Category: Hallazgos



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  • El célebre egiptólogo cree que pertenece a Anjesenamón, la esposa de Tutankamón

Respaldo del trono enchapado en oro de Tutankamón en el que se ve a Anjesenamón con la corona de Gran Esposa Real. – WIKIPEDIA

El egiptólogo Zahi Hawass y su equipo creen haber encontrado en el Valle de los Reyes una nueva tumba que podría pertenecer a Anjesenamón, hija de Akenatón y Nefertiti y esposa de Tutankamón.

Cerca de la tumba del faraón Ay, Hawass encontró cuatro depósitos de fundación que apuntan a la existencia de una tumba hasta ahora desconocida. Es un indicio claro, porque los antiguos egipcios solían hacer cuatro o cinco de estos escondites o agujeros en el suelo que llenaban de objetos votivos, antes de comenzar a construir una tumba.

«Estamos seguros de que hay una tumba allí, pero no sabemos a quién pertenece», señaló el arqueólogo a Live Science en un correo electrónico.

El mapeo tridimensional de la zona realizado entre febrero y mayo bajo la dirección de Gianfranco Morelli con una técnica geofísica de resistividad eléctrica de positrones ERT también reveló anomalías conductoras en la roca donde Hawass ha identificado los depósitos de fundación, según indicó en una entrevista a National Geographic Italia el director de documentales Brando Quicili, coautor junto a Hawass del libro «Enigma Nefertiti».

«El radar detectó una subestructura que podría ser la entrada de una tumba», añadió Hawass.

El famoso egiptólogo, que fue ministro de Antigüedades en el país de los faraones, cree que la tumba podría pertenecer a la joven esposa de Tutankamón que, al quedar viuda en el año 1327 a.C., contrajo de nuevo matrimonio con su abuelo Ay.

La cercanía de esta nueva tumba con la de Ay refuerza esa idea, aunque habrá que esperar a las futuras excavaciones que Hawass dirigirá en el Valle de los Reyes.

La momia de la KV21

A Anjesenamón (o Ankhesenamun) se le ha relacionado con una de las momias reales aún sin identificar de la tumba KV21 que descansan en el Museo Egipcio de El Cairo. El propio Hawass señaló a ABC el año pasado que las pruebas preliminares de ADN apuntaban a que una de ellas, sin cabeza, podría ser la esposa de Tutankamón. Según el célebre arqueólogo, la otra momia sería la de la hermosa Nefertiti, que Nicholas Reeves cree oculta en una cámara tras las paredes de la tumba de Tutankamón.

Quicili subraya, sin embargo, que los análisis de ADN de las dos momias encontradas en la KV21 son «bastante problemáticos» debido a su deficiente estado de conservación. También subraya que con frecuencia las momias se ocultaban en otra tumba para salvarlas de saqueadores.

La tumba recién encontrada está «sin tocar», añade. Qué albergará su interior es un misterio aún por descubrir.


ABC.es

  • Este nuevo descubrimiento eleva a once el número de grutas con representaciones prehistóricas en la provincia

Un nuevo hallazgo de grabados paleolíticos en la cueva Arbil V de Deba, con una datación estimada de entre hace 11.000 y 15.000 años, eleva a once el número de grutas con representaciones de arte prehistórico en Guipúzcoa, territorio que hace sólo diez años únicamente contaba con dos (Altxerri y Ekain).

El impulso recibido por este tipo de descubrimientos en la última década se enmarca en el Proyecto de Prospecciones Arqueológicas para la localización de nuevos vestigios de arte parietal, promovido por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y financiado por la Diputación de Guipúzcoa.

Uno de los mayores éxitos de este proyecto fue conocido hace tan sólo doce días, cuando la institución foral hizo público el hallazgo en la cueva Aitzbitarte IV de Errenteria de una unas imágenes de animales de hace unos 14.000 años, en un estado de conservación «excepcional», grabadas en arcilla y únicas en la Península Ibérica por la técnica con la que fueron realizadas.

Ahora, en Arbil V, también conocida como Sustraixako Kobea, los expertos han encontrado la representación de un reno con una gran cornamenta de varias puntas y la librea de pelo en el nacimiento del cuello característica de esta especie, además de un grabado de una cierva de grandes orejas, perfectamente definida.

Los arqueólogos han localizado también porciones de dos figuras animales más aún sin identificar, así como otras líneas que hacen pensar que en el futuro podrían hallarse nuevas representaciones ya que hasta el momento tan sólo ha sido examinada una de las paredes de esta gran cueva de cerca de veinte metros de diámetro.

Estos hallazgos, de época magdaleniense, han sido presentados hoy en una rueda de prensa por el miembro del grupo de espeleología Antxieta Jakintza Taldea autor del descubrimiento, Javier Lazkano, así como por los arqueólogos de la UPV/EHU Álvaro Arrizabalaga, María José Iriarte y Blanca Ochoa, quienes han estado acompañados por la directora de Cultura, María José Tellería.

Se da la circunstancia de que tanto Arbil V como Aitzbitarte IV son cuevas conocidas y catalogadas desde hace años sin que hasta ahora se hubieran encontrado estas representaciones. En ambas existen algunos tramos que no han sido examinados por lo que con toda probabilidad podrían producirse nuevos hallazgos.

Según ha explicado hoy el arqueólogo Álvaro Arrizabalaga, el descubrimiento ahora de estas figuras se debe al renovado interés por el arte parietal y a las nuevas referencias con las que se están enfocando las nuevas investigaciones, ya que en los últimos tiempos se ha pasado «de mirar al suelo» para encontrar restos arqueológicos a «mirar a las paredes» para buscar arte.

Los expertos han aclarado que, en esta línea, las cuevas del País Vasco tienen «mucho potencial» para nuevos descubrimientos, aunque se trate de grutas conocidas, porque en la vecina Cantabria cuentan con más de un centenar de grutas con arte paleolítico, al igual que sucede en Asturias.

No obstante, según los especialistas, los nuevos descubrimientos serán, con mayor probabilidad, de grabados y no tanto de pinturas, pues estas últimas son más fáciles de ver a simple vista, mientras que localizar los primeros resulta más difícil y, en ocasiones, es necesario aplicar técnicas de iluminación e incluso programas informáticos.

Blanca Ochoa ha precisado además que todos los descubrimientos son importantes porque, aunque inicialmente pueden aparecer relativamente pocas figuras, en un examen posterior suelen ser descubiertas muchas más, como ocurrió en el caso de Danbolinzulo de Zestoa, donde en un primer momento se apreció una media docena de figuras y en la actualidad ya se han catalogado más de 25.


El Mundo

Restos de caballos hallados en el santuario tartésico de El Turuñuelo en Badajoz. IAM-CSIC

Al pie de una escalinata, en el siglo V a.C., los tartessos realizaron un sobrecogedor ritual antes de quemar y destruir uno de sus templos. Un gran banquete precedió al sacrificio de 16 caballos, dos toros y un cerdo en el santuario del actual Turuñuelo, en la provincia de Badajoz.

Un enorme caldero, una parrilla, pinchos para la carne y gran cantidad de platos, vasos y jarros dan una idea de la importancia de la celebración que tuvo lugar. En un edificio de dos plantas, las ánforas y los cestos de cereales formaron también parte de una gran ofrenda que ha quedado conservada en el tiempo.

Esto es lo que ha encontrado un grupo de investigadores del Instituto de Arqueología de Mérida en un yacimiento que forma parte del proyecto Construyendo Tarteso, dirigido por Sebastián Celestino Pérez y en el que colabora la investigadora Esther Rodríguez.

Aunque los motivos de la quema no se conocen, los científicos lo relacionan con los acontecimientos a los que se enfrentó la cultura tartessa. “Abandonaron toda la zona hacia el 400 a.C. Aún desconocemos las causas, pero coincide con la llegada de los pueblos célticos del norte peninsular”, ha explicado a este diario Sebastián Celestino Pérez.

En las excavaciones, que comenzaron en 2015 y se han sucedido en tres campañas, se desenterró este año una escalinata de 10 peldaños entre las dos plantas que forman un edificio cimentado con técnicas arquitectónicas novedosas.

La escalera está formada por sillares cuadrangulares que se fabricaron con un mortero de cal, arena y arcilla, lo que constituye un elemento de construcción no conocido en la península ibérica, por el momento, hasta la llegada de los romanos.

El equipo de arqueólogos ha encontrado en una de las estancias una bañera, que también está hecha con estos mismos materiales, “relacionada con un ritual de purificación antes del banquete ritual”, según ha apuntado Pérez

Los investigadores calculan que al ritmo al que van los trabajos y desenterrado ya el 10% del yacimiento, en aproximadamente una década se podrá ver el edificio completo.

A esto contribuye su buen estado de conservación debido a la solidificación de las paredes de adobe gracias al incendio que se produjo como colofón del ritual de clausura, con el sacrificio de animales y un banquete final. Los gruesos muros de la edificación, de hasta tres metros de ancho, también han ayudado a preservar el túmulo.

Otros objetos de bronce como un quemaperfumes, coladores platos pintados con bandas rojas, vasos de inspiración griega, huesos y conchas han llegado hasta nuestros días gracias al hecho de que el templo fue, además, sepultado “para no ser violado”, ha añadido Pérez.

¿Un lugar de peregrinación?

A pesar de que no conocerse con exactitud la función del santuario en la cultura tartésica, se piensa que podría haber sido un lugar de peregrinación en el que los visitantes realizaban transacciones comerciales y celebraban ceremonias sociales con la veneración a los dioses.

“Hay un objeto de bronce donde se representa mediante palomas a Astarté, la diosa de tradición fenicia que adoptaron los tartesios. El altar tiene la forma de piel de toro que simboliza a Baal, el dios masculino“, ha afirmado el investigador.

La cultura de los tartessos, que se asentaron en el Bajo Guadalquivir y valle del Guadiana en el siglo VIII a.C., proviene de la interacción de los pueblos colonizadores mediterráneos, como los fenicios, con los propios habitantes indígenas. Se trata de un pueblo que estableció numerosas relaciones comerciales con otras culturas como griegos, egipcios o etruscos.


El Mundo

Dintel y vista general del templo MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Un dintel de granito rojo que ha permanecido varios milenios anegado por el agua y que debía decorar los accesos al templo de Herishef, el dios de la fertilidad. Es el primer hallazgo real de la misión española con más solera de Egipto, que excava desde hace más de medio siglo la inmensidad de Heracleópolis Magna, una ciudad con 3.000 años de historia.

“Es un dintel enorme, de tres metros de longitud, que posiblemente perteneció a la puerta de entrada del templo del faraón Sesostris II“, relata a EL MUNDO la egiptóloga María del Carmen Pérez Die, conservadora jefe del departamento de antigüedades egipcias y Oriente Próximo del Museo Arqueológico Nacional y directora de la misión española en Heracleópolis Magna, un yacimiento enclavado en la localidad de Ehnasya el Medina, en el Medio Egipto.

El granito, descubierto a lo largo de la última campaña, desarrollada el pasado marzo, arroja nuevas pesquisas sobre el páramo. “Es la primera vez que encontramos un monumento real en la excavación asociado al templo de la deidad local, que era el dios universal, creador y de la fertilidad. Lo que nos indica que Sesostris II fue quien organizó la zona cercana del Fayum y tuvo interés por este recinto. De hecho, se enterró en la zona de Lahun en una pirámide que se ubica a 10 kilómetros de Heracleópolis Magna”.

Las pistas que han conducido a la asociación del santuario, de 100 metros de largo y 25 de ancho, con Sesostris II (1895-1889 a. C) se hallan en el dintel, tallado con dos cartuchos del monarca que cultivó las buenas relaciones con los poderosos nomarcas locales. “Lleva el nombre personal y de coronación del rey. Es un hallazgo muy importante porque se demuestra que estuvo implicado en la reconstrucción que el monarca realizó en El Fayum“, recalca Pérez Die, al frente desde 1984 de una excavación formada por nueve especialistas y 60 obreros.

Heracleópolis Magna, el yacimiento en el que España trabaja desde la concesión del Gobierno egipcio en 1966 tras la campaña de salvamento de Nubia y la construcción de la presa de Asuán, fue capital del XX Nomo o provincia del Alto Egipto, llamada Naret Hentet o Naret Superior, y está situada cerca del Bahr el Yusuf, brazo del Nilo que desemboca en el Fayum. La labor española, centrada en el suroeste de la vieja urbe, es uno de los yacimientos más grandes que se horadan actualmente en la tierra de los faraones.

El hallazgo ha sido una victoria contra el agua. “En el lugar que trabajamos hay mucha agua procedente del nivel freático. Todos los años estamos inundados y la excavación resulta muy complicada. Los egipcios han diseñado este año un sistema de drenaje que ha funcionado y que ha rebajado el nivel del agua unos 80 centímetros”, explica la arqueóloga. “Hasta ahora habíamos excavado niveles más modernos de la época de Ramsés II en el templo de Herishef pero la disminución del agua ha multiplicado las posibilidades”.

La misión ha localizado niveles de construcción que corresponden a las épocas en las que gobernaron Tutmosis III (1479 – 1425 a.C.) y Ramsés II (1279 – 1213 a.C.). “Sabíamos que el faraón Tutmosis III había pasado por allí pero hasta este año no hemos tenido constancia de lo que influyó”, desliza Pérez Die. “El estudio de la cerámica, que aparentemente no es nada, nos ha dado toda la información del mundo”, añade quien barrunta ahora convertir el templo en un museo al aire libre.

“Estamos preparando la reconstrucción virtual en función de lo que tenemos y los paralelos. El templo fue hallado a principios del siglo XX pero ha sido muy expoliado desde entonces. También nos hemos dado cuenta de que los propios romanos hicieron de las suyas en el recinto”, comenta la “mudira” (directora, en árabe) del proyecto. “Nuestro objetivo es hacer un museo al aire libre. Hay muchas esculturas que hemos encontrado caídas con fragmentos de inscripciones”, admite.

“Aparte de protegerlas de la humedad colocándolas en unos pedestales especiales que hemos construido, queremos que sea un lugar abierto a las visitas con un recorrido propio porque es un templo egipcio como cualquier otro, con sus pilones y salas”, detalla Pérez Die, feliz por haber localizado el esqueleto del complejo. “Este año hemos encontrado la base fundacional de los pilones de los que no teníamos información alguna. Ahora se entiende perfectamente el templo”.

Heracleópolis Magna, emplazado en la provincia de Beni Suef, a unos 150 kilómetros al sur de El Cairo, ha sido una cantera de la hoy próspera egiptología española. Entre 1966 y 1979 se efectuaron hasta seis campañas dirigidas por Martín Almagro Basch, con Jesús López y Francisco Presedo como directores de campo. Hasta 1980 la legislación y los acuerdos con Egipto permitían el reparto de los hallazgos. Algunas de las piezas procedentes del yacimiento se exhiben actualmente en las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional. “Es una ciudad impresionante que tiene de todo. Allí donde excavas encuentras algo”, reconoce Pérez Die.


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  • Durante uno de los combates entre los dioses, Horus hirió a Set en los testículos y éste a Horus en ambos ojos

La mitología de cada pueblo es una fotografía exacta de cómo veían y entendían el mundo que les rodeaba. Las virtudes, injusticias, prodigios y crueldades que percibían en la creación y en los propios seres humanos terminaban proyectadas en sus dioses. Lo sorprendente, no obstante, en el caso egipcio era la ligereza con la que los seres divinos se mutilaban y castigaban hasta alcanzar niveles de crueldad fuera de lo común. La guerra entre divinidades era un elemento fundamental del relato.

Un ejemplo de esta brutalidad familiar está en la enemistad entre Horus, dios celeste, y Set, Señor del caos, que implicó a otros importantes miembros del panteón egipcio como Anubis, dios de la muerte. En las primeras versiones de este enfrentamiento, fundamental en la mitología egipcia, Set y Horus eran hermanos luchando por la herencia paterna, pero más adelante fueron considerados tío y sobrino. De modo que tras la muerte de Osiris, padre de Horus y hermano de Set, ambos iniciaron una lucha por la sucesión en la que el segundo usurpó el trono de los dioses en la tierra. Es más, el mito consideraba a Set el responsable de la muerte de Osiris, ya fuera después de transformarse en toro y pisotearle; en un mosquito y picotearle mortalmente; o en un cocodrilo y morderle cuando nadaba. En cualquier caso, el dios chacal Anubis se encargó de embalsamar y vendar el cuerpo del dios rey, siendo la primera momia que inició la más característica tradición egipcia.

La batalla entre tío y sobrino llegó a las manos en varias ocasiones, lo que puede hacer referencia a eclipses lunares o a fases menguantes de la luna, como la película «Dioses de Egipto» (2016) relató de forma libre recientemente. Durante uno de los combates Horus hirió a Set en los testículos y éste a Horus en ambos ojos. El mito incluía, no obstante, la historia de cómo Horus recuperaba sus ojos (su ojo en forma de luna, en algunas versiones) posteriormente. Como dios del cielo Horus adoptaba la forma de halcón, mientras que Set adquiría con frecuencia la mitad de un cerdo hormiguero y parte de un asno salvaje.

Juicios, retos y venganzas

Ambos pretendientes al trono acudieron durante la lucha a un tribunal divino, presidido por el dios supremo Ra, que se inclinó porque fuera Horus quien reinara. Sin embargo, el propio Ra dudaba del criterio del tribunal y retrasó la sentencia por tiempo ilimitado. En un momento dado accedió a que el consejo se trasladara a una isla para que la diosa Isis, madre de Horus, no pudiera interferir en la disputa.

Así y toda, la diosa se disfrazó de anciana para alcanzar la isla, donde se transformó en una muchacha de gran belleza para seducir a Set. El enamoramiento sirvió para que el Señor del caos, compungido por una historia inventada sobre una injusticia vivida por esa supuesta muchacha, terminara reconociendo que era una injusticia que alguien se vieran privado de la herencia de su padre.

El mito relata que la Enéada (los dioses fundacionales) ordenó castigar a Horus por los pecados de su madre, a lo que Set se tomó la justicia por su cuenta y le arrancó los ojos a su sobrino mientras dormía

La confesión privada de Set no resolvió gran cosa, salvo que advertió de la presencia de Isis en la isla, quien además de engañar a su cuñado había sobornado con un anillo de oro a uno de los miembros del tribunal, Nemti. Como castigo por aceptar un soborno, a Nemti le fueron cortados los dedos de los pies. Más heridas.Harto de que se dilatara una y otra vez la decisión, Set retó a Horus a que ambos se transformaran en hipopótamos por turnos e intentaran permanecer durante tres meses bajo el agua. Horus aceptó, pero también aquí Isis, temiendo que perdiera su hijo, hizo todo lo posible para boicotear la prueba. Lanzó un arcón de cobre al agua golpeando a Horus y a Set, que salvó la vida por poco. Fuera de sí, Horus castigó las trampas de su madre cortándole la cabeza. Otra mutilación.

En paralelo a estos sucesos, el mito relata que la Enéada (los dioses fundacionales) ordenó castigar a Horus por los pecados de su madre, a lo que Set se tomó la justicia por su cuenta y le arrancó los ojos a su sobrino mientras dormía. La diosa Hathor le devolvería la vista de nuevo usando leche de gacela.

La guerra entre la agricultura y el desierto

La disputa finalizó definitivamente cuando Horus escribió al difunto Osiris, que permanecía en los infiernos, pidiendo justicia. Osiris dio la razón a su hijo y amenazó con enviar demonios a la tierra si no entregaba a su primogénito lo que era suyo. Ra accedió al fin a que Horus fuese rey y, para ahogar su furia, llamó a Set para que viviera junto a él en el cielo y fuese dios de las tormentas. Esto es, que le ayudara en su tarea como dios del Sol, en la que todos los días atravesaba el cielo en su barca y cada noche entraba en los infiernos a enfrentarse a los demonios encabezados por la gigantesca serpiente Apep. Una tarea ingrata que, creían los egipcios, se alargaría hasta que se sintiera tan triste como para que él y su obra se disolvieran en el caos y volviera a comenzar el ciclo de la creación.

El relato sobre la lucha de Horus y su madre contra Set implicó a muchos dioses y, a nivel real, supuso el choque entre los partidarios humanos de ambos dioses. Los dominios de Set eran los desiertos y todos los animales de carácter salvaje. Horus y su padre representaban la agricultura. Según la tradición egipcia, los bueyes y los burros fueron castigados por pisotear la cebada, vinculada a Osiris, a ser apaleados eternamente. Y es que Set siempre trataba de maltratar los cultivos adoptando la forma de diversos animales. En una ocasión adoptó la forma de pantera, pero Thot (dios de la sabiduría, y los hechizos) le batió con hechicería cuando trataba de arruinar unas tierras fertiles. A continuación, Anubis lo ató, lo marcó con un hierro y lo despellejó. Cuando intentaron liberarle sus seguidores, fueron decapitados por el propio Anubis.

El contraataque de Set y sus seguidores, una vez se recuperó de las heridas, se saldó con la muerte de cientos de ellos y las montañas teñidas con su sangre. Porque detrás de cada accidente geográfico los egipcios solían percibir el brutal paso de alguna divinidad.


El Mundo

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Un hueco, descubierto fortuitamente durante unas tareas de limpieza, ha abierto la puerta a un nuevo y colorido hallazgo bajo las arenas de Luxor, la antigua Tebas de los faraones. Una misión japonesa ha localizado una tumba que pertenecería a un escriba real que vivió en época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en el sur de Egipto.

“Encontramos un gran agujero en el muro norte durante la limpieza de la zona oriental del patio delantero de la tumba de Userhat [alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón]”, relata el nipón Jiro Kondo, profesor de Arqueología de la universidad Waseda de Tokio y director de la misión que ausculta la sepultura TT47 en la orilla occidental de Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.

“Tras deslizarnos por la abertura, nos percatamos de que conducía hacia la pared sur de una de las estancias de la recién descubierta tumba de Jonsu”, detalla el experto. El primer examen de la sepultura –ubicada en la necrópolis de El Joja– ha arrojado algunos datos de su dueño: Jonsu, un escriba real “de renombre” -como le retratan los jeroglíficos hallados en el interior- que debió desarrollar su labor en época ramésida (1292-1069 a.C.), un período en el que gobernaron once faraones bajo el nombre de Ramsés.

A pesar de los achaques del tiempo, la tumba en forma de T -con el acceso principal sepultado por los escombros y en dirección hacia el este- guarda entre sus muros una colección de escenas talladas en la piedra que aún conservan retazos de los vivos colores de antaño. Así, la pared norte junto a la puerta muestra el barco solar del dios naciente Ra Atón mientras es adorado por cuatro babuinos. En otras áreas de la oquedad, como el muro oriental, Jonsu y su esposa rinden culto a Osiris, la deidad de la resurrección, y su cónyuge Isis, la gran diosa madre en la mitología egipcia. Ambas figuras, despedazadas, aparecen también en la zona norte.

“Por desgracia la mayoría de las pinturas murales de la sala transversal han desaparecido”, apunta Kondo, cuyo equipo confía en desentrañar nuevos secretos cuando se retiren los grandes bloques de piedra que se acumulan en la cámara interior de la tumba, que desde el acceso hasta la última estancia mide unos 4,6 metros. De momento, el egiptólogo japonés reconoce que las decoraciones que permanecen en el techo se hallan en mejor estado que las que lucen los muros.

La misión de Kondo firmó un sonado hallazgo a principios de 2014 al desvelar la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de época ramésida en la necrópolis tebana, también durante la limpieza de la cercana sepultura de Userhat. El difunto, Jonsu Im Heb, era el máximo responsable de la factoría y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento fue un descubrimiento formidable por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos aportaron detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas.


ABC.es

  • Se trata de restos de la desintegración del supercontinente Gondwana
  • Ashwal sugiere que hay muchas piezas de “continente desconocido”

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Científicos han confirmado que hay un ‘continente perdido’ bajo la isla Mauricio en el Océano Índico, resto de la desintegración del supercontinente Gondwana, hace 200 millones de años.

Así lo afirma un equipo de científicos formado por el geólogo Lewis Ashwal, de la Universidad del Witwatersrand (Sudáfrica); Michael Wiedenbeck, del Centro de Investigación Alemán de Geociencias, y Trond Torsvik, de la Universidad de Oslo (Noruega), que han publicado el trabajo en la revista ‘Nature Communications’.

El pedazo de corteza, que fue posteriormente cubierto por lava joven durante las erupciones volcánicas en la isla, parece ser una pequeña pieza del continente antiguo, que se rompió desde la isla de Madagascar, cuando África, la India, Australia y la Antártida se separaron y formaron el Océano Índico.

“Estudiamos el proceso de ruptura de los continentes, con el fin de comprender la historia geológica del planeta” dice el geólogo Lewis Ashwal, autor principal de la investigación, que se ha publicado en Nature Communications.

Ashwal y sus colegas han descubierto que un mineral, el zircono, se encuentra en rocas arrojadas por lava durante las erupciones volcánicas. Los restos de este mineral eran demasiado antiguos para pertenecer a la isla de Mauricio.

“La Tierra está formada por dos partes: los continentes, que son viejos y los océanos, que son jóvenes“. En los continentes se encuentran rocas de más de cuatro mil millones de años, pero no hay nada parecido en los océanos, Es donde se forman nuevas rocas “, explica Ashwal. “Mauricio es una isla, y no hay roca de más de nueve millones de años en la isla, sin embargo, al estudiar las rocas de la isla, hemos encontrado zircones que son tan viejos como tres mil millones de años“.

Los zircones son minerales que se producen principalmente en granitos de los continentes. Contienen trazas de uranio, torio y plomo, y debido al hecho de que sobreviven muy bien al proceso geológico, contienen un rico registro de procesos geológicos y pueden fecharse con gran precisión.

“El hecho de que hayamos encontrado zircones de esta edad demuestra que en Mauricio existen materiales de la corteza terrestre mucho más antiguos, que sólo pudieron originarse en un continente”, dice Ashwal.

Esta no es la primera vez que zircones de miles de millones de años se han encontrado en la isla. Un estudio hecho en 2013 ha encontrado rastros del mineral en la arena de la playa. Sin embargo, este estudio recibió algunas críticas, incluyendo que el mineral podría haber sido soplado por el viento, o llevado en los neumáticos del vehículo o los zapatos de los científicos.

“El hecho de que encontramos los zircones antiguos en la roca (traquita de 6 millones de años), corrobora el estudio anterior y refuta cualquier sugerencia de zircones aerotransportados o transportados por las olas para explicar los resultados anteriores”, agregó Ashwal.

Ashwal sugiere que hay muchas piezas de varios tamaños de “continente desconocido”, colectivamente llamado “Mauritia”, extendido bajo el Océano Índico, restos de la desintegración de Gondwana.

“De acuerdo con los nuevos resultados, esta ruptura no implicó una simple división del antiguo supercontinente de Gondwana, sino más bien una fragmentación compleja que tuvo lugar con fragmentos de corteza continental de tamaños variables dejados a la deriva dentro de la cuenca del Océano Índico en evolución”.

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Gondwanaland es un súper continente que existía hace más de 200 millones de años y que contenía rocas de 3.600 millones de años, antes de dividirse en lo que hoy son los continentes de África, América del Sur, Antártida, India y Australia. La división se produjo debido al proceso geológico de la tectónica de placas.

Este es el proceso donde la cuenca del océano está en movimiento continuo, y se mueve entre 2 cm y 11 cm por año. Los continentes montan sobre las placas que componen el fondo oceánico, lo que provoca el movimiento de los continentes.


ABC.es

  • El equipo liderado por la arqueóloga española Myriam Seco culmina con éxito en Luxor la novena campaña

Cuando la arqueóloga sevillana Myriam Seco comenzó, hace ya nueve años, sus excavaciones en Luxor, apenas parecía quedar nada del templo funerario de Tutmosis III, convertido en una colina llena de piedras. En la orilla oeste del Nilo, y frente al pico Qurna, se había levantado una vez el Templo de Millones de Años del faraón conocido como «Napoleón egipcio», pero nadie lo había investigado a fondo. Arqueólogos hicieron una tentativa en 1906, para después abandonarlo. En las manos de Seco y su equipo, el yacimiento ha demostrado ser fecundo como nadie esperó: el templo y varias necrópolis abarcan más de 1.500 años de historia del Antiguo Egipto.

Trabajan en este proyecto una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como 150 trabajadores locales

«No esperaba que iba a ser tan rico. Era un descampado lleno de basura», comenta Seco mientras guía el camino a través de los muros de adobe que perimetran el templo donde se afanan durante tres meses una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como más de 150 trabajadores locales. Si en su primerísima semana, allá en 2008, encontraron una suerte de almacén donde los arqueólogos anteriores habían acumulado decenas de fragmentos de muros y relieves –«fue como una señal»- la campaña de 2016 acabó con un muy buen sabor de boca: en noviembre encontraron un bellísimo y bien conservado cartonaje de momia e investigan ahora un complejo funerario que guarda más de una decena de momias en su depósito.

El descubrimiento de la tumba con el cartonaje, que el equipo estima provisionalmente en el Tercer Período Intermedio, amplía aún más los años de vida del yacimiento, que comienzan con una necrópolis de fosas simples y humildes (dinastía XI) y una segunda necrópolis justo bajo el suelo del templo, con tumbas de pozo y pasillo (Imperio Medio, dinastías XII y XIII). «Prefería un templo, y al final salió una necrópolis», bromea Seco, afincada en Egipto.

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Así era el templo

Con gestos y un torrente de explicaciones, la egiptóloga dibuja cómo era el templo; un pilono de adobe, al otro lado de la carretera del siglo XX, y una muralla de adobe encalada en blanco. ¿Cómo se sabe que era blanco? Seco muestra una zona donde todavía se conservan restos de las diversas capas de cal que lo pintaron. Tras él se avanza hasta un segundo patio: en su momento, ocho árboles persea ofrecieron algo de sombra. En una campaña anterior, Seco encontró hojas, raíces y tierra fértil en los agujeros, de más de 9 metros de profundidad. Ha pedido permiso para volver a plantarlos, que de momento le ha sido denegado, aunque insistirá: el uso de árboles le da al templo una característica bien distinta a los de otros, diseminados a la orilla del río Nilo. Una rampa daba acceso a una nueva plataforma, flanqueado por un pórtico de estatuas –quedan sus bases– precediendo al peristilo, capillas y santuarios. Los relieves de arenisca que adornaban las paredes, aún hechos pedazos, cuentan la historia de Tutmosis, el «Napoleón egipcio», por sus campañas militares, desde sus cacerías de elefantes en Asia (área de la actual Siria) hasta la pleitesía de los nubios del sur.

A lo lejos, se oye el esporádico «clinc-clinc» del equipo de trabajadores que talla la piedra caliza que se colocará en parte del suelo, reconstruido para que los turistas puedan imaginar cómo fue el templo. «¡Alhamdulilah! (Gracias a dios)», gritan cuando logran desplazar una pieza especialmente grande.

En 7 u 8 años se convertirá en un museo al aire libre donde el visitante podrá caminar sobre los muros de adobe y asomarse a las tumbas del patio

El proyecto de convertirlo en un museo, que el equipo de Seco tuvo muy presente desde el principio, empieza a dibujarse y deja ver lo que será en 7-8 años: un puzle de épocas conviviendo en una misma parcela, un museo al aire libre donde el turista «caminará sobre los muros» de adobe y podrá asomarse a las tumbas del patio. Sobre el muro original, han levantado una «hilada de sacrificio» que realza el elemento arquitectónico, hasta entonces devorado por la arena. La ingenua incredulidad de que muros tan altos hayan logrado preservarse resulta injustificada cuando Agustín Gamarra, «el experto adobero», muestra hasta dónde llegaba el último ladrillo de barro original conservado. En el exterior del templo, una charca de barro y la sabiduría de los locales son la génesis de los nuevos ladrillos de adobe «fabricados con los mismos materiales»: barro, paja (utilizan fibras largas, de caña de azúcar) y secarse al sol.

Siguiendo el «libro» de los perfiles estratigráficos, los arqueólogos rastrean los distintos niveles del suelo, que permiten seguir las sucesivas vidas del templo, centro religioso pero también económico e, incluso, residencial.

Dinastía XVIII

El templo, de la dinastía XVIII e iniciado en los años de la Hatsheptut, corregente del entonces faraón niño, tenía mucha actividad, como demuestran los miles de vasijas de ofrendas desechadas junto al muro exterior, el particular «basurero» del complejo. Se mantuvo en activo casi los 50 años de gobierno de Tutmosis III, pero también durante el reinado de su hijo, Amenofis II. El equipo de Seco ha encontrado además unas habitaciones anexas, esta vez de época ramésida (dinastía XIX). Precedida por un dintel y una jamba blanca decorada –cuya copia se puede ver in situ, el original está en el museo de Luxor, donde también se exhiben joyas, marfil y cuchillos mágicos encontrados en las tumbas– está la casa de Jonsu, «sacerdote de Menkheperrá» (Tutmosis III).

«Con el descubrimiento de esta casa, aclaramos un enigma histórico. Jonsu fue sacerdote en tiempos de Ramsés II que ejerció en el propio templo de Tutmosis III», señala Javier Martínez Babón, epigrafista y egiptólogo de la excavación, lo que demuestra que, más de una decena de faraones después, seguía habiendo actividad religiosa en el complejo. Una vez abandonado e incluso saqueado por otros faraones, que se fueron llevando las piedras, el yacimiento alojó sucesivas necrópolis de periodos más tardíos (dinastías XXI-XII y dinastías XXV-XXVI).

Desde que comenzó la excavación en 2008 se han encontrado más de un centenar de momias

Bajo una sombrilla, Babón se afana en documentar cada pieza «con algo de relevancia» que escupe el yacimiento. Resulta, según dice y se puede apreciar, «un trabajo ingente». La riqueza del yacimiento provoca que las ramas de investigación, más allá de la mera excavación, se multipliquen. Durante los tres meses de campaña conviven epigrafistas, arqueólogos, restauradores y gente de la rama de Bellas Artes y documentación. El proyecto cuenta con un convenio con la Universidad de Granada y con la Universidad de Tübingen (Alemania), segunda alma mater de Seco. Se estudia y se restauran las estructuras y las tumbas, pero también se pone un ojo en las momias encontradas, más de un centenar desde que comenzaron la excavación en 2008, financiada por la Fundación Botín, Banco Santander, Cemex y Cajasol.

«El templo está volviendo a la vida», aprecia el arqueólogo Ibrahim Noureddine, antes de adentrarse de nuevo en el pozo que conduce a «su» tumba. Con una riqueza que pocos esperaban, Thutmose III Project «es un proyecto que ha adquirido una dimensión muy notoria. Era un pedregal, no se veía absolutamente nada. Da mucha satisfacción verlo ahora», rezuma entusiasmo Babón. El 15 de diciembre, Seco echó el cierre a la novena campaña. Le esperan otros 9 meses de investigación y publicación del infinito material hasta regresar, un año más, a Luxor.


ABC.es

  • Un equipo internacional descubre restos de torres, paredes y puertas de una población que floreció entre el s.IV y el siglo III antes de Cristo
 Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. - SIA / Efak / YPPOA

Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. – SIA / Efak / YPPOA

Investigadores de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) han descubierto los restos de una ciudad antigua en el centro de Grecia hasta ahora desconocida. Sus exploraciones en el pueblo de Vlochos, al norte de Atenas, podrían proporcionar respuestas a algunos de los misterios que aún rodean a la antigua civilización griega. Los restos arqueológicos se encuentran dispersos en la colina Strongilovoúni y sus alrededores, en esta zona de grandes llanuras de Tesalia y se pueden fechar a varios períodos históricos, según señala la Universidad de Gotemburgo en un comunicado.

Algunas de las ruinas ahora investigadas ya eran conocidas con anterioridad, pero se creía que eran restos de un pequeño poblado, irrelevante, según afirma Robin Rönnlund, arqueólogo de la Universidad de Gotemburgo y líder del trabajo de campo. Recientes exploraciones han revelado que el sitio fue mucho más grande y significativo de lo que se pensaba.

 «El hecho de que no se haya explorado antes la colina es un misterio», dice este investigador, que descubrió el lugar junto a otro colega al estar relacionado con otro proyecto y ambos se dieron cuenta de su potencial.
 En colaboración con el Instituto Sueco en Atenas y el Servicio de Antigüedades de Karditsa, se puso en marcha el Proyecto Arqueológico Vlochos (VLAP) con el objetivo de explorar los restos. Durante dos semanas en septiembre de 2016 el equipo de investigación del proyecto completó la primera exploración de campo.

Rönnlund asegura que la colina esconde muchos secretos. En la cumbre y las laderas se han encontrado restos de torres, paredes y puertas de una ciudad que se extendía por unas 40 hectáreas. Sin embargo, casi nada de la planta inferior es visible.

En lugar de excavar el sitio, los investigadores han utilizado otros métodos como el radar de penetración terrestre que permitirá el estudio del lugar sin alterar su estado actual. Los resultados de los primeros trabajos han sido un éxito, según señalan los investigadores. «Hemos encontrado una plaza de la ciudad y una red de calles que indican que estamos ante toda un gran ciudad», detalla Rönnlund.

También se ha encontrado cerámica antigua y monedas que pueden ayudar a la fecha la ciudad. «Nuestros hallazgos más antiguos son de alrededor de 500 a.C., pero la ciudad parece haber florecido principalmente desde el s.IV hasta el siglo III antes de Cristo antes de ser abandonada por alguna razón, tal vez por la conquista romana de la zona», explica el investigador sueco.

Rönnlund cree que el proyecto sueco-griega puede proporcionar pistas importantes en cuanto a lo que sucedió durante este período violento de la historia griega. «Se sabe muy poco acerca de las antiguas ciudades de la región, y muchos investigadores han creído previamente que el oeste de Tesalia era algo así como un remanso en la antigüedad. Por lo tanto, nuestro proyecto llena un vacío importante en el conocimiento de la zona y muestra que aún queda mucho por descubrir en suelo griego», subraya.


ABC.es

  • Es el resto más primitivo de una bacteria oxidadora del azufre, un grupo que vivió antes de que hubiera oxígeno en la atmósfera
  • Son los organismos conocidos más antiguos que vivieron en aguas oscuras y profundas. Existieron hace 2.500 millones de años, mucho antes de que aparecieran las plantas y los árboles
 Estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales - Andrew Czaja

Estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales – Andrew Czaja

Hace unos 2.500 millones en la Tierra ocurrió un evento que cambió para siempre la vida en el planeta. Con la llamada «Crisis del Oxígeno», el que era un gas residual generado por microorganismos fotosintéticos acabó provocando una extinción masiva de especies al acumularse en la atmósfera, puesto que era un elemento tóxico para muchos seres vivos. Esto fue el fin para la mayoría, pero también fue la oportunidad para que otros seres capaces de aprovechar el oxígeno dominaran la Tierra.

De aquella tragedia quedan testigos mudos en forma de rocas. Son sobre todo los llamados estromatolitos, unas formaciones fosilizadas creadas por el crecimiento en capas de microorganismos que vivieron hace más de 3.500 millones de años. Pues bien, desde este martes, un estudio publicado en la revista «Geology» asegura haber encontrado los restos de unas bacterias que vivieron en la Tierra justo antes de que ocurriera la «Crisis del Oxígeno», tal como ha informado Phys.org.

«Estos son los fósiles más antiguos de bacterias del azufre (usan este elemento como fuente de energía)», ha dicho Andrew Czaja, profesor de geología en la Universidad de Cincinnati y primer autor del estudio. «Y este descubrimiento nos ayuda a entender la diversidad de formas de vida y de ecosistemas que existieron justo antes del “Gran Evento de Oxidación”».

Según Czaja, estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales, pero similar al de organismos unicelulares que viven hoy en día en aguas profundas, ricas en azufre y pobres en oxígeno. Al parecer, fueron abundantes en las aguas profundas de los océanos hace entre 2.500 o 2.8oo millones de años.

Según creen los investigadores, se dedicaban a alimentarse de sulfuro de hidrógeno, una molécula que huele a huevo podrido. Eran capaces de robarles los electrones a esta molécula (a través de una oxidación) para obtener su energía, y en el proceso transformaban esos compuestos en sulfato (un gas que no huele a nada). Tal como ha dicho este investigador, además había otras bacterias que eran capaces de respirar este sulfato (se trata de las bacterias sulfatorreductoras). «El residuo de una era la comida para otra».

Hoy en día hay bacterias capaces de hacer reacciones químicas similares a aquellas en un «puñado» de lugares en los que no hay presencia de oxígeno, como pueden por ejemplo ser los sedimentos de algunas masas de agua o lugares donde se ha consumido temporalmente el oxígeno del agua.

Aprovechar la «comida» de los volcanes

«Aunque no puedo decir que estas bacterias primitivas fueran las mismas que las que hay hoy en día, tengo la conjetura de que hacían lo mismo que las bacterias actuales», ha opinado. «Estas bacterias tempranas probablemente consumían las moléculas que procedían de la disolución de minerales ricos en azufre que había en los océanos y que procedían de rocas erosionadas y lavadas de Tierra, o de restos volcánicos en los fondos».

Este tipo de procesos, entre otros, son los que hoy se consideran como un factor clave para poder encontrar vida en otros lugares del Sistema Solar en los que hay grandes masas de agua bajo la superficie, como es el caso de Europa, la luna de Júpiter, o Encélado, el satélite de Saturno.

Fósiles extremadamente antiguos

Estas bacterias del azufre primitivas fueron encontradas en las láminas de rocas de silicatos situadas en una región muy especial: el Cratón de Kaapvaal, una zona donde la corteza terrestre tiene 3.500 millones de años de antigüedad.

Según este estudio, estos fósiles se formaron en el lecho marino profundo que había en el supercontinente de Vaalbara, una antigua placa de la que hoy pueden encontrarse restos en el Sur de África y en Australia Occidental. Gracias la datación por radiometría y a análisis de isótopos, Czaja y su equipo concluyeron que estas bacterias del azufre vivieron al mismo tiempo que en la superficie otros microbios comenzaban a producir cantidades cada vez más exageradas de oxígeno a través de la fotosíntesis.

«Esos fósiles representan los organismos conocidos más antiguos que vivieron en aguas muy oscuras y profundas», ha añadido. «Existieron 2.000 millones de años antes que las plantas y los árboles, que evolucionaron hace 450 millones de años». Los científicos aún no se han puesto de acuerdo en relación con el momento en que aparecieron por primera vez las bacterias oxidadores del azufre, pero Czaja cree que definitivamente estos microbios estaban aquí hace 2.500 millones de años y que estaban haciendo algo importante.

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