La enésima vida del templo de Tutmosis III


ABC.es

  • El equipo liderado por la arqueóloga española Myriam Seco culmina con éxito en Luxor la novena campaña

Cuando la arqueóloga sevillana Myriam Seco comenzó, hace ya nueve años, sus excavaciones en Luxor, apenas parecía quedar nada del templo funerario de Tutmosis III, convertido en una colina llena de piedras. En la orilla oeste del Nilo, y frente al pico Qurna, se había levantado una vez el Templo de Millones de Años del faraón conocido como «Napoleón egipcio», pero nadie lo había investigado a fondo. Arqueólogos hicieron una tentativa en 1906, para después abandonarlo. En las manos de Seco y su equipo, el yacimiento ha demostrado ser fecundo como nadie esperó: el templo y varias necrópolis abarcan más de 1.500 años de historia del Antiguo Egipto.

Trabajan en este proyecto una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como 150 trabajadores locales

«No esperaba que iba a ser tan rico. Era un descampado lleno de basura», comenta Seco mientras guía el camino a través de los muros de adobe que perimetran el templo donde se afanan durante tres meses una veintena de expertos de diferentes especialidades, así como más de 150 trabajadores locales. Si en su primerísima semana, allá en 2008, encontraron una suerte de almacén donde los arqueólogos anteriores habían acumulado decenas de fragmentos de muros y relieves –«fue como una señal»- la campaña de 2016 acabó con un muy buen sabor de boca: en noviembre encontraron un bellísimo y bien conservado cartonaje de momia e investigan ahora un complejo funerario que guarda más de una decena de momias en su depósito.

El descubrimiento de la tumba con el cartonaje, que el equipo estima provisionalmente en el Tercer Período Intermedio, amplía aún más los años de vida del yacimiento, que comienzan con una necrópolis de fosas simples y humildes (dinastía XI) y una segunda necrópolis justo bajo el suelo del templo, con tumbas de pozo y pasillo (Imperio Medio, dinastías XII y XIII). «Prefería un templo, y al final salió una necrópolis», bromea Seco, afincada en Egipto.

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Imagen aérea de la zona de excavación- Tutmosis III Temple Project

Así era el templo

Con gestos y un torrente de explicaciones, la egiptóloga dibuja cómo era el templo; un pilono de adobe, al otro lado de la carretera del siglo XX, y una muralla de adobe encalada en blanco. ¿Cómo se sabe que era blanco? Seco muestra una zona donde todavía se conservan restos de las diversas capas de cal que lo pintaron. Tras él se avanza hasta un segundo patio: en su momento, ocho árboles persea ofrecieron algo de sombra. En una campaña anterior, Seco encontró hojas, raíces y tierra fértil en los agujeros, de más de 9 metros de profundidad. Ha pedido permiso para volver a plantarlos, que de momento le ha sido denegado, aunque insistirá: el uso de árboles le da al templo una característica bien distinta a los de otros, diseminados a la orilla del río Nilo. Una rampa daba acceso a una nueva plataforma, flanqueado por un pórtico de estatuas –quedan sus bases– precediendo al peristilo, capillas y santuarios. Los relieves de arenisca que adornaban las paredes, aún hechos pedazos, cuentan la historia de Tutmosis, el «Napoleón egipcio», por sus campañas militares, desde sus cacerías de elefantes en Asia (área de la actual Siria) hasta la pleitesía de los nubios del sur.

A lo lejos, se oye el esporádico «clinc-clinc» del equipo de trabajadores que talla la piedra caliza que se colocará en parte del suelo, reconstruido para que los turistas puedan imaginar cómo fue el templo. «¡Alhamdulilah! (Gracias a dios)», gritan cuando logran desplazar una pieza especialmente grande.

En 7 u 8 años se convertirá en un museo al aire libre donde el visitante podrá caminar sobre los muros de adobe y asomarse a las tumbas del patio

El proyecto de convertirlo en un museo, que el equipo de Seco tuvo muy presente desde el principio, empieza a dibujarse y deja ver lo que será en 7-8 años: un puzle de épocas conviviendo en una misma parcela, un museo al aire libre donde el turista «caminará sobre los muros» de adobe y podrá asomarse a las tumbas del patio. Sobre el muro original, han levantado una «hilada de sacrificio» que realza el elemento arquitectónico, hasta entonces devorado por la arena. La ingenua incredulidad de que muros tan altos hayan logrado preservarse resulta injustificada cuando Agustín Gamarra, «el experto adobero», muestra hasta dónde llegaba el último ladrillo de barro original conservado. En el exterior del templo, una charca de barro y la sabiduría de los locales son la génesis de los nuevos ladrillos de adobe «fabricados con los mismos materiales»: barro, paja (utilizan fibras largas, de caña de azúcar) y secarse al sol.

Siguiendo el «libro» de los perfiles estratigráficos, los arqueólogos rastrean los distintos niveles del suelo, que permiten seguir las sucesivas vidas del templo, centro religioso pero también económico e, incluso, residencial.

Dinastía XVIII

El templo, de la dinastía XVIII e iniciado en los años de la Hatsheptut, corregente del entonces faraón niño, tenía mucha actividad, como demuestran los miles de vasijas de ofrendas desechadas junto al muro exterior, el particular «basurero» del complejo. Se mantuvo en activo casi los 50 años de gobierno de Tutmosis III, pero también durante el reinado de su hijo, Amenofis II. El equipo de Seco ha encontrado además unas habitaciones anexas, esta vez de época ramésida (dinastía XIX). Precedida por un dintel y una jamba blanca decorada –cuya copia se puede ver in situ, el original está en el museo de Luxor, donde también se exhiben joyas, marfil y cuchillos mágicos encontrados en las tumbas– está la casa de Jonsu, «sacerdote de Menkheperrá» (Tutmosis III).

«Con el descubrimiento de esta casa, aclaramos un enigma histórico. Jonsu fue sacerdote en tiempos de Ramsés II que ejerció en el propio templo de Tutmosis III», señala Javier Martínez Babón, epigrafista y egiptólogo de la excavación, lo que demuestra que, más de una decena de faraones después, seguía habiendo actividad religiosa en el complejo. Una vez abandonado e incluso saqueado por otros faraones, que se fueron llevando las piedras, el yacimiento alojó sucesivas necrópolis de periodos más tardíos (dinastías XXI-XII y dinastías XXV-XXVI).

Desde que comenzó la excavación en 2008 se han encontrado más de un centenar de momias

Bajo una sombrilla, Babón se afana en documentar cada pieza «con algo de relevancia» que escupe el yacimiento. Resulta, según dice y se puede apreciar, «un trabajo ingente». La riqueza del yacimiento provoca que las ramas de investigación, más allá de la mera excavación, se multipliquen. Durante los tres meses de campaña conviven epigrafistas, arqueólogos, restauradores y gente de la rama de Bellas Artes y documentación. El proyecto cuenta con un convenio con la Universidad de Granada y con la Universidad de Tübingen (Alemania), segunda alma mater de Seco. Se estudia y se restauran las estructuras y las tumbas, pero también se pone un ojo en las momias encontradas, más de un centenar desde que comenzaron la excavación en 2008, financiada por la Fundación Botín, Banco Santander, Cemex y Cajasol.

«El templo está volviendo a la vida», aprecia el arqueólogo Ibrahim Noureddine, antes de adentrarse de nuevo en el pozo que conduce a «su» tumba. Con una riqueza que pocos esperaban, Thutmose III Project «es un proyecto que ha adquirido una dimensión muy notoria. Era un pedregal, no se veía absolutamente nada. Da mucha satisfacción verlo ahora», rezuma entusiasmo Babón. El 15 de diciembre, Seco echó el cierre a la novena campaña. Le esperan otros 9 meses de investigación y publicación del infinito material hasta regresar, un año más, a Luxor.

Amon Renef dormía junto al templo del faraón


El Pais

  • La misión que dirige la sevillana Myriam Seco halla un hermoso enterramiento anexo al santuario de Tutmosis III en Luxor
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Ataúd de cartón pintado hallado en el templo de Tutmosis III, en Luxor (Egipto).

Mientras en Egipto la atención mediática se centra en los misteriosos espacios desconocidos de la Gran Pirámide y en la tumba de Tutankamón, sin que acabe de hacerse luz sobre ellos, el paciente y a menudo silencioso trabajo de los arqueólogos continúa en los yacimientos que se extienden por todo el país. Esa labor meticulosa produce descubrimientos que hacen avanzar el conocimiento científico del Antiguo Egipto y a veces también hallazgos espectaculares. Es el caso del enterramiento hallado por la misión que dirige la egiptóloga sevillana Myriam Seco en el yacimiento del templo funerario de Tutmosis III en la gran necrópolis tebana, en la orilla oeste del Nilo en Luxor.

En el exterior del muro perimetral del templo del poderoso faraón guerrero (conocido como “el Napoleón egipcio”), en la zona sur, los arqueólogos han excavado en un pozo de poca profundidad un nicho que albergaba un sarcófago de madera en cuyo interior se encontraba la momia dentro de un hermoso cartonaje antropomorfo, un ataúd de cartón pintado. El sarcófago, atacado por las termitas, presentaba graves daños en su parte central y no ha podido ser recuperado en su totalidad, ha explicado a este diario desde Luxor Myriam Seco. Sin embargo, el cartonaje “se encuentra en buen estado de conservación y permite observar bellas imágenes dotadas de un impresionante colorido”.

Los científicos han identificado en el cartonaje y en los restos del sarcófago el nombre y el título del personaje que fue enterrado: el funcionario Amon Renef, Sirviente de la Casa Real. Estudios preliminares sitúan el enterramiento a comienzos del Tercer Periodo Intermedio, en torno a los siglos XI o X antes de Cristo.

Entre los elementos religiosos y simbólicos que presenta el ataúd de cartonaje policromado figuran el disco solar y la cobra, las diosas protectoras Isis y Neftis con las alas desplegadas, los cuatro hijos de Horus, que custodiaban las vísceras del difunto, y halcones protectores con las alas también desplegadas.

En cuanto a la momia, “la estudiaremos la semana próxima con escáner y rayos X para identificar sus rasgos físicos y tratar de dilucidar la causa de la muerte, así como determinar si lleva joyas y amuletos”. El enterramiento no incluía más ajuar que el sarcófago de madera y el cartonaje policromado.

El hallazgo se enmarca en la novena campaña de trabajos en el templo de Tutmosis III que persigue el doble objetivo de rehabilitar el recinto –dejado de la mano de Dios durante mucho tiempo- para hacerlo inteligible y mostrar su esplendor original, y excavar el área, que está llena de tumbas de pozo correspondientes a diferentes periodos.

“Sabíamos que el templo fue construido sobre una necrópolis anterior, del Reino Medio, con gente de alto rango social”, ha explicado Seco. “hace dos años encontramos otra necrópolis junto al muro norte, correspondiente a gente humilde, también anterior a la edificación del templo. Y al final de la temporada pasada, al oeste del recinto, dos tumbas de época tardía. Ahora aparece esto, al sur, que demuestra que una vez el templo quedó abandonado y en ruinas y se siguió usando como necrópolis”.

El yacimiento, subraya Seco, ha demostrado, como se ve, poseer una riqueza arqueológica extraordinaria, que abarca un arco cronológico superior a los 1500 años y aporta materiales e informaciones de las dinastías XI, XII, XVIII y XIX, así como de principios del Tercer Periodo Intermedio y la Época Baja. La misión, fruto de la cooperación entre el Ministerio de Antigüedades Egipcio y la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, la financian la Fundación Botín, el Banco de Santander, Cemex y Cajasol.

Sobre la situación actual en Luxor, Myriam Seco dice que parece mejorar el turismo. “Se mueve algo, y hay más esperanza. Vemos pasar más autocares”. En cuanto a las misteriosas cámaras secretas de la tumba de Tutankamón –en el Valle de los Reyes, cerca de donde trabaja la egiptóloga-, “no parece haber novedades, la investigación está paralizada, pero dará que hablar”.

Una excavación clandestina deja al descubierto un templo faraónico en Egipto


ABC.es

  • El hallazgo tuvo lugar en una vivienda en la localidad de Badrashin, donde fueron detenidas siete personas implicadas en la excavación ilegal
Una excavación clandestina deja al descubierto un templo faraónico en Egipto

efe La estatua, esculpida en granito rosa, encontrada en una excavación clandestina que ha dejado al descubierto vestigios de un templo faraónico que data de hace más de 3.500 años en una localidad rural al sur de El Cairo

Una excavación clandestina ha dejado al descubierto vestigios de un templo faraónico que data de hace más de 3.500 años en una localidad rural del sur de El Cairo, informó el ministro de Antigüedades de Egipto, Mamduh al Damati.

En un comunicado, el ministro explicó que el hallazgo fue hecho en una vivienda en la localidad de Badrashin, a unos 30 kilómetros al suroeste de El Cairo, donde fueron detenidas unas siete personas implicadas en esa excavación ilegal.

Entre las piezas encontradas, que datan del periodo faraónico del Imperio Nuevo (1539-1075 a. C.), figuran bloques de piedra con inscripciones jeroglíficas, algunos de los cuales pertenecen a la época del rey Tutmosis III (1490-1436 a.C.). Asimismo, se hallaron siete estelas murales, restos de columnas y de una estatua de 2,5 metros de altura, esculpidas en granito rosa.

Las autoridades sacaron las piezas de la excavación después de bombear el agua subterránea que inundó el lugar con una profundidad de nueve metros.

Por su parte, el responsable de la Policía de Turismo y Antigüedades del Ministerio del Interior, general Mumtaz Fathi, señaló que a los detenidos se les incautaron un traje de buceo y bombonas de oxígeno, que pretendían usar para extraer los objetos del fondo del pozo.

En Egipto son frecuentes las excavaciones clandestinas para hallar tesoros faraónicos, especialmente en zonas cercanas a zonas arqueológicas o dentro de las mismas.

Los colosos de Memnón vuelven a levantarse en la antigua Tebas


El Mundo

  • ARQUEOLOGÍA Un trabajo con participación española

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Hace 3.200 años la tierra tembló en la antigua Tebas. La convulsión causó una escabechina en el templo de Amenhotep III, el más extenso e imponente de todos los templos conmemorativos que salpican la orilla occidental de la actual Luxor. Cientos de esculturas – retratos del faraón, su estirpe y sus deidades más queridas- se despeñaron vencidas por la sacudida. Solo permanecieron en pie las moles del faraón que flanqueaban la entrada al complejo. En el año 27 a.C. las figuras sedentes del monarca resistieron un nuevo seísmo. El envite, sin embargo, agrietó el coloso norte. De la pequeña hendidura nació un rumor que griegos y romanos convirtieron en la leyenda de Memnón, rey etíope, héroe de la guerra de Troya e hijo de Eos (la diosa del amanecer).

“Era una grieta estructural. La cuarcita suena. El ruido que emitía lo asociaron con los gemidos de Eos que lloraba la muerte de su vástago en Troya”, cuenta a EL MUNDO el arqueólogo español Miguel Ángel López Marcos, miembro del proyecto que trata de recuperar el templo de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y rescatar la memoria del bisnieto del gran Tutmosis III y padre del hereje Ajenatón, enterrada por la fábula de “los colosos de Memnón” y los temblores que hundieron el recinto.

La tarea, a la que la misión arqueológica egipcio-europea ha dedicado ya dieciséis campañas, ha desvelado esta semana su conquista más lograda hasta la fecha: dos figuras colosales del faraón, cosidas a partir de decenas o cientos de piezas, han vuelto a erguirse sobre la vasta llanura que un día ocupó el templo. La primera se halla a unos cien metros al oeste de los gigantes de Memnón, escoltando la puerta del segundo pilón. El rey aparece sentado con sus brazos recostados sobre las rodillas. En la cabeza, el nemes -la especie de tocado de tela que usaban los faraones- con las trazas de una doble corona de la que solo se han hallado algunos vestigios. Y como atuendo, una falda real con pliegues. Junto a la pierna izquierda, en las jambas del trono, asoma la estatua de su esposa, la gran reina consorte Tiy. La efigie de su madre Mutemuia debía decorar el lado derecho pero permanece desaparecida.

“Han sido diez años de puzzle. Este coloso pesa 300 toneladas y hemos llegado a pegar más de 370 fragmentos. Desde piezas de 10 o 12 gramos hasta una de 250 toneladas”, explica López Marcos, impresionado aún por la proeza que supuso su construcción y el traslado de la cuarcita desde las canteras de Gebel el Ahmar, cerca de la actual capital egipcia. “Me sigue pareciendo increíble que pudieran mover cientos de toneladas en un barco a contracorriente a lo largo de 700 kilómetros”.

Restos sumergidos en el agua

La restauración no ha resultado menos laboriosa. Sus pedazos fueron sepultados por los aluviones del Nilo en medio de un terreno arcilloso e inestable. Aparecieron en 2002 sumergidos en el agua a tres metros de profundidad. Ayudada por poleas -a la usanza faraónica- y modernos cojines de aire comprimido, una legión de trescientos obreros los recuperó del fango. En 2011, tras su paso por quirófano, el cuerpo -a falta de testa, torso, pie y rodillas- fue colocado en un pedestal consolidado con cemento. Y ha sido durante esta campaña cuando ha recobrado las extremidades, incluida una cabeza de 16 toneladas.

El segundo de los colosos presentados en sociedad está ubicado cerca del lugar donde se alzaba la puerta norte de un recinto que consta de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila y un santuario. Son trece metros que se yerguen hacia el cielo con Amenhotep III de pie, enfundado en la corona del Alto Egipto y un rollo de papiro asido en cada mano. “Se trata de la mayor reconstrucción realizada hasta la fecha“, apunta López. Para la próxima temporada, que arrancará en noviembre, le aguarda la misión de recomponer y levantar las parejas de ambos colosos.

Piedra a piedra, el más espectacular de los templos de Millones de Años (como se denomina a los templos funerarios del Imperio Nuevo) descubre sus tesoros. “Estamos devolviendo la vida a unos monumentos que se hallaban abandonados; proporcionando un poco de dignidad al templo y recuperando parte de la gloria del constructor de este recinto, Amenhotep III”, declara a este diario la arqueóloga germano-armenia Hourig Sourouzian, directora del proyecto. Tras el terremoto que lo redujo a ruinas en 1.200 a.C., su arquitectura se diluyó. Por orden de otros faraones sus piedras fueron trasladadas y reutilizadas en la construcción de templos colindantes como el de Merenptah (1213-1203 a.C.) y el Ramesseum. Y en el siglo XIX, en pleno furor por la egiptología, franceses e ingleses hallaron en sus confines un buen almacén donde conseguir material para las estanterías del Louvre o el Museo Británico. Dos de las esfinges del templo custodian desde la década de 1830 el muelle de la Universidad de San Petersburgo.

Los restos que sobrevivieron a monarcas y coleccionistas estaban abocados al colapso en 1998, cuando el Fondo Mundial de Monumentos lo incluyó en su lista de los 100 sitios en peligro de desaparición. “Estaba amenazado por el agua, el salitre, la vegetación, la agricultura y el vandalismo”, recuerda Sourouzian, feliz por los avances y los hallazgos. En esta última campaña, que concluyó ayer lunes, se ha desenterrado la estatua de Iset, hija Amenhotep III, entre las piernas de uno de los colosos que hacía guardia en el tercer pilón. “Es la única pareja de colosos de alabastro que existe en el mundo y la primera vez que Iset aparece en el templo”, esboza la directora, empeñada en crear un museo al aire libre con las piezas recuperadas. “Trabajaremos aquí entre cinco y diez temporadas más para poner los descubrimientos en exhibición y remontar la entrada. Luego, dejaremos los patios y el resto del templo a futuras generaciones”, detalla ante de confesar su quimera. “Imagino a cada rato cómo sería el templo y sueño con la idea de regresar en el tiempo y poder ver como era”.

Desenterrando al ‘Napoléon’ egipcio


El Mundo

  • Una española dirige las excavaciones del templo de Tutmosis III en Luxor
Vista aérea de las axcavaciones en el templo de Tutmosis III.

Vista aérea de las axcavaciones en el templo de Tutmosis III. Proyecto Tutmosis III

Un ejército de obreros, uniformados con galabiya (túnica) y turbante, surge repentinamente en el margen derecho de la carretera que bordea los campos verdes y las arenas del desierto camino del Valle de los Reyes. Es media mañana y la tropa se desparrama por las ruinas del templo funerario de Tutmosis III (1490/68-1436 a.C.), el faraón más grande de todos los tiempos. Algunas cuadrillas horadan el suelo del recinto en busca de nuevos hallazgos. Otras, en cambio, acomodan bloques de adobe sobre las malheridas tapias del complejo.

Todos, desde el capataz más avezado al peón más bisoño, rinden cuentas a Myriam Seco, la egiptóloga española que codirige desde 2008 la tarea titánica de recuperar el templo del Napoleón de Egipto 70 años después de las primeras y superficiales exploraciones llevadas a cabo por tres reputados arqueólogos europeos. A punto de concluir la sexta campaña, Seco reconoce que es capaz de ver la grandeza extraviada donde el ojo neófito solo halla restos. “Después de dedicarle tantas horas de trabajo te lo imaginas remontado. Con tres terrazas de grandes dimensiones y unos muros de adobe monumentales y encalados”, relata a EL MUNDO la arqueóloga sevillana.

La labor de estas seis temporadas es fácilmente perceptible desde la carretera que cruza el primer patio. Más aún si se recurre a la fototeca. Las instantáneas del lugar tomadas hace una década muestran el perímetro sepultado bajo un manto de tierra y sitiado por las construcciones ilegales. “Estaba totalmente cubierto de arena. Era muy prometedor porque había permanecido abandonado durante siete décadas”, recuerda Seco. El equipo ha retirado la capa de polvo y las autoridades han derribado la mayoría de las viviendas cercanas. Pero la misión de rescatar el templo de Millones de Años (como se denomina a los templos funerarios del Imperio Nuevo) dedicado a Tutmosis III ha superado cualquier expectativa. “Se ha triplicado el potencial inicial», asegura la codirectora de un proyecto financiado por el Banco Santander, la Fundación Botín y la compañía mexicana Cemex.

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“Fue como dar con un tesoro”

El pronóstico, incluso el más prometedor, saltó por los aires desde el minuto cero. “Al empezar a trabajar encontramos un almacén con más de 2.000 fragmentos de las paredes del templo. Fue como dar con un tesoro”, señala Seco, decidida a ampliar los trabajos efectuados en el recinto a finales del siglo XIX y principios del XX por los egiptólogos Daressy, Weigall y Ricke. “Fueron pequeñas campañas. En aquel tiempo se solía excavar parcialmente. El templo nunca ha sido cavado en su totalidad. Ése era nuestro objetivo”, detalla la mudira (directora, en árabe), como la llaman los 130 obreros que trabajan en una campaña que comenzó a principios de octubre y se clausura el lunes 30. Unos 30 especialistas de cinco nacionalidades completan la plantilla.

Bajo el sol suave de diciembre, el templo deja ver con precisión sus límites. Por si acaso, Seco dibuja el mapa del reciento sobre la arena. “Son 100 metros de fachada y 150 metros de largo”, explica. Sus muros de 5 metros de ancho y 12 metros de altura encierran un recinto varado en la frontera de dos paisajes opuestos: las tres terrazas construidas a diferentes niveles fueron horadadas en la montaña árida de la orilla occidental de Luxor, la antigua Tebas, mientras que el primer pilón (separado hoy del complejo por la carretera) se asienta sobre la fértil tierra del Nilo.

Es un templo diferente al resto de los de Millones de Años, aunque presenta similitudes con el de Hatshepsut al tener tres terrazas y estar dedicado a Amón y Hathor”, dice Seco. Una rampa principal, plantada en el centro del templo, conducía al recién llegado hasta un pórtico salpicado por una decena de pilares, probablemente decorados con estatuas osiríacas del faraón. Y, unos metros más adentro, el peristilo (un patio descubierto rodeado de columnas) se extendía hasta la sala hipóstila y al fondo el santuario, con una capilla consagrada a la Barca de Amón; otras dos capillas al norte y una al sur. “Debió ser una auténtica maravilla”, esboza el egiptólogo y miembro del proyecto Javier Martínez Babón, profesor de la Escuela de Egiptología del Museo Egipcio de Barcelona. “Hemos hallado inscripciones y relieves con una policromía que parecen haber sido pintados ayer”.

Sólo se ha excavado una tercera parte del templo

La campaña que consume estos días su último hálito ha resultado especialmente fructífera. El equipo ha descubierto un recinto religioso de la época de Ramsés II (1304-1237 a.C.) intramuros del templo, en el segundo patio. De sus estancias se han recuperado dos dinteles, con una representación del sacerdote Jonsu, y una estatua de Tutmosis III tallada en granito negro y partida a la altura de la cintura. “El hecho de que encontremos un complejo que rinde culto a Tutmosis III unos 200 años después de su muerte demuestra que su figura trascendió”, subraya Martínez Babón, fascinado porque sea precisamente en la época de Ramsés II, otro monarca de primer orden “que se divinizaba y no dejaba espacio para nadie más”. En el segundo patio, junto a la rampa principal, también se ha desenterrado una cabeza de estatua de granito negro. Los estudios preliminares apuntan a que se trata de la figura de una divinidad o un personaje privado.

Hallazgo a hallazgo, emerge la biografía de Tutmosis el grande, el joven que reinó tras el óbito de su tía y madrastra Hashetsup (1508-1458 a.C.) y que reunió la virtud del estratega militar y el gobernante brillante. “Es el gran faraón. Un militar hábil y un gran diplomático y gestor. No se limita a conquistar. También edifica la gran administración que funcionará durante 300 años desde Siria central hasta el norte de Sudán», puntualiza Martínez Babón.

De sus gestas castrenses, dan fe los relieves e inscripciones que un día adornaron los muros del templo. “Aunque fue el arquitecto del gran imperio egipcio, la documentación que se tenía no era demasiada. Hemos dado un paso hacia delante al descubrir la existencia de dos nuevas princesas”, confiesa el experto. ¿Cuántas sorpresas esperan bajo tierra? “Hemos excavado una tercera parte del templo”, barrunta Seco. Que cada cual haga sus cábalas.

Frenado por la revolución

Myriam Seco aterrizó en 2000 en la otrora turística Luxor, hoy vacía y deprimida por la inestabilidad política que habita Egipto desde hace tres años. Licenciada en Historia Antigua por la Universidad de Sevilla, llegó a Tebas como miembro del proyecto de excavación del templo funerario de Amenofis III. Una década después, coordina junto a Nur Abd el Gafar Mohamed la recuperación del templo de Tutmosis III. El reto carece todavía de fecha de caducidad. “Se necesitan cinco o seis años más para excavarlo completamente, y luego queda la restauración y la museización”, dice la arqueóloga, que se doctoró en el Instituto de Egiptología de la Universidad germana de Tübingen. Y es que su desafío, del que habla con un entusiasmo contagioso, es convertir en museo el complejo y abrirlo al público. “La idea es remontar algunas paredes del templo. Tenemos tal cantidad de material que hay que buscar la manera de exhibirlo en su contexto y darle vida”, reseña. Atractivos no le faltan al sueño. La excavación, por ejemplo, ha descubierto unos enormes agujeros en la tierra que sirvieron de gigantescos maceteros y que casan con la pasión del rey por la botánica y la zoología y con su afición a coleccionar fauna y flora de sus incursiones militares. “El segundo patio del templo era una zona ajardinada en la que había ocho árboles sembrados en esos orificios. Ese hallazgo cambia radicalmente la imagen del templo y nos da mucho juego a la hora de musealizarlo. Volveremos a plantar los árboles cuando sepamos de que variedad eran”, cuenta Seco, miembro de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Uno de los mayores obstáculos será desviar la carretera que cercena el templo y derribar las viviendas levantadas en el ala sur del pilón. “La revolución paralizó el proyecto”, cuenta. Lograrlo abriría nuevos horizontes y entregaría a Seco otro terreno ignoto. “El primer patio jamás ha sido excavado. Es tierra virgen, una auténtica joya”.

 

El enigma eterno de Tutmosis III


El Pais

  • Una excavación en Luxor dirigida por la arqueóloga española Myriam Seco desentraña los misterios del templo funerario del gran faraón guerrero
Myriam Seco conversa en Luxor con Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades egipcio. Inscripción de Tutmosis III. / JOAQUÍN ROLDÁNJ. R.

Myriam Seco conversa en Luxor con Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades egipcio. Inscripción de Tutmosis III. / JOAQUÍN ROLDÁNJ. R.

Como casi siempre que se excava en el pasado, al pasar el pincel sobre la historia la piedra desvela intrigas, traiciones, luchas de poder y, de vez en cuando, un personaje de cualidades asombrosas que nos hacen soñar al estilo de las películas en tecnicolor. Tutmosis III, soberano de la XVIII dinastía que reinó en el siglo V a.C., es uno de esos héroes casi cinematográficos que la antigua civilización faraónica atesora en sus anales.

Para saber más de este faraón que llevó a Egipto a convertirse en la principal potencia de Oriente Próximo, desde hace tres años la arqueóloga y doctora en Historia Myriam Seco (Sevilla, 1967), dedica sus esfuerzos a desenterrar su templo funerario en Luxor. El equipo que dirige realiza en la antigua Tebas un trabajo que otros dejaron inacabado en tres campañas cortas y poco fructíferas: en 1886, 1906 y en los años 30. Entonces se describió a Tutmosis III como el Napoleón egipcio. Un estratega y militar imbatido que llevó al país del Nilo a ampliar sus fronteras y dominar las principales rutas comerciales de Oriente. Pero a pesar de la relevancia de su constructor, el templo cayó en el olvido y permaneció abandonado y cubierto de escombros hasta 2008.

“Cuando en el siglo XIX se empezaron a explorar los restos faraónicos, la mayor parte de los estudiosos se interesaron por aquellas construcciones que estaban mejor conservadas, así que olvidaron este lugar”, lamenta Myriam Seco. Esta edificación de Tutmosis III es el único templo funerario de los que están en el Valle de los Reyes que está construido en distintas terrazas o niveles, al igual que el de Deir El Bahari, levantado por su tía y madrastra, la legendaria reina Hatshepsut. “Hemos descubierto que se construyó sobre una antigua necrópolis y que hay cuatro niveles de tumbas bajo él”, afirma orgullosa. “También hemos despejado la rampa principal y el pilono de acceso. Uno de los pocos que se conservan de esta época, ya que al ser de adobe y no de piedra han sufrido más el paso del tiempo”, destaca.

La excavación, en la que trabaja un equipo multidisciplinar de arqueólogos, topógrafos, restauradores, antropólogos y obreros, recibe además a alumnos de Arqueología y Bellas Artes de la Universidad de Granada que hacen sus prácticas en el yacimiento, participando en las diferentes etapas, bien a pie de zanja, bien documentando los hallazgos. Seco destaca además que, por primera vez, se esté llevando a cabo una colaboración entre España y Egipto, para dar formación a los inspectores del Servicio de Antigüedades del país.

La doctora cuenta que labores similares han requerido entre 20 y 30 años para darse por finalizados, pero no le preocupa. Momentos como el que vivió hace unas semanas al descubrir intacta una tumba compensan “con creces” los esfuerzos realizados. “La emoción de abrir una cámara sellada y ver a quien ha pertenecido es uno de los momentos más especiales que he vivido”, afirma la arqueóloga.

Tutmosis III logró que Egipto dominara más de 100 estados e importantes rutas comerciales, hasta incluir en sus fronteras Nubia, Libia, la costa fenicia, Siria y Chipre. Su política de conquista no destacó por su crueldad o su encarnizamiento con el enemigo, como subraya el doctor Zahi Hawass, secretario general del Consejo Superior de Antigüedades egipcio, sino por su inteligencia y su pragmatismo político. “Solía capturar a los príncipes de los países que conquistaba y los traía a Egipto para que conocieran su cultura y aprendieran que debían ser leales a ese gran imperio”, apunta el egiptólogo.

Myriam Seco pone en valor su colosal tarea: “Lo que estamos haciendo es recuperar un legado valiosísimo que nos permitirá desvelar los secretos de uno de los faraones más importantes de Egipto”.