El Transiberiano – La Línea Férrea más Larga del Mundo


El ferrocarril transiberiano es, con sus 9897 km, la línea férrea más larga del mundo. Su construcción comenzó en 1891 y fue vital para la extracción y el transporte de las materias primas procedentes de Siberia.

La idea de establecer una vía de comunicación entre Europa y Asia apareció en el siglo XVIII, cuando los filósofos mantenían una estrecha correspondencia con los príncipes ilustrados. De mente especialmente lúcida, Voltaire fue uno de los pensadores más interesados en lo que se llamó la conquista del este. Desde Ferney, donde vivía, escribió al conde de Chouvalov en 1761 para asegurarle que era posible trasladarse desde San Petersburgo y Moscú a Pekín, pasando por las inmensas llanuras rusas y franqueando un reducido número de montañas. Ya bajo el reinado de Pedro El Grande, emperador de Rusia de 1682 a 1725, se habían emprendido expediciones que tuvieron como resultado los primeros mapas y trazados de esta magna empresa. Un visionario francés del siglo XIX, el ingeniero Luic de Lobel, propuso llevar a cabo un gigantesco proyecto que consistía en unir París, Moscú y el Lago Baikal con el estrecho de Bering y América, para lo cual se construiría un tunel que uniese Siberia con Alaska. Por entonces el Imperio zarista no consideraba Siberia sino una sucesión de posesiones lejanas sólo aptas para deportados, aventureros y escasas tribus autóctonas. Por lo tanto sobraba con el viejo trakt o pista transiberiana, practicable por carromatos y trineos.

El siglo XIX marcó un punto decisivo en la expansión del Imperio ruso. Poco a poco Asia Central fue descubriendo al mundo ciudades como Samarkanda, Bukhara y Tachkhent, que hasta entonces habían pertenecido a la leyenda de las estepas. Desde 1806, Siberia se constituyó en un gobierno general dividido en dos zonas: Siberia Occidental y Oriental, a la que años más tarde se unió también la Siberia Central. En 1854, Nikolai Muraviev, gobernador de la Siberia oriental, condujo una expedición a la región del Amur y llevó valiosas informaciones al zar Nicolás I. Lejanos ecos llegados de la fiebre del oro en California llevaron al presentimiento de fabulosas riquezas en las inhóspitas tierras de Siberia. Y así fue, ya que se descubrieron importantes yacimientos carboníferos en el Altai y minas de metales preciosos en el Lena, lo que hizo necesaria la comunicación de esta zona del país con los puertos comerciales. Nadie como Julio Verne en su famosa novela Miguel Strogoff divulgó al mundo sus conocimientos sobre Siberia, una región con más de diez millones de kilómetros cuadrados. Los rigores del clima, con sus fríos extremos en invierno y los más de cuarenta grados en verano, le habían granjeado su reputación de inhóspita.

Las observaciones de la Sociedad Rusa de Geografía, fundada en 1845, concluyeron la necesidad de construir el ferrocarril necesariamente al sur del paralelo 60. Sólo el tren podía exportar e implantar en Siberia el nacionalismo ruso y convertirse en su símbolo. Además, en San Petersburgo nadie ignoraba el éxito comercial de las dos grandes compañías norteamericanas: la Unión Pacific y la Central Pacific. Si en tiempos de Nicolas I, el zar se contentaba con la creación de una línea de ferrocarril que uniera San Petersburgo con Moscú, bajo el reinado de Alejandro III el soberano no pudo conformarse con una red al oeste de los Urales y con un proyecto de red al este. Rusia necesitaba una salida al Pacífico y Vladivoskok, fundada en 1860 como puerto militar y más tarde convertida en el mayor puerto internacional ruso, se perfilaba como la mejor opción como cabecera de la línea de ferrocarril que se convertiría en la más grande del mundo.

La idea de construir una vía férrea en Siberia proviene del conde de Muraviev-Amourski, gobernador general de la Siberia oriental desde 1841 a 1861. Fue él quien conquisto los territorios del Amur y el que llevo a cabo el Tratado de Aigun en 1858, por el que China reconocía el derecho de Rusia sobre la región del Amur. En el curso de la expediciones para la conquista de este territorio, el conde se dio cuenta de las dificultades con que las embarcaciones comerciales se encontraban en la boca del delta. Es así como surgió la ida de crear una nueva vía comercial que, evitando el estuario, uniera directamente esta región con el mar del Japón. En 1857 pidió al capitán Romanov, del Estado Mayor ruso, que estudiara y determinara el trazado de una carretera susceptible de ser transformada en vía férrea. Romanov estudió el proyecto y estableció un plan para explotar la línea, que fue concedida a una sociedad privada que disponía del capital suficiente para su construcción. Pero la región del Amur estaba muy lejos de San Petersburgo, y la administración central no comprendió el interés de construir una vía férrea tan lejana y rechazó el proyecto.

A partir de este momento, surgieron numerosos proyectos para la instalación de una línea transiberiana, ninguno de los cuales tuvo conclusión durante más de treinta años. Muchos de ellos fueron tildados de fantasiosos, otros revelaron un profundo desconocimiento de las estepas siberianas y de sus características climatológicas, y en otros se enfrentaron los intereses económicos y los estratégicos. Los proyectos más serios fueron presentados por los rusos. Sofronov propuso una ruta que asegurase la venta de productos industriales y la compra de materias primas en todos los países de Asia. Su línea debía unir Saratov al Amur pasando por Minoussinsk. Pero los responsables piensan que la mejor es la vía histórica que atraviesa Siberia desde Nijni-Novgorod a Kiakhka, vía Kazan.

El ingeniero Rachett propuso un proyecto distinto, una vía de comunicación entre las industrias de esta región y los sistemas fluviales de Kama y Tobol. Por lo tanto, la vía entre Perm, el centro más importante de Kama, y Tiumen, situado en un afluente del Tobol, atravesaría los Urales y pondría en comunicación los grandes centros mineros del hierro. Su propuesta tampoco fue aceptada. Otro proyecto interesante fue el del coronel Bogdanovitch, que tras estudiar las necesidades de la zona hizo saber a su ministro que la mejor forma de acabar con el hambre en Siberia era construir una línea de ferrocarril que partiera de la Rusia central hasta Ekaterinburgo y Tiumen. El coronel subrayó que la prolongación de la línea hacia la frontera China la dotaría de una gran importancia estratégica. Este proyecto fue llamado “Sur” por oposición al “Norte” de Rachett. Se subrayó la revalorización de las tierras de la corona gracias a la explotación de los recursos mineros.

Los sabios de la Sociedad Geográfica discutieron los proyectos y la prensa intentó influir en ambos sentidos. Los empresarios siberianos escribieron una carta al emperador pidiéndole que el ferrocarril les uniera a la metrópoli. En 1868 llegaron a Moscú delegaciones de las regiones interesadas, a fin de defender la línea “Norte” o la “ Sur”.

El proyecto de China de construir un ferrocarril por el sur de Manchuria, obligó al emperador Alejandro III a acelerar la construcción de la línea férrea dejando a un lado la iniciativa privada para coordinar mejor los esfuerzos. El zar quiso marcar solemnemente la importancia de la construcción del Transiberiano y en marzo de 1891 presentó al Consejo de Ministros un proyecto del que se encargaría su hijo, el zarevitch Nicolás, sometiéndolo luego a la aprobación del Senado. El 31 de mayo de 1891 el príncipe heredero presidió en Vladivostok la ceremonia inaugural de los trabajos del ferrocarril. Así quedó resuelto, después de más de un tercio de siglo de difíciles negociaciones entre el Gobierno y la sociedad rusa, el problema de la construcción del Transiberiano. Por primera vez la Rusia zarista estaría unida a China por tierra.

El trayecto definitivo que se estableció fue Moscú – Samara – Ufa – Cheliabinsk – Omsk – Novosibirsk – Irkutsk – Chita – Vladivostok. La línea estaría dividida en seis secciones: Transiberiano occidental, Transiberiano central, línea Circabaikaliana, línea Transbaiká lica, línea del Amur y línea del Usuri. La Guerra Ruso-japonesa de 1904 descubrió la vulnerabilidad de la ruta que atravesaba Manchuria y se construyó un camino alternativo que bordeando esta región con el Amur llegase a su destino final: la salida al Océano Pacífico por Vladivostok. Este nueva línea comenzó a construirse en 1908 y se pudo poner en funcionamiento a partir de 1914. Tras veinticinco años de trabajos la línea logró ponerse en funcionamiento en 1916. Durante la Segunda Guerra Mundial, en la que Rusia perdió dos millones de personas, el Transiberiano desempeñó un papel crucial para los soviéticos. Ante el avance de las tropas alemanas, les sirvió para trasladar las fábricas desmanteladas hasta más allá de los Urales. La electrificación de la línea se realizó entre 1950 y 1970.

Durante al proceso de tendido de la línea, la débil densidad de población de las regiones que debían ser atravesadas por el ferrocarril y la escasez de la mano de obra obligaron al Comité Transiberiano a pedir al Ministro del Interior que considerara la utilización de los presidiarios que se encontraban en la región del Amur para ayudar en las tareas de construcción. Se elaboró así un reglamento por el cual los presidiarios cobrarían un salario mínimo y se les conmutaría parte de la pena. En 1895 se extendió el reglamento para el resto de las provincias que debía atravesar la línea. Es muy abundante la literatura que describe esta etapa de la historia de Rusia, en la que los presos se vieron obligados a trabajar interminables jornadas en las duras estepas siberianas. De entre todos ellos quizá el Premio Nobel, Alexander Solzhenitsin, sea el que nos ha dejado un testimonio más crudo en su novela “Un día en la vida de Ivan Denisovitch”. Por lo que se refiere al personal técnico, ingenieros, peritos, especialistas, y al suministro de material, el Comité tomó la dirección de las instrucciones dadas por su presidente de que todo fuera realizado con mano de obra y materiales rusos.

El Transiberiano fue un tren mítico. Los personajes que desfilaron en los primeros años de siglo, en los que todavía existía la Rusia zarista, contribuyeron a darle ese toque de glamour de los trenes transcontinentales. La nobleza prerrevolucionaria vivía con agrado los más de siete días de viaje, mientras, charlaban en los vagones-gabinete decorados al estilo rococó, dilapidaban sus fortunas en el vagón-casino o los caballeros tenían sus momentos de esparcimiento en el vagón zíngaro, en el que desnudas bailarinas hacían las delicias de los viajeros. El transiberiano dispuso de todos los lujos, incluso un coche-sauna y un coche-iglesia donde un pope iba diciendo misas mientras el famoso tren atravesaba la vasta extensión rusa.

Hoy en día sólo dos de los trenes que salen diariamente de Moscú llegan a Vladivostok. Los demás finalizan su trayecto en Jabarovsk, aunque en ambas opciones es indispensable la parada de Irkutsk, el destino de Miguel Strogoff. A pesar de que el Transiberiano posee el nombre más mítico, el Transmogoliano actual, que culmina el recorrido en Pekín, duplica los atractivos del viaje.

Anuncios

El Calentamiento Global y sus Efectos sobre los Inviernos en Europa


El durísimo invierno que asola Europa Central es el resultado de las alteraciones de los procesos meteorológicos sobre el Atlántico, provocadas por la reducción de la superficie del hielo ártico, según reveló una investigación publicada por la revista Tellus A.

Mapa de los Países del Continente Europeo


El Continente Europeo está situado entre los 35°59′ y los 71°10′ de latitud norte y los 9°26′ de longitud oeste y 40°14′ de longitud este; limita al norte con el océano Glacial Artico, el mar Báltico y el mar del Norte; al este con Asia, de la que le separan los montes Urales, el mar Caspio y el mar Negro (el estrecho del Bósforo, en Turquía, es considerado como la frontera meridional entre Europa y Asia); al sur con el mar Negro y el mar Mediterráneo (el estrecho de Gibraltar, con 14 km, es el punto de mayor aproximación entre Europa y Africa), y al oeste con el océano Atlántico.

Si nos atenemos a criterios estrictamente geográficos, no cabría considerar como incluidas en el continente europeo a las islas Canarias (España) y la de Chipre; las primeras se encuentran frente a las costas africanas de Mauritania, y la segunda se ubica en el Mediterráneo oriental, cerca de las costas asiáticas de Turquía y Siria. No obstante, su historia, cultura y población son europeas (las Canarias pertenecen a España; Chipre es un Estado independiente, aunque los chipriotas son en su mayoría griegos, si bien en el norte de la isla hay una importante comunidad turca.

Un resumen de los datos más significativos del continente:

Superficie total: 10.530.750 km² (5º más extenso).
Porcentaje de la superficie terrestre: 7%.
Extremo septentrional: Tierra de Francisco José (Rusia; 80º 30′ N).
Extremo meridional: isla Gávdhos -Creta- (Grecia; 34º 32′ N).
Extremo oriental: costa del mar de Kara (Rusia; 68º 5′ E).
Extremo occidental: cabo Staalbjerg-Huk (Islandia; 24º 32′ O).
Distancia norte-sur: 4.200 km.
Distancia este-oeste: 5.600 km.
Altitud media: 340 m.
Longitud de costas: 38.000 km.

Islas y archipiélagos adyacentes: Svalbard, Tierra de Francisco José, Nueva Zembla (océano Glacial Ártico); Creta, archipiélago de las Espóradas, archipiélago de las Cicladas, islas Jónicas, Sicilia, Malta, Cerdeña, Córcega, islas Baleares (mar Mediterráneo); Hiiumaa, Saaremaa, Gotland, Öland, Bornholm, Selandia, Fionia, Lolland, Falster (mar Báltico), Islandia, islas Feroe, islas Shetland, islas Hébridas, islas Orcadas, Gran Bretaña, Irlanda, isla de Man, islas Frisias, islas del Canal, islas Azores (océano Atlántico).

Principales sistemas montañosos: montes Urales, cordillera del Cáucaso, montes Metálicos, Selva de Bohemia, montes Sudetes, Selva Negra, macizo del Harz, macizo del Jura, Macizo Central, cordillera de los Alpes, cordillera de los Pirineos, cordillera Cantábrica, sistema Ibérico, cordillera Central, cordilleras Béticas, cordillera de los Apeninos, Alpes Dináricos, cordillera de los Cárpatos, cordillera de los Balcanes, cordillera del Pindo.

Principales ríos: Volga (3.700 km), Danubio (2.850 km), Don (1.967 km), Dnieper (1.950 km), Pechora (1.809 km), Dniester (1.411 km), Rin (1.298 km), Dvina Septentrional (1.255 km), Elba (1.165 km), Vístula (1.047 km), Tajo (1.120 km), Dvina Occidental (1.020 km), Loira (1.010 km), Neman (937 km), Ebro (928 km), Duero (913 km), Oder (848 km), Sena (780 km), Guadiana (744 km), Po (652 km), Garona (575 km), Guadalquivir (560 km). Principales lagos: Ladoga (18.400 km2), Onega (9.600 km2), Vänern (5.582 km2), Peipus (3.550 km2), Vättern (1.119 km2), Oulu (900 km2), Leman (583 km), Constanza (540 km2), Como (150 km).

Monte más alto: Elbrus (5.642 m).

Estados independientes: 45 (Albania, Alemania, Andorra, Austria, Bélgica, Bielorrusia, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malta, Moldavia, Mónaco, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Rusia, San Marino, Serbia y Montenegro, Suecia, Suiza, Turquía, Ucrania, Vaticano).

Dependencias: 2 (Islas Feroe -Dinamarca-, Gibraltar -Reino Unido-).

Regiones geopolíticas: Europa Germánica, Benelux, Europa del Norte, Islas Británicas, Europa Latina, Mediterráneo Oriental, Balcanes, Europa Central, Países Bálticos, Europa Oriental.

Ciudades principales: París (Francia; 10.000.000 habitantes), Moscú (Rusia; 9.000.000), Londres (Reino Unido; 7.000.000), Estambul (Turquía; 6.000.000), San Petersburgo (Rusia; 5.000.000), Atenas (Grecia; 3.000.000), Madrid (España; 3.000.000).

Población: 729.370.000 habitantes (1996) (incluidos los de Rusia, Turquía y Chipre, países cuyo territorio pertenece a Asia en parte o en su totalidad, pero cuyos habitantes son en su mayoría europeos).

Religiones: católicos (Europa Latina, Irlanda, Bélgica, Polonia y sur de Alemania), protestantes (Europa Central, Europa del Norte, Gran Bretaña), ortodoxos (Europa Oriental, Balcanes), musulmanes (Albania, Turquía, Bosnia) y minorías judías en varios países.

Organizaciones políticas y económicas: Unión Europea, Consejo de Europa, UEO (Unión Europea Occidental), AELC (Acuerdo Europeo de Libre Cambio), EEE (Espacio Económico Europeo), Consejo del Mar Báltico, Grupo de Visegrad, Cooperación Económica del Mar Negro, CEI (Comunidad de Estados Independientes).

País más extenso: Rusia (4.552.000 km2) (sin incluir la parte asiática).
País menos extenso: Vaticano (1 km2).
País más poblado: Rusia (237.500.000 habitantes).
País menos poblado: Vaticano (1.000 habitantes).
Ciudad más poblada: París (Francia; 10.000.000 habitantes).
Ciudad más antigua: Atenas (Grecia; f. ant. s. XIII a.C.).

¿Cuáles son los Continentes?


Un continente es una gran superficie de tierra rodeada por océanos y constituida, esencialmente, por corteza continental.

Tradicionalmente se ha considerado que las tierras emergidas están divididas en seis continentes: África (30.330.000 km2), América (42.032.000 km2), Asia (44.178.785 km2), Europa (10.525.000 km2), Oceanía (8.945.724 km2) y la Antártida (13.000.000 km2). Sin embargo, y desde hace tiempo, se tiende a separar América del Norte de América del Sur por lo que en total aparecen siete continentes. A ellos se asimilan las islas de las plataformas continentales, con las que, en conjunto, suman apenas un tercio de la extensión total del planeta (29,2%). Eso supone algo menos de 150.000.000 km2, frente a los 365.000.000 km2 de superficie oceánica. Los geógrafos, atendiendo a criterios políticos, han clasificado las seis masas continentales en cuatro grupos: África y Eurasia (nombre que recibe el conjunto continental formado por Asia y Europa, que de hecho no están separadas por ningún accidente geográfico notable) constituirían el antiguo Continente, en el que surgieron las principales civilizaciones, mientras que América se correspondería con el nuevo Continente y Oceanía con el novísimo Continente. La Antártida, por su parte, es denominada Continente reciente.

 

 

El límite entre Asia y Europa coincide con una línea imaginaria que discurre a lo largo de los montes Urales y el río homónimo, mientras que la división entre Asia y África viene marcada por el istmo de Suez. América, por su parte, comprende dos subcontinentes: América del Norte y América del Sur, unidos entre sí por el istmo de Panamá. La localización de los continentes está caracterizada por su concentración en el hemisferio boreal, al que pertenece la totalidad del territorio de Europa y Asia, y la mayor parte de América y África, quedando sólo Oceanía y la Antártida circunscritos al meridional.

 

 

En lo concerniente al relieve, puede afirmarse que las masas continentales presentan un perfil básicamente llano, ya que sus montañas y depresiones son irregularidades de escasa significación en comparación con el radio terrestre. La altitud media sobre el nivel del mar de las tierras emergidas es de 700 m, frente a los 3.800 m de profundidad media de los océanos. Este dato apoya la teoría formulada por el geofísico alemán Alfred Wegener acerca del origen y configuración de los continentes, que explica su actual morfología partiendo de la división de la corteza terrestre en varios bloques continentales, que se habrían escindido hace 200 millones de un continente primigenio (llamado Pangea por Wegener) y que estarían en continuo movimiento sobre el manto. Esta teoría, comúnmente aceptada en nuestros días y confirmada por los modernos estudios científicos, es conocida como Deriva Continental, y su análisis forma parte de la rama de la geología, conocida como Tectónica de Placas.

La NASA descubre siete grandes géiseres de agua en la luna Europa de Júpiter


ABC.es

  • Forma parte de ese pequeño grupo de lunas del Sistema Solar en las que podría haberse desarrollado la vida

13940477754024

Desde que la NASA anunció hace unos días que se disponía a hacer un «sorprendente anuncio» sobre Europa, una de las lunas más esperanzadoras de Júpiter, la expectación no ha dejado de crecer. Europa, en efecto, forma parte de ese pequeño grupo de lunas del Sistema Solar en las que podría haberse desarrollado la vida. La corteza de Europa consiste en una gruesa capa de hielo de agua, bajo la que se cree que existe un gran océano subterráneo.

[Así han contado en ABC.es en directo el anuncio de la NASA]

La rueda de prensa se llevó a cabo para explicar los últimos hallazgos, obtenidos a partir de una serie de imágenes del Telescopio Espacial Hubble. Aunque para empezar, los investigadores, saliendo al paso de los rumores que han asaltado estos días internet, han explicado que el anuncio no tiene nada que ver con la detección de vida en Europa, aunque sí con sus océanos subterráneos. «Antes de poder enviar una misión a Europa -explicaron los científicos- pasará mucho tiempo. Por eso, para verlo ahora hemos recurrido al Hubble».

Nuevos géiseres de agua han sido descubiertos en Europa, nuevas evidencias de que bajo sus hielos se esconde un enorme océano global, similar al descubierto en Encélado, un satélite de Saturno que también está cubierto por una gruesa capa de hielo. El hallazgo fue hecho en el hemisferio sur del satélite joviano, y para descubrir los géiseres, que alcanzan hasta 200 km. de altura, hubo que llevar las capacidades de detección del Hubble hasta el límite. Las nuevas imágenes sugieren que los géiseres se producen durante su órbita alrededor del gigantesco Júpiter, al que, como nuestra Luna, está “anclado” gravitatoriamente, lo cual significa que siempre ofrece la misma cara al planeta. Siete géiseres han sido descubiertos en total.

La observación incrementa, según los investigadores, las posibilidades de que la NASA se decida a enviar pronto una misión específica para estudiar de cerca la enigmática luna joviana.

«El océano subterráneo de Europa está considerado como uno de los lugares más prometedores del Sistema Solar para albergar vida -afirmó Geoff Yolder, administrador asociado de la NASA-. Estos géiseres, si realmente están ahí, pueden proporcionarnos otra forma de obtener muestras del subsuelo de Europa».

Con sus cerca de 200 km. de altura, los chorros, presumiblemente, vuelven a depositar su contenido sobre la superficie del satélite en forma de lluvia. Se estima que el océano global subterráneo de Europa contiene más del doble de agua que la suma de todos los océanos terrestres. Pero toda esa agua está oculta y protegida por una capa de hielo extremadamente frío y duro y cuyo grosor se desconoce, aunque algunas investigaciones apuntan a que podría llegar a tener hasta 100 km. Por eso, los géiseres constituyen una posibilidad tentadora para obtener muestras del océano subterráneo sin necesidad de perforar la superficie.

El equipo de científicos, capitaneado por William Sparks, del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial (STScl) observó los géiseres «como largos dedos que se proyectaban al espacio» mientras la Luna pasaba frente al planeta gigante.

El propósito original de los investigadores era determinar las características de la atmósfera de Europa. Utilizando los mismos métodos que permiten detectar atmósferas alrededor de planetas alrededor de otras estrellas, el equipo se dio cuenta de que había vapor de agua procedente de la superficie.

«La atmósfera de un planeta extrasolar bloquea parte de la luz de la estrella que tiene detrás -explica Sparks-. Si existe una delgada atmósfera alrededor de Europa, ésta tendría el potencial de bloquear, del mismo modo, parte de la luz de Júpiter, y nosotros veríamos eso como una silueta».

En diez ocasiones diferentes a lo largo de 15 meses de trabajo, los investigadores observaron cómo Europa pasaba frente a Júpiter. Y pudieron ver los géiseres en plena actividad en tres de esas ocasiones. El trabajo constituye una nueva y sólida evidencia de la presencia de géiseres de agua en Europa. En 2012, otros científicos ya habían detectado evidencias de vapor de agua surgiendo de la superficie de la luna helada y alcanzando unos 160 km. de altura. Ahora, aunque utilizando un método diferente, los científicos de la NASA han reforzado esa conclusión. Sin embargo, para confirmar definitivamente el hallazgo se necesita más resolución de la que puede aportar el Hubble.

Si los resultados se confirman de forma definitiva, Europa se convertirá en la segunda luna del Sistema Solar con géiseres activos de vapor de agua. En 2005, en efecto, la sonda Cassini ya confirmó su existencia en la luna de Saturno Encélado.

En el futuro, los científicos podrán utilizar la visión infrarroja del nuevo telescopio espacial James Webb, que será lanzado e 2018, para confirmar esta «actividad de ventilación» en Europa. Al mismo tiempo, la NASA planea ya una misión específica para confirmar la existencia de los géiseres y estudiarlos más de cerca. Aunque eso llevará más tiempo.

«Las capacidades únicas del Hubble para observar estos chorros -afirmó Paul Hertz, director de la división de Astrofísica de la NASA en Washington-, demuestra una vez más la habilidad del telescopio espacial para llevar a cabo observaciones para las que no había sido programado. Esta observación abre todo un mundo de posibilidades, y ahora no tenemos más remedio que esperar a que futuras misiones, y el telescopio espacial James Webb, aporten nuevos datos a este excitante descubrimiento».

¿Matamos a los neandertales de un contagio?


ABC.es

  • Un nuevo estudio sugiere que los humanos modernos pudimos infectarles con enfermedades que trajimos de África, lo que contribuyó a su desaparición

 

neanderthals--644x362

La extinción de los neandertales de Europa hace unos 40.000 años es uno de los misterios más grandes de la evolución humana. Varias son las teorías que intentan explicar su desaparición de la faz de la Tierra, desde una inteligencia menor en competencia con el hombre moderno, a factores climáticos, una alianza del Homo sapiens con los lobos para la caza o incluso la práctica del canibalismo en tiempos de escasez. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de las universidades de Cambridge y Oxford Brookes sugiere que pudimos ser nosotros quienes acabamos con la otra especie humana inteligente… sin querer. El artículo, publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology, plantea la hipótesis de que los sapiens infectaron a los neandertales con enfermedades que llevaron consigo en su viaje fuera de África. Resulta que como ambas eran especies de homínidos, habría sido más fácil para los patógenos saltar entre poblaciones. Y para los neandertales habría resultado fatal.

Nuestros antepasados se cruzaron varias veces con los neandertales (el encuentro más antiguo que se conoce sucedió hace 100.000 años en Oriente Medio) y tuvieron descendencia, motivo por el que todos, menos los africanos, tenemos hasta un 4% de la marca neandertal en nuestro ADN. Algunos de los genes que intercambiaron en esos encuentros están asociados con enfermedades. Existen evidencias de que los seres humanos se beneficiaron de la recepción de componentes genéticos a través de los cruces, que los protegían de algunas de ellas, como la sepsis bacteriana -infección de la sangre por heridas- y la encefalitis provocada por garrapatas que habitan en los bosques de Siberia. De igual forma, también se conoce que otros homínidos pasaron virus a los humanos mientras todavía estaban en África. Por lo tanto, según los investigadores, tiene sentido suponer que los seres humanos podrían, a su vez, haber transmitido enfermedades a los neandertales. Y si nos apareamos con ellos, probablemente lo hicimos.

Charlotte Houldcroft, de la División de Antropología Biológica de Cambridge, apunta que muchas de las infecciones que podrían haber pasado de los seres humanos a los neandertales, como la tenia, la tuberculosis, las úlceras de estómago y algunos tipos de herpes, son males crónicos que habrían perjudicado la caza y la recolección entre los neandertales, haciéndolos más débiles y menos capaces, por tanto, de encontrar alimentos, lo que podría haber provocado la extinción de la especie.

«Los seres humanos que migraron fuera de África habrían sido un importante reservorio de enfermedades tropicales», dice Houldcroft. «Para la población neandertal de Eurasia, exponerse a esos nuevos patógenos pudo haber sido catastrófico». Los neandertales vivían en grupos pequeños, de entre 15 y 30 miembros, así que la enfermedad habría estallado esporádicamente, sin ser capaz de llegar muy lejos. Por este motivo, la investigadora no cree que los contagios se produjeran como tras la llegada de Colón a América, cuando se diezmaron las poblaciones nativas. «Es más probable que cada pequeño grupo de neandertales tuviera su propia infección desastrosa, lo que debilita el grupo y inclina la balanza en contra de la supervivencia», dice.

Úlceras y herpes

Las enfermedades infecciosas se expandieron con el amanecer de la agricultura hace unos 8.000 años, ya que las poblaciones humanas, cada vez más densas y sedentarias, coexistían con el ganado, creando el caldo de cultivo perfecto para que las enfermedades se propagasen. De hecho, los investigadores creen que muchas consideradas tradicionalmente zoonosis, transferidas por los animales a los seres humanos, como la tuberculosis, fueron en realidad transmitidas por los humanos al ganado en primer lugar.

Los investigadores describen la Helicobacter pylori, una bacteria que causa úlceras estomacales, como el principal candidato para una enfermedad que los seres humanos pudieron haber pasado a los neandertales. Se estima que los sapiens se infectaron en África por primera vez hace de 88.000 a 116.000 años. Otro candidato es el virus que causa el herpes genital, transmitido a los humanos en África hace 1,6 millones de años por otro homínido desconocido, que a su vez lo adquirió de los chimpancés. Esto muestra que las enfermedades podrán saltar entre las especies de homínidos. El virus del herpes se transmite por vía sexual y por medio de la saliva.

«Es probable que una combinación de factores provocara la desaparición de los neandertales -concluye Houldcroft- y las evidencias dicen que la propagación de enfermedades fue muy importante».

 

Una pequeña edad de hielo pudo cambiar la historia de la Antigüedad


El Pais

  • En los siglos VI y VII, la temperatura bajó hasta 4º, afectando a civilizaciones en Europa y Asia
El mural recoge el asedio de Constantinopla en 626 por persas y ávaros, expulsados de las estepas por el hambre y los turcos. Su derrota supuso el fin del imperio persa. Wikimedia Commons

El mural recoge el asedio de Constantinopla en 626 por persas y ávaros, expulsados de las estepas por el hambre y los turcos. Su derrota supuso el fin del imperio persa. Wikimedia Commons

La plaga de Justiniano, la invasión de Europa por varios pueblos de las estepas, la caída del segundo imperio persa, la entrada de los turcos en Anatolia, la unión de los tres reinos de China, el inicio de la expansión árabe… Todos son eventos que tuvieron lugar entre el año 540 y el 660 de la Era Común. Ahora, un estudio de los árboles muestra que durante ese siglo y poco se produjo una edad de hielo donde la temperatura bajó hasta 4º en verano y aquel frío pudo ser el marco de tanta historia.

En los últimos 2.000 años se han producido varias anomalías climáticas. Por el lado del frío, la más significativa es la denominada Pequeña Edad de Hielo (PEH), que se inició en el siglo XV y acabó a mediados del XIX. Antes, el clima fue especialmente cálido desde la época del Imperio Romano hasta la llegada del Renacimiento. Sin embargo, en esos 1.500 años de clima benigno, hubo un hiato que, aunque más corto en extensión que la PEH,  experimentó temperaturas aún más bajas. Los que lo han descubierto lo han llamado LALIA, siglas en inglés de Pequeña Edad de Hielo de la Antigüedad Tardía.

“Fue el enfriamiento más drástico en el hemisferio norte en los últimos dos milenios”, dice en una nota el investigador del Instituto Federal Suizo de Investigación, Ulf Büntgen, coautor de una investigación sobre la temperatura en estos 20 siglos. Büntgen es dendroclimatólogo y usa los patrones de crecimiento de los anillos de los árboles para inferir la temperatura. En 2011 ya publicó en la revista Science una investigación del clima del pasado basada en lo que pudo leer en los árboles de los Alpes austríacos. Ahora completa aquel trabajo con la información que le ha arrancado a 660 alerces siberianos (Larix sibirica), el árbol más abundante en el macizo de Altái, en Asia central.

La estimación de la temperatura se apoya en el estudio de los anillos de árboles de los Alpes y el macizo Altái

Entre ambas fuentes de datos hay unos 7.600 kilómetros pero también una sincronía que enseguida llamó la atención de Büntgen y sus colegas. Los L. sibirica solo crecen en verano y en su ritmo de crecimiento, los dendroclimatólogos pueden estimar la temperatura estival. Para validar sus estimaciones del pasado, los científicos han usado la evolución de los anillos en el presente, cuando ya había buenos registros de la temperatura.

Con los datos de Altái y los anteriores de los Alpes, los científicos han podido determinar la evolución de las temperaturas del verano en estos 2.000 años dentro de un proyecto aún mayor, que hace unos días mostró cómo las últimas décadas han sido las más calurosas desde tiempos de los romanos.

El actual trabajo, publicado en la revista Nature Geoscience, se detiene más en el frío que en el calor. En los árboles de Altái, los climatólogos encontraron que los veranos más fríos fueron los de 172 y 1821, con temperaturas 4,6º inferiores a la media del final del siglo XX. Ambas fechas coinciden con erupciones volcánicas de gran intensidad.

Pero lo que enseguida llama la atención del gráfico elaborado por los autores del estudio es el pronunciado y sostenido descenso de las temperaturas a partir de 536. Así, la década entre 540 y 550 fue la más fría en Altái y la segunda más fría en los Alpes. Además, desde esa fecha y hasta alrededor de 1660, se dieron 13 de las 20 décadas más frías de todo el periodo estudiado.

Gráfico con la evolución de la temperatura durante LALIA en los Alpes (azul) y Altái. Abajo, correlación de eventos históricos. Past Global Changes International Project Office

Gráfico con la evolución de la temperatura durante LALIA en los Alpes (azul) y Altái. Abajo, correlación de eventos históricos. Past Global Changes International Project Office

El origen de LALIA no está escrito en los árboles, pero sí en el hielo. Un estudio publicado en Nature el año pasado determinó las erupciones volcánicas de los últimos 2.500 millones de años las erupciones volcánicas midiendo la ceniza volcánica atrapada en cilindros de hielo extraídos en los dos polos. Una de las más intensas se produjo en 536. Le siguió otra cuatro años mas tarde, en lo que hoy es El Salvador. Y aún hubo una tercera, cuya ubicación se desconoce, en 447. Las dos primeras crearon, según los registros en el hielo, verdaderos inviernos volcánicos, con una capacidad de reflejar la radiación solar aún mayor que la de la erupción del Tambora en 1815.

La sucesión de erupciones volcánicas, según los autores, se vio reforzada con las corrientes oceánicas, la expansión del hielo y la coincidencia en el siglo VI de un mínimo solar. La consecuencia fue el descenso sostenido de las temperaturas. De hecho, esas décadas registraron un gran retroceso de las tierras dedicadas a la agricultura y el pastoreo.

La erupción sucesiva de tres volcanes provocó la pequeña edad de hielo

En la segunda parte del estudio, Büntgen se rodea de historiadores lingüistas y naturalistas para relacionar LALIA con la historia de los humanos. Es muy sugerente comprobar como al poco de la primera erupción, estalla una de las mayores epidemias de peste, la plaga de Justiniano en lo que entonces era el Imperio Romano de Oriente. En Asia central, donde los pastos dependen de ligeras variaciones de temperatura, se sucedieron grandes movimientos de poblaciones turcas y rouran que desestabilizaron toda Eurasia. Al este, acabaron con la dinastía Wei e, indirectamente, ayudaron a la unificación de China. En el oeste, llegaron hasta Constantinopla, empujando a los pueblos que se encontraban cada vez más al oeste.

Durante LALIA también entró en declive el imperio persa de los sasánidas. En la península arábiga, las temperaturas más suaves pudieron aumentar el régimen de lluvias y, con ellas, la disponibilidad de pastos para alimentar los camellos sobre los que se expandieron los árabes a partir de la Hégira de Mahoma.

“Con tantas variables, debemos ser cautos con la causa ambiental y el efecto político, pero fascina ver cuánto se alinea el cambio climático con las grandes convulsiones que se sucedieron a lo largo de diferentes regiones”, comenta Büntgen. También deja claro que la historia no se puede escribir sin tener en cuenta fenómenos climáticos como LALIA.

 

La peste, la plaga más mortífera, nació con las migraciones y las guerras


ABC.es

  • El análisis de genes de restos óseos ha permitido averiguar que la bacteria de la peste infectaba a humanos hace 5.000 años, cuando comenzaba la Edad del Bronce

 

Paul Fürst/Natalia Shishlina A la izquierda, un «médico de la peste», en la Edad Media, a la derecha, un poblador europeo de la Edad del Bronce

Paul Fürst/Natalia Shishlina
A la izquierda, un «médico de la peste», en la Edad Media, a la derecha, un poblador europeo de la Edad del Bronce

 

«Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra». Así se refiere el Apocalipsis al cuarto jinete, que monta un caballo cadavérico. Se le suele conocer como Muerte, pero en muchos libros también lleva el nombre de «Peste».

Y con razón. La peste es una de las plagas que más huella ha dejado en la historia del ser humano. Algunos estudiosos relacionan la caída del Imperio Romano con la dispersión de esta enfermedad. Durante siglos la peste fue una catástrofe capaz de dejar ciudades completamente devastadas, en las que a veces no quedaron vivos suficientes como para enterrar a los muertos. En el Siglo XIV, la Muerte Negra acabó con el 60% de la población europea, según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Ya a principios del siglo XIX, la sacudida de la peste dejó 10 millones de muertos.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha analizado el genoma de personas que vivieron hasta hace 5.700 años y ha descubierto que la peste era una enfermedad habitual entre los humanos hace unos 5.000 años, lo que supone que es casi dos veces más antigua de lo que antes se pensaba. El hallazgo, obtenido después de analizar los genes encontrados en dientes de 101 personas que vivieron en la Edad del Bronce entre Siberia y Polonia, ha sido publicado este jueves en la revista «Cell», y refuerza la idea de que la peste fue un determinante crucial en la historia.

«Hemos descubiertos que Yersinia pestis (la bacteria que causa la peste) aparició mucho antes de lo que se pensaba, y hemos estrechado la ventana temporal de cómo evolucionó», ha explicado Eske Willerslev, investigador de la Universidad de Cambridge y el autor principal del estudio.

Espadas y bacterias

Hasta ahora, el primer registro histórico de esta devastadora enfermedad se remontaba a la plaga de Justiniano (en el 541 D.C.), que dejó 25 millones de muertos entre los siglos VI y VIII. Pero ahora, gracias al análisis de los genomas, la historia puede reescribirse. Según han averiguado los investigadores, la peste emergió al comienzo de la Edad del Bronce y podría ser la responsable de las grandes caídas de población que ocurrieron 4.000 y 3.000 años antes de Cristo.

«La Edad del Bronce fue un período muy importante en la producción de armas de metal. Se cree que esto favoreció las guerras, lo que es compatible con que en ese momento se produjeran grandes momentos de población», ha dicho Marta Mirazón-Lahr, una investigadora de la Universidad Willerslev de Copenhague que ha participado en el estudio. Según ella, este período de migración tan activa podría haber propiciado la dispersión de las primeras variedades de la peste.

Los científicos han encontrado pruebas de que en aquel momento, un simple cazador infectado con la peste podía contagiar y acabar con una comunidad entera en dos o tres días. Mientras que el infectado comenzaba a sufrir fiebre alta, escalofríos y expulsión de flema al toser, los que pasaban a una distancia de unos dos metros corrían el riesgo de inhalar la bacteria exhalada con la tos, con lo que quedaban contagiados. En cuestión de horas, la mayoría de los infectados moría, en medio de una ataque devastador de tos seca.

Una plaga aún más devastadora

Pero aún podía ser peor. Después de analizar millones de secuencias de genes presentes en los restos de los huesos de 101 personas que vivieron en la Edad del Bronce, los científicos han encontrado dos huellas que muestran que Yersinia pestis«aprendió» a ser aún más contagiosa y letal. Por una parte, encontró un animal que actuó como «autobús» para transportarla entre las personas, la pulga, y por otra, descubrió como aumentar su capacidad destructiva en el cuerpo.

Estos cambios se produjeron gracias a unos cambios genéticos que son, en primer lugar, la presencia del gen de virulencia ymt, que protege a la bacteria en el interior del intestino de la pulga y que además provoca que esta se quede hambrienta y empiece a picar con mayor intensidad. Y, en segundo lugar, la presencia de pla, un gen activador que permite a la bacteria no solo infectar el tejido de los pulmones, que causa la tos, sino también pasar a la sangre y a los ganglios linfáticos. Así, nació la peste bubónica (por la hinchazón que causaba en los ganglios y que pasaban a llamarse bubones).

Estragos de la peste (ABC)

Estragos de la peste (ABC)

Los años venideros le dieron el caldo de cultivo ideal a Yersinia pestis para que se convirtiera en una plaga permanente que diezmaba a la población y que producía brotes más puntuales de extrema capacidad destructiva. Así, las espadas, las guerras y los movimientos de población consiguientes, la vida en grandes poblaciones, las nulas medidas de higiene que se seguían y el trasiego de los hombres y los animales a bordo de los barcos sobre todo en el Mediterráneo y Asia, favorecieron la dispersión de la terrible plaga.

«Cada patógeno tiene que mantener un equilibrio. Si mata al hospedador antes de que pueda extenderse, llega a un “punto muerto” y su expansión se frena. Por eso, las enfermedades altamente letales –como la peste– requieren unas condiciones demográficas muy concretas para expandirse», ha dicho Robert Foley, investigador de la Universidad de Cambridge que también ha participado en el estudio.

Según él, la primera peste, la neumónica, «estaba más adaptada a la Edad de Bronce. Cuando las sociedades euroasiáticas crecieron en complejidad y las rutas de comercio se abrieron, quizás las condiciones favorecieron a la variante más letal de la peste». En consecuencia, la peste más peligrosa, la bubónica, apareció en Armenia en el siglo X, desde donde seguramente se extendió a Oriente Medio y de ahí al resto del mundo.

Si en la Edad Media los «médicos de la peste» iban equipados con una máscara en forma de pico de pájaro que iba rellena de hierbas y perfumes para protegerse, y con un palo de madera para alejar a los enfermos si se acercaban demasiado, los médicos actuales cuentan con una poderosa herramienta para luchar y quizás erradicar a la peste de los lugares donde aún permanece: los antibióticos. Si es cierto lo que sostienen algunos acerca del peligro de que no se investiguen nuevos antibióticos, quizás la peste vuelva a escribir la historia como ya ha hecho durante milenios.

«Dios es español», la frase que retrató la hegemonía militar del Imperio español


ABC.es

  • Entre 1500 y 1650, los tercios españoles se convirtieron en la más letal, efectiva y temida infantería de Europa. La guerra de Flandes fue el escenario de sus mayores hazañas, pero también el principio del fin de esta unidad legendaria
 Ferrer-Dalmau El milagro de Empel, por Augusto Ferrer-Dalmau (2015)


Ferrer-Dalmau
El milagro de Empel, por Augusto Ferrer-Dalmau (2015)

Tras las victorias españolas en la batalla de Bicoca de 1522 y en la batalla de Pavía de 1525 sobre los franceses, el poder del Imperio español sobre Italia era incontestable. Y aunque los episodios más oscuros del saqueo de Roma de 1527 fueron obra de mercenarios luteranos, Italia vio en el desafío español un sacrilegio sin castigo divino que tenía una única explicación: «Dios s’era fatto Spagnolo» (Dios estaba de parte de los españoles).

Entre 1500 y 1650, los tercios españoles se convirtieron en la más letal, efectiva y temida infantería de Europa. A imagen de las falanges macedonias y las legiones romanas, que también impusieron su superioridad militar, los tercios encontraron en la combinación de armas blancas (pica y espada) y de fuego (arcabuz y mosquete) una forma de aplastar el papel de la caballería pesada en Europa. No en vano, esta unidad española se diferenciaba de los mercenarios suizos, que fueron los primeros en dar protagonismo a la pica a comienzos de la Edad Moderna, en su capacidad de fragmentarse y adaptarse tácticamente a las diferentes situaciones de combate. El resultado fue una superioridad militar que, en primer lugar, se hizo patente en Italia.

Los italianos se defienden con humor

«No cabe duda de que los españoles aspiran al dominio universal, y que los únicos obstáculos que han encontrado hasta ahora son la distancia entre sus dominios y la escasez de gente», afirmó el cardenal Richelieu a su Rey Luis XIII de Francia cuando precisamente el Imperio español empezaba a mostrar síntomas de agotamiento. Atrás quedaba el periodo de mayor esplendor de las armas hispánica que, tras los experimentos iniciales a cargo del Gran Capitán en Nápoles, se inició simbólicamente con las batallas de Bicoca y Pavía, ya en el reinado de Carlos I de España.

ABC Relieve dedicado a la batalla de Pavía, por Juan de Orea

ABC
Relieve dedicado a la batalla de Pavía, por Juan de Orea

Así, en Bicoca (una población al oeste de Milán) las debilidades de la infantería suiza al servicio de Francia quedaron retratadas por los arcabuceros castellanos de Carlos I. Como explican Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca en su libro «Tercios de España, la Infantería legendaria», la facilidad con la que los arcabuceros desarmaron a los suizos, que gozaban de la supremacía desde hace cien años en los campos europeos, hizo que la palabra «bicoca» pasara a los vocabularios castellano y francés como sinónimo de ganga, «cosa que se adquiere a bajo precio o con poco trabajo».

Con la batalla de Pavía, donde el propio Rey de Francia Francisco I fue capturado y trasladado a Madrid por unos soldados españoles, los italianos se convencieron de que detrás de la superioridad militar de España estaba el hecho de que «Dios estaba de parte de España», lo cual venía a asemejarse a que la suerte siempre soplaba a su favor. Incapaces de poder expulsarlos de su tierra por las armas, el odio hacia los bárbaros españoles –que causaban aversión desde las incursiones militares de los aragoneses en Italia– hizo que los italianos recurrieran a la burla. Los soldados españoles fueron calificados como unos bravucones y fanfarrones, que no vencían por su habilidad sino porque eran más numerosos. De aquella época datan los chistes sobre las supuestas virtudes de los castellanos y sobre su «ridículo» sentido del honor, de los que la literatura ha dado cuenta en muchas obras del periodo. La «Commedia dell’arte» emplea frecuentemente al personaje del capitán español fanfarrón, un cobarde bocazas que huye cuando se presenta la primera dificultad en el combate.

El teatro de operaciones de los ejércitos del Imperio español se trasladó de Italia a Flandes con el inicio de la rebelión de carácter calvinista que tuvo lugar en este conjunto de provincias bajo la soberanía de Felipe II. En 1567, el Monarca envió a su mejor general, el Gran Duque de Alba, a enfrentarse a los rebeldes que se terminaron congregando en torno a la figura de Guillermo de Orange. Pese a que la guerra supuso la tumba del Imperio español a largo plazo, también fue el escenario predilecto para que los tercios españoles mostraran la superioridad de sus armas. Hasta avanzado el siglo XVII, los rebeldes no consiguieron formar un ejército capaz de causarle daños importantes al español, que en ocasiones pareció obrar verdaderos milagros.

De los milagros, al ocaso de 1658

El milagro de Empel fue uno de los pasajes más famosos de los tercios en Flandes, que, aunque eran una fuerza multinacional, estaban vertebrados claramente en torno a los infantes castellanos. De acuerdo con la tradición, el 7 de diciembre de 1585, el Tercio del Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla quedó acorralado en la desembocadura del Escalda (Scheldt) a merced de que la poderosa flota rebelde llegará para exterminarlos. Sin embargo, una fuerte helada inmovilizó a la armada holandesa y permitió a la infantería española, que aguardaba apiñada y hambrienta, asaltar a pie los barcos rebeldes. Frente a la absoluta derrota holandesa, el almirante Holak claudicó con palabras gruesas: «Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro». Asimismo, el fortuito encuentro de una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción por parte de un soldado español fue visto como «un divino nuncio». La Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los tercios españoles desde entonces y de la actual infantería española.

La eterna guerra de Flandes y la progresiva recuperación de poder por parte de Francia marcaron el principio del fin de la hegemonía militar de España. Así y todo, en 1625 –el año de la Rendición de Breda, la expulsión de Holanda de Salvador de Bahía y la exitosa defensa de Cádiz frente a los ingleses–, el Conde-Duque de Olivares todavía se atrevería a recordar que «Dios es español y está de parte de la nación estos días». Y más allá del supuesto ocaso, la batalla de Rocroi de 1643, los tercios españoles continuaron siendo una unidad temida hasta 1658, cuando la batalla de las Dunas dejó al descubierto sus puntos débiles y acabó con la vida del grueso de sus veteranos. Para entonces, no obstante, poco quedaba de la veterana infantería que había dominado Europa con mano de hierro. La crisis demográfica que azotaba Castilla en el siglo XVII obligó a una importante disminución en los requisitos para alistarse en la infantería española: conforme desaparecieron los últimos veteranos se desangró la unidad a manos de soldados bisoños.

La llegada al trono de Felipe V acabó definitivamente con los tercios. El 28 de septiembre de 1704, el Rey borbón decretó la transformación de los tercios en regimientos, lo que suponía la adopción del modelo del Ejército francés, que en aquel periodo luchaba por alcanzar la hegemonía militar en el viejo continente.

Regreso a la morada de Nerón


El Pais

  • Pocas figuras históricas siguen siendo tan polémicas como Nerón, aunque la fuerza del mito ha enterrado la realidad

Las termas de Trajano en Roma, que utilizaron como cimientos la Domus Aurea. / Album

Nerón pertenece a la estirpe de los grandes tiranos, su fiesta del chivo se ha prolongado a lo largo de los siglos. Pero existe una gran diferencia con los Ceausescu, Sadam Husein, Duvalier, Bokassa, Idi Amín Dadá o el Trujillo que noveló Vargas Llosa: en el caso del emperador romano del siglo I resulta imposible separar la realidad de la leyenda negra. Como escribió la catedrática de Latín de la Universidad de Cambridge Mary Beard: “La mayoría de los emperadores romanos no fueron depuestos porque fueran demonizados, sino que fueron demonizados porque fueron depuestos”. La tradición mantiene que Nerón fue condenado a damnatio memoriae, un castigo que consistía en enterrar todo el legado de un emperador para que su nombre fuese olvidado. En el caso del último miembro de la dinastía Julia Claudia, sus enemigos fracasaron: existen muy pocos personajes históricos sobre los que se hayan escrito tantos tebeos, novelas, óperas, películas o ensayos –el último, Dying Every Day (Muriendo cada día), un magnífico estudio del profesor de Clásicas del Bard College James Romm, en torno a su relación con su tutor, el filósofo estoico cordobés Séneca– y sobre cuya figura se siga debatiendo con tanta intensidad más de 2.000 años después de su desaparición. “¿Cómo no nos iba a fascinar?”, asegura Romm en una entrevista por correo electrónico. “Poder absoluto sobre la mayor parte del mundo conocido unido a los caprichos, la traición, la locura… ¿Puede ofrecer la historia un espectáculo más fascinante?”.

Las dos imágenes más populares del emperador –tocando la lira mientras contemplaba cómo ardía Roma en julio del año 64 y disfrutando de la primera gran masacre de cristianos en el Coliseo– no es que sean falsas, es que son imposibles. Nerón no estaba en la ciudad cuando empezó el incendio, llegó tres días más tarde y se puso al frente de los equipos de rescate (el fuego duró una semana). Casi ningún historiador piensa actualmente que fuese el responsable. En cuanto al Coliseo, fue construido varios años después de su muerte por el primer emperador de la siguiente dinastía, Vespasiano (9-79). Aunque, en una prueba más de la intensidad de su leyenda, acabó por darle su nombre: el monumento fue levantado en el lugar donde Nerón erigió una gigantesca estatua de 35 metros que le representaba como el dios Helios. Durante la Edad Media, el recuerdo de este coloso, hoy perdido, convirtió el Anfiteatro Flavio en el Coliseo.

¿Cómo no iba a fascinarnos? Poder absoluto unido a la traición y la locura”, explica el historiador James Romm, autor de un ensayo sobre Nerón y Séneca

Como ha escrito el profesor de Clásicas de la Universidad de Princeton Edward Champlin en la biografía más reciente del emperador –Nerón (Turner)–, “no hay necesidad de rehabilitar a Nerón: fue un mal hombre y un mal gobernante, pero hay sólidas pruebas que sugieren que nuestras fuentes principales erraron al presentarlo tan mal y crearon así la imagen de un monstruo, desequilibrado y ególatra, que ha regido la imaginación escandalizada de la tradición occidental durante dos milenios. Pero la realidad es más compleja”. La revista National Geographic le dedicó una reciente portada titulada “Repensando a Nerón”. En la otra cara de la polémica están afirmaciones contundentes como la que hace el gran crítico de arte Robert Hughes en su libro Roma (Crítica): “Es de suponer que no es posible que un hombre practique todas las perversiones sexuales conocidas o imaginables, pero es evidente que Nerón tenía un repertorio impresionante de ellas”.

Los restos de su gran palacio romano, la Domus Aurea, la fabulosa Casa Dorada que Nerón ordenó construir después del incendio, situados en el colina del Esquilino, acaban de volver a abrir al público después de permanecer casi diez años cerrados, aunque solo se pueden visitar los fines de semana y con cita previa (es necesario reservar con meses). En realidad, solo han sido accesibles con normalidad entre 1999 y 2005, cuando el palacio fue clausurado por problemas de conservación. Los espacios neronianos, ahora subterráneos, encarnan una metáfora perfecta de su mito: un laberinto de pasillos y estancias enormes, como los datos que se pierden en los rincones de la historia entre juegos de sombras y luces. “La Domus Aurea es impresionante por su arquitectura, pero también por su importancia simbólica”, afirma el historiador francés Joël Schmidt, autor de Néron, Monstre Sanguinaire ou Empereur Visionnaire? (Nerón, ¿monstruo sanguinario o emperador visionario?). “Todos los historiadores describieron sus proporciones gigantescas, su magnífica decoración y la profusión de oro (de ahí viene su nombre de Casa Dorada). El interior albergaba muchísimas obras de arte, traídas directamente de Grecia, sin contar los lagos, jardines, bosques, las fuentes de agua dulce y salada alimentadas por acueductos construidos especialmente para ello”.

Nerón decoró su palacio soñado con todo tipo de estatuas que trajo de Grecia, algunas de las cuales se conservaron en el mismo lugar donde se encontraron. / Corbis

A la muerte de Nerón, en el año 68, el palacio fue abandonado y finalmente Trajano (53-117) lo utilizó como cimientos para sus termas, tras haber esquilmado todo el mármol. Redescubierto en el siglo XV, fascinó a los artistas renacentistas y luego a personajes como el Marqués de Sade o Casanova, que dejaron la firma en sus paredes. Rafael, que se deslizaba con sogas hasta lo que entonces eran unos túneles abovedados, creó el estilo grotesco (de gruta) con el que pintó varias estancias del Vaticano en 1519 inspirándose en los frescos de aquel misterioso palacio enterrado –el hecho de que los papas se paseasen durante siglos bajo pinturas inspiradas por el palacio de Nerón es una de las muchas paradojas que emanan del personaje–. Una de las mejores copias de los frescos tal y como los encontraron los artistas del Renacimiento fue realizada por Francisco de Holanda en 1538 y se encuentra en la Biblioteca de El Escorial, en las afueras de Madrid.

A lo largo de los siglos, muchas pinturas se han borrado, y durante la visita guiada, protegidos por cascos de plástico amarillo (obligatorios porque se han producido desprendimientos), en medio del olor a humedad y bajo un frío pegajoso, resulta difícil imaginar lo que fue entonces un palacio luminoso y ajardinado. Pero, tal vez porque por esos espacios circula la leyenda de Nerón, tal vez por la inmensidad de las salas en las que el emperador ofreció alguna de las mejores fiestas de la antigüedad, resulta fascinante. En los alrededores, entre los miles de turistas, los falsos legionarios y los vendedores de aparatos para hacerse selfies, el viajero puede toparse con la Hostaria da Nerone o el hotel El Coloso. “Nerón siempre vende, no podemos olvidar que era un showman”, explica Darius Arya, arqueólogo estadounidense afincado en Roma desde hace 15 años y director del American Institute for Roman Culture.

Nerón cambió las normas de edificación en Roma después del incendio que arrasó la capital del Imperio para evitar que se repitiese el desastre

Durante un paseo por los Foros Imperiales, Arya asegura que, después del incendio, Nerón cambió las normas de edificación para evitar que una catástrofe de estas dimensiones pudiese repetirse. “Solo un idiota quemaría la ciudad. En Roma en aquel momento vivían en torno a un millón de personas y el fuego provocó 200.000 refugiados”, asegura. Ordenó que las calles fuesen más anchas, las casas de pisos –las insulae– más bajas, y, también es cierto, aprovechó la destrucción general para edificar su palacio soñado. Arya encuentra en la Domus Aurea un problema mucho más contemporáneo que afecta a demasiados lugares en Italia, como Pompeya: la conservación del patrimonio. Para salvar el palacio (un proyecto que consiste ante todo en transformar el jardín que hay encima para que los árboles y las infiltraciones dejen de dañar el conjunto arqueológico) son necesarios 32 millones de euros que, sin embargo, no llegan.

¿Quién es el Nerón más cercano a la historia, si esta pregunta tiene respuesta? Claudio César Augusto Germánico nace en Antium (actual Anzio) el 15 de diciembre del año 37. Miembro de la familia imperial, se convierte muy joven, en el año 54, en sucesor de Claudio (11-54), el tercer emperador de la dinastía que instauró Augusto (63-14 a. de C.) y continuaron Tiberio (42-37 a. de C.) y Calígula (12-41). Séneca es el principal consejero de un emperador muy popular. En el año 64, el mayor incendio que ha conocido Roma destruye una parte muy importante de la ciudad. Un año después, tras desactivar un complot, lanza una purga salvaje que le cuesta la vida al filósofo cordobés, entre muchos otros miembros de la élite. Sin embargo, el ejército, harto de sus caprichos –la oligarquía romana nunca le perdonó que participase en concursos de canto y poesía que siempre ganaba (¿quién iba a atreverse a darle un segundo premio?)–, le depone en el año 68. Nerón se suicida para evitar una muerte horrenda a manos de sus antiguos legionarios, que se habían propuesto azotarle hasta la muerte. Como había acabado con todos los posibles herederos de Augusto y no dejó hijos, Roma entró en un periodo de caos –cuatro emperadores en un año–, hasta la instauración de la dinastía Flavia con Vespasiano en el año 69.

Busto de Nerón encontrado en Libia. Fue el último emperador de la dinastía Julia Claudia. / Album

El historiador español Juan Luis Posada Sánchez, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija y autor de El año de los cuatro emperadores, resume: “Hace ya mucho que los historiadores están intentando rehabilitar la figura de Nerón, un emperador tachado de loco, matricida, incendiario y asesino de cristianos, pero también un artista que protegió las artes y las letras, que gobernó por el pueblo y para el pueblo y que acabó con todos los descendientes de Augusto que pudieran desestabilizar su régimen. Nerón pudo haber tenido trazas tiránicas, sobre todo en la última etapa de su reinado, pero el ejército le puso en su lugar y le llevó a huir y suicidarse”. El ensayista australiano Stephen Dando-Collins, autor de Arde Roma (Ariel), un ensayo sobre el emperador, explica así su final: “Nerón dirigió los esfuerzos para detener el fuego y encabezó la reconstrucción posterior. Pero sus oponentes en el Senado, que despreciaban sus pretensiones artísticas y que añoraban a emperadores soldados como Augusto, vieron que culparle del fuego era una forma de reducir su popularidad, lo que haría más fácil expulsarle del poder. Lo que al final ocurrió”.

Las principales fuentes sobre Nerón provienen de tres historiadores romanos, Suetonio (70-126), Tácito (55-120) y Dión Casio (155-235), y la panoplia de perversiones y crímenes que describen es interminable; algunas de ellas –que mató a su madre, a sus dos primeras esposas y a su hermanastro; que asesinó a todos los que consideró oponentes políticos o un peligro para su poder; que escribía poesía y versos (actividades intolerables para un emperador)– están corroboradas por diferentes fuentes; otras, sin embargo, no: que violó a una virgen vestal, que castró a un hombre para casarse con él, que fundió los lares para convertirlos en dinero, que era un pervertido sexual sin freno. Tampoco es seguro, y es un punto especialmente polémico, que lanzase la primera gran persecución de seguidores de una nueva religión que había nacido en Judea unos años antes. La tradición cristiana mantiene que Pedro y Pablo sufrieron su martirio durante las persecuciones neronianas, que se desataron después de que los cristianos fuesen acusados de quemar Roma en una maniobra para evitar que las culpas recayesen en el emperador. Pero no hay documentos ni evidencias arqueológicas que lo demuestren.

Sí está demostrado que mató a su madre, a su hermanastro y a sus dos primeras esposas. Otros crímenes que se le atribuyen son dudosos

Suetonio y Tácito son los únicos que citan las persecuciones fuera de la tradición cristiana. Tácito escribió en sus Anales el célebre pasaje sobre su brutalidad: “Nerón buscó rápidamente un culpable, e infringió las más exquisitas torturas sobre un grupo odiado por sus abominaciones, que el populacho llama cristianos. (…) Todo tipo de mofas se unieron a sus ejecuciones. Cubiertos con pellejos de bestias, fueron despedazados por perros y perecieron, o fueron crucificados, o condenados a la hoguera y quemados para servir de iluminación nocturna cuando el día hubiera acabado”. Sin embargo, estos testimonios plantean muchas preguntas. ¿Por qué solo lo cuentan ellos? ¿Por qué emplean el término cristiano que entonces no usaban los romanos? ¿Pudo ser un añadido posterior al texto que manejamos durante su copia en la Edad Media? ¿Por qué no vuelven a producirse persecuciones de cristianos hasta décadas más tarde? Marco Aurelio ha pasado a la historia por su sabiduría (véase Gladiator, donde lo encarna un impecable Richard Harris), pero nadie recuerda sus salvajes persecuciones, como la que tuvo lugar en Lyon en el año 177. Yves Perrin, profesor de Historia y Arqueología Romanas en la Universidad de Saint-Etiène-Lyon y presidente de la Sociedad Internacional de Estudios Neronianos (SIEN), afirma: “Los autores cristianos hacen de Nerón el primer perseguidor de la verdadera fe y esta idea ha atravesado los siglos con errores de bulto, como situar los martirios en el Coliseo, que no existía. Los autores cristianos imponen a la posteridad la idea de que el año 64 representa un cambio de rumbo en la historia: la Roma pagana desaparece bajo el fuego y los mártires garantizan la victoria de la fe verdadera”. La mayoría de los investigadores creen que sí se produjeron persecuciones, aunque ponen en duda que fuesen tan intensas.

Suetonio y Tácito le acusan de haber lanzado las primeras persecuciones de cristianos, pero algunos autores lo ponen en tela de juicio

Sin embargo, la fuerza de la ficción es imbatible. Por muchos ensayos que se escriban, resulta casi imposible separar en la imaginación occidental a Nerón del sádico, caprichoso, vicioso e infantil emperador que dibuja Peter Ustinov en una de las mejores versiones cinematográficas de Quo Vadis (Mervyn LeRoy, 1951), la famosa novela que ofrece una reconstrucción mítica de los orígenes del cristianismo, publicada por el premio Nobel polaco Henryk Sienkiewicz a finales del XIX. Y encima la ponen en televisión cada Semana Santa. James Romm asegura: “La pérdida de fuentes contemporáneas es un problema, pero son todavía más frustrantes los silencios y las opacidades del propio Séneca. Escribió muchos volúmenes, pero nunca dijo la verdad sobre lo que había hecho o visto junto a Nerón”. La realidad, como la Domus Aurea, se encuentra enterrada bajo demasiadas capas de mitos para que algún día pueda llegar a derrotar a la leyenda.