El número 23.5, la cifra que explica por qué hay estaciones


ABC.es

  • Esa es la inclinación del eje de la Tierra y la causa de que los dos hemisferios del planeta solo reciban la misma cantidad de energía del Sol dos días al año, durante los equinoccios

Si el eje de la Tierra no estuviera inclinado no habría estaciones. Esto ocurre por ejemplo en el planeta Mercurio – NASA

¿Por qué hay estaciones? Muchas personas dirán que su causa está relacionada con la distancia que hay entre la Tierra y el Sol: cuando el planeta está más cerca de la estrella, el globo está más caliente. Cuando está más lejos, más frío. Pero, ¿eso explicaría que cuando es invierno en el hemisferio norte sea verano en el sur? Si esta fuera la explicación, ambos hemisferios deberían tener las estaciones sincronizadas, pero cualquiera que haya viajado en avión entre ambos verá que no es así. Además, resulta que la órbita de la Tierra es casi circular: solo se aleja del círculo en un 3 por ciento, tal como explicaron en este artículo de National Geographic, por lo que la distancia es siempre bastante similar. De hecho, el momento en que más cerca está la Tierra del Sol (el perihelio), ocurre en enero, en pleno invierno, y solo se distingue del punto más alejado (el afelio) en unos 4,8 millones de kilómetros.

Hay que buscar la causa de las estaciones en otro lugar. Su origen está en una sencilla cifra: 23.5. Estos son los grados de inclinación del eje de la Tierra en relación con el plano de órbita. ¿Qué significa esto? Si el planeta fuera una pelota girando en círculos por el canto de un plato llano, además habría que hacer rotar esta bola. Pero la Tierra no lo hace de forma perpendicular al plato. Está inclinada 23.5 grados, como si fuera una peonza, pero además su eje siempre apunta en la misma dirección.

Las estaciones dependen de las diferencias

Nadie ha visto ni verá nunca ningún eje atravesando la Tierra. El eje es un polo imaginario que atraviesa el globo de polo a polo y sobre el que gira toda la esfera del planeta (este movimiento se llama rotación). Gracias a la rotación hay días y noches y diferencia horaria.

Pero la Tierra no solo rota, también gira alrededor del Sol. Este movimiento se conoce como traslación y es el que determina la duración de los años. Este movimiento, junto a la inclinación del eje de rotación, determinan que haya estaciones.

¿Por qué? A medida que la Tierra gira alrededor del Sol, su eje inclinado siempre señala en la misma dirección (por ejemplo, el extremo norte del eje de la tierra apunta a un punto muy cercano a la estrella polar). Sin embargo, la posición de la Tierra respecto al Sol va cambiando todo el año. La consecuencia es que a veces el polo Norte está inclinado hasta el Sol pero otras veces está inclinado hacia fuera, mientras que en el Sur ocurre lo contrario. Por eso, los dos hemisferios no suelen recibir la misma cantidad de radiación solar y uno acaba calentándose más que el otro.

De hecho, las cuatro estaciones están determinadas por cuatro posiciones principales en la órbita terrestre. Están opuestas dos a dos y reciben el nombre de solsticios y equinoccios.

Solsticios y equinoccios

A partir del solsticio de verano, en el 21 o 22 de junio, es verano en el hemisferio norte e invierno en el sur. En ese momento, es la parte norte del eje de la Tierra la que está inclinada hacia el Sol. Esto provoca que la cantidad de luz y calor que incide sobre el planeta sea máxima en el hemisferio norte y mínima en el sur.

Desde entonces, a medida que avanza el año y la Tierra se mueve en su órbita, los días se van acortando en el norte y la cantidad de luz y calor incidente se va reduciendo en este hemisferio. Un importante cambio ocurre en el equinoccio de otoño, alrededor del 22 o 23 de septiembre. En ese momento, la duración de los días prácticamente se iguala en el hemisferio norte y en el sur.

A partir de ese momento, el sur vence al norte y se lleva cada día más tiempo de luz (unos tres minutos más cada día). En el norte comienza el otoño y en el sur la primavera.

El sur llega a su auge de luz diurna en el solsticio de invierno. En torno al 21 o 22 de diciembre la cantidad de luz incidente es máxima en el sur y mínima en el norte. Por eso el invierno azota el mundo al norte del ecuador y el verano bendice lo que queda al sur. Sin embargo, a partir de ese día se invierte el ciclo. Los días comienzan a acortarse en el sur y a alargarse en el norte.

El 21 o 22 de marzo llega el equinoccio de primavera. La duración de los días es casi igual al norte y al sur, pero a partir de ese momento, el sur comienza a perder horas diurnas e favor del norte.

El terminador en acción

En el siguiente vídeo puede verse el terminador, la línea difusa (a causa del grosor de la atmósfera) que marca la transición entre el día y la noche. Durante los equinoccios, la línea atraviesa la Tierra de polo a polo. En los solsticios, la inclinación se invierte. En el vídeo, cada mes se resume en un segundo. La película comienza en septiembre de 2010 y acaba en marzo de 2011, en la fecha de los equinoccios.

¿Y si el eje no estuviera inclinado?

Si el eje no estuviera inclinado, el terminador siempre estaría vertical y no habría estaciones. Algo así ocurre en Mercurio, que siempre está en un equinoccio de días idénticos. Si el eje estuviera más inclinado de 23.5 grados, las diferencias estacionales serían más drásticas. Esto ocurre por ejemplo en Marte, cuyo eje está un grado y medio más inclinado que el terrestre. Por último, si el eje de rotación del planeta estuviera inclinado 90 grados, cada hemisferio estaría caliente la mitad del año y frío la otra mitad. En Urano ocurre algo muy parecido, puesto que tiene 98 grados de inclinación. Pero como su año dura 84 años terrestres, los veranos y los inviernos se alargan 42 años en cada hemisferio.

El origen de la inclinación

Se supone que después de la formación de la Tierra su eje de rotación era perpendicular al plano de órbita definido por su movimiento de traslación. Pero algo inesperado ocurrió. Un gran cuerpo, conocido como Theia, impactó contra su superficie a gran velocidad. El choque produjo un cataclismo global que destruyó la superficie y liberó al espacio una gran cantidad de escombros. Con el tiempo, estos residuos se agregaron y formaron un cuerpo muy familiar en el cielo: la Luna.

¿Por qué las cosas no ocurren con exactitud?

En realidad, el panorama es más complicado de lo explicado hasta aquí. La atmósfera alarga ligeramente los días (a causa de la refracción, la misma «ilusión óptica» que dobla la imagen de un lápiz bajo el agua), porque hace aparecer al Sol por encima del horizonte durante unos instantes cuando ya en realidad está bajo él. Además, la duración de los días no es la misma en todos los lugares de la Tierra, sino que depende de la latitud o distancia al ecuador (por eso en invierno los días son más largos en España, más cortos en Londres e inexistentes más al norte del círculo polar).

Anuncios

La primera foto de la historia de la Tierra junto a la Luna


ABC.es

  • Se han cumplido 40 años de la primera imagen que captó a ambas en la misma toma. La fotografía fue hecha por la sonda espacial Voyager 1, lanzada en 1977                        

La Tierra y la Luna, unidas por la gravedad- NASA

El 18 de septiembre de 1977 la sonda Voyager 1 «miró atrás» e hizo la primera foto de la historia que capturó una imagen de la Tierra y la Luna en la misma toma. Apenas hacían 13 días de su lanzamiento desde Cabo Cañaveral, en Florida (Estados Unidos).

La instantánea, tomada a una distancia de cerca de 11,7 millones de kilómetros, fue el primer fruto de una misión mítica que exploró los planetas exteriores del Sistema Solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) y muchas de sus lunas, y que incluso llegó a los límites de nuestro sistema planetario: desde 2012 la sonda Voyager 1 surca el espacio interestelar y ya no está bajo la influencia del viento solar.

Después de la toma de la Tierra y la Luna, el largo viaje de la Voyager la llevó hasta las cercanías de Júpiter, el 9 de marzo de 1979. Allí, los astrónomos descubrieron los primeros volcanes más allá de la Tierra, en la luna Ío, y que la gran mancha roja de Júpiter era una gran tormenta con aspecto de ciclón.Después, las dos sondas Voyager se encontrarían con Saturno, Urano y Neptuno y tomarían espectaculares imágenes de su, aparentemente, tranquila superficie.

Pero si una imagen cambió la visión sobre el espacio fue la del famoso «punto azul pálido» (o «pale blue dot»). El 14 de febrero de 1990, casi 13 años después de su lanzamiento, la Voyager 1 hizo sus últimas fotos del Sistema Solar. Captó todos los planetas, apenas puntos en la negrura del espacio, a una distancia de cerca de 6.000 millones de kilómetros. La imagen de la Tierra inspiró a Carl Sagan, quien acuñó el término de «punto azul pálido» para referirse a lo frágil y excepcional que es nuestro planeta.

Después de eso, la Voyager 1 se sumergió en la vasta negrura del Sistema Solar y comenzó un largo viaje en el que ningún objeto está lo suficientemente cerca como para poder fotografiarlo. No será hasta dentro de 40.000 años cuando la Voyager 1 «se acercará» a 1,6 años luz de distancia de la estrella AC+79 3888.

Los colonos «marcianos» acaban su misión tras ocho meses de aislamiento


ABC.es

  • Seis investigadores abandonaron el hábitat donde han estado viviendo para simular la vida en Marte. En todo ese tiempo, se ha analizado los conflictos sociales y los efectos psicológicos de la experiencia

Los colonos han vivido con algunas de las incomodidaes típicas de los astronautas – HI-SEAS.ORG

Ocho meses después de su comienzo, la simulación de la misión humana a Marte ha finalizado este domingo, tal como ha informado Phys.org. Seis investigadores, cuyo trabajo ha sido apoyado por la NASA, han salido de su aislamiento en una remota base construida en un volcán de Hawái. Su principal tarea ha sido ayudar a la agencia espacial estadounidense a comprender los efectos psicológicos a largo plazo y los conflictos sociales que aparecerían al enviar una misión tripulada a Marte, que al menos debería de extenderse dos o tres años.

Los colonos, cuatro hombres y dos mujeres, han vivido este tiempo en un hábitat parecido al que se podría usar en el planeta rojo, y construido sobre una desértica planicie, con un paisaje similar al marciano. Durante ocho meses han sufrido algunas de las incomodidades típicas de los astronautas, como la falta de espacio o la comida deshidratada. Por eso, en cuanto salieron del aislamiento disfrutaron de un banquete con verduras, fruta fresca y tortilla acompañados por periodistas e investigadores.

«Hemos aprendido, por encima de todo, que el conflicto, incluso en el mejor de los equipos, va a aparecer», ha dicho en un comunicado Kim Binsted, profesor de la Universidad de Hawái y director de la investigación. «Por eso, es muy importante tener una tripulación realmente resiliente, que sea capaz de ver el conflicto y responder a él»

Estos ocho meses, los colonos «marcianos» han vivido en un refugio recubierto de vinilo del tamaño de una casa de tres habitaciones, con cerca de 111 metros cuadrados. En su interior hay un pequeño habitáculo personal para dormir, una cocina, un laboratorio y un baño compartido, con una ducha y dos inodoros. La comida y los suministros se lanzaban a distancia y los colonos los recogían con un robot.La comida era deshidratada o enlatada, y las comunicaciones con el exterior sufrieron siempre un retraso de 20 minutos, condición que aparecería en Marte a causa de la distancia que le separa de la Tierra. Aunque los colonos no han estado confinados en el hábitat, cuando salían al exterior para hacer sus tareas debían vestir un equipo que recuerda a un traje espacial.

Esta ha sido la quinta misión de un total de seis estudios financiados por la NASA y hechos en cooperación con la Universidad de Hawái para estudiar la viabilidad de una misión tripulada a Marte. El programa, que recibe el nombre de «Hawaii Space Exploration Analog and Simulation», o «HI-SEAS». En estos momentos, la universidad de Hawái ya está preparando los planes para la sexta y última misión en el hábitat.

Durante estos ocho meses, los científicos han usado sensores para analizar el estado de ánimo de los colonos. Por ejemplo, vigilaron el volumen de las voces, intentaron averiguar si los habitantes estaban tratando de evitar a alguien o si estaban discutiendo. Aparte de esto, propios colonos registraron sus pensamientos en un diario y participaron en juegos para medir su compatibilidad y sus niveles de estrés. Cuando la tensión era alta, pudieron usar dispositivos de realidad virtual como válvula de escape, en los que se desplazaban a paisajes familiares o a playas tropicales, y que podrían ser usados en una misión espacial.

Binsted ha explicado que las misiones anteriores, que duraron ocho y 12 meses, se centraron en la cohesión y el rendimiento del equipo, pero que en este caso el objetivo era distinto: «Hemos dado un paso adelante y estamos analizando la selección y la composición de las tripulaciones».

El fracaso de «Biosfera 2»

En la mente de todos estaba el gran fiasco de «Biosfera 2», un proyecto lanzado en 1990 y de dos años de duración en el que una tripulación de cuatro hombres y cuatro mujeres debían vivir en un invernadero con varios ecosistemas, cultivar plantas, criar animales y reciclar su propio aire. Los niveles de dióxido de carbono se dispararon y muchas plantas y animales murieron, por lo que los participantes pasaron hambre y salieron de la esfera sin hablarse con alguno de sus compañeros.

En esta ocasión, los resultados parecen ser mejores. Laura Lark, especialista en tecnología de la misión, ha dicho que el objetivo de la NASA de ir a Marte es razonable: «El viaje espacial es absolutamente posible a largo plazo», ha dicho en un vídeo desde el interior del hábitat. «Eso sí, aún hay retos técnicos que solucionar. Y también factores humanos en los que hay que pensar».

Una nave de la NASA descubre diez nuevos asteroides que pueden ser peligrosos para la Tierra


ABC.es

  • La misión ha localizado durante el último año un centenar de objetos celestes hasta ahora desconocidos, una treintena en el vecindario de nuestro planeta

Los objetos seguidos por Neowise en tres años de misión. Los círculos verdes representan los objetos cercanos a la Tierra (asteroides y cometas que vienen dentro de 1,3 unidades astronómicas del Sol; una unidad astronómica es la distancia de la Tierra al Sol). Los cuadrados amarillos son cometas. y los puntos grises representan todos los otros asteroides, que están en su mayoría en el cinturón principal entre Marte y Júpiter. Se muestran las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. – NASA/JPL-Caltech/UCLA/JHU

La misión Neowise (Near-Earth Object Wide-Field Infrared Survey Explorer) de la NASA, dedicada a localizar, caracterizar y rastrear asteroides y cometas que se acercan a la Tierra, ha descubierto en su tercer año en funcionamiento nueve asteroides potencialmente peligrosos para nuestro planeta. En total, durante este último año la nave espacial ha identificado 97 objetos celestes hasta ahora desconocidos. De ellos, 28 eran objetos cercanos a la Tierra; 64, asteroides del cinturón principal y cinco, cometas.

La nave espacial ha caracterizado un total de 693 objetos cercanos a la Tierra desde que la misión fue reiniciada en diciembre de 2013. De ellos, 114 son nuevos (Puedes ver un vídeo aquí). «Neowise no sólo descubre asteroides y cometas previamente desconocidos, sino que proporciona excelentes datos sobre muchos de los que ya están en el catálogo», dice Amy Mainzer, investigadora principal de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California.

Los objetos cercanos a la Tierra (llamados NEOs, por sus siglas en inglés) son cometas y asteroides que han sido empujados por la atracción gravitatoria de los planetas de nuestro sistema solar en órbitas que les permiten entrar en la vecindad de la Tierra. Diez de los objetos descubiertos por Neowise en el último año han sido clasificados como asteroides potencialmente peligrosos, en función de su tamaño y sus órbitas. El pasado año, fueron ocho las rocas de este tipo localizadas. Su seguimiento resulta fundamental para poder prevenir futuros impactos, ya que el golpe contra la atmósfera de, por ejemplo, una roca de apenas diez metros puede causar una explosión equivalente a tres bombas atómicas.

Un cometa raro

La capacidad de Neowise para recoger información es magnífica. También durante su tercer año, la nave captó más de 2,6 millones de imágenes de infrarrojo del cielo. Unidas a las conseguidas en los dos primeros años de la misión, completan un solo archivo que contiene aproximadamente 7,7 millones de conjuntos de imágenes y una base de datos de más de 57.700 millones de detecciones de código extraídas de esas imágenes.

Las imágenes también contienen atisbos de objetos raros, como el cometa C/2010 L5 WISE. Una nueva técnica para conocer el comportamiento de los cometas mostró que este en particular experimentó una breve explosión a su paso por el sistema solar interior.

«Los cometas que tienen arranques bruscos no se encuentran comúnmente, pero esto puede deberse más a la naturaleza repentina de la actividad que a su rareza inherente», dice Emily Kramer, autora principal del artículo sobre el estudio de Neowise. «Es muy bueno para los astrónomos ver y recoger datos de cometas cuando sucede un estallido, pero dado que la actividad es tan efímera, simplemente les podría pasar por alto la mayor parte del tiempo».

La nueva técnica identifica el tamaño y cantidad de partículas de polvo en el entorno del cometa, y cuándo fueron expulsadas de su núcleo, revelando la historia de su actividad. De esta forma, futuros estudios de todo el cielo podrán ser capaces de encontrar y recoger datos sobre más estallidos de cometas cuando sucedan.

Originalmente llamada WISE, la nave espacial de la NASA fue lanzada en diciembre de 2009. Entró en estado de hibernación en 2011 después de completar su misión astrofísica primaria. En septiembre de 2013, se reactivó, se le renombró Neowise y se le asignó una nueva misión: identificar la población de objetos potencialmente peligrosos cercanos a la Tierra. Neowise también caracteriza las poblaciones más distantes de asteroides y cometas para proporcionar información sobre sus tamaños y composiciones. Es nuestro vigilante en el espacio.

Un asteroide de 650 metros se aproximará a la Tierra el 19 de abril


El Mundo

Recreación de un asteroide acercándose a la Tierra. NASA

Fue bautizado como 2014 JO25, tiene 650 metros de diámetro y fue descubierto por el Mount Lemmon Survey en mayo de 2014.

Se trata del asteroide de este tamaño que más se acerca al planeta Tierra en los últimos 13 años ya que se aproximará a la Tierra a una distancia aproximada de 4,6 distancias lunares el próximo 19 de abril. Cada distancia lunar corresponde a algo más de 384.000 kilómetros, la distancia entre la Tierra y su satélite, por lo que el asteroide pasará a unos 1,8 millones de kilómetros del planeta azul.

Este acercamiento es el más próximo de un asteroide, al menos de este tamaño o similar, desde el encuentro con 4179 Toutatis, que pasó a cuatro distancias lunares en septiembre de 2004, según el radar Goldstone de la NASA. El siguiente acercamiento previsto de un objeto con un diámetro mayor o igual a éste tendrá lugar cuando el asteroide 1999 AN10, de 800 metros de diámetro, se aproxime a una distancia lunar en agosto de este año.

El asteroide 2014 JO25 estará cerca del Sol hasta el próximo 19 de abril, momento en que se encontrará en una situación favorable para las observaciones y, a partir de entonces, se convertirá en uno de los principales objetivos del radar de asteroides durante este año. Debido a su cercanía al Sol, no se espera conocer su periodo de rotación antes de las observaciones del radar.

Los astrónomos calculan que este asteroide no se ha aproximado tanto a la Tierra desde hace, al menos, 400 años. Y no hay conocimiento de futuras aproximaciones tan cercanas como ésta hasta el año 2500.

A pesar de haber sido clasificado como un “Asteroide Potencialmente Peligroso” por el Minor Planet Center, no hay motivos para la alarma porque no hay riesgo de choque con la Tierra. Y es que este centro estadounidense califica bajo este nombre a todos los cometas o asteroides cercanos a la Tierra con una órbita tal que tiene potencial para acercarse a ésta y un tamaño suficiente como para causar daños significativos en caso de impacto. Además, se considera que los asteroides pertenecientes a esta lista no suponen una amenaza para la Tierra en los próximos 100 años o más. La última actualización de esta lista, en marzo de 2017, incluye a 1.786 asteroides.

El Marte primitivo se parecía al Ártico


El Mundo

Vista del cráter Gale NASA

Vista del cráter Gale NASA

Marte es en la actualidad un planeta extremadamente seco y frío, con un ambiente extraordinariamente inhóspito para la vida como la conocemos en la Tierra. Los científicos saben, sin embargo, que en el pasado tuvo agua y un clima diferente al actual. Continuando con el trabajo que iniciaron otros vehículo robóticos, el rover de la NASA Curiosity está buscando desde agosto de 2012 pruebas que ayuden a reconstruir cómo era el planeta rojo en el pasado.

Un estudio publicado en la revista PNAS ofrece algunas pistas que permiten trazar un retrato de cómo pudo haber sido ese Marte primitivo basándose en la escasísima cantidad de dióxido de carbono (C02) que el rover halló al analizar sedimentos de aquella época en el cráter Gale, una de las zonas que está explorando. Según propone este equipo de investigadores, en el que participa el español Alberto G. Fairén, del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), hace 3.500 millones de años esa zona de Marte habría albergado un lago glaciar rodeado por enormes masas de hielo. Un entorno que recordaría al del Ártico terrestre.

Los sedimentos que ha analizado el rover contienen minerales, como arcillas o sulfatos, que sugieren que, en el pasado, esa superficie estuvo en contacto con agua líquida. Un dato, en principio, incompatible con la escasa cantidad de CO2 detectado. Y es que los científicos creían que para que hubiera agua líquida, habría sido necesaria una determinada temperatura, que es propiciada a su vez por un mínimo de CO2 en la atmósfera, ya que este gas genera un efecto invernadero y calienta el planeta.

Según relata Fairén a EL MUNDO, los modelos climáticos que simulan la atmósfera primitiva de Marte mostraban que hace falta cerca de un bar de CO2 para poder tener agua líquida en Marte hace 3500 millones de años. “Sin embargo, las investigaciones de Curiosity confirman que, en realidad, había tan sólo entre 10 y 100 veces menos de esa cantidad mínima. Es decir, entonces había unas decenas o tal vez unos pocos cientos de milibares de CO2. Esto es mucho más que ahora, que sólo hay 6 milibares, pero insuficiente para calentar el planeta. Los modelos nos dicen que harían falta al menos alrededor de mil milibares para generar un efecto invernadero suficiente”, detalla.

“Con el poco CO2 que ha encontrado en los sedimentos de Gale, los modelos atmosféricos predicen temperaturas medias por debajo de -50C. Pero algo se nos escapa, porque Curiosity ha descubierto en esos mismos sedimentos evidencias geomorfológicas de lagos duraderos, deltas y torrenteras bajo un clima no muy frío hace 3.500 millones de años. Esta es la contradicción que plantea el artículo, y que en este momento no sabemos resolver. Una alternativa es que fuera un lago glaciar, en un ambiente muy frío, como los polos de la Tierra hoy. Esta posibilidad está siendo considerada seriamente, pero no tenemos una respuesta final todavía”, admite Fairén, que espera poder responder a esa cuestión con más investigación en el futuro. “Por eso precisamente es un gran avance. La ciencia es una serie de preguntas, no un catálogo de respuestas”, argumenta.

Curiosity es un laboratorio andante así que las muestras que recoge, las procesa in situ, antes de enviar los resultados a la NASA. Para hacer esta investigación, tomó rocas de la superficie y de hasta cinco centímetros de profundidad, que es el máximo que puede perforar. “A partir de ahí, los investigadores analizamos los datos, y los utilizamos para generar modelos que puedan que puedan responder preguntas”, dice Fairén, que investigó durante seis años en la NASA.

Cómo y por qué cambió tanto el planeta rojo sigue siendo una incógnita: “Es posible que Marte tuviera más CO2 en su atmósfera hace entre 3.500 y 4.200 millones de años. En aquel tiempo, habría sido más sencillo que el planeta tuviera agua líquida en la superficie. Hoy está absolutamente seco y es muy frío. Es muy interesante que Curiosity esté estudiando los sedimentos de un lago que existió en Gale justamente en la época de transición entre el Marte húmedo y el Marte seco”, añade. Según recuerda, el robot descubrió hace dos años que Marte ya había perdido la mitad de su agua y gran parte de su atmósfera hace 3.500 millones de años, cuando se formó el lago de Gale, por lo que considera que sus investigaciones pueden “proporcionar muchísima información acerca de la evolución climática de Marte y de cómo, cuándo y porqué perdió su agua y su atmósfera”.

¿Pudo haber formas de vida extremas en ese escenario de hielo? “La vida en la Tierra ocupa casi todos los rincones del planeta, incluyendo las zonas polares. Por lo tanto, si en Gale había un lago glaciar, el entorno no habría sido un impedimento para la vida. De hecho, si en algún momento hubo vida en Marte y apareció, como en la Tierra, muy al principio de la historia geológica del planeta, solamente habría tenido que adaptarse al entorno glaciar”.

AIDA, la misión que puede salvar la Tierra


ABC.es

  • Las agencias espaciales de Europa y Estados Unidos tratarán por primera vez de desviar un asteroide de su rumbo

El blanco es una pareja de asteroides llamada Didymos. Y el objetivo, demostrar si estamos, o no, preparados para desviar de su trayectoria un asteroide en ruta de colisión contra la Tierra. Para ello, las agencias espaciales europea y norteamericana, ESA y NASA, se han unido para llevar a cabo una misión sin precedentes en toda la historia espacial. Tras las siglas AIDA (Asteroid Impact and Deflection Assessment) se esconde, en efecto, el mejor plan de defensa planetaria ideado hasta la fecha para evitar el catastrófico impacto de una roca espacial contra nosotros. Está previsto que AIDA reciba luz verde este mismo mes de diciembre. Por eso, las numerosas empresas implicadas, entre ellas varias españolas, están ya culminando los trabajos de definición detallada de las diferentes fases de esta histórica misión. Se trata de una carrera contra reloj, ya que Didymos no espera. En estos momentos, en efecto, los dos asteroides se dirigen a toda velocidad hacia nosotros, y en el año 2022 se encontrarán a solo 11 millones de km. de la Tierra. Será en ese, y solo en ese momento, cuando estén lo suficientemente cerca como para realizar la prueba, de modo que no hay ni un minuto que perder. AIDA será, pues, la primera demostración real de la técnica de impacto cinético para cambiar la trayectoria de un asteroide en el espacio. La misión consta de dos naves independientes, la DART (Double Asteroid Redirection Test), de la NASA, y la AIM (Asteroid Impact Mission) de la ESA. Las dos deberán poner a prueba las tecnologías desarrolladas en ambos continentes para desviar asteroides potencialmente peligrosos. Por eso, el principal objetivo de AIDA es el de demostrar y medir los efectos de un impacto directo contra un pequeño asteroide, y determinar si es suficiente como para desviarlo de su rumbo. El blanco elegido para la demostración es sistema binario de asteroides Didymos, que consiste en una roca principal de unos 800 metros de diámetro y otra secundaria, de 150 metros, que orbita a su alrededor. La prueba de impacto se llevará a cabo contra el miembro más pequeño de la pareja, ya que su tamaño es el más habitual entre los asteroides que pueden suponer una amenaza para la Tierra. De las dos naves, será la estadounidense DART la encargada de hacer impacto, y se estrellará contra la pequeña luna a una velocidad aproximada de 6 km. por segundo. Para no errar su objetivo, DART cuenta con una cámara y un sofisticado software autónomo de navegación. La colisión cambiará la velocidad de la pequeña luna en su órbita alrededor del cuerpo principal en apenas un 1%, justo lo necesario como para observar sus efectos con telescopios desde la Tierra. Y un porcentaje, además, lo suficiemtemente pequeño como para no provocar un involuntario cambio de trayectoria que pudiera hacer que la roca se dirija directamente hacia nosotros. La segunda nave, la europea AIM, que llegará al asteroide unos meses antes que DART, utilizará su amplia gama de instrumentos científicos para estudiar primero todas y cada una de las características de ambos cuerpos, y observar después con todo detalle el impacto de su compañera de misión. AIM llevará a cabo el primer estudio "in situ" de un asteroide binario, proporcionará imágenes en alta resolución de las superficies de ambos cuerpos y medirá sus masas, densidades y formas. Cuando llegue el momento, AIM se colocará en una órbita segura alrededor de Didymos y examinará el material eyectado al espacio tras la colisión de su compañera. Sus instrumentos, además, observarán los efectos del impacto, medirán la posible transferencia de material entre los dos asteroides, observarán el cráter dejado por DART y la forma en que el material de la pequeña luna se redistribuye tras la colisión. AIM también estudará la estructura interna de este fascinante asteroide doble. Módulo de aterrizaje Además, AIM desplegará sobre la superficie del objetivo un módulo de aterrizaje, llamado MASCOT-2 (Mobile Asteroid Surface Scout), para que tome medidas y datos antes, durante y después del impacto de DART. Y liberará también dos pequeños satélites auxiliares, CubeSats, que recabarán datos de los dos asteroideas antes y después del impacto de la nave norteamericana. Si todo va como está previsto, la Agencia Espacial Europea lanzará AIM en Octubre de 2020, y llegará a Didymos en Mayo de 2022. La NASA, por su parte, lanzará DART en Diciembre de 2020 para interceptar al asteroide doble en Octubre de 2022, cuando Didymos esté solo a 11 millones de Km. de la Tierra y sea posible observarlo directamente con telescopios terrestres. Como se ha dicho, Didymos se acerca y no hay tiempo que perder. Por eso, la industria está trabajando a un ritmo frenético para llegar a tiempo a la cita con el asteroide doble. Solo en Europa, más de 40 empresas de 15 estados diferentes llevan desde 2011 poniendo a punto todos y cada uno de los detalles de esta histórica misión. En Madrid, por ejemplo, el grupo GMV está llevando a cabo pruebas críticas en la cámara de navegación proporcionada por el Instituto Max Planck alemán. Para evaluar el software de navegación basado en imágenes de la misión, GMV está haciendo que la cámara examine imágenes que la sonda Rosetta de la ESA tomó al sobrevolar Lutetia, un asteroide de 100 km de diámetro, de camino hacia 67P/Churyumov-Gerasimenko.

El blanco es una pareja de asteroides llamada Didymos. Y el objetivo, demostrar si estamos, o no, preparados para desviar de su trayectoria un asteroide en ruta de colisión contra la Tierra. Para ello, las agencias espaciales europea y norteamericana, ESA y NASA, se han unido para llevar a cabo una misión sin precedentes en toda la historia espacial. Tras las siglas AIDA (Asteroid Impact and Deflection Assessment) se esconde, en efecto, el mejor plan de defensa planetaria ideado hasta la fecha para evitar el catastrófico impacto de una roca espacial contra nosotros.

Está previsto que AIDA reciba luz verde este mismo mes de diciembre. Por eso, las numerosas empresas implicadas, entre ellas varias españolas, están ya culminando los trabajos de definición detallada de las diferentes fases de esta histórica misión. Se trata de una carrera contra reloj, ya que Didymos no espera. En estos momentos, en efecto, los dos asteroides se dirigen a toda velocidad hacia nosotros, y en el año 2022 se encontrarán a solo 11 millones de km. de la Tierra. Será en ese, y solo en ese momento, cuando estén lo suficientemente cerca como para realizar la prueba, de modo que no hay ni un minuto que perder.

AIDA será, pues, la primera demostración real de la técnica de impacto cinético para cambiar la trayectoria de un asteroide en el espacio. La misión consta de dos naves independientes, la DART (Double Asteroid Redirection Test), de la NASA, y la AIM (Asteroid Impact Mission) de la ESA. Las dos deberán poner a prueba las tecnologías desarrolladas en ambos continentes para desviar asteroides potencialmente peligrosos. Por eso, el principal objetivo de AIDA es el de demostrar y medir los efectos de un impacto directo contra un pequeño asteroide, y determinar si es suficiente como para desviarlo de su rumbo.

El blanco elegido para la demostración es sistema binario de asteroides Didymos, que consiste en una roca principal de unos 800 metros de diámetro y otra secundaria, de 150 metros, que orbita a su alrededor. La prueba de impacto se llevará a cabo contra el miembro más pequeño de la pareja, ya que su tamaño es el más habitual entre los asteroides que pueden suponer una amenaza para la Tierra.

De las dos naves, será la estadounidense DART la encargada de hacer impacto, y se estrellará contra la pequeña luna a una velocidad aproximada de 6 km. por segundo. Para no errar su objetivo, DART cuenta con una cámara y un sofisticado software autónomo de navegación. La colisión cambiará la velocidad de la pequeña luna en su órbita alrededor del cuerpo principal en apenas un 1%, justo lo necesario como para observar sus efectos con telescopios desde la Tierra. Y un porcentaje, además, lo suficiemtemente pequeño como para no provocar un involuntario cambio de trayectoria que pudiera hacer que la roca se dirija directamente hacia nosotros.

La segunda nave, la europea AIM, que llegará al asteroide unos meses antes que DART, utilizará su amplia gama de instrumentos científicos para estudiar primero todas y cada una de las características de ambos cuerpos, y observar después con todo detalle el impacto de su compañera de misión. AIM llevará a cabo el primer estudio “in situ” de un asteroide binario, proporcionará imágenes en alta resolución de las superficies de ambos cuerpos y medirá sus masas, densidades y formas. Cuando llegue el momento, AIM se colocará en una órbita segura alrededor de Didymos y examinará el material eyectado al espacio tras la colisión de su compañera. Sus instrumentos, además, observarán los efectos del impacto, medirán la posible transferencia de material entre los dos asteroides, observarán el cráter dejado por DART y la forma en que el material de la pequeña luna se redistribuye tras la colisión. AIM también estudará la estructura interna de este fascinante asteroide doble.

Módulo de aterrizaje

Además, AIM desplegará sobre la superficie del objetivo un módulo de aterrizaje, llamado MASCOT-2 (Mobile Asteroid Surface Scout), para que tome medidas y datos antes, durante y después del impacto de DART. Y liberará también dos pequeños satélites auxiliares, CubeSats, que recabarán datos de los dos asteroideas antes y después del impacto de la nave norteamericana.

Si todo va como está previsto, la Agencia Espacial Europea lanzará AIM en Octubre de 2020, y llegará a Didymos en Mayo de 2022. La NASA, por su parte, lanzará DART en Diciembre de 2020 para interceptar al asteroide doble en Octubre de 2022, cuando Didymos esté solo a 11 millones de Km. de la Tierra y sea posible observarlo directamente con telescopios terrestres.

Como se ha dicho, Didymos se acerca y no hay tiempo que perder. Por eso, la industria está trabajando a un ritmo frenético para llegar a tiempo a la cita con el asteroide doble. Solo en Europa, más de 40 empresas de 15 estados diferentes llevan desde 2011 poniendo a punto todos y cada uno de los detalles de esta histórica misión.

En Madrid, por ejemplo, el grupo GMV está llevando a cabo pruebas críticas en la cámara de navegación proporcionada por el Instituto Max Planck alemán. Para evaluar el software de navegación basado en imágenes de la misión, GMV está haciendo que la cámara examine imágenes que la sonda Rosetta de la ESA tomó al sobrevolar Lutetia, un asteroide de 100 km de diámetro, de camino hacia 67P/Churyumov-Gerasimenko.

La NASA publica la imagen más completa de la Tierra


El Mundo

  • El satélite fue lanzado el pasado mes de febrero y hace unos días alcanzó su órbita

  • Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas

 Imagen de la Tierra tomada desde el satélite DSCOVR. NASA

Imagen de la Tierra tomada desde el satélite DSCOVR. NASA

Una cámara del satélite Observatorio Climático del Espacio Profundo (DSCOVR) ha captado por primera vez la imagen de un lado completamente iluminado de nuestro planeta, tomada a 1.5 millones de kilómetros de distancia.

Dicha fotografía ha sido capturada por la herramienta EPIC (Cámara de Imagen Policromática de la Tierra) que permite la captación de imágenes en diez bandas distintas para estudiar los fenómenos terrestres. Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.

Los beneficios que se pueden obtener de esta primera imagen de nuestro planeta demuestra lo importante que es la observación desde el espacio”, afirmó uno de los responsables de la administración espacial, Charlie Bolden. Asimismo, el ex astronauta señala que “quiere que todo el mundo tenga la posibilidad, como él, de apreciar y disfrutar la Tierra como un sistema interactivo e integrado”.

Estas vistas de la Tierra así como sus medidas y alertas de los fenómenos meteorológicos causados por el sol, ayudarán a toda persona a controlar los continuos cambios que se producen en la Tierra y entender cómo nuestro planeta encaja en el sistema solar.

Estas primeras imágenes muestran los efectos de la luz solar dispersadas por las moléculas de aire, dando a la imagen un tinte azulado característico.

Creado a propuesta del vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, se le conoce informalmente como el ‘GoreSat’ y anteriormente como ‘Triana’, en homenaje a Rodrigo de Triana, primer avistador de América en la tripulación de Cristóbal Colón. El Observatorio Climático del Espacio Profundo fue lanzado el pasado mes de febrero y hasta hace solo unos días no había alcanzado su órbita de trabajo.

La foto del día de la NASA es gaditana


El Mundo

  • La agencia espacial norteamericana ha distinguido como “foto astronómica del día” una imagen captada por una pareja de aficionados a la astrofotografía en Puerto Real (Cádiz)
  • Ya fueron premiados hace cuatro años por una imagen de la Nebulosa de Orión hecha desde la sierra de Benamahoma
 La "imagen del día" de la NASA recoge la nebulosa de la estrella "AE Aurigae", conocida como "Estrella Flameante". JESÚS M. VARGAS / M..POYAL

La “imagen del día” de la NASA recoge la nebulosa de la estrella “AE Aurigae”, conocida como “Estrella Flameante”. JESÚS M. VARGAS / M..POYAL

La agencia espacial norteamericana NASA ha distinguido este martes como “foto astronómica del día” una imagen captada por una pareja de aficionados a la astrofotografía en Puerto Real (Cádiz). Se trata de una imagen captada por el gaditano Jesús Manuel Vargas Ruiz y la ibicenca, afincada en Cádiz, Maritxu Poyal Viúdez. Ambos llevan diez años tomando fotografías del cielo profundo desde varios puntos de la provincia de Cádiz.

No es la primera vez que una de sus imágenes recibe de la NASA la distinción APOD (Astronomy Picture of the Day), que la agencia norteamericana realiza diariamente para reconocer las mejores imágenes astronómicas entre las miles que recibe desde todo tipo de observatorios, naves espaciales, telescopios de gran tamaño (incluyendo el Hubble) y también astrónomos aficionados. Hace 4 años la NASA les otorgó otro APOD por una fotografía de la Nebulosa de Orión hecha desde la sierra de Benamahoma.

La imagen que es hoy APOD de la NASA recoge la nebulosa de emisión de la estrella “AE Aurigae”, conocida también como “Estrella Flameante”. Ese nombre se debe a que en su interior, la estrella hace brillar intensamente los gases, fundamentalmente hidrógeno, por lo que parece que estuviera ardiendo. La estrella AE Aurigae, visible cerca del centro de la nebulosa, está tan caliente que es azul, está a unos 1.500 años-luz de distancia y se extiende unos 5 años-luz, según explica la NASA en el comentario que escribe sobre esta foto en su web.

Para la obtención de la imagen los astrofotógrafos emplearon un telescopio refractor sobre una montura motorizada y una cámara CCD que a través de filtros especiales (Hydrógeno Alpha, Hydrógeno Alpha, Oxígeno III y Azufre II) capta la luz los gases que emiten los objetos de cielo profundo.

Estos filtros permiten realizar astrofotografías desde lugares cercanos a los núcleos urbanos como en este caso fue el Parque Natural “Campo de las Aletas” de Puerto Real (Cádiz).

Las tomas fueron posteriormente apiladas mediante programas informáticos específicos para poder sumar así la luminosidad de cada una de ellas, y obtener así la imagen final, con un procesado que hace resaltar detalles y matices ocultos.

La NASA, a punto de desvelar un importante hallazgo en Marte


ABC.es

  • Este jueves se ha convocado una rueda de prensa ante medios de todo el mundo. Se presentarán resultados de la misión MAVEN, cuyo propósito es analizar la atmósfera marciana y entender cómo el planeta rojo pasó de ser un lugar cubierto por oceános a un desierto helado
 La agencia espacial tiene como objetivo primordial enviar una misión tripulada en el año 2030 - NASA

La agencia espacial tiene como objetivo primordial enviar una misión tripulada en el año 2030 – NASA

Es cierto que la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) es una experta en generar expectación y darle un cierto toque épico a sus descubrimientos. Pero también es cierto que pocas cosas dentro de la investigación científica levantan tantas pasiones como la conquista del espacio y la exploración de nuevos mundos. En juego está responder a preguntas universales o poder colonizar en el futuro nuevos planetas en el Sistema Solar o más allá.

Este jueves, la NASA ha convocado una rueda de prensa que será seguida a lo largo y ancho del globo para publicar «un nuevo hallazgo en el destino de la atmósfera de Marte». Después de anunciar, el pasado 28 de septiembre, el descubrimiento de agua líquida en salmueras de Marte, las expectativas son muy altas.

Lo único que se sabe hasta el momento es que a las ocho de la tarde del jueves, hora española, Michael Meyer, el director del Programa de la Misión de Exploración a Marte, estará acompañado por un equipo de cuatro científicos que han participado en MAVEN («Mars Atmosphere and Volatile Evolution»). Esta misión tiene como cometido principal estudiar tanto la atmósfera superior de Marte como su ionosfera, una capa cargada eléctricamente que resulta de la interacción de los gases allí presentes con el viento solar.

Aunque aún no ha trascendido el contenido de la rueda de prensa, el cometido de la misión MAVEN, que tan ampliamente representada estará ante los medios, puede dar algunas pistas: su objetivo principal es reconstruir el pasado de la atmósfera de Marte y entender cómo este planeta, que hace unos 4.000 millones de años estaba cubierto por masas de agua en superficie, se convirtió después en un desierto congelado e inhóspito.

Habitabilidad marciana

Las implicaciones de este conocimiento van más allá de la curiosidad de entender cómo era el clima marciano. Por una parte, cuanto más se sepa sobre el clima actual y sus posibles ciclos hidrológicos, más se podrá saber acerca de la «habitabilidad» marciana. Esto permitirá deducir si el planeta rojo puede o no albergar vida en forma de microbios (los seres vivos más complejos necesitarían unas condiciones mucho más exigentes). En segundo lugar, averiguar más acerca del clima de Marte podría servir para entender cómo un planeta hasta cierto punto similar a la Tierra puede quedar desnudo de su atmósfera y perder el agua que le recubre.

En los cuarenta años de exploración de Marte se han averiguado muchas cosas sober el clima. Ya fuera a través de sondas o rovers de exploración (actualmente la «Curiosity» porta una estación meterológica de procedencia española que se encarga de monitorizar el clima marciano), se ha averiguado que la atmósfera de Marte es 100 veces más delgada que la terrestre. Además, esta capa tan fina está compuesta en un 95 por ciento de dióxido de carbono, con un 2,7 por ciento de nitrógeno y un 0,13 por ciento de oxígeno, junto con trazas de otros gases. Desde luego la mezcla no resulta muy acogedora.

El difícil clima de Marte

También se sabe que en el pasado Marte tenía actividad tectónica, que no solo levantó enormes volcanes y formaciones montañosas, sino que permitía que existiera un ciclo del carbono entre rocas carbonatadas y la atmósfera. Todo aquello es hoy un recuerdo.

Hoy en día, el agua que queda se acumula en forma de hielo en los polos y en el subsuelo, en el permafrost. Por si fuera poco, las temperaturas fluctúan de forma drástica, y pueden ir de los 20ºC del ecuador en los polos a los 153 bajo cero en los polos. Todo esto en parte porque no hay una atmósfera que atrape la humedad y permita generar un efecto invernadero suficiente.

Una atmósfera «muerta»

Como parece claro que la atmósfera actual es un cadáver, algunos estudios sugirieron parte de los gases podrían haber quedado atrapados en las rocas marcianas, pero de momento los números no cuadran.

Por suerte, gracias a un sensor de iones montado en el MAVEN, parece haber otra posibilidad para explicar el pasado de la atmósfera de Marte. Este instrumento ha permitido medir el flujo de partículas de alta energía procedentes de los vientos solares. Algunos creeen que viajan a tal velocidad, que el flujo resultante quizás podría haber empujado la atmósfera hacia el vacío del espacio. El jueves podría confirmarse este hecho o hacerse un anuncio aún más sorprendente. Sea como sea el viaje hacia lo desconocido continúa.