Primer borrador del ‘árbol de la vida’ al completo


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  • Hasta ahora existían árboles parciales de las especies sobre la Tierra
  • El publicado ahora abarca los 3.500 millones de años de vida en el planeta

 

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La Universidad de Duke, de Estados Unidos, junto a otros 11 centros, acaba de presentar en PNAS un primer borrador del ‘árbol de la vida’ con 2,3 millones de especies de animales, plantas, hongos y microbios conocidos.

El resultado es un recurso digital on line gratuito, que se asemeja a una ‘wikipedia de los árboles evolutivos’ por la que se puede navegar y que también es descargable en esta dirección https://tree.opentreeoflife.org.

El árbol representa las relaciones entre los seres vivos desde que se separaron evolutivamente entre sí hasta el comienzo de la vida en la Tierra hace más de 3.500 millones de años.

Decenas de miles de árboles más pequeños se han publicado en los últimos años para ciertas ramas del árbol de la vida –algunos con más de 100.000 especies– pero esta es la primera vez que esos resultados se han combinado en un solo árbol que abarca toda la vida.

“Este es el primer intento real de conectar los puntos y juntarlo todo”, explica Karen Cranston, de la Universidad de Duke. “Piensen en ello como la versión 1.0“, añade.

Comprender cómo las especies están relacionadas entre sí ayuda a descubrir nuevos fármacos, aumentar los rendimientos agrícolas y ganaderos, y traza los orígenes y la propagación de enfermedades infecciosas como el VIH, el ébola y la gripe.

Nueva misión de la NASA estudiará la luna de Júpiter que podría albergar vida


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  • La agencia estadounidense ya eligió los nueve instrumentos que irán a bordo de la nave, que analizará la superficie de la luna Europa durante un periodo de tres años

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WASHINGTON.- La NASA anunció hoy el inicio oficial del trabajo de su nueva misión, que viajará hasta Júpiter para estudiar una de sus lunas, Europa, el principal cuerpo del Sistema Solar que podría albergar vida, dadas sus condiciones ambientales.

La misión -que aún no tiene nombre- ya seleccionó los nueve instrumentos que irán a bordo de la nave y que buscarán obtener más información sobre la superficie de Europa y sus características.

Datos obtenidos por otra sonda de la agencia (Galileo) indican que bajo la cubierta de hielo encontrada en su superficie habría un océano que podría tener dos veces la cantidad de agua que se encuentra en la Tierra. La tésis es que con agua salada, un fondo marino rocoso y la energía y química del mar, Europa sería la mejor opción para encontrar vida fuera de la Tierra en el Sistema Solar.

La nueva misión consistiría en una sonda que funciona a través de energía solar y que realizaría 45 vuelos cercanos a Europa durante un periodo de tres años, con alturas que irían desde los 25 a los 2.700 kilómetros.

El año pasado la NASA hizo un llamado a universidades y centros de estudio para que presentaran ideas para el instrumental que irá a bordo. Llegaron 33 propuestas y se eligieron nueve, que incluyen magnetómetros para estudiar el grosor del hielo de Europa y la salinidad de su océano y una cámara que mapeará y captará imágenes de la superficie de la luna.

Por ahora no hay una fecha definida para el lanzamiento de la sonda.

El hallazgo de metano en meteoritos marcianos apunta a la posible existencia de vida


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  • Un equipo internacional de científicos sugiere que el metano encontrado podría ser utilizado como una fuente de alimento por formas rudimentarias de vida por debajo de la superficie de Marte

    abc | Imagen de un meteorito marciano

    abc | Imagen de un meteorito marciano

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto rastros de metano en varios meteoritos marcianos, lo que podría ser una posible pista en la búsqueda de vida en el planeta rojo. Estos científicos examinaron muestras de seis meteoritos de roca volcánica recuperados en la Tierrapero que se originaron en Marte. Los meteoritos contienen gases en la misma proporción y con la misma composición isotópica de la atmósfera marciana.

Todos estos restos también contenían metano, que se midió por aplastamiento de las rocas y haciendo pasar el gas que sale a través de un espectrómetro de masas. El equipo también examinó dos meteoritos no marcianos, que contenían cantidades menores de metano.

El descubrimiento apunta ala posibilidad de que el metano podría ser utilizado como una fuente de alimento por formas rudimentarias de vida debajo de la superficie de Marte. En la Tierra, los microbios hacen esto en una variedad de entornos.

El co-autor de la investigación, Sean McMahon, asociado postdoctoral en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale ha afirmado que «otros investigadores estarán dispuestos a replicar estos hallazgos utilizando herramientas de medición alternativas». A su juicio, los resultados obtenidos «probablemente serán utilizados por los astrobiólogos en modelos y experimentos encaminados a comprender, si la vida podría sobrevivir por debajo de la superficie de Marte en la actualidad».

Por su parte, el profesor de la Universidad de Aberdeen y director de la investigación John Parnell «una de las novedades más interesantes en la exploración de Marte ha sido la sugerencia de metano en la atmósfera de Marte». En esta línea, Sean MacMahon, ha añadido que las «misiones recientes de la NASA y la Agencia Espacial Europea, respectivamente, están viendo, sin embargo, que no está claro de dónde proviene el metano, e incluso de si realmente está allí. Sin embargo, nuestra investigación proporciona un fuerte indicio de que las rocas en Marte contienen una gran reserva de metano».

Y matiza que «incluso si el metano marciano no alimenta directamente a los microbios, puede señalar la presencia de un ambiente cálido húmedo, químicamente reactivo donde la vida podría prosperar».

¿Y si la vida tuvo un «origen caliente»?


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  • Investigadores estadounidenses han recreado en laboratorio las condiciones en las que se formaron los precursores moleculares del ADN

    NASA Ejemplo de explosión estelar

    NASA
    Ejemplo de explosión estelar

El ADN es sinónimo de vida pero ¿dónde y cómo se originó? Ese es, precisamente, uno de los mayores misterios a los que se enfrenta la Ciencia, y para resolverlo los investigadores han tratado hasta ahora de dar múltiples explicaciones.

Sin embargo, un equipo del Lawrence Berkeley National Lab, del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y de la Universidad de Hawaii, acaba de aportar una solución completamente nueva tratando de «recrear» en laboratorio las condiciones en las que pudieron llegar a formarse los precursores moleculares del ADN.

Precursores como son las pequeñas estructuras de carbono en forma de anillo y capaces de atrapar átomos de nitrógeno, componentes clave de las bases nucleicas que, a su vez, constituyen los bloques de construcción de la famosa doble hélice.

Por primera vez, este grupo de investigación ha logrado demostrar que los «puntos calientes» del Universo, como las zonas muy próximas a las estrellas, podrían ser excelentes lugares para la creación de estos anillos moleculares que contienen nitrógeno.

En un artículo recién publicado en Astrophysical Journal, el equipo describe con todo detalle el experimento en el que lograron recrear las condiciones existentes alrededor de estrellas moribundas ricas en carbono y hallaron las «rutas de formación» de estas importantes moléculas.

«Esta es la primera vez -afirma Musahid Ahmed, de la División de Ciencias Químicas del Berkeley Lab- que alguien se fija en una reacción caliente como esta». Y es que no resulta fácil para los átomos de carbono formar anillos que contengan nitrógeno. Este trabajo, sin embargo, muestra la posibilidad de que se produzca una reacción de fase en un gas caliente, algo que Ahmed ha bautizado como «la barbacoa cósmica».

Durante décadas, los astrónomos han apuntado sus telescopios al espacio en busca de estos pequeños anillos dobles de carbono nitrogenado. Pero solo se habían fijado en el espacio interestelar, muy lejos de las zonas más calientes. Y aunque los entornos más próximos a las propias estrellas se consideran desde hace tiempo como candidatos muy probables para la formación de estas importantes moléculas, nadie había pasado mucho tiempo buscando allí los anillos de carbono con nitrógeno.

Para recrear las condiciones reinantes cerca de una estrella, Ahmed y su colaborador, Ralf Kaiser, profesor de Química de la Universidad de Hawaii, junto al resto del equipo, recurrieron al instrumento Advanced Light Source (ALS) del Berkeley Lab.

En ALS, los investigadores utilizaron un dispositivo llamado «boquilla caliente», usado ya con éxito para estudiar la formación de hollín durante una combustión. Pero para este trabajo, la «boquilla caliente» se utilizó para simular las presiones y temperaturas en las cercanías de estrellas ricas en carbono. Para ello, los científicos inyectaron en la «boquilla caliente» un gas hecho de una molécula de carbono que contenía un átomo de nitrógeno y dos moléculas de acetileno.

«Boquilla caliente»

Después, usando la radiación sincrotón del ALS, el equipo observó el gas caliente para ver qué tipo de moléculas se formaban. Y hallaron que la «boquilla caliente», a más de 400 grados centígrados, transformaba el gas inicial en otro más complejo y cuyas moléculas eran las precursoras de las que estaban buscando.

«Existe una barrera energética para que esta reacción se produzca -explica Ahmed-. Pero se puede superar esa barrera tanto cerca de una estrella como en nuestra configuración experimental. Lo cual sugiere que a partir de ahora debemos empezar a buscar esas moléculas mucho más cerca de las estrellas y no en el vacío interestelar».

Los experimentos proporcionan evidencias muy convincentes de que las moléculas generadas pueden sintetizarse con facilidad en estos ambientes tan calurosos y después ser empujadas por los vientos estelares hasta el espacio vacío entre estrellas, donde han sido descubiertas por muchos investigadores.

«Una vez eyectadas al espacio -concluye por su parte Ralf Kaiser- estas moléculas pueden unirse en frías nubes moleculares, y condensarse en nanopartículas interestelares, donde pueden ser procesadas. Y esos procesos pueden llevar a una mayor complejidad, a moléculas relevantes desde el punto de vista biológico, como las nucleobases imprescindibles para la formación del ADN y el ARN».

La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas


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  • A su regreso a España tras la batalla, unos piratas asaltaron su barco. El escritor, en posesión de elogiosas cartas de don Juan de Austria y del nieto del Gran Capitán, fue tomado por un gran noble y se le puso un rescate desorbitado
La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas

ABC Ilustración que muestra a Miguel de Cervantes combatiendo en Lepanto

Apodado «el Manco de Lepanto», Miguel de Cervantes Saavedra quedó toda la vida sacudido por las consecuencias de dicha batalla. En ella perdió la movilidad de una mano, en ella se colmó de gloria y por ella fue capturado cuando regresaba a la península. Porque quizá solo alguien que ha sido privado de libertad puede hablar de ella con tanta lucidez, Cervantes dio forma durante su largo cautiverio a la más alta ocasión que los tiempos podrán leer: «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha».

Hijo de un hidalgo arruinado, Cervantes nació probablemente en Alcalá de Henares, dado que allí fue bautizado y ejerció su padre el oficio de cirujano durante una temporada. Su familia, de la cual se ha afirmado sin muchas pruebas que era judeoconversa por ambas líneas, deambuló por Castilla en busca de trabajo como cirujano para su padre, cuya situación económica nunca fue buena. Sin estudios universitarios, pero dispuesto a no ser más una carga para su familia, Cervantes se trasladó a Madrid en 1566, donde escribió sin mucho éxito varios poemas y mostró vivo interés por el teatro. Una providencia de Felipe II de 1569 ordenó prender al castellano –que se había hecho discípulo de López de Hoyos– acusado de herir en un duelo al maestro de obras Antonio Sigura. Como haría Lope de Vega, Alonso de Contreras o Calderón de la Barca tiempo después, el hidalgo se alistó en los tercios de Flandes para prevenirse de la persecución del Rey, quien firmaba encantado sumar otro infante a su incansable maquinaria bélica.

Destinado en la eterna guerra de Flandes, el Tercio del capitán Lope de Figueroa, en el que servía y mucho después lo haría Lope de Vega, fue reclamado para tomar parte en la llamada Santa Liga, que se proponía presentar duelo al Imperio Otomano. La actuación de los tercios embarcados en esta lucha es bien conocida. A grandes rasgos, la infantería español sostuvo la victoria, en lo que se convirtió en una batalla terrestre sobre las cubiertas de las galeras; y en concreto, el Tercio de Figueroa jugó un papel determinante.

La compañía de Cervantes, dirigida por Diego de Urbina, que armaba una galera llamada «la Marquesa», soportó uno de los ataques de mayor crudeza que recibió la armada cristiana. Cuando la batalla parecía terminada, el almirante Uluch Alí –responsable del flanco izquierdo musulmán– dejó atrás a Juan Andrea Doria, con el que había protagonizado un alarde de maniobras en dirección al mar abierto, y cargó junto a sus galeras a todo bajel que encontró de costado. En realidad, el comandante turco no guardaba ya esperanzas de vencer en aquella jornada, pero buscaba un buen botín antes de acometer su retirada definitiva. Entre las seis galeras que se llevaron la peor parte, estaban la capitana de la Orden de Malta y «la Marquesa» donde combatía Cervantes.

«La Marquesa» fue víctima de una sangría de la cual solo Cervantes y unos pocos pudieron salir con vida. El joven escritor de Alcalá de Henares se encontraba con fiebre en la bodega del barco cuando fue informado de que el combate amenazaba con engullirlos. «Señores, ¿qué se diría de Miguel de Cervantes cuando hasta hoy he servido a Su Majestad en todas las ocasiones de guerra que se han ofrecido? Y así no haré menos en esta jornada, enfermo y con calentura», bramó según la leyenda el escritor de solo veintiún años, que, pese a las protestas de su capitán, fue puesto a cargo de 12 soldados y situado en la zona de proa, allí donde corría más sangre.

Cervantes fue herido por dos veces en el pecho y por una en el brazo. Aunque no fue necesario amputación, el escritor perdió la movilidad de la mano izquierdo «para gloria de la diestra». La estoica resistencia de Cervantes inspiró al resto de soldados a aguantar hasta la llegada de Álvaro de Bazán, quien desde la retaguardia se dedicó a reforzar los puntos críticos durante toda la batalla. Fue entonces cuando, aprovechando el viento a favor, Uluch Alí emprendió su huida del golfo de Lepanto, que a esas alturas era un rojizo reguero de muerte.

Preso durante 5 años: fugas y castigos

Tras la contienda, el aprendiz de poeta dejó la compañía de Urbina para pasar a la de Ponce de León. Con esta unidad, como soldado aventajado –tenía un complemento extra de sueldo por distinguirse en batalla–, participó en las conquistas de la isla de Navarín, Túnez, La Goleta y Corfú. En 1575, el soldado madrileño pidió licencia para regresar a España después de seis años de combatir en los ejércitos del Rey.

La bizarra actuación del «Manco de Lepanto» (llamado así aunque solo perdió la movilidad de la mano) no había pasado desapercibida para el almirante capitán don Juan de Austria, quien le dedicó una elogiosa carta que, por seguro, le hubiera garantizado patente de capitán en la corte de Felipe II. Es decir, el derecho a reclamar al Rey una compañía de soldados. Sin embargo, la galera en la que regresaba fue embestida por piratas berberiscos cerca de la costa catalana. El escritor –en posesión de la valiosa carta y otra en idénticos términos del duque de Sessa, nieto del Gran Capitán– fue tomado por un gran noble, y, en consecuencia, por un cautivo de enorme valor. Los corsarios pusieron un precio de quinientos ducados, más de dos kilos de oro, que por supuesto ninguno de sus familiares podía pagar.

Cervantes fue trasladado a Argel, donde se encontraban presos otros 30.000 cristianos. Un año después de su llegada, el joven madrileño encabezó una fuga con el propósito de llegar a la plaza española de Orán. No obstante, el puñado de españoles fugados fue capturado al poco tiempo, y su cabecilla castigado a llevar siempre grilletes de hierro. Lo cual no evitó que en 1577 volviera a escaparse y se escondiera durante cinco meses en una cueva hasta que un renegado reveló su posición. En 1578, Cervantes organizó una sublevación de cautivos que fue apagada antes de empezar, cuando se descubrió una carta suya pidiendo el apoyo del gobernador español de Orán. Y como si quisiera promediar una fuga por año, en 1579, estuvo detrás de una huida de sesenta españoles en barco que también se malogró por el chivatazo de un renegado.

La actitud de Cervantes y su alto precio llevaron al bajá de Argel a pedir su traslado a Constantinopla, donde jamás había escapado ningún cautivo. No en vano, días antes de ser enviado a la capital turca, unos sacerdotes trinitarios, la misma orden que rige el convento donde hoy reposan sus restos mortales, pagaron los quinientos ducados.

A su regreso a España en 1580, el Rey lo recibió en persona y le encomendó un último servicio militar: viajar a Orán como agente secreto para recabar información. Con 33 años, Cervantes dio por finalizada su etapa de soldado y se estableció en Castilla. En total había estado 5 años encerrado en Argel, pero todavía iba a pasar media docena de veces por prisiones españolas. En varias ocasiones por requisar grano perteneciente a la Iglesia para abastecer a la Armada Invencible, acción que también le causó dos excomuniones. Sus largas estancias en prisión, paradójicamente, le proporcionaron el tiempo y la perspectiva para desarrollar su prodigiosa obra literaria.

¿Cómo saber si son los huesos de Cervantes?

Crean en laboratorio un posible precursor de la vida


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  • Investigadores daneses dan un nuevo paso para diseñar de sistemas vivientes artificiales
Crean en laboratorio un posible precursor de la vida

Archivo | Interior de una célula

¿Cómo surgió la vida? Se trata de una de las grandes cuestiones de la Ciencia y, hoy por hoy, no tiene aún una respuesta clara. ¿Y podrían los científicos crear vida en sus laboratorios? En este sentido, se han llevado a cabo ya un buen número de experimentos, pero los resultados, hasta ahora, no han sido concluyentes. El origen de la vida, sin embargo, no es algo que interese solo a los biólogos, sino también a los investigadores que se dedican al desarrollo de las tecnologías del futuro. Si fuera posible crear sistemas vivientes artificiales, no solo se lograría comprender cómo pudo originarse la vida, sino que se revolucionaría el futuro de la tecnología.

Las protocélulas son los sistemas vivientes más simples y primitivos que existen. De hecho, el precursor más antiguo de la vida en la Tierra fue una protocélula, y ese es precisamente el motivo por el que estos organismos fascinan a los científicos de todo el mundo. Si la Ciencia pudiera crear una protocélula, se habrían conseguido las bases para crear formas de vida artificial más avanzadas.

No se trata de una tarea sencilla, y hasta el momento nadie ha conseguido aún llevar a cabo esa hazaña científica. Uno de los principales desafíos para conseguirlo es el de crear las cadenas de información que deberán heredar los descendientes de esa primera célula, o protocélula. Una información que los organismos vivientes transmiten a través del ADN y el ARN y que es imprescindible, también, para controlar el metabolismo celular y para dar a las células las instrucciones de cómo deben dividirse.

Ahora, un grupo de investigadores de los departamentos de Física, Química, Farmacia y del Centro de Tecnologías Vivientes Fundamentales (FLINT) de la Universidad del Sur de Dinamarca, describen en un artículo publicado en Europhysics Letters cómo han logrado descubrir algunas de esas líneas de información gracias a un modelo computerizado.

Para Steen Rasmussen, director del FLINT, “Hallar los mecanismos para crear cadenas de información resulta esencial para los investigadores que trabajan en vida artificial“.

Rasmussen y sus colegas se han tenido que enfrentar a dos problemas. Primero, que las cadenas moleculares muy largas se descomponen en el agua, lo que significa que las cadenas de información demasiado largas se rompen muy deprisa en presencia del líquido elemento, y dan lugar a una serie de cadenas más cortas. Y segundo, resulta muy difícil conseguir que estas moléculas se repliquen sin utilizar enzimas modernas. Resulta más sencillo llevar a cabo una “ligadura”, esto es, combinar dos cadenas cortas en una más larga. Y ese es precisamente el mecanismo utilizado por los investigadores.

“En nuestra simulación informática -explica Rasmussen- o dicho de otra forma, en nuestro laboratorio molecular virtual, las cadenas de información empiezan a replicarse más deprisa y de forma más eficiente de lo que esperábamos. Sin embargo, nos llamó mucho la atención comprobar que se desarrollaban rápidamente y por igual el mismo número de cadenas de información cortas y largas, y que en el proceso se apreciaba, además, un fuerte patrón selectivo. Pudimos ver, en efecto, que solo patrones muy específicos de información de las cadenas podían encontrarse en las cadenas supervivientes. ¿Cómo podía darse esta selección tan coordinada, cuando nosotros no la habíamos programado? La explicación hay que buscarla en el modo en que las cadenas interactúan unas con otras”.

Como en una sociedad

Según Rasmussen, se creó una “red autocatalítica autoorganizada” en el interior de la probeta virtual en la que él y sus colegas habían colocado los ingredientes para que se formaran las cadenas de información. Una red autocatalítica es una red de moléculas que catalizan las unas lo que producen las otras. Cada molécula puede formarse a partir de por lo menos una reacción química en la red, y cada reacción puede ser catalizada por lo menos por otra molécula de la red. El proceso dará lugar a una red que muestra una forma primitiva de metabolismo y un sistema de información que se replica a sí mismo generación tras generación.

“Una red autocatalítica -afirma Rasmussen- trabaja como una comunidad. Cada molécula es un ciudadano que interactúa con otros ciudadanos y todos juntos ayudan a crear una sociedad”.

La red autocatalítica observada por los investigadores evolucionó ràpidamente a un estado en el que las cadenas de cualquier longitud existían en concentraciones iguales, lo cual es poco común de ver.

“Podríamos haber descubierto un proceso similar a los que dieron origen a las primeras formas de vida -sostiene el investigador-. Aunque, por supuesto, no sabemos si la vida se originó de esta manera, aunque sí que podría haber sido uno de los pasos. Puede que un proceso similar creara una concentración lo suficientemente alta de cadenas de información largas como para que surgiera la primera protocélula”.

Pero los mecanismos de formación y selección de cadenas de información no interesan solo a los investigadores que estudian el origen de las protocélulas. Sino que resultan del máximo interés para los que trabajan en las tecnologías del futuro.

Para Rasmussen, “buscamos maneras de desarrollar tecnología que se base en los mismos procesos que la vida. Si lo conseguimos, tendremos un mundo en el que los dispositivos tecnológicos podrán repararse a sí mismos, desarrollar propiedades nuevas y ser reutilizados.”

¿Una señal de vida en un meteorito marciano?


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  • El pequeño fragmento de 1.300 millones de años contiene una estructura similar al fósil de una célula terrestre que albergó agua en el pasado
¿Una señal de vida en un meteorito marciano?

Meteorito de Nakhla

¿Una señal de vida en un meteorito marciano?

Dos lados del meteorito

Una estructura muy similar a una célula que contuvo agua alguna vez hallada en un pequeño fragmento de meteorito marciano de 1.300 millones de años puede ser un nuevo indicio de que Marte albergó vida en el pasado. La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Manchester (Reino Unido) y la Universidad Técnica Nacional de Atenas, se publica en el último número de la revista Astrobiology.

Mientras investigaba el meteorito marciano, conocido como Nakhla y que cayó en Egitpo en 1911, Elias Chatzitheodoridis descubrió algo inusual incrustado profundamente dentro de la roca. En un intento de entender lo que era, consultó al profesor Ian Lyon, de la Universidad de Manchester.

«En muchos aspectos, (la estructura) se parecía a una célula biológica fósil de la Tierra, pero lo intrigante es que, sin ninguna duda, era de Marte. Nuestra investigación encontró que probablemente no era una célula, pero que alguna vez había contenido agua; agua que se había calentado, probablemente como resultado del impacto de un asteroide», explica Lyon.

Según publica la Universidad de Manchester en un comunicado, estos hallazgos son importantes porque se suman a la creciente evidencia de que bajo su superficie, Marte tiene todas las condiciones para que la vida se formara y se desarrollara. También se suma a las evidencias existentes que sugieren que grandes asteroides golpearon el Planeta rojo en el pasado y crearon fuentes hidrotermales de larga duración que pudieron alimentar la vida, incluso en épocas posteriores, si es que la vida llegó a surgir en ellos alguna vez.

En forma de bacterias

Como parte de la investigación, la extraña estructura fue fotografiada con un detalle sin precedentes, en alta resolución, que permitió ver las capas atómicas de los materiales dentro del meteorito.

«Hemos sido capaces de demostrar que el escenario para que surja la vida está ahí. No es demasiado frío, ni demasiado duro. La vida tal como la conocemos, en forma de bacterias, por ejemplo, pudo estar ahí, aunque no la hemos encontrado todavía. Se trata de unir las piezas del rompecabezas de la vida en Marte, que pudo haber existido y que podría existir todavía en alguna forma», dice Lyon.

Ahora, el equipo utiliza estas y otras novedosas técnicas para investigar nuevos materiales secundarios en el meteorito y la búsqueda de posiblesfirmas biológicas que proporcionen evidencia científica de vida pasada o presente.

La Tierra pudo llevar vida a las lunas de Júpiter y Saturno


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  • Unos 200 millones de meteoritos desprendidos han podido impactar en estos planetas y sus satélites
La Tierra pudo llevar vida a las lunas de Júpiter y Saturno

archivo abc | Encelado, una de las lunas de Saturno

Rocas desprendidas de la Tierra podrían haber llevado la vida a las lunas de Júpiter y Saturno, según un estudio, publicado en ‘Astrobiology‘, llevado a cabo por un equipo internacional de científicos.

Esta investigación pretende alertar a los expertos de que, si hayan vida en esas lunas, deberán contemplar la posibilidad de que se trate de vida procedente de otros planetas y no fuentes originadas en el propio mundo.

La idea de que la vida se puede propagar a través del espacio es conocida como panspermia. Una clase de la panspermia es la litopanspermia, aquella que determina que la vida puede viajar en las rocas que se desprenden de superficie de los mundos. Si estos meteoritos portan suficientes organismos, estos podrían sembrar vida en otro planeta o en una luna.

Aunque podría parecer descabellada, algunos estudios realizados apuntan a que la litopanspermia es posible. Por ejemplo, más de 100 meteoritos procedentes de Marte han sido descubiertos en la Tierra. Son rocas que se despegaron del planeta rojo y que acabaron estrellándose en su planeta vecino.

Para llevar a cabo esta investigación, los científicos han realizado simulaciones por ordenador. Esta práctica mostró que hay materia que despegó de la Tierra por impactos cósmicos y que pudo haber escapado a la atracción de la gravedad del planeta, aterrizando en la Luna.

También se ha determinado que miles de millones de años de polvo de la Tierra pueden haber acumulado en la superficie lunar unas 22 toneladas de material terrestre en 100 kilómetros cuadrados.

200 millones de meteoritos desde la Tierra

Una vez obtenidos estos resultados, los científicos extendieron la investigación a las lunas de Júpiter y a las lunas de Saturno, algunas de las cuales se barajan como posibles portadores de vida, por la presencia de hielo en ellas.

Así, la autora principal, Rachel Worth, ha destacado que, «durante el trabajo, se ha realizado la simulación de más de 100.000 fragmentos individuales» desprendidos de la Tierra y Marte.

La mayoría de estos meteoritos se estrellaron de nuevo en su planeta de origen, otros fueron tragados por el sol, mientras que otra parte acabó golpeando planetas hacia el interior del Sistema Solar (Venus y Mercurio).

Sin embargo, también hubo una pequeña fracción de meteoritos golpeó planetas hacia los planetas más lejanos a la estrella. Los investigadores calculan que, en el transcurso de los 3.500 millones años que se conoce que la Tierra ha tenido vida, se han ‘producido’ unos 200 millones de meteoroides suficientemente grandes como para llevar la vida hasta el espacio.

También estimaron que, 800 millones de este tipo de rocas fueron expulsadas de Marte durante el mismo período. Esta diferencia de cifras se debe a la menor gravedad que posee el planeta rojo con respecto a la Tierra.

De todos ellos, se ha calculado que 83.000 meteoritos de la Tierra y 32.000 de Marte podrían haber golpeado Júpiter después de viajar 10 millones de años, o menos. Además, aproximadamente 14.000 rocas de la Tierra debería haber golpeado Saturno, al igual que unas 20.000 de Marte.

Dado que las lunas de esos mundos gigantes están relativamente cerca de sus planetas, muchos de los impactos podrían «salpicar» a los satélites, según ha apuntado la autora.

Además, han calculado que las lunas de Saturno Titán y Encelado, y lunas de Júpiter Io, Europa, Ganímedes y Calisto, han sufrido entre uno y 10 impactos, tanto de la Tierra y de Marte. «Estos hallazgos sugieren la posibilidad de transferencia de la vida desde el interior del sistema solar a las lunas exteriores, aunque es muy poco frecuente, en la actualidad no se puede descartar», ha señalado Worth.

Un experimento de 1958 pudo haber demostrado cómo se originó la vida


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Los investigadores creen que los relámpagos, la actividad volcánica y los gases reaccionaron entre sí para producir los elementos esenciales

En 1953, un joven investigador, Stanley Miller, se hizo mundialmente famoso por sus estudios sobre el origen de la vida, al reproducir en laboratorio las condiciones que supuestamente se produjeron en la Tierra primigenia. Cinco años después, el científico creó de nuevo esa«sopa primordial» en un segundo experimento similar, pero las muestras fueron olvidadas y, por lo que se sabe, Miller, que falleció en 2007, nunca volvió a trabajar con ellas. Ahora, científicos de laInstitución de Oceanografía Scripps en La Jolla (Estados Unidos) han recuperado ese tesoro científico con resultados que pueden suponer un importante paso en el esclarecimiento de una de las preguntas fundamentales. Tras analizar las muestras, el equipo ha llegado a la conclusión de que los relámpagos, la actividad volcánica y los gases asociados a estos fenómenos podrían haber reaccionado entre sí para producir los primeros elementos creadores de vida. El hallazgo aparece publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Todo comenzó cuando Jeffrey Bada, un ex alumno de Miller, encontró las muestras entre el material de laboratorio del profesor de química. Bada y sus colegas, dirigidos por Eric T. Parker, analizaron de nuevo las muestras archivadas del experimento, que nunca antes se habían dado a conocer. Simulaban las condiciones primitivas de la Tierra al exponer una mezcla de sulfuro de hidrógeno, agua, metano, dióxido de carbono y gas amoniaco a descargas eléctricas similares a los relámpagos.

Las técnicas modernas de análisis químico, que son hasta 1.000 veces más sensibles que los métodos de investigación de los 50, detectaron los aminoácidos que contenían sulfuro, con proteínas y sin ellas y otros componentes en los residuos de la prueba original de Miller. Sólo se detectó una contaminación mínima. Los nuevos hallazgos apoyan la idea de que los volcanes -una fuente importante de sulfuro de hidrógeno en la actualidad- y los rayos convirtieron los gases simples en una gran cantidad de aminoácidos, que a su vez fueron indispensables para la creación de proteínas simples.

Llegada en un meteorito

Los autores también creen que los aminoácidos producidos en el experimento de Miller con el sulfuro de hidrógeno son similares a los encontrados en los meteoritos. Por este motivo, estudiaron dos meteoritos con base de carbono, cada uno con concentraciones de aminoácidos similares a las sintetizadas por Miller. Según los investigadores, estos descubrimientos sugieren que el sulfuro de hidrógeno, en particular, jugó un importante papel en las reacciones químicas que fueron las precursoras del origen de la vida sobre la Tierra y posiblemente en cualquier otro lugar en los inicios del sistema solar. La hipótesis respalda, en buena parte, la polémica teoría de laPanspermia, que dice que los asteroides pudieron esparcir la vida por el Universo, lo que abre la puerta a la existencia de la misma en otros planetas.

En Marte hubo agua durante mucho más tiempo del que se creía


EFE – ADN

Los científicos juzgan, por los minerales detectados en su superficie, que puede que existiese un medio favorable para el nacimiento de vida hace 2.000 millones de años

La sonda Mars Reconnaissance Orbiter ha descubierto sobre Marte nuevos tipos de minerales que sugieren la presencia de agua en el planeta durante mucho más tiempo de lo que se creía.

Según informó hoy el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por su sigla en inglés) de la agencia espacial estadounidense, esos minerales también indican la importancia que tuvo el líquido en la topografía marciana así como en la posible creación de vida.

Hasta hace 2.000 millones de años

Las imágenes captadas por el espectrómetro de la sonda de esos yacimientos demuestran la presencia de silicio hidratado, más conocido como opal, los cuales son los indicios fundamentales de la presencia de agua en el antiguo Marte.

“Este es un importante descubrimiento porque extiende el tiempo en que hubo agua líquida en Marte y (señala) los lugares donde pudo haber respaldado la vida”, indicó Scott Murchie, investigador a cargo del espectrómetro en el Laboratorio de Ciencias Aplicadas de la Universidad Johns Hopkins.

“La identificación del silicio opalino nos revela que es posible que haya habido agua hasta hace unos 2.000 millones de años”, indicó. Hasta ahora el orbitador del planeta sólo había detectado la presencia de filosilicatos y sulfatos hidratados que se formaron hace más de 3.500 millones de años.

Según el comunicado de JPL, los nuevos minerales detectados se formaron cuando el agua alteró materiales creados por la actividad volcánica o por el impacto de un meteorito.

Más tiempo, más posibilidades de vida

“Hemos visto numerosos promontorios de materiales opalinos en capas delgadas que se extienden sobre largas distancias en torno a los bordes del Valles Marinerias así como dentro de esa misma quebrada”, indicó Ralph Milliken, científico de JPL.

En algunos lugares las formaciones de minerales opalinos se encuentran en el cauce seco o alrededor de lo que aparentemente fueron corrientes similares a un río.

Según indicó el comunicado de JPL, eso indica que hubo agua en la superficie de Marte durante mucho más tiempo que el líquido que ayudó en la formación de los minerales opalinos.

“Lo más importante es que mientras más tiempo haya existido el agua en Marte más tiempo hubo para la presencia de vida”, indicó.