De hija del sanguinario nazi que dirigió Auschwitz, a supermodelo en España


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  • Ingebirgitt Hannah Hoss, que pasó su infancia viviendo cerca de campos de concentración, consiguió rehacer su vida tras la contienda
Wikimedia | Rudolf Hoss fue el responsable de miles de muertes y, según su hija, un padre muy cariñoso

Wikimedia | Rudolf Hoss fue el responsable de miles de muertes y, según su hija, un padre muy cariñoso

Se llama Ingebirgitt Hannah Hoss y, aunque se hizo famosa por trabajar como modelo para Balenciaga en España tras la Segunda Guerra Mundial, su pasado la delata. Y es que, esta alemana es hija del tristemente famoso Rudolf Hoss, comandante (desde 1940, hasta 1943) del campo de concentración de Auschwitz, el terrible recinto en el que fueron asesinadas en las cámaras de gas 1.200.000 personas (unas cifras discutidas por no pocos historiadores, que las consideran mucho mayores). Su corta edad durante los trágicos crímenes perpetrados por su padre, no obstante, hicieron que vivera su infancia ajena a los miles de asesinatos que se producían a pocos metros de su casa.

A pesar de que la historia de esta mujer fue desvelada hace algunos años, ha salido a la luz de nuevo debido a una entrevista que ha concedido a la revista «Stern». En ella, ha explicado por primera vez que, durante años, sufrió migrañas al recordar lo acaecido en los campos de concentración y exterminio en los que fue destinado su padre (entre ellos, Auschwitz, Dachau y Sachsenhausen). Sin embargo, afirma que esos intempestivos dolores de cabeza le surgieron cuando supo las atrocidades que había cometido su progenitor en la contenida pues, durante su estancia en aquellos centros de muerte –con ocho y diez años- le veía como un hombre bueno que le solía decir que no hiciese daño a nadie.

Una infancia frente a la muerte

Ingebirgitt vino al mundo el 18 de agosto de 1933 en Alemania. Su vida distaría mucho de ser usual pues, al ser la hija de Rudolf Hoss -uno de los principales miembros del partido nazi y un «operario eficiente» de los campos de concentración al servicio de Hitler– pasó sus primeros años de vida moviéndose de un centro de reclusión a otro. En 1940 (con apenas 7 veranos a sus espaldas) tuvo que trasladarse a una vivienda ubicada a pocos metros de Auschwitz (en Polonia) cuando su padre fue nombrado comandante del recinto.

A pesar de lo que ocurría en el lugar–donde miles de reos eran llevados cada día a las cámaras de gas– ella explica que no se percataba de las continuas muertes. «A esa edad no sabes lo que pasa a tu alrededor, tienes la cabeza llena de otras cosas», afirma. De hecho, parece que –por aquel entonces- estaba bastante contenta por vivir en una casa rodeada de lujos como pinturas de un increíble valor (las cuales, por cierto, eran arrebatadas a los prisioneros que llegaban día tras día en inmundos trenes hasta el campo para ser asesinados).

Desde el balcón de su casa, según determina, solía ver a menos de 100 metros las columnas de humo que se alzaban jornada tras jornada desde los crematorios. Aquellos eran los restos de miles de personas cuyos cuerpos eran quemados a diario. En sus palabras, su madre la obligaba a asearse con una toalla húmeda antes de acostarse para quitarse los restos de suciedad que podrían haber llegado hasta ella A pesar de ello, sus padres no tenían problema en que jugara con los niños que estaban presos al otro lado de la valla. A indios y vaqueros, dice (y a pesar de que su padre le decía que ese tipo de pasatiempos no eran buenos, pues fomentaban la violencia y no quería que su pequeña hiciese daño a nadie).

«Yo no supe nada de las atrocidades que estaban teniendo lugar allí. Nunca pregunté por qué había vallas y torres de vigilancia. Además… ¿Habría cambiado algo si lo hubiera sabido? ¿Con aquella edad?», explica la mujer. Según afirma, su padre nunca habló de su labor en los campos de concentración con ellos. De hecho, parece que era un tema tabú delante de sus hijos. «En la mesa, cuando comíamos, a los niños se les prohibía hablar. Sólo podíamos si nos lo mandaban. Siempre hablaba de cosas relacionadas con la familia, lo que íbamos a hacer ese fin de semana (una excursión, por ejemplo), por lo que nunca supimos nada», completa.

Hoss, capturado

Así continuó su vida hasta que, con la llegada del final de la Segunda Guerra Mundial y de los aliados hasta la zona, su padre no tuvo más remedio que huir a toda prisa ataviado con el uniforme de un soldado raso (pues los enemigos capturaban y ajusticiaban –en algunos casos- a todo aquel que llevase los ropajes de las crueles SS). Días después, la madre de Ingebirgitt y todos sus hermanos fueron capturados e interrogados violentamente. Sus captores querían saber el paradero de su progenitor.

«Ese fue el peor momento. Los soldados británicos gritaban y nos exigían que les dijésemos donde estaba papá. Lo único que sabíamos es que se había ido. Más tarde nos dijeron que había muerto en la guerra», completa. La realidad era bien diferente, pues Hoss había sido capturado y juzgado. En 1947 fue colgado por sus crímenes en Auschwitz, el mismo lugar en el que él había acabado con otros tantos judíos. Antes de fallecer, no obstante, dejó testimonio de las terribles atrocidades perpetradas en aquel lugar maldito.

Una nueva vida en España y EE.UU.

Rechazada por su íntima relación con el régimen nazi, la familia Hoss vivió los años siguientes en la más extrema pobreza. Así hasta 1950, época en la que Ingebirgitt viajó a España. Por entonces ya sabía que usar el apellido de su padre era peligroso, así que lo evitaba sobremanera. Una vez en nuestro país, la germana conoció a Cristóbal Balenciaga, a quien debió impresionarle su figura, pues la contrató como modelo. De esta forma, Hoss paseó por pasarelas de toda España frente a grandes figura de la política de entonces como la esposa de Francisco Franco.

Con el paso de los años se trasladó a Estados Unidos, donde se estableció, se casó con un ingeniero de origen irlandés y tuvo dos hijos. Al otro lado del charco, trabajó durante 35 años en una tienda de ropa (Saks Jandel) propiedad de dos judíos. Allí, llegó a vestir a personajes como Nancy Reagan, Hillary Clinton o Barbara Bush. Todo parecía irle sobre ruedas hasta que los directores de la cadena se enteraron del pasado de su padre. Sin embargo, y según determina, fueron bastante comprensivos en lo que a este tema respecta: «No hubo recriminaciones. Me dijeron: “No podía evitar lo que hizo, solo eras una niña. Tienes que ceptar lo que sucedió”».

Ella es partidaria de esa teoría, aunque también sabe que lo que hizo su familia será imborrable: «Cuando lo supe me dije, “no puede ser”, pero hay que aceptarlo. Ocurrió en mi familia y me pongo muy triste cuando lo pienso […] A pesar de todo, mi padre era el hombre más agradable del mundo. Era muy bueno con nosotros Pero él hizo lo que hizo».

La guardiana nazi que entrenó a su perro para arrancar los genitales a los presos


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  • Charlotte S. fue otra de las combatientes destinadas en Auschwitz que, en 2014, no había sido juzgada por sus crímenes
 BILD La historia de Charlotte S. salió a la luz el año pasado gracias a periódico alemán Bild

BILD | La historia de Charlotte S. salió a la luz el año pasado gracias a periódico alemán Bild

Desde Amon Göth, hasta Dorothea Binz. Los libros guardan un lugar específico para aquellos despreciables soldados nazis que -bajo la protección que les daba la esvástica y la Calavera de las SS- cometieron todo tipo de tropelías con los prisioneros que estaban a su cargo en los campos de concentración. Por desgracia, a la Historia también le falla la memoria y, en ocasiones, se olvida de otros tantos nombres que deberían haberse grabado a fuego en la conciencia colectiva con un único objetivo: que sus propietarios fuesen recordados siempre como los criminales que fueron.

Uno de estos personajes fue Charlotte S., una de las más de 3.700 mujeres que, durante la Segunda Guerra Mundial, se unieron a las filas de las SS (las tropas más ideologizadas del Tercer Reich) y terminaron trabajando en las decenas de campos de concentración como «guardianas». Su caso, sin embargo, es especialmente llamativo pues –a pesar de que durante la contienda se hizo famosa por entrenar a sus perros para que mordieran los genitales de los presos- el pasado 2014 seguía viva y sin ser juzgada por sus crímenes.

Su historia ha vuelto a salir estos días a la luz debido a que guarda ciertas imilitudes con la de Oskar Grönning, el anciano más conocido como el «Contable de Auschwitz» que, hace menos de una semana, fue juzgado en Alemania por sus presuntos crímenes. Por el contrario, y mientras que este alemán ha tenido que rendir cuentas debido a su posible relación con el asesinato de más de 300.000 personas, no ha sucedido lo mismo con Charlotte, cuya historia fue desvelado el pasado año por el diario alemán «Bild». Y es que, a pesar de que seguía viva el pasado mayo, se desconoce cuál es su paradero actual o si continúa aún con vida.

Una pequeña, pero cruel historia

Poco se sabe a día de hoy sobre Charlotte S. En palabras de «Bild», hay que recurrir a documentos de la «Stasi» (uno de los cuerpos de policía soviéticos más brutales de la República Democrática Alemana) para saber que esta germana comenzó su carrera, como tantas otras mujeres alistadas en las SS, en el campo de concentración de Ravensbrück, ubicado a menos de 100 kilómetros de Berlín. Allí fue donde las miles de «aufseherin» (un rango equiparable en las féminas al de soldado raso) fueron entrenadas en el arte del dolor.

«En Ravensbrück, en lugar de enseñarles como se debía administrar un campo (cómo limpiar las cocinas, hacer que funcionase de forma efectiva el lugar o cómo tratar a los prisioneros) aprendían las diferentes formas de pegar, apalear y asesinar a los presos, además de todo lo referente al tema de los hornos crematorios. Todas las alemanas que pasaban por allí estaban destinadas a maltratar, humillar y en última instancia matar a cualquier preso que pasara por el campo de concentración», explicaba a ABC hace unos meses Mónica González Álvarez (periodista y escritora y autora de «Guardianas nazis. El lado femenino del mal»).

En Ravensbrück (y siempre según las palabras del «Bild») Charlotte S. comenzó su carrera como guardia y, más específicamente, como adiestradora de perros. Su periplo por esta escuela de la maldad la tuvo entretenida desde septiembre de 1941 hasta marzo de 1942. Posteriormente fue enviada a Auschwitz, el campo de concentración ubicado en Polonia en el cual fueron asesinados más de un millón de presos. Allí, esta cruel germana se hizo famosa por andar siempre junto a su pastor alemán, al que había instruido para morder los genitales de los prisioneros a una orden suya.

Según recogió en el año 2014 por la versión digital del diario «Daily Mail», varios presos narraron posteriormente el sufrimiento que debían soportar para evitar que su temible mascota les atacase: «En el campo de concentración había una mujer con una sonrisa bondadosa que enmascaraba un carácter horrible. Solía ponerse erguida frente a nosotros mientras su perro gruñía. Lo había instruido para que nos odiase. Debíamos permanecer inmóviles durante horas y, si alguien se movía por el frío o por el calor, el animal enloquecía».

A finales de 1943, y según determina «Bild», Charlotte S. fue dada de baja como guardiana del campo de concentración por maternidad. Y es que, a pesar de su crueldad, quería cuidar del retoño que acababa de tener. El marcharse relativamente pronto del lugar no evitó que fuese condenada después de la Segunda Guerra Mundial a 15 meses de prisión por vejar a prisioneros.

Entre la realidad y la ficción

Charlotte S. era, en 2014, uno de los tres supervivientes que aún permanecían el libertad sin juicio a pesar de haber sometido a todo tipo de barbaridades a los prisioneros a su cargo. Su destino contrasta con el de Grönning, quien ha pasado por un juzgado alemán y, 70 años después del final de la guerra, ha pedido disculpas a los supervivientes del campo de concentración. Eso sí, señalando siempre que él no acabó nunca con la vida de un prisionero y que únicamente se dedicaba a las labores de contabilidad del lugar.

Con todo, hay expertos en España que consideran que este tipo de historias (principalmente la de Grönning) podrían haber sido exageradas o inventadas para, con el paso de los años, ganar notoriedad. «Creo que habría que investigar historias como la del “contable de Auschwitz”. Es muy extraño que, después de tantos años, se vuelva a desvelar esta noticia y que no se aporte documentación sobre su trabajo. Habría que hablar con los archiveros alemanes, consultar si es cierto y contrastar que estos soldados –aún vivos- participaron en las labores del campo y que no buscan lograr notoriedad pública tras su relación con el Reich», añade Mónica González Álvarez a ABC.

Así era el trabajo de un contable en el campo de concentración de Auschwitz


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  • Oskar Groening, de 93 años se somete a juicio por su pasado al servicio de Hitler

    AFO Mujeres prisioneras en Auschwitz

    AFO
    Mujeres prisioneras en Auschwitz

A sus 93 años, Oskar Gröning (más conocido como el «contable de Auschwitz» por su labor en dicho campo de concentración) ha admitido su responsabilidad «moral» en la muerte de más de 300.000 personas y ha pedido perdón a las víctimas durante el juicio celebrado este martes en Alemania. Con todo, el germano ha vuelto a señalar que, durante su estancia en el lugar, no acabó con la vida de ningún prisionero y se limitó a cumplir con su tarea: recoger y cuantificar las pertenencias de los prisioneros que llegaban al emplazamiento.

El juicio, celebrado Lüneburg y en el que muchas víctimas del Holocausto han depositado sus esperanzas, supone que -70 años después de que haya finalizado la Segunda Guerra Mundial– se sigue juzgando a presuntos criminales de guerra nazis. A día de hoy, este juicio se considera uno de los últimos en los que la justicia alemana caerá sobre los presuntos seguidores de Adolf Hitler, pues la mayoría de ellos ya han fallecido. No es el caso de Gröning quien, al llegar al campo de concentración en 1942 con 21 años, aun mantiene una salud aceptable para su edad.

El trabajo del «contable de Auschwitz»

Gröning, de origen alemán, vino al mundo en 1921 en la Baja Sajonia (una región ubicada al norte de Alemania). Fascinado desde su infancia por el ejército y la disciplina militar, se unió a las juventudes Hitlerianas en 1933, cuando Adolf Hitler tomó el poder en Alemania. Al tener la edad suficiente, este germano se alistó en las SS, donde se le dio un empleo administrativo.

Cuando apenas contaba con 21 años, fue transferido como contable a Auschwitz, un campo de concentración creado en la región de Osweicim (a 60 kilómetros de Cracovia) y que, años después, sería conocido por acabar con entre un millón y un milón y medio de judíos.

Durante su estancia en el lugar, y según afirma la fiscalía, este exguardia de las SS se dedicó a cuantificar las maletas, las pertenencias, los cheques, el dineros en metálico y hasta las muelas de oro de los prisioneros (las cuales eran extraídas previamente antes de que fuesen gaseados y, posteriormente, quemados). Todo ello, con el objetivo de sufragar los gastos del Tercer Reich (además de, probablemente, guardarse para si un «pellizquito», algo habitual en los campos de concentración).

Concretamente, esta labor se hacía mientras los prisioneros eran divididos en dos grupos por los oficiales alemanes a la salida de los trenes. Mujeres, niños, ancianos e incapacitados a la derecha; hombres y mujeres fuertes a la izquierda. El primero era conducido directamente a las cámaras de gas, donde los alemanes hacían entrar a la muchedumbre bajo la promesa de una ducha caliente. Por su parte, el resto eran dirigidos al campo, donde eran tratados como esclavos.

Entre el 16 de mayo de 1944 y el 11 de julio de ese mismo año, Gröning trabajó en el campo en el marco de la «Operación Hungría. Concretamente, y según señala el Museo Memorial del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, en aquella época llegaron al lugar unos 440.000 prisioneros de dicha región. De hecho, esta deportación masiva de judíos significó que Auschwitz-Birkenau (una expansión del primer campo creada a posteriori) alcanzó su máximo nivel de asesinatos.

De aquel ingente número de prisioneros, las SS enviaron a un total de 320.000 prisioneros directamente a las cámaras de gas, mientras que el resto (unos 110.000) fueron obligados a realizar trabajos forzados en el lugar. Muchos presos de este grupo no se quedarían mucho en Auschwitz, pues fueron trasladados posteriormente a otros campos de concentración presentes en Austria y Alemania. Con todo, el número inicial de fallecidos es el que se ha usado hoy en día para acusar de cómplice a Gröning.

Tras la guerra, el miembro de las SS fue acusado oficialmente por un tribunal, causa que se cerró en 1985 cuando los fiscales consideraron que no había una relación entre su trabajo en el campo de concentración y la muerte de los prisioneros. Sin embargo, hace pocos meses se decidió reabrir el caso ante la aclamación de los presos.

El juicio y las entrevistas previas

Ha sido en una de sus primeras frases en las que el antiguo guardia de las SS (las tropas más temibles e ideologizadas del nazismo) ha admitido que, desde que llegó a Auschwitz, supo que se asesinaba a personas en su interior mediante la cámara de gas.

«Para mí está fuera de toda duda que soy moralmente cómplice», ha señalado el acusado, quién se ha personado en el lugar ayudado de su andador y junto a varios abogados. Concretamente, este alemán ha sido acusado de ser cómplice de los aproximadamente 300.000 asesinatos.

El antiguo contable también ha pedido perdón a todas las víctimas de la represión y se ha puesto a disposición de la justicia. A su vez, ha tenido que someterse a las duras miradas de varios represaliados durante el Holocausto y de sus familiares (varios presentes en la sala). Algunos, con todo, señalaron en los días previos al proceso que no quieren que el anciano sea condenado por mera venganza (y por tanto, no buscan que pase por prisión), sino para que los que «vengan después» sepan que no se pueden cometer ese tipo de crímenes contra la humanidad y quedar impune.

Este exguardia ha sido acusado formalmente por más de 60 particulares –entre ellos varios supervivientes del Holocausto-. En base a estos testimonios, la fiscalía sostiene además que Gröning ayudó a enriquecerse al nazismo al robar, contabilizar, y enviar a Berlín las pertenencias de los prisioneros que llegaban al campo de concentración.

No obstante, se desconoce si el proceso acabará o no en condena, aunque un precedente acaecido en 2011 con el antiguo soldado Ivan Demjanjuk (condenado por su colaboración con Hitler) hace pensar que es posible.

A día de hoy, Gröning es uno de los pocos colaboradores de Hitler que, aún con vida, no han tenido problemas en contar su paso por el terrible campo de concentración. Sin embargo, siempre se ha presentado como un elemento accesorio y nunca como un asesino. De hecho, siempre ha afirmado que nunca mató a nadie y que, por lo tanto, no es culpable.

El «contable» de Auschwitz admite su responsabilidad «moral» en las muertes


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  • Groening, de 93 años, está acusado de complicidad en el asesinato de 300.000 personasmuertas en las cámaras de gas de Auschwitz en la llamada «operación Hungría», en 1944
reuters |  Groening, durante el juicio

reuters | Groening, durante el juicio

El denominado «contable de Auschwitz», Oskar Gröning, admitió hoy su responsabilidad «moral» en la muerte de los deportados a ese campo de exterminio y pidió perdón a sus familias en el inicio del juicio en Lüneburg (centro de Alemania).

«Para mí está fuera de toda duda que soy moralmente cómplice», afirmó Gröning, de 93 años y al que se acusa de complicidad en el asesinato de 300.000 personas muertas en las cámaras de gas de Auschwitz en la llamada «operación Hungría», en 1944.

Gröning, que sirvió en ese campo a partir de 1942, admitió asimismo que desde su llegada supo que se gaseaba a los judíos, pidió perdón a las supervivientes y familiares de las víctimas presentes en la audiencia y se puso a disposición de la justicia.

El proceso contra Gröning se considera uno de los últimos grandes juicios por los crímenes nazis, dada la avanzada edad de los implicados y también de las víctimas.

Gröning acudió a la Audiencia caminando con la ayuda de un andador y acompañado de sus abogados.

Entre las más de 60 acusaciones particulares presentes en el caso, hay supervivientes del Holocausto y también familiares de víctimas de Auschwitz, que han puestos sus últimas esperanzas en una justicia tardía.

La fiscalía sostiene que Gröning, encargado de incautarse de las pertenencias de los prisioneros que llegaban a Auschwitz y de enviar el dinero a las SS en Berlín, facilitó apoyo económico al régimen nacionalsocialista y respaldó así su maquinaria de la muerte.

La acusación se centra en el verano de 1944, cuando en el marco de la denominada «Operación Hungría» llegaron al campo de concentración y exterminio 425.000 deportados de ese país y al menos 300.000 fueron ejecutados en las cámaras de gas.

El precedente que lleva a pensar en una condena en este caso es el juicio instruido en Múnich al ucraniano John Demjanjuk, condenado en 2011 a cinco años de cárcel por su complicidad en la muerte de más de 29.000 judíos en el campo nazi de Sobibor, donde sirvió como guardia voluntario.

Tras ese proceso, en el que se condenó a un trabajador de un campo sin una implicación directa en las muertes, la Oficina Central Investigadora de los Crímenes del Nacionalsocialismo decidió la reapertura de 30 procedimientos, aunque varios han sido ya desestimados por incapacidad de los acusados.

El fútbol que murió en Auschwitz


Sport

70 años de la liberación

  • Este 27 de enero se cumplen 70 años de la liberación de Auschwitz, uno de los campos de concentración más terroríficos de la Alemania Nazi en que perecieron tres personajes míticos del fútbol europeo
Hirsch, en el centro de la fila de abajo, fue un ídolo en Alemania antes de perderlo todo y morir por ser judio

Hirsch, en el centro de la fila de abajo, fue un ídolo en Alemania antes de perderlo todo y morir por ser judio

Entre el 20 de mayo de 1940 y el 26 de enero de 1945 se calcula que 1,2 millones de personas perdieron la vida en Auschwitz, el campo de concentración y exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi tras la invasión de Polonia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Entre las miles de historias personales que se produjeron en aquel lugar de horror hubo la de tres personajes ligados al fútbol, que pasaron de la consideración de héroes a simples desheredados por su condición de judios. Y que murieron olvidados entre las alambradas de aquel infierno helado.

Este 27 de enero se cumplen 70 años de la entrada en del ejército ruso en Auschwitz, donde los soldados, habituados a una guerra cruel, descubrieron con espanto las condiciones en que se hallaban los apenas 7.000 prisioneros que lograron rescatar con vida.

Entre ellos ya no se encontraba Julius Hirsch, alemán nacido en Achern en 1892 y que pasó de ser considerado un héroe futbolístico y nacional en Alemania a convertirse en un apestado. Procedente de una familia de clase media judia, Hirsch destacó muy pronto entre los jóvenes del club de su vida, el Karlsruher, con el que debutó a los 17 años. Delantero de escasa presencia física, su velocidad le convirtió en un extremo prodigioso que tomó parte en la selección alemana que disputó los Juegos Olímpicos de 1912 y cuya carrera se truncó por su decisión de alistarse en el ejército alemán en la Primera Guerra Mundial. En el campo de batalla murió su hermano y de allí regresó él con honores y la condecoración de la Cruz de Hierro.

Siendo el primer judio que había defendido la camiseta de la Mannschaft (la selección germana), en 1923 se retiró y pasó a entrenar a los juveniles del Karlsruher, siendo considerado como el personaje más destacado y amado del club en toda su historia… Hasta que diez años después comenzó su calvario. “El amor que le tenía a este equipo al que he pertenecido desde 1902 ha desaparecido radicalmente. Quiero que quede claro el daño que nos está haciendo la nación alemana a un conjunto de personas decentes que hemos demostrado nuestro cariño a este país, incluso dando nuestra sangre por él” escribió a modo de despedida, cuando el régimen de Adolf Hitler marcó y apartó a los judios.

Escapó con su familia a Francia y tras abandonar a su mujer e hijos saltando de un tren en marcha para evitar que fueran relacionados con su condición de judio fue apresado por la Gestapo y enviado a Auschwitz en 1943. El héroe ya era invisible. Y allí, en unas condiciones terribles, acabó su vida. En una fecha sin determinar. Su hija Esther, superviviente del Holocausto, encontró su nombre en la relación de personas muertas en aquel lugar y le devolvió el honor.

Al cabo de muchos años, en 2005, la Federación Alemana (DFB) otorga el premio Julius Hirsch a los aficionados germanos que se hayan destacado por su lucha contra el racismo y discriminación.

ARPAD WEISZ

El segundo personaje de esta historia es Arpad Weisz, nacido en Hungría en 1896. Su gran calidad futbolística le llevó a ser captado por el Alessandria italiano y tras retirarse en el Inter en 1926 pasó a convertirse en uno de los mejores entrenadores de la época. Fue él quien descubrió y dio forma al gran Giuseppe Meazza y quien revolucionó los sistemas de entrenamiento en la Italia de los años 30. Fue quien dirigió al Bolonia que una tarde de 1937, durante la Exposición Universal de París, goleó al Chelsea por 4-1 para convertirse en portada en toda Inglaterra y fue Benito Mussolini quien en 1938 ordenó su destitución y le apartó de toda actividad.

Judio y maldito en Italia, Weisz huyó con su familia a Holanda y convirtió a un modesto Dordrecht en la sensación del fútbol en el país, plantando cara al todopoderoso Feyenoord y recuperando una paz que acabó abruptamente el 15 de mayo de 1940, cuando el ejército alemán ocupó Holanda. Escondido en casas de familiares de sus futbolistas, su familia fue denunciada por un colaborador de los nazis en agosto de 1942 y trasladada al campo de Cosel dos meses después. Allí murieron su esposa Elena y sus hijos Roberto y Clara, en la cámara de gas, antes de que él fuera trasladado a Auschwitz.

Y el 31 de enero de 1944, el hombre que descubrió a Meazza, que implantó en Italia el sistema WM, que impuso la contratación de un jardinero para que cuidara el césped del estadio del Bolonia y que fue aclamado por todo el Calcio, fue encontrado muerto.

EDDY HAMMEL

El tercer protagonista nació en Nueva York en 1902 y fue el primer futbolista judio de la historia del Ajax, un club marcado por la herencia judía, puesto que Amsterdam fue el hogar de la mayoría de los 150.000 judíos que vivían en Holanda antes de la Segunda Guerra Mundial. Hammel se trasladó con su familia a Amsterdam siendo un niño y comenzó a jugar en las categorías inferiores del Ajax hasta que en 1922 debutó en el primer equipo.

Hasta su retirada en 1930 fue un destacado lateral o extremo derecho que se convirtió en ídolo de la hinchada, tanto por su condición como por su rendimiento. Personaje muy popular que jugaba con los veteranos del Ajax, su vida empezó a truncarse también con la ocupación nazi en mayo de 1940 y después de vivir cerca de tres años oculto, el 18 de enero de 1943 fue trasladado en un tren hacia Auschwitz. Y el 30 de abril perdió la vida en la cámara de gas del campo de exterminio polaco.

Este es un reportaje que recuerda la vida y tragedia de Hirsch

Dentro de los restos oxidados de los trenes nazis de Auschwitz


ABC.es

  • El fotógrafo Mathew Growcoot cree haber encontrado los despojos de los ferrocarriles que transportaron a cientos de miles de judíos hasta las cámaras de gas

Durante años fueron el terror de los enemigos de Adolf Hitler, pues entrar en sus vagones significaba partir hacia una muerte segura en el campo de exterminio de Auschwitz (ubicado en Polonia). Sin embargo, de los que en su día fueron los trenes usados por los nazis para transportar a miles de judíos hasta las cámara de gas, hoy ya solo quedan despojos oxidados y abandonados en una vieja estación de Hungría.

Al menos, así lo cree el fotógrafo británico Mathew Growcoot quien, tras investigar el paradero de los conocidos como «trenes de la muerte», afirma haberlos hallado en un taller de reparación de maquinaria ferroviaria que abrió sus puertas en el año 1900 y ha sido testigo de más de 80 años de Historia ferroviaria húngara.

Enlace: Auschwitz, el campo de exterminio que enorgullecía al nazismo

El lugar en cuestión es conocido como Istvántelek, está ubicado al norte de Budapest y forma parte de un complejo mucho más grande utilizado por el ferrocarril del país. Al parecer, esta parte olvidada y descuidada de la estación no era desconocida, pero –hasta ahora- nadie se había percatado de que las convoys que albergaba en su interior eran idénticos a los utilizados por los nazis hace más de 60 años.

Según publica la versión digital del diario «Daily Mail» -donde se ha hecho hincapié en que aún no se ha corroborado su procedencia, aunque son exactamente iguales- los grandes vagones se encuentran hoy en día abandonados y en pleno estado de descomposición.

Dentro de los restos oxidados de los trenes nazis de Auschwitz

DAILY MAIL

A su vez, y siempre según Growcoot, los vagones en los que un día se apelotonaron más de 440.000 judíos húngaros (algunos historiadores elevan la cifra a muchísimos más) se encuentran bajo una estructura maltratada por el paso del tiempo. «El techo se cae a pedazos, aunque, que el sol lo atraviese, le da un aire dramático perfecto».

Por otro lado, el fotógrafo también ha expresado su sorpresa tras encontrar lo que puede ser todo un tesoro histórico: «Había leído sobre los vagones que habían sido utilizados por los nazis, y algunos de ellos son iguales a los que se pueden ver en las fotografías tomadas en Auschwitz… Fue impactante pensar en los horrores que pudieron haber tenido lugar en los vagones que estaba fotografiando».

Puedes ver el resto de fotografías pinchando aquí

Dentro de los restos oxidados de los trenes nazis de Auschwitz

El sonido de Auschwitz


EL Mundo

[foto de la noticia]

Fritz Bauer, el fiscal que contribuyó de forma definitiva a juzgar a los criminales de Auschwitz, creía que los tribunales deben ser una especie de aula para la nación, en la que el pueblo aprende sobre sus propios valores y sobre sus leyes. Por eso ahora la fundación alemana que lleva su nombre ha decidido colgar en internet, abiertos al mundo, los testimonios de aquellos testigos que en un exquisito alemán y sobreponiéndose a la tragedia, narraron ante el tribunal cómo habían sido transportados los prisioneros hasta Auschwitz y las atrocidades que formaban parte de la rutina del campo de concentración.

En los procesos de Auschwitz celebrados en Fráncfort entre 1963 y 1965, testificaron 318 personas, entre ellas 181 supervivientes del campo. Cada testimonio duraba lo que diese de sí, no había límite de tiempo, y todos ellos pueden comenzar a ser escuchados ‘on line’ a partir de hoy en la página web www.auschwitz-prozess.de, configurando un archivo público sobre la memoria del Holocausto como hasta ahora solo podíamos encontrar en centros históricos o de la memoria judía.

Para entender la actual Alemania, su política exterior y su política europea, resulta imprescindible escuchar, por ejemplo, el testimonio del juez de las SS Konrad Morgen, que acudió al campo para dirigir un proceso por delito de malversación (alguien se había hecho con oro de los dientes de los judíos muertos y lo estaba vendiendo fuera del campo), y en su visita recorrió, como parte de sus pesquisas, los crematorios y las cámaras de gas.

Morgen describe “una atmósfera objetiva, neutral, técnica y libre de valores”. Recuerda que acababa de ser “destruido” un “transporte”, en referencia a un grupo de entre 1.000 y 2.000 personas. “Todo había sido terminado pulcramente, algunos presos pulían los accesorios con movimientos mecanizados. Por lo demás todo estaba tranquilo, vacío y en silencio”.

Morgen pronunciaba estas palabras ante 200 periodistas y 20.000 espectadores, pero el público al que llegará ahora este mensaje tiene un potencial infinito, como la capacidad de esta iniciativa de fijar el recuerdo de Auschwitz en la memoria de la Humanidad. Y de refrescarlo.

Tras terminar el proceso a los primeros 20 acusados, el presidente del tribunal, Hans Hofmeyer, leyó durante cinco horas su veredicto, afirmando que “probablemente hay muchos entre nosotros que durante mucho tiempo no podrán volver a mirar a los ojos alegres e inocentes de un niño sin sentir el tremendo vacío que dejaron las miradas inquisidoras y estupefactas de los niños que hicieron a Auschwitz su último viaje”. No pudo pronunciar la frase del tirón, sino tras superar una dolorosa pausa para respirar, y en ese sonido encontramos el sentido de los silencios y las pausas que Alemania sigue dejando en su discurso cuando se dirige a Europa y al mundo.

Vacaciones en el infierno: ¿por qué nos gusta visitar Auschwitz o Hiroshima?


El Confidencial

El campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, recibe cientos de visitantes cada día. (Corbis)

El campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, recibe cientos de visitantes cada día. (Corbis)

Irse de vacaciones es un poco como ir al cine. Uno sabe que durante el tiempo que se expande ante sí sólo tendrá que sentarse y relajarse, pero ante nosotros puede aparecer una comedia romántica, un drama independiente o una peli de terror. No todas las vacaciones son siempre apacibles, ni todo el mundo busca tirarse en una hamaca bajo un cocotero con un mojito y unas gafas de sol, de modo que los lugares establecidos como centros turísticos son cada vez más variados.

Entre ellos destacan los numerosos monumentos, escenarios o restos de lo que en su día fue una tragedia humana. Estos lugares horribles se están convirtiendo en un objetivo turístico más, como la Torre Eiffel, el Big Ben o la Fontana di Trevi. Además, no es que los emplazamientos se hayan adecuado para que los interesados vayan a informarse o conocer la tragedia allí sucedida –que también–, sino que realmente estos lugares se han convertido en un punto de visita obligatorio más, donde debe uno hacerse la foto de rigor. ¿De dónde viene esa atracción extraña a estos lugares terribles?

Negocio: la negación del ocio

Es evidente que las empresas y los gobiernos se aprovechan de estas tragedias para obtener beneficios económicos, llegando a poner en algunos de estos lugares (como se planea para Fukushima) tiendas de souvenirs o restaurantes. Es verdad que no deja de ser algo que forma parte de la historia y la cultura de los países, pero la diferencia es que las catástrofes de Auschwitz o de la Zona Cero pertenecen a la historia contemporánea.

El psicólogo clínico y consultor Juan Cruz ve una cierta relación entre este tipo de manipulación empresarial y la que ocurre, por ejemplo, en los programas del corazón.Pasamos de lo rosa a lo negro para alimentar un morbo extraño, y los organizadores de este circo de los horrores manipulan a su antojo emociones que, según Cruz, no son malas de por sí. La curiosidad, el interés e incluso las ganas de empatizar, de saber y conocer lo que les ha ocurrido a los otros son muy humanas. Hacer de ellas un negocio, no obstante, debe hacernos pensar en el coste ético que tienen muchas de las políticas económicas actuales.

Según Cruz, la motivación de ir a estos lugares surge a menudo por la necesidad y la curiosidad de conocer de primera mano el lugar de los acontecimientos. Dice el psicólogo que, al hallarse uno en el mismo sitio en que tuvieron lugar los hechos, “la estimulación del cerebro es multisensorial, la mente y sus procesos neurocognitivos viajan al pasado” y, en consecuencia, “las sensaciones se quedan mucho más grabadas; se trata de saber, pero también de sentir”. Cuando uno, como visitante, se halla en un lugar así y siente compasión por los que allí vivieron una tragedia irreversible, inevitablemente se olvida del neg-ocio (la negación del ocio) y se conmueve con lo que está viviendo. Así, son más bien las empresas y los gobiernos, en opinión de Cruz, los que están manejando la economía hacia unos derroteros que nos deberían hacer plantearnos algunas cosas. Pero los visitantes suelen canalizar la emoción, y no dejarla caer en saco roto.

Otra de las motivaciones para acudir a estos lugares es la “tendencia humana a dirigirnos a lo catastrófico, al dolor, como forma de confrontar la realidad de la vida, que es la muerte”, añade el psicólogo. Así, además, nos sentimos más vivos. La visita, por otra parte, alimenta nuestro ego: es el famoso “yo estuve ahí”, que decimos con más solemnidad al acercarnos a estos lugares terribles. Cruz advierte que las personas sensibles pueden verse muy conmocionadas con este tipo de incursiones turísticas, y nos anima a sacar de ellas reflexiones constructivas.

En cualquier caso, lo que es evidente es que estos sitios están cada vez más acondicionados, accesibles y publicitados para que formen parte de nuestras vacaciones. Aquí reunimos algunos de los más célebres.

Fukushima (Japón)

Los planes para convertir la paralizada central nuclear de Fukushima en una atracción turística son ya una realidad. El lugar, que posiblemente pase a llamarse Fukushima Gate Village, se halla en el límite de la zona de exclusión, a unas veinticinco millas (cerca de 40 kilómetros) del que quizá sea el segundo peor accidente nuclear de la historia, cuyo detonante fue el terremoto ocurrido en Japón en 2011. Los turistas serán alojados enhoteles que se han construido especialmente para proteger a los huéspedes de los altos grados de radiación que aún se dan en el área. También habrá restaurantes, tiendas de souvenirs y un museo dedicado a mostrar el impacto que tuvo el desastre entre la gente local.

Prípiat (Ucrania)

El pueblo llegó a estar habitado por 50.000 personas, la mayoría de las cuales trabajabancerca de la central nuclear de Chernobil. Tras el desastre, que tuvo lugar en 1986, fue abandonado, pero recientemente ha atraído a miles de visitantes que acudían para vagabundear por las calles y los edificios vacíos. Cientos de máscaras antigás desechables pueblan el suelo del comedor del colegio, y la propaganda soviética cuelga aún de las paredes.

La Zona Cero (Estados Unidos)

Desde la famosa caída de las Torres Gemelas el once de septiembre de 2001, el World Trade Center se ha convertido en visita obligada para todo aquel que se deje caer por Manhattan. La construcción del monumento que homenajea a los fallecidos se terminó en 2011. Además, también está planeada la creación de un Museo Nacional 11 de Septiembre, con exposiciones donadas por los supervivientes.

Auschwitz (Polonia)

El famoso campo de concentración nazi suscita una asombrosa fascinación. Hay habitaciones con montones de gafas, de zapatos, de pelo. En las paredes del pasillo están meticulosamente inscritos los nombres de las víctimas y el año de su muerte. Además del pequeñísimo pueblo en que vivían los doctores y comandantes, se pueden visitar las cámaras de gas, totalmente desnudas, donde se produjo el genocidio.

También suscitan a este respecto mucha curiosidad la casa de Ana Frank (Ámsterdam) y el monumento a las víctimas del Holocausto (Berlín).

Hiroshima (Japón)

El Museo Memorial de la Paz de Hiroshima, en el parque homónimo, está dedicado a los miles de personas que perdieron la vida en los ataques nucleares de 1945. El museo se construyó en 1955 y la fundación que lo dirige reúne objetos de recuerdo de los incidentes y narraciones de las experiencias de las víctimas. No sólo se expone la catástrofe del seis de agosto, sino que también se da información sobre las armas atómicas en el mundo.

My Lai  (Vietnam)

Desde Hoi An, un pintoresco pueblo vietnamita, se pueden reservar tours que llegan hasta My Lai, lugar donde se dio la masacre en la que al menos 347 hombres, mujeres y niños fueron brutalmente asesinados por las tropas estadounidenses.

Las prisiones

Muchas antiguas prisiones alrededor del globo atraen a los turistas, entre las cuales se encuentra la célebre Alcatraz, en una isla cerca de la costa de San Francisco. También despierta el interés de los vacantes Robben Island, donde estuvo preso Nelson Mandela durante veintisiete años.

Además, no pocos hoteles se han construido en lo que antes fueron prisiones, como el Malmaison Oxford, el Four Seasons (Estambul) o el Lloyd Hotel (Amsterdam).

Por su parte, el Louisiana State Penitentiary abre sus puertas de seguridad dos veces al año e invita al público a disfrutar de lo que se ha venido a llamar un “rodeo extremo”.

El macabro atractivo del ‘turismo del horror’


La Vanguardia

Un centro universitario indaga por qué los turistas visitan Auschwitz, la zona cero de Nueva York o los campos de la muerte de Camboya

Barcelona. (Redacción).- ¿Qué buscan las miles de personas que durante sus vacaciones visitan el centro de exterminio de Auschwitz, la zona cero de Nueva York, los campos de la muerte de Camboya o la central nuclear de Chernóbil?

Ésta es la pregunta que trata de responder el recién creado Instituto de Estudios sobre Turismo Necrológico, de la Universidad Central Lancashire (Inglaterra) y que es el primero que aborda el tema de forma académica, según recoge la BBC.

El director del centro, Philip Stone, asegura que los turistas acuden a estos lugares marcados por la tragedia como “una forma de peregrinación secular, la gente siente que tiene que visitarlos”. Se trataría pues, de otro modo de buscar el sentido trascendental de la vida.

Stone cree que estos destinos turísticos recuerdan a la gente su “propia mortalidad” y, en cierto modo, ayudan a superar el tabú de la muerte: “Vivimos en una cultura que por lo general elimina la muerte de dominio público. Al visitar sitios que comparten escenas fuertemente asociadas con la pérdida de la vida nuestra sociedad vuelve a conectar con la muerte”.

Además, pese a la angustia que sienten muchos visitantes al recordar y sentir de cerca las atrocidades cometidas en esos lugares, al salir “experimentan una sensación de alivio al sentir que pueden dar un paso atrás y regresar a la seguridad de sus propias vidas”. Para Stone, “de alguna forma se alegran de que no les haya sucedido a ellos”.

El ‘Ana Frank’ de Praga


El Mundo

  • Un documental recrea la vida de Petr Ginz, un niño prodigio judío
  • Murió en Auschwitz tras escribir un diario, 5 libros, pintar 170 dibujos…

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Naciones Unidas ha elegido un revelador documental que este año verá la luz para conmemorar hoy, como cada 27 de enero, a las víctimas del Holocausto. Y lo ha seleccionado para mostrárselo en particular al público infantil, pues su protagonista es un pequeño, un niño prodigio judío que nació en Praga, amó la música, la poesía, las novelas de aventuras, dibujar……Y que nunca lo dejó de hacer aun estando encerrado en un campo de concentración (Theresienstadt) de los 14 a los 16 años. Después, moriría en las cámaras de gas de Auschwitz.

‘El último vuelo de Petr Ginz’ es un documental estadounidense que muestra la obra prodigiosa de un adolescente con un increíble talento que no pudo ser cercenado ni por las huestes de Adolf Hitler.

A través de los recuerdos de su hermana, que hoy día sigue viva y reside en Omer (Israel), la cinta nos transporta al mundo maravilloso de un chaval que, tristemente, se hubiera merecido la misma fama que Ana Frank y que ahora nos será descubierto a través del mundo del celuloide y del diario que dejó escrito, así como sus cinco novelas de aventuras(inspiradas en Julio Verne), sus poesías o sus 170 fantásticos dibujos.

Trágica casualidad

Petr Ginz no se rindió al horror del nazismo y canalizó “su mundo interior, emociones, esperanzas y sueños en obras de arte, poesía y prosa”. Así lo asegura a ELMUNDO.es Sandy Dickson, codirectora del documentalque nos acercará a este chaval de talento precoz y hasta ahora apenas conocido. Y es que si de algo nos suena el nombre de Ginz es por un terrible suceso acontecido en 2003. El 1 de febrero de ese año, el transbordador espacial Columbia se desintegró cuando contactaba con la atmósfera en su regreso a la Tierra. En él viajaba el primer astronauta israelí, Ilan Ramon, que llevaba en su poder uno de los dibujos del adolescente, ‘Paisaje lunar’. Una vez más, todo acabó en cenizas.

“Ese mismo día era el cumpleaños de Petr”, recuerda a ELMUNDO.esChava Pressburger, de 84 años, nacida como Eva Ginzova y hermana pequeña de Petr Ginz, a quien admiró enormemente e insta a todos a conocerle para descubrir “cómo la creatividad y el optimismo nunca pueden ser derrotados”.

“Esperamos que el documental conecte con los más jóvenes”, apunta Dickson. “Ojalá el filme inspire a niños y adolescentes, que aprendan y aprecien el poder de la imaginación en sus vidas y en las de los demás”, sentencia quien ha logrado, tras tres años de arduo trabajo, inmortalizar la vida y obra del niño-artista que segó el nazismo.

‘El último vuelo de Petr Ginz’ será presentado el próximo 29 de febrero en el Festival Judío de Atlanta y aspira a estar pronto en varios festivales internacionales como, por ejemplo, San Sebastián.