Las lamparas perennes


Era una práctica común entre los primeros egipcios, griegos, y romanos sellar los sepulcros de sus muertos con lámparas encendidas como las ofrenda al Dios de la Muerte. Posiblemente también se creía que el difunto podría usar estas luces
encontrando su camino a través del Valle de la Sombra. Luego, cuando la costumbre se estableció, no sólo se enterraron con el muerto las lámparas reales sino también miniaturas de ellas en terracota.

Algunas de las lámparas eran colocadas en vasos redondos para protección; y hay casos en que el aceite original que se encontró en ellas estaba en un perfecto estado de preservación, después de más de 2,000 años. Hay muchas pruebas que estas lámparas, que estaban ardiendo cuando los sepulcros fueron sellados, todavía estaban encendidas cuando las bóvedas se abrieron centenares de años después.

La posibilidad de preparar un combustible perenne fue fuente de controversia considerable entre los autores del período medieval. Debemos considerar, pues, la posibilidad de que los antiguos sacerdotes-químicos fabricaran lámparas que ardieran, si no indefinidamente, por lo menos largos períodos de tiempo.

Numerosas autoridades han escrito sobre el asunto de lámparas perennes. W. Wynn Westcott estima el número de escritores que han hablado sobre esto en más de 150, y H.
P. Blavatsky en 173.


Mientras las conclusiones alcanzadas por los autores varía, la mayoría admite la existencia de estas lámparas fenomenales. Sólo algunos mantuvieron la afirmación que las lámparas quemarían para siempre, pero muchos estaban deseosos de creer que ellas podrían permanecer encendidas durante varios siglos sin recambio de combustible. Algunos consideraron a las luces perpetuas como artificios de astutos sacerdotes paganos, mientras que otros, admitiendo que las lámparas realmente existían,
agregaban la afirmación que era el Diablo quien estaba usando este milagro para atrapar al crédulo, llevando su alma a la perdición.

En este asunto el sabio jesuita Athanasius Kircher, normalmente fidedigno, exhibe argumentos de una inconsistencia llamativa. En su Œdipus Ægyptiacus él escribe: “Estas lámparas las de la luz perenne, son verdaderamente dispositivos diabólicos, (…) y afirmo que todas las lámparas que se encontraron en las tumbas de los gentiles dedicadas al culto de ciertos dioses, era de este tipo, no por su ardor, o supuesto ardor de llamas perennes, sino porque probablemente el diablo las puso allí, pensando malévolamente en obtener la creencia en un culto falso”.

Habiendo admitido que autoridades fidedignas defienden la existencia de las lámparas de luz perenne, y que incluso el Diablo se presta a su fabricación, Kircher mismo declaró que la teoría entera era imposible, identificándola con el movimiento perpetuo y la Piedra Filosofal. Ya habiendo resuelto una vez el problema a su satisfacción, Kircher lo resuelve de nuevo–pero de forma distinta en las siguientes palabras: “En Egipto hay ricos depósitos de asfalto y petróleo. ¡Lo que hicieron estos hermanos diestros [los sacerdotes] fue conectar a un depósito de aceite por un conducto secreto una o más lámparas, con mechas de asbesto! ¿Cómo sino las tales lámparas podrían arder perpetuamente?” (…) ”

En mi opinión ésta es la solución del enigma de las lámparas perennes y sobrenaturales de la antigüedad”.Montfaucon, en sus Antiquities, está de acuerdo en lo principal con las posteriores deducciones de Kircher, pensando que las lámparas perpetuas legendarias de los templos eran ingeniosas invenciones mecánicas. Él agrega que la creencia en las lámparas perennes de las tumbas fue el resultado de que en algunos casos, al entrar en bóvedas recientemente abiertas un poco de polvo se asemeja a humo. Al descubrir luego las lámparas esparcidas en el suelo, se asumía que ellas eran la fuente de los humos.

Hay varias historias interesantes acerca de los descubrimientos de las lámparas perennes, en varias partes del mundo. En una tumba en la vía Appia que se abrió durante el papado de Pablo III, se encontró una lámpara ardiente que había permanecido encendida en una bóveda herméticamente sellada durante casi 1,600 años. Según un registro escrito por un contemporáneo, el cuerpo de una muchacha joven y bonita con largo cabello dorado se encontró flotando en un líquido transparente desconocido conservada también como si la muerte hubiera ocurrido pero unas horas antes!. En el interior de la bóveda se hallaron varios objetos significativos, entre ellos varias lámparas, y una de ellas encendida. Aquéllos que entraron en el sepulcro, declararon que al abrir la puerta se apagó la luz y la lámpara, no pudo ser encendida nuevamente.

Kircher reproduce un epitafio,” el TULLIOLAE FILIAE MEAE,” supuestamente encuentrado en la tumba, pero que Montfaucon declara que nunca existió. Generalmente se creía que el cuerpo de la chica era el de Tulliola, la hija de Cicerón. Se han descubierto las lámparas perennes en todas las partes del mundo. No sólo en los países mediterráneos sino también en India, Tíbet, China, y Sudamérica se han hallado noticias de lámparas que ardieron continuamente sin combustible. Los ejemplos que siguen están tomados al azar y seleccionados de la imponente lista de lámparas perpetuas encontradas en épocas diferentes. Plutarco escribió de una lámpara que ardió encima de la puerta de un templo a Júpiter Ammon; los sacerdotes declararon que había permanecido encendida durante siglos sin usar combustible.

San Agustín describió que una lámpara perpetua estaba en un templo a Venus en el sagrado Egipto y ni el viento ni el agua podría extinguirla. Él creyó que era una obra del Diablo. Una lámpara perenne se encontró a Edessa, o Antioquía, durante el reino del Emperador Justiniano. Estaba en un nicho encima de la verja de la ciudad, debidamente protegida para protegerla de los elementos. La fecha inscripta en el nicho revelaba que la lámpara había estado encendida por más de 500 años. Fue destruida por los soldados.

Durante la temprana Edad media, una lámpara se encontró en Inglaterra que había estadop ardiendo desde el tercer siglo después de Cristo. Se creía que el monumento que lo contenía era la tumba del padre de Constantino el Grande. La antorcha de Pallas fue descubierta cerca de Roma en D.C. 1401. Se encontró en el sepulcro de Pallas, hijo de Evander, inmortalizado por Virgilio en su Eneida. La lámpara fue colocada a la cabecera del cuerpo y había ardido con una luz firme por más de 2,000 años.

En 1550 D.C. en la isla de Nesis, en la Bahía de Nápoles, una bóveda jaspeada magnífica fue abierta y allí se encontró una lámpara que seguía prendida y qué se había puesto allí antes de la Era cristiana. Pausanias describió una hermosa lámpara áurea en el templo de Minerva que estuvo encendida firmemente durante un año sin repostar o tener la mecha arreglada. La ceremonia de llenar la lámpara tuvo lugar anualmente, lo cual era realizado en una ceremonia.

Según la Fama Fraternitatis, la cripta de Christian Rosencreutz, cuando se abrió 120 años después de que su muerte, fue encontrada brillantemente iluminada por una
lámpara perpetua suspendida del techo. Numa Pompilius, el Rey de Roma y mago de poder considerable, creó una luz perpetua para arder en el domo de un templo que él había creado en el honor de un ser elemental. En una tumba curiosa de Inglaterra se encontró un mecanismo automático que movía ciertas piedras en el suelo de la bóveda al ser pisadas por un intruso. En ese momento la controversia de los Rosacruces estaba en su punto más alto y se creía que la tumba era la de un iniciado Rosacruz. El lugareño que descubrió la tumba encontró el interior de la misma iluminado por una lámpara que colgaba del techo. Al caminar, su peso movió algunas de las piedras del suelo. Enseguida una figura sentada en una armadura pesada empezó a moverse. Mecánicamente golpeó la lámpara con un bastón férrico, destruyéndola completamente, y evitando así el descubrimiento de la sustancia secreta que mantuvo la llama encendido. No se sabe cuánto tiempo la lámpara había ardido, pero ciertamente había sido un considerable número de años.

Tambien se afirma que estas lámparas han sido halladas en tumbas cerca de Memphis y en templos brahmánicos de la India, junto a cámaras selladas y vasos, pero la
exposición súbita al aire las ha extinguido y causado que su combustible se evaporase. Se cree ahora que las mechas de estas lámparas perpetuas eran hechas de trenzas tejidas de asbesto, llamado “piel de salamandra” por los alquimistas, y que el combustible era uno de los frutos de la investigación alquímica. Kircher intentó extraer aceite del
asbesto, convenciéndose que como la propia sustancia era indestructible por el fuego, un aceite extraído de ella proporcionaría una lámpara con un combustible indestructible.
Después de pasarse dos años trabajando infructuosamente, él concluyó que la tarea era imposible de lograr.

Varias formulas para la fabricación del combustible para las lámparas han sido en preservadas. En Isis sin Velo, H. P. Blavatsky reimprime dos de estas fórmulas, de los
antiguos autores Tritenheim y Bartolomeo Korndorf. Una de ellas bastará para comprender el proceso:
“Se toman cuatro onzas de sulfuro y alumbre y se subliman en flores hasta dos onzas. Añádase una onza de polvo de borax cristalino de Venecia y sobre estos ingredientes se
vierte espíritu de vino muy rectificado, para que se dirigieran en él. Se evapora después en frío y se repite la operación hasta que puesto el sulfuro sobre un plato de bronce se
ablande como cera sin despedir humo. Así se obtendrá el pábulo. En cuanto al pabilo se prepara como sigue: Tómense hebras de amianto del grueso del dedo del corazón y largo del meñique y pónganse en un vaso de Venecia recubriéndolas con el pábulo.

Déjese el vaso durante 24 horas dentro de arena lo bastante caliente para que el pábulo hierva todo este tiempo, y una vez embadurnado así el pabilo se le pone en un vaso de
forma de concha, de manera que el extremo de las hebras sobresalga de la masa del pábulo. Colóquese entonces el vaso sobre arena caliente para que, derretido el pábulo,
se impregne el pabilo y una vez encendido éste arderá con llama perpetua que se podrá llevar a cualquier sitio.

Tomado de “THE SECRET TEACHINGS OF ALL AGES”, capítulo “Maravillas de la antigüedad” y traducido por Biblioteca Upasika

Las Agresiones a la Selva Amazónica


En la Amazonia brasileña vivían seis millones de personas en 1969; medio siglo después, en 2010, la población había aumentado hasta los 25 millones y la superficie de selva se había reducido un 20%, señala un equipo internacional de científicos. Deforestación, incendios, extensión de la agricultura, talas de árboles, sequías y cambio climático… las agresiones se acumulan una tras otra en esa región del planeta extensa y compleja, cuya biomasa retiene unos 100.000 millones de toneladas de carbono, es decir, más de lo que emite en 10 años en todo el mundo los combustibles fósiles. Los ciclos de agua y energía están ya en transición en algunas regiones amazónicas. ¿Existe un umbral de cambio irreversible? “Las selvas tropicales son grandes actores del balance global del clima y del carbono, y el Amazonas es el mayor de esos actores”, señala Paulo Artaxo, de la Universidad de São Paulo (Brasil).

Los científicos conocen mucho de la Amazonia, pero ignoran muchos procesos clave para vislumbrar su futuro, y los cambios tienen alcance planetario: la región puede pasar de ser un sumidero de carbono a ser un emisor. “La selva tiene una capacidad de recuperación considerable frente a variaciones climáticas naturales, pero el efecto del cambio climático global y regional interactúa con los cambios del uso de la tierra, la tala de árboles y los incendios de un modo complejo, provocando que los ecosistemas forestales sean cada vez más vulnerables”, señalan los investigadores -de EE UU y de Brasil- que, bajo la dirección de Eric A. Davidson (del Centro de Investigación Woods Hole, EE UU), analizan el panorama del Amazonas en Nature.

La Amazonia registra variaciones climáticas naturales, como las sequías e inundaciones debidas al efecto del fenómeno oceánico El Niño-La Niña y al ciclo natural de humedad de 28 años, señalan los expertos. Los árboles están adaptados y resisten esas sequías estacionales, pero cuando son extremas, la vegetación sufre daños notables. Por eso, los investigadores advierten acerca del riesgo “de pérdida de carbono si la sequía se incrementa con el cambio climático”.

La deforestación, tanto para abrir espacio a la creciente ganadería, como debida a talas de explotación maderera y a la extensión de la agricultura (el cultivo de soja se ha extendido notablemente), es un problema conocido. Con las medidas de protección, en Brasil se ha pasado de perder casi 28.000 kilómetros cuadrados de selva cada año, en 2004, a perder menos de 7.000 kilómetros cuadrados en 2011. Pero su impacto es enorme.

“El aire que llega del Atlántico aporta dos tercios de la humedad que provocan las precipitaciones en la cuenca amazónica; el resto se debe a la evapotranspiración, sobre todo de los árboles”, señalan los científicos. Así la deforestación desencadena cambios importantes en el equilibrio hídrico, provocando a la larga una reducción de las precipitaciones, sobre todo en la región del sureste, donde la pérdida de selva es mayor. “Los cambios en las precipitaciones y en la descarga fluvial asociados a la deforestación que ya se ha observado en el sur y en el este de la Amazonia, demuestran un potencial para alteraciones significativas de la vegetación y posteriores efectos de retroalimentación”.

Otro fenómeno clave son los incendios, la mayoría provocados. Durante la estación húmeda el aire de la región amazónica es tan prístino como el aire sobre el océano abierto. Pero cuando hay un incendio, el nivel de partículas llega a 40.000 partículas por centímetro cuadrado en suspensión. Esto influye negativamente en la formación de gotas de agua y llueve menos, al tiempo que se forman nubes densas que disminuyen la cantidad de luz que llega al suelo para la fotosíntesis. El efecto es más sequía, más contaminación y mayor riesgo de incendios.

La vegetación amazónica acumula carbono, pero también emite gases de efecto invernadero. Los procesos implicados son complejos, resaltan Davidson y sus colegas: “Los impactos del cambio del uso de la tierra y del cambio climático en el Amazonas, ¿están sobrepasando el nivel de variabilidad natural del clima, las emisiones de gases de efecto invernadero y los ciclos de carbono, nitrógeno y agua?”. No tienen una respuesta para todas y cada una de las consecuencias del cambio del uso de la tierra y del calentamiento global, reconocen. Pero “la deforestación ha desplazado el balance neto de la cuenca desde un posible sumidero neto a finales del siglo XX hacia una fuente neta”.

“La selva resiste las alteraciones, pero cuando se alargan o se repiten cambia su estructura y la dinámica de nutrientes, hacia un cambio a largo plazo de la composición de la vegetación y pérdida de carbono”, concluyen.

De momento, a escala planetaria, el carbono almacenado en la vegetación tropical (América del sur, África y Asia) es notablemente superior (un 21%) a lo que se había estimado hasta ahora, según otro estudio de Woods Hole. Pero la deforestación tropical es una de las fuentes principales de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático, emitiendo cada año 1.100 millones de toneladas de carbono, advierten los investigadores de este segundo trabajo, liderado por Alessandro Baccini.

Ellos han hecho un mapa del carbón almacenado en bosques, arbustos y sabanas tropicales de los tres continentes combinando datos de satélites con registros de campo. El mapa, consideran los científicos, será muy útil en las políticas de control de las emisiones, al proporcionar estimaciones temporales y espaciales del carbono almacenado y el emitido con la deforestación.

Fuente: El País

La Pequeña Edad de Hielo


Desde el final de la Edad Media hasta casi acabado el siglo XIX, la Tierra pasó por un largo período de enfriamiento que los científicos denominan Pequeña Edad de Hielo, una época en la que pueblos alpinos quedaron arrasados por el avance imparable de los glaciares y los ciudadanos londinenses, aunque parezca increíble, podían patinar sobre el Támesis. El origen de esta abrupta y larga temporada de reducción de temperaturas ha sido siempre un misterio envuelto en especulaciones, pero ahora un equipo internacional, dirigido por investigadores de la Universidad de Colorado Boulder en EE.UU., cree tener la respuesta al enigma. Este frío intenso fue causado, según publican esta semana en la revista Geophysical Research Letters, por unas gigantescas erupciones volcánicas en el trópico que iniciaron una cadena de efectos sobre el clima.

Según la nueva investigación, la Pequeña Edad de Hielo comenzó repentinamente entre los años 1275 y 1300 d.C. tras sucederse cuatro erupciones volcánicas masivas en el trópico, unos episodios que duraron unos cincuenta años. La persistencia de veranos fríos tras las erupciones se explica por la posterior expansión del hielo marino y un debilitamiento de las corrientes del Atlántico relacionadas, según las simulaciones computacionales realizadas para el estudio, que también analizó patrones de vegetación muerta y datos tomados del hielo y sedimentos.

Los científicos han teorizado que la Pequeña Edad de Hielo fue causada por la disminución de la radiación solar de verano, por volcanes en erupción que enfriaron el planeta al emitir sulfatos y otras partículas en aerosol que reflejaban la luz solar hacia el espacio, o por una combinación de las dos cosas. «Esta es la primera vez que alguien ha identificado claramente el inicio específico de los tiempos de frío que marcaron la Pequeña Edad de Hielo», dice Gifford Miller, investigador de la Universidad de Colorado en Boulder y autor principal del estudio. «También hemos explicado cómo este período frío pudo mantenerse durante tanto tiempo. Si el sistema climático es golpeado una y otra vez por el frío durante un período relativamente corto -en este caso, por erupciones de origen volcánico- parece que hay un efecto de enfriamiento acumulativo»

«Nuestras simulaciones mostraron que las erupciones volcánicas pueden haber tenido un efecto de enfriamiento profundo», añade Bette Otto-Bliesner, científico del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica (NCAR) y coautor del estudio. «Las erupciones podrían haber provocado una reacción en cadena, afectando al hielo y a las corrientes oceánicas de una manera que disminuyó las temperaturas durante siglos».



Avance de los glaciares

Los científicos estiman que los comienzos de la Pequeña Edad de Hielo se produjeron del siglo XIII al XVI, pero hay poco consenso al respecto. Aunque las temperaturas de enfriamiento pudieron afectar a lugares tan lejanos como América del Sur y China, se hizo particularmente evidente en el norte de Europa. El avance de los glaciares de los valles de montaña destruyó pueblos alpinos y las pinturas de la época muestran a la gente patinando sobre hielo en el río Támesis en Londres y en los canales de los Países Bajos, lugares que estaban libres de hielo antes y después.

«La forma dominante en la que los científicos han definido la Pequeña Edad de Hielo es por la expansión de los glaciares en los Alpes y en Noruega», apunta Miller. «Pero el tiempo en que los glaciares europeos avanzaron lo suficiente como para demoler pueblos enteros sucedió mucho tiempo después del inicio del período de frío».

Miller y sus colegas fecharon con radiocarbono cerca de 150 muestras de material vegetal muerto con las raíces intactas, recogidas en la isla de Baffin, en el Ártico canadiense. Encontraron un gran número de muestras de entre 1275 y 1300, lo que indica que las plantas habían sido congeladas y envueltas por el hielo por un acontecimiento relativamente repentino. El equipo halló un segundo repunte de muestras de plantas congeladas sobre el año 1450, lo que indica un segund0 enfriamiento.

Capas de hielo más gruesas

Para ampliar el estudio, los investigadores analizaron muestras de sedimentos de lagos glaciares vinculados a la capa de hielo de 367 kilómetros cuadrados en el Langjökull, en la sierra central de Islandia, que llega a casi un kilómetro de altura. La capas anuales en los núcleos se volvieron repentinamente más gruesas a finales del siglo XIII y otra vez en el siglo XV debido al aumento de la erosión causada por la expansión de la capa de hielo que enfría el clima.

Los científicos emplearon un modelo que simula las condiciones del mar de 1150 a 1700 dC, lo que reveló la existencia de grandes erupciones que podrían haber enfriado el hemisferio norte lo suficiente como para desencadenar la expansión del hielo marino del Ártico.

Para los científicos, una de las cuestiones para reflexionar sobre la Pequeña Edad de Hielo es lo inusual que resulta el calentamiento actual de la Tierra. Una investigación previa realizada por Miller en 2008 en la isla Baffin indicaba que las temperaturas actuales son las más cálidas en los últimos 2.000 años.

Fuente: ABC

La Misteriosa Isla de San Brandran


La Isla Brasil es una isla fantasma situada en algún lugar del océano Atlántico y conocida de diversas formas desde su primera aparición en la mitología irlandesa, alguna vez identificada con la isla de San Brandán.

En el mapa de Pizigani de 1367 con el nombre de isla de Braçir es triple; en mapas posteriores se conocerá con los nombres de Braxil, Brazille y otras variantes, con las que llegará todavía al mapa de Jefferys, publicado ya en el siglo XVIII. En el controvertido mapa de Vinlandia, se identifica con la isla de San Brandán situada frente a las costas de Francia: «Magnæ insulæ Beati Brandani Branziliæ dictæ».

En 1498 Pedro de Ayala, embajador de los Reyes Católicos ante la corte inglesa, informaba de que desde hacía siete años buscaban la isla navíos ingleses.

Tales expediciones pudieron de hecho iniciarse hacia 1480, en relación con la búsqueda de caladeros de bacalao. También hablaba de esas expediciones hacia 1498 John Day, un mercader inglés, en carta dirigida probablemente a Cristóbal Colón, donde afirmaba que los marinos de Bristol habían llegado a ella, situándola por tanto en el Atlántivo Norte, próxima a Terranova y en relación con las expediciones de Juan Cabot.

Se dice que fue descubierta por los portugueses a su llegada a Brasil tras el descubrimiento de América, aunque el primer nombre que dieron al territorio del actual Brasil fue el de «Terra Sanctae Crucis». Según ellos, su posesión colonial estaba separada del resto del continente suramericano por los ríos Orinoco, Paraguay, Río Paraná y Río de la Plata, pretendiendo así todos los territorios encuadrados entre tales ríos. Esta denominación fue mantenida prácticamente hasta mediados del siglo XVIII. Se cree que los habitantes de estas islas tenían una forma de vida muy avanzada a la de la época, y consideraban a los irlandeses, franceses, y británicos como salvajes. Un día la isla desapareció al parecer por un tsunami, ya que se hundió.

La Isla de San Borondón

Mito, leyenda, tradición y misterio oceánico que deambula errante por los mares de La Palma. En el año 480 de la Era del Señor nació Brandán en Irlanda. Desde muy joven entra en la orden benedictina. Cuentan que un día que navegaba en busca de tierras que evangelizar, cuando el crepúsculo se apoderaba de la noche, encontró una isla. Los navegantes saltaron, a esa supuesta tierra firme a descansar de jornadas en un mar tenebroso y desconocido.

El silencio y la oscuridad atrajeron a los marineros que se entregaron al sueño, mientras, Brandán rezaba, observaba el cielo y el camino de los astros, hasta que se dio cuenta que lo que creía por tierra firme se movía hacia Oriente. Con el alba reunió a sus compañeros y les dijo: “no dejemos de dar gracias al Soberano y Dueño de todas las cosas, a este Dios cuya Providencia nos ha preparado en medio de los mares un nuevo bajel que no tiene necesidad ni de nuestras velas, ni de nuestros remos”. Estaban navegando sobre el lomo de una gran ballena.

El viaje continuó lentamente durante 40 días, por mares abiertos y confiado en la Divina Providencia. Por fin la ballena, a la cual llamaban Jasconius, les arribó a una isla exuberante, altanera, con alegres cantos de mirlos y otros pájaros desconocidos, aguas de mar cristalinas donde los peces de mil colores jugaban con la espuma. Todo era quietud, paz, soledad en esa isla de limpias arenas negras, surcada por riachuelos, con extraños carneros, poblada de ricos frutos y de gratos aromas. ¿Sería el Paraíso? Siete años la habitaron. Y a ese paraíso de isla la leyenda le puso el nombre de San Barandán o San Borondón.

Y el mito y el misterio siguió corriendo los siglos, hasta que el mismísimo Cristóbal Colón en su diario de abordo anotaba el 9 de agosto de 1492 juraban muchos hombres honrados “.que cada año veían tierra al Oeste de las Canarias, que es al Poniente; y otros de La Gomera afirmaban otro tanto con juramento”. Y el almirante puso rumbo al poniente, por donde aparecía San Borondón, en busca de tierras firmes. La isla aparece y desaparece llamando a navegantes y aventureros. Se hicieron expediciones en su busca que afirmaban haber estado en ella. Errante, viajera, inestable y misteriosa. Una veces la han visto por el poniente de La Palma, más al norte o al sur, entre El Hierro y La Palma, otras frente al Puerto de Tazacorte.

Los palmeros continúan mirando al horizonte en busca de esa isla de aves y plantas exóticas, seres extraños, arroyo cristalinos, aromas dulces, tiempos apacibles y frescos, nieve en el reino del aire, mar limpio repleto de peces de mil tonalidades, gigantescos dragos que parecen dragones, montañas de formas redondas, barrancos abismales.¿Será La Palma la misteriosa y mítica isla de San Borondón y la otra, que aparece y desaparece en el horizonte, un espejismo?.

La Evolución de los Dispositivos Conectados a Internet


Día tras día, millones de personas se conectan a Internet a través de los más variados tipos de dispositivos – PCs, smartphones, TVs, tablets. Y esta es una tendencia que evoluciona y crece con el tiempo ya que en los próximos años veremos interconectados aparatos de los más insólitos como lavadoras o frigoríficos, coches, …

Pincha en la foto para verlo en grande, INCREIBLE, ¿verdad?

 

La Plataforma de Ross – El Mayor Inlandsis de la Tierra


Un Inlandsis es una masa glaciar de enormes proporciones y que cubre extensas superficies continentales en las zonas polares Presenta una morfología lenticular biconvexa, con un acusado grado de curvatura y espesores que superan los 2.000 m de potencia en sus zonas más centrales. Aparecen constituidos por la sucesiva acumulación de hielo de un año a otro; los enormes volúmenes alcanzados en estos glaciares se explican por la escasez de fenómenos tales como la ablación, más que por las precipitaciones recibidas en las zonas polares donde se desarrollan.

Sobre los inlandsis, durante las épocas de estío, las aguas de fusión forman corrientes de agua que discurren por la superficie y trazan canales de algunos metros de profundidad hasta desaparecer en pozos excavados en el hielo. Las lenguas glaciares procedentes del inlandsis descienden hasta zonas latitudinales más bajas, donde el proceso de fusión es más acusado. Aquéllas que llegan a alcanzan el mar sufren la acción de la dinámica costera hasta fragmentarse en grandes bloques o icebergs.

El modelado derivado de la presencia de un inlandsis es poco activo en la zona propiamente ocupada por éste; se suele centrar en el pulimento de algunos drumlins o en la formación de morrenas de fondo. Cuando esta enorme masa de hielo tiende a retroceder aparecen ciertos depósitos de origen, por tanto, fluvial y subglaciar. Por el contrario, el modelado adquiere un gran desarrollo e importancia en las zonas de frente, donde se desarrollan multitud de morfologías fluvioglaciares como los sandur o pequeños lagos en las cubetas de sobreexcavación. También se pueden generar grandes y extensos lagos en las superficies más llanas o de topografías depresivas como sucede en los Grandes Lagos americanos.

Actualmente existen dos inlandsis situados respectivamente en Groenlandia y en La Antártida. El casquete groenlandés cubre las tres cuartas partes de la isla, con un área aproximada de 1.833.900 km2. El casquete antártico de mayores proporciones abarca un área aproximada de 13.500.000 km2 y en algunos lugares penetra en el océano en forma de extensas plataformas de hielo; la plataforma de Ross es la mayor de todas, con una extensión de 520.000 km2 y una superficie que se eleva por término medio 70 m por encima del nivel del mar.

La RMA – Ruta Marítima del Ártico


La RMA es la principal vía marítima del Ártico que une los puertos de Europa y del Extremo Oriente ruso.

El primer ministro ruso, Vladímir Putin, dio en septiembre del 2011 el espaldarazo definitivo a la ruta marítima ártica, una alternativa al canal de Suez que podría revolucionar el transporte mundial de mercancías.

“Esta vía (ártica) es prácticamente un tercio más corta que la ruta tradicional. Ésta es una magnífica ocasión de optimizar los gastos de transporte”, señaló Putin, citado por las agencias rusas.

Putin aseguró que, “según datos preliminares, el volumen de tránsito de mercancías en 2011 puede alcanzar las 700.000 toneladas”, cuando el pasado año fue de 228.000 toneladas. “No tengo ninguna duda de que esto es sólo el comienzo”, dijo Putin durante un foro al que también asistieron el presidente de Islandia, Olafur Ragnar Grimsson, Alberto II de Mónaco, diplomáticos, científicos y empresarios de otros países árticos.

La considerable reducción de la capa de hielo que cubre el océano Glacial Ártico debido al calentamiento global permitió el pasado año que un petrolero ruso abriera este itinerario con la ayuda de varios rompehielos.

“El cambio climático que incrementa gradualmente el período de navegación y el progreso tecnológico abren a la humanidad nuevos territorios por descubrir en la región ártica (…) Y es evidente que la actividad económica crecerá”, dijo Putin. Por esto, Rusia construirá nuevos puertos en la costa ártica, donde los buques podrán abastecerse y atracar en caso de accidente y que contarán con centros de coordinación de las operaciones de salvamento, apuntó.

Fuente: Ria Novosti

Grifo – Animal Mitológico


El Grifo fue un animal fabuloso, presente de forma ininterrumpida en la mitología de las civilizaciones de Oriente Próximo y Asia occidental, cuya forma varía con el tiempo, si bien siempre es fácilmente reconocible ya que combina un cuerpo de león con cabeza, pecho, alas y garras de águila. Ésta morfología puede presentar variantes: la cabeza puede ser de buitre o, sobre todo en las representaciones mesopotámicas, de león. Las patas pueden ser todas de león o todas de águila, o bien aparecer dos y dos. Es posible también que el cuerpo del felino aparezca alado y sea más pequeño, del tamaño de un lobo, y ocasionalmente puede tener cola de serpiente. Otras veces se le atribuía cuerpo de león, pero con cabeza y alas de águila, orejas de caballo y una cresta con aletas de pez. Por otra parte, la postura del grifo no es uniforme: aparece amenazador y rampante, como custodio de un trono real, como montura de un dios o, simplemente, como un animal de presa. Lo mismo se puede decir respecto a su color; el historiador griego Ctesias decía que estaba cubierto de plumas rojas en el pecho y negras en el cuerpo, azules en el cuello y blancas en las alas, pero en época bizantina, cuando el grifo consolida por completo su carácter solar, es totalmente blanco.

De todo lo anterior se deduce que el grifo reunía en sí los caracteres físicos de los dos animales más poderosos de la tierra y del aire, el león y el águila. Era regente del aire y también de la tierra. Esta imagen de imponente poder se refleja en la etimología del nombre, pues grifo parece provenir de la raíz indoeuropea grah, ‘agarrar’, en referencia a la condición rapaz y agresiva de este animal.

Las imágenes del grifo más antiguas remiten por igual a Mesopotamia y Egipto, lo que no permite saber con exactitud cuál fue su lugar de origen. Sin embargo, sí parece probado que esta figura mítica conoció un enorme éxito iconográfico y se fue dispersando hacia Palestina y Siria, y de allí hacia Grecia. Del arte griego pasó luego al etrusco y, más tarde, al bizantino. Los artistas medievales también incorporaron esta figura a sus composiciones; así, aparece en el Libro de Alexandre o en los relieves de la catedral de Santiago de Compostela.

Con el paso del tiempo, los caracteres del grifo se fueron definiendo. Quedó convertido en un ave cuadrúpeda de enormes garras, con uñas del tamaño de los cuernos de un buey, capaces de aferrar el cuerpo de un caballo o de un hombre completamente armado y transportarlo por los aires (las garras eran tan grandes que se podía fabricar una taza o un vaso con cada una de ellas; de hecho, durante la Edad Media se comerció frecuentemente con supuestas garras de grifo, en la creencia de que cambiaban de color si se introducía un veneno en ellas). Cuando el grifo echaba a volar, el viento que producían sus fuertes alas bastaba para derribar a los hombres. Los grifos vivían en los montes Hiperbóreos, en algún punto de Escitia, en lucha constante con los arimaspos, los cuales intentaban robarles el oro y las esmeraldas que colocaban en su nido como talismán contra las alimañas venenosas del monte. Los enemigos naturales del grifo eran los hombres, a los que no temía en absoluto, y los caballos. De su enorme hostilidad hacia este animal da cuenta el hecho de que Virgilio no encuentra imagen más significativa para describir las bondades de la Edad de Oro que decir que en esta época incluso los caballos se mezclaban con los grifos (posteriormente esta idea hará fortuna en la figura del Hipogrifo).

Lo verdaderamente increíble de este animal, cuya presencia es constante en la mitología de la zona mediterránea y de Oriente medio desde hace seis mil años, es que nunca ha dado lugar a una auténtica leyenda mítica. En efecto, tan sólo dos apuntes existen referentes al grifo: uno es la lucha contra los grifos custodios del oro, y el otro el viaje por los aires de Alejandro Magno.

Es en Grecia donde aparece por primera vez el motivo de la lucha entre los hombres y los grifos en un poema del siglo IV a.C., titulado Arimaspeia, del que por desgracia no se conservan más que seis versos. El autor del relato, el poeta Aristea de Proconeso, cuenta su viaje hacia el país de los hiperbóreos, la tierra del dios Apolo, quien le había inspirado su obra. Durante el camino se había encontrado a los arimaspos, unos extraños seres ciclópeos, en lucha perpetua con los grifos para apoderarse del oro que éstos custodiaban. Un siglo más tarde el historiador Heródoto retomó la historia y escribió que los grifos construían nidos de oro.

La segunda leyenda relacionada con el grifo aparece ya en época medieval, en el Libro de Alexandre, reconstrucción fantástica de la vida del emperador Alejandro Magno, en la cual el macedonio se convierte en un héroe en el que confluyen motivos religiosos, caballerescos, legendarios, etc., capaz de realizar numerosas proezas. Entre ellas está la de enganchar en su carruaje dos grandes grifos. El macedonio, ya conquistada la tierra, decide a emprender la conquista del cielo; asciende a una elevada montaña cercana al Mar Rojo y ordena construir una especie de cesto que sujeta con cadenas a unos grifos. Alejandro idea entonces una treta para conseguir que los grifos levanten el vuelo. Sentado en el interior de la barquilla, sujeta en sus manos dos largas pértigas de madera en cuyo extremo había colocado unos trozos de carne que caían justo delante del pico de los animales; así pues, éstos, en su afán de alcanzarla, echan a volar. Después de sobrevolar la tierra durante el tiempo suficiente para verla como una isla rodeada del océano, la extraña aeronave cayó al agua, al parecer sin consecuencias trágicas para el rey. Se trata éste de un motivo recurrente en la iconografía mundial a lo largo de la historia que, como el anterior, no ha permanecido en el imaginario colectivo.

Los antiguos hebreos consideraron que el grifo representaba Persia y su religión dualista, el zoroastrismo, pero básicamente el grifo fue siempre -como tantos otros híbridos- una figura guardiana. En la Creta minoica representó la valentía vigilante, y así también lo consideraron los antiguos griegos, convencidos de que los grifos protegían los tesoros de oro en Escitia e India. Para los romanos, el grifo fue el emblema de Apolo, el dios del sol, y estuvo relacionado con Atenea, diosa de la sabiduría y con Némesis, diosa de la venganza. Con la llegada del cristianismo, el grifo se convirtió en la imagen de venganza y la persecución y, ya en época medieval, fue uno de los pilares de los bestiarios cristianos, pues pasó a simbolizar la naturaleza dual -humana y divina- de Cristo. En cualquier caso, el grifo siempre mantuvo su carácter guardián pues imágenes suyas en piedra -a modo de gárgolas- custodian frecuentemente los templos y palacios en la arquitectura gótica de la Baja Edad Media.

En realidad, toda esta enorme difusión del grifo parece deberse a su aspecto formal, elegante y vigoroso, el cual se presta a un papel emblemático y simbólico, antes que a una fabulación mítica. Esta es quizá la razón que explica el dilatado uso de esta figura en heráldica, donde siempre ha representado la fuerza y la vigilancia.

El Viaje de Jasón y los Argonautas en su Búsqueda del Vellocino de Oro


Los Argonautas son el nombre que reciben en su conjunto los acompañantes de Jasón en su búsqueda del vellocino de oro. Deben su nombre al de la nave que los llevaba Argo (‘rápido’), que a la vez coincidía con el de su constructor, Argo.

Hay diversas listas que detallan los hombres y héroes que llevaron a cabo este viaje, en las que aparecen distintos personajes; las dos principales y más fidedignas son las de Apolodoro y Apolonio de Rodas. El número suele ir de cincuenta a cincuenta y cinco, ya que el barco estaba pensado para llevar a cincuenta remeros. Los principales personajes que participan en las aventuras y que aparecen en todas los catálogos que recogen a estos viajeros son:

  • Argo, el constructor de la nave.
  • Tifis, el piloto que había aceptado el cargo por orden de Atenea, quien le había instruido sobre el arte de la navegación, por aquel entonces desconocido.
  • Ergino, hijo de Poseidón que reemplaza a Tifis cuando éste muere en el país de los mariandinos.
  • Orfeo, músico tracio que marcaba el ritmo a los remeros. Una versión cuenta que los dioses le habían mandado que acompañara la expedición para que sus cantos eclipsaran a los de las Sirenas.
  • Idmón, Anfiarao y Mopso, adivinos.
  • Zetes y Calais, los dos hijos de Bóreas
  • Los Dioscuros, Cástor y Pólux.
  • Idas y Linceo, hijos de Afareo y primos de los anteriores.
  • Etálides, hijo de Hermes que hizo de heraldo de la expedición.
  • Heracles, que protagoniza el rapto de Hilas, aunque no aparece en todas las relaciones.

Construcción de la nave

Argo construyó la nave en Págasas (Tesalia), con ayuda de Atenea. La madera que sirvió para su construcción era del Pelión, excepto la que componía la proa que era un trozo de roble sagrado de Donona, traído por la diosa. Ella misma se encargó de tallarla y le confirió el don de la palabra y la profecía.

El viaje

El barco partió tras hacer un sacrificio a Apolo. Los oráculos habían sido todos positivos, pues predecían la vuelta con vida de todos ellos, a excepción de Idmón.

La primera escala fue en la isla de Lemnos, que se encontraba en ese momento desprovista de hombres, pues las mujeres les habían dado muerte. De este modo, los argonautas se unieron a ellas y les dieron hijos. Después fueron a Samotracia, donde Orfeo les incitó a iniciarse en sus misterios. Más tarde, ya en el interior del Helesponto, llegaron a la isla de Cícico, país de los doliones, cuyo rey se llamaba Cícico igualmente. Allí fueron muy bien acogidos y permanecieron un día, al cabo del cual partieron de nuevo. Sin embargo, un viento adverso les devolvió a las mismas costas, sin ellos advertirlo. Por su parte, los doliones tampoco reconocieron a sus recientes huéspedes y, creyendo que eran piratas pelasgos que atacaban, tomaron las armas. Se inició una cruel batalla, en la que el propio Jasón mató con su lanza al rey. Al amanecer, se dieron cuenta de su error y se lamentaron de su infortunio. Jasón entonces decidió ofrecer grandes funerales por Cícico y, durante tres días, hubo lamentaciones rituales y juegos en honor del difunto, lo que no evitó que la esposa del rey, Clite, se ahorcara. Se cuenta que las ninfas lloraron de tal modo que sus lágrimas dieron origen a la fuente que se conoce por el nombre de la reina, Clite. Antes de partir, levantaron una estatua en el monte Díndimo en honor de Cibeles.

Heracles, Polifemo e Hilas

La siguiente etapa los condujo más al Este, a la costa de Misia. Allí Heracles tuvo que ir a buscar un árbol apropiado para hacerse un remo, pues el suyo lo había desgastado. Mientras Hilas, joven que acompañaba a Heracles, fue a buscar agua para la comida. Las ninfas, prendidas de su belleza, lo atrajeron hasta el manantial y el pobre muchacho murió. Polifemo, que andaba cerca, oyó el grito del niño y se puso a buscarle sin éxito. Más tarde, se le uniría Heracles y, así, ambos se pasaron la noche en vela intentando hallarlo. El barco zarpó en la madrugada y, ni Polifemo, ni Heracles estaban a bordo.

Ámico

El siguiente punto de escala fue el país de los Bébrices, cuyo rey, Ámico, era un gigante hijo de Poseidón que se complacía en retar a sus visitantes y matarlos a puñetazos. Pólux aceptó el reto y le venció; sin embargo, le perdonó la vida a cambio de que no volviese a molestar a los extranjeros que llegaran a su reino. En algunas tradiciones, se establece una batalla entre argonautas y bébrices con grandes bajas entre estos últimos que hubieron de dispersarse.

Fineo

Posteriormente, desembarcaron en la costa de Tracia y fueron a dar al país de Fineo, adivino ciego hijo de Poseidón. Este hombre había sido castigado por los dioses de manera que, cada 0vez que se disponía a comer, las Harpías devoraban parte de los alimentos, ensuciando el resto con sus excrementos. Al ser preguntado el adivino por los peligros que aún acechaban a los argonautas en su viaje, éste se negó a responder si antes no le libraban de su terrible maldición. Así, le pidieron al anciano que se sentara y, cuando las Harpías aparecieron, empezaron a ser perseguidas por Calais y Zetes, hijos del viento e igualmente alados. Exhaustas, tuvieron que rendirse y prometer por el Éstige no volver a molestar más a Fineo. Al fin libre de tan cruel tortura, les previno de un peligro inminente: las Rocas Azules o Cianeas, escollos flotantes que chocaban entre sí. Para este lance, les aconseja que suelten una paloma y, si ésta es apresada por las rocas, renuncien a la empresa; en caso contrario, pueden avanzar. Además les informa de otros percances que van a sufrir y cómo solventarlos.

Las Rocas Azules

Tras conocer el oráculo parten de nuevo y, al llegar frente a las Rocas Azules (conocidas también como Simplégades, ‘rocas entrechocantes’), sueltan una paloma que logra atravesar sin dificultad el trayecto, aunque justo al final pierde dos o tres plumas que quedan apresadas entre las dos rocas. Efectivamente, cuando ellos realizan la misma ruta, consiguen pasar, mas la popa es levemente dañada. Tras esto, las rocas permanecieron fijas, pues estaba escrito que, en el momento que un barco cruzara entre ellas, nunca más se moverían.

Muerte de Idmón y Tifis

Así, consiguieron entrar en el mar Negro y llegar al país de Lico, rey de los Mariandinos, donde fueron bien recibidos. Sin embargo, dos desgracias aguardaban a los argonautas en este lugar: la muerte de Idmón, herido por un jabalí en una cacería, y la del piloto Tifis, que hubo de ser sustituido por Anceo. Tras pasar la desembocadura del Termodonte y costear el Cáucaso, llegaron finalmente a Cólquide, destino de su viaje.

Jasón se presentó al rey Eetes y le explicó el motivo de su llegada: necesitaba el vellocino de oro para entregárselo a Pelias y, de este modo, recuperar el reino que le correspondía. El rey de Cólquide no se negó, pero le impuso la condición de poner bajo el mismo yugo dos toros nunca uncidos de pezuñas de bronce que arrojaban fuego, regalo que le había hecho Hefesto a este rey hacía ya muchos años. Además, si lograba este requisito, tendría que arar con ellos un campo y sembrar los dientes del dragón de Ares, que Atenea había dado a Eetes.

El héroe se quedó muy contrito ante tamañas peticiones, pues no sabía cómo podría llevarlas a cabo. Sin embargo, todo fue más fácil de lo que él suponía, pues la hija del rey, Medea, se había enamorado de Jasón y le prometió ayudarle si le daba palabra de matrimonio y se la llevaba a Grecia. De este modo, tras hacer un juramento solemne, Medea, que era maga, le dio un ungüento que le haría invulnerable al fuego y al hierro durante veinticuatro horas y así podría solventar el problema de las reses. En cuanto a los dientes del dragón, le advirtió que de ellos saldrían soldados armados que intentarían matarle, pero que él debía arrojar una piedra desde lejos y esto haría que los soldados luchasen entre sí, al culparse unos a otros del hecho. Jasón hizo todo tal y como Medea le había indicado y, efectivamente, cumplió los requisitos impuestos por el rey. Éste no quiso cumplir su palabra y pretendía incendiar el Argo y dar muerte a toda la tripulación, mas Medea de nuevo ayudó a Jasón e hizo que, con su magia, el dragón que custodiaba el vellocino durmiera. Robada la preciada piel, huyeron.

Viaje de regreso

Persecución de Eetes

Cuando el rey de Cólquide vio que se habían llevado el vellocino y a su hija, fue en pos de la nave. Como Medea había previsto esta reacción, mató a su hermano Apsirto y fue arrojando trozos de su cuerpo al mar. El padre tuvo que ir parando a recogerlos y, una vez reunidos todos, parar en el puerto de Tomes (costa occidental del Ponto Euxino), que era el más cercano, y hacerle exequias fúnebres. Mientras hacía esto, mandó naves que persiguieran el Argo y ordenó a sus hombres que regresaran con su hija o perecerían en su lugar. En otra versión, Apsirto fue en pos de su hermana, mandado por Eetes, y Jasón, ayudado por Medea, le dio muerte a traición en un templo dedicado a Artemisa que había en la desembocadura del Danubio.

Sea como fuere, Zeus se irritó sobremanera por la muerte de Apsirto e hizo que el barco perdiera la ruta. Entonces, la proa del barco, hecha con el madero de Atenea, reveló la cólera divina y predijo que sólo la purificación de todos ellos por Circe la aplacaría. De este modo, navegaron el Eridano (Po) y, tras atravesar el Ródano, llegaron de nuevo al Mediterráneo. Allí pusieron rumbo a la isla de Eea, reino de Circe. La maga, tía de Medea, purificó a Jasón, pero se negó a acogerle en su palacio.

El mar de las Sirenas

Tras este episodio, Tetis, mandada por Hera, les condujo hasta el mar de las Sirenas, donde Orfeo hizo tal canto que ningún navegante sintió deseos de acudir a la llamada de las encantadoras. Sólo Butes se arrojó al agua, pero Afrodita lo salvó llevándoselo a Lilibeo (Sicilia).

La nave tuvo que atravesar también el estrecho de Caribdis y Escila, y las islas errantes, sobre las que había un humo negro y profundo.

En el reino de Alcínoo

Cuando llegaron a Córcira (Corfú), país de los feacios cuyo rey era Alcínoo, un grupo de colcos, mandados por Eetes, pidieron al rey la devolución de Medea. Éste consultó a su mujer Arete y decidió que, si Medea era virgen, se la entregaría; pero, en el caso de que no fuera así, no lo haría, pues pertenecería a su esposo Jasón.

La reina puso en conocimiento de Medea esta decisión y Jasón puso el remedio para salvarla. Ante la negativa de Alcínoo de entregar a la muchacha tras comprobar su falta de doncellez, los enviados por Eetes no se atrevieron a regresar a su patria y se instalaron en aquella tierra.

Muerte de Canto y Mopso

Al salir de Corcira, una tempestad les llevó a las Sirtes (Libia), donde tuvieron que cargar con la nave en los hombros hasta el lago Tritonis. El dios del lago, Tritón, les ayudó a encontrar una salida al mar, pero en el transcurso de esta aventura perdieron a Canto y Mopso.


Enfrentamiento con Talo y desembarco en Creta

Al llegar a Creta, tuvieron que enfrentarse a Talo, autómata construido por Hefesto, al que Minos le había asignado la misión de no permitir ningún desembarco. El monstruo cogía grandes rocas y las lanzaba, desde lejos, a cualquier barco que se aproximara, además era invulnerable. Medea le hizo ver imágenes engañosas que enfurecieron al gigante, de tal modo que éste acabó desgarrándose una vena que tenía bajo el tobillo, en la que radicaba su vida, y murió.

Tras pasar la noche en la playa y levantar un santuario a Atenea Minoica, reanudaron su viaje.

Construcción del santuario a Febo

En el mar de Creta, se vieron de repente sumidos en profundas tinieblas. Una noche opaca y oscura les rodeó y, al no poder ver nada, suplicaron a Apolo, dios de la luz, que les ayudara. Éste envió una llama con la que pudieron llegar a una pequeña isla de las Espóradas que llamaron Ánafe (‘isla de la Revelación’), donde edificaron un templo a Febo. Como no tenían agua, hicieron las libaciones con vino, lo que provocó las risas de las criadas feacias. Éstas comenzaron a hacer burlas atrevidas a los Argonautas, a las que ellos respondieron de igual modo y, de este modo, se dio origen a una escena jocosa que se repetía en la isla cada vez que se celebraba un sacrificio.

Llegada a Yolco

Tras hacer escala en Egina y costear Eubea, llegaron a Yolco con el vellocino. Habían tardado cuatro meses en realizar el viaje. Jasón condujo la nave a Corinto y la consagró a Poseidón.

Fuente: Britannica

El Transiberiano – La Línea Férrea más Larga del Mundo


El ferrocarril transiberiano es, con sus 9897 km, la línea férrea más larga del mundo. Su construcción comenzó en 1891 y fue vital para la extracción y el transporte de las materias primas procedentes de Siberia.

La idea de establecer una vía de comunicación entre Europa y Asia apareció en el siglo XVIII, cuando los filósofos mantenían una estrecha correspondencia con los príncipes ilustrados. De mente especialmente lúcida, Voltaire fue uno de los pensadores más interesados en lo que se llamó la conquista del este. Desde Ferney, donde vivía, escribió al conde de Chouvalov en 1761 para asegurarle que era posible trasladarse desde San Petersburgo y Moscú a Pekín, pasando por las inmensas llanuras rusas y franqueando un reducido número de montañas. Ya bajo el reinado de Pedro El Grande, emperador de Rusia de 1682 a 1725, se habían emprendido expediciones que tuvieron como resultado los primeros mapas y trazados de esta magna empresa. Un visionario francés del siglo XIX, el ingeniero Luic de Lobel, propuso llevar a cabo un gigantesco proyecto que consistía en unir París, Moscú y el Lago Baikal con el estrecho de Bering y América, para lo cual se construiría un tunel que uniese Siberia con Alaska. Por entonces el Imperio zarista no consideraba Siberia sino una sucesión de posesiones lejanas sólo aptas para deportados, aventureros y escasas tribus autóctonas. Por lo tanto sobraba con el viejo trakt o pista transiberiana, practicable por carromatos y trineos.

El siglo XIX marcó un punto decisivo en la expansión del Imperio ruso. Poco a poco Asia Central fue descubriendo al mundo ciudades como Samarkanda, Bukhara y Tachkhent, que hasta entonces habían pertenecido a la leyenda de las estepas. Desde 1806, Siberia se constituyó en un gobierno general dividido en dos zonas: Siberia Occidental y Oriental, a la que años más tarde se unió también la Siberia Central. En 1854, Nikolai Muraviev, gobernador de la Siberia oriental, condujo una expedición a la región del Amur y llevó valiosas informaciones al zar Nicolás I. Lejanos ecos llegados de la fiebre del oro en California llevaron al presentimiento de fabulosas riquezas en las inhóspitas tierras de Siberia. Y así fue, ya que se descubrieron importantes yacimientos carboníferos en el Altai y minas de metales preciosos en el Lena, lo que hizo necesaria la comunicación de esta zona del país con los puertos comerciales. Nadie como Julio Verne en su famosa novela Miguel Strogoff divulgó al mundo sus conocimientos sobre Siberia, una región con más de diez millones de kilómetros cuadrados. Los rigores del clima, con sus fríos extremos en invierno y los más de cuarenta grados en verano, le habían granjeado su reputación de inhóspita.

Las observaciones de la Sociedad Rusa de Geografía, fundada en 1845, concluyeron la necesidad de construir el ferrocarril necesariamente al sur del paralelo 60. Sólo el tren podía exportar e implantar en Siberia el nacionalismo ruso y convertirse en su símbolo. Además, en San Petersburgo nadie ignoraba el éxito comercial de las dos grandes compañías norteamericanas: la Unión Pacific y la Central Pacific. Si en tiempos de Nicolas I, el zar se contentaba con la creación de una línea de ferrocarril que uniera San Petersburgo con Moscú, bajo el reinado de Alejandro III el soberano no pudo conformarse con una red al oeste de los Urales y con un proyecto de red al este. Rusia necesitaba una salida al Pacífico y Vladivoskok, fundada en 1860 como puerto militar y más tarde convertida en el mayor puerto internacional ruso, se perfilaba como la mejor opción como cabecera de la línea de ferrocarril que se convertiría en la más grande del mundo.

La idea de construir una vía férrea en Siberia proviene del conde de Muraviev-Amourski, gobernador general de la Siberia oriental desde 1841 a 1861. Fue él quien conquisto los territorios del Amur y el que llevo a cabo el Tratado de Aigun en 1858, por el que China reconocía el derecho de Rusia sobre la región del Amur. En el curso de la expediciones para la conquista de este territorio, el conde se dio cuenta de las dificultades con que las embarcaciones comerciales se encontraban en la boca del delta. Es así como surgió la ida de crear una nueva vía comercial que, evitando el estuario, uniera directamente esta región con el mar del Japón. En 1857 pidió al capitán Romanov, del Estado Mayor ruso, que estudiara y determinara el trazado de una carretera susceptible de ser transformada en vía férrea. Romanov estudió el proyecto y estableció un plan para explotar la línea, que fue concedida a una sociedad privada que disponía del capital suficiente para su construcción. Pero la región del Amur estaba muy lejos de San Petersburgo, y la administración central no comprendió el interés de construir una vía férrea tan lejana y rechazó el proyecto.

A partir de este momento, surgieron numerosos proyectos para la instalación de una línea transiberiana, ninguno de los cuales tuvo conclusión durante más de treinta años. Muchos de ellos fueron tildados de fantasiosos, otros revelaron un profundo desconocimiento de las estepas siberianas y de sus características climatológicas, y en otros se enfrentaron los intereses económicos y los estratégicos. Los proyectos más serios fueron presentados por los rusos. Sofronov propuso una ruta que asegurase la venta de productos industriales y la compra de materias primas en todos los países de Asia. Su línea debía unir Saratov al Amur pasando por Minoussinsk. Pero los responsables piensan que la mejor es la vía histórica que atraviesa Siberia desde Nijni-Novgorod a Kiakhka, vía Kazan.

El ingeniero Rachett propuso un proyecto distinto, una vía de comunicación entre las industrias de esta región y los sistemas fluviales de Kama y Tobol. Por lo tanto, la vía entre Perm, el centro más importante de Kama, y Tiumen, situado en un afluente del Tobol, atravesaría los Urales y pondría en comunicación los grandes centros mineros del hierro. Su propuesta tampoco fue aceptada. Otro proyecto interesante fue el del coronel Bogdanovitch, que tras estudiar las necesidades de la zona hizo saber a su ministro que la mejor forma de acabar con el hambre en Siberia era construir una línea de ferrocarril que partiera de la Rusia central hasta Ekaterinburgo y Tiumen. El coronel subrayó que la prolongación de la línea hacia la frontera China la dotaría de una gran importancia estratégica. Este proyecto fue llamado “Sur” por oposición al “Norte” de Rachett. Se subrayó la revalorización de las tierras de la corona gracias a la explotación de los recursos mineros.

Los sabios de la Sociedad Geográfica discutieron los proyectos y la prensa intentó influir en ambos sentidos. Los empresarios siberianos escribieron una carta al emperador pidiéndole que el ferrocarril les uniera a la metrópoli. En 1868 llegaron a Moscú delegaciones de las regiones interesadas, a fin de defender la línea “Norte” o la “ Sur”.

El proyecto de China de construir un ferrocarril por el sur de Manchuria, obligó al emperador Alejandro III a acelerar la construcción de la línea férrea dejando a un lado la iniciativa privada para coordinar mejor los esfuerzos. El zar quiso marcar solemnemente la importancia de la construcción del Transiberiano y en marzo de 1891 presentó al Consejo de Ministros un proyecto del que se encargaría su hijo, el zarevitch Nicolás, sometiéndolo luego a la aprobación del Senado. El 31 de mayo de 1891 el príncipe heredero presidió en Vladivostok la ceremonia inaugural de los trabajos del ferrocarril. Así quedó resuelto, después de más de un tercio de siglo de difíciles negociaciones entre el Gobierno y la sociedad rusa, el problema de la construcción del Transiberiano. Por primera vez la Rusia zarista estaría unida a China por tierra.

El trayecto definitivo que se estableció fue Moscú – Samara – Ufa – Cheliabinsk – Omsk – Novosibirsk – Irkutsk – Chita – Vladivostok. La línea estaría dividida en seis secciones: Transiberiano occidental, Transiberiano central, línea Circabaikaliana, línea Transbaiká lica, línea del Amur y línea del Usuri. La Guerra Ruso-japonesa de 1904 descubrió la vulnerabilidad de la ruta que atravesaba Manchuria y se construyó un camino alternativo que bordeando esta región con el Amur llegase a su destino final: la salida al Océano Pacífico por Vladivostok. Este nueva línea comenzó a construirse en 1908 y se pudo poner en funcionamiento a partir de 1914. Tras veinticinco años de trabajos la línea logró ponerse en funcionamiento en 1916. Durante la Segunda Guerra Mundial, en la que Rusia perdió dos millones de personas, el Transiberiano desempeñó un papel crucial para los soviéticos. Ante el avance de las tropas alemanas, les sirvió para trasladar las fábricas desmanteladas hasta más allá de los Urales. La electrificación de la línea se realizó entre 1950 y 1970.

Durante al proceso de tendido de la línea, la débil densidad de población de las regiones que debían ser atravesadas por el ferrocarril y la escasez de la mano de obra obligaron al Comité Transiberiano a pedir al Ministro del Interior que considerara la utilización de los presidiarios que se encontraban en la región del Amur para ayudar en las tareas de construcción. Se elaboró así un reglamento por el cual los presidiarios cobrarían un salario mínimo y se les conmutaría parte de la pena. En 1895 se extendió el reglamento para el resto de las provincias que debía atravesar la línea. Es muy abundante la literatura que describe esta etapa de la historia de Rusia, en la que los presos se vieron obligados a trabajar interminables jornadas en las duras estepas siberianas. De entre todos ellos quizá el Premio Nobel, Alexander Solzhenitsin, sea el que nos ha dejado un testimonio más crudo en su novela “Un día en la vida de Ivan Denisovitch”. Por lo que se refiere al personal técnico, ingenieros, peritos, especialistas, y al suministro de material, el Comité tomó la dirección de las instrucciones dadas por su presidente de que todo fuera realizado con mano de obra y materiales rusos.

El Transiberiano fue un tren mítico. Los personajes que desfilaron en los primeros años de siglo, en los que todavía existía la Rusia zarista, contribuyeron a darle ese toque de glamour de los trenes transcontinentales. La nobleza prerrevolucionaria vivía con agrado los más de siete días de viaje, mientras, charlaban en los vagones-gabinete decorados al estilo rococó, dilapidaban sus fortunas en el vagón-casino o los caballeros tenían sus momentos de esparcimiento en el vagón zíngaro, en el que desnudas bailarinas hacían las delicias de los viajeros. El transiberiano dispuso de todos los lujos, incluso un coche-sauna y un coche-iglesia donde un pope iba diciendo misas mientras el famoso tren atravesaba la vasta extensión rusa.

Hoy en día sólo dos de los trenes que salen diariamente de Moscú llegan a Vladivostok. Los demás finalizan su trayecto en Jabarovsk, aunque en ambas opciones es indispensable la parada de Irkutsk, el destino de Miguel Strogoff. A pesar de que el Transiberiano posee el nombre más mítico, el Transmogoliano actual, que culmina el recorrido en Pekín, duplica los atractivos del viaje.