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  • José María Beneyto publica su última obra; una novela histórica editada por «Espasa» que recoge las desventuras de un personaje cuya vida supera la ficción: Juan Pujol (Garbo)
Desembarco de Normandía - ABC

Desembarco de Normandía – ABC

El espía que más daño hizo al «Führer» no pertenecía a ninguna de las grandes potencias que dedicaban millones a entrenar a su personal en el arte de lo oculto. No era un hombre del NKVD soviético, ni un agente encubierto de la resistencia francesa y, ni tan siquiera, un militar de la Oficina de Servicios Estratégicos estadounidense (más conocida por sus siglas: OSS). Era un catalán llamado Juan Pujol (alias Garbo). Un español que, en lugar de tener a sus espaldas cinco o seis primaveras de experiencia desactivando bombas o infiltrándose en bases secretas nazis, había pasado su juventud criando pollos y escapando de los frentes de batalla.

Sin embargo, la pericia de este español (y la de su mujer, Araceli González, actriz indispensable en su vida) le valieron para engañar a los alemanes, hacerse pasar por un espía germano (cuando en realidad era un agente doble al servicio de los británicos) y lograr que el mismísimo Adolf Hitler creyera que el Desembarco de Normandía se sucedería en Calais, a varios kilómetros de las playas en las que realmente se iba a llevar a cabo la invasión.

La historia de Pujol demuestra que, en muchos casos, la realidad que podemos palpar día a día con nuestras propias manos supera a la ficción que inventan las pensantes mentes de Hollywood. Deja claro que, en ocasiones, hay personas que logran superar las barreras que les plantea el destino y llegan a solventar situaciones increíbles. Y es precisamente por ello por lo que José María Beneyto (catedrático, político, abogado y escritor) la ha elegido con sumo mimo para servir de pilar básico de su última novela histórica: «El espía que engañó a Hitler» (editada por «Espasa» y presentada el pasado día 10 de enero en el Instituto Goethe de Cultura Alemana de Madrid).

«Elegí a Pujol porque es un personaje literario y, a la vez, influyente en la historia. Él mismo es una mezcla de realidad y ficción. Una ficción que desarrolla después al inventarse una red de 27 falsos espías que envían información fraudulenta a los alemanes (y en los que estos acaban confiando ciegamente)», explica Beneyto en declaraciones a ABC.

En sus palabras, este catalán es, gracias a la ingente cantidad de datos e informes que se inventaba para despistar a los alemanes, una novela en sí mismo. «El espía necesita identificarse con el enemigo para poder engañarle. Esa capacidad literaria le permitió introducirse en el cerebro de Hitler para depositar el veneno de la desinformación».

El título de la obra ni engaña ni da lugar a equívocos. Al fin y al cabo, Garbo mantuvo su tapadera hasta el final y jamás fue descubierto por el Abwehr, el servicio de inteligencia alemán. Un grupo que fue el artífice de operaciones de tal calibre como la destrucción de la red de resistencia más famosa de Holanda.

Pero Pujol no solo logró evitar que le cazasen con las manos en la masa ayudando a los aliados, sino que fue condecorado por los alemanes con la Cruz de Hierro de segunda clase por sus labores de espionaje al servicio de los nazis. Y todo ello, a pesar de que les estaba tomando el pelo y se dedicaba a manderles información fraudulenta como -por ejemplo- la falsa ubicación de los convoyes de mercantes que llegaban desde Estados Unidos a través del Atlántico para evitar que Gran Bretaña se muriera de hambre.

De Madrid a Portugal

En su interesante obra, Beneyto nos traslada en primer lugar hasta el viejo Madrid de enero de 1941. Tal mes como en el que ahora nos encontramos. Nos muestra un paraje gélido. Y ya no solo por las bajas temperaturas, sino también por la situación política y social. Al fin y al cabo, por aquel entonces el hambre y los cortes de luz hacían que España tuviera que vivir con el cinturón uno o dos agujeros más apretado que de costumbre.

Dentro de esa ennegrecida ciudad, «El espía que engañó a Hitler» nos presenta a Juan Pujol, un sujeto temeroso en un principio, pero que luego mostró una capacidad innata para el engaño. Solo así logró convencer a los alemanes de su incuestionable lealtad y de su fe inquebrantable en la victoria. Y un hombre que, además, les hizo creer que iba a viajar a Gran Bretaña para enviarles información clasificada de los planes más secretos del Alto Mando Aliado.

Todo falso. Lo cierto es que Garbo no hablaba inglés, tal como se lamenta el Pujol de Beneyto en la novela histórica: «No soy más que el gerente de un hotel venido a menos en el Madrid de la miseria y el hambre. Un catalán que ha vivido todas las penurias de la guerra en los dos bandos. No sé hablar en inglés, no he estado en Inglaterra y no tengo ningún contacto con las islas. Lo que nos hemos propuesto no es más que un espejismo, una alucinación».

Tampoco le hizo demasiada falta expresarse en inglés. Y es que, se quedó en Portugal y se dedicó a enviar a la embajada alemana en Madrid informes de inteligencia falsos con la ayuda… ¡de guías turísticas!

En este punto es en el que cobran importancia dentro de la novela los personajes femeninos. El primero, totalmente real. «Araceli es determinante en el desarrollo inicial de ofrecerse como espía a los alemanes. Fueron un tándem. Si uno dudaba, el otro le animaba a seguir adelante», explica Beneyto. El segundo, por el contrario, es ficticio: «En el libro, cuando llega a Lisboa conoce a Elena Constantinescu. Ella le inicia en el espionaje y, junto a su mujer, le conduce hacia su destino».

«No soy más que el gerente de un hotel venido a menos en el Madrid de la miseria y el hambre. Un catalán que ha vivido todas las penurias de la guerra en los dos bandos»

El Pujol de la novela histórica justifica así el no haber sido «cazado» a pesar de los peligros que corrió: «Les digo que he llegado a Inglaterra sin novedad y que en el viaje he intimado con un piloto de la compañía aérea holandesa KLM, a quien le conté que era un exiliado político catalán. Añado que a este piloto le he convencido de, tras no pocos esfuerzos, para que lleve mis cartas de Londres a Lisboa, aprovechando sus viajes regulares, y así evitar la censura británica».

Pujol era conocido entonces por los alemanes con el nombre en clave de Arabel. Pero ese apodo le duró hasta que los aliados -que de tontos no tenían un pelo- se dieron cuenta de que alguien andaba enviando comunicaciones falsas a los germanos. Eso le valió a Juan el ser encontrado y aceptado en el MI5 británico, los servicios secretos ingleses. Además, también le permitió adquirir un nuevo alias: Garbo. La razón la desvela uno de los personajes del autor (un tal Mills) en la obra: «¡Su actuación ha estado al nivel de la diva sueca, la gran Greta».

En el Día D

A partir de ese momento, la importancia de Garbo comenzó a aumentar casi a la par que se agrietaba el poder de Hitler en la vieja Europa. Gracias a su capacidad de inventiva, unida además a los cheques británicos, no tardó en crear una falsa legión de informadores (todos ellos inventados por él) que le ayudaban a hacer más creíbles sus «soplos». En esta red fantasmal había desde renegados irlandeses, hasta un aviador borrachín que pilotaba para la Real Fuerza Aérea.

Como bien queda reflejado en «El espía que engañó a Hitler», Garbo hizo su jugada magistral el 6 de junio de 1944. El día en el que 132.000 soldados cruzaron el Canal de la Mancha para liberar Europa a través de Normandía. Aquella jornada, para evitar que su tapadera acabase tan destrozada como quedaría el búnker de Berlín en el 45, el catalán decidió informar a los germanos de la operación. Aunque eso sí, lo hizo apenas unas horas antes de que comenzara para evitar que pudieran reaccionar. Esto (unido a otras tantas tretas de este español) provocó que los soldados que podían haber evitado la invasión se quedasen en Calais, un lugar erróneo desvelado falsamente por Pujol.

Después de ser considerado un héroe por aliados y alemanes, Garbo desapareció de la faz de la Tierra. Se esfumó para no regresar jamás. Si le descubrían, su vida estaba condenada. Solo salió a la luz en los ochenta, cuando fue descubierto viviendo en Venezuela.

Las tres preguntas

Pero… ¿Por qué escoger una novela histórica? Según Beneyto, una de las causas es que la ficción le ha permitido elucubrar sobre «preguntas que han quedado en el aire en relación a Garbo y su entorno».

La primera de ellas es cómo logró un hombre que cuidaba animales convertirse en uno de los mejores espías de la Segunda Guerra Mundial. «Era un criador de pollos que, en el 40, trataba de sacar un hotel a flote. Saber quién era realmente Garbo y qué le llevó a ofrecerse como espía es la primera cuestión. Con todo, al fin y al cabo era un hombre que venía de vivir la división en España y que, gracias a escuchar la BBC, consideraba que debía luchar contra los totalitarismos», añade el autor a ABC.

Según Beneyto, la segunda pregunta es cómo logró ganarse la confianza de los alemanes. «¿Cómo llegó a ser un espía tan influyente? Fue la única persona condecorada por los dos bandos, el alemán y el aliado. Consiguió ganarse la confianza de los dos de la nada», señala. En palabras del autor, llegó a ser determinante para los germanos debido a que fue impulsado al estrellato del espionaje por personas como Wilhelm Canaris (el director de la Abwehr). Una figura potente dentro de la oculta opsición al nazismo que utilizaba sus informes contra otras organizaciones germanas.

La tercera gran cuestión es la relación entre Garbo y otros agentes como Tommy Harrys (un hombre clave para la formación de Pujol); Kim Philby (el número dos en el espionaje británico y uno de los grandes de Cambridge) y Anthony Blunt. «Los dos últimos fueron los dos mayores traidores de la inteligencia mundial. Se convirtieron en agentes dobles soviéticos. ¿Hasta qué punto lo sabía Garbo?», añade Beyto a ABC.


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  • En una entrevista exclusiva al «Daily Star», un buzo aifrma que ha hallado cajas repletas de riquezas en el pecio del «Wilhelm Gustloff»
 El «Titanic nazi», en una composiciñon - Wilhelm Gustloff museum

El «Titanic nazi», en una composiciñon – Wilhelm Gustloff museum

Ni enterrado en un túnel secreto de Polonia, ni perdido en una base secreta de la Antártida. Según ha explicado un buzo al diario «Daily Star» esta misma semana, los 100 millones de libras en oro que -presuntamente- perdió Adolf Hitler a lo largo de la Segunda Guerra Mundial (el tesoro extraviado de los nazis) se encuentran ubicados en el pecio del «Wilhelm Gustloff». Un buque que fue llamado el «Titanic» germano después de que, en 1945, un submarino soviético lo enviase al fondo del mar junto con más de 9.000 refugiados y militares del Reich.

Así lo ha afirmado, al menos, el buzo británico Phil Sayer (de Esssex, Inglaterra) quien -rememorando lo que sucedió hace un año con dos supuestos cazatesoros– dice haber hallado al fin el supuesto oro. De esta forma, las riquezas que robaron durante años los alemanes (las cuales abarcaban desde obras de arte hasta el dinero que quitaban a los judíos en los campos de concentración y exterminio) se encontrarían, según él, en el mar Báltico, frente a las costas de Polonia y a 450 metros de profundidad.

El superviviente

Para sustentar su teoría, Sayers dice contar con el testimonio de uno de los supervivientes de la tragedia naval del «Titanic nazi». El personaje es -siempre en sus palabras- Rudi Lange, un controlador de radio que no falleció durante el naufragio y que, al parecer, habría visto como subían a este navío (un trasatlántico) varias cajas repletas de oro. «Sabemos de primera mano que un montón de camiones aparecieron repentinamente y transfirieron un cargamento de alta seguridad al buque. Lange vio todo cuando bajó al muelle para fumarse un cigarrillo», ha explicado el buzo.

Sayer afirma que, en ese instante, Lange pudo ver de primera mano como llegó hasta el muelle un convoy repleto de «cajas con lingotes de oro». ¿Cómo pudo conocer lo que había en el interior de las arcas? Por una segunda fuente. «No sabía lo que se estaba cargando en principio, pero en 1972 se reunió con otro superviviente (uno de los guardias encargados de vigilar el oro) y este le reveló la verdad», ha determinado el británico.

Pero no solo eso, sino que Sayers también ha explicado al «Daily Star» (de forma exclusiva) que, en 1988, tuvo la oportunidad de descender en una expedición de buceo hasta el mismísimo pecio del «Wilhelm Gustloff». Supuestamente, bajo las aguas vio como los torpedos soviéticos habían destrozado parte del casco del navío y habían dejado a la vista varias cajas que podrían corresponderse con aquellas en las que estaba guardado el oro.

En este sentido, cree haber visto barrotes en algunas de las ventanas cercanas, lo que sugiere que podría haber sido guardado en una habitación con rejas para evitar que fuera robado.

El «Titanic» nazi

Más allá de elucubraciones, lo cierto es que la del «Titanic» nazi fue una de las catástrofes navales más grandes de toda la historia. Su historia –como ya explicamos en ABC 2013– comenzó en 1937, cuando fue botado por el mismísimo Hitler como «Wilhelm Gustloff» (nombre que fue puesto en recuerdo de un líder germano fallecido hacía pocos meses). Sus medidas eran ciertamente imponentes, aunque no llegaban a las del buque de la «Withe Star Line». Y es que, sumaba 208.5 metros de eslora y 23,5 metros de manga. Podía transportar un total -aproximadamente- de 1.965 personas, un número imponente para la época.

En principio, el Gustloff fue dedicado a hacer viajes de placer hasta la isla de Madeira. No obstante, en 1939 fue enviado a España para recoger a la Legión Cóndor, los aviadores germanos que habían combatido junto a Francisco Franco.

Fue su primera misión militar, pero no sería la última. Y es que, cuando Alemania entró en guerra contra Polonia el 1 de septiembre de 1939, este navío fue requisado por la marina, pintado enteramente de blanco (y una raya verde) y usado como buque hospital.

«Se terminó el sueño del buque de recreo, de las travesías marítimas para los trabajadores. De los espléndidos viajes a Madeira, alrededor de Italia y de los fiordos noruegos…» explica Heinz Schön (uno de los pocos supervivientes del naufragio) en «La tragedia del Gustloff. Relato de un superviviente».

Su objetivo sería participar en la «Operación León Marino» (la invasión de Gran Bretaña por parte del ejército germano). Sin embargo, su cancelación repentina hizo que el Gustloff fuese repintado como navío de guerra y quedase olvidado en un puerto de Sttetin. Y así permaneció hasta que, en enero de 1945, un capitán recibió la orden de usar este navío en la denominada «Operación Hannibal»: la evacuación de más de dos millones de refugiados de la vieja Europa para evitar la ira del Ejército Rojo.

9.400 personas murieron después de que el submarino disparase tres torpedos

Tras arribar al puerto de Gdynia (en Polonia), donde recogió a una ingente cantidad de refugiados (según las últimas investigaciones, hasta un total de 10.582 personas) partió el 30 de enero de 1945.

Iba con una carga 9 veces mayor que la debida y únicamente había botes salvavidas para 5.000 personas. Con todo, ningún marinero pudo negarse a dejar pasar a nadie. Tras algunas horas de viaje, se ordenó al capitán del Gustloff hacer encender sus luces de posición para evitar el impacto con un buque aliado. Los oficiales germanos no tuvieron más remedio que hacerlo, pero la decisión no pudo ser peor.

¿Por qué? Porque debido a ello, el buque desveló su posición al submarino S-13 soviético dirigido por el capitán Alexander Marinesko. «A las 23:00 en punto, hora de Moscú, el submarino se colocó en posición de disparo. El S-13 se acercó a unos 1.000 metros del objetivo. Marinesko ordenó preparar los torpedos de proa para un ataque en superficie y sumergirse luego a una profundidad de tres metros. Cuando la proa del enorme buque fue reconocible en el centro de la retículadel periscopio del S-13, Marinesko dio la orden», añade el alemán.

Instantáneamente, se dispararon tres torpedos hacia él trasatlántico. El Gustloff tardó apenas unos minutos en irse a pique. Con él, se perdieron la friolera de 9.400 persoans. Hombres, mujeres y niños. Una masacre en toda regla. Todo, en apenas una hora. El resultado fue la mayor tragedia naval de la historia.

La leyenda del oro nazi

Las teorías sobre la existencia de un gigantesco tesoro nazi son varias y se apoyan, en su mayoría, en la ingente cantidad de obras de arte y riquezas varias que los hombres de Hitler expoliaron en los países ocupados a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial.

Este gigantesco tesoro estaría formado, además, por todos aquellos objetos, billetes e -incluso- dientes de oro que los germanos decomisaron a los judíos en los campos de concentración. Sin embargo, jamás se ha calculado exactamente a qué cantidad ascendería o cuánto se habrían gastado los jerarcas en el esfuerzo de la guerra.

Con todo, existen algunos autores que se han atrevido a dar una cifra. Uno de ellos es el investigador y divulgador histórico José Lesta quien, en su libro «El enigma nazi. El secreto esotérico del Tercer Reich», afirma que (en los últimos días de la contienda) el secretario personal de Adolf Hitler, Martin Bormann, convenció a los jerarcas nazis de que lo mejor que podían hacer era esconder todo aquello de valor que tuvieran en un lugar más seguro que un país neutral como Suiza. Además, les habría instado a que vendieran todo su patrimonio e invirtieran en objetos que no perdieran valor con el paso de los años. Desde oro, hasta joyas.

El plan, en palabras del experto, habría gustado a muchos jerarcas, quienes lo vieron como una oportunidad futura de escapar de Alemania cuando accedieran a ella los germanos.

«Se iban a buscar los rincones más seguros de la tierra, donde los ricos partidarios del nacionalsocialismo podrían vivir seguros, disfrutando de sus fortunas. En 1946 los aliados descubrieron que habían desaparecido de los bancos alemanes ochocientos millones de dólares, cantidad que tendríamos que multiplicar por cien o más para ha cernos una idea de lo que significaría actualmente. A pesar de las ingentes sumas de dinero gastadas en armamento por el III Reich, se había podido comprobar que todas las riquezas obtenidas en los países ocupados convirtieron la guerra en una especie de inversión, al menos para los grandes industriales», determina Lesta en su obra.

Nuevamente, dejando a un lado las leyendas sobre el lugar exacto en el que fueron a parar las riquezas (o si fueron reinvertidas o escondidas posteriormente), lo que es totalmente cierto es que los hombres de Adolf Hitler amasaron una inmensa fortuna para el esfuerzo de la guerra.

Así lo afirma el catedrático de Historia económica Pablo Martín-Aceña: «La avidez del Tercer Reich por obtener el codiciado metal fue ilimitada y sin él los nazis no hubieran podido sostener una guerra tan prolongada ni tan sangrienta. Sobre los relucientes lingotes apilados en las cámaras acorazadas del Reichsbank en Berlín, erigió el Führer su gran poderío militar».


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  • Esta pregunta hizo «The New York Times» a sus lectores. Estas fueron las respuestas.
 Hitler saluda a un niño en 1935 - NGC

Hitler saluda a un niño en 1935 – NGC

Un domingo siempre es un día perfecto para hacerse preguntas metafóricas, profundas, o también esas que no van a ningún lado pero que aún así son divertidas.

Algo así propuso la revista de los domingos del «New York Times», que lanzó una curiosa encuesta en la que lepreguntó a sus lectores si, en caso de poder viajar en el tiempo, matarían a Hitler cuando era un bebé.

Los votantes optaron por matar a bebé Hitler. Un 42% dijo que sí, un 30% que no y un 28% aseguró no estar seguro.Al margen del debate moral, que fue inevitable, desde luego la estrategia del Times sirvió para incendiar las redes sociales, tanto com comentarios humorísticos, como otros de indignación por el hecho de que alguien pudiera plantearse matar a un bebé. Más de uno se habrá llevado una sorpresa al comprobar que «Baby Hitler» era trending topic.Y, ¿tú? ¿Qué harías?

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El Mundo

  • ‘Mein Kampf’ se reedita en Múnich 70 años después de la muerte de Hitler

51koRKz3zGL._SX332_BO1,204,203,200_Ya hay fecha, lugar y hora para el lanzamiento de la primera reedición de ‘Mein Kampf’ [Mi Lucha], de Adolf Hitler, que verá la luz en Alemania desde 1945. Será el 8 de enero a las 11:00 en Múnich, ocho días después de que el estado federado de Baviera, al cumplirse 70 años de la muerte del dictador, libere los derechos de autor que los Aliados le entregaron en custodia tras la Segunda Guerra Mundial, una vez clausurada la editorial del partido nazi, Franz Eher, con sede en la ciudad donde Hitler tenía fijada su residencia.

La reaparición de Mein Kampf en las librerías del país donde germinó y se propagó una ideología que llevó la muerte a millones de personas crea desasosiego y no sólo a algunos sectores de la comunidad judía, sino también a quienes observan con preocupación el resurgir de la ultraderecha, si bien el único partido político de corte neonazi que existe en el país, el NPD, es residual y apenas logró un 1% de votos en las últimas elecciones parlamentarias.

“Parte de los ingresos por ventas deberían destinarse a la ayuda de los refugiados. Así, los neonazis que lo compren, al menos indirectamente, podrán hacer algo bueno“, sugiere lacónico Karl-Georg Wellmann, de la Unión Cristianodemócrata (CDU).

El objetivo de la primera reedición legal de Mein Kampf no es baladí y tampoco está dirigido a lectores fascinados por el nacionalsocialismo. Esta edición pretende acabar con el mito que rodea la obra de Hitler rompiendo el tabú y demostrando que la llamada “biblia del nacionalsocialismo” es un panfleto de 800 páginas impregnadas odio, racismo, violencia, patrañas y medias verdades. La obra, en dos tomos, como en el original, llevará por título Mein Kampf: Eine Kritische Edition. Autor y editor: Instituto de Historia Contemporánea de Múnich (IfZ).

“Teníamos una responsabilidad nacional como alemanes y una obligación como historiadores que no podíamos obviar, de ahí esta edición crítica de Mein Kampf, un trabajo de investigación de tres años resumido en más de 3.700 anotaciones que contextualizan y desmontan las mentiras y la demagogia nociva que Hitler encadena, página a página, en esa mezcla de memorias, ideario político y furia antisemita“, declaró a este diario el director del IfZ, Andreas Wirsching.

Charlotte Knobloch, 83 años, testigo en 1938 de los asesinatos y persecución de judíos en Múnich, no lo ve así. La presidenta del centro cultural judío en esa ciudad cree que “Mein Kampfes una incitación deleznable al odio y la base del Holocausto. El texto original no merece reconocimiento ni discusión”. El presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Josef Schuster, va más allá y pide mantener la prohibición del libro y que las autoridades procedan con todas las consecuencias contra la difusión y venta.

También el estado de Baviera, que en inicialmente contribuyó al proyecto con 500.000 euros, se ha distanciado del mismo, una “decisión política” que el IfZ no comenta y que tiene sus orígenes en la visita que el primer ministro bávaro, Horst Seehoffer hizo a Israel.

El equipo dirigido por Christian Hartmann, experto en historia militar con 20 años de experiencia en la investigación del nacionalsocialismo, ha contado, sin embargo, con el apoyo de historiadores judíos que también consideraban que la mejor forma de acabar con el mitoMein Kampf era “no dejarlo vagar” por el mundo tal cual se escribió. Entre esos historiadores y documentalistas judíos hubo miembros del centro Yad Vashem para la memoria del Holocausto en Israel.

“Entendemos que es un tema es sensible, que esto es Alemania, el país donde empezó todo, y que aún hay supervivientes del Holocausto. Aún así, Mein Kampf necesitaba una lectura científica crítica y no ahora que queda libre de fueros, sino desde hace muchos años”, sostuvo Wirsching.

Fue absurdo que Baviera no dejara hacerlo. Los derechos sólo eran aplicables a la edición y difusión de Mein Kampf y no a su compra o descarga en internet, lectura, tenencia o adquisición de ediciones antiguas y por las que llegan a pagarse en anticuarios hasta 800 euros.

Mein Kampf se edita en numerosos países y en Alemania siempre estuvo al alcance de la mano, puede incluso que muchos abuelos lo guarden en casa, pues se llegaron a imprimir 12 millones de ejemplares. Todo el mundo tenía el libro. Se regalaba hasta en cumpleaños y bodas”, relató Wirsching.

Fue un best seller traducido a 18 idiomas que proporcionó importantes sumas de dinero al partido y a Hitler, pero tan farragoso y mal escrito que Mein Kampf se ha convertido en el libro no leído más famoso del mundo. “Hay que hacer esfuerzos para pasar de las primeras 20 páginas”, sostiene Hertmann y aventura que la edición del IfZ tampoco será más leída, pues, pese a la expectación generada, su interés es académico y científico. Hasta el momento sólo hay 300 encargos de una edición de 3.500 ejemplares. El precio de los dos tomos será 59 euros y los ingresos revertirán en el IfZ para paliar los gastos de edición.

No se prevé una segunda edición, ninguna en formato e-book, no hay acuerdos con editoriales extranjeras y tampoco habrá ediciones especiales para colegios. Apenas hay párrafos sin comentarios, de ahí que esta edición crítica tenga 2.000 páginas, según Harrmann, “la obra de un fracasado”.


Lo primero es agradecer a los seguidores que tenemos en las distintas redes sociales, en agracedimiento a los 6000 seguidores de Twitter queremos publicar una lista de secretos históricos jamas desvelados.

Los historiadores necesitan años para averiguar los hechos más relevantes del pasado, reconstruir el curso de los acontecimientos y sacar a la luz las intenciones de sus protagonistas, pero a veces todo este proceso es tarea imposible. Todavía hoy nadie sabe quién mató a Kennedy, cómo fue realmente la muerte de Marilyn Monroe, qué ocurre en el Área 51 y por qué el gobierno de EE.UU. la ha ocultado…

Queremos compartir con vosotros esta lista con una selección de los mayores  secretos de la Historia, los cuales solo han quedado en la mente de sus creadores y/o responsables. ¿Cuál te parece el más sorprendente? ¿Qué opinas al respecto?


 

1. Fórmula de la Coca Cola

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La fórmula de la Coca-Cola es el nombre con que se conoce a la receta secreta usada para elaborar la Coca-Cola. La empresa presenta la fórmula como un secreto comercial y es usada como estrategia de marketing.

El 8 de mayo de 1886 fue formulada por el farmacéutico John Pemberton como un medicamento para el cerebro y los nervios. Fue su contable Frank Mason Robinson quien introdujo la marca e ideó el logotipo. Más adelante, fue patentada el 21 de enero de 1893, fecha desde la cual empezó a ser comercializada y expandida a nivel mundial.

La fórmula se mezcla con un jarabe, una mezcla de sabores concentrados, que luego se mezcla con agua y otros ingredientes menores. La mezcla se distribuye a los locales de las empresas embotelladoras de gaseosas para su posterior comercialización.


2. Triángulo de las Bermudas: ¿Experimentos secretos?

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El Triángulo de las Bermudas es un área geográfica de forma triangular con un área aproximada de 1,1 millones de km² situada en el océano Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Florida.

Ya desde la era de la vela, las naves que viajaban a Europa pasaban continuamente por esta zona para aprovechar los vientos dominantes y la corriente del Golfo. Luego, con el desarrollo de las máquinas de vapor y los barcos con motores de combustión interna, gran parte del tráfico del Atlántico Norte siguió cruzando a través del área del Triángulo de las Bermudas.

Esta zona geográfica ha recibido el crédito de muchas desapariciones que ocurrieron en sus aguas. Hasta la fecha, más de 50 barcos y 20 aviones se han perdido en ella sin dejar rastro. Las desapariciones son inexplicables y el tema continúa siendo un debate entre escépticos.

El incidente más famoso alrededor del Triángulo de las Bermudas es la desaparición de un escuadrón de cinco bombarderos de la marina estadounidense durante un vuelo de entrenamiento el 5 de diciembre de 1945. De acuerdo con el escritor Charles Berlitz, el caso consistía en que los aviones desaparecieron después de que los pilotos informaran de varios efectos visuales extraños. Además, Berlitz afirmó que debido a que los restos de las aeronaves flotarían durante largos periodos de tiempo, estos debieron ser encontrados al día siguiente al haber una marea tranquila y un cielo despejado. Sin embargo, no solo no pudieron ser encontrados, sino que un avión de búsqueda y rescate de la marina que enviaron también desapareció. Adicionalmente, la intriga se incrementó al conocer que el informe del accidente de la marina se atribuyó a «causas o razones desconocidas».

El líder del vuelo, el teniente Charles Carroll Taylor, tenía experiencia de combate y un tiempo de vuelo significativo. Taylor era descrito como un líder calmado y confiado, sin embargo, las transmisiones de radio del Vuelo 19 revelaron a un Taylor desorientado, con una carencia de confianza en sus decisiones y completamente perdido. Las afirmaciones de los pilotos establecían que todos los aviones tenían problemas con sus brújulas, sin embargo, los informes navales y registros escritos de las conversaciones no indicaban esto. ¿Por qué se borró de los informes que las brújulas de los aviones se “habían vuelto locas”? La marina omitió esta información, lo que ha creado todo tipo de teorías sobre experimentos secretos por parte del gobierno de Estados Unidos en esa zona.

 


3. Área 51: ¿Extraterrestres?

ARCHIVO ABC A pesar de lo que se cree, únicamente es un centro de investigación aeronaútica

ARCHIVO ABC
A pesar de lo que se cree, únicamente es un centro de investigación aeronaútica

La llamada Área 51 es un aeródromo militar estadounidense situado en medio del desierto de Nevada. La principal finalidad de la base es la de apoyar el desarrollo de sistemas de armas y llevar a cabo pruebas con aeronaves experimentales. El secreto que rodea a la base y la política contradictoria del gobierno de los Estados Unidos afirmando que tal base no existía hasta el año 2003 ha llegado a convertirse en el tema principal de las teorías de conspiración y el fenómeno ovni.

La naturaleza reservada, la conexión con investigaciones de aeronaves clasificadas e informes de fenómenos extraños han conducido al Área 51 a convertirse en una pieza central del folclore moderno de los ovnis y teorías de conspiración. Algunas de las actividades poco convencionales que se dijeron estar en curso en el área 51 incluyen:

• Almacenaje, examen e investigación de una nave espacial extraterrestre, el estudio de sus ocupantes (vivos y muertos) y la manufactura de naves basadas en tecnología extraterrestre.

• Reuniones o labores comunes con extraterrestres. El desarrollo de exóticas armas de energía de defensa estratégica y dispositivos para la manipulación del clima.

• Desarrollo de viajes en el tiempo y tecnología de teletransportación.

• Actividades relacionadas con un supuesto y único gobierno mundial en la sombra.

El gobierno de Estados Unidos no aceptó su existencia hasta el año 2003. Este secretismo propició el nacimiento de todo tipo de teorías conspirativas relacionadas con el ámbito extraterrestre. Además, en 1989 un técnico contratado por el gobierno, Bob Lazar, dio una rueda de prensa en la que reveló que estuvo trabajando en un proyecto de ingeniería inversa analizando un platillo volante rescatado por el gobierno de los Estados Unidos para poder entender y utilizar su tecnología. El gobierno de Estados Unidos lo negó.


4. Archivos secretos del Vaticano

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Los archivos completan cerca de 50 km de estanterías constituidas por más de 50.000 volúmenes. Para muchos, su existencia es materia de innumerables novelas y teorías conspirativas, para otros, no es más que un órgano que posee cualquier Estado en el mundo. Sin embargo, el secretismo con que los archivos son resguardados, así como el extremo celo con que los documentos son cuidados, hacen pensar a muchos que los archivos del Vaticano ocultan más que simples registros y papeles históricos, que esconden información muy valiosa y trascendental.


5. Asesinato de John F. Kennedy

John Fitzgerald Kennedy con su esposa.| EM

John Fitzgerald Kennedy con su esposa.| EM

Un joven y ambicioso presidente de Estados Unidos que viaja en una limusina descapotable se desploma en los brazos de su esposa. El país entero presencia por televisión el brutal asesinato. Todavía hoy el fantasma del líder abatido continúa presente en la conciencia de los estadounidenses y el misterio que rodea su muerte es una fuente interminable de rumores y conjeturas.

John F. Kennedy recibió tres impactos de bala en Dallas el 22 de noviembre de 1963. Lee Harvey Oswald, su presunto asesino, fue arrestado aproximadamente una hora después de los hechos. El sospechoso afirmó no haber matado a nadie, alegando que él era un señuelo. El 29 de noviembre el nuevo presidente del país creó una comisión para investigar el asesinato. Esta emitió un veredicto que conmocionó profundamente a la opinión pública: «El asesino de J.F.K era Lee Harvey Oswald, quien actuó en solitario y por iniciativa propia».

Asimismo, en el informe se concluía que todos los acontecimientos que se produjeron entre el 22 y el 24 de noviembre, el día en que el mismo Oswald fue abatido por un hombre llamado Jack Ruby, fueron simplemente una cadena de sucesos hilados por el azar. El presidente de Estados Unidos muere asesinado, milagrosamente al cabo de una hora ya se ha detenido al asesino, dos días más tarde se permite que maten al acusado en una comisaría y luego, tras una investigación oficial, se dice a la sociedad que todo fue resultado de actos y decisiones de una serie de personas que no mantenían ningún vínculo entre sí.

Los cabos sin atar alrededor de este magnicidio lo han convertido en uno de los mayores secretos de la Historia. Unos dicen que fue la conspiración del siglo y otros se atreven a afirmar que fue un golpe de Estado.


6. Cadáver de Hitler

Archivo ABC El campo de concentración de Terezin fue visto durante toda la Segunda Guerra Mundial como un balneario cedido por Hitler al pueblo judío

La versión oficial sobre la muerte de Hitler es la siguiente: ingirió una cápsula de cianuro y, posteriormente, se pegó un tiro en la cabeza. Su mujer, Eva Braun, también tomó una cápsula de cianuro, la cual le provocó la muerte casi de inmediato.

Al cabo de quince minutos de haberse encerrado en una habitación de su búnker, sus ayudantes entraron en el habitáculo. Allí encontraron a Hitler doblado sobre sí mismo en un sillón exhibiendo una mueca deformada en su boca, con una pistola caída de su mano derecha, y con un hilo de sangre manchando su cara. Eva Braun no alcanzó a percutir su arma y estaba tendida a lo largo del diván.

Inmediatamente se sacaron ambos cuerpos y se llevaron al patio de la Cancillería, siendo depositados en un agujero de obús. Rociaron ambos cuerpos con gasolina y les prendieron fuego. Estaban presentes Goebbels y otros dignatarios. La caída de obuses rusos en el patio impidió que los restos se consumieran completamente, por lo que fueron enterrados superficialmente.

El 9 de mayo ambos cuerpos fueron encontrados por una unidad soviética. Los rusos no divulgaron mayor información, desencadenando toda suerte de mitos. Nadie sabe qué ocurrió con los restos mortales de Hitler y su esposa.


 7. Construcción de las pirámides

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Muchas son las teorías sobre la construcción de las pirámides, pero la más fundamentada es la que se basa en los escritos de Herodoto. Según el historiador la pirámide constaba de varias alturas en las que se situaban poleas, de modo que una vez que llegaba la piedra a una de esas alturas la polea la levantaba a la siguiente, así sucesivamente. Sin embargo, dado que no había herramientas similares en esa época, pronto se desechó esta hipótesis, aunque sirvió para elaborar otras teorías que hoy resultan más convincentes.

De todos los bloques se procuraban encajar los externos, es decir, los visibles, de modo que la construcción pareciera perfecta, mientras que los internos se soltaban y luego se rellenaban los huecos con barro y piedra. Estos bloques se subían por rampas exteriores y a través de una especie de patines por los que rodaban. De ellos tiraban unas poleas y se ayudaban de palancas. Al mismo tiempo que se iba ganando altura, las partes acabadas se iban recubriendo a fin de reafirmar el terreno. Finalmente, esas rampas exteriores, al no estar bien ancladas, se habrían perdido con el paso del tiempo.

Esta teoría echó por tierra aquella otra que postulaba que solo existía una gran rampa que ascendía desde la base en línea recta hasta el vértice, cosa bastante ilógica si se tiene en cuenta que con una pendiente así sería materialmente imposible subir las grandes piedras.

La última gran teoría ha sido publicada por el arquitecto francés Jean Pierre Houdin. Apoyándose en un programa informático ha desarrollado un simulador tridimensional de dicho proceso constructivo de cómo se fueron amontonando los grandes bloques de granito y piedra caliza hasta alcanzar la geometría que hoy conocemos. Según él, los egipcios subieron los bloques que sirvieron para su construcción por una rampa interna que formaba un túnel en espiral y que recorría el interior de la estructura de su pared externa.

Una teoría tras otra van apareciendo. La siguiente desmonta la anterior, así sucesivamente. La construcción de las pirámides es uno de los mayores secretos de la Humanidad y solo los antiguos egipcios podrían darnos las respuestas.


8. Nuevo Orden Mundial: Dominio del mundo

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El Nuevo Orden Mundial es una teoría conspirativa que afirma la existencia de un plan diseñado con el fin de imponer un gobierno único, colectivista y burocrático controlado por sectores elitistas y plutocráticos a nivel mundial. Esta teoría alega que tanto los sucesos que son percibidos como significantes, como los grupos que los causan, estarían bajo el control de un pequeño grupo central muy poderoso con objetivos maquiavélicos para la gran mayoría de la población.

Los Illuminati, fundados en 1776 como sociedad secreta con el fin de promover ideas de la Ilustración, estuvieron aparentemente envueltos en una conspiración que buscaba reemplazar las monarquías absolutas y la preponderancia de la Iglesia Católica con el “gobierno de la razón”, el objetivo general de la ideología liberal, revolucionaria e igualitaria dominante entre la intelectualidad de la época. Después de que el complot fuera descubierto, el grupo fue prohibido por el gobierno bávaro (1784) y aparentemente se disolvió un año después. Sin embargo, los documentos relacionados con la conspiración fueron publicados, alertando a la nobleza y al clero europeos, y dando a la conspiración una gran publicidad, lo que llevó a algunos pensadores a sugerir que todavía existía con el fin de derrocar a los gobiernos de Europa. Algunos historiadores llegaron incluso a sugerir que los Illuminati estaban detrás de la Revolución Francesa.

En 1903 el servicio secreto ruso publicó el famoso panfleto “Los protocolos de los sabios de Sión” como una obra de propaganda antirrevolucionaria. La tesis central de “Los protocolos de los sabios de Sión” es que si se remueven las capas sucesivas que cubren las causas de los diversos problemas que afectan el mundo se encuentra un grupo central que los organiza con el fin de destruir los gobiernos y órdenes sociales establecidos para lograr el dominio del mundo. Ese contubernio central es un grupo de judíos, que controla tanto los sectores financieros como diferentes fuerzas sociales que, a su vez, son los que provocan desorden y conflicto social: los masones, los comunistas, los anarquistas, etc.

A partir de agosto de 1921 Hitler comenzó a incorporarlos en sus discursos y se convirtieron en lectura obligatoria en las aulas alemanas después de que los nazis llegaran al poder. Tras la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos teóricos estadounidenses de la conspiración promovieron una percepción de la masonería, el liberalismo y la “conspiración judeo-marxista” como la fuerza directriz de la ideología del “ateísmo estatal”, “colectivismo burocrático” y “comunismo internacional”. Por ejemplo, en la década de los 60, diversos grupos dedicaron muchos de sus ataques a la ONU, organización que veían como vehículo para crear un Nuevo Orden Mundial, promoviendo una posición de desconfianza y aislacionismo en relación a ese organismo.

Adicionalmente, Mary M. Davison trazó el origen de la alegada conspiración del Nuevo Orden Mundial a la creación del Sistema de Reserva Federal en EEUU por un “grupo de banqueros internacionales” que posteriormente habrían creado el Consejo de Relaciones Exteriores en ese país como “gobierno en la sombra”. Cabe considerar que en aquellas fechas la frase “grupo de banqueros internacionales” se entendía como referencia a personas tales como David Rockefeller o a la familia Rothschild.

A partir de 1970, Gary Allen alega que la expresión “Nuevo Orden Mundial” es utilizada por una élite internacional secreta dedicada a la destrucción de todos los gobiernos independientes. Con ese autor el mayor peligro deja de ser la conspiración cripto-comunista y se transforma en la élite globalista que algunos identifican con el atlantismo del Grupo Bilderberg. Muchos de los mismos personajes, como Rockefeller, todavía ocupan un papel central, pero no ya como cripto-comunista, sino como parte de un grupo plutocrático y elitista, grupo que controlaría tanto los gobiernos y sus instituciones como organismos internacionales.

Para muchos, los conspiradores son simplemente “ellos”, un grupo amorfo que incluye todo y cualquier individuo u organismo percibido como poderoso. Así, los participantes en la conspiración incluirían o podrían incluir (además de los ya mencionados comunistas, anarquistas, judíos, Illuminati y plutócratas) grupos tales como la masonería, la Iglesia Católica o facciones de dentro de ella, la clase política, algunos gobiernos, los ecologistas, la ONU, los medios de comunicación e incluso los extraterrestres. Esa supuesta sociedad secreta que pretendería establecer un Nuevo Orden Mundial.


9. Identidad de Jack el Destripador

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Jack el Destripador fue un asesino en serie no identificado que cometió varios crímenes en 1888, principalmente en el distrito de Whitechapel (Londres), así como en las áreas empobrecidas de los alrededores.

Este psicópata era descrito por la policía como un hombre inteligente, eficaz, burlón, astuto, frío y obsesionado con el asesinato. Los ataques que se le atribuyeron involucraban a prostitutas, a las cuales mató siguiendo un modus operandi distintivo que consistía en degollamiento, estrangulación y mutilación abdominal. La extracción de los órganos internos de al menos tres de las víctimas llevó a pensar que el asesino tenía conocimientos anatómicos o quirúrgicos.


10. Sábana Santa. ¿Ocultar la verdad?

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La Sábana Santa es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión. Se encuentra ubicada en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista, en Turín (Italia).

Los orígenes del sudario y su figura son objeto de debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Algunos sostienen que el sudario es la tela que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro y que el rostro que aparece es el suyo. Otros afirman que este objeto fue creado en la Edad Media. Con el fin de determinar el modo de impresión de la imagen en la sábana, más de mil investigaciones científicas de las más diversas especialidades han sido realizadas, las cuales han hecho de la Sábana Santa la reliquia más estudiada de la Historia.

La muerte de un científico que señalaba que el manto sagrado era un fraude y la aparición del cadáver de un hombre al que le habían cortado la lengua durante el incendio que asoló la catedral en 1997 fueron el detonante de una investigación policial y de una serie de conjeturas que señalan que alguien quiere mantener en secreto el origen y/o la autenticidad del sudario.


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  • Aprobada por el líder nazi y el Gran Muftí en 1941, la Legión Árabe Libre formó parte del ejército alemán y, junto con pequeños grupos de paracaidistas de la misma procedencia, combatió en contra del imperialismo francés e inglés
 Miembros de la Legión Árabe se toman unos momentos de descanso antes de seguir con sus tareas diarias - Wikimedia

Miembros de la Legión Árabe se toman unos momentos de descanso antes de seguir con sus tareas diarias – Wikimedia

Desde italianos hasta letones. Si por algo se destacó el régimen de Adolf Hitler fue por reclutar a casi todo aquel que pudiese empuñar un arma para defender los intereses del nacionalsocialismo. Sobre todo, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba absolutamente perdida y un brazo capaz de disparar un fusil era más valioso que mil monedas con las que adquirir munición. Un proceder raro si se tiene en cuenta que, para el «Führer», el perfecto ser humano era el alto, blanco rubio y con ojos azules. En base a ello, llama la atención que el líder alemán aprobase que en las filas de la «Wehrmacht» (las fuerzas armadas germanas) se crease la «Legión Árabe Libre», una unidad en cuya creación colaboró el Gran Mufti y que estaba formada en buena parte por militares árabes dispuestos a combatir contra Francia e Inglaterra. Dos países que se habían establecido, en una buena parte de los casos, por la fuerza en otros tantos países del norte de África.

La historia de la «Legión Árabe Libre», así como la de las unidades musulmanas que se crearon antes de ella, había permanecido en la sombra estos últimos años. Sin embargo, ha vuelto a ganar un espacio en la actualidad después de que, la semana pasada, el ministro israelí –Benjamín Netanyahu– desatara una increíble polémica al afirmar que el Gran Muftí de Jerusalén (Muhammad Amin al-Husayni) fue el líder que introdujo a fuego en la cabeza de Hitler la idea de que había que aniquilar a los judíos. «Hitler no quería exterminar a los judíos en aquel tiempo, los quería expulsar. Y el Haj Amin al Huseini fue a Hitler y le dijo: “Si los expulsas, vendrán aquí (a Palestina)”. Entonces, Hitler preguntó: “¿Qué tendría que hacer con ellos?” Y el Gran Muftí le contestó: “Quémalos”», señaló el líder político durante un discurso en el Congreso Sionista Mundial.

El Gran Mufti, el primer paso hacia la Legión Árabe

Independientemente de que lo explicado por Netanyahu sea cierto o no, lo que sí se puede afirmar es que el devenir de la «Legión Árabe» está íntimamente ligada al Gran Mufti (el líder religioso más importante del Islam por entonces y que se hizo famoso por las múltiples controversias que protagonizó al apoyar la expulsión por las bravas de Francia e Inglaterra del norte de África). Su historia como personaje de influencia estuvo desde el principio ligada al odio hacia los británicos. Y es que su predecesor, Faysal I -rey de Irak-, dejó este mundo por culpa del servicio secreto de la Pérfida Albión. Este, según decían las malas lenguas, estaba tan deseoso de que este político contrario a Su Majestad dejase el cargo a alguien más proclive al imperialismo que acabó con su vida mediante uno de sus espías. Sin embargo -y dejando a un lado esta leyenda- se llevaron una gran sorpresa cuando el testigo fue recogido por Muhammad Amin al-Husayni, quien rezumaba odio hacia ellos.

Fuera como fuese -por suerte o por obra y gracia de los agentes secretos británicos-, al-Husayni logró convertirse en el máximo representante del Islam a nivel político y religioso en 1922 tras ser nombrado presidente del Gran Consejo Musulmán. Este fue también el momento en que, apoyado en su gran poder. comenzó su Guerra Santa particular contra el dominio británico de Oriente Medio. Concretamente, este líder apostaba por la libertad de los territorios musulmanes y creía que la mejor forma de luchar contra ellos era fomentando las revueltas violentas.

«Tan explosivas fueron sus arengas, que el alto comisario de Su Majestad dispuso la detención “del alborotador que sobrepasaba los atributos de su jerarquía religiosa para inmiscuirse en política subversiva preconizando métodos de violencia”» explica el autor Fernando P. de Cambra en su obra «El Gran Mufti de Palestina». Perseguido por las autoridades inglesas, el líder político no tuvo más remedio que ir huyendo de región en región escondiéndose de los enemigos que querían acabar con el alboroto que estaba generando. Aunque en varios momentos lograron tenerle casi entre sus manos, los ingleses nunca pudieron tomarse el té de las cinco con este sujeto entre rejas.

En esas andaba la situación (con el Gran Mufti corre que te corre por el norte de África y los ingleses a su acecho) cuando, el 1 de septiembre de 1939, un tal Adolf Hitler -cuyo nombre empezaba a sonar por entonces debido al revuelo que había montado ocupando los Sudetes– decidió invadir con sus tropas Polonia. Desde allí, y con el paso de los meses, bajo el poder de sus «Panzer» cayeron también Bélgica y Francia. Esta última región no pudo más que rendirse tras un mes de combates contra los germanos. La Segunda Guerra Mundial había llegado a la vieja Europa, y también había afectado a Gran Bretaña, la cual declaró la guerra al «Führer» apenas dos días después de que sus tropas pisasen territorio polaco. En base a la teoría de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, el líder político comenzó a barruntar la idea de que debía aliarse con el fascismo. «Mussolini y Hitler cooperarán con nosotros para expulsar a los colonialistas actuales. Debemos levantarnos en armas y favorecer al Eje», solía señalar.

El enemigo de mi enemigo…

No andaba desencaminado el Gran Mufti en cuanto a la elección de sus futuros aliados, pues los alemanes eran partidarios también de buscar las simpatías de los árabes. Eso si, con un objetivo bien distinto: fomentar el revuelo en los países del norte de África dominados por Francia e Inglaterra. Así pues, se pusieron como misión dar la murga a los musulmanes lo más posible mediante una propaganda subversiva constante con la finalidad de que se levantasen en armas contra los europeos. El argumento estrella era que estos les oprimían y debían liberarse de su yugo. Y es que, si esto se producía, los nazis lograrían que ambos países tuvieran problemas para resistir los futuros ataques del «Afrika Korps» alemán y podrían aprovecharse del follón formado por esos lares. Con esta finalidad, Hitler instauró varias radios en lugares como Sttutgart y Berlín que, día si y noche también, llamaban a las regiones bajo dominio aliado a alzarse contra sus captores.

Sus mensajes, que eran locutados principalmente en árabe y francés, comenzaron caldeando el ambiente a base de acusaciones como la siguiente: «Os preguntamos [musulmanes] ¿cómo pueden los musulmanes ayudar a Francia, cuando no os reconoce ningún derecho y os trata como a seres inferiores». No obstante, estos ataques moderados no tardaron en mutar en auténticos golpes directos contra los aliados. Un claro ejemplo fueron los textos que, durante minutos y minutos, repitieron los operadores de radio alemanes durante una de las fiestas religiosas más destacadas de los musulmanes: «Con ocasión de esta fiesta deseamos unir a todos los musulmanes que Francia ha colocado frente a los fusiles alemanes. Rezamos porque Alemania gane esta guerra y porque África del Norte logre su independencia. ¡Abajo el imperio francés!, ¡vivan los árabes!, ¡viva la libertad!». El germen del odio estaba siendo regado a más no poder.

En este contexto de odio, no es extraño que el Gran Mufti partiera hasta Roma con la idea entre ceja y ceja de buscar el apoyo de Mussolini. Con él se entrevistó en octubre de 1941 ofreciéndole la ayuda musulmana y declarar la Guerra Santa contra Gran Bretaña. «Benito Mussolini no quiso o fue incapaz de comprender el alcance de aquellos planes. De aceptar, habría captado a las poblaciones de musulmanes de Albania, Montenegro, Macedonia, Túnez, Libia, Egipto y el Norte Africano […] pero consideró inútiles los servicios de aquel oriental intrigante y peligroso», determina de Cambra en su obra. Lejos de rendirse, el musulmán se dirigió entonces hacia Alemania, a donde llegó el 2 de mayo de 1941. Allí fue recibido por le mismísimo Adolf Hitler, quien, en contra de todo pronóstico, aceptó la ayuda del Gran Mufti para conquistar Europa y el norte de África.

A su vez, el «Führer» aceptó crear una unidad (la futura «Deutsche Arabische Lehr Abteilung» o «Legión Árabe Libre») formada por alemanes y árabes deseosos, según el Gran Mufti, de «liberar a sus hermanos de raza y religión que gemían bajo la esclavitud impuesta por Gran Bretaña y sus aliados». «Hitler realmente era un admirador del imperialismo inglés. Nunca había apoyado el nacionalismo árabe. Pero cuando empezó la guerra contra Gran Bretaña intentó aprovecharse de los musulmanes contra sus deseos más íntimos. Si hubiese sido por él, no se hubiese creado esta unidad, pero sabía que no podía desaprovechar aquel momento», explica, en declaraciones a ABC, Carlos Caballero Jurado (licenciado en Geografía e Historia y autor de varios libros como «La espada del islam. Voluntarios árabes en la Wehrmacht» y «El cerco de Leningrado» -editado por «Galland Books»-).

Los inicios de la legión nazi del islam

Un mes después de que el Gran Mufti y Hitler compartieran una larga conversación y, probablemente, alguna que otra taza de té, se alistaron los primeros 30 voluntarios iraquíes en la «Wehrmacht». Los alemanes, sabedores por su parte de que podrían aunar a un gran contingente de árabes en un futuro, les formaron como oficiales y les encuadraron de forma figurativa dentro de la «Sonderstab F» como «especialistas» y «colaboradores». El por qué no fueron considerados en un principio combatientes a nivel oficial era sencillo: los italianos sentían gran recelo ante la idea de usar tropas musulmanas en los contingentes del Eje. Por ello, precavidos como eran los seguidores de Hitler, prefirieron optar por este grado para evitar futuros problemas con sus aliados. Con todo, en agosto de 1941 los combatientes juraron obediencia al «Führer»» y que lucharían por la independencia árabe. Tras este primer detonante y las arengas de el Gran Mufti, fueron decenas los que entraron a formar parte del ejército alemán.

«A partir de ese momento comenzaron a llegar al ejército germano musulmanes de múltiples orígenes y con objetivos dispares. Los primeros provenían del Próximo Oriente y se alistaban para sacudirse el yugo de los imperios inglés y francés. También se unieron después musulmanes cercanos a la U.R.S.S. (en Asia y el Cáucaso) que querían luchar contra el comunismo de Stalin y favorecer la identidad nacional turca. Finalmente, llegaron uncluso voluntarios balcánicos. Hay que tener claro que cada uno se unía por unos objetivos determinados, no había un sentimiento panislámico entre ellos. Correspondía a motivaciones absolutamente nacionales», explica en experto a ABC.

La primera unidad musulmana fue entrenada para lanzarse en paracaídas

Fuera por la razón que fuese, lo cierto es que los musulmanes que se ofrecieron para combatir por Hitler se fueron acumulando y, el 24 de julio de 1941, los alemanes decidieron agrupar a un grupo de ellos en una unidad de reciente creación llamada «Sonderverband 288». Esta fue una de las primeras formadas por soldados árabes y, curiosamente, no tardó en recibir un objetivo concreto. «Los alemanes crearon con ellos unidades pequeñas de musulmanes que serían entrenados como paracaidistas. La finalidad era que se infiltraran tras la retaguardia enemiga y realizaran labores de sabotaje y comando. Con todo, y a pesar de que recibieron entrenamiento para ello y entraron en acción, no fueron muy efectivas. Pero no por culpa de sus soldados, sino porque, a pesar de que las películas dicen lo contrario, no era efectivo lanzarse por detrás de las líneas enemigas», añade Jurado.

No obstante, esta unidad especial tuvo poca vida pues, con la llegada en noviembre de 1941 de los aliados hasta Libia fusil en mano y cuchillo entre los dientes, todos los miembros de la 288 fueron trasladados a Bengasi e insertados en el «Afrika Korps» para defender la zona. Así continuó la situación hasta que, en 1942, Hitler se decidió a unir a todos los voluntarios musulmanes en una misma unidad que llamó «Legión Árabe de Liberación». Había nacido oficialmente la flecha alemana del Islam, y lo hizo con su propio uniforme y parche. Este último incluía los colores nacionalistas de la región junto a la leyenda «Arabia libre» escrita en árabe y en alemán. En menos de tres meses, se corrió la voz de la existencia de esta unidad y se unieron voluntarios hasta completar un centenar. Todos ellos fueron entrenados en el uso de las armas cortas, fusiles y subfusiles alemanes, así como la conducción y reparación básica de los vehículos más habituales dentro del ejército.

El régimen nazi también aprobó que dentro de esta «Legión Árabe» se formara una nueva unidad llamada «Sonderverband 287». Esta recibiría adiestramiento en Berlín, estaría compuesta por una buena parte de las reservas de la «Sonderverband 288» y, finalmente, tendría como objetivo participar en el ataque que los germanos iban a hacer sobre el Cáucaso con el objetivo de llegar hasta Oriente Próximo. No obstante, este grupo de musulmanes no llegó a luchar en esa zona. Curiosamente, algunos musulmanes sí lucharon después en la batalla de Berlín defendiendo a Hitler hasta el último aliento.

¿Creados con el objetivo de combatir?

La teoría alemana era impecable. Al menos de cara a la opinión pública árabe, a la que buscaban «camelarse» haciendo uso de soldados musulmanes. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de que participaron en algunas batallas sonadas, Hitler no buscaba usar estas unidades en grandes contiendas, sino crear un impacto mediático con ellas.

«La “Legión Árabe” fue siempre muy pequeña. En su momento de máxima expansión llegó a ser de un batallón. Su función era político propagandística principalmente. La idea era que, si los alemanes lograban entrar en el Próximo Oriente, las masas árabes les vieran como amigos y no se armaran contra ellos. Es algo parecido a lo que hizo Stalin cuando sus tropas entraron en Polonia: se preocupó de reclutar un contingente considerable de polacos para relajar el fuerte sentimiento anti ruso que había en esa zona», completa el autor a ABC.

De hecho, y siempre según Jurado, muchos de sus miembros no compartían la ideología nazi, pero apostaron por enfrentarse a su enemigo más odiado junto a un ejército poderoso. «En algunos casos llegaron incluso a negarse a combatir del lado alemán. Un ejemplo es el avance sobre el Cáucaso. En ese punto no lucharon porque afirmaron que sus enemigos no eran los rusos, sino los ingleses. Por otro lado, no llegaron a combatir seriamente más que la retirada que hicieron de Grecia. Al final sirvieron, entre otras cosas, para reclutar combatientes para el ejército alemán en el Norte de África», añade el experto.

 


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  • El zaragozano Ángel Sanz Briz fue distinguido por Israel con el título de «Justo entre las Naciones». Este lunes se cumplen 115 años de su nacimiento

    abc Ángel Sanz Briz, con su uniforme del cuerpo diplomático

    abc | Ángel Sanz Briz, con su uniforme del cuerpo diplomático

Haber sido el primer embajador de la España franquista en la China de Mao habría sido, en sí mismo, un hecho vital y profesional suficiente como para haber pasado a la historia de la diplomacia española. Pero en el currículum de Ángel Sanz Briz (Zaragoza, 1905 – Roma, 1980) esta circunstancia quedó en segundo plano tras haber protagonizado la mayor maniobra encubierta de salvamento de judíos en la Hungría ocupada por los nazis.

En marzo de 1944, Ángel Sanz Briz estaba destinado como segundo de a bordo en la legación diplomática de España en Budapest. Al frente de ella estaba en aquel momento Ángel de Muguiro. En la primavera, Hitler había decidido ocupar y tomar el control pleno de Hungría en un intento desesperado por frenar el imparable avance de los rusos por el frente del este. Hungría había estado del lado de Alemania desde el inicio de la guerra, pero Hitler quiso tomar el control directo sobre el terreno, lo que supuso extender el implacable delirio del Holocausto contra los judíos húngaros.

Sanz Briz y su jefe en la Legación española de Budapest asisten horrorizados a los procesos que de inmediato ponen en marcha los nazis contra los judíos, el sistemático protocolo de persecución, segregación, confinamiento y deportación a campos de exterminio. El superior de Sanz Briz acaba apartado de su cargo y el joven zaragozano, con el cargo oficial de encargado de negocios de la representación diplomática española, pasa a quedar como máximo responsable de la legación en la capital húngara.

Reiteradas advertencias a Madrid

Muguiro y Sanz Briz habían advertido a sus superiores en Madrid del horror que se había instalado en Hungría contra los judíos. El zaragozano, lejos de desistir, sigue clamando ante el Ministerio de Asuntos Exteriores español. Pero el Gobierno de Franco, en una forzada pose de equidistancia, no contesta a las misivas del diplomático. Ya en la primavera de 1944 consta una carta en la que pone en aviso al Ministerio de Asuntos Exteriores de los «atropellos y crueldades» que el gobierno húngaro controlado por los nazis están infligiendo a los judíos.

Ante el silencio por respuesta, el diplomático reiteró la información en otras misivas, obteniendo la misma callada. En una de sus misivas informa a Madrid de que los nazis ya habían deportado a medio millón de personas de Hungría, entre las que «había un gran número de mujeres, ancianos y niños perfectamente ineptos para el trabajo y sobre cuya suerte —alerta de forma reveladora sobre el Holocausto— corren en este país los rumores más pesimistas».

Decreto para los sefardíes

El régimen de Franco calla ante estas advertencias de Sanz Briz y éste aprovecha la falta de indicaciones para actuar en conciencia. Idea un plan aprovechando un decreto dictado en los años 30 por el gobierno de Primo de Rivera en el que se establece el reconocimiento del derecho a obtener la nacionalidad española a los judíos sefardíes, los descendientes de los hebreos expulsados de España a finales de la Edad Media. Inmediatamente busca judíos sefardíes en Budapest. Localiza a varias decenas y pone la maquinaria de la legación a su servicio para salvarles expidiendo pasaportes a su nombre.

Obtiene autorización de los nazis para reconocer esos pasaportes. Pero hay un problema: los sefardíes que realmente logra localizar en Budapest son apenas un ciento; los judíos perseguidos, decenas de miles. Para salvar al máximo número de ellos ingenia triquiñuelas varias: primero, en vez de extender pasaportes nominales —uno por persona— los emite «colectivos», para abarcar a familias completas. Para salvar a más judíos da una vuelta de tuerca más a su comprometida aventura frente a las persecuciones nazis y emite las cartas de protección bajo sello de la diplomacia española en números de varias series: 1A, 1B, 1C…, 2A, 2B, 2C… y así sucesivamente. De esa forma se multiplicó exponencialmente el número de documentos expedidos en beneficio de judíos, logrando burlar los controles de las autoridades de la Hungría ocupada por el Ejército de Hitler.

Sanz Briz no esperó a que los judíos acudieran a la Legación en busca de ayuda sino que él mismo se echó a las calles para salvar vidas. Acudió a puntos en los que los nazis concentraban a los judíos para su deportación a campos de exterminio y, a voz en grito, pedía que si alguien tenía alguna raíz o vínculo con España lo dijera. Algunos lo tenían y respondieron, otros no y lo simularon. Daba lo mismo, porque para Sanz Briz no era más que una forma de darles protección. Para ponerles a salvo llegó a comprar edificios junto a la sede de la Legación y los identificó oficialmente como dependencias diplomáticas, dotándolos así de inmunidad frente a las incursiones de las milicias y dando en ellos cobijo seguro a los judíos a los que iba dando salida con documentación que expedía sin descanso. Así, hasta salvar la vida de 5.200 judíos a los que garantizaba protección y huida.

Fueron meses de trabajo contrarreloj para dar protección a hebreos de Budapest. Sin descanso hasta que, contra su deseo, Madrid ordenó a Sanz Briz que dejara Budapest para ponerse a salvo, ya que la entrada de los soviéticos en la capital húngara era inminente. El 30 de noviembre de 1944 dejó el país y marchó a Suiza, pero su labor no se interrumpió: uno de sus estrechos colaboradores en la Legación, Giorgo Perlasca —italiano veterano de la Guerra Civil española— aún mantuvo la labor que había dirigido Sanz Briz, apurándola hasta que los rusos expulsaron a los nazis de Hungría.

Larga carrera diplomática

Tras la II Guerra Mundial, el diplomático aragonés fue reconocido por el Estado de Israel con el título de «Justo entre las Naciones» y las autoridades húngaras le distinguieron con la Cruz de la Orden del Mérito. Con los años, la vida y obra de Sanz Briz sumó en España la Gran Cruz de la Orden de Carlos III y la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil. Fue distinguido igualmente por Guatemala, Países Bajos, Bélgica y el Vaticano por la labor diplomática desarrollada en los destinos que se le encomendaron durante su trayectoria como diplomático.

Tras su labor en la oficina diplomática de España en Budapest durante el final de la II Guerra Mundial, Ángel Sanz Briz siguió adelante con su carrera diplomática. Antes de ser destinado a Hungría había sido encargado de negocios de España en Egipto. Y, tras su etapa en Budapest pasó por Estados Unidos, en las legaciones de San Francisco y de Washington. Luego llegarían destinos en Lima (Perú), Berna (Suiza), Bayona (Francia), Guatemala, La Haya (Países Bajos), Bruselas (Bélgica) y Pekín, donde se convirtió en el primer embajador de España en la China comunista de Mao. Se estrenó como primer embajador de España en Pekín el 9 de marzo de 1973.

Tres años después fue destinado a Roma como embajador de España ante la Santa Sede, y en la capital italiana falleció el 11 de junio de 1980. Ángel Sanz Briz había nacido en Zaragoza el 28 de septiembre de 1910, con raíces familiares en Peraltilla (Huesca), de donde eran originarios sus abuelos, que marcharon a la capital aragonesa para abrirse camino como comerciantes. Sanz Briz estudió en las Escuelas Pías de Zaragoza y en la misma ciudad cursó los estudios de Derecho, tras los que ingresó en la Escuela Diplomática.


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  • En pleno 75 aniversario de la Batalla de Inglaterra, una nueva investigación ha desveldo que el «Führer» odiaba a muerte a personajes como Churchill o Baden Powell
ABC Durante la Operación León Marino, Hitler elaboró una extensa lista de británicos que debían ser asesinados

ABC | Durante la Operación León Marino, Hitler elaboró una extensa lista de británicos que debían ser asesinados

Hace 75 años que, en plena Segunda Guerra Mundial, los bombarderos alemanes de la «Luftwaffe» (la fuerza aérea de la Alemania nazi) surcaban los cielos y las aguas del Canal de la Mancha dejando caer sus letales bombas sobre Gran Bretaña. La situación no podía ser peor para los ingleses que, desesperados, se veían obligados en ciudades como Londres a protegerse de las explosiones en los túneles del metro. Aquella infame situación formaba parte del plan de Adolf Hitler para conquistar las islas, la denominada «Operación León Marino». Un proyecto que también incluyó la elaboración de una «lista negra» de casi 3.000 objetivos famosos que el «Führer» quería asesinar antes de que finalizase la contienda.

La lista ha sido traducida y digitalizada hace pocas semanas como parte de los actos de conmemoración del 75 aniversario de la Batalla de Inglaterra (el nombre que recibió, a la postre, la contienda que enfrentó a la «Luftwaffe» y a la «RAF» -la Real Fuerza Aérea- en los cielos de las islas). El listado forma parte del además del «Libro Negro» (un documento elaborado por los alemanes en el que se detallaban pormenorizadamente los individuos que tenían que ser controlados por el régimen) y está formado por 2.820 enemigos que debían ser aniquilados en Gran Bretaña tras la invasión. Incluye desde políticos, hasta artistas pasando por multitud de periodistas y viejos espías retirados.

Una lista curiosa

Tal y como se puede apreciar en la Web del «Imperial War Museum» de Londres (donde se puede disfrutar de este documento) la lista incluye a personajes como el Premier británico Winston Churchill o el político Clement Attlee. Sin embargo, en ella también aparecen nombres como el Herbert George Wells (autor de «La Guerra de los mundos» o la mundialmente conocida Virginia Woolf. A su vez, también destacan personajes tan curiosos como Robert Baden Powell (fundador de los «Boy Scouts»), el actor Noel Coward y todo tipo de periodistas, artistas, científicos y líderes religiosos.

Para Hitler, todos ellos debían ser ajusticiados (o severamente castigados, según el caso) debido a que eran o podían ser una amenaza potencial para la expansión y la consolidación del Tercer Reich. La cruel idea del líder nazi era que, una vez que la «Lufwaffe» hubiese barrido las defensas inglesas por aire y sus tropas de tierra («el Heer») hubiesen llegado y conquistado el mismísimo Londres, las SS (las tropas mas ideologizadas del régimen) y la Gestapo debían capturar a estos casi 3.000 enemigos del estado alemán. Posteriormente, se decidiría qué hacer con ellos, aunque lo más probable es que fuesen ajusticiados.

En principio, representantes del «Imperial War Museum» citados por el «Daily Mail» afirman que se hicieron 20.000 copias de esta lista durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a día de hoy únicamente se han preservado dos, lo que hace que el documento tenga una importancia histórica vital. Por ello, y en conmemoración del aniversario de la Batalla de Inglaterra, el documento ha sido digitalizado para que pueda consultarse en línea. «Es la primera traducción que se ha hecho en inglés de la lista nazi. Las personas habrían sido detenidas en primer lugar y, posteriormente, asesinadas casi con total seguridad», explica Tim Hayhoe, director de la entidad encargada del proyecto.

«Algunas personas eran buscados por más de un departamento nazi. La rama 4E4 pertenecía a la Gestapo, y si alguien era capturado por ellos no habría salido vivo. El departamento 4A4 era el llamado de “Asuntos Judíos”. Churchill, por ejemplo, habría ido al C49, uno de los que llevaban a los prisioneros trofeo», añade el experto.

Tres curiosos objetivos de Hitler

Entre los cientos de nombres, destacan tres:

1-Conrad Fulke Thomond O’Brien-ffrench. Agente de la inteligencia británica durante la Primera Guerra Mundial, fue uno de los espías que informó de la anexión que Hitler pretendía hacer antes de la Segunda Guerra Mundial de Austria, lo que permitió a muchos judíos escapar de la zona. Fue íntimo amigo de Ian Fleming (el creador de 007) y se cree que el personaje principal de este escritor está basado en sus vivencias.

2-Francis Foley. Apodado el «Schindler británico», Foley fue un espía encubierto del servicio secreto británico. Su trabajo como agente de aduanas en Berlín le permitió salvar a más de 10.000 judíos.

3-Martha Cnockaert. Agente doble durante la Primera Guerra Mundial, fue considerada una amenaza por Hitler a pesar de estar retirada del servicio activo en 1939 y vivir pacificamente con su marido.


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  • Los nazis dispusieron de los aviones más rápidos, así como de armas dirigidas por control remoto

Horten Ho 229

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En cuanto alcanzó el poder y comenzó a desarrollar sus planes, Adolf Hitler se aseguró de integrar en las filas nazis a los mejores científicos e ingenieros. De esa manera su ejército pudo dar un importante salto cualitativo en el apartado tecnológico, fabricando sofisticadas armas que utilizaría durante la II Guerra Mundial. Algunas de ellas las conocemos a través del blog «Business Insider», donde han publicado imágenes e información de varias piezas poco conocidas del arsenal nazi.

Lo que puedes ver en la fotografía sobre estas líneas es un avión bombardero «Horten Ho 229». Podía alcanzar velocidades próximas a los 1.000 kilómetros por hora y volar a casi 49.000 pies de altura, transportando hasta 900 kilos de armas. Equipado con dos motores de turborreacción, de él se dice que fue el primer avión indetectable por radar creado por un ejército. Sin embargo, sus habituales problemas técnicos provocaron que no llegase a tener presencia regular en combate.

Goliath

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En esta imagen, soldados nazis posan con una mina dirigida por control remoto, un arma conocida con el sobrenombre de «Goliath». Podía dirigirse utilizando una especie de joystick y se movía gracias a dos motores eléctricos. Era capaz de transportar casi 100 kilos de explosivos y normalmente se utilizaba para explorar campos de minas convencionales. Durante la II Guerra Mundial, los nazis fabricaron más de 5.000 dispositivos como los de la foto. Puedes verlos en acción en este vídeo de YouTube.

Messerschmitt Me 163 Komet

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Este avión «Messerschmitt Me 163 Komet», propulsado por cohetes, pulverizó todos los récords de velocidad aérea en el momento de su aparición. Creado a comienzos de los años treinta, podía volar a más de 1.000 kilómetros por hora, superando ampliamente a sus rivales más poderosos. Los aviones estadounidenses de la misma época no superaban los 710 kilómetros por hora. Hitler ordenó construir más de 300, aunque precisamente esa rapidez en el aire hacía que fuesen difíciles de manejar durante las batallas.

Fritz-X

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La Fritz-X era una bomba dirigida por radio. Un explosivo de más de 1.500 kilos que podía ser guiado con gran precisión hacia los objetivos marcados, lanzándose desde 20.000 metros de altura. Los especialistas del ejército aliado calculan que podía atravesar armaduras de defensa de hasta 28 pulgadas. No se fabricaron demasiadas piezas como la de la fotografía, dado que eran pocos los aviones preparados para transportarla.


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  • En 1941 Hitler inauguró un campo de concentración que hizo pasar por una ciudad de vacaciones. La falacia engañó incluso a la Cruz Roja, que le dio el visto bueno
Archivo ABC El campo de concentración de Terezin fue visto durante toda la Segunda Guerra Mundial como un balneario cedido por Hitler al pueblo judío

Archivo ABC | El campo de concentración de Terezin fue visto durante toda la Segunda Guerra Mundial como un balneario cedido por Hitler al pueblo judío

Decía Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Tercer Reich, que una mentira dicha mil veces termina convirtiéndose en realidad. Lo cierto es que no andaba desencaminado el experto en comunicación del partido nazi, pues hubo multitud de ocasiones en la que su líder, Adolf Hitler, demostró esta máxima. Una de ellas fue en la prisión de Theresienstadt, un campo de concentración checoslovaco que los germanos mostraron al mundo como un paraíso en la Tierra regalado a los judíos por el mismísimo «Führer».

Una valiente falsedad, pues en él se cometían las mismas barbaridades que en el resto. No obstante, todo formaba parte de un curioso plan cuyo objetivo era demostrar al mundo que en las cárceles alemanas no obligaban a los presos a trabajar hasta la extenuación y no se llevaba a cabo la denominada «Solución final» (el asesinato de millones de judíos y personas con alguna disminución mental). Desgraciadamente, la campaña propagandística les funcionó a la perfección y, durante toda la Segunda Guerra Mundial, el campo fue considerado un balneario ideado por los germanos para proteger a los judíos de la contienda.

A día de hoy, la campaña orquestada por los nazis para mostrar este lugar como idílico puede parecer irrealizable. Sin embargo, por entonces no había Smartphones con los que fotografiar lo que verdaderamente sucedía y, en pocos minutos, mostrar la realidad al mundo. Así pues, el plan fue un rotundo éxito. No era para menos, pues los jerarcas nazis realizaron todo tipo de maniobras de comunicación para lograrlo. Entre ellas destacaron la filmación de un documental que, presuntamente, demostraba lo buena que era la vida en aquel gueto o, incluso, la divulgación constante de que la ciudad estaba regida por judíos.

Con todo, la guinda de este curioso pastel fue puesta en 1944, año en que los alemanes permitieron a la Cruz Roja Internacional entrar en el recinto para elaborar un informe sobre la vida de los presos. Aquello derivó en una increíble farsa en la cual los germanos obligaron a los reos a mostrar a la delegación lo felices que estaban por encontrarse allí. Por su parte, los seguidores de la esvástica fabricaron escuelas y cafés falsos en el gueto para que pareciese que todos los internos tenían una vida relajada y sin preocupaciones gracias a Alemania. De forma increíble, los representantes de la organización salieron convencidos de que los rumores sobre cámaras de gas eran falsos y los germanos solo querían proteger a los judíos.

La fortaleza hecha gueto

Para encontrar el origen del campo de concentración de Theresienstadt es necesario remontarse en el tiempo hasta el siglo XVIII, época en la que el emperador José II (de quien se dice que odiaba la higiene e instauró un alto impuesto a todos los productos relacionados con ella) dominaba el Sacro Imperio.

Fue el 22 de septiembre de 1784 cuando este austríaco ordenó edificar en la futura ciudad de Terezín una fortaleza de poco más de un kilómetro cuadrado que, curiosamente, tendría una forma similar a la de la estrella de David. A este coloso -el cual estaba formado por dos fuertes rodeadas, a su vez, por altas murallas, varios terraplenes y un foso- le puso el nombre de Theresienstadt en honor de su madre, María Theresa. Su situación era envidiable, pues se hallaba a poco más de 75 kilómetros de Praga y a 2 de la ciudad de Leitmeritz.

Esta plaza fuerte hizo las veces de base militar de los Habsburgo hasta la llegada de la Primera República de Checoslovaquia durante 20 años, hasta 1938. Sin embargo, después de que Hitler se asentase en la poltrona alemana y se anexionase en nombre de la esvástica los Sudetes en 1938, en la fortaleza pasó a ondear la bandera germana.

Reinhard Heydrich, artífice de la apertura del campo de Terezin Wikimedia

Reinhard Heydrich, artífice de la apertura del campo de Terezin | Wikimedia

Ese año, los nazis instalaron en ella una inexpugnable base de operaciones para las temibles SS (las tropas más ideologizadas del Reich y, en la práctica, una parte más de las fuerzas armadas del país). «Los alemanes usaron la ciudad como base militar hasta fines del verano de 1941. En 1941, la base albergó a aproximadamente 3.500 soldados y 3.700 civiles. Prácticamente todos los adultos civiles empleados trabajaban para los militares», explica el «EE.UU. Holocaust Museum» en su dossier «Theresienstadt».

En esas andaban los alemanes cuando Reinhard Heydrich (segundo de Himmler al mando de las SS) se le encendió la bombilla en el verano de 1941 y decidió idear un «gueto modelo» en esta fortaleza. La razón era sencilla: ya se habían realizado los primeros asesinatos con gas en el campo de exterminio de Auschwitz y los nazis temían que esa infame nueva se acabase conociendo. ¿Qué mejor, por lo tanto, que crear un campo de concentración idílico para mostrar las bondades del «Führer» al mundo y contrarrestar la realidad? Eso sí, todo de forma figurada, pues no pensaban dar ni una comodidad real a los presos.

«Heydrich había tenido la idea de construir un gueto para los judíos [de la zona] con la intención de aplacar la preocupación internacional, cada vez mayor, de que los alemanes estuvieran maltratando a los judíos. En septiembre, los alemanes habían matado a tiros a más de 36.000 judíos en Kiev. […] Aunque los alemanes mantenían estas actuaciones en secreto, era difícil controlar los rumores», explica la escritora e investigadora Wendy Holden en su obra «Nacidos en Mauthausen».

Así pues, los jerarcas nazis enviaron a 3.000 judíos (todos ellos, de entre 18 y 30 años) a la fortaleza para que la «acondicionaran» para la vida de sus nuevos ocupantes. Básicamente, sus órdenes eran construir miles de literas para los nuevos ocupantes. Estos primeros grupos fueron conocidos como los «Aufbaukommando» («grupos de construcción»). Así fue como la plaza fuerte pasó a convertirse en un campo de concentración.

Un balneario cedido por Hitler

De esta forma, entre falacias y mentiras, nació el gueto modelo de Theresienstadt, el cual se dio a conocer no como un recinto en el que se pretendía encarcelar a miles de personas, sino como una ciudad de vacaciones para los judíos más adinerados. «El nuevo gueto se vendía […] como un regalo del Führer destinado a los judíos que quisieran prepararse para la vida en Palestina», explica Holden.

«Los alemanes habían anunciado y propagado que Theresienstadt sería un campamento modelo. El “regalo de Hitler a los judíos”. No lo llamaron campo de concentración, sino que sería una especie de balneario para la gente mayor, donde podrían descansar», señala, en este caso, Eva Goldschmidt Wyman (superviviente del Holocausto) en su obra «Huyendo del infierno nazi: la inmigración judío-alemana hacia Chile en los años 30».

Lo cierto es que el entorno en el que se había edificado la fortaleza invitaba a creer esta falsedad, pues se hallaba ubicado cerca de las montañas de Bohemia y en un entorno de cuento de hadas. Para lograr que pareciese un lugar de vacaciones muy exclusivo, los nazis lo abrieron en un principio solo a aquellos judíos que cumplieran los siguientes requisitos: debían ser alemanes o austríacos, tener una buena cantidad de dinero en sus cuentas, ser mayores de 75 años, haber combatido en una guerra y contar con una posición social de importancia.

Literas del campo de concentración en la actualidad Wikipedia

Literas del campo de concentración en la actualidad | Wikipedia

La idea no fue mal recibida. Y es que, al ser vista como una zona exclusiva a la que solo podían acceder unos pocos afortunados, muchos «Prominenten» (como se llamó a estos «pioneros» que decidieron pasar a vivir en esta residencia) se prestaron voluntarios para vivir en él. A su vez, otros tantos no se negaron a acudir cuando los nazis les informaron de que debían partir hacia su «nuevo hogar».

Por otro lado, el gabinete de propaganda nazi también presentó Theresienstadt como una residencia de ancianos a la que se podía acudir a cambio de ceder todos sus bienes al estado nazi, quien les ofrecía a cambio una estancia envidiable en Terezín hasta el final de sus días. Tal era la fama que se le dio a este campo de concentración entre la población que, cuando aquellos desdichados judíos hacían el viaje hasta la fortaleza, se vestían con sus mejores galas y se arreglaban como si fuesen a un banquete nupcial. Cundo llegaban allí, sin embargo, les quitaban todo lo que portaban (que pasaba a engrosar las arcas del Reich) y empezaba su pesadilla.

La verdad sobre Theresienstadt

Hitler presentaba esta fortaleza como el balneario idóneo para pasar unas estupendas vacaciones, una residencia en la que los judíos podían olvidarse de persecuciones y del horror de la guerra. Sin embargo, la realidad era bien distinta. Y es que, aunque no fue un campo de exterminio (en él no se asesinaba a los reos mediante gas) en Theresienstadt los presos sufrían todo tipo de aberraciones y, por descontado, vivían en unas condiciones deplorables. Este recinto era, además, un lugar de paso en el que los reos estaban tan solo unos meses antes de hacer su último viaje hacia los centros de asesinato masivos ideados por el Führer.

La vida de los presos en Theresienstadt era una auténtica pesadilla. Su calvario comenzaba cuando el tren que les llevaba a la zona se detenía cerca de la fortaleza. «La estación quedaba a dos o tres kilómetros del campo de concentración y era preciso caminarlos en columnas de tres o cuatro filas, llevando cada uno sus maletas a cuestas, y a veces, también a sus hijos. Si no se apuraban, ahí estaban los de las SS para empujarlos con las culatas de sus fusiles gritando que caminaran más rápido. […] Muchos de los ancianos se desplomaban no habiendo probado bocado en dos días y estando terriblemente agotados por el viaje. […] En la procesión iban también niños que no cesaban de llorar, con hambre y agotados», completa Wyman.

Cuando los desafortunados llegaban a la fortaleza, la situación no mejoraba. En cuanto atravesaban la puerta (en la cual se podía leer «Arbeit macht frei» -el trabajo libera-) se les enviaba a todos a las duchas, donde debían desnudarse. Si alguien se negaba, se le azotaba en repetidas ocasiones hasta que decidía cooperar. Posteriormente, los reos se lavaban, aunque sin jabón ni esponja, tan solo con un agua ennegrecida que ensuciaba más que limpiaba. Una vez que acaban esta absurda «desparasitación», los nazis les entregaban alguna de las prendas que había en un gigantesco montón. Nunca miraban tallas, por lo que la ropa podía ser muy grande (en cuyo caso no había problemas) o sumamente pequeña (lo que, en pleno invierno, condenaba a su portador a una muerte segura).

Entrada al campo de concentración Wikimedia

Entrada al campo de concentración | Wikimedia

Una vez dentro debían alojarse en unas habitaciones en las que, a pesar de que únicamente cabían unas 5 o 6 personas, se amontonaban hasta 40. Sin camas suficientes, muchos debían dormir en el suelo, en la buhardilla (donde el calor era insoportable en verano y el frío horrible en invierno) o, simplemente, arremolinarse en los viejos jergones llenos de chinches que los alemanes llamaban camas.

La higiene era nula, pues solo había un cuarto de baño para cada 150 personas –con lo que el hedor de la habitación era insoportable- y, para llegar hasta él, había que caminar por encima de decenas de cuerpos hacinados. Por descontado, todos debían trabajar durante horarios interminables en el campo y no podían escribir a sus allegados (a los que lo hacían, se les ahorcaba sin mediar palabra). La razón era sencilla: había que mantener la fama que tenía Theresienstadt de campo modélico.

El hambre, junto con la suciedad y las enfermedades, era otra de las compañeras inseparables de estos presos. Y es que, recibían una dieta de entre 600 y 700 calorías diarias mientras que, para sobrevivir, se necesitan ingerir entre 1.750 y 2.500. «La gente tenía hambre todo el tiempo, a menos que trabajaran en la cocina o tuvieran amigos que se desempeñaran allí. Su dieta consistía en un café muy débil en las mañanas, una sopa aguada hecha de polvos con una papa cocida para el almuerzo, un tercio de pan, dos onzas de margarina a la semana y algo de mermelada o miel», explica en su obra la superviviente del Holocausto.

En esas precarias circunstancias tuvieron que vivir los reos durante meses. Y eso, los que tenían tanta suerte como para no ser deportados a un campo de exterminio. Poco a poco, el lugar se fue llenando de seres humanos, pues se levantaron las normas iniciales y se dio acceso a todos los judíos que quisiesen. Esto provocó que, en septiembre de 1942, el gueto alcanzase su máxima población al contar en su interior con más de 53.000 prisioneros.

Por aquel entonces el lugar estaba dominado por algunos miembros de las SS y un grueso de tropas formadas por policías checos. Las tareas cotidianas estaban a cargo de un consejo de reclusos. En principio, se ideó este organismo para dar todavía más sensación de «campo modélico». Sin embargo, el grupo tenía a su cargo tareas tan crueles como idear las listas de aquellos que se marcharían para ser asesinados.

Las críticas de la Cruz Roja

Mientras las epidemias se sucedían en el campo en 1943 debido a la falta de higiene, la suerte quiso que multitud de organizaciones como la Cruz Roja comenzaran a cuestionarse qué estaba sucediendo con los miles de judíos que desaparecían día tras día en los campos de concentración. Por entonces ya había cobrado importancia el rumor de que los germanos estaban masacrando a seres humanos en estos guetos, y muchos querían respuestas.

«Los líderes daneses, desde el rey Cristián hacia abajo, insistieron en que la Cruz Roja visitara a los deportados daneses para obtener información de primera mano sobre el trato que recibían en Theresienstadt. Los diplomáticos alemanes sintieron que la posición de su país en Dinamarca y Suecia iba a deteriorarse, al punto de perjudicar los intereses alemanes. La Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) querían paz y calma en Dinamarca, y en Suecia los alemanes esperaban seguir importando los armamentos necesarios para la guerra.», explica el «EE.UU. Memorial Museum».

Tras meses de rodeos y rodeos, la Oficina Principal de Seguridad del Reich (RSHA) aceptó que la Cruz Roja visitara uno de los campos para cerciorarse de que todo iba bien. Con todo, solo pusieron una condición: Alemania seleccionaría qué campo se visitaría y la fecha aproximada. Como no podía ser de otra forma, el gueto seleccionado fue el de Terezín, pues contaba con una fama impoluta. «Deseosos de acallar tanto alboroto, los alemanes consintieron que la Cruz Roja Internacional, acompañada por militares danseses, visitara Terezín», explica Holden en su obra.

La mayor pantomima jamás creada

Después de que los jerarcas nazis informaran al comandante del campo (Karl Rahm) de la visita de la Cruz Roja, este inició la denominada «labor de embellecimiento» del campo (conocida en alemán como «Verschönerungsaktion»). «Para empezar, deportaron al Este a unos cinco mil judíos en mayo de 1944, incluidos los huérfanos y la mayor parte de los enfermos, sobre todo, los que padecían tuberculosis. Los siguieron siete mil quinientos más. Los más demacrados y enclenques fueron escondidos en las peores viviendas, situadas en la zona de exclusión, para que nadie los viera», añade la anglosajona.

Posteriormente, la operación continuó con modificaciones sencillas como el cambio de denominación de las calles del gueto (las cuales pasaron a tener nombres tan pintorescos como «calle del Lago») y la limpieza general de los edificios. A su vez, se llevaron hasta el campo de concentración varios bancos de parques cercanos que se instalaron en las calles, así como flores, que fueron plantadas a su alrededor. Finalmente, los nazis pusieron en las puertas de algunos barracones falsos carteles en los que podía leerse «colegio» o «biblioteca».

Pero no fue lo único que hicieron. La cruel creatividad de los nazis llegó a ser tal que construyeron en el gueto un parque para los niños más pequeños, llevaron hasta la zona un tiovivo y levantaron edificios tan variopintos como un quiosco para músicos, un centro comunitario y varios campos en los que practicar deporte. Por último, establecieron una ruta cerrada para los delegados de la Cruz Roja y, en las calles por las que estos pasarían, pintaron los edificios con colores chillones y abrieron tiendas en las que los reos debían vender las pertenencias que los soldados les habían arrebatado al entrar.

«Los alemanes amenazaron de muerte a los prisioneros si no cooperaban y les asignaron un papel, les dijeron dónde situarse y cómo comportarse. Les ordenaron que se vistieran con la mejor ropa que tuvieran y se acicalaran. Además, orquestaron la entrega de verdura fresca y pan recién horneado», añade la investigadora. La visita se sucedió el 23 de junio de 1944, pocos días después del Desembarco de Normandía y cuando el régimen alemán empezaba a tambalearse. Que todo saliera a la perfección era de vital importancia para los hombres de Hitler. Y es que, si se descubría lo que pasaba realmente en aquellos lugares, el mundo cargaría sobre ellos con toda su fuerza.

La visita fue perfecta para los nazis, quienes todavía se guardaban una maniobra para convencer al mundo de que Terezín no era ningún campo de concentración, sino un lugar de retiro para los judíos.

«El Ministerio de Propaganda del Tercer Reich, dirigido por Joseph Goebbels, filmó la visita, que duró seis horas, y añadió imágenes de escenas amañadas con la intención de producir y enseñar al mundo una película titulada “El Führer regala a los judíos una ciudad”. Los fragmentos, editados con sumo cuidado y acompañados por música alegre […] ofrecían imágenes de mujeres y hombres sanos que trabajaban fuera del gueto, en herrerías, alfarerías y estudios artísticos. Aparecían fabricando bolsos, cosiendo, o realizando trabajos de carpintería y, cuando finalizaba su jornada, caminaban cogidos de la mano en dirección al gueto para disfrutar de actividades de ocio como leer o hacer punto», añade la escritora.

En esta película no faltó nada. Goebbels, haciendo alarde de todo su ingenio, ordenó que se grabara a los presos jugando al fútbol dentro del gueto, a niños comiendo pan recién hecho con chocolate (algo que no habían tomado en años), a parejas de enamorados haciéndose arrumacos en las calles e, incluso, a cientos de personas disfrutando de un concierto  (el «Requiem de Verdi», concretamente) con una taza de té en la mano y vestidos de punta en blanco.

Una de las partes más curiosas de este documental fue en la que se obligó a los presos a sentarse en un supuesto restaurante para que la cámara tomase imágenes de ellos bebiendo café. Desde fuera todo parecía alegría, aunque había detalles que llamaban la atención para un ávido observador. El ver hombres y mujeres demasiado delgados bajo trajes de etiqueta o niños devorando ansiosamente su merienda (llevaban meses sin comer) eran solo algunos de ellos.

Un éxito para los nazis

Aunque los presos esperaban que la comitiva (en la que se destacaba Maurice Rossel como representante de la Cruz Roja Internacional) se percatase de aquellos imperceptibles fallos de guión, no tuvieron esa suerte. Por el contrario, el informe de la comitiva, con una extensión de 15 páginas y entregado en julio, fue totalmente favorable al campo y a su forma de actuación.

Todo ello, a pesar de que el comandante alemán se negó a hablar durante la visita de la mortalidad de los judíos en el gueto. «No forma parte de la visita», se limitó a espetar, tal y como afirma la Universidad de Vanderbilt en su informe «The greatest show on Earth: A study of the Red Cross front row seat at the stage of Theresienstadt». Lo mismo sucedió con la comitiva danesa, que habló del «paraíso judío en la Tierra» en su posterior informe sobre la ciudad.

Rossel se deshizo en elogios hacia aquel centro de reclusión, del que le sorprendió que se autoabasteciese sin necesidad del exterior. También habló positivamente de la comida que recibían los judíos, afirmando que no les faltaba de nada y podían disfrutar de manjares como queso, mantequilla y huevos. En su informé explicó a su vez que todos los presentes estaban bien vestidos, disfrutaban de buena salud y apenas trabajaban dos horas al día (por lo que podían dedicar el resto a descansar).

«En general, no deportarán a otro lugar a ninguna de las personas que han traído aquí, explicaba el representante de la Curz Roja. Por otro lado, también señaló que los alojamientos estaban «bastante bien» y eran «relativamente confortables». La conclusión fue tajante: «Nos sorprendió muchísimo descubrir que el gueto era una ciudad donde se desarrollaba prácticamente una vida normal. Esperábamos encontrar algo peor».

El anzuelo había sido mordido. Pero… ¿Qué sucedió con los reos tras la marcha de la comitiva? Tras vivir el que, según dijeron muchos supervivientes tras la contienda, fue el mejor día de sus vidas en Terezín, tuvieron que hacer frente a las consecuencias. «Después de la visita, los alemanes destruyeron, desmantelaron o se llevaron todo lo agradable y atractivo que habían dispuesto. Terezín y sus encarcelados volvieron a su anterior estado ruinoso e incluso redujeron las raciones durante dos días por la comida “adicional” y los lujos que les habían permitido», añade Holden.

Muchos de los niños y adultos que participaron en esta pantomima fueron deportados a Auschwitz en las jornadas siguientes (hasta un total de 5.000 personas) para evitar dejar rastros de lo sucedido.

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