Revolución de las Trece Colonias


Revolución de las Trece Colonias, estadounidense o de Estados Unidos, son expresiones utilizadas en la bibliografía en castellano para traducir la expresión anglosajona American Revolution, cuya traducción por Revolución americana, admitida por el DRAE, no está recomendada en cuanto al uso de la palabra “americano”.

Al ser al mismo tiempo un proceso revolucionario (el primero de la llamada “era de las revoluciones” que abre la Edad Contemporánea) y un proceso de descolonización (la primera “independencia”), esta revolución significó transformaciones y conflictos internos y un conflicto exterior, entre las “Trece Colonias” británicas de América del Norte y su metrópoli (el Reino Unido). De este proceso surgiría una nueva nación (los Estados Unidos de América) que se estableció jurídicamente en textos de gran trascendencia, como la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776) y la Constitución (17 de septiembre de 1787).

Desde la década de 1760 la opinión pública de las trece colonias fue tomando conciencia de su identidad y unidad de intereses en una oposición cada vez mayor contra el gobierno británico, que no atendió los llamamientos a la moderación; hasta que la dinámica de desafíos mutuos condujo a un conflicto armado, la guerra de Independencia (1775-1783, aunque las victorias decisivas en el campo de batalla se dieron en octubre de 1781).

El ejemplo estadounidense fue decisivo para que en 1789 el protagonismo revolucionario pasara a Francia, y posteriormente a España y a la América española, dentro de lo que se ha denominado el “ciclo atlántico” de las revoluciones burguesas o revoluciones liberales.

“Injurias y usurpaciones”

La época revolucionaria se inició en 1763, cuando llegó a su fin la amenaza militar francesa sobre las colonias británicas de América del Norte (guerra franco-india); y quedaron frustradas las expectativas tanto de los minutemen y milicianos de a pie como de los colonos más ambiciosos que, habiendo demostrado en la guerra su capacidad y liderazgo, no tenían posibilidades de hacer carrera política o militar frente a los procedentes de la metrópoli, que acaparaban todos los cargos. El incremento de los costes de mantenimiento del Imperio llevó al gobierno británico a adoptar una política altamente impopular: las colonias debían pagar una parte sustancial de ello, para lo cual se subieron o crearon impuestos (Sugar Act y Currency Act de 1764, Stamp Act de 1765).

Pasquín con el texto siguiente: “Mañana del martes 17 de diciembre de 1765. Los verdaderamente nacidos Hijos de la Libertad [o hijos de la libertad por nacimiento] desearían reunirse bajo el árbol de la libertad, a las doce en punto, este día, para escuchar la dimisión pública, bajo juramento, del caballero Andrew Oliver, distribuidor de sellos para la provincia de la Bahía de Massachusetts. ¿Dimisión? Sí.” La expresión True-Born tenía cierto uso socio-político, como en la popular sátira de Daniel Defoe titulada The True-Born Englishman (1701). También se usaba Free-Born o free-born englishman (“inglés nacido libre” -véase yeoman-).

El creciente descontento se evidenció en la creación de grupos opositores (como los denominados “Hijos de la Libertad” –Samuel Adams, John Hancock–), la reunión de un congreso de representantes de nueve legislaturas coloniales (Stamp Act Congress, Nueva York –actualmente Federal Hall–, 7 al 25 de octubre de 1765), que emitió una Declaration of Rights and Grievances (“declaración de derechos y agravios”, 19 de octubre); en incidentes violentos espontáneos (masacre de Boston, 5 de marzo de 1770), y finalmente en movilizaciones populares de protesta (motín del té, Boston, 16 de diciembre de 1773).

La reacción del gobierno británico fue ocupar militarmente Boston (1768) y la del Parlamento de Londres promulgar un conjunto de leyes (primero las llamadas Townshend Acts de 1767, luego las denominadas “Actas intolerables”, “coactivas” o “punitivas” de 1774) que recortaban las competencias de las instituciones autónomas y aumentaban las de los funcionarios y militares británicos. Al carecer las colonias de representación elegida en el Parlamento, muchos colonos consideraban ilegítimos tales impuestos y leyes, por suponer una violación de sus derechos como ingleses (No taxation without representation –”ningún impuesto sin representación”–, una derivación del clásico quod omnes tangit). La sensación de trato injusto se incrementó aún más por comparación al trato favorable que la Quebec Act daba simultáneamente a los colonos franceses de Quebec (vencidos en la guerra anterior).

Ya desde 1772, grupos de “patriotas” se venían organizando en “comités de correspondencia”, un gobierno secreto o “en la sombra” (shadow government) que daría lugar a la creación de instituciones alternativas de poder en cada una de la mayoría de las colonias (denominadas Provincial Congress –”congreso provincial”– en Massachussets, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Nueva York, Nueva Jersey y Nuevo Hampshire, y Conventions –”convenciones”– en Virginia y Maryland, esta última llamada “de Annapolis” o Assembly of Freemen –”asamblea de hombres libres”–). En el curso de dos años, los congresos provinciales o sus equivalentes sustituyeron eficazmente al aparato de gobierno británico en las hasta entonces colonias, lo que culminó con la unificación de todos ellos en el Primer Congreso Continental (Filadelfia, 5 de septiembre de 1774). En realidad no era la primera reunión semejante (Stamp Act Congress, 1765, Congreso de Albany, 1754), pero sí la más numerosa de las celebradas hasta entonces: acudieron representantes de doce colonias (faltó Georgia).

Entre los colonos las posturas no eran unánimes: Joseph Galloway (representante de Pensilvania, y en otras cuestiones muy cercano a Franklin) era partidario de mantener el vínculo con la metrópoli (Plan de Unión, derrotado por estrecho margen el 22 de octubre de 1774), mientras que los partidarios de la ruptura se agruparon en torno a un texto denominado Suffolk Resolves (9 de septiembre de 1774). El Congreso emitió una “Petición al Rey” (Petition to the King, 25 de octubre de 1774) que no fue atendida; y se estableció un boicot comercial a los productos británicos (Continental Association, 1 de diciembre de 1774).

En Londres se debatía entre los partidarios de reconciliarse con los colonos (Edmund Burke –en sus discursos utiliza argumentos liberal-conservadores a favor del de autogobierno de las colonias, paradójicamente, argumentos equivalentes a los que posteriormente le llevaron a oponerse a la Revolución francesa–, William Pitt –propuso el reconocimiento de autogobierno y la retirada de las tropas de Boston, en ambos casos sin éxito–, Bowood Circle) y los de imponer la soberanía británica de forma intransigente, que dominaban el Parlamento e impulsaron nuevas “leyes restrictivas” (Restraining Acts, 9 de febrero de 1775).

Al tiempo en que entraba en su fase militar, el conflicto tuvo alguna oportunidad de solución negociada, o al menos eso parecían buscar ambos bandos en sendos documentos de 1775: la “Resolución conciliatoria”  (20 a 27 de febrero) presentada por el primer ministro Lord North, y la “Petición de la rama de olivo” (Olive Branch Petition, 5 a 8 de julio) del Segundo Congreso Continental; pero la resolución británica se entendió como una maniobra para dividir a las colonias, ignorando la existencia del Congreso, y la petición americana perdió toda eficacia al realizarse al mismo tiempo que la “Declaración de alzamiento en armas” (Declaration of Taking up Arms, 6 de julio).

Guerra de Independencia

Para reprimir a los “continentales”, los británicos enviaron tropas de combate. En respuesta a ello se movilizaron las milicias de cada colonia, y las hostilidades comenzaron el 19 de abril de 1775 (batalla de Lexington). Tras la batalla de Bunker Hill (17 de junio de 1775) las autoridades británicas consideraron ya imposible reconducir en conflicto con negociaciones y se emitió una “Proclamación de rebelión” (Proclamation of Rebellion, 23 de agosto de 1775).  El desafío independentista era tan apremiante que el gobernador de la colonia de Virginia, además de proclamar la ley marcial, prometió la libertad a los esclavos que se unieran al ejército del rey (Proclamación Dunmore, 7 de noviembre de 1775). Aunque se estima que los “lealistas” comprendían entre el 15 y el 20 % de la población, desde el inicio hasta el fin de la guerra los “patriotas” controlaron entre el 80 y el 90 % del territorio; los británicos tan solo pudieron controlar unas pocas ciudades costeras durante un periodo de tiempo extenso.

El 4 de julio de 1776, los representantes de cada una de las trece colonias (Estados independientes de hecho) votaron unánimemente la Declaración de la Independencia que establecía los Estados Unidos, originalmente una confederación con un gobierno representativo seleccionado por las asambleas legislativas de cada Estado.

Los “continentales” se aliaron con el reino de Francia (Tratado de alianza, 1778) y con el reino de España (Tratado de Aranjuez, 1779), lo que equilibró las fuerzas entre los contendientes, tanto terrestres como navales. Los dos principales ejércitos británicos fueron vencidos por el Ejército Continental (George Washington) en Saratoga (octubre de 1777) y Yorktown (octubre de 1781), lo que significó de hecho la victoria militar de los Estados Unidos.

El Segundo Congreso Continental pasó a ser el Congreso de la Confederación con la ratificación de los Artículos de la Confederación (1 de marzo de 1781). El Tratado de París (3 de septiembre de 1783), ratificado por Gran Bretaña y por ese nuevo gobierno nacional, supuso el final de iure de la guerra entre ambos y de toda pretensión británica sobre su territorio.

El nuevo sistema político y social

La revolución estadounidense supuso para esa joven sociedad una serie de grandes cambios intelectuales y sociales, como los nuevos ideales republicanos que, debatidos por los “padres fundadores” (políticos e intelectuales ilustrados como Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, John Adams o Thomas Paine) fueron asimilados por la población. La formación de partidos institucionalizados no se produjo hasta la década de 1830, pero en la época revolucionaria había dos tendencias marcadas (federalistas –James Madison, John Jay– y antifederalistas –Patrick Henry, Richard Henry Lee–), mientras los debates políticos se centraban en el reparto de funciones entre Estados y Federación y el grado de participación popular; incluso algunos de los más liberales temían que la pretendida democracia degenerara en una oclocracia (rebelión de Shays, 1786, rebelión del whisky, 1791), aunque se consiguió una notable estabilidad mediante la elección del prestigioso general Washington para ejercer la presidencia de la Convención de Filadelfia (1787) y las dos primeras presidencias de los Estados Unidos (1789-1797). Entre 1792 y 1824 ya estaba configurado un First Party System (“primer sistema de partidos”) dominado por el Partido Federalista hasta 1800 (Alexander Hamilton) y desde entonces por el Partido Demócrata-Republicano (Jefferson y Madison).

Los complejos detalles del nuevo sistema político, y que venían planteándose desde la Declaración de Derechos de Virginia (12 de junio de 1776) no se resolvieron hasta los debates de la Constitución (1787) y sus primeras 10 enmiendas (Bill of Rights –”carta de derechos”–, 1789), que sustituyó a los Artículos de la Confederación: La soberanía nacional se reconocía como residente en el pueblo (We, the people -“nosotros, el pueblo”-, no el de cada Estado, sino el del conjunto que pretendía conseguir una “más perfecta unión”), se confiaba la garantía de la libertad individual y de la personalidad de los Estados miembros en la separación de poderes entendida como un complejo equilibrio institucional (checks and balances) cuyos puntos esenciales eran el federalismo, el presidencialismo, el bicameralismo y un sistema judicial basado en jueces independientes y juicio por jurado.

Los derechos civiles y políticos quedaron reconocidos tal como se concebían por los revolucionarios (influenciados por el contractualismo de Rousseau), como derechos naturales e inalienables (proclamados desde la Declaración de Derechos de Virginia -redacción de George Mason- y resumidos en la de Independencia en una lapidaria expresión de Jefferson: “vida, libertad y búsqueda de la felicidad” –Life, liberty and the pursuit of happiness-). Los nuevos conceptos de democracia y republicanismo produjeron una agitación de la jerarquía social tradicional y crearon una nueva ética pública que conformó la esencia de los valores socio-políticos estadounidenses, compartidos con un altísimo nivel de consenso y permanencia más allá de su cumplimiento en la realidad, que ya describió Alexis de Tocqueville (La democracia en América, 1835) y que posteriormente se englobaron en la popular expresión american dream (“sueño americano”). Coinciden en gran medida con los valores burgueses identificados por la sociología del siglo XIX (Max Weber La ética protestante y el espíritu del capitalismo).

Entre ellos están el igualitarismo ante los orígenes sociales (o igualdad de oportunidades, expresada en el all men are created equal –”todos los hombres son creados iguales”– de la Declaración de Independencia), el respeto a la libre competencia, la propiedad y la iniciativa privada, la responsabilidad individual y la ética del trabajo, la sujección de los cargos públicos a un mandato temporal e institucionalmente limitado y a elección popular, la libertad de creencias y separación entre iglesias y Estado, la prensa libre y el derecho a la posesión de armas. Se conformó un ideal de ciudadanía en los mitificados “padres peregrinos” (los primeros colonos de Nueva Inglaterra, WASP -“blancos, anglosajones y protestantes”-), mientras se dio continuidad al esclavismo y se procuró la expansión territorial frente a los indígenas americanos y la América española (expedición de Lewis y Clark, conceptos de “imperio de la libertad”, “doctrina Monroe”, “destino manifiesto”).

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¿Cuáles son los Continentes?


Un continente es una gran superficie de tierra rodeada por océanos y constituida, esencialmente, por corteza continental.

Tradicionalmente se ha considerado que las tierras emergidas están divididas en seis continentes: África (30.330.000 km2), América (42.032.000 km2), Asia (44.178.785 km2), Europa (10.525.000 km2), Oceanía (8.945.724 km2) y la Antártida (13.000.000 km2). Sin embargo, y desde hace tiempo, se tiende a separar América del Norte de América del Sur por lo que en total aparecen siete continentes. A ellos se asimilan las islas de las plataformas continentales, con las que, en conjunto, suman apenas un tercio de la extensión total del planeta (29,2%). Eso supone algo menos de 150.000.000 km2, frente a los 365.000.000 km2 de superficie oceánica. Los geógrafos, atendiendo a criterios políticos, han clasificado las seis masas continentales en cuatro grupos: África y Eurasia (nombre que recibe el conjunto continental formado por Asia y Europa, que de hecho no están separadas por ningún accidente geográfico notable) constituirían el antiguo Continente, en el que surgieron las principales civilizaciones, mientras que América se correspondería con el nuevo Continente y Oceanía con el novísimo Continente. La Antártida, por su parte, es denominada Continente reciente.

 

 

El límite entre Asia y Europa coincide con una línea imaginaria que discurre a lo largo de los montes Urales y el río homónimo, mientras que la división entre Asia y África viene marcada por el istmo de Suez. América, por su parte, comprende dos subcontinentes: América del Norte y América del Sur, unidos entre sí por el istmo de Panamá. La localización de los continentes está caracterizada por su concentración en el hemisferio boreal, al que pertenece la totalidad del territorio de Europa y Asia, y la mayor parte de América y África, quedando sólo Oceanía y la Antártida circunscritos al meridional.

 

 

En lo concerniente al relieve, puede afirmarse que las masas continentales presentan un perfil básicamente llano, ya que sus montañas y depresiones son irregularidades de escasa significación en comparación con el radio terrestre. La altitud media sobre el nivel del mar de las tierras emergidas es de 700 m, frente a los 3.800 m de profundidad media de los océanos. Este dato apoya la teoría formulada por el geofísico alemán Alfred Wegener acerca del origen y configuración de los continentes, que explica su actual morfología partiendo de la división de la corteza terrestre en varios bloques continentales, que se habrían escindido hace 200 millones de un continente primigenio (llamado Pangea por Wegener) y que estarían en continuo movimiento sobre el manto. Esta teoría, comúnmente aceptada en nuestros días y confirmada por los modernos estudios científicos, es conocida como Deriva Continental, y su análisis forma parte de la rama de la geología, conocida como Tectónica de Placas.

La masiva expulsión de españoles de América: la infame historia que escondió la independencia


ABC.es – Cesar Cervera

  • Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos que habían ocupado cargos de responsabilidad
 Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela - Palacio Federal Legislativo

Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela – Palacio Federal Legislativo

La historiografía casi no quiso acordarse de ellos. Tal vez estaba demasiado entretenida con las mentiras de la leyenda negra como para prestar atención al éxodo que protagonizaron miles de españoles expulsados de América conforme se emancipaban territorios españoles en el continente. Fueron los perdedores de una guerra iniciada por los criollos (entre el 10 y el 15% de la población), los acomodados descendientes de españoles –como Simón Bolívar o José de San Martín– que se revolvieron contra la madre patria y se cobraron lo que ellos pensaban la revancha. Los últimos españoles de América sufrieron toda clase de abusos y desprecios.

La población mestiza e indígena luchó en ambos bandos

Lejos de ser una revolución popular y espontánea, los procesos de independencia de principios del siglo XIX corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. En tanto, la población mestiza e indígena, la mayoritaria, luchó en ambos bandos. Siendo que al final el dominio económico ejercido por España fue, simplemente, sustituido por el de otras potencias mundiales como Gran Bretaña. Cambio de patrones, pero no de estructura.

Los españoles fuera de la vida civil

Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos peninsulares que habían ocupado cargos de responsabilidad. Si bien fueron miles los españoles que huyeron debido al propio conflicto, el verdadero acoso comenzó con leyes dirigidas a expulsarlos o evitar que pudieran entorpecer la creación de los nuevos estados.

Como suele ser habitual en estos casos de expulsiones masivas –véase la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en el siglo XVI– los que se llevaron la peor parte fueron los ciudadanos con pocos recursos que lo perdieron todo.

Los miembros de la aristocracia lograron congraciarse con el nuevo régimen o, simplemente, huyeron sobre puentes de plata. Los españoles que cambiaron su nacionalidad lo hicieron por conservar sus vastas propiedades y a cambio de renunciar a sus títulos nobiliarios. El verdadero drama afectó a miles de familias humildes, que abandonaron a contrarreloj los países donde vivían y sus propiedades. En muchos casos la expulsión se realizó a través de precarias embarcaciones, hacinados y obligados por la fuerza. Una vez en puertos de la Península Ibérica tampoco les esperaban vítores precisamente. España vivía uno de sus peores momentos.

En México, el antihispanismo que acompañó a los acontecimiento revolucionarios afectó gravemente a los 15.000 españoles que allí residían. En previsión de un conflicto de puertas para dentro, se le retiraron las armas a todo individuo español y se les expulsó del estado militar. Asimismo, en febrero de 1824, se relegó a los españoles de cualquier cargo público que ocupasen. Se les negaba la posibilidad de retirar capitales, y se les obligaba a abandonar sus lugares de residencia. En este sentido, los líderes más radicales culparon a los españoles de los males del continente y justificaron por ello que ahora se les quitara todo y se les expulsara, por muy ilegal e injusto que fuera esta medida.

Al declararse la independencia, los españoles que quisieran marcharse libremente, incluso con sus caudales, lo pudieron hacer en virtud del artículo 15 de los Tratados de Córdoba. Aquella fue la mejor opción, a tenor de la radicalización que se vivió más adelante y las insistentes vulneraciones del tratado. México promulgó el 10 de mayo de 1827 una ley de empleo por la que ningún español de nacimiento podría ocupar cargo alguno en la administración pública, civil o militar. Los españoles quedaron marginados a nivel social, hasta el punto de que tenían prohibido reunirse o asociarse. Una serie de leyes a nivel local y nacional orquestaron en varias oleadas la salida de los españoles de México, con un plazo de 30 días, y la condición de poder sacar del país únicamente la tercera parte de sus bienes.

Calcula el investigador Harold Sims (autor de «La Descolonización de México») que, entre los años 1827 y 1829, fueron expulsados de México en razón de su origen español 7.148 personas. En 1830 quedaban ya menos de 2.000 españoles en esa región. Los principales receptores de este éxodo fueron Estados Unidos, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Europa. No así las islas británicas. Los peninsulares, a pesar de la supuesta amistad con Inglaterra, eran recibidos por las autoridades británicas en el Caribe con desconfianza y controles exhaustivos.

La situación vivida en la Gran Colombia de Simón Bolívar fue todavía más violenta que en México. Lo prueba el hecho de que ya el 11 de julio de 1812, mientras en España se combatía a los franceses, fueron linchados y ejecutados 60 canarios por protestar contra la proclamación de la independencia de la primera república de Venezuela. Sus cabezas posteriormente cortadas fueron exhibidas en Caracas. Sin tiempo que perder, la guerra de Bolívar desembocó en una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821. Todos los españoles de origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

El principal lugar al que partieron estos expulsados fueron las islas del Caribe españolas, sobre todo Puerto Rico, donde arribaron 3.555 refugiados.

Los últimos de Callao

En Argentina y Perú también se aplicaron leyes para apartar inmediatamente a los españoles de la administración. Durante el conflicto fueron habituales las penas de confinamiento, «contribuciones especiales» y expropiaciones contra los españoles peninsulares con el fin de recaudar fondos militares. Los abusos fueron frecuentes. En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina debido a la actividad militar en curso.

En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina

En Perú la población española se concentraba principalmente en Lima y, dada la antiguedad de este virreinato, se sentía más protegida que en otros rincones. Su seguridad jurídica, sin embargo, se vino abajo con la llegada de la expedición militar al mando de José de San Martín, quien amparó 4.000 actos de confinamiento en prisiones contra civiles españoles. El acoso contra los españoles se tradujo en un exilio de unos 12.000 españoles en este virreinato.

El epílogo de la guerra tuvo tintes de masacre. Tras la batalla de Ayacucho en 1824, en Lima, cerca de 6.000 civiles españoles se refugiaron en la fortaleza del Callao cuya guarnición resistió hasta el año 1826 al más puro estilo de los Últimos de Filipinas. Aquel lugar fue el último refugio de un territorio que había sido hispánico desde tiempos de Pizarro. La capitulación de la fortaleza terminó con solo 400 soldados supervivientes, de un total de 700 personas vivas.

Nuevas evidencias afirman que los chinos descubrieron América antes que Colón


ABC.es

  • John Ruskamp dice haber hallado más petroglifos asiáticos en Estados Unidos que confirman la llegada a la zona de esta civilización

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Los libros de Historia explican, desde siempre, que el primero en llegar hasta América fue Cristóbal Colón. Con todo, son varios los estudios que han afirmado en los últimos años que hubo otras civilizaciones que pudieron arribar antes que el hasta el Nuevo Mundo.

Uno de ellos es John Ruskamp, un investigador de Illinois doctorado en Educación que, en 2012, afirmó haber encontrado una serie de inscripciones con carácter asiático en Estados Unidos que podrían desvelar que los chinos pisaron aquella región antes que los marinos que venían en las conocidas carabelas. Su tesis le permitió escribir un libro y ganar un buen dinero Ahora, el autor afirma haber descifrado nuevas inscripciones que corroboran su teoría.

Así lo explica en su versión digital el diario «Epoch Times», donde se señala que Ruskamp ha encontrado marcas en el Monumento Nacional de la ciudad de Albuquerque, en Nuevo México. Tras realizar una investigación previa de los petroglifos, el estadounidense afirma que fueron realizados 2.800 años antes de que Colón pisase aquella región (aproximadamente, en el año 1.300 A.C.) por exploradores chinos.

«Los resultados son claros e indican que los antiguos chinos estaban explorando e interactuando con los pueblos nativos de América hace más de 2.500 años. Los hallazgos indican además que hicieron más de una expedición», ha determinado el experto.

Ruskamp no es el primero que se ha atrevido a afirmar que los chinos llegaron a América durante aquella época. De hecho, anteriormente la teoría ya había sido expuesta por Gavin Menzies, quien mantenía que una flota de buques de ese país viajó hasta el Nuevo Mundo en 1421, 70 años antes de la expedición de la Pinta, la Niña y la Santa María.

No obstante, Ruskamp es partidario (desde que escribió su libro) de que ambas civilizaciones se conocieron hace muchísimo más tiempo. Para ello, se basa en el hallazgo de hasta 84 pictogramas que ha encontrado en Estados Unidos (en Nuevo México, California, Oklahoma, Utah, Arizona y Nevada, concretamente). Todos ellos, símbolos asiáticos milenarios, según afirma.

Según ha explicado a lo largo de estos años, todos ellos han sido analizados por expertos en escritura china y se han tratado de traducir. En este último caso, de hecho, Ruskamp dice haber hallado un tipo de letra que fue utilizado por los chinos al final de la dinastía Shang (S.XVIII-S.XI A.C.).

«Aunque solo la mitad de los símbolos que se encuentran en la gran roca de Albuquerque, Nuevo México, se han identificado como escritura china, el mensaje hace referencia a que un hombre rindió honores a un ser superior con un sacrificio de un perro», completa el estadounidense. En este sentido, el investigador afirma que tanto la sintaxis como la forma de las letras es similar a la que fue utilizada para documentar antiguos rituales de las dinastías Shang y Zhou. «Los sacrificios de perros eran muy habituales en la segunda parte del segundo milenio antes de Cristo», determina.

Desde que desveló sus teorías hace varios años, Ruskamp ha sido criticado por no pocos científicos que acusan su trabajo de superficial y falto de evidencias. No obstante, sus hallazgos han sido apoyos por expertos como Dennis Stanford (del Smithsonian Institution) y David Keightley, un experto en la civilización china del Neolítico de la Universidad de California.

Una nueva investigación afirma que los chinos llegaron a América antes que Colón


ABC.es

  • El hallazgo de varios artefactos con características asiátacas en Alaska ha abierto de nuevo el debate
 Archivo ABC Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Archivo ABC | Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) ha hallado nuevos indicios de que hubo una civilización que llegó antes a América que Cristóbal Colón: la china. Así lo afirma la versión digital de la revista «Live Science», donde Owen Mason -uno de los investigadores- ha señalado que sus conclusiones se basan en dos objetos de origen asiático con miles de años de antigüedad que han sido encontrados en Espenberg, un cabo ubicado en Alaska.

Esta teoría se suma a la que fue desvelada el pasado diciembre por la Universidad de Michigan, la cual afirmaba que los primeros en llegar a América fueron los vikingos durante el SVIII. Para afirmar esto, los investigadores se basaban en varios artefactos que habían descubierto al sur de la isla de Buffin (en la parte ártica de Canadá) y que se podían asociar a estos «asesinos del norte». Los hallazgos de Mason, por el contrario, situarían el descubrimiento de esta región en el año 600 D.C.

Un silbato y una hebilla

El equipo ha hallado los artefactos en una vivienda con más de 1.000 años de antigüedad. De las decenas de elementos descubiertos, destacan principalmente una hebilla –la cual cuenta con un trozo de cuero fechado hace más de 1.400 años- y un objeto que, según se cree, podría haber sido utilizado como silbato. Ambos elementos, en palabras del arqueólogo, cuentan con determinadas características que desvelan su origen asiático. Una de ellas sería que están elaborados en bronce, una aleación que no se había descubierto en Alaska por entonces.

Así pues, los investigadores mantienen la teoría de que los pueblos ubicados en esta región comerciaron con alguna civilización asiática que atravesó las aguas para llegar hasta ellos. «Creemos que hubo interacciones, directas o indirectas, con las llamadas “grandes civilizaciones” de China, Corea o Yakutia [en Rusia], determina el arqueólogo. La historia sustenta sus afirmaciones, pues todas ellas eran regiones en las que sí se había desarrollado el bronce.

A su vez, dentro de la vivienda los investigadores han encontrado multitud de artefactos elaborados con obsidiana, un material cuya firma química les ha dirigido hasta le valle del rio Anadyr, en Rusia.

Todos estos descubrimientos ponen punto y final a más de un siglo de excavaciones realizadas en la zona y que, finalmente, han determinado que los asiáticos viajaron a Alaska a través del estrecho de Bering antes de la llegada de la Pinta, la Niña y la Santa María.

Las investigaciones comenzaron en 1913 cuando el antropólogo Berthold Laufer afirmó que los chinos habían viajado hasta esa región con el objetivo de obtener marfil y otros elementos de las morsas. En este sentido, no son pocos los expertos que han relacionado las armaduras utilizadas por los guerreros de Alaska con aquellas que se pueden ver en China, Corea, Japón y el este de Mongolia.

¿Había estado Cristóbal Colón ya en América antes de su famoso viaje?


ABC.es

  • El misterioso navegante llevaba dos cuentas diferentes durante la primera travesía. Una, la que enseñaba a sus capitanes y anotaba menos leguas de las recorridas, y otra correcta que guardaba en secreto. Su oscura biografía alimenta las dudas
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ABC | Retrato de Cristóbal Colón conservado en la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América.

La expedición castellana que Cristóbal Colón condujo hasta el Nuevo Mundo, aunque entonces nadie pensaba que se trataba de un nuevo continente, inició un encuentro entre dos civilizaciones que cambió la Historia. No eran, sin embargo, los primeros europeos en llegar a sus costas –sí los primeros en establecer una ruta fija– puesto que hay pruebas claras de que los vikingos estuvieron en la costa noroccidental de Terranova. Otras tantas teorías sitúan a navegantes chinos, turcos e incluso romanos en las costas americanas muchos siglos antes que Colón. Y puede que ni siquiera fuera el primer hispánico: los balleneros cántabros y vascos habían frecuentado Terranova sin que exista consenso sobre la fecha en la que comenzaron sus primeros viajes.

La hipótesis de que Cristóbal Colón pudiera haber estado anteriormente en América, o en contacto con marinos que lo habían estado, nace de su injustificado convencimiento en que lograría su propósito –a pesar de que fue incapaz de demostrarlo desde un punto de vista científico frente a los Reyes Católico– y de la siempre misteriosa biografía del descubridor. Nacido probablemente en Génova, dentro de una familia de tejedores de clase media, Colón se vinculó desde la juventud con el mar y la navegación, pese a que en su estirpe no había tradición marinera. «De muy pequeña edad entré en la mar, navegando, y lo he continuado hasta hoy», declaró en una ocasión el navegante a los Reyes Católicos. En valoración de Lourdes Díaz-Trechuel, autora de «Cristóbal Colón: primer almirante del mar océano» (1991), lo hizo a los 14 años como grumete en un mercante genovés.

Si bien no hay duda de que Colón tuvo contacto con la vida marítima desde muy joven, más difícil es atestiguar que tuviera conocimientos avanzados de astrología, cosmología, geometría y navegación; ciencias necesarias para plantear una expedición que desafiaba a todo lo conocido en la época. Al contrario, el genovés aprendió las primeras letras en una escuela que el gremio de artesanos, al que pertenecía su padre, sostenía en Génova, pero resulta poco probable que estudiara latín y gramática en la Universidad de Pavía como relató Hernando Colón, el hijo del navegante. No obstante, los historiadores que han buscado alguna referencia o matrícula en esta universidad han fracasado y consideran que fueron adornos del hijo para revestir a un hombre que fue completamente autodidacta.

El último documento firmado por Colón en Génova es del 7 de agosto de 1473: los siguientes 5 años resultan casi desconocidos para los historiadores. Según Díaz-Trechuelo, Colón pasó aquellos años embarcado como comerciante y corsario en aventuras que más tarde se cuidó en ocultar. Una de las banderas bajo las que sirvió fue la de Renato de Anjou, pretendiente al trono de Nápoles, que permanecía bajo el control de Aragón. Porque quizás no estaba interesado en que después se conociera su pasado hostil a la causa de Fernando «El Católico» se difuminaron los detalles de su participación como corsario en esta empresa.

Portugal le pone en contacto con otros aventureros

Tras adquirir una amplia experiencia en el Mediterráneo, Cristóbal Colón se lanzó al Atlántico a través de la Corona portuguesa, muy activa en la costa africana a finales del siglo XV. «Fue en el Atlántico, en sus islas, en sus costas, donde Colón concibió la gran idea de buscar el Levante por el Poniente», narra Paolo Taviani, autor de «Genesis de un descubrimiento». Para llevar a cabo su empresa, Colón tuvo la suerte de contar con las escrituras y cartas de marear de su difunto suegro Bartolomé Perestrello y estuvo en contacto con marineros que habían alcanzado los límites de lo que se consideraba el fin del mundo. Un piloto –así lo recoge el propio navegante– le dijo que a 450 leguas al oeste del cabo de San Vicente había encontrado en el agua un madero labrado por manos de hombre. Otro marinero daba fe de dos cadáveres de cara ancha naufragados en el cabo de la Verga, en la costa occidental de África. No en vano, Colón reparó en que los avistamientos de islas hacia poniente, donde se suponía que no había nada, se repetían frecuentemente entre los habitantes de Madeira, las islas del Hierro, Gomera y las Azores. No podía ser casualidad.

Coincidiendo con los testimonios que alcanzaban sus oídos, Colón entró en contacto en Portugal con el médico florentino, aficionado a la Cosmografía, Paolo del Pozzo, que le sirvió en bandeja la parte teórica para confeccionar su plan. Las autoridades portuguesas preguntaron al florentino sobre la posibilidad de buscar una ruta para el comercio oriental, puesto en jaque con la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, a través de occidente. Toscanelli propuso navegar hacia el oeste desde Europa, sin sospechar que antes de llegar a las cosas orientales de Asia se interponía todo un continente. La posibilidad de realizar este viaje la avaló el florentino con una errónea medida basada en la longitud que Ptolomeo dio al grado terrestre. Colón tuvo acceso a esta información, incluido el error de cálculos, y elaboró un proyecto que presentó ante la corte portuguesa primero y ante la española después.

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Wikipedia | «Llegada de Cristóbal Colón a las Indias Occidentales», por John Vanderlyn

Si bien es complicado situar a Cristóbal Colón en otras expediciones previas al Descubrimiento, puesto que su biografía en los años portugueses cuenta con claridad los detalles de esta parte de su vida, personas de su entorno pudieron viajar al Nuevo Mundo poco tiempo antes que él. El primer cronista de las Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, recoge en sus textos una noticia que algunos han catalogado de leyenda. A una carabela que navegaba de España a Inglaterra le sobrevivieron vientos contrarios y «tuvo necesidad de correr al poniente tantos días que reconoció una o más islas destas partes e Indias». Bajó a tierra y halló gente desnuda. En la travesía de regreso murieron casi todos los hombres y solo el piloto (Alonso Sánchez de Huelva) y otros cuatro marineros llegaron a Portugal, tan enfermos que en pocos días fallecieron. El piloto, que era «muy íntimo amigo de Cristóbal Colón», fue a parar a su casa y en ella murió, pero antes pudo darle información del viaje, e incluso una carta de marear en la que había señalado las tierras que había visto.

«Como si en ellas hubiera estado ya»

Otro importante cronista del periodo, Bartolomé de Las Casas aporta un dato de interés al decir que los indios de Cuba tenían reciente memoria de que habían llegado a la vecina isla Española (Santo Domingo) «otros hombres blancos y barbados antes que nosotros no muchos años». Se trata de un testimonio que refuerza la teoría del predescubrimiento.

A su vez, fray Ramón Pane, compañero de Colón en el segundo viaje, recoge una creencia indígena, según la cual, llegarían a la isla «hombres vestidos, armados, de espadas capaces de dividirnos de un solo tajo, a cuyo yugo habría de someterse nuestra descendencia». Frente a estas evidencias, el profesor Juan Manzano afirmó en su libro «Colón y su secreto » (1976) que sin duda algunos portugueses habían llegado por azar a las islas antillanas, a La Española y, concretamente, a la región de Cibao. El encuentro entre algunos de estos marineros y Colón tuvo lugar, en opinión de Manzano, en Madeira hacia 1478, lo cual explicaría la seguridad con que el genovés defendía su proyecto «como si en ellas personalmente hubiera estado», que escribió Las Casas.

«Tan cierto iba de descubrir lo que descubrió y hallar lo que halló como si dentro de una cámara con su propia llave lo tuviera», dejó también registrado Bartolomé de Las Casas sobre la inquebrantable seguridad de Cristóbal Colón durante todo el viaje. Aunque el proyecto no había podido ser respaldado con argumentos científicos sólidos –tanto los asesores portugueses como luego los castellanos habían desaconsejado su ejecución–, fue finalmente aprobado por empeño personal de los Reyes Católicos que, fiándose de su instinto, abrazaron la interminable confianza que parecía radiar Colón. Presumiblemente, el navegante sabía más de lo que decía como atestigua el hecho de que llevara dos cuentas durante todo el viaje. Una, la que enseñaba a sus capitanes y en la que cada día anotaba menos leguas de las recorridas, y otra, secreta y acertada. La supuesta razón de portar dos cuentas era «porque si el viaje fuera luengo no se espantase ni desmayase la gente».

Los dinosaurios desaparecieron «en su mejor momento»


ABC.es

  • Una investigación europea confirma que el impacto de un asteroide hace 66 millones de años tuvo efectos globales
Los dinosaurios desaparecieron «en su mejor momento»

Archivo Un meteorito impactó contra lo que hoy es México hace 66 millones de años provocando la extinción de los dinosaurios

La teoría de que un asteroide terminó de forma súbita con los dinosaurios de todo el mundo está ampliamente extendida, pero hasta hace muy poco tiempo los fósiles del final del Cretácico (el último capítulo de la evolución de los dinosaurios) procedían casi únicamente de América del Norte. Lo cual ha suscitado la duda de que su repentina desaparición podría haber sido solo un fenómeno local, circunscrito a Canadá y América.

Ahora, un nuevo estudio recién publicado en la revista Zookeys muestra que también en Europa los dinosaurios florecieron justo hasta el momento del impacto que acabó con ellos, hace unos 66 millones de años.

El trabajo sintetiza todo un abanico de investigaciones sobre dinosaurios europeos llevados a cabo durante las últimas décadas y que revelan que al final del Cretácico los dinosaurios prosperaban y eran muy comunes en España, Francia y Rumanía, entre otros países.

Analizando la variedad y la edad de todos estos fósiles, un grupo de investigadores liderado por Zoltán Csiki-Sava, de la Facultad de Geología y Geofísica de la Universidad de Bucarest, ha determinado que la población de dinosaurios fue muy diversa en el Viejo Continente hasta muy tarde en el Cretácico.

En los Pirineos españoles y franceses, la mejor área de Europa para encontrar fósiles de ese periodo, especies carnívoras y herbívoras resultan muy comunes y todo indica que estaban prosperando sin problemas durante los últimos cientos de miles de años antes del impacto del asteroide.

Para Csiki-Sava, “durante mucho tiempo, Europa ha resultado eclipsada por otros continentes por lo que respecta a la naturaleza, composición y evolución de los últimos ecosistemas continentales de final del Cretácico. Pero los últimos 25 años han sido testigos de un gran esfuerzo en todo el continente para mejorar nuestro conocimiento, y es ahora cuando estamos en condiciones de percibir la importancia de todos estos nuevos hallazgos y de la extraña y nueva historia que esos descubrimientos cuentan sobre cómo era la vida al final de la era de los dinosaurios”.

Para Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo y coautor de la investigación, “todo el mundo sabe que un asteroide nos golpeó hace 66 millones de años y que los dinosaurios desaparecieron, pero esta historia se basa principalmente en fósiles de una sola parte del mundo, Norteamérica. Ahora sabemos que los dinosaurios europeos también prosperaron hasta la caída del asteroide, igual que en Norteamérica. Lo cual constituye una fuerte evidencia de que el asteroide realmente mató a los dinosaurios cuando estaban en su mejor momento, y en todo el mundo a la vez”.

Los dinosaurios desaparecieron «en su mejor momento»

Mapa de la evolución de ecosistemas europeos en la frontera entre el Cretácico (debajo), y el Paleogeno (arriba) Ron Blakey, Northern Arizona University; fossils: Jeremy E. Martin

Descubren un dinosaurio con cuernos y morro picudo del tamaño de un cuervo


El Mundo

  • La especie hasta ahora desconocida vivió hace cien millones de años en América del Norte
Descubren un dinosaurio con cuernos y morro picudo del tamaño de un cuervo

Brian Engh, Raymond M. Alf Museum of Paleontology Reconstrucción artística de Aquilops en su entorno de la antigua Montana

Investigadores del Museo de Paleontología Raymond M. Alf en Claremont, California, han descubierto en Montana (EE.UU.) los restos de una nueva especie de un diminuto y curioso dinosaurio que habitó la zona hace unos cien millones de años. El animal tenía el tamaño de un cuervo, un morro picudo y las mejillas afiladas. Los científicos creen que es el dinosaurio con cuernos más antiguo de América del Norte.

Según explican en la revista PLoS ONE, el dinosaurio del Cretácico Inferior, bautizado como Aquilops americanus, poseía un pequeño cráneo de 84 mm de largo y se distinguía por varias características, como un hueso frontal en forma de pico y una alargada y puntiaguda cavidad sobre la mejilla. En vida, los autores estiman que tenía el tamaño de un cuervo.

Los paleontólogos creen el Aquilops está relacionado con especies similares de Asia. Este descubrimiento, junto con los registros fósiles de otros lugares, permite a los autores reforzar la idea de que se produjo un evento migratorio intercontinental entre Asia y América del Norte durante el Cretácico inferior, hace entre 113 y 105 millones de años.

«Aquilops vivió casi 20 millones de años antes que el dinosaurio con cuernos más antiguo hasta ahora conocido de América del Norte», dice Andrew Farke, responsable de la investigación. «Aún así, nos sorprendió que estaba más estrechamente relacionado con los animales asiáticos que con los de América».

Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el descubridor que pasó seis años desnudo en América


ABC.es

  • Conquistador, náufrago, chamán, comerciante y finalmente un indio más, este español vagó de La Florida a California antes de poder volver a casa… para regresar a América de nuevo
Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el descubridor que pasó seis años desnudo en América

ABC / Álvar Núñez Cabeza de Vaca

«Fueron seis años el tiempo que yo estuve en esa tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban» (Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios)

La vida del conquistador Álvar Núñez es la historia de un fracaso hecho victoria. Porque Cabeza de Vaca falló en su empresa de conquistar y gobernar el sur de la Florida, sí, pero consiguió vivir con los indios seis años, aprendiendo sus costumbres y dando al mundo uno de los primeros tratados sobre América. Del viaje que puso significa su muerte -como así fue para los centenares de hombres que cruzaron el Atlántico con él-, sacó el conocimiento más profundo que hasta ese momento se tenía en Europa sobre las costumbres y lenguas indígenas.

En su hoja de servicio a la Corona, Núñez tiene el haber sido el primer europeo que descubrió las cataratas de Iguazú y el primero en explorar el río Paraguay. En sus 70 años de vida (1488-1558), Álvar Núñez, fue Adelantado del Rey, capitán general del Río de la Plata, pero, sobre todo, un aventurero.

De conquistador a indio desnudo

¿Cómo pasa un hidalgo español de conquistar a lomos de un caballo vestido con brillante armadura a correr desnudo por los montes americanos? Álvar Núñez se embarca con 20 años en su primer viaje a América convencido de que marcha al Nuevo Mundo a hacer fortuna. Este desastre absoluto de expedición lo comanda Pánfilo de Narváez, quien ve como ahora los indios, ahora la Naturaleza, golpea a los suyos y los va matando poco a poco. En Cuba pierde primero 140 hombres. Poco después 70 morirían por una tormenta. Los ataques de los indios y el hambre-hasta los caballos se comieron llegados a este punto- acabó con muchos otros. Perdieron los barcos, fundieron sus armas para hacer herramientas, construyeron balsas…. y en ese momento, en medio de la nada, el golpe de gracia.

Núñez fue curandero y mercader tras integrarse con los indios

Estando cerca de la desembocadura del río Misisipi, la balsa de Álvar Núñez se separó de la de Pánfilo de Narváez, dejando a Cabeza de Vaca con otros pocos hombres a su suerte. Que no fue mala, en realidad, a partir de ese punto. Encontraron un grupo de indios que les dieron refugio y alimento. En ese momento Núñez mira a los indígenas con otros ojos y tira del tan español «allá donde fueres…» Despojados de sus armaduras, viven con los salvajes, quienes les enseñan el idioma y costumbres locales. Por su parte, Cabeza de Vaca y los suyos actúan primero de curanderos -padrenuestros y avemarías que combinan con imposiciones de manos y algunos conocimientos de medicina- y más tarde de mercaderes. Es la historia de cómo los conquistadores acabaron conquistados.

Durante seis años Álvar Núñez vive como un indio más. A ratos les entiende y admira: «Es la gente del mundo que más ama a sus hijos», escribió. A ratos les odia abiertamente: «Los más son ladrones. […]. Mienten muy mucho y son grandes borrachos». El caso es que el pequeño grupo de españoles llega a dominar seis lenguas indígenas y a ser uno más de la tribu. Pero pueden más las ganas de volver a casa que la experiencia en el Nuevo Mundo. Tras una expedición fallida para buscar la salida de América, Cabeza de Vaca se encuentra con algunos de sus compañeros del viaje desde España hasta Nuevo Mundo y consigue organizar la partida de vuelta a la madre patria. Aunque aún tuvieron que recorrer muchos kilómetros hasta dar con un asentamiento español, con este episodio acabó el primer viaje de Núñez a América.

Cataratas de Iguazú y destierro

Cabeza de Vaca cuenta su historia en Naufragio, no tanto para dar cuenta de su viaje sino para justificar de algún modo el fracaso de su misión y sus seis años perdido en América. Debió convencer el relato en la Corte, puesto que es enviado de vuelta a América en pago por sus servicios. Ahora su destino es el Sur, donde debe ocupar el puesto de Gobernador del Río de la Plata.

En su camino a lo que hoy es la frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil contempla las cataratas de Iguazú -de hecho es el primer europeo en dar señales del lugar- y llega tras cinco meses de cruzar valles, montañas y selvas a la sede del Gobierno, en Asunción del Paraguay.

Hasta los caballos se comieron los conquistadores para evitar el hambre

Poco tiempo dura en el cargo este desafortunado conquistador. Su especial defensa de los nativos -no hay que olvidar que fue uno de ellos durante seis años- le consiguen la oposición frontal de quienes debían estar a su cargo. ¿Resultado? Vuelta a España, donde es condenado al exilio en Orán. Mediante recursos y alegaciones nunca llegó a cumplir la condena, y murió antes de que fuera firme.

Pero poco tiempo duró tal encargo, puesto que la especial defensa que Vaca planteaba de los indígenas -no hay que olvidar que durante seis años fue uno de ellos- provocó el recelo cuando no directamente la oposición frontal de quienes debían estar a su cargo. Por esto acabó condenado al exilio en Orán, donde finalmente no fue, al morir en Sevilla en 1559, antes de que su caso se resolviese por completo.

Un meteorito extinguió grandes especies de mamíferos en Norteamérica


El Mundo

Glaciar en Groenlandia. | Efe

Glaciar en Groenlandia. | Efe

Hace 12.900 años el impacto de un objeto celeste en América del Norte podría haber causado un cambio climático y la extinción de algunas especies. Esto es lo que ha concluido el último estudio de los núcleos de hielo encontrados en Groenlandia.

Tal y como se expone un artículo publicado en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, se han analizado muestras de hielo de hace 12.890 años, cuando se produjo un gran cambio climático que dio lugar a una etapa muy fría, lo que ya se sabía gracias a las mediciones de isotopos de oxígeno.

En la misma capa de hielo, se ha encontrado que la concentración de platino aumenta unas 100 veces su nivel normal, lo que sugiere que la causa de este enfriamiento puede estar en un impacto de un objeto procedente del espacio.

La datación del hielo analizado marca el inicio de un período de cambio climático llamado ‘Younger Dryas’ una etapa que empezó y terminó abruptamente. Se estima que el cambio en la temperatura se produjo en apenas diez años.

Este rápido descenso se asocia con la extinción de numerosos grupos de grandes animales, como mamuts; o de pueblos nativos como el de los Clovis, considerado la cultura indígena más antigua de América. Además se produjeron también variaciones en la circulación atmosférica y oceánica.

Estas últimas observaciones se añaden a anteriores estudios que encontraron sedimentados en lagos de la misma antigüedad granos microscópicos de diamante y de un mineral llamado ‘lonsdaleíta’, que se asocian con la composición de los meteoritos y su posible impacto en la Tierra, ya que estas particulas se esparcirían a modo de salpicadura cuando el material está muy caliente y, al enfriarse, quedarían sedimentados.

En los últimos años se está dando credibilidad a la teoría de que los meteoritos que caen sobre la Tierra son los responsables de los cambios en la temperatura y en la vida del planeta. La extinción masiva que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años, por ejemplo, se asocia con un meteorito caído en la Península mexicana de Yucatán.

En el mismo sentido un estudio reciente concluyó que hace más de 252 millones de años se produjo la mayor extinción de todas, que marca el final del período Pérmico y esta podría explicarse por un impacto de asteroide en Brasil.