Agujeros Negros Supermasivos


Un grupo de investigadores de EEUU han descubierto los dos mayores agujeros negros supermasivos que se han encontrado hasta la fecha. El hallazgo ha sido publicado en la revista científica ‘Nature’.

Los agujeros negros son mucho más grandes de lo que esperaban los científicos gracias a las extrapolaciones hechas a partir de las observaciones de las características de la galaxia anfitriona. Estos resultados sugieren que los procesos que influyen en el crecimiento de las mayores galaxias y sus agujeros negros difieren de aquellos que influyen en las galaxias más pequeñas.

Se cree que todas las galaxias masivas con un componente esferoidal albergan agujeros negros supermasivos en sus centros. Las fluctuaciones de luminosidad y de brillo de los quásares en el Universo temprano sugieren que algunos son alimentados por agujeros negros con masas más de 10.000 millones de veces mayores que nuestro sol.

Sin embargo, el agujero negro más grande conocido hasta ahora, perteneciente a la galaxia elíptica gigante Messier 87, tiene una masa de 6.300 millones de masas solares.

El autor principal del trabajo, Ma-Chung Pei, y sus colegas han llegado a estas conclusiones tras la medición de los datos de dos galaxias cercanas, NGC 3842 y NGC 4889. revelan que el mayor agujero negro supermasivo que existen. La galaxia NGC 3842 tiene un agujero negro central con una masa de 9.700 millones de masas solares y la NGC 4889 tiene un agujero negro con una masa comparable o mayor.

Fuente: El Mundo

Anuncios

Detectan por primera vez un óxido metálico fuera del Sistema Solar


El Mundo

Recreación artística del planeta WASP-19b y de su estrella madre, WASP-19 ESO/M.KORNMESSER

El planeta extrasolar WASP-19b fue descubierto en 2009 y, desde el principio, llamó la atención de los científicos debido a lo cerca que está de su estrella. Tan próximo está que sólo tarda 19 horas en orbitarla, lo que lo convierte en el planeta con el periodo orbital más corto observado hasta ahora fuera del Sistema Solar. La proximidad con su estrella hace que se trate de un mundo infernal, con temperaturas de unos 1.700º C.

En 2013 las observaciones realizadas con el telescopio Hubble permitieron detectar moléculas de agua en este gigante gaseoso, situado a unos 1.000 años luz de la Tierra. Los científicos han seguido investigando su composición química y, ahora, este planeta vuelve a ser noticia porque en él han detectado por primera vez un óxido metálico en su atmósfera. En concreto, óxido de titanio. También han encontrado pequeñas cantidades de sodio y han confirmado la presencia de agua, además de detectar una especie de neblina que lo envuelve.

El estudio, en el que participa Antonio Claret, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), se publica esta semana en la revista Nature y, según sus autores, abre la puerta al estudio en detalle de la química atmosférica en planetas extrasolares, es decir, aquellos que están fuera del Sistema Solar. “Este estudio abre un nuevo camino porque pensábamos que la detección de estos óxidos metálicos era prácticamente imposible, pero hemos demostrado que podemos hacerlo”, explica Claret en conversación telefónica.

En esta ocasión han utilizado el Telescopio Muy Grande (Very Large Telescope) que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en Chile. El instrumento empleado para las observaciones realizadas entre noviembre de 2014 y febrero de 2016 se llama FORS2 y permite obtener información sobre la composición química, la temperatura y la presión atmosférica. “Es un instrumento muy versátil”, afirma Claret.

WASP-19b pertenece a una categoría de planetas denominada júpiter caliente porque sus tamaños son comparables al de Júpiter pero están mucho más cerca de su estrella que Júpiter del Sol. “La estrella madre, WASP-19, es de tipo solar. Tiene el 90% de la masa solar y la temperatura de sus capas exteriores es de 5.600º Kelvin, muy parecida a la del Sol, que es de 5.800ºK. Sin embargo, tiene una peculiaridad. Y es que la estrella madre rota tres veces más rápido que el Sol“, detalla el investigador del IAA.

“Mientras que la Tierra tarda 365 días en orbitar el sol, el planeta WASP-19b sólo tarda 19 horas. Está muy cerca de lo que llamamos el limite de Roche, que es la distancia mínima a la que un planeta puede acercarse a su estrella madre sin romperse“, explica el físico teórico. Las fuerzas de la marea también actúan sobre los gases que componen este exoplaneta: “Sabemos que está muy achapado”, señala.

Un componente de los filtros solares

El óxido de titanio es un ingrediente frecuente en los filtros solares porque bloquea la radiación ultravioleta, pero en las atmósferas de planetas tipo júpiter caliente, también absorbe el calor. Y en cantidades suficientemente grandes, estas moléculas impiden que el calor se disperse a través de la atmósfera, dando lugar a una inversión térmica. Es decir, la temperatura es más alta en la atmósfera superior, lo opuesto a la situación normal.

No sabemos qué cantidad de óxido de titanio hay en WASP-19b, sólo podemos decir que está presente“, señala Claret. “Muchas veces tienes un determinado elemento o molécula en una región pero no necesariamente la ves porque tiene que haber unas determinadas condiciones físicas para que se haga visible”. Lo explica con el siguiente ejemplo: “Si al cocinar dejas caer un poco de sal en el fogón, verás que la llama azul se vuelve un poco amarilla debido a la presencia de sodio en la sal, pero cuando la tienes en una cuchara no pasa nada”, compara.

Según aseguran los autores del estudio, liderados por Elyar Sedaghatiel, el hallazgo de este óxido metálico permitirá mejorar los modelos teóricos que se usan para analizar las atmósferas de los mundos potencialmente habitables.

Guillem Anglada Escudé, astrofísico de la Universidad Queen Mary de Londres, considera que “la detección de óxido de titanio es ciertamente interesante porque es un material que se sabe que existe en las atmósferas estelares (estrellas con temperaturas entre 2.500 y 4.000 K; el Sol tiene 5.800K pero se detecta en las manchas que son típicamente más frías). En este sentido, el planeta tiene que ser bastante caliente y, su superficie, más parecida a la de una estrella que a la de un planeta”, señala el científico, sin relación con este estudio.

“El hecho de que se detecte y sea estable en la superficie de un planeta como éste, un júpiter caliente, probablemente implica que hay fuertes vientos y turbulencia en la atmósfera”, añade el astrofísico.

La increíble odisea que llevó al hombre a conquistar el mundo


ABC.es

  • Un extenso y detallado retrato de genes humanos de poblaciones normalmente no estudiadas ha permitido averiguar mucho más acerca de cómo el humano logró extenderse por todos los continentes desde África
  • Además ha permitido averiguar cómo los cambios climáticos del pasado se convirtieron en motor de las migraciones
 Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias - NATURE

Dos grandes teorías enfrentadas reconstruyen el pasado del hombre. Una dice que una gran oleada salió de África, la otra sostiene que hubo varias – NATURE

La historia recuerda que el viaje está grabado en los genes. La prueba es que hace decenas de miles de años los hombres abandonaron su hogar, en África, y caminaron por todos los continentes de la Tierra, sin detenerse jamás ante los glaciares, los desiertos, las montañas, o los océanos. Aquel apasionante viaje llevó a los humanos adonde están hoy, pero en muchos casos el fracaso hizo desaparecer pueblos enteros y solo dejó un triste testimonio de huesos.

Pero gracias a los avances que se están produciendo en las técnicas de secuenciación de genomas, los científicos pueden acceder cada vez mejor a las historias que quedaron grabadas en la biología del ser humano. Esto ha llevado a que este miércoles se hayan publicado cuatro artículos en la prestigiosa revista Nature en los que se trata de recordar cómo ocurrió aquello.

«Estos estudios llenan algunos huecos del puzzle de la historia humana», han escrito Serena Tucci y Joshua M. Akey en un artículo de análisis de las investigaciones presentadas en Nature. Gracias a un trabajo muy extenso con 270 poblaciones de todo el mundo, incluyendo a algunas que normalmente no han sido muy estudiadas, la diversidad genética de los grupos ha permitido descubrir nuevas cosas sobre el pasado del hombre.

Esto es importante, porque los científicos están sumidos actualmente en un intenso debate. Unos sostienen que hace unos 40.000-80.000 años los africanos dejaron atrás el continente y que desde allí se extendieron por el resto del mundo. Pero otros creen que hubo varias oleadas de migración: una primera, hace 120.000-130.000 años, que les permitió llegar a Asia y Australasia, caminando a través de la Península Arábiga y la India, y una segunda, que les permitió llegar a Europa y al Mediterráneo oriental más tarde.

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

Algunos investigadores creen que hubo al menos dos grandes migraciones desde África- NATURE

El hecho de que un modelo y no otro sea el más cercano a la realidad, al final implica encontrar una explicación a cómo se mezclaron los genes humanos con sus parientes cercanos, los neandertales y los denisovanos. También permitiría entender si, efectivamente, los aborígenes australianos se separaron de los africanos antes que los pobladores de Eurasia, lo que significaría que estos tienen un origen más antiguo que el resto.

Además, uno y otro modelo de migraciones podrían ayudar a entender por qué la variabilidad genética de los humanos de algunas regiones fue menor a la de otros lugares (lo que es muy importante en el proceso de la evolución), o si hay algunos hombres actuales que representan mejor a sus ancestros que otros.

Los cuatro estudios presentados en Nature han hecho su pequeña contribución a la historia del hombre. La investigación dirigida por David Reich ha secuenciado el genoma de 300 personas de 142 poblaciones normalmente no muy estudiadas en estudios de variación humana. Han apoyado la idea de que hubo una gran oleada migratoria desde África, y que la población que dio lugar a los humanos de hoy en día dejó el continente hace unos 200.000 años. Además, sostienen que desde entonces la tasa de mutación auementó en un 5 por ciento entre los no africanos.

Por su parte, el equipo de Eske Willerslev ha secuenciado los genomas de 83 aborígenes australianos y de 25 personas de las tierras altas de Papúa Nueva Guinea. Esto, que de por sí solo ya les ha permitido convertirse en el estudio más importante de los genomas de esta poblaciones australianas, sugiere que los aborígenes ocuparon el continente durante mucho tiempo. Y que sus orígenes son más antiguos que los de los demás pobladores actuales.

La investigación de Luca Pagani y Mait Metspalu, estudió 379 genomas de 125 poblaciones, sobre todo europeas, y descubrió que al menos el 2 por ciento de los genes de los papuanos modernos proviene de un ancestro que se separó de África antes que los euroasiáticos. Esto apoya la idea de que hubo varias oleadas de humanos saliendo de África, y la antigua procedencia de los aborígenes.

El papel de los cambios climáticos

Además, una investigación dirigida por Axel Timmermann y Tobias Friedrich ha establecido un vínculo directo entre varios cambios climáticos pasados y un conjunto de oleadas migratorias que salieron de África hace unos 125.000 años (por lo que apoyan también la idea de que hubo varias migraciones). Según su modelo, varias glaciaciones provocaron migraciones a través de la península arábiga y el Mediterráneo oriental. Además, su trabajo apoya la idea de que el humano llegó al mismo tiempo al sur de China y a Europa, hace unos 80.000 años.

Tal como ha aclarado esta investigación, aunque no resulta sencillo relacionar el clima pasado con el humano pretérito, hay casos en los que este vínculo es claro. Por ejemplo, hace unos 12.000-5.000 años el actual desierto del Sáhara estaba cubierto de vegetación, bosques, lagos y ríos. Por eso en la región se han encontrado restos de actividad humana hasta hace unos 5.000 años, momento en el que los cambios en la órbita de la Tierra trastocaron el régimen de lluvias de la zona.

Parece claro que los genes son poderosas herramientas para acercarse al pasado del hombre. Pero tienen sus límites. No se puede olvidar la complejidad de la historia humana, reflejada en la diversidad de lenguas, restos arqueológicos y linajes genéticos encontrados hoy en día. Solo una ciencia armada con muchas disciplinas, como la arqueología, la antropología, la genética y la climatología, puede tratar de entender el pasado del hombre. Ese gran viajero que caminó por todos los continentes.

Lo que la nave Hitomi vio en Perseo antes de desintegrarse


ABC.es

La sonda japonesa Hitomi, un observatorio de rayos X, fue lanzada por la agencia espacial de su país, JAXA, el pasado febrero. La nave funcionó durante poco más de un mes antes de que se perdiera el contacto y se desintegrara. Sin embargo, durante su corta vida, tuvo tiempo suficiente para echar un vistazo al cúmulo de Perseo, un enorme grupo de galaxias ligadas gravitacionalmente, situado a unos 240 millones de años luz de la Tierra. Y el tiempo de vida de Hitomi fue, en efecto, corto, pero productivo. La nave logró obtener nuevos datos sobre cómo los agujeros negros gigantes que acechan en el interior de las galaxias dan forma a las mismas actuando como una especie de «termostato». Esos resultados han sido dados a conocer este miércoles en la revista Nature.

 Una imagen de rayos X revela que el plasma caliente que envuelve el cúmulo de Perseo. - Universidad de Waterloo

Una imagen de rayos X revela que el plasma caliente que envuelve el cúmulo de Perseo. – Universidad de Waterloo

El cúmulo de Perseo incluye no sólo la materia ordinaria que forma las galaxias, sino también una «atmósfera» de plasma caliente con una temperatura de decenas de millones de grados, así como un halo de materia oscura invisible.

Estudios anteriores, que se remontan a la década de los 60, han demostrado que cada una de las galaxias en el cúmulo -y de hecho la mayoría de las galaxias- probablemente contienen un agujero negro supermasivo en su centro, un objeto de 100 millones a más de 10.000 millones de veces más masivo que nuestro Sol.

«Estos agujeros negros gigantes se encuentran entre los generadores de energía más eficientes del Universo, cien veces más eficientes que un reactor nuclear», dice Brian McNamara, investigador del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Waterloo en Canadá. «La materia que cae en el agujero negro se desgarra, liberando enormes cantidades de energía en forma de partículas a alta velocidad y energía térmica».

Este calor se libera justo desde el horizonte de sucesos del agujero negro, el límite de no retorno. La materia que queda es absorbida por el agujero negro, añadiéndose a su masa. La energía liberada calienta el gas circundante, creando burbujas de plasma caliente que viajan a través de la agrupación, al igual que las burbujas de aire se elevan en una copa de champán.

Un regulador térmico

La investigación arroja luz sobre el papel crucial que juega este plasma caliente en la evolución galáctica. Cuando los investigadores estudian la formación de la estructura del universo, se preguntan: ¿por qué no se enfría la mayor parte del gas y se forman las estrellas y galaxias? La respuesta parece ser que las burbujas creadas por explosiones de energía de los agujeros negros mantienen las temperaturas demasiado altas para que este tipo de estructuras cobren forma.

«Cada vez que un poco de gas cae en el agujero negro, se libera una enorme cantidad de energía -dice McNamara-, se crean estas burbujas, y las burbujas mantienen el plasma caliente. Eso es lo que evita que se conviertan en galaxias aún más grandes de lo que son ahora».

Debido a que el plasma es invisible a los ojos, y para los telescopios ópticos, no fue hasta la llegada de la astronomía de rayos X que la imagen completa empezó a surgir. A la luz visible, el cúmulo de Perseo parece contener muchas galaxias individuales, separadas por un espacio aparentemente vacío. En una imagen de rayos X, sin embargo, las galaxias individuales son invisibles, y la atmósfera de plasma, centrada en la galaxia más grande de la agrupación, conocida como NGC 1275, domina la escena.

A pesar de que el agujero negro en el centro de NGC 1275 tiene sólo una milésima parte de la masa de su galaxia anfitriona, y tiene un volumen mucho menor, parece tener una gran influencia en la forma en la que evolucionan la galaxia y la atmósfera de plasma caliente que la rodea. «Es como si un termostato de la naturaleza, que mantiene a estas galaxias de crecimiento. Si la galaxia intenta crecer demasiado rápido, la materia cae en el agujero negro, libera una enorme cantidad de energía, lo cual expulsa la materia y le impide la formación de nuevas estrellas».

Una uva en la Tierra

McNamara señala que el horizonte de sucesos real del agujero negro tiene aproximadamente el mismo tamaño que nuestro Sistema Solar, por lo que es tan pequeño en comparación con su galaxia madre como una uva en la Tierra. Pero «qué está pasando en esta pequeña región está afectando a un gran volumen de espacio», dice.

Los datos de Hitomi, aunque limitados, son suficientes para que los astrónomos vuelvan a pensar en el papel del plasma en la evolución galáctica, según McNamara. «El plasma se puede pensar formando una enorme atmósfera que envuelve racimos enteros de galaxias Estas atmósferas calientes representan el fracaso del pasado. El fracaso del Universo para crear las galaxias más grandes», argumenta. «Pero también es la esperanza para el futuro. Esta es la materia prima para el crecimiento futuro de las galaxias, que es todo: estrellas, planetas, gente. Es la materia prima que en los próximos miles de millones de años va a hacer la próxima generación de soles y sistemas solares, y la rapidez con que esto sucede se rige por el agujero negro».

Las observaciones proporcionan a los investigadores, por primera vez, una medición directa de la velocidad turbulenta del plasma caliente. «Esta medida nos dice cómo la enorme energía liberada por los agujeros negros supermasivos regula el crecimiento de la galaxia y el propio agujero negro», dice McNamara.

Hallan una construcción subterránea hecha por neandertales


ABC.es

  • Esta especie humana levantó con estalagmitas unas estructuras circulares en el interior de una cueva de Francia hace 175.000 años
 La construcción neandertal de la cueva de Bruniquel - Etienne FABRE - SSAC

La construcción neandertal de la cueva de Bruniquel – Etienne FABRE – SSAC

Investigadores franceses han descubierto en las profundidades de una cueva del suroeste de Francia unas estructuras circulares hechas de estalagmitas rotas que fueron levantadas por los neandertales hace al menos 175.000 años. El hallazgo, descrito en la revista Nature, supone la primera prueba de la habilidad constructora de la otra especie humana inteligente y demuestra que exploró el mundo subterráneo. Si el lugar era utilizado como refugio o tenía un significado simbólico todavía está por aclarar.

Los neandertales vivieron en Eurasia durante cientos de miles de años hasta hace unos 40.000, momento en el que desaparecieron misteriosamente tras la llegada de los humanos anatómicamente modernos. Aunque gracias a los registros arqueológicos se conocen muchas características sobre la forma de vida de este grupo, como su alimentación, el cuidado de los hijos o sus adornos, poco se sabía sobre sus habilidades constructoras por falta de pruebas directas. Hasta ahora, tan solo se les habían atribuido, con escaso consenso científico, unas pocas estructuras como agujeros para postes o elementos aislados de muros de piedra.

El equipo de Jacques Jaubert, de la Universidad de Burdeos, descubrió casi 400 fragmentos de estalactitas y estalagmitas apilados en varias estructuras, incluyendo dos que tienen una forma circular, a unos 300 metros de la entrada de la cueva Bruniquel. Una de ellas tiene 2 m de anchura y la otra, más de 6,7. La más grande está compuesta de un «muro» hecho de hasta cuatro capas superpuestas de fragmentos de estalagmita de aproximadamente 30 cm de longitud, con elementos más pequeños pegados de forma oblicua en el medio.

Al calor del fuego

Muchas de esas estalagmitas están enrojecidas, ennegrecidas o agrietadas, lo que sugiere que fueron calentadas por pequeños fuegos hechos de forma voluntaria por sus ocupantes, no de manera natural. Los autores también recuperaron un fragmento de 6,7 cm de hueso con señales de haber sido calentado, y evidencias de un efecto similar en la roca por encima y alrededor de las estructuras.

Los investigadores no tienen duda de que los autores de todo este tinglado fueron los neandertales, la única especie humana que entonces ocupaba la zona. Los anillos están hechos con piezas de tamaño similar, lo que indica que la construcción estaba cuidadosamente planeada. Además, la organización interna y el tamaño de las estructuras no encajan con los hogares de los osos de las cavernas, una posibilidad que queda descartada.

Para los científicos, este hallazgo es un ejemplo más de que los neandertales exhibían un comportamiento social complejo. Pero para qué servían esos anillos no está claro. Hacen falta hallazgos similares para aclarar si se trata de los restos de una visita subterránea casual o si eran parte de actividades regulares y planificadas, como un refugio o un lugar con significado simbólico. Eso sí, estas estructuras, muy bien conservadas porque fueron selladas por calcita muy poco después de ser erigidas, muestran que los ancestros humanos ya dominaban el ambiente subterráneo, un comportamiento moderno que parece haber emergido antes de lo que se creía.

El primer encuentro sexual de neandertales y sapiens


ABC.es

  • Sucedió hace 100.000 años en Oriente Medio, un cruce en el que la otra especie humana inteligente recibió nuestros genes

 

 Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

Representación de la salida de África de los sapiens hace 100.000 años

La relación entre el Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos todos los seres humanos actuales, y los neandertales, la otra especie humana inteligente ya extinta, es un largo e intrincado culebrón antropológico prolongado durante miles de años en el que no faltan los encuentros sexuales y el intercambio genético. E igual que en una de esas historias por entregas, uno no puede saltarse un capítulo si no quiere acabar perdido. El último episodio, publicado en la revista Nature y firmado por un amplio plantel internacional de investigadores, entre ellos varios españoles, resulta fascinante.

Los científicos, codirigidos por Sergi Castellano, del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck en Leipzig, Alemania, han dado un auténtico giro de guion. Han descubierto que hubo al menos dos cruces entre el hombre anatómicamente moderno y los neandertales. Uno en Europa hace unos 50.000 años, que ya se conocía, y otro anterior, completamente inesperado, que se produjo hace 100.000 años en Oriente Medio. Por si fuera poco, hay otra gran sorpresa. Desde que en 2010 Svante Päävo desentrañó el genoma neandertal, es sabido que en esa segunda cita ellos nos transmitieron sus genes, motivo por el que todas las personas de origen euroasiático llevan esa pequeña herencia en su «código de barras» -alrededor del 2% de nuestro genoma es neandertal-, pero resulta que también sucedió al revés: en la primera hibridación fuimos nosotros quienes les aportamos nuestro material genético.

El estudio parte del análisis de los genomas completos de un neandertal y un denisovano (otro misterioso ancestro humano) de las montañas de Altái en Siberia, cerca de la frontera entre Rusia y Mongolia, y la secuencia del cromosoma 21 de un neandertal de la cueva asturiana de El Sidrón y de otro de Vindija, en Croacia. Los resultados plantean un escenario completamente nuevo. Probablemente gracias a un cambio climático favorable, los humanos modernos salieron fuera de África hacia Asia hace más de 100.000 años, una expansión revelada por los restos encontrados en los yacimientos israelíes de Skhul y Qafzeh. Pudieron hacerlo por dos vías: a través de lo que ahora es Egipto e Israel o por la franja del Mar Rojo o el Cuerno de África hacia la Península Arábiga.

 «Muchos creían que fue una migración fallida, sin descendencia, y que no llegaron muy lejos, pero unas herramientas de piedra recuperadas al sur de Arabia y los restos hallados en China recientemente nos dicen lo contrario», explica a ABC Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y coautor del estudio. Probablemente, estos humanos modernos se extinguieron más tarde y por eso no forman parte de nuestros ancestros.

Múltiples cruces

«Esos sapiens eran hombres de aspecto robusto y primitivo, que aún recuerdan al Homo erectus; también portadores de rasgos que comparten todas las poblaciones subsaharianas actuales», describe Rosas. Durante ese viaje temprano se produjo la primera hibridación con los neandertales, que posteriormente pudieron desplazarse al sur de la actual Siberia, portando los genes sapiens. Pero no todos los neandertales tienen esas secuencias genéticas. No es el caso de los dos de la Península Ibérica, por lo que puede que esos grupos no coincidieran con los sapiens o, si lo hicieron, no tuvieran descendencia. Nuestra «huella» tampoco aparece en el denisovano analizado.

«Este descubrimiento representa un paso más en la demolición del anterior paradigma de la evolución humana. Ahora sabemos que ha habido múltiples cruzamientos entre humanos modernos y homínidos arcaicos que han contribuido a acelerar la adaptación de estas poblaciones», apunta Carles Lalueza-Fox, líder del Laboratorio de Paleogenómica del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), quien también cree además que «esto ha debido ocurrir también en el pasado más remoto de nuestro linaje, desde hace millones de años».

Los hijos, con los sapiens

Los investigadores todavía desconocen cómo se produjeron esos encuentros entre ambas especies, si fueron varones sapiens y féminas neandertales quienes mantuvieron relaciones, o al revés. «Pero cabe sospechar que los descendientes híbridos, ya sea porque una sapiens se quedara embarazada de un neandertal o una neandertal fuera raptada por unos sapiens, permanecían en los grupos sapiens, y a su vez sus descendientes se cruzaban con otros sapiens», dice Rosas. «Lo que también está claro es que la hibridación fue relativamente frecuente pero cuantitativamente escasa: la transferencia de secuencias genéticas hacia el ser humano es pequeña, de solo un 2%», puntualiza. Sin embargo, las consecuencias llegan hasta nuestros días y es ahora cuando empezamos a descubrirlas. Una investigación de la Universidad Vanderbilt en Nashville (Tennessee, EE.UU.), publicada en la revista Science hace una semana, relacionaba la depresión, la adicción al tabaco, el infarto de miocardio e incluso algunas lesiones cutáneas con la herencia de esos parientes europeos.

El Homo neanderthalensis desapareció para siempre hace unos 40.000 años por causas que todavía son un misterio, aunque quizás la endogamia fue un factor determinante, ya que los neandertales tenían una baja diversidad genética. Cuando por fin pueda ser escrita, esa historia cerrará un capítulo de la evolución humana del que aún hay mucho que contar.

 

Una cruel matanza, la primera guerra de la Historia


ABC.es

  • Un estudio publicado en «Nature» analiza un yacimiento cercano al lago Turkana, en Kenia, en el que se han encontrado los restos de 27 personas que murieron golpeadas, maniatadas y atravesadas por flechas, en el que puede ser uno de los primeros actos de violencia organizada de la humanidad

 

 Cráneo de un hombre con múltiples lesiones causadas por un objeto contundente, como un palo - MARTA MIRAZON LAHR

Cráneo de un hombre con múltiples lesiones causadas por un objeto contundente, como un palo – MARTA MIRAZON LAHR

Un equipo de investigadores del Centro Leverhulme de Estudios Evolutivos Humanos, de la Universidad de Cambridge, ha encontrado en Nataruk, Kenia, a solo 30 kilómetros del lago Turkana, los huesos fosilizados de un grupo de cazadores recolectores que fueron literalmente masacrados hace cerca de 10.000 años. Se trata de restos parciales de por lo menos 27 individuos, entre los que hay ocho mujeres y seis niños. Según los científicos, estamos aunte una auténtica matanza prehistórica que retrasa en varios miles de años el origen de la guerra tal y como la entendemos en la actualidad. El estudio aparece hoy en «Nature».

Doce de los esqueletos están prácticamente completos, y hasta diez de ellos muestran signos evidentes de una muerte violenta: traumatismos en cráneos y pómulos; manos, rodillas y costillas rotas; lesiones de flecha en el cuello y fragmentos de proyectiles de piedra en el cráneo y el tórax de dos de los hombres así lo atestiguan.

La violencia humana es probablemente tan antigua como el altruismo

Varios de los esqueletos fueron encontrados boca abajo, la mayoría de ellos con graves fracturas craneales. Por lo menos otros cinco mostraban indicios de haber sufrido fuertes traumatismos, algunos provocados por flechas. La posición de otros cuatro sugiere que estuvieron con las manos atadas, lo que incluye a una mujer en avanzado estado de gestación, como indica la presencia de huesos fetales.

Los cuerpos, además, no fueron enterrados. Algunos cayeron a una laguna que se secó hace ya mucho tiempo, conservando los huesos en su sedimento.

Los hallazgos sugieren que este grupo de cazadores recolectores, quizá miembros de un clan mucho mayor, fueron atacados y muertos por un grupo rival de recolectores prehistóricos. Los investigadores creen que estamos ante la primera evidencia histórica científicamente documentada de un conflicto humano, un antiguo precursor de lo que hoy llamamos guerra.

Los orígenes de la guerra

Los orígenes de la guerra, en efecto, son muy controvertidos. Algunos piensan que la capacidad para la violencia organizada tiene raíces muy profundas en la historia evolutiva de nuestra especie, mientras que otros sostienen que surge de la idea de «propiedad» que se desarrolla después de que los humanos dejaran la vída nómada y se asentaran, dando origen a la agricultura.

Por eso la matanza de Nataruk resulta tan importante. Se trata, de hecho, del primer registro disponible de violencia inter grupal entre cazadores recolectores de vida nómada.

En palabras de Marta Mirazon Lahr, de la Universidad de Cambridge y autora principal del estudio, «las muertes de Nataruk dan testimonio de la antiguedad que tienen la violencia entre grupos y la guerra. Estos restos humanos muestran la matanza intencionada de un pequeño grupo de recolectores que no fueron enterrados, y proporciona una evidencia única de que la guerra formaba parte del repertorio de las relaciones inter grupales entre los cazadores recolectores prehistóricos».

El yacimiento fue descubierto en 2012. Tras una meticulosa excavación, los investigadores utilizaron el radiocarbono y otras técnicas de datación para establecer la antiguedad tanto de los esqueletos como del sedimento que rodea los restos. Así lograron situar a Nataruk en un tiempo concreto. Las estimaciones indican que el suceso tuvo lugar entre hace 9.500 y 10.500 años, al principio del Holoceno, el periodo geológico inmediatamente posterior a la última Edad de Hielo.

Aunque ahora se trata de una zona de matorrales, hace 10.000 años el área alrededor de Nataruk era un territorio fértil alrededor de un lago, que daba sustento a una numerosa población humanaas. El yacimiento se encontraba probablemente al borde de una laguna y muy cerca de la orilla del lago Turkana, mucho más grande, con amplias zonas pantanosas y bordeado por bosques y corredores boscosos.

Se trataba, en definitiva, de un lugar ideal para los humanos prehistóricos que lo habitaban, con fácil acceso a la pesca y el agua potable y sin duda codiciado por otros grupos rivales. La presencia de cerámica indica que los pobladores almacenaban alimentos.

Para Mirazon Lahr, «la matanza de Nataruk pudo ser el resultado de un intento de apoderarse de los recursos (territorio, mujeres, niños, alimentos almacenados) cuyo valor puede equipararse al de la producción de alimento en las sociedades agrícolas posteriores y entre las que los ataques violentos formaban parte de la vida. Esto ampliaría la historia de las mismas condiciones socioeconómicas subyacentes que caracterizan a otros ejemplos de la guerra primitiva: una vida más asentada y materialmente más rica. Por otra parte, Nataruk podría ser simplemente la evidencia de una respuesta antagónica estándar para un encuentro entre dos grupos sociales en ese tiempo».

El antagonismo clásico entre los grupos de cazadores-recolectores de la historia reciente suele dar lugar alasesinato de los varones y a la absorción de las mujeresy los niños por parte del grupo victorioso. En Nataruk, sin embargo, parece que muy pocos, si es que alguno lo hizo, se salvaron.

Los restos de la matanza

De los 27 individuos registrados, 21 eran adultos: ocho varones, ocho mujeres y otros cinco de los que no se ha podido determinar el sexo. También se hallaron restos parciales de seis niños, mezclados o muy cerca de los de cuatro mujeres adultas y otros dos individuos de sexo desconocido. Ningún niño fue encontrado cerca de un varón. Y los seis pequeños, excepto un joven adolescente cuyos dientes revelan que debió tener entre 12 y 15 años, tenían menos de seis años de edad.

Diez de los esqueletos muestran evidencias de lesiones graves y que probablemente les llevaron a una muerte casi instantánea. Cinco de ellos, en efecto, fueron heridos por flechas, y en otros cinco se aprecian graves contusiones en el cráneo, probablemente causadas por palos de madera. Otros traumas registrados incluyen rodillas, manos y costillas fracturadas.

En dos de los cuerpos fueron encontrados tres artefactos, probablemente restos de flecha o de puntas de lanza. Dos de esos artefactos estaban hechos de obsidiana, una roca volcánica de color negro y tan afilada que podría usarse como maquinilla de afeitar. «La obsidiana –afirma Mirazon Lahr– es rara de encontrar en otros yacimientos de la Edad de Piedra en esta zona del lago Turkana, lo que sugiere que los dos grupos que se enfrentaron en Nataruk vivían en lugares diferentes».

Uno de los varones adultos aún conserva una hoja de obsidiana incrustada en su cráneo. Y aunque ésta no logró perforar el hueso, otra lesión indica que una segunda arma sí que lo hizo, aplastando toda el área frontal de su cabeza y cara. «El hombre –afirma la investigadora– parece haber sido golpeado en la cabeza por lo menos por dos proyectiles, y en las rodillas por un objeto contundente, cayendo boca abajo en el agua poco profunda de la laguna».

Otro de los varones adultos muestra dos golpes en la cabeza, uno sobre el ojo derecho y el otro en el lado izquierdo del cráneo, que quedó aplastado en los dos puntos de impacto y se agrietó en diferentes direcciones.

Los restos de un feto de entre seis y nueve meses fueron recuperados de la cavidad abdominal de una de las mujeres, que fue descubierta sentada en una posición sentada. De hecho, cuando Mirazon Lahr y sus colegas la encontraron, solo podían ver sus dos rodillas rotas sobresaliendo de la tierra. La posición del cuerpo indica, además, que sus manos y sus pies podrían haber estado atados.

Aunque nunca sabremos por qué el clan fue tan brutalmente asesinado, Nataruk es uno de los casos más claros de violencia entre grupos hallado hasta ahora entre cazadores recolectores prehistóricos. Y demuestra la existencia de guerras a pequeña escala entre las sociedades de la época.

Para Roberto Foley, también de la Universidad de Cambridge y coautor de la investigación, los hallazgos de Nataruk muestran que la violencia humana es, probablemente, tan antigua como el altruismo, cualidad que ha hecho de la nuestra la especie más cooperativa del planeta. «No me cabe duda –afirma– que está en nuestra biología ser agresivos y letales, del mismo modo que lo está ser profundamente cariñosos y amorosos. Mucho de lo que entendemos acerca de la biología evolutiva humana sugiere que son dos caras de la misma moneda».

 

 

El núcleo interno de la Tierra se formó hace más de mil millones de años


ABC.es

  • La capa más profunda de la Tierra es una bola de hierro sólido algo más grande que Plutón que está rodeada por un núcleo externo líquido
ABC | Imagen de la supuesta apariencia actual del núcleo terrestre

ABC | Imagen de la supuesta apariencia actual del núcleo terrestre

El momento en que se formó el núcleo interno de la Tierra es objeto de un animado debate entre los científicos y ahora un estudio lo sitúa en un arco temporal de hace 1.000 a 1.500 millones de años.

La capa más profunda de la Tierra es una bola de hierro sólido algo más grande que Plutón que está rodeada por un núcleo externo líquido, cuya formación se produjo entre 500 millones y 2.000 millones de años atrás, pero los científicos no llegan a un acuerdo más preciso.

Expertos de las universidades de Liverpool (Reino Unido),Helsinki y San Diego (Estados Unidos) analizaron datos magnéticos de antiguas piedras incandescentes y descubrieron que hace 1.000 o 1.500 millones de años se produjo un marcado aumento de la fuerza del campo magnético de la Tierra, según un estudio publicado hoy miércoles en Nature.

Ese aumento del campo magnético es «una posible indicación» de la primera aparición de hierro sólido en el interior de la Tierra y del momento en el que el núcleo interno sólido se empezó a «helar» a partir del enfriamiento de la capa más exterior de hierro fundido.

El experto en paleomagmatismo de la Universidad de Liverpool y director del estudio, Andy Biggin, consideró que este descubrimiento «podría cambiar nuestra comprensión del interior de la Tierra y su historia».

Por el momento se mantiene la controversia sobre cuándo apareció por primera vez hierro solido en el núcleo interno de la Tierra, un proceso llamado «nucleación», pero esa datación es «crucial para determinar las propiedades y la historia del interior de la Tierra».

Asimismo, tiene importantes implicaciones para saber cómo se generó el campo magnético de la Tierra, que actúa como un escudo contra la radiación dañina del Sol.

Los resultados del estudio «sugieren que el núcleo de la tierra se está enfriando más lentamente de lo que se creía, circunstancia que tiene implicaciones para todas las ciencias terrestres».

Además «apuntan a un tasa medida de crecimiento del núcleo sólido de un milímetro por año, lo que afecta a nuestra comprensión del campo magnético terrestre», agregó el experto.

El campo magnético de la Tierra se genera por el movimiento del hierro líquido presente en el núcleo exterior, que se sitúa a unos 3.000 kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre. Esos movimientos se producen porque el núcleo está perdiendo calor.

Biggin indicó que «el modelo teórico que mejor encaja con nuestros datos indica que el núcleo está perdiendo calor más lentamente que en cualquier momento anterior en los últimos 4.500 millones de años y que ese flujo de energía debería mantener el campo magnético de la Tierra durante otros mil millones de años o más».

El experto destacó que esta situación contrasta con la situación en Marte, «que tuvo un fuerte campo magnético al comienzo de su historia, pero que parece que se extinguió después de 500 millones de años».

La humanidad ya ha destruido la mitad de todos los árboles del planeta


El Pais

1441206399_772262_1441212190_sumario_normal

Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?

Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.

El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano.

La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres de solemnidad como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.

El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.

Si este ritmo de destrucción sigue sin cambios, los árboles desaparecerán del planeta en 300 años. Son tres siglos, unas 12 generaciones. “Ese es el tiempo que queda si no hacemos nada, pero tenemos la esperanza de que podremos frenar el ritmo y aumentar la reforestación en los próximos años para aliviar el impacto humano en los ecosistemas y el clima”, explica Thomas Crowther, investigador de la Universidad de Yale (EE UU) y primer autor del estudio.

Europa deforestada

Hace dos años, representantes de la “Campaña de los 1.000 millones de árboles” de la ONU para replantar parte de la vegetación perdida necesitaban saber cuánto impacto estaban tendiendo sus esfuerzos. Contactaron a Crowther, que trabaja en la Escuela de Estudios Forestales y Medioambientales de Yale, para preguntarle cuántos árboles hay en el mundo y cuántos en las diferentes regiones donde trabajan. Fue el comienzo del presente estudio, firmado por 38 investigadores de 14 países. Juntos recopilaron datos de la densidad forestal tomados en más de 400.000 puntos de todos los continentes menos la Antártida. Dividieron la Tierra en 14 tipos de biomas, o paisajes bioclimáticos, estimaron la densidad de árboles en cada uno de ellos basándose en imágenes de satélite y comprobaron su fiabilidad con las medidas sobre el terreno. Por último compusieron el mapa global de árboles más preciso que se ha hecho nunca, en el que cada píxel es un kilómetro cuadrado.

Los resultados muestran que la mayor densidad de árboles se encuentra en los bosques boreales y de las regiones subárticas de Rusia, Escandinavia y Norteamérica. La mayor extensión de bosques está en los trópicos, con el 43% de todos los árboles del planeta. Los bosques del norte solo contienen el 24% del total de ejemplares y el 22% está en zonas templadas.

Europa es una de las zonas más castigadas. “Antes de la civilización, toda Europa era un gran bosque, pero la presión humana debido al desarrollo agrícola, industrial y urbano convierten a esta región en una de las más deforestadas en todo el mundo”, detalla Crowther. En España hay 11.300 millones de árboles, 245 por persona.

Los volcanes, y no los bárbaros, destruyeron el Imperio Romano


ABC.es

  • Un nuevo estudio afirma que las erupciones provocaron una serie de catástrofes naturales que terminaron colapsando esta civilización y favoreciendo la llegada de los bárbaros
Archivo ABC Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Archivo ABC | Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Desde la división de los territorios en dos regiones (Oriente y Occidente), hasta las invasiones bárbaras. Los libros de Historia suelen atribuir a diferentes causas militares y políticas la caída definitiva del Imperio Romano, una civilización con siglos de vida que terminó capitulando en 1453 tras años y años de decadencia. Sin embargo, un nuevo estudio publicado por la revista «Nature» afirma que la conquista de este territorio por los bárbaros no fue más que una consecuencia provocada por una serie de erupciones volcánicas que terminaron diezmando a la ya maltrecha población romana. Todo ello, a base de hambrunas y enfermedades.

Concretamente, y tal y como ha afirmado en declaraciones recogidas por el «Daily Telegraph» Michael Sigl (profesor e investigador en el Instituto Paul Scherrer -en Suiza- y en el Instituto de Investigación del Desierto -ubicado en Nevada-), se ha logrado llegar a esta conclusión mediante la recreación de 300 erupciones volcánicas sucedidas durante un período de 2.500 años. Esta investigación les ha permitido establecer lo determinantes que han sido las erupciones volcánicas en la Historia antigua y en el devenir de determinadas civilizaciones. Entre las más importantes de ellas se hallaría el Imperio Romano.

Una de las mayores hambrunas de Roma

Corría el año 536 D.C. cuando, un 24 de marzo, el cielo sobre Europa continental se oscureció y una nube de polvo tomó la región. Tal y como afirman en sus escritos historiadores como Prokopios, la suciedad -de origen desconocido por entonces- era tal que el sol apenas brillaba. Aquel «castigo divino», como fue entendido, hizo que no hubiese luminosidad suficiente para que los cultivos floreciesen, lo que derivó en una gran hambruna. Apenas tres años más tarde, volvió a suceder lo mismo, y nuevamente, por razones indeterminadas. El hambre se volvió a generalizar entre la población y los restos de ceniza en el aireprovocaron todo tipo de enfermedades. La situación fue tan grave que fue llamada «la Plaga de Justiniano».

Ahora, sin embargo, Sigl y sus compañeros han descubierto algo que ya se sospechaba, que la causa de todos aquellos desastres fueron una serie de erupciones volcánicas sucedidas en América del Norte y los trópicos que expulsaron una ingente cantidad de sulfato y ceniza a la atmósfera. Al desplazarse miles de kilómetros, estas nubes de polvo provocaron desde hambrunas, hasta epidemias de peste. O al menos, así lo barajan los expertos. Concretamente, consideran que los dos estallidos que generaron aquel desastre en Roma se sucedieron en los años 535 y 539 (ambos en los actuales Estados Unidos).

Aquellas erupciones provocaron la ruina en el Imperio. Así lo afirmaron varios historiadores como Casiodoro, un político italiano que escribió que la región tuvo «un invierno sin tormentas, primavera ni suavidad» y un «verano sin calor». A su vez, el polvo hizo que cayeran las temperaturas, que hubiera una gran sequía y las ya conocidas epidemias y hambruna. Todos aquellos desastres acabaron con la vida de un tercio de los europeos y debilitó a la sociedad romana de tal forma, que la terminó dejando indefensa ante las consiguientes invasiones bárbaras. Fue la puntilla para una civilización ya renqueante.

«El estudio nos ha permitido esclarece los largos debates que hay sobre el origen y las consecuencias de las anomalías climáticas severas y mundiales del año 536 A.C. Hemos encontrado al menos dos grandes erupciones volcánicas en este período que, entre otras cosas, provocaron que las temperaturas bajaran debido a que las grandes cantidades de sulfato volcánico que expulsaron impidieron que los rayos del sol incidiesen sobre la Tierra. Esto proporciona un contexto ambiental para la hambruna generalizada y la gran plaga de Justiniano que fue responsable de las poblaciones de diezmado en el Mediterráneo», añade el experto.