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Astrónomos descubren 200 cráteres nuevos en la superficie lunar, bombardeada por pequeños impactos cien veces más rápido de lo que se creía

 Un nuevo cráter de impacto, de 12 metros de diámetro. Todos ellos han sido identificados por el «Lunar Reconnaissance Orbiter» - NASA/GSFC/Arizona State University

Un nuevo cráter de impacto, de 12 metros de diámetro. Todos ellos han sido identificados por el «Lunar Reconnaissance Orbiter» – NASA/GSFC/Arizona State University

La Luna se hace un «lifting» facial cada 80.000 años. Ocurre porque la superficie lunar es bombardeada por pequeños impactos cien veces más rápido de lo que los científicos pensaban anteriormente. Esto significa que los rasgos de la superficie que se consideran jóvenes lo son quizás aún más de lo previsto.

El hallazgo, publicado este miércoles en «Nature», llega después del estudio por parte de científicos de la Universidad Estatal de Arizona y la de Cornell de imágenes lunares en alta resolución obtenidas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter durante siete años. Las observaciones identificaron 222 nuevos cráteres de impacto en la Luna de más de 10 metros de diámetro, lo que supera en un 33 por ciento el número predicho por las estimaciones. Esto implica además que el regolito de la superficie lunar se está removiendo 100 veces más rápido de lo que se pensaba.

Antes y después de un nuevo impacto en la Luna- NASA/GSFC/Arizona State University

Antes y después de un nuevo impacto en la Luna- NASA/GSFC/Arizona State University

«Antes de que el orbitador se pusiera en marcha en 2009, pensábamos que llevaba de cientos a miles de años cambiar la capa de la superficie lunar significativamente», dice Emerson Speyerer, responsable del estudio. «Sin embargo, hemos descubierto que los materiales de la superficie más superior de la Luna se trasforman completamente cada 80.000 años más o menos».

Además de esos impactos, los científicos observaron un sorprendente número, 47.000, de pequeños cambios en la superficie provocados por pequeños impactos de los materiales lanzados por los impactos más grandes. El golpetazo de un meteorito arroja varios tipos de desechos, algunos a una velocidad de 16 km por segundo. Este material remueve la capa superior del suelo lunar y cambia su brillo.

Cualquier futura exploración humana de la Luna implicará estructuras de suministro, cohetes y otros equipos estacionados en la superficie durante largos períodos de tiempo. Conocer la tasa actual de impactos será importante en la planificación para proteger estos equipos en la superficie.


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  • La cara oculta podría haber sido modelada por la colisión con un segundo satélite de la Tierra

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La cara oculta de la Luna podría haber sido modelada por la colisión con un segundo satélite de la Tierra, según acaba de revelar un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz. Y eso podría explicar las sorprendentes diferencias entre las caras visible y oculta de la Luna, un misterio cuya solución se ha resistido durante décadas a los intentos de explicación de los científicos. La cara vista es, en efecto, notablemente plana, mientras que la oculta, con una corteza mucho más gruesa, está llena de colinas y montañas.

Ningún ser humano ha visitado aún la cara oculta de nuestro satélite. Allí, sin embargo, cerca del Polo Sur lunar, se encuentra la segunda mayor estructura de impacto de todo el Sistema Solar, solo superada por cuenca Borealis, de Marte. Se trata de la cuenca Aitken, con casi 2.500 km. de ancho y 13 km. de profundidad.

El nuevo estudio se basa en el modelo de “Impacto gigante” para el origen de la Luna, según el cual un objeto del tamaño del planeta Marte chocó contra la Tierra en algún momento de la juventud del Sistema Solar. La enorme cantidad de escombros y rocas lanzados al espacio por el colosal impacto terminaron uniéndose para formar la Luna. El estudio, sin embargo, sugiere que el mismo impacto contra la Tierra tambièn creó un segundo satélite, más pequeño, que al principio compartió órbita con la Luna, pero que terminó cayendo sobre ella y proporcionando así a una de sus caras una capa “extra” de corteza sólida de varias decenas de km. de grosor.

“Nuestro modelo -explica Erik Asphaugh, profesor de Ciencias Planetarias de la Universidad de California en Santa Cruz- funciona muy bien junto a los modelos de la formación de la Luna debido a un gran impacto, que predicen que tras la colisión debió de haber una cantidad realmente masiva de escombros alrededor de la Tierra, y más tarde alrededor de la Luna recién formada. Eso concuerda con lo que sabemos sobre la estabilidad dinámica de un sistema de esas características, sobre el tiempo que tardó la Luna en formarse y sobre la edad de las propias rocas lunares”.

Aspaugh, que junto a Martin Jutzi ya había realizado simulaciones informáticas sobre cómo pudo formarse la Luna tras la gigantesca colisión, afirma que la formación de otras “lunas compañeras” es un resultado bastante común de muchas de las simulaciones.

Lenta y sin cráter

En el estudio, Asphaug y Jutzi rizaron el rizo y utilizaron simulaciones del impacto de la Luna ya formada con un segundo satélite más pequeño (con cerca de un tercio de su masa) para estudiar la dinámica de esa colisión y rastrear la evolución y distribución del material lunar tras la catástrofe. El resultado fue que en las colisiones a baja velocidad, el impacto entre los dos satélites no llega a formar un cráter y tampoco hace que se funda una gran cantidad de roca. Sencillamente, la mayor parte del material impactante se acumula sobre el hemisferio que recibe la colisión y se convierte en una nueva capa de roca sólida, formando una región montañosa comparable en extensión con las elevaciones que realmente existen en la cara oculta de la Luna.

“Por supuesto -puntualiza Asphaug- los modeladores de impactos tratan de explicarlo todo con colisiones. Pero en este caso se requiere una colisión muy extraña: lenta, que no forme un cráter y que acumule todo el material en una sola cara. Y eso es algo nuevo en lo que pensar”.

La hipótesis de los investigadores es que la segunda luna quedó atrapada, al principio, en uno de los puntos Lagrange (en los que las gravedades de ambos cuerpos se equilibran) del sistema, pudiendo compartir así la órbita lunar durante un tiempo. Después, al alejarse la órbita lunar de la Tierra, el delicado equilibrio gravitatorio se rompió y las dos lunas chocaron.

“La colisión -afirma Jutzi- pudo haberse producido en cualquier lugar de la Luna. El cuerpo resultante estaba desequilibrado y tuvo que reorientarse de modo que una sola cara apunta siempre hacia la Tierra”.

El modelo explica también las variaciones que existen en la composición de la corteza lunar. En la cara vista, predomina un tipo de terreno relativamente rico en potasio, tierras raras y fósforo. Todos ellos, así como el torio y el uranio, debieron de concentrarse en el océano de magma que se mantuvo como roca fundida y que finalmente se solidificó bajo la gruesa corteza lunar.

En las simulaciones, la colisión aplasta, literalmente esta capa rica en potasio y fósforo en el hemisferio opuesto, preparando el escenario para el tipo de geología que hoy predomina en el lado más cercano de la Luna.


El Pais

  • La inteligente decisión de una archivista permitió revisitar y mejorar esa imagen décadas después

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El 14 de agosto de 1966, la Lunar Orbiter I se convertía en la primera sonda de la NASA en entrar en órbita alrededor de la Luna. Su objetivo era fotografiar la superficie de ésta para ayudar a escoger lugares de aterrizaje para las misiones Surveyor y Apolo, así como medir la radiación y los impactos de micrometeoritos, tanto durante su viaje como una vez en órbita; también estaba equipada para medir el campo gravitatorio de la Luna.

La misión fue un éxito, pero si es recordada por algo es por la foto de la Tierra vista desde la Luna que tomó el 23 de agosto; era la primera vez que veíamos nuestro planeta desde allí.

La imagen fue bastante popular, aunque pronto quedó eclipsada por otras como Earthrise, una foto hecha por la tripulación del Apolo 8 en 1968 en la que se puede ver una toma parecida de nuestro planeta, pero en color.

Sin embargo. esta primera foto de nuestro planeta desde la Luna recibió una inyección de juventud gracias al Lunar Orbiter Image Recovery Project, el Proyecto Para Recuperación de Imágenes de los Lunar Orbiter, o LOIRP.

Creado a mediados de los 2000 por un grupo de entusiastas que incluye antiguos empleados de la NASA, y con la ayuda de ésta y de algunas empresas que trabajan con ella, su objetivo era digitalizar las cintas que contenían las imágenes obtenidas por las cinco Lunar Orbiter para procesarlas los programas de ordenador adecuados para extraer la mejor calidad posible de imagen de aquellos datos.

Y es que la tecnología de losa ños 60 no permitía más que pasar las imágenes almacenadas en cintas magnéticas a película fotografiando una pantalla, un proceso totalmente analógico que implicaba pérdida de calidad.

Fue una tarea muy complicada, ya que las cintas sólo eran compatibles con lectores Ampex FR-900, de los que se habían fabricado relativamente pocas unidades. Además, de los cuatro a los que tenían acceso ninguno funcionaba, y como apenas tenían documentación acerca de ellos repararlos era una tarea casi imposible.

Afortunadamente, tras unos años de búsqueda, el equipo del proyecto dio con un montón de información acerca de los FR–900 que había sido guardada por uno de los directores de ingeniería de Ampex, ya jubilado, lo que finalmente les permitió, con mucho esfuerzo, reconstruir uno a partir de las piezas de los cuatro que tenían y demostrar la viabilidad del proyecto.

Los resultados fueron impresionantes, con una mejora en la calidad de imagen que salta a la vista que incluye muchos más matices de gris y unas dos veces la resolución de las imágenes disponibles hasta entonces, lo que les permitió reunir financiación para poner en marcha otro de los lectores.

Trabajando, literalmente, en un McDonalds recién cerrado que tenía las instalaciones necesarias para montar los equipos –entre ellas aire acondicionado– el LOIRP logró así rescatar 109 de las 204 imágenes enviadas por las Lunar Orbiter, imágenes que ahora están disponibles en Internet.

Estas imágenes no son sólo interesantes desde el punto de vista estético sino también desde el científico, ya que permiten estudiar la evolución de la superficie de la Luna a lo largo de estos 50 años.

Conservar los datos que se obtienen de cualquier misión espacial es algo que parece obvio, y de hecho es habitual que se vuelva a trabajar sobre ellos para obtener nuevos o mejores resultados con nuevas técnicas de análisis o para comprobar los que ya se tienen.

Pero si los datos de las Lunar Orbiter están ahí es porque ,en 1986, la archivista del Jet Propulsion Laboratory Nancy Perkins decidió que no podía permitir que se borraran las 1500 cintas en las que estaban almacenadas las imágenes y que había que conservarlas. De hecho, ella fue la primera que propuso digitalizarlas, aunque en su momento el proyecto no consiguió la financiación necesaria y no llegó ni a arrancar.

Peor suerte corrieron las cintas en las que la NASA grabó los vídeos originales del primer paseo espacial del hombre por la Luna. Tras años de búsqueda infructuosa la agencia tuvo que admitir en 2009 que probablemente esas cintas formaron parte de un lote de 200000 cintas que fueron borradas y reutilizadas para ahorrar dinero.

Una decisión difícilmente justificable ante la importancia histórica de las imágenes que contenían y que hace que tengamos que contentarnos para siempre con imágenes obtenidas de enfocar una cámara de vídeo al monitor en el que se veía la señal retransmitida desde la Luna.

 


El Mundo

  • Imágenes tomadas durante el acercamiento al planeta enano de julio
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Además de estudiar Plutón, la sonda New Horizons está investigando Caronte, la mayor luna del planeta enano, al que se aproximó el pasado 14 de julio.

La NASA ha publicado este jueves la mejor foto de Caronte tomada hasta ahora. La imagen, de alta resolución, es a color y muestra las marcas que ha dejado en su superficie su violento pasado geológico.

Y es que, según la gencia espacial de EEUU, las imágenes han supuesto una gran sorpresa, pues muchos científicos pensaban que la superficie de este satélite era monótona. Sin embargo, han encontrado un mundo cubierto de montañas, cañones y con una gran variedad de colores en su superficie.

“Pensábamos que las posibilidades de ver características tan interesantes en un satélite de un mundo situado en los confines del Sistema Solar eran bajas. Pero no podríamos estar más encantados con lo que estamos viendo”, ha declarado Ross Beyer, investigador del instituto SETI y de la NASA.

La fotografía fue tomada poco antes de que la nave se situara en su punto más cercano de Plutón. Según detalla la agencia espacial de EEUU en un comunicado, la fotografía es el resultado de la combinación de diversas imágenes tomadas por la cámara MVIC (Ralph/Multispectral Visual Imaging Camara) de New Horizons. Los colores han sido procesados para destacar las diferencias geológicas que hay en su superficie.

Una gran luna

El diámetro de Caronte mide la mitad que el de Plutón, lo que la convierte en la mayor luna de nuestro sistema solar respecto al cuerpo que orbita. El satélite mide unos 1.214 kilómetros y esta foto muestra en detalle una porción de 2,9 kilómetros.

La nave New Horizons se encuentra en la actualidad a 5.000 millones de kilómetros de distancia de la Tierra y, según la NASA, todos los sistemas de la sonda están funcionando con normalidad. Siguen llegando poco a poco los datos que tomó durante su aproximación a Plutón y Caronte, por lo que en los próximos meses difundirán más imágenes y composiciones del sistema de este planeta enano.


El Pais

  • Hace 43 años que los terricolas no pisan su satélite aunque hay ambiciosos proyectos sin financiación para instalar allí colonias de hombres y robots y explotar sus recursos
Edwin F. Aldrin, durante su paseo por la superficie de la Luna, en 1969. / reuters

Edwin F. Aldrin, durante su paseo por la superficie de la Luna, en 1969. / reuters

Hay ideas fantásticas para volver a la Luna. Y no solo para que un puñado de astronautas realicen unas cuantas excursiones cortas, sino para ir desplegando allí autenticas bases permanentes, tal vez colonias de hombres y mujeres que desarrollen actividades científicas, de explotación de recursos locales o que funcionen estación intermedia para la exploración de otros mundos, Marte el primero, claro. Cada una de las potencias espaciales se ha planteado en algún momento dar el salto de 384.000 kilómetros que separan la Tierra de su satélite natural. Se hacen constantemente aquí y allá estudios más o menos detallados de cómo serían esos campamentos: excavados en el subsuelo, uniendo módulos en superficie… Incluso se ha lanzado hace poco una iniciativa para aprovechar la tecnología de impresión 3D para construir una base allí con materiales del suelo lunar, sin tener que llevarse todo desde casa. Lo que no hay en marcha es un programa espacial lunar sólido, financiado, y haría falta una gigantesca inversión con calendario para que los humanos vuelvan a pisar la Luna en un plazo razonable y esta vez para quedarse. Y sin dinero (más tecnología, ciencia y voluntad política) no hay exploración espacial de tal envergadura; bien lo sabe la NASA, que logró aunar todos esos elementos imprescindibles hace medio siglo para poner en el suelo lunar a los astronautas del programa Apolo. Los últimos, Eugene Cernan y Harrison Schmitt, del Apollo 17, se despidieron de la superficie del satélite el 14 de diciembre de 1972.

“Una de mis ideas es ir a la Luna, a la cara oculta, y tener allí robots y humanos en una estación permanente, y no llevándose todo lo necesario desde aquí, sino utilizando material lunar, y construir allí, por ejemplo, un gran telescopio”, ha declarado hace poco el nuevo director general de la Agencia Europea del Espacio (ESA), el alemán Jan Woerner, que se ha estrenado en el cargo el 1 de julio. Pero la iniciativa europea no cuenta con un proyecto como tal y debidamente financiado para hacer realidad nuevas misiones tripuladas a ese objeto vecino del Sistema Solar, el único que ha pisado el hombre más allá de la Tierra. Y la NASA, mirando más hacia Marte y hacia algún asteroide, sigue con el rabillo del ojo esas iniciativas sin comprometerse. “Nunca he dicho que Estados Unidos no vaya a volver a la superficie de la Luna. Lo que digo es que en un futuro previsible, dado el presupuesto que tiene la NASA y dado dónde estamos y lo que necesitamos tecnológicamente para ir a Marte, no va a ser EE UU quien lidere una expedición a la superficie lunar”, explicó el director de la agencia espacial estadounidense, Charles Bolden, hace un par de años, y lo ha repetido una y otra vez. Eso sí, puntualizando que si otra potencia espacial va a la Luna, “proporcionaremos nuestra capacidad tecnológica con la única condición de que nos permitan enviar un astronauta nuestro como parte de la tripulación”.

Una docena de astronautas en total, en seis misiones Apolo, descendieron al suelo lunar entre julio de 1969 y diciembre de 1972. La aventura científico-tecnológica, con indudable sustrato político, arrancó en mayo de 1961 con la histórica declaración del presidente estadounidense John F. Kennedy: “Creo que esta nación debe comprometerse a lograr el objetivo, antes de que termine esta década, de que un hombre aterrice en la Luna y regrese sano y salvo a la Tierra”. Y lo logró, en julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin llegaron al Mar de la Tranquilidad. En plena guerra fría y con la delantera que había tomado la Unión Soviética en el espacio al poner en órbita el primer satélite artificial de la Tierra (el Sputnik, 1957), al lanzar al espacio el primer animal (la perra Laika, 1957), al enviar la primera sonda que impactó en el suelo lunar (1959) y obtener ese mismo año las primeras fotos de la cara oculta de la Luna, Estados Unidos no podía permitirse quedarse atrás. Se desató la carrera de la Luna y la URSS acabó perdiéndola. Pero los avatares y razones políticas no pueden quitar ni un ápice del colosal mérito científico y tecnológico del programa Apolo.

En el momento álgido del Apolo, la NASA llegó a contar (1966) con el 4,4% del presupuesto federal de EE UU. El coste de la Luna fue altísimo. Y una vez logrado el objetivo, la apabullante demostración de poderío tecnológico, el esfuerzo de desinfló. En 1973 el presupuesto de la NASA había descendido ya al 1,3% del federal y siguió bajando. En 2015, con 18.000 millones de dólares, la agencia espacial estadounidense cuenta con aproximadamente el 0,5% del presupuesto federal, y los ambiciosos planes de enviar astronautas a Marte o a un asteroide, sin olvidar la Luna, siguen esperando una financiación que los haga realistas.

Una docena de astronautas en total, en seis misiones Apolo, descendieron al suelo lunar entre julio de 1969 y diciembre de 1972

No es que la exploración lunar se haya abandonado desde 1972. Tras un par de décadas de escasa actividad, en los años noventa se retomó con relativo ímpetu la exploración y la investigación de la Luna con sondas espaciales automáticas, sin astronautas. Naves en órbita y módulos de descenso se han ido enviando y, esta vez, no solo estadounidenses y rusos. Japón y Europa pusieron en marcha misiones espaciales lunares y, más recientemente, se han unido a esta aventura no tripulada, y con éxito, India y China. Pekín tiene grandes ambiciones espaciales y, tras los logros con sus astronautas en órbita y el inicio de la construcción de una estación espacial, ha declarado su intención de enviar humanos a la Luna, contando con poder explotar los recursos naturales allí.

Los robots, que, como adelanta Woerner, colaborarán con los humanos en las futuras colonias lunares, de momento tienen la exclusiva de la investigación in situ. Mucha ciencia y exploración quedó por hacer tras los viajes del Apolo. Los astronautas trajeron 380 kilos de muestras de gran interés científico (más 326 gramos que trajeron los soviéticos con sondas robóticas), pero aquel no fue un programa diseñado fundamentalmente para hacer ciencia en la Luna, sobre todo los primeros viajes. Entonces solo se exploró una pequeña parte del satélite. Ya en este siglo, las sondas automáticas han permitido levantar mapas de alta resolución de toda la superficie lunar y su composición química, se ha estudiado su tenue atmósfera, su gravedad, etcétera.

Lo que parece claro es que los próximos proyectos lunares tripulados, sobre todo si se piensa en bases permanentes, no serán de un solo país o una sola agencia, sino de colaboración, tan alto sería el coste. ¿Y para qué? Muchos dirán que la curiosidad humana, la voluntad de exploración es, por sí misma, el principal motor. Pero también puede haber recursos que explotar en la Luna, como el helio-3 que serviría como combustible de futuros reactores de fusión nuclear. Podría obtenerse allí oxígeno para ser utilizado como combustible de naves espaciales que partieran hacia la exploración de objetivos lejanos en el Sistema Solar, aprovechando además la menor gravedad lunar, que facilita y abarata el despegue respecto a la partida de cohetes desde la Tierra. La astronomía tendría en la cara oculta de la luna un lugar privilegiado para instalar telescopios, sin apenas atmósfera y protegidos de la contaminación electromagnética artificial que se emite en la Tierra.

Tal vez primero sean solo unos campamentos lunares con un puñado de personas, que se irán ampliando, ganando complejidad e incrementando las actividades para reducir la dependencia de los suministros terrestres. Hay quien calcula que para mediados de este siglo ya habrá en la Luna una colonia de terrícolas permanente. Pero hay que dar el primer paso.


  • Iniciativa del estudio de Arquitectura londinense Foster + Partners
  • Los inmuebles, para cuatro personas, se levantarían con el sistema de construcción 3D
  • Tendrían estructura hinchable y estarían hechas de regolito, principal material lunar
  • Se desconoce su precio, pero sólo el viaje para dos personas costaría 1.160 millones
 Recreación de cómo serían las posibles viviendas en el satélite Foster + Partners

Recreación de cómo serían las posibles viviendas en el satélite Foster + Partners

“Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. Ésas fueron las palabras de Neil Armstrong tras pisar por primera vez la Luna. Ahora, la humanidad parece dar otro paso más, pues comienza a contemplarse la vida fuera de la Tierra en el futuro, según un revolucionario proyecto inmobiliario de viviendas lunares que ya está en marcha.

El londinense estudio de Arquitectura Foster + Partners, con la colaboración de la Agencia Espacial Europea (ESA), emprendió en el año 2012 -como informa en su página web oficial- un estudio para crear los primeros hogares a 384.400 kilómetros del planeta Tierra.

La estancia sería en el cráter Shackleton, donde la luz del Sol es permanente.

Con la premisa de que las impresiones en 3D ya han sido empleadas en la construcción de viviendas en la Tierra, esta firma está explorando las posibilidades de crear alojamientos realizados mediante este sistema para hacer posible la estancia del ser humano en el sur de la Luna. Concretamente, en el cráter Shackleton, donde la luz del Sol es permanente.

Imagen de la estructura interna de las posibles viviendasFoster + Partners

Imagen de la estructura interna de las posibles viviendasFoster + Partners

El tipo de vivienda que se está desarrollando desde Foster + Partners tiene capacidad para cuatro personas y protegería a sus residentes de las amenazas a las que estarían expuestos, como son las cambiantes temperaturas del ambiente, los meteoritos y los rayos gamma, los principales problemas a los que se enfrentarían los primeros habitantes debido a la ausencia de atmósfera.

“En la práctica, solemos diseñar viviendas para climas extremos en la Tierra. Nuestra residencia lunar sigue una lógica similar”, comenta Xavier De Kestelier, socio y especialista de Foster + Partners. “El proceso de diseño está siendo fascinante y único”, añade.

En cuanto a su estructura, según se revela desde el estudio de Arquitectura, las casas estarían formadas de tubos modulares en la base y cúpulas inflables capaces de doblarse sobre sí mismas.

Imagen del exterior de las posibles viviendasFoster + Partners

Imagen del exterior de las posibles viviendasFoster + Partners

Además, debido a la dificultad de transportar materiales desde la Tierra al satélite, la empresa está estudiando la posibilidad de utilizar el regolito, material que conforma el suelo lunar y que, compuesto por silicio, aluminio, calcio, acero y óxido de magnesio, sería perfecto para utilizar en objetos sólidos creados con una impresora 3D. Por el momento, en los ensayos que se han realizado hasta ahora, se ha simulado ese material lunar utilizando óxido de magnesio, al que más tarde se ha añadido sal, de tal manera que se ha obtenido algo parecido a la piedra del regolito.

En cuanto a los precios de las posibles viviendas, lo único que se puede asegurar por ahora es que no serán aptos para todos los bolsillos, ya que sólo el viaje para dos personas costaría 1.160 millones de euros, según anunció en 2012 la empresa Golden Spike, promovida por ex trabajadores de la NASA, que pretende tener los viajes comerciales a Luna listos en el año 2020.


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Hemos encontrado respuesta a estas curiosas preguntas en Verne, resulta realmente curioso

De niños no tenemos ningún problema en hacer toda clase de preguntas. Lo malo es que muchas quedan sin contestar y otras tantas se nos ocurren ya de mayores, cuando nos da algo de vergüenza pronunciarlas en voz alta. A mi edad, ¿no debería saber ya por qué el cielo es azul? ¿No es normal que un huevo tenga forma de huevo, al ser un huevo? Por culpa de esta vergüenza nos estamos perdiendo las respuestas -que no son, ni mucho menos, tan obvias como puede parecer- y las ganas de formular más preguntas. Aquí van algunas de ellas, con enlaces que amplían la información.

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1. ¿Por qué a veces vemos la Luna cuando es de día?

La Luna sólo se encuentra en posición totalmente opuesta al Sol durante la luna llena: en el momento máximo de esta fase, resulta imposible ver la estrella y el satélite a la vez en el cielo.

Durante el resto del mes, en teoría se podría ver la Luna de día, ya que es lo suficientemente brillante como para verse en el cielo azul. De hecho y con un telescopio apuntando al lugar correcto, también podríamos ver Mercurio, Venus y Jupiter, además de las estrellas más brillantes, según explica Space.

Al entrar en fase menguante, la Luna irá apreciendo por el horizonte cada vez más tarde y por eso vemos la Luna de madrugada y por la mañana, como detallan en RTVE. Al llegar a la luna nueva, el satélite se alinea con el Sol y no la podemos ver desde la Tierra al estar ensombrecida por su resplandor. En cuarto creciente, veremos la Luna al atardecer.

2. ¿Por qué el cielo es azul?

El color del cielo se debe a la dispersión de Rayleigh, tal y como se puede leer en Why Don’t Penguins’ Feet Freeze? (“¿Por qué no se congelan las patas de los pingüinos?”), de Mick O’Hare. La luz que llega del sol entra en la atmósfera y se dispersa en todas las direcciones. La luz azul tiene una longitud de onda más corta, por lo que se dispersa más que las luces rojas y amarillas, dándonos la impresión de que ocupa todo el cielo.

Este proceso también explica que veamos el cielo rojo al anochecer y el amanecer. Como el Sol está bajo en el horizonte, la luz ha de atravesar un tramo mayor de la atmósfera para llegar a nosotros, por lo que la luz azul se pierde antes y nos llega la roja.

3. ¿Por qué el cielo es negro de noche?

Aunque parece una pregunta bastante obvia, no lo es tanto si tenemos presente la paradoja de Olbers, formulada por el físico alemán Heinrich Wilhelm Olbers en 1823: en un universo estático e infinito, el cielo nocturno debería ser totalmente brillante sin regiones oscuras o desprovistas de luz, ya que habría una estrella en cada dirección en la que miráramos.

Scientific American explica la solución a esta paradoja: aun dando por hecho que el universo tenga un tamaño infinito, sabemos que no tiene una edad infinita, por lo que aún no nos ha llegado la luz de las galaxias más distantes. “Nunca podemos ver la luz de estrellas y galaxias de todas las distancias a la vez: o la luz de los objetos más distantes no nos ha alcanzado o, si lo ha hecho, ha tenido que pasar tanto tiempo que los objetos cercanos se habrán agotado y apagado”.

4. ¿Por qué las nubes oscurecen antes de empezar a llover?

Las nubes pasan de ser blancas y esponjosas a grises casi negras porque absorben más luz. En Why Don’t Penguins’ Feet Freeze? (“¿Por qué no se congelan las patas de los pingüinos?”) se explica que cuando las nubes aparecen blancas es porque la luz blanca se dispersa gracias a las pequeñas partículas de hielo y agua que las componen. Antes de llover, estas partículas son mayores, por lo que absorben más luz y reflejan menos, apareciendo de un color más oscuro.

5. Cada generación es más alta, pero ¿hay algún límite? ¿Acabaremos siendo monstruos de seis metros de alto? Por favor, que la respuesta a esta pregunta sea: “Sí”.

Hemos crecido unos 10 centímetros en los últimos 100 años, más o menos y según recoge Martin Gent en 70 preguntas sobre el mundo que nos rodea y sus asombrosas respuestas, gracias sobre todo a “una alimentación más sana y una mejor asistencia médica”.

Pero este crecimiento está próximo a acabarse, según recoge este libro: “Los genes fijan a cada persona un límite máximo de aumento de estatura. En condiciones de vida óptimas este margen genético se puede utilizar entero, pero no superar”. El cuerpo humano tiene sus límites, como explican en BBC Future: una altura excesiva puede provocar problemas cardiovasculares y en las articulaciones.

6. ¿Se puede sudar dentro del agua?

Cuando hacemos ejercicio físico, la temperatura del cuerpo comienza a subir y las glándulas sudoríparas se activan, como explican en Muy Interesante. Eso sí, si el agua está fría, sudaremos menos.

7. ¿Por qué no te puedes hacer cosquillas a ti mismo?

Cuando movemos nuestras extremidades, “el cerebelo produce predicciones precisas de los movimientos de nuestro cuerpo”, por lo que somos incapaces de sorprendernos a nosotros mismos y de hacernos cosquillas: sabemos dónde y cómo nos vamos a tocar, como explican en BBC.

8. ¿A dónde van todas las moscas en invierno?

Las moscas son una de las muchas cosas molestas que llega con el verano, incluyendo el calor, la playa, los pantalones cortos y que a las diez de la noche aún sea de día. Según cuenta BBC, las moscas no lo pasan bien con el frío, pero (evidentemente) tampoco llegan a morirse todas y extinguirse. Estos insectos pasan el invierno en grietas y fisuras en un estado similar a la hibernación, desperezándose en primavera para poner sus huevos. Las larvas suelen vivir en materia en estado de descomposición, que está a mayor temperatura que el ambiente, lo que les permite aguantar.

9. ¿Por qué los pájaros no se caen de las ramas cuando duermen?

De nuevo recurrimos a Why Don’t Penguins’ Feet Freeze?, donde se explica que los pájaros cuentan con un ingenioso sistema de tendones en sus patas: “El tendón flexor va desde el músculo del muslo hasta la rodilla, sigue por la pierna, rodea el tobillo y llega hasta debajo de los dedos”. Esto implica que, en descanso en una rama o en una percha, el mismo peso del pájaro hace que “doble su rodilla y el tendón quede firme, cerrando las garras”.

10. ¿Por qué los huevos tienen forma de huevo?

La forma se deriva del proceso de puesta, que deforma la cáscara antes de que calcifique, tal y como explican en Why Don’t Penguins’ Feet Freeze? Aparte de eso, los huevos son bastante más prácticos de lo que puede parecer.

Estas son algunas de las ventajas: si tuvieran esquinas o bordes, la estructura sería más débil; una esfera sería aún más resistente, pero la ventaja de un huevo es que si rueda, tenderá a hacerlo en círculo, al acabar en punta, por lo que es difícil que caiga del nido o se aleje demasiado; la forma también es más cómoda que un cilindro o una esfera a la hora de empollar; cuando hay varios huevos, se pueden guardar de forma eficiente en el nido, dejando poco aire entre ellos y conservando el calor.

11. ¿Por qué los caramelos de menta hacen que el aliento parezca frío?

Se trata de una ilusión térmica: el mentol engaña a nuestro cerebro, como explican en Mental Floss. Nuestros receptores TRPM8 responden a los estímulos del frío, como al comernos un helado o al beber un refresco. En la presencia de sustancias como el mentol y el eucaliptol, estos receptores también se estimulan, no sólo dando esta impresión sino también potenciando la sensibilidad al frío. Como añaden en Hipertextual, el mentol provoca además cierta sensación anestésica, lo que unido a la sensación de frescor, nos ayuda a respirar. Y eso que ni siquiera abre las vías respiratorias.

12. ¿Por qué usan una puntuación tan rara en el tenis?

No, en serio, ¿por qué 15 a nada y no 1 a 0? ¿De dónde vienen esos “15, 30, 40, juego”? En inglés además ni siquiera se dice “nada”, sino “love”. A eso hay que añadir el deuce y la ventaja. Un lío que tiene su origen en la Francia del siglo XV, cuando posiblemente se usaban los relojes como marcadores, siendo cada punto un cuarto de hora.

El cambio de 45 a 40 se añadiría para ir sumando después puntos de diez en diez en caso de empate a tres (el deuce) y poder contar así la ventaja (50) y el juego (60) con el objetivo de que se ganara con una diferencia de al menos dos puntos. De hecho, si de ventaja se pasaba de nuevo a deuce, el reloj volvía a 40.

No es la única explicación propuesta: esta puntuación también se asocia al jeu de palme (similar, pero sin raqueta y con mano). Se jugaba en un campo que medía 90 pies en total, con 45 en cada lado. Cada vez que marcaba quien sacaba, podía adelantar 15 pies para el siguiente saque. La tercera vez sólo adelantaba 10 pies, llegando a los 40.

El hecho de que los ingleses digan “love” en lugar de “nada” es posiblemente una mala pronunciación de “l’oeuf”, el huevo en francés, tal y como se recoge en este vídeo (en inglés) que también da respuesta a esta pregunta. Sí, los franceses solían decir “huevo” porque se parecía a un cero.

13. ¿Por qué las galletas se ponen blandas y el pan se pone duro?

Las galletas contienen más azúcar y sal que las barras de pan, explican en Why Don’t Penguins’ Feet Freeze?, por lo que la galleta absorbe más humedad del ambiente, humedad que su textura densa ayuda a mantener. Una barra de pan tiene menos azúcar y sal, además de una estructura más abierta, por lo que no sólo no absorbe, sino que pierde humedad. Por cierto, poner el pan en la nevera no frena este proceso.

14. ¿Por qué el pegamento no se pega al interior del tubo?

El pegamento necesita humedad para actuar. En el tubo no hay humedad, pero sí hay aire, que actúa como inhibidor: por eso el pegamento engancha muy bien dos superficies que encajan perfectamente, sin dejar aire entre ellas.

Y esto también explica por qué el pegamento se nos engancha a los dedos nada más salir del tubo, como se puede leer, de nuevo, en Why Don’t Penguins’ Feet Freeze?: “Como es cálida y húmeda, la piel es un sustrato ideal”.

15. ¿Por qué febrero tiene 28 días?

Para responder a esta pregunta, nos tenemos que remontar al calendario romano, que tenía diez meses y sólo contaba 304 días. No contaban los 61 días de pleno invierno porque al fin y al cabo no los necesitaban para trabajar en el campo, como recuerdan en Mental Floss. Estos dos meses se introdujeron en el siglo VIII a. C. con el objetivo de llegar a los 355 días al año. Para eso necesitaban que uno de esos meses tuviera 28 días y le tocó al último en llegar. Cada cierto tiempo, se ajustaba el calendario con un mes extra de 27 días llamado Mercedonius. Finalmente, Julio César introdujo el calendario egipcio de 365 días, para lo que, por cierto, el año 46 a. C. tuvo que ser de 445 días. Había algunos errorcillos que cuadrar.

Para ajustarlo aún más, se añadió un día cada cuatro años después del 24 de febrero, que era el día sexto antes de las calendas de marzo. Este día sexto se contaba dos veces, por lo que era “bis sextus”, es decir, bisiesto, como relata Virgilio Ortega en Palabralogía.

16. ¿El tiempo se podría acabar?

Si el universo tiene un comienzo, ¿tendrá también un final? ¿Habrá un momento tras el que no habrá un después, como escribe George Musser en Scientific American? Es posible. Según este artículo, “si el universo deja de expandirse y vuelve a contraerse, seguiría un proceso similar al de un big bang al revés -el big crunch-, lo que llevaría a que el tiempo se detuviera”.

Esto llevaría a una pérdida de la direccionalidad y del sentido de la duración, con “fluctuaciones al azar de densidad y energía, causando que los relojes, si queda alguno, vayan adelante y atrás sin ningún orden”.

La dimensión temporal podría convertirse en otra dimensión espacial y los “procesos se convertirán en tan complejos que no se podrá decir que ocurran en lugares y tiempos específicos”. Es decir, “el espacio y el tiempo no darán estructura al mundo”. Todo esto podría pasar dentro de sólo 5.000 millones de años, según un pesimista estudio del físico Rafael Bousso, de la Universidad de Berkeley.

En este contexto, sobrevivir será complicado, pero al menos ya no hará falta madrugar.


web

  • La agencia estadounidense ya eligió los nueve instrumentos que irán a bordo de la nave, que analizará la superficie de la luna Europa durante un periodo de tres años

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WASHINGTON.- La NASA anunció hoy el inicio oficial del trabajo de su nueva misión, que viajará hasta Júpiter para estudiar una de sus lunas, Europa, el principal cuerpo del Sistema Solar que podría albergar vida, dadas sus condiciones ambientales.

La misión -que aún no tiene nombre- ya seleccionó los nueve instrumentos que irán a bordo de la nave y que buscarán obtener más información sobre la superficie de Europa y sus características.

Datos obtenidos por otra sonda de la agencia (Galileo) indican que bajo la cubierta de hielo encontrada en su superficie habría un océano que podría tener dos veces la cantidad de agua que se encuentra en la Tierra. La tésis es que con agua salada, un fondo marino rocoso y la energía y química del mar, Europa sería la mejor opción para encontrar vida fuera de la Tierra en el Sistema Solar.

La nueva misión consistiría en una sonda que funciona a través de energía solar y que realizaría 45 vuelos cercanos a Europa durante un periodo de tres años, con alturas que irían desde los 25 a los 2.700 kilómetros.

El año pasado la NASA hizo un llamado a universidades y centros de estudio para que presentaran ideas para el instrumental que irá a bordo. Llegaron 33 propuestas y se eligieron nueve, que incluyen magnetómetros para estudiar el grosor del hielo de Europa y la salinidad de su océano y una cámara que mapeará y captará imágenes de la superficie de la luna.

Por ahora no hay una fecha definida para el lanzamiento de la sonda.


ABC.es

  • Las rocas habrían salido despedidas cuando un cuerpo planetario impactó contra nuestro planeta hace 4.000 millones de años
Archivo ABC | La formación de la Luna, después del impacto de la Tierra con un cuerpo planetario

Archivo ABC | La formación de la Luna, después del impacto de la Tierra con un cuerpo planetario

Sabemos que la Luna se formó hace más de 4.000 millones de años tras el impacto contra la Tierra de un cuerpo planetario del tamaño de Marte. El colosal encontronazo debió, por fuerza, lanzar al espacio miles de escombros de todos los tamaños. Muchos de esos fragmentos de roca formaron la Luna, pero un buen número de ellos debería estar aún por los alrededores y, lo que es más, algunos podrían incluso haber regresado a nuestro planeta, en forma de meteoritos, tras millones de años de vagabundeo espacial.

Ahora, y bajo la dirección del astrónomo Bill Bottke, un grupo internacional de investigadores del Instituto Virtual de Investigación y Exploración del Sistema Solar (SSERVI), de la NASA, ha conseguido encontrar, en una serie de meteoritos rocosos caídos a la Tierra un registro del gigantesco impacto que formó la Luna. Su trabajo está a punto de publicarse en Science.

El mayor impacto conocido en el Sistema Solar interior fue, sin duda, el que dio origen a la Luna. Pero el momento exacto de esa colisión sigue sin conocerse con exactitud, y las edades de las rocas lunares más antiguas traidas a la Tierra por los astronautas de las misiones Apolo sigue siendo una cuestión sujeta a debate.

Pero las simulaciones numéricas del gigantesco impacto realizadas por Bottke indican que el evento no solo creó un disco de escombros alrededor de la Tierra (a partir del que se formó la Luna), sino que eyectó también enormes cantidades de material mucho más lejos y completamente fuera del incipiente sistema Tierra-Luna. Sin embargo, el destino de todo ese material, en el que se incluye un buen porcentaje de masa de la Tierra primitiva, no ha podido ser examinado de cerca hasta ahora.

Lo que parece seguro es que un buen número de esos fragmentos impactaron a su vez contra cuerpos del cinturón de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter, y que dejaron en ellos numerosas pruebas de lo sucedido. Otras colisiones más recientes de esos mismos asteroides volvieron a liberar esos restos de Tierra primigenia y algunos de ellos, para suerte de los investigadores, han regresado a nuestro planeta y pueden ser usados para calcular, por fin, la edad de la Luna.

Las simulaciones informáticas y las comparaciones con el número y tamaño de los fragmentos que se producen cuando los asteroides chocan entre sí indican que, tras el gran impacto del protoplaneta contra la Tierra, salieron despedidos al espacio numerosos fragmentos de varios kilómetros de diámetro. Muchos de esos fragmentos pudieron llegar hasta el cinturón de asteroides, y además a velocidades muy superiores de las que tienen normalmente los miembros de ese anillo rocoso cuando chocan unos contra otros. Esos impactos habrían calentado la superficie de los asteroides alcanzados hasta el punto de dejar en ellos huellas permanentes de la colisión. Huellas que guardan información precisa sobre el momento y la magnitud del bombardeo.

Según los análisis de los investigadores, la Luna se formó hace 4.470 millones de años, una edad que coincide con la de los más antiguos materiales de formación del Sistema Solar analizados hasta ahora por los científicos. Pero de las «firmas» de este impacto se pueden extraer también valiosos datos sobre las últimas etapas de la formación de planetas en nuestro Sistema Solar.

Por ejemplo, el equipo dirigido por Bottke está estudiando cómo ajustar el número de asteroides que podría haber aún en el Sistema Solar interior tras la formación de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Y esas «firmas» podrían ayudar también a deducir la historia de impactos de cuerpos muy antiguos, como Vesta, uno de los mayores cuerpos del cinturón de asteroides, objetivo de la sonda Dawn y lugar de procedencia de muchos meteoritos caidos en la Tierra.

Incluso es posible que pequeños restos del impactador que formó la Luna pudieran encontrarse aún dentro de los meteoritos que muestran signos del rápido calentamiento que provocó impacto gigante. Lo cual permitiría a los científicos explorar por primera vez la naturaleza primordial y aún desconocida de nuestro planeta natal.


El Pais

  • Un estudio concluye que es “bastante probable” que hubiese un descomunal choque entre planetas muy similares
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?

La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas

El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.

Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.

Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Naturese centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.


La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, segúnJosé Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.

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