Historia y Rutas de Escalada del K2


El K2 es una montaña del continente asiático, situada en la cordillera del Karakorum. Es la segunda más alta del mundo con sus 8.611 m de altura máxima sobre el nivel del mar, sólo superada por el monte Everest. Está ubicada en Pakistán, cerca de la frontera con China, es también conocida como Dapsang (‘Pico Escondido’), y antiguamente como monte Godwin-Austen, nombre que recuerda al coronel H. H. Godwin Austen, primer topógrafo del monte. La actual denominación de K2 se explica porque fue el segundo monte de la cordillera del Karakorum del que se tomaron sus dimensiones aproximadas. La montaña fue originariamente descubierta a mediados del siglo XIX por el coronel T.G. Montgomery, del Instituto de planimetría de la India.

Una expedición italiana finalmente consiguió su objetivo el 31 de julio de 1954.

 

Aparece salpicado por diversos glaciares, algunos de ellos tributarios del Baltoro. Su cima fue alcanzada por primera vez en 1954 por una expedición italiana dirigida por el geólogo, paleontólogo, geógrafo y escritor Ardito Desio (1897-2001). Está considerada en el mundo del alpinismo como la montaña más peligrosa y difícil de escalar, de hecho en el intento de conquistar su cima han perdido la vida varios montañeros. En agosto de 1995 se produjo una de las mayores tragedias ocurridas en sus faldas: una tormenta de viento se llevó consigo a seis miembros de varias expediciones cuando iniciaban el descenso después de haber alcanzado la cumbre.

Historia

La montaña fue registrada en 1856 por un equipo topográfico europeo dirigido por el británico Henry Haversham Godwin-Austen. Thomas George Montgomerie, un miembro del equipo la llamó “K2” por ser el segundo pico del Karakórum. Las otras montañas importantes fueron llamadas originalmente K1, K3, K4, y K5, pero fueron posteriormente renombradas a, respectivamente, Masherbrum, Broad Peak, Gasherbrum II y Gasherbrum I.

El primer intento serio de ascensión fue organizado en 1902 por Oscar Eckstein y Aleister Crowley pero, después de varios intentos, ningún miembro de la expedición consiguió alcanzar la cima, posiblemente, por una combinación de falta de entrenamiento físico, conflictos personales y condiciones meteorológicas desfavorables. De los 68 días pasados en el K2 (en aquel momento un récord de permanencia en altitud) sólo 8 fueron de tiempo claro. Consiguieron llegar hasta los 6.500 metros por la arista NE.

Además, hubo varios intentos posteriores sin éxito. La expedición de 1909 dirigida por Luis Amadeo de Saboya, Duque de los Abruzos, alcanzó una altitud de 6666 metros en lo que hoy se conoce como el espolón de los Abruzos, que el propio Luis Amadeo reconoció como la ruta más accesible, por el espolón sudoeste, y que es la vía más habitual actualmente. Poco después, el mismo equipo intenta escalar el cercano Chogolisa, de 7654 m, llegando hasta los 7500 m cuando el mal tiempo los obligó a regresar. Durante más de 10 años esa será la máxima altura alcanzada por un ser humano.

Tras una expedición fallida en 1934, Charles Houston (que ya habría liderado junto con Tilman la expedición al Nanda Devi en 1936 y liderará la expedición de 1950 al Everest por la vía sur) lidera en 1938 una expedición estadounidense que llega a los 7900 m. Bill House, superando la complicada chimenea que lleva su nombre.

En la expedición estadounidense de 1939, liderada por Fritz Wissner, mueren Dudley Wolfe y los sherpas Pasang Kikuli, Pasang Kitar y Pintso en el espolón de Abruzzos; son las cuatro primeras víctimas del K2. Ésta fue la primera expedición que estuvo cerca de coronar la cima, ya que Wiessner, junto a un nativo rebasó los 8300 m, superando así las mayores dificultades técnicas de la ruta del espolón de los Abruzzos.

La expedición de 1953 está de nuevo dirigida por Charles Houston. Cuando el equipo se encuentra a 7800 m, el tiempo empeora, y la tormenta les obliga a permanecer 10 días a esa altura, durante los cuales Art Gilkey enferma. Durante el desesperado descenso, todo el equipo estuvo a punto de despeñarse, siendo salvados por Pete Schoening. Gilkey no volvió a aparecer: bien desapareció en una avalancha, bien de forma voluntaria para evitar ser una carga para los demás miembros del equipo.

Una expedición italiana finalmente consiguió su objetivo el 31 de julio de 1954. La expedición fue dirigida por Ardito Desio, aunque los dos escaladores que alcanzaron la cima fueron Lino Lacedelli y Achille Compagnoni.

El equipo incluía un miembro pakistaní, el Coronel Muhammad Ata-ullah que había participado en la expedición estadounidense anterior, que no consiguió alcanzar la cima, y en la que murió Art Gilkey. También participaron en la expedición el famoso escalador italiano Walter Bonatti y el porteador pakistaní Hunza Mahdi, cuya labor en el traslado de botellas de oxígeno resultó vital para el éxito de la expedición, en la que debieron efectuar un vivac a 8100 metros debido a un malentendido con Lacedelli y Compagnoni. Esta acampada al aire libre y a esa altura escribiría otro capítulo en la historia del alpinismo en el Himalaya.

El 9 de agosto de 1977, 23 años después de la expedición italiana, Ichiro Yoshizawa dirigió la segunda ascensión a la cima que culminó con éxito, con Ashraf Amman como el primer escalador pakistaní. La expedición ascendió por el Espolón de los Abruzzos, abierto por los italianos, y utilizó hasta 1.500 porteadores para conseguir su objetivo.

1978 fue el año de la tercera ascensión, esta vez por una nueva ruta, la larga arista este (al final de la vía se atraviesa hacia la izquierda sobre la cara este para evitar un precipicio y se une con la parte alta de la vía de los Abruzos). Esta ascensión fue realizada por un equipo estadounidense, dirigido por el renombrado James Whittaker (primer estadounidense que escaló el Everest). El resto del equipo estaba compuesto por Louis Reichardt, James Wickwire, John Roskelley y Rick Ridgeway. Wickwire soportó una noche en vivac, 150 metros por debajo de la cima, a una altura en la que nadie antes había permanecido una noche. La ascensión tuvo una gran importancia para el equipo estadounidense, ya que significó completar la tarea iniciada en 1938, 40 años antes.

La cuarta ascensión absoluta a la cima tiene lugar en 1979 por la expedición dirigida por Reinhold Messner. Tras rechazar por su enorme dificultad la ruta conocida como “Magic Line”, usan la ruta habitual del espolón de los Abruzzos.

En 1981 una expedición japonesa alcanza la cima por la arista suroeste abriendo una nueva vía (anteriormente en esta ruta habían fracasado dos expediciones británicas dirigidas por Chris Bonington). En esta expedición se alcanza por primera vez la punta oeste del K2 (8230 m), que no es considerada una cumbre secundaria.

Otra notable ascensión fue la realizada por una nueva expedición japonesa que llegó a la cima por la difícil arista norte (ver descripción de rutas más adelante), desde la parte china de la montaña, en 1982. El equipo de la “Asociación de Montañismo de Japón” dirigido por Iso Shinkai y Masatsugo Konishi puso tres miembros en la cima, Naoe Sakashita, Hiroshi Yoshino, y Yukihiro Yanagisawa, el 14 de agosto. Sin embargo, Yanagisawa murió al caerse durante el descenso. Otros cuatro miembros alcanzaron la cima al día siguiente.

En 1983 tienen lugar las dos primeras expediciones españolas (ambas sin éxito): una expedición Navarra por el espolón de los Abruzzos, y otra de Al filo de lo imposible que alcanza los 8.250 m. por la vía japonesa de la cara oeste.

En el año 1986 el ascenso a la montaña se populariza: además de varias ascensiones por el espolón de los Abruzzos (una de ellas lleva a la cumbre a los 2 primeros españoles en conseguirlo, Mari Abrego y José María Casimiro), Jerzy Kukuczka y Tadeusz Piotrowski abren la cara sur por el espolón central (aunque Piotrowski fallecerá durante el descenso), una expedición checo-polaca consigue llegar a la cima por la “Magic Line” del espolón SSO y Tomo Cesen abre inaugurando en solitario el pilar derecho de la cara sur, ruta que aún lleva su nombre. Además, Wanda Rutkiewicz y Liliane Barrard se convierten en las primeras mujeres en llegar a la cima. A pesar de los éxitos, resulta un año muy trágico (ver La Tragedia del K2), ya que fallecen 13 alpinistas: los estadounidenses Alan Pennington y John Smolich, los franceses Liliane y Maurice Barrard, el italiano Renato Casarotto, los polacos Dobroslawa Wolf, Tadeusz Piotrowski y Woiciech Wröz, el pakistaní Mohammed Ali, los austriacos Alfred Imitzer y Hannes Wieser y los ingleses Alan Rouse y Julie Tullis. Kurt Diemberger lo relata en su libro “K2, nudo y destino”.

En 1995, tras hacer cima, el brusco cambio de las condiciones atmosféricas sorprende a la cordada aragonesa formada por Javier Escartín, Javier Olivar y Lorenzo Ortiz. Fallecieron los tres. También mueren la británica Alison Heargraves, el neozelandés Bruce Grant y el canadiense Jeff Lakes.

La escalada del K2 más importante realizada por alpinistas españoles fue en el año 2004, cuando una cordada catalana integrada por Oscar Cadiach, Manel de la Matta y Jordi Corominas ascendieron por la “Magic Line”, la segunda ruta más difícil y peligrosa de la montaña (calificada por Reinhold Messner como “ruta suicida”) y que solamente había sido subida una vez anterior. La cima fue alcanzada por Jordi Corominas, que realizó el descenso por la más habitual vía de los Abruzzos, mientras que Manel de la Matta falleció de agotamiento (posiblemente complicada por peritonitis) bajando la “Magic Line” conjuntamente con Cadiach.

Hoy en día, la montaña ha sido escalada por todas sus aristas. Aunque la montaña es de menor altura que el Everest se considera que es más difícil de ascender por su terrible climatología y su mayor altura comparativa respecto al terreno circundante. Se dice que la montaña representa la escalada más difícil de mundo, de ahí su sobrenombre de “La Montaña Salvaje”. Hasta agosto de 2004, sólo 246 personas han conseguido ascenderla,​ sin comparación con las 2238 que han logrado subir al Everest. Al menos 56 personas han muerto en el intento. 13 montañeros de distintas expediciones murieron en 1986 en la que ha sido la peor temporada hasta la fecha, denominada “La Tragedia del K2”.

La leyenda dice que el K2 tiene una maldición para las mujeres. La primera mujer en alcanzar la cumbre fue Wanda Rutkiewicz de Polonia en 1986. Las siguientes cinco mujeres en alcanzar la cumbre han muerto (tres de ellas en el descenso y las otras dos ascendiendo otros ochomiles). Rutkiewicz también murió en el Kangchenjunga en 1992. Sin embargo, la maldición parece haberse roto en 2004 cuando la española Edurne Pasabándescendió con éxito, aunque a costa de perder por congelación dos falanges de los dedos del pie, que debieron ser amputados. De nuevo en 2006, Nives Meroi de Italia y Yuka Komatsu de Japón consiguieron ser, respectivamente, la séptima y octava mujeres en alcanzar y descender el K2.

Gran parte de los ascensos al K2 se han realizado sin utilizar oxígeno, normalmente por expediciones ligeras en estilo alpino,​ sin embargo, en la temporada 2004 hubo un gran incremento en el uso de oxígeno: 28 de los 47 ascensos se realizaron con oxígeno ese año.​ Sólo ha habido tres montañeros en la historia que han sido capaces de subir esta montaña mítica en dos ocasiones, entre ellos el español Juanito Oiarzabal.

Accidentes notables

Al margen de la terrible Tragedia del K2, ocurrida en 1986 y ya mencionada con anterioridad, el 2 de agosto de 2008, once expedicionarios perdieron la vida cuando bajaban al campo base, cuando se les vino encima un alud de nieve que terminó por arrastrarlos y sepultarlos.

 

¿Qué ocurriría si cayésemos por un túnel a través de la Tierra?


El Confidencial

  • depende de su orientación respecto al eje

Una dolina en Guatemala.

Partamos de la premisa de que en ciencia no hay, a priori, preguntas absurdas, sobre todo si se trata de aprender. Jordi Pereyra, estudiante ibicenco de ingeniería mecánica de 24 años, lo sabe bien. No tanto por su faceta de alumno, sino como por su papel como divulgador. Es el autor de Ciencia de Sofá, un blog en el que explica cuestiones científicas con lenguaje cotidiano y accesible para todos.

Pero no solo explica: también responde. Pereyra dedica muchos de sus posts a responder preguntas que le envían los lectores. “¿Cómo sentiríamos la presión si nos sumergiésemos en una piscina en lo alto del Everest?”; “¿es posible aprovechar la energía de los rayos?”; “si la Luna solo pasa una vez, ¿por qué hay dos mareas altas al día?”.

¿Y si me tiro por un agujero excavado a través de la Tierra?” Se trata obviamente de una cuestión irrealizable en la práctica: el centro de la Tierra está compuesto por magma a altísimas temperaturas y las dificultades técnicas para construir un túnel en esas condiciones serían insuperables. Pero por el afán de divulgar, Pereyra se arremanga y responde a la pregunta.

Si el túnel va de un polo a otro polo

Lo primero a tener en cuenta es el movimiento de rotación de nuestro planeta sobre su propio eje: no será lo mismo si el túnel va de un polo al otro que si une dos puntos del ecuador.

Pereyra comienza con el primer caso. “Al estar excavado de polo a polo, en este túnel la rotación de la Tierra no nos va a molestar”. Solo hay que saltar por el extremo del polo norte y empezar a caer y caer y caer… Al principio, como si estuviésemos en cualquier otro punto de la superficie terrestre, tenemos toda la masa del planeta bajo nosotros atrayéndonos hacia abajo por efecto de la gravedad y acelerando nuestra caída a un ritmo de 9,81 metros por segundo cada segundo.

A medida que caemos, la masa de la Tierra deja de estar toda debajo y pasa a estar a nuestro alrededor. Puesto que parte de ella tira de nosotros hacia arriba, la caída acelera cada vez más lentamente. “Ojo, esto no significa que nuestra caída se esté frenando, porque la mayor parte de la masa del planeta sigue estando bajo nuestros pies, sino que se acelera a un ritmo menor”, señala Pereyra.

Unos 20 minutos después de saltar al interior del túnel, alcanzaríamos el centro de la Tierra. Este sería un punto de inflexión, ya que ahí tendríamos la misma cantidad de masa rodeándonos en todas direcciones y tirando de nosotros con la misma fuerza. Si en ese momento pudiésemos pesarnos, la cifra resultante sería 0 kilos. A esa altura dejaríamos de acelerar, lo que significa que habríamos alcanzado la velocidad máxima de la caída, unos 7.900 metros por segundo.

Una velocidad que no mantendríamos durante mucho tiempo porque, una vez sobrepasado el centro, tendríamos más masa por encima de nosotros que por debajo, y por tanto la fuerza gravitatoria tiraría más de nosotros hacia arriba que hacia abajo, y la caída empezaría a desacelerar.

Depende de lo bien que te lo hayas pasado, podrías dejarte caer cuantas veces quieras y repetir el proceso infinitamente

Según nos vamos acercando al final y cada vez más masa está sobre nosotros, la caída es cada vez más lenta hasta que al llegar a la salida del túnel en el polo sur, ésta se detiene por completo. Aquí tendríamos dos opciones: sujetarnos con fuerza al borde e impulsarnos para poder salir, o quedarnos quietos y dejarnos caer de nuevo hacia abajo (lo que antes era arriba), y repetir el proceso. “Depende de lo bien que te lo hayas pasado, podrías dejarte caer cuantas veces quieras y repetir el proceso infinitamente”, explica Pereyra.

Si el túnel conecta dos puntos del ecuador

Esta es la manera bonita de hacerlo, dice, porque si el túnel es en horizontal, la cosa cambia. “Si saltas a través de este túnel vas a enfrentarte a la influencia de tu amigo el efecto Coriolis, pero la amistad probablemente durará poco”.

El efecto Coriolis es el efecto que se observa en un sistema en rotación cuando un cuerpo se encuentra en movimiento respecto a este sistema. Consiste en la existencia de una aceleración relativa del cuerpo en cuestión, siempre perpendicular al eje de rotación del sistema y a la velocidad del cuerpo. Vamos, que la rotación de la Tierra (en este caso, el sistema) tendrá un efecto sobre nosotros (en este caso, el cuerpo), modificando nuestra trayectoria, algo peligroso si tenemos en cuenta que estamos dentro de un túnel.

La Tierra rota sobre sí misma una vez al día. Puesto que la línea del ecuador mide 40.000 kilómetros, cualquier punto de esa línea se mueve a una velocidad de 1.667 km/h. Pero si empezamos a excavar en dirección al centro de la Tierra, a medida que avanzamos describimos una circunferencia menor en torno al eje de rotación. Puesto que tardaríamos lo mismo en hacerlo, un día, eso quiere decir que nos moveríamos más despacio.

Es decir, que nuestro túnel rotará [respecto al eje de la Tierra] a distinta velocidad según la altura a la que se encuentre la sección en la que nos fijemos, siendo máxima en las aperturas del túnel y nula en su punto medio

Cuanto más avanzamos, más lento iríamos, hasta llegar al centro, en el que la velocidad de rotación sería nula. “Es decir, que nuestro túnel rotará [respecto al eje de la Tierra] a distinta velocidad según la altura a la que se encuentre la sección en la que nos fijemos, siendo máxima en las aperturas del túnel y nula en su punto medio”.

Esto en la superficie no es problema, pero al saltar dentro sí lo es, y bastante gordo, porque las paredes que te rodean estarían moviéndose más despacio que tú. Y es que cuando un cuerpo se separa de otro que está en movimiento, conserva temporalmente su dirección.

De forma que al saltar al túnel en el ecuador no solo nos movemos en vertical hacia abajo, sino también llevamos esa aceleración horizontal a 1.667 km/h que llevábamos en la superficie sin ser conscientes de ello. La entrada del túnel se mueve a esa velocidad, pero a medida que caemos, la circunferencia en torno al eje es menor, y la velocidad es más lenta y, dependiendo de lo ancho que sea el túnel, antes o después nos estrellaremos contra sus paredes.

Seguramente no pasaría mucho tiempo antes del golpe. La superficie del planeta está a 6.137 kilómetros del eje de rotación y se mueve a 1.667 km/h. A 10 kilómetros bajo la superficie, la velocidad de rotación es de 1.604 km/h, es decir, 64 km/h más lenta que en la superficie. “Teniendo esto en cuenta, atravesaríamos los pocos metros de ancho que tendría el agujero mucho antes de alcanzar una profundidad de 10 kilómetros.”

Al golpear la pared por primera vez, continúa Pereyra, nuestra velocidad se reducirá, igualándose a la que lleve el túnel en esa profundidad. Durante unos cuantos metros llevaríamos la misma velocidad que las paredes, pero al poco tiempo volveríamos a chocar. “En realidad, una vez nos damos contra la pared, seguiremos cayendo prácticamente rozándola a menos de pegásemos un empujón para separarnos de ella”.

Esto es otro factor clave que diferencia éste del caso anterior. Al llegar al centro de la Tierra, donde su masa está repartida a nuestro alrededor de forma uniforme y tira de nosotros con la misma fuerza en todas direcciones, no llevaríamos velocidad suficiente y quedaríamos prácticamente parados. Estaríamos atrapados en el centro de la Tierra.

Escepticismo y conocimiento contra la credulidad

Pereyra ha comentado a Teknautas que lleva ya 52 de estas particulares clases de ciencias (entre sus preferidas, cuántas anguilas eléctricas harían falta para iluminar una ciudad y por qué el mar no es cada vez más salado), en las que se implica porque quiere devolver a la gente su fe en el conocimiento. “La gente parece estar perdiendo la confianza en la ciencia, y por otro lado, la educación científica que recibimos en nuestra infancia tampoco brilla por su capacidad de marcarnos y acompañarnos durante toda la vida”.

Pretendo dar a la gente las herramientas necesarias para que tengan información con la que contrastar las ideas de todos estos estafadores y decidir si les convence la patraña de turno que les están presentando

Esto ha hecho, dice, que proliferen una legión de fraudes y cantamañanas dispuestos a aprovecharse de la situación para sacarle el dinero a la población más vulnerable a sus patrañas. “Me refiero a vendedores de productos milagro, astrólogos o autores de documentales catastrofistas o de conspiraciones absurdas, muchas veces creadas por gente que hace referencia constantemente a la física cuántica sin saber realmente qué está diciendo pero a los que no les importa mientras puedan venderte unos cuantos DVDs”.

Así que, frente a la credulidad y la ignorancia, este veinteañero quiere poner conocimiento y escepticismo: “Pretendo dar a la gente las herramientas necesarias para que tengan información con la que contrastar las ideas de todos estos estafadores y decidir si les convence la patraña de turno que les están presentando”.

Un asteroide gigantesco chocó con la Tierra hace 3.260 millones de años


El Pais

  • Afectaría a todo el planeta y cambiaría el entorno de los microorganismos primitivos

Tamaños del asteroide de los dinosaurios (izquierda), de 10 kilómetros; el de hace 3.260 millones de años (centro), de 37 kilómetros; y del Everest, de 8,9 kilómetros de altura. / AGU

Hace unos 3.260 millones de años debió chocar con nuestro planeta un asteroide gigantesco, entre tres y cinco veces mayor que el provocó extinciones masivas en la Tierra, incluida la de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Era la época que los científicos denominan el período de bombardeo masivo tardío, hace entre 3.000 y 4.000 millones de años, y los primeros seres vivos, microorganismos, debieron ver afectado radicalmente su entorno. Unos investigadores estadounidenses, a raíz de sus estudios de una peculiar formación geológica en Sudáfrica, han reconstruido la colisión. El asteroide, de entre 37 y 58 kilómetros de diámetro, debió hacer un cráter de 500 kilómetros de diámetro (dos veces y media mayor que el de los dinosaurios), generaría un terremoto de magnitud superior a 10.8 y las ondas sísmicas se propagarían por todo el planeta desencadenando otros grandes seísmos; tsunamis mucho más grandes de los que conocemos barrerían todos los océanos…. La velocidad de impacto del asteroide sería de unos 20 kilómetros por segundo.

Las hipótesis de los científicos contaban ya con estos cataclismos gigantescos en el pasado remoto del planeta, pero hasta ahora no habían podido determinar su escala, afirman los investigadores, que presentan sus conclusiones en la revista Geochemistry, Geophysics, Geosysems, de la Unión Geofísica Americana (AGU) estadounidense. Los expertos, liderados por Norman H. Sleep, de la Universidad de Stanford, modelizan, por primera vez, el tamaño del asteroide y el efecto que tuvo la colisión en el planeta, resalta la AGU.

El cráter del asteroide de los dinosaurios (izquierda) de 150 kilómetros; del asteroide de hace 3.260 millones de años, de unos 500 kilómetros, y la isla de Hawai, de 122 kilómetros. / AGU

Se estima que el asteroide de los dinosaurios liberaría más de mil millones de veces más energía que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y el de hace 3.260 millones de años, muchísima más. Los científicos describen los efectos en todo el planeta: la atmósfera se llenaría de polvo y la superficie de los océanos herviría; el cielo se pondría rojo de puro calor y el impacto lanzaría al aire roca vaporizada que envolvería todo el planeta, que se condensaría en gotas que caerían al suelo ya solidificadas. Desde luego la vida primitiva se vería afectada por los efectos masivos en la corteza terrestre, e incluso la tectónica de placas. Los cambios ambientales, sugieren los investigadores, bien pudieron barrer muchos organismos microscópicos primitivos existentes en aquel momento dejando hueco a la evolución de otros que aprovecharían el vacío, como ha sucedido en otras extinciones masivas.

En un planeta tan dinámico como la Tierra, no cabe contar con la supervivencia, más de 3.000 millones de años después, del cráter de impacto tal cual. La erosión, la actividad de la corteza terrestre y otras fuerzas que configuran la superficie habrían destruido los lugares de choque de aquellos objetos celestes durante la era del gran bombardeo tardío. Pero el equipo de Sleep ha dado con las pistas del acontecimiento en el denominado cinturón de rocas verdes de Barberton, un área de unos cien kilómetros de longitud y 60 de ancho al este de Johannesburgo, con rocas que son de las más antiguas del planeta. El impacto no sería allí mismo sino a miles de kilómetros sin que estos expertos puedan indicar exactamente dónde, pero la formación geológica de Barberton y sus fracturas características encajan con los efectos del gran impacto de un asteroide que los investigadores reconstruyen ahora.

 

Madrid, París y el Everest son los lugares más buscados en Google Earth


entrebits

Los usuarios españoles de Google Earth han convertido a Madrid, París y el Everest en los lugares más buscados en el servicio de Google en España. Los usuarios españoles también han navegado por otras ciudades españolas como Barcelona, internacionales como Nueva York y por parajes tan especiales como la Antártida.

Los servicios de cartografía de Google se han convertido en toda una referencia para millones de usuarios. Google Earth es uno de los que más interés suscita entre los usuarios, ya que permite ver imágenes en 3D de los destinos seleccionados. Esta posibilidad se ha reforzado con una nueva apuesta de Google por los contenidos en 3D de ciudades, novedad recientemente anunciada.

Precisamente con motivo de las novedades en Google Maps y Google Earth, Google ha facilitado datos de los lugares más buscados por los usuarios españoles. La compañía ha explicado que Madrid, Barcelona y Sevilla han sido las más buscadas a nivel nacional en Google Earth. Además, Valencia, Granada, Bilbao, Málaga, Zaragoza, Alicante y Tenerife también están entre las ciudades más consultadas por los españoles.

Entre los datos facilitados por Google también hay una clasificación de los destinos extranjeros que más consultas, entre españoles, han tenido en Google Earth. La capital francesa, París, es la que más consultas ha generado, seguida de Nueva York y Londres. La ciudad del amor, Roma, seguida de China, Dubai, Venecia, Australia, Egipto y Los Ángeles son el resto de ciudades que han llamado la atención de los usuarios españoles.

Por último, Google Earth también se ha utilizado para descubrir parajes extraordinarios, entre los que hay algunos de los monumentos más importantes del mundo. El Everest es el primer espacio de este tipo, seguido de la Antártida y el Polo Norte. Tras estos lugares, Torre Eiffel, Pirámides de Egipto y Amazonas han sido lo más consultado. Esta clasificación se cierra con Disneyland Paris, el Estrecho de Ormuz, Alaska y la torre de Dubai.