La tumba del guardián de Amón, otra puerta en el laberinto de Luxor


El Mundo

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Interior de la tumba. ARCE

 

Otro portillo se abre en la antigua Tebas, el páramo que Homero bautizó como la ciudad de las cien puertas. Una misión de arqueólogos estadounidenses ha hallado de modo fortuito la entrada a la tumba de Amenhotep, un funcionario del Imperio Nuevo que hace más de 3.000 años tuvo la privilegiada tarea de ser “el guardián del dios Amón”.

La expedición del ARCE (Centro de Investigación Americano en Egipto, por sus siglas en inglés) ha descubierto la sepultura en Gurna, la ribera occidental de la actual Luxor, mientras realizaba tareas de limpieza del patio de la tumba anexa TT110, ha informado este martes el ministerio de Antigüedades egipcio en un escueto comunicado. La puerta permanecía hasta ahora sepultada por los escombros.

El enterramiento, con forma de T, mide 5,1 metros de largo y 1,5 metros de ancho y consta de dos habitaciones y un pequeño nicho inacabado. Un pasillo, de 2,5 metros de longitud, conecta la estancia principal con otra sala lateral, un cubículo de 2 metros con un pozo en el centro que probablemente conduce a la cámara funeraria de este distinguido conserje, que halló el descanso en el paisaje dividido de los campos verdes del Nilo y la tierra desértica.

Según los expertos, el lugar pertenecería a la dinastía XVIII (1.450-1050 a.C.). “El guardián, uno de los varios títulos que se encuentran tallados en el dintel de la puerta de la tumba, dataría de la dinastía XVIII”, confirma el ministro de Antigüedades Mamduh el Damati.

Los muros del laberinto guardan entre montañas de piedras y cascotes escenas de Amenhotep -también apodado “Rebiu”- con su esposa, llamada probablemente Satamen, apostados frente a una mesa de ofrendas; la imagen de una deidad amamantando a un niño de la familia real o paisajes de la vida diaria en el Antiguo Egipto, con especial atención a la caza. A pesar del pillaje que debió sufrir y los achaques de milenios bajo tierra, la sepultura luce aún coloridas estampas pintadas en yeso.

Sus tapias levantan acta además de las turbulencias políticas que asolaron aquella época. Escenas, inscripciones jeroglíficas y menciones a Amón fueron arrancadas y eliminadas en una señal de que la tumba fue alcanzada por la purga desatada por Ajenatón, el faraón que desterró la antigua religión; alentó el monoteísmo por primera vez en la Historia; e impuso el culto a una nueva deidad -el dios solar Atón- con la oposición del todopoderoso clero de Amón. “Los nombres de los propietarios han sido borrados porque estaban vinculados al de Amón”, señala la misión.

El hallazgo -considerado “asombroso” por el ministerio de Antigüedades- tiene aún mucha luz que arrojar sobre este tiempo de zozobra. La misión -dirigida por el egiptólogo John Shearman- auscultará la tumba -que será restaurada y abierta al público– para determinar si compartía patio con la sepultura cercana, que hasta ahora centraba las labores de los expertos estadounidenses.

La sepultura recuperada es el último de los formidables descubrimientos firmados en el último año y relacionados con este destacado periodo de la historia. En 2014 una misión de egiptólogos españoles encontró en Luxor la clave que desentraña los entresijos de la revolución monoteísta. Las inscripciones jeroglíficas halladas en cuatro columnas de la tumba del visir Amenhotep Huy confirmaron la hasta ahora discutida corregencia de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y su hijo Amenhotep IV, el monarca convertido luego en Ajenatón.

El ascenso de Amenhotep III marcó el comienzo de la reforma monoteísta que su hijo completó cuando abandonó Luxor y levantó Tell el-Amarna, a mitad de camino de Tebas y Menfis y dedicada al nuevo culto a Atón. También el año pasado, la misión italoespañola “Min Project” se topó con la tumba de May, un alto funcionario de la dinastía XVIII al que los relieves presentan como un importante estadista encargado de supervisar los caballos, el ganado y los campos del faraón. El descubrimiento fue, como ahora, fruto del bendito azar.

Escáneres de última generación para momias del Antiguo Egipto


El Pais

  • El Museo Británico expone el resultado de las exploraciones practicadas con nuevas tecnologías a ocho de los ejemplares más valiosos de su colección

´“¿Dónde están las momias?”, es la pregunta recurrente que el personal del Museo Británico debe atender cada uno de los días del año, porque la fascinación del público ante esos cuerpos embalsamados en el Antiguo Egipto no tiene parangón con ninguna de las otras y extraordinarias joyas atesoradas en su sede londinense. Descubrir que bajo los vendajes y sarcófagos yacen, por ejemplo, los restos de una niña cantante que fuera estrella de su tiempo es uno de los nuevos incentivos que la institución presenta desde esta semana, gracias a las herramientas tecnológicas de última generación que han permitido recuperar biografías con varios milenios a sus espaldas.

Desde la veneración hacia esa chiquilla que integraba uno de los coros del templo de Tebas, hasta el atroz dolor de muelas que sufría un egipcio de clase privilegiada, pasando por el tatuaje cristiano de una sudanesa de la ribera del Nilo, las identidades de esos personajes que se esconden tras las piezas de egiptología del Museo Británico acaban de ser desveladas por los avances de la tomografía computarizada. En otras palabras, al igual que los escáneres médicos radiografían nuestras dolencias y el interior de nuestros cuerpos, ocho de las 120 momias que conforman una de las grandes colecciones del mundo han sido examinadas hasta el mínimo detalle en hospitales de la red pública sanitaria británica, en una suerte de “excavación electrónica” de la historia.

Han sido examinadas en hospitales de la red pública sanitaria británica

Las holgadas dimensiones del sarcófago que protege los restos de una mujer embalsamada en el año 800 antes de Cristo hizo creer hasta hoy a los expertos que se trataba de una adulta. Tjayasetimu tenía en realidad unos siete años, tal como muestran las imágenes de su estructura ósea, de la piel, de algunos órganos internos preservados e incluso de una larga mata de pelo, y que han sido obtenidas con un sofisticado software ideado por los ingenieros de la Fórmula 1. La riqueza de los jeroglíficos y ornamentación de su sarcófago indican la importancia de esa niña que cantó ante los faraones en el templo de Amon (antigua Tebas) y a quien, una vez muerta, se reservó el mismo complejo proceso de momificación que a los miembros de la realeza o familias nobles.

Una mujer observa una de las momias escaneadas. / WILL OLIVER

El resultado de estas investigaciones se exhibirá hasta el 30 de noviembre en imágenes tridimensionales que acompañan a las momias —protegidas en urnas de cristal— en la muestra Vidas antiguas, nuevos descubrimientos. La exposición consigue desvelar algunos de los secretos de ocho personajes que vivieron en Egipto y Sudán entre el año 3.500 antes de Cristo y el 700 sin necesidad de desenvolver los vendajes de esos cuerpos embalsamados y extremadamente frágiles, que por ello permanecen intactos desde que la colección empezara a recalar en el museo a mediados del siglo XVIII. Las primeras indagaciones con rayos X datan de la década de los sesenta, pero sólo la tecnología de los escáneres, que empezó a desarrollarse 30 años más tarde, han permitido una visualización tan precisa del interior de los sarcófagos.

Preservar el cuerpo, embalsamarlo para que sobreviviera a la muerte, era parte esencial de la práctica funeraria del antiguo Egipto. En ese proceso por el que se extraía el cerebro a través de las fosas nasales también se producían errores, como revela el instrumento médico en forma de espátula que un médico olvidó entre las vendas con las que recubrió los restos después de aplicarles resina. De ese hombre momificado en una necrópolis de Tebas, miembro de las clases opulentas, sabemos ahora que padeció tremendos dolores en vida, como revelan los abscesos dentales identificados por el escáner y que probablemente acabaron resultando en una infección mortal.

La labor ha permitido identificar a una niña cantante que fue una estrella

En ese ritual con el que aquellos egipcios respondían a la muerte cobraban especial importancia los objetos y amuletos que se colocaban bajo los vendajes, a los que se atribuía poderes mágicos para proteger a los difuntos y ayudarles a alcanzar la inmortalidad. Piezas exquisitas como las escaneadas en el sarcófago de Tamut, otra cantante del templo de Tebas que tendría entre 30 y 50 años cuando murió a causa de un problema de calcificación de las arterias.

La naturaleza también puede intervenir en el proceso de momificación sin que intervenga la mano del hombre. La arena caliente del desierto ha conseguido preservar hasta nuestros días el cuerpo de un adulto que vivió hace casi 4.000 años en un Egipto todavía no unificado bajo un solo rey. Sin otra protección que la urna que lo exhibe a la entrada de la muestra se distingue perfectamente su estructura ósea, restos de los músculos, de la piel y de algunos órganos internos como el cerebro y los intestinos. Enterrada de forma sencilla en un hoyo cubierto con losas de piedra, también los restos de una mujer cubiertos con vendajes, pero sin inscripciones u objetos que sugieran su identidad fueron preservados por el clima árido del norte de Sudán. Pero el tatuaje del arcángel Miguel que presenta en lo que fue el muslo interno ha permitido imaginar su vida en una comunidad cristiana medieval en torno al año 700.

La reproducción de las imágenes en 3D y en algunos casos interactivas del interior de esa tumba y, sobre todo, del de los sarcófagos que siguen siendo la principal atracción del museo británico desde tiempos victorianos, conforma el relato de otro tiempo, lejano y fascinante. De quiénes fueron sus protagonistas, cómo vivieron y también cómo murieron.