1967 – Primavera de Praga


Primavera de Praga, nombre que reciben los acontecimientos que tuvieron lugar en Checoslovaquia en 1967 y 1968, cuando en dicho Estado se intentó llevar a cabo una serie de reformas para liberalizar al existente régimen comunista similar al modelo soviético.

Desde 1957 hasta 1968 Checoslovaquia fue gobernada por el régimen estalinista del presidente y primer secretario del Partido Comunista Checoslovaco, Antonin Novotný. Los intelectuales y funcionarios comenzaron a verter duras críticas tanto sobre él como sobre su política durante la década de 1960. Se culpó al régimen soviético implantado por Novotný de la crisis y estancamiento que habían afectado al sistema desde comienzos de dicha década. Hacia 1967, tanto la sociedad como los propios miembros del Partido Comunista consideraban ineficaz la gestión del presidente. Novotný fue obligado a abandonar el poder en enero de 1968 y su cargo pasó a manos de Alexander Dubcek, que prometió “un socialismo con rostro humano”. Su intento de transformar el comunismo se anticipó a su tiempo, y tenía muchos puntos en común con las reformas liberales emprendidas casi veinte años más tarde por Mijaíl Gorbachov en la propia Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los principios del proyecto de Dubcek consistían en la descentralización de la economía y la burocracia, la concesión de libertad de prensa y el mantenimiento de relaciones más conciliatorias con Europa Occidental. Los cambios introducidos fueron respaldados por un importante sector de las sociedades checa y eslovaca.

En los primeros momentos, la URSS, presidida por Leonid Brezhnev, apoyó el ascenso de Dubcek al poder, pero hacia la primavera de 1968 comenzó a percibir el caso checoslovaco como una amenaza para la influencia soviética y su hegemonía sobre otros miembros del bloque soviético de Europa del Este. Brezhnev autorizó la ocupación de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia el 21 de agosto de 1968. Se produjeron sublevaciones y en abril de 1969 Dubcek fue sustituido como primer secretario del Partido Comunista por Gustav Husák, un miembro de la oposición conservadora. Se perdió así una oportunidad para el progreso y el cambio que sólo fue revivida en la década de 1980, cuando se produjo la caída final del comunismo en los países satélites de la URSS.

Así era el cañón que Rusia disparó desde una estación espacial en medio de la Guerra Fría


Durante varias décadas la Guerra Fría desató un nivel de rivalidad tan alto entre los Estados Unidos y Rusia (además de la tensión evidente) que incluso los llevó al espacio. Ambos querían ser los mejores en materia espacial, incluyendo la posibilidad de enfrentamientos fuera de la atmósfera. Esta era la arma rusa con la que esperaban defender sus estaciones espaciales de una “invasión”.

Sí, los rusos tenían el temor y la certeza de que los Estados Unidos tarde o temprano atacarían sus satélites y estaciones espaciales, esas que supuestamente no existían (dado que eran secretas). Por ello desarrollaron un cañón especial para defender sus bases espaciales de una posible invasión o ataque por parte de sus eternos rivales en la Guerra Fría, e incluso llegaron a dispararlo.

De este cañón se ha hablado mucho durante muchos años, pero recientemente en un programa de televisión ruso lo mostraron por primera vez. Fue entonces cuando Anatoly Zak (RussianSpaceWeb), un experto y apasionado por la tecnología espacial rusa, se dedicó a hacer un modelo virtual del cañón, que vemos sobre estas líneas.

Su nombre es “R-23M Kartech” y básicamente era un cañón de 23 mm diseñado para esta ubicado en la estación espacial “Almaz”, cuya existencia era negada por los rusos en aquel momento. Esta es una versión de un cañón similar ruso que fue usado en un avión bombardero, y después modificado para operar en el espacio.

Por supuesto, este cañón estaba muy limitado en el espacio. Aunque los cosmonautas podrían operarlo perfectamente desde el interior de la estación espacial, tenían que girar la estación Almaz por completo para apuntar el cañón, y hablamos de una estación de 20 toneladas en el espacio.

El R-23M Kartech fue instalado en la Estación Espacial Almaz a mediados de la década de 1970, y se mantuvo en secreto hasta hace poco tiempo. El 24 de junio de 1975 el cañón fue disparado por primera (y única) vez en el espacio; todas las balas se desintegraron al entrar en órbita y la estación espacial tenía que encender sus propulsores para poder contrarrestar el rebufo del cañón al disparar.

Es, sin duda, una de las historias más curiosas de la ambición espacial rusa durante la Guerra Fría, y como querían prepararse para tener enfrentamientos bélicos incluso a gravedad cero. [vía Popular Mechanics]

 

Todas las imágenes: Anatoly Zak (RussianSpaceWeb) vía Popular Mechanics.

Cámara de Ámbar


Tras un día ver uno de nuestros  programas favoritos, Cuarto Milenio nos surgió el interés por saber mas de la Cámara de Ámbar y que queremos compartir con vosotros su origen.

Original (en ruso: Янтарная комната, esto es, Yantárnaya kómnata, y en alemán Bersteinzimmer), situada en el Palacio de Catalina de Tsárskoye Seló (cerca de San Petersburgo), fue una lujosa habitación del zar de Rusia consistente en un conjunto de paneles de distintos tamaños, zócalos y muebles formados por miles de astillas de ámbar cuyo precio era doce veces superior al del oro.

La Cámara fue elaborada entre 1701 y 1707 por dos equipos de artesanos alemanes y daneses, con los adornos hechos de ámbar y decorados con hojas de oro, valiosas gemas y espejos hasta que fue completada y colocada en el Palacio Real de Berlín. Tras sucesivas ampliaciones, la Cámara alcanzó una extensión de 55 metros cuadrados y hasta 6 toneladas de ámbar se usaron en su construcción. La Cámara fue admirada por el zar Pedro I el Grande de Rusia durante una visita a Berlín y luego se convirtió en un regalo de Federico Guillermo I de Prusia al propio zar en 1716 para estrechar las relaciones diplomáticas entre ambas naciones y desde entonces fue considerada el orgullo de la corte del Imperio Ruso.

La Cámara fue instalada por la emperatriz Isabel I de Rusia en el Palacio de Catalina de Tsárskoye Seló, la residencia de verano de los zares de Rusia, siendo un monumento artístico bien preservado incluso tras la Revolución de 1917 y la guerra civil que le siguió.

Al empezar la invasión alemana de la URSS en junio de 1941 durante la Segunda Guerra Mundial, especialistas enviados por el gobierno soviético trataron de evacuar la Cámara de Ámbar hacia Sverdlovsk, como ya se había hecho con la mayor parte de tesoros artísticos de Leningrado y sus alrededores. Los especialistas soviéticos no pudieron cumplir su tarea pues el paso de los siglos había debilitado el ámbar hasta hacerlo muy frágil y resultaba imposible demantelar la Cámara sin romper los paneles. Sin tiempo para seguir su trabajo debido al rápido avance de la Wehrmacht, el personal soviético apenas pudo cubrir la Cámara con papel común para tratar de esconderla.

El gobierno del Tercer Reich incluyó la Cámara en la lista de obras de arte para su saqueo y las tropas germanas la descubrieron pronto al ocupar Tsárkoye Selo el 17 de septiembre de 1941 antes de empezar el Sitio de Leningrado. Especialistas alemanes desmontaron la Cámara tras 36 horas continuas de trabajo, extrayendo los paneles de las paredes y la trasladaron al Castillo de Königsberg, donde fue exhibida en noviembre de 1941.

La Cámara fue vista por última vez durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, en tanto el Castillo de Königsberg sufrió daños cuando la RAF británica bombardeó la ciudad en julio de 1944. Cuando en enero de 1945 las tropas del Ejército Rojo lanzaron su Ofensiva de Prusia Oriental, las autoridades nazis trataron de evacuar los tesoros artísticos de Königsberg hacia el oeste, pero es dudoso que se lograse rescatar la Cámara de Ambar en el caos de la Evacuación de Prusia Oriental. Hay hipótesis que determinan la desaparición de la Cámara en el naufragio del barco alemán que la evacuaba de Königsberg, pero otras apuntan a que nunca pudo ser retirada y quedó destruida en los duelos de artillería entre alemanes y soviéticos durante la Batalla de Königsberg a inicios de abril de 1945. Investigaciones realizadas en la URSS no hallaron rastros de la Cámara en el Mar Báltico ni en posibles escondites de la región.

En 2003 la Cámara fue remplazada por una copia situada en el mismo Palacio de Catalina de Tsárskoye Seló, realizada con recursos de empresas alemanas, encabezadas por la compañía Ruhrgas AG, del grupo E.ON, y cor artesanos y artistas rusos y alemanes. El presidente ruso, Vladímir Putin, y el canciller alemán, Gerhard Schröder, la inauguraron en el final de los festejos del aniversario 300 de la ciudad de San Petersburgo.

El último zar será exhumado para investigar la autenticidad de los restos


El Mundo

  • La Casa Imperial, que siempre ha puesto en duda la autenticidad de los restos y exige nuevas pruebas, aplaudió la decisión
Retrato de la familia del zar Nicolás II.

Retrato de la familia del zar Nicolás II.

Rusia exhumará los restos del último zar, Nicolás II, asesinado por los bolcheviques junto a toda su familia en 1918 y que fue enterrado con todos los honores en 1998 en San Petersburgo.

El Comité de Instrucción de Rusia (CIR), que cerró el caso en enero de 2011, decidió reabrir hoy la investigación para realizar nuevas pesquisas sobre la autenticidad de los restos, como exigen los descendientes y la Iglesia Ortodoxa Rusa (IOR).

“Para ello es necesario efectuar la exhumación de los restos del emperador Nicolás II y de la emperatriz, Alexandra Fiódorovna en la catedral de Pedro y Pablo en San Petersburgo”, informó el portavoz del Comité de Instrucción, Vladímir Markin, a medios locales.

Explicó que el CIR tomó esta decisión tras la creación de un grupo de trabajo interministerial para el entierro de los restos del heredero de Nicolás II, el zarévich Alexéi, y su hermana, la Gran Duquesa María, cuyos restos fueron encontrados en 2007.

Ese grupo de trabajo propuso investigar los restos de la hermana de la emperatriz (Elizaveta Fiódorovna), enterrada en Jerusalén y extraer muestras de sangre del abuelo del último zar, el emperador Alejandro II, lo que exige la exhumación de Nicolás II y su esposa.

Otras fuentes informaron a la agencia Interfax de que expertos genéticos ya tomaron hoy, en presencia del representantes del CIR y de la IOR, muestras del esqueleto de Nicolás II y de la ropa de su abuelo, asesinado en 1881 en un atentado con bomba.

La Casa Imperial rusa, que siempre ha puesto en duda la autenticidad de los restos encontrados y exige nuevas pruebas genéticas, aplaudió la decisión de las autoridades rusas.

“Si es necesario alguna exhumación, debe realizarse. Esto es un asunto demasiado importante”, dijo el representante de la Casa Imperial Rusa, Alexandr Zakatov, a esa agencia.

La jefa de la Casa Imperial Rusa, María Románova, residente en Madrid, calificó de “acertada” y “muy importante” la reapertura del caso, ya que “hay que responder a preguntas que preocupan a mucha gente”.

“El proceso de investigación debe ser transparente. Estamos a favor de que durante todas las fases estén presentes representantes de la Iglesia. Entonces habrá oportunidad de esclarecer la verdad: estos son restos de los zares mártires o pertenecen a otras personas”, agregó Zakátov.

Los restos atribuidos al zar, su esposa y tres de los hijos fueron exhumados en 1991 y sepultados en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en 1998, en presencia del entonces presidente ruso, Borís Yeltsin, y representantes de casas reales.

Tras el cierre del caso, expertos rusos encontraron en 2007 en un bosque cerca de Yekaterimburgo (Urales) otros restos óseos que pruebas genéticas realizadas en EEUU confirmaron que pertenecían a Alexéi y a María, lo que obligó a reabrir la investigación.

En octubre de 2008 el Tribunal Supremo de Rusia rehabilitó a la familia imperial al dictaminar que el zar, su esposa Alejandra y sus cinco hijos -las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia y el heredero de la corona, el zarevich Alexéi- fueron víctimas de la represión política bolchevique.

El CIR dio por concluido el caso en 2011 al considerar que el Supremo había cerrado esa página de la historia del país al dictaminar que la familia imperial fue asesinada “por motivos de clase, sociales y religiosos”, ya que sus asesinos consideraban que “representaban un peligro para el estado soviético y el orden político” vigente en 1918.

Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos fueron ejecutados el 17 de julio de 1918, en medio de la guerra civil que estalló en Rusia tras la Revolución de Octubre de 1917, en un sótano de la casa Ipátiev de Yekaterimburgo.

Encuentran un cachorro perdido… momificado hace 12.000 años


ABC.es

  • Un grupo de arqueólogos lo hallaron en una región remota de Siberia, buscando probar que nuestros ancestros ya domesticaban cachorros
mirror

mirror

Un grupo de científicos ha descubierto un cachorro momificado desde hace 12.000 años —en «perfecto estado de conservación»— y se cree que es hermano de otra cría de perro encontrada hace cuatro años en una zona cercana.

Según informa «Mirror», este último descubrimiento en el permafrost —la capa de suelo que permanece semicongelada en lugares fríos— de Siberia, tenía como objetivo probar que nuestros ancestros ya domesticaban perros hace miles de años.

Además, se cree que los amos podrían haber sido cazadores de mamuts que ya se protegían del frío con prendas de lana.

Todavía cubierto en barro, el animal fue encontrado a sólo dos metros del enclave en el que se encontró a otro cachorro hace cuatro años.

Pero, ¿cuál fue la causa de la muerte?. Los arqueólogos creen que los dos perros murieron enterrados en un corrimiento de tierras repentino en los márgenes del rió Syalakh, en la remota república siberiana de Sakha, Rusia.

«El estado del cuerpo es perfecto. Se ha preservado de pies a cabeza, incluido el pelo», dijo Sergei Fedorov, del Museo del Mamut en Yakutsk.

El propósito de la expedición era «encontrar restos de actividad humana en la zona, probando que los cachorros de la época fueron los primeros en ser domesticados por seres humanos».

Encontraron los restos de actividad humana, además de herramientas hechas con huesos, cerca de los lugares donde se encontraron a los dos cachorros, probando su hipótesis.

¿Por qué Rusia quiere controlar el Ártico?


ABC.es

  • «El Ártico es una Meca rusa», ha escrito en Twitter el viceprimer ministro ruso tras su visita reciente al archipiélago noruego de Svalbard
 nasa Imagen satélite del Cículo Polar Ártico

NASA | Imagen satélite del Cículo Polar Ártico

Con una guerra empantanada en el este de Ucrania y con las consecuentes sanciones económicas de Occidente, Rusia no cesa en su búsqueda de alternativas económicas para no hundirse. Por un lado, intenta reforzar sus alianzas con socios estratégicos como Venezuela y por el otro, profundiza en su exploración energética a lo largo de su extenso territorio. A este respecto, parece dirigirse el Gobierno de Putin con el Ártico, donde además de Rusia otros siete países son propietarios y benefactores de los recursos naturales del fondo marino: Canadá, Dinamarca por Groenlandia, Noruega, Estados Unidos, Suecia, Finlandia e Islandia.

«El Ártico es una Meca rusa», ha escrito en Twitter el viceprimer ministro ruso tras su visita reciente al archipiélago noruego de Svalbard. Tal como analiza «BBC Mundo», estas declaraciones, más que una provocación, fueron una declaración de principios. En el mismo artículo recuerdaa que, en 2007, el vicepresidente de la Cámara de Diputados rusa y también popular explorador polar, Artur Chiligárov, colocó en el fondo del Ártico una cápsula de titanio.

Para sobreponerse a la crisis económica, que a duras penas está sabiendo apaciguar el Gobierno, Putin trata de abrir nuevas rutas de tránsito, en las que ha encontrado nuevos depósitos de petróleo y minerales. Según un artículo de «Oro y Finanzas», para este propósito, Moscú está planificando una militarización con la que consolidar su fuerza antes de fin de año ante la mirada de sus vecinos.

El Ártico contiene nada menos que el 25% de las reservas mundiales de petróleo y gas, no descubiertas y que se esconden bajo sus gélidas aguas. Moscú, sabedor de este dato y del progresivo deshielo, quiere posicionarse en lo que es una zona mucho más tranquila tanto en política como en volatilidad económica que Oriente Próximo.

El Ministerio de Defensa ruso ha desclasificado decenas de informes secretos sobre las unidades que ayudaron a su país a vencer a Hitler


ABC.es

  • El Ministerio de Defensa ruso ha desclasificado decenas de informes secretos sobre las unidades que ayudaron a su país a vencer a Hitler
 Memorial Normandie-Niemen Dos de los pilotos que viajaron hasta la U.R.S.S. para servir a las órdenes de Stalin

Memorial Normandie-Niemen
Dos de los pilotos que viajaron hasta la U.R.S.S. para servir a las órdenes de Stalin

Es innegable que los franceses no lograron resistir la invasión de la «Wehrmacht» (las fuerzas armadas germanas) poco más de un mes y que solicitaron el armisticio a Adolf Hitler tras apenas 46 días de combates. Sin embargo, también es verídico que –durante la Segunda Guerra Mundial- fueron muchos los galos que se alistaron en los grupos de resistencia que se ubicaban dentro y fuera de la región (las «Forces françaises libres» y la «Résistance intérieure française» que dirían por allí) para combatir al nazismo y expulsar a los invasores de su país.

Además de tropas terrestres, entre aquellos que se decidieron a declinar el colaboracionismo del régimen de Vichy (instaurado por Petain una vez que se sacó la bandera «blanc» y se rindió el país) se hallaban también varias unidades de pilotos de combate. Y, a su vez, entre las mismas se encontraba la unidad «Normandie», un grupo de aviadores que decidieron viajar hasta la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y ponerse allí a las órdenes de Iósif Stalin para enfrentarse a sangre y ametralladora a la «Luftwaffe» (la fuerza aérea del ejército germano).

La «Normandie», desclasificada

Aunque la historia de los valientes de la unidad «Normandie» es conocida desde hace varios años, se ha vuelto a poner de moda gracias a una serie de documentos secretos que ha desclasificado hace pocas jornadas el Ministerio de Defensa de Rusia para celebrar el 70 aniversario de la «Gran Victoria» (la jornada en la que se conmemora la victoria soviética contra los nazis). Concretamente, el gobierno de este país ha publicado multitud de informes sobre la participación de las unidades extrajeras en el Ejército Rojo como combatientes.

Entre los grupos nombrados en los documentos destacan cientos de soldados checoslovacos, rumanos, yugoslavos, húngaros, polacos (con aproximadamente 80.000 voluntarios) y, como no podía ser de otra forma, los franceses. Entre estos últimos se hallan los hombres del regimiento «Normandie», los cuales lucharon desde 1943 hasta 1945 a las órdenes del dictador soviético desde territorio ruso. Su participación fue destacada, pues realizaron más de 5.000 vuelos de combate y destruyeron nada menos que 278 aeroplanos enemigos. Muchos de aquellos hombres, incluso, fueron galardonados con el título de Héroe de la U.R.S.S.

Los documentos son un total de 250 y han sido publicados en una de las páginas oficiales del gobierno ruso. Entre ellos hay órdenes entre oficiales del Ejército Rojo, acuerdos de gobierno entre varias regiones, telegramas o descripciones de combates. Con todo, esta no es la primera vez que los rusos desclasifican una ingente cantidad de documentos oficiales sobre la contienda, pues ya lo hicieron hace algunos años revelando decenas de instantáneas sobre la situación entre la U.R.S.S. y la Alemania nazi antes de la contienda.

Voluntarios al servicio de Stalin

La «Normandie» fue una de las unidades a las que el general De Gaulle (líder de la resistencia francesa exterior desde Gran Bretaña) instó a combatir contra los alemanes –y mano a mano con los aliados- después de que estos tomaran el país en junio de 1940. «Las Fuerzas de la Francia Libre continuaron su lucha contra los alemanes en Egipto, Siria, Líbano, Chad, Libia, las islas del Pacífico por tierra, mar y aire», explican en la página web oficial del museo francés dedicado a la unidad.

Sin embargo, no se pensó en que este grupo de aviadores podría viajar a la U.R.S.S. hasta que Hitler rompió el pacto de no agresión que mantenía con Stalin en junio de 1941 e inició la «Operación Barbarroja» (el asedio del territorio ruso). Así pues, hubo que esperar hasta febrero de 1942 para que el Ejército Rojo aprobase la idea de acoger pilotos galos en sus fronteras. La «Normandie», como así se llamó, fue el tercer grupo de caza de las fuerzas francesas ubicadas en Gran Bretaña y se sumó a los de «Alsace» e «Ile de France».

Así pues, tras extensas negociaciones con la U.R.S.S. la «Normandie» (14 pilotos de combate y 1 de enlace, además de seis decenas en personal de apoyo) se desplazó a 250 kilómetros de Moscú el 2 de diciembre de 1942. «Allí tuvieron que adaptarse a las malas condiciones climáticas. La vida fue muy dura para ellos, que soportaron temperaturas de hasta 30 grados bajo cero sin haberlas sufrido antes. También pasaron escasez de alimentos y adaptarse a volar en condiciones climáticas adversas y de nieve casi constante», se explica desde el memorial francés.

Campañas y glorias

Tras ser aceptados oficialmente por los soviéticos, la «Normandie» participó en su primera campaña a partir del 22 de marzo de 1943. Durante aquellos primeros combates, los pilotos impresionaron, según los documentos oficiales, a la aviación de la U.R.S.S. en las múltiples misiones que llevaron a cabo (entre ellas, la escolta de bombarderos Pe-2 o el simple ataque de posiciones tomadas por la «Luftwaffe»). Y es que, según, parece siempre estaban en vanguardia. No obstante, y a pesar de que sus victorias se fueron acumulando, también lo hicieron sus bajas sufridas, por lo que el 10 de mayo de 1943 tuvieron que ser enviados varios aviadores de refuerzo para suplir a los caídos.

En aquella primera campaña, los pilotos de la «Normandie» lucharon en el frente de Moscú logrando sus cinco primeras victorias y ganando en el mismo número de ocasiones la «Orden de la Guerra Patria». En este período participaron también en la batalla de Smolensk (una ofensiva masiva soviética contra las líneas germanas ubicadas al oeste de la U.R.S.S.) en 116 misiones. A finales de ese mismo año, esta unidad contó con un número de pilotos que difícilmente se igualaría posteriormente (un total de 61).

En esta campaña se destacó, entre otros tantos, el piloto Yves Mahé quien, en 1943, mantuvo un combate aéreo contra tres cazas nazis y, de forma sorprendente, logró escapar tras intercambiar varios disparos contra uno de ellos. Curiosamente, este aviador fue derribado, capturado por los alemanes y condenado a muerte por un tribunal germano (destino que logró eludir tras escaparse). Finalmente, regresó a su país de origen.

Tras un breve descanso, en mayo de 1944 comenzó la segunda campaña de estos aviadores galos, en quienes ya confiaban absolutamente los hombres de Stalin. De hecho, fue por entonces cuando se les dotó con el caza «Yak-3», uno de los mejores aviones soviéticos de la época. El 28 de noviembre de ese mismo año, el mismísimo líder supremo de la U.R.S.S. otorgó a la unidad el sobrenombre de «Niemen» para conmemorar su gran actuación en el cruce de dicho rio por las tropas del Ejército Rojo. Acababa de nacer una leyenda, la «Normandie-Niemen». Sus últimas misiones las realizaron en 1945, año en que los soviéticos iniciaron la reconquista del territorio perdido ante Hitler.

Los pilotos de la «Normandie-Nimen» regresaron a casa con 5.240 misiones realizadas, 273 victorias confirmadas, 36 probables y una ingente cantidad de condecoraciones en su zurrón. A su vez, tuvieron el honor de ser los primeros militares galos en entrar en Alemania.


La «Normandie-Niemen», una unidad de récord

Los increíbles perros-bomba soviéticos entrenados para destruir tanques nazis


ABC.es

  • En 1942, los rusos entrenaron canes para que se arrastrasen debajo de los carros de combate y los hiciesen explotar
YOUTUBE Un perro-mina se dirige hacia un carro de combate durante un entrenamiento

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Un perro-mina se dirige hacia un carro de combate durante un entrenamiento

Finales de 1942 en Stalingrado. En un páramo helado aparentemente desierto, rompen la tranquilidad varios Panzers alemanes que dirigen sus orugas con estruendo hacia las posiciones enemigas. Repentinamente, y aunque no hay enemigos en los alrededores, un perro aparece delante de la columna de carros de combate portando un extraño objeto en su espalda. El observador del vehículo que va en cabeza no le da mayor importancia, pues no es más que un animal de compañía muy probablemente extraviado. Sin embargo, el can se exalta sin previo aviso y se mete a toda prisa bajo el armazón del tanque. Instantes después, los soldados de la «Wehrmacht» se quedan boquiabiertos al observar como el vehículo explota envuelto en una pequeña llamarada. Ha sido otra víctima de una nueva arma soviética, los perros–bomba de Stalin.

Aunque la situación anteriormente explicada es ficticia, la Historia sí nos dice que hubo no pocos momentos en los que los «Panzer Kommandant» de los carros de combate alemanes tuvieron que enfrentarse cara a cara con unos extraños enemigos de cuatro patas. Éstos se correspondían con unos canes que, cargados con un chaleco de tela lleno hasta los topes de trinitrotolueno (TNT), habían sido entrenados para arrastrarse bajo los Panzer enemigos haciendo así estallar la carga explosiva que portaban. Dichos asesinos eran conocidos por los soldados soviéticos como perros-mina o perros-bomba y, por los alemanes, como «panzerabwehrhunde» (perros antitanque). Unos animales que acudían a una misión kamikaze movidos únicamente por el entrenamiento y sin saber cuál sería su cruel destino.

Esta historia es una de múltiples que se pueden leer en «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», la nueva reedición de la famosa obra del historiador y periodista Jesús Hernández. Este libro, concretamente, fue con el que se dio a conocer en el ámbito editorial en 2003.

Perros: los animales para todo

El origen de los perros-bomba data de 1924, año en que los soviéticos aprobaron el uso de canes en el campo de batalla. Aunque por entonces sus objetivos eran bien distintos a los que finalmente tendrían. Concretamente, estos iban desde descubrir a combatientes perdidos en la nieve, hasta hallar minas enterradas en el suelo por el olor del explosivo que albergaban en su interior. También se barajó la posibilidad de que los «mejores amigos del hombre» transportaran en medio de la contienda mensajes entre diferentes unidades, aunque es un objetivo que se acabó abandonando debido a los múltiples inconvenientes que lastraba tras de sí (entre ellos, que el animal regresara junto a sus dueños o que fuese capturado por el enemigo).

A sabiendas del potencial de los perros, algunos años después los soviéticos se plantearon utilizar una serie de experimentos relacionados con el adiestramiento canin0 para lograr que estos animales transportaran una correa de bombas hasta la parte inferior de un Panzer alemán –la zona de un carro en la que el blindaje era menor-. Una objetivo que no era sencillo pero que, de funcionar, les permitiría dar el siguiente paso y plantearse cómo hacer estallar los susodichos explosivos.

«Condicionando» a los perros-bomba

Para tratar que estos canes llevasen a cabo esta curiosa tarea, los soviéticos se basaron en los estudios realizados por Iván Pávlov y Edward Thorndike, creadores respectivamente de las teorías del condicionamiento clásico y del condicionamiento instrumental. La primera es la que afirma que, mediante entrenamiento, un estímulo puede llevar a una reacción concreta y determinada. Esta se asocia con respuestas automáticas y fisiológicas del cuerpo (oler la comida lleva a salivar) que pueden ser modificadas. Por su parte, la segunda es la que considera que es necesario afianzar la conducta que se pretende enseñar mediante un refuerzo positivo –un «premio»- cuando el animal hace bien su tarea.

Con estas premisas se inició el entrenamiento. «Se hacía pasar hambre a los perros y, tras varios días, se les daba de comer debajo de un carro de combate con el motor arrancado», determina el historiador y periodista Jesús Hernández. Esto, en principio, lograría que los canes salivasen al ver los carros de combate -pues lo asociarían con la hora de comer-. Sin embargo, los soviéticos buscaban que los animales fuesen corriendo hacia los Panzer, por lo que todavía tenían que dar un paso más.

«Aunque inicialmente arrancan con las teorías de Pávlov y el condicionamiento clásico (se asocia el ruido del motor y los tanques a la comida) en realidad tienen más que ver con condicionamiento instrumental. Si analizamos el entrenamiento, vemos que se busca una acción tras la posible reacción automática de salivación al escuchar el sonido del tanque. Es otro tipo de aprendizaje en el que intervienen algo más que respuestas emocionales, interviene el sistema musculo esquelético que responde a una señal enviada desde el sistema nervioso para realizar una acción (buscar el tanque para encontrar la comida debajo de él)», explican, en declaraciones a ABC, Jaime Vidal y Elisa Hinojosa, de «Mas que Guau», una empresa dedicada al entrenamiento y la educación canina.

El sistema con el que se adiestraron los canes era válido, pues es similar al que se lleva a cabo en la actualidad. «A día de hoy, en el entrenamiento de perros utilizamos con frecuencia ambos procesos de aprendizaje. El condicionamiento clásico lo utilizamos para crear bases emocionales correctas que permitan asociar el entrenamiento con calma, seguridad, alegría etc. Es una herramienta perfecta para crear un vínculo entre el entrenador y el perro y aumenta la predisposición del perro para aprender, entrenar y trabajar. Sobre esa base trabajamos el cambio de conducta para una consecuencia agradable (condicionamiento instrumental). Enseñamos acciones a cambio de premios», completan los expertos.

Un can portador de minas

Habiendo conseguido que los perros viajaran hasta el carro de combate enemigo, los soviéticos idearon su primer plan: cargar al can con una mochila llena de TNT que pudiera desprenderse bajo el carro de combate mediante un ingenioso mecanismo. La idea era que el animal mordiera una cuerda o una anilla que llevaba atada al cuello –la cual liberaría los explosivos- y regresara junto a sus amos, quienes activarían la carga de forma remota. La tarea era dificultosa, pero los adiestradores de animales sabían que, de tener éxito, podrían ahorrarse horas y horas de trabajo y multitud de billetes en la creación de extensos campos de minas que, en muchos casos, apenas causaban rasguños en los vehículos enemigos.

Por muy increíble que pueda parecer, los expertos afirman que esta es una idea que podía llevarse a cabo, aunque requería de horas y horas de intenso entrenamiento. «Era factible. En la práctica, el perro aprende una acción y la repite porque tiene una consecuencia agradable (comer, en este caso). Cuando el perro comprende la acción que hace aparecer el premio, gradualmente podemos entregar el premiomás lejos del lugar de la acción. La anilla es una palanca que acciona la aparición de comida. Si la entrega se realiza cada vez más separada de la acción (en tiempo y distancia) el perro acaba aprendiendo: “voy hasta allá, tiro de la anilla y vuelvo corriendo hasta aquí que es donde aparece la comida.», destacan Vidal e Hinojosa.

De la misma opinión es Esteban Navas, adiestrador canino de la empresa «WoWdog!», aunque con reticencias: «Hubiese sido posible que el perro hubiese tirado de la cuerda y huyera en situación de entrenamiento. Pero es importante diferenciar entre una situación de entrenamiento, donde todos las factores llevan a que el ejercicio se produzca, y situación de acción final de guerra, donde los gritos y diferentes ruidos asustarían al animal».

Medidas desesperadas y kamikazes contra «Barbarroja»

No obstante, el entrenamiento no surtió el efecto que se pretendía, pues los animales no siempre mordían la cuerda o la anilla que dejaba caer los explosivos. Hacía falta más tiempo, y este era un bien que empezó a escasear el 22 de junio de 1941, año en que los alemanes iniciaron la «Operación Barbarroja». Es decir, la invasión de la Unión Soviética.

En aquellos años, el ejército nazi destacaba sobre del resto por razones como su amplia experiencia en combate, su determinación o su perfecta organización. Sin embargo, si había algo que lo hacía casi invencible eran sus fuerzas mecanizadas. Y es que, sus carros de combate sembraban el terror gracias a la llamada «Blitzkrieg» o «Guerra relámpago» (una táctica que consistía en hacer grandes avances con vehículos blindados sobre el enemigo arrebatándole así ingentes extensiones de terreno en poco tiempo).

Perros soviéticos durante su entrenamiento WIKIMEDIA

Perros soviéticos durante su entrenamiento
WIKIMEDIA

A pesar de lo sencillo que puede parecer a día de hoy detener esta forma de hacer la guerra, lo cierto es que los soviéticos no andaban sobrados de armas con las que abatir carros. Por ello, se las veían y se las deseaban para lograr detener a los Panzer con sus poco útiles granadas de mano, sus no muy efectivos fusiles anti-tanque PTRS-41, y sus escasos cañones.

A su vez, tampoco ayudaba el que los nazis hubieran capturado una gigantesca extensión de territorio ruso junto con una buena parte de sus ingenios para eliminar blindados. Por ello, el alto mando soviético cambió de estrategia y decidió que era mucho más sencillo adiestrar a los animales para que se limitaran a introducirse en la parte inferior de los carros de combate. Era entonces cuando se activaría una carga explosiva que detonara al instante, acabando también con su vida.

«Este experimento soviético fue modificado en otoño de 1941, cuando –en las afueras de Moscú- se empezó a entrenar a los perros para que fueran una mina contra carro guiada y sacrificaran sus vidas durante la misión», explica el historiador norteamericano Steven J. Zaloga en su obra «The Red Army of the Great Patriotic War 1941-45».

«Se decidió que se les atarían explosivos en el lomo. Una vez en el frente, se les soltaba cerca de los blindados alemanes; los perros se lanzaban rápidamente a buscar su comida bajo el vehículo pero, en este caso, se accionaba una palanca conectada a un explosivo al impactar contra la parte inferior del vehículo para provocar una detonación», explica Hernández.

¿Efectivos?

Lo cierto es que, como bien señala Hernández en su obra, estos perros suicidas llamaron soberanamente la atención de los alemanes, quienes se llevaron algún susto que otro al encontrarse con ellos. Precisamente uno de los primeros que tuvo el «honor» de toparse con estas extrañas armas fue el coronel Hans von Luck, un reconocido as de los Panzer con una ingente cantidad de enemigos abatidos a sus espaldas. Hasta un héroe alemán de tales dimensiones se quedó asombrado ante la ocurrencia.

«Una vez, cuando íbamos a abandonar un pueblo, un perro empezó a correr hacia nosotros. Meneaba su cola y gemía. Cuando intentamos capturarle, se arrastró debajo de un vehículo blindado. Al cabo de unos segundos oímos un “bang” y, después, una severa explosión. El vehículo se dañó, pero por suerte la bomba no causó un incendio. Corrimos hacia el animal muerto y descubrimos que tenía una carga explosiva enganchada que se activaba con un detonador con un pasador. Cuando el perro se arrastró debajo del vehículo, el detonador chocó contra la parte inferior y se activó desencadenando una explosión. El perro había sido entrenado para coger comida debajo de los vehículos blindados», explica el as de los carros de combate en sus memorias (tituladas «Panzer Commander»).

Recreación de un perro-bomba soviético M.S.G.

Recreación de un perro-bomba soviético
M.S.G.

Con todo, los canes dejaron de ser efectivos en cuanto perdieron el elemento sorpresa. «Esta táctica sólo fue útil al principio, cuando los alemanes pensaban que eran perros de las unidades sanitarias y no sospechaban de la trampa. Más tarde, cuando se comprobó que iban cargados de explosivos, acribillaban a la mayoría de los perros que se les acercaban antes de que pudieran llegar a su objetivo», añade el historiador y periodista español. Hans von Luck era de la misma opinión o, al menos, eso es lo que afirma en su libro: «Desafortunadamente, en cuanto descubrimos la treta tuvimos que disparar a todos los perros que encontramos».

A su vez, el entrenamiento de estos animales tampoco era efectivo en su totalidad, pues en muchos casos confundían los carros de combate y se metían bajo los blindados del ejército soviético. Imaginarse las caras de los adiestradores «disfrutando» en primera persona de la voladura en pedazos de uno de sus propios vehículos es, cuanto menos, curioso. No faltaban tampoco los casos en los que, simplemente, los animales se asustaban debido al ruido de la contienda y volvían buscando el cariño de sus amos, algo que propinaba más de un sobresalto a los propios rusos.

Sea como fuere, lo cierto es que estos perros-bomba fueron utilizados en múltiples combates (algunas veces buscando más el «susto» del enemigo que la eficacia real). Una de sus participaciones más destacadas, según las fuentes soviéticas citadas por Zaloga, fue la batalla de Kursk (una de las contiendas de toda la Segunda Guerra Mundial en las que participaron un mayor número de carros de combate). «Los soviéticos dijeron que, en esta batalla, 16 perros destruyeron 12 tanques. Sin embargo, las fuentes alamanas afirman que no eran muy eficaces», completa el estadounidense.

Eficientes o no a la hora de destruir Panzers, lo cierto es que los perros-bomba destrozaban los nervios de los alemanes, quienes se veían obligados a acertar con sus armas a estos veloces animales dotados con grandes reflejos. En muchas ocasiones, este factor psicológico bastaba para desconcertarles. «Aunque la efectividad de los “perros bomba” era modesta, sí que tuvo como consecuencia: minar aún más la moral de las tropas alemanas, que debían permanecer en constante alerta. Los soldados soviéticos eran conscientes de la importancia que tenían estos actos», añade Hernández.

¿Por qué falló la técnica?

Pero ¿por qué falló la cruel táctica de los perros-bomba? Navas, de «WoWdog!», lo atribuye al miedo que generan al animal los diferentes ruidos de la contienda. «Aparte de ser un adiestramiento técnico, ya que el perro tiene que introducirse debajo de un objeto muy grande y con mucho ruido, es bastante difícil -por no decir imposible- por las emociones de los perros. Se ha demostrado científicamente que los perros tienen las mismas emociones que las personas», explica el experto.

Así pues, aunque el entrenamiento fuera efectivo, los adiestradores tendrían severos problemas para que los animales cumpliesen su función en medio de las balas. «La duda en este adiestramiento está cuando el perro se encuentra en una situación de guerra con disparos, gritos, personas muertas… en la cual sus emociones se ponen al límite. Emociones como el miedo y el estrés. Los soviéticos utilizaban la motivación de la comida para que el perro hiciese este trabajo, pero en una situación de guerra y con el miedo y estrés anteriormente escritos, el perro no tiene la motivación de la comida», explica el experto.

Por lo tanto, y en palabras de Navas, en medio de la contienda el perro entendería el estímulo de la comida como algo secundario, terciario o que, simplemente no existiría. «No se puede descartar, porque hemos visto adiestramiento realmente asombrosos durante años, pero es altamente improbable y dificultoso, no tanto en situaciones de entrenamiento con condiciones normales alrededor, pero si en situación real de guerra», completa.

Con todo, este adiestrador no se olvida de señalar que no hay que subestimar a los canes y que, en muchas ocasiones, todo depende de aquel que se halla con ellos. «El límite del perro es el límite nuestro como entrenadores, cuanto mejor entrenadores seamos, ellos serán mejores alumnos», afirma.

Por su parte, Vidal e Hinojosa lo atribuyen a un fallo en el entrenamiento. «Quizás lo que falló es el perfeccionamiento de la segunda fase de la enseñanza y su entrenamiento. La primera parte es perfecta. Cosas como el ruido de los motores o los tanques podrían asustar a los perros, pero a través del condicionamiento clásico se sustituye esa emoción, por una respuesta emocional de alegría, la respuesta fisiológica de salivación (¡Que bien, llega la comida!», explican a ABC los responsables de «Más que Guau». Sin embargo, la segunda fase (afianzar en el animal la idea de que debe meterse bajo el carro para obtenerla) es la que flaqueó.

Una pregunta a Esteban Navas, entrenador y adiestrador de «WoWdog!»

El Museo Británico elige el Hermitage para dejar salir por vez primera una de sus esculturas en el Partenón


ABC.es

  • Los ingleses se llevaron las estatuas de Atenas a comienzos del XIX y los griegos pleitean por su devolución desde entonces, ahora con la mujer de Clooney como abogada
El Museo Británico elige el Hermitage para dejar salir por vez primera una de sus esculturas en el Partenón

REUTERS | El Ilissos del Partenón, la pieza que viajará a Rusia

La mitad de las esculturas y relieves que engalanaban el Partenón de Atenas, construido entre 447-432 AC y una de las glorias de la civilización, se exponen desde comienzos del siglo XIX en el Museo Británico de Londres, a donde se las llevó Lord Elgin, el embajador inglés ante el Imperio Otomano. Todo un agravio para los griegos, que pelean desde hace décadas por su devolución, siempre infructuosamente.

De hecho han iniciado una nueva campaña, con abogada glamurosa al frente, Amal Alamuddin, la flamante mujer de George Clooney. Ahora, para mayor irritación helena, el Museo Británico ha permitido por primera vez que uno los llamados Mármoles de Elgin salga de Londres. Se trata de una estatua de Ilisos, el dios del río, un hermoso cuerpo desnudo, sin manos ni cabeza, que se expondrá hasta mediados de enero en el Hermitage de San Petesburgo, con motivo del 250 aniversario del museo ruso, que nació cinco años después del British.

Neil MacGregor, el director del Museo Británico, ha asegurado a BBC Radio que su institución es «el más generoso prestatario del mundo». Y explica con aparente naturalidad una cesión que ha levantado suspicacias también en Reino Unido, porque coincide con el enfriamiento de relaciones con Rusia ante la crecida de Putin en Ucrania: «El Hermitage nos la pidió para su 250 aniversario y dijimos inmediatamente que sí. La gente que no puede viajar a Londres o Atenas tiene así una oportunidad de entender los logros de aquella cultura». Y añade que supone que el Gobierno de Antonis Samaras estará «encantado».

Cuando se le pregunta si tanta generosidad va a incluir ceder también piezas para que sean expuestas en Grecia, MacGregor se va por los cerros de Úbeda y se limita a responder que genéricamente su museo está siempre dispuesto a prestar obras, pero con las condiciones de que su estado de conservación permita transportarlas y de que existan garantías de que estarán seguras en su destino y serán devueltas. Tal vez la cesión a Rusia sea una suerte de diplomacia del ping-pong, como cuando Nixon se acercó a China en plena Guerra Fría enviando a competir allí a un equipo estadounidense de tenis de mesa.

«Un museo del mundo para el mundo»

Grecia sostiene que Elgin se llevó los mármoles de manera ilegal, que fue un robo. Desde 1816 están en el Museo Británico. El mes pasado Samaras se reunió con Amal Alamuddin para intentar reclamar de nuevo la atención de la opinión pública mundial. Atenas reinauguró en el verano del 2009 el museo de la Acrópolis, tras una costosa remodelación, pero lógicamente el centro estará siempre cojo sin el tesoro inglés.

El año pasado David Cameron expresó su oposición a devolver los mármoles a Grecia y a entregar a la India otra joya controvertida, el diamante Koh-i-Noor. El primer ministro británico alegó lo habitual, que el British es «un museo del mundo y para el mundo», donde los tesoros que rapiñó por todo el planeta el Imperio inglés están «al alcance de todos».

Rusia quiere volver a la Luna


El Mundo

Imagen de la Luna tomada por la sonda Galileo. | NASA

Imagen de la Luna tomada por la sonda Galileo. | NASA

Rusia quiere volver a pisar la Luna. Su objetivo es viajar al satélite en 2015 para lo cual creará un módulo de descenso lunar, según ha informado el director general del consorcio aeroespacial Lavochkin, Víctor Jartov. “Queremos demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de aterrizar en otros lugares”, ha señalado.

El experto ruso ha indicado que también se pretende enviar otra nave que se encargará de buscar muestras de hielo en la Luna y traerlas a la Tierra para su estudio. Además, planean la construcción de un vehículo robótico que explore el suelo lunar.

El programa lunar ruso consta de los proyectos Luna-Glob y Luna-Resursrelacionados, en particular, con la investigación de las zonas subpolares del satélite, donde deben existir grandes reservas de hielo.

Con estas iniciativas Rusia quiere limpiar la imagen de su programa espacial que desde 2011 ha sufrido varios reveses. Entre ellos, destaca la pérdida de la estación automática Fobos-Grunt, que, por un fallo en sus propulsores quedó en órbita terrestre y dos meses después de su lanzamiento cayó descontrolada en aguas del océano Pacífico.

“La lección más importante del fracaso de la Fobos-Grunt es que todas las grandes cosas hay que hacerlas paso a paso“, ha señalado Jártov al respecto. En este sentido ha apuntado que Rusia no realizaba un proyecto como el de Fobos-Grunt desde hacía treinta años.

A su juicio, el problema es “querer dar un gran salto”. “Primero hay que llegar a la superficie de la Luna y, después de un tiempo, con ayuda de un aparato más pesado, se sacará hielo a una profundidad de dos metros”, ha explicado.

Del mismo modo, Jártov destacó que la conquista del espacio siempre se ha acompañado de fracasos y recordó que de las 58 misiones lunares soviéticas, la mitad fueron fallidas.