Tag Archive: Hubble



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  • Detectadas en la Nebulosa de la Tarántula, dentro de la Gran Nube de Magallanes, son extremadamente brillantes

 

 La región central de la nebulosa de la Tarántula en la Gran Nube de Magallanes. El cúmulo de estrellas R136 joven y denso se puede ver en la parte inferior derecha de la imagen - NASA, ESA, P Crowther (University of Sheffield)

La región central de la nebulosa de la Tarántula en la Gran Nube de Magallanes. El cúmulo de estrellas R136 joven y denso se puede ver en la parte inferior derecha de la imagen – NASA, ESA, P Crowther (University of Sheffield)

Gracias al telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos de la Universidad de Sheffield en Reino Unido ha identificado nueve monstruosas estrellas con masas más de 100 veces mayores que la del Sol en el cúmulo estelar R136, en la Nebulosa de la Tarántula dentro de la Gran Nube de Magallanes, a unos 170.000 años luz de distancia la Tierra. Se trata de la muestra más grande de estrellas muy masivas identificada hasta la fecha. Los resultados, que serán publicados en la revista Monthly Notices de la Royal Astronomical Society, plantean muchas preguntas sobre la formación de este tipo de gigantes.

El equipo internacional de científicos utilizó dos instrumentos del Hubble, la Wide Field Camera 3 (WFC3) y el espectrógrafo de imágenes (ITS), para diseccionar con éxito este cúmulo de estrellas jóvenes en luz ultravioleta por primera vez. R136 tiene sólo unos pocos años luz de diámetro, pero alberga muchas estrellas extremadamente masivas, calientes y luminosas cuya energía se irradia sobre todo en el ultravioleta.

Además de encontrar docenas de estrellas con más de 50 masas solares, este nuevo estudio fue capaz de revelar en el cúmulo un total de nueve muy masivas, más de 100 veces más masivas que el Sol. Sin embargo, el actual poseedor del récord, R136a1, se mantiene en su lugar como la estrella más masiva conocida en el Universo, con más de 250 masas solares. Las estrellas detectadas no son sólo extremadamente masivas, sino también extremadamente brillantes. Juntas, eclipsan el Sol en un factor de 30 millones.

Estos gigantes expulsan una masa terrestre de material al mes a una velocidad que se acerca al 1% de la de la luz, lo que les hace perder mucho peso en sus cortas vidas.

El hallazgo «sólo ha podido ser posible con los instrumentos a bordo del Hubble», explica Paul Crowther, de la Universidad de Sheffield, autor principal del estudio. «Junto con mis colegas, me gustaría reconocer el inestimable trabajo realizado por los astronautas durante la última misión de reparación del Hubble. Pusieron sus vidas en riesgo por el bien de la ciencia», dice con admiración.

En 2010, Crowther y sus colaboradores demostraron la existencia de cuatro estrellas en R136, cada una con más de 150 veces la masa del sol. En ese momento, las propiedades extremas de estas estrellas fueron una sorpresa, ya que excedían el límite superior de masas de estrellas que por lo general se aceptaba en ese momento. Ahora, este nuevo censo ha demostrado que hay otras cinco estrellas con más de 100 masas solares en R136.

Los resultados recogidos de R136 y de otras agrupaciones también plantean muchas nuevas preguntas sobre la formación de estrellas masivas, ya que el origen de estos gigantes sigue siendo poco claro. Con el fin de encontrar respuestas, el equipo seguirá analizando los datos recogidos. «Una vez más, nuestro trabajo demuestra que, a pesar de estar en órbita durante más de 25 años, hay algunas áreas de la ciencia para la cuales el Hubble sigue siendo el único capaz», concluye Crowther.

 


La Vanguardia

  • El tamaño de la gigantesca tormenta se reduce poco a poco y su forma se vuelve más redonda
 Imagen del planeta Júpiter en la que se observa la Gran Mancha Roja NASA

Imagen del planeta Júpiter en la que se observa la Gran Mancha Roja NASA

La Gran Mancha Roja de Júpiter continúa reduciendo su tamaño y adquiriendo una forma cada vez más circular y menos ovalada. Las imágenes de esta gigantesca tormenta –de un tamaño que englobaría  dos veces el diámetro de la Tierra– se han obtenido con la cámara WFC3 del telescopio espacial Hubble (http://hubblesite.org/) y se han comparado con imágenes previas de misiones como Voyager o Cassini.

Estas imágenes de alta resolución forman parte de los nuevos mapas de Júpiter obtenidos en el primer año de la campaña OPAL, que estudia la evolución de la atmósfera de este planeta, así como las de Urano y Neptuno. Estos primeros resultados de la misión se han publicado en la revista The Astrophysical Journal.

La reducción de tamaño de la Gran Mancha Roja desde 2014 se ha estimado en 240 kilómetros en su eje largo. “Sólo podemos adivinar los motivos por los que se encoge pero, en cuanto a su forma, todas las tormentas que se han observado en Júpiter se acaban haciendo cada vez más circulares”, explica por correo electrónico Amy Simon, de la división de exploración del Sistema Solar del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y primera firmante del artículo.

“No sabemos cuándo se formó la Gran Mancha Roja, pero se ha seguido de manera casi continua desde 1870, aproximadamente. Y se ha ido encogiendo todo el tiempo. Los modelos matemáticos sugieren que acabará teniendo una forma específica –un poco más redondeada que la actual, pero no redonda del todo– y será más estable”, detalla.

También se han registrado cambios en el color de la mancha que, a pesar de su nombre, es de un anaranjado intenso y en su núcleo, que ha dejado de distinguirse. Como detalla la científica, “el color está relacionado con muchos pequeños remolinos que se ven inmersos en el campo de vientos de la mancha: cada vez que engulle una pequeña tormenta, aparece una nube blanca y si produce muchos remolinos, el color se vuelve más claro. Pero, si no lo hace, el color se vuelve muy intenso”.

Además, las imágenes del Hubble, tomadas el pasado 19 de enero, han permitido describir nuevas estructuras internas de la Gran Mancha Roja, como un filamento, y una onda, situada a 16º latitud norte del planeta. Esta onda es similar a la observada por el Voyager 2 y parece que está causada por una inestabilidad baroclínica, un fenómeno meteorológico que en ocasiones aparece en la atmósfera terrestre cuando se forman los ciclones y, según los modelos analíticos, también se produce en Júpiter.

Su origen puede estar en una capa bajo las nubes y que sólo se hace visible cuando se propaga a la capa superior. Los investigadores realizarán simulaciones numéricas para explicar por qué esta inestabilidad no se observa con frecuencia, a pesar de que las condiciones medioambientales eran similares.

Enlace al artículo original: http://www.spacetelescope.org/static/archives/releases/science_papers/heic1522a.pdf


El Mundo

  • Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra
  • El telescopio espacial ‘Hubble’ detecta la presencia de un gran océano subterráneo bajo la corteza de la mayor luna del Sistema Solar
  • El hallazgo se hizo de forma indirecta, observando la actividad de sus auroras y a través de ellas, de su campo magnético
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Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras detectadas, orbitando Júpiter, al fondo.NASA

Ganímedes es la mayor luna de Júpiter y también del Sistema Solar. Y según sugieren las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble, alberga un gran océano subterráneo que contiene más agua líquida que la que hay en la Tierra. La conclusión fue presentada ayer durante una rueda de prensa de la NASA en la que participaron los principales científicos que han llevado a cabo esta investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Space Physics.

Según sus cálculos, esta gran masa de agua salada tendría unos 100 kilómetros de profundidad (aproximadamente diez veces más que los océanos más profundos de la Tierra) y se encontraría bajo una corteza de 150 kilómetros de espesor, compuesta en su mayor parte por hielo.

Descubierta por Galileo en el año 1610, la luna gigante Ganímedes tiene un tamaño comparable al planeta Mercurio y cuenta con un campo magnético propio (es el único satélite del Sistema Solar que lo tiene) y una frágil atmósfera, muy distinta a la de la Tierra, en la cual el telescopio Hubble ya había encontrado indicios de oxígeno.

Basándose en los modelos teóricos que usan para sus investigaciones, desde los años 70 del siglo pasado los científicos ya pensaban que este satélite podía tener un gran océano. La misión de la NASA Galileo midió en el año 2002 su campo magnético, reforzando con sus resultados esas sospechas. Ahora, han encontrado una nueva prueba.

El telescopio Hubble fue utilizado para observar en Ganímedes las auroras, un fenómeno vinculado al campo magnético del satélite. Debido a que los telescopios no pueden ver lo que hay en el interior de los planetas, los satélites o cualquier objeto celeste, rastrear el campo magnético a través de las auroras les permite de forma indirecta averiguar lo que hay dentro. Además de tener un campo magnético propio, al orbitar muy cerca de Júpiter, Ganímedes también se ve influida por el campo magnético de ese planeta gigante.

Los científicos observaron el comportamiento de las dos auroras para determinar que debajo de la corteza de Ganímedes hay una gran masa de agua salada que influye en su campo magnético. «Siempre le di vueltas a la idea de cómo podíamos usar un telescopio de manera distinta. ¿Es posible emplearlo para mirar lo que hay en el interior de un cuerpo planetario? Entonces pensé en las auroras, porque están controladas por el campo magnético. Si observas una aurora de la forma adecuada, puedes obtener información sobre el campo magnético. Y si sabes cómo es el campo magnético, obtienes información sobre el interior de esa luna», explicó durante la rueda de prensa telefónica Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia (Alemania) y autor principal de este trabajo.

«Los nuevos datos encajan muy bien con lo que se sabía. Se trata de un resultado importante porque afianza la idea de que ese océano de agua líquida existe, pues contamos con evidencias indirectas», señala a EL MUNDO Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA).

Prieto es una de las investigadoras que ha planificado la ambiciosa misión JUICE (Jupiter Icy moons Explorer) que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar al sistema de Júpiter en el año 2022, adonde llegaría en 2030.

Uno de los principales objetivos de esta sonda será precisamente estudiar Ganímedes e indagar sobre la presencia de este gran océano de agua líquida. Io, Europa y Calisto son otros de los satélites que hacen que el estudio del sistema de Júpiter tenga gran interés.

«Este descubrimiento supone un hito y pone de manifiesto lo que el Hubble puede conseguir», afirmó John Grunsfeld, uno de los responsables del departamento científico de la NASA, que el próximo 24 abril celebrará un cuarto de siglo de observaciones y descubrimientos de su telescopio espacial, que también es operado por la ESA. En su opinión, «un océano profundo bajo la corteza helada de la luna Ganímedes abre la fascinante posibilidad de que haya vida más allá de la Tierra».

Twitter: @teresaguerrerof


 

TRES REQUISITOS PARA QUE PUEDA HABER VIDA

Detectar la presencia de agua líquida como la que parece haber en Ganímedes, el mayor satélite de Júpiter, afirma la NASA, «es crucial» en la búsqueda de mundos habitables y de la presencia de vida como la conocemos en nuestro planeta. No obstante, matiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología, «haber detectado agua líquida implica simplemente que se da uno de los requisitos para poder decir que el ambiente es habitable, pero no nos dice nada sobre la existencia de vida como la que conocemos en la Tierra. Una cosa es la habitabilidad y otra la existencia de vida», señala. Tres son los requisitos que los científicos dedicados a la astrobiología consideran necesarios para determinar que un ambiente es habitable, como recuerda Prieto.«El primero es que haya agua líquida. El segundo, que haya energía para poder mantener el metabolismo de los organismos que pudieran vivir en ese ambiente. En la Tierra, por ejemplo, sabemos que hay organismos que usan la luz solar y otros que utilizan energía química. Por último, debe haber elementos químicos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el hidrógeno, el fósforo y el azufre», resume la investigadora en conversación telefónica. Lo que parece evidente es que en la superficie de este mundo helado, argumenta Prieto, no es posible que exista vida como la que se da en la Tierra: «La temperatura en la superficie de este satélite es de unos -173ºC, así que no puede haber agua líquida. Y si hay hielo, no hay vida. Pero en el interior de Ganímedes hay decenas de kilómetros de agua líquida. Es sorprendente la cantidad de agua que puede tener un satélite de hielo», añade la científica española. Por otro lado, la sonda ‘Cassini’ de la ESA ha detectado esta semana diminutos granos de roca en Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que sugieren que se dan procesos hidrotermales en su lecho marino.


El Pais

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Grupo de galaxias MACS J1149+2223, a 5.000 millones de años luz de distancia de la Tierra, con la supernova del fondo multiplicada por cuatro por el efecto de lente gravitacional, fotografiada por el `Hubble´. / NASA/ESA

El telescopio espacial Hubble ha fotografiado un sorprendente fenómeno: una lejana explosión de supernova multiplicada por cuatro debido a que su luz se curva por el efecto gravitatorio de una galaxia masiva, que está en un grupo galáctico también masivo interpuesto en la línea de visión desde la Tierra. Es la primera vez que se capta este efecto, denominado La Cruz de Einstein, con una supernova, aunque se conocía ya en decenas de casos de cuásares y de galaxias, anuncia la Agencia Europea del Espacio (ESA).

La galaxia que actúa como lente gravitacional para la supernova (bautizada por los científicos como Refsdal) está a una distancia de unos 5.000 millones de años luz de la Tierra y la explosión estelar, a unos 9.500 millones de años luz. La gran masa galáctica curva el espacio-tiempo y, por tanto, la luz de la supernova lejana al pasar junto a ella, formándose así, para el observador terrestre, las cuatro imágenes separadas de la explosión estelar con su luz magnificada.

“Fue una completa sorpresa”, explica Patrick Kelly, investigador de la Universidad de California en Berkeley (EE UU) y miembro del equipo GLASS que da a conocer el hallazgo esta semana en la revista Science, en una sección especial dedicada al centenario de la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Kelly, en concreto, fue quien halló la supernova multiplicada por cuatro analizando datos tomados por el Hubble (de la NASA y la ESA) en noviembre de 2014. “Es un descubrimiento maravilloso: llevamos 50 años buscando una supernova con un fuerte efecto de lente gravitacional y ahora hemos encontrado una”, añade Alex Filippenko, de la Universidad de California en Berkeley. “Además de ser realmente genial, puede proporcionar mucha información astrofísica importante”, recalca.

“La supernova se ve unas 20 veces más brillante que su brillo natural”, añade Jens Hjorth, del Dark Cosmology Centre (Dinamarca), otro de los autores de la investigación. “Eso se debe al efecto combinado de dos lentes superpuestas:

el masivo grupo galáctico enfoca la luz de la supernova en tres rutas diferentes y una de ellas está precisamente alineada con una galaxia elíptica del grupo, y se produce un segundo efecto de lente gravitatoria”. Se crean así las cuatro imágenes.

En el proceso de curvatura del espacio-tiempo que desvía la luz está implicada la materia ordinaria de esas galaxias, pero también la enigmática materia oscura que supone el 27 % del universo y que nadie sabe qué es, señalan los investigadores. Por ello, la imagen multiplicada de la supernova no solo es un hallazgo atractivo sino que puede ayudar a estimar la cantidad y la distribución de dicha materia oscura en el grupo galáctico.

 


Teoría de la Relatividad

La Teoría General de la Relatividad de Einstein predice que la masa en el universo curvan el espacio-tiempo y, por tanto, la trayectoria de la luz, actuando como una lente que magnifica los objetos que están detrás de dicha masa al ser observados desde la Tierra, explican los expertos de la Universidad de California en Berkeley. El efecto se denomina lente gravitacional y se observó por primera vez en 1979.

La masa que curva la luz de un objeto más lejano puede ser una galaxia o un grupo de ellas. En el caso de que el objeto del fondo, la masa interpuesta y el observador no estén perfectamente alineados, la luz del primero pasa lejos de la segunda y se produce una lente débil que distorsiona la imagen del objeto lejano. También es así cuando la masa no es muy grande. Pero si el objeto del fondo es extenso —como una galaxia— y está justo detrás de la masa interpuesta, o casi, el efecto de lente gravitacional fuerte puede generar un aro luminoso, denominado Anillo de Einstein. La lente gravitacional fuerte y las fuentes luminosas puntuales a menudo producen múltiples imágenes, como la de la supernova que se ve cuatro veces formando la Cruz de Einstein captada por el Hubble, resumen los científicos de Berkeley.


ABC.es

  • La imagen ha sido captada por el telescopio espacial Hubble y la NASA la ha elegido como foto del día
A Júpiter le sale un ojo gigante

NASA / ESA / A. Simon (Goddard Space Flight Center) El ojo gigante en Júpiter

El telescopio espacial Hubble de la NASA ha captado una extraordinaria imagen de Júpiter en la que el planeta gigante, el más grande de nuestro Sistema Solar, parece mirar a la cámara con un solo ojo de cíclope.

El fenómeno tiene una explicación. El pasado abril, el Hubble observaba la gran mancha roja del planeta, una tormenta circular anticiclónica más grande que la Tierra en la que los vientos alcanzan velocidades de cientos de km por hora, cuando la sombra de Ganímenes, luna de Júpiter, se extendió por el centro de la tormenta. Esto dio al planeta gigante la apariencia misteriosa de ser un cíclope, con un enorme ojo de 15.000 km de diámetro.

La fotografía ha sido escogida como imagen del día para la NASA.


El Pais

  • La explosión estelar fue descubierta por unos estudiantes el pasado enero

La supernova SN 2014J fotografiada por el telecopio ‘Hubble’ el pasado 31 de enero y ampliada sobre la imagen-mosaico de la galaxia M82 que captó el mismo observatorio espacial en 2006. / nasa/esa/a.goobar (stockholm university)

La explosión de una estrella que descubrieron, por pura casualidad, unos estudiantes británicos hace poco más de un mes se ha convertido en punto de interés de astrónomos en todo el mundo, que incluso han apuntado el telescopio espacial Hubble para verla. Es la supernova más brillante que se ha detectado desde hace 27 años y todavía es visible en el cielo con telescopios modestos de aficionado. Además, es de un tipo especial (Ia) que utilizan los cosmólogos para medir grandes distancias en el universo. Pero el cielo suele dar sorpresas a los científicos y, en este caso, no solo a los jóvenes de la Universidad de Londres que fueron los primeros en verla. Un grupo de especialistas de la Universidad de Berkeley (EE UU) está estudiando la supernova, que estalló el pasado 21 de enero y que se denomina oficialmente SN 2014J, y ha visto que es extraña porque incrementó su brillo más rápido de lo esperado. “Puede que nos esté enseñando algo de las supernovas de tipo Ia que los teóricos necesiten comprender; tal vez lo que pensábamos que era un comportamiento normal de una de estas supernovas sea lo anormal”, señala Alex Filippenko, líder del equipo.

Una enana blanca tiene tanta masa como el Sol y el tamaño de la Tierra

Una supernova es una colosal explosión que sufre una estrella cuando se desestabiliza. La descripción estándar de estos fenómenos habla de astros inmensos, mucho más masivos que el Sol, que, cuando las reacciones nucleares de su interior han consumido todo su hidrógeno y se han quedado sin combustible colapsan desencadenando todo el proceso de explosión en forma de supernova. Pero las de tipo Ia son distintas: son estrellas enanas blancas, viejas y muy densas, tanto que en ellas una masa como la del Sol está comprimida en un tamaño equivalente al de la Tierra; si roban materia a un astro compañero o si se fusionan dos de ellas, pueden superar un cierto umbral de masa a partir del cual dejan de ser estables y se desencadena la colosal explosión.

Es lo que vieron un puñado de alumnos de la Universidad de Londres en la noche del 21 de enero pasado, durante unas prácticas, en las imágenes que lograron captar de la galaxia M82, entre las nubes de aquella noche poco adecuada para la astronomía observacional. A Steve Fossey, el profesor, le sorprendió el punto brillante que aparecía en la galaxia bien conocida, hizo unas comprobaciones y resultó que se trataba de una supernova.

Una vez que se confirmó oficialmente, astrónomos de todo el mundo apuntaron sus telescopios hacia M82, situada a unos 11,5 millones de años luz de la Tierra. También revisaron sus archivos de los días precedentes, y resultó que la SN 2014J estaba en fotografías tomadas antes. En concreto, el telescopio automático Katzman, en el observatorio Lick (California), la había captado el 14 de enero, solo unas 37 horas después de que fuera visible desde la Tierra. Incluso un astrónomo aficionado japonés la habría captado unas horas antes. Unos días después, el 31 de enero la fotografió el Hubble, cuando estaba cerca de su máximo de brillo.

El equipo de Filippenko explica que la SN 2014J muestra el mismo brillo rápido que otra supernova, la SN 2013dy, que descubrió el telescopio Katzman el año pasado. “Dos de las tres supernovas de tipo Ia más recientes y mejor observadas son extrañas, lo que nos da nuevas pistas sobre cómo explotan las estrellas”, comenta el astrónomo de Berkeley, haciendo referencia a un tercer objeto de este tipo, la SN 2011fe, de hace tres años, y cuyo comportamiento se ajustó mejor a los modelos teóricos y a observaciones precedentes. Estos investigadores presentan sus conclusiones sobre la supernova del 21 de enero en The Astrophysical Journal Letters.

Los científicos usan los estallidos de tipo Ia para medir distancias en el cielo

El valor de las Ia como buen mojón de medida de distancias en el universo se debe a que estas supernovas generan el mismo brillo más o menos, lo que permite estimar la distancia a la que está la galaxia en la que se producen estas explosiones (igual que se puede calcular la distancia de una bombilla encendida si se conoce su potencia). Y fue precisamente con dos investigaciones independientes que utilizaron, en los años noventa, estas supernovas para medir distancias en el cosmos y la velocidad de recesión de las respectivas galaxias como se descubrió la inesperada aceleración de la expansión del universo. Los principales responsables de los dos equipos (Adam Riess, Brian Schmidt y Saul Perlmutter) recibieron el Premio Nobel de Física en 2011, con la aceleración (supuestamente debida al efecto de la denominada energía oscura) convertida ya en el tema más candente y misterioso de la cosmología actual.

El comportamiento anómalo de la última supernova “no contradice los resultados de la aceleración de la expansión”, dice Filippenko, “al refinar la comprensión de las explosiones de tipo Ia se pueden mejorar las medidas de distancias y hacer cálculos más precisos de la tasa de expansión, acotando mejor la naturaleza de la energía oscura”.

Otros científicos de Berkeley y de la Universidad Nacional Australiana han investigado el umbral de masa definido a partir del cual la estrella enana blanca explota en una supernova Ia, umbral por el que su brillo sería tan uniforme. Richard Scalzo y sus colegas afirman ahora que estas estrellas explotan a partir de un rango de masas un poco más amplio que ese umbral. Su investigación, que se publicará en la revista Monthly Notices of the Royal Society británica, ayudará a perfilar los modelos teóricos existentes sobre estas supernovas.


ABC.es

  • Estos mundos de tamaño medio, situados a 36 y 40 años luz de la Tierra, tienen ambientes abrasadores
El Hubble observa dos planetas extrasolares cubiertos de nubes

Space Telescope Science Institute
Interpretación artística de un planeta con nubes

Pronóstico meteorológico para hoy (y para mañana, y para el día siguiente…) en dos planetas fuera del Sistema Solar: nublado. El Telescopio Espacial Hubble de la NASA ha observado las atmósferas cubiertas de nubes de dos de los tipos más comunes de mundos en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Estas nubes no se parecen a las que conocemos y se prevé que sus ambientes abrasadores se encuentren a cientos de grados Fahrenheit: demasiados calientes para un día lluvioso. La investigación, realizada por el Instituto de Tecnología de California en Pasadena y la Universidad de Chicago, aparece publicada en la revista Nature.

Los planetas son GJ 436b, situado a 36 años luz de la Tierra en la constelación de Leo, y GJ 1214b, a 40 años luz en la constelación de Ofiuco. A pesar de los esfuerzos de los científicos, hasta ahora había sido imposible describir la naturaleza de los ambientes que rodean a estos planetas. Por este motivo, los investigadores creen que el nuevo trabajo resulta un hito importante en el camino hacia el hallazgo de un mundo potencialmente habitable, similar al nuestro, más allá del Sistema Solar.

Los dos planetas tienen una masa de rango medio, entre los más pequeños y rocosos como la Tierra y los grandes gigantes de gas, como Júpiter. GJ 436b se clasifica como un «cálido Neptuno», ya que está mucho más cerca de su estrella que el frío Neptuno está del Sol. GJ 1214b es conocido como una supertierra, debido a su tamaño. Ambos se han podido observar en tránsito, es decir, cuando pasan por delante de sus estrellas. Cuando la luz estelar se filtra a través de sus atmósferas, supone una muy buena oportunidad para estudiarlos con más detalle .

El planeta GJ 436b «puede tener una alta capa de nubes que oscurecen la visión, o una atmósfera libre de nubes deficiente en hidrógeno, lo que lo haría muy diferente de Neptuno», dice Heather Knutson, del Instituto de Tecnología de California, responsable de esta parte del estudio. «En lugar de hidrógeno, podría tener cantidades relativamente grandes de moléculas más pesadas como vapor de agua, monóxido y dióxido de carbono, lo que comprime la atmósfera y hacer que sea difícil para nosotros detectar las firmas químicas».

En cuanto a GJ 1214b, su atmósfera está dominada por vapor de agua o hidrógeno, con nubes altas que cubren el planeta y ocultan información sobre su composición y el comportamiento de la atmósfera baja y su superficie. El Hubble tampoco reveló huellas químicas en la atmósfera, pero los datos son tan precisos que se pueden descartar composiciones libres de nubes de vapor de agua, metano, nitrógeno, monóxido o dióxido de carbono por primera vez.

«Es posible que no conozcamos tan bien como nosotros pensábamos los planetas extrasolares», afirma Knutson. Ahora, los científicos trabajan para determinar a qué se parecen realmente estos planetas, si a un mini-gigante de gas o a otra cosa, más parecida a un mundo acuático o rocoso como la Tierra.


ABC.es

  • Náyade, de apenas 100 km de diámetro, ha permanecido oculta durante décadas por el brillo y la cercanía del planeta

Encuentran una luna perdida de Neptuno

SETI | Náyade, el punto de luz a la izquierda de Neptuno, en una imagen del Hubble

La luna más interna de Neptuno, la pequeña Náyade, de 100 km de ancho, fue descubierta por las cámaras de la sonda Voyager 2 en 1989. Después, se perdió su rastro, oculta por el brillo del planeta. Ahora, investigadores del Instituto SETI en Mountain View, California, han conseguido observarla por primera vez desde entonces. Lo han anunciado en la reunión anual de la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana que se celebra estos días en Denver (Colorado, EE.UU.).

«Náyade ha sido un objetivo difícil de alcanzar desde que la Voyager abandonó el sistema de Neptuno», explica Mark Showalter, investigador del SETI. Desde la Tierra, Neptuno es 2 millones de veces más brillante que Náyade, y ambos están muy juntos, separados solo por un segundo de arco. «Esto es equivalente a la anchura de un cabello humano a unos 15 metros de distancia», apunta Jack Lissauer, del centro de investigación Ames de la NASA y colaborador en la investigación. El equipo de astrónomos tuvo que desarrollar nuevas técnicas para eliminar el deslumbramiento de Neptuno hasta que Náyade fue finalmente revelada, moviéndose a través de una secuencia de ocho imágenes tomadas en diciembre de 2004.

Extrañamente, Náyade parece haberse desviado significativamente de su curso. Los astrónomos están perplejos por el hecho de que la luna está muy por delante de su posición orbital prevista. Se preguntan si las interacciones gravitacionales con otra de las lunas de Neptuno pueden haber causado su aceleración, aunque los detalles siguen siendo un misterio. Los astrónomos reconocen que se necesitan más observaciones para entender el movimiento de Náyade.

Arcos desaparecidos

Además de sus lunas, Neptuno alberga un familia de débiles anillos y arcos de anillo. Los arcos han ido cambiando poco a poco en los años transcurridos desde su descubrimiento. La Voyager vio un conjunto de cuatro arcos poco espaciados, pero en las imágenes más recientes los dos arcos delanteros han desaparecido y están completamente ausentes. Los arcos de arrastre, sin embargo, permanecen esencialmente sin cambios. Este sistema de arcos está probablemente limitado por los efectos gravitacionales de la cercana luna Galatea, pero la razón de los cambios a largo plazo es desconocida.

Showalter y sus colaboradores anunciaron el descubrimiento de una pequeña luna de Neptuno en julio. Esa luna, que no tiene más de 20 km de ancho, recibe el nombre provisional de S/2004 N 1. Los nuevos resultados presentados este martes se basan en los análisis más detallados de las mismas imágenes, todas obtenidas por el Hubble entre 2004 y 2009. Aunque Náyade es mucho más grande que la luna anunciada en julio, orbita más cerca de Neptuno y ha demostrado ser mucho más difícil de detectar.

«Siempre es emocionante descubrir nuevos resultados en datos antiguos -comenta Showalter-. Seguimos descubriendo nuevas maneras de ampliar el límite de la información que se puede extraer de la vasta colección de imágenes planetarias del Hubble».

Encuentran una luna perdida de Neptuno

Todas las lunas de Neptuno
SETI

ABC.es

  • Esta teoría se contradice con las barajadas hasta ahora

Las galaxias  «pierden apetito» con los años, según un estudio de la NASA


NASA / Foto tomada por el telescopio espacial Hubble de la galaxia M82 en la llamada Gran Cuchara de la Osa Mayor.

Las grandes galaxias que pueblan el Universo pierden el apetito con los años, según se desprende de una investigación elaborada por el equipo del Telescopio Espacial Spitzer de la NASA. Este trabajo, que se ha publicado en ‘The Astrophysical Journal’, contradice las teorías que se han barajado hasta ahora y que señalaban que estas galaxias crecían al fusionarse con otras vecinas, en un proceso que se conoce en la astronomía como «canibalismo galáctico».

El autor principal de la investigación, Yen-Ting Lin, ha explicado que se las galaxias masivas podrían «comenzar una dieta en los últimos 5 millones de años de su vida».

Estos nuevos hallazgos ayudarán a los investigadores a entender cómo los cúmulos de galaxias, que son unas de las estructuras más masivas en el universo, se forman y evolucionan.

Los cúmulos de galaxias se componen de miles de galaxias que se reúnen alrededor de su miembro más grande, llamado BCG. Los BCGs pueden ser de hasta decenas de veces la masa de la Vía Láctea, ya que se hinchan en tamaño tras ‘comerse’ otras galaxias, así como la asimilación de estrellas que se canalizan en el medio de un grupo cada vez mayor.

Para controlar cómo funciona este proceso, los astrónomos estudiaron a casi 300 cúmulos de galaxias que abarcan 9.000 millones años de tiempo cósmico. El grupo más lejano se remonta a una época en que el Universo tenía de 4,3 mil millones de años, y el más cercano, cuando el universo era mucho mayor a 13.000 millones de años, es decir, hace unos 800 años del momento actual.

«No se puede ver crecer una galaxia, por lo que se ha tomado un censo de la población», ha explicado el investigador, quien ha indicado que el enfoque de su estudio permite «conectar las propiedades promedio de las agrupaciones que se observaron del pasado relativamente reciente con los que se observaron más atrás en la historia del cosmos».

Los resultados mostraron que el crecimiento de BCG se produjo a lo largo de las tasas predichas por las teorías, hasta hace 5 millones de años, en un momento en que el Universo tenía unos 8 millones de años. Después de ese tiempo, parece que las galaxias, en su mayoría, dejaron de comerse a otras galaxias que las rodean.

Los científicos no están seguros de la causa de la disminución de apetito de las BCGs, pero los resultados sugieren que los modelos actuales necesitan retoques.


El Mundo

Nebulosa del Anillo en Lira. | NASA/ESA

Nebulosa del Anillo en Lira. | NASA/ESA

El telescopio espacial Hubble ha tomado la imagen más detallada obtenida hasta la fecha de la nebulosa del Anillo en Lira, el arquetipo de las nebulosas planetarias. Esta imagen también se ha completado con otras tomadas con el Gran Telescopio Binocular en Arizona (LBT). Las nuevas observaciones, que nos ofrecen una visión exhaustiva tanto de la ‘rosquilla’ principal como de sus enormes halos difusos, han permitido a los astrónomos reconstruir la estructura real en 3D de la nebulosa.

Situada en la constelación de la Lira al sur de la brillante estrella Vega, la nebulosa del Anillo es una de las nebulosas planetarias de mayor brillo aparente y de mayor belleza. Por ello es uno de los objetos favoritos de los astrónomos, tanto profesionales como amateurs, y uno de los más observados con todo tipo de telescopios.

Su distancia a la Tierra es de unos 2.300 años-luz y el tamaño del anillo principal alcanza un año-luz. La nebulosa está formada por una estructura en forma de gran cilindro o barril inclinado respecto de la línea de mirada, lo que nos permite examinar la parte interior. La nueva imagen muestra que esta región interior no está vacía, el color azul representa el brillo del Helio ionizado y hay material más frío (representado en un color blanco-gris) aún a distancias relativamente cortas de la estrella central.

Vega y la constelación de la Lira | NASA

Vega y la constelación de la Lira | NASA

Particularmente interesantes son los pequeños glóbulos oscuros que, en muy gran número, pueblan el borde interior del anillo principal. Estos tentáculos gaseosos se forman, muy probablemente, según el gas caliente se expande y empuja la envoltura más fría que fue expulsada por la estrella central en una fase anterior. Las zonas más resistentes al ultravioleta procedente de la estrella son las que forman estos pequeños glóbulos siguiendo un proceso de erosión que acabará fotodisociando e ionizando todo el material. Este tipo de glóbulos no son una rareza de la nebulosa del Anillo, si no que puede ser observado, aún con mayor detalle en la más cercana nebulosa de la Hélice.

Estas observaciones tan detalladas han sido utilizadas por por C. R. O’Dell de la Universidad Vanderbilt (EEUU) y sus colaboradores para construir un modelo en 3 dimensiones de la nebulosa que está ilustrado en este vídeo.

Energía nuclear, radiación ultravioleta

La explosión de una estrella varias veces más masiva que nuestro Sol es lo que originó la nebulosa del Anillo hace ahora unos 3.500 años. Pero ¿por qué explotó aquella estrella?

El interior de una estrella es un gigantesco reactor de fusión nuclear en el que el hidrógeno es convertido en helio. El pequeño déficit de masa que tiene lugar en esta reacción nuclear se convierte en energía (según E=mc2) y genera la luminosidad estelar. Cuando el hidrógeno se agota, tres átomos de helio forman uno de carbono y de manera análoga, mediante otras reacciones nucleares, se van formando elementos más y más pesados, y se va produciendo más radiación.

Pero según pasa el tiempo, el combustible nuclear se va consumiendo y llega un momento en el que la energía generada en las reacciones nucleares no es suficiente para contrarrestar el propio peso de la estrella. Entonces el interior estelar se comprime y calienta enormemente (hasta varias decenas de millones de grados) y, para contrarrestar este colapso, las capas exteriores de la estrella se expanden y enfrían. Durante este violentísimo proceso la estrella se convierte en una ‘gigante roja’ experimentando enormes pulsaciones, aumentando y decreciendo de tamaño de manera periódica. Tales pulsaciones, con periodos del orden de varios años, se acentúan y aceleran progresivamente ocasionando, al final, una gran explosión con la eyección al espacio de la propia atmósfera estelar.

El futuro del sol

En ese momento la estrella progenitora del Anillo, ya moribunda, quedó convertida en una enana blanca de características extremas. A pesar de contener una masa poco mayor que la mitad del Sol, su temperatura superficial alcanza hoy los 140.000 grados y su luminosidad supera en 120 veces a la de nuestra estrella. Esta intensísima radiación no solo hace brillar las capas gaseosas expulsadas previamente, si no que las va erosionando, disociando e ionizando el gas, ocasionando así la rica estructura en glóbulos observados en el borde interior del Anillo.

Estudiando la evolución de la nebulosa del Anillo en Lira, podemos hacernos una idea de los procesos por los que deberá pasar nuestro Sol dentro de unos 6.000 millones de años. El Anillo continuará su expansión durante otros 10.000 años más, antes de diluirse en el medio interestelar. La materia de aquella estrella que explotó hace ahora unos 3.500 millones de años, será así incorporada a nubes interestelares que sufrirán su propia evolución. Las regiones más densas de tales nubes, al colapsar por el efecto de su propio peso, formarán nuevas estrellas y nuevos planetas. Estrellas y planetas futuros que guardarán en su seno parte del material que constituye la hoy resplandenciente nebulosa del Anillo.

También interesante

    • Las nebulosas planetarias recibieron este nombre en el siglo XVIII pues muchas de ellas, al ser observadas con los modestos telescopios de la época, presentaban un aspecto esferoidal, parecido al de los planetas gigantes. El término es pues muy poco acertado pues las nebulosas planetarias no tienen ninguna relación con los planetas

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    • La Nebulosa del Anillo fue descubierta hacia 1779 por los astrónomos franceses Antoine Darquier de Pellepoix (1718-1802) y Charles Messier (1730-1817) quién la incluyó en su famoso catálogo con el número 57

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    • El análisis de las observaciones del Anillo realizadas por el Hubble han sido llevadas a cabo por un equipo internacional de astrónomos liderado por C. R. O’Dell de la Universidad Vanderbilt (EEUU) y han sido publicadas en tres artículos de la revista The Astronomical Journal (el último de ellos está ún en prensa). Los manuscritos de tales artículos pueden ser consultados aquí, aquí y aquí

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Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.

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