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  • El mapa, creado con 11 terabytes de información registrados por la agencia estadounidense, revela que grandes zonas del planeta superarán los 45 grados centígrados en 2100
nasa Los zona en rojo intenso son las que superarán los 42 grados de temperatura

NASA | Los zona en rojo intenso son las que superarán los 42 grados de temperatura

En las redes sociales se pueden leer cientos de predicciones sobre cómo será la Tierra en unos años, pero la que aporta la agencia estadounidense puede ser la más cercana a la realidad. Una realidad preocupante.

De acuerdo al mapa que ha difundido la NASA, en 2100 las temperaturas habrán aumentado drásticamente en todo el mundo. En algunas zonas como India o América Latina se llegará a un promedio 45 grados centígrados. Ciudades como Madrid, Nueva York, Los Ángeles y Mumbai llegarían a esta temperatura.

Según ha informado la NASA,«para 2100, el cambio climático global modificará las grandes comunidades vegetales que cubren prácticamente la mitad de la superficie terrestre e impulsará la conversión de casi 40% de los ecosistemas de la Tierra».

Además, los investigadores del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y del Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, concluyeron que para entonces «se alterará el equilibrio ecológico entre las especies de animales en peligro de extinción, lo cual marcará una tendencia a reducir la biodiversidad y a afectar negativamente a la Tierra».

Predicciones como esta, realizadas en 2013 por la NASA, sobre las previsiones climáticas en Estados Unidos están siendo utilizadas actualmente para prevenir riesgos en ríos, ciudades y cultivos. El Doctor Ramakrishna Nemani, científico del proyecto «NASA Earth Exchange», ha destacado la importancia de los datos aportados: «Esta base de datos es fundamental para la investigación del clima, con un gran rango de aplicaciones.»


Noticia en web

  • Los encargados de analizar su cuerpo descubrieron que sus pechos eran falsos, que usaba dentadura postiza y que estaba «sumamente desmejorada» para su edad

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  • Astrónomos descubren a 136 años luz un nuevo mundo en un sistema con cuatro estrellas
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Karen Teramura, UH IfA El sistema descubierto en Aries tiene cuatro soles

Investigadores del Observatorio Palomar en San Diego, California (EE.UU.), han descubierto a 136 años luz de distancia de la Tierra, en la constelación de Aries, un gigantesco planeta extrasolar que pertenece a un sistema con cuatro estrellas, el segundo de este tipo que se conoce. Si uno pudiera visitar ese lejano mundo vería que en su cielo brillan cuatro pequeños soles y otras dos estrellas tan luminosas que incluso podrían observarse a la luz del día.

El descubrimiento fue posible gracias a dos nuevas tecnologías de adaptación óptica que compensan los efectos borrosos de la atmósfera de la Tierra: el sistema robótico de óptica adaptativa Robo-AO, desarrollado por el Instituto de Astronomía de Manoa en la Universidad de Hawái, y el sistema de óptica adaptativa extrema-PALM 3000, desarrollado por un equipo de Caltech y el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL).

El nuevo planeta gaseoso es enorme, tiene 10 veces la masa de Júpiter y orbita a su estrella primaria cada 335 días. El nuevo estudio, publicado en la revista Astronomical Journal, eleva el número de estrellas conocidas en el sistema, llamado 30 Ari, de tres a cuatro. El hallazgo sugiere que los planetas en sistemas estelares cuádruples podrían ser menos raros de lo que se pensaba.

«Alrededor de un 4% de las estrellas de tipo solar se encuentran en sistemas cuádruples, lo que ha aumentado a partir de estimaciones previas, porque las técnicas de observación están mejorando constantemente», afirma Andrei Tokovinin, del Observatorio Interamericano de Cerro Tololo en Chile y coautor del estudio.

La cuarta estrella recién descubierta, cuya distancia al planeta es 23 veces la que existe entre el Sol y la Tierra, no parece haber afectado a la órbita del planeta. La razón exacta es incierta, por lo que el equipo está planeando nuevas observaciones para comprender mejor la órbita de esa estrella y sus complicadas dinámicas familiares.

Si fuera posible ver el cielo de este mundo, las cuatro estrellas se verían como pequeños soles y otras dos estrellas, muy brillantes, serían visibles a la luz del día. Si pudiéramos utilizar un telescopio suficientemente grande, nos daríamos cuenta de que una de esas estrellas brillantes es en realidad un sistema binario de dos astros que orbitan entre sí.

Como Tatooine

En los últimos años, se han encontrado docenas de sistemas planetarios con dos o tres estrellas anfitrionas, incluidas las que tienen puestas gemelas que recuerdan al mundo de ficción de Star Wars Tatooine. Encontrar planetas con varias estrellas ha dejado de ser una gran sorpresa, teniendo en cuenta que las estrellas binarias son más comunes en nuestra galaxia, la Vía Láctea, que las individuales, como el Sol.

El autor principal del estudio, Lewis Roberts, del JPL, y su equipo quieren entender los efectos que varias estrellas pueden tener en los planetas jóvenes en desarrollo. La evidencia sugiere que los compañeros estelares pueden influir en el destino de los planetas cambiando sus órbitas e incluso provocando que algunos sean más masivos.

Los planetas tipo «Júpiter caliente», que giran alrededor de sus estrellas en apenas unos días, por ejemplo, podrían ser suavemente empujados más cerca de su estrella principal de la mano gravitacional de una estrella compañera. «Este resultado refuerza la conexión entre los sistemas estelares múltiples y planetas masivos», explica Roberts.


El Mundo

  • Un experimento en California trata de averiguar las condiciones especiales que se dieron en la evolución de los planetas
  • Pretenden resolver el misterio de la vida en la Tierra. ¿Surgió en el planeta o vino a bordo de cometas y asteroides?

Recreación artística de la formación de planetas.

El proceso de formación del Sistema Solar fue extremadamente largo y violento. Algunas teorías recientes sugieren que el Sol y la ‘nebulosa solar’ surgieron de los restos de supernovas cercanas, creando un disco protoplanetario en el que nacerían los planetas por medio de numerosas colisiones que duraron millones de años. Así, los planetas terrestres se formaron con altos puntos de fundición de silicatos y metales, mientras, el resto de protoplanetas, alejados del cinturón de asteroides y del calor, pudieron absorber más compuestos volátiles de hielo e hidrógeno, creando gigantes gaseosos y de hielo.

Estos procesos de formación planetaria son los que está reproduciendo un equipo de científicos en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL), de la Universidad Berkeley en California, utilizando un láser impulsado por compresión, con el que recrean las violentas condiciones que se producen en el interior en el nacimiento de planetas similares a la Tierra, documentando las propiedades de los materiales que determinaron los procesos de formación y evolución de los planetas.

No se trata de reproducir un Sistema Solar en miniatura, sino que, según ha detallado a EL MUNDO Marius Millot, investigador principal de este experimento publicado este viernes en la revista Science, utilizan “uno de los láseres más potentes del mundo” dirigiéndolo hacia una muestra milimétrica de policristales y monocristales de stishovita, una forma de sílice de alta densidad (SiO2), induciendo sobre ella “un pulso muy corto, de una milmillonésima de segundo”. De esta forma, “la enorme expulsión de energía crea un plasma que envía una onda de compresión por ‘efecto cohete’ a nuestra muestra, generando una onda de choque que comprime y calienta los cristales a medida que se desplaza”.

Después, los científicos monitorizan la onda de choque mientras se mueve a través de la muestra, como una bola de nieve bajando una montaña, “con diagnósticos ópticos ultra-rápidos, para deducir las propiedades del sílice sometido a las altas presiones y temperaturas que existen en las profundidades de los planetas y durante los violentos eventos de su historia, como el gran impacto que creó la Luna”, concluye el físico.

El director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN), Rafael Bachiller, reconoce los beneficios que este estudio tendría para la astrofísica. En su opinión, “las medidas en laboratorio del comportamiento de los materiales bajo las enormes presiones que reinan en los núcleos de los planetas son de sumo interés para comprender su formación, estructura y evolución interna“.

La clave para determinar estas características, según explica Millot, “es saber cuánto tiempo se mantienen sólidos sus materiales antes de fundirse por la presión, y ahora podemos medirlo en el laboratorio”, celebra. Gracias a este método, pudieron saber que la fusión del sílice se produce a 5 millones de atmósferas (500 GPa), una presión comparable a la presión entre el núcleo y el manto de una súper-Tierra, es decir, un planeta 5 veces mayor que nuestra Tierra, como Urano y Neptuno.

Los planetas rocosos podrían poseer desde hace muchos años profundos océanos de magma (roca fundida)

En combinación con anteriores mediciones sobre otros óxidos y sobre el hierro, los datos de esta investigación indican que los silicatos del manto y el núcleo de metal tienen temperaturas de fusión comparables por encima de 300-500 GPa, lo que sugiere que los grandes planetas rocosos podrían poseer desde hace muchos años profundos océanos de magma, en el que se pueden formar los campos magnéticos planetarios. Además, según señala Millot, “nuestra investigación sugiere que el sílice está probablemente en estado sólido en el interior de los núcleos de Neptuno, Urano, Saturno y Júpiter, lo que establece nuevas restricciones en los futuros modelos mejorados para la estructura y evolución de estos planetas”.

Sin embargo, Bachiller advierte que, aunque las simulaciones en laboratorio de procesos astrofísicos ganan en realismo cada día, siempre hay que tener cuidado con las analogías que se realizan en física, pues los sistemas astrofísicos son extremadamente complejos, ya que en ellos coexisten numerosos fenómenos físicos y químicos. Por ejemplo, en el interior de los planetas encontramos convección, turbulencia, inestabilidades de diferentes tipos, fenómenos magnéticos, y un largo etcétera. Esto es algo imposible de reproducir en un laboratorio“.

Stishovita sintética

Conseguir policristales y monocristales de stishovita no es nada fácil para los científicos, pues usualmente sólo se encuentran en pequeñas cantidades cerca de cráteres formados por impactos de meteoritos. Las muestras naturales, por lo tanto, son demasiado pequeñas y demasiado valiosas para utilizarlas en un experimento de este tipo. “¡Nuestro método es destructivo!“, bromea Millot. Con lo cual, sólo podrían utilizar cristales creados artificialmente.

Así, los avances de Millot no habrían sido posibles sin la labor de la científica Natalia Dobrovinskaia y su equipo de la Universidad de Bayreuth en Alemania, pues según asegura el físico estadounidense, “son las únicas personas en el mundo capaces de sintetizar este tipo de cristales para nuestro estudio”.

Para fabricarlos, utilizan una gran prensa, del tamaño de una habitación, con la que comprimen unos milímetros cúbicos de cuarzo a 130.000 atmósferas (14 GPa), sometiéndolos a miles de grados, hasta alcanzar las condiciones de temperatura y presión en la que la stishovita tiene su fase más estable del sílice. De forma más simple, Millot explica que en nuestras casas “hacemos lo mismo al crear cubos de hielo, poniéndolos en el congelador hasta que las temperaturas alcanzan condiciones bajo cero, que son en las que se alcanza la fase más estable del agua: el hielo”.

Los investigadores pretenden averiguar incógnitas como el origen de la vida en la Tierra. ¿Surgió en el planeta o se sembró en cometas y asteroides?

La stishovita es mucho más densa que el cuarzo o el sílice fundido, por lo que se mantiene más fría bajo compresión, característica que permitió a los investigadores medir la temperatura de fusión a una presión mucho mayor. Según explica Millot, la compresión dinámica de los materiales planetarios es algo muy importante para el éxito de la investigación, pues “en las profundidades del interior de los planetas, el hidrógeno es un fluido metálico, el helio puede comportarse como una lluvia, la sílice fluida es un metal y el agua puede estar en forma super-iónica”.

Estos comportamientos exóticos son los que Millot intenta responder con sus experimentos. “¿Por qué hay una gran cantidad de agua en la Tierra? ¿De dónde viene la vida? ¿Surgió en la Tierra o se sembró en cometas y asteroides?. Para este físico, el nacimiento y la evolución del Sistema Solar “sigue siendo un misterio”.

La violenta formación del Sistema Solar

Según una teoría reciente de la Universidad de Arizona, el Sol pudo haber surgido dentro del alcance de algunas supernovas cercanas, por lo que la onda de choque de estos agresivos fenómenos pudo haber desencadenado la formación de nuestra estrella al haber colapsado las regiones de sobre-densidad en la nebulosa circundante, conocida como ‘nebulosa protosolar’. Al colapso de esta nebulosa, el material de su interior se iría condensando a medida que giraba más y más rápido.
Entonces, los átomos colisionarían liberando energía en forma de calor que se iría acumulando en el centro de la masa. Cuando la gravedad, la presión del gas, los campos magnéticos y la rotación actuaron en ella, la nebulosa en contracción empezaría a allanar, creando un disco protoplanetario en el que el Sol terminaría de formarse. La estrella estaría rodeada por una nube de gas y polvo, la ‘nebulosa solar’, donde se formarían los ‘planetesimales’, cuerpos de 5 km de tamaño que irían creciendo por acreción, colisionando con granos de polvo que irían haciéndolos cada vez más grandes durante millones de años. Formados principalmente por componentes con altos puntos de fundición, como los silicatos y metales, estos cuerpos rocosos finalmente se convirtieron en planetas terrestres.
Mientras, Júpiter, con sus efectos gravitacionales, hacía imposible que se unieran objetos protoplanetarios presentes, dejando detrás el cinturón de asteroides. Además, al sobrepasar la línea de congelación donde más compuestos volátiles de hielo pudieron permanecer sólidos, Júpiter y Saturno juntaron más material que los planetas terrestres, convirtiéndose en gigantes gaseosos, mientras que Urano y Neptuno capturaron menos material, evolucionando como gigantes de hielo, con núcleos hechos por compuestos de hidrógeno.

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  • Los puntos de mayor peligro se encuentran en cuatro sectores urbanos situados en sus cercanías
La falla de San Andrés acumula energía para un gran terremoto en California

Archivo | Fractura en la falla de San Andrés

Cuatro sectores urbanos situados en las cercanías de la falla de San Andrés (California) han almacenado suficiente energía para producir grandes terremotos. Esta es la conclusión de un nuevo estudio, publicado en el Boletín de la Sociedad Sismológica de América, que mide el deslizamiento de las fallas.

En el trabajo, se advierte de que tres de estas secciones -Hayward, Rodgers Creek y Green Valley- están a un punto o menos del promedio de intervalo de recurrencia, es decir, de acabar en seísmo.

El ciclo de un terremoto refleja la acumulación de tensión en la falla, su deslizamiento y su reacumulación. Un seísmo se produce cuando existe un deslizamiento de la placa y se libera la tensión acumulada en la parte superior de la corteza terrestre. De este modo, mientras no hay deslizamiento, la energía se sigue almacenando hasta que es liberada por un terremoto.

Este estudio estima la cantidad de deslizamientos que se producen en cada sección de la falla de San Andrés y si éstos pueden repercutir en el tamaño potencial del próximo terremoto. “El grado de deslizamiento de las fallas, y por lo tanto del bloqueo, controla el tamaño y el momento en que se producen los grandes terremotos en el sistema”, explica James Lienkaemper, autor de la investigación.

A su juicio, “la medida del deslizamiento en algunas secciones de la falla aún no está bien determinada”, de ahí que esta sea una de sus “prioridades” a estudiar, sobre todo en los sectores urbanos cercanos a las zonas de peligro.

La falla de San Andrés acumula energía para un gran terremoto en California

Deslizamiento

La comprensión de la cantidad y el alcance del deslizamiento de fallas afecta directamente a las evaluaciones de riesgo sísmico de la región. El sistema de San Andrés se compone de cinco ramas principales que se combinan para sumar una longitud total de más de 2.400 km. El 60% del sistema de fallas libera energía a través del deslizamiento, que va desde 0,1 hasta 25,1 mm por año, y alrededor del 28% permanece bloqueado en profundidad, según los autores.

El monitoreo del deslizamiento en este área dice que se ha expandido en los últimos años. Las mediciones de la matriz de alineación realizados a través de estaciones GPS han proporcionado datos primarios sobre la superficie de deslizamiento. Son los que los autores utilizan para estimar la profundidad media de deslizamiento para cada segmento de falla.

Así, analizados los datos, existen cuatro fallas que han acumulado la suficiente presión como para producir un gran terremoto. Las tres con mayor peligro tienen grandes áreas cerradas (menos de 1 milímetro por año) y no han roto en un gran terremoto de magnitud 6,7, al menos, desde que se recoge en los registros locales. Por su parte, la cuarta, Hayward sur, registró un terremoto de magnitud 6,8 en 1868, y, según los científicos, está ahora muy cerca de su tiempo de recurrencia media, basado en estudios paleosísmicos.


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  • La formación aparece y desaparece en las distintas observaciones realizadas por la nave Cassini de la agencia espacial
La extraña isla «intermitente» de Titán desconcierta a la NASA

NASA/JPL | La extraña formación geológica en el mar de Titán, vista por la nave Cassini

La nave espacial Cassini de la NASA está siguiendo la evolución de una misteriosa formación geológica en Ligeia Mare, uno de los grandes mares de hidrocarburos de Titán, la mayor de las lunas de Saturno. El lugar tiene una superficie de unos 260 km cuadrados y ha sido observado en dos ocasiones, pero con una apariencia distinta. Ha sido apodado por los astrónomos «isla mágica» porque aparece y desaparece repentinamente.

La extraña formación, que aparece brillante en las imágenes de radar contra el fondo oscuro del mar líquido, fue vista por primera vez en julio 2013 durante un sobrevuelo de la Cassini sobre Titán. Las observaciones anteriores no habían detectado nada semejante en esa parte de Ligeia Mare.

Los científicos se quedaron perplejos al encontrar que la isla se había desvanecido cuando miraron de nuevo, durante varios meses, con el radar de baja resolución y de imágenes de infrarrojo de la Cassini. Esto llevó a algunos miembros del equipo a sugerir que podría haber sido algo transitorio. Pero durante el sobrevuelo de la Cassini el 21 de agosto de 2014, la formación fue visible de nuevo, y su aspecto había cambiado durante los once meses desde que había sido visto por última vez.

No es un defecto

Los científicos del equipo de radar están seguros de que esa formación no es un defecto en sus datos, lo que habría sido una de las explicaciones más simples. Tampoco ven evidencias de que sea el resultado de la evaporación en el mar, ya que la costa general de Ligeia Mare no ha cambiado notablemente.

El equipo cree que la formación podrían ser ondas en la superficie, el aumento de burbujas, sólidos flotantes, sólidos suspendidos justo debajo de la superficie, o tal vez algo más exótico.

Los investigadores sospechan que la aparición de esta formación podría estar relacionada con el cambio de estaciones en Titán, al tiempo que el verano se acerca en el hemisferio norte de la luna.

«La ciencia ama el misterio, y con esta formación enigmática, tenemos un ejemplo emocionante de los cambios en curso en Titán», ha dicho Stephen Wall, líder del equipo adjunto del equipo de radar de la Cassini, con base en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California. «Tenemos la esperanza de que vamos a ser capaces de seguir viendo desplegarse los cambios y hacernos una idea acerca de lo que está pasando en ese mar extraterrestre».

 


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  • Podría ser el mayor enterrado que se ha encontrado en la historia de Estados Unidos

reuters
El tesoro estaba enterrado en ocho latas de metal en descomposición

Una pareja del norte de California ha hallado 1.400 monedas de oro del siglo XIX, por un valor de 10 millones de dólares (unos 7,3 millones de euros), mientras paseaban a su perro, en lo que según los expertos podría ser el mayor tesoro enterrado que se ha encontrado en la historia de Estados Unidos.

Estas raras monedas, que se encontraban enterradas en ocho latas de metal en descomposición, habrían sido acuñadas entre 1847 y 1894. La pareja halló este tesoro el pasado abril de 2013 en el patio de su casa cuando se disponían a sacar a pasear a su perro.

El experto en monedas David McCarthy, de la empresa numismática Kagin-a la que acudió la pareja- ha explicado que nunca ha visto algo parecido. «Ni por el valor nominal ni por la condición en la que están», ha matizado. «Un tesoro escondido de este tipo no tiene precedentes», concluye.

La pareja venderá la mayor parte de las monedas a través de Amazon y una pequeña muestra se exhibirá en el próximo encuentro organizado por la Asociación Numismática Americana, que tendrá lugar en Atlanta a finales de este mes.


El Mundo

  • ASTROFÍSICA | Según un estudio realizado con los telescopios ‘Kepler’ y ‘Keck’

Ni demasiado cerca ni demasiado lejos de su estrella. Para que un planeta fuera de nuestro Sistema Solar pueda albergar teóricamente algún tipo de vida, debe estar situado a una distancia de su sol que le permita tener agua líquida en su superficie, como sucede en la Tierra. Este área es la que los astrónomos denominan zona habitable. Así, si un planeta orbita a una distancia muy pequeña de su estrella será un mundo extremadamente caluroso y si está demasiado alejado, sería un planeta helado.

Y en la Vía Láctea, ¿cuántas estrellas similares al Sol tienen planetas del tamaño de nuestra Tierra en su zona habitable? Aproximadamente una de cada cinco, responde un equipo de científicos de las universidades de California y Hawai en un estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

En concreto, precisan, un 22% de las estrellas parecidas al Sol tienen planetas con un tamaño y una temperatura similar a la Tierra en nuestra galaxia. No obstante, aclaran que el hecho de que puedan teóricamente tener agua, y por consiguiente, algún tipo de vida, no significa que la tengan.

Planetas similares a la Tierra

«Cuando miras al cielo por la noche, la estrella parecida al Sol con un planeta del tamaño de la Tierra en su zona habitable más cercana a nosotros probablemente está sólo a 12 años luz y podemos verla a simple vista. Es asombroso», afirma Erik Petigura, autor principal de este estudio que muestra cómo los planetas parecidos al nuestro serían relativamente comunes en la Vía Láctea.

Los investigadores utilizaron datos recabados por el telescopio espacial Kepler de la NASA y por el terrestre Keck de Hawai para encontrar estrellas parecidas al Sol y planetas que tuvieran un radio que fuera entre una y dos veces el de la Tierra y que recibieran una radiación de su estrella equivalente a entre una y cuatro veces la que la Tierra.

La NASA ha ofrecido este lunes una rueda de prensa para explicar los últimos resultados científicos obtenidos gracias a su telescopio, lanzado en 2009 con el objetivo de buscar mundos parecidos a la Tierra.

“Las estrellas son los ladrillos de la galaxia, pues conducen su evolución y facilitan a los planetas puertos estables. Cuando uno estudia las estrellas, realmente explora la galaxia y el lugar que ocupamos en ella”, ha declarado William Chaplin, profesor de Astrofísica en la Universidad de Birmingham (Reino Unido).

Los científicos que firman el estudio en PNAS se centraron en 42.000 estrellas parecidas al Sol, o ligeramente más frías o calientes, y hallaron 603 planetas candidatos que las orbitaban. Diez de ellos tenían un tamaño parecido al de la Tierra (una o dos veces su diámetro) y estaban a una distancia de su estrella que hacía que su temperatura fuera adecuada para que hubiera algún tipo de vida. Extrapolando los datos al resto de la Vía Láctea, donde hay unos 100.000 millones de estrellas, estimaron el porcentaje de soles que pueden albergan planetas parecidos al nuestro.

Desde que se descubrió, hace 20 años, el primer planeta fuera de nuestro Sistema Solar o exoplaneta, los científicos han confirmado la existencia de más de mil. La mayoría son mucho más grandes que la Tierra, como Neptuno, o gigantes gaseosos como Júpiter. Los de menos tamaño, son más difíciles de detectar.

El lanzamiento del telescopio espacial Kepler, apodado como el cazador de planetas, ha supuesto un enorme paso en la investigación de estos mundos fuera del Sistema Solar.

Asimismo, ha propiciado un campo de la astronomía denominado asteroseismología y que se centra en estudiar el interior de las estrellas. Los astrofísicos pueden investigar la estructura interior de una estrella como los geólogos usan las ondas sísmicas que generan los terremotos para estudiar el interior de la Tierra.

William Chaplin considera que “la calidad sin precedentes, la duración y la continuidad” de las observaciones de miles de estrellas que ha hecho posible Kepler ha revolucionado la asteroseismología: “Hace pocos años ni siquiera podíamos soñar con estos datos”, asegura.

Y es que durante cuatro años, el telescopio de la NASA ha sido capaz de monitorizar el brillo de unas 150.000 estrellas cada media hora y de detectar unos 3.000 objetos celestes candidatos a ser considerados planetas extrasolares. Una avería en el telescopio, cuya misión inicial ya había sido completada y prolongada hasta 2016, ha impedido que el telescopio de la NASA siga buscando mundos similares al nuestro.

Los astrofísicos creen que están cerca de detectar un gemelo de la Tierra fuera del Sistema Solar y esperan poder localizarlo en los próximos años.


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  • Náyade, de apenas 100 km de diámetro, ha permanecido oculta durante décadas por el brillo y la cercanía del planeta

Encuentran una luna perdida de Neptuno

SETI | Náyade, el punto de luz a la izquierda de Neptuno, en una imagen del Hubble

La luna más interna de Neptuno, la pequeña Náyade, de 100 km de ancho, fue descubierta por las cámaras de la sonda Voyager 2 en 1989. Después, se perdió su rastro, oculta por el brillo del planeta. Ahora, investigadores del Instituto SETI en Mountain View, California, han conseguido observarla por primera vez desde entonces. Lo han anunciado en la reunión anual de la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana que se celebra estos días en Denver (Colorado, EE.UU.).

«Náyade ha sido un objetivo difícil de alcanzar desde que la Voyager abandonó el sistema de Neptuno», explica Mark Showalter, investigador del SETI. Desde la Tierra, Neptuno es 2 millones de veces más brillante que Náyade, y ambos están muy juntos, separados solo por un segundo de arco. «Esto es equivalente a la anchura de un cabello humano a unos 15 metros de distancia», apunta Jack Lissauer, del centro de investigación Ames de la NASA y colaborador en la investigación. El equipo de astrónomos tuvo que desarrollar nuevas técnicas para eliminar el deslumbramiento de Neptuno hasta que Náyade fue finalmente revelada, moviéndose a través de una secuencia de ocho imágenes tomadas en diciembre de 2004.

Extrañamente, Náyade parece haberse desviado significativamente de su curso. Los astrónomos están perplejos por el hecho de que la luna está muy por delante de su posición orbital prevista. Se preguntan si las interacciones gravitacionales con otra de las lunas de Neptuno pueden haber causado su aceleración, aunque los detalles siguen siendo un misterio. Los astrónomos reconocen que se necesitan más observaciones para entender el movimiento de Náyade.

Arcos desaparecidos

Además de sus lunas, Neptuno alberga un familia de débiles anillos y arcos de anillo. Los arcos han ido cambiando poco a poco en los años transcurridos desde su descubrimiento. La Voyager vio un conjunto de cuatro arcos poco espaciados, pero en las imágenes más recientes los dos arcos delanteros han desaparecido y están completamente ausentes. Los arcos de arrastre, sin embargo, permanecen esencialmente sin cambios. Este sistema de arcos está probablemente limitado por los efectos gravitacionales de la cercana luna Galatea, pero la razón de los cambios a largo plazo es desconocida.

Showalter y sus colaboradores anunciaron el descubrimiento de una pequeña luna de Neptuno en julio. Esa luna, que no tiene más de 20 km de ancho, recibe el nombre provisional de S/2004 N 1. Los nuevos resultados presentados este martes se basan en los análisis más detallados de las mismas imágenes, todas obtenidas por el Hubble entre 2004 y 2009. Aunque Náyade es mucho más grande que la luna anunciada en julio, orbita más cerca de Neptuno y ha demostrado ser mucho más difícil de detectar.

«Siempre es emocionante descubrir nuevos resultados en datos antiguos -comenta Showalter-. Seguimos descubriendo nuevas maneras de ampliar el límite de la información que se puede extraer de la vasta colección de imágenes planetarias del Hubble».

Encuentran una luna perdida de Neptuno

Todas las lunas de Neptuno
SETI

El Mundo

Montaje de los diferentes hallazgos del 'Spitzer'. | NASA

Montaje de los diferentes hallazgos del ‘Spitzer’. | NASA

El telescopio de la NASA ‘Spitzer’ cumple su primera década en órbita, en los que ha realizado exploraciones pioneras de cometas, asteroides, estrellas, planetas y galaxias. La histórica misión debe su nombre al fallecido astrónomo Lyman Spitzer (1914-1997), considerado el padre de los telescopios espaciales.

Hace 10 años, un cohete ‘Delta II’ lanzó al espacio este telescopio desde Cabo Cañaveral, en Florida y desde entonces ha logrado numerosos descubrimientos, como el de unas esferas de carbono con forma de pelotas del fútbol en el espacio, las llamadas ‘buckyballs’, y la exploración del cometa ‘Tempel 1’, cuya composición se parecía más a la que pueden tener cuerpos de fuera de nuestro sistema solar.

Gracias a este telescopio fue posible ver el anillo más grande de Saturno, formado por una banda tenue de hielo y partículas de polvo. Esta composición era muy difícil de detectar con luz visible, pero los sistemas de infrarrojos de Spitzer fueron capaces de recoger su resplandor.

Sin embargo, donde el Spitzer ha logrado los avances más relevantes es fuera de nuestro Sistema Solar, ofreciendo, por ejemplo, un censo completo de la formación de estrellas en las nubes cercanas y mejorado el mapa de la estructura espiral del brazo de la Vía Láctea.

Igualmente, el Spitzer fue el primer telescopio en detectar la luz de un planeta de fuera de nuestro Sistema Solar. “Siempre supe que Spitzer iba a funcionar, pero no tenía ni idea de que sería tan productivo, interesante y de larga vida como lo ha sido”, afirma el científico del proyecto Spitzer Michael Werner, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California.

En 2009, Spitzer se quedó sin el refrigerante necesario para enfriar sus instrumentos de mayor longitud de onda, por lo que entró en la llamada fase caliente de la misión.

Todavía queda camino por recorrer para el Spitzer, que comenzará a partir de octubre la observación de un pequeño asteroide cercano a la Tierra para determinar su tamaño y características, un estudio cuyo objetivo es servir de utilidad en la futura misión de la NASA para capturar y acercar un asteroide a la Tierra.

Paul Hertz, director de la División de Astrofísica de la NASA en Washington concluye que “la mayoría de nuestra gran flota Observatorio aún está en el espacio, cada uno con su perspectiva única en el cosmos. Los hallazgos derivados de tener telescopios espaciales que abarcan todas las longitudes de onda de la luz han dado lugar a espectaculares descubrimientos realizados por los astrónomos de todo el mundo usando el Spitzer y el resto de Grandes Observatorios”.

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