseñado para fines militares y políticos: mantener un control efectivo de las zonas incorporadas al Imperio era el principal objetivo de su construcción. El desarrollo de la red de calzadas se produjo al mismo tiempo que el crecimiento del Imperio. Una vez construidas, las calzadas adquirieron importancia económica, pues al unir distintas regiones, facilitaban el comercio y las comunicaciones.

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Hasta finales del siglo IV a.C., las calzadas romanas eran poco más que senderos que conducían a Roma desde las distintas ciudades del Lacio. Desde ese momento comenzaron a construirse según un plan establecido, diseñado conjuntamente con el programa táctico de expansión. Al tener un significado militar considerable, se desarrollaron sistemas más complejos de construcción de calzadas, con vistas a hacerlas más permanentes y mejores para soportar diferentes tipos de tráfico.

Se usaron piedras de distintos tamaños para construir unas calzadas sólidas: las piedras grandes se colocaban en la base y sobre éstas se establecía una capa de piedras más reducidas. En algunos casos, normalmente en las rutas más importantes, sobre estos cimientos se colocaba un firme de adoquines. Las calzadas tenían sistemas eficaces de desagüe, logrado mediante la construcción de una curvatura en las orillas. Generalmente se construían en línea recta, tomando la ruta más directa allí donde era posible. Cuando las montañas no lo permitían, los ingenieros construían complicados sistemas de circunvalación. El llamado Itinerario de Antonino es el documento antiguo más completo para el estudio de las vías romanas, y data de finales del siglo III.

calzada-1De las carreteras aún existentes, las más antiguas fueron construidas por los romanos. La vía Apia empezó a construirse alrededor del 312 a.C., y la vía Faminia hacia el 220 a.C. En la cumbre de su poder, el Imperio Romano tenía un sistema de carreteras de unos 80.000 km, consistente en 29 calzadas que partían de la ciudad de Roma, y una red que cubría todas las provincias conquistadas importantes, incluyendo Gran Bretaña. Las calzadas romanas tenían un espesor de 90 a 120 cm, y estaban compuestas por tres capas de piedras argamasadas cada vez más finas, con una capa de bloques de piedras encajadas en la parte superior. Según la ley romana toda persona tenía derecho a usar las calzadas, pero los responsables del mantenimiento eran los habitantes del distrito por el que pasaba. Este sistema era eficaz para mantener las calzadas en buen estado mientras existiera una autoridad central que lo impusiera; durante la edad media (del siglo X al XV), con la ausencia de la autoridad central del Imperio romano el sistema de calzadas nacionales empezó a desaparecer.

Via Apia

antigua calzada romana en Italia. La primera y más célebre de las calzadas de la república romana, construida en el 312 a.C. por el censor romano Apio Claudio el Ciego, en honor al cual se le dio el nombre. Se dirige hacia el sur desde la muralla de Servio en Roma hasta Capua, a través del Appii Forum y Terracina y más tarde fue ampliada hasta Taranto y Brundisium (ahora Brindisi). Como principal ruta hacia Grecia, la vía Apia tenía más de 560 km de largo. Fue sólidamente construida y marcada con mojones. Las partes que perduran del pavimento están construidas con grandes bloques hexagonales, principalmente de piedra volcánica, colocados sobre cimientos asegurados y reforzados con mortero; sin embargo, es probable que éste no sea el firme original. Desde Roma a Terracina es casi recta, a pesar del terreno abrupto de las colinas de Alban y del pantanoso de la laguna Pontina. Los primeros kilómetros desde Roma aún conservan muchas de las antiguas tumbas que bordeaban la calzada, y que en parte todavía se utilizan.

Vía Emilia (Latín Via Aemilia)

antigua vía romana en la Italia actual, de 282 km, construida por el cónsul Marco Emilio Lépido en el 187 a.C. Arranca donde la vía Flaminia finaliza y comienza en Ariminun (hoy Rímini) para finalizar al noroeste en Placentia (hoy Piacenza). Más tarde se extendió al noroeste, cruzando el río Po hasta Mediolanum (hoy Milán). La moderna carretera sigue la misma ruta, pasando incluso por algunos de los puentes originales, hasta el punto de que la zona situada entre Rímini y Piacenza aún conserva el nombre de Emilia, derivado del de la antigua calzada.

Ruta de la Plata

antigua vía romana que atravesaba Hispania de norte a sur. Situada en la parte centro-occidental de la península Ibérica, comunicaba el territorio de los astures con la fértil Bética. Recibe su denominación por ser la ruta que conducía a los ricos yacimientos auríferos y argentíferos del noroeste hispano. La calzada unía en su tramo principal 2 ciudades fundadas por Augusto, Emerita Augusta (Mérida) y Asturica Augusta (Astorga), pobladas ambas por legionarios veteranos de las guerras contra cántabros y astures (29 a.C.- 19 a.C.). Un ramal norte unía Astorga con Gigia (Gijón) a través de Legio (León), y un ramal sur hacía lo propio desde Mérida a Itálica (cerca de Sevilla) y luego a Gades (Cádiz). Desde allí era rápida la comunicación por mar con Roma. Esta calzada atravesaba otras poblaciones como Salmantica (Salamanca) y Norba Caesarina (Cáceres).

Vía Egnacia

vía militar romana, construida en la segunda mitad del siglo II a.C., que cruzaba la península de los Balcanes, desde el mar Adriático hasta Bizancio (actual Estambul, en Turquía). Comenzaba en dos puntos del Adriático: Apolonia, cerca de la desembocadura del río Aoos (hoy Vijöse), en Albania, y Dirraquio (actual Durrës, en Albania). La vía se extendía hacia el este, hasta Lycnidos (actual Ohrid, en la República de Macedonia), Heraclea (la actual Bitola, en la República de Macedonia), Edessa (en Grecia), Pela (en Grecia), y llegaba al mar Egeo, a Salónica (Tesalónica). Después, cruzaba la península Caládica, hasta Anfípolis y Filipos, y en un principio terminaba en Kipsela, en el río Hebros (Marica), pero posteriormente se prolongó hasta Bizancio.

Se han descubierto varios miliarios (mojones de piedra ubicados en la vía que indicaban las distancias). En el siglo IV se hicieron reparaciones, mientras el tramo entre la Puerta Dorada (en el extremo sur de las murallas de Constantinopla, la antigua Bizancio) y Küçükcekmece (actualmente, ciudad turca en los suburbios de Estambul) parece ser que fue pavimentado por primera vez por el emperador bizantino Justiniano I en el siglo VI. Cualquiera que fuera su estado, fue la principal ruta terrestre durante la edad media. La vía Egnacia desempeñó un papel fundamental en las comunicaciones de Roma con Oriente, tanto en el aspecto militar como comercial.

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La Legion Perdida


Fotograma de la Película “El Águila de la Legión Perdida”

La legión perdida de Craso, o simplemente la legión perdida, es el nombre con que se conoce a una hipotética legión romana compuesta por parte de los cerca de 10.000 legionarios hechos prisioneros tras la batalla de Carras por los partos en el año 53 a. C. Esta legión, «perdida» para los historiadores romanos, reaparecería supuestamente en las crónicas chinas en el año 36 a C.

Los hechos

Durante la época del agitado triunvirato de Julio César, Pompeyo y Craso, éste último se hizo cargo de la campaña contra los partos y avanzó por la actual Turquía al frente de un imponente ejército de 42.000 soldados; los romanos que lidera están compuestos por siete legiones, 4.000 arqueros y 4.000 jinetes galos, y se creen capaces de escarmentar a la temida caballería parta, que es el cuerpo principal del ejército enemigo. Pero éstos fueron derrotados en Carras (la actual Harrán, Turquía) por el ejército parto, siendo humillado el ejército más poderoso del mundo de entonces, dieron muerte al triunviro Craso e hicieron prisioneros a más de 10.000 de sus soldados.
A caballo entre la realidad y la leyenda, se sabe por Plutarco y Plinio que estos hombres fueron conducidos al extremo oriental del Imperio parto, en la antigua Bactriana (el actual Afganistán), siendo la mayoría esclavizados o condenados a trabajos forzados.

Pero los partos conservaron algunas unidades dispuestas a seguir combatiendo a cambio de no ser condenados a muerte o a la esclavitud. Así, una parte de la legión cautiva fue mandada a las proximidades del río Oxus (hoy Amu Daria) en la Bactriana (el actual Turkmenistán) para luchar contra los hunos, desapareciendo allí su rastro. El caso es que, tras la firma de la paz entre romanos y partos en el año 20 a. C., se estableció el retorno de los prisioneros, pero ya entonces se desconocía totalmente dónde estaban los efectivos supervivientes de las derrotadas legiones de Carras, pese a los esfuerzos que se dedicaron a su recuperación de los soldados apresados.

La hipótesis de Liqian

En 1955 , el historiador y sinólogo estadounidense Homer Hasenpflug Dubs , en una conferencia impartida en Londres titulada «Una ciudad romana en la antigua China», afirmó haber encontrado el destino de estos legionarios, encajando los datos de Plutarco y Plinio con las crónicas históricas de la dinastía Han , que reinó en el Imperio Han de China entre los años 25 y 220 de nuestra era.

Según este investigador, la legión perdida reaparece en las crónicas chinas de la dinastía Han en el año 36 a. C.1 En ese año el general Gan Yanshou emprendió una campaña militar en los territorios fronterizos occidentales, la actual provincia de Xinjiang, contra los nómadas xiongnu, antecesores de los hunos, por Bactria y el río Oxus. Las crónicas de esta campaña, que nos ha llegado a través del historiador y biógrafo del general chino Gan Yanshou, Ban Gu, que participó en aquella contienda, han hecho pensar a algunos expertos que los defensores de la ciudad de Zhizhi (actual Dzhambul, cerca de Taskent, en Uzbekistán), eran miembros de la legión perdida.

En ellas se menciona una batalla librada por esta ciudad entre el ejército chino y un extraño contingente constituido por soldados veteranos, muy disciplinado y protegido en una fortaleza de madera de forma cuadricular que protegía el asentamiento. Se señala que éstos usaban fortificaciones de empalizadas rectangulares y que entraban en combate perfectamente organizados (« alineados y desplegados en una formación como de escamas de pescado ») en la puerta de la ciudad, lo que recuerda a la testudo romana, en la que los infantes se protegen unos a otros formando con los escudos una especie de coraza.

La ciudad de Zhizhi fue tomada finalmente y los 1.000 prisioneros extranjeros fueron deportados a China y asentados en la ubicación de la actual Yongchang (provincia de Gansu , China ), en el desierto del Gobi , para proteger las fronteras del imperio chino y a sus habitantes de las incursiones tibetanas .

Pero el antiguo nombre de Zhelaizhai , que se encuentra en la provincia de Gansu , ha terminado por sacar a la luz al cabo de dos mil años la historia de la legión perdida. El nuevo lugar en que fueron asentados los prisioneros fue llamado por decreto imperial Li-Jien o Liqian <; el topónimo, documentado por primera vez en el año 5 d. C. , no es sino una variante china de «Legión», un nombre que además era el usado por los chinos para referirse a Roma desde que los antiguos chinos tuvieron noticias de su opulencia y poder a través de sus comerciantes en Alejandría . Además, llama la atención este topónimo pues era extremadamente raro que los chinos diesen a sus ciudades nombres extranjeros. Años más tarde, siguiendo la tendencia confuciana a la rectificación de los nombres , el lugar fue renombrado como Jie-lu, que significa “cautivos”.

Algunos creen que los descendientes de este contingente fue derrotado y arrasado en el siglo VIII por tropas tibetanas , que en aquel entonces eran mercenarios terribles, auténticos señores de la guerra, pero los estudios genéticos hechos en Li Jian dan pie a pensar otras cosas.

En 2001 los diarios Los Angeles Times y L’Express sacaron a la luz unos datos que identificaban un poblado remoto como punto final de la aventura de los legionarios de Craso, demostrando importantes diferencias físicas entre los nativos de la zona y el resto de los chinos. Desde entonces, los análisis de ADN realizados por la Universidad de Lanzhou confirman que un 46 por ciento de los habitantes de Zhelaizhai -entre los que hay ciudadanos con ojos azules y verdes, pelos rizados y/o de color castaño y pelirrojo, y gente con narices aguileñas- mostraban una curiosa afinidad genética con poblaciones europeas, según informó el semanario francés. Hace años se encontraron en torno a cien esqueletos de hace más de mil años con una altura promedio superior a los 180 centímetros.

A pesar de que la existencia de la legión perdida pueda estar más allá del mito, la realidad es que, aun con las posibles evidencias bibliográficas; los análisis de ADN realizados a la población y los restos romanos encontrados en excavaciones arqueológicas (monedas, cerámica, cascos y una gran piedra cúbica que alberga misteriosos restos de estilo occidental. También se sabe de restos de una fortaleza, con 30 metros de longitud y medio de alto, que según los nativos hasta hace poco más de 30 años, medía más de 100 metros de longitud y era mucho más alta), no existen certezas concluyentes de presencia romana durante este periodo en la China imperial, teniendo en cuenta que Li-Jien fue un puesto avanzado que estuvo localizado dentro de la antigua ruta de la seda .

La Legión perdida en la literatura

El escritor italiano de novela histórica Valerio Massimo Manfredi basa su último relato, El Imperio de los Dragones , en estos hipotéticos hechos.

Ben Kane trata la historia de esta legión en su trilogía formada por “The Forgotten Legion”(“La Legión olvidada”, ediciones B, 2009),”The Silver Eagle”(“El Águila Plateada”, aún sin traducir) y su tercera parte, aún no publicada.

El Reino de los Suevos: Conquista de Hispania y Formación


La primera mención a los suevos estaba relacionada con Ariovisto en torno al 72 a.C. Alrededor del año 171 los suevos se desplazaron hacia el suroeste. En el 248 se encontraban establecidos en las llanura panónica. Un vez allí el empuje de los hunos les obligó a desplazarse río arriba por al orilla izquierda del Danubio. En el 401 el núcleo principal de los suevos se encontraba en la región de Recia, llegando a orillas del Rin en el 405. Al año siguiente cruzaron el río en compañía de varias confederaciones germánicas, entre las que se encontraban los alanos y los vándalos. Durante dos años se desplazaron a lo largo de toda la Galia saqueando todo a su paso. Finalmente en compañía de los vándalos y alanos, en el 409, penetraron en la Península tras atravesar el Pirineo Occidental. Mientras otros grupos de tribus suevas permanecieron el Europa Central, muchas veces mezclados con los alamanes. Las fuentes citaban a grupos de suevos presentes en Suabia, región a la que dieron nombre, Venecia, Flandes, Inglaterra y Galia, entre otros lugares. Algunos grupos de suevos acompañaron a Alboino durante su conquista de Italia en el 568.

La conquista de hispania y la creación del reino de los suevos

En su avance por Hispania hacia la provincia de la Gallaecia se unieron a ellos numerosos esclavos y grupos de desposeídos, entre los que se encontraban miembros de las bagaudas, partidas de bandidos que realizaban sus correrías por el noroeste de la Península Ibérica. Durante dos años arrasaron el norte de la Península Ibérica. En el 411 pusieron fin a sus correrías cuando firmaron un pacto con el Imperio Romano, según el cual se les permitió a los suevos, vándalos y alanos asentarse en la provincia de la Gallaecia. Los suevos se asentaron en el noroeste de la Península Ibérica, en la casi totalidad del territorio de la provincia romana de la Gallaecia. Al norte se situaron los vándalos, que se establecieron en el extremo más nororiental de Hispania. Por el sur los límites de las posesiones de los suevos eran bastante imprecisos, situándose en el norte de la actual Portugal y parte de las provincias de Salamanca, León y Zamora.

En sus momentos de mayor esplendor extendieron sus dominios más al sur, aunque tan solo por cortos períodos de tiempo. El rey de los suevos, Hermenerico firmó un acuerdo o foedus con el emperador romano Honorio, según el cual recibían la clasificación de federados, teniendo a su vez la obligación de repartirse las tierras con la población hispanorromana y se comprometieron a defender el Imperio. El reparto de tierras siguió el modelo aplicado con los visigodos. A los suevos les correspondio una tercera parte de las tierras de los latifundios en régimen de colonato, de los montes, de los prados y de las propiedades del Imperio.

El esplendor del reino suevo

La particularidad del relieve gallego permitió al reino de los suevos sobrevivir durante mas de siglo y medio desde el 411 hasta su desaparición en el 585. Sufrieron numerosos ataques de los romanos, de los visigodos y de los hispanorromanos. Se establecieron en densas poblaciones de tipo militar situadas predominantemente en la costa, principlamente en torno a la región de Lugo. Hermerico estableció su capital en al ciudad de Bracara (la actual Braga). Este soberano que gobernó a los suevos entre el 409 y el 441 tuvo que enfrentarse en numerosas batallas a los hispanorromanos, los cuales trataban de defenderse de los continuos ataques de rapiña que sufrían. La partida de los vándalos asdingos hacia África permitió a los suevos controlar en el 420 todo el noroeste de la Península Ibérica. Para evitar posibles sublevaciones Hermerico ordenó el desmantelamiento de las murallas de la ciudad hispanorromana de Conimbra (Coimbra). Ante la gravedad de la situación los hispanorromanos solicitaron la ayuda en numerosas ocasiones de Aecio para hacer frente a los suevos, pero éste nunca respondió a sus llamadas.

Los habitantes de la Gallaecia cansados de la actuación de los suevos enviaron en el 431 a Roma al obispo Idacio, logrando con sus gestiones que el conde Censorio restableciera la paz entre ambos bandos. Los suevos firmaron en 433, 437 y 438, tratados de paz con los hispanorromanos tras diferentes sublevaciones. En el 438 conquistaron Mérida y Sevilla. Ese mismo año Hermerico, quien todavía no había fallecido, fue sucedido por su hijo Requila. Algunos historiadores han mantenido que se trató de una asociación al trono, otros han afirmado que fue una abdicación a causa de la frágil salud del soberano. A la muerte de Hermerico en el 441 quedó como único soberano Requila, durante cuyo reinado el reino suevo alcanzó su mayor importancia, ampliando las posesiones de la corona sueva hasta tierras de la provincia de la Cartaginense.

Con Requiario, hijo de Requila y que sucedió a su padre en el 448, continuó el esplendor militar de los suevos. Realzando numerosas expediciones militares contra la Tarraconense, logrando saquear Zaragoza y capturar Lleida. Estas campañas se encuadraban dentro de las campañas destinadas a poner fin a los movimientos de los bagaudas. Como agradecimiento a los servicios prestados al Imperio Requiario recibió la mano de la hija del rey visigodo Teodoredo. Al ser el nuevo soberano de religión católica provocó que se convirtieran la mayor parte de los suevos. Las relaciones del soberano suevo con el Imperio se estrecharon todavía más en el 453 cuando recibió la visita de los embajadores imperiales Mansueto y Fronton. Pero Requiario en contra de los deseos de Roma continuó con sus incursiones sobre la Tarraconense. Los éxitos militares de los suevos preocupó seriamente a Roma, que trató de frenar su avance con la ayuda de los visigodos.

La decadencia del reino suevo

El soberano visigodo Teodorico II con la ayuda de grupos de burgundios se introdujo en Hispania en el 456, enfrentándose y derrotando a los suevos a orillas del Órbigo, en las cercanías de Astorga. Los visigodos persiguieron a los fugitivos y saquearon Braga, donde capturaron al rey a quien ejecutaron. A la muerte de Requiario sucedió una época de anarquía que supuso el inicio de la decadencia del reino suevo. Entre el 457 y 460 reinó Maldras, quien fue proclamado por una parte del pueblo. Surgieron numerosos pretendientes al trono que se negaban a aceptar la legitimidad del nuevo soberano. Se inició una guerra civil que se prolongó por el espacio de tres años, y en el que jugaron un papel bastante activo los visigodos. De estos enfrentamientos resultó vencedor en el 460 Remismundo, quien fue reconocido como soberano de los suevos por los visigodos. Remismundo se enfrentó posteriormente al aspirante al trono Frumario. Esta situación le obligó a buscar la ayuda de los visigodos, con los que firmó un acuerdo de paz en el 464. En el 465 se hizo con el control del reino, aunque todavía siguieron activos algunos núcleos rebeldes, como el de los aunonenses.

Ese mismo año Teodorico II envió al reino suevo al obispo gálata Ayax, quien consiguió la conversión de los suevos al arrianismo. Se inició auspiciada por Remismundo una feroz persecución contra los católicos y los paganos de su reino. Entre el 469 y el 558 hay una laguna histórica debido a la escasez de fuentes. En el 558 se encontraba reinando sobre los suevos Teodomiro, quien se convirtió al catolicismo junto a su pueblo, debido principalmente a la acción apostólica de San Martín de Tours, sacerdote procedente de Pomania, a quien se le atribuía la curación milagrosa de uno de los hijos del soberano. La conversión de Teodomiro molestó a los visigodos, cuyo monarca Leovigildo atacó a los suevos. El rey suevo fue nombrado obispo metropolitano de Braga por los catolicos. En esta época también se produjo la predicación entre los suevos de San Martín de Dumio.

El sucesor de Teodomiro en el 570, su hijo Miro, gobernaba sobre un reino que se extendía por toda Galicia y la Lusitania situada al norte del Tajo. El rey convocó los concilios primero y segundo de Braga. Miro se enfrentó también con Leovigildo, por lo que apoyó las aspiraciones al trono visigodo del hijo del rey, Hermenegildo. Miro fue sucedido en el 583 por su hijo Eborico, quien fue depuesto un año mas tarde por Andeca, que para afianzar su poder se casó con la viuda de MIro, Sisegunda. Andeca fue derrotado por Leovigildo en Oporto y Braga, siendo obligado a retirarse a un monasterio. El reino suevo fue incorporado a las posesiones visigodas como una provincia más. En los dos años siguientes hubo una serie de rebeliones que fueron fácilmente sofocadas. Los restos de la población sueva acabó mezclándose con los visigodos y los hispanorromanos.

Breve descripción del Imperio Romano


LOS ORÍGENES DE ROMA. GRECIA EN ROMA

Roma, un minúsculo asentamiento en el siglo VIII a.C., fue expandiéndose progresivamente y acabó imponiéndose al mosaico de pueblos, lenguas y culturas que constituía la península Itálica.

Las dos mayores civilizaciones que coexistían en ella, la etrusca entre los ríos Arno y Tiber y la griega en la mitad sur de Italia (Magna Grecia), acabaron fundiéndose en el complejo fenómeno que conocemos como romanización.

En el periodo de la monarquía (hasta el 509 a.C.), y paulatinamente bajo la República, la influencia griega fue penetrando en Roma, que fue absorbiendo tradiciones foráneas que incidían, se sobreponían y se fundían con la autóctonas.

Roma bebió de las fuentes de la cultura griega y supo crear su propio lenguaje, sin perder de vista su objetivo principal: incorporar a su propia cultura todo aquello digno de ser mantenido y dedicarse al gobierno de su imperio.

LOS SIMBOLOS DEL IMPERIO. LOS EMPERADORES

Para regir semejante Imperio se necesitaba un potente aparato de Estado, con estructuras de gobierno estables y un sólido programa político.

Augusto, el primer emperador, reinó con el nombre de Imperator Caesar Divi filius Augustus . Con el tiempo, Imperator y Caesar estaban destinados a ser sinónimos del cargo y Caesar ha dado lugar a títulos de dirigentes absolutos como káiser; zar o shah. Su estructura política perduró a lo largo del Alto imperio a pesar del mal gobierno de algunos emperadores como Calígula y Nerón y al enfrentamiento con el Senado que practicó Domiciano.

En el 235 d.C. con el asesinato de Alejandro Severo finalizan las cuatro grandes dinastías y da inicio el Bajo Imperio o Antigüedad tardía.

Muchas veces se ha hecho referencia a las invasiones bárbaras para explicar el fin del imperio. Craso error: estas “invasiones” no son una causa sino una consecuencia, una muestra más del debilitamiento del poder imperial.

RELIGION

Con el culto al emperador, eficaz instrumento de propaganda, entronca la política con la religión, pilar básico del aparato estatal. Naturalmente, Roma tenía sus dioses, fruto de los numerosos cruces culturales. Bien es verdad que hay una tabla de equiparación entre los doce dioses olímpicos griegos y los romanos y que la tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva) es una transposición de Zeus, Hera y Atenea.

Con el devenir del tiempo se sumaron, integraron y asimilaron todos aquellos dioses propios de las zonas por las que Roma iba extendiendo su Imperio, en un proceso sincrético de encomiable amplitud de miras y tolerancia.

En el terreno privado, el culto doméstico de los Lares, dioses protectores de la casa, y de los Manes, dioses de la tumba, fueron referentes constantes para los romanos.

SOCIEDAD

Para conseguir poner todo este universo en movimiento no bastaba sólo un aparato de Estado con su cúpula de poder; tenía que asentarse sobre una amplia base social. La estrategia de los romanos consiguió ver e ir más allá de la conquista, ya que sentía la necesidad de organizar, dar nuevas estructuras e integrar a las diversas poblaciones de los territorios anexionados. De esta manera, una vía que ensayó con ahínco fue la de aproximarse y atraer a su causa a las élites urbanas.

Los ciudadanos romanos eran habitantes de pleno derecho y llevaban una prenda distintiva, la toga; las dos clases sociales superiores las constituían los senadores y los caballeros. Por debajo estaban los magistrados municipales. Después venían los hombres libres, los extranjeros, los libertos (que podían llegar a ser hombres de gran fortuna e influencia, sobre todos si eran libertos del propio emperador), y los esclavos.

ECONOMIA

Augusto tenía muy clara la meta de crear un nuevo orden y extender la pax romana ; para ello tenía que reestructurar las bases económicas, empezando por establecer un nuevo sistema monetario en el que la moneda reina era el áureo (aureus).

Una preocupación básica era asegurar el abastecimiento de Roma y la correcta intendencia del ejército. Se recurrió para ello a la praefectura annonae y los productos básicos eran el trigo y el aceite. El trigo provenía mayoritariamente de Egipto y el aceite de la Bética. También el vino tenía su papel protagonista.

La península Ibérica era rica en todo tipo de metales: oro, plata, plomo,. y mítica su riqueza desde la más remota Antigüedad.

Para dar salida a todos estos tipos de productos era evidentemente necesario contar con un buen sistema de distribución y una eficaz red de comunicaciones, tanto terrestres como marítimas y fluviales.

ARQUITECTURA, PAISAJE Y URBANISMO

La Roma republicana continuaba siendo una ciudad modesta con algunas zonas monumentales como el Capitolio.

Realmente las primeras construcciones en las que Roma volcó su ingenio y capacidad técnica fueron las utilitarias, al servicio de las grandes infraestructuras. Cabe destacar la importancia del hacedor de puentes, el pontifex . Los emperadores ejercerían el cargo de pontifex maximus , calificativo que continúa ostentando el papa hoy en día.

Augusto recibió una Roma de barro y devolvió una Roma de mármol. Se potenciaron las infraestructuras y no sólo Roma, sino todos los territorios del Imperio, vieron surgir nuevas ciudades y las antiguas fueron ennoblecidas y monumentalizadas.

A veces los edificios podían viajar desmontados y prácticamente acabados. No es, pues, nuestra civilización la inventora de la arquitectura prefabricada. como no lo es tampoco del hormigón ( opus caementicium ), el auténtico secreto de la resistencia, solidez, economía del tiempo y dinero y nuevas posibilidades constructivas.

JUEGOS, FIESTAS Y ESPECTÁCULOS

Bien conocida es la consigna panen et circenses como medio de tener contenta y apaciguada a la plebe romana.

El mayor de los circos fue el Máximo de Roma, con capacidad para 150000 espectadores. Después del pavoroso incendio del año 64 a.C., Nerón lo reconstruyó para albergar 250000 personas.

Los juegos escénicos tenían lugar en los teatros, ligados siempre a unas raíces religiosas. Eran edificios polivalentes en los que podía haber grandes asambleas de orientación política, y también escenarios idóneos para la exaltación del poder imperial.

En el anfiteatro, un doble teatro, ocurrían los espectáculos más sangrientos. Pero los ludi que gozaron de la mayor popularidad fueron los gladiadores .

Los juegos circenses podían durar varios días, con un coste altísimo y una amplia publicidad a base de carteles pintados sobre las paredes de espacios públicos.

LA CASA Y LA VIDA COTIDIA

Cuando hablamos de una casa romana nos imaginamos la casa urbana, unifamiliar (domus), con atrio y peristilo, del tipo de las excavadas en Pompeya, pero hemos de tener en cuenta que se trata de un modelo de casa muy confortable a la que no todos tenían acceso. Las residencias urbanas para el común de los mortales eran mucho más sencillas, como los pisos de alquiler en bloques de varias plantas (insulae).

Los romanos de la época imperial amaban el lujo y no tardaron en caer en un esnobismo que tiene sus puntos en común con nuestro mundo occidental. Tanto las domus como las villae de un cierto nivel tenían sus propias instalaciones de termas, suelos de mosaico, pinturas murales, piezas de mobiliario, en especial mesas con soportes que podían ser figurados, relojes de sol y objetos diversos.

EL MUNDO FUNERARIO

La visión del mundo del más allá para los romanos no era demasiado atractiva ni halagüeña: un oscuro y neblinoso infierno acogía las sombras de los que una vez habían sido. Se imaginaba la entrada a este mundo infraterreno a través del lago Averno, sinónimo por ello de infierno, situado en la Campania, en un territorio volcánico. Sus aguas oscuras y las emanaciones sulfurosas contribuían al enrarecimiento del ambiente y a crear un trasfondo de leyendas y misterios.

El recuerdo de los difuntos era un elemento básico y fundamental. La idea era perpetuar la propia imagen y que, mediante el recuerdo de las generaciones futuras, el difunto continuara vivo de alguna manera. El castigo o la relegación al olvido eran temidos porque significaban cortar el hilo de la continuidad en el mundo de los vivos. Y ello al más alto nivel.

EJÉRCITO

El ejército deriva del de la época republicana gracias a las reformas de Mario, fundador del ejército profesional y permanente y a las de Julio César a raiz de la guerra de las Galias.

La legión, su estructura básica, contaba con entre cinco y seis mil hombres, divididos en diez cohortes; cada cohorte comprendía tres manípulos y cada uno de ellos dos centurias, que por lo general se conocían por el nombre del centurión que las mandaba.

La marina tenia dos flotas con base en Miseno y en Ravena.

La creación de las tropas auxiliares de infantería (auxilia) fue un enorme acierto ya que se abrió una vía para la promoción personal de los indígenas, y el ejercito se convirtió en eficaz instrumento para lograr la integración.

Sin duda el soldado romano fue el mejor pertrechado de toda la Antigüedad, tanto en lo que se refiere a armas ofensivas como defensivas.

HISPANIA

La primera gran experiencia extraitálica emprendida por Roma se desarrolló en la península Ibérica, hasta el punto de que casi podríamos afirmar que Roma aprendió a serlo en Hispania.

En sus inicios no fue una conquista premeditada, tan sólo se pretendía cortar las retaguardia del ejército cartaginés de Aníbal que, rompiendo el tratado. Había tomado Sagunto y cruzado el Ebro, dirigiéndose hacia Italia.

Augusto dividió el territorio en tres grandes provincias Hispania Citerior, Hispania Baetica e Hispania Lusitania. Asimismo se abrió un amplio proceso de urbanización, de creación de infraestructuras, de adecuación de las vías de comunicación y de intensificación de las explotaciones de los recursos naturales.

En el año 98 d.C. accede al gobierno del Imperio el primer emperador nacido en una provincia: Trajano, originario de Itálica, destinado a ser considerado el optimus princeps y con el que el Imperio alcanzaría su máxima extensión.

Circo Romano / Coliseo


Circo romano

Esta construcción de la antigua Roma, y de los territorios dominados por ella, cuya utilidad era permitir la asistencia a diversos espectáculos tales como carreras de carros, actividades gimnásticas o luchas. El término también se refiere tanto a dichos espectáculos como al espacio estrictamente destinado a su desarrollo, es decir, sin incluir a las gradas destinadas a la ubicación del público. El circo fue una adaptación del hipódromo griego y estaba formado por un gran circuito para carreras de carros. Gradas de asientos rodeaban el ruedo excepto en la parte final, donde se localizaban los establos para los caballos y los carros. En el centro del circo, extendiéndose a lo largo, casi de extremo a extremo, había un muro bajo, la spina, alrededor del cual corrían los carros. Competían cuatro equipos que vestían de verde, rojo, azul y blanco representando los elementos, y cada uno conducía cuatro caballos representando las estaciones. Una carrera duraba siete vueltas y cada día había 24 carreras. Frecuentemente había disturbios, aunque se suponía que el “pan y circo” apaciguaba al pueblo, que en ocasiones podía demandarles a través de los candidatos políticos.

También existían otras distracciones en el circo, tales como combates entre gladiadores, entre bestias salvajes y entre hombres y bestias salvajes. En el 55 a.C. se dice que el general romano Pompeyo Magno patrocinó cinco días de juegos circenses durante los cuales se mató a quinientos leones y a veinte elefantes. El circo también se utilizaba como lugar para celebrar ceremonias imperiales, en las cuales el emperador aparecía ante su pueblo normalmente como parte de la celebración de una victoria militar o de su acceso al trono. Las ciudades que tenían circo, incluidas Roma, Tesalónica (Grecia), Sirmium (la actual Sremska Mitrovica, en Serbia) y Constantinopla, continuaron llamándolo hipódromo. El circo más conocido fue el Circo Máximo en Roma, construido hacia el 600 a.C., y ampliado por Julio César en el siglo I a.C. Sus dimensiones exteriores eran de 610 metros de largo y 190 de ancho, mientras la zona interior era aproximadamente de 564 metros de largo y 85 de ancho. Tenía capacidad para más de 300.000 espectadores.

En los siglos IV y V d.C., bajo la creciente influencia de la Iglesia, las distracciones que tradicionalmente habían tenido lugar en el circo dejaron de ser apreciadas y finalmente desaparecieron. Hacia el siglo VII d.C., los circos habían sido abandonados y fueron desmantelados para recuperar sus piedras o usados como vertederos de basura.


Coliseo

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Fue edificado dentro del enorme complejo del palacio de Nerón, la Domus Aurea, construida tras el incendio de Roma. Precisamente ocupó un espacio llano donde existía una laguna artificial, la Stagnum Neronis. Con esta y otras actuaciones se restituyeron a la hacienda pública los terrenos apropiados por Nerón.

Se desconoce la identidad del arquitecto del edificio, como ocurría en general con la mayoría de las obras romanas: las edificaciones públicas se erigían para mayor gloria de los emperadores. a lo largo de los años se han barajado los nombres de Rabirio, Severo, Gaudencio o incluso Apolodoro de Damasco, aunque se sabe que este útimo llegó a Roma en el año 105. Lo cierto es que su identidad sigue siendo un misterio.

Algunos historiadores creen que pudo haberse financiado gracias a la toma de Jerusalén en el año 70. Dio Casio afirma que se sacrificaron 5000 animales durante los 100 días que duraron los festejos de inauguración.

Procedencia del nombre

En cuanto a la procedencia de su nombre hay tres posibles soluciones. La teoría más aceptada es que se lo debe al coloso, una estatua de 40 metros de altura representando a Nerón. Siempre se ha creído que el nombre popular de coloseum provenía de esta estatua, aunque existen dudas al respecto. En la Edad media derivó en la forma coliseum, de la que proviene el nombre en castellano y otras lenguas romances.

Uso del edificio

El Coliseo albergó espectáculos como las venationes (peleas de animales) o los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales), así como las munera: peleas de gladiadores. Se calcula que en estos juegos murieron entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Siempre se ha especulado con que albergara la naumachiae, espectaculares batallas navales que requerían inundar la arena de agua, aunque de ser cierto, es probable que fuera en los primeros años, antes de construirse los sótanos bajo la arena.

Los juegos continuaron celebrándose hasta el año 404, en el que está documentada la última pelea de gladiadores. El ascenso del cristianismo como religión oficial puso fin gradualmente a los actos más sangrientos, manteniéndose los sacrificios de animales hasta el 523.

Descripción

El Anfiteatro Flavio es un enorme edificio ovalado de 189 metros de largo por 156 de ancho, y de 48 metros de altura, con un perímetro de la elíptica de 524 metros. Se suele decir que este edificio ha sido un modelo para los recintos deportivos modernos, ya que tiene un diseño ingenioso y soluciones eficaces a problemas actuales.

La arena

El terreno de juego propiamente dicho era un óvalo de 75 por 44 metros, y en realidad era una plataforma construida en madera y cubierta de arena. Todo el subsuelo era un complejo de túneles y mazmorras (el hipogeo) en el que se alojaba a los gladiadores, a los condenados y a los animales. El suelo disponía de varias trampillas y montacargas que comunicaban con el sótano y que podían ser usadas durante el espectáculo.

El plano de la arena tenía un completo sistema de drenaje, conectado a cuatro imponentes cloacas. Se ha sugerido que obedecen a la necesidad de evacuar el agua tras los espectáculos navales. Sin embargo parece ser que ya Domiciano, abandonando la idea de la naumaquia, pavimentó las cloacas y colocó en la arena los montacargas para los combates de gladiadores. La cubierta de madera ya no se conserva, con lo que todo el laberinto subterráneo permanece hoy al aire libre.

La estructura

El Coliseo fue la obra más grandiosa de la arquitectura romana, y en él se utilizaron las más variadas técnicas de construcción. Las pilastras y los arcos son de travertino colocado sin argamasa. En las partes inferiores y en los sótanos se empleó la toba del mismo modo. Muchos de estos sillares iban sujetos con grapas metálicas. Las bóvedas que sostienen la cávea se hicieron vertiendo argamasa de cemento directamente sobre cimbras de madera, una innovación que aligeraba la fábrica.

El hecho de que el edificio se ubicase sobre una laguna obligó a excavar hasta 14 metros de limos inservibles y realizar una cimentación de casi 13 metros de opus cementicium (hiladas de argamasa de cal y piedras alternadas).

La cávea

El amplio graderío interior estaba diferenciado en gradus, pisos reservados para las diferentes clases sociales:

En el podium,el primero de ellos, se sentaban los romanos más ilustres: los senadores, magistrados, sacerdotes y quizá las vestales. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la tribuna imperial (pulvinar), y otra reservada para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de protección y arqueros apostados regularmente.

El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,

El maenianum secundum, dividido en el imum para los ciudadanos ricos y el summum para los pobres.

En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.

Además, algunos órdenes sociales, como los tribunos, sacerdotes o la milicia, tenían sectores reservados.

El acceso desde los pasillos internos hasta las gradas se producía a través de los vomitorios, llamados así porque permitían salir una enorme cantidad de gente en poco tiempo. Estaba tan bien diseñado que los 50.000 espectadores podían ser evacuados en un poco más que cinco minutos.

La fachada

La fachada se articula en cuatro órdenes, cuyas alturas no se corresponden con los pisos interiores. Los tres órdenes inferiores los forman 80 arcos sobre pilastras, y con semicolumnas adosadas que soportan un entablamento puramente decorativo. El cuarto lo forma una pared ciega, con pilastras adosadas, y ventanas en uno de cada dos vanos.

Los órdenes de cada piso son sucesivamente toscano, jónico y corintio. El último piso tiene un estilo indefinido que fue catalogado en el siglo XVI como compuesto. Era corriente superponer estilos diferentes en pisos sucesivos, pero no era habitual hacer edificios con cuatro órdenes superpuestos. Las comunicaciones entre cada piso se realizaban a través de escaleras y galerías concéntricas.

El velario

El Coliseo contaba con una cubierta de tela desplegable accionada mediante poleas. Esta cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de alrededor, y eran accionados por un destacamento de marineros de la flota romana.

En la parte superior de la fachada se han identificado los huecos en los que se colocaban los 250 mástiles de madera que soportaban los cables. Al parecer las cuerdas se anclaban en el suelo, pues de otro modo los mástiles soportarían demasiado peso. A tal efecto había un anillo concéntrico de piedras o cipos situados a 18 metros de la fachada en la explanada exterior, y que también permitían el control del público para evitar aglomeraciones. La franja entre la fachada y los cipos estaba pavimentada con travertino.

Historia

La inauguración del Coliseo a cargo de Tito se realizó mediante la celebración de unos festejos que duraron cien días en los que murieron cerca de dos mil gladiadores.

Decadencia

Durante el papado de Gregorio I Magno muchos de los monumentos antiguos pasaron a manos de la Iglesia, que era la única autoridad efectiva. Sin embargo carecía de recursos para mantenerlos, por lo que cayeron en el abandono y el expolio. Durante la Edad Media, la decadencia de la ciudad afectó a todos los monumentos imperiales. Los terremotos de 801 y 847 provocaron grandes destrozos en un edificio prácticamente abandonado en las afueras de la ciudad medieval.

Cuando en 1084 el papa Gregorio VII fue expulsado de la ciudad, muchos monumentos cayeron en manos de familias nobles romanas, que los usaron como fortalezas. Es el caso del Coliseo, ocupado por los Frangipane, que lo convirtieron en el centro de su área de influencia. El Coliseo fue cambiando de manos hasta 1312, en que volvió a la Iglesia.

Durante la Edad Media se creía equivocadamente que el Coliseo había sido un templo dedicado a diversos dioses, como el Sol. La confusión podía provenir del coloso de Nerón, al que Vespasiano había cambiado la cabeza por la del dios Sol.

A lo largo de los siglos XV y XVI, el travertino que lo recubría fue arrancado para reutilizarlo en otras construcciones. Entre otras, se utilizó para el Palacio Barberini y para el Puerto de Ripetta. Un conocido dicho latino reza Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini (lo que no se atrevieron a hacer los bárbaros, lo hicieron los Barberini). También se utilizó para quemarlo y obtener cal. El expolio de piedras continuó hasta 1749, en que Benedicto XIV consagró los monumentos como iglesia pública en memoria de los mártires allí ejecutados (si bien se cree que la mayoría de éstos fueron martirizados en el Circo Máximo). Una de las últimas barbaridades que sufrió el Coliseo fue ser objeto de simbolizar el borrador de la historia de Italia por parte de los militares. La parte del edificio que falta en la primera foto fue una bomba caída en el mismo durante la segunda guerra mundial.

En el siglo XIX, por el contrario, comenzaron una serie de obras para estabilizar muchos monumentos antiguos. En 1820 se terminaron varios contrafuertes que son claramente distinguibles hoy día, y sin los cuales el edificio probablemente se habría derrumbado. Durante todo el siglo se sucedieron obras de consolidación y mejora, en un proceso que aún continúa.

El Coliseo en la actualidad

El Coliseo es sin duda uno de los grandes atractivos turísticos de Roma. Ha sido llevado al cine en múltiples ocasiones, destacando la increíble reconstrucción digital, poco fiel al original, que podíamos ver en Gladiator.

En 1980, la UNESCO declaró el centro histórico de Roma, incluido el Coliseo, Patrimonio de la Humanidad . Desde 2000, las autoridades mantienen el edificio iluminado durante 48 horas cada vez que en algún lugar del mundo se le conmuta o aplaza una sentencia de muerte a un condenado.

Millones de personas votaron en 2007 para que el Coliseo fuera nombrada una de las 7 nuevas Maravillas del mundo.


Acueducto de Segovia


El acueducto es el monumento más característico de la ciudad y la más impresionante obra de ingeniería de la época romana. Se desconoce la fecha exacta de su construcción, aunque es muy probable que corresponda a la segunda mitad del siglo I d.c. o principios del siguiente, en la época de Vespasiano y Trajano. Supuso la creación de una obra ciclópea urbana que se integra en su marco natural adaptándose rítmicamente al terreno, y que confiere al paisaje urbano una grandiosidad y monumentalidad indescriptible.

El acueducto trae el agua desde Riofrío hasta la ciudad de Segovia a lo largo de un recorrido de 17 km. Tiene una longitud de unos 958 m y una altura máxima de 28,50 m, a los que hay que añadir cerca de 3 m de cimientos en el tramo principal. En su estructura se distinguen cuatro tramos a partir del desarenador o decantador de las aguas:

  • La primera alineación está formada por 6 arcos de medio punto de tosca factura y una altura creciente de 2,40 m, en la parte superior. Sobre una cornisa que se apoya en las claves de los arcos, aparece el ático de mampostería que contiene el canal conductor del agua, que se mantiene en toda la obra con una sección en forma de U de 180 x 150 cm.
  • La segunda alineación está formada por 25 arcadas que, en gran parte, han sido reconstruidas probablemente en época de los Reyes Católicos.
  • La tercera, tiene un total de 44 arcadas, de ellas están reformadas las dieciséis primeras.
  • El cuarto tramo corresponde a la zona principal del Acueducto y está formado, también, por 44 arcadas superpuestas en dos pisos, salvo las dos de los extremos. En el piso superior los arcos tienen una luz de 5,10 m, algo mayor que en los arcos inferiores, y los pilares son de menor altura y grosor. Se remata con el ático por donde discurre el canal, adaptándose el piso inferior a los desniveles del terreno. En el piso inferior, los arcos tienen una luz que oscila alrededor de los 4,50 m y los pilares aumentan su grosor de manera escalonada, de abajo a arriba: en la coronación tiene una sección de 1,80 x 2,50 m, mientras que en la base llegan a alcanzar 2,40 x 3 m. Para su construcción se utilizó piedra berroqueña, granito de grano gordo y color cárdeno, para los sillares, muchos de ellos tallados ex profeso para el lugar que ocupan. Los sillares están labrados de forma tosca, unidos sin ningún tipo de argamasa y colocados a hueso. Desde el punto de vista estético, los romanos crearon una estética particular a partir de la combinación del muro con el hueco.

Esta asociación crea una imagen, fundamento de la estética utilizada en puentes y otras construcciones del imperio, en la que se equilibran el arco y el dintel, lo dinámico con lo estático, la idea de macizo y vano, de claro y oscuro que tan fructífera será para el futuro.

El magnífico monumento se ha mantenido en buen estado de conservación, sin grandes transformaciones, debido, en cierto modo, a la sobrecogedora y misteriosa grandeza de estructura que impone respeto y al hecho de que, aún en el siglo XX, continúa ejerciendo su función original.

La primera gran obra de reconstrucción debió realizarse en tiempos de los Reyes Católicos. El prior del monasterio de los Jerónimos del Parral, don Pedro de Mesa, fue el encargado de administrar las obras de reconstrucción entre los años 1484 al 1489, cuando se reedificaron 36 arcos, respetando al máximo la obra original, aunque algunos arcos tienen una leve tendencia a la forma apuntada y una labra menos tosca que la de los sillares romanos. En 1520 se reponen en los nichos del pilar central las estatuas de Nuestra Señora del Carmen y de San Sebastián por Antonio de la Jardina, ensayador de la Casa de la Moneda, y a su costa. En la actualidad, el estado de deterioro de la piedra por la contaminación atmosférica ha sido tan alarmante que el Estado, con la ayuda de otros organismos nacionales e internacionales, ha tenido que protegerlo mediante un minucioso proceso de restauración.

Fuente: Wiki, Espasa

La Provincia Romana de Britannia


Britania es el nombre que daban los romanos a la provincia que ocupaba el centro y sur de la actual isla de Gran Bretaña. Existió entre los siglos I y V, y abarcaba dos tercios de la isla de Gran Bretaña. Procopio de Cesárea la menciona también como Brita o Bretón. Los nombres serían derivados del pueblo de los Britanos. Ya antes las islas se mencionaban como islas Brites formadas por las principales Albión e Ierne (Irlanda). Britania sería un nombre aplicado a la parte romana en oposición a Caledonia (Escocia), no dominada

Britania en 410: División provincial en vísperas de las invasiones de jutos, anglos y sajones.

Los nombres Ostrimnides y Casitérides, probablemente de origen fenicio, no se sabe bien a donde pertenecen. Casitérides parece más bien Cornualles que las Islas Scilly pero otros dicen que fueron las Azores. Para Festo Avieno las Ostrimnides eran las islas Británicas mientras que para otros son las Scilly.

 

Localización de los muros de Adriano y Antonino.

Principales minas de metales en la Britania Romana

Las primeras noticias históricas de Britania dicen que el rey Divitiaco de los suesiones (una tribu belga) ejercía la soberanía sobre parte de la isla de Gran Bretaña. Más tarde fueron los Vénetos (de la región de Vannes) los que pidieron ayuda a Julio César contra los britanos.

Fuente: Wikipedia

Las Guerras Púnicas 264 a.C. al 146 a.C. | El Enfrentamiento entre Cartago y Roma


Las Guerras Púnicas es el nombre dado a los tres enfrentamientos bélicos que sostuvieron Roma y Cartago entre 264 y 146 a.C.

El combate directo de la I guerra púnica comenzó en Córcega y Sicilia (264 a.C.). En principio, Roma era una gran potencia terrestre y Cartago dominaba el mar, pero la primera aprovechó los astilleros de sus aliados griegos y consiguió construir una gran flota de guerra en poco tiempo. Además, dotó a las naves con dispositivos para facilitar el abordaje y, de esta forma, los guerreros romanos, expertos en la lucha cuerpo a cuerpo, pudieron adaptar rápidamente sus tácticas a las batallas navales y derrotaron a la flota cartaginesa en Mylae (260 a.C.) y Ecnomus (256 a.C.). En 255 a.C., un ejército romano desembarcó cerca de Cartago, pero quedó inmovilizado y hubo de capitular al año siguiente. Una nueva flota de guerra, que el Senado romano ordenó construir, consiguió en las islas Égates una victoria decisiva sobre Cartago, que perdió Sicilia y tuvo que pagar una fuerte indemnización. Una rebelión de mercenarios de Cartago fue aprovechada por Roma para adueñarse de Córcega y Cerdeña (238 a.C.). El mar Tirreno en esos momentos era romano. Privada de las tres grandes islas del Tirreno, Cartago consiguió reforzar su imperio al aumentar sus posesiones en la Península Ibérica. Amílcar Barca se apoderó de los yacimientos mineros de Andalucía occidental y su yerno Asdrúbal fundó la gran base naval de Cartago Nova (227 a.C.). Roma, temerosa siempre de la expansión cartaginesa, extendió su protección a las colonias griegas de la costa nororiental de la Península.

La II guerra púnica dio comienzo cuando el caudillo cartaginés Aníbal, ante la superioridad romana en el mar, atravesó los Pirineos y los Alpes hasta invadir el N de Italia. Tras la batalla del río Tesino (218 a.C.), los pueblos galos del valle del Po se sublevaron contra Roma, cuyos ejércitos fueron derrotados en Trebia. En 219 a.C., Aníbal volvió a vencer en el lago Trasimeno y en 216 a.C., tras la victoria de Cannas, quedó inmovilizado en Capua. Roma desplazó un considerable ejército a la retaguardia cartaginesa y consiguió dominar la parte NE de la Península Ibérica. Los romanos conquistaron Cartago Nova (209 a.C.) y expulsaron a los cartagineses de la Península tras la conquista de Gadir. La guerra tomó un nuevo giro cuando dos legiones romanas al mando de Publio Cornelio Escipión desembarcaron en Cartago. El choque definitivo en Zama (202 a.C.) significó la victoria absoluta de las tropas romanas, que exigieron a Cartago unas condiciones muy duras para firmar la paz.

La III guerra púnica (149-146 a.C.) se inició con las hostilidades entre el rey númida Masinisa, protegido por Roma, y Cartago. Esta última no tuvo más remedio que implicarse en una guerra que acabó con el asalto de la ciudad. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos, y su territorio se convirtió en la provincia romana de África.

 

Dacia y el Imperio Romano


Dacia es una región de Europa oriental, situada entre la ribera norte del bajo Danubio y los Cárpatos orientales, en territorios que coinciden parcialmente con los modernos países de Rumanía, Hungría, República Checa, Polonia y Ucrania y la antigua Yugoslavia. Representaba en la antigüedad el asentamiento de los dacios. También se empleó esporádicamente el nombre de Dacia para designar los territorios situados entre los ríos Seret y Vístula.

Las fuentes helenísticas y romanas nos presentan la Dacia como rica en minerales (plata, oro, hierro) y vino. Estaba habitada por un conjunto de pueblos que casi nunca alcanzó ningún tipo de unidad política. Los escitas, celtas y romanos (que culminaron su conquista en el año 106 d.C., en la época de Trajano), establecieron sucesivos dominios sobre estas tierras. Las victorias de este emperador romano sobre los dacios fueron representadas en el fuste de la Columna Trajana. En la época de Adriano, Dacia fue dividida en las provincias de Dacia Superior, que correspondía más o menos a Transilvania, y Dacia Inferior, en la actual región de Valaquia. En el año 159, Antonino Pío volvío a dividir la región en tres provincias: las tres Dacias (Porolissensis, Apulensis y Malvensis) subordinadas a un cónsul gobernador. En el año 168, Marco Aurelio convirtió las tres provincias en una única región militar. Pero su precaria y conflictiva situación geográfica, expuesta al paso de todos los pueblos bárbaros que estaban presionando de forma incontenible hacia Europa, obligó al emperador Aureliano a abandonar la Dacia hacia el año 270. Desde entonces, la región fue devastada por godos, gépidos, eslavos, ávaros, búlgaros, magiares, pechenegos y kumanos.