Resuelto el enigma del inesperado frío en Plutón


ABC.es

  • Un nuevo análisis de la atmósfera del planeta enano explica por qué la nave espacial New Horizons midió temperaturas mucho más bajas de lo previsto

La nave espacial New Horizons cambió en 2015 mucho de lo que los científicos creían saber sobre Plutón. Tan solo unos días después de que la misión alcanzara su máxima aproximación al planeta enano, el panorama descrito resultaba sorprendente: tortuosas cordilleras, hielos que fluyen, una espesa neblina y, entre otros descubrimientos, las mediciones reales de su temperatura, que resultó ser mucho más baja de la pronosticada a partir de la composición del gas de la atmósfera. El motivo del frío gélido a 50 km sobre la superficie de este mundo más pequeño que la Luna ha sido un misterio desde entonces, pero un nuevo estudio publicado este miércoles en la revista «Nature» propone una solución al enigma. El culpable ya ha sido mencionado: la niebla.

Según los investigadores, son las partículas de la neblina y no los gases los que controlan la temperatura atmosférica de Plutón, lo que convierten este cuerpo planetario en un lugar único en el Sistema Solar. Nunca antes se había visto nada semejante.

El mecanismo de enfriamiento implica la absorción de calor por las partículas de neblina, que luego emiten radiación infrarroja, enfriando la atmósfera al irradiar energía al espacio. El resultado es una temperatura atmosférica insoportable de aproximadamente -203º C en lugar de los -173º C previstos, que tampoco son pocos.

El principal autor del estudio, Xi Zhang, profesor asistente de Ciencias Planetarias y de la Tierra en la Universidad de California en Santa Cruz (EE.UU.), cree que el exceso de radiación infrarroja de las partículas de neblina en la atmósfera de Plutón debería ser detectable por el futuro Telescopio Espacial James Webb una vez que abra sus ojos en 2019, lo que confirmaría la hipótesis de su equipo.

Superficie rojiza

Las imágenes de la New Horizons muestran extensas capas de bruma, resultado de reacciones químicas en la atmósfera superior, donde la radiación ultravioleta del Sol ioniza nitrógeno y metano, que reaccionan para formar pequeñas partículas de hidrocarburo de decenas de nanómetros de diámetro. A medida que estas diminutas partículas se hunden a través de la atmósfera, se unen para formar agregados que crecen a medida que descienden, y eventualmente se depositan en la superficie.

«Creemos que estas partículas de hidrocarburos están relacionadas con el material rojizo y marrón que se ve en las imágenes de la superficie de Plutón», dice Zhang.

Los investigadores están interesados en estudiar los efectos de las partículas de neblina en el control de la temperatura de otros cuerpos planetarios, como Tritón, luna de Neptuno, y Titán, satélite de Saturno. Sus hallazgos también pueden ser relevantes para la investigación de planetas extrasolares con atmósferas difusas.

 

El Hubble detecta cambios en la Gran Mancha Roja de Júpiter


La Vanguardia

  • El tamaño de la gigantesca tormenta se reduce poco a poco y su forma se vuelve más redonda
 Imagen del planeta Júpiter en la que se observa la Gran Mancha Roja NASA

Imagen del planeta Júpiter en la que se observa la Gran Mancha Roja NASA

La Gran Mancha Roja de Júpiter continúa reduciendo su tamaño y adquiriendo una forma cada vez más circular y menos ovalada. Las imágenes de esta gigantesca tormenta –de un tamaño que englobaría  dos veces el diámetro de la Tierra– se han obtenido con la cámara WFC3 del telescopio espacial Hubble (http://hubblesite.org/) y se han comparado con imágenes previas de misiones como Voyager o Cassini.

Estas imágenes de alta resolución forman parte de los nuevos mapas de Júpiter obtenidos en el primer año de la campaña OPAL, que estudia la evolución de la atmósfera de este planeta, así como las de Urano y Neptuno. Estos primeros resultados de la misión se han publicado en la revista The Astrophysical Journal.

La reducción de tamaño de la Gran Mancha Roja desde 2014 se ha estimado en 240 kilómetros en su eje largo. “Sólo podemos adivinar los motivos por los que se encoge pero, en cuanto a su forma, todas las tormentas que se han observado en Júpiter se acaban haciendo cada vez más circulares”, explica por correo electrónico Amy Simon, de la división de exploración del Sistema Solar del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y primera firmante del artículo.

“No sabemos cuándo se formó la Gran Mancha Roja, pero se ha seguido de manera casi continua desde 1870, aproximadamente. Y se ha ido encogiendo todo el tiempo. Los modelos matemáticos sugieren que acabará teniendo una forma específica –un poco más redondeada que la actual, pero no redonda del todo– y será más estable”, detalla.

También se han registrado cambios en el color de la mancha que, a pesar de su nombre, es de un anaranjado intenso y en su núcleo, que ha dejado de distinguirse. Como detalla la científica, “el color está relacionado con muchos pequeños remolinos que se ven inmersos en el campo de vientos de la mancha: cada vez que engulle una pequeña tormenta, aparece una nube blanca y si produce muchos remolinos, el color se vuelve más claro. Pero, si no lo hace, el color se vuelve muy intenso”.

Además, las imágenes del Hubble, tomadas el pasado 19 de enero, han permitido describir nuevas estructuras internas de la Gran Mancha Roja, como un filamento, y una onda, situada a 16º latitud norte del planeta. Esta onda es similar a la observada por el Voyager 2 y parece que está causada por una inestabilidad baroclínica, un fenómeno meteorológico que en ocasiones aparece en la atmósfera terrestre cuando se forman los ciclones y, según los modelos analíticos, también se produce en Júpiter.

Su origen puede estar en una capa bajo las nubes y que sólo se hace visible cuando se propaga a la capa superior. Los investigadores realizarán simulaciones numéricas para explicar por qué esta inestabilidad no se observa con frecuencia, a pesar de que las condiciones medioambientales eran similares.

Enlace al artículo original: http://www.spacetelescope.org/static/archives/releases/science_papers/heic1522a.pdf

La nave ‘New Horizons’ se acerca a Plutón


El Mundo

  • EXPLORACIÓN ESPACIAL Misión de la NASA al planeta enano
  • La nave espacial de la NASA comienza a estudiar este mundo helado, que en 2006 fue relegado a la categoría de planetas enanos del Sistema Solar
  • El próximo 14 de julio, la nave hará su máxima aproximación a Plutón

En el colegio aprendimos que Plutón era uno de los nueve planetas del Sistema Solar. Pero durante el verano de 2006, los astrónomos decidieron sacarlo de esa lista. Así, durante la asamblea de la Unión Astronómica Internacional (UAI) celebrada en Praga, se acordó incluir a Plutón en otra categoría de cuerpos celestes, la de los planetas enanos, que fue creada en esa misma reunión. Por entonces, la nave espacial de la NASA New Horizons se dirigía ya hacia este pequeño mundo helado.

Unos meses antes, el 19 de enero de 2006, había despegado desde Cabo Cañaveral (EEUU) a bordo de un cohete Atlas para emprender un fabuloso viaje por el Sistema Solar que le llevaría hasta el que era, por entonces, el único planeta al que no había llegado una nave espacial.

Tras una larga travesía de nueve años durante la que ha recorrido unos 4.600 millones de kilómetros, New Horizons comenzó ayer por fin a estudiar el sistema de Plutón. Aunque su máxima aproximación a este cuerpo celeste tendrá lugar el próximo 14 de julio, cuando se sitúe a unos 10.000 kilómetros de distancia de su superficie, la nave de la NASA ya está realizando mediciones y estudiándolo desde la distancia. A partir de abril tomará fotografías, tanto de Plutón como de Caronte, su luna de mayor tamaño.

A pesar de que haya quedado relegado a la categoría de planeta enano, su estudio sigue teniendo un gran valor para los científicos. Y es que los planetas enanos, con tamaños de entre 200 y 2.000 kilómetros, se consideran reliquias del Sistema Solar que tuvieron su origen hace unos 4.000 millones de años. Por ello, explorarlos aportará datos importantes sobre la formación planetaria.

Durante su viaje, la nave ha pasado cerca de las órbitas de varios planetas del Sistema Solar: Marte (en 2006), Júpiter (al que se aproximó en 2007), Saturno (2008), Urano (2011) y Neptuno (2014).

La fase principal de la misión de New Horizons, que tiene siete instrumentos, consistirá en estudiar la estructura y en analizar la composición de la superficie y atmósfera de Plutón. Se cree que se trata de un mundo gélido con temperaturas que deben rondar los -230ºC, por lo que se piensa que no podría albergar vida.

Un largo viaje por el Sistema Solar

«Aunque tenemos algunas ideas sobre lo que esperamos encontrar, no puedo dejar de pensar que la historia se repetirá de nuevo y nos veremos sorprendidos por algo nuevo, algo que no esperamos ver», señalaba hace unos días Dennis Reuter, científico de New Horizons, en un artículo publicado en la web de la NASA.

Así, Reuter recordaba cómo las sondas enviadas a distintos destinos del Sistema Solar habían realizado sorprendentes descubrimientos, como los volcanes de Io (una luna de Júpiter), los lagos de hidrocarburos en Titán(el mayor satélite de Saturno), los géiseres de nitrógeno de Tritón (luna de Neptuno), entre otros muchos ejemplos.

New Horizons también intentará averiguar si Plutón tiene otros satélites que no han sido descubiertos. De momento, han sido localizadas cinco lunas: Caronte, Hidra, Nix, Cerbero y Estigia. Las dos últimas fueron descubiertas recientemente, en 2011 y 2012 respectivamente.

La sonda ha pasado gran parte de su viaje durmiendo para ahorrar energía. En total, ha estado hibernando 1.873 días repartidos en 18 periodos de entre 36 y 202 días. El pasado 6 de diciembre, salió de su última fase de hibernación para comenzar el periodo más importante de su misión, cuyo coste total asciende a 700 millones de dólares (unos 603 millones de euros).

Una vez complete su trabajo en el sistema de Plutón, si se encuentra en buen estado su misión en esta remota región del Sistema Solar se prolongará para que pueda sobrevolar uno o dos cuerpos celestes más del Cinturón de Kuiper, de entre 40 y 90 kilómetros de diámetro.

Por cierto, New Horizons lleva un puñado de cenizas de Clyde Tombaug (1906-1997), el astrónomo estadounidense que descubrió Plutón en 1930. Además de las cenizas, con las que la NASA hará un homenaje póstumo al padre de este planeta enano, la agencia ha metido en la nave otros objetos simbólicos, entre los que figuran una bandera de EEUU, una moneda de Florida, un CD con los nombres de casi medio millón de personas que escribieron a su página web y una pieza del SpaceShipOne, el primer vehículo espacial privado. También las sondas Voyager, los objetos creados por el hombre que más distancia han recorrido (la Voyager 1 ha salido incluso del Sistema Solar) llevaban discos con una selección de información sobre la Tierra y mensajes por si caía en manos de alguna civilización extraterrestre.

Por qué el Rey Carlos III es considerado «el mejor alcalde de Madrid»


ABC.es

  • El monarca adoquinó las calles y creó una red de alumbrado, alcantarillado y recogida de basuras. La Cibeles, Neptuno, la Puerta de Alcalá, el Botánico se levantaron gracias a él
Por qué el Rey Carlos III es considerado «el mejor alcalde de Madrid»

wikimedia | El retrato de Carlos III que se conserva en el Museo del Prado

Cuando Carlos III llegó a Madrid, a mediados del siglo XVIII, se topó con una ciudad de aspecto miserable. La limpieza pública era tan escasa que el propio Fernán Núñez, el biógrafo del Rey, no dudó en calificar a la capital de «pocilga». Barro, basura y excrementos componían una lamentable y maloliente imagen de la cabeza del Estado.

Ante esta situación, la necesidad de emprender una reforma profunda era evidente e imperiosa. Por eso, Carlos III se propuso encabezar una transformación de la villa y Corte. Para llevarla a cabo contó con el asesoramiento de su «mano derecha», Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, que junto al marqués de la Ensenada, inició cambios encaminados a la modernización del país.

Así, en Madrid se inició un ambicioso plan de ensanche en el que se proyectaron grandes avenidas, plazas con monumentos como Cibeles y Neptuno; se construyó el Jardín Botánico, el Hospital San Carlos (sobre el que hoy se levanta el Museo Reina Sofía) y el edificio del Museo del Prado (que iba a ser destinado al museo de Historia Militar) o el palacio del Buen Retiro. También se intervino para establecer un servicio de alumbrado público y de recogida de basuras, se adoquinaron las calzadas y se excavó una red de alcantarillado para recoger el agua de la lluvia. [Consulta el legado de Carlos III en Madrid en 10 pasos]

La principal labor constructora de Carlos III en Madrid perseguía un afán propagandístico. Todos los edificios se levantaron en puntos clave de la capital. Además, se engalanaron las principales puertas de entrada a la ciudad. La más célebre es la Puerta de Alcalá, aunque también le acompañan otras como la Puerta de Toledo o la desaparecida de San Vicente. Era la mejor carta de presentación para los visitantes de la ciudad.

Aunque la intención del monarca era poner Madrid a la altura del resto de capitales europeas, la nobleza española vio las reformas como imposiciones del que consideraban un «Rey extranjero». Carlos III fue el hijo del primero de la dinastía Borbón que gobierna en España, Felipe V, y de Isabel de Farnesio. Accedió al trono tras la muerte de su hermanastro, Fernando VI. Llegó a la Península con experiencia política a sus espaldas, ya que antes había reinado en Nápoles.

Las reformas de Esquilache caldearon tanto el ambiente entre los nobles que tras el famoso motín, que se bautizó con su apellido, tuvo que abandonó definitivamente España en abril de 1766. En el puerto de Cartagena partió con rumbo a Nápoles. Y ese día dejó escrito: «Yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y otras obras… que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me ha tratado tan indignamente».

Esta resistencia tan incomprensible para Carlos III le hizo declarar que los españoles eran «un pueblo anclado en infantiles torpezas». «Mis vasallos son como los niños: lloran cuando se les lava…». De esta manera se justificaba el principio rector de su reinado: «gobernar para el pueblo pero sin el pueblo». Dicho de otro modo, los españoles de la época daban tantas muestras de inmadurez que al Rey le parecía imposible concebir otra forma de gobierno que no fuera la del Despotismo Ilustrado.

Introdujo la colonia y la lotería

La NASA confirma el hallazgo de 715 nuevos planetas


ABC.es

  • Detectados por la nave Kepler, la mayoría son más pequeños que Neptuno y muchos forman parte de sistemas solares parecidos al nuestro. Disparan el número de exomundos conocidos a casi 1.700

La NASA confirma el hallazgo de 715 nuevos planetas

NASA Recreación artística de sistemas planetarios con estrellas que tienen más de un planeta en tránsito

La misión Kepler de la NASA ha anunciado el descubrimiento de un botín planetario con nada menos que 715 nuevos mundos extrasolares. Estos planetas orbitan 305 estrellas, lo que revela que conforman sistemas con múltiples planetas muy parecidos al nuestro.

Casi el 95% de estos planetas son más pequeños que Neptuno, que tiene casi cuatro veces el tamaño de la Tierra. Este descubrimiento marca un aumento significativo en el número de mundos de tamaño pequeño conocidos más similares a la Tierra que los identificados previamente.

«El equipo de Kepler continúa sorprendiéndonos con su caza de planetas», ha dicho John Grunsfeld, administrador asociado del Directorio de Misiones Científicas de la NASA en Washington. «Que estos nuevos planetas y sistemas solares se parezcan un poco a los nuestros, augura un gran futuro cuando tengamos el Telescopio Espacial James Webb en el espacio para caracterizar los nuevos mundos».

Desde el descubrimiento de los primeros planetas fuera de nuestro Sistema Solar hace aproximadamente dos décadas, la verificación de los mismos ha sido un proceso laborioso planeta por planeta. Ahora, los científicos tienen una técnica estadística que se puede aplicar a muchos planetas a la vez cuando se encuentran ante sistemas que albergan más de un planeta alrededor de la misma estrella.

Para verificar esta abundancia de planetas, un equipo de investigación codirigido por Jack Lissauer, científico planetario del Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, analizó las estrellas con más de un potencial planeta, todos los cuales fueron detectados en los dos primeros años de las observaciones de Kepler, de mayo de 2009 a marzo de 2011.

El equipo de investigación utilizó una técnica llamada de verificación por la multiplicidad, que se basa en parte en la lógica de la probabilidad. Kepler observa 150.000 estrellas y ha encontrado que unas pocas miles albergan candidatos a planetas. Si los candidatos estaban distribuidos al azar entre las estrellas de Kepler, solo un puñado tendría más de un candidato a planeta. Sin embargo, Kepler observó cientos de estrellas que tienen múltiples candidatos. A través de un cuidadoso estudio de esta muestra, se verificaron estos 715 nuevos planetas.

Como leones en la sabana

Según dicen los investigadores, este método se puede comparar con el comportamiento que sabemos de los leones y leonas. En nuestra imaginaria sabana, los leones son las estrellas de Kepler y las leonas son las candidatas a planeta. A veces, las leonas se observarían agrupadas mientras que los leones tienden a vagar por su cuenta. Si usted ve a dos leones, podrían ser un león y una leona o podrían ser dos leones. Pero si se reúnen más de dos grandes felinos, entonces es muy probable que sea un león y su manada. De este modo, a través de la multiplicidad, la leona se puede identificar de forma fiable de la misma forma que múltiples planetas candidatos se pueden encontrar alrededor de la misma estrella.

«Hace cuatro años, Kepler comenzó una serie de anuncios de primero cientos y luego miles de planetas candidatos, pero solo eran eso, candidatos», dice Lissauer. «Ahora hemos desarrollado un proceso para verificar múltiples candidatos a planetas en conjunto y lo hemos utilizado para dar a conocer una verdadera bonanza de nuevos mundos».

Más parecidos a la Tierra

Cuatro de estos nuevos planetas tienen menos de 2,5 veces el tamaño de la Tierra y orbitan en la zona habitable de su sol, el rango de distancia donde la temperatura de la superficie de un planeta en órbita puede ser adecuada para que exista agua líquida.

Uno de estos nuevos planetas en la zona habitable, llamado Kepler- 296f, orbita una estrella de la mitad del tamaño de nuestro Sol y un 5% más brillante. Kepler- 296f tiene el doble del tamaño de la Tierra, pero los científicos no saben si el planeta es un mundo gaseoso, con una espesa envoltura de hidrógeno y helio, o se trata de un mundo de agua rodeado por un océano profundo .

«Los planetas en estos sistemas múltiples son pequeños y sus órbitas son planas y circulares -parecidas a tortitas- en vez de la imagen clásica de un átomo», explica Jason Rowe, científico investigador en el Instituto SETI en Mountain View, California, y coautor de la investigación. «Cuanto más exploramos, más encontramos rastros conocidos de nosotros mismos entre las estrellas que nos recuerdan a casa».

Este último descubrimiento trae el recuento confirmado de planetas fuera de nuestro sistema solar a casi 1.700. Lanzada en marzo de 2009, Kepler es la primera misión de la NASA en busca de planetas similares a la Tierra potencialmente habitables. Los descubrimientos incluyen más de 3.600 candidatos, de los cuales 961 han sido verificados.

La investigación aparece publicada en la revista The Astrophysical Journal.

Encuentran una luna perdida de Neptuno


ABC.es

  • Náyade, de apenas 100 km de diámetro, ha permanecido oculta durante décadas por el brillo y la cercanía del planeta

Encuentran una luna perdida de Neptuno

SETI | Náyade, el punto de luz a la izquierda de Neptuno, en una imagen del Hubble

La luna más interna de Neptuno, la pequeña Náyade, de 100 km de ancho, fue descubierta por las cámaras de la sonda Voyager 2 en 1989. Después, se perdió su rastro, oculta por el brillo del planeta. Ahora, investigadores del Instituto SETI en Mountain View, California, han conseguido observarla por primera vez desde entonces. Lo han anunciado en la reunión anual de la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana que se celebra estos días en Denver (Colorado, EE.UU.).

«Náyade ha sido un objetivo difícil de alcanzar desde que la Voyager abandonó el sistema de Neptuno», explica Mark Showalter, investigador del SETI. Desde la Tierra, Neptuno es 2 millones de veces más brillante que Náyade, y ambos están muy juntos, separados solo por un segundo de arco. «Esto es equivalente a la anchura de un cabello humano a unos 15 metros de distancia», apunta Jack Lissauer, del centro de investigación Ames de la NASA y colaborador en la investigación. El equipo de astrónomos tuvo que desarrollar nuevas técnicas para eliminar el deslumbramiento de Neptuno hasta que Náyade fue finalmente revelada, moviéndose a través de una secuencia de ocho imágenes tomadas en diciembre de 2004.

Extrañamente, Náyade parece haberse desviado significativamente de su curso. Los astrónomos están perplejos por el hecho de que la luna está muy por delante de su posición orbital prevista. Se preguntan si las interacciones gravitacionales con otra de las lunas de Neptuno pueden haber causado su aceleración, aunque los detalles siguen siendo un misterio. Los astrónomos reconocen que se necesitan más observaciones para entender el movimiento de Náyade.

Arcos desaparecidos

Además de sus lunas, Neptuno alberga un familia de débiles anillos y arcos de anillo. Los arcos han ido cambiando poco a poco en los años transcurridos desde su descubrimiento. La Voyager vio un conjunto de cuatro arcos poco espaciados, pero en las imágenes más recientes los dos arcos delanteros han desaparecido y están completamente ausentes. Los arcos de arrastre, sin embargo, permanecen esencialmente sin cambios. Este sistema de arcos está probablemente limitado por los efectos gravitacionales de la cercana luna Galatea, pero la razón de los cambios a largo plazo es desconocida.

Showalter y sus colaboradores anunciaron el descubrimiento de una pequeña luna de Neptuno en julio. Esa luna, que no tiene más de 20 km de ancho, recibe el nombre provisional de S/2004 N 1. Los nuevos resultados presentados este martes se basan en los análisis más detallados de las mismas imágenes, todas obtenidas por el Hubble entre 2004 y 2009. Aunque Náyade es mucho más grande que la luna anunciada en julio, orbita más cerca de Neptuno y ha demostrado ser mucho más difícil de detectar.

«Siempre es emocionante descubrir nuevos resultados en datos antiguos -comenta Showalter-. Seguimos descubriendo nuevas maneras de ampliar el límite de la información que se puede extraer de la vasta colección de imágenes planetarias del Hubble».

Encuentran una luna perdida de Neptuno

Todas las lunas de Neptuno
SETI

La nueva luna de Neptuno


El Mundo

ASTRONOMÍA | Hallazgo del Instituto SETI

Recreación del planeta Neptuno y sus satélites en órbita. | NASA

Recreación del planeta Neptuno y sus satélites en órbita. | NASA

Un científico del Instituto SETI ha anunciado el descubrimiento de la luna más pequeña hallada en la órbita de Neptuno, la número 14, analizando imágenes tomadas por el telescopio Hubble hace varios años.

La nueva luna, conocida como ‘S/2004 N1’, tiene un diámetro de apenas 19 kilómetros y orbita fuera del sistema de anillos del pequeño planeta a unos 105.250 kilómetros de distancia y ni siquiera fue detectada por el vuelo cercano en 1989 de la sonda ‘Voyager 2’.

Mark Showalter, del Instituto de Investigaciones sobre Inteligencia Extraterrestre (SETI), encontró el leve punto blanco de la nueva luna de Neptuno el pasado 1 de julio, mientras estudiaba imágenes de larga exposición en el sistema de anillos del octavo y último planeta del sistema solar.

Showalter revisó un punto blanco que aparecía insistentemente en más de 150 instantáneas tomadas entre 2004 y 2009 por el telescopio orbital Hubble.

Revisión de 150 fotografías

“Las lunas y arcos del planeta orbitan muy rápidamente, así que se ha tenido que encontrar una manera de seguir su movimiento para poner de manifiesto los detalles del sistema”, ha apuntado. Showalter ha indicado que se trata de algo parecido a “un fotógrafo de deportes que hace un seguimiento de un atleta corriendo: el atleta se mantiene en foco, pero falta la definición del fondo”.

Así, el método implicaba seguir el movimiento de un punto blanco que aparece una y otra vez en más de 150 fotografías de archivo de Neptuno tomadas por Hubble desde 2004 hasta 2009. Fue entonces cuando Showalter notó que ese punto blanco se encontraba entre las órbitas de las lunas de Neptuno Larissa y Proteus y que completaba una vuelta alrededor de Neptuno cada 23 horas.

“Ésta es una luna que nunca se queda quieta en el mismo sitio para que se le pueda hacer una foto”, explicó Showalter sobre la gran velocidad con la que orbita este pequeño satélite.

Los otros 13 satélites

Tras declarar que Plutón no era un planeta en 2006, Neptuno se ha convertido en el planeta más lejano del sistema solar. El mayor de sus satélites es Tritón, con 2.700 kilómetros de diámetro, que además posee una órbita retrógrada, algo excepcional dentro de los grandes satélites. Por su parte, la luna Nereida, con 340 kilómetros de diámetro, tiene la órbita más excéntrica de todos los satélites del Sistema Solar: su distancia a Neptuno varía entre 1.353.600 y 9.623.700 kilómetros.

Antes de la llegada de la sonda espacial Voyager 2, sólo se conocían estos dos satélites, pero la nave de la NASA descubrió otros seis más: Náyade, Talasa, Despina, Galatea, Larisa y Proteo. Estos seis satélites, todos con menos de 200 kilómetros de diámetro, son los más próximos al planeta y poseen una órbita más interior que la de Tritón.

Después de eso, se han descubierto cinco pequeñas lunas más (mediante sondeos telescópicos) entre 2002 y 2003, situadas en órbitas lejanas al planeta, las cuales han recibido los nombres de Halímedes, Sao, Laomedeia, Psámate y Neso. Todas ellas poseen órbitas con elevada inclinación y tres tienen una órbita retrógada.

El nuevo satélite debería ser nombrado siguiendo las convenciones para los satélites de Neptuno (dios romano de los océanos), por lo que se buscaría entre deidades griegas o romanas relacionadas.

Los dos planetas más cercanos


El Mundo

  • La sonda Kepler de la NASA descubre una pareja de planetas que orbitan a la menor distancia jamás detectada entre dos mundos
Recreación artística del sistema planetario Kepler-36. | CFAImagínese vivir en un mundo en el que un gigantesco planeta gaseoso como Neptuno, tres veces mayor que las lunas llenas que vemos en la Tierra, emergiera en el horizonte. Éste es el espectáculo cósmico que disfrutaríamos si pudiéramos viajar a Kepler-36, un sistema planetario recién descubierto en el que dos mundos orbitan una estrella a muy poca distancia.

“Estos dos planetas tienen encuentros muy cercanos“, explica Josh Carter, un investigador del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica que ha participado en este hallazgo, publicado esta semana en la revista ‘Science’.

“Los dos mundos se encuentran a la distancia más cercana que hemos observado hasta ahora en todos los sistemas planetarios que se han descubierto”, añade el coautor del descubrimiento, Eric Agol, de la Universidad de Washington.

Según sus observaciones, en su momento de máxima aproximación, los dos planetas se encuentran a tan sólo 1,9 millones de kilómetros, 20 veces más cerca que la mínima distancia entre los planetas de nuestro Sistema Solar.

Los científicos descubrieron este fascinante sistema planetario con la nave Kepler de la NASA, que es capaz de de detectar un planeta cuando pasa por delante de su sol, y por tanto reduce durante un breve periodo la luz que emite la estrella.

El nuevo sistema se compone de dos planetas que orbitan una estrella parecida a nuestro Sol, aunque varios miles de millones de años más antigua. El mundo más próximo a la estrella, llamado Kepler-36b, es un planeta rocoso 1,5 veces más grande que la Tierra y con una masa casi cinco veces mayor. Orbita su sol cada 14 días a una distancia media de casi 18 millones de kilómetros.

El mundo más lejano, Kepler-36c, es un gigante gaseoso 3,7 veces mayor que la Tierra y con una masa ocho veces mayor. Este planeta orbita su estrella cada 16 días, a una distancia de 19 millones de kilómetros.

Cada 97 días, los dos planetas se aproximan hasta tal punto que la distancia entre ambos es sólo cinco veces la que separa la Tierra de la Luna. Como Kepler-36c es mucho más grande que nuestra Luna, la vista que ofrece al aparecer en el horizonte del planeta vecino es impresionante.

Sus descubridores están intentando comprender ahora cómo es posible que estos dos mundos tan diferentes acabaron teniendo orbitas tan cercanas. El hallazgo resulta sorprendente, teniendo en cuenta que en nuestro Sistema Solar, los planetas rocosos orbitan cerca del Sol, mientras los gigantes gaseosos se mantienen lejanos.

Aunque Kepler-36 es el primer sistema planetario en el que se han observado estos encuentros tan cercanos entre dos mundos,probablemente no será el último. “Ahora nos estamos preguntando cuántos sistemas cómo éste existirán ahí fuera”, afirma Agol.

Urano y Neptuno esperan una visita


El Pais

  • La enorme distancia de esos planetas dificulta las misiones de exploración – Las agencias espaciales irán antes a la luna Europa de JúpiterLa sonda espacial ‘Juno’ acaba de partir hacia Júpiter y llegará en 2016

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De los siete planetas que integran el Sistema Solar aparte de la Tierra, cinco han recibido ya la visita de naves espaciales automáticas que se les han puesto en órbita, e incluso en un par de ellos (Marte y Venus) han descendido artefactos al suelo. También hacia Plutón, desclasificado como planeta hace pocos años, viaja ahora una pequeña sonda, laNew Horizons. Puede parecer, por tanto, que es fácil viajar a esos mundos del vecindario terrestre y que se conoce casi todo de ellos. Ni lo uno ni lo otro. Aunque sean objetos celestes cercanos y susceptibles de ser estudiados con relativo detalle, en comparación con los de los confines del universo que se observan con telescopios, enviar a esos mundos naves cargadas de sensores y detectores científicos es un auténtico reto. Además, los presupuestos son limitados y las agencias espaciales tienen que elegir objetivos.

La última misión que ha partido es la Juno, que llegará a Júpiter dentro de cinco años, y que retomará allí las observaciones de su predecesora, la Galileo. Alrededor de Saturno está funcionando con enorme éxito la Cassini, también de la NASA. Pero Urano y Neptuno nunca han recibido una nave orbital, y las imágenes que envió la sondaVoyager 2 cuando pasó cerca de ellos -en 1986 y 1989 respectivamente- deslumbraron a los científicos tanto como abrieron su apetito por más exploración de esos dos enigmáticos mundos llamados gigantes de hielo.

“No creo que se hagan misiones a Urano y a Neptuno hasta dentro de 20 años o más”, comenta a EL PAÍS el estadounidense Andrew Ingersoll, experto en los grandes planetas del Sistema Solar. “Se acaba de lanzar la Juno hacia Júpiter, la Cassini está en órbita de Saturno y el siguiente [objetivo] en la línea de salida es Europa [satélite de Júpiter]; luego irán las lunas Titán y Encédalo [de Saturno] y, tal vez, Urano o Neptuno. Tenemos que desarrollar algunas tecnologías, como la aerocaptura para frenar en la atmosfera del planeta al llegar allí -en lugar de utilizar un motor cohete-“, continúa este científico del Instituto de Tecnología de California (Caltech).

“Sería muy interesante enviar naves científicas a Urano y Neptuno, ya que son un par de planetas semejantes entre ellos pero diferentes de la pareja Júpiter y Saturno”, apunta el científico español Agustín Sánchez-Lavega. “El problema es la gran distancia desde la Tierra; ha habido propuestas de misiones (yo mismo he participado en una de ellas), pero los dineros…”.

En realidad, los dos gigantes de hielo no están ausentes de los planes de la NASA. Esta es la única agencia que, por ahora, ha realizado o liderado misiones de exploración del Sistema Solar exterior, y tiene estudios de viabilidad y coste de proyectos para enviar sondas orbitales a ambos planetas. Pero nunca han pasado de la fase de proyecto. Uno de los informes más recientes, liderado por William B. Hubbard (Universidad de Arizona) concluía hace solo un año que se podrían preparar estas misiones para ser lanzadas entre 2020 y 2023; que tendrían un coste de entre 1.000 y 1.300 millones de euros y que se tardarían 13 años en llegar a Urano y 15 a Neptuno. “Júpiter es el planeta más masivo del Sistema Solar, el que uno quiere comprender para entender la arquitectura del resto, incluida la Tierra”, dice Dave Stevenson, científico de la misión Juno que acaba de partir. La nave llegará en 2016 al planeta gigante y estará allí un año en órbita, estudiando sus campos magnético y gravitatorio, su estructura interna, su dinámica atmosférica, sus auroras, su núcleo rocoso, si lo tiene… Ese planeta tiene 318 veces la masa de la Tierra, el de los anillos, 95 veces, mientras que Urano y Neptuno se quedan en 15 y 17 veces, respectivamente.

“Júpiter y Saturno se parecen y no”, dice Sánchez-Lavega. “Los dos tienen anillos, pero distintos; tienen campo magnético, pero distintos; tienen multitud de satélites diferentes -algunos básicos para la astrobiología, como Europa y Ganímedes, en Júpiter, y Titán y Encédalo en Saturno-“. También comparten incógnitas, como si tienen o no núcleo rocoso, la proporción de elementos químicos en su composición o cómo se generan en ellos los vientos huracanados y hasta qué profundida se extienden, señala este científico de la Universidad del País Vasco. En cuanto a Urano y Neptuno, “sería muy interesante enviar misiones allí ya que son un par semejante entre ellos pero diferentes del par Júpiter-Saturno, y entraríamos en una nueva fase de exploración a esos mundos, ya que hasta allí sólo ha llegado la Voyager 2 [sobrevoló Urano a 81.500 kilómetros de sus capa superior y Neptuno, acercándose a 5.000 kilómetros]”.

La órbita de Júpiter está a 778 millones de kilómetros del Sol; una distancia 5,2 veces la de la órbita terrestre a la estrella; la de Saturno, a casi diez veces, y hasta él no solo ha llegado la nave orbital Cassini, que está observando de cerca ese mundo y sus lunas, sino que merece mención especial la hazaña de la sonda Huygens de la Agencia Europea del Espacio (ESA). Viajó enganchada a la Cassini y una vez allí, en 2005, se soltó y descendió hasta el suelo de la luna Titán. Son mundos lejanos: Urano está a 19 veces la distancia de la Tierra al Sol, y Neptuno a 30 veces.

Viajar hasta esos dos planetas, frenar al llegar para ponerse en órbita y no pasar de largo, suministrar energía a todos los equipos de la nave (la Juno es la primera sonda que lleva paneles solares en lugar de un generador nuclear como las misiones lejanas anteriores), optimizar las comunicaciones y la transmisión intensa de datos, son problemas tecnológicos difíciles. En el mundo espacial siempre hay que tener en cuenta, además, que no cabe el error o el fallo (muy pocos se pueden arreglar una vez en el espacio) y hay que ajustarse a los presupuestos limitados de las agencias espaciales así como a las capacidades de lanzamiento, peso y tamaño que imponen los cohetes disponibles para iniciar el viaje.

“Urano y Neptuno son tan interesantes como Júpiter y Saturno”, afirma Ingersoll. “Son más pequeños y menos masivos, pero sus densidades son mayores que las de Júpiter y Saturno, que están hechos de elementos más ligeros -hidrógeno y helio-. Urano y Neptuno tienen densidades que están entre las de los planetas rocosos del Sistema Solar interior y las de los gigantes gaseosos, y que casan con la densidad del agua y otras sustancias que están heladas a esas temperaturas planetarias, por lo que se denominan gigantes de hielo”.

Los científicos quieren comprender la razón de las notables diferencias de los grandes planetas, y han propuesto teorías al respecto, pero hay que obtener los datos para confirmarlas o refutarlas. Una hipótesis, señala Ingersoll, es que, en la fase inicial del Sistema Solar, la materia estaba demasiado dispersa a la altura de Urano y Neptuno, por lo que estos se formaron más despacio que los otros, y cuando habían desarrollado sus núcleos masivos, la mayor parte del gas (hidrógeno, helio y gases nobles) había sido barrido por el viento solar.

“Me gustaría saber cómo se formaron Urano y Neptuno y una manera de saberlo es averiguar de qué está hecho su interior, si tienen núcleos de roca o grandes centros helados”, continúa Ingersoll. “Además, sería interesante saber si tiene gases nobles (neón, argón, kriptón, xenón) en sus atmósferas, lo que nos indicaría si se formaron directamente de la nebulosa planetaria (la nube de gas y polvo alrededor del Sol primitivo) o a partir de cometas posteriores a la formación de la estrella”.

Aunque algunas tecnologías deben ser refinadas y ensayadas antes de emprender un viaje a los planetas lejanos del Sistema Solar, nada fundamental impide hacerlas, excepto la financiación. El informe de Hubbard y sus colegas propone misiones dobles, es decir, compuestas de un artefacto que se ponga en órbita del planeta durante un par de años, y una sonda de descenso, como la que envió la Galileo a la atmósfera de Júpiter en 1995. Y Urano resulta más accesible, indican estos expertos, sobre todo, como apuntaba Ingersoll, porque es más difícil en Neptuno la aerocaptura, es decir, la técnica para que la nave espacial pierda velocidad por rozamiento con la atmósfera del planeta y logre ponerse en órbita, lo que exige protección térmica especial y gran precisión en la maniobra.

Urano se puede llegar a ver a simple vista, para observar Neptuno hace falta un telescopio. Habrá que esperar para ir a explorarlos de cerca.

Ya lo dijo Arthur C. Clarke

“Todos estos mundos son vuestros, excepto Europa. No intentéis descender allí”. Con este mensaje del asombroso ordenador Hal, en la novela 2010 Odisea dos, Arthur C. Clarke confiere un estatus especial a esa luna de Júpiter, una de las cuatro que descubrió Galileo Galilei en 1610. El objetivo del mensaje es proteger formas de vida acuática en Europa. Aunque lejos de tener prueba alguna de que sea cierto, muchos investigadores no ven disparatada en absoluto esa presunción del gran novelista (y científico) sobre vida extraterrestre. Europa, por sus condiciones especiales, incluido un posible océano bajo su capa helada, se considera uno de los rincones idóneos del Sistema Solar para albergar vida, al igual que otro de los satélites jupiterianos, Ganímedes, y dos de Saturno: Titán (con una atmósfera rica en metano) y Encédalo.

Tan atractivas pueden ser para la NASA estas hipótesis -o especulaciones, según muchos-, que el experto Agustín Sánchez-Lavega apunta la aparente ausencia en Urano y Neptuno de satélites interesantes para la búsqueda de vida extraterrestre como uno de los factores que pudieran influir en el hecho de que no se hayan emprendido, hasta ahora, viajes específicos de exploración de esos dos planetas.

Pero, volviendo a la Europa de Júpiter, su protección es un compromiso de las misiones espaciales de verdad, no sólo de las de la saga 2001.

“Hemos planeado estrellar la nave Juno en Júpiter [cuando termine allí su misión de un año en órbita] por lo que se denomina protección planetaria”, explica Steven Levin, científico del proyecto. “Estados Unidos respeta los acuerdos internacionales que exigen la garantía de que no se contaminan otros mundos que potencialmente pueden albergar vida”, continúa.

Scott Bolton, investigador principal de la Juno, añade que, aunque las naves espaciales se construyan, se monten y se prueban en la Tierra en condiciones de máxima limpieza “no es posible esterilizarlas completamente”. Si se abandonase la Juno cuando deje de funcionar, es casi seguro que, con un 99% de probabilidades, acabaría precipitándose en Júpiter en algún momento y destruyéndose. Pero no se puede descartar que la nave acabase estrellándose en Europa, contaminando así esa luna potencialmente especial. “El 99% no es suficiente: en el proyecto Juno hemos tenido que demostrar que hay menos de una probabilidad en 10.000 de que contamine Europa”, añade Levin. Por esto, al final de la misión, antes de que la radiación de Júpiter deteriore definitivamente la nave, se enviarán órdenes para que encienda sus propulsores y se dirija hacia la atmósfera de Júpiter, donde se quemará sin riesgo de contaminar nada. Será una maniobra de suicidio programado como hizo ya allí mismo, y por igual motivo, la nave Galileo, en 2003, al finalizar su misión.

“Sería horrible que, dentro de 50 años, se mandase una misión a Europa, que encontrase allí vida y que no se pudiera determinar que fuera vida autóctona y no contaminación terrestre”, concluye Levin.

Neptuno completa su primera órbita desde que fue descubierto hace 165 años


EFE – El Mundo

Neptuno, el planeta gaseoso por excelencia y el más distante del Sistema Solar, completó el Martes la primera órbita de su historia desde que fue descubierto, hace 165 años.

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Cuatro planos de Neptuno tomados por el Hubble, el telescopio de la NASA | NASA

A modo de homenaje, la NASA ha publicado unas fotografías captadas por el telescopio espacial ‘Hubble’ en interválos de cuatro horas en las que se pueden apreciar los tonos azulados y verdes de este planeta,que prácticamente fue descubierto por casualidad. Las imágenes ofrecen una imagen completa del planeta que cumple así su primera órbita alrededor del Sol desde su descubrimiento.

En realidad, fueron las investigaciones sobre Urano en el siglo XVIII, el séptimo planeta del Sistema Solar y el que se creía hasta entonces el último, las que condujeron a pensar que podría haber otro planetaaún más lejano, recordó la NASA en un ejercicio de memoria.

Descubrimiento de Herschel

El astrónomo británico William Herschel y su hermana Caroline descubrieron Urano en 1781, ampliando así las fronteras del Sistema Solar. Sin embargo, poco después, se dieron cuenta de que su órbita no funcionaba tal y como predecían las leyes de Kepler y de Newton.

En 1821, mientras estudiaba Urano, el astrónomo francés Alexis Bouvard consideró que cabía la posibilidad que otro planeta estuviese ejerciendo algún tipo de atracción y alterando su movimiento. No obstante, los primeros cálculos aún tardarían veinte años en llegar.

El francés Urbain Le Verrier y el británico John Couch Adams, ambos matemáticos y astrónomos, predijeron de forma independiente el lugar en el que supuestamente se encontraba ese misterioso planeta calculando cómo afectaría la gravedad de un hipotético objeto al campo de Urano.

Uno de los mayores hallazgos astronómicos

Le Verrier, que entonces era el director del Observatorio de París, envió una nota al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle. En ella describía la posible localización del objeto. Tras dos días de observación, el 23 de septiembre de 1846, Galle logró identificar a Neptuno como un planeta. Estaba a menos de un grado de la posición que habían calculado Adams y Le Verrier.

La NASA asegura que el descubrimiento fue considerado uno de los mayores hallazgos astronómicos desde la teoría de la gravedad de Newton y contribuyó a entender mejor el Universo.

No obstante, Galle no fue el primero en ver Neptuno: en diciembre de 1612 el astrónomo Galileo Galilei tuvo el privilegio de dar con élmientras observaba Júpiter y sus lunas. Sin embargo, según revelan sus notas en las que apuntó la exacta posición de Neptuno, Galilei confundió el planeta gaseoso con una estrella.

‘Ampliación’ del Sistema Solar

El descubrimiento de Neptuno dobló el tamaño del Sistema Solar conocido, ya que el planeta se encuentra a 4.500 millones de kilómetros del Sol, treinta veces más lejos que La Tierra.

Su bautismo también fue objeto de disputa entre los científicos ya que querían dar sus propios nombres al nuevo planeta. La comunidad científica se decantó por Neptuno, el dios romano del mar, un nombre mitológico en consonancia con el resto de planetas.