Category: Egipto



El Mundo

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Un hueco, descubierto fortuitamente durante unas tareas de limpieza, ha abierto la puerta a un nuevo y colorido hallazgo bajo las arenas de Luxor, la antigua Tebas de los faraones. Una misión japonesa ha localizado una tumba que pertenecería a un escriba real que vivió en época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en el sur de Egipto.

“Encontramos un gran agujero en el muro norte durante la limpieza de la zona oriental del patio delantero de la tumba de Userhat [alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón]”, relata el nipón Jiro Kondo, profesor de Arqueología de la universidad Waseda de Tokio y director de la misión que ausculta la sepultura TT47 en la orilla occidental de Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.

“Tras deslizarnos por la abertura, nos percatamos de que conducía hacia la pared sur de una de las estancias de la recién descubierta tumba de Jonsu”, detalla el experto. El primer examen de la sepultura –ubicada en la necrópolis de El Joja– ha arrojado algunos datos de su dueño: Jonsu, un escriba real “de renombre” -como le retratan los jeroglíficos hallados en el interior- que debió desarrollar su labor en época ramésida (1292-1069 a.C.), un período en el que gobernaron once faraones bajo el nombre de Ramsés.

A pesar de los achaques del tiempo, la tumba en forma de T -con el acceso principal sepultado por los escombros y en dirección hacia el este- guarda entre sus muros una colección de escenas talladas en la piedra que aún conservan retazos de los vivos colores de antaño. Así, la pared norte junto a la puerta muestra el barco solar del dios naciente Ra Atón mientras es adorado por cuatro babuinos. En otras áreas de la oquedad, como el muro oriental, Jonsu y su esposa rinden culto a Osiris, la deidad de la resurrección, y su cónyuge Isis, la gran diosa madre en la mitología egipcia. Ambas figuras, despedazadas, aparecen también en la zona norte.

“Por desgracia la mayoría de las pinturas murales de la sala transversal han desaparecido”, apunta Kondo, cuyo equipo confía en desentrañar nuevos secretos cuando se retiren los grandes bloques de piedra que se acumulan en la cámara interior de la tumba, que desde el acceso hasta la última estancia mide unos 4,6 metros. De momento, el egiptólogo japonés reconoce que las decoraciones que permanecen en el techo se hallan en mejor estado que las que lucen los muros.

La misión de Kondo firmó un sonado hallazgo a principios de 2014 al desvelar la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de época ramésida en la necrópolis tebana, también durante la limpieza de la cercana sepultura de Userhat. El difunto, Jonsu Im Heb, era el máximo responsable de la factoría y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento fue un descubrimiento formidable por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos aportaron detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas.


ABC.es

  • El equipo liderado por la arqueóloga española Myriam Seco culmina con éxito en Luxor la novena campaña

Cuando la arqueóloga sevillana Myriam Seco comenzó, hace ya nueve años, sus excavaciones en Luxor, apenas parecía quedar nada del templo funerario de Tutmosis III, convertido en una colina llena de piedras. En la orilla oeste del Nilo, y frente al pico Qurna, se había levantado una vez el Templo de Millones de Años del faraón conocido como «Napoleón egipcio», pero nadie lo había investigado a fondo. Arqueólogos hicieron una tentativa en 1906, para después abandonarlo. En las manos de Seco y su equipo, el yacimiento ha demostrado ser fecundo como nadie esperó: el templo y varias necrópolis abarcan más de 1.500 años de historia del Antiguo Egipto.

Trabajan en este proyecto una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como 150 trabajadores locales

«No esperaba que iba a ser tan rico. Era un descampado lleno de basura», comenta Seco mientras guía el camino a través de los muros de adobe que perimetran el templo donde se afanan durante tres meses una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como más de 150 trabajadores locales. Si en su primerísima semana, allá en 2008, encontraron una suerte de almacén donde los arqueólogos anteriores habían acumulado decenas de fragmentos de muros y relieves –«fue como una señal»- la campaña de 2016 acabó con un muy buen sabor de boca: en noviembre encontraron un bellísimo y bien conservado cartonaje de momia e investigan ahora un complejo funerario que guarda más de una decena de momias en su depósito.

El descubrimiento de la tumba con el cartonaje, que el equipo estima provisionalmente en el Tercer Período Intermedio, amplía aún más los años de vida del yacimiento, que comienzan con una necrópolis de fosas simples y humildes (dinastía XI) y una segunda necrópolis justo bajo el suelo del templo, con tumbas de pozo y pasillo (Imperio Medio, dinastías XII y XIII). «Prefería un templo, y al final salió una necrópolis», bromea Seco, afincada en Egipto.

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Así era el templo

Con gestos y un torrente de explicaciones, la egiptóloga dibuja cómo era el templo; un pilono de adobe, al otro lado de la carretera del siglo XX, y una muralla de adobe encalada en blanco. ¿Cómo se sabe que era blanco? Seco muestra una zona donde todavía se conservan restos de las diversas capas de cal que lo pintaron. Tras él se avanza hasta un segundo patio: en su momento, ocho árboles persea ofrecieron algo de sombra. En una campaña anterior, Seco encontró hojas, raíces y tierra fértil en los agujeros, de más de 9 metros de profundidad. Ha pedido permiso para volver a plantarlos, que de momento le ha sido denegado, aunque insistirá: el uso de árboles le da al templo una característica bien distinta a los de otros, diseminados a la orilla del río Nilo. Una rampa daba acceso a una nueva plataforma, flanqueado por un pórtico de estatuas –quedan sus bases– precediendo al peristilo, capillas y santuarios. Los relieves de arenisca que adornaban las paredes, aún hechos pedazos, cuentan la historia de Tutmosis, el «Napoleón egipcio», por sus campañas militares, desde sus cacerías de elefantes en Asia (área de la actual Siria) hasta la pleitesía de los nubios del sur.

A lo lejos, se oye el esporádico «clinc-clinc» del equipo de trabajadores que talla la piedra caliza que se colocará en parte del suelo, reconstruido para que los turistas puedan imaginar cómo fue el templo. «¡Alhamdulilah! (Gracias a dios)», gritan cuando logran desplazar una pieza especialmente grande.

En 7 u 8 años se convertirá en un museo al aire libre donde el visitante podrá caminar sobre los muros de adobe y asomarse a las tumbas del patio

El proyecto de convertirlo en un museo, que el equipo de Seco tuvo muy presente desde el principio, empieza a dibujarse y deja ver lo que será en 7-8 años: un puzle de épocas conviviendo en una misma parcela, un museo al aire libre donde el turista «caminará sobre los muros» de adobe y podrá asomarse a las tumbas del patio. Sobre el muro original, han levantado una «hilada de sacrificio» que realza el elemento arquitectónico, hasta entonces devorado por la arena. La ingenua incredulidad de que muros tan altos hayan logrado preservarse resulta injustificada cuando Agustín Gamarra, «el experto adobero», muestra hasta dónde llegaba el último ladrillo de barro original conservado. En el exterior del templo, una charca de barro y la sabiduría de los locales son la génesis de los nuevos ladrillos de adobe «fabricados con los mismos materiales»: barro, paja (utilizan fibras largas, de caña de azúcar) y secarse al sol.

Siguiendo el «libro» de los perfiles estratigráficos, los arqueólogos rastrean los distintos niveles del suelo, que permiten seguir las sucesivas vidas del templo, centro religioso pero también económico e, incluso, residencial.

Dinastía XVIII

El templo, de la dinastía XVIII e iniciado en los años de la Hatsheptut, corregente del entonces faraón niño, tenía mucha actividad, como demuestran los miles de vasijas de ofrendas desechadas junto al muro exterior, el particular «basurero» del complejo. Se mantuvo en activo casi los 50 años de gobierno de Tutmosis III, pero también durante el reinado de su hijo, Amenofis II. El equipo de Seco ha encontrado además unas habitaciones anexas, esta vez de época ramésida (dinastía XIX). Precedida por un dintel y una jamba blanca decorada –cuya copia se puede ver in situ, el original está en el museo de Luxor, donde también se exhiben joyas, marfil y cuchillos mágicos encontrados en las tumbas– está la casa de Jonsu, «sacerdote de Menkheperrá» (Tutmosis III).

«Con el descubrimiento de esta casa, aclaramos un enigma histórico. Jonsu fue sacerdote en tiempos de Ramsés II que ejerció en el propio templo de Tutmosis III», señala Javier Martínez Babón, epigrafista y egiptólogo de la excavación, lo que demuestra que, más de una decena de faraones después, seguía habiendo actividad religiosa en el complejo. Una vez abandonado e incluso saqueado por otros faraones, que se fueron llevando las piedras, el yacimiento alojó sucesivas necrópolis de periodos más tardíos (dinastías XXI-XII y dinastías XXV-XXVI).

Desde que comenzó la excavación en 2008 se han encontrado más de un centenar de momias

Bajo una sombrilla, Babón se afana en documentar cada pieza «con algo de relevancia» que escupe el yacimiento. Resulta, según dice y se puede apreciar, «un trabajo ingente». La riqueza del yacimiento provoca que las ramas de investigación, más allá de la mera excavación, se multipliquen. Durante los tres meses de campaña conviven epigrafistas, arqueólogos, restauradores y gente de la rama de Bellas Artes y documentación. El proyecto cuenta con un convenio con la Universidad de Granada y con la Universidad de Tübingen (Alemania), segunda alma mater de Seco. Se estudia y se restauran las estructuras y las tumbas, pero también se pone un ojo en las momias encontradas, más de un centenar desde que comenzaron la excavación en 2008, financiada por la Fundación Botín, Banco Santander, Cemex y Cajasol.

«El templo está volviendo a la vida», aprecia el arqueólogo Ibrahim Noureddine, antes de adentrarse de nuevo en el pozo que conduce a «su» tumba. Con una riqueza que pocos esperaban, Thutmose III Project «es un proyecto que ha adquirido una dimensión muy notoria. Era un pedregal, no se veía absolutamente nada. Da mucha satisfacción verlo ahora», rezuma entusiasmo Babón. El 15 de diciembre, Seco echó el cierre a la novena campaña. Le esperan otros 9 meses de investigación y publicación del infinito material hasta regresar, un año más, a Luxor.


El Mundo

Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Un cementerio, un poblado y los restos de la vida diaria que hace 5.316 años transitó su callejero. Es el fascinante hallazgo firmado por un equipo de arqueólogos egipcios en las proximidades de un templo de Abydos, uno de los principales centros políticos del Alto Egipto situado a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo.

“Es probable que la necrópolis y el poblado pertenecieran a altos funcionarios y supervisores de las tumbas reales y las estructuras mortuorias de los reyes de la primera dinastía de Abydos”, ha explicado Mahmud Afifi, el jefe del departamento de antigüedades del ministerio de Antigüedades egipcio en un comunicado difundido este miércoles.

El descubrimiento, que data de principios de la primera dinastía faraónica (3300-2850 a.C.), ha sido localizado a unos 400 metros del templo del monarca Seti I en Abydos, en la provincia sureña egipcia de Sohag, durante la excavación de una misión arqueológica egipcia.

En el entramado urbano, el equipo también ha rescatado algunas piezas de la vida de sus moradores como chozas, vasijas de cerámica, piedras o herramientas de hierro que -según la expedición- podrían pertenecer a los trabajadores a cargo de construir las tumbas reales. Su presencia demuestra la existencia de una ciudad habitada por los empleados. “El equipo ha logrado desenterrar 15 grandes tumbas de adobe que miden en algunos casos hasta 14 por 5 metros. Tienen diseños y estilos arquitectónicos diferentes”, ha indicado el jefe del departamento de Antigüedades del Alto Egipto Hani Abu al Azm.

“Algunos enterramientos -ha agregado- tienen mayores proporciones que las tumbas reales de la primera dinastía que se hallan en Abydos, lo que demuestra la importancia de sus propietarios y de los cargos y la posición social que disfrutaban en este periodo temprano de la historia de Egipto”. Precisamente el hallazgo puede arrojar luz sobre la renombrada Abydos, que en pleno y árido desierto albergó un cementerio para nobles en el período predinástico y se convirtió más tarde en la necrópolis de los primeros monarcas de Egipto.

A juicio del director de la misión, Yaser Mahmud Husein, “algunas de las tumbas son únicas pues están formadas por más de una mastaba [edificación funeraria con forma troncopiramidal y de base rectangular]”. “Llegan -añade- a tener hasta cuatro. Fueron empleadas en las tumbas de la primera dinastía en Saqqara [cerca de la actual ciudad de El Cairo] y luego en la tercera por lo que es la primera vez que se halla en la primera dinastía en Abydos”.

Abydos y su extenso complejo guardan aún secretos bajo sus arenas. En 2014 una misión de arqueólogos de la universidad estadounidense de Pensilvania, que ha horadado este terruño durante tres décadas, halló la tumba y el esqueleto del faraón Senebkay, un rey desconocido hasta ahora que gobernó hace 3.700 años, durante el decrépito y agitado segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.). Un año antes habían localizado la tumba del también rey Sobekhotep, formada por un enorme sarcófago de cuarcita y más de 60 toneladas.

Todos los gobernantes de la primera dinastía fueron enterrados en Abydos. En la dinastía II, sin embargo, el cementerio real se trasladó por algún tiempo a Saqqara, donde los monarcas eran enterrados en sofisticados laberintos subterráneos con gran cantidad de cámaras y corredores. Los últimos reyes de aquella dinastía se reconciliaron con Abydos y la eligieron para iniciar su vida de ultratumba.

 


El Pais

  • La misión que dirige la sevillana Myriam Seco halla un hermoso enterramiento anexo al santuario de Tutmosis III en Luxor
1479128089_531120_1479129968_noticia_normal_recorte1

Ataúd de cartón pintado hallado en el templo de Tutmosis III, en Luxor (Egipto).

Mientras en Egipto la atención mediática se centra en los misteriosos espacios desconocidos de la Gran Pirámide y en la tumba de Tutankamón, sin que acabe de hacerse luz sobre ellos, el paciente y a menudo silencioso trabajo de los arqueólogos continúa en los yacimientos que se extienden por todo el país. Esa labor meticulosa produce descubrimientos que hacen avanzar el conocimiento científico del Antiguo Egipto y a veces también hallazgos espectaculares. Es el caso del enterramiento hallado por la misión que dirige la egiptóloga sevillana Myriam Seco en el yacimiento del templo funerario de Tutmosis III en la gran necrópolis tebana, en la orilla oeste del Nilo en Luxor.

En el exterior del muro perimetral del templo del poderoso faraón guerrero (conocido como “el Napoleón egipcio”), en la zona sur, los arqueólogos han excavado en un pozo de poca profundidad un nicho que albergaba un sarcófago de madera en cuyo interior se encontraba la momia dentro de un hermoso cartonaje antropomorfo, un ataúd de cartón pintado. El sarcófago, atacado por las termitas, presentaba graves daños en su parte central y no ha podido ser recuperado en su totalidad, ha explicado a este diario desde Luxor Myriam Seco. Sin embargo, el cartonaje “se encuentra en buen estado de conservación y permite observar bellas imágenes dotadas de un impresionante colorido”.

Los científicos han identificado en el cartonaje y en los restos del sarcófago el nombre y el título del personaje que fue enterrado: el funcionario Amon Renef, Sirviente de la Casa Real. Estudios preliminares sitúan el enterramiento a comienzos del Tercer Periodo Intermedio, en torno a los siglos XI o X antes de Cristo.

Entre los elementos religiosos y simbólicos que presenta el ataúd de cartonaje policromado figuran el disco solar y la cobra, las diosas protectoras Isis y Neftis con las alas desplegadas, los cuatro hijos de Horus, que custodiaban las vísceras del difunto, y halcones protectores con las alas también desplegadas.

En cuanto a la momia, “la estudiaremos la semana próxima con escáner y rayos X para identificar sus rasgos físicos y tratar de dilucidar la causa de la muerte, así como determinar si lleva joyas y amuletos”. El enterramiento no incluía más ajuar que el sarcófago de madera y el cartonaje policromado.

El hallazgo se enmarca en la novena campaña de trabajos en el templo de Tutmosis III que persigue el doble objetivo de rehabilitar el recinto –dejado de la mano de Dios durante mucho tiempo- para hacerlo inteligible y mostrar su esplendor original, y excavar el área, que está llena de tumbas de pozo correspondientes a diferentes periodos.

“Sabíamos que el templo fue construido sobre una necrópolis anterior, del Reino Medio, con gente de alto rango social”, ha explicado Seco. “hace dos años encontramos otra necrópolis junto al muro norte, correspondiente a gente humilde, también anterior a la edificación del templo. Y al final de la temporada pasada, al oeste del recinto, dos tumbas de época tardía. Ahora aparece esto, al sur, que demuestra que una vez el templo quedó abandonado y en ruinas y se siguió usando como necrópolis”.

El yacimiento, subraya Seco, ha demostrado, como se ve, poseer una riqueza arqueológica extraordinaria, que abarca un arco cronológico superior a los 1500 años y aporta materiales e informaciones de las dinastías XI, XII, XVIII y XIX, así como de principios del Tercer Periodo Intermedio y la Época Baja. La misión, fruto de la cooperación entre el Ministerio de Antigüedades Egipcio y la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la financian la Fundación Botín, el Banco de Santander, Cemex y Cajasol.

Sobre la situación actual en Luxor, Myriam Seco dice que parece mejorar el turismo. “Se mueve algo, y hay más esperanza. Vemos pasar más autocares”. En cuanto a las misteriosas cámaras secretas de la tumba de Tutankamón –en el Valle de los Reyes, cerca de donde trabaja la egiptóloga-, “no parece haber novedades, la investigación está paralizada, pero dará que hablar”.


ABC.es

  • La historiadora Aroa Velasco nos explica sus conclusiones en relación a la tumba que más enigmas atesora desde hace casi 5.000 años

esfinge-egipto-510x286

Desde que un grupo de arqueólogos del proyecto Scan Pyramids afirmaran que existe una sala oculta en la Gran Pirámide (una cámara en la que podrían estar los desaparecidos restos del faraón Keops), los misterios de esta gigantesca construcción edificada en Guiza vuelven a estar de moda.

Sin embargo, lo que tiende a olvidarse es que -además de los enigmas que ya atesora de por sí esta tumba– existen otros tantos atribuidos al monarca que la mandó edificar. Y es que, de él se dice que fue un soberano cruel y que estaba tan obsesionado con terminar su mausoleo, que llegó a prostituir a su hija para poder pagar los gastos. Una teoría que no comparte Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos»: «Existen mucha leyenda negra en relación a Keops».

Para saber más: Lo que Napoleón Bonaparte vio dentro de la Gran Pirámide de Egipto y le dejó aterrorizado

Rodeado de misterios

Poco se sabe realmente sobre Keops más allá de lo que escribió el historiador griego Heródoto (quien visitó Egipto en el siglo I a.C. para tratar de recopilar sus vivencias). Su desconocido paso por este mundo ayudó a generar ese halo de ocultismo que, desde hace miles primaveras (cuando el primer faraón Narmer tomó el poder en el 3050 a.C.), sobrevuela la historia del Antiguo Egipto.

Los datos que han logrado atravesar las perdidas arenas del desierto y llegar hasta nuestros días nos dicen que fue alumbrado a lo largo de los años finales del 2.400 a.C. con el nombre de Jhufu o Jnum-Jufu. Un término este último que, para algunos investigadores como el popular José Ignacio Velasco Montes, vendría a significar «Jnum [el dios creador] me protege».

Para saber más: Papiros Perdidos Sienténse a la orilla del Nilo y disfruten de su historia

Keops fue el término griego con el que le denominó Heródoto después de haber investigado en primera persona la vida del que, a la postre, sería el segundo faraón de la Cuarta Dinastía. «Keops fue, probablemente, hijo de Snefru y Heteheres», explica Aroa Velasco en declaraciones a ABC. Su ascendencia a nivel paterno no podía ser mejor, pues su progenitor era amado por el pueblo (que lo consideraba un buen y un bondadoso gobernante) y había dirigido además varias expediciones militares exitosas contra los nubios y contra los libios. Por el contrario, su madre no era una mujer de alta cuna.

Más allá de la nobleza de sus padres (algo, con todo, básico para poder liderar al pueblo) Keops creció en un Egipto a caballo entre la III y la IV dinastía de Faraones. Un tiempo en el que la nobleza del Nilo comenzaba a cobrar importancia y se empezaba a hacer un hueco en las altas esferas de la región. «[Alrededor del rey se mantenía] una élite que, bien preparada, influía sobre la monarquía, pues deseaba asegurarse una vida, cómoda y agradable, sin necesidades en el presente y también en el ”Más Allá”. El rey era el eje del sistema y ejercía un poder “absoluto” sobre el país y las personas, las cosechas, etcétera», explica Montes en su obra.

Keops también vivió una época en la que el culto funerario había cobrado una importancia desmesurada para el desarrollo egipcio. Y es que, la obsesión de los líderes de la región de ser inhumados en mastabas primero, y pirámides después, provocó que se creara toda una economía alrededor de los enterramientos. «No eran solo ya el ajuar funerario, los sarcófagos, el lino para embalsamar, las joyas, los barcos para trasladar piedras, y un largo etcétera. Todo ello precisaba de una mano de obra especializada que, empujada por la demanda de objetos, se creaba y se multiplicaba», completa el experto.

La verdad de Keops

A la sombra de esta nueva mentalidad funeraria se crió Keops, quien vio con sus propios ojos como su propio padre construía varias pirámides (algunas de las cuales se vinieron abajo) hasta hallar una que estuviera a la altura de su grandiosidad. Al final, Snefru tuvo que hacer uso de su tumba cuando Jhufu contaba (dependiendo de los historiadores) entre 23 y 27 años. Fue entonces cuando dejó este mundo para partir hacia el más allá. Su relevo político lo tomó nuestro protagonista, que inició un reinado que se extendería entre 23 años (de 2589 a 2566 a.C. o de 2551 a 2528 a.C.) y más de 40. Este campo es otro que se debate entre el misterio y la realidad.

Uno de los datos objetivos que existe sobre su reinado es que Keops se casó hasta cuatro veces. Entre sus esposas destacaron –como determina Aroa Velasco a ABC- Henutsen y Meretites I. Ambas, hermanas suyas o mediohernanas. Con ellas llegó a tener varios hijos. Una práctica, con todo, habitual entre los faraones, quienes la entendían como una forma de evitar que su linaje se manchase con sangre plebeya. «Entre sus múltiples hijos hay que reseñar a Micerinos y a Khaefra», determina la historiadora especializada en Egipto.

En vida, además, se destacó como un gran líder militar. Un ejemplo de ello es que envió partidas militares fuera de los territorios de Egipto para mantener a raya a los nubios y a los nómadas que se dedicaban a atacar (de una forma sumamente molesta) a las caravanas de comercio egipcias.

Pero eso no significa, ni mucho menos, que fuera un santo. Y es que, también dirigió contingente de soldados dispuestos a extender los territorios del faraón al sur de su país. Además, reforzó las defensas ubicadas en la frontera con Nubia (principalmente una fortaleza iniciada por su padre) para evitar las amenazas constantes que sufrían los comerciantes que se desplazaban hasta la zona.

«Más allá de algunos datos biográficos, el resto son principalmente leyendas o mitos sobre su persona»

Otro de los datos verdaderos más destacados sobre su persona es que ordenó construir una gigantesca pirámide en Guiza(la futura «Gran Pirámide») para enterrarse cuando falleciera. Su construcción fue una de las grandes obsesiones del faraón, quien organizó varias expediciones militares a los alrededores de Egipto con el objetivo de conseguir ricos materiales con los que su complejo funerario pasase a la eternidad. «De [estas expediciones] hay estelas [que afirman que estuvo] en las canteras del Sinaí (buscando turquesas y otros materiales) o en Nubia (sobre todo en busca de oro)», añade Montes.

Keops también favoreció el comercio con regiones lejanas como el Líbano para poder construir con materiales exóticos el edificio que debería llevarle hasta el más allá. Algo para lo que fortaleció la ya de por sí imponente flota de buques que había construido su padre. «Más allá de estos datos biográficos, el resto son principalmente leyendas o mitos sobre su persona», añade Velasco en declaraciones en exclusiva a este diario.

Leyenda negra

Una vez comenzado su reinado, Keops pasó a la historia como un rey tirano y cruel que dirigía al pueblo con mano dura. Esta actitud contrastaba sumamente con la de su padre. Sin embargo, la realidad es que esta visión tan negativa del monarca ha llegado hasta nuestros días de la mano de Heródoto de Halicarnaso. Un historiador griego que, deseoso de recopilar la historia de los faraones, viajó hasta Egipto dos milenios después de la muerte de Jhufu y se dedicó a crear un perfil de nuestro protagonista en base a los testimonios locales.

Así fue como Heródoto formó opiniones como la que afirmaba que Keops era un déspota. Algo que deja sobre papel en sus textos: «Hasta el reinado de Rampsinito, según los sacerdotes, estuvo el Egipto en el mejor orden y en gran prosperidad; pero Keops, que reinó después, precipitó a los egipcios en total miseria. Primeramente, cerró todos los templos y les impidió ofrecer sacrificios; ordenó después que todos trabajasen para él».

Herótodo, quien afirmó en sus textos que Keops reinó 50 años, se atrevió incluso a señalar que nuestro protagonista prostituyó a su propia hija para poder pagar la finalización de su «Gran Pirámide».

«A tal extremo de maldad llegó Keops que, por carecer de dinero, puso a su propia hija en el lupanar con orden de ganar cierta suma, no me dijeron exactamente cuánto. Cumplió la hija la orden de su parte, y aun ella por su cuenta quiso dejar un monumento, y pidió a cada uno de los que la visitaban que le regalara una sola piedra; y decían que con esas piedras se había construido la pirámide que está en medio de las tres, delante de la pirámide grande, cada uno de cuyos lados tiene pletro y medio».

El historiador egipcio, tal y como explica Aroa Velasco, dijo también que Keops esquilmó absolutamente Egipto con la única obsesión de terminar su gigantesca pirámide y dejar su impronta para la posteridad. Todo ello, después de haberse proclamado dios. «Se identificaba como Ra, el dios del Sol, Esto se sabe gracias a que algunos de sus hijos se llamaron “hijos de Ra”. El inauguró esta tendencia en una época en la que la religiosidad solar estaba en pleno auge. Es como, si ahora, una persona se proclamase Papa», completa la historiadora a este diario.

Rompiendo mitos

1 – ¿Era Keops un tirano?

La visión más extendida sobre Keops es la que afirma que era un déspota. Sin embargo, la realidad es que esta visión fue ofrecida a Heródoto por los sacerdotes egipcios de la época. Los herederos de aquellos religiosos a los que el monarca arrebató el poder en el momento en que sucedió a su padre. «La documentación más fidedigna nos dice que Keops centralizó el poder sobre su persona de una manera brutal y eliminó muchos de los privilegios que tenían los sacerdotes, lo que provocó gran aversión hacia él y generó una leyenda negra que ha llegado hasta hoy», señala Aroa Velasco.

Montes es exactamente de la misma opinión. El autor, concretamente, señala en su obra que Keops tomó las riendas del país con «mano dura» hacia el clero, pues sustituyó a muchos de los sumos sacerdotes de Egipto para poner, en su lugar, a familiares de su confianza o personas afines a él.

«Keops centralizó el poder sobre su persona de una manera brutal y eliminó muchos de los privilegios que tenían los sacerdotes»

«Fue un rey rígido que no permitió que el gremio le utilizara, sino que los colocó en su sitio. Posiblemente recuperara una gran parte del poder que estaba en manos del clero y, sobre todo, debió recoger gran parte de las riquezas, exageradas, que tenían en cientos de templos a lo largo de todo el Nilo», determina el experto.

Keops, de hecho, cargó contra los sacerdotes no solo de forma económica, sino también a nivel religioso. Más concretamente, afirmó que él era el máximo exponente religioso de Egipto gracias a su divinidad. Esta forma de entender el culto aumentó, todavía más si cabe, las tensiones existentes entre el faraón y templos destacados como los dedicados a las divinidades de Path y On. «Keops adopta una actitud muy especial sobre estas influencias y resuelve las situaciones a su modo. Para ello inicia una etapa de nepotismo familiar y de amistades fiables», destaca Montes.

2-¿Llevó Keops a Egipto a una crisis económica brutal?

Según Aroa Velasco, nada más lejos de la realidad: «Es una leyenda que escribió Heródoto y que, posteriormente, han ido replicando los historiadores. La documentación fidedigna nos dice que no esquilmó Egipto. De hecho, sus sucesores pudieron construir dos pirámides más después de su muerte. La realidad es que Keops fue un muy buen administrador que concentró mucho el poder en su persona».

Al final, se podría decir que este faraón hizo algo que, posteriormente, se generalizaría: dedicar todos sus esfuerzos y los del pueblo egipcio a edificar un monumento funerario que pasaría a la historia. Algo que ya había hecho su padre.

3-¿Prostituyó a su hija para pagar la Gran Pirámide?

Es imposible corroborar esta leyenda, aunque es cierto que la pequeña pirámide que se halla cerca de la de Keops (la que presuntamente se habría construido con cada una de las piedras que los clientes del prostíbulo habrían ofrecido a la hija del faraón) parece pertenecer a una hermanastra de Jufu. Velasco entiende que todo es una invención de los sacerdotes en un nuevo intento de volver negro el recuerdo de Keops.

4-¿Se identificaba Keops con un dios?

El último mito sobre Keops es el que afirma –como ya hemos explicado- que instauró un culto propio. Son varios los autores que corroboran este hecho. Sin embargo, otros tantos no están de acuerdo.

La primera opción es la más aceptada. De hecho, algunos expertos como el profesor especialista en egiptología Robert M. Schoch determinan que se llegó a considerar el nombre de este faraón como sinónimo de santidad y buena suerte. Incluso se llegó a escribir en las tumbas de los fallecidos como «símbolo de santidad y protección». Sin embargo, también señala que esta religión centrada en el monarca cayó en desuso «durante el Imperio Medio y Nuevo».

El enigma de la pirámide

Además de por todos sus misterios anteriores, si por algo destacó Keops fue por ordenar edificar la Gran Pirámide. Una tumba de gigantescas proporciones (una de las antiguas 7 maravillas del mundo) levantada en la meseta de Guiza. Este mausoleo, sin embargo, guarda a día de hoy multitud de enigmas. Muchos de ellos, avivados de forma absurda por los seguidores de lo oculto.

El primero de ellos viene heredado, una vez más, desde los tiempos de Heródoto. Y es que, cuando este historiador visitó Egipto, fue informado por los sacerdotes de que el faraón había tardado solo 20 años en finalizarla.

«Los unos tenían orden de arrastrar piedras desde las canteras del monte Arábigo hasta el Nilo; después de transportadas las piedras por el río en barcas, mandó [Keops] a los otros recibirlas y transportarlas hasta el monte que llaman Líbico. Trabajaban por bandas de cien mil hombres, cada una tres meses. […] Para construir la pirámide, se emplearon veinte años […] En la pirámide está anotado con letras egipcias cuánto se gastó en rábanos, en cebollas y en ajos para los obreros; y si bien me acuerdo, al leerme el intérprete la inscripción, me dijo que la cuenta ascendía a mil setecientos talentos de plata», determina Heródoto.

Según algunos estudios, es imposible que únicamente se tardaran 20 años en construir la pirámide de Keops, así como los edificios colindantes y el camino de piedra que da acceso a la misma. Y es que, de ser cierto las jornada habrían sido maratonianas y tendrían que haber trabajado cientos de miles de hombres (algo imposible, según se dic,e para la época por la falta de mano de obra) Por ello, se ha barajado la posibilidad de que los egipcios no construyeran esta tumba, sino que se la hubieran encontrado y, posteriormente, hubiera sido reutilizada por el faraón.

«Tardaron poco tiempo en construirla porque eran antiguos, pero no tontos»

Sin embargo, hace pocos meses se desveló al mundo en el museo de El Cairo un papiro que, por primera vez en la historia, destrozó este mito. ¿La razón? Que en él, un inspector de obras llamado Mener detallaba pormenorizadamente la forma en la que se construyó la Gran Pirámide durante el mandato de Keops.

Así lo afirmaron, al menos, los arqueólogos Pierra Tallet y Gregory Marouard. Las anotaciones fueron realizadas en el año 27 del reinado de Keops. «Los faraones comenzaban a contar los años desde el momento en que empezaban a reinar», explica Aroa Velasco a ABC. Además, la experta nos ofrece su opinión en relación a esta disputa: «Tardaron poco tiempo en construirla porque eran antiguos, pero no tontos. Tenían conocimientos muy avanzados en geometría, astronomía y matemáticas».

El faraón perdido

Además del misterio de la construcción de la Gran Pirámide, Keops dejó un enigma más después de morir. Y es que, cuando los arqueólogos entraron en la tumba, no hallaron la momia del faraón en ninguna de las tres cámaras de la edificación (la del rey, la de la reina o la subterránea). Como explicación se han barajado varias teorías. Entre ellas, la que afirma que existe una cuarta sala en la que se encuentran los restos del gobernante acompañados de un gigantesco tesoro. Algo que apoya Zahi Hawass, ex ministro de Antigüedades de Egipto.

Con todo, la idea más extendida es que los cazadores de tesoros lograron acceder a la Cámara del Rey desde la parte superior de la pirámide y, tras descolgarse, expoliar la sala. A su vez, algunos arqueólogos mantienen que la momia de Keops fue sustraída por estos ladrones.

«Heródoto, durante su viaje, ya afirmó que la momia no estaba dentro de la pirámide. Él explicó que se había ordenado la construcción de una meseta subterránea para enterrar al faraón. A partir de ese punto, las teorías son muchas Y todas se basan en que hay un gran sarcófago vacío en la cámara del rey que fue puesto durante la construcción de la pirámide, pues es más ancho que los corredores. La idea más extendida es que la pirámide fue abierta por los musulmanes en los siglos X y XI, aunque otros dicen que fue saqueada incluso antes. Personalmente soy partidaria de esta última. En el Valle de los Reyes, de las dinastías XVIII a XX, las tumbas se saqueaban nada más enterrar al faraón. ¿Por qué en estas no se iba a hacer algo parecido?», añade Velasco a este diario.


ABC.es

  • Científicos italiano y egipcios confirman que la hoja de hierro procede de un meteorito
Puñal de hierro encontrado junto a la tumba del faraón Tutankamón (Getty Images)

Puñal de hierro encontrado junto a la tumba del faraón Tutankamón (Getty Images)

Los amantes de la egiptología celebran estos días un nuevo hallazgo para alimentar las más curiosas teorías sobre el conocimiento que tenían los antiguos egipcios. Un grupo de investigadores internacionales han anunciado en un artículo publicado en la revista Meteoritics and Planetary Science que uno de los dos puñales encontrados junto a la tumba del faraón Tutankamón llegó directamente del espacio o, lo que es lo mismo, proceden de un meteorito.

El origen del hierro de los puñales siempre había sido objeto de misterio y, por lo tanto, de investigación desde que se encontró la tumba del joven faraón en 1922. Los antiguos egipcios consideraban el hierro un metal mucho más valioso que el oro, ya que, no disponían de minas y no habían desarrollado una cultura de tratamiento de es metal como en otras culturas antiguas. Por ello, la hoja del puñal es un ejemplo de manufactura impecable y, teniendo en cuenta el alto nivel de su joven dueño, un objeto escaso y de alto valor.

A través de un análisis utilizando la técnica de la fluorescencia a rayos X, el grupo científicos italianos y egipcios han confirmado que la composición de ese hierro tiene concentraciones distintas de cobalto y níquel a un porcentaje típico en el hierro procedente de meteoritos, a diferencia del hierro de fundición.

El estudio también confirma que el hierro -expuesto en el Museo de El Cairo- fue cuidadosamente tratado, lo que ratifica el alto nivel de los antiguos egipcios en el trabajo del hierro.


ABC.es MÓNICA ARRIZABALAGAarrizabalaga11

  • Egipto celebra las bodas de oro del titánico rescate de la joya de los tesoros de Nubia

 

 Los trabajos de desmantelamiento y traslado de los templos de Abu Simbel - ABC

Los trabajos de desmantelamiento y traslado de los templos de Abu Simbel – ABC

Un rayo de luz penetra en la oscuridad del gran templo de Abu Simbel al amanecer. Ilumina la estatua de Ramsés II, la del dios Amón y la de Ra, el dios sol. Solo Ptah, la deidad de la oscuridad, permanece en la sombra. El fenómeno sólo se repite dos veces al año, el 22 de octubre y el 22 de febrero, dos días señalados en el culto de los antiguos egipcios, que quizá celebraran el cumpleaños y la coronación del faraón. Este año el efecto coincide con una fecha singular: las bodas de oro de una carrera contra reloj que salvó esta joya arqueológica de las aguas del Nilo.

En los meses de febrero y marzo de 1966 se terminó el desplazamiento de los templos de Abu Simbel del acantilado rocoso en que se excavaron hace más de 3.000 años hasta la cumbre de la meseta, 60 metros más arriba. El mayor de los tesoros de Nubia estaba a salvo. Los trabajos de reconstitución se prolongarían hasta septiembre de 1968, pero las últimas piedras de los santuarios se habían rescatado apenas unos meses antes de que el lugar quedara sumergido por la crecida del lago Nasser.

La construcción de la gran presa de Asuán, para aumentar la superficie de tierras cultivables y la producción de electricidad en Egipto, suponía la inundación de una amplia región de Nubia y la desaparición bajo las aguas de una veintena de templos faraónicos, entre ellos los de Abu Simbel, situados a 290 kilómetros al sur de la ciudad de Asuán. La Unesco lanzó un llamamiento a la comunidad internacional pidiendo contribuciones voluntarias para salvar los monumentos de Nubia: «Ahora o nunca».

Aquel 1960 arrancó la mayor operación de salvamento arqueológico de todos los tiempos. Durante la campaña de Nubia se desplazaron, para reconstituirlos en otro sitio, más de veinte templos y santuarios. La región comprendida entre Asuán y la catarata de Dal o tercera catarata, en Sudán, fue escenario de la mayor campaña de excavaciones de la historia, con misiones de Polonia, Italia, Checolovaquia, la URSS, Austria, Francia, Alemania, España, Estados Unidos, los Países Bajos, Gran Bretaña, Suiza, o Finlandia que se sumaron al esfuerzo egipcio por salvar el patrimonio nubio del olvido y de la destrucción.

Los templos de Abu Simbel, descubiertos hace dos siglos por el suizo John Lewis Burckhardt y el italiano Giovanni Battista Belzoni a 290 kilómetros de Asuán, suponían el objetivo más complejo de salvar al ser el monumento más grandioso esculpido en roca. Se barajaron distintos proyectos, como el de aislarlo en una especie de acuario de cristal con ascensores hasta la superficie, pero finalmente Egipto optó por el plan de rescate de la firma de ingenieros suecos Vattenbyggnadsbyran. El gran templo de Ramsés II y el dedicado a su esposa Nefertari serían cortados como piezas de un gigantesco rompecabezas y reconstituidos en la cima de la meseta, por encima de la cota máxima que alcanzaran las aguas.

Maqueta a escala que muestra la ubicación original y actual del templo (con respecto al nivel del agua) en el Museo de Nubia, en Asuán.- WIKIPEDIA

Maqueta a escala que muestra la ubicación original y actual del templo (con respecto al nivel del agua) en el Museo de Nubia, en Asuán.- WIKIPEDIA

Cuarenta y ocho países, entre ellos España, contribuyeron a la financiación de esta titánica obra que costó 41,7 millones de dólares. Egipto se hizo cargo de la mitad de los gastos.

En noviembre de 1963 se iniciaron los trabajos, con la construcción de una empalizada para proteger los templos del ascenso de las aguas del lago. Tras las operaciones previas de instalar un sistema de drenaje, levantar andamios, instalar unos enormes pasadizos de aluminio para acceder a su interior y recubrir las fachadas con arena y cortinas de hierro para protegerlas de posibles daños, en mayo de 1965 se cortó el primero de los bloques, el «GA1A01», que lógicamente sería uno de los últimos en recuperar su posición en el nuevo emplazamiento. Ingenieros y obreros de cinco países trabajaron en las duras condiciones del lugar para fragmentar con precisión quirúrgica el conjunto de arenisca en 1.036 bloques de entre 7 y 30 toneladas cada uno.

Abu Simbel, en 1964- ABC

Abu Simbel, en 1964- ABC

Poderosas grúas trasladaron los bloques hasta su nueva ubicación donde se recompuso con cuidado el puzle, tapando las señales de los cortes con arcillas, pinturas y arenas de tal forma que hoy apenas son perceptibles. Estos trabajos finalizaron en septiembre de 1967.

La última etapa consistió en levantar encima de cada templo unas gigantescas cúpulas capaces de soportar las rocas que recubrirían el conjunto, simulando la obra original aunque algo menores que las primitivas. El 22 de septiembre de 1968 se celebraba con una ceremonia solemne la conclusión del proyecto.

«Se había salvado así la joya de los tesoros de Nubia, el monumento más grandioso que se haya esculpido nunca en la roca, realizándose al mismo tiempo el sueño de Ramsés II de inmortalizar su templo, “casa de las miríadas de años que no tiene igual“, como está inscrito en la fachada del pequeño templo de Abu Simbel, consagrado a su amada esposa Nefertari», escribió Shedata Adam Mohamed, exdirector del Servicio egipcio de Monumentos de Nubia, en el Correo de la Unesco monográfico dedicado en 1980 a la «Victoria en Nubia».

Tanto cuidado y fidelidad se intentó prestar a su reconstitución que se le quiso dar a los templos la misma orientación con que fueron construidos, de forma que recibieran los rayos de sol igual que durante los 3.000 años anteriores. Sin embargo, los más modernos métodos de cálculo no lograron reproducir exactamente las circunstancias. El rostro de Ramsés II se ilumina desde hace medio siglo un día más tarde.

 


ABC.es

  • Egipto busca resolver sus grandes misterios con una emulsión receptora de muones

 

Muones en busca de secretos - ABC

Muones en busca de secretos – ABC

«Que un misterio haya durado más de 4.500 años no significa que no pueda ser resuelto». Las pirámides egipcias, una de las más antiguas maravillas del mundo, continúan encerrando secretos en su interior que podrían ser desvelados en 2016, «El año de las pirámides», según señala el ministro de Antigüedades, Mamdouh El Damaty. Y para resolver tan antiguo misterio, Egipto ha apostado por las más modernas tecnologías, como las radiografías con muones, pequeñas «partículas cósmicas» utilizadas en Japón para ver el interior de volcanes activos.

Así, Egipto, con colaboración del Instituto para el Patrimonio, la Innovación y la Preservación (HIP) parisino, espera desvelar las entrañas, cámaras ocultas y corredores secretos, de sus principales pirámides como la de Kufru, donde las últimas termografías infrarrojas han detectado varias «anomalías»: zonas con una diferencia de temperatura muy localizada de entre 3 y 6 grados a las que los científicos todavía no han encontrado explicación.

Durante el pasado mes, Kushihiro Murishima y su equipo egipcio-nipón, ataviados de riguroso blanco, guantes, gafas y mascarillas, colocaron más de 130 láminas con una emulsión receptora de muones en esos «puntos de interés» encontrados por las cámaras térmicas en la cara norte y este de la pirámide de Kufru, así como en la pirámide de Bent.

La intención, señala Mehdi Tayoubi, presidente del HIP, es «complementar las tecnologías no invasivas» para desvelar «los secretos» de las pirámides: «Estamos usando unas de las partículas más pequeñas para entender uno de los mayores misterios de la humanidad».

Tras varias semanas, Murishima recogió las láminas y, en una operación casi alquímica, «ha revelado» las imágenes que los muones han impreso en ellas, en un proceso similar al que siguen las radiografías. Una vez reveladas y secadas, las finas láminas grises muestran al microscopio diminutas manchas negras de diversa intensidad y siguiendo distintos patrones. Murishima señala una zona más oscura y Tayoubi traduce: «Depende de la cantidad de muones recibidos. Si cruzan a través de un vacío, habría más muones. Si hubieran atravesado roca, los muones habrían desaparecido en el camino».

«Tenemos todos los datos recogidos», concluye Tayoubi. Ahora es turno de la tecnología japonesa hacerlos visibles».

 


web

  • Heracleion y Canopus permanecieron bajo las aguas de la desembocadura del Nilo durante mil años hasta las excavaciones submarinas iniciadas en 1996.
  • Fundadas en torno al siglo VII antes de nuestra era, se asentaban en islas adyacentes de la fértil zona del delta y estaban cortadas por canales.
  • Una exposición del Museo Británico expone más de 200 objetos de las cosmopolitas ciudades, cedidos por primera vez por Egipto para salir al exterior.

254953-934-1400 254948-930-1400

Heracleion, también llamada Thonis, fue el principal puerto marino de Egipto en el último período de los faraones. Con la adyacente Canopus, cuya etimología procede de la expresión suelo de oro, formaban el par de ciudades costeras y, por tanto, cosmopolitas, que abrían el antiguo imperio a la influencia y el contacto con civilizaciones extranjeras. Desde hace mil años están hundidas bajo las aguas del Mediterráneo, a una profundidad de entre 10 y 30 metros y muy cerca de la desembocadura del Nilo.
Fotogalería Colossal statue of god Hapy, Thonis-Heracleion 7 Fotos Heracleion y Canopus, las dos ciudades hundidas del antiguo Egipto Sunken Cities (Ciudades hundidas) traerá a la superficie una exquisita colección de tesoros encontrados en las sucesivas campañas de excavación arqueológica submarina iniciadas en 1996 y todavía no culminadas. Doscientos objetos forman el material que será exhibido por el Museo Británico de Londres, que recibe una extraordinaria cesión de las autoridades egipcias para mostrar asombrosas estatuas monumentales, joyas y piezas metálicas, que se mantuvieron en muy buen estado gracias a la baja salinidad del agua en la zona.
Conectores entre Grecia y Egipto Fundadas en torno al siglo VII antes de nuestra era —aunque existen referencias en anales históricos anteriores—, el par de ciudades, asentadas sobre zonas insulares adyacentes, a unos 2,5 kilómetros de la costa y frente a la antigua Alejandría, en la bahía de Abu Quir, tuvieron una gran importancia comercial, cultural y estratégica como puertos conectores entre las grandes civilizaciones de Grecia y Egipto. No es casual que ambas estuviesen relacionadas con Naucratis, la única colonia helenística permanente en tierras egipcias.
Los objetos nunca habían viajado al extranjero tras la primavera árabe La exposición está montada con fondos propios del gran museo inglés, responsable de las excavaciones en Naucratis, y cesiones de Egipto de las prospecciones más recientes. Los organizadores resaltan que se trata de la primera vez que algunos de los objetos salen del país al que pertenecen y nunca habían viajado al extranjero tras la primavera árabe. Financiada por la petrolera BP Financiada por la empresa petrolera BP, muy activa culturalmente tras el desastre causado en 2010 por una de sus plataformas en el golfo de México, la muestra, la primera de arqueología submarina del museo y la más importante de la programación de 2016, acaba de ser anunciada para entre el 19 de mayo y el 20 de noviembre.
Ambas ciudades estaban consagradas a la adoración del dios egipcio Osiris La exposición revelará cómo el intercambio cultural y religioso floreció gracias a la floreciente vida de las ciudades, ambas consagradas a la adoración del dios egipcio del futuro y la regeneración, Osiris. En torno al siglo VIII Heracleion y Canopus comenzaron a ser anegadas por las crecidas del mar y el efecto del cercano delta del Nilo.
Aunque siempre estuvo clara la existencia de los restos hundidos, sólo a partir de 1996 se lograron recobrar en gran parte, gracias al trabajo submarino de un equipo de arqueólogos liderado por el francés Franck Goddio, presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina y comisario de la muestra. Una estatua de granito rojo de 5,4 metros La exposición mostrará una serie de extraordinarias esculturas monumentales, entre ellas una estatua de granito rojo de 5,4 metros de alto y casi seis toneladas de peso de Hapi, personificación divina de las inundaciones del Nilo.
Otra escultura hallada bajo el mar recientemente en Canopus representa a Arsinoe II, hija mayor de Ptolomeo I. Fue reina greco-macedonia y se llegó a venerar como a una diosa tanto en Egipto como en Grecia. La estatua la representa como la encarnación perfecta de Afrodita, la diosa de la belleza que concede suerte a los navegantes.
El 10% de los impuestos por importaciones griegas debía ser donado a un templo egipcio La llegada de los griegos en Egipto, cuando eran anfitriones y no gobernantes, queda constatada en una estela completa de Heracleion que anuncia un decreto real del faraón Nectanebo I en el 380 antes de nuestra era fijando que el diez por ciento de los impuestos derivados de importaciones del “mar de los griegos” deben ser donados a templos egipcios. El popular festival de los Misterios de Osiris También se muestran objetos relacionados con el culto de los Misterios de Osiris, el festival de gran popularidad que se celebraba en el mes egipcio de khoiak (de mediados de octubre hasta mediados de noviembre).
Las reproducciones en metal de una flotilla de 34 barcazas de papiro que navegaban por los canales de las ciudad durante los festejos, cada una llevando la figura de una deidad iluminada por 365 lámparas, probablemente sean testimonios dejados votivamente por los asistentes.
A %d blogueros les gusta esto: