25 años del ‘punto azul pálido’


El Mundo

  • El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia
  • La imagen inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’
La Tierra: un 'punto azul pálido'.

La Tierra: un ‘punto azul pálido’. NASA / Voyager 1

 

El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia. Esa imagen, en la que nuestro planeta aparece como un pequeño punto de luz inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’ y se convirtió rápidamente en una de las imágenes más emblemáticas e influyentes de la historia de la ciencia.

Hacia los confines del sistema solar

La sonda Vogayer 1 fue lanzada por la NASA en 1977 con el fin de explorar los planetas gigantes y las regiones más externas del sistema solar. En 1979 nos ofreció unas magníficas imágenes de Júpiter y sus lunas, y en 1980 del sistema de Saturno. Nunca antes se habían podido observar estos astros con tanto detalle. Aún hoy, después de más de 37 años, la nave sigue recibiendo comandos y enviando datos, aunque no imágenes. Se encuentra ahora saliendo del sistema solar, a unos 19.540 millones de kilómetros de distancia (esto es, unas 130 veces más lejos de la Tierra que el Sol), viajando a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora, y se espera que la nave siga funcionando hasta el año 2025 aproximadamente, cuando sus generadores termoeléctricos no sean ya capaces de suministrar energía para ninguno de sus instrumentos.

La sonda Voyager 1.NASA

Cuando la Voyager 1 había terminado su principal misión, en 1980, y ya se alejaba de Saturno, el gran astrónomo Carl Sagan hizo una sugerencia a NASA para que la nave dirigiese su cámara hacia la Tierra y tomase una última imagen de nuestro planeta. Sagan admitía en su propuesta que esa imagen no obtendría suficiente detalle para realizar un estudio científico de la Tierra, pero argumentaba que la imagen podría ser ilustrativa del lugar que ocupa el hombre en el universo.

Hubo división de opiniones en la NASA. Mientras muchos miembros del proyecto Voyager 1 eran favorables a la idea de Sagan, otros argumentaban que dirigir las cámaras hacia la Tierra, vista desde la nave en una dirección próxima a la del Sol, podría poner en peligro los detectores. La idea de Sagan tardó 10 años en llevarse a la práctica. En 1989, el proyecto Voyager 1 estaba acabándose y su personal se dispersaba. Sagan renovó su petición elevándola a las instancias más altas de NASA; si esa foto única no se tomaba entonces, se perdería la ocasión para siempre. Finalmente realizó la petición en persona al mismísimo Administrador de NASA, el piloto y astronauta Richard Trury, quien lideró esta Agencia entre 1989 y 1992.

Retrato de familia

Fue Trury quien intercedió para que se tomasen fotografías de los 6 planetas que eran visibles desde la Voyager 1 (Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), constituyendo así un ‘retrato de familia’ del sistema solar, un mosaico formado de 60 imágenes individuales. Como parte de este retrato, el 14 de febrero de 1990 las cámaras de Voyager 1 se orientaron hacia la Tierra. En ese momento, la Voyager 1 se encontraba a unos 6.050 millones de kilómetros de la Tierra (unas 40 veces más lejos que la Tierra del Sol).

Retrato de familia.NASA / Voyager 1

De las dos cámaras que equipaban la Voyager 1, se utilizó la de mayor resolución y pequeño campo de visión (la denominada ‘NA’ por ‘Narrow-Angle camera’) con varios filtros diferentes para obtener las imágenes más detalladas posibles de nuestro planeta. Y aún así, la Tierra solo resulta visible en tres de las imágenes (con filtros verde, azul y violeta) que fueron tomadas con tiempos de exposición de unas 5 a 7 décimas de segundo y que fueron combinadas para formar la imagen que es hoy mundialmente conocida como el ‘punto azul pálido’.

En la famosa imagen, la Tierra se ve a través de unas bandas luminosas que son efectos artificiales ocasionados por reflejos y por la difusión de la luz solar en diferentes partes de la cámara.

La Tierra y la Luna desde Marte.NASA

En 1994, Carl Sagan publicó su famoso libro ‘Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio’, y a partir del libro, se hizo a continuación un vídeo que dio la vuelta al mundo entero. Tanto en el libro como en el vídeo, con su estilo habitual, emocionado y entusiasta, Sagan reflexiona sobre el lugar del hombre en el universo, relativizando los problemas al ponerlos en un contexto cósmico. Ciertamente, la Tierra vista desde la lejanía, considerada como un objeto astronómico más, comunica eficazmente una idea de fragilidad.

Aunque con una masa superior a la suma de las de Mercurio, Venus y Marte, la Tierra es mucho más pequeña y ligera que los otros cuatro grandes planetas del sistema solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Pero comparada con todos los otros planetas del sistema, la Tierra posee características muy diferenciadoras. En contraste con las áridas superficies de los otros planetas rocosos, el 71 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por agua. Los efectos de dispersión y polarización de la luz solar en la atmósfera de la Tierra y en los océanos, son los que crean el pálido color azulado en la imagen.

La Tierra en los anillos de Saturno.NASA/JPL-Caltech/SSI

Pero naturalmente, lo que nos atrae del punto azul pálido es la toma de conciencia de que todos estamos ahí, de que ése es nuestro único hogar. La vida exuberante que se manifiesta por doquier en nuestro planeta nos aparece desde esa perspectiva como una característica extremadamente delicada. Es por ello que ésta, junto con otras imágenes de nuestro planeta tomadas desde el espacio, ha contribuido enormemente a construir una conciencia ecológica en el hombre.

Este punto azul pálido vuelve a recordarnos hoy que el hombre se enfrenta a unos retos sin precedentes. Por un lado el crecimiento de la población y el desarrollo imponen unas necesidades de recursos naturales que no cesan de crecer, y crecer de manera meteórica. Pero, por otro lado, según los científicos vienen repitiendo hasta la saciedad, la explotación masiva de los recursos naturales, tal y como se realiza hoy en día, claramente no es sostenible.

Las pautas de comportamiento que el hombre ha mantenido durante el último siglo no permitirán que el planeta y su actividad biológica perduren a largo plazo tal y como los conocemos hoy. Para mantener la calidad de vida de una población que crezca felizmente será indispensable modificar profundamente nuestras pautas de comportamiento. Mayor austeridad y mayor respeto hacia todos y cada uno de los componentes de la biosfera son los criterios esenciales para que nuestro punto azul pálido tenga posibilidades de perdurar exuberantemente habitado.

La Tierra desde el espacio

Desde la Luna.NASA / Apolo 8

La primera imagen emblemática del planeta Tierra fue la obtenida por la tripulación del Apolo 8 en 1968. Tras tres días de viaje, esta nave espacial tripulada por tres astronautas dio 10 vueltas a la Luna en unas 20 horas. El día de Nochebuena se realizó una emisión televisiva en la que se transmitió la primera imagen de la Tierra levantándose tras el horizonte de la superficie desolada de la Luna. Era la primera vez que se fotografiaba nuestro planeta desde otro cuerpo celeste.

En 1972, la NASA publicó otra imagen muy simbólica de la Tierra conocida como ‘la canica azul’. En esta imagen, tomada a una distancia de 45.000 kilómetros por los astronautas del Apolo 17, nuestro planeta aparece en todo su esplendor, completamente iluminado. En el año 2012, se hizo pública otra versión de ‘la canica azul’ que fue construida a partir de imágenes de alta resolución y con poca cobertura de nubes.

La ‘canica azul’.NASA / Apolo 17

Durante el año 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield desde la Estación Espacial Internacional estuvo tomando numerosas imágenes de la Tierra que distribuía en tiempo real por las redes sociales. Esas imágenes de ciudades y de lugares particularmente interesantes atrajeron la atención de millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta.

De entre las imágenes espaciales de la Tierra más recientes e impactantes cabe destacar la que tomó la sonda Cassini a través de los anillos de Saturno el 19 de julio de 2013, o la tomada por el robot Curiosity desde Marte el 31 de enero de 2014; en ambas se distinguen tanto la Tierra como la Luna. Pero ninguna de estas ha tenido el impacto que tuvo, y que sigue teniendo 25 años después, la imagen del ‘punto azul pálido’.

Los discos de oro de las Voyager

Las sondas Voyager 1 y 2 transportan discos de oro con saludos en 59 lenguas, sonidos, música e imágenes de diferentes culturas de la Tierra. Estos discos están pensados para durar millones de años, por si en algún momento fuesen encontrados por alguna civilización extraterrestre.

Discos de oro con saludos y sonidos de la Tierra.NASA

Naturalmente, la probabilidad de que otra civilización encuentre estos discos es extremadamente baja. En el caso en el que la trayectoria de uno de los Voyager pasase por una estrella cercana, el tiempo que tardaría en alcanzarla es de, al menos, 40.000 años. Por todo ello, estos discos no pueden considerarse como un intento realista de comunicarse con otras civilizaciones. Sin embargo, Carl Sagan opinaba que ‘el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta’.

El contenido de los discos fue definido por Carl Sagan junto con la directora creativa del proyecto, Ann Druyan. Durante estas tareas, Sagan y Druyan entablaron una relación que culminaría en matrimonio en 1981 y que duraría hasta la muerte de Sagan en 1996.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España. Twitter: @RafaelBachiller

 

Carl Sagan:

‘Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí -en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.’

‘Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.’

La ciencia también se equivoca: diez grandes errores de mentes brillantes


El Confidencial

A nadie debería sorprenderle la idea de que la ciencia, a veces, se equivoca. O, mejor dicho, los científicos se equivocan. Va implícito en su método de trabajo: plantear una hipótesis e intentar demostrarla, convirtiéndola así en un modo de explicar la realidad que será válido hasta que aparezca una forma mejor, y consiga igualmente probarse.

Para avanzar en el conocimiento, los científicos aprenden a pensar distinto de los demás, a replantearse todo lo sabido hasta el momento y, sobre todo, a asumir riesgos. Una idea innovadora y diferente puede levantar desconfianza y siempre habrá quien corra a descalificarla. Pero en la ciencia, como en casi todo, el que no arriesga no gana.

De esto no se libra nadie, desde el becario más novato del laboratorio más humilde hasta los grandes científicos que la humanidad venera. Puesto que, como dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón, hacemos un repaso de grandes errores científicos que cometieron las mentes más brillantes.

La triple hélice del ADN, según Linus Pauling

En 1953, Francis Crick y James D. Watson publicaban el descubrimiento de la estructura del ADN, la famosa doble hélice, un trabajo que más adelante les valió el Premio Nobel. Ese mismo año, otro científico hacía su aportación a la materia. Una aportación que no podía estar más errada.

El químico Linus Pauling era una figura de renombre en su época: había ganado ya dos premios Nobel, e Isaac Asimov dijo de él que era “el químico más grande del siglo XX”. Pauling pidió en varias ocasiones a Crick y Watson que le dejasen ver las fotografías de fibras de ADN obtenidas por difracción de rayos X en las que basaron su trabajo (y que fueron tomadas por Rosanlind Franklin), pero la respuesta siempre fue negativa.

A pesar de no contar con la información esencial, Pauling propuso su modelo en un paper titulado A proposed structure for the nucleic acids que se publicó en la revista PNAS y que resultó tener muchos fallos. En vez de las dos tiras enroscadas en forma de hélice, que hoy los científicos conocen, aseguró que eran tres. Hay que decir que el propio Pauling no quedó muy convencido por su trabajo.

Crick y Watson sí pudieron leer el trabajo de Pauling, y se dieron cuenta de que había algo que no encajaba. Aunque erróneo, el trabajo del químico sirvió de inspiración para los que luego, esta vez sí, propusieron la doble hélice como esturctura correcta del ADN.

Kilómetros y millas, según la NASA

La historia de la Mars Climate Orbtier no es tanto la del error de una mente brillante, sino de un enorme malentendido entre dos equipos de mentes brillantes.

En septiembre de 1999, la sonda Mars Climate, diseñada y enviada para estudiar la superficie y la atmósfera del planeta vecino, se estrelló contra él, dejando a la NASA boquiabierta y ciertamente en ridículo. Según las explicaciones que dio después la agencia espacial estadounidense, el accidente fue culpa de un fallo de coordinación.

La compañía Lookheed Mardin Astronautics diseñó y fabricó el dispositivo. El laboratorio Jet Propulsion Laboratory creó y programó los sistemas de navegación. El problema es que la primera trabajó con el sistema métrico anglosajón, es decir, en millas, y el segundo con el Sistema Internacional, es decir, en kilómetros. Esto provocó que la trayectoria seguida por la sonda al aproximarse a Marte fuese errónea, y la nave se estrellase directamente contra la superficie del planeta rojo.

La Tierra es muy joven, según Lord Kelvin

Gracias a los avances en geología y física que tuvieron lugar en los siglos XIX y XX, hoy sabemos que la Tierra tiene aproximadamente 4.500 millones de años. Pero antes ya hubo otros intentos por determinar este dato, y a falta de información, los científicos se basaron en datos incompletos, que les llevaron a conclusiones erróneas.

Sir William Thomson ha pasado a la historia como Lord Kelvin, y sus contribuciones a la ciencia son notables. Suya es la escala de temperatura Kelvin, por ejemplo. En uno de sus estudios, Kelvin trató de utilizar la temperatura de la Tierra para calcular su edad.

Basó sus cálculos en la idea de que nuestro planeta nació como una gran bola líquida y caliente que se había ido enfriando poco a poco con el tiempo. De forma que intentó determinar cuánto tiempo le habría llevado alcanzar su actual temperatura. Su conclusión fue que la Tierra tenía entre 20 y 400 millones de años. Se quedó un poco corto.

El invierno nuclear, según Carl Sagan

El astrónomo Carl Sagan es una respetada figura dentro del mundo de la divulgación científica, y su trabajo se considera  un ejemplo a la hora de acercar la ciencia al público, pero también él metió la pata en alguna ocasión.

En 1983, junto a otros autores, publicó en la revista Science un artículo titulado Invierno nuclear: las consecuencias globales de múltiples explosiones nucleares, advirtiendo que una guerra nuclear podría elevar una densa nube de polvo a la atmósfera, cubriendo la Tierra y bloqueando la luz del sol. Esto podría provocar un cambio climático similar al que causó la extinción de los dinosaurios.

Científicos climáticos de todo el mundo acogieron este estudio con escepticismo, argumentando que el trabajo de Sagan pasaba por alto algunos factores, como que el polvo tendría que alcanzar las capas más altas de la atmósfera para no ser dispersado por la lluvia y otras precipitaciones.

En 1990, Sagan y los demás autores del artículo original publicaron una rectificación, reconociendo los fallos en sus cálculos y estableciendo que una guerra nuclear total podría reducir, como mucho, las temperaturas de los climas fríos a unos 2 grados de media, lo cual sería manejable para la especie humana.

La herencia, según Charles Darwin

Charles Darwin es sin discusión una de las mentes científicas que ha dado forma a nuestro mundo. Su teoría de la selección natural supuso una auténtica revolución en su época, y cambió la forma en que entendemos la evolución de las especies y la forma en que los rasgos genéticos pasan de generación en generación.

Y aun así, Darwin no terminó de dar en el clavo al idear su modelo. La idea que él y sus contemporáneos tenían de la herencia genética, la forma en que pasan esos rasgos de padres a hijos, hacía de hecho imposible la selección natural como él la concibió.

Si introduces un gato negro entre un millón de gatos blancos, la teoría de la herencia como mezcla diluiría el negro completamente. De ninguna forma obtendrías gatos negros

Como explica el astrofísico Mario Livio en LiveScience, en aquella época se creía que las características de la madre y del padre se mezclaban en el descendiente, “igual que una lata de pintura negra y otra blanca se mezclan y hacen gris”. Esto chocaba directamente con su teoría. “Si introduces un gato negro entre un millón de gatos blancos, la teoría de la herencia como mezcla diluiría el negro completamente. De ninguna forma obtendrías gatos negros”.

Hasta que no apareció Mendel con sus leyes, que se extendieron y fueron aceptadas hacia principios de 1900, no terminaron de encajar todas las piezas. Mendel proponía en su teoría que los rasgos de ambos progenitores se mezclan, más que como dos latas de pintura, como dos barajas de cartas: manteniendo su identidad, y expresándose una sobre la otra.

La teoría del estado estacionario, según Fred Hoyle

Aunque la del Big Bang es de momento solo una teoría, es el modelo de nacimiento del universo más comúnmente aceptado, y científicos de todo el mundo buscan la evidencia definitiva que la confirme. Pero antes del Big Bang, era otra la teoría que los científicos propusieron, y pasar de un modelo a otro nunca es fácil.

Fred Hoyle fue uno de los autores de la teoría del estado estacionario. Este modelo sugería que el universo se mantiene en un estado inmutable, que siempre lo ha hecho y siempre lo será. Puesto que ya se sabía que el universo se expande de forma constante, este modelo requería de una fuente de creación de materia para mantener su densidad.

Años después comenzó a tomar peso una teoría que chocaba directamente con la suya, ya que sugería que el universo nació en una sola y poderosísima explosión. Hoyle la contempló durante un momento, la apodó la teoría del Big Bang y la desechó inmediatamente, manteniéndose fiel a su teoría del estado estacionario. Y lo fue siempre, a pesar de que con el tiempo la comunidad científica fue aceptando mayoritariamente la nueva idea y descartando la vieja.

Los medicamentos homeopáticos funcionan ‘in vitro’, según Nature

El escepticismo de los científicos es uno de los pilares en los que basan su actividad: si algo es verdad, hay que demostrarlo y hasta entonces, todo lo que hay son teorías, más o menos sólidas. En el caso de la homeopatía, la demostración de su teoría brilla por su ausencia, más allá del efecto placebo.

El error fue publicar un artículo cuyos resultados no convencían ni al consejo editorial, ni a los encargados del ‘peer review’, ni a la comunidad científica en su conjunto

La revista Nature, un referente dentro de las publicaciones científicas y, en teoría, dirigida por mentes brillantes (por eso aparece en esta lista), publicó un artículo, liderado por el francés Jacques Benviste, que apoyaba el concepto de la homeopatía, ya que supuestamente probaba la eficacia de compuestos altamente diluídos en agua. De hecho, de ahí surgió el término memoria del agua, una de las bases de esta pseudociencia. Pero el propio equipo de Nature desconfiaba del estudio, ya que impuso a Benviste dos condiciones atípicas para su publicación: que otros laboratorios independientes corroborasen sus hallazgos y que personal seleccionado por la revista pudiese inspeccionar su laboratorio a posteriori.

El error no fue publicar un artículo sobre la homeopatía, sino publicar uno cuyos resultados no convencían ni al consejo editorial, ni a los encargados del peer review, ni a la comunidad científica en su conjunto. Pero es que además, poco después se hizo público que una multinacional de productos homeopáticos había cofinanciado el estudio, por lo que se daba un obvio conflicto de intereses. Otras revistas propusieron al autor repetir los experimentos a cambio de una generosa suma económica, pero éste se negó.

La constante cosmológica, según Albert Einstein

Cuando decíamos al principio de este artículo que hasta el mejor escribano echa un borrón, lo decíamos en serio. Albert Einstein es sin duda una de las mentes más brillantes de la historia, y hasta él cometió errores. En sus ecuaciones, que describían la teoría general de la relatividad y el funcionamiento de la fuerza de la gravedad, había un fallo importante.

Entre los términos que utilizó, estaba el de la constante cosmológica, que introdujo porque pensaba que el universo era algo estático, y con ella contrarrestaba la fuerza que ejercía la gravedad. Más adelante, cuando los científicos demostraron que el universo no es estático, sino que de hecho se expande, Einstein eliminó esa constante cosmológica de sus ecuaciones.

Y es ahí donde Einstein se equivocó. Después de su muerte, nuevos avances establecieron que no solo el universo se expande, sino que esa expansión se acelera con el tiempo. Para explicar por qué está ocurriendo, los científicos volvieron a incluir la constante cosmológica en las ecuaciones de la relatividad general.

Los neutrinos van más rápido que la luz, según OPERA

El experimento OPERA, que forma parte del CERN, es un experimento de física de partículas que fue diseñado para estudiar el fenómeno de la oscilación de los neutrinos. En el año 2011 saltó al escenario de la actualidad internacional cuando sus responsables anunciaron que habían detectado neutrinos superlumínicos, es decir, que viajaban más rápido que la luz.

Ambos efectos son contrapuestos, uno retrasa los neutrinos y otro los adelanta, por lo que no se puede saber cómo afectan a los resultados ya publicados

Pero poco después tuvieron que admitir que había un error en sus resultados. Como explicó el divulgador Francisco R. Villatoro en su blog, una mala conexión del enlace de fibra óptica entre el receptor de GPS y un reloj atómico causaba los 60 nanosegundos de adelanto de los neutrinos que los científicos del OPERA habían observado. Al ajustar ese enlace, el retraso se corregía. Pero además, existía otro fallo, relacionado con el oscilador que determinaba el momento exacto de llegada de los neutrinos a la meta.

“Ambos efectos son contrapuestos, uno retrasa los neutrinos y otro los adelanta, por lo que no se puede saber cómo afectan a los resultados ya publicados”, concluye Villatoro. Él mismo explica que la tecnología que se utiliza en este y otros experimentos de física de partículas es tan avanzada y compleja, con cientos de conectores y kilómetros de fibra óptica, que sería ineficaz desperdiciar recursos humanos en comprobar constantemente todo el equipo.

La fusión fría está aquí, según Stanley Pons y Martin Fleischmann

Aunque los químicos Stanley Pons y Martin Fleischmann, de la Universidad de Utah, no son especialmente brillantes, pero sí conocidos, puesto que la temática de su trabajo es una de las cuestiones en la que equipos de investigación del mundo entero trabajaron con ahínco: la fusión fría como fuente de energía. Por eso incluimos su metedura de pata en esta lista, porque hicieron a la comunidad científica levantar la cabeza con expectación para dejarles un sentimiento de chasco y decepción colectivos.

Ambos anunciaron en 1989 a bombo y platillo que los problemas energéticos del mundo estaban resueltos. Aseguraron que habían logrado desentrañar el proceso de fusión nuclear en el laboratorio a través de la electrólisis del óxido de deuterio. Según sus estudios, acercando lo suficiente el núcleo del deuterio a un electrodo hecho de paladio y platino, éstos se fusionaba, liberando energía. Si lo que decían era cierto, habían duplicado la fuente de energía del Sol en un tubo de ensayo.

El problema es que ningún otro científico en todo el mundo ha conseguido replicar el proceso que ellos describieron, y no será porque no lo han intentado. Y ésa es otra de las claves del método científico: los experimentos tienen que ser reproducibles por terceros con los mismos resultados, o no serán válidos.

La Tierra, un punto azul diminuto tras los anillos de Saturno


El Mundo

  • Es la primera imagen en las que son visibles a la vez
Imagen tomada desde Saturno el pasado 19 de julio. |

Imagen tomada desde Saturno el pasado 19 de julio. | NASA/JPL/SSI

Visto desde Saturno, como hubiera dicho Carl Sagan, nuestro hogar planetario es un diminuto punto azul en el inmenso océano del Cosmos. Así lo demuestra la espectacular imagen tomada por la sonda espacial Cassini, la primera en la que se ve simultáneamente al planeta de los anillos y sus lunas, junto a la Tierra, Venus y Marte, son visibles a la vez.

La nueva panorámica del majestuoso sistema de Saturno se acaba de presentar en el Newseum, en Washington. El equipo técnico de la Cassini tuvo que procesar hasta 141 fotos de gran ángulo para crear esta imagen panorámica, que abarca 651.591 kilómetros.

“En esta magnífica imagen, Cassini nos ha dado un universo de maravillas , afirmó Carolyn Porco, directora del equipo de imagen de la nave en el Instituto de Ciencia Espacial en Boulder, Colorado. “Y lo hizo en un día en el que personas de todo el mundo, simultáneamente, aplaudían por la profunda alegría de estar vivos en un pálido punto azul”.

Esta imagen es fruto de la campaña “Salude a Saturno“, que consistía en hacer una foto a la Tierra desde Saturno el pasado 19 de julio. Entonces, la NASA instó al público a buscar el planeta de los anillos en el firmamento para saludarle en el momento de la foto.

Otros puntos de interés que señala el mosaico obtenido es que la Tierra es un punto azul en el lado inferior derecho de Saturno y Venus es otro punto brillante, pero en la parte superior izquierda. Marte también aparece, como un punto rojo claro, sobre Venus. Las siete lunas de Saturno son visibles, incluso Encélado, que aparece en el lado izquierdo. Acercándose más a la imagen se puede ver a la Luna y la chorro de humo gélido que emana de su polo sur.

Cassini no toma muchas imágenes de la Tierra debido a que el Sol está demasiado cerca de nuestro planeta, lo que provoca que los detectores sensibles de la nave se obstruyan. El equipo de Cassini estaba esperando el momento en que el Sol se colocara detrás de Saturno. Esa oportunidad llegó el 19 de julio, y es la imagen que se ha difundido ahora.

Tranquilos, el mundo no se acaba (lo dice la NASA)


Terra.es

David Morrison, director del Centro Carl Sagan de la NASA, calificó de ‘fábrica de mentiras’ a todos los mitos que se publican acerca del fin del mundo.

“Se trata de una fábrica de mentiras”. “Por el hecho de que el calendario Maya culmine el 21 de diciembre del 2012 no significa el fin de la humanidad”,  manifestó Carl en conferencia de prensa.

Acerca de  la “mortal” alineación de planetas”, la NASA afimra que estos cuerpos espaciales se alinean todo el tiempo y no tienen efectos en la Tierra. “La única alineación que podría afectar a la Tierra es la de la Luna y Sol (por aumento de mareas), pero incluso en esa, su efecto es mínimo”, declaró Don Yeomans, investigador.

Otros mitos a los que restaron importancia son el de las llamaradas solares, que solo generan problemas en comunicaciones, el choque del planeta errante Nibiru con la Tierra, que es ficticio, el cambio de polos magnéticos, lo cual ocurre cada millón de años y ahora no es el caso, o los “tres días de oscuridad” que no tienen sustento