Tag Archive: La Tierra



ABC.es

  • Según un estudio publicado hoy, la gravedad de la Tierra, Venus y Júpiter bastaría para generar una débil oscilación en el Sol de gran importancia para la aparición de manchas y tormentas solares
 Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean. Proponen que podrían influir en la actividad del Sol - NASA/SDO

Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean. Proponen que podrían influir en la actividad del Sol – NASA/SDO

El ciclo de actividad solar es un fenómeno que se repite cada 11 años y del que depende la cantidad de manchas solares que aparecen sobre la superficie de la estrella. Como estas manchas están más frías que el entorno, este ciclo influye también en la cantidad de calor que llega a la Tierra. Aún hay muchas cosas por aprender sobre este complejo mecanismo, pero hoy en día se considera que depende del campo magnético solar.

Según un estudio publicado hoy en la revista «Solar Physics» por investigadores del «Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf» (HZDR), la atracción gravitatoria que resulta de la alineación de Venus, Júpiter y la Tierra influye en la actividad del Sol.

«Cada 11.07 años, el Sol, Venus, Júpiter y la Tierra se alinean», ha explicado en un comunicado Frank Stefani, primer autor del estudio e investigador en el HZDR. «Nos preguntamos si eso era una coincidencia, o si el ciclo solar está relacionado con el ciclo de conjunción u oposición de estos tres planetas».

Esta pregunta no es nueva, pero en el estudio presentado hoy por los investigadores se propone un nuevo mecanismo que en teoría es capaz de explicar esta influencia.

El Sol es una dinamo en la que el movimiento de las partículas cargadas del plasma generan un campo magnético. Este campo es creado por la llamada dinamo alfa-omega, un mecanismo que cada once años provoca que los polos del sol se inviertan (el Norte pasa al Sur y viceversa) y que además está relacionado con el ciclo de actividad solar. Este fenómeno provoca que la cantidad de manchas y de explosiones alcance tasas mínimas y máximas también cada 11 años.

Pero tal como ha averiguado el equipo de Stefani, este fenómeno de dinamo alfa está influido por ciertas oscilaciones que podrían provenir de los débiles efectos de marea de los planetas.

«Nuestros cálculos muestran que la atracción gravitatoria de los planetas actúa como una influencia externa. Esta oscilación en el efecto alfa, que se activa casi cada 11 años, podría causar la inversión de la polaridad del campo magnético solar y, finalmente, dictar el ciclo de 22 años de actividad de la dinamo solar», ha explicado Stefani.

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El Mundo.es

Recreación artística del planeta 2MASS J2126-8140 JAMES COOK / UNIV. HERTFORDSHIRE

Recreación artística del planeta 2MASS J2126-8140 JAMES COOK / UNIV. HERTFORDSHIRE

La Tierra tarda 365 días y seis horas en dar una vuelta alrededor del Sol. Un planeta gigante denominado 2MASS J2126-8140 necesita nada menos que un millón de años para completar una órbita alrededor de su estrella. Un equipo de astrónomos descubrió este particular sistema solar cuando hacían un censo de estrellas jóvenes y enanas marrones en regiones cercanas a la Tierra.

Se encontraron con un sistema solar que, según señalan en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, sería el más grande de los que han sido descubiertos hasta ahora. Y es que el planeta se encontraría a un billón de kilómetros de distancia de su estrella, de modo que su órbita es 140 veces más amplia de la que sigue Plutón cuando da la vuelta al Sol.

Hasta ahora, el sistema solar considerado más grande era tres veces más pequeño que éste, según señala Simon Murphy, coautor del artículo e investigador de la Universidad Nacional de Australia (ANU, por sus siglas en inglés).

Por lo que respecta al planeta, los científicos estiman que tiene una masa de entre 12 y 15 veces la de Júpiter. Los astrónomos creen que este sistema solar debió originarse hace entre 10 y 45 millones de años.


El Mundo

  • Cientos de personas han disfrutado del eclipse en el Planetario de Madrid
  • La fase principal, durante la cual la Luna se tornó rojiza, tuvo lugar entre las 4.11 y las 5.23


Hasta 2033 no veremos un fenómeno astronómico como el que hemos disfrutado esta madrugada. La Superluna, que esta noche nos parecía un 14% más grande y un 30% más brillante debido a su proximidad con la Tierra, se tornó rojiza pasadas las 4.30 horas durante el eclipse total lunar. La última vez que se dieron esas características fue en 1982.

“Los eclipses como éste sobrecogían a la gente en la antigüedad”, explicaba Antonio del Solar, el astrónomo del Planetario de Madrid que ha guiado y ha acompañado con sus explicaciones al medio millar de aficionados que, según la estimación de los organizadores del acto, se han acercado hasta la explanada del Parque Tierno Galván.

Sin el temor de entonces, pero también sobrecogidos por la belleza de este espectáculo astronómico, en Madrid hemos podido observar el eclipse en un cielo limpio de nubes en el que se dibujaban constelaciones como la de Orión, la estrella Sirio, o los planetas Marte o Venus. Y es que, puntero en mano, el astrónomo César González ha impartido una miniclase de astronomía bajo el firmamento. Los más afortunados, no obstante, han sido los que han podido verlo en zonas oscuras del campo, lejos de la iluminación de las ciudades.

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‘Luna de sangre’

A las 3.07 horas, la sombra de la Tierra empezó a tapar la Luna, que quedó inmersa en ella desde las 4.11 hasta las 5.23, es decir, durante una hora y 12 minutos. Fue a las 4.47 cuando el eclipse alcanzó su punto máximo y la Luna adquirió un tono rojizo, que hace que popularmente se llame a este fenómeno “luna de sangre”. Son los rayos del Sol refractados por la atmósfera de la Tierra los que le confieren ese color cobrizo.

“Ha sido un color rojizo un poco oscuro. Que sea más claro o más oscuro depende de la cantidad de partículas en suspensión que haya en la atmósfera de la Tierra. Por ejemplo, si hay emisiones volcánicas y hay mucho polvo, se ve más oscuro”, explicaba a EL MUNDO Asunción Sánchez, astrónoma y directora del Planetario de Madrid.

A las 6.10 horas, casi como si fuera una estrella y a 28.000 kilómetros por hora, cruzaba el cielo la Estación Espacial Internacional, el hogar de los astronautas en el espacio, situado a unos 400 kilómetros de la Tierra.

Poco después, a las 6.27 horas, la sombra proyectada por la Tierra fue desapareciendo por el limbo derecho de la Luna, que a las 7.22 volvió a la normalidad. Eso sí, visiblemente más brillante que una noche cualquiera debido a su proximidad con la Tierra (perigeo).

Amós, cubierto con una manta, y su amiga Eva, son dos de los madrileños a los que no les ha importado pasar la noche en vela para ver la Luna teñida de rojo: “Es la primera vez que venimos a ver un eclipse. Nos ha parecido que era muy algo especial, porque no se va a volver a repetir hasta dentro de muchos años”, relataba Eva.

Durante el acto en el Planetario de Madrid, organizado en colaboración con Obra Social La Caixa, la imagen de la evolución de la luna captada por el telescopio de la cúpula era proyectada en una pantalla.

Aunque el eclipse era perfectamente observable a simple vista, ayudaban a apreciar los detalles los telescopios como el que el astrónomo amateur Pedro González, de la Agrupación Astronómica de Madrid, ha llevado a la explanada.

Los cielos cubiertos en algunas zonas de España han impedido o dificultado disfrutar del fenómeno astronómico que, como ya viene siendo habitual, fue retransmitido por internet. Astrónomos del proyecto Gloria y del Instituto de Astrofísica de Canarias emitieron a través de sky-live.tv la señal del eclipse desde Tenerife, La Palma y Fuerteventura.


web

  • Hasta ahora existían árboles parciales de las especies sobre la Tierra
  • El publicado ahora abarca los 3.500 millones de años de vida en el planeta

 

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La Universidad de Duke, de Estados Unidos, junto a otros 11 centros, acaba de presentar en PNAS un primer borrador del ‘árbol de la vida’ con 2,3 millones de especies de animales, plantas, hongos y microbios conocidos.

El resultado es un recurso digital on line gratuito, que se asemeja a una ‘wikipedia de los árboles evolutivos’ por la que se puede navegar y que también es descargable en esta dirección https://tree.opentreeoflife.org.

El árbol representa las relaciones entre los seres vivos desde que se separaron evolutivamente entre sí hasta el comienzo de la vida en la Tierra hace más de 3.500 millones de años.

Decenas de miles de árboles más pequeños se han publicado en los últimos años para ciertas ramas del árbol de la vida –algunos con más de 100.000 especies– pero esta es la primera vez que esos resultados se han combinado en un solo árbol que abarca toda la vida.

“Este es el primer intento real de conectar los puntos y juntarlo todo”, explica Karen Cranston, de la Universidad de Duke. “Piensen en ello como la versión 1.0“, añade.

Comprender cómo las especies están relacionadas entre sí ayuda a descubrir nuevos fármacos, aumentar los rendimientos agrícolas y ganaderos, y traza los orígenes y la propagación de enfermedades infecciosas como el VIH, el ébola y la gripe.


ABC.es

  • Los teóricos del cataclismo final han predicho que, entre el 22 y el 28 de septiembre, una gran roca chocará contra la Tierra
NASA Dramatización de lo que sería el cataclismo final

NASA | Dramatización de lo que sería el cataclismo final

El cataclismo climático que destruirá la civilización se producirá dentro de algo más de tres meses según los teóricos de la conspiración que predicen, en diversos blogs y websites que el fin de los tiempos se acerca y tendrá lugar entre los días 22 y 28 de septiembre. Muchos son los teóricos de la Biblia que mantienen que ciertos sucesos llevarán al inicio de la «Gran Tribulación» de la que se habla en el Libro del Apocalipsis que llevará al «Armageddon».

Estas teorías, que sólo son seguidas por una minoría de iglesias y grupos, han sido descartadas por los científicos y afortunadamente para la Humanidad, casi todos los asteroides son destruidos por el enorme calor al que se ven sometidos al entrar en la Atmósfera y se descomponen en millones de esquirlas que se queman antes de tocar la tierra. Y, además, la NASA ha hecho de la detección de asteroides su gran prioridad.

Un portavoz de la NASA ha afirmado que no tienen conocimiento de «ningún asteroide o cometa en la trayectoria de la Tierra», por lo que las probabilidades de un choque es mínimo. «De hecho, -explica- y hasta donde sabemos, ningún objeto de grandes dimensiones es probable que choque contra la Tierra en los próximos cientos de años». Este organismo trabaja en desarrollar estrategias que ayuden a identificar asteroides que pudieran suponer un riesgo para nuestro planeta así como en elaborar sistemas de defensa ante tal situación.

Sin embargo, esto no ha conseguido frenar las teorías de la Conspiración que creen que un suceso natural provocará una catástrofe climática y los eventos llevarán al surgimiento del Nuevo Orden Mundial que proclaman los Illuminati. Muchos creen que ese suceso será un asteroide, del que los políticos ya están informados pero que esconden a la población.


La Vanguardia

  • Los astrónomos estiman que su tamaño puede variar de 12 a 40 metros
Recreación de un asteroide dirigiéndose hacia la Tierra GYI

Recreación de un asteroide dirigiéndose hacia la Tierra GYI

Madrid. (EUROPA PRESS).- El 12 de octubre de 2017 está previsto que el asteroide 2012 TC4 pase peligrosamente cerca de la Tierra. La distancia exacta de su aproximación más cercana es incierta, así como su tamaño.

Basándose en las observaciones, en octubre de 2012, cuando la roca espacial se aproximó a nuestro planeta, los astrónomos estimaron que su tamaño puede variar de 12 a 40 metros. El meteoro que explotó sobre la ciudad rusa de Chelyabinsk, en febrero de 2013, hiriendo a 1.500 personas y daños en más de 7.000 edificios, tenía unos 20 metros de ancho. Por lo tanto, el impacto de 2012 TC4 podría ser aún más devastador. “Es algo en lo que hay que mantener los ojos”, dijo a astrowatch.net Judit Györgyey-Ries, astrónoma del Observatorio McDonald de la Universidad de Texas. “Podríamos ver una explosión en el aire que tal vez rompa las ventanas, dependiendo de dónde ocurra.”

El asteroide del tamaño de una casa fue descubierto el 4 de octubre de 2012 por el Observatorio Pan-STARRS en Hawai. Una semana más tarde pasó a una distancia de 0.247 LD (distancia lunar), o 94.800 kilometros. 2012 TC4 es un objeto alargado y que gira rápidamente y se ha sabido que ha hecho muchos acercamientos a la Tierra en el pasado. Ahora, los científicos tratan de determinar la ruta exacta de 2017 y la probabilidad de un posible impacto. “Tiene un 0,00055% de probabilidad acumulada de que va a golpear”, dijo Györgyey-Ries. “El hecho de que la MOID (distancia mínima intersección órbita) está a sólo 0.079 LD le convierte en un posible impactador. Sin embargo, es sólo la menor distancia posible entre las órbitas.”

“Hay una entre un millón de posibilidades de que pueda llegar a nosotros”, dijo Detlef Koschny, jefe del Segmento de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) de la ESA. También trató de estimar el tamaño exacto del cuerpo celeste. El tamaño se estima a partir de la luminosidad, pero no sabemos la reflectividad, por lo que podría ser menor o mayor, aunque se asuma de 10 a 40 metros.

Un objeto de 40 metros compuesto de hierro podría pasar por la atmósfera y hacer un cráter. Un objeto rocoso de 10 metros apenas se notaría. Makoto Yoshikawa de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), miembro de la División de NEOs en la Unión Astronómica Internacional (IAU), está convencido de que el asteroide no representa ningún peligro para la Tierra. “La distancia es muy pequeña. Pero esta distancia no significa una colisión”, dijo.

Vigilancia de Asteroides de la NASA ha asegurado que no hay posibilidad de que este asteroide golpee nuestro planeta, pero Györgyey-Ries admite que se necesitan más observaciones para mitigar las incertidumbres. “A pesar de que tiene una gran incertidumbre a lo largo de la órbita, es mucho menor que la incertidumbre radial, por lo que sólo cambia la hora del sobrevuelo más cercano. Yo diría que en base a esto, no hay posibilidad de impacto en 2017, pero más observaciones podrían ayudar a reducir las incertidumbres “, dijo.

Hasta el 12 de abril, hay registrados 1.572 asteroides potencialmente peligrosos (PHA). Ninguno de los PHAs conocidos está en curso de colisión con nuestro planeta, aunque los astrónomos están descubriendo nuevas rocas continuamente.


El Pais

  • Un estudio concluye que es “bastante probable” que hubiese un descomunal choque entre planetas muy similares
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?

La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas

El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.

Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.

Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Naturese centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.


La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, segúnJosé Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.


El Mundo

  • El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia
  • La imagen inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’
La Tierra: un 'punto azul pálido'.

La Tierra: un ‘punto azul pálido’. NASA / Voyager 1

 

El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia. Esa imagen, en la que nuestro planeta aparece como un pequeño punto de luz inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’ y se convirtió rápidamente en una de las imágenes más emblemáticas e influyentes de la historia de la ciencia.

Hacia los confines del sistema solar

La sonda Vogayer 1 fue lanzada por la NASA en 1977 con el fin de explorar los planetas gigantes y las regiones más externas del sistema solar. En 1979 nos ofreció unas magníficas imágenes de Júpiter y sus lunas, y en 1980 del sistema de Saturno. Nunca antes se habían podido observar estos astros con tanto detalle. Aún hoy, después de más de 37 años, la nave sigue recibiendo comandos y enviando datos, aunque no imágenes. Se encuentra ahora saliendo del sistema solar, a unos 19.540 millones de kilómetros de distancia (esto es, unas 130 veces más lejos de la Tierra que el Sol), viajando a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora, y se espera que la nave siga funcionando hasta el año 2025 aproximadamente, cuando sus generadores termoeléctricos no sean ya capaces de suministrar energía para ninguno de sus instrumentos.

La sonda Voyager 1.NASA

Cuando la Voyager 1 había terminado su principal misión, en 1980, y ya se alejaba de Saturno, el gran astrónomo Carl Sagan hizo una sugerencia a NASA para que la nave dirigiese su cámara hacia la Tierra y tomase una última imagen de nuestro planeta. Sagan admitía en su propuesta que esa imagen no obtendría suficiente detalle para realizar un estudio científico de la Tierra, pero argumentaba que la imagen podría ser ilustrativa del lugar que ocupa el hombre en el universo.

Hubo división de opiniones en la NASA. Mientras muchos miembros del proyecto Voyager 1 eran favorables a la idea de Sagan, otros argumentaban que dirigir las cámaras hacia la Tierra, vista desde la nave en una dirección próxima a la del Sol, podría poner en peligro los detectores. La idea de Sagan tardó 10 años en llevarse a la práctica. En 1989, el proyecto Voyager 1 estaba acabándose y su personal se dispersaba. Sagan renovó su petición elevándola a las instancias más altas de NASA; si esa foto única no se tomaba entonces, se perdería la ocasión para siempre. Finalmente realizó la petición en persona al mismísimo Administrador de NASA, el piloto y astronauta Richard Trury, quien lideró esta Agencia entre 1989 y 1992.

Retrato de familia

Fue Trury quien intercedió para que se tomasen fotografías de los 6 planetas que eran visibles desde la Voyager 1 (Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), constituyendo así un ‘retrato de familia’ del sistema solar, un mosaico formado de 60 imágenes individuales. Como parte de este retrato, el 14 de febrero de 1990 las cámaras de Voyager 1 se orientaron hacia la Tierra. En ese momento, la Voyager 1 se encontraba a unos 6.050 millones de kilómetros de la Tierra (unas 40 veces más lejos que la Tierra del Sol).

Retrato de familia.NASA / Voyager 1

De las dos cámaras que equipaban la Voyager 1, se utilizó la de mayor resolución y pequeño campo de visión (la denominada ‘NA’ por ‘Narrow-Angle camera’) con varios filtros diferentes para obtener las imágenes más detalladas posibles de nuestro planeta. Y aún así, la Tierra solo resulta visible en tres de las imágenes (con filtros verde, azul y violeta) que fueron tomadas con tiempos de exposición de unas 5 a 7 décimas de segundo y que fueron combinadas para formar la imagen que es hoy mundialmente conocida como el ‘punto azul pálido’.

En la famosa imagen, la Tierra se ve a través de unas bandas luminosas que son efectos artificiales ocasionados por reflejos y por la difusión de la luz solar en diferentes partes de la cámara.

La Tierra y la Luna desde Marte.NASA

En 1994, Carl Sagan publicó su famoso libro ‘Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio’, y a partir del libro, se hizo a continuación un vídeo que dio la vuelta al mundo entero. Tanto en el libro como en el vídeo, con su estilo habitual, emocionado y entusiasta, Sagan reflexiona sobre el lugar del hombre en el universo, relativizando los problemas al ponerlos en un contexto cósmico. Ciertamente, la Tierra vista desde la lejanía, considerada como un objeto astronómico más, comunica eficazmente una idea de fragilidad.

Aunque con una masa superior a la suma de las de Mercurio, Venus y Marte, la Tierra es mucho más pequeña y ligera que los otros cuatro grandes planetas del sistema solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Pero comparada con todos los otros planetas del sistema, la Tierra posee características muy diferenciadoras. En contraste con las áridas superficies de los otros planetas rocosos, el 71 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por agua. Los efectos de dispersión y polarización de la luz solar en la atmósfera de la Tierra y en los océanos, son los que crean el pálido color azulado en la imagen.

La Tierra en los anillos de Saturno.NASA/JPL-Caltech/SSI

Pero naturalmente, lo que nos atrae del punto azul pálido es la toma de conciencia de que todos estamos ahí, de que ése es nuestro único hogar. La vida exuberante que se manifiesta por doquier en nuestro planeta nos aparece desde esa perspectiva como una característica extremadamente delicada. Es por ello que ésta, junto con otras imágenes de nuestro planeta tomadas desde el espacio, ha contribuido enormemente a construir una conciencia ecológica en el hombre.

Este punto azul pálido vuelve a recordarnos hoy que el hombre se enfrenta a unos retos sin precedentes. Por un lado el crecimiento de la población y el desarrollo imponen unas necesidades de recursos naturales que no cesan de crecer, y crecer de manera meteórica. Pero, por otro lado, según los científicos vienen repitiendo hasta la saciedad, la explotación masiva de los recursos naturales, tal y como se realiza hoy en día, claramente no es sostenible.

Las pautas de comportamiento que el hombre ha mantenido durante el último siglo no permitirán que el planeta y su actividad biológica perduren a largo plazo tal y como los conocemos hoy. Para mantener la calidad de vida de una población que crezca felizmente será indispensable modificar profundamente nuestras pautas de comportamiento. Mayor austeridad y mayor respeto hacia todos y cada uno de los componentes de la biosfera son los criterios esenciales para que nuestro punto azul pálido tenga posibilidades de perdurar exuberantemente habitado.

La Tierra desde el espacio

Desde la Luna.NASA / Apolo 8

La primera imagen emblemática del planeta Tierra fue la obtenida por la tripulación del Apolo 8 en 1968. Tras tres días de viaje, esta nave espacial tripulada por tres astronautas dio 10 vueltas a la Luna en unas 20 horas. El día de Nochebuena se realizó una emisión televisiva en la que se transmitió la primera imagen de la Tierra levantándose tras el horizonte de la superficie desolada de la Luna. Era la primera vez que se fotografiaba nuestro planeta desde otro cuerpo celeste.

En 1972, la NASA publicó otra imagen muy simbólica de la Tierra conocida como ‘la canica azul’. En esta imagen, tomada a una distancia de 45.000 kilómetros por los astronautas del Apolo 17, nuestro planeta aparece en todo su esplendor, completamente iluminado. En el año 2012, se hizo pública otra versión de ‘la canica azul’ que fue construida a partir de imágenes de alta resolución y con poca cobertura de nubes.

La ‘canica azul’.NASA / Apolo 17

Durante el año 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield desde la Estación Espacial Internacional estuvo tomando numerosas imágenes de la Tierra que distribuía en tiempo real por las redes sociales. Esas imágenes de ciudades y de lugares particularmente interesantes atrajeron la atención de millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta.

De entre las imágenes espaciales de la Tierra más recientes e impactantes cabe destacar la que tomó la sonda Cassini a través de los anillos de Saturno el 19 de julio de 2013, o la tomada por el robot Curiosity desde Marte el 31 de enero de 2014; en ambas se distinguen tanto la Tierra como la Luna. Pero ninguna de estas ha tenido el impacto que tuvo, y que sigue teniendo 25 años después, la imagen del ‘punto azul pálido’.

Los discos de oro de las Voyager

Las sondas Voyager 1 y 2 transportan discos de oro con saludos en 59 lenguas, sonidos, música e imágenes de diferentes culturas de la Tierra. Estos discos están pensados para durar millones de años, por si en algún momento fuesen encontrados por alguna civilización extraterrestre.

Discos de oro con saludos y sonidos de la Tierra.NASA

Naturalmente, la probabilidad de que otra civilización encuentre estos discos es extremadamente baja. En el caso en el que la trayectoria de uno de los Voyager pasase por una estrella cercana, el tiempo que tardaría en alcanzarla es de, al menos, 40.000 años. Por todo ello, estos discos no pueden considerarse como un intento realista de comunicarse con otras civilizaciones. Sin embargo, Carl Sagan opinaba que ‘el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta’.

El contenido de los discos fue definido por Carl Sagan junto con la directora creativa del proyecto, Ann Druyan. Durante estas tareas, Sagan y Druyan entablaron una relación que culminaría en matrimonio en 1981 y que duraría hasta la muerte de Sagan en 1996.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España. Twitter: @RafaelBachiller

 

Carl Sagan:

‘Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí -en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.’

‘Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.’


ABC.es

  • Los investigadores han profundizado hasta el centro mismo del planeta gracias a una nueva técnica para leer ondas sísmicas
Descubren un «núcleo dentro del núcleo» de la Tierra

Lachina Publishing Services La ilustración muestra que el núcleo interno de la Tierre tiene, a su vez, otro núcelo en su interior.

Un grupo de geólogos de las universidades de Illinois, en Estados Unidos, y de Nanjing, en China, acaba de anunciar en Nature Geosciences el descubrimiento de un segundo núcleo terrestre. O, más exactamente, de un núcleo dentro del núcleo de nuestro planeta.

El sorprendente hallazgo ha sido posible gracias a una nueva tecnología de interpretación y lectura de ondas sísmicas, que ha permitido a los investigadores profundizar hasta el centro mismo de la Tierra.

En palabras de Xiaodong Song, profesor de geología de la Universidad de Illinois y autor principal del estudio, “a pesar de que el núcleo terrestre es pequeño, más pequeño que la Luna, tiene algunas características muy interesantes que pueden decirnos cómo nuestro planeta llegó a formarse, cómo fue su historia y cómo tienen lugar los varios procesos dinámicos de la Tierra. Lo que ocurre en el núcleo da forma a nuestra comprensión de lo que sucede en las profundidades de la Tierra”.

Para llevar a cabo su trabajo, los investigadores usaron las ondas sísmicas de los terremotos y “escanearon” lo que sucede bajo la superficie, de un modo similar a como hacen los médicos que usan ultrasonidos para ver lo que sucede dentro de sus pacientes.

El equipo de Song utilizó una tecnología que obtiene datos no del choque inicial de un terremoto, sino de las ondas que resuenan en sus secuelas. Un terremoto es algo parecido a un martillo golpeando una campana: y de la misma forma en que un oyente escucha claramente el tono que resuena tras golpear la campana, los sensores sísmicos de los científicos recogen una señal coherente en la “coda” del terremoto.

El resultado es que esa señal, reforzada por la tecnología, “resulta tan clara y fuerte como la del campanazo principal”, explica Song. “La idea básica de este método lleva rondando a nuestro alrededor desde hace tiempo, y el mismo principio ya se ha utilizado para estudios llevados a cabo cerca de la superficie. Pero lo que nosotros buscamos es el camino hacia el centro de la Tierra”.

De otro material

Mirar a través del núcleo terrestre reveló una sorpresa en el centro del planeta, aunque no del tipo de la que imaginó Julio Verne. El núcleo interno, en efecto, del que se pensaba que era una sólida bola de hierro, ha resultado tener unas propiedades estructurales mucho más complejas de lo que se creía.

Los investigadores, en efecto, encontraron un “núcleo dentro del núcleo” que está perfectamente definido y que tiene cerca de la mitad del diámetro que el núcleo completo. Además, Song y su equipo se dieron cuenta de que los cristales de hierro de la “capa externa” del núcelo están alineados direccionalmente, de norte a sur, mientras que los del núcleo dentro del núcleo apuntan en su mayoría de este a oeste.

Pero no solo la alineación magnética de los cristales de hierro es diferente en ambas partes del núcleo, sino que se comportan, además, de forma muy distinta. Lo cual significa que el “núcleo dentro del núcleo” podría estar hecho de un tipo de material diferente.

“El hecho de que existan dos regiones que se distinguen tan claramente -explica Song- puede estar diciéndonos algo sobre cómo está evolucionando el núcleo interno de nuestro planeta. Por ejemplo, a lo largo de la historia del planeta, el núcleo interno podría haber tenido efectos dramáticos en el régimen de deformación terrestre. Y esa podría ser la clave para descifrar la evolución de nuestro mundo. Ahora estamos justo en el centro, literalmente, en el centro de la Tierra”.


El Mundo

  • Hallan un sistema formado por cinco planetas con tamaños parecidos al nuestro que nació hace 11.200 millones de años, cuando el Universo sólo tenia el 20% de su edad actual
  • Está situado a una distancia de 117 años luz de nuestro planeta
Recreación de la estrella Kepler-444 y los cinco planetas que la...

Recreación de la estrella Kepler-444 y los cinco planetas que la orbitan.TIAGO CAMPANTE/PETER DEVINE

Se podría decir que son los arqueólogos del cosmos. Con la ayuda de telescopios espaciales como Kepler, escrutinan nuestra galaxia buscando los objetos celestes más antiguos para intentar entender cómo se formaron los planetas. Un equipo internacional de científicos acaba de anunciar un importante hallazgo arqueológico en la Vía Láctea: han encontrado el sistema solar más antiguo con planetas de un tamaño parecido a la Tierra de los que han sido descubiertos hasta ahora. Lo llaman Kepler-444.

Este sistema planetario, situado a unos 117 años luz de distancia de la Tierra, nació hace 11.200 millones de años, cuando el Universo era bastante joven, pues apenas tenía el 20% de su edad actual.

Alberga, al menos, cinco mundos con tamaños parecidos al de la Tierra, que orbitan alrededor de una estrella denominada también Kepler-444. Es un 25% más pequeña que nuestro sol, bastante más fría y muy luminosa. Una de las más brillantes que ha detectado el telescopio de la NASA Kepler.

Para realizar este estudio, en el que han participado instituciones de EEUU, Reino Unido, Dinamarca, Portugal, Australia, Alemania e Italia, usaron datos recabados por él durante cuatro años. Según los científicos que han descubierto este antiquísimo sistema, los tamaños de estos cinco planetas oscilarían entre los de Mercurio y Venus.

Describen sus características esta semana en la revista Astrophysical Journal, en un estudio que pone de manifiesto cómo la formación de planetas como la Tierra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, comenzó mucho antes de que se originara nuestro sistema solar.

Vida en nuestra galaxia

Frente a los 11.200 millones de años que tiene la estrella Kepler-444, nuestro sol nació hace 4.500 millones de años, es decir, es casi dos veces y medio más joven. Kepler-444, aseguran los autores de este estudio, sería el sistema planetario más antiguo conocido que alberga mundos con tamaños parecidos al nuestro.

«Este descubrimiento tiene implicaciones de largo alcance. Ahora sabemos que planetas del tamaño de la Tierra han ido formándose a lo largo de la mayor parte de los 13.800 millones de años de historia que tiene el Universo», explica Tiago Campante, investigador de la Universidad de Birmingham y autor principal del estudio, en una nota de prensa del centro británico. Según afirma el estudio, este descubrimiento deja abierta la posibilidad de que hubiera existido vida antiguamente en nuestra galaxia.

Los cinco planetas que han detectado en torno a la estrella Kepler-444, sin embargo, no podrían albergar vida como la conocemos en la Tierra. Están tan cerca de ella que apenas tardan diez días en orbitarla, por lo que los científicos creen que se trata de mundos con temperaturas infernales, sin agua líquida y con altos niveles de radiación.

Este sistema se originó mucho antes que el nuestro: «Cuando la Tierra se formó, los planetas de ese sistema ya eran mas viejos de lo que la Tierra es en la actualidad. Este descubrimiento podría ayudarnos ahora a identificar el comienzo de lo que podríamos llamar ‘la era de la formación planetaria’», añade Tiago Campante.

«Éste es uno de los sistemas más antiguos que hay en nuestra galaxia. Kepler-444 pertenece a la primera generación de estrellas. Este sistema nos dice que ya había planetas formándose alrededor de estrellas 7.000 millones de años antes que nuestro sistema solar», señala Steve Kawaler, investigador de la Universidad del Estado de Iowa y coautor del estudio.

«Nunca habíamos visto algo así. El hecho de que se trate de una estrella tan antigua y con un gran número de planetas pequeños hace que sea un sistema muy especial», señala Daniel Huber, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Sidney.

Una estrella más fría que nuestro sol

El sistema solar Kepler-444 se encuentra muy lejos del nuestro, a 117 años luz de distancia. Según detallan los descubridores de este sistema, han podido localizarlo gracias a una técnica denominada astrosismología, que se utiliza desde hace un par de décadas y consiste en estudiar las oscilaciones o vibraciones que periódicamente se van produciendo en una estrella. Sería algo así como escuchar las resonancias naturales de un astro que son causadas por el sonido atrapado en él. Estas oscilaciones provocan cambios minúsculos o pulsaciones en su brillo, que permite a los científicos calcular su diámetro, su masa y su edad.

Así, sostienen que la estrella Kepler-444 es un 25% mas pequeña que nuestro sol, y «sustancialmente mas fría». Por lo que respecta a los planetas, los localizan gracias a las variaciones en la intensidad de la luz que se producen cuando el planeta pasa delante de la estrella. Esa pérdida de intensidad en la luz que emite la estrella permite a los astrofísicos calcular el tamaño del planeta.

«Los sistemas planetarios en torno a estrellas han sido algo común en nuestra galaxia durante mucho, mucho tiempo», añade Kawaler. Los científicos aseguran que este descubrimiento les ayudará a conocer mejor la Vía Láctea. Según subrayan, es ahora cuando están empezando a vislumbrar la variedad de entornos en nuestra galaxia que han conducido a la formación de pequeños mundos como el nuestro.

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