Presencia de agua en Marte


La presencia de agua en Marte se investiga desde hace cientos de años. La geografía del planeta parece indicar fuertes accidentes que habrían sido producidos por el agua en tiempos pasados, en condiciones ambientales muy diferentes de las actuales. Hoy la atmósfera de Marte se estima que tiene un 0,01 % de agua en forma de vapor y se sabe que hay también agua helada en el subsuelo. La presión atmosférica marciana es muy inferior a la de la Tierra y la temperatura también; estas condiciones ambientales hacen que el ciclo del agua en Marte sea diferente al de la Tierra, puesto que esta pasa directamente de estado sólido a gaseoso y viceversa sin pasar por el estado líquido.

 

Reconstrucción del Oceano de Marte

La noción de agua en Marte precedió a la era espacial por cientos de años. Los primeros observadores, utilizando telescopios ópticos, asumieron correctamente que los casquetes y las nubes polares de color blanco eran indicadores de la presencia de agua. Estas observaciones, junto con el hecho de que Marte tiene un día de 24 horas, llevó al astrónomo William Herschel a declarar en 1784 que Marte probablemente ofrecería a sus hipotéticos habitantes “una situación en muchos aspectos similar a la nuestra”.

A principios del siglo XX, la mayoría de los astrónomos reconocían que Marte era mucho más frío y seco que la Tierra. La presencia de océanos ya no se aceptaba, por lo que el paradigma cambió a una imagen de Marte como un planeta “moribundo” con solo una escasa cantidad de agua. Las áreas oscuras, que se podía ver como cambiaban estacionalmente, fueron consideradas entonces como extensiones de vegetación.​ La persona responsable de popularizar esta visión de Marte fue Percival Lowell (1855 – 1916), quien imaginó una raza de marcianos construyendo una red de canales para llevar agua desde los polos a los habitantes establecidos en el ecuador del planeta. A pesar de generar un tremendo entusiasmo público, las ideas de Lowell fueron rechazadas por la mayoría de los astrónomos. El consenso científico establecido por entonces es probablemente mejor resumido por el astrónomo inglés Edward Maunder (1851-1928), quien comparó el clima de Marte con “las condiciones sobre un pico de seis mil metros de altura en una isla del Ártico, donde solamente se podría esperar que sobreviviesen los líquenes”.

Mientras tanto, muchos astrónomos estaban refinando la herramienta de la espectroscopia planetaria con la esperanza de determinar la composición de la atmósfera de Marte. Entre 1925 y 1943, Walter Adams y Theodore Dunham del Observatorio del Monte Wilson intentaron identificar el oxígeno y el vapor de agua en la atmósfera marciana, con resultados generalmente negativos. El único componente de la atmósfera marciana conocida con certeza fue el dióxido de carbono (CO2) identificado espectroscópicamente por Gerard Kuiper en 1947.​ El vapor de agua no fue detectado inequívocamente en Marte hasta 1963.

La composición de los casquetes polares de Marte, se había asumido que estaban formados por hielo de agua desde los tiempos de Cassini (1666). Sin embargo, esta idea fue cuestionada por algunos científicos en el siglo XIX, que pensaron en el hielo de CO2 debido a la baja temperatura total del planeta y a la apreciable carencia evidente de agua. Esta hipótesis fue confirmada teóricamente por Robert Leighton y Bruce Murray en 1966.​ Actualmente se sabe que los casquetes invernales en ambos polos se componen principalmente de hielo de CO2, pero que permanece una capa permanente (o perenne) de hielo de agua durante el verano en el Polo Norte. En el Polo Sur, un pequeño casquete de hielo de CO2 permanece durante el verano, pero esta capa también está cubierta por el hielo de agua.

La pieza final del rompecabezas del clima marciano fue proporcionada por el Mariner 4 en 1965. Las granuladas imágenes de televisión enviadas por la nave espacial mostraron una superficie dominada por cráteres de impacto, lo que implicaba que la superficie era muy antigua y no había experimentado el nivel de erosión y actividad tectónica presente en la Tierra. Poca erosión significaba que el agua líquida no había desempeñado probablemente un papel grande en la geomorfología del planeta durante miles de millones de años. Además, las variaciones en las señales de radio de la nave espacial a medida que pasaba detrás del planeta permitían a los científicos calcular la densidad de la atmósfera. Los resultados mostraron una presión atmosférica inferior al 1% de la tierra en al nivel del mar, excluía de forma efectiva la existencia de agua líquida, que rápidamente herviría o se congelaría a presiones tan bajas.​ Estos datos generaron una visión de Marte como un mundo muy parecido a la Luna, pero con una tenue atmósfera capaz de mover el polvo alrededor alrededor del planeta. Esta visión de Marte duraría casi otra década, hasta que el Mariner 9 mostró un Marte mucho más dinámico, con indicios de que el ambiente del pasado del planeta fue menos inclemente que el actual.

El 24 de enero de 2014, la NASA informó acerca de que los vehículos exploradores Curiosity y Opportunity estaban buscando evidencias de antigua vida en Marte, incluyendo indicios de una biosfera basada en microorganismos de nutrición autótrofa, quimiótrofa y/o litótrofa, así como la antigua presencia agua, incluyendo planicies lacustres (llanuras relacionadas con ríos antiguos o lagos) que puedieran haber sido habitables.

Durante muchos años se pensó que los restos observados de las inundaciones fueron causados por la liberación de un acúmulo de agua global, pero una investigación publicada en 2015 revela depósitos regionales de sedimentos y de hielo formados 450 millones de años antes de convertirse en flujos de agua.​ Así, “la deposición de sedimentos de los ríos y el derretimiento glacial rellenaron cañones gigantes en el fondo del antiguo océano primordial que había ocupado las tierras bajas del norte del planeta”, y “fue el agua preservada en estos sedimentos de los cañones la que fue liberada más tarde formando grandes inundaciones, cuyos efectos pueden ser vistos hoy.”


Dos posibles océanos

La existencia de océanos en el Marte antiguo ya se ha sospechado antes y las características que recuerdan a las costas han sido identificadas con imágenes desde varias naves espaciales. Pero, aún así, sigue siendo un tema controvertido.

Por el momento, los científicos han propuesto dos posibles océanos: uno de hace 4.000 millones de años, cuando prevalecía un clima más cálido, y otro de 3.000 millones de años atrás cuando el hielo se fundió bajo la superficie después de un gran impacto y creó canales de salida que drenaban el agua hacia zonas de poca elevación.

“El instrumento MARSIS penetra profundamente en el suelo, dejando al descubierto los primeros 60-80 metros de subsuelo del planeta”, dice Kofman Wlodek, líder del equipo de radar en el IPAG. “A lo largo de toda esta profundidad, hemos visto evidencias de material sedimentario y de hielo”.
Los sedimentos revelados por MARSIS son áreas de baja reflectividad al radar. Estos sedimentos son normalmente materiales granulares de baja densidad que han sido erosionados por el agua y llevados por ella hasta su destino final.

Demasiado efímeros para formar vida

Este océano, sin embargo, habría sido temporal. En un millón de años o menos, según estimaciones Mouginot, el agua o se habría congelado allí mismo y conservado bajo tierra o se habría convertido en vapor y levantado poco a poco en la atmósfera.

“Yo no creo que pudiera haber quedado como un océano el tiempo suficiente como para llegar a formar vida”, explica el investigador. Con el fin de encontrar evidencia de vida, los astrobiólogos tendrán que buscar aún más atrás en la historia de Marte, cuando el agua líquida existió durante mucho más tiempo.

Sin embargo, este trabajo proporciona algunas de las mejores evidencias de que hubo alguna vez grandes cantidades de agua líquida en Marte y es una prueba más del papel del agua líquida en la historia geológica marciana. “Esto añade nuevas piezas de información para el rompecabezas, pero se mantiene la pregunta: ¿de dónde vino todo el agua?”, se pregunta Mouginot.

Confirmado: Encelado tiene un océano subterráneo global


ABC.es

  • La sonda Cassini ha aportado nuevos datos que muestran que existe una gran masa líquida bajo la capa de hielo del satélite de Saturno
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NASA/JPL | Ilustración que muestra la estructura interna de Encelado. El tirón gravitarorio de Saturno deforma su superficie

Ahora es seguro del todo. Encelado, la enigmática luna de Sarurno, cuenta con un océano subterráneo global, es decir, que ocupa todo el planeta y que permanece oculto bajo una gruesa capa de hielo. Los datos definitivos proceden de la sonda Cassini, de la NASA, que lleva años estudiando a fondo el sistema de satélites de Saturno y que ha hecho ya varias «visitas» a Encelado.

Hace ya tiempo que los investigadores se dieron cuenta de que Encelado, a medida que giraba alrededor del gigantesco planeta anillado, mostraba un extraño abultamiento. Una «deformidad» que sólo podía explicarse con la existencia de una masa líquida y en movimiento bajo la superficie. Una masa capaz de «abombar» el satélite debido a la enorme fuerza gravitatoria de Saturno.

El hallazgo confirma que los géiseres detectados en varios puntos de Encelado, formados por vapor de agua, partículas de hielo y moléculas orgánicas sencillas, proceden, sin duda alguna, de fracturas en la superficie helada cerca del polo sur, que permiten escapar a una pequeña parte del agua que se almacena debajo. La investigación acaba de publicarse en la revista Icarus.

El análisis de datos anteriores de la Cassini ya sugerían la presencia de una gran cantidad de agua líquida bajo la corteza helada de Encelado, aunque al principio se suponía que el mar subterráneo solo ocupaba una porción del satélite y alrededor de su polo sur.

Gravedad para detectar el océano

Sin embargo, los datos gravitatorios obtenidos durante las numerosas «pasadas» de la Cassini por Encelado sugerían que ese mar podría ser mucho mayor, incluso todo un enorme océano subterráneo y global. Los nuevos resultados confirman que, efectivamente, es así.

«Era un problema que necesitaba de años de observación y cálculos en diversas disciplinas -explica Peter Thomas, investigador de la misión Cassini y primer firmante del artículo-, pero ahora sabemos que estábamos en lo cierto».

Durante más de siete años, los científicos han analizado miles de imágenes de Encelado procedentes de las cámaras de la Cassini. Y sobre ellas han calculado detalladamente la posición exacta de muchas de sus características geográficas, la mayoría de ellas cráteres de impacto de meteoritos. Con esos datos, lograron medir con extraordinaria precisión cómo variaba la posición de esos cráteres durante la órbita de Encelado alrededor de Saturno.

Así es como se dieron cuenta de que, a medida que la luna completa su órbita, su superficie muestra un ligero, aunque detectable, abultamiento. Además de ligeros movimientos del planeta entero hacia delante y hacia atrás, causados por los movimientos de la enorme masa de agua subterránea durante su periplo orbital.

Mareas gravitatorias

Encelado cuenta, pues, con un núcleo y una corteza sólidas, pero entre ambas existe una enorme masa de agua liquida que envuelve por completo al satélite.

El mecanismo que ha permitido a este gran océano global mantenerse líquido es aún un misterio. Thomas y sus colegas sugieren varias ideas para llevar a cabo nuevos estudios sobre la cuestión, como por ejemplo que las propias mareas gravitatorias de Saturno sean capaces de generar mucho más calor del que se creía.

«Es un gran paso hacia la comprensión de este mundo, y demuestra la clase de descubrimientos inesperados que podemos hacer con misiones de larga dirección a otros planetas», asegura por su parte Carolin Porco, coautora de la investigación.

Desvelar la historia y los secretos de Encelado es, en efecto, uno de los mayores logros de la misión Cassini, que lleva estudiando el sistema de Saturno desde 2004 y que volverá a acercarse a Encelado el próximo 28 de octubre, día en que pasará a solo 49 kilómetros de su superficie.

James Cameron ‘toca fondo’ en las profundidades del Pacífico


El Mundo

El director de cine canadiense James Cameron, responsable de títulos como ‘Avatar’, ‘Titanic’ y ‘Abyss’, se ha convertido esta noche en el primer hombre que logra alcanzar en solitario las profundidades del Océano Pacífico, tras consumar un descenso a la Fosa de las Marianas que inició en la tarde de este domingo.

Cameron “ha comenzado su descenso hacia la zona más profunda del océano”, anunció a través de Twitter National Geographic, que dirige laexpedición Deepsea Challenge hasta el confín de la corteza terrestre, que se encuentra 11,2 kilometros por debajo del nivel del mar.

Poco después, hacia la medianoche (hora española) del domingo, el director confirmaba mediante su cuenta en la misma red social que había logrado su objetivo. “Acabo de llegar a lo más profundo del océano. Tocar fondo nunca fue tan bueno. No puedo esperar para contar lo que estoy viendo”, escribía Cameron en forma de ‘tuit’.

El cineasta, de 57 años, se ha sumergido en un minisubmarino fabricado por su equipo de ingenieros en colaboración con National Geographic a las 04.00 horas local del lunes (18.00 GMT del domingo). Dos horas después, cumpliendo con el plan previsto, Cameron ha logrado llegar al final de la fosa de las Marianas, a casi 11.000 metros de profundidad, y ha convertido a su expedición en la segunda que ha hecho realidad esta hazaña.

Hasta la fecha únicamente lo ha logrado el batiscafo Trieste en 1960, pilotado por el teniente de la Marina estadounidense Don Walsh y el explorador suizo Jacques Piccard.

‘Deepsea Challenger

El objetivo del viaje de Cameron, que tiene fines científicos y lleva preparando más de ocho años, es llegar al lugar más profundo del océano, situado en el entorno de la isla de Guam, en el sur del Pacífico.

La nave que transporta al director del cine fue bautizada como ‘Deepsea Challenger’, tiene espacio para un ocupante y está equipada con cámaras y brazos robóticos.

El minisubmarino realizó esta semana un viaje no tripulado hasta alcanzar la fosa que resultó exitoso, según explicó el propio Cameron el viernes en una entrevista con National Geographic News.

El cineasta planea dedicar unas seis horas a la exploración y filmación de las Marianas.

Se estima que hay más de 750.000 especies marinas que no han sido formalmente catalogas por la ciencia, tres veces más que las que se conocen.

El interés de Cameron por los fondos marinos le llevó a realizar películas como ‘The Abyss’ (1989), en la que un grupo de científicos encontraban vida extraterrestre en las profundidades del océano, así como a buscar los restos del Titanic (‘Last Mysteries of The Titanic’, 2005).

Para la secuela de ‘Avatar’, el director tiene previsto que la historia se desarrolle bajo la superficie del mar.

Descubren pruebas de que un océano cubrió parte de Marte


La Vanguardia

La Agencia Europea del Espacio ha hallado lo que podrían ser depósitos sedimentarios en una planicie del hemisferio norte

La Agencia Europea del Espacio (ESA) informó hoy de que su satélite Mars Express ha aportado pruebas de que un océano cubrió parte de la superficie de Marte, algo que ya se sospechaba pero que sigue siendo objeto de controversia.

El estudio partió de los datos proporcionados durante más de dos años por el radar Marsis, que se desplegó en el planeta rojo en 2005, y que ha permitido a los expertos descubrir que las planicies del hemisferio norte están cubiertas de material de baja densidad.

Jéremie Mouginot, del Instituto de Astronomía Planetaria y Astrofísica de Grenoble (IPAG), asegura en un comunicado de la ESA que esos compuestos parecen ser depósitos sedimentarios, lo que supone “una nueva y sólida prueba de que en otro tiempo hubo un océano”.

El hecho de que Marte estuviera parcialmente cubierto por un océano era una hipótesis ya barajada por la comunidad científica, pero este nuevo estudio aporta uno de los mejores indicios para confirmarlo.

La certeza sobre la formación de esa masa de agua sigue siendo vaga, no obstante, y se cree que pudo haberse originado hace 4.000 millones de años, cuando había en ese planeta condiciones meteorológicas más clementes, o hace 3.000 millones, cuando la capa de hielo de la superficie se fundió tras un gran impacto.

El jefe del equipo de la IPAG, Wlodek Kofman, explica que Marsis penetró unos 60 u 80 metros bajo la superficie de ese planeta, y que en todo ese margen se vieron pruebas de material sedimentario y de hielo.

Los científicos descartan de momento que ese océano se mantuviera el tiempo suficiente como para permitir el desarrollo de vida, y aseguran que para encontrar pruebas de la misma habrá que remontarse a épocas anteriores de la historia de ese planeta.

Este nuevo estudio, sin embargo, marca un punto de inflexión porque hasta el momento los datos anteriores del Mars Express sobre la existencia de agua en Marte procedían del estudio de imágenes o de información mineralógica o atmosférica, pero no de una visión tan cercana con las referencias del radar.

Y al mismo tiempo, sus conclusiones abren nuevos interrogantes sobre el paradero de toda esa cantidad de agua, por lo que según el comunicado, ese satélite prosigue sus investigaciones.

Un océano bajo ‘Encélado’


El Mundo

'Encélado', una de las lunas de Saturno. | NASA

‘Encélado’, una de las lunas de Saturno. | NASA

La sonda Cassini ha recopilado nuevos datos que parecen confirmar la teoría sostenida por algunos científicos que aseguran que bajo la superficie helada de una de las lunas de Saturno, ‘Encélado’, se oculta un gran cuerpo de agua líquida. En concreto, se han detectado moléculas de agua con carga negativa en la atmósfera del satélite, un hallazgo que respalda esta hipótesis.

Según recoge la BBC, estas últimas observaciones fueron realizadas a partir del espectrómetro de plasma de la sonda (CAPS), un instrumento que se utiliza para obtener datos sobre el medio ambiente magnético de Saturno, que mide su densidad, la velocidad de flujo y la temperatura de los iones y electrones que capta el mecanismo.

Además, la Cassini ha detectado sodio en las plumas (la firma de las sales disueltas que aparece en cualquier masa de agua líquida) que habían estado en contacto con la roca de profundidad. “Las moléculas de agua que aparecen en los electrones apoyan nuestras creencias”, explica el investigador del Laboratorio de Ciencias Espaciales del Mullard University College de Londres, Andrew Coates.

Hallan nuevos indicios de que un gran océano cubrió parte del planeta Marte


Europa Press – El Mundo

Los investigadores han utilizado un innovador programa informático

Un nuevo mapa sobre los valles de Marte respalda la teoría de que un océano cubría todo el hemisferio norte del planeta rojo. Asimismo, muestra un mayor parecido entre los sistemas montañosos de Marte y de la Tierra de lo que se pensaba ahora, según un estudio de la Universidad de Illinois del Norte y el Instituto Lunar y Planetario de Houston en EEUU.

Los investigadores han utilizado un innovador programa informático para producir un mapa global más detallado de la red de valles en Marte. Este hallazgo indica que estas redes son dos veces más amplias de lo que señalaba el único mapa del planeta existente.

Además, las regiones más densas en valles forman un cinturón alrededor del planeta entre el ecuador y las latitudes de la mitad sur, lo que resulta coherente con un escenario climático pasado que incluyera precipitaciones y la presencia de un océano cubriendo una gran parte del hemisferio norte de Marte. Los científicos han planteado ya la hipótesis de un único océano en el antiguo Marte, sin embargo, el debate sigue abierto en este sentido.

Según explica Wei Luo, responsable del estudio, “todas las evidencias recopiladas al analizar la red de valles en el nuevo mapa apuntan a un escenario climático particular en los inicios de Marte. Éste podría haber incluido lluvias y la existencia de un océano que cubría la mayor parte del hemisferio norte o alrededor de una tercera parte de la superficie del planeta”.

Similitudes con ríos terrestres

Tomasz Stepinski, coautor del trabajo junto a Luo, señala que “la presencia de más valles indica que muy probablemente llovió sobre el antiguo Marte, mientras que el patrón global muestra que este cinturón de valles podría explicarse si hubiera existido un gran océano en el norte”.

La red de valles de Marte muestra algunas similitudes con los sistemas de ríos de la Tierra, lo que sugiere que el planeta rojo fue más cálido y húmedo que en el presente. Sin embargo, dado que las redes fueron descubiertas en 1971 por la sonda Mariner 9, los científicos han debatido si fueron creadas por la erosión del agua superficial, lo que apuntaría a un clima con lluvias o a un proceso de erosión conocido como socavamiento por aguas subterráneas, que puede producirse en condiciones de frío y sequedad.

La gran disparidad entre las densidades de redes de ríos en Marte y la Tierra han proporcionado el principal argumento contra la idea de que la erosión por escorrentía formó las redes de valles. Pero el nuevo mapa reduce la disparidad, lo que indica que algunas regiones de Marte tenían densidades de redes de valles comparables a las de la Tierra.

Océáno al norte, montañas al sur

Stepinski desarrolló los algoritmos utilizados en la elaboración del nuevo mapa. “El único mapa global de las redes de valles se produjo en los años noventa examinando imágenes y dibujando sobre ellas, así que estaba bastante incompleto y no se había actualizado con los datos actuales. Nuestro mapa se creó de forma semiautomática, con un algoritmo informático que funciona con datos topográficos extraídos de redes de valles, es más completo y muestra más redes de valles”, señala el investigador.

Según apuntan los investigadores, la superficie marciana se caracteriza por planicies localizadas en su mayoría en el hemisferio norte y sistemas montañosos localizados principalmente en el hemisferio sur. Dada esta topografía, el agua se acumularía en el norte, donde las elevaciones superficiales son menores que en el resto del planeta, formando así un océano.

“Un océano único en el hemisferio norte explicaría por qué existe un límite austral a la presencia de redes de valles. En estas regiones más al sur de Marte, localizadas lejos de las reservas de agua, existirían pocas lluvias y no desarrollarían valles. Esto también explicaría por qué los valles se vuelven más superficiales a medida que se va de norte a sur, como sucede en este caso”, afirma Luo.

Por último, el investigador señala que la lluvia se restringiría al área cubierta por el océano y a las superficies de tierra vecinas, lo que se asocia con el patrón similar a un cinturón de la disección de valles que se observa en el nuevo valle.

La ESA lanza en noviembre el primer satélite para medir la salinidad del océano


El Pais

SMOS se encargará también de estudiar la humedad del suelo para entender mejor la vida en la Tierra.- El vehículo porta un único instrumento, de fabricación española

Para relacionarnos mejor con nuestro planeta es indispensable, paradójicamente, salir de él. Salir al espacio. Por ello la Agencia Europea del Espacio (ESA) lanzará en la madrugada del 2 de noviembre SMOS, el primer satélite capaz de medir la salinidad del océano y la humedad del suelo. ¿Para qué? Para entender mejor la Tierra; para saber mucho más sobre un problema tan acuciante como el de conocer cómo se comportará su clima; para averiguar si habrá o no cambios drásticos en las corrientes oceánicas. SMOS, además, es el primer satélite de observación de la Tierra que lleva a bordo un instrumento desarrollado enteramente en España.

Desde el espacio la Tierra es un bello y sugerente globo azul, el más interesante de los planetas de nuestro Sistema Solar o fuera de él, sin duda alguna. No en vano es en el que vivimos. ¿Recuerdan aquello que aprendíamos en el colegio sobre el ciclo del agua? Se evapora de los mares, circula por la atmósfera, y se precipita en forma de lluvia en la tierra para después volver al mar… Es una visión simplista de algo muy cierto. El agua total en nuestro planeta se mantiene constante, pero la proporción de ella que se almacena en mares, tierra, atmósfera y criosfera o hielos cambia según complejos modelos todavía por entender. Una pequeña parte del agua (pequeñísima, tan sólo el 0,001% del agua se encuentra en la atmósfera) está continuamente cambiando de estado. Se funde o se solidifica en los polos y glaciares, se evapora o se precipita sobre tierra y océanos, fluye sobre la tierra hasta el mar por los ríos o se almacena en acuíferos o en humedad superficial del suelo para a su vez evaporarse de nuevo.

Un mejor conocimiento del ciclo del agua es fundamental si queremos comprender las condiciones de la vida en nuestro planeta. La humedad almacenada en la capa superficial del terreno es determinante en la agricultura y las condiciones de habitabilidad del territorio, y un factor decisivo para el clima a corto y medio plazo.

Más agua dulce

El deshielo de los polos, la evaporación, el aporte de los ríos y la precipitación de lluvia alteran la salinidad de los mares al mezclar más agua dulce, y eso a su vez marca la evaporación oceánica y la circulación del agua en los océanos. Porque el agua en los mares no permanece quieta, se mueve formando grandes corrientes (la más conocida, a buen seguro, es la del Golfo) en función de las diferencias de temperatura y salinidad. Y esas corrientes son las que hacen que disfrutemos de un clima más cálido de lo habitual en Europa.

¿Cómo adquirir una idea más cercana de esos fenómenos de intercambio de agua en la superficie del planeta? Hace años, los científicos se dieron cuenta de que se pueden medir desde el espacio escuchando cómo la tierra transmite parte de su calor. Y a raíz de esto, se diseñó el satélite SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity, Humedad del Suelo y Salinidad de los Océanos). SMOS pertenece a un programa de la ESA llamado Planeta Viviente, en el que una serie de satélites intentan mejorar el conocimiento de nuestro planeta analizando los vientos (AEOLUS), el espesor de los hielos (CRYOSAT-2), el campo magnético (SWARM), el campo gravitatorio (GOCE) o la concentración de aerosoles en la atmósfera (EARTH-CARE).

Un único instrumento, español

SMOS porta un único pero muy complejo instrumento, MIRAS, de diseño y fabricación 100% españoles. Es la primera vez que la industria española asume el reto de convertirse en proveedor principal de un instrumento en una misión de la ESA. MIRAS observará periódicamente toda la superficie terrestre midiendo la temperatura de brillo, y enviará a tierra información que se podrá convertir en mapas de humedad de suelo y de salinidad.

Ese proceso, convertir los datos recibidos de MIRAS en mapas que puedan analizar los científicos, es precisamente lo que realizará el Centro de Procesado de Datos de SMOS en ESAC, el Centro Europeo de Astronomía Espacial de la ESA en Villanueva de la Cañada (Madrid). Se llegará a ofrecer datos en menos de tres horas desde su captura por el satélite, con lo que se mejorarán los modelos de predicción meteorológica a medio plazo -influyendo así por ejemplo en la información del tiempo cotidiana-.

Asimismo, desde ESAC se vigilará el instrumento y se planificarán las operaciones que ha de realizar SMOS a lo largo de sus órbitas (dará una vuelta a la Tierra cada 100 minutos, pasando por los polos). También se generarán los comandos para indicarle lo que ha de hacer, que serán transmitidos al CNES (Centro Nacional de Estudios Espaciales) en Francia, responsable de las operaciones de la plataforma.

El lanzamiento de SMOS está previsto para la madrugada del 2 de noviembre, desde Plesetsk, en Rusia. Todos cruzamos los dedos (y además ponemos todo nuestro esfuerzo, por aquello de echar una manita a la fortuna) para que a finales de año podamos empezar a conocer mejor nuestro bello, redondo y azul hogar.

Una ballena y un calamar gigantes se unen en Washington para defender los océanos


EFE – ADN

  • Forma parte de una exposición que, con 674 especies, recorre 4.000 millones de años de historia marina y pretende recordar que la conservación de estos ecosistemas, que representan el 95% de la Tierra, es “esencial para la vida”
  • El calamar de 7 metros fue capturado en aguas españolas

actu080926cal.jpgEl museo de Historia Natural de Washington, dirigido por el colombiano Cristian Samper, se suma a la causa de la defensa de los océanos con una impactante exposición presidida por una ballena gigante y un calamar de 7,3 metros que se capturó en España.

Con esta exhibición, la institución inaugura el Sant Ocean Hall, una nueva galería con la que quiere recordar a todos que los océanos “son un sistema global esencial para la vida”, como ha declarado a Efe el director.

Cinco años de trabajo han sido necesarios para diseñar este espacio dinámico que alberga 674 especies y ofrece a los visitantes la oportunidad de aprender sobre el ecosistema más grande y complejo del planeta.

Los océanos son el 95% de la Tierra

La muestra recoge 4.000 millones de años de historia marina, desde la formación de los océanos, pasando por su geología, sus ecosistemas y la manera en la que el hombre interactúa con el medio.

Como ha recordado el director de la institución, los océanos representan el 95% del espacio de la Tierra, pese a lo cual sólo se conoce el 5% de su totalidad, “lo que los convierte en un lugar de gran atractivo para la ciencia”.

Nada más entrar, el visitante está literalmente sumergido en el mar, rodeado de imágenes en movimiento. Rayas, ballenas, tiburones y medusas se proyectan en las paredes del museo recreando el espacio marino de las islas Galápagos, las Islas Caimán, la Polinesia Francesa o Belize.

La ballena Fenix

Siguiendo rumbo a las aguas del océano Atlántico, el espectador descubrirá la estrella de la exposición: una ballena de tamaño natural, que mide 14 metros y en su versión real pesa 5.000 kilos.

Suspendida del techo, Fenix se ha convertido en el “emblema” del museo para recordar que cada vez hay menos ballenas en el mundo y que de esta especie en concreto tan sólo quedan 400 ejemplares.

El director sostiene que es mucho lo que puede hacer el hombre para preservar los océanos desde “pensar qué pescado comer y en qué época del año, hasta cómo ir al trabajo”, en coche o buscando otra alternativa.

El calamar gigante español

Otra de las grandes apuestas de la exposición es un calamar de más de 7 metros que el museo exhibe en una urna de cristal y metal. Fue capturado en las aguas del océano Atlántico que bañan las costas españolas.

Además, la exposición recoge una selección de criaturas marinas fósiles, incluidas plantas y microorganismos, pero también recrea la vida natural en un arrecife de coral, en un acuario en el que conviven 74 especies.

Como colofón, el museo permite descender a lo más profundo del océano en un submarino imaginario, con una película que muestra cómo es la vida en el mar, la reproducción de las especies, la lucha por la supervivencia y los misterios de sus profundidades.

El 40% de los océanos están afectados de forma grave por el ser humano


CET – El Mundo

TRAZAN UN MAPA MUNDIAL CON LAS ZONAS MÁS DAÑADAS

  • El cambio climático, la sobrepesca y la contaminación las mayores amenazas
  • Las zonas costeras son las más afectadas y los polos los mejor conservados

MADRID.- Las palabras de algunos de los más prestigiosos oceanógrafos del mundo son muy elocuentes cuando son preguntados por el estado de los océanos: “es desastroso a escala global y es debido a la acción del hombre”. Un extenso grupo de científicos pertenecientes a universidades, agencias estatales y ONG internacionales ha realizado, por primera vez, un mapa de los efectos de la actividad humana sobre la salud de los ecosistemas marinos de todo el mundo.Más del 40% de los océanos de todo el mundo están afectados de forma grave, según esta investigación, publicada hoy en la revista Science. Para la elaboración del mapa que acompaña a estas líneas, los científicos analizaron de forma global las 17 causas más importantes del deterioro de los océanos. El cambio climático, la sobrepesca, las especies invasoras, la navegación o la contaminación son sólo algunas de ellas.

La parte más sutil de la investigación consistió en evaluar su impacto sobre el medio natural y otorgar un valor a cada una de ellas de forma que pudiesen ser sumables en cada zona del planeta. Una vez solucionado este escollo metodológico, las zonas peor paradas fueron en general las zonas costeras, pero más concretamente el Mar del Norte, ciertas zonas del Caribe y el Mar oriental de China. Por contra, las áreas cercanas a los polos son las que menor impacto sufren, pero representan tan solo un 3,7% de la superficie de los océanos, según los autores de la investigación.

El presidente de la Sociedad Americana de Oceanografía y Limnología, el oceanógrafo español Carlos Duarte, no ha participado en el trabajo, pero opina que han podido faltar algunos recientes datos en la realización del mapa, cosa que los propios autores admiten que haya podido pasar. «Si el Ártico no ha sido señalado como una zona muy impactada es por falta de datos. En los últimos años la ciencia ha constatado daños importantes. Las consecuencias del calentamiento global van a poner en peligro la biodiversidad del polo Norte», aseguró Duarte a EL MUNDO.

Los ecosistemas más afectados por el impacto humano son las plataformas continentales y los arrecifes de coral. Las praderas de posidonia, los manglares y los corales ya no tienen un sólo lugar en el mundo donde los efectos de la mano humana no hayan aparecido aún. Todos están amenazados. Los autores del trabajo aseguran que la mitad de los arrecifes de coral presentan un impacto de medio-alto a muy alto, lo que pone en peligro uno de los pilares fundamentales de los ecosistemas marinos en los trópicos. Resulta llamativo que la única zona costera del mundo que no está afectada o que posee un impacto muy pequeño son algunas áreas de la costa norte de Australia.

El mapa pretende ser un punto de partida para tomar medidas de protección a escala local. «Si algún grupo de gestión o de conservación desea tomar medidas para preservar una determineda zona, nuestro trabajo supone un sólido marco para poder hacerlo», afirma Kimberly Selkoe. Carlos Duarte, en cambio, no es tan optimista. «Los daños más graves deben ser abordados de forma global porque son consecuencia del cambio climático», dice.