Guerra de las Naranjas


La Guerra de las Naranjas fue un breve conflicto militar que enfrentó a Portugal contra Francia y España en 1801.

En 1801, Napoleón conminó a Portugal para que rompiera su alianza tradicional con Inglaterra y cerrara sus puertos a los barcos ingleses. En esta pretensión inmiscuyó a España, gobernada entonces por el ministro Manuel Godoy, mediante la firma del tratado de Madrid de 1801. Según este tratado, España se comprometía a declarar la guerra a Portugal si la nación vecina mantenía su apoyo a los ingleses. Ante la negativa portuguesa a someterse a las pretensiones franco-españolas, se desencadenó la llamada Guerra de las Naranjas.

Manuel Godoy retratado por Francisco de Goya en 1801 (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.)

La campaña militar apenas duró dieciocho días entre mayo y junio de 1801. En ella, un ejército español al mando de Godoy ocupó sucesivamente una docena y media de poblaciones portuguesas, entre ellas Arronches, Castelo de Vide, Campo Maior, Portalegre, Olivenza y Juromenha). La resistencia portuguesa fue mínima, en la creencia de que España no tenía pretensiones territoriales. La paz se firmó en Badajoz el 6 de junio (Tratado de Badajoz), devolviéndose todas las plazas conquistadas a Portugal con la excepción de Olivenza y su territorio, que ya era un viejo contencioso fronterizo entre los dos países. Aprovechando la ocasión y la geografía, tampoco se devolvió Vila Real (Villarreal), que no pertenecía a Olivenza, sino a Juromenha. La línea divisoria entre España y Portugal se fijó en aquella zona utilizando el curso del río Guadiana, de facto sino de iure ya que subsisten cuestiones sobre la posesión del territorio.

Aunque el acuerdo entre Francia y España preveía que Portugal cediera a España una o varias provincias portuguesas que representasen el veinticinco por ciento de la población metropolitana para poder usarlas como moneda de cambio y conseguir la devolución o cesión de Mahón, la isla Trinidad y Malta, esta cláusula fue obviada por Carlos IV de España, con grave disgusto de Napoleón.

La Guerra de las Naranjas recibió este nombre debido al ramo de naranjas que Godoy hizo llegar a la reina María Luisa cuando sitiaba la ciudad de Elvas.

Frente americano

El 8 de agosto de 1801, un grupo de irregulares portugueses aliados con algunos guaraníes descontentos, en el contexto de la Guerra de las Naranjas, ocuparon el pueblo de San Miguel Arcángel y pocos días después conquistaron el resto del actual departamento de Misiones Orientales y el pueblo de San Francisco de Borja.

El Tratado de Badajoz reconoció la soberanía española en los territorios conquistados en las Misiones Orientales, firmado el 6 de junio de 1801 en la ciudad de Badajoz entre España y Francia de un lado, y Portugal del otro, puso fin a la Guerra de las Naranjas. En relación a España, Portugal reconocía definitivamente el derecho de posesión de la Colonia del Sacramento y de las Misiones Orientales, que ya se había intentado solucionar a través de los tratados de Madrid de 1750 y del de San Ildefonso de 1777. El tratado también estipulaba que la violación de cualquiera de sus artículos conduciría a su anulación.

Portugal nunca devolvió los territorios de Misiones Orientales y hoy estos territorios pertenecen al Brasil. La no devolución de dichos territorios es lo que justificó la no devolución de Olivenza por parte de España tras las guerras napoleónicas.

Guerra de las Naranjas
Fecha 20 de mayo-6 de junio de 1801
Lugar Portugal
Resultado Victoria española. Tratado de Badajoz
Beligerantes
Portugal  España
 Francia
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Mapa de la Villa de Madrid Corte de los Reyes Católicos de España


Importante plano de Madrid, el primero que se conoce de la Villa y Corte, que muestra la ciudad en los últimos años del reinado de Felipe III y comienzos del de Felipe IV, ya que no aparece todavía el Palacio del Buen Retiro ni la Cerca, construidos en tiempos de este último monarca. Los edificios están representados en perspectiva caballera vista desde el sur de la ciudad.

En el ángulo superior izquierdo aparece el escudo coronado de Madrid, con el oso y el madroño y las siete estrellas en orla. En el derecho figura una alegoría de la corte, un ángel que empuña con la mano derecha una trompeta de la que penden dos banderolas con las leyendas «Hic sistit gloria mundi» y «Non sufficit una»; con la mano izquierda sostiene otra trompeta con una corona principal y una cinta de la que penden otras coronas, en alusión a la segunda leyenda.

Se trata de la edición más antigua que existe de este plano. Carece de fecha, autor, grabador y escala y contiene una cartela barroca vacía, donde debería ir situada la escala. Existe una edición posterior, grabada en Amberes, en la que figura como editor Frederic de Wit; en la cartela de esta nueva edición aparecen insertas dos escalas.

Son muchos los historiadores, especialistas en la Villa de Madrid, que se han referido a este importante plano. Mesonero Romanos, escritor y primer cronista de la Villa de Madrid, en su obra

El antiguo Madrid se refiere a este plano como «un rarísimo plano de Madrid que tenemos a la vista» anterior al grande de Amberes de Texeira. El historiador y bibliotecario Cayetano Rosell, en un artículo sobre la «Sala de Estampas de la Biblioteca Nacional», publicado en 1871, cita este plano expresando: «no podemos menos de citar los dos preciosos planos de Madrid que existen en ella. El primero, que se cree de fines del reinado de Felipe III, o de principios de Felipe IV, y es rarísimo.

El segundo es el grabado en Amberes en 1656». El archivero e investigador de la Villa, Molina Campuzano, en su estudio titulado los Planos de Madrid, publicado en 1960, da como fecha probable de este plano hacia 1635, teniendo en cuenta los edificios más recientes que aparecen representados.

Hace unos años, Antonio Matilla, archivero del Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, descubrió en este archivo unos documentos en los que se explica quién trazó el primer plano de Madrid y la fecha en que el Ayuntamiento hizo el encargo, con motivo de la canonización de san Isidro y otros santos, en la Plaza Mayor de la ciudad. Matilla cita en un artículo, publicado en 1980: «El 11 de septiembre de 1622, el regidor Lorenzo del Castillo concertó, en nombre de Madrid, con Antonio Marcelli, “luminador”, que haría este un mapa de dicha Villa y otro de su Plaza Mayor y que los cortaría en láminas… Marcelli debía de darlos hechos y acabados en toda perfección dentro del plazo de los ocho meses siguientes…». Según estos mismos documentos, el 26 de abril de 1623 el Ayuntamiento pagó a Marcelli el final de la cifra acordada, lo que demuestra que había hecho entrega de los planos encargados. Por todo ello, Matilla considera que el plano fue trazado por el dibujante e iluminador Antonio Marcelli en Madrid y muy probablemente grabado también en Madrid en 1622.

El plano se incluyó por primera vez en la obra Theatrum in quo visuntur illustriores Hispaniae Urbes…, de Johannes Janssonius, publicada en Ámsterdam en 1657. Unos años después, se incluye en la obra Tooneel der Vermaarste Koop-Steden en Handel-plaat- sen… , editada en Ámsterdam por Johannes Janssonius, en 1682. Aparece inserto, junto a una vista de Madrid, en el atlas Theatrum praecipuarum totius Europae urbium…, también publicado en Ámsterdam por F. de Wit, hacia 1700. Posteriormente se publica en el Atlas Nouveau , editado en Ámsterdam por Covens y Mortier y, hacia 1729, aparece en la obra de Pieter van der Aa, La Galerie agréable du Monde.

Esta primera representación de Madrid tuvo una gran difusión y se incluyó en diversos atlas y libros de viajes de los siglos XVII y XVIII , tanto en su formato original como en forma reducida. Fue el plano de la ciudad más bello y detallado hasta la publicación en 1656 de la magnífica Topographia de la Villa de Madrid, gran plano de la ciudad, en veinte hojas, realizado por Pedro Texeira, el plano más extenso, exacto e importante de Madrid, no superado durante más de dos siglos.

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Escala [ca. 1:6.000] [S.l.: s.n., 1622-1635] Plano: grab.; 42,5 × 72,2 cm, en h. de 52,5 × 79,5 cm

BIBLIOGRAFÍA
Cartografía madrileña (1635-1928).Madrid:Museo Municipal, 1982, p. 56
Los mapas del Quijote. Madrid: Biblioteca Nacional, 2005, pp. 138-139, n.º 40
Los planos de Madrid y su época (1622-1992).
Madrid: Museo de la Ciudad, 1992
Madrid en sus planos. 1622-2001
Madrid: Ayuntamiento, Centro Mesonero Romanos, 2001, pp. 64-65  Matilla Tascón, Antonio. «Autor y fecha del plano más antiguo de Madrid. La incógnita resuelta».
Anales del Instituto de Estudios Madrileños . 1980, t. XVII, pp. 103-107  Molina Campuzano, Miguel.
Planos de Madrid de los siglos XVII y XVIII.
Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, 1960, pp. 217-230 ¶ Rosell, Cayetano. «Sala de Estampas de la Biblioteca Nacional».
Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos . 1871, t. I , pp. 40-45.

Ataques Berberiscos a España


A comienzos del siglo XVI, durante el reinado de Carlos V, las actividades berberiscas en el Mediterráneo eran constantes. En esa época, los turcos contaban con un caudillo temible, el sultán de Constantinopla, Solimán II ‘el Magnífico’, que en 1520 había sucedido a su padre y nombrado almirante al pirata Jeredín Barbarroja.

El predominio turco en el Mediterráneo, y su alianza con Francia, multiplicaba los ataques y embestidas protagonizadas por los corsarios. Desde la segunda mitad del XVI, los corsarios norteafricanos incrementaron su presencia en el Mediterráneo. Gracias a las enseñanzas de marinos holandeses, tuvieron acceso a técnicas náuticas que les permitieron llegar hasta Islandia y saquearla. No hay que olvidar que si bien el corso cumplía para el Imperio otomano el objetivo de desgastar al enemigo (en especial al Imperio Español) también suponía una forma de vida y acumulación de riqueza bastante generalizada en lugares como Liorna, Malta, Túnez, Salé o Argel. Estas ciudades se convirtieron para los corsarios en una base donde abastecerse, reparar los navíos, encontrar tripulación y establecer mercados desde los que vender a los cautivos.

Las acciones corsarias más destacables en el Mediterráneo Occidental fueron:

La toma de Túnez por Barbarroja. Con esta conquista, los corsarios se hicieron con un importante emplazamiento en el Norte de África, pero no por mucho tiempo, ya que un año más tarde, Carlos V logró poner en el trono tunecino a un vasallo suyo.

La conquista de Trípoli en 1551. Importante cabeza de puente en el Mediterráneo Occidental y lanzadera de acciones berberiscas en los territorios hispánicos.
El asedio turco a la isla de Malta en 1565. Los ataques y asedios a emplazamientos del Mediterráneo realizados por el imperio turco estuvieron respaldados por corsarios.

Las costas españolas sufrieron durante más de dos siglos los ataques de piratas berberiscos, en especial las costas mallorquinas, algunos puntos de la costa valenciana, las poblaciones costeras del Sur de Andalucía y el litoral murciano. Tampoco se libraron de las embestidas corsarias las islas atlánticas, siendo en 1593 invadida Fuerteventura y Lanzarote en 1771 y 1618, tras lo cual los corsarios pasaron por San Sebastián de la Gomera, saqueándola y destruyéndola.

Tratado de El Pardo (1728)


El Tratado de El Pardo o Convenio de El Pardo fue firmado entre el reino de Gran Bretaña y España en marzo de 1728 en el Palacio Real de El Pardo en Madrid. Puso fin a la guerra anglo-española de 1727, al resolver los principales puntos de disputa entre los dos Estados, aunque el posterior Congreso de Soissons y el tratado de Sevilla serían elaborados sobre estas bases.

El objetivo británico era firmar la paz con España antes de unirse a una potencial alianza con Austria; sin embargo, los términos acordados por el embajador británico en Madrid Benjamin Keene fueron considerados muy indulgentes por sus superiores en Londres y fueron repudiados, lo que condujo a posteriores discusiones en Soissons que duraron casi un año.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos, una nueva guerra estalló entre Gran Bretaña y España en 1739, poco más de una década después de la conclusión de esta paz.

Tratado de Barcelona – 1493


El tratado de Barcelona, también conocido en la historiografía francesa como tratado de Narbona, fue un acuerdo firmado en 1493 por Carlos VIII de Francia y los Reyes Católicos de España (Fernando e Isabel), en el que estos se comprometían a no intervenir en la primera guerra italiana (1494 – 1498) que Francia pensaba llevar a cabo. El acuerdo quedó roto dos años después debido a las desavenencias entre ambas partes firmantes.

El tratado

El acuerdo fue firmado por los Reyes Católicos y por el enviado de Carlos VIII, el 19 de enero de 1493.

Los términos del tratado incluían:

  • Francia restituía a España el Rosellón y la Cerdaña, entregados mediante el tratado de Bayona de 1462 por Juan II de Aragón a Luis XI de Francia en garantía del apoyo militar y económico que el rey francés prestó al aragonés en la guerra civil catalana. Además, Francia pagaría a España una indemnización económica.
  • España se comprometía a no intervenir en la campaña militar que Francia pensaba llevar a cabo en la península italiana contra los otomanos.
  • Los reyes de España se comprometían a no establecer alianzas matrimoniales con Inglaterra ni Borgoña sin el consentimiento del rey francés, y a no prestar ayuda a los enemigos (reales o potenciales) de Carlos VIII, exceptuando el Papa.

Consecuencias

Con la neutralidad de España asegurada por medio de este acuerdo, y con la firma de los tratados de Étaples y Senlis, en los que Francia sellaba acuerdos de paz respectivamente con el reino de Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VIII quedaba en disposición de iniciar su campaña militar en la península italiana, dando inicio a la primera guerra italiana.

Ruptura

El 28 de enero de 1495 los embajadores de Fernando el Católico, Juan de Albión y Antonio de Fonseca se entrevistaron en Roma con Carlos VIII, a quien expusieron las quejas que el rey español tenía de su conducta: la ocupación por la fuerza de las posesiones del papa Alejandro VI y los planes franceses de conquistar el reino de Nápoles, que según el punto de vista del rey Fernando era un asunto que debía someterse al arbitraje papal. Carlos VIII se negó a ello, y el acuerdo entre ambas partes quedó roto.

Ese mismo año España entraría en la guerra de Italia acudiendo en ayuda de Fernando II de Nápoles contra Francia.

Pendón de los Reyes Católicos

Bandera de Francia

 

Origen de la Bandera Española


La Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”,

según establece el artículo 4.1 de la Constitución Española de 1978 .

Además, la bandera nacional está regulada por:

  • Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas (BOE núm. 271, de 12 de noviembre)
  • Real Decreto 441/1981, de 27 de febrero, por el que se especifican técnicamente los colores de la Bandera de España (BOE núm. 64, de 16 de marzo)
  • Artículos 18, 19 y 20 de la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas (BOE núm. 11, de 1979)
  • Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos  (BOE núm. 156, de 1 de julio de 1977)

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El origen de la actual Bandera de España se remonta al reinado de Carlos III (1759-1788). En aquella época coexistían en España tres tipos de banderas: el estandarte real, las banderas militares y el pabellón de Marina. La mayoría de los países utilizaban pabellones en los que predominaba el color blanco, lo que producía problemas de identificación y confusiones en el mar entre los buques de guerra. Para evitarlo, Carlos III encargó a su ministro de Marina, Antonio Valdés y Bazán, un proyecto para la sustitución del pabellón naval.

“Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la bandera nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de enmedio, amarilla, colocándose en ésta el Escudo de mis Reales Armas, reducido a los dos quarteles de Castilla y León, con la Corona Real encima; y el Gallardete en las mismas tres listas y el Escudo a lo largo, sobre Quadrado amarillo en la parte superior. Y que las demás Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismo colores, debiendo ser la lista de enmedio amarilla y del ancho de la tercera parte de la bandera, y cada una de las partes dividida en dos partes iguales encarnada y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros Pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo a Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Oceáno, y en el Mediterráneo desde el primero de año de mil setecientos ochenta y seis; en la América Septentrional desde principio de julio siguiente; y en los demás Mares desde primero del año mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento. =
Señalado de mano de S.M. eEn Aranjuez, a veinte y ocho de Mayo de mil setecientos ochenta y cinco. =
A. D. Antonio Valdés. Es copia del Decreto original. Valdés”

Entre los doce bocetos presentados a concurso, el Rey eligió dos, a los que varió las dimensiones de las franjas, declarando reglamentario el primero para la Marina de Guerra y el segundo para la Mercante, mediante Real Decreto de 28 de mayo de 1785.

Banderas seleccionadas

En el reinado de Carlos IV (1788-1808), las Ordenanzas Generales de la Armada Naval de 8 de marzo de 1793 hacen extensivo el uso de la bandera rojigualda a las plazas marítimas, castillos y defensas de las costas y la definen como Bandera Real.

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) se produjo un fenómeno de proliferación de banderas no reglamentarias. Algunos marineros pasaron a prestar servicio en campañas de tierra y, por primera vez, se ven enseñas bicolores por el interior de España.

Bajo el reinado de Isabel II (1833-1868) se amplió el uso de la bandera bicolor al Ejército de Tierra, procediéndose así a unificar la bandera española y en 1835 al Regimiento Reina Gobernadora se le entregaron igualmente las suyas, con la peculiaridad de que el reverso de su Coronela, y las dos caras de sus sencillas, lucen en su centro una gran corona de laurel con el lema ” LA REYNA GOBERNADORA A LOS DEFENSORES DE YSABEL II SIMBOLO DE LA LIBERTAD”, en vez de las armas Reales o el aspa roja de Borgoña.

El Real Decreto de 13 de octubre de 1843 establece la sustitución de banderas, estandartes y escarpelas, enseñas del Ejército, por otras nuevas rojigualdas.

Con posterioridad, la Instrucción sobre insignias, banderas, honores y saludos de la Armada, de 13 de marzo de 1867 vuelve a describir la bandera de buques, arsenales y plazas marítimas de forma explícita.

Amadeo I de Saboya (1871-1873) respetó la heráldica de la Bandera. Durante la Primera República (1873-1874) se proyectó introducir una franja morada, en lugar de la roja inferior, pero al final no se modificó.

Durante el Reinado de Alfonso XII (1875-1931), se promulga una Instrucción, con fecha de 10 de diciembre de 1878, sobre insignias, banderas, honores y saludos marítimos, en cuyo artículo primero se define la Bandera nacional en los mismos términos que en la citada Instrucción de 1867.

En la Segunda República (1931-1939), durante el Gobierno Provisional, el  27 de abril de 1931 se promulgó un decreto que determinaba la adopción de la bandera nacional tricolor formada por “tres bandas horizontales de igual ancho, siendo la roja la superior; amarilla la central y morada oscura la inferior”.

Poco después del inicio de la Guerra Civil (1936-1939), se reestableció la bandera rojigualda entre las tropas sublevadas. Al estallar el Alzamiento (18 de julio de 1936), entre dichas tropas proliferaban diferentes banderas. Para evitarlo, el presidente de la Junta de Defensa Nacional, general Cabanellas, firma un Decreto, el 29 de agosto de 1936 , por el que se recupera la bandera tradicional. En su artículo único dice: “Se reestablece la bandera bicolor, roja y gualda, como bandera de España”.

Unos años más tarde, durante la dictadura del general Francisco Franco (1939-1975), el Decreto de 11 de octubre de 1945 aprueba el Nuevo Reglamento de Insignias, Banderas y Distintivos que regula su uso y forma, y detalla las características de la Bandera Nacional en sus tres modalidades, de unidades de las Fuerzas Armadas, buques de guerra y edificios.

Tras la muerte de Franco, en 1975, y con la restauración de la Casa de Borbón en la persona de Juan Carlos I , este Reglamento fue sustituido por el Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos.

PROCESO DE FORMACIÓN DE LA BANDERA DE LA ARMADA

El proceso de formación de la Bandera Nacional puede considerarse resumido de la siguiente forma:

  • 1492 (y épocas anteriores): Castillos y leones en Castilla, barras en Aragón y el símbolo parlante de Granada.
  • 1506 : Introducción de la cruz de Borgoña.
  • 1518 : Aguila bicéfala.
  • 1519 : Primera bandera Española en América.
  • 1530 : Primeras banderas blancas con la cruz de Borgoña en rojo.
  • 1626 : Aparece por primera vez el escudo de Navarra.
  • 1642 : Primera bandera definida por Real Orden; la del Regimiento del Rey.
  • 1689 : Concesión de estandartes reales a Caballería.
  • 1707 : Bandera coronela con dos castillos, dos leones y cuatro coronas en las puntas de las aspas.
  • 1710 : Primeras banderas de Artillería, azules.
  • 1732 : Bandera coronela con escudo real y banderas batallonas con escudos en los extremos de las aspas. Se incorpora una corbata roja.
  • 1746 : Bandera coronela con el escudo real bordado sobre la cruz de Borgoña. Se varía el color de los paños.
  • 1768 : En las banderas coronelas se dispone que aparezcan también escudos en las cuatro esquinas.
  • 1785 : Bandera roja y gualda en la Armada ; la Marina Mercante la usaría de cinco listas.
  • 1793 : Extensión a plazas marítimas.
  • 1802 : Se suprime la cruz de Borgoña en las banderas coronelas.
  • 1803 : Primeras banderas de Ingenieros, moradas.
  • 1820 : Bandera roja y gualda para la Milicia Nacional.
  • 1821 : Insignia del león con grimpolones de los colores nacionales.
  • 1843 : Bandera roja y gualda para el Ejército .
  • 1927 : Unificación de la bandera de Marina Mercante.
  • 1931 : Bandera roja, amarilla y morada con la Segunda República.
  • 1936-1939 : Retorno a la bandera roja y gualda .
  • 1940 : Primer estandarte del Ejército del Aire.
  • 1981 : Nuevo escudo de España.
  • 1982 : Ultimo reglamento sobre la bandera.

Tipos de Banderas a modo de definiciones:

  • Bandera Acolada : Aquella que se sitúa tras un escudo de armas y que en su origen indicaba que tal bandera habia sido conseguida en una batalla o modernamente en empleos millitares desde Coronel a General, cuando están “acoladas” a sus respectivos escudos indican dignidad.
  • Bandera Ajedrezada : Aquella que sólo consta de dos colores con la disposición general en forma de tablero de ajedrez.
  • Bandera a media asta : Locución corriente para expresar que el paño de aquella no se iza hasta el tope del palo, en señal de luto.
  • Bandera en el asta : Se utilizaba para indicar que un barco se hallaba en la mar.
  • Bandera Amarilla : Es aquella que se utiliza para significar una cuarentena.
  • Bandera Batallona : Nombre que recibía la Bandera perteneciente al 2º Batallón (ó posteriores) de un Regimiento en el siglo XIX.
  • Bandera Blanca : O de parlamento. Es la de ese color, la que se enarbola para entablar negociaciones de paz ó para indicar rendición. Se suspenderían las hostilidades mientras durasen las negociaciones. En la marina se iza en el tope del trinquete del buque que tiene como misión la de parlamentar con la escuadra o división enemiga.
  • Bandera de Castigo : Era la bandera roja izada en el tope del palo mayor y acompañada de un cañonazo que se dispara al mismo tiempo cuando se aplica algún castigo en una escuadra.
  • Bandera de Catástrofe : Consiste en colocar la bandera nacional en posición invertida. SIgnifica luto.
  • Bandera de Combate : Es la bandera nacional, generalmente de grandes dimensiones, que largan a popa los buques en las acciones de guerra y grandes solemnidades.
  • Bandera de Compañía : La que se arbola en los barcos mercantes para significar que pertenecen a una compañía o sociedad.
  • Bandera de Contraseña : La que sirve para reconocerse entre sí los buques de naciones aliadas. En la marina “de guerra” se aplica como sobrenombre, llamándose Bandera de “contraseña” aquella Bandera especial adoptada en general por varias naciones aliadas para que, además de la “particular nacional” puedan izarla sus buques de guerra, facilitando el que estos se conozcan entre sí a distancia al encontrarse en la mar. En la marina mercante llaman contraseña a la Bandera que los buques de comercio largan al tope del palo mayor arbolando al mismo tiempo en el pico de la cangreja de mesana o en el asta de popa, el pabellón nacional para dar a conocer la provincia marítima a que pertenecen por inscripción.
  • Bandera de Conveniencia : Aquella que utilizan los buques mercantes por tener mejores y más provechosas condiciones. Tradicionalmente has sido las de Panamá, Liberia y Honduras a las que se unieron las de Bahamas y Malta. Se las llamó “banderas de refugio”, “banderas baratas” ó “registros abiertos”.
  • Bandera Coronela : La que pertenecía al Coronel de un Regimiento y que se encuadraba en el 1er. Batallón. Era la que llevaba las Armas Reales.
  • Bandera de Correo : La que arbolan los buques que conducen la correspondencia pública. En España era la misma que la de guerra, con el aditamenteo de las iniciales C.M. (Correo Marítimo) de lanilla azul, una a cada lado del escudo.
  • Bandera de Corso : La Bandera nacional que arbolan los barcos mercantes armados en corso.
  • Bandera Cuadra ó Insignia : La que se arbola en el tope de un buque y sirve para indicar que en él embarca la autoridad a la que se refiere.
  • Bandera de Cuarentena : Es la que se utilizar para informar de tal situación y cuyo paño es de color amarillo.
  • Bandera Cuartelada : La de dos colores dispuestos en cuatro cuadros o rectángulos alternados.
  • Bandera de Estado : Se dice de aquella en la que figura el escudo nacional.
  • Bandera Heráldica : Aquella cuyo paño está totalmente cubierto con los cuarteles y muebles de un escudo que, puesto en el centro, hubiera crecido proporcionalmente hasta llegar su contorno a los bordes de la tela, ocupando el campo de aquél, todo el paño de la bandera.
  • Bandera de Inteligencia : La que, con arreglo al código de señales, enarbolan los buques para indicar que se han entendido las comunicaciones.
  • Bandera en el pico : Se utiliza para indicar o señalizar que un barco se halla en la mar.
  • Bandera de mochila o de percha : Era aquella que formaba parte del equipo del soldado en el período comprendido entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. Su utilidad era variada pues servía de cobertor para las pertenencias del soldado depósitadas sobre la percha (o repisa) del dormitorio ó manta de abrigo para la cama. En campaña se llevaba dentro de la mochila y entonces se utilizaba como señal para indicar la presencia de las tropas españolas en la toma de un objetivo y si el soldado moría en el combat en tierra extranjera era cubierto con esta bandera. Sus medidas eran de 60×80 o de 75×90 cm. Solían llevar el Escudo Nacional y el nombre de la Unidad colocado en paralelo a las franjas.
  • Bandera morrón ó de auxilio : La que se enrrolla, anudándose de trecho en trecho, ó se iza en ésta forma, para pedir auxilio.
  • Bandera de Negra : Aquella que izada por los pirtas significaba que ni concedían ni esperaban cuartel, aunque en ocasiones los posibles rescates, preservaban la vida de los apresados.
  • Bandera Municipal: La que identifica un Municipio.
  • Bandera Nacional : La que sirve como distintivo de un Estado.
  • Bandera de Naviera : Aquella que identifica a la naviera propietaria de un barco o de la casa consignataria.
  • Bandera Neutral: La de la nación que se mantiene netural entre los beligerantes.
  • Bandera Ocultada : Consiste en enrrollar la Bandera en señal de luto.
  • Bandera de Pagamento : Se refiere a la roja que se mantenía izada en el tope mayor por espacio de tres días o mientras durase “el pagamento” que se hacía a las tripulaciones y guarniciones de los buques a bordo mismo y en tabla y mano propia.
  • Bandera de Patenza : Antiguamente en las galeras, la que se izaba cuando se disponía a salir de puerto.
  • Bandera de Pedir Práctico : La ajedrezada blanca y roja ú otra cualquiera, izada en el tope del trinquete, con la que se pide práctico, a la vista de un puerto. Solía acompañarsela de un cañonazo al mismo tiempo que se ponía el buque en facha o con poca vela.
  • Bandera Personal : Aquella que identifica, distingue y pertenece a un individuo en concreto.
  • Bandera de Plática : La nacional izada al tope del trinquete, y que no se arría hasta que por la sanidad de un puerto es admitido por el buque a libre pláctica.
  • Bandera de Pólvora o Roja : Aquella que indica un transporte de pólvora ó materias explosivas ó combustible.
  • Bandera de Proa ó Torrotito (Tajamar) : La que se larga los días festivos en un asta colocada en el tamborete del bauprés.
  • Bandera ó Pendón Real : La que tremolaba el Alférez Mayor en la mesnada real, cuando el rey mandaba en persona sus tropas; era del mismo color especial que el de la casa real.
  • Bandera de Recluta : Se llamaba de este modo la partida de tropa que al mando de un oficial ó sargento tenía de antiguo, la misión de alistar gente para el servicio de las armas. Se establecían banderas, bien para la formación de compañías de nueva leva, bien para completar las formadas; y como cada Compañía tenía la suya propia, se arbolaba desplegándose ostensiblemente en el pueblo de su establecimiento, como llamada a la juventud.
  • Bandera de Rentas : Es la Nacional de guerra, con la diferencia de ser repetidas y cruzados el castillo y el león del escudo de armas y al lado de éste las iniciales H.P. (Hacienda Pública) de color azul.
  • Banderas de Señales : Aquellas que se utilizan para hacer señales o mantener comunicaciones.
  • Bandera Señoria l: La que usaban los señores feudales. Era una bandera alargada.
  • Bandera de Socorro : La enarbolada por los buques que necesitaban auxilio. Era de color naranja, pudiendo llevar un círculo o cuadrado en su centro.
  • Bandera de Yate : La que izan las embarcaciones de recreo, que para las españolas es la nacional, diferenciándose de la de guerra porque el escudo está substituido por la corona real en el centro del paño.
  • Banderín : Bandera pequeña. Se da éste nombre a la que lleva en el machete o bayoneta encajada en el cañón del fúsil, un cabo de cada compañía. Su finalidad es la de servir de guía al efectuar ciertos movimientos en maniobras, instrucción, etc.
  • Cabdal : Del latín Capitalis, de caputis, cabeza. Decíase de las insignias o banderas que llevan algunos caudillos, y que usaban tambien algunas Ordenes Militares y algunas ciudades y villas.
  • Gonfalón : Del alto alemán gundfano, Guntfano, compuesto de gunt, combate y fano, paño, bandera. Nombre que se da en algunas partes a la bandera, pendón y estandarte.
  • Corneta : Bandera pequeña terminada en dos farpas o puntas al pendiente o batiente y con una escotadura en ángulo obtuso en medio del coronamiento. En la parte superior del asta se sitúa el símbolo o distintivo acorde con la institución ó estamento que representa la enseña.
  • Distintivo : Del latín Distinguere, separar, dividir, distinguir, diferenciar. Enseña menor, especial, cuadrada, corneta, que izada en buques, vehículos militares, aviones y establecimientos, señalan la presencia de personalidades civiles y militares.
  • Divisa : Del latín dividere: partir, dividir, separar. Lema o mote, epígrafe sucinto o figura expresiva con que se manifiesta en heráldica un designio particular. Sinónimo de emblema.
  • Draco : Nombre que recibía el estandarte con forma de dragón.
  • Empavesado : Conjunto de banderas y gallardetes con que se engalanan (“empavesan”) los buques en las celebraciones. Se sitúa alrededor de la borda del navío y en los arcos de las gavias de la banda de popa en tiempo de guerra o por razón de regocijo.
  • Enarbolada : Bandera que está levantada y que se mueve ó se tremola.
  • Enseña : Del latín “insignia” que se distingue por alguna señal
  • Estandarte : Recibe éste nombre la seña cuadrada sin farpas que no debe traer sino el Rey o Emperador. Insignia que usaron los cuerpos montados, consistente en un pedazo de tela cuadrado pendiente de un asta, en el cual se bordaban o sobreponían el escudo nacional y las armas del cuerpo a que pertenecía. Real bandera que izada al tope mayor del buque en que se embarcaba una persona real o a un asta en el edificio en que se alojaba.
  • Flámula : Del latín flammula, especie de grímpola o bandera, bandera de caballería de los ejércitos de Roma. Gallardete muy corto y ancho que termina en punta, con los bordes serpenteados y que se izaba en los topes o penoles delas vergas en los días de fiestas señaladas o celebraciones notables.
  • Gallardete : Etimologicamente delgalhardet, banderola. Tira o faja volante de los colores nacionales, que va disminuyendo hacia el pendiente o batiente hasta rematar en punta.
  • Gallardetón : Tira o faja volante con los colores nacionales que va disminuyendo el pendiente o batiente hasta rematar en dos puntas. En la marina de Guerra española es insignia de Capitán de Navío mandando división.
  • Gampola : Bandera angosta, luenga y partida en dos ramas. La establecieron los antiguos que trajeron los Oficiales Mayores del Rey, tambien que la llevasen los señores que trajesen de dos a cinco caballeros.
  • Gonfalón ó Gonfanón: Del italiano “confalone”, germánico “gundfano”. De la lengua romance utilizada por los germanos, bandera, estandarte, pendón. Estandarte usado principalmente por los estados de la Iglesia y que termina en puntas redondeadas por su parte inferior. En tiempo de los Reyes Católicos, era la insignia de los primogénitos e Hijos-dalgo,
  • Grímpola : Fráncico, wimpil, a través del francés “guimple”, velo de mujer) Gallardete muy corto. Enseña caballeresca de paño triangular alargado y partido al medio. Son las banderitas que se ponen en lo alto de los topes, las cuales tienen sus armas o guarniciones de madera, para su mayor aguante, porque están continuamente puestas.
  • Grimpolon : De grímpola. Tira o faja volante, de los colores nacionales, forma triángular (isósceles).
  • Guión : Del bretón antiguo guio-guion, gwion, wuion. SIgnifica valeroso, vigoroso. Estandarte del rey o de cualquier otro jefe de Hueste. Pendón cuadrado y pequeño que iba delante del mando.
  • Insignia : Del latín insignïa, pl. de insignis señal, indicio. Sinónimo de bandera, guión, seña, enseña, estandarte, pendón, signo, divisa militar.
  • Lábaro : Del latín labarum, Estandarte utilizado por los emperadores romanos a partir de Constantino. Tenía forma cuadrada y estaba sujeto a un asta situada trasnversalmente a una lanza.
  • Pabellón : del francés paveillon, tienda de campaña, del latín papilo-onis. Nombre que recibe la Bandera Nacional, concretamente la bandera de gran tamaño que con el escudo de armas del Estado, se sitúa en la nave de una escuadra o se coloca en lo alto del mástil en cuarteles, fortalezas y en general en todos los edificios oficiales.
  • Palión : Insignia semejante a la bandera, de la que se distingue por ser una cuarta parte más larga que ancha, con cuatro farpas o puntas redondas en el extremo. Esta insignia correspondía a ciudades, villas y comunidades.
  • Parasemon : Bandera nominal del buque. Estaba pintada con gran perfección, mostrando la divinidad protectora de la nave. Bandera sagrada que daba asilo inviolable a los que se refugiaban a su abrigo y ante la cual se hacían los votos y sacrificios.
  • Pendón : Del latín pender, estar colgado, del bajo latín pannus, penno, pennonis, trapo, pedazo de lienzo, trozo, retazo. Divisa, insignia, enseña, badnera. Pequeño estandarte de larga cola, propia de los caballeros que servían en la hueste de otro y tenían el derecho de hacer llevar delante de ellos, cuando mandaban al menos 20 hombres. Por extensión la Unidad de combate que servía bajo esta enseña.Señal que cada caballero lleva en su lanza para señalar su presencia.
  • Repostero : Paño cuadrado, con las armas del Rey, principe o Sr. que se pone sobre la carga de las acémilas o se cuelga en las antecámaras y balcones.

Según el tratado de Armas o Tratado de los riesgos é desafíos que entre los caballeros e hijos dalgo se acostumbran hacer, según las costumbres de España, Francia, Italia, Inglaterra …, dedicado al rey don Alonso V de Portugal, dice que los nombres de las enseñas son siete:

  • Bandera : propia de de los reyes, duques, marqueses, condes, vizcondes, almirantes y barones.
  • Pendón : lo usan las órdenes, como las de Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan.
  • Palón : corresponde a las ciudades, villas y comunidades.
  • Grímpola : deben ponerla los caballeros o gentilhombres sobre su sepultura, aunque también pueden utilizarla en las batallas en liza.
  • Gitón : lo llevan los emperadores y reyes cerca de su persona para señalar su presencia y, en su ausencia, los condestables, capitanes generales o presidentes de las huestes.
  • Estandarte : corresponde a todo caballero, gentilhombre o capitán que tiene a su cargo el gobierno de gente de armas.
  • Confalón : es como el estandarte, pero más pequeño, y suelen usarlo los capitanes con poca gente.

Toda esta información ha sido extraida de la página del Ministerio de Defensa

La Litología de la Península Ibérica


La litología es la parte de la geología que estudia la composición de las rocas y sus características físicas y químicas. Se pueden clasificar por su edad, su dureza o su génesis (ígneas, sedimentarias y metamórficas).

 

Cuando existen rocas masivas de un solo tipo, o con una estructura similar, la naturaleza de las rocas puede condicionar el relieve. Los tipos de relieve por causas litológicas más significativos son: el relieve cárstico, el relieve sobre rocas metamórficas y el relieve volcánico.

Fuente: Wiki

La ambiciosa noble andaluza que traicionó a España para ser reina de una Portugal independiente


ABC.es

  • La tradición histórica le achaca a Luisa Francisca las famosas palabras: «Melhor ser Rainha por um dia, do que duquesa toda a vida» («Antes reina por un día que duquesa toda la vida»)

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En la Historia con mayúsculas, la que habla de guerras entre estados y conquistas por imperios, se prescinde con demasiada frecuencia de la letra pequeña. La nota de color o factor humano que lo explica todo más allá de la geopolítica. La ambición de una noble que quería ser reina a toda costa puso el color en el caso de la revuelta de Portugal de 1640 que derivaría en la independencia del país vecino.

El levantamiento portugués fue planeado en Lisboa por miembros de la nobleza, el clero y militares para destronar a los Austrias y proclamar un Rey portugués

Tras más de medio siglo de unión ibérica, la aristocracia portuguesa se levantó, en 1640, aprovechando la guerra de España con Francia y la sublevación de Cataluña. Estas regiones junto a Nápoles y Sicilia emprendieron, con suerte desigual, sendas rebeliones contra Felipe IV en esas fechas.

El levantamiento portugués fue planeado en Lisboa por miembros de la nobleza, el clero y militares para destronar a los Austrias y proclamar un Rey portugués. El detonante final fue la exigencia del Conde-Duque de Olivares, valido del Rey, de que 6.000 soldados portugueses y la mayor parte de la nobleza en edad de combatir se sumaran a la guerra en Cataluña. Como respuesta a las exigencias de Olivares, un grupo de conspiradores irrumpió en el Paço da Ribeira (Lisboa) el 1 de diciembre de 1640, sorprendiendo allí al secretario de Estado, Miguel de Vasconcelos, quien fue asesinado y defenestrado por la fachada del Palacio Real.

La comunidad de jesuitas y el pueblo llano se decantó en bloque por los nobles rebeldes e hicieron triunfar el levantamiento. En su lugar aclamaron al Duque de Braganza como Rey, con el título de Juan IV de Portugal, alegando viejos derechos dinásticos anteriores a la llegada de Felipe II de España.

Cuando los Braganza conocieron a una Guzmán

Ciertamente los Braganza tenían derechos acumulados. Cuando en 1578 el Rey de Portugal Sebastián I de Avís perdió la vida en una demencial incursión por el norte de África, Felipe II –emparentado con la dinastía portuguesa por vía materna– desplegó una contundente campaña a nivel diplomático para postularse como el heredero a la Corona lusa, que fue asumida brevemente por el Cardenal-infante don Enrique hasta su muerte. La Casa de Braganza, no obstante, se abstuvo de participar en la contienda por hacerse con la Corona, a pesar de que su titular entonces, la Duquesa Catalina de Braganza, era hija de Eduardo de Avis, a su vez hijo del Rey Manuel I de Portugal. Si bien Catalina era la favorita del efímero Cardenal-infante para sucederle, los Braganza sabían que nada tenían que hacer ante la entrada de Felipe II y sus tropas.

No obstante, el propio Conde-Duque de Olivares, perteneciente a una rama menor de los Medina Sidonia, incentivó y apoyó el enlace pensando que así sepultaría las viejas aspiraciones de la Casa Braganza

La familia portuguesa se mantuvo leal a la Monarquía hispánica hasta 1640 e incluso entroncó con dos de las casas castellanas de más largo recorrido: la Casa de Haro y los Medina-Sidonia. El hijo de Catalina, Teodosio, fue nombrado por Felipe II (I de Portugal) condestable del reino y protector de Lisboa, cargo que ejerció durante la defensa de esta ciudad de los ataques ingleses. Asimismo, el condestable de Portugal se casó en 1603 con la hija del condestable de Castilla, Ana de Velasco y Girón, lo que significó emparentarse con los que fueron durante siglos titulares del señorío de Vizcaya.

El futuro Juan IV de Portugal fue el fruto primogénito de este matrimonio entre un portugués y una castellana. Y también él se casó con una poderosa noble española, Luisa Francisca de Guzmán, de la Casa de Medina Sidonia, los señores más poderosos de la baja Andalucía y en el pasado emparentados con la realeza lusa. No obstante, el propio Conde-Duque de Olivares, perteneciente a una rama menor de los Medina Sidonia, incentivó y apoyó el enlace pensando que así sepultaría las viejas aspiraciones de la Casa Braganza. Los matrimonios mixtos fueron muy habituales entre aristócratas de ambos países en esas fechas. Lo que no pudo calcular el valido de Felipe IV es que iba a ser precisamente Luisa Francisca, nacida en Huelva, quien empujaría a su marido a rebelarse contra España.

La tradición histórica, no en vano, le atribuye las famosas palabras «melhor ser Rainha por um dia, do que duquesa toda a vida» («Antes reina por un día que duquesa toda la vida»), así como un papel activo durante la rebelión. En este sentido, el historiador portugués Joaquim Veríssimo Serrão considera que, aunque ella se «identificó sin duda con el movimiento», no debe mantenerse «la falsa tradición que hace de ella uno de los “motores” de la Restauración».

Los cabecillas fueron otros. Cuando tres meses después de la muerte Vasconcelos se entendió en Madrid el verdadero alcance de la rebelión portuguesa, el Conde-Duque responsabilizó a cinco hombres del golpe, todos ellos supuestamente leales a la Corona: el Duque de Braganza «tonto y borracho»; el Marqués de Ferreira, «tan tonto que no sabe donde cae Valladolid»; el Conde de Vimioso, un «gallina»; Don Antonio Vaz de Almada, «totalmente ignorante»; y el Arzobispo de Lisboa, traidor e hijo de traidores.

El Conde-Duque de Olivares calificaba a los rebeldes como cobardes e ignorantes sin percatarse de en qué lugar le dejaba a él haber sido engañado por un grupo de «tontos». El golpe fue rápido e inesperado. En este sentido el insultarlos solo demostraba lo mucho que le habia dolido a nivel personal la traición. Sin ir más lejos, Luisa Francisca era prima suya y supo de su responsabilidad en el golpe, como demuestra su petición al Duque de Medina Sidonia para que tachara su nombre de los archivos de la familia.

Su nombre podría desaparecer de los archivos españoles, pero iba a entrar en mayúsculas en los de Portugal. Después de la proclamación, los nuevos Reyes de Portugal se instalaron en Lisboa con sus hijos. La onubense Luisa Francisca ejerció el gobierno siempre que el Rey acudía a la frontera del Alentejo y también tras su muerte. En 1656, al fallecimiento de Juan IV de Portugal fue nombrada en el testamento de su esposo regente del reino, durante la minoría de edad de su hijo Alfonso.

Durante su regencia se produjo la gran victoria portuguesa en la trascendental batalla de las Líneas de Elvas, el 14 de enero de 1659, aunque hasta 1668 el Imperio español no reconoció la independencia de Portugal. Asimismo, los graves problemas mentales de su hijo alargaron su influencia política más allá de la regencia.

El intento de independizar Portugal

Si bien estaba obligado a criticarla públicamente, al Duque de Medina Sidonia la idea de que su hermana Luisa Francisca fuera Reina no le resultaba nada desagradable. Cuando el Rey de España preparó la reconquista de Portugal, le fue encomendado al Duque de Medina-Sidonia, Gaspar Pérez de Guzmán y Gómez de Sandoval y Rojas, la capitanía general de uno de los ejércitos que debía caer sobre los rebeldes. Sin embargo, la lentitud y falta de iniciativa del noble andaluz dejaron ya entrever sus planes ocultos y sus simpatías por lo ocurrido en Portugal.

Los «guzmanes» (llamados así por el apellido) no solo estaban a favor de la independencia de Portugal, sino que iban a intentar separar Andalucía de la Corona castellana. Un plan que se vino abajo en los preparativos ante la falta de apoyo popular y el retraso de las fuerzas militares prometidas desde el extranjero, especialmente de Francia y Holanda.

Sin que hubiera prendido todavía el levantamiento, Luis de Haro y Guzmán —el gran protegido del Conde-Duque— se presentó en Andalucía a conocer el alcance de la conjura en el verano de 1641. El duque escapó a tiempo hacia Madrid para dar explicaciones en persona a su pariente. El valido arrojó, literalmente, a su primo a los pies del Monarca, al que confesó todos los planes y rogó que le perdonara. Arruinado y envidioso porque su primo el Conde-duque hubiera ganado tanto poder, Medina-Sidonia creía que en la rebelión encontraría una solución a sus problemas económicos.

En una muestra de magnanimidad, Felipe IV libró a Medina-Sidonia de ser condenado a muerte, pero no así al otro cabecilla, el Marqués de Ayamonte. El castigo a Medina-Sidonia se limitó a pagar una multa de 200.000 ducados como donativo a la Corona y a un destierro de sus dominios andaluces. Solo cuando violó estas prohibiciones, en 1642, coincidiendo con la presencia de una flota franco-holandesa en las proximidades de Cádiz, fue encarcelado en el castillo de Coca.

En un desesperado intento por lavar su imagen, Medina-Sidonia tuvo la estrafalaria idea de retar a duelo al Rey de Portugal, su cuñado. Le convocó a comparecer en Badajoz, cerca de Valencia de Alcántara, donde el duque y su séquito esperaron inútilmente 80 días a la comparecencia del soberano.

 

La historia oculta del padre de Fidel: un terrateniente gallego que había combatido la Independencia de Cuba


ABC.es

  • En palabras del dictador fallecido: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar»
 Fotografía de Ángel Castro

Fotografía de Ángel Castro

José Martí, héroe nacional de Cuba, era hijo de un valenciano y una canaria; mientras que Simón Bolívar, fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia, tenía profundos orígenes vascos y gallegos… y así un largo etcétera de emancipadores y revolucionarios. También Fidel Castro, pese a pertenecer a otra generación política y a otros tiempos, conservaba vínculos con la madre patria. Su padre era un gallego que emigró a Cuba a final del siglo XIX.

«En esta casa en 1875 nació Ángel Castro Argiz, gallego que emigró a Cuba, donde plantó árboles que aún florecen», reza una placa en la casa natal del padre de Fidel Castro en Láncara (en la provincia de Lugo). El 28 de julio de 1992, el dictador cubano visitó la localidad gallega acompañado de Manuel Fraga, cuyo padre había también emigrado a Cuba. Allí fue nombrado Hijo Adoptivo e incluso brotaron lágrimas en sus ojos al ver la casa natal de su padre: «Bien pequeñita es; por eso mi padre tuvo que emigrar».

El padre de Fidel nació en 1875 en tierras gallegas. De orígenes campesinos muy humildes, Ángel Castro fue el segundo de los seis hijos que tuvieron Manuel Castro Núñez y Antonia Argiz Fernández, quien murió cuando el patriarca de los Castro era todavía un niño. Su padre, que se volvió a casar, los envió a él y a sus hermanos a la casa de un tío, en la aldea cercana de San Pedro de Armea.

La Guerra de Cuba y el retorno

 A los 17 años se alistó en el Ejército para evitar la independencia de Cuba, proceso iniciado en 1895. Había buscado trabajo en Madrid sin mucho éxito hasta que se lanzó a «hacer las Américas». En palabras del propio Fidel Castro: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar». Según explica Carlos Márquez Sterling en su «Historia de Cuba», Castro padre formó parte de la columna española, dirigida por el comandante Cirujeda, que atacó e hirió en combate al «Titán de Bronce», Antonio Maceo, uno de los líderes independentistas más destacados. La falta de documentación sobre los detalles del desastroso conflicto hacen imposible confirmar o no esta historia.

Tras la guerra regresó a la Península, pero en poco tiempo emigró de nuevo a Cuba buscando el trabajo y la fortuna que la tierra gallega le negaba con insistencia. A modo de anécdota, se cuenta que la decisión última de trasladarse a América la tomó al descubrir que su antigua novia se había casado durante su ausencia en Láncara. (Esta historia aparece registrada en el libro «Fidel el desleal», del periodista francés Serge Raffy).

Cuba resultó un negocio rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes o de origen hispánico

Ángel Castro desembarcó en La Habana, procedente de La Coruña, el 4 de diciembre de 1899, tras viajar en el vapor francés Mavane. Contratista con la United Fruit Company, el padre del dictador levantó su fortuna a partir de 1905 cortando madera en los bosques, para luego plantar caña de azúcar. Su habilidad jugando a la cartas también le ayudó a amasar una pequeña fortuna.

En 1911 se casó con María Luisa Argota, a quien conoció en la ciudad de Santiago de Cuba y con la que tuvo cinco hijos (aunque solo tres llegaron a edad adulta). Juntos adquirieron y administraron una importante extensión agrícola en Birán. Cuba resultó un negocio muy rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes y lugareños de origen hispánico, véase la joven Lina Ruz González, hija de una sirviente y a la postre madre de los Castro. Cubana con ancestros asturianos y canarios, Lina era prácticamente analfabeta y junto con Ángel aprendió a leer y a escribir. El amor llegó a la vez.

Un romance prohibido

Durante un tiempo mantuvieron el romance en secreto, pero al enterarse María Luisa Argota se trasladó a Santiago y amenazó con divorciarse y reclamar la mitad de sus tierras. Es por ello que Ángel simuló estar arruinado y traspasó las propiedades a su socio Fidel Pino Santos. La familia que de aquí surgió tuvo que existir de forma clandestina hasta que las aguas se calmaron. El terrateniente y su joven empleada tuvieron siete hijos, entre los que se encontraban tanto Fidel Castro (en honor al socio mencionado) como su hermano Raúl Castro.

Para esconder la existencia de los hijos ilegítimos, el gallego decidió enviar a los niños a vivir con sus amigos próximos, el cónsul haitiano en Santiago, Hippólite Hibbert, y su esposa Emercianne. Fidel tenía entonces 4 años. Cuando fue enviado como interno al Colegio de La Salle, sus compañeros lo humillaron repetidamente por su origen bastardo, por tener como madre a una criada analfabeta y por no estar bautizado, llamándolo «judío». Hasta 1940 Ángel y Lina no pudieron legalizar su unión y, tres años después, el 11 de Diciembre de 1943, al fin Fidel fue reconocido como hijo legítimo.

Ángel Castro Argiz murió en Birán poco antes del desembarco de sus hijos Fidel y Raúl junto a otros 80 expedicionarios en la Playa Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. En vísperas de la Revolución que encumbraría a su hijo, falleció a causa de una hemorragia intestinal, a la edad de 80 años. Años después, Fidel diría que su padre siempre quiso regresar a Galicia al menos una vez.

Cuando la Reina Fabiola disparó la venta de televisores en España


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  • En seis décadas, la cadena pública ha evolucionado como lo ha hecho España. A veces, ayudando. Es el medio que mejor ha retratado la historia todos estos años
 En la imagen, tomada en 1959, el público se congrega en la calle para ver un partido entre el Real Madrid y el Barcelona - Josep Branguli

En la imagen, tomada en 1959, el público se congrega en la calle para ver un partido entre el Real Madrid y el Barcelona – Josep Branguli

La boda de Balduino y Fabiola el 15 de diciembre de 1960 disparó la venta de televisores en España. La de Raniero y Grace nos pilló sin televisión, en pruebas. El 28 de octubre de 1956, cuando se puso en marcha la inauguración oficial de lo que Eddie Warner cantaba («La televisión pronto llegará…»), había unos 600 aparatos. La mayoría de la gente la veía en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos. O en las casas de los pocos que tenían receptores. «La mía se llenaba de vecinos», cuenta Jesús Álvarez hijo. Matías Prats hijo recuerda la suya: «Una Telefunken pequeña con cuernos gigantes que había traído mi padre». Además, esa televisión que hoy cumple 60 años y que emitía desde el Paseo de la Habana sólo se podía ver en Madrid y en un radio de 70 kilómetros. Los estudios de Prado del Rey se inauguraron el 18 de julio de 1964. La cobertura ya llegaba a todo el territorio nacional.

Matías Prats Luque es hijo de Matías Prats Cañete, una de las cincuenta personas que formaban parte de la plantilla inaugural. Los locutores y presentadores eran Laura Valenzuela, Jesús Álvarez, Matías Prats y Fernando Corner. El debut televisivo de Matías Prats tuvo lugar tras un partido en el Parque de los Príncipes entre Francia y España. Según Lorenzo Díaz en su imprescindible «50 años de TVE», esta obtuvo una versión de kinescopio del encuentro celebrado el 13 de marzo de 1958. Matías Prats lo había radiado y unas horas después hizo la retransmisión televisiva sobre la película. Hasta abril del 58 no se vio el primer partido en directo. Fue un Real Madrid-Atlético de Madrid (1-1).

Pionero en esa TVE fue Jesús Álvarez. El primer gran comunicador de la televisión en España. También era piloto civil y oficial de Artillería. «Cada cuatro de diciembre, día de Santa Bárbara, se ponía su uniforme». Tenía una planta envidiable. Matías Prats, revela su hijo, le decía: «Tú tienes una legión de mujeres. A mí, mírame, con estas gafas oscuras». Pero Jesús Álvarez hijo cree que es una leyenda. Su padre lo hacía todo. Ríete de los que se multiplican en Telecinco. Variedades, información y hasta una sección en la que atendía consultas y protestas de los espectadores. Matías Prats tenía uno en el que la gente debía telefonear. Hubo que suprimirlo porque nadie llamaba. TVE era una cadena del Régimen. La primera crítica de televisión se publicó en ABC el 19 de marzo de 1959 con la firma de Víctor Blasco (era Enrique del Corral). Gabriel Arias Salgado, ministro de Información y Turismo, puso fin a la osadía porque si TVE era del Estado la crítica era al Estado.

Cambios

Jesús Álvarez y Matías Prats, hijos, empezaron su carrera en una TVE que cambiaba. Como el país. Matías Prats, cuyo primer sueldo fueron 17.000 pesetas, empezó en «Redacción Noche» en 1975, en la segunda cadena, con Joaquín Arozamena y Victoria Prego. Pero la muerte de Franco lo ascendió. «Me vi en la primera porque no había gente suficiente. Allí estaba yo con mi cara de niño. Era una novedad. Esa etapa me ayudó mucho». Tuvo la suerte de informar de todos los acontecimientos de la nueva democracia. También Jesús Álvarez, que debutó en 1977 con «Siete días», programa dominical resumen de la semana. «Cuando empecé todavía había estudios de color y estudios de blanco y negro». Seguíamos en el pleistoceno televisivo. Y tecnológico (hablo de teléfonos).

En 1976, Rafael Anson quería contratar a Lalo Azcona para los nuevos telediarios democráticos. Mandó a la Guardia Civil, que se presentó en la casa de veraneo familiar en Asturias para que les acompañara al cuartelillo. Tenían un mensaje de Madrid.

En 1977, Joan Baez actuó en «Esta noche… Fiesta» y dedicó «No nos moverán» a la Pasionaria. La actuación fue el 15 de noviembre y Dolores Ibárruri ya era diputada (había vuelto el 13 de mayo y las elecciones fueron el 15 de junio). Pero se armó un buen revuelo. El Rey preguntó a José María Íñigo unos días después si había pasado algo con la dedicatoria. Un año antes, el 20 de marzo de 1976, Íñigo había invitado a Alexander Solzhenitsyn a «Directísimo». «No cobró, sólo me pidió ir a una corrida de toros», dice Íñigo. En la entrevista, entre otras cosas, se sorprendió de que los progresistas españoles llamaran dictadura al régimen político. Y empezó a enumerar por qué no lo era comparando España con la URSS.

Respuesta de Juan Benet en «Cuadernos para el diálogo»: «Yo creo firmemente que mientras existan personas como Alexander Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como A. S. no pudieran salir de ellos». En los programas de Íñigo siempre pasaban cosas. En la segunda etapa de «Estudio Abierto» fue donde Lolita anunció que se casaba y que todo el mundo estaba invitado. En otra ocasión, su madre metió en un lío a su hijo. José María Íñigo le preguntó por Antonio y Lola Flores contestó que estaba haciendo la mili. «Pero no va porque conocemos a un coronel…». Al día siguiente, Antonio Flores estaba haciendo la mili. Yendo.

Jesús Picaporte fue guionista de «Estudio Abierto» (igual que Manu Leguineche y Jesús Torbado). Picatoste también fue uno de los protagonistas en el 23-F. Con Pedro Erquicia se encaminó a la Zarzuela para grabar el mensaje del Rey. Con RTVE tomada. Hasta el despacho de Castedo estaba ocupado. Prepararon discretamente un equipo y se fueron al Palacio. «El Rey tardó porque estaba hablando con los capitanes generales», rememora Picatoste. «Apareció con dos folios y me enseñó el discurso. Lo vi antes de que lo pronunciara». El Príncipe estaba allí. Y la Reina, que se subió a una silla para mover las manecillas de unos relojes que podían sonar durante la grabación. «Y ahora echando leches para TVE», le dijo Don Juan Carlos. Jesús Picatoste se subió al coche y se sentó encima de las cintas.

Las primeras estrellas

Otra figura fundamental de TVE ha sido Miguel de la Quadra, que cubrió como reportero de plantilla guerras en el Congo (un reportaje sobre monjas asesinadas estremeció a la audiencia). También las de Vietnam, Eitrea o Mozambique. Y la muerte del Che en 1967 o el golpe de Estado de Pinochet en Chile. En 1965, Miguel de la Quadra se casó con Marisol Asurmendi en Tokio. Y se fue a la guerra de Vietnam. «Se puso a filmar. Yo me quedé en Saigón, pero era horrible. Me instalé en Bangkok esperando que volviera sano y salvo. En lugar de un viaje de novios aquello fue un viaje de guerra», recuerda Marisol.

Y además estaban Los Chiripitifláuticos, Soler Serrano, el maestro Ibarbia, Hermida, Balbín, Los Payasos de la tele, Jaime de Armiñán, Mercero, Chicho, García Tola, Pilar Miró, Paloma Chamorro, Jesús Quintero… Y «Juncal», «Los gozos y las sombras» o «Teresa de Jesús». La televisión que en 60 años ha hecho lo mejor.