Observan un enorme «tsunami cósmico» avanzando dentro de una galaxia


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  • La inmensa ola de gas y estrellas forma una estructura parecida a un párpado
 Un tsunami de gas y estrellas en la galaxia IC2163 - M. Kaufman; B. Saxton (NRAO/AUI/NSF); ALMA (ESO/NAOJ/NRAO); NASA/ESA Hubble Space Telescope

Un tsunami de gas y estrellas en la galaxia IC2163 – M. Kaufman; B. Saxton (NRAO/AUI/NSF); ALMA (ESO/NAOJ/NRAO); NASA/ESA Hubble Space Telescope

El Universo no deja de darnos sorpresas. Esta vez se trata de un descomunal “tunami” cósmico, una ola gigantesca de gas y estrellas avanzando a toda velocidad a través del disco de una galaxia espiral conocida como IC 2163. Esta formidable oleada de materiales, que se originó cuando, recientemente, la galaxia IC 2163 desplazó lateralmente a otra galaxia espiral denominada NGC 2207, produjo una serie de brillantes arcos de formación estelar, que en la imagen (en naranja) recuerdan a la forma de dos gigantescos párpados. El espectáculo cósmico fue captado por un equipo de científicos desde el Telescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), en Chile. El estudio acaba de publicarse en la revista Astrophysical Journal.

“A pesar de que las colisiones de esta clase no son algo raro -explica Michele Kaufman, astrónomo de la Universidad Estatal de Ohio en Columbus y autor principal del estudio- apenas se conocen unas pocas galaxias oculares, esto es, con estructuras parecidas a los ojos”.

Kaufman y sus colegas creen que la escasez de esta clase de formaciones en el Universo observable se debe a que tienen una naturaleza efímera. “Los párpados galácticos -explica el investigador- duran apenas unas decenas de millones de años, que es un tiempo increiblemente breve en la vida de una galaxia. Encontrar unos párpados prácticamente recién formados nos brinda una oportunidad excepcional para estudiar lo que sucede cuando una galaxia roza a otra”.

Esta pareja concreta de galaxias se encuentra a unos 114 millones de años luz de la Tierra, en la dirección de la constelación Canis Major. Ambas se rozaron, raspando los bordes de sus brazos espitales externos, en el que seguramente fue el primero de una serie de encuentros que tendrán lugar en el futuro. Al final, con toda probabilidad, ambas galaxias terminarán fusionándose en una sola, mucho mayor.

Gracias a la extraordinaria resolución y sensibilidad del telescopio ALMA, los astrónomos lograron tomar medidas extraordinariamente detalladas del movimiento del gas monóxido de carbono en el interior del gigantesco “tsunami” (los estrechos “párpados” de la galaxia). El monóxido de carbono es un gas traza del gas molecular que constituye el combustible principal para la formación de nuevas estrellas.

Los datos revelan que el gas en la parte exterior de los “párpados” de IC 2163 se mueve hacia dentro a velocidades de más de 100 km. por segundo. El gas, sin embargo, está decelerando rápidamente y sus movimientos se van haciendo más caóticos, a medida que cambia su trayectoria y se alinea con la rotación de la galaxia en vez de seguir precipitándose hacia su centro.

“Lo que observamos en esta galaxia -explica por su parte Bruce Elmegreen, científico del Centro de Investigación Watsonm de IBM, en Yorktown Heights, y coautor del artículo- es algo muy parecido a una enorme ola oceánica que se desplaza sin freno hacia la orilla hasta que se topa con aguas poco profundas, lo que hace que pierda el impulso y termine por vaciar toda su agua y arena en la playa”.

Para Kaufman, “no solo hallamos una rápida deceleración del gas a medida que éste se mueve desde los bortes exteriores es a los bordes intérnos de los párpados, sino que nos hemos dado cuenta de que cuanto más rápidamente se desacelera, más denso resulta el gas molecular. Esta medición directa de su compresión muestra cómo el encuentro entre dos galaxias lleva al gas a amontonarse, a desovar nuevos cúmulos estelares y a formar las deslumbrantes características del párpado”.

Los modelos de ordenador predicen que estas estructuras en forma de párpado logran formarse solo si las galaxias han interactuado de una forma muy específica. “Esta evidencia de una fuerte onda de choque resulta fenomenal -afirma Curtis Struck, otro de los autores de la investigación-. Está muy bien tener una teoría y simulaciones que sugieren que debe ser cierta, pero tener una evidencia observacional directa es mucho mejor”.

“ALMA nos ha mostrado que las velocidades del gas molecular dentro de la ola concuerdan con las predicciones de los modelos informáticos -asegura Kaufman-. Nunca habíamos podido, hasta ahora, poner a prueba las simulaciones de encuentros galácticos de esta manera”.

Los astrónomos piensan que esta clase de encuentros galácticos eran muy comunes en el Universo primitivo, cuando todas las galaxias estaban muy juntas unas de otras. En aquellos momentos, sin embargo, los discos galácticos solían ser grumosos e irregulares, por lo que alguna otra clase de procesos pudo llevar también al desarrollo de estructuras parecidas a las observadas.

Así sería un tsunami en el Mediterráneo


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  • Investigadores europeos desarrollan un nuevo modelo capaz de simular elimpacto que tendría un tsunami generado por un terremoto en las costas del este del Mediterráneo
epa La catástrofe tras el tsunami que inundó Indonesia en 2004

epa | La catástrofe tras el tsunami que inundó Indonesia en 2004

Un equipo de investigadores europeos ha desarrollado un nuevo modelo capaz de simular el impacto que tendría un tsunami generado por un terremoto en las costas del este del Mediterráneo. Y los resultados muestraan con toda claridad que un evento así sería capaz de provocar graves inundaciones en el sur de Italia y Grecia. El estudio ha aparecido hace unos días en la revista «Ocean science», una publicación de la Unión de Geociencias Europea (EGU).

A pesar de que no son tan frecuentes como en los océanos Pacífico e Indico, también el Mediterráneo está sujeto a la posibilidad de sufrir tsunamis. La mayoría de ellos debidos a terremotos generados al deslizarse la placa Africana bajo la Euroasiática. De hecho, uno de cada diez tsunamis que se generan en el mundo se producen, precisamente, en el Mediterráneo y, como media, una vez cada cien años el tsunami es de gran intensidad. Un dato que no muchos conocen, y que coloca al Mare Nostrum entre las zonas de alto riesgo de sufrir esta clase de eventos catastróficos.

Por ello, el riesgo de las zonas costeras, muy densamente pobladas, se considera «muy alto» en las clasificaciones de los expertos. Y es que más de 130 millones de personas viven habitualmente en pueblos y ciudades que se asoman directamente al Mediterráneo. Otro motivo de preocupación es que, en el Mediterráneo, una ola del tipo Tsunami debe recorrer una distancia muy corta antes de hacer impacto, lo que reduce enormemente la efectividad de una alerta en comparación con otras regiones del planeta.

El nuevo estudio muestra con detalle cuál sería la magnitud de las inundaciones en las zonas seleccionadas (sur de Italia y Grecia), lo que ayudará a las autoridades de esos países a identificar las áreas más vulnerables.

Los investigadores han desarrollado un modelo informático que representa cómo pueden generarse, propagarse e impactar contra las costas los tsunamis mediterráneos, Para ello han utilizado la información disponible sobre la profundidad de los fondos y la topografía de las líneas costeras. «Hemos simulado tsunamis introduciendo terremotos a varias profundidades y calculando los desplazamientos del agua tanto en el fondo como en la superficie marina –explica Achilleas Samaras, de la Universidad de Bologna y principal autor de la investigación–. El modelo reproduce cómo estas perturbaciones (las olas de tsunami) se propagan y transforman a medida que se acercan a la orilla, y cómo inundan las zonas costeras».

Las simulaciones se han llevado a cabo a partir de supuestos terremotos de magnitud 7. «A pesar de que no se trata de terremotos pequeños –explica Samaras– existen numerosos registros históricos sobre eventos de estas magnitudes en la región». Por ejemplo, en el año 365 AC se produjo una serie de terremotos con magnitudes entre 8 y 8,5 en las costas de Creta. Los tsunamis resultantes destruyeron ciudades en Grecia, Italia y Egipto, con un saldo de víctimas de más de 5.000 personas solo en la ciudad de Alejandría. Más recientemente, en 1908, un terremoto de magnitud 7 se produjo en la región siciliana de Messina, causando un tsunami con olas de más de diez metros de altura y que mataron a miles de personas.

España, zona de alto riesgo

El estudio solo hace referencia a la zona oriental del Mediterráneo. Pero tampoco la occidental, donde se encuentra la peninsula ibérica, está exenta de padecer este tipo de fenómenos. De hecho, y aunque la mayoría lo desconozca, la península ibérica está considerada por los expertos como una zona de alto riesgo de tsunamis. Nuestras ciudades, en efecto, ya han sufrido en numerosas ocasiones el impacto destructivo de estas grandes olas, especialmente en el golfo de Cádiz y en las costas mediterráneas. Olas que, además, han provocado ya miles de muertes en nuestro país.

En nuestro caso, el riesgo es doble, ya que la península ibérica puede recibir tsunamis tanto en su vertiente atlántica (más fuertes, pero menos numerosos) como en la mediterránea (mucho más frecuentes, aunque menos fuertes). La razón es que los terremotos capaces de producir tsunamis en el Mediterráneo se generan, principalmente, en Argelia, donde las fallas son más pequeñas que las que existen en nuestra vertiente atlántica. Las regiones más expuestas de nuestro país son la bahía de Cádiz, Huelva, el litoral del Mediterráneo y las Baleares.

La mayor catástrofe natural jamás producida en España se produjo en el año 1755, cuando un terremoto submarino frente a las costas de Cádiz (y que fue de intensidad 9) provocó un tsunami que mató a 15.000 personas. Los expertos sostienen que si algo así se repitiera en la actualidad, la cifra de muertos sería similar a la del tristemente famoso tsunami de Indonesia de 2004, a consecuencia del que perecieron más de 300.000 personas.

Según el catálogo europeo de tsunamis, entre los años 300 A.C. y 1900 se han generado hasta 18 tsunamis sólo en el área del golfo de Cádiz. Entre ellos, dos fueron especialmente catastróficos: el de 1531 y el ya citado de 1755. El estudio de antiguos sedimentos ha permitido identificar, además, las huellas de un gran número de tsunamis en esa región, que los expertos consideran «de alto riesgo».

En cuanto al Mediterráneo occidental (Málaga, Granada, Almería, Murcia y Baleares), las principales fuentes de generación de tsunamis se encuentran en el norte de Argelia y, más lejos, en el mar Egeo. Si ocurriera un tsunami frente a Argelia, en menos de 30 minutos gran parte de la Costa del Sol se vería afectada por las olas. Y aunque los tsunamis mediterráneos no son tan desastrosos como los generados en la cuenca Atlántica, sí que son perfectamente capaces de inundar zonas bajas del litoral. Estudios recientes muestran que Almería, Murcia y numerosas localidades de Baleares, se inundarían con un tsunami de apenas 3m.

Para intentar prevenir esta clase de catástrofes, España colabora desde hace años con la red NEAMTWS (Sistema de Alerta Temprana de Tsunami en el Atlántico Noreste y el Mediterráneo) aunque, tristemente, aún no cuenta con un sistema propio de alerta.

Por eso, si se produjera otro tsunami peligroso para nosotros, nuestro país solo podría enterarse de su llegada gracias al sistema francés o al sistema NEAMTWS. Sin embargo, no se conocerían las zonas de impacto, ni la magnitud del tsunami en cada zona concreta, ni los tiempos exactos de llegada, ni la población afectada sabría cómo actuar. Es decir, que la alerta sería inútil porque no sabríamos qué hacer con ella.

Y si bien es cierto que, tras la catástrofe de 2004 en Indonesia se han llevado a cabo algunas mejoras en los sistemas de detección sísmica del Instituto Geográfico Nacional (IGN), la falta de presupuestos ha impedido hasta ahora la creación de protocolos específicos para esta clase de situaciones. Protección Civil dispone de pautas de actuación en caso de inundaciones, pero un protocolo específico para maremotos está aún pendiente de aprobación.

Descubren que un gigantesco tsunami arrasó Cancún hace 1.500 años


ABC.es

  • Un estudio científico ha desvelado que la península de Yucatán sufrió el azote de entre tres y cuatro olas gigantes
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NASA Las olas pudieron afectar una extensión de hasta 125 kilómetros

La costa oriental de la península de Yucatán (en México) es actualmente conocida por sus buenas temperaturas y la ingente cantidad de turistas que la visitan para disfrutar de sus playas. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por el Centro Ecológico Akumal (CEA) de México y la Universidad de Colorado en Boulder, ha hallado evidencias de que hace 1.500 años sufrió el azote de un gigantesco tsunami que arrasó la región.

La investigación ha encontrado evidencias del suceso en una berma de piedra (o cornisa) de unos 15 metros de altura ubicada cerca de la costa. Los restos de radiocarbono en este accidente del terreno indican que un tsunami, formado por dos o incluso tres olas gigantes, probablemente se abatió sobre la línea de costa en algún momento después del año 450. Todo ello, cerca de Playa del Carmen y Cancún.

Los expertos han podido averiguar estos datos gracias a que las rocas que cubren la parte superior de la berma se componen de coral y piedra caliza de grano fino. Ello implica que una de las susodichas olas depositó estos materiales subacuáticos en las piedras.

«La fuerza requerida para extraer este material de arrecife desde el fondo del mar y depositarlo muy por encima de la línea de la playa tuvo que haber sido enorme. Creemos que la altura de las olas del tsunami fue de al menos 4,5 metros y potencialmente mucho mayor que eso», añade Benson.

A su vez, los expertos han encontrado sobre la berma todo tipo de ruinas de estructuras mayas postclásicas construidas entre los años 900 y 1200, lo que indica que el tsunami se produjo antes de ese tiempo. «Yo estaba muy sorprendido cuando entré por primera vez en estos promontorios y vi esta gran berma pavimentada con cantos rodados que se prolongaban largas distancias en ambas direcciones. Mi primer pensamiento fue que una enorme ola pasó por aquí en el pasado, y que debió producir un gran impacto», ha explicado el científico del CEA Charles Shaw.

A su vez, los investigadores han hallado bermas atípicas a lo largo de 125 kilómetros de la costa del Yucatán, lo que implica que el tsunami habría impactado en una zona muy extensa de la región. No está claro lo que podría haber causado el tsunami, que pudo ser desencadenado por una variedad de eventos que van desde terremotos y deslizamientos de tierra submarinos a erupciones volcánicas e impactos de meteoritos en el océano.

Benson y Shaw sugieren que el tsunami podría fecharse con mayor precisión por extracción de muestras de sedimentos del pantano de manglares que se encuentra a lo largo de la costa, con el fin de localizar la arena de carbonato depositado por la ola masiva.

Con todo, de momento se cree que sucedió hace, aproximadamente, 900 y 1.500 años. «Si tal evento ocurre en el futuro, causaría estragos a lo largo de la costa urbanizada, probablemente con una gran pérdida de vidas», ha explicado Benson.

El planeta Tierra se fractura


El Pais

  • La insólita ruptura de una de las grandes placas tectónicas de la superficie del Índico causó el terremoto del pasado abril al suroeste de Sumatra
El 11 de abril de este año se registraron dos grandes terremotos de magnitud 8.7 y 8.2 en el océano Índico, al suroeste de Sumatra. Tembló la tierra desde Australia hasta India y el sureste asiático y murieron dos personas y otras ocho fallecieron por ataques cardíacos. Fueron muy pocas víctimas y daños en comparación con la tremenda catástrofe del terremoto de 2004 en la región, cuando el tsunami desencadenado se cobró miles de vidas. Pero no pasó desapercibido para los científicos: fue un gran acontecimiento en la historia de la Tierra, algo excepcional, porque esos sismos se debieron a un proceso de fractura de una de las grandes placas tectónicas (la Indoaustraliana) que forman la corteza terrestre.

En realidad, el terremoto de 8.7 respondió a cuatro fracturas en el interior de la placa, tres de ellas paralelas entre sí y una cuarta perpendicular a ellas, formando en su conjunto una falla en escalón. El proceso duró dos minutos y 40 segundos y fue seguido dos horas después por otro terremoto de magnitud 8.2. La zona de rotura se situó a unos centenares de kilómetros de la costa occidental de Sumatra y en pleno mar. Se rompió el fondo del océano. Los terremotos dieron lugar a lo que los expertos denominan desgarros de placa.

“El del pasado 11 de abril es probablemente el mayor terremoto de desgarre que se ha registrado con sismógrafos”, dicen los investigadores de la Universidad de California, Santa Cruz (UCSC), autores de uno de los tres artículos sobre este acontecimiento geofísico publicados en el último número de la revista Nature.

“Nunca hemos visto un terremoto así, ya que forma parte del complejo proceso de fractura de una placa” dice Keith Koper, científico de la Universidad de Utah (EE UU) y coautor de unos de los artículos mencionados. “Ahora [abril de 2012] lo que vemos es la separación de la placa Indoaustraliana en dos placas”, añade Thorne Lay (UCSC). Pero es una red de fracturas compleja no una rotura limpia, concluyen los investigadores.

La litosfera terrestre, es decir, los 100 primeros kilómetros que incluyen la corteza y la parte superior del manto, está dividida en una docena de grandes placas rígidas de distintos tamaños y formas que descansan sobre el manto terrestre semifluido. Las placas chocan entre sí, se separan, se montan una sobre otra, se deforman y originan cordilleras, se deslizan en sus bordes… y las zonas del planeta donde acontecen estos procesos dinámicos en las fronteras entre placas son especialmente susceptibles de sufrir terremotos y vulcanismo. Cuando una de estas grandes piezas de la litosfera está presionando sobre otra, se van acumulando tensiones que se liberan provocando grandes seísmos.

“Desde el punto de vista tectónico, los dos terremotos de abril manifiestan un proceso de rotura en el interior de la placa Indoaustraliana y la creación de un nuevo borde de placa en el que las partes correspondientes a India y Australia se separan entre sí”, explica Miguel Herraiz, catedrático de Física de la Tierra y director del departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica I, de la Universidad Complutense de Madrid. “Algo así sucede constantemente en el planeta con una escala temporal de centenares de miles de años, pero esta vez se ha podido observar el inicio de la formación de un nuevo límite entre placas en directo y con instrumentación adecuada para estudiarlo”, comenta este especialista.

Ese proceso tectónico, indican Matthias Desescluse (CNRS francés) y sus colegas en su artículo de Nature, forma parte de la continua deformación entre placas que está registrándose en la zona. Así, el terremoto del pasado abril seguramente se disparó, al menos en parte, por los cambios generados en la tensión de las placas en la zona debido al catastrófico sismo de magnitud 9.1 del 26 de diciembre de 2004, que desencadenó el pavoroso tsunami que mató a casi 230.000 personas en la región del Índico.

Los sismos del pasado abril fueron de magnitudes inferiores al de hace ocho años, pero también muy importantes. ¿Por qué no desencadenaron ninguna ola gigante? Sí que causaron tsunamis estos terremotos, puntualizan los científicos, pero pequeños (el mayor registrado fue de unos 30 centímetros de altura). Esto se debe, explican los expertos, a que la fractura de la placa bajo el fondo marino en abril de este año fue de desgarre y, por tanto, con desplazamiento predominantemente horizontal, mientras que, en 2004, se produjo un pronunciado escalonamiento de placas y, al hundirse el fondo marino, se originaron las olas gigantescas de largo alcance.

Sin embargo, esos terremotos tuvieron otro tipo de efecto lejano, e insólito para los expertos: parece ser que activó sísmicamente otra falla, un borde de contacto entre placas, a miles de kilómetros de distancia, en California, explican Fred Pollitz (del Servicio Geológico de EE UU) y sus colegas.

Cuando se produce un terremoto se queda todo el planeta vibrando durante un tiempo, “y estudiando esas vibraciones podemos conocer la estructura interna de la Tierra”, apunta Herraiz. Pero en los días posteriores al terremoto de abril de este año en el Índico, fue especialmente notable la cantidad de sismos importantes (hasta magnitud 7) alejados del epicentro (a más de 1.500 kilómetros) y los científicos sospechan que, al menos en el caso de California, se debió a la activación de una falla allí por efecto de la fractura de placa registrada al otro lado del mundo.

Un gran tsunami arrastró bloques gigantes de coral al interior de la isla de Tongatapu


CET – El Mundo

EN AGUAS DEL PACÍFICO HACE UNOS 10.000 AÑOS

  • Las olas llevaron rocas del tamaño de una casa 400 metros tierra adentro
  • Los bloques coralinos forman una línea de tres kilómetros frente a la costa
  • El maremoto fue provocado por una gran erupción volcánica cercana al lugar

actu080929sun.jpgSobre el oscuro terreno volcánico de la isla de Tonga destacan desde tiempo inmemorial una serie de enormes bloques de coral. ¿Cómo pudieron llegar hasta allí? Las rocas forman parte del paisaje local y son bien conocidas por los isleños. Hasta existe una leyenda para explicar su origen: el dios Maui las lanzó fuera del agua para asustar a un gran pájaro devorador de hombres.Ahora, los científicos han encontrado un motivo menos mítico pero igualmente espectacular para explicar su existencia. Un gigantesco tsunami las arrancó del arrecife que rodea la isla y las arrastró 400 metros hasta el interior. Los geólogos, incluso, han encontrado bajo el agua su localización original.

La serie de enormes bloques de roca coralina yace a lo largo de tres kilómetros en la orilla oeste de la isla de Tongatapu, en el archipiélago de Tonga, en el Pacífico, y pueden ser la evidencia de uno de los más potentes tsunamis producidos por una erupción volcánica que se conocen.

“Pueden ser los bloques de roca más grandes desplazados por un tsunami en todo el mundo”, ha declarado al servicio de noticias científicas Eurekalert Matthew Hornbach, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, quien expondrá sus teorías en el próximo encuentro de la Geological Society of America.

Los investigadores del equipo de Hornbach viajaron a isla de Tongatapu en noviembre de 2007, como parte de una campaña de estudio de tsunamis. Partían de la base ya conocida de que algunas grandes ‘rocas errantes’ que se encuentran junto a ciertas costas han sido arrastradas allí por maremotos.

De hecho, existen casos bien documentados, como las enormes bloques que fueron movidos por el tsunami que se produjo tras la explosión del volcán Krakatoa en 1883, en aguas del estrecho de la Sonda, junto a Indonesia. Ese evento volcánico, sucedido en época histórica, estremeció al mundo. Se estima que liberó una energía como la de 10.000 bombas atómicas y que murieron unas 40.000 personas. Las olas que provocó el colapso del edificio volcánico alcanzaron 40 metros de altura y algunas rocas movidas por el tsumani en la orilla llegaron decenas de metros tierra adentro.

A raíz del maremoto que asoló Asia en 2004, ha explicado Hornbach, ha habido un esfuerzo para “encontrar, documentar y analizar grandes bloques erráticos de roca que puedan ser restos depositados por tsunamis pasados con la intención de calcular el tamaño, la frecuencia y la localización de esos eventos”.

Con esa idea en la cabeza, su equipo viajó al archipiélago de Tonga tras haber oído hablar de las ‘extrañas’ rocas del interior de la isla. La expedición les sirvió para comprobar que esas rocas, mayores que una casa muchas de ellas, se alineaban durante tres kilómetros y que en ocasiones llegaban a estar hasta 400 metros dentro de tierra firme. Habían encontrado, según defienden, “los mayores depósitos movidos por un tsunami en toda la Tierra”.

Datación del ‘paleotsunami’

¿Cuándo ocurrió aquel fenomenal tsunami? La conclusión del estudio es que data del Holoceno, es decir, desde los últimos 10.000 años hasta nuestros días. Para llegar a esa conclusión, los investigadores llevaron a cabo un estudio radiométrico de la edad de las rocas y una interpretación estructural y sedimentaria de su entorno.

Para empezar, se descartó la posibilidad de que el origen de ‘las piedras del dios Maui’ no fuera un tsunami. Pero había multitud de evidencias que lo probaban. En primer lugar, los bloques de coral no pueden haberse formado en su actual localización ya que el sitio donde se encuentran es de origen volcánico. Tampoco pueden haber sido movidos por ‘tormenta’ o ciclón de ningún tipo, pues no los hay capaces de liberar tanta energía.

Puesto que la isla es plana, no es posible, además, que puedan haber rodado desde ninguna otra localización. En realidad, los bloques están hechos del mismo material coralino que rodea la isla, que es volcánica. Como es sabido, el coral tiene un origen biológico y crece formando anillos rocosos en torno a algunas islas del Pacífico, sean estas del material que sean. Algunas de ellas pueden ser totalmente de coral, pero Tongatapu es distinta: tiene un centro volcánico rodeado de un círculo coralino.

Después hubo que averiguar la edad de las rocas: 122.000 años aproximadamente, tras llevar a cabo diversas mediciones por los procedimientos establecidos de datación. De modo que el tsunami no pudo ocurrir lógicamente, antes de esa fecha.

Los investigadores piensan que las rocas llegaron a tierra bastantes después de formarse. Para sostener ese argumento, hacen notar que apenas están cubiertas por una fina capa de tierra en su parte superior. Además, el el profundo suelo volcánico que cubre buena parte de la isla es muy fino precisamente en el entorno de los bloques de roca. Esto sugiere, según los geólogos, que el área fue ‘lavada’ por olas en el pasado reciente, entendido en términos geólogicos de cómputo de tiempo y que no ha habido tiempo para que nuevas erupciones volcánicas repusieran el suelo en ese área.

Además, no hay una base de residuos calizos al pie de los bloques de coral, como debería haber ocurrido si hubieran sido expuestos a la lluvia durante mucho tiempo, con lo que la conclusión del equipo de Hornbach es que aunque los corales datan de hace 120.000 años, fueron sacados del mar en los últimos miles de años.

Estudiar para prevenir

Una de las conclusiones más relevantes del estudio llevado a cabo en la isla ha sido comprobar la virulencia de los tsunamis producidos por erupciones volcánicas. Una cadena de volcanes sumergidos se extiende sólo a 30 kilómetros de Tongatapu y a ellos atribuye el equipo de la Universidad de Texas el origen del paleotsunami que azotó la isla. Para ello estudiaron también el fondo marino y las condiciones del manto.

Los autores destacan que el tsunami que asoló Asia en 2004 fue provocado por un terremoto submarino, es decir, por un desplamiento de las placas terrestres bajo el mar, y que las investigaciones se han centrado hasta ahora en ese tipo de fenómenos. Sin embargo, el antiguo tsunami recién documentado en Tongatapu, y el del Krakatoa, ambos de origen volcánico, son claras muestras, consideran, de la enorme potencia que pueden desarrollar ese otro tipo de maremotos. Por ello creen que se debe reforzar su estudio para conocer la frecuencia con la que ocurren y las zonas más proclives a sufrirlos.

“Hay muchos lugares en el mundo con rocas similares a las del Tongatapu y con volcanes submarinos cercanos y la gente que vive allí no ha prestado mucha atención a la prevención ante tsunamis”, ha afirmado Hornbach a la Sociedad Geográfica de EEUU. De hecho, los habitantes de Tonga viven junto a las rocas sin haber sido advertidos sobre qué hacer en caso de tsunami, afirman los investigadores.