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  • Los Reyes de España viajan a México esta semana pero, como es habitual y para evitar la controversia, no tienen previsto visitar la remota iglesia donde permanece enterrado el español más importante en la historia del país americano
ABC Retrato de Hernán Cortés en su vejez

ABC | Retrato de Hernán Cortés en su vejez

No se trata de ninguna clase de maldición azteca. No hubo como en el sarcófago egipcio de Tutankamon una inexplicable cadena de muertes. La maldición de Hernán Cortés es la un país que no sabe cómo tratar a un personaje histórico que participó decisivamente en la fundación de lo que hoy es México, pero que es recordado como uno de los mayores villanos de su historia. Y mientras el país sigue debatiendo qué hacer con su legado, la tumba del conquistador español permanece semioculta tras ser víctima de una intensa persecución en el pasado.

Tras sus éxitos militares en el nuevo continente, Hernán Cortés se cuidó de regresar a Castilla a dar cuenta de sus éxitos a Carlos I de España. La relación fue durante un tiempo cordial con el Rey, pero con el tiempo Cortés pasó a engrosar contra su voluntad la lista de nobles que merodeaban la Corte mendigando por cargos y prebendas. El extremeño, no obstante, se consideraba merecedor de reconocimientos sin necesidad de estar reclamando favores. «¿Es que su Majestad no tiene noticia de ello o es que no tiene memoria?», escribió Hernán Cortés, sin pelos en la lengua, ante las promesas incumplidas del Monarca. Para los europeos, los méritos en América sonaban a poca cosa y no requerían tanta atención. Así y todo, le concedió un botín considerable –extensas tierras, el cargo de capitán y el hábito de la Orden de Santiago–, acaso insuficiente a ojos de Cortés.

La muerte le alcanza cuando su fortuna decaía

El empeoramiento de su relación con Carlos I no evitó que en 1541 el conquistar español fuera uno de los primeros en acudir a la llamada del Rey para realizar una incursión contra Argel, un importante nido de la piratería berberisca. Sin embargo, Cortés fue ninguneado por el Rey y el resto de mandos y la campaña resultó un completo desastre. El repliegue no fue menos desastroso. Hubo que echar al agua a los caballos para hacer sitio a toda la gente naufragada en el proceso, entre ellos a Cortés y a sus hijos. Agotado y enfermo por el viaje, Hernán Cortés nunca recuperó completamente las fuerzas perdidas en la que fue su última expedición guerrera. Además, el extremeño extravió la enorme fortuna que portaba en su barco naufragado, 100.000 ducados en oro y esmeraldas. En los siguientes años se estableció en Valladolid, donde retomó su actividad empresarial y se arropó de un ambiente humanista. Allí observó impotente como sus protestas al Emperador eran sepultadas una y otra vez por las intrigas de la Corte. A finales de 1545, el conquistador se trasladó a Sevilla con la intención de viajar una vez más a México, quizás con el sueño de acabar sus días allí.

Hasta el final, Cortés reclamó sin éxito al Emperador nuevas ventajas por sus méritos militares, pero a esas alturas los tesoros de Pizarro eclipsaban a los traídos por el conquistador de México en el pasado. La fama de Cortés estaba en caída libre cuando, tras dos años en Sevilla planeando su regreso a la Nueva España, murió víctima de la disentería. El extremeño falleció en Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla, el 2 de diciembre de 1547 de un ataque de pleuresía a la edad de 62 años. Su testamento estipulaba que fuera enterrado en México, aunque de forma provisional quedó en el panteón familiar de los duques de Medina-Sidonia, que habían velado por su bienestar en su etapa final.

En 1562, dos de los hijos de Cortés, Martín –nuevo marqués del Valle, y Martín –el hijo que tuvo con la interprete nativa doña Marina– llevaron los restos de su padre a México y le dieron sepultura en San Francisco de Texcoco. Comenzó entonces el largo peregrinaje de sus restos por la geografía mexicana. En 1629, quedó en una iglesia de Ciudad de México y luego, en 1794, en una fundación religiosa de la misma ciudad. Este nuevo traslado obedecía al interés del virrey, Conde de Revillagigedo, por dar un mausoleo más pudiente al héroe hispánico a costa del dinero de personajes influyentes de la ciudad.

Pero la independencia de México cambió radicalmente la imagen que tenía el país sobre Cortés. El extremeño tornó a ser el representante de la crueldad y la represión que destruyó la civilización azteca, e incluso fue tildado como genocida. A diferencia de otros países como Colombia que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se mantuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo el país. No en vano, los murales del artista mexicano Diego Rivera, pintados entre 1923 y 1928, recogen el sentimiento dominante sobre la figura del conquistador. Así, Cortés es una criatura encorvada y llena de deformidades que tiene el oro como única motivación.

La ubicación fue desconocida durante 110 años

Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inminente profanación, las autoridades eclesiásticas decidieron desmontar el mausoleo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tarima del altar del Hospital de Jesús y el busto y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo. Trece años después, los restos cambiaron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. Su ubicación exacta fue remitida a la Embajada de España a través de un documento que fue perdido y luego recuperado en 1946 por investigadores del Colegio de México, quienes asumieron la aventura de buscar los restos ocultos. El domingo 24 de noviembre de 1946 hallaron los huesos y los confiaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia.

El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de forma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir el papel que jugó el conquistador en su fundación. Tampoco su otro país, el que le vio nacer, hace mucho por defender su figura.


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  • Lejos de lo vertido por la Leyenda Negra contra España, la catástrofe demográfica estuvo causada por las epidemias portadas por los europeos. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio su fragilidad biológica
WIKIPEDIA | Mural de Diego Rivera sobre la Conquista de México. Palacio Nacional de la Ciudad de México

WIKIPEDIA | Mural de Diego Rivera sobre la Conquista de México. Palacio Nacional de la Ciudad de México

El término anacrónico de «Genocidio Americano» es uno de los puntales de la leyenda negra que vertieron los enemigos del Imperio español para menoscabar su prestigio. En un grabado holandés del siglo XVII aparece Don Juan de Austria, héroe de la batalla de Lepanto, vanagloriándose del martirio de un grupo de indígenas americanos. La mentira es insultantemente estúpida: el hijo bastardo de Carlos I de España jamás participó de la conquista ni siquiera piso suelo americano. Así, entre mentiras, cifras exageradas y episodios novelados, se gestó el mito que pervive hasta la actualidad de que los españoles perpetraron una matanza masiva y ordenada de la población americana. La verdad detrás de esta controversia histórica muestra que el auténtico genocidio, pese a que los españoles no escatimaron en brutalidad para llevar a cabo sus propósitos, lo causaron las enfermedades portadas por los europeos.

La catástrofe demográfica que sufrió el continente americano desde 1492, el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón, es un hecho irrefutable. Antes de la llegada de los españoles se ha estimado tradicionalmente que la población del continente se encontraba entre los 40 millones y 100 millones. No obstante, el hispanista venezolano Ángel Rosenblat argumenta en su estudio «La población de América en 1492: viejos y nuevos cálculos» (1967) que la cifra no pasaría de 13 millones, concentrándose los mayor grupos en las actuales regiones de México y de Perú, ocupadas por el Imperio azteca y el Inca respectivamente. Sea una cifra u otra, la disminución demográfica fue dramática: el 95 % de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón, según el investigador estadounidense H. F. Dobyns.

La sangría demográfica hay que buscarla en dos factores: el traumatismo de la conquista (las bajas causadas por la guerra, el desplome de las actividades económicas y los grandes desplazamientos poblaciones) y las enfermedades. Los habitantes de América habían permanecido aislados del resto del mundo y pagaron a un alto precio el choque biológico. Cuando las enfermedades traídas desde Europa, que habían evolucionado durante miles de años de Humanidad, entraron en contacto con el Nuevo Mundo causaron miles de muertes ante la fragilidad biológica de sus pobladores. Un sencillo catarro nasal resultaba mortal para muchos indígenas. El resultado fue la muerte de un porcentaje estimado del 95% de la población nativa americana existente a la llegada de Colón, según los cálculos del ecólogo Jared Diamond.

No obstante, fueron las grandes epidemias las que provocaron el mayor impacto. Una epidemia de viruela que se desató en Santo Domingo entre 1518 y 1519 acabó con prácticamente toda la población local. Esta misma epidemia fue introducida por los hombres de Hernán Cortés en México y, tras arrasar Guatemala, bajo hasta el corazón del Imperio Inca en 1525, donde diezmó a la mitad de la población. Precedido por la viruela, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el golpe final a un imperio que se encontraba colapsado por las enfermedades. La epidemia de viruela fue seguida por el sarampión (1530-31), el tifus en 1546, y la gripe en 1558. La difteria, las paperas, la sífilis y la peste neumónica también golpearon fuerte en la población.

El genocidio en la leyenda negra

«Los españoles han causado una muerte miserable a 20 millones de personas», escribió en su texto «Apología» el holandés Guillermo de Orange, esforzado padre de la propaganda negativa del Imperio español. Con la intención de menoscabar el prestigio de la Monarquía hispánica, dueña absoluta del continente durante casi un siglo, los holandeses, los ingleses y los hugonotes franceses exageraron las conclusiones del libro «Brevísima relación de la destrucción de las Indias», escrito por el fraile dominico Bartolomé de Las Casas. Este fraile que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje no había imaginado que su texto iba a ser la piedra central de los ataques a España cuando denunció el maltrato que estaban sufriendo los indígenas. Como explica Joseph Pérez, autor de «La Leyenda negra» (GADIR, 2012), Las Casas pretendía «denunciar las contradicciones entre el fin –la evangelización de los indios– y los medios utilizados. Esos medios (la guerra, la conquista, la esclavitud, los malos tratos) no eran dignos de cristianos; el hecho de que los conquistadores fueran españoles era secundario».

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ABC Grabado de T. De Bry para «la Historia de la destrucción de las Indias»

Las traducciones y reediciones de la «Brevísima relación de la destrucción de las Indias» se multiplicaron entre 1579 y 1700: de ellas 29 fueron escritas en neerlandés, 13 en francés y seis en inglés. Lo que todos obviaron cuando emplearon a Las Casas para atacar al Imperio español es que él mismo representaba a un grupo de españoles con el coraje de denunciar el asunto, la mayoría misioneros, y a una creciente preocupación que atrajo el interés de las autoridades. Los críticos consiguieron que en 1542 las leyes nuevas recordaran la prohibición de reducir a los indios a esclavitud y sancionaron el fin del trabajo forzoso, la encomienda. En la controversia de Valladolid, donde por desgracia se sacaron pocas conclusiones finales, se enfrentaron quienes defendían que los indígenas tenían los mismos derechos que cualquier cristiano contra los que creían que estaba justificado que un pueblo superior impusiera su tutela a pueblos inferiores para permitirles acceder a un grado más elevado de desarrollo.

Curiosamente, los enciclopedistas franceses, muy críticos con todo lo referido a España en otras cuestiones, fueron los primeros en ver que las cifras presentadas por de Las Casas –20 millones de muertos causados por los métodos de los conquistadores– eran del todo imprecisas. En «El Ensayo sobre las costumbres» (1756), Voltaire afirma que Las Casas exageró de forma premeditada el número de muertos e idealizó a los indios para llamar la atención sobre lo que consideraba una injusticia. «Sabido es que la voluntad de Isabel, de Fernando, del cardenal Cisneros, de Carlos V, fue constantemente la de tratar con consideración a los indios», expuso en 1777 el escritor francés Jean-François Marmontel en una obra, «Les Incas», que por lo demás está llena de reproches hacia la actitud de los conquistadores. La Revolución francesa y la emancipación de las colonias en América elevaron a Las Casas a la categoría benefactor de la Humanidad.

Los críticos se convierten en los conquistadores

Más allá del brutal impacto de las enfermedades, es cierto que la violencia de la Conquista de América provocó la muerte directa e indiferente de miles de personas. El que existiera un grupo de personas críticas con los métodos empleados por los conquistadores –un grupo de hombres que perseguían como principal objetivo el hacerse ricos– o que los Reyes españoles plantearan soluciones –aunque fueran incompletas e incluso hipócritas– no exime a España de sus pecados y del daño cometido, pero sí la diferencia de precisamente los países que censuraron una actuación que luego ellos mismos practicaron. Sin entrar a valorar el fangoso proceso llevado a cabo por los anglosajones en Norteamérica, la explotación de caucho en el África negra dejó a sus espaldas 10 millones de muertos en el Congo Belga. «La colonización europea de los siglos XIX y XX fue culpable de crímenes semejantes a los cometidos por los conquistadores españoles. La única diferencia es que no encontraron a un Las Casas para denunciar las injusticias con tanta repercusión», sentencia el hispanista Joseph Pérez en el citado libro.


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  • Los dos cuerpos se encontraban muy cerca en el volcán Pico de Orizaba
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efe Una de las momias halladas en el volcán Pico de Orizaba, en México

Un grupo de alpinistas mexicanos que ascendió la madrugada de este jueves al volcán Pico de Orizaba (o Citlaltépetl) para recuperar los restos momificados de un hombre, halló un segundo cuerpo muy cerca de éste, según han confirmado hoy autoridades locales.

Juan Navarro, presidente municipal de Chalchicomula de Sesma, en el central estado de Puebla, indicó que son dos los cuerpos momificados y congelados hallados a unos 5.270 metros de altitud.

El pasado fin de semana, seis escaladores encontraron accidentalmente el cuerpo de un hombre congelado que presuntamente murió en el volcán hace unos 50 años. Tras el hallazgo, los alpinistas informaron al grupo de rescate de la Cruz Roja Mexicana, que programó un ascenso para el próximo domingo con el fin de recobrar el cuerpo. Pero las autoridades de Chalchicomula de Sesma adelantaron una primera expedición la madrugada de este jueves.

El alpinista Hilario Aguilar encabezó a un grupo de 12 escaladores profesionales que comenzaron a subir al volcán desde las 05.00 hora local y 11 horas después encontraron ambos cuerpos.

«Aunque originalmente se buscaba bajar un solo cuerpo, los especialistas encontraron dos, como a 150 metros de distancia. Estaban muy cerca», dijo el alcalde Navarro.

El mal clima impidió el rescate de los cuerpos este mismo día y se prevé que los alpinistas desciendan este viernes con las momias congeladas.

Navarro añadió que se ha solicitado al Gobierno de Puebla un helicóptero para apoyar la expedición de rescate. También han sido convocados otros grupos de alpinistas para ayudar en la misión.

El alcalde indicó que ha recibido llamadas desde varios países, entre ellos Francia, España y Alemania, para estar al tanto de la identificación de los cuerpos ya que existen registros de escaladores profesionales perdidos durante años en el volcán.

El Pico de Orizaba, ubicado en los límites entre Puebla y Veracruz, es la montaña más alta de México con sus 5.630 metros de altitud y la tercera de Norteamérica.


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  • Un estudio científico ha desvelado que la península de Yucatán sufrió el azote de entre tres y cuatro olas gigantes
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NASA Las olas pudieron afectar una extensión de hasta 125 kilómetros

La costa oriental de la península de Yucatán (en México) es actualmente conocida por sus buenas temperaturas y la ingente cantidad de turistas que la visitan para disfrutar de sus playas. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por el Centro Ecológico Akumal (CEA) de México y la Universidad de Colorado en Boulder, ha hallado evidencias de que hace 1.500 años sufrió el azote de un gigantesco tsunami que arrasó la región.

La investigación ha encontrado evidencias del suceso en una berma de piedra (o cornisa) de unos 15 metros de altura ubicada cerca de la costa. Los restos de radiocarbono en este accidente del terreno indican que un tsunami, formado por dos o incluso tres olas gigantes, probablemente se abatió sobre la línea de costa en algún momento después del año 450. Todo ello, cerca de Playa del Carmen y Cancún.

Los expertos han podido averiguar estos datos gracias a que las rocas que cubren la parte superior de la berma se componen de coral y piedra caliza de grano fino. Ello implica que una de las susodichas olas depositó estos materiales subacuáticos en las piedras.

«La fuerza requerida para extraer este material de arrecife desde el fondo del mar y depositarlo muy por encima de la línea de la playa tuvo que haber sido enorme. Creemos que la altura de las olas del tsunami fue de al menos 4,5 metros y potencialmente mucho mayor que eso», añade Benson.

A su vez, los expertos han encontrado sobre la berma todo tipo de ruinas de estructuras mayas postclásicas construidas entre los años 900 y 1200, lo que indica que el tsunami se produjo antes de ese tiempo. «Yo estaba muy sorprendido cuando entré por primera vez en estos promontorios y vi esta gran berma pavimentada con cantos rodados que se prolongaban largas distancias en ambas direcciones. Mi primer pensamiento fue que una enorme ola pasó por aquí en el pasado, y que debió producir un gran impacto», ha explicado el científico del CEA Charles Shaw.

A su vez, los investigadores han hallado bermas atípicas a lo largo de 125 kilómetros de la costa del Yucatán, lo que implica que el tsunami habría impactado en una zona muy extensa de la región. No está claro lo que podría haber causado el tsunami, que pudo ser desencadenado por una variedad de eventos que van desde terremotos y deslizamientos de tierra submarinos a erupciones volcánicas e impactos de meteoritos en el océano.

Benson y Shaw sugieren que el tsunami podría fecharse con mayor precisión por extracción de muestras de sedimentos del pantano de manglares que se encuentra a lo largo de la costa, con el fin de localizar la arena de carbonato depositado por la ola masiva.

Con todo, de momento se cree que sucedió hace, aproximadamente, 900 y 1.500 años. «Si tal evento ocurre en el futuro, causaría estragos a lo largo de la costa urbanizada, probablemente con una gran pérdida de vidas», ha explicado Benson.


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  • La gesta de los conquistadores hispánicos, donde las alianzas con tribus locales y la avanzada tecnología europea fueron claves, está considerada una de las luchas con mayor inferioridad numérica de la historia
Así lograron Hernán Cortés y 400 españoles derrumbar el gigantesco imperio azteca

ABC El asedio final a Tenochtitlán

En medio de un tumulto de profecías que advertían al Emperador Moctezuma II de la llegada de «hombres blancos y barbudos procedentes de Oriente» con la intención de conquistar el Imperio azteca, los malos augurios se materializaron con el desembarco de Hernán Cortés, 518 infantes, 16 jinetes y 13 arcabuceros en la costa mejicana en 1519. El conquistador extremeño –tras varios meses de batallas contra tribus menores en su camino hacia la capital azteca– tomó una decisión radical, destruir las naves, que delató sus intenciones: o ricos, o no volverían a Cuba.

Desde el principio de la expedición, un grupo de los españoles –los llamados velazqueños por su lealtad al gobernador de Cuba Diego de Velázquez– defendía regresar cuanto antes y no internarse más en una tierra que se consideraba dominada por el imperio más poderoso y grande de Norteamérica. «Propuso Cortés ir a México. Y para que le siguiesen todos, aunque no quisiesen, acordó quebrar los navíos, cosa recia y peligrosa y de gran pérdida», narra el cronista López de Gómara sobre la decisión de Cortés. El 8 de noviembre de 1519 iniciaron el viaje definitivo hacia Tenochtitlán los 400 españoles supervivientes, acompañados de 15 caballos y siete cañones, que pasarían a la historia como los principales responsables del derrumbe del estado mexica.

400 españoles contra cientos de miles

A simple vista, podría pensarse que Cortés se creía un moderno Leónidas –el Rey espartano que frenó por unos días al imperio persa en las Termopilas acompañado de solo 300 hombres– y que tenía planeado, como el historiador mexicano Carlos Pereira describió sobre el aspecto de la expedición, «inmolarse voluntariamente al espantoso Huichilobos (la principal deidad de los mexicas )». Pero las apariencias suelen engañar, el extremeño no estaba improvisando: conocía muy bien sus ventajas y había tomado nota de las debilidades de su gigantesco enemigo.

El Imperio azteca era la formación política más poderosa del continente que, según las estimaciones, estaba poblada por 15 millones de almas y controlado desde la ciudad-estado de Tenochtitlan, que floreció en el siglo XIV. Usando la superioridad militar de sus guerreros, los aztecas y sus aliados establecieron un sistema de dominio a través del pago de tributos sobre numerosos pueblos, especialmente en el centro de México, la región de Guerrero y la costa del golfo de México, así como algunas zonas de Oaxaca. Hernán Cortés no tardó en darse cuenta de que el odio de los pueblos dominados podía ser usado en beneficio español. En su camino hacia Tenochtitlán, los conquistadores lograron el apoyo de los nativos totonacas de la ciudad de Cempoala, que de este modo se liberaban de la opresión azteca. Y tras imponerse militarmente a otro pueblo nativo, los tlaxcaltecas, los españoles lograron incorporar a sus tropas a miles de guerreros de esta etnia.

El plan de Cortés para vencer a un ejército que le superaba desproporcionadamente en número, por tanto, se cimentó en incorporar a sus huestes soldados locales. Así, junto a los 400 españoles formaban 1.300 guerreros y 1.000 porteadores indios, que se abrieron camino a la fuerza hasta la capital. Con las alianzas del extremeño, se puede decir que la conquista de México se convirtió, de algún modo, en una guerra de liberación de los pueblos mexicanos frente al dominio azteca.

Así lograron Hernán Cortés y 400 españoles derrumbar el gigantesco imperio azteca

ABC Retrato de Hernán Cortés

Además del odio común contra el terror sembrado por los aztecas, el conquistador extremeño percibió otro síntoma de debilidad en el sistema imperial y lo explotó hasta sus últimas consecuencias. Moctezuma II –considerado un gran monarca debido a su reforma de la administración central y del sistema tributario– se dejó seducir, como las serpientes, por Hernán Cortés y fue claudicando ante sus palabras, en muchos casos con veladas amenazas, hasta terminar cautivo en su propio palacio. La figura del extremeño ha sido demonizada posteriormente por este doble juego político con el cándido emperador, pero cabe recordar, así lo hacen las crónicas de Bernal Díazdel Castillo y de López de Gómara, la difícil situación en la que se encontraban los hispánicos. Estaban en una exagerada inferioridad numérica, lejos de cualquier base donde refugiarse y tratando con un pueblo que seguía practicando los sacrificios humanos.

A pesar del malestar creciente por las acciones de los conquistadores españoles, Moctezuma dirigió a petición de Cortés un discurso conciliador frente a su pueblo donde se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los extranjeros. No en vano, cuando los invasores planeaban su salida de la ciudad llegó la noticia de que el gobernador Diego Velázquez, desconociendo que Carlos I había dado su beneplácito personal a la empresa, confiscó en la isla de Cuba los bienes del extremeño y organizó un ejército que constaba de 19 embarcaciones, 1.400 hombres, 80 caballos, y veinte piezas de artillería con la misión de capturar a Cortés. El caudillo español se vio obligado a salir de la ciudad, junto a 80 hombres, para enfrentarse al grupo enviado por Velázquez.

Tras un ataque sorpresa, Cortés se impuso a sus compatriotas, que también le superaban en número por mucho, y pudo regresar meses después con algunos refuerzos a Tenochtitlán, donde encontró una ciudad sublevada contra los españoles, quienes ante los rumores de conspiración habían ordenado la muerte de algunos notables aztecas que le parecieron sospechosos. Durante unos días, los europeos intentaron utilizar a Moctezuma para calmar los ánimos, pero fue en vano. Díaz del Castillo relata que Moctezuma subió a uno de los muros del palacio para hablar con su gente y tranquilizarlos; sin embargo, la multitud enardecida comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió al líder azteca de gravedad durante su discurso. El emperador falleció tres días después a causa de la herida e, invocando la amistad que había entablado con Cortés, le pidió que favoreciese a su hijo de nombre Chimalpopoca tras su muerte.

En la llamada Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir desordenadamente de la ciudad, acosados por los aztecas, que les provocaron centenares de bajas. No obstante, pocos días después se libró la batalla de Otumba, donde los españoles dieron cuenta de la superioridad militar de las técnicas europeas.

«Ellos no traen armas ni las conocen»

Si hay que señalar cuáles fueron las principales causas del éxito de la empresa de Cortés, a su capacidad de aprovechar las divisiones entre los pueblos de la región y de explotar el carácter dubitativo de Moctezuma hay que añadir la impresión que causaron las armas y las tácticas europeas sobre los aztecas. «Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro», escribió Cristóbal Colón sobre los nativos que encontró en su primer viaje. Tampoco los habitantes de la región mexicana conocían el hierro y, además, sus armas estaban adaptadas a una forma de hacer la guerra que se mostró contraproducente en la lucha contra los europeos. Como en sus guerras tribales, los aztecas buscaron inmovilizar o herir, sin matar, a los españoles con armas fabricadas con huesos o de madera tratada para posteriormente trasladarlos a sus ciudades, donde celebraban con los capturados sacrificios humanos en honor a los dioses o los esclavizaban.

La forma de hacer la guerra en Occidente –matar en vez de apresar– y sus avances tecnológicos –el hierro (en su máxima forma, el acero), la pólvora y el uso de caballos– suplieron la clara desventaja numérica de los españoles y sus aliados. En la batalla de Otumba, Hernán Cortés, 400 supervivientes de la huida de Tenochtitlán y 1.000 de aliados de Tlaxacala se impusieron a 100.000 soldados aztecas seleccionados de entre su élite militar. Los historiadores militares destacan dos claves de la victoria hispánica: la actuación de la caballería ligera dirigida por Cortés, empleando tácticas desconocidas por los mexicas, y que la muerte de un general se consideraba el fin del combate en Mesoamérica.

Según la narración del cronista Díaz del Castillo, tras invocar a Santiago los jinetes españoles se abrieron paso entre sus contrincantes y Cortés derribó a Matlatzincatzin, el líder militar azteca, y el capitán Salamanca lo mató con su lanza, apoderándose del tocado de plumas y el estandarte de guerra de los mexicas. El ejército mexica rompió filas al no tener un mando y comenzó la retirada. Tras la contienda, el extremeño preparó su regreso a Tenochtitlán y a finales de abril de 1521 comenzó el asedio final a la capital, donde fueron determinantes los cañones de pólvora para someter a una ciudad de más de 100.000 habitante.

Sobre el uso de la pólvora, antes de su primera visita a la capital azteca, Cortés ordenó una demostración del funcionamiento de los arcabuces frente a los emisarios de Moctezuma para que dieran fe del potencial de las armas europeas. Lo cual extendió el miedo entre la población, a quienes el simple estruendo de los arcabuces les causaba espanto. Aun así, como prueba de que su impacto fue más psicológico que tangible, los cañones y arcabuces de los soldados españoles de nada sirvieron en la Noche Triste –la mayor derrota de la Monarquía hispánica en sus primeros 50 años de conquista– ni fueron claves en la batalla de Otumba.

A raíz del asedio final de Tenochtitlán, el desgaste provocado entre los sitiados por las enfermedades llegadas del Viejo Mundo supuso el golpe de gracia para los restos de la estructura imperial. Ciertas enfermedades epidémicas desconocidas hasta entonces en el continente americano, la viruela, el sarampión, las fiebres tifoideas, el tifus y la gripe, diezmaron a la población y abrieron la puerta a la conquista de toda Mesoamérica.


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  • De lino y seda, fue utilizado en las honras fúnebres de Cortés y guardó sus restos óseos más de un siglo hasta que en 1947 fueron entregados al Museo de Historia Natural
México restaura el pañuelo mortuorio del conquistador español Hernán Cortés

Instituto Nacional de antropoloia de méxico Pañuelo funerario del conquistador español Hernán Cortés

El pañuelo funerario del conquistador español Hernán Cortés fue restaurado totalmente por especialistas mexicanos, informó ayer el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH).

La restauración de este lienzo de lino blanco y encaje de seda negra del siglo XVIII forma parte del proyecto de conservación por los 70 años del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, reveló el Instituto.

Este Museo recibió en 1947 el pañuelo que más de un siglo guardó los restos óseos de Cortés, fallecido en Castilleja de la Cuesta, España, el 2 de diciembre de 1547 y cuyos restos fueron llevados a México en 1566.

Los restos del conquistador de México cambiaron a través del tiempo varias veces de lugar hasta su última morada en la iglesia de Jesús Nazareno, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El Instituto explicó que este pañuelo de lino y seda fue utilizado en las honras fúnebres de Cortés y guardó sus restos óseos más de un siglo hasta que en 1947 fueron entregados al Museo de Historia Natural.

Un primer dictamen al lienzo de 72 x 73 centímetros detectó un deterioro mayor en su parte central por haber estado en contacto con los huesos y se determinó someterlo a una limpieza especial y el encaje negro fue restaurado aparte.

El pañuelo tiene en los cuatro extremos «figuras fitomorfas bordadas, que forman una cruz lobulada al centro que alude a la religión cristiana y al uso para el que fue creado», explicó el INAH.

El trabajo estuvo a cargo de las restauradoras Verónica Kuhliger y Laura García. También participaron estudiantes de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente y los laboratorios de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía.


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El Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha destinado un total de 671 millones de pesos (unos 49,2 millones de dólares) a proyectos arqueológicos en el país este año 2014.

Se mantiene la inversión respecto al año anterior e incluso se incrementa ligeramente, en un momento en que el INAH cumple 75 años, según detalla el Ejecutivo mexicano en un comunicado.

Actualmente el Instituto tiene en marcha 377 proyectos de arqueología que incluyen tareas de registro, análisis, conservación y difusión de cientos de zonas paleontológicas. Todo para preservar y acercar a la población el vasto patrimonio cultural de México, que posee 46.295 zonas arqueológicas y 107.658 monumentos históricos.

Para el INAH, el año 2014 también ha sido clave para las ciencias aplicadas al patrimonio cultural porque se han concretado dos laboratorios nacionales enfocados a su estudio y conservación.

Este impulso arqueológico es la culminación de 75 años de trabajo del Instituto, según dijo su secretario técnico, César Moheno.

“Aprehender la raíz de la vida y alcanzar el sustrato histórico de los hombres y mujeres de nuestra nación, son algunas de las razones que desde hace 75 años guían nuestra labor en el INAH como profesionales que hacemos revivir el pasado” ha explicado en el IV Congreso Latinoamericano de Arqueometría celebrado en la última semana del pasado mes de octubre.

“Gracias al intenso trabajo de alta calidad de los investigadores del INAH, el pasado crece cada día“, ha señalado Moheno.

En 2013 el presupuesto estatal destinado a arqueología fue de 670,337 millones de pesos (49,1 millones de dólares), lo que supuso un incremento de más de dos millones de pesos respecto a 2012 según publica ‘CNN’. Este año el presupuesto ha crecido ligeramente hasta los 671 millones de pesos (unos 49,2 millones de dólares).


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  • Miles de piezas han sido encontradas debajo de la cúspide del Templo de Quetzalcoatl, en el camino al inframundo

Efe El camino al inframundo ha comenzado a revelar sus secretos

 Bajo la ciudad prehispánica de Teotihuacán, en México, han encontrado un valioso tesoro: formado por milespiezas, entre piedras preciosas, reliquias y figuras de madera perfectamente conservadas que, ocultas en un túnel subterráneo, refuerzan ahora la teoría de que sería posible encontrar las tumbas perdidas de sus antiguos gobernantes, según han señalado este miércoles un grupo de arqueólogos.

Tras varios años de exploración del túnel, de más de 100 metros de extensión y al que nadie había entrado en 1.800 años, investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mexicano han revelado que las paredes y el techo están salpicados de minerales con los que probablemente los teotihuacanos recreaban el inframundo.

El inédito hallazgo se ha producido a 103 metros de la entrada del túnel de la Pirámide de la Serpiente Emplumada y se compone de más de 50.000 piezas, algunas de ellas únicas, como figuras de piedra o de madera que fueron conservadas cientos de años a 18 metros de profundidad.

El lugar, donde se encontraron objetos que datan de unos 250 años d.C., habría servido tanto para investir a los gobernantes como para enterrarlos, una hipótesis que han defendido arqueólogos desde que en 2003 conocieron por primera vez de la existencia del túnel.

«Por la magnitud de las ofrendas, de los materiales que estamos encontrando, no puede ser otro lugar, este es el lugar donde deben estar sepultados», ha dicho en una rueda de prensa el arqueólogo responsable del proyecto, Sergio Gómez.

A dos metros del gran hallazgo

Hallan un valioso tesoro bajo Teotihuacán, la ciudad de los dioses

 Los restos de los gobernantes de la ciudad, fundada hace unos 2.500 años y donde se encuentran las famosas pirámides del Sol y de la Luna, aún no han sido hallados. Para los especialistas, habría condiciones de desvelar el misterio a finales de 2015. Los investigadores creen encontrarse a dos metros de donde estarían sepultados los restos de los gobernantes.

Gómez, quien ha trabajado desde el 2010 con dos robots fabricados especialmente para el proyecto, ha añadido que la búsqueda en la última parte del túnel se tendrá que hacer de manera manual por la gran cantidad de humedad en la zona.

«Ya estamos en las cámaras, hemos retirado sedimentos de 60 o 70 centímetros pero nos falta todavía profundizar uno o dos metros donde pensamos que está algo muy importante», ha apostillado.

Además de figuras, también se encontraron semillas que datan de la época, piedras preciosas que importaron del Golfo de México y algunas pelotas de hule del tradicional juego de pelota, aunque muchos de estos objetos posiblemente nunca se utilizaron y sólo sirvieron como ofrendas.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por Naciones Unidas, Teotihuacán alcanzó su apogeo entre los años 250 y 500 d.C., cuando tuvo una población cercana a los 150.000 habitantes y llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo después de Constantinopla y Alejandría.

La ciudad tiene actualmente unos dos kilómetros cuadrados, aunque especialistas creen que la urbe llegó a tener una extensión de 20 kilómetros.


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El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Consejo para la Cultura y las Artes (Conaculta), además del Centro de Estudios Mesoamericanos, llevarán a cabo, en Tepeji del Río, el 28 Congreso Internacional de la Región de Los Lagos del Valle de México y área de interacción al suroeste del estado de Hidalgo, del 27 al 31 de este mes, con la colaboración de los gobiernos estatal y municipal, e instituciones educativas.

El citado congreso nace en el Estado de México como una actividad académica, a cargo de la arqueóloga Asunción García Samper; del Museo Nacional de Antropología, y del Centro de Estudios Mesoamericanos (del cual es fundadora). El encuentro nació a manera de reuniones anuales realizadas en el Estado de México con el fin de presentar temáticas alusivas a trabajos arqueológicos, históricos, antropológicos y afines.

Por el carácter e importancia de esta actividad, se buscaba tener sedes en entidades vecinas al Estado de México. Gracias a las reuniones y pláticas sostenidas con los responsables del evento, se designó a Hidalgo, siendo el municipio de Tepeji del Río donde se llevarán a cabo las conferencias en las instalaciones del Centro Cultural de Tepeji, la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo-campus Tepeji y la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji.

El desarrollo del congreso será a través de conferencias magistrales, talleres, ponencias y mesas de trabajo, con la siguiente temática: interacción e influencia del medio geográfico natural y cultural, prácticas culturales, arqueología histórica.

Del mismo modo, sincretismo religioso, asentamientos prehispánicos I y II, enfoque teórico, expresiones artísticas, conflicto y sociedad y arqueología regional.

Los resultados de estos trabajos serán publicados en una memoria para dar a conocer el avance de las ciencias antropológicas y de las investigaciones y descubrimiento de Tepeji del Río, como el tesoro, La loma o la cava del ex convento de San Francisco de Asís.

Asimismo, a través del congreso se pretende hacer una contribución a la historia cultural de la región Tula-Tepeji, teniendo un panorama integral sobre los estudios y proyectos de investigación que se han realizado en el área..

El programa está conformado con la participación de distinguidos antropólogos, historiadores y arqueólogos provenientes de instituciones como la Zona Arqueológica de Teotihuacán, Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, centro Estado de México, centro INAH Querétaro, centro INAH Guanajuato, centro INAH Zacatecas, ENAH, Museo Nacional de Antropología e Historia, ex convento de Acolman y Estados Unidos.

Igualmente ponentes del estado de Hidalgo, procedentes de Tepeji del Río, Tula de Allende y Pachuca; del Estado de México, provenientes de Acolman, Chimalhuacán, Jilotepec y Chiconautla.De la misma manera, investigadores de universidades como UAEH, UNAM, UAEM, Universidad de Zacatecas, IPN, Universidad de Xalapa, Universidad Estatal de Minnesota y Universidad de Austin, Texas.


La exposición Códices de México, Memorias y Saberes celebra los 50 años del Museo Nacional de Antropología y los 75 años del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Por primera vez, en su historia, los códices resguardados en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia se muestran al público para compartir su belleza artística, la profundidad de su contenido y su relevancia universal.

Para los antiguos mexicanos el tiempo permeó todos los aspectos de su vida. Ordenó y dotó la continuidad el quehacer cotidiano y extraordinario de individuos y pueblos enteros.

La cosmovisión prehispánica dividía el tiempo en dos: el que permanecía en los entes sobrenaturales –dioses y fuerzas sobre humanas– y el de los hombres. Ambos coexistían: mientras los dioses creaban y dirigían a voluntad el destino delos hombres, estos realizaban rituales y sacrificios humanos con los que intentaban propiciar, conciliar, suplicar e incluso coaccionar a aquellos seres para obtener un beneficio.

La creencia de los hombres se reflejaban incluso en el cómputo y registro del tiempo por medio de distintos calendarios: en torno a ellos nombraban y dotaban de un destino a los recién nacidos, pronosticaban fenómenos meteorológicos y fijaban las fiestas en honor a las deidades. Los códices y ruedas calendáricas son un punto de convergencia entre dioses, naturaleza e humanos. Su estudio nos permite vislumbrar una de las aristas del complejo universo indígena de los pueblos de México.

En la antigüedad, la tierra fue un elemento fundamental en la definición de la naturaleza mesoamericana. Aún hoy el territorio es concebido como lugar de origen y retorno; es ahí donde se entierra el ombligo después de nacer y a donde siempre regresaremos al final de nuestros días.

En los códices prehispánicos se representaron espacios míticos y terrenales. En los primeros los dioses dotaron al hombre de los conceptos fundamentales de pensamiento; los segundos sirvieron para dejar constancia del escenario geográfico donde los gobernantes llevaron a cabo sus hazañas de guerra y conquista o alianzas matrimoniales.

Con la llegada de los españoles, los pueblos mesoamericanos se vieron en la necesidad de defender el espacio que les pertenecía ante el nuevo orden de gobierno. Por tal motivo elaboraron códices y lienzos en los que además de representar su territorio, añadieron datos históricos y genealógicos que ayudarían a comprobar la posesión de la tierra desde tiempo inmemorial. Ahora dichos documentos son fuente de identidad y pertenencia de los pueblos indígenas de México.

Los gobernantes prehispánicos considerados –según la creencia de ese tiempo- una extensión de los dioses en la Tierra, conjuntaron en su persona el poder económico, militar e ideológico en Mesoamérica.

Crearon una organización política bien estructurada y por medio de ella conducían al vulgo según sus intereses. Con el mismo fin, su relación con la divinidad tenía que ser renovada constantemente ante los ojos del pueblo, pues el prestigio y dominio que conquistaron dependían de ese vínculo. Para ello, los sueños utilizaron la sabiduría de médicos y sacerdotes, ya que eran conscientes de la supremacía que el Estado obtenía al monopolizar el conocimiento.

Lo anterior se hace evidente en los códices: en sus registros advertimos genealogías de nobleza dirigente proeza de conquistadores, sometimiento de pueblos enteros y la cantidad de tributos obtenidos después de una guerra. De igual manera en esos documentos es posible señalar mitos, ritos y relatos históricos.

Siglo XVI

Siglo XVII

Siglo XVIII

 

Siglo XIX

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