El Epicentro y el Hipocentro de un Terremoto


Un terremoto es una vibración natural, sacudida o temblor del terreno, normalmente de corta duración e intensidad variable que se produce cuando en algún lugar de la Tierra se ha producido una liberación brusca de energía. Esta energía se genera cuando dos fuerzas actúan en sentido opuesto y producen una deformación elástica en la roca hasta alcanzar el límite de rotura (véase plasticidad); en ese momento, la roca vibra varias veces, debido al efecto de rebote elástico hasta que dicha fuerza queda amortiguada. Estas vibraciones son las que se transmiten en todas direcciones en forma de ondas sísmicas.

Las vibraciones producidas por un foco sísmico transportan cantidades variables de energía que se propagan a través de la Tierra, energía que posteriormente es absorbida por los diferentes medios que atraviesa, según las propiedades físicas de éstos; también explosiones artificiales pueden provocar este tipo de vibraciones, así como los desprendimientos de tierras o el propio paso de los trenes.

Se llama hipocentro al punto o región interior de la Tierra en donde se origina el terremoto. Desde dicho punto las vibraciones se propagan en todas direcciones, produciendo ondas que se extienden de forma similar a un globo que se hincha. El epicentro es el primer punto de la superficie terrestre donde llegan las ondas y se encuentra en la perpendicular al hipocentro.

Una primera clasificación de los terremotos se puede hacer con respecto a la profundidad a la que se encuentra su hipocentro:

  • De foco profundo: terremotos originados a profundidades superiores a 300 km.
  • De foco intermedio: terremotos que tienen su hipocentro entre los 300 y los 60 km. de profundidad.
  • De foco poco profundo: terremotos originados a profundidades menores de 60 km.

La propagación de las ondas producidas por la vibración desde el hipocentro se realiza en todas las direcciones de forma concéntrica. Al tener la tierra una constitución heterogénea, la velocidad de propagación varía según las características del material que atraviese; suele ser mayor cuanto más rígido es el terreno. Cuando en su trayectoria encuentran una superficie que separa dos materiales de diferente densidad y rigidez, una parte de las ondas se refleja y otra se refracta y cambia de dirección a partir de aquella superficie.

Anuncios

El Ritual de Preparación del Ayahuasca


Ayahuasca es el nombre común que reciben tanto las plantas, como la bebida de ellas obtenida, pertenecientes a la familia Malpigiáceas.

La bebida que se prepara a partir de especies que contienen alcaloides con propiedades psicotrópicas, como la harmalina y la triptamina (dimetiltriptamina). El principal componente de la ayahuasca son trozos de tallos y hojas del yagé o bejuco de oro, planta trepadora de nombre botánico Banisteriopsis caapi (Spr. ex Briesb.), perteneciente a la familia Malpigiáceas (Malpighiaceae). Como componentes se encuentran combinados otras especies como Psychotria carthaginensis, P. viridis, Justicia pectoralis y Tetrapteriis methystica, las cuales permiten asimilar y potenciar la actividad de Banisteriopsis caapi.

Hoffman y Schultes, botánicos que estudiaron la flora de la cuenca del Amazonas, señalan otras especies como componentes secundarios entre las que se encuentra el tabaco y la datura; algunas de estas fórmulas según Schultes son altamente peligrosas, en especial, la mezcla con plantas solanáceas de los géneros Datura y Brugmasia.

Los componentes de este brebaje comprenden varios alcaloides de conocidas propiedades psicotrópicas: la triptamina (dimetil triptamina), d-tetrahidroharmina, harmalina y la harmina. Su combinación y dosis forma parte de las fórmulas particulares de los brujos ayahuasqueros que la elaboran. Esta bebida alucinógena se prepara en Brasil, Perú, Ecuador y otros países de la cuenca del Amazonas, donde se encuentran las plantas que lo componen. Esta combinación de plantas se toma bebida, sin embargo, existen preparados que se fuman debido a que la triptamina se asimila mejor de esta manera.

Banisteriopsis caapi y las otras plantas secundarias de la fórmula de la ayahuasca contienen un alcaloide intensamente investigado por el etnólogo chileno C. Naranjo, denominado Harmalina. Este alcaloide parece permitir la asimilación del triptófano consumido por vía oral y tiene de por sí propiedades pscotrópicas. Por ello, ambos se encuentran en el complejo preparado de la ayahuasca.

La harmalina tiene la propiedad de extender el efecto de la dimetiltriptamina (DMT) más allá de las seis horas, ya que en estado puro este alcaloide produce un efecto fulminante muy rápido pero que desaparece a la media hora aproximadamente (tal como se ha observado en experiencias de laboratorio con los alcaloides aislados introducidos por vía venosa). Curiosamente, las dosis de Harmalina o dimetiltriptófano, que para los humanos son pequeñas, resultan letales para ratones y otros animales de laboratorio. Lo cual indica lo inoperante de la experimentación con animales, al menos en el caso de las sustancias psicotrópicas

El término ayahuasca proviene del Quechua que se habla originalmente en Perú y Bolivia. Está compuesto por la doble raíz aya que significa ‘espíritu’ y huasca que significa ‘vino’, por lo que literalmente viene a significar ‘bebida del espíritu o alma’. El término yagé o yaqué significa ‘viña de los muertos’. Estas denominaciones indican el potencial psicotrópico que poseen estas plantas consideradas mágicas y sagradas en sus lugares de origen.

En otras regiones del mundo se preparan tradicionalmente bebidas similares a la ayahuasca, que han sido rebautizadas como Ayahuasca de Norteamérica, la cual se prepara con semillas de Peganum harmala y raíces de Desmanthus illinoensis. En Australia se utiliza una acacia Acacia complanata y otras especies del mismo género que contiene dimetiltriptofano; con ellas preparar una bebida conocida como acaciahuasca.

La ayahuasca es una bebida que produce potentes alucinaciones y un curioso efecto en la vocalización y emisión de sonidos, ya que afecta a los músculos faciales, los cuales producen una vibración de la cual es consciente la persona que se encuentra bajo los efectos de la ayahuasca. Ha sido descrito como un sonido interior que brota en forma de canto.

Historia

En el museo Etnológico de la Universidad de Quito se conserva un vaso de piedra grabado con ornamentaciones que sugieren la planta del yagé. Este vaso pertenece a la cultura de Pastaza del ecuador y está datada entre 500 a.C. y 50 d.C., lo cual indica teóricamente una antigüedad de más de dos mil años para este ceremonial.

La primera referencia de la que se tiene noticia se debe al geógrafo ecuatoriano Manuel Villavicencio, quien en 1858, describió el yagé, uno de los sinónimos de la ayahuasca. Villavicencio describió la sensación de volar con el yagé y explicó que los indios utilizaban la planta para hacer preguntas sobre situaciones difíciles de la colectividad.

Los exploradores occidentales que exploraron la cuenca del Amazonas se encontraron con la costumbre de ciertos pueblos indígenas que consumían una bebida denominada yagé. El botánico inglés Richard Spruce identificó la planta fundamental del yagé en 1851 y escribió sobre ella en Notes of a Botanist on the Amazon and Andes. Spruce padeció en las selvas disentería y malaria, a las cuales sobrevivió.

En1923 se presentó una película de la ceremonia de la ayahuasca ante la Asocoación Farmacéutica Americana (American Pharmaceutical Association). En 1963, apareció publicado el primer libro sobre la experiencia de la Ayahuasca: Cartas sobre el yagé (The yagé Letters) escrito por los teóricos de la generación “Beat” William Burroughs y Allen Ginsberg.

Claudio Naranjo, un antropólogo chileno se internó en las selvas llevando ciertas dosis de LSD, que ofreció a los indígenas como una medicina. Los indios le enseñaron a cambio varias plantas y ente ellas el vino del alma, la ayahuasca. Sus experiencias fueron escritas en The Healing Journey y publicadas en 1967.

Bruce Lamb publicó en 1971 Brujos del alto Amazonas (Wizard of the Upper Amazon), en el cual narró la historia real de un ayahuasquero, Manuel Córdoba Ríos, en el que se explica como utilizan los indios Amahuaca del Perú la ayahuasca para cazar y curar y las visiones de animales y transmisión telepática que utilizan en el trance.

En 1972, Marlene Dobkin de Ríos, profesora de antropología un la Universidad del estado de California, conoció los rituales en Perú y superó el tabú fuertemente arraigado en la tradición de que el ritual y la bebida del yagé estaban vedadas a las mujeres, su experiencia ha sido un avance en el conocimiento de la cultura del yagé

Ritual de preparación

El consumo de la ayahuasca va precedido de una preparación tradicional que incluye un aislamiento sexual y una dieta vegetariana y de pescado. Supuestamente esta preparación puede durar más de un mes. Se escuchan y aprenden las canciones que los chamanes recitan para atraer el espíritu de las plantas que componen la ayahuasca. Estas canciones se denominan ícaros.El Chamán que prepara la ayahuasca en Brasil va colocando capas alternadas de hojas y tallos de la planta Banisteriopsis caapi y de otras hojas o trozos de planta en el fondo de un recipiente nuevo de barro al tiempo que entona canciones pidiendo a la planta trepadora con marcas de serpiente para que ceda sus hojas y dé fortuna.

Las plantas que el chamán combina con la planta principal de la ayahuasca forman parte de la fórmula de cada chamán; las plantas más utilizadas corresponden al propio género Banisteriopsis, o bien, a especies de los géneros Psychotria, Justicia y Tetrapteriis, como se ha descrito más arriba.

El chamán llena la olla de hierbas hasta la mitad y vierte agua recién recogida y pura; coloca el cazo en un fuego de brasas para que todo entre en una lenta ebullición. Esto puede tomar varias horas hasta que el agua se haya evaporado, aproximadamente a la mitad. El preparado se deja en maceración durante un tiempo. A continuación, se retiran cuidadosamente las hojas y se vierte el líquido, que es verdoso y ligeramente espeso.

El contenido de la olla se vierte en copas nuevas de barro y se tapa cuidadosamente con paños hasta el momento de su consumo. Este ritual siempre va acompañado de cantos de la ayahuasca y puede durar de uno a tres días, al final de los cuales el oficiante reúne a las personas que invita a tomar parte y forma un círculo con ellas; reparte las copas a cada participante para que las tomen en medio de cantos, todo ello rodeado por los sonidos de la selva amazónica.

Este tipo de rituales colectivos se realizan en otras regiones de américa, ya que existe una antiquísima tradición de reuniones colectivas cuyas pautas son comunes: se realizan cantos en los que se habla con la planta para que entre en los participantes y para ahuyentar a los malos espíritus que por doquier acechan, como los rituales de San Pedro o los mitotes del peyote oficiados por los huicholes de México.

Las primeras visiones que produce la ayahuasca son eminentemente colectivas y se refieren a animales, como gatos o tigres, fácilmente identificables por los participantes pero siempre de una manera colectiva, ya que la ayahuasca requiere y representa la comunión de los miembros del grupo. El papel que juega la ayahuasca en la colectividad indígena es de lazo de unión en un mundo de contenidos del subconsciente colectivo y permite el reforzamiento de los lazos sociales, psíquicos y emocionales del grupo. Tradicionalmente, los participantes son los varones que van a cazar o a conseguir alimento para la colectividad.

La ayahuasca reproduce también historias pasadas que se encuentran en la memoria colectiva o individual, como si fueran acontecimientos reales, tal como ocurre en las representaciones oníricas. Las personas que han tomado esta combinación de plantas perciben las imágenes comunes como transmisión de pensamiento o telepatía y las visiones interiores de los demás como la energía (positiva o negativa) que rodea los participantes.

Estas visiones pueden llevar al conocimiento y percepción intuitiva del estado del cuerpo propio o ajeno, por lo que los curanderos la han utilizado tradicionalmente para curar. Las reuniones para el trance de la ayahuasca derivan en una catarsis individual y colectiva que el oficiante debe saber como controlar, ya que cada individuo se enfrenta a los contenidos de su propio subconsceinte no en estado no de represión, como ocurre en el estado consciente, sino en un estado de liberación catártica mediante la ayahuasca. Los estados anímicos provocados por el afloramiento se muestran con actitudes de miedo, agresión u otras formas que el ritual con sus cantos encauza cuidadosamente.

Los Yurupari realizan el rito de la pubertad con la ayahuasca de una manera bien distinta; aquí la catarsis desencadena los demonios y los jóvenes se golpean violentamente hasta que caen bañados en sangre; sin embargo, la pauta general de los ayahuasqueros se dirige a la curación y a provocar y guiar con los cantos que resultan especialmente impactantes en el estado de la ayahuasca.

Calendario hebreo


El calendario hebreo es un calendario lunisolar, es decir, que se basa tanto en el ciclo de la Tierra alrededor del Sol (año), como en el de la Luna al rodear a la Tierra (mes). La versión actual, por la que se rigen las festividades judaismo, fue concluida por el sabio Hilel II hacia el año 359. Este calendario se basa en un complejo algoritmo, que permite predecir las fechas exactas de luna nueva, así como las distintas estaciones del año, basándose en cálculos matemáticos y astronómicos, prescindiendo desde aquel momento de las observaciones empíricas de que se valieron hasta entonces.

En su concepción compleja tanto solar como lunar, el calendario hebreo se asemeja al chino, sin que se sepa de influencia alguna que haya tenido el uno sobre el otro; y también al calendario utilizado por los pueblos de la península arábiga hasta la aparición del Islam, en el siglo vii, E. C. En cambio, se distingue del calendario gregoriano de amplio uso universal, basado exclusivamente en el ciclo solar anual; y también del que rige al mundo musulmán desde Mahoma hasta nuestros días, que es puramente lunar.

El calendario hebreo comienza con la Génesis del mundo, que aconteció, según la tradición judía, el domingo 7 de octubre del año 3760 a. E. C.; fecha equivalente al 1° del mes de Tishrei del año 1. De esta manera, el año gregoriano de 2015 equivale al año hebreo de 5776 (que comenzó al atardecer del 25 de septiembre de 2014 y finalizará el 13 de septiembre de 2015).

Los fundamentos del calendario hebreo

El día judío

El día, en el calendario hebreo, comienza con el ocaso, y culmina al próximo ocaso del siguiente día; es decir, un día que se cuenta de una puesta de sol hasta su otra puesta. En esto se diferencia del día según el calendario gregoriano, que discurre exactamente de medianoche a medianoche.

La costumbre de ver al día comenzar con la caída del crepúsculo es antigua como la Biblia misma, y se basa en el texto bíblico del Génesis 1:5, que al cabo de cada día comenta “Y fue la tarde, y fue la mañana…”, de lo que se entiende que cada uno de los días de la creación comenzaba por la tarde, más explícitamente aún al prescribir la Biblia el ayuno del Día del Perdón, el Yom Kipur: “El día décimo de este séptimo mes será el día de la Expiación… Será para vosotros día de descanso completo y ayunaréis; el día nueve del mes, por la tarde, de tarde a tarde, guardaréis descanso” (Levítico 23:27-32) desde entonces, es práctica corriente y antiquísima, que las festividades judías comiencen al caer el sol.

Cabe mencionar que estudios arqueológicos han revelado que también en la antigua Babilonia se señalaba el comienzo del día al atardecer.

El mes hebraico

El mes en el calendario hebreo se basa en el ciclo que cumple la Luna al circunscribir por completo al planeta Tierra. Desde nuestro planeta el ojo humano puede percibir cuatro diferentes estados principales de la Luna, a saber: luna nueva, cuarto creciente, luna llena o plenilunio y cuarto menguante. Tal ciclo dura aproximadamente 29 días y medio. Desde la Antigüedad, los antiguos hebreos sabían ya calcular la duración exacta de tal ciclo, estimando de acuerdo con sus conocimientos astronómicos que el periplo del satélite en torno al planeta Tierra tenía una duración de ’29 días, 12 horas y otras 793/1080 de hora’ (es decir, otros 44 minutos y 3,33 segundos), siendo por consiguiente su error de cálculo sólo de medio segundo. Debido a que la cantidad de días en un mes debía ser exacta, el calendario hebreo emplea meses de 29 y de 30 días, intercalándolos.

Al fin del mes hebreo, la Luna está completamente a oscuras y no es visible desde la Tierra. Al despuntar el cuarto creciente, apenas se alcanza a ver a la Luna como una finísima guadaña y ella desaparece en el horizonte minutos después del ocaso: ello marca el inicio del mes hebreo. Con el correr de los días, al ser contemplada desde la Tierra, la parte iluminada de la Luna crece paulatinamente hasta llegar al plenilunio, que marca exactamente la mitad del mes. A partir de ahí, con el discurrir de los días, vuelve la Luna a menguar, hasta desaparecer por completo, culminando también del mismo modo el mes del calendario hebreo.

Los nombres de los meses hebreos fueron concebidos en tiempos del cautiverio del pueblo judío en Babilonia, que abarcó setenta años (586 a.E.C. – 516 a.E.C.). Los nombres de origen mesopotámico siguen empleándose hasta el día de hoy. Previamente, los meses hebreos eran denominados tan sólo por su orden numérico, comenzando en la primavera (boreal) por el mes primero, Nisán, y culminando con el duodécimo, Adar. En el Pentateuco se menciona a Nisán como el primer mes del año, al haber sido aquél en que el pueblo de Israel se liberó de la esclavitud de los faraones de Egipto: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año” (Éxodo 12:2). Otros nombres de meses mencionados en ciertos libros de la Biblia, especialmente en el Libro de los Reyes, como el “mes de Ziv” (1Reyes 6:37), o “el mes de Bul, que es el mes octavo” (1Reyes 6:38), y también “el mes de Eitanim, que es el mes séptimo” (1Reyes 8:2), fueron seguramente tomados de nombres de meses fenicios, ya que son mencionados en el contexto de las relaciones comerciales entre el Rey Salomón y el Rey Hiram de Fenicia. Los nombres babilónicos que han llegado hasta nuestros días, aparecen por primera vez en el Libro de Ester y en los de Esdras y Nehemías, y fueron adoptados asimismo por otros idiomas, como el turco moderno (Nisan = abril; Temmuz = julio; Eylül = septiembre; Şubat = febrero).

La duración de los meses hebreos oscila entre los 29 y los 30 días, de la siguiente forma:

  1. Tishrei (30 días) (תשרי) – cae aproximadamente en septiembre u octubre
  2. Jeshván (29 ó 30 días) (חשוון, llamado también Marjeshván – מרחשוון) – octubre o noviembre
  3. Kislev (30 ó 29 días) (כסלו) – noviembre o diciembre
  4. Tevet (29 días) (טבת) – diciembre o enero
  5. Shevat (30 días) (שבט) – enero o febrero
  6. Adar (29 días) (אדר) – febrero o marzo
  7. Nisán (30 días) (ניסן, llamado también Abib – אביב) – marzo o abril
  8. Iyar (29 días) (אייר) – abril o mayo
  9. Siván (30 días) (סיוון) – mayo o junio
  10. Tamuz (29 días) (תמוז) – junio o julio
  11. Av (30 días) (אב) – julio o agosto
  12. Elul (29 días) (אלול) – agosto o septiembre

El año hebreo, según la cuenta bíblica, comenzaba con el mes de Nisán, llamado en la Biblia “el mes primero” (Éxodo 12:2), y concluía en el mes de Adar; mientras que más adelante primó la concepción del comienzo del año en el mes de Tishrei, con la festividad de Rosh Hashaná (ראש השנה, literalmente “cabeza de año”), culminando el año en el mes de Elul, tal como rige el calendario hebreo hasta nuestros días.

Desde el punto de vista religioso, el calendario hebreo cuenta con 4 diferentes “cabezas de año”, siendo cada una de ellas el comienzo de la cuenta anual para diferentes finalidades:

  • 1 de Nisán es el principio de año de acuerdo a la cuenta bíblica, al conmemorar la salida de Egipto; y era el principio del año para los reyes: de tal modo, aun si un rey de Israel asumiera el trono el 29 del mes de Adar, ya al ser el día siguiente el primero de Nisán, se consideraba su segundo año de reinado.
  • 1 de Elul, el principio del año para realizar la cuenta del diezmo de ganado a apartar según las prescripciones religiosas.
  • 1 de Tishrei, el principio del año según el calendario hebreo moderno, conmemorando el aniversario de la Creación del mundo, y era la fecha en que comenzaba la cuenta de los años, los años sabáticos (cada séptimo año, en que las tierras quedaban incultas y en barbecho), y los jubileos (cada 50 años, en que prescribían las deudas y los esclavos quedaban libres).
  • 15 de Shevat, el año nuevo de los árboles, siendo ésta la fecha de su despertar luego del letargo invernal.

El año judío

Un año hebreo incluye un ciclo completo de las cuatro estaciones del año y, a su vez, debe contar con un número exacto de meses lunares. De esta manera, el año hebreo puede tener tanto 12 meses (año simple), como 13 (año bisiesto, o en hebreo שנה מעוברת, “año preñado”).

El año bisiesto, embolismal o “preñado”

El año hebreo bisiesto es un año de 13 meses, denominado en hebreo “shaná me’ubéret” (שנה מעוברת, “año preñado” o embolismal), metaforizando al mes agregado cual si fuera el feto de una mujer embarazada; y de aquí que los métodos de institución de tal año se llamen “ibur” (del hebreo עיבור, “preñamiento”) y en castellano, embolismo. El embolismo del calendario hebreo consiste en la duplicación del mes de Adar, de manera que se intercala un nuevo mes de 30 días, llamado Adar “A” (אדר א, “Adar álef”), antes del mes de Adar original, que pasa a ser Adar “Bis” (אדר ב, “Adar bet”). La principal razón por la que fue elegido justamente el mes de Adar para su duplicación es por ser el mes inmediato anterior a Nisán, el mes de la primavera, el de la salida de Egipto y en el que cae la Pascua judía, “Pésaj” (פסח), según indica la Biblia: “Guardarás el mes de Aviv (= primavera) y harás pascua a Yahveh tu Dios; porque en el mes de Aviv te sacó Yahveh tu Dios de Egipto” (Deuteronomio 16:1). Otro motivo radica en que Adar era antiguamente el último mes del año, e históricamente se prefería hacer el agregado a fin de año. Ello se asemeja a lo ocurrido con el 29 de febrero, agregado justamente allí porque antiguamente era febrero el último mes del año romano.

El método original de embolismo, desarrollado alrededor del siglo vi a. E. C., establecía que habría de agregarse un mes más, en tres años de cada ciclo de ocho. Ya en el siglo v a. E. C. se perfeccionó el sistema, estipulándose de ahí en adelante que el agregado habría de hacerse en siete años por cada ciclo de diecinueve. Se estima que dichas técnicas tienen sus raíces en los conocimientos de astronomía de los babilonios, muy adelantados para su época, y del astrónomo griego Metón (siglo v a. C.), y son aceptadas hasta el día de hoy. El Diccionario de la Real Academia Española define ciclo lunar, llamado también ciclo decemnovenal o decemnovenario, como el “período de 19 años, en que los novilunios y demás fases de la Luna vuelven a suceder en los mismos días del año, con diferencia de hora y media aproximadamente”; en tanto que el ciclo cuádruple de 76 años es llamado calípico. De esto se deduce que cada 19 años coincidirán entre sí las fechas del calendario hebreo y el gregoriano; aún puede existir un desfase de uno o dos días, debido a movimientos efectuados en el calendario hebreo por motivos religiosos (ver más adelante, “la semana en el calendario hebreo”).

En el año 359, el sabio Hilel II perfeccionó los cálculos y métodos conocidos y estableció los mecanismos de embolismo del año utilizados hasta el día de hoy, que han sido corroborados por las últimas y más modernas observaciones astronómicas. Dichos cálculos ya eran conocidos desde cientos de años atrás, pero hasta aquellos tiempos se preferían los métodos empíricos para establecer el comienzo del mes —dos testigos que habían de atestiguar ante el gran Sanedrín que habían visto el naciente de la Luna— y el comienzo de la primavera, basándose en la maduración de las mieses y la llegada del equinoccio de primavera (el 20 de marzo en el hemisferio norte), que es la fecha en que el día y la noche tienen la misma duración; mientras que el almanaque era utilizado en caso de impedimentos, como días nublados.

Se cree que la razón por la cual Hilel II publicó el calendario hebreo, tal como se utiliza desde sus tiempos hasta nuestros días, proviene de una de las decisiones tomadas por el Cristianismo en el primer Concilio de Nicea, celebrado el año 325, a instancias del emperador Constantino I el Grande. Según la tradición cristiana, Jesús de Nazaret fue crucificado el Viernes Santo, coincidente con el viernes de la Pascua judía. El Concilio decidió desvincularse del judaísmo también en este aspecto, y prescindir de la necesidad de averiguar año tras año la fecha exacta de la Pascua judía. A tal efecto, se estipuló que el primer día de la Pascua cristiana, el Domingo de Pascua o de Resurrección, se celebre el primer domingo después de la luna llena, inmediatamente luego del equinoccio de primavera. Cabe destacar que al independizar al calendario litúrgico cristiano del hebreo, perdió el primero la flexibilidad y el equilibrio que caracterizan a este último, lo que terminó causando, con el correr de los siglos, el corrimiento de la Pascua cristiana hacia el invierno, desfase que hubo de ser corregido al cabo de un milenio por el papa Gregorio XIII, por medio de su calendario gregoriano. De todos modos, la decisión de Nicea despertó el temor entre los judíos de la época de que los cristianos les prohibiesen anunciar los comienzos de mes y los embolismos de cada año, indispensables para el normal discurrimiento de la vida judía; y de ahí la necesidad de un calendario preestablecido de antemano y aceptado por todas las diásporas del pueblo judío. Mientras en la Biblia Mateo 28:1 encontramos que el primer día de la semana revisaron donde estaba, siendo domingo, el fue crucificado el viernes.

Un año trópico, o circunvolución de la Tierra en torno al Sol, conlleva en sí 12,368 ciclos lunares, o vueltas que efectúa Selene alrededor de nuestro planeta. Esto implica que 19 años trópicos equivalen a 234,992 ciclos de la Luna, un número prácticamente entero. Desde esta base se establece que cada 19 años habrá de haber 235 meses, o 12 años comunes (de doce meses), y 7 años embolismales o “preñados”, con trece meses cada uno: los años número 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 de cada ciclo decemnovenario. Para saber si un determinado año hebreo es o no bisiesto, hay que dividirlo por el número 19: si el cociente obtenido después de la división nos deja un resto luego del entero con uno de los siguientes guarismos: 0, 3, 6, 8, 11, 14 ó 17, estamos ante un año de 13 meses. Así, el año hebreo de 5765, equivalente al gregoriano de 2005, al dividirlo por 19 nos da 303 enteros, y un resto de 8 (5765/19 = 303 8/19). Por ende, el año de 5765 fue bisiesto y se le agregó como tal el mes de Adar “A” antes del último mes del año, el mes de Adar “Bis”.

La semana en el calendario hebraico

El calendario hebreo no solamente combina entre el año solar y el mes lunar; sino que ambos ciclos complementados, han de convivir exitosamente también con otro de los legados del calendario de los judíos al resto del mundo: el ciclo semanal de siete días.

Los días de la semana hebrea se basan en los seis días de la Creación, según relata el primer capítulo del libro del Génesis, siendo su nombre el mismo que les adjudica la Biblia, que son simplemente los nombres de los números ordinales en hebreo, del primero al sexto —denominación que se conserva en el idioma portugués, salvo el domingo; pero que se ha perdido en la mayoría de las lenguas occidentales, que adoptaron nombres de deidades paganas para los días de la semana— y en el séptimo día, en el que Dios descansó de su labor (Génesis 2:1-3): el Shabat, del hebreo שבת, shabat, descanso; nombre que fue adoptado por una buena parte de las lenguas (castellano sábado, francés samedi, italiano sábato, portugués sábado, catalán dissabte, alemán Samstag, polaco sobota, griego sávvato, árabe asSabt, indonesio sabtu, rumano sâmbătă). Así pues, y basándose en el relato bíblico, comienza la semana hebrea el día domingo (יום ראשון, “yom rishón”, “el día primero”), y no el lunes como en la sociedad occidental, y culmina el sábado, el día consagrado al descanso. Actualmente en algunos países como el Reino Unido y también en los calendarios cristianos se suele tener el domingo como el primer día de la semana, siguiendo ésta tradición hebrea, aún dando importancia a este primer día, en especial en los calendarios litúrgicos al conmemorar la Resurreción de Jesús de Nazaret.

El ciclo hebdomadario, y muy especialmente la santidad de la festividad del Sábado —que es considerada la más sagrada de las celebraciones judías, superada tan sólo por el Yom Kipur o Día del Perdón, precisamente denominado también “Sábado de Sábados”— impone otra serie de ajustes al calendario hebreo, que debe de adaptarse a las necesidades derivadas del Sábado en primer lugar, y luego de otras fiestas y ritos judíos.

De esta manera, se propone el calendario hebreo impedir que ciertas celebraciones, se superpongan o hasta se contradigan entre sí. El primer caso sería la gran inconveniencia que acarrearía el coincidir el Sábado, en el que se prohíbe cocinar, e inmediatamente luego o antes de él, el Yom Kipur, en el que los feligreses observan un rígido ayuno. Ya en el terreno de las contradicciones, no sería aceptable que el último día de la Fiesta de las Cabañas (סוכות, Sucot), uno de cuyos preceptos es agitar vigorosamente las ramas de aravá o sauce, cayese en Sábado, en que esta actividad está expresamente prohibida, por ser una de las 39 actividades prohibidas el séptimo y último día de cada semana (Mishná, Tratado del Shabat, 7:2).

Este difícil pero fundamental equilibrio, se obtiene mediante cálculos que prescriben en cuál de los días de la semana podrá caer el primer día del año judío (según la usanza de nuestros días), que es también el primer día de la festividad de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío. Así, las reglas del calendario hebreo estipulan que en ningún caso, podrá el primer día de Rosh Hashaná y del año —el primer día del mes de Tishrei— coincidir un domingo, o un miércoles, o un viernes.

Para compensar el desfase que la imposición de esta regla puede conllevar en el delicado equilibrio del calendario; y una vez culminado el mes de Tishrei, durante el cual se suceden las principales fiestas judías, y especialmente aquellas que acarrean los problemas que el almanaque debe resolver (Rosh Hashaná, Yom Kipur, Sucot), se vuelve a equilibrar el calendario, agregando uno, dos o tres días en los dos meses posteriores a Tishrei: los meses de Jeshván y Kislev.

De esta regla surge, que existen tres tipos de año en el calendario hebreo:

Año faltante (שנה חסרה, “shaná jaserá”)
en cuyo caso tanto el mes de Jeshván como el de Kislev tienen 29 días cada uno, de lo cual resulta que dicho año contará con 353 días.
Año normal (שנה כסדרה, “shaná kesidrá”)
en cuyo caso Jeshván traerá 29 días en tanto Kislev vendrá con 30, de lo cual resulta un total anual de 354 días.
Año completo (שנה שלמה, “shaná shelemá”)
en cuyo caso tanto Jeshván como Kislev cuentan cada uno con 30 días, y por lo tanto se trata de un año con 355 días en su total.

Los años bisiestos respectivos a cada uno de los tipos de años detallados, tendrán a su vez, sumado el mes agregado de Adar “A” que siempre cuenta con 30 días, 383, 384 ó 385 días.

El calendario hebreo vuelve a repetir su ciclo, tomando en cuenta las variaciones en días, meses y años, una vez cada 247 años, con una pequeña diferencia de 50 minutos entre ambos. Para que la repetición entre dos años hebreos sea perfecta, tienen que transcurrir entre uno y otro nada menos que 689.472 años.

Principios para el cálculo de fechas

La complejidad del calendario hebreo ha hecho que el cálculo de sus fechas se convierta en objeto de estudio matemático. Veamos algunos aspectos de los algoritmos que abordan este cálculo.

Tres cualidades distinguen un año de otro:

  • si es un año bisiesto o un año común
  • en cuál de los cuatro días permisibles de la semana comienza el año
  • si es un año deficiente, regular o completo.

Matemáticamente hay 24 (2x4x3) posibles combinaciones, pero sólo 14 de ellas son válidas. Cada uno de estos patrones se llama keviyah.

Cómo determinar si un año es bisiesto

Para determinar si un año judío es bisiesto, debe buscarse su posición en el ciclo metónico. El calendario judío se basa en el ciclo metónico de 19 años, de los cuales 12 son años comunes de 12 meses y 7 son años bisiestos de 13 meses. La posición se calcula como el resto de la división del número del año judío entre 19. Por ejemplo, el año 5771 judío dividido por 19 da como resultado un resto de 14, lo que indica que se trata del año 14 año del ciclo metónico. Dado que no existe el año 0, un resto de 0 indica que el año es el 19 del ciclo.

Los años 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 del ciclo son bisiestos y el resto, comunes. Un método matemático para determinar los años bisiestos es calcular

(7 x el número del año judío + 1) / 19

si el resto es menor que 7, el año es un año bisiesto. Además, redondeando el resultado de (7 x el número del año judío + 1) / 13 al número entero más cercano, se obtiene un 0 para los años bisiestos y 1 para los años comunes.

Cálculo del Molad Tishrei

Se calcula el Molad Tishrei, día de la primera luna nueva del año, para a continuación poder determinar cuándo empieza el año. Una manera sencilla para realizar este cálculo es la siguiente:

  • Molad = longitud del mes lunar X parte entera [(235*año hebreo+13)/19]+3 días, 7h, 695 partes
Longitud del mes lunar = 29 días, 12, 793 partes (1 parte ó halakhim = 1 hora/1080)

El Molad se expresa en días, horas y partes.

  • Día de la semana de Molad = día de Molad mod 7

La relación en el calendario hebreo entre número y nombre de día de la semana es ésta:

1 2 3 4 5 6 7
domingo lunes martes miércoles jueves viernes sábado

Día de inicio del año (Rosh Hashanah)

Se define el día de inicio del año en función de cuatro posibles ajustes de aplazamiento llamados dehiyyot:

  • Si el molad se produce durante o después de las 18 horas, Rosh Hashanah se pospone 1 día.
  • Si el molad cae en domingo, miércoles o viernes, Rosh Hashanah se pospone un día.

Las dos últimas reglas se aplican con mucha menos frecuencia y nunca se utilizan si se hace otro aplazamiento:

  • Si el molad en un año común cae en un martes después de 9 horas y 204 partes, Rosh Hashanah se pospone al jueves
  • Si el molad después de un año bisiesto es un lunes después de las 15 horas 589 partes, Rosh Hashanah se pospone hasta el martes.

Año deficiente, regular y completo

El aplazamiento del año se compensa con la adición de un día al segundo mes, o la substracción de un día del tercer mes. Un año común judío sólo puede tener 353, 354, ó 355 días. Un año bisiesto es siempre de 30 días más largo, y por lo tanto puede tener 383, 384, o 385 días.

Longitud del año Bisiesto No bisiesto
Deficiente 383 353
Regular 384 354
Completo 385 355

Inventos desde 2700 ac a 1960 dc


Lista de los principales inventos en este periodo de tiempo, presentados cronológicamente.

INVENTO
INVENTOR
NACIONALIDAD
AÑO
Desconocido
China
2700 a.C
Desconocido
Fenicia
1640 a.C
Desconocido
Fenicia
1350 a.C
Desconocido
China
201 a.C
Desconocido
China
1100
Gutenberg
Alemán
1440
Galileo
Italiano
1609
Papín
Francés
1707
Franklin
Norteamericano
1752
Hnos. Montgolfier
Franceses
1783
Louis Robert
Francés
1799
Volta
Italiano
1800
Fulton
Norteamericano
1807
Humphry Davy
Inglés
1816
Porland Aspdin
Inglés
1824
Thimonnier
Francés
1830
Ivony
Húngaro
1830
Morse
Norteamericano
1832
Colt
Norteamericano
1835
Wheatstone
Inglés
1836
Goodyear
Norteamericano
1839
Niepce y Daguerre
Franceses
1839
Long
Norteamericano
1842
Mac Millan
Inglés
1842
Thompson
Norteamericano
1845
Hoe
Norteamericano
1846
Francis
Norteamericano
1849
Otis
Norteamericano
1852
Ginti
Austriaco
1853
Bunsen
Alemán
1855
García M.
Español
1855
Monturiol
Español
1859
Pacinotti
Italiano
1860
Gatling
Norteamericano
1861
Siemens
Alemán
1861
Mitterhoffer
Alemán
1864
Whitehead
Inglés
1866
Nobel
Sueco
1867
Hyatt
Norteamericano
1870
Gas de carbón
Lowe
Norteamericano
1870
Marcus
Austriaco
1875
Bell
Norteamericano
1876
Edison
Norteamericano
1877
Thomson
Norteamericano
1877
Edison
Norteamericano
1877
Swan
Inglés
1883
Waterman
Norteamericano
1884
Van Depoele y Sprague
Norteamericanos
1884-1887
Daimler
Alemán
1885
Mergenthaler
Norteamericano
1885
Burroughs
Norteamericano
1888
Hnos. Lumière
Franceces
1895
Diesel
Alemán
1895
Marconi
Italiano
1896
Baekland
Belga
1898
Zeppelin
Alemán
1900
Stubblefield
Norteamericano
1902
Hnos. Wright
Norteamericanos
1903
Torres-Quevedo
Español
1903
Curtiss
Norteamericano
1911
Torres-Quevedo
Español
1913
Coolidge
Norteamericano
1916
La Cierva
Español
1920
Baird
Inglés
1926
Carothers
Norteamericano
1930
Watson-Watt
Inglés
1935
Univ. Pensiolvania
Norteamericanos
1946
Walter
Norteamericano
1952
Grup. Los Álamos
Norteamérica
1960

Experimento Filadelfia ¿verdad o bulo?


El Experimento Filadelfia, también llamado Proyecto Arcoíris, es el nombre que recibió un supuesto experimento secreto llevado a cabo por la marina estadounidense en los astilleros navales de Filadelfia, en el estado de Pensilvania, durante o antes del 28 de octubre de 1943, en el cual el destructor escolta de la Armada USS Eldridge al parecer fue invisibilizado (o “encubierto”) electrónicamente contra los dispositivos enemigos. La marina de Estados Unidos comenta que ha buscado archivos que se refieran a este hecho y no los ha encontrado, ni ha encontrado evidencia de que se intentara.

El incidente fue informado repetidamente como una farsa.

La historia del experimento

A finales de la década de 1930, el ingeniero eléctrico Nikola Tesla, afirmó haber completado una teoría dinámica de la gravedad, que básicamente explica la gravedad como una mezcla de ondas electromagnéticas longitudinales y transversales. Estos razonamientos calaron hondo en un grupo de trabajo que experimentaba con los campos electromagnéticos en la Universidad de Chicago, donde se estaban iniciando las investigaciones sobre la posibilidad de la teletransportación a través del uso de campos eléctricos y magnéticos. Este proyecto se habría trasladado en 1939 al Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton.

En un momento determinado, se afirmó haber conseguido la invisibilidad de pequeños objetos, con lo que se presentó al gobierno de los Estados Unidos. Por lo que en el plano militar vieron el potencial de esta nueva tecnología y decidieron sufragar el curso de las investigaciones a fin de direccionarlas en el sentido que les convenía: su aplicación a la industria bélica. El USS Eldridge, es modificado para transportar toneladas de equipamiento electrónico, entre el que se incluirían dos enormes generadores de 75 kV cada uno, montados en el lugar que debería ocupar la torreta de cañones de proa, y que distribuían su potencia a través de cuatro bobinas montadas en cubierta. Tres transmisores RF de 2 megavatios cada uno, 3.000 tubos amplificadores 6L6 (empleados para canalizar los campos de las bobinas de los dos generadores), circuitos de sincronización y modulación… fueron empleados para generar campos electromagnéticos masivos que, correctamente configurados, serían capaces de curvar las ondas de luz y de radios alrededor del buque, haciéndolo invisible.

Las pruebas habrían empezado el verano de 1943, y hasta cierto punto tuvieron éxito al principio. Una prueba, el 22 de julio de 1943, volvió al USS Eldridge (DE-173) casi totalmente invisible, con algunos testigos informando de una “niebla verdosa” —sin embargo, algunos miembros de la tripulación se quejaron de náuseas posteriormente. En ese momento, el experimento fue alterado a petición de la Marina, con el objetivo de hacer al navío invisible a los radares únicamente.

El equipo fue recalibrado y el experimento se llevó a cabo el 28 de octubre. Esta vez, el Eldridge no sólo se volvió totalmente invisible a la vista, sino que de hecho desapareció del área en un relámpago azul. Al mismo tiempo, la base naval estadounidense en Norfolk, Virginia, a 600 km de distancia, un tripulante en sus costas declaró haber visto al Eldridge durante 15 minutos, al final de los cuales desapareció, para volver a aparecer en Filadelfia, en sus coordenadas originales —supuestamente un caso accidental de teletransportación.

Según el relato de Carlos Allende, los efectos fisiológicos en la tripulación fueron profundos. Mareos muy violentos, personal que desapareció por completo, otros que simplemente se volvieron locos o padecieron esquizofrenia severa, y lo más terrorífico fue el hallazgo de cinco miembros de la tripulación fundidos completamente con la estructura de metal de la proa del buque y otros tantos sufrieron desmaterializaciones de algunas partes de sus cuerpos. Supuestamente, los oficiales navales horrorizados cancelaron el experimento inmediatamente. Los supervivientes nunca fueron los mismos, y permanecieron en una suerte de amnesia total.

Publicación de la historia

Los detalles de este experimento fueron revelados indirectamente.

Carl Allen/Carlos Allende

En 1955, K. Jessup, un astrónomo amateur, antes investigador postuniversitario, publicó The Case for the UFO, un examen del fenómeno del OVNI (UFO en inglés) en el que teorizaba los medios de propulsión que un platillo volador del estilo de un OVNI podría utilizar. Jessup especuló que la anti-gravedad o el electromagnetismo pueden ser responsables del comportamiento de vuelo observado en los OVNIs, y lamentó, tanto en el libro como en la publicidad del tour que siguió, que la investigación de los vuelos espaciales se concentrara en el área de los cohetes, y que se pusiera poca atención a otros medios teóricos de vuelo, que él consideraba rendirían más frutos al final.

El 13 de enero de 1956, Jessup recibió una carta de un hombre que se identificaba como “Carlos Miguel Allende”. En ella, Allende informaba a Jessup del Experimento Filadelfia, aludiendo a artículos periodísticos de la época de fuentes dudosas como “prueba”. Allende también decía haber sido testigo de la desaparición y reaparición del Eldridge mientras trabajaba en un barco mercante que se encontraba cerca, el SS Andrew Furuseth. Incluso mencionó los nombres de otros tripulantes del Andrew Furuseth, y decía saber del destino de algunos miembros de la tripulación del Eldridge tras el experimento, incluyendo uno que dice haber visto “desaparecer” durante una pelea en un bar. Jessup le respondió a Allende con una postal, pidiendo más evidencia y corroboración de la historia, tales como fechas y detalles específicos de la misma. La respuesta llegó varios meses más tarde; sin embargo, esta vez el hombre se identificaba como “Carl M. Allen”. Allen dijo que no podría proveer los detalles pedidos por Jessup, pero insinuaba que podrían ser obtenidos a través de la hipnosis. Jessup decidió cortar la correspondencia.

La ONR y las notas de Varo

En la primavera de 1957, Jessup fue contactado por la Oficina de Investigación Naval (Office of Naval Research, ONR) de Washington D.C., que le pedía estudiar el contenido de un paquete que habían recibido. Al llegar, el curioso Jessup quedó perplejo al encontrar que una copia de su libro había sido enviada a la ONR en un sobre manila con la leyenda “HAPPY EASTER” (felices pascuas). Además, el libro tenía numerosas notas al margen, y la oficina de la ONR le preguntó a Jessup si tenía idea de quién pudo haberlas hecho.

Las largas anotaciones estaban escritas en tres diferentes colores, y parecían detallar la correspondencia entre tres individuos, de los cuales solo uno tenía nombre: “Jemi”. La ONR etiquetó a los otros dos como “Mr. A” y “Mr. B”. Las notas se refieren a las otras personas y discuten dos tipos diferentes de “gente” que viven en el espacio. El uso de las mayúsculas y la puntuación era inusual, y detallaba largamente los méritos de varias suposiciones que Jessup hacía en el libro, con referencias oblicuas al Experimento Filadelfia, en una forma que sugería conocimiento previo o superior (por ejemplo, “Mr. B” asegura sobre una teoría de Jessup que “No sabe, no puede saber. sólo adivina”).

Basado en el estilo de la escritura y el tema y comparando con las cartas que había recibido previamente, Jessup identificó a “Mr. A” como Carlos Allende/Carl Allen. Otros han sugerido que todas las anotaciones las hizo la misma persona, usando tres plumas diferentes.

La ONR contactó después a Jessup, diciendo que la dirección de la carta de Allende era una casa de campo abandonada. También le informaron a Jessup que la corporación Varo, una firma de investigación, estaba preparando una impresión de The Case for the UFO con las dos cartas y las notas. Al parecer, se imprimieron alrededor de 100 copias, incluyendo tres enviadas a Jessup.

Jessup trató de sacar provecho del tema, pero su siguiente libro se vendió mal y su editor rechazó algunos escritos más. En 1958 lo dejó su esposa, y sus amigos lo describieron como inestable cuando viajó a Nueva York. Tras su regreso a Florida estuvo envuelto en un accidente automovilístico severo y tardó en recuperarse, aumentando su desánimo. Morris Jessup se suicidó en 1959, (envenenado por los gases de escape de su vehículo).

La misteriosa muerte de Jessup

La muerte de Jessup ha sido tema de muchas especulaciones. Algunos amigos suyos dijeron que Jessup no era el tipo de persona que se suicida. Otros han sugerido que fue asesinado porque se negó a dejar las investigaciones sobre el enigma de los OVNIS. Sin embargo, otros amigos dijeron que Jessup estaba deprimido a causa de problemas personales, y que había anunciado su suicidio a un intimo amigo suyo.

Biografía de Carl Allen

Carl Allen fue un enigma viviente. El verdadero nombre de Carl Allen era Carl Meredith Allen, quien cambió varias veces de nombre y domicilio. Nació en Springdale (Pensilvania) en mayo de 1925, y se le suponen por lo menos cinco seudónimos. Es el menor de tres hijos; su padre era irlandés y su madre gitana. Se alistó en la Marina de los Estados Unidos el 14 de julio de 1942, y se licenció el 21 de mayo de 1943. En julio de 1943 entró en la marina mercante, que abandonó en octubre de 1952, y desde entonces fue una especie de vagabundo. Se dice que visitó la corporación Varo por invitación de su presidente, y que estuvo en contacto con el doctor Edward U. Condon durante la investigación de OVNIS que realizó en la Universidad de Colorado. Allen reconoció ser el autor de las cartas de Jessup y de las anotaciones que había en el libro enviado a la ONR. Se supone que negó que se tratara de una simple broma. Murió en un asilo de Colorado el 5 de marzo de 1994.

Las cartas de Carlos Allende

La historia del Experimento Filadelfia se basa, sobre todo, en la información contenida en dos cartas enviadas en 1956 por Carlos Allende (Carl Allen) a Morris Jessup. En la traducción no se han mantenido las faltas de ortografía del original, pero se ha intentado preservar el sorprendente “tono” de Allende.

Primera carta

Estimado doctor Jessup: Su invocación al público para que se mueva en masa sobre sus representantes y haya así suficiente presión colocada en un correcto y suficiente número de lugares donde pueda ser aprobada una ley para que la Teoría del campo unificado del doctor Albert Einstein (1925-27) sea puesta en práctica no es nada necesaria.

Se usaron los “resultados” de mi amigo Dr. Franklin Reno… Los resultados fueron y son hoy prueba de que la Teoría del Campo Unificado hasta cierto punto es correcta… El “resultado” fue la completa invisibilidad de un barco, tipo destructor, y toda su tripulación. Estaba navegando. (Oct. 1943). El Campo fue efectivo en una forma esferoidal oblata que se extendía cien yardas (más o menos, debido a la posición lunar y latitud) fuera de cada lado del barco. Cualquier persona dentro de esa esfera se volvía de forma vaga pero él también observó a esas personas a bordo de ese barco como si ellas también estuvieran en el mismo estado y sin embargo estuvieran andando sobre nada. Cualquier persona fuera de esa esfera no podía ver nada, salvo la forma claramente definida del casco del barco en el agua…

Quedan muy pocos de la tripulación experimental original ahora, Señor. La mayoría enloqueció, uno salió a través de la pared de su alojamiento a la vista de su mujer e hijo y otros 2 miembros de la tripulación (no volvió a ser visto), dos “se fueron al Fuego” o sea se inmovilizaron y se incendiaron mientras llevaban unas brújulas comunes… (ardieron 18 días)… El experimento fue un éxito completo. Los hombres fueron fracasos completos.

Revise periódicos de Filadelfia buscando un parrafito (parte superior de la hoja, interior del periódico cerca del tercio final del periódico, 1944-46 en primavera u otoño o invierno, no en verano) de una noticia describiendo las acciones de los marineros después de su viaje inicial. Asaltaron un local en el astillero de la Marina “Gin Mill” o “Beer Joint” y causaron tanta conmoción y parálisis de las camareras que poco de comprensible se les pudo sacar, que el párrafo y el que lo escribió no lo cree, y dice “Sólo escribí lo que oí y esas mujeres están locas…”.

Le pido que haga éste poco de investigación sólo para que se trague la lengua cuando recuerde lo que “pidió que se haga ley”.

Muy irrespetuosamente suyo, Carl M. Allen

P.S. Ayudaré más si usted ve que puedo. (Z416175)

Segunda carta (Días después)

Notas de adición y pertenecientes a la misiva:

Quiero mencionar que de algún modo también el Barco Experimental desapareció del muelle de Filadelfia y muy pocos minutos después apareció en otro muelle en Norfolk, Newport News, en la zona de Portsmouth. Éste fue señalado y claramente identificado como el lugar pero entonces el barco, de nuevo desapareció y volvió a su muelle de Filadelfia en sólo unos pocos minutos o menos. Esto también fue notado en los periódicos. Pero he olvidado en qué periódico lo leí o cuándo pasó. Probablemente al final de los experimentos. Podría haber sido en 1956, después de que terminaran los experimentos, no lo puedo decir con seguridad.

Muy sinceramente,

Carl M. Allen


Estimado señor Jessup:

Me pide lo que es equivalente a pruebas positivas de algo que sólo la duplicación de los dispositivos que produjeron “este fenómeno” podrían darle… Nunca podré satisfacer esa actitud… Puedo ser de alguna ayuda positiva para usted en mí mismo pero para hacerlo requeriría un Hipnotizador, Pentotal Sódico, un grabador y una excelente dactilógrafa para producir material de valor para usted…

Soy un contemplador de las estrellas Sr. Jessup. No lo disimulo y el hecho de que… estoy seguro de que el hombre irá adonde ahora sueña con estar… hacia las estrellas vía la forma de transporte con que tropezó accidentalmente la Marina (para consternación suya) cuando su barco exp. despegó y apareció un minuto después más o menos a varios cientos de millas marinas de distancias… Quizás la Marina ya haya usado este accidente de transporte para construir sus OVNIS. Eso es un avance desde todos los puntos de vista. ¿A usted qué le parece?

Muy respetuosamente, Carl Allen.

Curiosidades

  • Al barco lo rodeaba una niebla verde, y esto es lo que sucede en la mayoría de los casos reportados en el Triángulo de las Bermudas.
  • Los tripulantes viajaron en octubre de 1943 en los 15 minutos que duro la invisibilidad desde el muelle de Filadelfia a otro muelle en Norfolk, Newport News, en la zona de Portsmouth.
  • Según la leyenda, se afirma que se produjo una pelea en un bar donde los tripulantes supervivientes comenzaron a materializarse y desmaterializarse.

Algunos de los casos de espionaje más sonados del pasado siglo XX


ABC.es

1. Mata Hari, la espía de la Primera Guerra Mundial

abc – Mata Hari, la famosa espía de la Primera Guerra Mundial

Margaretha Geertruida Zellei (1876-1917), conocida mundialmente como Mata Hari, fue una popular artista fusilada tras ser condenada por la justicia francesa por espionaje en 1917, en plena Primera Guerra Mundial. Todavía existen dudas sobre su culpabilidad.

2. Coco Chanel, una historia conflictiva con el nazismo

El documental francés «La sombra de la duda», emitido en 2014, acusó a la diseñadora Coco Chanel (1883-1971) de colaborar con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Franck Ferrand sostuvo esta tesis después de descubrir unos documentos en el Ministerio de Defensa galo. Además, Chanel fue amante del barón alemán Hans Gunther von Dincklage.

3. Kim Philby, el espía que traicionó a su país

Kim Philby (1912-1988) abrazó el marxismo durante sus años de estudiante universitario en Cambridge y colaboró activamente con los servicios secretos soviéticos, a pesar de ostentar un alto cargo en la inteligencia británica.

En 1963, Philby fue descubierto y huyó a la Unión Soviética. El agente fue enterrado en el cementerio moscovita de Kúntsevo tras su muerte, en 1988.

4. Graham Greene, escritor y espía

Graham Greene (1904-1991), autor de novelas tan conocidas como «El americano impasible», trabajó como espía de los servicios secretos británicos durante la Segunda Guerra Mundial en Liberia y Sierra Leona.

Calendario Gregoriano


El calendario gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo. Así denominado por ser su promotor el papa Gregorio XIII, vino a sustituir en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C. El papa promulgó el uso de este calendario por medio de la bula Inter Gravissimas.

El germen del calendario gregoriano fueron dos estudios realizados en 1515 y 1578 por científicos de la Universidad de Salamanca, que fueron remitidos a la Iglesia. Del primero se hizo caso omiso y del segundo finalmente fructificó el actual calendario mundial.

Historia

La reforma gregoriana nace de la necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento: ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde el primer Concilio de Nicea, celebrado en 325, en el que se había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con esta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba, pues, era la regularidad del calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas correcciones en el civil. En el fondo, se trataba de adecuar el calendario civil al año trópico.

En el Concilio de Nicea se determinó que la Pascua debía conmemorarse el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera en el hemisferio norte (equinoccio de otoño en el hemisferio sur). Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo, pero con el paso del tiempo la fecha del acontecimiento se había ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó el 11 de marzo.

El desfase provenía de un inexacto cómputo del número de días con que cuenta el año trópico; según el calendario juliano que instituyó un año bisiesto cada cuatro, consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25 días, mientras que la cifra correcta es de 365,242189, o lo que es lo mismo, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos. Esos más de 11 minutos contados adicionalmente a cada año habían supuesto en los 1257 años que mediaban entre 325 y 1582 un error acumulado de aproximadamente 10 días.

El calendario gregoriano ajusta este desfase cambiando la regla general del bisiesto cada cuatro años, y hace que se exceptúen los años múltiplos de 100, excepción que a su vez tenía otra excepción, la de los años múltiplos de 400, que sí eran bisiestos. La nueva norma de los años bisiestos se formuló del siguiente modo: la duración básica del año es de 365 días; pero serán bisiestos (es decir tendrán 366 días) aquellos años cuyas dos últimas cifras son divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900…, que no serán bisiestos), de los que se exceptúan a su vez aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 2000, 2400…, que serán bisiestos). El calendario gregoriano ajusta a 365,2425 días la duración del año, lo que deja una diferencia de 0,000300926 días al año de error, es decir, adelanta cerca de 1/2 minuto cada año (aprox. 26 s c/año), lo que significa que se requiere el ajuste de un día cada 3300 años. Esta diferencia procede del hecho de que la traslación de la Tierra alrededor del Sol no coincide con una cantidad exacta de días de rotación de la Tierra alrededor de su eje. Cuando el centro de la Tierra ha recorrido una vuelta completa en torno al Sol y ha regresado a la misma «posición relativa» en que se encontraba el año anterior, se han completado 365 días y un poco menos de un cuarto de día (0,242189074 para ser más exactos). Para hacer coincidir el año con un número entero de días se requieren ajustes periódicos cada cierta cantidad de años.

Sin embargo, intentar crear una regla para corregir este error de un día cada 3300 años es complejo. En tan largo tiempo la Tierra se desacelera en su velocidad de rotación (y también se desacelera el movimiento de traslación) y ello crea una nueva diferencia que es necesario ir corrigiendo. La Luna ejerce un efecto de retraso sobre esta velocidad de giro por la excentricidad creada por las mareas. La disminución de la velocidad de giro creada por esa excentricidad es similar a la que se produce cuando hacemos girar un frisbee poniéndole un poco de arena mojada en un lado del borde inferior: cuando el platillo se hace girar, su velocidad de giro es mucho menor a la que tiene cuando no existe tal excentricidad. Este efecto todavía se encuentra en análisis y medición por parte del mundo científico y adicionalmente existen otros efectos que complican definir reglas con tal precisión. Este error es solo de una parte por millón. Lo más práctico será que cuando la diferencia sea significativa, es decir, cuando llegue a ser de un día, se declare que el siguiente año bisiesto no lo sea. De todas maneras, quedan casi dos mil años de análisis y discusión antes de necesitar este ajuste. Véase año para una descripción un poco más profunda.

Otro problema distinto, como ya se ha señalado, es la disminución de la velocidad de rotación terrestre (y también de la traslación terrestre), la cual se puede medir con gran precisión con un reloj atómico. Es un problema distinto porque no tiene que ver nada con el cálculo del calendario y, por lo tanto, con los ajustes que se le tengan que hacer al calendario. Más bien es al contrario: es el reloj atómico el que tiene que ajustarse a los movimientos de la Tierra, es decir, a la duración del día solar y del año terrestre. El reloj atómico mide un tiempo uniforme que, por lo tanto, no existe en la naturaleza, donde los movimientos del mundo físico son uniformemente variados.

El día, la semana y el mes

División del Calendario
Nombre Días
1 Enero 31
2 Febrero 28 o 29
3 Marzo 31
4 Abril 30
5 Mayo 31
6 Junio 30
7 Julio 31
8 Agosto 31
9 Septiembre 30
10 Octubre 31
11 Noviembre 30
12 Diciembre 31
  • Día: es la unidad fundamental de tiempo del calendario gregoriano. Un día equivale aproximadamente a 86.400 segundos del Tiempo Atómico Internacional o TAI: recordemos que es el TAI el que se tiene que ajustar al verdadero movimiento de rotación terrestre, que se retrasa con respecto a la duración del mismo.
  • Semana: periodo de 7 días.

El impulsor de la reforma del calendario es Ugo Buocompagni, jurista eclesiástico, elegido papa el 14 de mayo de 1572 bajo el nombre de Gregorio XIII. Se constituye la Comisión del Calendario, en la que destacan Cristóbal Clavio y Luis Lilio. Clavio, astrónomo jesuita, el “Euclides de su tiempo“, era un reputado matemático y astrónomo. El mismo Galileo Galilei lo requirió como aval científico de sus observaciones telescópicas. Un cráter de la Luna lleva su nombre. En cuanto a Lilio, médico y astrónomo, sabemos que fue el principal autor de la reforma del calendario. Muere en 1576 sin ver culminado el proceso. Finalmente, un personaje más en esta historia: Alfonso X de Castilla, El Sabio: el valor dado al año trópico en las Tablas alfonsíes de 365 días 5 horas 49 minutos y 16 segundos es el tomado como correcto por la Comisión del Calendario. Pedro Chacón, matemático español, redacta el Compendium con el dictamen de Lilio, apoyado por Clavio, y se llega al 14 de septiembre de 1580 cuando se aprueba la reforma, para llevarla a la práctica en octubre de 1582.

Al jueves -juliano- 4 de octubre de 1582 le sucede el viernes -gregoriano- 15 de octubre de 1582. Diez días desaparecen debido a que ya se habían contado de más en el calendario juliano.

El calendario se adoptó inmediatamente en los países donde la Iglesia Católica tenía influencia. Sin embargo, en países que no seguían la doctrina católica, tales como los protestantes, anglicanos, ortodoxos, y otros, este calendario no se implantó hasta varios años (o siglos) después, e incluso en algunos, se sigue llamando calendario juliano, para no reconocer la autoridad de papa de Roma en su implantación. A pesar de que en sus países el calendario gregoriano es el oficial, las iglesias ortodoxas (excepto la de Finlandia) siguen utilizando el calendario juliano (o modificaciones de él diferentes al calendario gregoriano). Sin embargo, fuera del mantenimiento de un calendario eclesiástico diferente en algunos países, el calendario gregoriano es el que se considera como base para el establecimiento del año civil en todo el mundo, incluyendo los países con un año eclesiástico o religioso diferente al que se estableció en la reforma gregoriana del siglo XVI.

Línea temporal

Año 1582

  • Italia, Portugal, España (posesiones europeas y Canarias) y la zona católica de Polonia: después del jueves 4 de octubre de 1582 vino el viernes 15 de octubre.
  • Francia, Lorena (Lorraine) y el valle del Misisipí (Estados Unidos): después del domingo 9 de diciembre de 1582 vino el lunes 20 de diciembre.
  • Países Bajos (Brabante, Zelanda y el Staten Generaal): después del lunes 17 de diciembre de 1582 vino el martes 28 de diciembre.
  • Bélgica (Limburgo y provincias del sur): después del jueves 20 de diciembre de 1582 vino el viernes 31 de diciembre.

Año 1583

  • Países Bajos (Holanda, Flandes, Hennegan y algunas provincias del sur): el sábado 1 de enero de 1583 vino después del viernes 21 de diciembre de 1582 (por lo que la gente se quedó sin fiestas de Navidad ni Año nuevo).
  • Alemania (zonas católicas): originalmente el lunes 21 de febrero de 1583 debía suceder al domingo 10 de febrero, pero el pueblo no hizo ningún caso. Luego se decidió que el domingo 16 de octubre de 1583 seguiría al sábado 5 de octubre.
  • Austria (Tirol, Salzburgo y Brescia): el domingo 16 de octubre de 1583 siguió al sábado 5 de octubre.
  • Austria (Carintia-Kärnten y Estiria-Steiermark): el domingo 25 de diciembre de 1583 seguiría al sábado 14 de diciembre.
  • Las posesiones españolas en América y Asia Virreinato de la Nueva España (Hoy México, Cuba y parte sur de EUA) en América de Norte y Central; la América del Sur española (Virreinato del Perú); y la Capitanía General de Filipinas): el sábado 15 de octubre de 1583 vino después del viernes 4 de octubre. Debido a la distancia con la metrópoli y la dificultad de llegar la orden de cambio a todos los lugares, Felipe II, en Pragmática del 14 de mayo de 1584, establece este año para el cambio de calendario.
  • Países Bajos (Groninga): el lunes 21 de febrero de 1583 vino después del 10 de febrero. Retrocedieron al juliano en julio-agosto de 1594. Finalmente el miércoles 12 de enero de 1701 vino después del martes 31 de diciembre de 1700.

Año 1584

  • Bohemia (Bohemia, Moravia y Lusacia): el martes 17 de enero de 1584 vino después del lunes 6 de enero.
  • Suiza (cantones más católicos): el domingo 22 de enero vino después del 11 de enero.
  • Silesia (Slask): el lunes 23 de enero vino después del domingo 12 de enero.

Año 1587

  • Hungría: el domingo 1 de noviembre de 1587 vino después del sábado 21 de octubre.

Año 1590

  • Transilvania (Siebenbürgen-Ardeal-Erdély): el martes 25 de diciembre de 1590 vino después del lunes 14 de diciembre.

Año 1605

  • Canadá (Nueva Escocia): desde 1605 al 13 de octubre de 1710, usaron el calendario gregoriano. Después usaron el juliano desde el 2 de octubre de 1710 hasta el miércoles 2 de septiembre de 1752, que fue seguido por el jueves 14 de septiembre. Desde entonces usaron el gregoriano.
El resto de Canadá había estado utilizando el calendario gregoriano desde su implantación original.

Año 1610

  • Alemania (Prusia): el jueves 2 de septiembre de 1610 vino después del miércoles 22 de agosto.

Año 1682

  • Francia (Estrasburgo): en febrero de 1682.

Año 1700

  • Alemania protestante, Dinamarca y Noruega: el lunes 1 de marzo de 1700 vino después del 18 de febrero.
  • Países Bajos (Güeldres-Gelderland, zona protestante de Holanda): el lunes 12 de julio de 1700 vino después del 30 de junio.
  • Países Bajos (Utrecht y Overijssel): el domingo 12 de diciembre de 1700 vino después del sábado 30 de noviembre.

Año 1701

  • Países Bajos (Frisia y otra vez Groninga) y Suiza (Zúrich, Berna, Basilea, Schaffhausen, Gent, Mühlhausen y Biel): el miércoles 12 de enero de 1701 vino después del martes 31 de diciembre de 1700.
  • Países Bajos (Drenthe): el jueves 12 de mayo de 1701 vino después del miércoles 30 de abril.

Año 1752

  • Inglaterra y sus colonias (Terranova y la costa de la bahía de Hudson, en Canadá; litoral atlántico de Estados Unidos (EE.UU.), Washington y Oregón; Escocia, Irlanda, India): el jueves 14 de septiembre de 1752 vino después del miércoles 2 de septiembre.
Esta es la causa de que aunque se dice que los escritores Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare murieron ambos el 23 de abril de 1616, en realidad este último murió 10 días después (el 3 de mayo del calendario europeo actual).
En Inglaterra, a los días en el calendario juliano que ocurrieron antes de la introducción del calendario gregoriano en 1752 se les llama OS (Old Style o ‘estilo antiguo’). Las iniciales NS (New Style o ‘estilo nuevo’) indican el calendario gregoriano.

Año 1753

  • Suecia y Finlandia (que cuando fue conquistada por Rusia tuvo que adoptar en cierto grado el calendario juliano): en el año 1700 se decidió cancelar los días bisiestos durante cuarenta años, lo que lograría acumular los 10 días que faltaban. Ese año se cumplió, pero no en los bisiestos 1704 y 1708 (no se sabe por qué). Por lo tanto en esa década sus fechas no coincidían con ningún otro país (ya sea que tuviera calendario gregoriano o juliano). Más tarde, en 1712 decidieron que volverían al calendario juliano agregando un día (un “30 de febrero”) al año bisiesto 1712. Cuarenta años después decidieron hacer el cambio drástico normal: el jueves 1 de marzo de 1753 vino después del miércoles 17 de febrero.

Año 1867

  • Alaska: octubre de 1867, cuando se convirtió en una entidad federal de Estados Unidos.

Año 1873

  • Japón: antes se usaba un calendario propio lunar.

Año 1875

  • Egipto.

Año 1912 o 1929

  • China: antes tenía un calendario propio lunar. Los autores no se ponen de acuerdo si el cambio se produjo en 1912 o en 1929. Hasta hace pocos años en Hong Kong el pueblo utilizaba el calendario lunar (que es muy difícil de traducir al calendario gregoriano, el cual es estrictamente solar).
  • Albania: diciembre de 1912.

Año 1914 o 1926

  • Turquía: hasta el 1 de enero de 1914 (según otros hasta 1926 por las reformas occidentales de Mustafa Kemal Atatürk) Turquía funcionó con el calendario islámico.

Año 1916

  • Bulgaria: el 14 de abril de 1916 vino después del 31 de marzo.

Año 1918

  • Rusia y Estonia: el jueves 14 de febrero de 1918 vino después del miércoles 31 de enero. Otras zonas orientales de la Unión Soviética lo cambiaron dos años después.

Año 1919

  • Rumania: el lunes 14 de abril de 1919 vino después del domingo 31 de marzo.
  • Yugoslavia.

Año 1923

  • Grecia: el jueves 1 de marzo de 1923 vino después del 15 de febrero.

Duración del año gregoriano

El calendario gregoriano distingue entre :

  • año común: el de 365 días
  • año bisiesto: el de 366 días
  • año secular: el terminado en “00” -múltiplo de 100-

Es año bisiesto el que sea múltiplo de 4, con excepción de los años seculares. Respecto a estos, es bisiesto el año secular múltiplo de 400.

De esta manera, el calendario gregoriano se compone de ciclos de 400 años:

  • En 400 años hay (400/4)-4 seculares = 96 años bisiestos
  • De los 4 años seculares, solo uno es bisiesto (múltiplo de 400)
  • En el ciclo de los 400 años tenemos 96 + 1 = 97 años bisiestos, y 400 – 97 = 303 años comunes

Haciendo el cómputo en días:

  • 97 x 366 días = 35.502 días
  • 303 x 365 = 110.595 días

Esto hace un total de 146.097 días en los 400 años, de modo que la duración media del año gregoriano es de 365,2425 días.

En los 400 años del ciclo del calendario gregoriano, estos 146.097 días, que son 20.871 * 7 días, hay un número entero de semanas 20.871, de tal modo que en cada ciclo de 400 años no solo se repite exactamente el ciclo de años comunes y bisiestos, sino que el ciclo semanal también es exacto, esta congruencia da lugar a que tomando un grupo de 400 años seguidos, el siguiente ciclo de 400 años es exactamente igual.

La primera semana del año, la número 01, es la que contiene el primer jueves de enero. Las semanas de un año van de la 01 a la 52, salvo que el año termine en jueves, o bien en jueves o viernes si es bisiesto, en cuyo caso se añade una semana más: la 53.

  • Mes: periodo de 30 ó 31 días, salvo para febrero que tiene 28 días en un año común, y 29 días en un año bisiesto.

Existe una copla con varias versiones que se utiliza como regla nemotécnica para recordar el número de días de cada mes:

Treinta días trae noviembre,

con abril, junio y septiembre;

veintiocho solo uno

y los demás, treinta y uno.

Otra versión dice:

Treinta días traen septiembre,
abril, junio y noviembre.
Todos los demás treinta y uno
excepto febrero que tiene veintiocho,
y en año bisiesto veintinueve.

Una variante latinoamericana reza así:

Treinta días tiene noviembre

con abril, junio y septiembre.

Los demás son treinta y uno

menos febrero mocho

que solo trae veintiocho.

La nemotecnia de los nudillos

Otra regla nemotécnica consiste en cerrar los dos puños y juntarlos con los nudillos hacia arriba. Los nudillos sobresalientes representarán a los meses de 31 días, y los huecos entre nudillos los meses de menos de 31 días. El primer nudillo (el del dedo meñique) representa a enero (y por ser sobresaliente equivale a 31 días). El hueco próximo (entre los nudillos del meñique y del dedo anular) representa a febrero (y por ser hueco tiene menos de 31 días, en este caso 29 o 28 días). El segundo nudillo (del dedo anular) representa a marzo (y por ser sobresaliente equivale a 31 días) y así sucesivamente hasta llegar a julio, representado por el nudillo del dedo índice (que por ser sobresaliente equivale a 31 días). Luego se pasa a la otra mano y se cuenta desde el nudillo del dedo índice, que al igual que el anterior representará a agosto (y por ser sobresaliente equivaldrá a 31 días). Se continúa la cuenta hasta llegar a diciembre, representado por el nudillo del dedo anular (que por ser sobresaliente dice que diciembre tiene 31 días).

Otra manera de visualizar la anterior nemotécnica es como sigue: con el puño cerrado de cualquier mano, pose su dedo índice de la otra mano en el nudillo del dedo índice de su puño; ese nudillo indica el mes de enero. Desplace su dedo índice al intersticio entre los nudillos del dedo índice y medio de su puño, ese intersticio representa a febrero, desplace su índice al siguiente nudillo (dedo medio) “marzo” y así sucesivamente considerando cada nudillo e instersticio hasta llegar al nudillo del meñique que representa a julio, una vez aquí vuelva a llevar su índice al nudillo del dedo índice del puño que ahora indicará el mes de agosto y siga la cuenta nuevamente hasta el nudillo anular que será diciembre. Cada mes caído en nudillo es de 31 días y cada mes caído en instersticio es de 30 días a excepción de febrero.

Origen de la Era Cristiana

Los romanos contaban los años desde la fundación de Roma, es decir, ab urbe condita, abreviadamente a.u.c.

En la era cristiana, con el papa Bonifacio IV en 607, el origen de la escala pasó a ser el nacimiento de Cristo. Un monje rumano, Dionisio el Exiguo, matemático, basándose en la Biblia y otras fuentes históricas, entre los años 526 y 530, había fechado el nacimiento de Cristo el día 25 de diciembre del año 753 a.u.c. Dicho año pasó a ser el año 1 A. D., Anno Domini, año 1 del Señor, pero los años anteriores a este seguían siendo años a.u.c. Finalmente en el siglo XVII se nombran los años anteriores al 1 A. D. como años antes de Cristoa. C., y los posteriores son años después de Cristod. C..

Cuando empieza la cuenta de la era cristiana, no existía el concepto matemático de cero y los años se contaban ordinalmente (esto es: primer año, segundo, etc.). El origen del calendario gregoriano, es pues el 1 de enero del primer año (año 1 d.C.), que da comienzo a la primera década, el primer siglo (s. I) y el primer milenio. El año anterior fue el primero antes de Cristo (año 1 a.C.). No hay año 0. Establecido así el origen del calendario, el primer milenio (primeros 1000 años) transcurrió entre el 1 de enero del año 1 hasta el 31 de diciembre del año 1000. De la misma forma, el primer siglo transcurrió entre el 1 de enero del año 1 hasta el 31 de diciembre del año 100.

La importancia del calendario gregoriano

A pesar de que, aparentemente, el calendario persa es más preciso que el Calendario gregoriano, en el que hay un error de un día cada 3300 años, mientras que en el calendario persa el mismo error aparecería cada 3.5 millones de años, la importancia del calendario gregoriano estriba en que el sistema de tiempo gregoriano es el que se utiliza universalmente, incluso en Irán, la antigua Persia

Así, el problema del origen de nuestra era y los que se derivan del empleo de múltiples calendarios diferentes quedó resuelto con la creación del calendario gregoriano: si en él se afirma que la Era Cristiana comenzó 1582 años antes de su elaboración y todos los países respetan esta idea, toda discusión debería acabar; y los temas de cuándo nació Cristo o lo que estableció Dionisio el Exiguo dejan de tener importancia (desde el punto de vista de la medición del tiempo). La cuestión final era la adopción de dicho calendario y, como hemos visto, todos los países del mundo lo han venido adoptando a través del tiempo.

La mayor precisión del calendario persa es algo discutible por una simple razón: se trata de una precisión a la que habría que realizar ajustes en el futuro, lo mismo que sucede con el calendario gregoriano. Si dentro de 3300 años (más o menos, cuestión muy importante) habrá que hacer un ajuste de un día al calendario gregoriano, parece bastante probable que el calendario persa tenga también que ajustarse antes de avanzar 3.5 millones de años en el futuro. El tiempo futuro no se puede determinar: la duración del año, del día, del segundo de tiempo, se desacelera con el tiempo, pero no se puede determinar exactamente cuánto ni a que ritmo. Y, sobre todo, un calendario no es importante por una enorme precisión en la medición del tiempo, sino por tener una precisión razonable y una fundamentación clara y aceptada por todos.

Norma ISO

Norma ISO 8601 para la escritura de fechas y horas.

  • Fecha: es el año, mes y día, escritos en ese orden, separados por un guion o no. El año constará de 4 cifras, y el mes y día de dos cifras cada uno -pudiendo ser la primera un cero-. Por ejemplo, el 4 de noviembre de 2007 se escribirá como 20071104 o bien 2007-11-04.
  • Fecha de la semana: alternativa a la anterior, añade el número correspondiente a la semana precedido de la letra W -inicial de week, semana, en inglés-. Así, 2005-W07-5indica el quinto día de la séptima semana del año 2005.
  • Hora: dos cifras para las horas, minutos y segundos, en ese orden, siendo la medianochelas 00:00:00. La escala horaria va de 0 a 24 horas. Así, las cinco y cuarto de la tardeserán las 17:15:00.
  • Fecha y hora: se indican la fecha y la hora tal como se explicó anteriormente, separándolas por una T -inicial de time, tiempo u hora, en inglés-. Por ejemplo: las dos y media de la madrugada del 30 de diciembre de 2005 se indica: 2005-12-30T02:30:00.

Además, la Real Academia Española recomienda las escritura de fecha en los siguientes términos: se escribirá 30 de diciembre de 2005, o bien 30 de diciembre del año 2005, aunque esta recomendación no implica que se considere incorrecto utilizar el artículo en estos casos: 30 de diciembre del 2005. Evidentemente, en este último caso, el término año se encuentra sobreentendido.

Amazing Grace – Sublime gracia


Viendo un antiguo anuncio de la DGT bajo el lema “Algún día los accidentes serán cosa del pasado” sentí curiosidad por el tema utilizado en dicha campaña, es evidente, muchos de vosotros la habréis reconocido al instante, que la canción del anuncio es el célebre “Amazing Grace” , himno cristiano escrito en el siglo XVIII por el inglés John Newton. Versiones de la canción podréis encontrar mil y una. Casi todos los grandes de la música la han versionado, desde Aretha Franklin a Sufjan Stevens , pasando por Elvis Presley , Al Green , Louis Armstrong , Joan Baez , Jhonny Cash , Bryan Ferry , Nana Mouskouri , Susan Boyle o el mismísimo Steven Tyler, que tiene la suya junto a Juliette Hamilton . Según comentan en esta página de Facebook asociada a la campaña, el cover ha sido realizado en exclusiva para este fin publicitario y la colgarán en breve para que todos podamos escucharla.

Pues bien aprovechamos para hacer un poco de historia sobre el tema.

“Amazing Grace” (conocido en algunas regiones hispanohablantes como “Sublime gracia”) es un himno cristiano escrito por el clérigo y poeta inglés John Newton (1725-1807) y publicado en 1779. La composición, una de las canciones más conocidas en los países de habla inglesa, transmite el mensaje cristiano de que el perdón y la redención es posible a pesar de los pecados cometidos por el ser humano y de que el alma puede salvarse de la desesperación mediante la Gracia de Dios.

Newton escribió la letra a partir de su experiencia personal. Educado sin ninguna convicción religiosa, a lo largo de su juventud vivió varias coincidencias y giros inesperados, muchos de ellos provocados por su recalcitrante insubordinación. Fue forzado a unirse a la Royal Navy y, como marinero, participó en el mercado de esclavos. Durante una noche, una tormenta golpeó tan fuertemente su embarcación que, aterrorizado, imploró la ayuda de Dios, un momento que marca el comienzo de su conversión espiritual. Su carrera como tratante de esclavos duró algunos años más, hasta que abandonó la marina para estudiar teología.

Ordenado sacerdote de la Iglesia de Inglaterra en 1764, Newton fue nombrado párroco de Olney (Buckinghamshire), donde comenzó a componer himnos junto al poeta William Cowper. “Amazing Grace” fue escrito para ilustrar un sermón en el día de Año Nuevo de 1773. No se sabe si había música para acompañar los versos, puesto que pudo ser recitado por los feligreses sin melodía. Fue impreso por primera vez en 1779 dentro de la colección de Himnos de Olney de Newton y Cowper. A pesar de ser relativamente desconocido en Inglaterra, “Amazing Grace” fue usado extensamente durante el Segundo Gran Despertar en Estados Unidos a comienzos del siglo XIX. La letra ha sido adaptada a más de veinte melodías, si bien la más conocida y frecuente en la actualidad es la llamada “New Britain”, que fue unida al poema en 1835.

El autor Gilbert Chase ha escrito que “Amazing Grace” es «sin lugar a dudas, el más famoso de todos los himnos populares», mientras que Jonathan Aitken, biógrafo de Newton, estima en su obra que el himno es cantado cerca de diez millones de veces cada año. Ha tenido una particular influencia en la música folk y es un cántico emblemático de los espirituales americanos. “Amazing Grace” contempló un resurgir de su popularidad en los Estados Unidos durante la década de 1960 y desde entonces ha sido interpretado miles de veces, siendo un clásico de los cancioneros populares dentro de los países de habla anglosajona.


Los Himnos de Olney

Olney era una barriada de cerca de 2.500 habitantes cuya principal industria era la fabricación artesanal de encaje. La mayor parte de la población era analfabeta y pobre. La predicación de Newton fue desde el comienzo original, puesto que compartía desde el púlpito muchas de sus experiencias, mientras que lo habitual era que los clérigos hablasen desde la distancia, sin admitir ningún acercamiento al pecado o las tentaciones. Newton quiso vivir el día a día de sus parroquianos y era muy apreciado, a pesar de que sus escritos y expresión eran mejorables. Era conocido por su devoción y dedicación; él mismo afirmaba que su misión era «romper los corazones duros y curar los rotos». Trabó amistad con William Cowper , un escritor que había fracasado en su carrera como abogado y había sufrido brotes de locura, con varios intentos de suicidio. Vivió una experiencia de conversión similar a la de Newton y disfrutaba de su compañía. Juntos, el efecto sobre los feligreses fue impresionante: en 1768 comenzaron a celebrar una reunión de oración semanal para responder a un número cada vez mayor de parroquianos y escribieron lecciones para los niños del barrio.

En parte por la influencia de Cowper y en parte por la costumbre de que los clérigos letrados escribieran versos, Newton comenzó a componer himnos utilizando el lenguaje popular de sus feligreses, lo que favoreció su distribución y comprensión. En la misma época florecieron otros prolíficos escritores de himnos religiosos, como Isaac Watts , cuyos himnos conocía Newton desde la infancia, y Charles Wesley . El hermano de este último, John , que después sería el fundador del metodismo , había animado a Newton a entrar en el estado clerical. Watts, un pionero en la composición de himnos en lengua inglesa basados en los salmos bíblicos , había escrito previamente un himno titulado “Alas! And Did My Saviour Bleed” que contenía los versos “Amazing pity! Grace unknown!/ And love beyond degree!”. Philip Doddridge , otro conocido autor de himnos escribió en 1755 otro himno titulado “The Humiliation and Exaltation of God’s Israel” que comienza con los versos “Amazing grace of God on high!”, además de otras similitudes con la obra de Newton. Los himnos más importantes de Watts estaban escritos según la medida común de 8.6.8.6, es decir, la primera línea es de ocho sílabas y la segunda es de seis. Según el biógrafo Jonathan Aitken, Watts fue una gran influencia en muchas de las composiciones de Newton.

Newton y Cowper intentaron presentar un poema o un himno para cada encuentro semanal de oración. La letra de “Amazing Grace” fue escrita a finales de 1772 y probablemente utilizada para la oración el 1 de enero de 1773. En 1779 se publicó anónimamente una colección de los poemas de ambos autores bajo el título de Himnos de Olney . Newton contribuyó con 280 de los 348 textos del libro. El poema que comienza con el verso «Amazing grace! How sweet the sound» está precedido del título «1 Chronicles 17:16-17, Faith’s Review and Expectation».

Análisis crítico

El impacto general de los Himnos de Olney fue inmediato y se convirtieron en una herramienta ampliamente utilizada por los predicadores evangélicos en Gran Bretaña durante muchos años. Los estudiosos apreciaban la poesía de Cowper más que el lenguaje sencillo de Newton, fruto de su fuerte personalidad. Los temas más comunes en los versos escritos por Newton en los himnos son la fe y la salvación , asombrándose de la Gracia divina y de su amor por Jesucristo , a través de exclamaciones de la alegría que sentía tras su conversión. Como reflejo de la conexión de Newton con sus parroquianos, escribió muchos de sus versos en primera persona , reconociendo su propia experiencia de pecado . Bruce Hindmarsh, en su obra Sing Them Over Again To Me: Hymns and Hymnbooks in America considera “Amazing Grace” como un excelente ejemplo del estilo testimonial de Newton y del uso de su propia perspectiva. En la época de publicación de los himnos, muchos fueron considerados grandes obras (no “Amazing Grace”), mientras que otros parecieron haber sido incluidos en la colección sólo para rellenar los huecos dejados por Cowper. Jonathan Aitken considera a Newton, refiriéndose específicamente a “Amazing Grace”, «un desvergonzado letrista de mediana cultura escribiendo para una congregación sin ninguna cultura», destacando que sólo 21 de las palabras utilizadas en las seis estrofas tienen más de una sílaba .

William Phipps en el Anglican Theological Review y el autor James Basker han interpretado la primera afirmación de “Amazing Grace” como una prueba de que Newton consideraba su participación en el comercio de esclavos como su gran infamia, reflejando la opinión popular al respecto. De hecho, Newton unió fuerzas con un joven político idealista, William Wilberforce , miembro del Parlamento británico y principal impulsor de la campaña parlamentaria por la abolición de la esclavitud en el Imperio ritánico , que culminó en la Slave Trade Act de 1807. Sin embargo, a pesar de que Newton se convirtió en un destacado abolicionista tras dejar Olney en la década de 1780, nunca conectó el himno que se convertiría en “Amazing Grace” con sus sentimientos contra la esclavitud. Al mismo tiempo, completó su diario, actualmente perdido y que comenzó 17 años antes, dos después de abandonar el mar. La última entrada, de 1772, era un resumen de cuánto había cambiado hasta entonces. Las letras de los Himnos de Olney fueron colocadas según su asociación con los versículos bíblicos que Newton y Cowper utilizaban en sus reuniones de oración y no tenían ningún objetivo político. Para Newton, el comienzo del año era una buena oportunidad para reflexionar sobre el propio progreso espiritual.

El título adscrito al himno, del Primer libro de las Crónicas , se refiere a la reacción del Rey David ante la profecía de Natán de que Dios mantendrá su heredad para siempre. La tradición teológica cristiana ha interpretado a menudo esta profecía como referida a Jesucristo, como descendiente de David, mesías prometido para la salvación de los pueblos. El sermón de Newton el primer día de 1773 se centraba en la necesidad de expresar el propio agradecimiento a la guía de Dios, puesto que Dios está implicado en las vidas diarias de los creyentes aunque éstos no se den cuenta, de tal modo que la paciencia y la abnegación en las pruebas de cada día será recompensada en las prometidas glorias de la eternidad. Newton se consideraba a sí mismo un pecador, como David, elegido sin merecerlo. De acuerdo con el mismo Newton, los pecadores no arrepentidos estaban «cegados por el dios de este mundo» hasta que «la misericordia viene a nosotros no sólo sin merecerla o desearla (…) con nuestros corazones empeñados en callarla hasta que viene con el poder de su gracia».

El Nuevo Testamento sirvió de base para la letra de “Amazing Grace”. El primer verso, por ejemplo, está relacionado con la parábola del hijo pródigo , recogida en el evangelio de Lucas , donde el padre dice: «porque este hijo mío estaba muerto y vive de nuevo, estaba perdido y ha sido encontrado». Por su parte, la historia del ciego curado por Jesús que dice a los fariseos que ahora puede ver procede del evangelio de Juan . Newton utiliza las palabras «Estaba ciego pero ahora veo» y declara «¡oh! qué gran deudor soy a la Gracia» en sus diarios y cartas desde 1752. De acuerdo con Bruce Hindmarsh, el efecto de ambas estrofas en el himno permite un instante de liberación en la exclamación «¡Asombrosa Gracia!», que es inmediatamente seguida por la respuesta «qué dulce el sonido». En la obra An Annotated Anthology of Hymns , se califica a estas exclamaciones iniciales de «crudas pero efectivas» en una composición general que «sugiere una declaración de fe fuerte y simple». La Gracia divina es invocada en tres ocasiones en los versos siguientes, culminando en la historia personal de Newton acerca de su conversión, en la línea indicada de testimonio personal. La inestabilidad mental de Cowper volvió poco después de estrenarse el himno, por lo que Steve Turner, autor de Amazing Grace: The Story of America’s Most Beloved Song , sugiere que Newton podía tener a su amigo en mente mientras componía la letra, al que dedicaría los temas de garantía de salvación por medio de la Gracia.

Amazing Grace, how sweet the sound,
That saved a wretch like me.
I once was lost but now am found,
Was blind, but now I see.

T’was Grace that taught my heart to fear.
And Grace, my fears relieved.
How precious did that Grace appear
The hour I first believed.

Through many dangers, toils and snares
I have already come;
‘Tis Grace that brought me safe thus far
and Grace will lead me home.

The Lord has promised good to me.
His word my hope secures.
He will my shield and portion be,
As long as life endures.

Yea, when this flesh and heart shall fail,
And mortal life shall cease,
I shall possess within the veil,
A life of joy and peace.

When we’ve been here ten thousand years
Bright shining as the sun.
We’ve no less days to sing God’s praise
Than when we’ve first begun.

El secreto del enigmático Fulcanelli


ABC.es

  • Se cumplen 50 años de la publicación en España de «El misterio de las catedrales»

Vidriera de la catedral de Notre Dame de París – WIKIPEDIA

«La más fuerte impresión de nuestra primera juventud -teníamos a la sazón siete años- de la que conservamos todavía vívido recuerdo, fue la emoción que provocó en nuestra alma de niño la vista de una catedral gótica. Nos sentimos inmediatamente transportados, extasiados, llenos de admiración, incapaces de sustraernos a la atracción de lo maravilloso, a la magia de lo espléndido, de lo inmenso, de lo vertiginoso que se desprendía de esta obra más divina que humana». En 1967 los españoles leían por primera vez en castellano estas primeras líneas de uno de los libros más enigmáticos jamás publicado. Todo en «El misterio de las catedrales» intrigaba -y aún intriga-: ¿Qué enigma escondían las catedrales? ¿Qué secreto se revelaba entre sus páginas? ¿Quién se ocultaba bajo el seudónimo de Fulcanelli?

El libro había visto la luz por primera vez en Francia en 1926, en una edición de apenas 300 ejemplares lujosamente ilustrada por el pintor Jean Champagne. Firmaba el prólogo el joven Eugène Canseliet, que se presentaba como discípulo del autor. Aquella primera edición «no tuvo repercusión, pero con la segunda y tercera las ventas se dispararon hasta convertirse en un auténtico fenómeno», recuerda el historiador José Luis Corral. El París de entreguerras, donde existía un movimiento de apasionados por los misterios, el ocultismo y la alquimia, era «un campo de cultivo bien abonado» para un libro que aplicaba todos esos temas a las catedrales góticas.

Para el enigmático Fulcanelli, las catedrales constituían un compendio de todos los conocimientos de la alquimia medieval. Los principios de la sabiduría hermética se encontraban allí expuestos, a la vista de todos, pero a través de símbolos incomprensibles para los no entendidos. El alquimista relacionaba, por ejemplo, la planta de las catedrales en forma de cruz con el crisol alquímico y vinculaba los siete medallones de la Virgen en la fachada de Nôtre Dâme con los siete metales del proceso alquímico para la obtención de oro. Afirmaba que el «arte gótico» procedía del término «argot», un lenguaje secreto que solo los iniciados conocían y que la luz que penetraba en el interior de las catedrales poseía propiedades taumatúrgicas porque las vidrieras filtraban los rayos dañinos del sol.

«Los apasionados del esoterismo lo consideraron como su libro de cabecera, pero los académicos lo vieron como una especie de broma sin interés», continúa el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza que se interesó en Fulcanelli en 2004, cuando comenzó a escribir su novela «El número de Dios», ambientada en la construcción de las catedrales góticas de Burgos y León. Después llegarían «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008) o «El enigma de las catedrales» (2012), sobre los mitos y misterios de la arquitectura gótica.

En España, la obra de Fulcanelli no tuvo tanta repercusión como en Francia, al menos hasta los años 70 del siglo XX, pero lleva publicándose de forma ininterrumpida durante medio siglo. Si ese logro ya constituye un misterio en sí para cualquier libro, mucho más para un oscuro tratado de alquimia como «El misterio de las catedrales». A juicio de Javier Sierra, su secreto es que «contiene un material imperecedero y altamente fascinante».

«La clave está en que nos enseña a “leer” el arte gótico en general, y las fachadas de la catedral de Notre Dame de París en particular, utilizando la rica simbología de la alquimia. De hecho, nos obliga a preguntarnos cuánto de ese saber “hermético” manejaron los maestros constructores del gótico y de dónde lo obtuvieron», explica el escritor. Ésa es, en su opinión, la mayor aportación del libro: «Nos enseñó a “leer” las catedrales, no solo a (ad)mirarlas».

Para José Luis Corral, ese contenido lleno de simbolismo y con diferentes vías de interpretación es una de las claves que explican su éxito, aunque el misterio siempre ha atraído a miles de lectores «sobre todo si se mezclan y confunden como es el caso de este libro, realidad y fantasía». Historiográficamente, aclara el historiador de la Universidad de Zaragoza, «no aporta nada y está lleno de errores de interpretación» ya que, por ejemplo, «considera como originales de la Edad Media, y así las analiza, esculturas que se labraron en el siglo XIX en las obras de restauración de la catedral de Nuestra Señora de París y lo mismo hizo con las vidrieras, que tampoco eran, salvo el rosetón norte, medievales».

«En cuanto a la interpretación de aspectos lingüísticos, como derivar la palabra “argot” del concepto “arte gótico” y decir que el argot era “el lenguaje de los pájaros” es absurdo», continúa el historiador.

El misterio del misterio

El verdadero secreto del interés que aún hoy despierta Fulcanelli es, a su juicio, «el misterio que rodeó a su autor en todos los sentidos, desde su desconocida e intrigante personalidad hasta su desaparición».

Carlos J. Taranilla de la Varga lo incluye entre los personajes enigmáticos de los que escribe en su último libro sobre «Grandes enigmas y misterios de la Historia» (2017). «A día de hoy, no se sabe a ciencia cierta su identidad. Fulcanelli quedó en el anonimato», subraya este escritor y divulgador leonés antes de relatar un episodio que contribuyó a aumentar su halo misterioso.

En el libro «El retorno de los brujos» (también traducido como «El amanecer de los magos»), se recoge un episodio supuestamente ocurrido en 1937 en el que el científico Jacques Bergier «creyó tener excelentes razones para creer que se hallaba en presencia de Fulcanelli». Bergier trabajaba entonces como ayudante del científico pionero en la investigación nuclear André Helbronner en un laboratorio de ensayos de la Sociedad del Gas, de París, cuando un «misterioso personaje» le advirtió de los peligros de la energía nuclear.

«Los trabajos a que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos. Y no son solo ustedes los que están en peligro, sino también la Humanidad entera (…) Pueden fabricarse explosivos atómicos con algunos gramos de metal, y arrasar ciudades enteras. Se lo digo claramente: los alquimistas lo saben desde hace mucho tiempo (…) Bastan ciertas disposiciones geométricas, sin necesidad de utilizar la electricidad o la técnica del vacío», contaba Bergier que le dijo aquel hombre, anticipándose en ocho años a la detonación de la primera bomba atómica.

«Queda ese enigma de si era Fulcanelli y de si se adelantó con sus declaraciones a los acontecimientos nucleares», admite Taranilla de la Varga algo receloso, porque ese episodio fue escrito por Louis Pauwells «a toro pasado, ya que el libro se publicó en 1963». «Todo huele a tufo», añade.

Javier Sierra indica que, «por desgracia», no existe ningún documento anterior de Bergier que pruebe la veracidad de este testimonio recogido en «El retorno de los brujos». El escritor describe a Bergier como «un hombre fascinante, que estuvo implicado en mil campos -desde el espionaje a la ciencia de vanguardia- y una fuente inagotable de anécdotas». La de Fulcanelli «es una más», aunque sus libros rebosan de otras no menos intrigantes, según Sierra.

«Siempre estuvo muy obsesionado con el uso bélico de la energía nuclear. Solo eso explica que años después afirmase que el famoso manuscrito Voynich, ese libro indescifrable medieval que se guarda en la Universidad de Yale, era en verdad un tratado para el manejo de la fuerza del átomo», añade.

El supuesto encuentro habría tenido lugar ocho años después de que saliera a la venta un segundo libro de Fulcanelli, «Las moradas filosofales» (1929), en el que ampliaba sus teorías alquímicas a otros edificios góticos civiles y militares. Después, desapareció. No así las conjeturas sobre su identidad, que no dejaron de proliferar. Se pensó en su prologuista, en el pintor, en un tal Rosny el Viejo (escritor de obras esotéricas), en el Doctor Jaubert y otros aficionados al ocultismo como Castelot, Fauguerons o Dujols… También se sostuvo que tras el seudónimo se amparaba un colectivo de masones, alquimistas y ricos aficionados a las ciencias ocultas de París que se hacían llamar Los Hermanos de Heliópolis, a los que Fulcanelli dedicó su obra.

«Los únicos que le conocían, Canseliet y Champagne, sostenían lacónicamente que se trataba de un aristócrata de mediana edad, con cuya fortuna había estado a las puertas de descubrir la piedra filosofal», relata Taranilla de la Varga en su libro.

Sevilla y la conexión Heliópolis

Las especulaciones lo llevaron hasta Sevilla, donde varios discípulos dijeron haberlo visto en los años 50, con una apariencia mucho más joven de la que correspondería a su edad debido a que había comprobado los efectos del elixir de larga vida. Allí lo situó José Luis Corral en su novela «Fulcanelli. El dueño del secreto» (2008), vinculando al misterioso alquimista con el barrio sevillano de Heliópolis.

«Cuando se hizo en 1929 la gran Exposición Universal de Sevilla, varios masones participaron en el diseño de la misma. El barrio nuevo que se construyó para albergar los edificios de la exposición recibió el nombre de Heliópolis, “la ciudad del sol”, nombre extraño y ajeno por completo a Sevilla», explica Corral.

Él, sin embargo, no cree que Fulcanelli fuera una única persona. «Se han propuesto varios nombres, todos ellos miembros de las tertulias que se reunían en las librerías de temas esotéricos en el barrio de Montparnasse en París. Probablemente se trate de un colectivo formado por varios de ellos, pues el estilo del libro “El misterio de las catedrales” parece obra de varias manos», afirma.

¿Un anagrama?

Para Javier Sierra, «quizá la clave se esconda en el propio pseudónimo de “Fulcanelli”» y en esa primera edición de «El misterio de las catedrales» de 1926, de la que se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Francia en París y media docena de ejemplares (hoy de gran valor) más en manos de particulares o bibliotecas masónicas. El escritor explica que con las letras de su nombre se puede armar una misteriosa frase en francés: «l’écu final» (el escudo final) y en la edición original de 1926 -no en posteriores ni en las traducciones- figura un escudo con otra misteriosa frase: «Uber Campa Agna». «Qué curioso que el nombre completo de Julien Champagne, uno de los eternos candidatos a ser Fulcanelli, un artista bohemio y ocultista del París de principios del siglo XX, fuera Julien Hubert Champagne. Uber Campa Agna, pronunciado a la francesa y rápido, recuerda a ese nombre. Eso es cábala fonética, algo que lauda repetidamente “El misterio de las catedrales”», constata.

En 1999, Jacques d’Arès causó un gran revuelo al sacar a la luz un manuscrito presuntamente escrito por Fulcanelli titulado «Finis gloriae mundi», como el célebre cuadro de Juan de Valdés Leal. Surgieron muchas dudas, «razonables» en opinión de Sierra, porque «ese libro, citado por Fulcanelli, nunca se publicó en vida de éste». Tras leer lo que se ha publicado después sobre él, el escritor considera que «no es improbable que sean notas incompletas del mismo autor de “El misterio de las catedrales” y “Las moradas filosofales”». José Luis Corral discrepa: «Mi opinión es que Fulcanelli, fuera quien fuese, no es el autor de este libro, sino alguien que aprovechó el nombre para intentar seguir atesorando éxito, que no logró».

La identidad de Fulcanelli nunca se ha aclarado, probablemente porque nunca se ha abordado una investigación en serio al respecto, a juicio de Corral. «Cuando se ha hecho desde los “incondicionales” ha primado mantener el misterio y el academicismo -especialmente el francés, que es muy rígido, conservador y poco atrevido- no ha querido entrar en ello por parecerle un tema impropio de una investigación seria. Y así seguimos».

Descubre cómo eran los primeros parabrisas de la historia


ABC.es

  • Los conductores usaban gafas para protegerse del polvo de los caminos, hasta que a principios del Siglo XX se comenzaron a introducir los primeros cristales frontales de protección

Los conductores de los primeros coches solían usar gafas para protegerse del viento, polvo y de las piedras que podían saltar de los caminos. A principios del Siglo XX se comenzaron a introducir los primeros cristales frontales de protección. Estos parabrisas estaban compuestos por dos hojas de cristal horizontales desplazables: cuando la mitad superior se ensuciaba, el conductor podía plegarla seguir adelante.

Pero pronto los parabrisas se ganaron mala fama, pues en un accidente se rompían en mil pedazos y causaban lesiones en los ocupantes, viandantes y motoristas; lo que también comenzó a provocar numerosas demandas. Por este motivo, cuando aparecieron los primeros coches cerrados, con cristales en los cuatro lados, muchas personas tenían miedo a subirse en ellos.

En los años ’20 del siglo pasado Henry Ford se convence de que hay que fabricar cristales de automóvil -sobre todo, el parabrisas- más seguros; ya fuera por que varios amigos habían sufrido accidentes, por las demandas recibidas o porque no le gustaba que la ventana trasera del Modelo T distorsionara la realidad. A Ford también le preocupaba la escalada del precio del cristal, cuyos fabricantes no podían absorber la creciente demanda por parte de los fabricantes.

Por estos motivos, Ford le encarga a Clarence Avery, el «genio» mecánico de la empresa, que busque una nueva forma de fabricación que consiga un cristal más resistente y barato. Junto al especialista Pilkington crean un nuevo proceso de fabricación de vidrio mucho más resistente y barato, pues se produce en la misma planta de River Rouge de Ford.

El cristal laminado se descubrió por casualidad

El parabrisas laminado es uno de los inventos que más vidas ha salvado y lesiones ha evitado en la carretera. Y se descubrió por casualidad en 1903, cuando al inventor francés Edouard Benedictus se le cayó al suelo un vaso de vidrio y no se rompió en mil pedazos. ¿La causa? Ese vaso había contenido nitrato de celulosa y la película seca que quedó sobre el cristal mantuvo los trozos unidos cuando este se rompió.

En Inglaterra, John C. Wood hace un descubrimiento similar en paralelo, pero es Benedictus quien presenta en 1909 la patente de dos capas de vidrio con una de celulosa entre ellas. En 1911 crea la Société du Verre Triplex, que fabricó un compuesto de vidrio y plástico para reducir las lesiones en accidentes automovilísticos.

El cristal laminado fue muy utilizado en las máscaras de gas durante la Primera Guerra Mundial, pero tardó en popularizarse en el mundo del automóvil por su precio y porque la capa intermedia se decoloraba con el paso del tiempo. Lo primero cambió tras la huelga de la Federación de Trabajadores de Vidrio de Estados Unidos de 1937. Lo segundo se solucionó en 1938, cuando Carleton Ellis fabricó el butiral de polivinilo. En 1939, un anuncio de Ford decía que “el cristal de seguridad ‘Indestructo’ da la protección más completa. Además de no romperse en mil pedazos, es cristalino y nunca se decolora”.

No fue hasta bien entrada la década de los ’30 cuando los parabrisas laminados se popularizan y se convierten en una de las innovaciones de seguridad más importantes de la historia del automóvil, por varios motivos. El primero, que el cristal ya no se astilla en mil pedazos, reduciéndose las lesiones a los ocupantes en caso de accidente. El segundo es que, al ser más resistente, evita que los pasajeros salgan despedidos fuera del coche en una colisión. Y el tercero, que aumenta la rigidez estructural del coche y protege del aplastamiento del techo en caso de vuelco.

Parabrisas pioneros

Oldsmobile fue la primera marca que incluyó el parabrisas como un elemento de serie en todos sus vehículos, en el año 1915. Ford lo ofrecía desde 1908 en su Modelo T, como una opción con un sobreprecio de 100 dólares (en un paquete junto al velocímetro y los faros), un precio algo elevado si tenemos en cuenta que la versión más económica de este modelo costaba 825 (18.000 dólares actuales). El primer parabrisas laminado de serie lo montó un Rickenbacker en 1926, dos años después de que Lincoln equipara a varios departamentos de policía con el modelo Police Flyers, que montaba un parabrisas a prueba de balas, realizado en vidrio y policarbonato, de 2,5 cm. de grosor.

El primer parabrisas de una sola pieza con formas curvas lo empleó Chrysler en 1934, en su modelo Airflow Custom Imperial 8. Mucho más tarde llegó el primer parabrisas panorámico, del que presumía el concept car de General Motors LeSabre, presentado en 1951.

A principios de los años ’30, Cadillac y Chevrolet comenzaron a diseñar coches con el parabrisas inclinado, por diseño y aerodinámica. En 1936 General Motors introduce el parabrisas dividido verticalmente en sus coches. Y hay una patente de esos años del primer sistema antiempañamiento.

La historia de Ford con los parabrisas escribió un nuevo capítulo con el impresionante Ford GT de 2016, primer coche del mundo que monta un parabrisas con cristal ‘Gorilla Glass’. Desarrollado para las pantallas de los smartphones, es más ligero (hasta un 30%, lo que permite ahorrar 5 kilos de peso), delgado (un 25%) y resistente a los arañazos que el vidrio tradicional. Está creado con muchas capas: una interior reforzada, una intermedia termoplástica absorbente de ruido y un vidrio recocido de capa externa.