Cuatro siglos desde la ‘herejía’ de Galileo


El Mundo

Óleo anónimo que representa el juicio a Galileo ante el Santo Oficio. ERICH LESSING

Óleo anónimo que representa el juicio a Galileo ante el Santo Oficio. ERICH LESSING

Hace 400 años, la Inquisición Romana censuró la teoría copernicana que postulaba que la Tierra se movía alrededor del Sol. Fue un acontecimiento clave que en buena medida separó Europa en dos realidades diferentes, de manera análoga como había ocurrido un siglo antes con la reforma protestante. El 24 de febrero de 1616, la Inquisición Romana aprobó dos proposiciones que censuraban la teoría heliocéntrica desarrollada por Nicolás Copérnico a mediados del siglo XVI. Negaban la centralidad del Sol (implícitamente que la Tierra orbitaba alrededor de aquél) y calificaban esta creencia como herética y absurda desde el punto de vista filosófico. Al día siguiente amonestaron a Galileo Galilei, uno de los científicos más reputados del continente, y le conminaron a abandonar el sistema copernicano. ¿Por qué se llegó a este punto y qué significó realmente?

En 1543 Copérnico publicó, en su lecho de muerte De Revolutionibus Orbium Coelestium o Sobre el movimiento de las esferas celestiales, un texto muy técnico en el que se proponía que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol (en realidad alrededor de un punto muy cercano a éste). Ello implicaba que las estrellas se encontraban increíblemente distantes y modificaba el sistema cosmológico geocentrista que había imperado desde hacía más de 2.000 años, basado en las teorías de Aristóteles.

Curiosamente, parte de la jerarquía católica recibió la obra de manera positiva, quizás porque el nuevo sistema facilitaba el cálculo de las posiciones del Sol, la Luna y los planetas, y representaba una ventaja a la hora de determinar el momento de la Pascua, que ocurre después de la primera Luna llena tras el paso del Sol por el equinoccio de primavera (el inicio de la estación). Sin embargo, inicialmente figuras prominentes del movimiento reformista mostraron un rechazo frontal a la rompedora visión del cosmos. En cualquier caso, la teoría heliocéntrica quedó restringida a los círculos académicos y su efecto fue bastante reducido.

Décadas después, y tras la invención del telescopio, Galileo publicó una pequeña obra que estaría llamada a revolucionar el panorama científico y filosófico: Sidereus Nuncius o Mensajero sideral. En él se anunciaba el descubrimiento de montañas en la Luna y de numerosas estrellas no visibles a simple vista, que conformaban ese camino de apariencia lechosa llamado la Vía Láctea. Pero sobre todo anunciaba la existencia de cuatro satélites que orbitaban alrededor de Júpiter, hecho que rompía una de las premisas esenciales del geocentrismo: que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de nuestro planeta.

Para hacernos una idea del impacto que esta nueva ventana tuvo, basta pensar en la reciente detección de las ondas gravitatorias, que también nos abren una original puerta para analizar fenómenos invisibles hasta este momento. Existe una diferencia esencial: mientras que éstas fueron predichas de manera brillante por Albert Einstein, los nuevos fenómenos que Galileo vio por primera vez fueron inesperados y rompieron de manera definitiva con el pasado.

Johannes Kepler, otro de los grandes revolucionarios científicos de inicios del siglo XVII reaccionó con un notable entusiasmo ante estos descubrimientos: “Dadme las naves y adaptadme las velas al viento celeste; habrá gente que no tendrá miedo ni siquiera de cara a aquella inmensidad. Y para estos descendientes que ya dentro de muy poco se aventurarán por estos caminos preparemos, oh Galileo, yo una astronomía lunar y tú una joviana.”

Así, Kepler y Galileo, a pesar de sus distintas confesiones religiosos (uno protestante y el otro católico), encontraron un terreno común: la verdad científica. Sin embargo, la sorpresa que recorrió Europa a raíz de estos descubrimientos no estuvo exenta de polémicas y terminó por provocar un encontronazo con la intelligentsia y la jerarquía eclesiástica. Por ello la comisión de teólogos consultores de la Inquisición Romana censuró la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico y reafirmó la validez de la inmovilidad de la Tierra.

En realidad, el proceso fue algo más complicado. Comenzó el 19 de febrero con la propuesta de censura de una comisión de expertos, entre los cuales no había ningún astrónomo. Continuó con una reunión de la Congregación del Santo Oficio en la que se inició la amonestación a Galileo por orden del Papa Paulo V, realizada al día siguiente por el Cardenal Bellarmino (que también intervino en el proceso de Giordano Bruno, quien terminó en la hoguera), cuando se le prescribió que abandonase la opinión de que la Tierra se movía. El primero de marzo la Congregación del Índice prohibió una serie de libros relacionados con el heliocentrismo y su validez desde un punto de vista teológico, y se suspendió la obra de Copérnico hasta su «corrección».

Recordemos que la teoría heliocéntrica y el modelo matemático que la acompaña eran esenciales para calcular con precisión y sencillez los movimientos planetarios, y estaba relacionada con la reforma del calendario realizada en 1582, por lo que era extremadamente difícil prohibirla completamente. El decreto se publicaría el 5 de marzo.

Soslayando la amonestación, Galileo continuó con su lucha a favor del heliocentrismo con la publicación de Il saggiatore en 1623 y Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo nueve años después. Experto en la ironía, usaría su pluma de maneras despiadada contra sus oponentes y los defensores del geocentrismo, granjeándose multitud de enemigos en diversos estamentos. Este último ensayo le puso en colisión directa con la Inquisición a pesar de que el texto había recibido su imprimatur o permiso de impresión. En 1634, tras un verdadero juicio en el que no se siguió el procedimiento legal de la Inquisición y en el que fue amenazado con la tortura, fue obligado a abjurar de sus creencias, tal y como refleja la obra teatral de Bertolt Brecht que se representa estos días en el Centro Dramático Nacional de Madrid.

Gracias a influyentes amigos, sólo fue condenado a arresto domiciliario en su casa de Florencia, de donde únicamente le sería permitido salir en contadas ocasiones. Aunque Galileo no susurró mientras abjuraba Eppur si muove («Y sin embargo se mueve»), el movimiento de la Tierra se probaría experimentalmente en 1729 por James Bradley mediante un efecto conocido como «aberración de la luz». Aún así, la obra heliocéntrica de Copérnico permanecería en el índice romano de libros prohibidos, el infame Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, hasta el año 1835. A pesar de la persecución, su lucha por la verdad continuó y cuatro años después publicó Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias, en el que fundamentó la física mecánica y que fue coup de grâce que desarmó completamente la visión aristotélica.

Así, el proceso inicial contra el heliocentrismo abrió una brecha entre la jerarquía católica, que hasta ese momento había estado profundamente implicada en la divulgación del conocimiento y el desarrollo científico. Y de manera casi simultánea, en los países protestantes se afianzó un modelo en el que la libre especulación y la difusión de la enseñanza incluso a estamentos de la sociedad poco favorecidos eran esenciales, fomentando así el desarrollo científico y económico, dos actividades íntimamente ligadas. Una dicotomía norte-sur que aun hoy en día no ha sido completamente cerrada.

Ahora honramos la libertad de pensamiento y de búsqueda de la verdad, y la vida y obra de una ingente cantidad de científicos e intelectuales que aún hoy en día pagan un precio extraordinario por defender estos derechos. En Oriente Medio vemos con ya demasiada frecuencia la eliminación del legado cultural que a todos pertenece mientras se acalla con métodos bárbaros a aquél que osa a traspasar los límites de la ortodoxia. Pero sin irnos lejos, en Occidente la ciencia y la cultura parece que se encorsetan, sin dejar sitio a la libre especulación que nos depara sorpresas.

Precisamente en este centenario de la Teoría de la Relatividad General de Einstein es posible preguntarse si una figura así, que se desarrolló en la oscuridad de una oficina de patentes, podría aparecer en la actualidad, dada la presión de la burocracia, que empuja hacia ciertas líneas del conocimiento consideradas útiles, y la imperiosa exigencia de publicar en el mundo académico. La discriminación por motivos de orientación sexual o genero sigue siendo patente, con salarios menores para las mujeres o con carreras científicas más difíciles. Mientras tanto, los ciudadanos nos asentamos en un conformismo desolador: devoradores de tecnología consumista, sin verdaderamente entender el cómo de las cosas, y mucho menos plantearnos el porqué. La actitud crítica, sobre todo la que examina nuestras propias actitudes y creencias, brilla por su ausencia.

Así que estas fechas son un momento para la reflexión y para celebrar también el bienestar que este conocimiento nos aporta: una sociedad que invierte en educación e investigación es una sociedad que realmente cree en un futuro de ciudadanos libres que disfrutan de las mismas oportunidades.

(*) David Barrado Navascués es investigador del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

La falsa paternidad de las frases célebres


ABC.es

  • Desde «Y sin embargo, se mueve», hasta «El fin justifica los medios», falsamente atribuidas a Galileo y Maquiavelo, respectivamente, el citar frases es un riesgo cada día más frecuente
  • DICHOS POPULARES Y FRASES CELEBRES
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Galileo nunca llegó a decir aquello de «Y sin embargo, se mueve» – ABC

«Y sin embargo, se mueve». Esta es la frase que todo el mundo recuerda y que, por tradición, se ha atribuido siempre a Galileo Galilei (Pisa,1564 – Florencia, 1642), quien la habría pronunciado después de abjurar de lavisión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Inquisición. En realidad, Galileo nunca pronunció esa frase. Fue inventada por el escritor italiano Giuseppe Baretti en el 1757, con el objetivo de crear la imagen de una Iglesia oscurantista incapaz de abrirse a nuevos descubrimientos científicos. Así lo pone de relieve Adriano Ausilio, apasionado lector y estudioso de filosofía, quien con ahínco se dedica a cazar engaños literarios de todo tipo, en especial las atribuciones inexactas o falsas de frases célebres.

Cuenta el escritor Claudio Magris en el «Corriere» que Adriano Ausilio le ha advertido del riesgo que existe hoy en día sobre falsificaciones: «Con la llegada de internet y las redes sociales, se ha difundido una nueva tendencia: el uso incontrolado de las citas. Se adoptan, como buenas, frases famosas porque se han leído en alguna parte o se escuchan y transmiten por tradición, sin preocuparse de controlar su veracidad. La Red está llena de webs que contienen antologías de citas históricas y literarias. Y es ahí precisamente donde reside el error, porque esas citas no proceden de un conocimiento directo de los textos, sino de compilaciones no muy fiables», explica Ausilio.

Paternidad falsa

La paternidad de muchas de las más famosas frases se da por descontada, pero a menudo es falsa. Voltaire, uno de los principales representantes de la Ilustración, nunca dijo esta célebre frase que todo el mundo conoce y repite: «No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo». La frase es fiel al pensamiento del escritor, historiador, filósofo y abogado francés, pero quien la escribió fue Evelyn Beatrice Hall, escritora británica, autora de una biografía del filósofo, en 1906, titulada «Los amigos de Voltaire».

No fue Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, el que pronunció una frase célebre contra la inteligencia: «Cuando oigo la palabra cultura, le quito el seguro a mi Browning». Algunos se la atribuyeron también a Millán-Astray, el fundador de la Legión. Pero el autor fue Hanns Johst, dramaturgo alemán nazi, quien la escribió en un texto de teatro. María Antonieta nunca dijo esta frase que se le atribuyó: «Si las masas no tienen pan, que coman pasteles». La frase ya se conocía en tiempos de Jean Jacques Rousseau, época en la que aún no había nacido la archiduquesa. Maquiavelo nunca dijo explícitamente estas palabras que todo el mundo emplea: «El fin justifica los medios». Estas palabras reflejan ciertamente su pensamiento, pero él nunca las pronunció.

Los ejemplos son casi interminables

«Madame Bovary soy yo», dicen que respondía Flaubert cuando le preguntaban por la identidad de ese personaje. Pero esa atribución es infundada, porque él nunca pronunció esa frase. Otra famosa expresión atribuida a Antonio Gramsci, «pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad», repetida siempre por los italianos, no es del fundador delPartido Comunista Italiano, sino del escritor francés Romain Roland.

En los periódicos y en los debates públicos, con las prisas que impone la actualidad, se acentúa el recurso a lanzar citas incisivas, sin consultar la enciclopedia, porque nadie va a leerse si realmente Julio César dijo «Vine, ví y vencí». Pero, como señala Claudio Magris, muchas citas se prestan, sin querer, a la falsificación. La paternidad de muchas de las más famosas frases se da por hecha, pero a menudo es falsa. Comienza su artículo el premio Príncipe de Asturias de las Letras (2004) subrayando que «Churchill dijo que los Balcanes producen más historias de las que podemos digerir. Es un bello inicio para un artículo. Pocas cosas como una cita ayudan a comenzar un escrito o a reforzarlo». Y con ironía, Claudio Magris concluye así su artículo: «Espero que haya sido realmente Churchill quien dijo esas palabras sobre los Balcanes…».

Europa suma dos nuevos satélites a su sistema de navegación Galileo


El Mundo

  • La constelación ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense
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Europa suma dos nuevos satélites a su sistema de navegación Galileo

La Agencia Espacial Europea (ESA) colocó hoy en órbita una nueva pareja de satélites para el sistema de navegación Galileo, constelación que ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense.

El lanzamiento de “Alba” y “Oriana”, a bordo de un cohete ruso Soyuz operado por el consorcio europeo Arianespace, tuvo lugar desde el Centro Espacial Europeo de Kurú, en la Guayana francesa, a las 02.08 GMT.

Se trata de dos dispositivos fabricados por OHB y Surrey Satellite Technology y reciben su nombre en honor a dos niñas europeas que ganaron un concurso de dibujo para promover el interés en las ciencias aeroespaciales.

La Agencia Espacial Europea cuenta con poner en órbita a finales de año otra nueva pareja de satélites para reforzar un sistema que ya está operativo, aunque lejos de su plena capacidad, y que es compatible con el GPS.

Se trata del primer servicio de navegación de uso civil y no controlado por las fuerzas armadas, como su competidor estadounidense, en el que Europa lleva trabajando dos décadas y que aspira a ser mucho más preciso que el GPS.

Tras numerosos sobrecostes y los retrasos, los primeros satélites del sistema Galileo entraron en órbita en octubre de 2011 y los dos precedentes el pasado mes de marzo.

En agosto de 2014, el lanzamiento de los dos primeros satélites operativos, ya que los anteriores tenían por misión validar las órbitas, se lanzaron en 2014 y supusieron un sonado fracaso para el proyecto.

Un problema con el carburante del Soyuz hizo que “Doresa” y “Milena” terminaran en una órbita errónea, a unos 17.000 kilómetros de la Tierra, en lugar de la que les correspondía, una circular a 23.000 kilómetros.

Los siguientes lanzamientos, sin embargo, no presentaron ningún fallo y permitieron continuar con el despliegue previsto de la constelación, que aportará ventajas en gestión de transporte (aumento de la seguridad, agilización de las operaciones o reducción de la congestión), agricultura, pesca, sanidad o lucha contra la inmigración ilegal.

Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra


El Mundo

  • Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra
  • El telescopio espacial ‘Hubble’ detecta la presencia de un gran océano subterráneo bajo la corteza de la mayor luna del Sistema Solar
  • El hallazgo se hizo de forma indirecta, observando la actividad de sus auroras y a través de ellas, de su campo magnético
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Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras detectadas, orbitando Júpiter, al fondo.NASA

Ganímedes es la mayor luna de Júpiter y también del Sistema Solar. Y según sugieren las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble, alberga un gran océano subterráneo que contiene más agua líquida que la que hay en la Tierra. La conclusión fue presentada ayer durante una rueda de prensa de la NASA en la que participaron los principales científicos que han llevado a cabo esta investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Space Physics.

Según sus cálculos, esta gran masa de agua salada tendría unos 100 kilómetros de profundidad (aproximadamente diez veces más que los océanos más profundos de la Tierra) y se encontraría bajo una corteza de 150 kilómetros de espesor, compuesta en su mayor parte por hielo.

Descubierta por Galileo en el año 1610, la luna gigante Ganímedes tiene un tamaño comparable al planeta Mercurio y cuenta con un campo magnético propio (es el único satélite del Sistema Solar que lo tiene) y una frágil atmósfera, muy distinta a la de la Tierra, en la cual el telescopio Hubble ya había encontrado indicios de oxígeno.

Basándose en los modelos teóricos que usan para sus investigaciones, desde los años 70 del siglo pasado los científicos ya pensaban que este satélite podía tener un gran océano. La misión de la NASA Galileo midió en el año 2002 su campo magnético, reforzando con sus resultados esas sospechas. Ahora, han encontrado una nueva prueba.

El telescopio Hubble fue utilizado para observar en Ganímedes las auroras, un fenómeno vinculado al campo magnético del satélite. Debido a que los telescopios no pueden ver lo que hay en el interior de los planetas, los satélites o cualquier objeto celeste, rastrear el campo magnético a través de las auroras les permite de forma indirecta averiguar lo que hay dentro. Además de tener un campo magnético propio, al orbitar muy cerca de Júpiter, Ganímedes también se ve influida por el campo magnético de ese planeta gigante.

Los científicos observaron el comportamiento de las dos auroras para determinar que debajo de la corteza de Ganímedes hay una gran masa de agua salada que influye en su campo magnético. «Siempre le di vueltas a la idea de cómo podíamos usar un telescopio de manera distinta. ¿Es posible emplearlo para mirar lo que hay en el interior de un cuerpo planetario? Entonces pensé en las auroras, porque están controladas por el campo magnético. Si observas una aurora de la forma adecuada, puedes obtener información sobre el campo magnético. Y si sabes cómo es el campo magnético, obtienes información sobre el interior de esa luna», explicó durante la rueda de prensa telefónica Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia (Alemania) y autor principal de este trabajo.

«Los nuevos datos encajan muy bien con lo que se sabía. Se trata de un resultado importante porque afianza la idea de que ese océano de agua líquida existe, pues contamos con evidencias indirectas», señala a EL MUNDO Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA).

Prieto es una de las investigadoras que ha planificado la ambiciosa misión JUICE (Jupiter Icy moons Explorer) que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar al sistema de Júpiter en el año 2022, adonde llegaría en 2030.

Uno de los principales objetivos de esta sonda será precisamente estudiar Ganímedes e indagar sobre la presencia de este gran océano de agua líquida. Io, Europa y Calisto son otros de los satélites que hacen que el estudio del sistema de Júpiter tenga gran interés.

«Este descubrimiento supone un hito y pone de manifiesto lo que el Hubble puede conseguir», afirmó John Grunsfeld, uno de los responsables del departamento científico de la NASA, que el próximo 24 abril celebrará un cuarto de siglo de observaciones y descubrimientos de su telescopio espacial, que también es operado por la ESA. En su opinión, «un océano profundo bajo la corteza helada de la luna Ganímedes abre la fascinante posibilidad de que haya vida más allá de la Tierra».

Twitter: @teresaguerrerof


 

TRES REQUISITOS PARA QUE PUEDA HABER VIDA

Detectar la presencia de agua líquida como la que parece haber en Ganímedes, el mayor satélite de Júpiter, afirma la NASA, «es crucial» en la búsqueda de mundos habitables y de la presencia de vida como la conocemos en nuestro planeta. No obstante, matiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología, «haber detectado agua líquida implica simplemente que se da uno de los requisitos para poder decir que el ambiente es habitable, pero no nos dice nada sobre la existencia de vida como la que conocemos en la Tierra. Una cosa es la habitabilidad y otra la existencia de vida», señala. Tres son los requisitos que los científicos dedicados a la astrobiología consideran necesarios para determinar que un ambiente es habitable, como recuerda Prieto.«El primero es que haya agua líquida. El segundo, que haya energía para poder mantener el metabolismo de los organismos que pudieran vivir en ese ambiente. En la Tierra, por ejemplo, sabemos que hay organismos que usan la luz solar y otros que utilizan energía química. Por último, debe haber elementos químicos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el hidrógeno, el fósforo y el azufre», resume la investigadora en conversación telefónica. Lo que parece evidente es que en la superficie de este mundo helado, argumenta Prieto, no es posible que exista vida como la que se da en la Tierra: «La temperatura en la superficie de este satélite es de unos -173ºC, así que no puede haber agua líquida. Y si hay hielo, no hay vida. Pero en el interior de Ganímedes hay decenas de kilómetros de agua líquida. Es sorprendente la cantidad de agua que puede tener un satélite de hielo», añade la científica española. Por otro lado, la sonda ‘Cassini’ de la ESA ha detectado esta semana diminutos granos de roca en Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que sugieren que se dan procesos hidrotermales en su lecho marino.

Los planetas podrían influir sobre la actividad magnética del Sol


La Vanguardia

  • “Nuestro estudio podría contribuir a entender mejor los intervalos de tiempo en los que el Sol no presenta manchas”, dice el físico Ferriz-Mas, miembro del equipo que ha efectuado este hallazgo
Imagen que muestra líneas de campo magnético del Sol GYI

Imagen que muestra líneas de campo magnético del Sol GYI

Es conocido que el Sol presenta un ciclo de once años, a lo largo del cual su actividad magnética (que se manifiesta en forma de manchas, explosiones que liberan energía y eyecciones de materia al espacio interplanetario) varía entre un mínimo y un máximo. Pero, además de este ciclo de once años, basado en el número de manchas que aparecen en la superficie del Sol, también se ha observado la existencia de otros ciclos de actividad magnética con periodos más largos de 88, 104, 150, 208 y 506 años.

Ahora un grupo de físicos, entre los que se encuentra Antonio Ferriz-Mas, miembro del Grupo de Física Solar del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y profesor titular en la Universidad de Vigo, ha encontrado una coincidencia excelente entre los ciclos de periodo largo de actividad solar y los efectos de marea debidos a los planetas. Los resultados aparecen este miércoles destacados en la versión digital de la revista Astronomy & Astrophysics.

Se trata, cabe remarcarlo, de un artículo atrevido porque intenta contrarrestar la concepción clásica de que lo que ocurre en el interior del Sol lo determina exclusivamente el propio Sol.

“Nosotros no decimos que el periodo de las manchas de once años del Sol las cause Júpiter. De hecho, nadie sabe por qué el periodo de las manchas tiene 11 años”, dice a LaVanguardia.com Ferriz-Mas. “Nuestro estudio se refiere a la modulación de la actividad magnética solar a largo plazo (como, por ejemplo, la aparición de los llamados Mínimos de Maunder)”, añade.

Los Mínimos de Maunder son prolongados intervalos de tiempo en los que el Sol, prácticamente, no presenta manchas. Poco después de que Galileo Galilei observara las manchas solares, éstas dejaron de apreciarse. En concreto, entre aproximadamente 1645 y 1715 (Galileo murió en 1642) apenas se detectaron manchas solares. Eso coincidió -con un pequeño desfase temporal- con un periodo de enfriamiento de la Tierra (al menos en el hemisferio norte) que se conoce como la pequeña edad de hielo.

Esta pequeña edad de hielo comenzó poco después de que dejara de haber manchas. “Pero no dejó de haberlas durante un mes o dos, sino alrededor de 75 años. Y esos periodos de ausencia de manchas de entre 75 y 100 años o más es lo que se denomina Mínimos de Maunder”, aclara este profesor de Física de la Universidad de Vigo. “Nuestro estudio podría contribuir a entender mejor los Mínimos de Maunder y la distribución temporal de éstos”, añade.

Este equipo internacional (Suiza, España y Australia) ha reconstruido minuciosamente la actividad magnética solar de los últimos diez mil años analizando para ello la concentración de isótopos cosmogénicos (los isótopos berilio-10 y carbono-14) en testigos de hielo de la Antártida y de Groenlandia. La serie temporal obtenida muestra unas periodicidades, aparte del conocido ciclo solar de once años, para las cuales no existía hasta ahora ninguna explicación en el marco de la teoría dinamo (es decir, la teoría que intenta dar cuenta de cómo se generan los campos magnéticos solares y estelares).

La capa donde se almacena el flujo magnético

El Sol no rota rígidamente, sino que posee una rotación diferencial en latitud y en profundidad; en particular, las regiones en el ecuador rotan más rápido que las de los polos. Pero esta rotación diferencial se da tan solo en el 30% más externo del Sol, en la llamada zona de convección. Bajo esta zona se encuentra la zona radiativa, en la que la energía se transporta por radiación (fotones) y donde la rotación es casi rígida.

Justo entre las zonas convectiva y radiativa existe una delgada capa, la tacoclina, donde se produce una transición muy marcada entre ambas zonas. Esta capa es crucial para el almacenamiento y amplificación del campo magnético solar, puesto que en ella se localizarían inicialmente los intensos tubos de flujo magnético que en algún momento originarán las manchas solares que se observan en la superficie.

Si la tacoclina estuviera un poco achatada y se desviase ligeramente de la simetría axial -por ejemplo, porque rotase alrededor de un eje ligeramente inclinado con respecto al eje de rotación del Sol-, los planetas podrían ejercer pares de fuerzas sobre la tacoclina por efecto marea (similar al que la Luna ejerce sobre los océanos terrestres). El efecto de marea, aunque pequeño, y hasta ahora despreciado, podría ser suficiente para afectar la capacidad de la tacoclina para almacenar los tubos de flujo magnético, precursores de las manchas.

El efecto de los planetas, a través de las fuerzas de marea, podría modificar ligeramente la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina. “Esta modificación podría ser de una parte en 10.000 a una parte en 100.000. Es como si a una persona que tiene 100.000 euros le quitamos uno, no se da cuenta. Pues esta modificación tan pequeña podría ser suficiente para modificar la capacidad de almacenamiento de tubos de flujo magnético dentro de esa capa”, relata Ferriz-Mas.

Muchos científicos suponen, desde los años 80, que las manchas solares son simplemente grandes tubos de flujo magnético que ascienden desde esa tacoclina hasta la superficie del Sol, atravesando unos 200.000 km de zona convectiva.

“Si la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina fuese distinta, esos tubos, cuando entraran en la zona de convección para ascender, serían demasiado débiles. Eso quiere decir que la convección los destrozaría por el camino y a la superficie sólo llegaría campo magnético difuso, no estructurado en manchas”, argumenta este científico.

Este grupo de físicos supone que cuando hay un Mínimo de Maunder no significa que no llegue campo magnético a la superficie, sino que ese campo no llega en forma de manchas. “El origen de todo está en la tacoclina”, señala Ferriz-Mas. “Si no hay en esta capa solar tubos de flujo del orden de 100.000 Gauss que entren en la zona de convección y empiecen a ascender, no hay manchas”, agrega.

“El campo magnético en la superficie terrestre, que ponemos de manifiesto con una brújula, puede tener una intensidad de entre 0,25 y 0,65 Gauss. Si los tubos de flujo no llegan a alcanzar los aproximadamente 100.000 Gauss, porque la estabilidad de la estratificación del gas en la tacoclina ha sido perturbada por el efecto de marea de los planetas, entonces éstos no mantendrían su identidad al atravesar la zona de convección y no podrían llegar a la superficie en forma de estructura coherente que diese lugar a manchas solares”, explica Ferriz- Mas.

Si todo lo relatado aquí se cumpliera, deberían encontrarse los mismos periodos en la actividad solar que en el torque [fuerza que se le ejerce a algo para hacerlo girar] ejercido por los planetas, como precisamente ha descubierto el equipo en el que participa el investigador Antonio Ferriz-Mas (IAA-CSIC).

Como indican los doctores J. A. Abreu y J. Beer del ETH de Zurich (Instituto Politécnico Federal), coautores del artículo, la influencia de los planetas sobre el magnetismo solar a larga escala temporal es una hipótesis interesante, que daría una explicación natural a los periodos de entre ochenta y ocho y dos mil doscientos años presentes en el registro de la actividad magnética solar. Si esto fuese así, este estudio puede tener implicaciones muy importantes para entender mejor cómo funciona el Sol y, en particular, la actividad magnética solar.

Despegan con éxito dos nuevos satélites de Galileo, el sistema GPS de Europa


El Mundo

Recreación de los satélites en el momento en que se separan de la Soyuz. | ESA

Recreación de los satélites en el momento en que se separan de la Soyuz. | ESA

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha lanzado con éxito dos nuevos satélites del sistema de navegación europeo Galileo que portarán por primera vez el sistema de búsqueda y rescate que, según ha explicado el portavoz de la ESA, Javier Ventura-Traveset, está fabricado completamente en España.

Los dos satélites, IOV3 y IOV4 se han lanzado sin problemas a las 20.15 (hora peninsular española) desde la base europea de Kurú (Guayana Francesa) y a bordo de un cohete ruso Soyuz. Ambos forman parte de la segunda fase del proyecto Galileo, la de validación. En octubre de 2011 la ESA lanzó dos satélites de prueba (GIOVE-A y GIOVE-B) a los que este viernes se unirán los dos nuevos aparatos. Ventura-Traveset ha señalado que, con cuatro satélites en órbita, el sistema de navegación ya podrá operar.

Galileo permitirá a los europeos obtener autonomía del Sistema Global de Posición (GPS) controlado por Estados Unidos. Ahora, con cuatro satélites en órbita todavía se depende de GPS para operar, pero, a partir de 2015, cuando la ESA ha programado tener 18 satélites en el espacio, el sistema será completamente independiente.

Entonces, Galileo ofrecerá tres servicios: el servicio abierto (gratuito), el servicio público regulado (PRS) y el servicio de búsqueda y salvamento. En este sentido, el portavoz de la ESA ha señalado que IOV3 y IOV4 serán los primeros aparatos en portar el transpondedor de búsqueda y rescates que, además, se ha diseñado y fabricado completamente en España.

Mensaje de socorro

Acerca de este sistema, Ventura-Traveset ha indicado que, hasta ahora, el sistema GPS permitía que, por ejemplo, un barco lanzara un mensaje de socorro que llegaría a los servicios de emergencia gracias al sistema de satélites. “Gracias al sistema que se ha creado para Galileo, el barco que ha mandado la señal también recibirá una de vuelta en la que se le avisará de que su mensaje ha sido recibido y que el rescate va en su ayuda”, ha indicado.

“Esta constelación de satélites (que llegará a contar con 30 aparatos en 2018) permitirá disponer de mejores servicios, desde una navegación para vehículos más precisos, una gestión eficiente del transporte por carretera o transacciones bancarias más seguras.

En cuanto a lo que este sistema de navegación va a aportar al día a día de los ciudadanos, el portavoz de la Asociación Española de Empresas Europeas Tecnológicas, de Defensa, Aeronáuticas y Espacio (Tedae), Miguel M. Romay, ha indicado que Galileo se trata “de una evolución de GPS” y “permitirá pasar la precisión de metros a centímetros“, por ejemplo, “en los mapas en los que buscamos una calle”.

“La mayoría de las aplicaciones de los ‘smartphones’ piden localizador. Ahora lo que más se usa es el navegador para encontrar un lugar o una calle, pero en un futuro, el paso de metros a centímetros permitirá aparcar un coche sin conductor, que una excavadora trabaje en lugares difíciles guiada desde la distancia o para mejorar las labores agrícolas”, ha indicado.

Compartir satélites con Estados Unidos

Por su parte, el jefe del departamento de Industria y Ciencia del Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI), Jorge Lomba, ha explicado que la creación de Galileo culminará con “una negociación con Estados Unidos para compartir satélites”.

“Hasta ahora Estados Unidos cedía de manera gratuita el sistema GPS para mantener su liderazgo en este mercado” en el que era el único. “Europa decidió crear Galileo para no quedarse atrás en este mercado y para no depender de los servicios estadounidenses”, ha indicado Lomba.

En este sentido, ha señalado que cuando los 30 satélites europeos estén en el espacio en 2018, se seguirá colaborando con GPS para mejorar los servicios. “Entonces serán demasiados los satélites que estarán en el espacio, por ello Europa quiere negociar con Estados Unidos para colaborar y compartir satélites” cuando, por ejemplo, se acabe la vida útil de alguno de los aparatos de GPS.

España, además de fabricar íntegramente el sistema de búsqueda y rescate es el quinto país con mayor participación en esta fase de desarrollo y validación del sistema Galileo, con alrededor de 130 millones de euros, lo que supone entre un 9 y un 10 por ciento del total. Además, un 70 por ciento de la industria española de espacio trabaja directamente en el mismo.

El relicario que guardaba dos dedos y un diente de Galileo


EFE – El Mundo

  • Los restos se encontraban en un relicario que salió a subasta
  • El Museo de Historia de la Ciencia de Florencia confirma su autenticidad
  • Durante su exhumación extrajeron tres dedos, la quinta vértebra y un diente
  • El cuerpo de Galileo se conserva en la Basílica de la Santa Croce de Florencia
Uno de los dedos de Galileo conservados en Italia

Uno de los dedos de Galileo conservados en Italia

Tras más de un siglo en paradero desconocido, dos dedos y un diente del genio renacentista Galileo Galilei (1564-1642) han aparecido en Italia en un relicario comprado en subasta por un coleccionista, que no sabía que contenía tales restos.

Las reliquias han sido sometidas a análisis, tras lo que el Instituto y Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia, que ha informado este viernes del hallazgo en una nota de prensa, ha confirmado que pertenecen al pisano, cuyos restos se conservan actualmente en la Basílica de la Santa Croce de la capital toscana.

Según explicaron fuentes de la institución florentina, el Instituto y Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia tuvo noticia de la reaparición de los dedos y el diente de Galileo después de que un anticuario se los entregara, sin dar muchos detalles sobre las circunstancias en que llegaron a él.

Desaparecidas durante un siglo

El anticuario asegura que adquirió un relicario de madera, que sorprendentemente encerraba dos dedos y un diente, en una subasta cuya fecha y lugar de celebración no ha precisado, como tampoco ha dicho cuánto pagó por esa pieza.

Las tres reliquias, de las que se perdió el rastro hace más de cien años, se suman así a las otras dos, un dedo y una vértebra, que conservan dos instituciones italianas, con las que se completan finalmente los cinco restos del cuerpo de Galileo que fueron separados del cadáver durante su exhumación, el 12 de marzo de 1737.

“Todo el material orgánico extraído del cuerpo queda ahora identificado y conservado en manos responsables”, asegura en el comunicado el museo florentino, que expondrá las reliquias reencontradas a partir de la próxima primavera.

“Como es sabido, un dedo estaba ya en exposición permanente en el Museo de Historia de la Ciencia, mientras que una vértebra es custodiada en la Universidad de Padua, donde Galileo enseñó durante casi veinte años”, prosigue el museo.

La historia de la autonomía de estas cinco partes del cuerpo de Galileo se remonta a 1737, casi un siglo después de que el científico, muy polémico en la época por sus teorías y sus desencuentros con la Iglesia Católica, muriera y fuera enterrado en un lugar discreto y poco accesible.

De hecho, el deseo de trasladar el cuerpo del genio a un lugar propio de su importancia científica e histórica fue lo que propició la exhumación del cadáver de Galileo, condenado en vida por la Inquisición por haberse adherido a la teoría de Copérnico, que sostenía que era el Sol, y no la Tierra, el centro del Universo.

Durante la exhumación, promovida por el Gran Duque de la Toscana Gian Gastone, varios expertos de la época y fieles seguidores del trabajo del científico extrajeron esos tres dedos (de la mano derecha), la quinta vértebra y el diente, para conservarlos como reliquias.

Con la reaparición de los dos dedos y el diente, acaecida durante el cuarto centenario del telescopio del genio pisano, se pone fin al proceso de sepultura del cuerpo de Galileo, cuya presencia en la Basílica de la Santa Croce de Florencia supuso para el Gran Duque de la Toscana la confirmación de la independencia del poder civil respecto del religioso.

Los primeros dibujos de la Luna, antes que Galileo


ABC

Cuatro meses antes de que Galileo dibujara sobre el papel lo que veía a través del telescopio, el inglés Thomas Harriot compuso el primer mapa de la Luna realizado con base científica. El Museo de la Ciencia de Londres, que expone los dibujos de Harriot, celebra a este astrónomo como el primero que consignó sus observaciones realizadas a través del telescopio.

Cuando se cumplen 400 años de aquellos primeros bocetos (el primer mapa lleva la fecha de 26 de julio de 1609), en plena conmemoración de las cuatro décadas de la expedición del Apolo XI, los trazos de Harriot parecen muy simples, pero sus siguientes observaciones le permitirían presentar ya los principales elementos orográficos del satélite de la Tierra: la superficie lunar con sus cráteres, montañas y sus «mares».

Los ingleses lamentan que su compatriota no tuviera la publicidad que en su día logró Galileo, pero es que Harriot, como noble acomodado que era, ni buscaba la fama ni necesitaba dinero. «Contaba con una buena pensión anual del conde de Northumberland y simplemente le interesaba el puro conocimiento», explica Alison McCann, responsable del archivo en el que se guardan los dibujos de Harriot.

Éstos fueron realizados a partir de la visión que ofrecía un rudimentario telescopio que sólo era seis veces más poderoso que el ojo humano. El astrónomo inglés mejoraría luego su instrumental y sería capaz de dibujar también rasgos de Júpiter, los anillos de Saturno y las manchas de la superficie solar.

Quieren tomar el ADN de Galileo para saber cómo observaba el científico ciego


EFE – ADN

El director del Observatorio de Arcetri reconoce que, por el momento, han recibido una respuesta negativa a la apertura de la tumba

observatorio-vaticanoUn grupo de científicos pretende abrir la tumba del astrónomo italiano Galileo Galilei para extraer su ADN y saber hasta qué punto era ciego, en un intento de reproducir las sensaciones que tuvo al observar el universo con su telescopio hace ahora cuatro siglos.

Esta idea, que en un primer momento pudiera parecer un tanto desproporcionada, es defendida a capa y espada por los expertos del Observatorio de Arcetri y del Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia (centro de Italia), promotores de un proyecto que pretende averiguar qué vio entonces Galileo en el universo.

“Ésta es la parte más incierta, por el momento, de nuestro proyecto. Habría que abrir la tumba, tomar una parte del tejido que queda de Galileo y después pasar la información a un fisiólogo de los ojos para saber si es posible averiguar el tipo de problema que padecía”, explicó Francesco Palla, director del Observatorio de Arcetri.

Año de la astronomía

El proyecto de estos científicos se enmarca dentro de las numerosas iniciativas previstas para el “Año Internacional de la Astronomía”, que se celebra coincidiendo con el cuarto centenario de la primera observación del astrónomo italiano (1564-1642) con un telescopio.

Los investigadores florentinos han conseguido recrear las condiciones de la lente de ese primer telescopio para saber con mayor exactitud qué universo fue el que vio Galileo, dada además una minusvalía visual con la que el científico llegó a la tumba, que está ahora en la Basílica de la Santa Croce de Florencia.

Habrá que llevar esos datos del ADN a su época y así “saber hasta qué punto la observación que él hizo estuvo afectada por problemas de visión. Esta parte (del proyecto) es algo más incierta porque requiere aprobaciones e informes que deben venir de los responsables de la Basílica de Santa Croce”, dice Palla.

El director del Observatorio de Arcetri reconoce que, por el momento, han recibido una respuesta negativa a la apertura de la tumba del científico, pero no cesa en su empeño de luchar por algo que cree crucial para el desarrollo de esta iniciativa.

“Hay una componente psicológica que es la de capturar las imágenes en las mismas condiciones objetivas de las observaciones de Galileo. Lógicamente el cielo que observamos hoy es distinto por la contaminación lumínica. Él las hizo con un cielo profundo y distinto al actual”, comenta Palla.

“A pesar de esto -añade-, podríamos entender cuáles eran las observaciones directas que Galileo hacía y cuáles eran sus interpretaciones. Esto es importante en el caso de Saturno, en el que él no distingue los anillos, sino que ve prolongaciones del planeta que interpreta como satélites”, como en el caso de Júpiter.

Júpiter también tiene anillos


CET – El Mundo

ESTUDIO PUBLICADO EN ‘NATURE’

 

  • Los científicos han empleado datos obtenidos hace años por la sonda ‘Galileo’
  • La investigación será útil para comprender el sistema de lunas del planeta

actualidad080501.jpgMADRID.- El planeta Júpiter tiene, al igual que Saturno, un sistema de anillos cuyas dimensiones son mucho más grandes de lo que se pensaba hasta ahora. Ésta es la conclusión a la que acaba de llegar un equipo de investigadores del Instituto Max-Planck (MPI) de Investigaciones Solares en la localidad bajosajona de Klatenburg–Lindau, al norte de Alemania.

El anillo que rodea Júpiter está compuesto de partículas de polvo y tiene un diámetro de 640.000 kilómetros, según las investigaciones realizadas por los astrónomos de Klatenburg-Lindau junto con sus colegas del Instituto Max-Planck de Física Nuclear de Heidelberg y la Universidad estadounidense de Maryland.

Los científicos consiguieron medir por primera vez directamente las partículas de polvo que orbitan en torno a Júpiter formando el anillo y cuyo tamaño es tan sólo de una milésima de milímetro, comparable a las partículas que lleva el humo de un cigarrillo, informa Efe.

Para realizar su estudio, el equipo de científicos alemanes y norteamericanos analizó los datos recabados por la sonda ‘Galileo’, que entre 1995 y 2003 estuvo orbitando en torno a Júpiter y acumulando información sobre el planeta gaseoso y sus satélites.

En las órbitas en las que giran las partículas en torno al más grande de los planetas del sistema solar juega además un papel relevante la sombra de Júpiter.

Mientras en la parte que mira al Sol las partículas se cargan positivamente, en el lado oscuro se cargan negativamente, y esto influye en su movimiento, según señaló el MPI, que publica los resultados de la investigación en la última edición de la revista ‘Nature’.

Los resultados son muy importantes para comprender el funcionamiento de todo el sistema de Júpiter, ya que las partículas de polvo cargadas positivamente juegan un papel relevante en el nacimiento de los planetas y en el caso de Júpiter constituyen un laboratorio en el que pueden analizarse procesos astrofísicos.