Category: Espacio



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  • Mide más de mil millones de años luz de extensión y en su interior no hay «nada»

La Vía Láctea se encuentra al borde de un gran vacío – Archivo

La Vía Láctea, nuestra galaxia, junto a todas sus compañeras, se encuentra en el borde mismo de un enorme vacío de más de mil millones de años luz de extensión y en cuyo interior no hay “nada”. Esa es la extraordinaria conclusión presentada por un grupo de cosmólogos en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Americana, que se celebra estos días en Austin, Texas.

Ya en 2013, un estudio elaborado por la astrónoma Amy Barger y su entonces estudiante Ryan Keenan, de la Universidad de Winsconsin-Madison, mostraba que la galaxia en que vivimos, en el contexto de las estructuras a gran escala del Universo, reside justo en los límites de un gigantesco vacío, una oscura y enorme región de espacio que contiene muchas menos galaxias, estrellas y planetas de lo que podemos ver en nuestro vecindario cósmico más inmediato.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por otro astrónomo de la misma Universidad, también estudiante de Barger, no solo confirma la idea de que todos nosotros vivimos en el mayor de los vacíos conocidos hasta ahora en el Universo, sino que, además, ese hecho ayuda a reconciliar el aparente desacuerdo entre los dos modos que hay de medir la constante de Hubble, que los cosmólogos utilizan para describir la velocidad a la queel Universo se expande.

La citada discrepancia se produce por el simple hecho de que los resultados varían según cuál sea la técnica empleada para medir la expansión. “Pero independientemente de qué técnica se esté usando -afirma Ben Hoscheit, autor de la investigación- se debería obtener el mismo valor para la tasa de expansión actual. Afortunadamente, el hecho de vivir en un vacío nos ha ayudado a resolver esa discrepancia”.

La razón para ello es que un vacío así, con mucha más materia fuera tirando gravitatoriamente, puede afectar a las medidas de la constante de Hubble que se obtengan con una técnica que utiliza supernovas (relativamente cercanas). Por el contrario esa misma gravedad no tendrá efecto alguno sobre la medición si ésta se ha llevado a cabo usando la técnica que usa el Fondo Cósmico de Microondas (CMB), la radiación residual del Big Bang, que permea por igual todo el Universo.

Para Hoscheit, ambas técnicas son correctas, pero la que se basa en la observación de supernovas nos da un resultado “local”, mientras que la basada en el CMB nos ofrece resultados “cósmicos”.

Un queso de Gruyere

El trabajo se encuadra en el enorme esfuerzo que los cosmólogos están llevando a cabo para comprender mejor la estructura del Universo en que vivimos. Sabemos que, a una escala enorme, el Universo tiene el aspecto de un queso de Gruyere, o de una enorme tela de araña en 3D en el que la materia “normal” se distribuye en agujeros y filamentos. Los filamentos estan hechos de cúmulos y super cúmulos de galaxias, que a su vez están formadas por miles de millones de estrellas, gas, polvo y planetas. Y toda esa materia “normal” apenas supone el 5% de la masa total del Universo. El 95% restante, que no puede ser observado directamente, está hecho de materia y energía oscuras.

El “agujero” que contiene la Vía Láctea (y a nosotros con ella) es conocido como el “vacío KBC” (por Keenan, Barger y Lennox Cowie, de la Universidad de Hawaii), y es verdaderamente enorme. De hecho, es siete veces mayor que la media de otros vacíos observados, y tiene un radio de cerca de mil millones de años luz. Por ahora, es el mayor vacío conocido por la Ciencia.

Las primeras estimaciones de Keenan, de acuerdo con las de Barger, sostenían que el vacío KBC tenía la forma de una esfera, con una “cáscara” de grosor creciente hecha de galaxias, estrellas y materia de otros tipos. Algo así como una descomunal pompa de jabón con toda la materia concentrada en la superficie y casi totalmente vacía por dentro. Ahora, Hoscheit afirma en su nuevo análisis que esa visión parece confirmarse, ya que no queda descartada por ninguna otra evidencia observacional.

Por supuesto, observar la realidad en una escala tan enorme es algo que entraña para nosotros una gran dificultad. Sería como pedirle a una bacteria que dedujera que vivimos en la Tierra, y que ésta forma parte del Sistema Solar.

En palabras de Amy Barger, “resulta extremadamente difícil encontrar soluciones consistentes a partir de varias observaciones diferentes. Y lo que Ben (Hoscheit) ha demostrado es que el perfil de densidad medido por Keenan es consistente con las observaciones cosmológicas”.

O dicho en otras palabras, Hoscheit no ha podido encontrar objeción alguna, ni obstáculo observacional que vaya en contra de la conclusión de que la Vía Láctea reside en el borde mismo de un gigantesco vacío. Un vacío que, además, ha permitido resolver las discrepancias que existían al usar diferentes técnicas para medir la velocidad a la que el Universo se expande.


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  • La misión ha localizado durante el último año un centenar de objetos celestes hasta ahora desconocidos, una treintena en el vecindario de nuestro planeta

Los objetos seguidos por Neowise en tres años de misión. Los círculos verdes representan los objetos cercanos a la Tierra (asteroides y cometas que vienen dentro de 1,3 unidades astronómicas del Sol; una unidad astronómica es la distancia de la Tierra al Sol). Los cuadrados amarillos son cometas. y los puntos grises representan todos los otros asteroides, que están en su mayoría en el cinturón principal entre Marte y Júpiter. Se muestran las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. – NASA/JPL-Caltech/UCLA/JHU

La misión Neowise (Near-Earth Object Wide-Field Infrared Survey Explorer) de la NASA, dedicada a localizar, caracterizar y rastrear asteroides y cometas que se acercan a la Tierra, ha descubierto en su tercer año en funcionamiento nueve asteroides potencialmente peligrosos para nuestro planeta. En total, durante este último año la nave espacial ha identificado 97 objetos celestes hasta ahora desconocidos. De ellos, 28 eran objetos cercanos a la Tierra; 64, asteroides del cinturón principal y cinco, cometas.

La nave espacial ha caracterizado un total de 693 objetos cercanos a la Tierra desde que la misión fue reiniciada en diciembre de 2013. De ellos, 114 son nuevos (Puedes ver un vídeo aquí). «Neowise no sólo descubre asteroides y cometas previamente desconocidos, sino que proporciona excelentes datos sobre muchos de los que ya están en el catálogo», dice Amy Mainzer, investigadora principal de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California.

Los objetos cercanos a la Tierra (llamados NEOs, por sus siglas en inglés) son cometas y asteroides que han sido empujados por la atracción gravitatoria de los planetas de nuestro sistema solar en órbitas que les permiten entrar en la vecindad de la Tierra. Diez de los objetos descubiertos por Neowise en el último año han sido clasificados como asteroides potencialmente peligrosos, en función de su tamaño y sus órbitas. El pasado año, fueron ocho las rocas de este tipo localizadas. Su seguimiento resulta fundamental para poder prevenir futuros impactos, ya que el golpe contra la atmósfera de, por ejemplo, una roca de apenas diez metros puede causar una explosión equivalente a tres bombas atómicas.

Un cometa raro

La capacidad de Neowise para recoger información es magnífica. También durante su tercer año, la nave captó más de 2,6 millones de imágenes de infrarrojo del cielo. Unidas a las conseguidas en los dos primeros años de la misión, completan un solo archivo que contiene aproximadamente 7,7 millones de conjuntos de imágenes y una base de datos de más de 57.700 millones de detecciones de código extraídas de esas imágenes.

Las imágenes también contienen atisbos de objetos raros, como el cometa C/2010 L5 WISE. Una nueva técnica para conocer el comportamiento de los cometas mostró que este en particular experimentó una breve explosión a su paso por el sistema solar interior.

«Los cometas que tienen arranques bruscos no se encuentran comúnmente, pero esto puede deberse más a la naturaleza repentina de la actividad que a su rareza inherente», dice Emily Kramer, autora principal del artículo sobre el estudio de Neowise. «Es muy bueno para los astrónomos ver y recoger datos de cometas cuando sucede un estallido, pero dado que la actividad es tan efímera, simplemente les podría pasar por alto la mayor parte del tiempo».

La nueva técnica identifica el tamaño y cantidad de partículas de polvo en el entorno del cometa, y cuándo fueron expulsadas de su núcleo, revelando la historia de su actividad. De esta forma, futuros estudios de todo el cielo podrán ser capaces de encontrar y recoger datos sobre más estallidos de cometas cuando sucedan.

Originalmente llamada WISE, la nave espacial de la NASA fue lanzada en diciembre de 2009. Entró en estado de hibernación en 2011 después de completar su misión astrofísica primaria. En septiembre de 2013, se reactivó, se le renombró Neowise y se le asignó una nueva misión: identificar la población de objetos potencialmente peligrosos cercanos a la Tierra. Neowise también caracteriza las poblaciones más distantes de asteroides y cometas para proporcionar información sobre sus tamaños y composiciones. Es nuestro vigilante en el espacio.


El Mundo

El verano astronómico se iniciará en el Hemisferio Norte el día 21 de junio a las 6.24h hora peninsular (5.24h en Canarias), momento en el que el Sol se encontrará exactamente en el Trópico de Cáncer. Ese día, el más largo del año, durará en Madrid 15 horas y 3 minutos, mientras que la noche apenas llegará a las 9 horas. En el solsticio de verano, al mediodía, el Sol alcanza su máxima elevación sobre el horizonte. Esta posición tan alta no cambia apreciablemente durante varios días, y de ahí proviene el término solsticio que significa Sol quieto.

El plenilunio tendrá lugar el día 9 en la constelación de Sagitario, mientras que el novilunio será el 24 con nuestro satélite en Cáncer. La Luna se encontrará en el apogeo (punto de mayor distancia a la Tierra) el día 8, a 406.406 kilómetros de distancia, y en el perigeo (punto de mayor acercamiento a la Tierra) el día 23, a 357.931 kilómetros.

Este mes tendremos a Venus como lucero matutino y a Júpiter como lucero vespertino, ambos muy brillantes dominando el cielo al amanecer y al atardecer, respectivamente. Marte también será visible al atardecer hasta mediados de mes.

Pero el planeta protagonista del mes será Saturno, que se observará durante toda la noche, del Este al Oeste y todas las noches del mes. El gigante de los anillos pasará por la oposición el jueves 15 de Junio en la constelación de Ofiuco. Esa noche será la mejor para observarlo, pues se encontrará a su distancia mínima a la Tierra y con una iluminación solar frontal. En esa noche, Saturno recorrerá toda la bóveda celeste levantándose por el Este, justo cuando se ponga el Sol, para acostarse por el Oeste al amanecer. Esta oposición es particularmente interesante para observarlo pues los anillos se encuentran ahora con una inclinación máxima respecto de la visual, mostrándonos todos sus detalles y las divisiones entre ellos, en una configuración que tan solo sucede cada 15 años.

Pero, aunque Saturno se encuentre a su distancia mínima, aún así, se trata de una distancia enorme: unos 1.350 millones de kilómetros (la luz tarda unos 75 minutos en recorrer esta distancia). Por lo que ni siquiera en ese día es posible admirar sus anillos a simple vista, ni con unos prismáticos normales. Para ver los anillos y las grandes bandas nubosas que recorren la superficie del planeta hay que recurrir a un telescopio que tenga al menos 30 aumentos. Con un gran telescopio se pueden distinguir también las divisiones entre los anillos y las numerosas lunas (entre ellas Titán) que rodean al planeta. A simple vista, podremos observar una bella estampa el viernes 9 y el sábado 10, tras el crepúsculo, a eso de las 22h, cuando Saturno se encontrará muy próximo a la luna llena.

Finalmente, les proponemos otra cita con el cielo en la madrugada de los días 20 y 21 del mes, a eso de las 5.30h en Madrid, por el horizonte Este, cuando Venus se encontrará muy cerca del delicado filo de la luna menguante y las Pléyades serán también observables un poco más a la izquierda según miramos al cielo. El inicio del verano es un buen momento para disfrutar de las noches y contemplar el firmamento, las horas de oscuridad no son muchas, pero amables por las suaves temperaturas que invitan a disfrutar del aire libre y del cielo nocturno.

*Rafael Bachiller es astrónomo y director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN).


El Mundo

  • Comienza a construirse en Chile el Telescopio Extremadamente Grande, el mayor instrumento para observar la luz visible
  • Se situará en Cerro Armazones, una montaña situada a 3.000 metros de altitud en el desierto chileno de Atacama
  • OPINIÓN: Icono de la ciencia y tecnología europeas

The Cerro Amazones mountain in the Chilean desert, near ESO’s Paranal Observatory, will be the site for the European Extremely Large Telescope (E-ELT), which, with its 39-metre diameter mirror, will be the world’s biggest eye on the sky. Here, an artist’s rendering shows how the telescope will look on the mountain when it is complete in 2024.

El viento sopla muy fuerte en Cerro Armazones, una montaña situada a 3.046 metros de altitud en el desierto de Atacama. Desde este mirador del norte de Chile se observa en todo su esplendor la gama cromática que tiñe las laderas de uno de los lugares más secos e inhóspitos para la vida que hay en la Tierra. Para la vista, sin embargo, es un regalo. Los tonos marrones y rosas van alternándose a medida que el sol avanza durante el día, y contrasta con el blanco de las nubes y el azul del que muchos astrónomos consideran el mejor cielo del mundo. Un enorme círculo trazado con pintura blanca en Cerro Armazones delimita la zona en la que se levantará la mayor ventana creada por el hombre para asomarse al cosmos: el Telescopio Extremadamente Grande (en inglés, Extremely Large Telescope, ELT).

Cuando entre en funcionamiento, en 2024, será el mayor telescopio del mundo que observe en el óptico (es decir, en luz visible) y en el infrarrojo gracias a su espejo principal, que medirá 39 metros de diámetro y le permitirá recoger aproximadamente 13 veces más luz que los grandes telescopios que hay en la actualidad. El Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas inglés) lo va a instalar en una gigantesca cúpula giratoria de casi 80 metros de altura y 85 metros de diámetro, cuya construcción ha comenzado oficialmente este viernes con un acto en el que simbólicamente se ha colocado la primera piedra.

La ceremonia tuvo lugar en el Observatorio Paranal de ESO, la organización internacional que está construyendo este telescopio y que ya opera otros ‘ojos’ gigantes en Chile, entre los que destacan el Very Large Telescope (VLT), en la actualidad el mayor telescopio óptico del mundo, y ALMA, en el llano de Chajnantor, cerca de la localidad de San Pedro de Atacama.

Estamos a finales del otoño austral y las temperaturas son bajas, como corresponde a esta época del año en Chile, pero las inusuales rachas de fuerte viento, que han alcanzado estos días los 80 kilómetros por hora en el Cerro Armazones, obligaron a cambiar el lugar de celebración de la ceremonia por motivos de seguridad. En lugar de hacerla en la montaña que albergará el ELT, se realizó en Cerro Paranal, a unos 2.400 metros de altitud. Aquí se encuentra el complejo donde se operan los telescopios, trabajan los astrónomos, la residencia y el campamento donde vive el personal durante sus turnos.

Un auténtica revolución

Según aseguró Tim de Zeeuw, director general de ESO, el diseño y construcción del ELT supondrá un auténtico reto tecnológico y de ingeniería que abrirá una nueva era en la astronomía y permitirá “realizar descubrimientos que hoy en día simplemente no podemos imaginar”. En su opinión, será una revolución de tal magnitud “como la que supuso el telescopio de Galileo”. Las expectativas son altas y se espera que permitirá avances en los campos con mayor interés astronómico en la actualidad. Así, tomará imágenes de planetas que orbiten otras estrellas (exoplanetas) y estudiará sus atmósferas para determinar su composición química. Por su parte, los cosmólogos podrán medir las propiedades de las primeras estrellas y galaxias que surgieron en el Universo, y estudiarán la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura.

Las cifras que rodean esta obra faraónica son de vértigo. También su coste, estimado en 1.300 millones de euros. El ELT fue aprobado en plena crisis económica por los16 países que participan en este organismo europeo, entre los que se encuentra España, que aporta el 8% de su presupuesto. En ESO se tuvieron que apretarse el cinturón e hicieron algunos cambios en el diseño original para hacerlo más asequible, según detalla De Zeeuw: “Inicialmente el espejo principal iba a tener 42 metros, que redujimos a 39”, recuerda. Los cambios en el diseño de la estructura, asegura, les han permitido bajar el coste en unos 300 millones de euros sin que suponga una disminución en la calidad de las observaciones. Y es que, también desde el punto de vista de la ingeniería, el ELT supondrá una gran innovación, pues incorporará tecnologías que nunca antes se habían usado. Cuenta con un sistema de cinco espejos. Para poder fabricar el espejo principal, de 39 metros, se van a ensamblar 798 segmentos hexagonales.

“El ELT va a tener dos características que lo van a hacer único. La primera es el tamaño. A más espejo, más capacidad para ver el cielo más lejos porque recolectamos más luz. Aunque tengamos una estrella o una galaxia muy débil, con un espejo tan grande conseguimos focalizar suficiente luz para analizarla. Es la fuerza bruta. Cuanto más grande, mejor”, resume el astrónomo español Xavier Barcons, investigador del Instituto de Física de Cantabria y próximo director general de ESO (en septiembre relevará en el cargo a Tim de Zeeuw).

“Pero hay otro aspecto que es muy importante también y es la capacidad de utilizar la técnica de la óptica adaptativa, que consiste en corregir el efecto de las turbulencias de la atmósfera en tiempo real. Cuando recibimos la luz de una estrella, atraviesa la atmósfera. Como la atmósfera está en constante movimiento, el rayo de luz no va recto, sino que va torciéndose. En lugar de tener una imagen que sería un punto, tenemos un borrón. Con esta técnica de óptica adaptativa conseguimos corregir esto en tiempo real porque movemos un poco el telescopio, mil veces por segundo, para tener una imagen de la estrella muy nítida“, explica Barcons durante una entrevista con EL MUNDO.

El 19 de junio de 2014 se hizo una explosión controlada en parte del pico de Cerro Armazones para nivelar el suelo, que ya está listo para comenzar a construir la estructura: “Con el inicio simbólico de estas obras lo que se levanta aquí es mucho más que un telescopio. Aquí vemos uno de los mayores exponentes de las posibilidades de la ciencia y la tecnología, y de las capacidades que se pueden lograr con la cooperación internacional”, apuntó por su parte Michelle Bachelet, presidenta de Chile, el país que ha cedido a la ESO el terreno para levantar el ELT. Durante la ceremonia de la primera piedra se selló una cápsula del tiempo preparada por ESO que contiene fotografías del personal de este organismo y diversos objetos de valor histórico. La cubierta de la cápsula del tiempo consiste en un hexágono grabado fabricado con Zerodur©, el mismo material que se utiliza en muchos de los espejos gigantes del ELT.

En España no sentó bien que el ELT fuera para Chile, pues el Roque de los Muchachos, en la isla canaria de La Palma, era candidato a acoger esta fabulosa infraestructura astronómica. A la final llegaron seis localizaciones: La Palma, Cerro Armazones y otros cuatro emplazamientos de Chile. “La Palma, al ser una isla, tenía una gran ventaja, que es que tiene mucha estabilidad en las turbulencias de las capas altas de la atmósfera. Como desventaja, en Armazones observamos el 90% de las noches, mientras que en la Palma el porcentaje oscila entre el 70 y el 75% de las noches, según el año. Otra ventaja de Chile es la sequedad del ambiente. La humedad es muy baja, lo que permite que el cielo sea muy transparente a la radiación infrarroja, que también recogeremos con el ELT. Y el factor que terminó por inclinar la balanza es que vamos a operar el ELT desde el Observatorio Paranal, donde tenemos ya la infraestructura y el campamento base. Supone un ahorro muy notable en los costes de operación anuales”, enumera Xavier Barcons. Ese ahorro, detalla, sería de unos 10 millones de euros adicionales.

“Tanto Cerro Armazones como La Palma eran dos lugares excepcionalmente buenos”, asegura el también astrónomo español Fernando Comerón, representante de ESO en Chile. El científico destaca, no obstante, que “los beneficios de la construcción del ELT se van a aplicar por igual a todos los países que participan en ESO. Hay un retorno industrial y no es una enorme pérdida para España”, señala. “De los 1.300 millones que se estima que costará el ELT, se espera que entre el 6 y el 10% revierta en la industria española, de una forma directa, es decir en contratos, y también de forma indirecta, en el desarrollo de capital humano, de ingenieros especializados y en el desarrollo de capacidades competitivos para participar en otros proyectos que utilicen estas mismas tecnologías”.


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  • Científicos sugieren la existencia de un nuevo tipo de objeto espacial llamado «synestia», una masa de roca vaporizada formada por choques colosales

Un synestia – Simon Lock y Sarah Stewart

Un equipo de científicos ha sugerido la existencia de un nuevo objeto planetario llamado «synestia», una enorme masa de roca caliente y vaporizada en forma de donut, formada por el brutal choque de otros objetos del tamaño de planetas. Según Sarah Stewart, de la Universidad de California en Davis y coautora del estudio, en un momento temprano de su historia, la Tierra probablemente también fue un synestia. El nombre deriva de «syn», «juntos», y «Estia», diosa griega de la arquitectura.

El trabajo, publicado en la revista «Journal of Geophysical Research: planets», explora cómo los planetas se pueden formar a partir de una serie de impactos gigantes. Las teorías actuales de formación planetaria sostienen que los planetas rocosos como la Tierra, Marte y Venus se formaron temprano en el sistema solar, cuando objetos más pequeños chocaron entre sí. Estas colisiones fueron tan violentas que los cuerpos resultantes se fundieron y quedaron parcialmente vaporizados. Con el tiempo se enfriaron y solidificaron convirtiéndose en los planetas casi esféricos que conocemos hoy en día.

«Nos fijamos en las estadísticas de impactos gigantes, y hemos encontrado que pueden formar una estructura completamente nueva», explica Stewart. En concreto, en un intervalo de altas temperaturas y altos momentos angulares (una magnitud física para caracterizar la rotación de un cuerpo), objetos del tamaño de planetas podrían formar una nueva estructura mucho más grande, un disco como un glóbulo rojo o un donut con el centro relleno. El objeto es principalmente roca vaporizada, sin ninguna superficie sólida o líquida.

La clave para la formación de un synestia es que algunos de los materiales de la estructura entren en órbita. En una esfera sólida, cada punto desde el núcleo hasta la superficie gira a la misma velocidad. Pero en un impacto gigante, el material del planeta puede llegar a estar fundido o gaseoso y se expande en volumen. Si se hace lo suficientemente grande y se mueve lo suficientemente rápido, partes del objeto pasan a la velocidad necesaria para mantener un satélite en órbita, y es entonces cuando se forma un enorme synestia, en forma de disco.

Cien años para la Tierra

La mayoría de los planetas sufren colisiones que podrían formar un synestia en algún momento durante su formación, según Stewart. Para un objeto parecido a la Tierra, el synestia no duraría mucho tiempo – tal vez cien años- antes de perder el calor suficiente para condensarse de nuevo en un objeto sólido. Pero el synestia formado a partir de objetos más grandes o más cálidos, como los planetas gigantes de gas o las estrellas podrían durar mucho más.

La estructura del synestia también sugiere nuevas formas de pensar acerca de la formación lunar. La Luna es notablemente similar a la Tierra en su composición, y la mayoría de las teorías actuales acerca de cómo se formó nuestro satélite natural implican un impacto gigante que arrojó material en órbita. Pero tal impacto podría haber formado una vez un synestia a partir del cual se condensaron tanto la Tierra como la Luna.

Nadie ha observado un synestia directamente, pero los investigadores creen que podría ser encontrado en otros sistemas solares una vez que se empiecen a buscar junto a los planetas rocosos y los gigantes gaseosos.


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  • El descubrimiento es un paso importante en la búsqueda de vida en otros mundos

La ciencia acaba de dar un nuevo e importante paso en la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Se trata de la detección de una atmósfera en un mundo muy similar al nuestro, una Super Tierra llamada GJ 1132b con apenas 1,6 veces la masa terrestre y un tamaño solo 1,4 veces mayor. De hecho, se trata del exoplaneta más parecido al nuestro en el que se ha podido detectar hasta ahora la presencia de una atmósfera. El trabajo acaba de publicarse en The Astronomical Journal.

El equipo, que incluye investigadores del Instituto Max Planck de Astronomía, utilizó para su hallazgo el telescopio de 2,2 metros ESO/MPG, en Chile, para obtener imágenes de la estrella anfitriona (GJ 1132) y medir los sutiles cambios de brillo causados por la absorción de luz tanto del planeta como de su atmósfera cada vez que pasa frente a ella.

Aunque no estamos hablando aún de una detección directa de vida en otro mundo, se trata de un importante paso en esa dirección. En efecto, la detección de una atmósfera alrededor de GJ 1132b marca todo un hito: es la primera vez que se consigue detectar una atmósfera en un planeta de masa y radio similares a los de la Tierra.

Precisamente, la estrategia que siguen actualmente los astrónomos para detectar signos de vida extraterrestre pasa por estudiar la composición química de las atmósferas planetarias, en busca de ciertos desequilibrios químicos que, para producirse, requieren de la presencia de organismos vivos. En la Tierra, la pista la da la presencia de grandes cantidades de oxígeno.

Aún estamos lejos de lograr una detección así, aunque este estudio nos coloca un poco más cerca del objetivo. Hasta ahora, en efecto, las escasas observaciones de atmósferas en exoplanetas se llevaron a cabo en mundos mucho más grandes y muy diferentes a la Tierra: gigantes gaseosos similares a Júpiter o mundos rocosos, pero muchas veces mayores que el nuestro. Por lo tanto, esta será la primera vez que se pueda analizar con detalle la atmósfera de un planeta similar en masa y tamaño al que nosotros habitamos.

GJ 1132b orbita alrededor de una enana roja en la constelación de Vela, a 39 años luz de distancia. Los científicos se fijaron en él precisamente porque, desde la perspectiva de la Tierra, pasa regularmente por delante de su estrella (cada 1,6 días), bloqueando una pequeña parte de su luz. Es decir, que lleva a cabo un tránsito cada poco más de día y medio.

A partir de la cantidad de luz bloqueada por el planeta cada vez que cruza por delante de su estrella, los investigadores pueden deducir su tamaño, que en este caso es de 1,4 veces el de la Tierra. Las observaciones, además, mostraron que el planeta parecía ser más grande en una de las longitudes de onda del infrarrojo que en las demás. Lo cual sugiere la presencia de una atmósfera opaca a esa luz infrarroja específica (lo que hace que el planeta parezca mayor), pero transparente en todas las demás longitudes de onda.

Los diferentes modelos atmosféricos llevados a cabo a partir de estos datos sugieren que la atmósfera de GJ 1132b es rica en agua y metano, lo cual encaja a la perfección con las observaciones realizadas.

A pesar de que aún no tenemos suficiente información para determinar si estamos, o no, ante un mundo con vida, sí que bastan para que los astrónomos se sientan optimistas. Las enanas rojas son la clase de estrellas más comunes y abundantes de nuestra galaxia (cerca del 75%) y si bien es cierto que suelen ser mucho más activas que el Sol, lo que significa que son capaces de “barrer” las atmósferas de sus mundos, los que consiguen conservarlas durante el tiempo suficiente se convierten en excelentes candidatos para albergar alguna forma de vida.

Los planes, ahora, son seguir muy de cerca las evoluciones de GJ 1132b con los mejores telescopios disponibles, como el Hubble y, a partir del año próximo, el James Webb, cien veces más potente y que permitirá analizar esa esperanzadora atmósfera con un detalle sin precedentes. Hasta ese momento, no queda más que mantener los dedos cruzados.


El Mundo

Recreación de un asteroide acercándose a la Tierra. NASA

Fue bautizado como 2014 JO25, tiene 650 metros de diámetro y fue descubierto por el Mount Lemmon Survey en mayo de 2014.

Se trata del asteroide de este tamaño que más se acerca al planeta Tierra en los últimos 13 años ya que se aproximará a la Tierra a una distancia aproximada de 4,6 distancias lunares el próximo 19 de abril. Cada distancia lunar corresponde a algo más de 384.000 kilómetros, la distancia entre la Tierra y su satélite, por lo que el asteroide pasará a unos 1,8 millones de kilómetros del planeta azul.

Este acercamiento es el más próximo de un asteroide, al menos de este tamaño o similar, desde el encuentro con 4179 Toutatis, que pasó a cuatro distancias lunares en septiembre de 2004, según el radar Goldstone de la NASA. El siguiente acercamiento previsto de un objeto con un diámetro mayor o igual a éste tendrá lugar cuando el asteroide 1999 AN10, de 800 metros de diámetro, se aproxime a una distancia lunar en agosto de este año.

El asteroide 2014 JO25 estará cerca del Sol hasta el próximo 19 de abril, momento en que se encontrará en una situación favorable para las observaciones y, a partir de entonces, se convertirá en uno de los principales objetivos del radar de asteroides durante este año. Debido a su cercanía al Sol, no se espera conocer su periodo de rotación antes de las observaciones del radar.

Los astrónomos calculan que este asteroide no se ha aproximado tanto a la Tierra desde hace, al menos, 400 años. Y no hay conocimiento de futuras aproximaciones tan cercanas como ésta hasta el año 2500.

A pesar de haber sido clasificado como un “Asteroide Potencialmente Peligroso” por el Minor Planet Center, no hay motivos para la alarma porque no hay riesgo de choque con la Tierra. Y es que este centro estadounidense califica bajo este nombre a todos los cometas o asteroides cercanos a la Tierra con una órbita tal que tiene potencial para acercarse a ésta y un tamaño suficiente como para causar daños significativos en caso de impacto. Además, se considera que los asteroides pertenecientes a esta lista no suponen una amenaza para la Tierra en los próximos 100 años o más. La última actualización de esta lista, en marzo de 2017, incluye a 1.786 asteroides.


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  • Un misterioso y potentísimo «flashazo» de rayos X acaba de ser detectado por el equipo de investigadores que opera el observatorio Chandra

Localización de la enigmática fuente de rayos X – NASA/CXC/F. Bauer et al

El Universo está lleno de señales que los científicos, sencillamente, no alcanzan a comprender. Señales tan energéticas y potentes que pueden ser captadas desde la Tierra incluso a distancias de miles de millones de años luz, pero cuyo origen, naturaleza y localización exacta se desconocen. Pueden llegar en las más diversas longitudes de onda, desde los rayos gamma a los rayos X o incluso en las frecuencias de radio, pero con una intensidad tal que resulta imposible atribuirlas a fenómenos naturales conocidos.

Astrónomos del mundo entero intentan captar estos repentinos estallidos que a menudo liberan, en menos de un segundo, más energía que el Sol en varios millones de años. Para ello se han construido poderosos telescopios que peinan el cielo cada uno en una longitud de onda concreta. Los brotes de rayos gamma, por ejemplo (GRBs por sus siglas en ingles), son los eventos más luminosos de todo el Universo y se cree, aunque no se sabe con certeza, que podrían estar producidos por la explosión de supernovas muy lejanas, o deberse quizá a fenómenos extremadamente violentos que aún no hemos sido capaces de identificar. Lo que sí sabemos es que es tal el brillo que producen que, por un instante, eclipsan a los miles de millones de estrellas que forman la galaxia a la que pertenecen.

Hace pocos días (otro ejemplo diferente) astrónomos del Instituto Harvard-Smithsonian se declaraban incapaces de explicar otro tipo de señal, esta vez un destello rápido de radio (FRB o Fast Radio Burst), de apenas unos nanosegundos de duración pero con una intensidad tal que los investigadores llegaron a preguntarse si no estaríamos ante el alarde tecnológico de una civilización extragaláctica muy avanzada. El primer FRB se descubrió en 2007, y hasta ahora solo se han detectado 18, sin que nadie haya logrado ofrecer una explicación lógica o coherente que justifique su existencia.

Y ahora le ha tocado el turno a los rayos X. Un misterioso, y también potentísimo «flashazo» de rayos X, en efecto, acaba de ser detectado por el equipo de investigadores que opera el Observatorio de rayos X Chandra, de la NASA. Y lo han localizado mientras estudiaban la que es, hasta ahora, la imagen más profunda del Universo obtenida en esa longitud de onda. En un artículo que se publicará en junio en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los científicos sostienen que es posible que la fuente de esta emisión sea algún tipo de evento sumamente destructivo, aunque de un tipo que nunca se había visto antes.

Una «fuente en llamas»

Esta misteriosa emisión de rayos X fue descubierta en octubre de 2014, y desde entonces el equipo de científicos trata de buscarle, sin éxito, una explicación. «Esta fuente en llamas -afirma Niel Brandt, uno de los autores del estudio- fue una maravillosa sorpresa que descubrimos de forma accidental durante un trabajo en el que tratábamos de explorar el Universo en el mal comprendido ámbito de los rayos X. Definitivamente, tuvimos suerte con este hallazgo, y ahora disponemos de un nuevo fenómeno transitorio que tendremos que tratar de explicar durante los próximos años».

Localizada en una región del cielo conocida como »Campo profundo Sur de Chandra» (Chandra Deep Field-South, o CDF-S), la fuente de rayos X tiene toda una serie de propiedades únicas. Por ejemplo, antes de octubre de 2014 no había ni rastro de ella en esa región de cielo estudiada por Chandra, pero de pronto apareció y en apenas unas horas multiplicó su brillo más de mil veces. La emisión duró todo un día, para ir debilitándose después hasta caer por debajo de la sensibilidad de los instrumentos del Chandra y desaparecer por completo.

Fueron necesarias miles de horas de trabajo de los telescopios espaciales Hubble y Spitzer para determinar que el suceso provenía de una débil y pequeña galaxia situada a unos 10.700 millones de años luz de la Tierra. Durante unos minutos, la fuente de rayos X produjo mil veces más energía que todas las estrellas de esa lejana galaxia.

«Desde que descubrimos esa fuente -explica por su parte Franz Bauer, otro de los firmantes del artículo- hemos estado luchando por entender su origen. Es como si tuviéramos delante un rompecabezas, pero sin disponer de todas las piezas».

¿Qué es lo que han visto?

Durante los más de dos meses y medio que el Observatorio espacial Chandra estuvo observando la región CDF-S, la misteriosa fuente de rayos X no volvió a aparecer. Y tampoco se han encontrado señales similares en otras partes del cielo, que Chandra lleva observando desde hace ya 17 años. Y si bien es cierto que se han observado fuentes de rayos X en otras ocasiones, ninguna de ellas se aproxima siquiera a las características y propiedades de esta señal en concreto.

Para Kevin Schawinski, otro de los autores del artículo, »es posible que hayamos sido testigos de un tipo completamente nuevo de evento cataclísmico. Pero sea lo que sea, necesitaremos llevar a cabo muchas más observaciones para poder comprender qué es exactamente lo que hemos visto».


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  • Un equipo de científicos españoles publicará cada dos meses un detallado informe meteorológico accesible al público

El vehículo ‘Curiosity’ en el Monte Sharp, que forma el pico central del cráter Gale NASA

El verano acaba de comenzar en el hemisferio sur de Marte pero, si hubiera algún ser humano viviendo allí, el tiempo no invitaría precisamente a dar un paseo. Una tormenta local de arena, 40 grados bajo cero de temperatura media con un pico máximo de -14ºC, 60 grados de diferencia entre el día y la noche, los vientos más fuertes del año… Son algunos de los datos meteorológicos recogidos en el parte del tiempo que acaba de publicar un equipo de científicos españoles del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA) a partir de la información recopilada por Curiosity, el vehículo robótico de la NASA que aterrizó en el planeta rojo en agosto de 2012. De momento, el rover es el único que tiene hacer frente a las inclemencias del tiempo marciano.

Se trata del primero de una serie de detallados informes meteorológicos dirigidos al público general que, a partir de ahora, serán publicados “cada mes marciano, es decir, cada dos meses terrestres“, según explica uno de sus autores, el investigador del CAB Jorge Pla García.

La estación meteorológica que Curiosity lleva a bordo, denominada REMS (Rover Environmental Monitoring Station), ha sido diseñada por los científicos españoles del CAB y lleva sensores para medir la temperatura del aire, del suelo, la radiación ultravioleta, la presión, la humedad y el viento. El rover se encuentra en el cráter Gale, una zona que según, explica Pla, no es muy representativa del resto del planeta: “Está en el ecuador de Marte y al igual que ocurre en la Tierra, los fenómenos meteorológicos en el ecuador son muy diferentes a los de las latitudes medias y altas. Suelen ser fenómenos muy repetitivos, mientras que en las zonas más cercanas a los polos o en latitudes altas, el tiempo es más cambiante”, señala en conversación telefónica.

Hasta ahora, los datos recopilados por REMS se cargaban en una aplicación para dispositivos móviles destinada a la comunidad científica. “Son, sobre todo, datos numéricos que no cuentan lo que está pasando en Marte. Cuáles son los frentes, las temperaturas, las oscilaciones entre el día y la noche y, sobre todo, qué tipo de circulación atmosférica hay en cada parte del año”, enumera Pla. La NASA difunde la evolución anual de los datos recabados por su rover, pero no de forma continuada.

“Normalmente se publican artículos científicos sobre los análisis de los resultados, pero queremos que el gran público conozca lo que estamos haciendo y cómo va evolucionando la atmósfera de Marte cada dos meses”, apunta Javier Gómez-Elvira, investigador principal del instrumento REMS y coautor del informe, junto con Jorge Pla y Antonio Molina.

Fenómenos parecidos en la Tierra

Para que el parte pueda ser entendido más fácilmente, añade Pla, están incluyendo ejemplos de lo que ocurre en nuestro planeta: “Por ejemplo, este mes hemos visto un fenómeno meteorológico prácticamente igual que el que se da en algunos lugares de la Tierra, comparable a los vientos Foehn de Los Alpes o los vientos Chinook en las Montañas Rocosas. Es la primera vez que se incluyen en un parte meteorológico marciano”, señala Pla. Las denominan ondas de montaña y tienen tanta fuerza que son capaces de hundir masas de aire que son más calientes que las del cráter hacia su interior. “Las masas de aire caliente deberían ascender en lugar de descender, pero estos vientos lo que hacen es hundirlas. Las temperaturas del interior del cráter suben por tanto muy rápidamente”, explica.

Por lo que respecta a las temperaturas, el equipo del CAB hace hincapié en la importancia de distinguir entre la temperatura del aire y del suelo. La del aire suele estar todo el año por debajo de los 0ºC mientras que la temperatura del suelo suele ser más alta. “Si camináramos por Marte, podrías tener los pies a 10ºC y la cabeza a 0ºC”, señala.

Así, la temperatura media del aire ha sido de -40ºC (la media mínima de -70ºC, y la media máxima, -12ºC). Por lo que respecta a la temperatura del suelo, la media ha sido de -33ºC.

60 grados de diferencia entre el día y la noche

“Lo más destacado es la diferencia entre el día y la noche, que este mes ha sido de 60 grados”, dice Jorge Pla. Y es que en una noche de verano marciana en esa región, pueden alcanzarse fácilmente los 80 grados bajo cero.

Durante la pasada primavera, se registraron las temperaturas más altas del año en esa zona, alcanzando los 4ºC de máxima al mediodía. También la radiación solar alcanzó su registro máximo anual en el cráter Gale.

¿Por qué hace tanto frío en Marte? Además de estar 1,52 veces más lejos del Sol que la Tierra (lo que hace que reciba un 43% de la luz solar que nos llega a nosotros), su tenue atmósfera (100 veces más liviana que la nuestra) es incapaz de retener el calor que entra.

De la lluvia nos olvidamos porque como recuerda Pla, “hace miles de millones de años que no llueve en Marte“. Más controvertido es el asunto de la nieve, pues ha habido algún investigador que ha propuesto que es posible que en los casquetes polares pueda nevar hielo de CO2, aunque esta teoría no ha sido demostrada.

Tormentas de arena

Las tormentas de arena son uno de los fenómenos más interesantes que ocurren en Marte. “Las tormentas locales se producen todos los años al llegar la primavera porque es cuando más pega el Sol en el hemisferio sur. La radiación solar calienta el suelo y levanta el polvo. Duran meses, por eso la tormenta que empezó en primavera continúa ahora”, detalla Pla.

Por otro lado, en Marte se forman tormentas globales de polvo, que son las que cubren totalmente el planeta. “Desde que aterrizó Curiosity no ha habido ninguna tormenta de arena global. Se sabe que se producen periódicamente, pero no con una cadencia exacta. Este año se esperaba una que no se ha producido finalmente. Habrá que esperar dos años terrestres (un año marciano) en estas mismas fechas para ver si se produce”, señala Gómez-Elvira.

En principio, una gran tormenta de arena no debería afectar al funcionamiento de Curiosity: “El rover se quedaría estático y las cámaras se cerrarían. El problema que podría causar es que la arena cubriera los paneles solares que suministran energía pero Curiosity lleva una pila radiactiva. Los rovers gemelos Opportunity y Spirit [llegaron a Marte en 2004] sí tenían paneles solares, pero después hubo tormentas de viento que limpió la arena”, señala Javier Gómez.

Fallo en los sensores de viento

Tras cuatro años y medio de exposición al hostil ambiente marciano, el estado de la estación meteorológica REMS es bueno con la excepción de los dos sensores de viento. Según explica Gómez-Elvira, uno de ellos nunca llegó a funcionar, pues se cree que se estropeó durante el aterrizaje, y el segundo ha tenido problemas debido al propio ambiente marciano, por lo que las mediciones del viento no han sido precisas.

El equipo español también se encargará de suministrar a la NASA la estación meteorológica que llevará su próximo rover , Mars2020, y que será una versión mejorada de la que lleva Curiosity , con modificaciones para evitar los problemas detectados en el sensor de viento y ofrecer nueva información sobre el clima marciano, por ejemplo, cómo es el contenido de polvo en la atmósfera.

“Necesitamos conocer el tiempo de Marte para saber qué nos vamos a encontrar cuando mandemos las siguientes futuras misiones robóticas y también misiones humanas. Conocemos muy poco sobre la atmósfera de Marte y necesitamos muchas más estaciones”, dice Pla.


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  • Treinta años después de su explosión, la supernova más cercana a la Tierra sigue planteando dudas a los científicos
 Imagen de la supernova SN 1987A, en la Gran Nube de Magallanes - Archivo

Imagen de la supernova SN 1987A, en la Gran Nube de Magallanes – Archivo

El 23 de febrero de 1987, una supergigante azul llamada Sanduleak -69º 202 estalló como supernova en la Gran Nube de Magallanes, una galaxia satélite de nuestra Vía Láctea, a 169.000 años luz de distancia. El evento fue bautizado como SN 1987A, y fue la primera supernova desde el año 1604 distinguible a simple vista desde la Tierra.

Se trata, sin duda alguna, de un objeto único ya que, debido a su proximidad, se ha convertido en la supernova mejor estudiada en toda la Edad Moderna. Ahora, treinta años después del estallido, los científicos están en condiciones de detallar con bastante exactitud lo que le sucedió a la estrella Sanduleak -69º 202. Y también de decir, comparando la luz que nos llega de 1987A con la de otras supernovas lejanas, cuál es la historia de sus estrellas progenitoras. Sin embargo, no todos los misterios que rodean a SN 1987A han podido ser resueltos.

El fogonazo de luz de 1987A fue precedido por una ráfaga de neutrinos que llegaron a la Tierra tres horas antes que la propia luz de la explosión, que iluminó profusamente tres anillos de gas que rodeaban a la supernova. Los dos anillos exteriores son más débiles y distantes, pero el interior, el más cercano a la estrella, es grueso y denso, con un diámetro aproximado de un año luz. Los tres anillos están hechos de materiales emitidos por la propia estrella, que empezó a experimentar pulsaciones en sus capas más externas decenas de miles de años antes de explotar, toda una “ventana temporal” que nos permite estudiar el comportamiento de la estrella en el periodo anterior a su destrucción.

Tras el primer destello de luz de la supernova, los anillos se desvanecieron, aunque el más interior de los tres volvió a iluminarse cuando la onda de choque de la explosión lo alcanzó en el año 2001, provocando su calentamiento y la emisión de una gran cantidad de rayos X, que pudieron ser detectados por el Observatorio Chandra, de la NASA. El anillo siguió brillando hasta el año 2013, y a partír de ahí se fue desvaneciendo como consecuencia del “efecto de triturado” de la onda expansiva, que lo golpeó a más de 1.800 km/s.

La cuestión es que no todo el anillo se desvanece al mismo tiempo, sino que lo hace de manera desigual, algo que lleva años intrigando a los investigadores. ¿Es el propio anillo el que no es regular o es que la explosión de la supernova fue asimétrica? Para Kari Frank, de la Penn State University, que ha llevado a cabo las observaciones más recientes de 1987A con el Observatorio Chandra, si el anillo estaba desequilibrado en origen, podría significar que Sanduleak -69º 202 formaba parte de un sistema binario, es decir, que tenía una compañera invisible pero cuya gravedad estaba influyendo en la geometría del anillo. No lo sabemos todavía

El pulsar perdido

Otra cuestión intrigante es averiguar qué es exactamente lo que la supernova dejó tras de sí después de la explosión. Sanduleak -69º 202 tenía, antes de estallar, una masa 20 veces mayor que la de nuestro Sol, y tras convertirse en supernova podría haber dejado una densa estrella de neutrones en rápida rotación (esto es, un pulsar) cuando su núcleo se colapsó y emitió la primera ráfaga de neutrinos. Sin embargo, los astrónomos no han encontrado hasta ahora evidencia alguna de la existencia de ese supuesto pulsar.

“La razón más probable de que no hayamos visto nada todavía -explica Frank- es que hay aún un montón de gas frío y de polvo muy cerca del anillo”. Un gas que estáría actuando igual que un espeso banco de niebla, bloqueando las emisiones del pulsar y haciéndolo invisible a nuestros instrumentos. Sin embargo, ya que esa niebla se está disipando junto con los demás restos de la supernova, no hay más que esperar a que se diluya por completo para que revele, si es que existe, el pulsar que esconde en su interior. Algo que, según Frank, sucederá durante los próximos 30 años.

Los restos de una supernova se caracterizan por la enorme cantidad de polvo arrojado por la estrella al espacio interestelar. Un polvo que se enfría poco a poco y que contiene elementos como carbono, oxígeno, nitrógeno, silicio y hierro, todos ellos forjados en el interior de la estrella muerta y que servirán, eventualmente, como “materia prima” para la formación de una nueva generación de estrellas, planetas, e incluso vida.

Por lo tanto, los próximos treinta años serán, como lo han sido ya las tres décadas transcurridas desde la explosión, un nuevo periodo de aprendizaje y datos sorprendentes. SN 1987A tiene aún muchos secretos guardados y, para Frank, nos depara aún más de una sorpresa. Por ejemplo, la onda de choque, una vez superado el anillo interior, empezará a moverse por el espacio en nuevos territorios. “¿Qué encontraremos allí? -se pregunta el científico-. Sea lo que sea, estamos a punto de averiguarlo“.

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