La misión Kepler encuentra un tesoro de más de 100 nuevos exoplanetas


El Mundo

  • Orbitan alrededor de una estrella enana menos potente que el Sol
Recreación artística del conjunto de exoplanetas recién descubierto por la misión Kepler. NASA

Recreación artística del conjunto de exoplanetas recién descubierto por la misión Kepler. NASA

Un equipo internacional de científicos ha descubierto un tesoro de nuevos mundos gracias a la misión K2 de la nave Kepler. Los autores, pertenecientes a la NASA y a distintas universidades estadounidenses, han confirmado el hallazgo de 104 planetas fuera del Sistema Solar, y cuatro de ellos parecen ser planetas rocosos.

Los planetas, todos ellos entre un 20 y un 50% más grandes que la Tierra, orbitan alrededor de una estrella enana llamada K2-72 y que está a una distancia de 181 años luz de nuestro planeta en dirección a la constelación de Acuario. No obstante, se trata de una estrella de menos de la mitad del tamaño del Sol y mucho menos brillante.

Sus órbitas son muy pequeñas, menores que la distancia de Mercurio al Sol, pero la posibilidad de que la vida pudiera surgir en ellos aún no puede ser evaluada, según el autor principal Ian Crossfield, de la Universidad de Arizona.

Aunque dos de los cuatro planetas rocosos son demasiado cálidos omo para albergar vida como la que conocemos en la Tierra, los otros dos están en la zona habitable, donde el agua líquida podría existir en la superficie. Estos pequeños mundos rocosos están mucho más cercanos a su estrella de lo que lo está Mercurio al Sol, pero como su estrella es más pequeña y menos potente que la nuestra, su zona habitable es mucho más cercana a la estrella.

“Una analogía de cómo ha funcionado la misión sería que Kepler ha realizado un estudio demográfico, mientras que la misión K2 se ha centrado en las estrllas cercanas y brillantes con diferentes tipos de planetas”, explica Ian Crossfield. “Esta misión nos permite incrementar el número de estrellas pequeñas y rojas por un factor de 20”.

“La diversidad de planetas es increíble. Hemos encontrado planetas donde no los encontramos en el Sistema Solar”, explica Evan Sinukoff, estudiante del Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawai. “Por ejemplo, hemos descubierto planetas alrededor de dos veces más grandes que la Tierra orbitando tan cerca de su estrella que su superficie está a unos 1.000 grados centígrados”, asegura.

Una placa astronómica de 1917 ocultaba el primer hallazgo de exoplanetas


ABC.es

  • Es el primer documento de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar

 

Enana blanca

Enana blanca

En Ciencia, nunca se sabe con certeza dónde nos espera el siguiente hallazgo. Y éste puede producirse incluso en el sótano de casa. En efecto, una vieja placa astronómica de 1917, conservada en los archivos del Instituto Carnegie, en California, ha resultado ser el primer documento (por ahora) de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar. El sorprendente descubrimiento dejó sin habla a un grupo de científicos que buscaban documentación para elaborar, precisamente, un artículo sobre posibles planetas alrededor de estrellas enanas blancas.

Esto es exactamente lo que sucedió: Hace aproximadamente un año, el autor de la revisión, Jay Farihi, del University College de Londres, se puso en contacto con el director los Observatorios Carnegie, John Mulchaey. Estaba buscando en los archivos una vieja placa astronómica de cristal que contenía un espectro de la estrella de Van Maanen, una enana blanca descubierta por el astrónomo holandés-estadounidense Adriaan van Maanen en el mismo año en que se tomó la imagen.

Los espectros estelares son registros de la luz emitida por las estrellas distantes. Y en ellos pueden observarse, por separado, todos los colores que componen esa luz, como el arco iris que se forma en un prisma. Cada banda de color es la “firma” irrepetible de un elemento de la tabla periódica, y es así cómo los astrónomos pueden averiguar cuál es la composición química de una estrella. Además, esa misma luz emitida por la estrella se ve afectada por la química de los objetos que enuentra en su camino, por lo que también trae hasta la Tierra información sobre planetas y otros objetos con los que puede encontrarse en su camino.

Las imágenes de espectros estelares permitieron a los astrónomos del siglo XIX desarrollar un completo sistema de clasificación de estrellas que todavía se utiliza en la actualidad. Hoy, los modernos telescopios utilizan herramientas digitales para obtener imágenes de estrellas, pero durante muchas décadas, lo más común era usar placas fotográficas de vidrio, tanto para tomar imágenes del cielo como para registrar los espectros de las estrellas que se querían estudiar.

Tal y como se había solicitado, la Institución Carnegie localizó la imagen de 1917, que había sido realizada por el entonces director de los observatorios, Walter Adams, con el telescopio de Monte Wilson, que por aquél entonces formaba parte de la institución Carnegie. Pero aparte de una anotación en un borde de la placa, que indicaba que la estrella se veía un poco más caliente que nuestro Sol, todo en ella parecía normal.

Hasta que Fahiri examinó el espectro y se encontró con algo extraordinario.

Líneas de absorción

La clave estaba en una de las “líneas de absorción” del espectro. Las líneas de absorción indican “piezas que faltan”, áreas en las que la luz procedente de de la estrella ha tropezado con algo y tha adquirido el color particular de la luz absorbida por esa sustancia. Estas líneas son, precisamente, las que indican la composición química del objeto que ha interferido con la luz estelar.

Y resulta que el espectro de la placa de 1917 de la estrella Van Maanen revelaba la presencia de elementos pesados como calcio, magnesio y oro. Elementos que, debido a su peso, deberían de haber desaparecido hace mucho tiempo en el interior de la estrella.

Hace apenas una decena de años que ha quedado claro para los astrónomos que la estrella Van Maanen, igual que otras enanas blancas con elementos pesados en sus espectros, representan una clase específica de sistemas planetarios, que consisten en grandes anillos de rocas, desechos planetarios y toda clase de escombros que rodean por completo a muchas enanas blancas. Esta clase de sistemas se conocen como “enanas blancas contaminadas”, y su existencia fue toda una sorpresa para los astrónomos, ya que las enanas blancas son estrellas de la misma clase que nuestro Sol, pero en el final de sus vidas, un momento muy tardío de su evolución en el que ya no se espera que conserven a su alrededor material planetario de ninguna clase.

«Simplemente increíble»

“Darnos cuenta de que esta placa de 1917 de nuestro archivo contiene la evidencia más antigua que se conoce de un sistema de enana blanca contaminada es simplemente increíble -afirma el director Mulchaey-. Y el hecho de que fuera hecha por un astrónomo tan prominente en nuestra historia como Walter Adams lo hace aún más emocionante”.

Hasta ahora no se ha detectado ningún planeta propiamente dicho en órbita de la estrella Van Maanen, ni tampoco en los alrededores de de otros sistemas similares, pero Farihi confía en que es sólo una cuestión de tiempo. “El mecanismo que crea los anillos de escombros planetarios -explica el investigador- así como su deposición en la atmósfera de la estrella, requiere de la influencia gravitatoria de planetas hechos y derechos. Sencillamente, ese proceso no puede ocurrir sin que haya planetas allí”.

“Carnegie -concluye Mulchaey- tiene una de las mayores colecciones de placas astronómicas que existen, con un archivo que incluye cerca de 250.000 placas fotográficas de tres observatorios diferentes, Monte Wilson, Palomar y Las Campanas. Tenemos un montón de historia almacenada en el sótano y quién sabe qué otros hallazgos podríamos realizar en el futuro”.

 

Observado el nacimiento de un exoplaneta por primera vez


El Pais

  • En la constelación de Tauro, a 450 años luz, hay una estrella joven en torno a la que se está formando un nuevo planeta, el primero visto desde la Tierra

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Hace 25 años los humanos no conocíamos ni un solo planeta fuera del Sistema Solar. Actualmente se han detectado ya 1.900, algunos tan similares a la Tierra que podrían albergar agua y, por tanto, vida. Pero todos esos exoplanetas hallados en menos de un cuarto de siglo son adultos. Hoy, un estudio describe las primeras observaciones directas de un planeta que está en su infancia.

El hallazgo se ha hecho en torno a un astro de la constelación de Tauro que está a unos 450 años luz. Es muy parecido al Sol y se llama LkCa 15. Se piensa que la Tierra se formó hace 4.500 millones de años a partir de un disco de polvo y gas creado por el Sol joven. Pero la formación de planetas es un proceso muy desconocido, en parte porque para los telescopios actuales es muy complejo captar la débil luz que emite un planeta naciente comparado con el gran brillo de su astro. Todo esto hace complicado entender cómo la acumulación de simples partículas de polvo y gas pueden acabar formando planetas como el nuestro, sin mencionar gigantes gaseosos como Júpiter, con un diámetro 11 veces mayor.

La formación de planetas es un proceso muy desconocido

En comparación con nuestro Sol, la LkCa 15 es una recién nacida de dos millones de años. En un estudio publicado hoy en Nature astrónomos de EE UU y Australia describen que en el disco planetario que rodea a la estrella hay un espacio vacío y, dentro de él, lo que parecen ser tres planetas. En torno al planeta b, el que más cerca está del astro, los astrónomos han observado hidrógeno a unos 9.700 grados. Los autores del hallazgo creen que tanto el vacío en el disco planetario como las altas temperaturas del gas solo pueden explicarse por el nacimiento de un planeta que está tragando material en su proceso de formación, el primero, resaltan sus autores, que se puede estudiar en directo desde la Tierra.

Los astrónomos han observado la estrella entre 2009 y 2015. Usaron telescopios con óptica adaptativa, dotados de espejos que se deforman para corregir la turbulencia de la atmósfera y captar así detalles de objetos más lejanos. Esta técnica servirá “para descubrir muchos más planetas en formación en el futuro”, opina Zhaohuan Zhu, astrónomo de la Universidad de Princeton (EE UU). A su vez, eso permitirá conocer la distribución de planetas nacientes en el universo observable y explicar mejor cómo un amasijo de partículas y gas puede convertirse, miles de millones de años después, en sistemas planetarios maduros como el nuestro.

Un planeta parecido a la Tierra en nuestro vecindario galáctico


El Mundo – Teresa Guerrero

Es un mundo demasiado cálido para que pueda albergar vida como la conocemos en la Tierra y, además, recibe 19 veces más radiación de su estrella de la que a nosotros nos llega del Sol. Sin embargo, pese a estas notables diferencias con la Tierra, GJ 1132b, como ha sido denominado un exoplaneta (es decir, un planeta fuera del Sistema Solar) que esta semana presenta la revista Nature, supone otro esperanzador avance para los investigadores que buscan otros mundos en general, y un gemelo de la Tierra en particular.

Recreación artística del planeta GJ 1132b orbitando a su estrella, una enana roja Dana Berry

Recreación artística del planeta GJ 1132b orbitando a su estrella, una enana roja Dana Berry

La carrera por encontrar exoplanetas comenzó en 1995, cuando los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron el primero. Desde entonces, la lista de mundos conocidos fuera del Sistema Solar ha ido ampliándose hasta contener alrededor de 2.000 planetas muy diversos.

Aunque en esa base de datos figuran mundos con algunas características comunes con la Tierra, ninguno reúne, de momento, los requisitos para ser equiparado con el nuestro. Y es que, además de tener un tamaño, una composición y una atmósfera similar, ese mundo debería encontrarse a una distancia de su estrella que le permitiera tener agua líquida. Y para ello, no puede estar ni demasiado cerca ni demasiado lejos de su astro.

Se trata, por tanto, de una búsqueda muy compleja que quizás no sea exagerado comparar con intentar encontrar una aguja en un pajar. Y es que, según explica a EL MUNDO Zachory Berta-Thompson, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y autor principal de este estudio, hay miles de millones de planetas en nuestra galaxia: «Basándonos en lo que sabemos sobre las estadísticas de planetas, la mayor parte de las estrellas tienen al menos uno. Podría haber alrededor de 100.000 millones de planetas en la Vía Láctea», señala.

¿Y cuántos cree que podrían parecerse a la Tierra? «Según un estudio de mi colega Courtney Dressing [de la Universidad de Harvard], alrededor del 16% de las estrellas pequeñas tienen planetas similares a la Tierra en tamaño y temperatura. Eso significa que sólo en nuestra galaxia hay miles de millones de planetas como el nuestro», asegura Berta-Thompson.

GJ 1132b no tiene la misma temperatura que la Tierra, pero es especial por varias razones. Por un lado, porque tiene un tamaño parecido a la Tierra (es un poco más grande), es rocoso, como el nuestro, creen que podría tener atmósfera y que probablemente está compuesto de rocas y hierro. Pero, sobre todo, porque nunca se había localizado un planeta con esas características tan cerca de la Tierra, a ‘sólo’ 39 años luz de distancia.

Y sí, 39 años luz es muy lejos, pero en términos astronómicos es bastante cerca, según los científicos. Sobre todo, si tenemos en cuenta que hasta ahora los planetas con un tamaño similar al de la Tierra que se conocían están situados tres veces más lejos. La distancia a la que se encuentra GJ 1132b permitirá apuntar hacia él telescopios terrestres y espaciales para determinar su composición y saber más sobre este mundo, entre cuyos descubridores también figura Michel Mayor, padre del primer exoplaneta.

Y es que, como recuerda Zachory Berta-Thompson, nuestra galaxia se expande unos 100.000 años luz, así que realmente se trata de un sistema solar vecino. Según adelanta, su equipo espera poder determinar la composición química de su atmósfera, los patrones de sus vientos y ver los colores de sus atardeceres.

Este planeta será un objetivo para los telescopios espaciales Hubble y Spitzer y, dentro de unos años, para el futuro telescopio espacial de la NASA James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para 2018. Estos instrumentos ayudarán a los astrónomos a completar lo que ya han podido averiguar con telescopios terrestres como el que le permitió descubrir este mundo el pasado mes de mayo.

GJ 1132b fue detectado con el conjunto de telescopios MEarth-South que el MIT tiene en el Observatorio Inter-Americano de Cerro Tololo, en Chile, a través de la técnica de tránsito (descubren el planeta cuando pasa delante de su estrella). Este exoplaneta orbita una estrella enana roja. Su tamaño es aproximadamente la mitad de nuestro sol. Recientemente los astrónomos han visto que este tipo de astros albergan gran cantidad de planetas con un tamaño que oscila entre la mitad del de la Tierra y 1,5 veces más.

Un mundo infernal

Según calculan, la temperatura en la superficie de este planeta sería de unos 230º C, lo que imposibilitaría que hubiera agua líquida en su superficie, pero podría tenerla en su atmósfera. Otros mundos conocidos, como CoRot-7b o Kepler 10b, son mucho más cálidos, con temperaturas que llegan a superar los 1.000ºC.

Según explica en una nota de prensa David Charbonneau, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA), sospechan que la atmósfera de este planeta es parecida a la de Venus.

«Encontrar un planeta que sea exactamente como la Tierra (con el mismo tamaño, la misma composición, la misma distancia orbital y el mismo tipo de estrella) podría llevar mucho tiempo. Lo que podemos esperar que ocurra antes es hallar un planeta del mismo tamaño, composición y temperatura, pero que orbite una estrella mucho más pequeña y fría. Aunque GJ 1132b es demasiado cálido para albergar vida, un planeta situado más lejos de su estrella podría tener la temperatura adecuada para tener vida», señala Zachory Berta-Thompson, que recuerda que la NASA está construyendo en el MIT un satélite cuyo lanzamiento está previsto para 2017, el Transiting Exoplanet Survey Satellite: «Debería ser capaz de encontrar algunos planetas como la Tierra orbitando estrellas pequeñas cercanas. Creo que lo podría lograr en pocos años», vaticina.

Miles de millones de planetas en zona habitable, solo en nuestra galaxia


ABC.es

  • Nuevos cálculos implican la existencia potencial de mucha agua y, lo más importante, de mucha vida
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Archivo Investigadores han calculado cuál es la probabilidad de que las estrellas de nuestra galaxia tengan planetas

 Hasta ahora, los astrónomos han descubierto ya miles de exoplanetas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Mundos lejanos que giran alrededor de otras estrellas y muchos de los cuales, además, forman parte de sistemas planetarios que recuerdan a nuestro Sistema Solar. La sonda Kepler, especialmente diseñada para esta búsqueda, es el instrumento que más planetas extrasolares ha descubierto hasta ahora. Y ha sido precisamente utilizando sus datos como un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Australia y el Instituto Niels Bohr, en Copenhague, ha calculado cuál es la probabilidad de que las estrellas de nuestra galaxia tengan planetas en la zona habitable, esto es, a la distancia precisa de ellas para permitir que exista agua líquida en sus superficies.

Los resultados han sido sorprendentes. De hecho, los cálculos muestran que miles de millones de estrellas de nuestra galaxia pueden tener entre uno y tres planetas en sus zonas habitables, lo que implica la existencia potencial de mucha agua y, lo más importante, de mucha vida. El esperanzador estudio se publica hoy en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Gracias a los instrumentos del Kepler los astrónomos han descubierto ya cerca de mil planetas alrededor de estrellas de nuestra galaxia y trabajan ahora para confirmar otros tres mil potenciales. Muchas estrellas cuentan con sistemas que contienen entre dos y seis planetas, aunque podría ser que hubiera más fuera del alcance de los instrumentos de la sonda Kepler, que está mejor equipada para buscar mundos grandes y que estén relativamente cerca de sus soles.

Pero los mundos que orbitan muy cerca de sus estrellas suelen ser demasiado calientes para la vida. Por eso, los investigadores han tratado de averiguar si también podría haber mundos algo más lejos de esos soles, en sus zonas habitables, donde el agua y la vida son teóricamente posibles. Para conseguirlo, los autores del estudio han llevado a cabo una serie de cálculos basados en una nueva versión de un método que tiene ya 250 años de antigüedad y que se conoce como la Ley de Titus-Bode.

Una ley planetaria

Formulada alrededor del año 1770, esta ley permitió calcular la posición exacta de Urano mucho antes de que fuera descubierto. La Ley de Titus-Bode afirma que existe una relación entre los periodos orbitales de los distintos planetas de nuestro sistema solar. Así, la relación entre el periodo orbital del primer y segundo planeta es la misma que existe entre el segundo y el tercero, que entre el tercero y el cuarto y así sucesivamente. Por eso, si sabemos cuánto tardan algunos de los planetas en completar una órbita alrededor de su estrella, es posible calcular cuánto tardarían otros planetas que aún no conocemos en hacer lo mismo, lo que nos permitiría calcular su posición.

“Decidimos usar este método para calcular las posiciones potenciales de planetas en 151 sistemas en los que Kepler ya había encontrado entre tres y seis mundos -explica Steffen Kjaer Jacobsen, del Instituto Niels Bohr-. En 124 de los sistemas planetarios, la Ley de Titus-Bode logró fijar la posición de los planetas. Usando el mismo método, intentamos predecir dónde podría haber más planetas algo más externos en esos sistemas solares. Pero sólo hicimos los cálculos para planetas cuya existencia pudiera después ser confirmada con los instrumentos del propio Kepler”.

En 27 de los 151 sistemas planetarios analizados, los planetas observados no se ajustaban, a primera vista, a la Ley de Titus-Bode. Por lo que los investigadores intentaron encajar los planetas en el “patrón” en el que los planetas deberían ubicarse. Luego añadieron los planetas aparentemente “perdidos” entre los que ya eran conocidos y añadieron, por último, un planeta adicional en cada sistema, más allá del mundo más lejano conocido. De este modo, lograron predecir un total de 228 planetas en los 151 sistemas planetarios.

“Hicimos entonces una lista prioritaria con 77 planetas de 40 sistemas planetarios -explica Jacobsen-. Los que tenían más posibilidades de ser vistos por Kepler. Y animamos a otros investigadores a buscar esos mundos. Si los encuentran, sería un indicativo de que el método se sostiene”.

Los planetas más cercanos a sus estrellas están demasiado calientes como para tener agua y vida. Y los más alejados tampoco sirven por todo lo contrario: son demasiado fríos. Pero entre estos extremos está la zona habitable, donde el agua y la vida son teóricamente posibles. Por supuesto, la zona habitable varía de estrella a estrella, y depende de lo grande y brillante que ésta sea.

Por eso, los investigadores calcularon el posible número de planetas en las zonas habitables basándose en esos mundos “extra”, que habían añadido a los 151 sistemas planetarios estudiados siguiendo la Ley de Titus-Bode. Y el resultado fue de entre uno y tres planetas en la zona habitable para cada uno de los sistemas.

Sólidos y con agua líquida

Más allá de los 151 sistemas planetarios analizados, los científicos se fijaron también en otros 31 sistemas en los que ya se ha descubierto algún planeta en las zonas habitables o en los que bastaba con añadir un solo mundo extra para llevar a cabo los cálculos.

“En estos 31 sistemas planetarios -asegura Jacobsen- nuestros cálculos mostraron que tienen una media de dos mundos dentro de la zona habitable. Según las estadísticas y las indicaciones que tenemos, un buen porcentaje de esos planetas serían sólidos, con agua líquida y con posibilidades de albergar vida”.

Si extrapolamos estos resultados al resto de nuestra galaxia, significaría que sólo aquí, en la Vía Láctea, podría haber miles de millones de estrellas con planetas en la zona privilegiada para la vida. Jacobsen asegura que lo que pretende ahora es animar a otros investigadores para que rebusquen en los datos de Kepler y comprueben si los planetas predichos por él y su equipo existen realmente y se encuentran en las posiciones calculadas.

La NASA confirma el hallazgo de 715 nuevos planetas


ABC.es

  • Detectados por la nave Kepler, la mayoría son más pequeños que Neptuno y muchos forman parte de sistemas solares parecidos al nuestro. Disparan el número de exomundos conocidos a casi 1.700

La NASA confirma el hallazgo de 715 nuevos planetas

NASA Recreación artística de sistemas planetarios con estrellas que tienen más de un planeta en tránsito

La misión Kepler de la NASA ha anunciado el descubrimiento de un botín planetario con nada menos que 715 nuevos mundos extrasolares. Estos planetas orbitan 305 estrellas, lo que revela que conforman sistemas con múltiples planetas muy parecidos al nuestro.

Casi el 95% de estos planetas son más pequeños que Neptuno, que tiene casi cuatro veces el tamaño de la Tierra. Este descubrimiento marca un aumento significativo en el número de mundos de tamaño pequeño conocidos más similares a la Tierra que los identificados previamente.

«El equipo de Kepler continúa sorprendiéndonos con su caza de planetas», ha dicho John Grunsfeld, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA en Washington. «Que estos nuevos planetas y sistemas solares se parezcan un poco a los nuestros, augura un gran futuro cuando tengamos el Telescopio Espacial James Webb en el espacio para caracterizar los nuevos mundos».

Desde el descubrimiento de los primeros planetas fuera de nuestro Sistema Solar hace aproximadamente dos décadas, la verificación de los mismos ha sido un proceso laborioso planeta por planeta. Ahora, los científicos tienen una técnica estadística que se puede aplicar a muchos planetas a la vez cuando se encuentran ante sistemas que albergan más de un planeta alrededor de la misma estrella.

Para verificar esta abundancia de planetas, un equipo de investigación codirigido por Jack Lissauer, científico planetario del Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, analizó las estrellas con más de un potencial planeta, todos los cuales fueron detectados en los dos primeros años de las observaciones de Kepler, de mayo de 2009 a marzo de 2011.

El equipo de investigación utilizó una técnica llamada de verificación por la multiplicidad, que se basa en parte en la lógica de la probabilidad. Kepler observa 150.000 estrellas y ha encontrado que unas pocas miles albergan candidatos a planetas. Si los candidatos estaban distribuidos al azar entre las estrellas de Kepler, solo un puñado tendría más de un candidato a planeta. Sin embargo, Kepler observó cientos de estrellas que tienen múltiples candidatos. A través de un cuidadoso estudio de esta muestra, se verificaron estos 715 nuevos planetas.

Como leones en la sabana

Según dicen los investigadores, este método se puede comparar con el comportamiento que sabemos de los leones y leonas. En nuestra imaginaria sabana, los leones son las estrellas de Kepler y las leonas son las candidatas a planeta. A veces, las leonas se observarían agrupadas mientras que los leones tienden a vagar por su cuenta. Si usted ve a dos leones, podrían ser un león y una leona o podrían ser dos leones. Pero si se reúnen más de dos grandes felinos, entonces es muy probable que sea un león y su manada. De este modo, a través de la multiplicidad, la leona se puede identificar de forma fiable de la misma forma que múltiples planetas candidatos se pueden encontrar alrededor de la misma estrella.

«Hace cuatro años, Kepler comenzó una serie de anuncios de primero cientos y luego miles de planetas candidatos, pero solo eran eso, candidatos», dice Lissauer. «Ahora hemos desarrollado un proceso para verificar múltiples candidatos a planetas en conjunto y lo hemos utilizado para dar a conocer una verdadera bonanza de nuevos mundos».

Más parecidos a la Tierra

Cuatro de estos nuevos planetas tienen menos de 2,5 veces el tamaño de la Tierra y orbitan en la zona habitable de su sol, el rango de distancia donde la temperatura de la superficie de un planeta en órbita puede ser adecuada para que exista agua líquida.

Uno de estos nuevos planetas en la zona habitable, llamado Kepler- 296f, orbita una estrella de la mitad del tamaño de nuestro Sol y un 5% más brillante. Kepler- 296f tiene el doble del tamaño de la Tierra, pero los científicos no saben si el planeta es un mundo gaseoso, con una espesa envoltura de hidrógeno y helio, o se trata de un mundo de agua rodeado por un océano profundo .

«Los planetas en estos sistemas múltiples son pequeños y sus órbitas son planas y circulares -parecidas a tortitas- en vez de la imagen clásica de un átomo», explica Jason Rowe, científico investigador en el Instituto SETI en Mountain View, California, y coautor de la investigación. «Cuanto más exploramos, más encontramos rastros conocidos de nosotros mismos entre las estrellas que nos recuerdan a casa».

Este último descubrimiento trae el recuento confirmado de planetas fuera de nuestro sistema solar a casi 1.700. Lanzada en marzo de 2009, Kepler es la primera misión de la NASA en busca de planetas similares a la Tierra potencialmente habitables. Los descubrimientos incluyen más de 3.600 candidatos, de los cuales 961 han sido verificados.

La investigación aparece publicada en la revista The Astrophysical Journal.

El Hubble observa dos planetas extrasolares cubiertos de nubes


ABC.es

  • Estos mundos de tamaño medio, situados a 36 y 40 años luz de la Tierra, tienen ambientes abrasadores
El Hubble observa dos planetas extrasolares cubiertos de nubes

Space Telescope Science Institute
Interpretación artística de un planeta con nubes

Pronóstico meteorológico para hoy (y para mañana, y para el día siguiente…) en dos planetas fuera del Sistema Solar: nublado. El Telescopio Espacial Hubble de la NASA ha observado las atmósferas cubiertas de nubes de dos de los tipos más comunes de mundos en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Estas nubes no se parecen a las que conocemos y se prevé que sus ambientes abrasadores se encuentren a cientos de grados Fahrenheit: demasiados calientes para un día lluvioso. La investigación, realizada por el Instituto de Tecnología de California en Pasadena y la Universidad de Chicago, aparece publicada en la revista Nature.

Los planetas son GJ 436b, situado a 36 años luz de la Tierra en la constelación de Leo, y GJ 1214b, a 40 años luz en la constelación de Ofiuco. A pesar de los esfuerzos de los científicos, hasta ahora había sido imposible describir la naturaleza de los ambientes que rodean a estos planetas. Por este motivo, los investigadores creen que el nuevo trabajo resulta un hito importante en el camino hacia el hallazgo de un mundo potencialmente habitable, similar al nuestro, más allá del Sistema Solar.

Los dos planetas tienen una masa de rango medio, entre los más pequeños y rocosos como la Tierra y los grandes gigantes de gas, como Júpiter. GJ 436b se clasifica como un «cálido Neptuno», ya que está mucho más cerca de su estrella que el frío Neptuno está del Sol. GJ 1214b es conocido como una supertierra, debido a su tamaño. Ambos se han podido observar en tránsito, es decir, cuando pasan por delante de sus estrellas. Cuando la luz estelar se filtra a través de sus atmósferas, supone una muy buena oportunidad para estudiarlos con más detalle .

El planeta GJ 436b «puede tener una alta capa de nubes que oscurecen la visión, o una atmósfera libre de nubes deficiente en hidrógeno, lo que lo haría muy diferente de Neptuno», dice Heather Knutson, del Instituto de Tecnología de California, responsable de esta parte del estudio. «En lugar de hidrógeno, podría tener cantidades relativamente grandes de moléculas más pesadas como vapor de agua, monóxido y dióxido de carbono, lo que comprime la atmósfera y hacer que sea difícil para nosotros detectar las firmas químicas».

En cuanto a GJ 1214b, su atmósfera está dominada por vapor de agua o hidrógeno, con nubes altas que cubren el planeta y ocultan información sobre su composición y el comportamiento de la atmósfera baja y su superficie. El Hubble tampoco reveló huellas químicas en la atmósfera, pero los datos son tan precisos que se pueden descartar composiciones libres de nubes de vapor de agua, metano, nitrógeno, monóxido o dióxido de carbono por primera vez.

«Es posible que no conozcamos tan bien como nosotros pensábamos los planetas extrasolares», afirma Knutson. Ahora, los científicos trabajan para determinar a qué se parecen realmente estos planetas, si a un mini-gigante de gas o a otra cosa, más parecida a un mundo acuático o rocoso como la Tierra.

El telescopio ‘Kepler’ ya no podrá buscar planetas como la Tierra por una avería


El Mundo

Recreación artística del telescopio 'Kepler'.| NASA

Recreación artística del telescopio ‘Kepler’.| NASA

El ‘cazador de planetas’ ya no podrá seguir buscando mundos parecidos a la Tierra. La NASA ha informado de que detiene definitivamente los intentos por solucionar los fallos en el telescopio espacial ‘Kepler’, y que, por tanto, es imposible que continúe su misión de búsqueda de pruebas de la existencia de planetas similares a la Tierra fuera de nuestro Sistema Solar.

“Después de meses de análisis y pruebas, el equipo del telescopio espacial Kepler pone fin a sus intentos de restaurar el pleno funcionamiento del artefacto, y ahora se encuentra considerando qué posibles investigaciones puede llevar a cabo en su condición actual”, informó la agencia espacial de EEUU.

En mayo pasado, la NASA informó de la detección de un “fallo” en el sistema de dirección del aparato, por el que habían perdido el control de dos de sus cuatro rotores, utilizados para estabilizar el telescopio y ajustar la dirección de sus lentes. La sonda orbita el Sol a 64.000 millones de kilómetros de la Tierra.

Los esfuerzos de los técnicos “no han tenido éxito”, agregó la agencia espacial, que recordó que necesitan tres rotores para poder llevar a cabo las labores de investigación de “exoplanetas” (planetas de fuera del sistema solar).

‘Descubrimientos extraordinarios’

“‘Kepler’ ha realizado descubrimientos extraordinarios al encontrar exoplanetas, incluidos varias super-Tierras en zona habitable. Tras saber que el Kepler ha recogido exitosamente información de su misión primordial, estoy confiado en que más descubrimientos fascinantes están en el horizonte”, aseguró John Grunsfeld, director adjunto de la Misión Científica de la NASA en una nota de prensa.

El pasado 8 de agosto, los ingenieros volvieron a probar el funcionamiento del telescopio y determinaron que el rotor está estropeado, por lo que es imposible “volver al punto de exactitud que garantiza su fotometría de alta precisión”.

Por ello, lo devolvieron al Modo de Seguridad de Propulsión Controlado, en el que se encuentra “seguro” pero ya no pueden manejarse sus lentes desde el centro de operaciones.

‘Kepler’, que vigila más de 150.000 estrellas en busca de planetas o candidatos planetas, ha sido una las misiones recientes más exitosas de la NASA. Los datos recabado por Kepler han permitido confirmar 135 exoplanetas y alrededor de 3.500 candidatos a serlo.

Fue lanzado en 2009 en busca de pruebas de la existencia de planetas similares a la Tierra o en los que se den las condiciones de temperatura medias donde pueda existir agua líquida.

Con un presupuesto de 600 millones de dólares, estaba previsto que su misión concluyera a finales de 2012, pero fue fue prolongada hace dos años hasta el 30 de septiembre de 2016.

El Hubble descubre carbono en un exoplaneta a 63 años luz


EFE – ADN

“HD 189733 b” tiene el tamaño de Júpiter y fue avistado por primera vez el 6 de octubre de 2005

El telescopio espacial Hubble descubrió dióxido de carbono en un exoplaneta, en lo que la NASA calificó hoy como un avance en la búsqueda de elementos de vida en otros mundos fuera del sistema solar.

El descubrimiento adquiere mayor relevancia aún debido a que tanto el Hubble como el telescopio espacial Spitzer, también de la NASA, ya habían detectado antes la presencia de vapor de agua y metano en ese planeta. Esos gases están compuestos por moléculas cuyos átomos básicos son carbono, hidrógeno y oxígeno (CO2, H20, CH4).

Un comunicado de la agencia espacial estadounidense indicó que el planeta es el HD 189733b, el cual tiene el tamaño de Júpiter y su ambiente es tan candente que la vida como la conocemos en la Tierra sería imposible en él.

No obstante, la NASA señaló que las observaciones del Hubble demuestran que la química básica para el comienzo de una actividad biológica puede medirse en planetas que orbitan otras estrellas (exoplanetas).

Descubrimientos cada vez más frecuentes

“Los compuestos orgánicos también pueden ser un subproducto de procesos biológicos y su detección en un planeta parecido a la Tierra podría algún día ser la primera prueba de vida más allá de nuestro planeta”, dijo el comunicado.

El descubrimiento se logró mediante la cámara infrarroja del observatorio y su espectrómetro múltiple, con los cuales se analizó la luz proveniente del planeta que está a 63 años luz de la Tierra.

Al estudiar la luz proveniente del candente interior del planeta, Mark Swain, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, descubrió no solo CO2, sino también monóxido de carbono.

Esta es la primera vez que se analiza una emisión infrarroja proveniente de un exoplaneta.

Swain señaló que lo más importante ha sido el descubrimiento de dióxido de carbono, pues “bajo circunstancias adecuadas, podría tener una vinculación con actividad biológica como la que ocurre en la Tierra”.

El científico añadió que el hecho de que hayan podido detectar CO2 y calcular su abundancia “es importante en el esfuerzo de caracterizar a los planetas, con el fin de saber de qué están hechos y si pueden albergar vida”.

A juicio de Erick Smith, científico del JPL de la NASA, el descubrimiento de dióxido de carbono en HD 189733b agrega un nuevo valor al telescopio espacial que durante casi 20 años de operaciones en el espacio se ha convertido en el instrumento más valioso de la astronomía.

Un telescopio polivalente

“El Hubble fue concebido principalmente para observaciones del universo distante. Sin embargo, también está abriendo un nuevo campo para la astrofísica y la ciencia planetaria comparativa”, indicó Smith.

Agregó que los estudios efectuados a través del Hubble ayudarán a determinar la composición y los procesos químicos en mundos distantes.

“El futuro de esta nueva frontera de la ciencia es extremadamente prometedor, porque esperamos descubrir muchas más moléculas en las atmósferas de otros exoplanetas”, señaló.