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Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Un hueco, descubierto fortuitamente durante unas tareas de limpieza, ha abierto la puerta a un nuevo y colorido hallazgo bajo las arenas de Luxor, la antigua Tebas de los faraones. Una misión japonesa ha localizado una tumba que pertenecería a un escriba real que vivió en época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en el sur de Egipto.

“Encontramos un gran agujero en el muro norte durante la limpieza de la zona oriental del patio delantero de la tumba de Userhat [alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón]”, relata el nipón Jiro Kondo, profesor de Arqueología de la universidad Waseda de Tokio y director de la misión que ausculta la sepultura TT47 en la orilla occidental de Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.

“Tras deslizarnos por la abertura, nos percatamos de que conducía hacia la pared sur de una de las estancias de la recién descubierta tumba de Jonsu”, detalla el experto. El primer examen de la sepultura –ubicada en la necrópolis de El Joja– ha arrojado algunos datos de su dueño: Jonsu, un escriba real “de renombre” -como le retratan los jeroglíficos hallados en el interior- que debió desarrollar su labor en época ramésida (1292-1069 a.C.), un período en el que gobernaron once faraones bajo el nombre de Ramsés.

A pesar de los achaques del tiempo, la tumba en forma de T -con el acceso principal sepultado por los escombros y en dirección hacia el este- guarda entre sus muros una colección de escenas talladas en la piedra que aún conservan retazos de los vivos colores de antaño. Así, la pared norte junto a la puerta muestra el barco solar del dios naciente Ra Atón mientras es adorado por cuatro babuinos. En otras áreas de la oquedad, como el muro oriental, Jonsu y su esposa rinden culto a Osiris, la deidad de la resurrección, y su cónyuge Isis, la gran diosa madre en la mitología egipcia. Ambas figuras, despedazadas, aparecen también en la zona norte.

“Por desgracia la mayoría de las pinturas murales de la sala transversal han desaparecido”, apunta Kondo, cuyo equipo confía en desentrañar nuevos secretos cuando se retiren los grandes bloques de piedra que se acumulan en la cámara interior de la tumba, que desde el acceso hasta la última estancia mide unos 4,6 metros. De momento, el egiptólogo japonés reconoce que las decoraciones que permanecen en el techo se hallan en mejor estado que las que lucen los muros.

La misión de Kondo firmó un sonado hallazgo a principios de 2014 al desvelar la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de época ramésida en la necrópolis tebana, también durante la limpieza de la cercana sepultura de Userhat. El difunto, Jonsu Im Heb, era el máximo responsable de la factoría y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento fue un descubrimiento formidable por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos aportaron detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas.

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ABC.es

  • El equipo liderado por la arqueóloga española Myriam Seco culmina con éxito en Luxor la novena campaña

Cuando la arqueóloga sevillana Myriam Seco comenzó, hace ya nueve años, sus excavaciones en Luxor, apenas parecía quedar nada del templo funerario de Tutmosis III, convertido en una colina llena de piedras. En la orilla oeste del Nilo, y frente al pico Qurna, se había levantado una vez el Templo de Millones de Años del faraón conocido como «Napoleón egipcio», pero nadie lo había investigado a fondo. Arqueólogos hicieron una tentativa en 1906, para después abandonarlo. En las manos de Seco y su equipo, el yacimiento ha demostrado ser fecundo como nadie esperó: el templo y varias necrópolis abarcan más de 1.500 años de historia del Antiguo Egipto.

Trabajan en este proyecto una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como 150 trabajadores locales

«No esperaba que iba a ser tan rico. Era un descampado lleno de basura», comenta Seco mientras guía el camino a través de los muros de adobe que perimetran el templo donde se afanan durante tres meses una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como más de 150 trabajadores locales. Si en su primerísima semana, allá en 2008, encontraron una suerte de almacén donde los arqueólogos anteriores habían acumulado decenas de fragmentos de muros y relieves –«fue como una señal»- la campaña de 2016 acabó con un muy buen sabor de boca: en noviembre encontraron un bellísimo y bien conservado cartonaje de momia e investigan ahora un complejo funerario que guarda más de una decena de momias en su depósito.

El descubrimiento de la tumba con el cartonaje, que el equipo estima provisionalmente en el Tercer Período Intermedio, amplía aún más los años de vida del yacimiento, que comienzan con una necrópolis de fosas simples y humildes (dinastía XI) y una segunda necrópolis justo bajo el suelo del templo, con tumbas de pozo y pasillo (Imperio Medio, dinastías XII y XIII). «Prefería un templo, y al final salió una necrópolis», bromea Seco, afincada en Egipto.

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Así era el templo

Con gestos y un torrente de explicaciones, la egiptóloga dibuja cómo era el templo; un pilono de adobe, al otro lado de la carretera del siglo XX, y una muralla de adobe encalada en blanco. ¿Cómo se sabe que era blanco? Seco muestra una zona donde todavía se conservan restos de las diversas capas de cal que lo pintaron. Tras él se avanza hasta un segundo patio: en su momento, ocho árboles persea ofrecieron algo de sombra. En una campaña anterior, Seco encontró hojas, raíces y tierra fértil en los agujeros, de más de 9 metros de profundidad. Ha pedido permiso para volver a plantarlos, que de momento le ha sido denegado, aunque insistirá: el uso de árboles le da al templo una característica bien distinta a los de otros, diseminados a la orilla del río Nilo. Una rampa daba acceso a una nueva plataforma, flanqueado por un pórtico de estatuas –quedan sus bases– precediendo al peristilo, capillas y santuarios. Los relieves de arenisca que adornaban las paredes, aún hechos pedazos, cuentan la historia de Tutmosis, el «Napoleón egipcio», por sus campañas militares, desde sus cacerías de elefantes en Asia (área de la actual Siria) hasta la pleitesía de los nubios del sur.

A lo lejos, se oye el esporádico «clinc-clinc» del equipo de trabajadores que talla la piedra caliza que se colocará en parte del suelo, reconstruido para que los turistas puedan imaginar cómo fue el templo. «¡Alhamdulilah! (Gracias a dios)», gritan cuando logran desplazar una pieza especialmente grande.

En 7 u 8 años se convertirá en un museo al aire libre donde el visitante podrá caminar sobre los muros de adobe y asomarse a las tumbas del patio

El proyecto de convertirlo en un museo, que el equipo de Seco tuvo muy presente desde el principio, empieza a dibujarse y deja ver lo que será en 7-8 años: un puzle de épocas conviviendo en una misma parcela, un museo al aire libre donde el turista «caminará sobre los muros» de adobe y podrá asomarse a las tumbas del patio. Sobre el muro original, han levantado una «hilada de sacrificio» que realza el elemento arquitectónico, hasta entonces devorado por la arena. La ingenua incredulidad de que muros tan altos hayan logrado preservarse resulta injustificada cuando Agustín Gamarra, «el experto adobero», muestra hasta dónde llegaba el último ladrillo de barro original conservado. En el exterior del templo, una charca de barro y la sabiduría de los locales son la génesis de los nuevos ladrillos de adobe «fabricados con los mismos materiales»: barro, paja (utilizan fibras largas, de caña de azúcar) y secarse al sol.

Siguiendo el «libro» de los perfiles estratigráficos, los arqueólogos rastrean los distintos niveles del suelo, que permiten seguir las sucesivas vidas del templo, centro religioso pero también económico e, incluso, residencial.

Dinastía XVIII

El templo, de la dinastía XVIII e iniciado en los años de la Hatsheptut, corregente del entonces faraón niño, tenía mucha actividad, como demuestran los miles de vasijas de ofrendas desechadas junto al muro exterior, el particular «basurero» del complejo. Se mantuvo en activo casi los 50 años de gobierno de Tutmosis III, pero también durante el reinado de su hijo, Amenofis II. El equipo de Seco ha encontrado además unas habitaciones anexas, esta vez de época ramésida (dinastía XIX). Precedida por un dintel y una jamba blanca decorada –cuya copia se puede ver in situ, el original está en el museo de Luxor, donde también se exhiben joyas, marfil y cuchillos mágicos encontrados en las tumbas– está la casa de Jonsu, «sacerdote de Menkheperrá» (Tutmosis III).

«Con el descubrimiento de esta casa, aclaramos un enigma histórico. Jonsu fue sacerdote en tiempos de Ramsés II que ejerció en el propio templo de Tutmosis III», señala Javier Martínez Babón, epigrafista y egiptólogo de la excavación, lo que demuestra que, más de una decena de faraones después, seguía habiendo actividad religiosa en el complejo. Una vez abandonado e incluso saqueado por otros faraones, que se fueron llevando las piedras, el yacimiento alojó sucesivas necrópolis de periodos más tardíos (dinastías XXI-XII y dinastías XXV-XXVI).

Desde que comenzó la excavación en 2008 se han encontrado más de un centenar de momias

Bajo una sombrilla, Babón se afana en documentar cada pieza «con algo de relevancia» que escupe el yacimiento. Resulta, según dice y se puede apreciar, «un trabajo ingente». La riqueza del yacimiento provoca que las ramas de investigación, más allá de la mera excavación, se multipliquen. Durante los tres meses de campaña conviven epigrafistas, arqueólogos, restauradores y gente de la rama de Bellas Artes y documentación. El proyecto cuenta con un convenio con la Universidad de Granada y con la Universidad de Tübingen (Alemania), segunda alma mater de Seco. Se estudia y se restauran las estructuras y las tumbas, pero también se pone un ojo en las momias encontradas, más de un centenar desde que comenzaron la excavación en 2008, financiada por la Fundación Botín, Banco Santander, Cemex y Cajasol.

«El templo está volviendo a la vida», aprecia el arqueólogo Ibrahim Noureddine, antes de adentrarse de nuevo en el pozo que conduce a «su» tumba. Con una riqueza que pocos esperaban, Thutmose III Project «es un proyecto que ha adquirido una dimensión muy notoria. Era un pedregal, no se veía absolutamente nada. Da mucha satisfacción verlo ahora», rezuma entusiasmo Babón. El 15 de diciembre, Seco echó el cierre a la novena campaña. Le esperan otros 9 meses de investigación y publicación del infinito material hasta regresar, un año más, a Luxor.


El Pais

  • La misión que dirige la sevillana Myriam Seco halla un hermoso enterramiento anexo al santuario de Tutmosis III en Luxor
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Ataúd de cartón pintado hallado en el templo de Tutmosis III, en Luxor (Egipto).

Mientras en Egipto la atención mediática se centra en los misteriosos espacios desconocidos de la Gran Pirámide y en la tumba de Tutankamón, sin que acabe de hacerse luz sobre ellos, el paciente y a menudo silencioso trabajo de los arqueólogos continúa en los yacimientos que se extienden por todo el país. Esa labor meticulosa produce descubrimientos que hacen avanzar el conocimiento científico del Antiguo Egipto y a veces también hallazgos espectaculares. Es el caso del enterramiento hallado por la misión que dirige la egiptóloga sevillana Myriam Seco en el yacimiento del templo funerario de Tutmosis III en la gran necrópolis tebana, en la orilla oeste del Nilo en Luxor.

En el exterior del muro perimetral del templo del poderoso faraón guerrero (conocido como “el Napoleón egipcio”), en la zona sur, los arqueólogos han excavado en un pozo de poca profundidad un nicho que albergaba un sarcófago de madera en cuyo interior se encontraba la momia dentro de un hermoso cartonaje antropomorfo, un ataúd de cartón pintado. El sarcófago, atacado por las termitas, presentaba graves daños en su parte central y no ha podido ser recuperado en su totalidad, ha explicado a este diario desde Luxor Myriam Seco. Sin embargo, el cartonaje “se encuentra en buen estado de conservación y permite observar bellas imágenes dotadas de un impresionante colorido”.

Los científicos han identificado en el cartonaje y en los restos del sarcófago el nombre y el título del personaje que fue enterrado: el funcionario Amon Renef, Sirviente de la Casa Real. Estudios preliminares sitúan el enterramiento a comienzos del Tercer Periodo Intermedio, en torno a los siglos XI o X antes de Cristo.

Entre los elementos religiosos y simbólicos que presenta el ataúd de cartonaje policromado figuran el disco solar y la cobra, las diosas protectoras Isis y Neftis con las alas desplegadas, los cuatro hijos de Horus, que custodiaban las vísceras del difunto, y halcones protectores con las alas también desplegadas.

En cuanto a la momia, “la estudiaremos la semana próxima con escáner y rayos X para identificar sus rasgos físicos y tratar de dilucidar la causa de la muerte, así como determinar si lleva joyas y amuletos”. El enterramiento no incluía más ajuar que el sarcófago de madera y el cartonaje policromado.

El hallazgo se enmarca en la novena campaña de trabajos en el templo de Tutmosis III que persigue el doble objetivo de rehabilitar el recinto –dejado de la mano de Dios durante mucho tiempo- para hacerlo inteligible y mostrar su esplendor original, y excavar el área, que está llena de tumbas de pozo correspondientes a diferentes periodos.

“Sabíamos que el templo fue construido sobre una necrópolis anterior, del Reino Medio, con gente de alto rango social”, ha explicado Seco. “hace dos años encontramos otra necrópolis junto al muro norte, correspondiente a gente humilde, también anterior a la edificación del templo. Y al final de la temporada pasada, al oeste del recinto, dos tumbas de época tardía. Ahora aparece esto, al sur, que demuestra que una vez el templo quedó abandonado y en ruinas y se siguió usando como necrópolis”.

El yacimiento, subraya Seco, ha demostrado, como se ve, poseer una riqueza arqueológica extraordinaria, que abarca un arco cronológico superior a los 1500 años y aporta materiales e informaciones de las dinastías XI, XII, XVIII y XIX, así como de principios del Tercer Periodo Intermedio y la Época Baja. La misión, fruto de la cooperación entre el Ministerio de Antigüedades Egipcio y la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la financian la Fundación Botín, el Banco de Santander, Cemex y Cajasol.

Sobre la situación actual en Luxor, Myriam Seco dice que parece mejorar el turismo. “Se mueve algo, y hay más esperanza. Vemos pasar más autocares”. En cuanto a las misteriosas cámaras secretas de la tumba de Tutankamón –en el Valle de los Reyes, cerca de donde trabaja la egiptóloga-, “no parece haber novedades, la investigación está paralizada, pero dará que hablar”.


El Mundo

  • CIENCIA -Anuncia que la momia del faraón no será sometida a nuevos análisis
  • Egipto permitirá el examen de la tumba de Tutankamón en busca de la sepultura de Nefertiti
  • Aunque las autoridades no creen que esté enterrada en la tumba del faraón niño del Valle de los Reyes, permitirán al egiptólogo británico Nicholas Reeves comprobar su teoría
Algunas de las pinturas que decoran la tumba de Tutankamón.EL MUNDO

Algunas de las pinturas que decoran la tumba de Tutankamón. EL MUNDO

Escépticas pero dispuestas a desentrañar el enigma de la tumba de Nefertiti. Las autoridades egipcias han anunciado que permitirán al egiptólogo británico Nicholas Reeves viajar al país árabe y comprobar in situ su teoría de que la esquiva esposa de Ajenatón yace enterrada en la tumba de Tutankamón, en los confines del Valle de los Reyes (Luxor).

El ministro de Antigüedades egipcio Mamduh el Damati ha revelado que, tras una larga conversación telefónica con el académico, le ha invitado a visitar la tierra de los faraones a mediados de septiembre. Su hipótesis será evaluada entonces por un grupo de arqueólogos locales y extranjeros. “Se organizará un debate entre los participantes”, ha precisado El Damati al diario estatal Al Ahram.

El ministro ha reconocido, no obstante, que no cree en las elucubraciones de Reeves y se decanta por la posibilidad de que la reina cuyo busto fijó nuestro canon de la belleza faraónica se halla enterrada en Tell el Amarna, la ciudad fundada por Ajenatón a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al culto a Atón.

“A partir de los resultados del debate, Reeves y el grupo llevarán a cabo una visita para inspeccionar el interior de la tumba de Tutankamon en Luxor en un intento de probar su teoría”, ha indicado El Damati. Los resultados del examen serán anunciados en una rueda de prensa internacional. Hasta entonces el ministerio “no publicará ningún comunicado oficial relacionado con la teoría”.

En una entrevista a EL MUNDO, el egiptólogo británico reconoció haber contactado con las autoridades para lograr el cotizado permiso y demostrar su tesis. “De momento solo podemos especular sobre quién y qué podría hallarse en esas estancias. El primer paso sería inspeccionar el lugar con radar, que determinará si hay realmente agujeros. Si los hay, tendremos que planear el próximo paso con sumo cuidado”, detalló.

Sus cábalas, publicadas hace unas semanas por la revista del Amarna Royal Tombs Project han desatado una notable expectación. “Mi hipótesis es que nos encontramos ante una tumba dentro de una tumba. El enterramiento de Tutankamón se habría realizado en la parte exterior de una sepultura que ya existía y que se habría adaptado para tal fin. De ser así, habría un segundo enterramiento en los lugares más recónditos de la tumba”, señaló a este diario. La inquilina de ese segundo enterramiento sería Nefertiti (1370-1330 a.C.).

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El análisis de estas imágenes de la tumba permitió a Nicholas Reeves ver detalles con los que ha desarrollado su teoría.

“Ciertos rasgos estilísticos en la decoración de la pared norte, que dataría del enterramiento original y sería anterior a las pinturas del resto de muros, son una reminiscencia de Nefertiti”, agregó quien en los últimos meses buscó pesquisas rastreando las fotografías en alta resolución tomadas por la organización Factum Arte que sirvieron para elaborar en su taller madrileño la réplica exacta de la tumba de Tutankamón, expuesta desde el pasado mayo en los aledaños de la casa de Howard Carter en Luxor.

A partir de las huellas localizadas en los muros, el experto esbozó incluso un mapa con las zonas que habrían permanecido ocultas desde que en 1923 Carter descubriera la sepultura. En principio, habría dos nuevas estancias: una cámara lateral debajo de la decorada pared oeste de la cámara funeraria y una prolongación de la tumba más allá del muro norte. En el primer caso, la puerta conduciría a un almacén contemporáneo al resto de lo ya hollado. En el segundo, el pasaje llevaría hasta la buscada cámara funeraria de Nefertiti.

NO MÁS ANÁLISIS A LA MOMIA DE TUTANKAMÓN

El lugar de descanso de Nefertiti no es la única polémica que recorre estos días el país árabe. Precisamente ayer las autoridades aclararon que no van a someter a la momia de Tutankamón a nuevos estudios después de que hace un lustro los análisis de ADN determinaran que era hijo de Ajenatón, el faraón que impulsó el monoteísmo, y desvelaran que falleció prematuramente a los 19 años de edad por la malaria y una enfermedad ósea que le fue reduciendo la movilidad. Asimismo, las autoridades anunciaron en un comunicado que los restos del “faraón niño” serán traslados a una estancia lateral de su tumba en un ataúd realizado expresamente para evitar daños en la mudanza.


El Mundo

  • Hallan la sepultura de ‘Sa Mut’ con muros repletos de estampas sobre la vida en Egipto
  • Está cerca de la tumba de Amenhotep, guardián de Amón, hallada hace unos días

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    Detalle de la decoración de la tumba hallada en Luxor.ARCE

Dos tumbas en apenas una semana. La misión de arqueólogos estadounidenses que halló hace unos días la tumba de Amenhotep, guardián del dios Amón, ha protagonizado este martes un nuevo descubrimiento formidable. A unos metros del primer enterramiento los egiptólogos se han topado con la sepultura de “Sa Mut” con su muros repletos de hermosas y coloridas estampas que narran la vida y las festividades en la tierra de los faraones.

La tumba de “Sa Mut”, con más de 3.000 años de antigüedad, ha sido localizada al este de la tumba TT110 cuyas labores de limpieza sirvieron a la expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) para dar fortuitamente hace una semana con el enterramiento de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo al que los títulos tallados en el dintel de la puerta principal describen como “guardián de Amón”.

Los tres enterramientos -situados en Gurna, en la ribera occidental de la actual Luxor- comparten patio, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un breve comunicado.

Como la de Amenhotep -también apodado “Rebiu”-, el nuevo hallazgo data muy probablemente de la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.), un período de enorme zozobra en la corte faraónica. Sepultada por los escombros, la tumba de “Sa Mut” guarda entre sus paredes de yeso “estampas con colores muy brillantes” en las que se alternan momentos del día a día con festividades y viñetas del difunto en compañía de su esposa “Ta Khaeet”. El plano del lugar tiene forma de T, con una sala transversal y cámaras laterales inconclusas.

Al igual que sucede con la de su finado más cercano, el sitio fue profanado en la antigüedad y sus escenas dañadas deliberadamente. Un expolio y purga que los expertos atribuyen a la campaña de destrucción iniciada por Ajenatón, el monarca que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero. Por orden del “faraón hereje”, se cercenó la memoria de todo aquello vinculado a Amón.

Los dos hallazgos -calificados de “asombrosos” por el ministerio de Antigüedades- pueden alumbrar una época de transformaciones y memoria mutilada. Según el director de la expedición, el egiptólogo estadounidense John Shearman, “el nuevo descubrimiento junto al de la semana pasada abrirá la puerta a nuevos hallazgos en el futuro que precisarán de más trabajo para desvelar nuevos hechos científicos y arqueológicos”.

Su misión completa los descubrimientos firmados durante el último año relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 un equipo de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.

El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola “Min Project” se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.


El Mundo

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Interior de la tumba. ARCE

 

Otro portillo se abre en la antigua Tebas, el páramo que Homero bautizó como la ciudad de las cien puertas. Una misión de arqueólogos estadounidenses ha hallado de modo fortuito la entrada a la tumba de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo que hace más de 3.000 años tuvo la privilegiada tarea de ser “el guardián del dios Amón”.

La expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) ha descubierto la sepultura en Gurna, la ribera occidental de la actual Luxor, mientras realizaba tareas de limpieza del patio de la tumba anexa TT110, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un escueto comunicado. La puerta permanecía hasta ahora sepultada por los escombros.

El enterramiento, con forma de T, mide 5,1 metros de largo y 1,5 metros de ancho y consta de dos habitaciones y un pequeño nicho inacabado. Un pasillo, de 2,5 metros de longitud, conecta la estancia principal con otra sala lateral, un cubículo de 2 metros con un pozo en el centro que probablemente conduce a la cámara funeraria de este distinguido conserje, que halló el descanso en el paisaje dividido de los campos verdes del Nilo y la tierra desértica.

Según los expertos, el lugar pertenecería a la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.). “El guardián, uno de los varios títulos que se encuentran tallados en el dintel de la puerta de la tumba, dataría de la dinastía XVIII”, confirma el ministro de Antigüedades Mamduh el Damati.

Los muros del laberinto guardan entre montañas de piedras y cascotes escenas de Amenhotep -también apodado “Rebiu”- con su esposa, llamada probablemente Satamen, apostados frente a una mesa de ofrendas; la imagen de una deidad amamantando a un niño de la familia real o paisajes de la vida diaria en el Antiguo Egipto, con especial atención a la caza. A pesar del pillaje que debió sufrir y los achaques de milenios bajo tierra, la sepultura luce aún coloridas estampas pintadas en yeso.

Sus tapias levantan acta además de las turbulencias políticas que asolaron aquella época. Escenas, inscripciones jeroglíficas y menciones a Amón fueron arrancadas y eliminadas en una señal de que la tumba fue alcanzada por la purga desatada por Ajenatón, el faraón que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero de Amón. “Los nombres de los propietarios han sido borrados porque estaban vinculados al de Amón”, señala la misión.

El hallazgo -considerado “asombroso” por el ministerio de Antigüedades- tiene aún mucha luz que arrojar sobre este tiempo de zozobra. La misión -dirigida por el egiptólogo John Shearman- auscultará la tumba -que será restaurada y abierta al público– para determinar si compartía patio con la sepultura cercana, que hasta ahora centraba las labores de los expertos estadounidenses.

La sepultura recuperada es el último de los formidables descubrimientos firmados en el último año y relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 una misión de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.

El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola “Min Project” se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.


El Mundo

  • Descubren en la Necrópolis de los Nobles de Luxor un complejo funerario que imita el diseño del que se construyó bajo la orden del faraón egipcio Seti I en la ciudad de Abidos.
Interior de la réplica de la tumba dedicada al dios Osiris hallada...

Interior de la réplica de la tumba dedicada al dios Osiris hallada por la misión MinProject EFE/Matjaz Kacicnik

La Misión Arqueológica Canaria-Toscana (MIN PROJECT), en cooperación con el Ministerio egipcio de Antigüedades, ha descubierto en la Necrópolis de los Nobles en Luxor (sur de Egipto), una réplica de la tumba dedicada al dios Osiris, informó este jueves el Gobierno egipcio.

Este complejo funerario fue descubierto por la misión hispano-italiana en la tumba número 327 en la zona de Sheij Abd el Gurna y supone una réplica pequeña del diseño del llamado Osireion, construido bajo la orden del faraón egipcio Seti I en la ciudad de Abidos.

En la pared norte de esta sala se encuentra un acceso que lleva a unas escaleras que conducen al complejo funerario dedicado a Osiris, dios de los muertos.

Esta divinidad aparece localizada en el medio de una capilla en forma de bóveda y, a sus pies, una escalera esconde un pozo que lleva a varias cámaras funerarias. Además, alrededor de Osiris gira un corredor que rodea todo el complejo funerario.

“Es una tumba única en la Necrópolis Tebana, ya que reúne todas las características de la tumba mitológica de Osiris”, dijo a Efe la codirectora de la Misión, la egiptóloga española Milagros Álvarez Sosa.

Álvarez destacó la “gran importancia” del descubrimiento “porque las cámaras funerarias contendrían difuntos que durmieron su sueño eterno bajo el dios de los muertos, Osiris”.

En una de estas cámaras, sepultadas a nueve y seis metros de profundidad, se ha encontrado “decoración en las paredes de demonios que sostienen en sus manos cuchillos para proteger el cuerpo del difunto”, agregó Álvarez.

Objetivos para la próxima campaña

Después de cerrar la segunda campaña el pasado 15 de diciembre, Álvarez anunció que durante la próxima, que comenzará en otoño, su equipo empezará a “estudiar las cámaras funerarias y profundizar en el estudio del complejo con el fin de llegar a otras conclusiones que le permitan profundizar mejor en el significado de esta tumba”.

En un comunicado, el director de Antigüedades del Alto Egipto, Abdel Hakim Karar, señaló que la tumba número 327 está integrada por una sala grande apoyada en cinco pilares.

Seti I quiso durante su reinado levantar construcciones en la ciudad santa de Abidos para expandir su influencia en el norte y su devoción a Osiris, destacó en la nota el ministro de Antigüedades, Mamduh al Damati.

El culto a Osiris fue unido a principios de la dinastía V (2.465-2.323 a. C.) al de la divinidad local de Abidos, identificada como Jenti Amanti, por lo que pasó a llamarse Osiris Jenti Amanti.


El Pais

  • La sepultura, de la Dinastía XI, ha sido encontrada en la necrópolis de Dra Abu el Naga por el equipo del proyecto Djehuty

Tumba encontrada por el equipo del Proyecto Djehuty en Luxor. / CSIC

A veces ocurre que la arqueología en Egipto es tal y como la imaginamos o la soñamos. El equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor) bajo dirección del madrileño José Manuel Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de una tumba de la Dinastía XI —hace cuatro mil años— realizado en circunstancias dignas de una novela de aventuras. El descubrimiento se produjo al final de la última campaña, la 13ª, cuando tras excavar un pozo funerario en el patio de la sepultura de Djehuty que daba acceso a dos cámaras sepulcrales los investigadores dieron inesperadamente con un agujero en la pared de una de estas que conducía a una gran tumba. Al pasar a este nuevo recinto los egiptólogos se encontraron con el suelo literalmente cubierto de momias, cerca de un centenar de ellas. La tumba, que había sido saqueada, debe pertenecer a un personaje de la realeza o a un alto funcionario de la corte, “un responsable del Estado”, según el ministerio de antigüedades de Egipto. Aunque las momias, al parecer, son de clase media.

“Hay varias decenas de momias, quizá un centenar”, ha explicado a este diario Galán. “Las momias, por la numerosa cerámica que hemos encontrado junto a ellas, las fechamos en la Dinastía XVII, pero la tumba es 500 años más antigua, de la Dinastía XI, como prueban sus características. El recinto fue claramente reutilizado como sepultura colectiva, casi como fosa común, de personas corrientes”.

Galán, hombre cabal poco dado a entusiasmos, explica que el hallazgo fue “muy emocionante” y narra así el episodio: “Entramos a la tumba por un agujero que nos llevó a un pasillo de veinte metros de largo, dos de alto y dos de ancho, que conducía a un pasaje descendente hasta una cámara sepulcral. Todo estaba sembrado de cuerpos revueltos, un amasijo de restos humanos y lino”. Los investigadores no han encontrado aún la puerta de la tumba. “Hemos accedido por el medio del pasillo. La puerta permanece tapiada por escombros, no se la ve aún. Hay otras cámaras que también están llenas de escombros”.

Objetos encontrados por el equipo del Proyecto Djehuty que excava en la necrópolis de Dra Abu el Naga (Luxor). / CSIC

La tumba es de dimensiones muy grandes y está muy bien tallada. No tiene pinturas ni relieves, como es habitual en la Dinastía XI. Galán encuentra paralelos en la que halló Howard Carter en 1909 en el vecino Deir el Bahari —y en la que también encontró muchos cuerpos—, y en las del también cercano El Tarif, pertenecientes a la familia real o a la élite. De la nueva tumba, Galán dice que no tienen aún “ni idea“ de a quien pertenecía. “De momento solo hemos hecho una inspección preliminar, tomado las medidas, realizado foto y una filmación”. De hecho, el descubrimiento fue “en directo”. Se produjo mientras filmaba los trabajos de excavación Javier Trueba, que prepara un documental para TVE que se estrenará en otoño (En busca de Djehuty, entre tumbas, momias y jeroglíficos). “Bajamos al pozo que habíamos excavado, me asomé al agujero, Javier me pasó un foco y entré mientras el me seguía filmando con la cámara, así que captó todo el hallazgo incluidas mis expresiones de asombro, con alguna interjección fuerte, justificable por la intensidad del momento”, explica Galán.

De la significación del descubrimiento, el investigador señala que confirma que “en egiptología no es bueno simplificar; tradicionalmente se considera que Dra Abu el Naga es el lugar de enterramiento de la Dinastía XVII y El Tarif de la XI, pero nuestra excavación demuestra que en realidad los enterramientos se van superponiendo, que el cementerio es usado en todas las épocas”. Galán recuerda que ya antes, hace cinco años, encontraron el enterramiento del arquero Iker, un individuo de tiempos de la Dinastía XI metido en un ataúd de madera.

 

De las nuevas momias, dice que han aparecido muy revueltas y que aún hay que estudiarlas aunque parece claro que se trata de enterramientos de personas de clase media depositados en una tumba más antigua para aprovecharla, con lo que la sepultura se convierte en un cachette, un escondite de momias. “Todo un regalo para los paleopatólogos, que tienen mucho material humano para estudiar”. El ocupante original de la tumba podría haber sido un miembro de la familia real de la Dinastía XI pero las cerámicas muestran que las momias halladas son de la XVII. No se han encontrado ataúdes ni sarcófagos, ni sus trozos. “Pero hay toda una parte de la tumba aún por desescombrar incluida una sala lateral, así que puede haber nuevos descubrimientos”.

Galán recalca que lo más importante del hallazgo es que la nueva tumba “es la punta de un iceberg, nos anuncia lo que nos espera que es sin duda nuevas tumbas de la Dinastía XI, posiblemente todo un cementerio”. El Proyecto Djehuty, al que ha confirmado un año más su patrocinio Unión Fenosa, retomará las excavaciones la próxima temporada.

El egiptólogo explica que la Dinastía XI, 2.000 años antes de Cristo, en la transición del I Período Intermedio al Reino Medio, con Mentuhotep como faraón principal, fue la primera en convertir Tebas en la capital del Alto y Bajo Egipto tras vencer a los gobernantes de Heracleópolis Magna (donde precisamente excava la misión española que dirige Mari Carmen Pérez Die). La posterior Dinastía XVII, que 500 años después, en otro período intermedio, el segundo, devolvió la capital a Tebas dando paso al Imperio Nuevo, buscó su inspiración en la Dinastía XI, tomándola como modelo. Por su parte, los grandes faraones de la Dinastía XVIII, como la reina Hatshepsut, de la que era alto funcionario Djehuty, y Tutmosis III, también miraron hacia la XI.


El Mundo

  • EL MUNDO asiste a la apertura de un ataúd de hace 3.600 años
  • En su interior se ha hallado la momia de un hombre de unos 35 años
  • El hallazgo se ha logrado en la necrópolis de Dra Abu el-Naga

El ataúd está intacto. Fue sellado hace 3.600 años y desde entonces nadie había puesto sus manos encima ni había contemplado la bella decoración que algún maestro egipcio de la antigua Tebas plasmó en este lienzo de madera durante la Dinastía 17. Los arqueólogos españoles del Proyecto Djehuty que desde hace 13 años excavan en la necrópolis de Dra Abu el-Naga, en Luxor, lo rescataron el 10 de febrero de un pozo funerario de cuatro metros de profundidad.

Cinco días después del extraordinario hallazgo, están impacientes por conocer a su propietario y comprobar el estado de conservación de su momia. Antes de abrir el ataúd, de dos metros de largo y medio de ancho, sólo saben que se llamaba Neb y que murió hacia el 1600 a. C.

Todo está listo para su apertura y parece que hoy [el pasado sábado] será el gran día. La caja ha sido trasladada desde la cámara sepulcral excavada en la roca donde se encontró, al patio de entrada de la tumba de Djehuty (1470 a. C.), el alto funcionario que da nombre a esta excavación en la que, para alegría y sorpresa del equipo liderado por el arqueólogo del CSIC José Manuel Galán, se están realizando importantes hallazgos de épocas inesperadas. Durante la Dinastía 18, Djehuty fue el supervisor del Tesoro (un cargo equivalente al de ministro) de la Reina Hatshepsut, una de las poquísimas mujeres que ejerció como faraón durante el Antiguo Egipto.

El ataúd antropomorfo de Neb reposa majestuoso sobre una tabla de madera dispuesta encima de varias cajas de plástico de colores, como las que usan para transportar la fruta. Es emocionante apreciar de cerca sus vivos colores, sin la barrera de las urnas de cristal de los museos: el intenso negro de sus ojos, delineados con khol; el ocre que imita el color de la piel de su rostro o los verdes azulados que se eligieron para sus cejas y parte del cuerpo.

“Se han encontrado muy pocos ataúdes como éste ya que sólo se usaron durante un corto periodo de tiempo, cuando Egipto no estaba unificado”, relata Galán mientras explica el significado del par de alas extendidas dibujadas: “Es un ataúd de tipo rishi (que en árabe significa pluma). La diosa alada le abraza por detrás para protegerle durante la eternidad“. La Dinastía 17 es un periodo bastante desconocido pero muy interesante históricamente, pues fue en esta época cuando Tebas se convirtió en capital del reino.

Imagen de la caja funeraria completa. José Latova

Durante la presente campaña, que comenzó a mediados de enero, han excavado tres pozos funerarios. Dos de ellos fueron saqueados en época antigua aunque aún conservaban parte del ajuar funerario del dueño. Pero uno de los tres pozos excavados estaba intacto, con la cámara sepulcral sellada con adobes: “Dentro se encontraba este magnífico ataúd, con una policromía realmente espectacular”, relata satisfecho Galán, cuyo objetivo es que en unos años, quizás dentro de una década, el conjunto de tumbas que están excavando y restaurando sean visitables para el público.

En el momento del descubrimiento del ataúd estaba con él la arqueóloga María Ángeles Jiménez, investigadora de la Universidad de Liverpool, que recuerda cómo el material que encontraron cuando llegaron al metro y medio de profundidad en la excavación del pozo les hizo sospechar ya que allí abajo podía haber un enterramiento.

“Aparentemente se encuentra en buen estado de conservación. Veremos ahora cómo está la momia”, añade Galán mientras nos presta una linterna para que miremos por el pequeño agujero de la parte frontal de la caja, que permite intuir los linos que envuelven el cuerpo de Neb.

El ataúd se abrirá al final de la mañana. La jornada de trabajo para la veintena de investigadores del Proyecto Djehuty se prolonga desde las 7 hasta las 15 horas, mientras que el centenar de obreros egipcios contratados para la campaña, financiada por Unión Fenosa Gas, se marcha a la 13 horas. Hay alegría y emoción entre los miembros del equipo, pero también nervios. Mientras el mudir (jefe) Galán, como le conocen todos, ultima los detalles de la apertura del féretro de madera, los investigadores siguen a lo suyo con sus respectivas tareas. Hay mucho trabajo que hacer y queda poco más de una semana para que concluya la campaña.

Mientras tanto, la restauradora Pía Rodriguez Frade se pone los guantes y comienza a retirar una a una las seis espigas o clavos de madera de acacia (tres a cada lado) que unen las dos partes del ataúd de Neb. Delicadamente las va guardando en una caja. Salen con facilidad, y apenas tarda diez segundos en desincrustar cada una de ellas. ¿Qué se le pasa a uno por la cabeza mientras retira estas piezas milenarias? “Sólo pienso en que no se rompan”, explica la restauradora, cuyas manos han retirado las espigas de otros cuatro ataúdes desenterrados por la misión Djehuty en diversas temporadas: Iker, Valentina y los dos niños (de cinco y once años) que están guardados en una caja de madera frente a Neb.

Aunque el descubrimiento se produjo el lunes 10 de febrero, los arqueólogos tuvieron que mantenerlo en secreto hasta que el jueves 14 el Ministerio de Antigüedades egipcio lo anunció a los medios de comunicación. El viernes, día de descanso en la excavación, los españoles pudieron por fin celebrarlo en el patio del Hotel Marsam, donde también se alojan los arqueólogos de una misión belga y otra alemana. Disfrutaron de la famosa paella que casi todas las semanas prepara el alicantino Joan Ivars, regada con vino egipcio y aperitivos de España.

La expectación creada por el anuncio congrega en el yacimiento arqueológico a diversos responsables arqueológicos de la zona y la apertura se retrasa. Finalmente Galán y cinco miembros de su equipo rodean la caja y la destapan en menos de tres minutos. Dentro yace una momia con una parte del cuerpo ladeada. Las vendas que la recubrían están rotas en varias zonas del cuerpo, dejando al descubierto parte de las costillas y otros huesos. Se distingue alguna telaraña y restos de algún tipo de planta, pero no hay rastro de joyas u objetos de valor.

Roxy Walker, directora de investigación del Instituto de Bioarqueología de San Francisco (EE UU) y encargada de estudiar los restos humanos, entra en escena para hacer un primer análisis de la momia y su estado de conservación.

José Manuel Galán, junto al ataúd hallado en Luxor. José Latova

Por los huesos que pueden verse y los sudarios que están más estropeados,Walker cree que se trata de un hombre de mediana de edad, de unos 35 o 45 años. “En los próximos días le haremos una serie de radiografías que espero que nos permitan ver sus dientes y afinar un poco más su edad, su condición física y quizás las causas de su muerte”, relata Galán. Se utilizará para ello un equipo de rayos X portátil, pues la momia no saldrá del yacimiento.

En otra zona de la tumba de Djehuty se ha dispuesto la tapa del ataúd. El domingo 17, Pía Rodríguez comienza los trabajos de limpieza y consolidación, aunque apenas les queda una semana de campaña y la restauración completa tendrá que esperar a 2015. Equipada con una jeringuilla, una pipeta de agua, un gancho de dentista y espátulas de escayolista, va haciendo pruebas en pequeñas zonas del ataúd: “Para limpiarla usamos agua y alcohol porque sólo tiene polvo y las policromías son muy frágiles. No lleva barnices como los retablos”.

Por otro lado, para consolidar las zonas de color que se han separado del ataúd debido a los cambios de temperatura a los que el féretro ha estado expuesto, utiliza un adhesivo de celulosa que aplica cuidadosamente con una jeringuilla. Se trata de un producto que un colega de otra excavación le recomendó el día anterior cuando fue a ver el hallazgo.

Según la restauradora, la madera con la que se ha fabricado es de baja calidad, aunque su estado de conservación es bastante bueno. La profundidad a la que estaba le han librado de la humedad y de las termitas que tanto dañaron el ataúd de Iker (Dinastía 11), que se exhibe en el Museo de Luxor. Quizás Neb no tarde mucho en ocupar otra de sus vitrinas.

El ataúd de 3.600 años de antigüedad hallado en Luxor.

El ataúd de 3.600 años de antigüedad hallado en Luxor. José Latova


El Mundo

Espesa, dulce y extraordinariamente nutritiva. Hace 3.200 años los litros de cerveza eran alimento de ricos y pobres: Su brebaje corría igual por las mesas de la corte faraónica que por los hogares más humildes. Elaborada a partir de cebada o malta, no solo fue bebida. También sirvió de ofrenda a los dioses. Como prueba de aquella pasión, arqueólogos nipones han hallado la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de la época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en Luxor, la antigua Tebas.

El distinguido Junsu Im Heb era el máximo responsable de la fábrica y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento, en la ribera occidental de Luxor, es uno de los descubrimientos recientes más formidables por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos “revelan muchos detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas”, relata el ministro de Antigüedades egipcio Mohamed Ibrahim en un comunicado.

Las imágenes presentan al núcleo familiar del maestro cervecero.A su mujer Mut Om Hob y a su hija Eis At Ja, que se ganaron la vida de cantantes y que aparecen saludando a otros parientes. Y muestran a un público fascinado por el ritual funerario “Apertura de la boca”, una ceremonia en la que se animaba la estatua o momia del fallecido abriendo la boca y los ojos para que el difunto pudiese comer y beber en la otra vida.

En el universo de la tumba, hay otro muro que representa al jefe de la fábrica de cerveza y su esposa adorando a Anubis y Osiris. El techo, en cambio, está decorado con motivos geométricos bien conservados. Un conjunto -detalla Ibrahim- “diseñado con delicadeza” y “gran precisión y belleza”.

El lugar, con forma de T, fue hallado por un equipo de la Universidad japonesa de Waseda mientras realizaban tareas de limpieza en la cercana tumba TT-47, perteneciente a un alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón. Está conectada a un enterramiento inacabado de una persona todavía no identificada llamada Hun.

Las autoridades han extremado la seguridad en los alrededores del hallazgo hasta que concluyan los trabajos de excavación. Una vez completada la exploración, se restaurará para abrirla finalmente al público y sumar un nuevo atractivo a la otrora turística Luxor, una ciudad cargada de patrimonio faraónico que luce hoy vacía por la inestabilidad política que atraviesa el país desde hace tres años.

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