Tag Archive: Saturno



El Mundo

El verano astronómico se iniciará en el Hemisferio Norte el día 21 de junio a las 6.24h hora peninsular (5.24h en Canarias), momento en el que el Sol se encontrará exactamente en el Trópico de Cáncer. Ese día, el más largo del año, durará en Madrid 15 horas y 3 minutos, mientras que la noche apenas llegará a las 9 horas. En el solsticio de verano, al mediodía, el Sol alcanza su máxima elevación sobre el horizonte. Esta posición tan alta no cambia apreciablemente durante varios días, y de ahí proviene el término solsticio que significa Sol quieto.

El plenilunio tendrá lugar el día 9 en la constelación de Sagitario, mientras que el novilunio será el 24 con nuestro satélite en Cáncer. La Luna se encontrará en el apogeo (punto de mayor distancia a la Tierra) el día 8, a 406.406 kilómetros de distancia, y en el perigeo (punto de mayor acercamiento a la Tierra) el día 23, a 357.931 kilómetros.

Este mes tendremos a Venus como lucero matutino y a Júpiter como lucero vespertino, ambos muy brillantes dominando el cielo al amanecer y al atardecer, respectivamente. Marte también será visible al atardecer hasta mediados de mes.

Pero el planeta protagonista del mes será Saturno, que se observará durante toda la noche, del Este al Oeste y todas las noches del mes. El gigante de los anillos pasará por la oposición el jueves 15 de Junio en la constelación de Ofiuco. Esa noche será la mejor para observarlo, pues se encontrará a su distancia mínima a la Tierra y con una iluminación solar frontal. En esa noche, Saturno recorrerá toda la bóveda celeste levantándose por el Este, justo cuando se ponga el Sol, para acostarse por el Oeste al amanecer. Esta oposición es particularmente interesante para observarlo pues los anillos se encuentran ahora con una inclinación máxima respecto de la visual, mostrándonos todos sus detalles y las divisiones entre ellos, en una configuración que tan solo sucede cada 15 años.

Pero, aunque Saturno se encuentre a su distancia mínima, aún así, se trata de una distancia enorme: unos 1.350 millones de kilómetros (la luz tarda unos 75 minutos en recorrer esta distancia). Por lo que ni siquiera en ese día es posible admirar sus anillos a simple vista, ni con unos prismáticos normales. Para ver los anillos y las grandes bandas nubosas que recorren la superficie del planeta hay que recurrir a un telescopio que tenga al menos 30 aumentos. Con un gran telescopio se pueden distinguir también las divisiones entre los anillos y las numerosas lunas (entre ellas Titán) que rodean al planeta. A simple vista, podremos observar una bella estampa el viernes 9 y el sábado 10, tras el crepúsculo, a eso de las 22h, cuando Saturno se encontrará muy próximo a la luna llena.

Finalmente, les proponemos otra cita con el cielo en la madrugada de los días 20 y 21 del mes, a eso de las 5.30h en Madrid, por el horizonte Este, cuando Venus se encontrará muy cerca del delicado filo de la luna menguante y las Pléyades serán también observables un poco más a la izquierda según miramos al cielo. El inicio del verano es un buen momento para disfrutar de las noches y contemplar el firmamento, las horas de oscuridad no son muchas, pero amables por las suaves temperaturas que invitan a disfrutar del aire libre y del cielo nocturno.

*Rafael Bachiller es astrónomo y director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN).

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Si te preguntan qué anillos de Saturno son más densos en esta foto ¿Qué contestarías? Sin pensar mucho, es probable que respondas que los anillos más brillantes son los más densos porque reflejan más luz. Los astrónomos llevan siglos pensando lo mismo, pero resulta que estábamos equivocados.

La intuición sobre la densidad de los anillos de Saturno nos ha jugado una mala pasada. Dos investigadores de las Universidades de Cornell e Idaho han medido por primera vez la densidad de los diferentes anillos de Saturno. No es un proceso sencillo. Para lograrlo han tenido que desarrollar un algoritmo que procesa los datos obtenidos por la Sonda Cassini. Phil Nicholson, de la Universidad Cornell y uno de los autores del estudio explica:

 las apariencias engañan. Una buena analogía para esto es un banco de niebla densa. A la vista resulta mucho más opaco que una piscina. sin embargo, la piscina es mucho más densa y contiene más agua que la niebla.

El resultado es sorprendente. Apenas hay diferencia de densidad entre el anillo B (el más brillante) y el resto. Los anillos más oscuros tienen prácticamente la misma cantidad de material que los grandes, lo que descarta que sean más oscuros porque tengan menos objetos que los grandes como se pensaba hasta ahora. De hecho, la densidad del anillo B, pese a su luminosidad, es menor de lo que se pensaba.

El nuevo dato es importante porque la densidad de los anillos tiene una implicación directa en la edad de Saturno y en cómo se formaron sus característicos anillos. Todas las estimaciones deben ser revisadas y, según la NASA, es probable que la edad de los anillos sea mucho menor que la estimada, apenas de hace 200 millones de años. [vía NASA / JPL]

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ABC.es

  • La sonda Cassini ha aportado nuevos datos que muestran que existe una gran masa líquida bajo la capa de hielo del satélite de Saturno
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NASA/JPL | Ilustración que muestra la estructura interna de Encelado. El tirón gravitarorio de Saturno deforma su superficie

Ahora es seguro del todo. Encelado, la enigmática luna de Sarurno, cuenta con un océano subterráneo global, es decir, que ocupa todo el planeta y que permanece oculto bajo una gruesa capa de hielo. Los datos definitivos proceden de la sonda Cassini, de la NASA, que lleva años estudiando a fondo el sistema de satélites de Saturno y que ha hecho ya varias «visitas» a Encelado.

Hace ya tiempo que los investigadores se dieron cuenta de que Encelado, a medida que giraba alrededor del gigantesco planeta anillado, mostraba un extraño abultamiento. Una «deformidad» que sólo podía explicarse con la existencia de una masa líquida y en movimiento bajo la superficie. Una masa capaz de «abombar» el satélite debido a la enorme fuerza gravitatoria de Saturno.

El hallazgo confirma que los géiseres detectados en varios puntos de Encelado, formados por vapor de agua, partículas de hielo y moléculas orgánicas sencillas, proceden, sin duda alguna, de fracturas en la superficie helada cerca del polo sur, que permiten escapar a una pequeña parte del agua que se almacena debajo. La investigación acaba de publicarse en la revista Icarus.

El análisis de datos anteriores de la Cassini ya sugerían la presencia de una gran cantidad de agua líquida bajo la corteza helada de Encelado, aunque al principio se suponía que el mar subterráneo solo ocupaba una porción del satélite y alrededor de su polo sur.

Gravedad para detectar el océano

Sin embargo, los datos gravitatorios obtenidos durante las numerosas «pasadas» de la Cassini por Encelado sugerían que ese mar podría ser mucho mayor, incluso todo un enorme océano subterráneo y global. Los nuevos resultados confirman que, efectivamente, es así.

«Era un problema que necesitaba de años de observación y cálculos en diversas disciplinas -explica Peter Thomas, investigador de la misión Cassini y primer firmante del artículo-, pero ahora sabemos que estábamos en lo cierto».

Durante más de siete años, los científicos han analizado miles de imágenes de Encelado procedentes de las cámaras de la Cassini. Y sobre ellas han calculado detalladamente la posición exacta de muchas de sus características geográficas, la mayoría de ellas cráteres de impacto de meteoritos. Con esos datos, lograron medir con extraordinaria precisión cómo variaba la posición de esos cráteres durante la órbita de Encelado alrededor de Saturno.

Así es como se dieron cuenta de que, a medida que la luna completa su órbita, su superficie muestra un ligero, aunque detectable, abultamiento. Además de ligeros movimientos del planeta entero hacia delante y hacia atrás, causados por los movimientos de la enorme masa de agua subterránea durante su periplo orbital.

Mareas gravitatorias

Encelado cuenta, pues, con un núcleo y una corteza sólidas, pero entre ambas existe una enorme masa de agua liquida que envuelve por completo al satélite.

El mecanismo que ha permitido a este gran océano global mantenerse líquido es aún un misterio. Thomas y sus colegas sugieren varias ideas para llevar a cabo nuevos estudios sobre la cuestión, como por ejemplo que las propias mareas gravitatorias de Saturno sean capaces de generar mucho más calor del que se creía.

«Es un gran paso hacia la comprensión de este mundo, y demuestra la clase de descubrimientos inesperados que podemos hacer con misiones de larga dirección a otros planetas», asegura por su parte Carolin Porco, coautora de la investigación.

Desvelar la historia y los secretos de Encelado es, en efecto, uno de los mayores logros de la misión Cassini, que lleva estudiando el sistema de Saturno desde 2004 y que volverá a acercarse a Encelado el próximo 28 de octubre, día en que pasará a solo 49 kilómetros de su superficie.


El Pais

  • Un estudio concluye que es “bastante probable” que hubiese un descomunal choque entre planetas muy similares
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?

La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas

El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.

Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.

Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Naturese centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.


La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, segúnJosé Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.


La Razon

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Imagen de la luna Encélado captada por la NASA AP

Encélado, una de las 60 lunas de Saturno, presenta actividad hidrotermal, la primera que se descubre fuera de la Tierra, según un grupo de investigadores que han formulado su teoría analizando pequeños trozos de roca expulsados al espacio por sus géiseres.

Este descubrimiento añade la «atractiva» posibilidad de que Encélado, donde hay también una importante actividad geológica, «pueda contener entornos adecuados para organismos vivos», según un artículo que aparece hoy en la publicación científica británica Nature.

Debajo de la superficie helada de Encélado ya se suponía que hay profundos océanos, pero el nuevo estudio detectó agentes químicos en uno de los anillos de Saturno, los cuales indican que en su fondo marino se produce una actividad hidrotérmica de alta temperatura.

Esos químicos fueron detectados por la sonda Cassini, un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA), la estadounidense Nasa y la Agencia Espacial italia, que desde hace una década navega entre las lunas de Saturno

Encélado tiene una superficie parecida a una bola blanca de billar agrietada y encontrar granos helados ricos en sal y sodio que emiten esas grietas apuntan a que proceden de un reservorio de agua líquida que está o ha estado en contacto con roca.

«Es emocionante que podamos usar esos pequeños granos de roca lanzados al espacio por géiseres para que nos revelen las condiciones en y bajo el lecho oceánico de una pequeña luna helada», señaló Sean Hsu, del Laboratorio para la física espacial y atmosférica de Colorado (EE.UU).

El equipo de investigadores descubrió otros indicios sobre las condiciones que existen bajo la superficie de esa luna al detectar partículas nanométricas ricas en silicona (sílice) en el anillo E de Saturno, que fueron lanzadas por Encélado.

El tamaño y la composición de esas partículas sugieren, según los científicos, que «han sido producidas por reacciones a altas temperaturas (superiores a los 90 grados celsius) en el lecho marino.

Junto a Hsu, director del estudio, trabajó Frank Postberg de la Universidad Heidelberg de Alemania y un equipo de la Universidad de Tokio para realizar una serie de experimentos que validaran la teoría de que esas pequeñas partículas de sílice se formaron debido a la actividad hidrotermal, tal y como sucede en la tierra.

El pequeñísimo tamaño de las partículas de sílice indica, además, que pudieron viajar hacia arriba «con relativa rapidez» desde su origen hidrotermal hasta las bocas de los géiseres.


El Mundo

  • Un 12% mayor, el 438b es el gemelo de la Tierra
  • Está situado en la zona ‘Ricitos de oro’, el hogar extraterrestre de los planetas habitables
  • Este es nuestro viaje ‘Interestellar’a 470 años luz con Guillermo Torres, su descubridor
  • Álbum: Kepler-438b en imágenes
KEPLER-438B. Tamaño: 14.286 km/ diámetro. Temperatura media....

KEPLER-438B. Tamaño: 14.286 km/ diámetro. Temperatura media. 10/20ºC. Calendario: 1año: 35,23 días

Existe un lugar muy lejano, donde el calor y la luz de nuestro sol no alcanzan, en el que flota una tierra similar a la que habitamos. Un nuevo mundo un poco más grande y frío, con temperaturas que oscilan entre 10 y 20 grados, pero en principio acogedor para la vida. Está situado en un barrio del universo llamado Ricitos de oro (Goldilocks), fuera del sistema solar, poblado de planetas potencialmente habitables. “¡Tierra a la vista!”, estuvo tentado a exclamar Guillermo Torres, el astrofísico que lo ha avistado por primera vez, mientras desde Hawai apuntaba con el ojo del telescopio Keck, una córnea de 10 metros de diámetro, en dirección a Kepler-438b. Un gemelo de la Tierra, rocoso y con sol propio, nunca visto hasta ahora. Allí nos vamos.

“Yo soy uno más a los mandos de esta nave”, tira de metáfora este cazador de planetas habitables del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (CfA). Mientras detalla a Crónica la geografía del planeta hallado insiste en que con él se embarcaron en la aventura 26 exploradores más, entre astrofísicos, analistas de datos, ingenieros de software… Todos ellos a la búsqueda de un hogar nuevo que pueda servir como plan “B” a la humanidad. Y ése sería Kepler-438b, la última tierra prometida, donde la cantidad de luz que recibe de la estrella que orbita es más o menos la misma que la que nos llega de nuestro sol, lo que propicia la existencia de agua en forma líquida. Un sueño parecido al que persigue el ingeniero Cooper (Matthew McConaughey) en la inquietante y profética Interstellar. Aunque en cierta medida, Guillermo Torres se adelantó con el guión. Mientras Christopher Nolan rodaba la película, estrenada en 2014, el científico Torres ya se había acercado lo suficiente a Kepler-438b.

¿Cómo llegar allí?

Hay que salir de nuestro Sistema Solar y recorrer 470 años luz para encontrarlo. Demasiado lejos. Un año luz equivale a 9.460.730.472.580 km. Y de momento no existe una nave ni un agujero de gusano que sirva de pasadizo hacia otro sistema solar que nos lleve a una Tierra 2.0, como lo pinta el filme de Nolan. En él apenas quedan ya recursos ecológicos en nuestro planeta, el agua escasea y el hambre se extiende por todas partes.

Pero no todo está perdido. En el momento más oscuro, cuando ya no resta ninguna esperanza, la ciencia nos revela el camino: viajar a otras estrellas. Y lo más rápido y seguro es hacerlo por un agujero de gusano. No en vano Nolan ha contado con el asesoramiento estelar de Kip Thorne, el padre teórico de estos túneles cósmicos, quien también asesoró al estadounidense Carl Sagan mientras éste escribía su novela de ciencia ficción Contacto. Claro que nadie los ha visto nunca, suponiendo que pudiesen existir. “Ufff. Ya me hubiera gustado”, dice Torres entre sonrisas.

-Queda por saber si hay rastros de vida en Kepler-438b…

-Es pronto todavía, pero reúne condiciones. Hoy por hoy, si hubiera que elegir tendríamos que mirar hacia este planeta.

-O sea, ¿cree que más allá de nuestro mundo existe uno en el que se podría vivir?

-No uno sino muchos. Estoy plenamente convencido, y esa opinión la comparte hoy la mayoría de astrofísicos.

Túnel en Saturno

Para encontrar ese agujero de gusano de Interstellar habría que ir hasta las cercanías de Saturno, y de ahí a Kepler-438b. Llegamos a Saturno, entramos en el túnel, salimos por el otro extremo y nos encontramos con un paisaje espectacular en la pantalla del cine: varios planetas orbitando un agujero negro. “Sería un viaje de años y eso, tecnológicamente, es imposible”, reconoce nuestro astrofísico. Además, en Interstellar los tripulantes de la nave dominan las técnicas de hibernación humana, todavía verdes, por lo que la duración del viaje no es un problema tan grave como en la actualidad.

-¿Contempla usted un escenario catastrófico como el de la película que obligase al hombre a buscar un lugar fuera de la galaxia?

-No quiero ni pensarlo, tampoco se puede saber si el momento llegará. De lo que sí estoy convencido es de la necesidad de saber si estamos o no solos en el universo. Y creo que ahí fuera existen vecinos inteligentes.

No ha sido fácil el viaje a Kepler-438b. Tras descartar cientos de miles de falsas alarmas de planetas que llegaban desde el telescopio espacial Kepler (que da nombre al nuevo mundo), el de Hawai y desde otro que se encuentra en una montaña de Sacramento, en Nuevo México, ocurrió lo inesperado. De los ocho planetas situados en la zona de Ricitos de oro, la de las tierras habitables, sólo dos prometían. El que más se parecía al elegido era Kepler-442b, un tercio mayor pero más gaseoso, lo que en práctica reduce la posibilidad de que acumule agua en su superficie. Y lo mismo ocurrió con los otros seis.

-Dígame, ¿qué ha de tener un planeta para que se pueda vivir en él?

LA TIERRA. Tamaño: 12.756 km/diámetro. Temperatura media: 15 / 25ºC. Calendario: 1 año: 365 días

-La primera condición es que esté en una zona habitable del universo. Segundo, que tenga una superficie sólida, rocosa, para que el agua pueda acumularse. Y tercero, que tenga atmósfera… Ahora bien, eso no quiere decir que sea igual a la Tierra. Puede haber formas de vida diferentes a la nuestra y, a la vez, ser compatibles… Pero esa es otra historia. Lo que sí puedo afirmar es que Kepler-438b es un candidato prometedor para albergar vida.

Entre otras cosas, porque, a diferencia de cientos de planetas del tamaño de la Tierra y más pequeños, el nuevo mundo circula en una órbita que lo mantiene suficientemente alejado de su estrella para que el agua de la superficie no se evapore.

Gracias a la información obtenida por el telescopio Kepler, lanzado al espacio en 2009 para observar simultáneamente unas 150.000 estrellas y analizar su brillo cada 30 minutos, se ha podido estimar que podría haber hasta 11.000 millones de mundos habitables en órbitas de estrellas similares al sol.

Los ingredientes

Según un equipo de científicos que investiga las características que se deberían buscar para encontrar mundo lejanos, los ingredientes básicos que darían forma a estos planetas habitables son bien conocidos. Estos se habrían formado tras una mezcla abundante de oxígeno y hierro. Una cantidad generosa de magnesio y silicio y, en dosis más pequeñas, aluminio, níquel, calcio y azufre. Se le añade agua procedente de asteroides y toda esta masa se cocina durante millones de años. Una receta que ha sido posible obtener gracias a un instrumento de otro telescopio, el Galileo, instalado en la isla canaria de La Palma, que mide la masa de los planetas y, a través de ella, su composición.

Fue necesario crear un programa informático muy potente, llamado Blender, para determinar las dimensiones y la colocación exacta de todos los planetas candidatos a ser clones del nuestro. El principal, Kepler-438b, se encuentra a 470 años de la Tierra, mientras que Kepler-442b está a 1.100 años luz de distancia. Y un aviso a los viajeros del futuro: un año en el primer planeta es aproximadamente de 35,23 días (365 en la Tierra), y de 112 días en el segundo. ¿Le sorprende?

Llegan más

Científicamente, sin embargo, “el resultado importante no es sólo que estemos recibiendo señales de planetas gemelos de la Tierra, sino que estamos encontrando una serie de planetas ahí fuera llegados de un barrio del universo en el que quizás la Tierra podría haberse desarrollado”, ha señalado Douglas Caldwell, del Instituto SETI, en EEUU, dedicado a la búsqueda de vida extraterrestre. “Estamos empezando a entender más acerca de la población de planetas que podrían ser habitables”.

Mientras el astrofísico Torres nos describía este miércoles algunos de los secretos de la otra tierra, la NASA insistía en que ya tiene preparada otra batería de 500 planetas “candidatos” a albergar vida.

Hasta el momento, 1.000 planetas alienígenas han sido identificados como mundos posibles por el telescopio Kepler. Y de ellos, sólo ocho -incluidos Kepler-438b- han sido añadido a la lista conocida como Salón de la fama de Kepler, una pequeña colección de planetas que son similares en tamaño a la Tierra y se asientan en la zona habitable de sus estrellas.

A partir de ahora lo que toca es mirar al cielo y ponerse a preparar las vacaciones… Sí, al otro lado de la galaxia.


El Mundo

Las lunas Rhea y Titán de Saturno.

Como dos hermanos, las lunas Rhea y Titán de Saturno están hechos de la misma pasta, pero en apariencia son muy distintos. En esta insólita imagen lograda por la sonda Cassini de la ESA y la NASA se pueden ver estos dos satélites, los más grandes del planeta de los anillos: Rhea, con un diámetro de unos 1.528 kilómetros, y su gran compañero Titán, de 5.150, un 50% más grande que nuestra Luna.

Así, aunque los dos satélites son muy similares en su composición de roca y hielo de agua, Rhea se muestra repleto de cráteres, ensombrecido por la magnitud y el resplandor dorado de Titán.

Las investigaciones de Cassini han hecho posible que los astrónomos estudien a estos satélites. Así, creen que Rhea comprende tres cuartas partes de hielo y una cuarta parte de roca. Además, las observaciones de la sonda han determinado que esta luna no contiene un núcleo rocoso, sino que se trata de una mezcla de hielo y roca, lo que le da la apariencia de “bola de nieve sucia”.

Por su parte, el tono anaranjado de Titán es producto de su atmósfera densa, rica en nitrógeno y con sustancias como el metano, hidrógeno e hidrocarburos, formados por reacciones con la luz del Sol que, con el tiempo, forma una niebla de humo anaranjado.

En algunas imágenes, la atmósfera superior de Titán adquiere un aspecto a modo de capas de cebolla, con ‘rayas’ de neblina apiladas una encima de otra. En esta imagen se muestra una de estas capas:una banda azul nebulosa que rodea Titán. Esta neblina se extiende alrededor de la luna e ilumina en dos zonas en forma de media luna formando ‘capuchas polares’. En la parte derecha de la imagen se distingue el polo norte, mientras que el sur se encuentra a la izquierda.

Así como la misión Cassini ha dedicado mucho tiempo a estudiar Titán, también ha realizado numerosos sobrevuelos de Rhea parasondear sus características de la estructura interior, la atracción gravitacional y de superficie.

Estos encuentros demostraron que este satélite es un cuerpo antiguo y lleno de cráteres. Además, guarda numerosas cicatrices de impactos pasados, algo que los astrónomos quieren explorar. Para saber más acerca de la tasa de choques y la cantidad de deshechos cósmicos que llueven sobre el sistema de Saturno, los científicos se valdrán del sobrevuelo de Cassini sobre de la superficie de Rhea.


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  • Los investigadores aseguran que estas nubes son iguales a las exóticas encontradas sobre los polos de la Tierra / La idea de que una nube de metano se forme en Titán es absolutamente nueva

La NASA ha captado nubes de metano en la estratosfera de Titán, el mayor satélite de Saturno, iguales a las nubes que se forman sobre los polos de la Tierra. “Nadie pensó que eso fuera posible”, comentan los científicos.

La NASA ha captado la imagen de nubes de metano en las capas altas de la atmósfera de Titán, la luna más grande de Saturno, informa ‘Daily Mail’. Los investigadores aseguran que estas nubes son iguales a las nubes exóticas encontradas sobre los polos de la Tierra. La formación, captada por la nave espacial Cassini de NASA en 2006, fue parte del tope de condensación sobre el polo del norte del satélite. Ahora, ocho años después, los investigadores han revelado que la nube de la estratosfera contiene hielo de metano, que anteriormente era considerado parte de la atmósfera.

“La idea de que una nube de metano se forme en Titán es absolutamente nueva. Nadie pensó que eso fuera posible”, dice Carrie Anderson, científico de NASA que lidera el estudio. Al igual que las nubes de lluvia y nieve, las nubes de Titán se forman por medio de evaporación y condensación, ascendiendo desde la superficie, encontrando temperaturas más y más frías y cayendo como precipitación. Pero en Titán, en vez de con agua, ocurre con metano.

La Tierra tiene sus propias nubes estratosféricas, que normalmente se forman en los polos del Norte y del Sur a una temperatura de 108 grados bajo cero (Fahrenheit) o 78 grados bajo cero (Celsius).

Las nubes de metano probablemente no podían formarse en la estratosfera de Titán, ya que la temperatura de 203 grados bajo cero (Celsius) en el sur del ecuador no permite al metano convertirse en el hielo.

“Titán sigue asombrándonos con sus procesos naturales muy similares a los de la Tierra, pero incluyendo sustancias diferentes al agua”, subraya Scott Edgington, científico de NASA.


ABC.es

  • En los próximos días de marzo podrá observarse el planeta Marte, un asteroide ocultará una estrella y se producirán lluvias de meteoros
El baile de la Luna y Saturno y otros inminentes fenómenos astronómicos

Colin Legg/Universe today | Ocultación de Saturno ocurrida el 22 de febrero

-La visión de Marte: En la noche del 18 al 19, el planeta Marte estará justo encima de la Luna a mitad de la noche. Aparecerá sobre el horizonte a la izquierda de nuestro satélite natural. Será la estrella más brillante y próxima. Así que tendremos otra muy buena referencia (la Luna) para descubrir un nuevo planeta, de color rojo. La estrella Espiga, alfa de la constelación de Virgo, aunque aún menos brillante que Marte, será bien visible, formando triángulo con los otros dos astros y más próxima a la Luna que Marte. A la salida de la Luna sobre el horizonte sobre las 21.30 horas, los tres astros estarán en línea; la Luna en el centro, Marte a su izquierda y la estrella Espiga a su derecha.

La noche del 19 al 20, la Luna se encontrará entre los planetas Marte y Saturno. Marte se situará arriba y a la derecha de la Luna y a cierta distancia y Saturno, abajo y a la izquierda de la Luna, también a cierta distancia, pero como son muy brillantes, serán inconfundibles.

El baile de la Luna y Saturno y otros inminentes fenómenos astronómicos

 
Zonas donde se verá la ocultación

-Un asteroide oculta una estrella: Otro fenómeno extraordinario y raro, visible a simple vista, que se producirá en marzo, el día 20, es la ocultación de la brillante estrella Régulo (una de las más brillantes del cielo), alfa de la constelación de Leo, por el asteroide 163 Erigone, cuyo tamaño es de 72 km de diámetro, que gira alrededor del Sol, casi al doble de la distancia que lo hace la Tierra. Este tipo de acontecimiento celeste solo se puede ver en lugares muy concretos del mundo. Hay que estar justo en el sitio para poder apreciarlo; unos cuantos km más allá de la posición calculada donde es visible desde la Tierra, y ya no se puede ver. La franja de visibilidad es de unos 45 km de ancho. Es como un eclipse de Sol, hay que ir al sitio exacto por donde pasa la sombra del evento. En este caso se hace visible al este de los Estados Unidos y Canadá. Se verá desde la mitad sur de la ciudad de Nueva York o Nueva Jersey hasta Oswego en Estados Unidos, o desde Ontario en Canadá. La luz de Régulo visible a simple vista, mermará durante 14 segundos. Predicen que la luz de Régulo puede incluso hasta desaparecer, provocando la ocultación más espectacular jamás vista desde el norte de América.

Régulo es en realidad un sistema de cuatro estrellas, configurándose en dos parejas. La estrella principal, Régulo, gira tan rápidamente, en 16 horas, que la estrella está extremadamente achatada por los polos con un ecuador muy estirado.

El asteroide es un objeto increíblemente oscuro, como el carbón, del tipo C, contiene agua. El hecho de que oculte a Régulo y cronometrando el tránsito, podremos conocer, entre otras cosas, la forma del asteroide, con una precisión de 1 km. Hace falta un telescopio para ver al asteroide antes y después de la ocultación, ya que su magnitud será de 12,4.

-Lluvias de estrellas fugaces: El 20 de marzo comenzará la primavera en el hemisferio norte y el otoño en el hemisferio sur a las 17h 57m. Marzo es un mes propenso a las lluvias de meteoros o de estrella fugaces. Comienza con las AlphaVirgínidas A con máximo el día 5, las Virgínidas con máxima actividad el día 10, las Zeta-Boótitas el 12 de marzo, las Gamma-Nórmidas visibles desde el hemisferio sur el día 14, las Delta Ménsidas también visibles desde el hemisferio sur el día 17 y las Camelopardálidas el día 19.

-La aproximación de Saturno y la Luna: Un bello espectáculo celeste se podrá ver en el firmamento la noche del 21 de marzo. Se trata de la aproximación aparente en el cielo de la Luna en fase de cuarto menguante y el planeta Saturno, uno de los luceros que más brillan en el firmamento.

Desde España este fenómeno no dejará de ser un caso curioso y bello y para aquellos que aún no hayan visto un planeta en el cielo, es una ocasión única, pues tenemos como referencia inigualable a nuestra Luna.

El día 21, la Luna sale por el horizonte sobre las 23.30 horas y Saturno será la estrella más brillante y próxima que se encuentre abajo y a la izquierda de la Luna. En el transcurso de la noche y debido al movimiento propio de la Luna en órbita alrededor de la Tierra, ésta se desplazará hacia el oeste poco a poco, de modo que Saturno se elevará sobre la Luna y entre las 3 y las 4 de la madrugada conseguirá acercase a la Luna lo máximo posible.

Este fenómeno no será igual visto desde lugares muy al sur del planeta, como el sur de África, aunque se desplazará por el océano Atlántico hasta alcanzar Brasil, de modo que en estas zonas se producirá una ocultación de Saturno por la Luna que durará más de una hora y terminará prácticamente al amanecer en muchos puntos de los citados.

Las ocultaciones de planetas por la Luna son hechos que se dan cada mucho tiempo y en ocasiones se presentan en pleno día, por lo que no son visibles. Es una buena oportunidad para los habitantes de las regiones nombradas de ver un acontecimiento celeste de relevancia.

Además marzo nos trae dos lunas nuevas, la del día 1 y la del día 30.

Miguel Gilarte Fernández es director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata (Sevilla) y presidente de la Asociación Astronómica de España.


ABC.es

  • Unos 200 millones de meteoritos desprendidos han podido impactar en estos planetas y sus satélites
La Tierra pudo llevar vida a las lunas de Júpiter y Saturno

archivo abc | Encelado, una de las lunas de Saturno

Rocas desprendidas de la Tierra podrían haber llevado la vida a las lunas de Júpiter y Saturno, según un estudio, publicado en ‘Astrobiology‘, llevado a cabo por un equipo internacional de científicos.

Esta investigación pretende alertar a los expertos de que, si hayan vida en esas lunas, deberán contemplar la posibilidad de que se trate de vida procedente de otros planetas y no fuentes originadas en el propio mundo.

La idea de que la vida se puede propagar a través del espacio es conocida como panspermia. Una clase de la panspermia es la litopanspermia, aquella que determina que la vida puede viajar en las rocas que se desprenden de superficie de los mundos. Si estos meteoritos portan suficientes organismos, estos podrían sembrar vida en otro planeta o en una luna.

Aunque podría parecer descabellada, algunos estudios realizados apuntan a que la litopanspermia es posible. Por ejemplo, más de 100 meteoritos procedentes de Marte han sido descubiertos en la Tierra. Son rocas que se despegaron del planeta rojo y que acabaron estrellándose en su planeta vecino.

Para llevar a cabo esta investigación, los científicos han realizado simulaciones por ordenador. Esta práctica mostró que hay materia que despegó de la Tierra por impactos cósmicos y que pudo haber escapado a la atracción de la gravedad del planeta, aterrizando en la Luna.

También se ha determinado que miles de millones de años de polvo de la Tierra pueden haber acumulado en la superficie lunar unas 22 toneladas de material terrestre en 100 kilómetros cuadrados.

200 millones de meteoritos desde la Tierra

Una vez obtenidos estos resultados, los científicos extendieron la investigación a las lunas de Júpiter y a las lunas de Saturno, algunas de las cuales se barajan como posibles portadores de vida, por la presencia de hielo en ellas.

Así, la autora principal, Rachel Worth, ha destacado que, «durante el trabajo, se ha realizado la simulación de más de 100.000 fragmentos individuales» desprendidos de la Tierra y Marte.

La mayoría de estos meteoritos se estrellaron de nuevo en su planeta de origen, otros fueron tragados por el sol, mientras que otra parte acabó golpeando planetas hacia el interior del Sistema Solar (Venus y Mercurio).

Sin embargo, también hubo una pequeña fracción de meteoritos golpeó planetas hacia los planetas más lejanos a la estrella. Los investigadores calculan que, en el transcurso de los 3.500 millones años que se conoce que la Tierra ha tenido vida, se han ‘producido’ unos 200 millones de meteoroides suficientemente grandes como para llevar la vida hasta el espacio.

También estimaron que, 800 millones de este tipo de rocas fueron expulsadas de Marte durante el mismo período. Esta diferencia de cifras se debe a la menor gravedad que posee el planeta rojo con respecto a la Tierra.

De todos ellos, se ha calculado que 83.000 meteoritos de la Tierra y 32.000 de Marte podrían haber golpeado Júpiter después de viajar 10 millones de años, o menos. Además, aproximadamente 14.000 rocas de la Tierra debería haber golpeado Saturno, al igual que unas 20.000 de Marte.

Dado que las lunas de esos mundos gigantes están relativamente cerca de sus planetas, muchos de los impactos podrían «salpicar» a los satélites, según ha apuntado la autora.

Además, han calculado que las lunas de Saturno Titán y Encelado, y lunas de Júpiter Io, Europa, Ganímedes y Calisto, han sufrido entre uno y 10 impactos, tanto de la Tierra y de Marte. «Estos hallazgos sugieren la posibilidad de transferencia de la vida desde el interior del sistema solar a las lunas exteriores, aunque es muy poco frecuente, en la actualidad no se puede descartar», ha señalado Worth.

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