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  • Seis investigadores abandonaron el hábitat donde han estado viviendo para simular la vida en Marte. En todo ese tiempo, se ha analizado los conflictos sociales y los efectos psicológicos de la experiencia

Los colonos han vivido con algunas de las incomodidaes típicas de los astronautas – HI-SEAS.ORG

Ocho meses después de su comienzo, la simulación de la misión humana a Marte ha finalizado este domingo, tal como ha informado Phys.org. Seis investigadores, cuyo trabajo ha sido apoyado por la NASA, han salido de su aislamiento en una remota base construida en un volcán de Hawái. Su principal tarea ha sido ayudar a la agencia espacial estadounidense a comprender los efectos psicológicos a largo plazo y los conflictos sociales que aparecerían al enviar una misión tripulada a Marte, que al menos debería de extenderse dos o tres años.

Los colonos, cuatro hombres y dos mujeres, han vivido este tiempo en un hábitat parecido al que se podría usar en el planeta rojo, y construido sobre una desértica planicie, con un paisaje similar al marciano. Durante ocho meses han sufrido algunas de las incomodidades típicas de los astronautas, como la falta de espacio o la comida deshidratada. Por eso, en cuanto salieron del aislamiento disfrutaron de un banquete con verduras, fruta fresca y tortilla acompañados por periodistas e investigadores.

«Hemos aprendido, por encima de todo, que el conflicto, incluso en el mejor de los equipos, va a aparecer», ha dicho en un comunicado Kim Binsted, profesor de la Universidad de Hawái y director de la investigación. «Por eso, es muy importante tener una tripulación realmente resiliente, que sea capaz de ver el conflicto y responder a él»

Estos ocho meses, los colonos «marcianos» han vivido en un refugio recubierto de vinilo del tamaño de una casa de tres habitaciones, con cerca de 111 metros cuadrados. En su interior hay un pequeño habitáculo personal para dormir, una cocina, un laboratorio y un baño compartido, con una ducha y dos inodoros. La comida y los suministros se lanzaban a distancia y los colonos los recogían con un robot.La comida era deshidratada o enlatada, y las comunicaciones con el exterior sufrieron siempre un retraso de 20 minutos, condición que aparecería en Marte a causa de la distancia que le separa de la Tierra. Aunque los colonos no han estado confinados en el hábitat, cuando salían al exterior para hacer sus tareas debían vestir un equipo que recuerda a un traje espacial.

Esta ha sido la quinta misión de un total de seis estudios financiados por la NASA y hechos en cooperación con la Universidad de Hawái para estudiar la viabilidad de una misión tripulada a Marte. El programa, que recibe el nombre de «Hawaii Space Exploration Analog and Simulation», o «HI-SEAS». En estos momentos, la universidad de Hawái ya está preparando los planes para la sexta y última misión en el hábitat.

Durante estos ocho meses, los científicos han usado sensores para analizar el estado de ánimo de los colonos. Por ejemplo, vigilaron el volumen de las voces, intentaron averiguar si los habitantes estaban tratando de evitar a alguien o si estaban discutiendo. Aparte de esto, propios colonos registraron sus pensamientos en un diario y participaron en juegos para medir su compatibilidad y sus niveles de estrés. Cuando la tensión era alta, pudieron usar dispositivos de realidad virtual como válvula de escape, en los que se desplazaban a paisajes familiares o a playas tropicales, y que podrían ser usados en una misión espacial.

Binsted ha explicado que las misiones anteriores, que duraron ocho y 12 meses, se centraron en la cohesión y el rendimiento del equipo, pero que en este caso el objetivo era distinto: «Hemos dado un paso adelante y estamos analizando la selección y la composición de las tripulaciones».

El fracaso de «Biosfera 2»

En la mente de todos estaba el gran fiasco de «Biosfera 2», un proyecto lanzado en 1990 y de dos años de duración en el que una tripulación de cuatro hombres y cuatro mujeres debían vivir en un invernadero con varios ecosistemas, cultivar plantas, criar animales y reciclar su propio aire. Los niveles de dióxido de carbono se dispararon y muchas plantas y animales murieron, por lo que los participantes pasaron hambre y salieron de la esfera sin hablarse con alguno de sus compañeros.

En esta ocasión, los resultados parecen ser mejores. Laura Lark, especialista en tecnología de la misión, ha dicho que el objetivo de la NASA de ir a Marte es razonable: «El viaje espacial es absolutamente posible a largo plazo», ha dicho en un vídeo desde el interior del hábitat. «Eso sí, aún hay retos técnicos que solucionar. Y también factores humanos en los que hay que pensar».

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  • Un equipo de científicos españoles publicará cada dos meses un detallado informe meteorológico accesible al público

El vehículo ‘Curiosity’ en el Monte Sharp, que forma el pico central del cráter Gale NASA

El verano acaba de comenzar en el hemisferio sur de Marte pero, si hubiera algún ser humano viviendo allí, el tiempo no invitaría precisamente a dar un paseo. Una tormenta local de arena, 40 grados bajo cero de temperatura media con un pico máximo de -14ºC, 60 grados de diferencia entre el día y la noche, los vientos más fuertes del año… Son algunos de los datos meteorológicos recogidos en el parte del tiempo que acaba de publicar un equipo de científicos españoles del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA) a partir de la información recopilada por Curiosity, el vehículo robótico de la NASA que aterrizó en el planeta rojo en agosto de 2012. De momento, el rover es el único que tiene hacer frente a las inclemencias del tiempo marciano.

Se trata del primero de una serie de detallados informes meteorológicos dirigidos al público general que, a partir de ahora, serán publicados “cada mes marciano, es decir, cada dos meses terrestres“, según explica uno de sus autores, el investigador del CAB Jorge Pla García.

La estación meteorológica que Curiosity lleva a bordo, denominada REMS (Rover Environmental Monitoring Station), ha sido diseñada por los científicos españoles del CAB y lleva sensores para medir la temperatura del aire, del suelo, la radiación ultravioleta, la presión, la humedad y el viento. El rover se encuentra en el cráter Gale, una zona que según, explica Pla, no es muy representativa del resto del planeta: “Está en el ecuador de Marte y al igual que ocurre en la Tierra, los fenómenos meteorológicos en el ecuador son muy diferentes a los de las latitudes medias y altas. Suelen ser fenómenos muy repetitivos, mientras que en las zonas más cercanas a los polos o en latitudes altas, el tiempo es más cambiante”, señala en conversación telefónica.

Hasta ahora, los datos recopilados por REMS se cargaban en una aplicación para dispositivos móviles destinada a la comunidad científica. “Son, sobre todo, datos numéricos que no cuentan lo que está pasando en Marte. Cuáles son los frentes, las temperaturas, las oscilaciones entre el día y la noche y, sobre todo, qué tipo de circulación atmosférica hay en cada parte del año”, enumera Pla. La NASA difunde la evolución anual de los datos recabados por su rover, pero no de forma continuada.

“Normalmente se publican artículos científicos sobre los análisis de los resultados, pero queremos que el gran público conozca lo que estamos haciendo y cómo va evolucionando la atmósfera de Marte cada dos meses”, apunta Javier Gómez-Elvira, investigador principal del instrumento REMS y coautor del informe, junto con Jorge Pla y Antonio Molina.

Fenómenos parecidos en la Tierra

Para que el parte pueda ser entendido más fácilmente, añade Pla, están incluyendo ejemplos de lo que ocurre en nuestro planeta: “Por ejemplo, este mes hemos visto un fenómeno meteorológico prácticamente igual que el que se da en algunos lugares de la Tierra, comparable a los vientos Foehn de Los Alpes o los vientos Chinook en las Montañas Rocosas. Es la primera vez que se incluyen en un parte meteorológico marciano”, señala Pla. Las denominan ondas de montaña y tienen tanta fuerza que son capaces de hundir masas de aire que son más calientes que las del cráter hacia su interior. “Las masas de aire caliente deberían ascender en lugar de descender, pero estos vientos lo que hacen es hundirlas. Las temperaturas del interior del cráter suben por tanto muy rápidamente”, explica.

Por lo que respecta a las temperaturas, el equipo del CAB hace hincapié en la importancia de distinguir entre la temperatura del aire y del suelo. La del aire suele estar todo el año por debajo de los 0ºC mientras que la temperatura del suelo suele ser más alta. “Si camináramos por Marte, podrías tener los pies a 10ºC y la cabeza a 0ºC”, señala.

Así, la temperatura media del aire ha sido de -40ºC (la media mínima de -70ºC, y la media máxima, -12ºC). Por lo que respecta a la temperatura del suelo, la media ha sido de -33ºC.

60 grados de diferencia entre el día y la noche

“Lo más destacado es la diferencia entre el día y la noche, que este mes ha sido de 60 grados”, dice Jorge Pla. Y es que en una noche de verano marciana en esa región, pueden alcanzarse fácilmente los 80 grados bajo cero.

Durante la pasada primavera, se registraron las temperaturas más altas del año en esa zona, alcanzando los 4ºC de máxima al mediodía. También la radiación solar alcanzó su registro máximo anual en el cráter Gale.

¿Por qué hace tanto frío en Marte? Además de estar 1,52 veces más lejos del Sol que la Tierra (lo que hace que reciba un 43% de la luz solar que nos llega a nosotros), su tenue atmósfera (100 veces más liviana que la nuestra) es incapaz de retener el calor que entra.

De la lluvia nos olvidamos porque como recuerda Pla, “hace miles de millones de años que no llueve en Marte“. Más controvertido es el asunto de la nieve, pues ha habido algún investigador que ha propuesto que es posible que en los casquetes polares pueda nevar hielo de CO2, aunque esta teoría no ha sido demostrada.

Tormentas de arena

Las tormentas de arena son uno de los fenómenos más interesantes que ocurren en Marte. “Las tormentas locales se producen todos los años al llegar la primavera porque es cuando más pega el Sol en el hemisferio sur. La radiación solar calienta el suelo y levanta el polvo. Duran meses, por eso la tormenta que empezó en primavera continúa ahora”, detalla Pla.

Por otro lado, en Marte se forman tormentas globales de polvo, que son las que cubren totalmente el planeta. “Desde que aterrizó Curiosity no ha habido ninguna tormenta de arena global. Se sabe que se producen periódicamente, pero no con una cadencia exacta. Este año se esperaba una que no se ha producido finalmente. Habrá que esperar dos años terrestres (un año marciano) en estas mismas fechas para ver si se produce”, señala Gómez-Elvira.

En principio, una gran tormenta de arena no debería afectar al funcionamiento de Curiosity: “El rover se quedaría estático y las cámaras se cerrarían. El problema que podría causar es que la arena cubriera los paneles solares que suministran energía pero Curiosity lleva una pila radiactiva. Los rovers gemelos Opportunity y Spirit [llegaron a Marte en 2004] sí tenían paneles solares, pero después hubo tormentas de viento que limpió la arena”, señala Javier Gómez.

Fallo en los sensores de viento

Tras cuatro años y medio de exposición al hostil ambiente marciano, el estado de la estación meteorológica REMS es bueno con la excepción de los dos sensores de viento. Según explica Gómez-Elvira, uno de ellos nunca llegó a funcionar, pues se cree que se estropeó durante el aterrizaje, y el segundo ha tenido problemas debido al propio ambiente marciano, por lo que las mediciones del viento no han sido precisas.

El equipo español también se encargará de suministrar a la NASA la estación meteorológica que llevará su próximo rover , Mars2020, y que será una versión mejorada de la que lleva Curiosity , con modificaciones para evitar los problemas detectados en el sensor de viento y ofrecer nueva información sobre el clima marciano, por ejemplo, cómo es el contenido de polvo en la atmósfera.

“Necesitamos conocer el tiempo de Marte para saber qué nos vamos a encontrar cuando mandemos las siguientes futuras misiones robóticas y también misiones humanas. Conocemos muy poco sobre la atmósfera de Marte y necesitamos muchas más estaciones”, dice Pla.


El Mundo

Vista del cráter Gale NASA

Vista del cráter Gale NASA

Marte es en la actualidad un planeta extremadamente seco y frío, con un ambiente extraordinariamente inhóspito para la vida como la conocemos en la Tierra. Los científicos saben, sin embargo, que en el pasado tuvo agua y un clima diferente al actual. Continuando con el trabajo que iniciaron otros vehículo robóticos, el rover de la NASA Curiosity está buscando desde agosto de 2012 pruebas que ayuden a reconstruir cómo era el planeta rojo en el pasado.

Un estudio publicado en la revista PNAS ofrece algunas pistas que permiten trazar un retrato de cómo pudo haber sido ese Marte primitivo basándose en la escasísima cantidad de dióxido de carbono (C02) que el rover halló al analizar sedimentos de aquella época en el cráter Gale, una de las zonas que está explorando. Según propone este equipo de investigadores, en el que participa el español Alberto G. Fairén, del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), hace 3.500 millones de años esa zona de Marte habría albergado un lago glaciar rodeado por enormes masas de hielo. Un entorno que recordaría al del Ártico terrestre.

Los sedimentos que ha analizado el rover contienen minerales, como arcillas o sulfatos, que sugieren que, en el pasado, esa superficie estuvo en contacto con agua líquida. Un dato, en principio, incompatible con la escasa cantidad de CO2 detectado. Y es que los científicos creían que para que hubiera agua líquida, habría sido necesaria una determinada temperatura, que es propiciada a su vez por un mínimo de CO2 en la atmósfera, ya que este gas genera un efecto invernadero y calienta el planeta.

Según relata Fairén a EL MUNDO, los modelos climáticos que simulan la atmósfera primitiva de Marte mostraban que hace falta cerca de un bar de CO2 para poder tener agua líquida en Marte hace 3500 millones de años. “Sin embargo, las investigaciones de Curiosity confirman que, en realidad, había tan sólo entre 10 y 100 veces menos de esa cantidad mínima. Es decir, entonces había unas decenas o tal vez unos pocos cientos de milibares de CO2. Esto es mucho más que ahora, que sólo hay 6 milibares, pero insuficiente para calentar el planeta. Los modelos nos dicen que harían falta al menos alrededor de mil milibares para generar un efecto invernadero suficiente”, detalla.

“Con el poco CO2 que ha encontrado en los sedimentos de Gale, los modelos atmosféricos predicen temperaturas medias por debajo de -50C. Pero algo se nos escapa, porque Curiosity ha descubierto en esos mismos sedimentos evidencias geomorfológicas de lagos duraderos, deltas y torrenteras bajo un clima no muy frío hace 3.500 millones de años. Esta es la contradicción que plantea el artículo, y que en este momento no sabemos resolver. Una alternativa es que fuera un lago glaciar, en un ambiente muy frío, como los polos de la Tierra hoy. Esta posibilidad está siendo considerada seriamente, pero no tenemos una respuesta final todavía”, admite Fairén, que espera poder responder a esa cuestión con más investigación en el futuro. “Por eso precisamente es un gran avance. La ciencia es una serie de preguntas, no un catálogo de respuestas”, argumenta.

Curiosity es un laboratorio andante así que las muestras que recoge, las procesa in situ, antes de enviar los resultados a la NASA. Para hacer esta investigación, tomó rocas de la superficie y de hasta cinco centímetros de profundidad, que es el máximo que puede perforar. “A partir de ahí, los investigadores analizamos los datos, y los utilizamos para generar modelos que puedan que puedan responder preguntas”, dice Fairén, que investigó durante seis años en la NASA.

Cómo y por qué cambió tanto el planeta rojo sigue siendo una incógnita: “Es posible que Marte tuviera más CO2 en su atmósfera hace entre 3.500 y 4.200 millones de años. En aquel tiempo, habría sido más sencillo que el planeta tuviera agua líquida en la superficie. Hoy está absolutamente seco y es muy frío. Es muy interesante que Curiosity esté estudiando los sedimentos de un lago que existió en Gale justamente en la época de transición entre el Marte húmedo y el Marte seco”, añade. Según recuerda, el robot descubrió hace dos años que Marte ya había perdido la mitad de su agua y gran parte de su atmósfera hace 3.500 millones de años, cuando se formó el lago de Gale, por lo que considera que sus investigaciones pueden “proporcionar muchísima información acerca de la evolución climática de Marte y de cómo, cuándo y porqué perdió su agua y su atmósfera”.

¿Pudo haber formas de vida extremas en ese escenario de hielo? “La vida en la Tierra ocupa casi todos los rincones del planeta, incluyendo las zonas polares. Por lo tanto, si en Gale había un lago glaciar, el entorno no habría sido un impedimento para la vida. De hecho, si en algún momento hubo vida en Marte y apareció, como en la Tierra, muy al principio de la historia geológica del planeta, solamente habría tenido que adaptarse al entorno glaciar”.


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  • El depósito, situado en el hemisferio norte del Planeta rojo, podría servir para la supervivencia de futuras colonias humanas
 Las formas distintivas de la superficie de Utopia Planitia llevaron a los investigadores a comprobar si había hielo subterráneo - NASA / JPL-Caltech / Univ. de Arizona

Las formas distintivas de la superficie de Utopia Planitia llevaron a los investigadores a comprobar si había hielo subterráneo – NASA / JPL-Caltech / Univ. de Arizona

El Orbitador de Reconocimiento de Marte de la NASA ha localizado bajo el terreno del Planeta rojo hielo de agua como para llenar el Lago Superior, el mayor de los Grandes Lagos de Norteamérica, situado entre EE.UU. y Canadá, y el mayor del mundo de agua dulce -por superficie, aunque el lago Baikal de Siberia tiene mayor volumen de agua-. En concreto, el Superior tiene 82.000 km², mayor que la República Checa.

Los científicos examinaron parte de la región de Utopia Planitia, en las latitudes medias del hemisferio norte de Marte, con un instrumento de radar a bordo del orbitador. Los análisis de datos de más de 600 sobrevuelos revelaron un depósito helado con un área más extensa que el estado de Nuevo México. El depósito varía en espesor de aproximadamente 80 a 170 metros, con una composición que es del 50% al 85% de hielo de agua, mezclada con polvo o partículas rocosas más grandes.

En la latitud en la que se encuentra este tesoro congelado -a mitad de camino entre el ecuador y el polo- el hielo de agua no puede persistir en la superficie de Marte. Se sublima en vapor de agua en la atmósfera delgada y seca del planeta. Sin embargo, el depósito de Utopia está protegido de la atmósfera bajo un terreno de entre uno y diez metros de espesor. Por eso resiste.

«Este depósito probablemente se formó a medida que la nieve se fue acumulando en una capa de hielo mezclada con polvo durante un período de la historia de Marte en la que el eje del planeta estaba más inclinado de lo que está hoy», dice Cassie Stuurman, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, Austin.

El Marte actual, con una inclinación del eje de 25º, acumula grandes cantidades de agua congelada en los polos. En ciclos que duran alrededor de 120.000 años, la inclinación varía a casi el doble, calentando los polos y conduciendo el hielo a latitudes medias.

Recurso para los astronautas

El nombre de Utopia Planitia se traduce en términos generales como «llanuras del paraíso». El depósito de hielo recién descubierto se extiende por latitudes de 39º a 49º en las llanuras. Representa menos del uno por ciento de todo el hielo de Marte, pero más que duplica el volumen de las gruesas capas de hielo enterradas en las llanuras del norte. Estos depósitos de hielo cerca de la superficie podrían ser un recurso para los astronautas.

«Este depósito está probablemente más accesible que la mayor parte del hielo de agua en Marte, porque está en una latitud relativamente baja y se encuentra en una zona plana, lisa, donde el aterrizaje de una nave espacial sería más fácil que en algunas de las otras zonas con hielo enterrado», explica Jack Holt, de la Universidad de Texas, coautor del artículo que se publica en la revista Geophysical Research Letters.

El agua de esta planicie está congelada en todo momento. Si hubiera una capa fundida -lo que sería importante para la posibilidad de vida en Marte- habría sido evidente en los escaneos de radar. Sin embargo, es posible que ocurriera con diferentes condiciones climáticas, cuando el eje del planeta estaba más inclinado. «Pero no sabemos si podría haber habido suficiente agua líquida en algún momento como para sostener la vida microbiana», dice Holt.

El gran volumen de hielo detectado aumenta la comprensión de la historia de Marte e identifica un posible recurso para su uso futuro. «Sabemos que en sus inicios, Marte tenía suficiente agua líquida en la superficie de los ríos y lagos. ¿Dónde se fue? Gran parte acabó en la parte superior de la atmósfera. Pero también hay una gran cantidad que es ahora hielo subterráneo, y queremos seguir aprendiendo más acerca de eso», dice Leslie Tamppari, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena, California (EE.UU.).

«El uso de este hielo por una misión futura podría ayudar a mantener vivos a los astronautas, mientras que también ayuda a desbloquear los secretos de las edades de hielo de Marte», subraya Joe Levy, de la Universidad de Texas, coautor del nuevo estudio.

Cómo aterrizar en Marte


El Pais

  • La maniobra de llegada al planeta rojo es extremadamente compleja. La mitad de las misiones, como la que intentará aterrizar hoy, han fracasado

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Todas las sondas que pretenden aterrizar en Marte han de realizar una tarea básica: frenar. Frenar, primero para reducir su enorme velocidad de llegada y, al final, para evitar estrellarse contra el suelo.

El sistema para conseguirlo es el mismo en todos los planetas que se han visitado hasta ahora: zambullirse en la atmósfera y esperar a que la fricción vaya reduciendo la velocidad de la sonda. Es una maniobra complicada. Un ángulo de entrada excesivamente brusco, y el rozamiento será tan intenso que la cápsula quedará incinerada en segundos, pero una trayectoria demasiado plana puede terminar en un rebote sobre las capas altas de la atmósfera, que la envíe de nuevo hacia el espacio. Generalmente, el margen entre uno y otro caso es sólo de unos pocos grados.

Todos los vehículos de aterrizaje (sea en Marte, Venus, Titán o la propia Tierra) van protegidos con un escudo térmico. El calor de la reentrada va erosionando sus diferentes capas, que literalmente se subliman llevándose consigo la mayor parte de la energía que lleva. En el caso de la Schiaparelli, cuya llegada está prevista para dentro de unas horas, estamos hablando de una cápsula de casi media tonelada lanzada a 21.000 kilómetros por hora. Cuando un Apollo regresaba a la Tierra desde la Luna, iba al doble de esa velocidad. Para cualquier observador, es como contemplar la caída de un meteoro incandescente.

Para cualquier observador, es como contemplar la caída de un meteoro incandescente

El frenado atmosférico elimina la mayor parte de la energía de la sonda. Cuando la atmósfera empieza a adquirir cierta consistencia, el escudo térmico se descarta (para ahorrar peso) y se despliega el paracaídas principal (precedido, generalmente, por otro, más pequeño que sirve para estabilizar la caída)

Diseñar un paracaídas para Marte no es ninguna broma. Ha de abrirse a velocidades supersónicas (1.700 kilómetros por hora, en el caso de la Schiaparelli) en menos de dos segundos. El tirón que han de soportar sus cables es brutal. De hecho, para desplegarlo se utiliza una carga explosiva que lo saque de su alojamiento con suficiente rapidez.

La atmósfera de Marte es muy tenue. El paracaídas no puede frenar el descenso tanto como lo haría en la tierra. Por eso, suele descartarse a cosa de un kilómetro sobre el suelo. A partir de ahí, el sistema de frenado final ya admite muchas variantes.

Las primeras sondas soviéticas dirigidas a Marte llevaban un paquete de cohetes de frenado colgando bajo el paracaídas y de él pendía la cápsula. Esta se liberaba a unos metros sobre el suelo y los motores de frenado, todavía en marcha, se llevaban consigo el paracaídas. La cápsula caía a plomo sobre el suelo pero estaba acolchada para resistir el impacto y, además, la gravedad marciana es sólo un tercio de la terrestre. Así aterrizó el Mars 3, el primer vehículo que se posó en Marte y llegó a transmitir 20 segundos de datos desde allí.

Hace cuarenta años, los Viking americanos utilizaron una técnica casi idéntica a la del Schiaparelli: Una vez largado el paracaídas, tres grupos de motores se disparaban para asegurar una toma de tierra suave. Los Viking iban montados sobre un tren de aterrizaje de tres patas; Schiaparelli no: Amortiguará el impacto contra el suelo mediante una estructura de aluminio deformable, similar a los bloque antichoque que equipan a muchos automóviles.

Diseñar un paracaídas para Marte no es ninguna broma. Ha de abrirse a velocidades supersónicas en menos de dos segundos

En 1997 se envió a Marte el Sojourner, un diminuto vehículo con seis ruedas y limitada autonomía que se convirtió en el primer aparato que rodó por el planeta rojo. Para depositarle en el suelo se recurrió a un sistema novedoso: Envolverlo en enormes airbags. Una vez descartado el paracaídas y un grupo de motores de frenado auxiliares, el Sojourner, desde de su envoltura protectora, cayó al suelo y fue botando como una pelota hasta detenerse. Los cojines de aire se deshincharon y el cochecito bajó al suelo a través de unas rampas.

El día de Navidad de 2003 llegó a Marte la sonda británica Beagle 2. Esta no utilizaba retrocohetes; simplemente un paracaídas y una enorme pelota hinchable que debía protegerla del choque contra el suelo. El Beagle 2 aterrizó pero nunca se recibieron señales de él. Su suerte fue un misterio durante doce años hasta que el noviembre de 2014 la fotografió una sonda orbital. Aparentemente, estaba intacto pero uno de sus paneles no se había abierto, lo cual le impidió desplegar su antena para comunicarse con la Tierra.

El mismo sistema de airbags se utilizó en 2004 para depositar en Marte los dos vehículos Spirit y Opportunity. Spirit se encalló en una trampa de arena en el 2010 pero Opportunity sigue activo y ya lleva recorridos más de cuarenta kilómetros. No está mal para unos aparatos diseñados para durar sólo tres meses.

El último explorador de la NASA es el Curiosity, en Marte desde 2012, sigue explorando las laderas del Monte Sharp, en el centro del cráter Gale, que parece albergó un antiguo lago. Con casi una tonelada de peso, no podían utilizarse airbags, así que se diseñó un concepto nuevo: una grúa volante.

La grúa era una plataforma equipada con motores de frenado que llevó al Curiosity hasta cosa de veinte metros sobre el suelo. Desde allí, el vehículo descendió colgado de unos cables y con el tren de rodaje ya desplegado y en posición de marcha. Hasta hoy, es el vehículo más pesado que se ha posado en Marte.

Rafael Clemente es ingeniero industrial y fue el fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa).


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  • La primera misión ExoMars llega el miércoles al Planeta rojo en busca de señales de vida presente o pasada. Posará sobre la superficie el módulo Schiapparelli
 Recreación de la misión ExoMars, aproximándose a Marte - ESA/ATG medialab

Recreación de la misión ExoMars, aproximándose a Marte – ESA/ATG medialab

Todo está a punto para el primer desembarco europeo en Marte. Si el programa marcha como está previsto, este miércoles, y tras un viaje espacial de siete meses de duración, la primera de las dos misiones del programa ExoMars llegará al planeta rojo. Y lo hará con el objetivo concreto de despejar, de una vez por todas, las dudas sobre la posible existencia de vida en el mundo más visitado por el hombre de todo el Sistema Solar.

Se trata del proyecto espacial más ambicioso jamás emprendido por la Agencia Espacial Europea (ESA), llevado a cabo en estrecha colaboración con su homólogo ruso, la agencia Roscosmos. El objetivo principal de esta primera misión, a la que seguirá otra en 2020, es analizar, con una precisión diez veces superior a la conseguida hasta ahora, el metano presente en la atmósfera marciana, determinar si su origen es biológico y localizar los puntos de emisión sobre la superficie marciana. En la actualidad, la procedencia real del metano de Marte es uno de los más grandes enigmas científicos que envuelven al planeta vecino.

El programa ExoMars consta, pues, de dos misiones espaciales diferentes: la primera, que fue lanzada el pasado 14 de marzo desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, y que llega este miércoles a su destino, consiste en una sonda orbital, Trace Gas Orbiter (TGO), y un módulo de aterrizaje, llamado Schiapparelli, que deberá posarse suavemente sobre la superficie; la segunda, prevista para 2020, colocará sobre el polvoriento suelo del planeta rojo un vehículo autónomo de exploración cargado de instrumental científico de última generación.

Un viaje en dos etapas, pues, con el que los científicos de la ESA esperan poner punto y final a la cuestión que ha llevado al hombre a enviar ya más de cuarenta misiones a Marte: averiguar si allí hubo, o hay todavía, alguna forma de vida. Pero este primer vuelo servirá también para otra serie de cometidos. El más importante será probar los nuevos sistemas de entrada, descenso y aterrizaje. Todo con vistas a preparar, para 2020, la llegada de un sofisticado vehículo robotizado que recogerá muestras “in situ” y las enviará de regreso a la Tierra.

Según explica Silvia Bayón, ingeniera de sistemas de la misión, “esta es la mayor nave lanzada a Marte por la ESA. El satélite pesa más de 4.300 kg, incluyendo los 600 kg del módulo de aterrizaje. Eso supone un reto tremendo, tanto en el lanzamiento como en las maniobras de frenado cuando lleguemos al planeta rojo. Solo en las maniobras de aproximación y captura de la órbita marciana consumiremos más de la mitad del combustible. Es la primera vez que la ESA utiliza la maniobra de aerofrenado en una misión”.

Tres días antes de alcanzar la atmósfera marciana, el módulo Schiapparelli se separará de la sonda TGO y cubrirá en solitario la última etapa del trayecto, unos seis millones de kilómetros. Una vez entre en la atmósfera de Marte, empezará una maniobra de descenso que durará apenas seis minutos. El impacto del módulo será amortiguado por una estructura deformable que va unida a la base del módulo y que ha sido construida en España.

Cámara modesta

Durante la maniobra de descenso, Schiapparelli tomará 15 fotografías, en las que se podrá ver cómo su punto de aterrizaje está cada vez más cerca. Sin embargo, el módulo no está equipado con una cámara científica de alta resolución, sino con una mucho más modesta y capaz solo de tomar imágenes en blanco y negro. Como se ha dicho, la misión principal de Schiapparelli es poner a prueba los sistemas de aproximación y aterrizaje, con vías a la misión de 2020. Todas las imágenes se almacenarán en el módulo de memoria de Schiapparelli y se transmitirán a la Tierra el 20 de octubre, un día después de su llegada.

El lugar elegido para posarse es la llanura Meridiani Planum, la misma donde, en 2004, aterrizó el rover Opportunity de la NASA, situada a dos grados al sur del ecuador marciano y recubierta por una capa de óxido férrico (oligisto) que, aquí en la Tierra, suele formarse solo en presencia de agua líquida. Durante cerca de una semana, el tiempo que tardarán en agotarse sus baterías, el módulo medirá, entre otras cosas, la velocidad del viento y su dirección, la presión y la temperatura cerca de la superficie y, también, estudiará el campo eléctrico en la superficie marciana y la concentración de polvo en la atmósfera, lo que permitirá aprender más sobre la formación de las tormentas de arena que sacuden periodicamente el planeta.

Pero la mayor parte del trabajo científico de esta misión no estará sobre la superficie, sino en órbita. Allí, en efecto, y tras separarse del módulo de aterrizaje, la sonda TGO se dirigirá directamente a su órbita de trabajo, a 400 km de altitud sobre Marte, y comenzará a tomar datos. Como se ha dicho, su principal objetivo será analizar el metano presente en la atmósfera marciana y tratar de averiguar su procedencia. TGO también estudiará otros gases atmosféricos de posible origen biológico, como vapor de agua, óxidos de nitrógeno y otros derivados del metano. Algo que sus instrumentos le permitirán hacer con una precisión diez veces mayor que la actual.


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  • Pudieron ser explosivos y causar cambios climáticos en el Planeta rojo
 Un mapa de Marte, que incluye la región llamada Thaumasia Planum - Wikimedia

Un mapa de Marte, que incluye la región llamada Thaumasia Planum – Wikimedia

Gran Thaumasia es una región de Marte del tamaño de Norteamérica que está rodeada por una alineación montañosa. Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Lousiana (LSU) ha estudiado la geografía y mineralogía de la zona con datos de la sonda Mars Odyssey y ha concluido que en el pasado esas crestas rocosas fueron en realidad una cadena de volcanes. Los resultados han sido publicados recientemente en la revista Journal of Geophysical Research-Planets.

«Nuestra investigación apoya que toda esta zona se forjó como una construcción volcánica», indica Don Hood, investigador del Departamento de Geología y Geofísica de la LSU y autor principal del artículo.

La composición química cambia a través de la región. El sílice y el H20 se incrementa y el potasio se reduce desde el sureste al noroeste. «El cambio en la composición química es la progresión clave que nos dice que este ambiente fue probablemente determinado por una serie de eventos volcánicos que estallaron de una composición del manto cambiante», explica Hood en un comunicado de la LSU.

Hood y sus colegas de la Universidad de Stony Brook, de la Universidad de Tokio y la Lehigh University, descartan la hipótesis de que la abundancia de H20 y potasio fuese causada por el agua que interactúa en roca. «Buscamos evidencia de alteración acuosa a través de otros medios geoquímicos y no lo encontramos», dice.

La geografía de la región tiene muchos volcanes que son similares a los que se encuentran en Hawái. Sin embargo a partir de análisis geoquímicos, los investigadores encontraron que el azufre que está presente fue depositado probablemente en forma de ceniza volcánica.

La ceniza volcánica de diversas áreas podría ser la evidencia de un vulcanismo explosivo en Marte, lo que sería una pista importante para unir las piezas de la historia del planeta. Es significativo debido a que las erupciones explosivas emiten una gran cantidad de gas que puede permanecer en la atmósfera y puede causar eventos de enfriamiento y calentamiento global.

«Si hubo vulcanismo explosivo en Marte y cuánto es una cuestión importante en términos de averiguar cómo fue su clima en el pasado», señala Hood.


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  • Las fuerzas de marea amenazan con desgarrar a un cuerpo que además está perdiendo altura. Además de esto, y según un reciente estudio, los escombros generados en impactos de rocas caen de nuevo sobre su superficie
 El «reimpacto» de rocas explicaría parte de las extrañas formaciones que se aprecian en la superficie de la castigada luna de Marte - NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

El «reimpacto» de rocas explicaría parte de las extrañas formaciones que se aprecian en la superficie de la castigada luna de Marte – NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

Fobos, la luna de Marte cuyo nombre significa en griego «miedo» y «pánico», tiene los días contados. Los científicos han alertado en anteriores ocasiones de que este asteroide capturado por el planeta rojo y convertido en luna está perdiendo altura poco a poco (a un ritmo de 1,8 centímetros al año), y que acabará estrellándose contra el suelo. Otros han avisado de que la gravedad de Marte está acabando con su integridad estructural, y que podría ser cuestión de millones de años que acabara despedazada.

Además de estas terribles fuerzas, Fobos no solo ha sido víctima del impacto de grandes rocas que quedaron atrapadas por la gravedad de Marte, sino que en algunos casos los escombros resultantes en los impactos volvieron a caer sobre ella. Es la principal conclusión de un estudio publicado este martes en la revista «Nature Communications» por parte de investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz.

«Mostramos una fuerte relación entre las extrañas formaciones (grietas lineales y cadenas de cráteres) y los (…) impactos sobre Fobos», han explicado los autores del estudio, M. Nayak y E. Asphaug.

Para llegar a estas conclusiones, los autores dicen haber creado un modelo de «reimpactos» capaz de seguir el rastro de los restos hasta su fuente, lo que facilitará futuros estudios sobre la superficie de planetas y la historia geológica de los satélites del Sistema Solar.

La superficie de Fobos, una roca de apenas 22 kilómetros de longitud, órbita tan cerca de Marte (un poco más de una Tierra de distancia, unos 6.800 kilómetros), que la gravedad marciana es capaz de dañar la estructura interna del satélite. Esto ha creado con el paso del tiempo grandes colinas y estriaciones en su superficie, que han venido a deformar una roca ya repleta de cráteres.

Pero aparte de aquellos, otras de las grietas lineales y las cadenas de cráteres no pueden explicarse por estas fuerzas de marea, según estos autores. Su origen, según Nayak y Asphaug, está en impactos «secundarios» provocados por la colisión de cuerpos originados en choques anteriores.

Este proceso se repite una y otra vez, a medida que los impactos crean cráteres que expulsan más material al espacio, y se forman las características cadenas. Esta violenta forma de vida genera además una capa de polvo permanente de un metro de grosor.

La luna maldita

Investigaciones anteriores han pronosticado que el satélite se fragmentará dentro de 30 o 50 millones de años, lo que pondría fin a una vida iniciada cuando la gravedad de Júpiter y luego la de Marte atraparon a este asteroide (y a otro, que luego se llamó Deimos) en el poblado cinturón de asteroides del Sistema Solar.

Con todo, estudiar esta luna resulta interesante para entender el funcionamiento de los planetas y satélites y para remontarse a los orígenes del Sistema Solar. No en vano esta roca está hecha de condritas, los materiales que construyen tanto el cinturón de asteroides como el cinturón de Kuiper, los lugares donde hoy en día se conservan los ladrillos básicos con los que se construyeron los planetas.


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  • El paisaje recuerda a algunas zonas de Egipto y refuerza la idea de que el Planeta rojo fue cálido y húmedo hace miles de millones de años
 Imagen de Aram Dorsum, en Arabia Terra - UCL

Imagen de Aram Dorsum, en Arabia Terra – UCL

Gigantescos ríos recorrieron Marte en el pasado. Un equipo de investigadores británicos ha descubierto una vasta extensión de antiguos lechos fluviales en una llanura del norte del planeta llamada Arabia Terra. El total, las cuencas ocupan más de 17.000 km. El hallazgo refuerza la idea de que el ahora frío y seco Planeta rojo tenía un clima cálido y húmedo hace unos 4.000 millones de años y el agua fluía por su superficie. (Dos «megatsunamis» arrasaron la superficie de Marte).

«Los modelos climáticos del Marte primitivo predicen la lluvia en Arabia Terra y hasta ahora había poca evidencia geológica en la superficie para apoyar esta teoría. Esto llevó a algunos a creer que Marte nunca fue cálido y húmedo, sino en gran medida un planeta congelado, cubierto de hielo y glaciares. Ahora hemos encontrado pruebas extensas de los sistemas fluviales en la zona, que apoyan la idea de que Marte era cálido y húmedo, proporcionando un entorno más favorable para la vida que un planeta frío y seco», ha explicado Joel Davis, profesor de Ciencias de la Tierra en el University College de Londres (UCL) y autor principal del estudio, que se publica en la revista «Geology».

Desde los años 70, los científicos han identificado valles y canales en Marte que se cree fueron tallados y erosionados por la lluvia y la escorrentía superficial, al igual que en la Tierra. Estructuras similares no se habían visto en Arabia Terra hasta que el equipo analizó las imágenes de alta resolución de la nave espacial Orbitador de Reconocimiento de Marte (MRO) de la NASA.

Del tamaño de Brasil

El área examinada cubre aproximadamente el tamaño de Brasil a una resolución mucho más alta de lo que era posible anteriormente, seis metros por píxel en comparación con 100 metros por píxel. Si bien se identificaron algunos valles, el equipo reveló la existencia de muchos sistemas de lechos de ríos fosilizados que son visibles como canales invertidos repartidos por la llanura.

Los canales invertidos son similares a los encontrados en otros lugares de Marte y la Tierra. Están hechos de arena y grava depositada por un río. Cuando el río se seca, los canales se quedan verticales a medida que el material circundante erosiona. En la Tierra, los canales invertidos se producen a menudo en ambientes secos, como el desierto de Omán, Egipto o Utah (EE.UU.), donde las tasas de erosión son bajas. En la mayoría de otros entornos, los canales se desgastan antes de que puedan llegar a quedar invertidos.

Buen lugar para buscar vida

«Las redes de canales invertidos en Arabia Terra tienen unos 30 metros de altura y hasta 1-2 km de ancho, por lo que creemos que son probablemente los restos de los ríos gigantes que fluían hace miles de millones de años. Arabia Terra era esencialmente una llanura de inundación masiva que bordeaba las tierras altas y bajas de Marte. Creemos que los ríos estaban activos hace 3.900-3.700 millones de años, pero poco a poco se secaron antes de ser enterrados rápidamente y protegidos durante miles de millones de años, lo que podría preservar cualquier material biológico antiguo que pudiera haber estado presente», apunta Davis.

«Estas antiguas llanuras de inundación de Marte serían buenos lugares para buscar evidencias de vida pasada. De hecho, uno de estos canales invertidos llamado Aram Dorsum es un sitio de aterrizaje candidato para la misión ExoMars Rover de la Agencia Espacial Europea (ESA), que se pondrá en marcha en el año 2020», añade Matthew Balme, profesor de la Open University y coautor del estudio.

Los investigadores planean estudiar los canales invertidos en mayor detalle, a partir de datos de mayor resolución de la cámara HiRISE del MRO.


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  • Construido en China, FAST tiene un tamaño equivalente al de 30 campos de fútbol
 El gigantesco radiotelescopio chino FAST

El gigantesco radiotelescopio chino FAST

El gran radiotelescopio de Arecibo ya tiene un heredero en la búsqueda de señales inteligentes en el Universo. Ayer domingo, en efecto, fue colocada la última pieza del que ya ha arrebatado al gigante instalado en Puerto Rico el título de mayor radiotelescopio del mundo, FAST. Desarrollado y construido por la Academia China de Ciencias en la provincia de Guizhou, tiene, en efecto, 500 metros de diámetro (casi el doble que el de Arecibo) y un tamaño equivalente al de 30 campos de fútbol. FAST ha sido excavado en la ladera de una montaña del suroeste de la gran nación asiática.

Según explica un comunicado oficial, a partir de este momento los científicos podrán empezar a “depurar” el telescopio y llevar a cabo las primeras pruebas. Para Zheng Xiaonian, jefe adjunto del Observatorio Astronómico Nacional, que pertenece a la Academia de Ciencias China, “el proyecto tiene el potencial para buscar y estudiar los objetos más extraños, para entender mejor el origen del Universo y para impulsar la búsqueda global de vida extraterrestre“. El telescopio, cuya construcción ha costado cerca de 180 millones de euros será, durante varias décadas, el más potente y avanzado de su categoría.

El científico ha asegurado, además, que el gran telescopio, en cuya construcción se han invertido más de cinco años de trabajo, empezará a operar durante este mismo mes de septiembre. La instalación forma parte del ambicioso programa espacial chino, una auténtica prioridad para Pekín, que pretende convertir al país en la potencia espacial más avanzada del mundo. Otros hitos dentro de este ambicioso programa son poner un hombre en la Luna antes de 2036, terminar la construcción de una gran estación espacial (ya comenzada) y ser la primera nación que consiga colocar a un ser humano sobre la superficie de Marte.

FAST dedicará sus esfuerzos y su tiempo a seis grandes áreas del conocimiento del Universo. Por un lado, buscará señales de subestructuras de materia oscura en el halo de nuestra propia galaxia, tarea en la que será hasta ocho veces más eficiente que el telescopio de Arecibo. Según las teorías, estas estructuras deberían de ser muy numerosas, pero hasta ahora no han podido ser detectadas en cantidad suficiente como para confirmar esta predicción. En el otro extremo, FAST estudiará también la distribución de materia a grandes escalas, y tratará de comprender lo que es la energía oscura, la extraña y desconocida fuerza que supone más del 70% de la masa total del Universo.

El nuevo radiotelescopio se utilizará también para descubrir nuevos púlsares, cadáveres estelares que giran sobre sí mismos a gran velocidad, emitiendo en cada giro una radiación muy intensa. Desde 2007 se han descubierto 1.850 púlsares, aunque las estimaciones teóricas apuntan a que deberían existir cerca de 60.000 solo en nuestra galaxia.

FAST también buscará e identificará nuevas moléculas en el espacio interestelar. Su sensibilidad mejorada le permitirá, por ejemplo, localizar moléculas de carbono en el espacio con una precisión muy superior a la conseguida hasta ahora.

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