El Río Yukón y la Fiebre del Oro


La fiebre del oro de Klondike, algunas veces denominada la fiebre del oro del Yukón o la fiebre del oro de Alaska, fue un frenesí de inmigración por fiebre del oro en pos de prospecciones auríferas a lo largo del río Klondike, cerca de Dawson City, Yukón, Canadá. Se inició después que fuera descubierto oro a finales del siglo XIX. En total, se extrajeron alrededor de 12,5 millones de onzas de oro (alrededor de 20,12 m3) del área de Klondike.

La zona más popular en la fiebre del oro de Alaska era el río Yukon en el que pronto comenzarían a asentarse los conocidos como “prospectors”

Descubrimiento

En agosto de 1896, tres personas lideradas por Keish (Skookum Jim Mason), un miembro de los tagish, una de las Naciones Originarias de Canadá, se dirigió al norte bajando el curso del río Yukón desde el área de Carcross, en busca de su hermana Felisa y su esposo George Carmack. El grupo incluía a Skookum Jim, su primo, conocido como Dawson Charlie (o algunas veces Tagish Charlie) y su sobrino, Patsy Henderson. Tras reunirse con George y Kate, quienes estaban pescando salmones en la desembocadura del río Klondike, se dirigieron a Nueva Escocia. Robert Henderson, quien había estado extrayendo oro en el río indio, al sur del Klondike, le había contado a George Carmack el lugar donde estaba extrayéndolo y que no quería ningún “Siwashes” (esto es, indio) cerca de él.

El 16 de agosto de 1896 el grupo descubrió depósitos aluvionales de oro en el arroyo Bonanza (Rabbit), en Yukón. Si bien se desconoce quién fue verdaderamente el descubridor, Geogre Carmack recibió oficialmente el crédito por el descubrimiento aurífero debido a que el denuncio figura a su nombre.

Empieza la fiebre

Las noticias se difundieron a otros campamentos mineros en el valle del río Yukón. El oro fue descubierto en el arroyo Rabbit que fue más tarde renombrado Bonanza debido a que muchas personas fueron en busca de oro. Los riachuelos Bonanza, Eldorado y Hunker fueron rápidamente reclamados por los mineros que habían estado trabajando previamente en los arroyos y bancos de los ríos Fortymile y Stewart. Y allí muchos mineros dejaron a sus familias y se fueron a buscar oro.

Las noticias llegaron a los Estados Unidos en julio de 1897, en la cumbre de una serie significativa de recesiones financieras y quiebras bancarias en la década de 1890. La economía estadounidense había sido fuertemente golpeada por el Pánico de 1893 y por el Pánico de 1896 que causaron amplio desempleo. Muchos que fueron adversamente impactados por las crisis financiera estuvieron motivados a probar suerte en las reservas auríferas. Los primeros prospectistas exitosos llegaron a San Francisco (California) el 15 de julio y a Seattle el 17 de julio, estableciéndose como estampida en Klondike. En 1898, la población de Klondike había llegado a cerca de 40.000 habitantes, lo que amenazaba con causar una hambruna.

Hombres de todo tipo se dirigieron al Yukón desde lugares tan lejanos como Nueva York, el Reino Unido y Australia. Sorpresivamente, una gran proporción estaba compuesta por profesionales, tales como profesores y doctores, quienes habían renunciado a sus respetables carreras para hacer el viaje. La mayoría estaba perfectamente al tanto que la posibilidad de encontrar cantidades significativas de oro era escasa o nula, pero aun así se fueron a la aventura. Tantos como la mitad de aquellos que llegaron a Dawson City no se dispusieron a hacer ninguna prospección. Al llegar grandes cantidades de aventureros emprendedores a la región, la fiebre del oro contribuyó significativamente al desarrollo económico del Oeste de Canadá, Alaska y el Pacífico Noroeste.

 

La olvidada historia de los españoles en Estados Unidos, en diez hitos


ABC.es

  • Nuestro país dominó durante tres siglos amplios territorios norteamericanos desde el Atlántico hasta el Pacífico
 M. TRILLO Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

M. TRILLO | Estatua de Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín (Florida), que los Reyes visitan este viernes

España dominó vastísimos territorios de lo que hoy son los Estados Unidos de América durante más de tres siglos. Desde que Ponce de León puso sus pies en la península de Florida en 1513 hasta que en 1821 se arrió la última bandera rojigualda, fueron 308 años de dominio hispano que se extendió desde el Atlántico hasta el Pacífico. Hay incluso quien sitúa el inicio de esa historia unos años antes, en 1508, con la llegada a la isla de Puerto Rico, hoy considerado suelo estadounidense.

La presencia española se extendió por la mitad de lo que ahora es EE.UU. e incluyó una amplia franja en el sur norteamericano, en los actuales estados de Texas, Luisiana, Arizona o Nuevo México, pero también mucho más al norte, hasta la propia Alaska.

Sin embargo, la posterior hegemonía anglosajona, primero en las colonias británicas de la costa este y luego en los Estados Unidos nacidos tras la Guerra de la Independencia (1775-1783), eclipsó esa importante parte de la historia norteamericana. Tampoco en los españoles, más volcados en su legado en Iberoamérica, han prestado mucha atención a su pasado al norte de México y hoy son desconocidos para muchos de ellos grandes figuras de aquellos siglos como Pedro Menéndez de Avilés o Bernardo de Gálvez.

En los últimos años, sin embargo, distintas publicaciones y acciones divulgativas a ambas orillas del Atlántico están reivindicando esa parte de la historia. La visita de los Reyes a Estados Unidos este viernes a San Agustín -la ciudad más antigua del país, fundada por los españoles hace 450 años- tiene también, entre otros objetivos, rescatar del olvido aquella etapa fundamental.


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Recreación en Florida del desembarco de Ponce de León en 1513

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Mapa de 1707 de Pieter van der Aa sobre la expedición de Vázquez de Ayllón

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Un enorme mojón marca el comienzo de la ruta de Hernando de Soto en 1539 en la bahía de Tampa

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El Gran Cañón del Colorado, descubierto por López de Cárdenas en 1540

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La bandera con el aspa de Borgoña ondea sobre el castillo de San Marcos en San Agustín (Florida)

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La misión de El Álamo, en San Antonio (Texas), tiene origen español

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Nueva Orleáns pasó en 1763 a manos de los españoles con el resto de la Luisiana francesa

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Pintura en Los Ángeles de fray Junípero Serra, figura clave en la historia de California

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Augusto Ferrer-Dalmau da las últimas pinceladas a la figura de Bernardo de Gálvez en un cuadro

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La ciudad Cordova, en Alaska, lleva en su nombre una inequívoca impronta española

Una nueva investigación afirma que los chinos llegaron a América antes que Colón


ABC.es

  • El hallazgo de varios artefactos con características asiátacas en Alaska ha abierto de nuevo el debate
 Archivo ABC Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Archivo ABC | Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) ha hallado nuevos indicios de que hubo una civilización que llegó antes a América que Cristóbal Colón: la china. Así lo afirma la versión digital de la revista «Live Science», donde Owen Mason -uno de los investigadores- ha señalado que sus conclusiones se basan en dos objetos de origen asiático con miles de años de antigüedad que han sido encontrados en Espenberg, un cabo ubicado en Alaska.

Esta teoría se suma a la que fue desvelada el pasado diciembre por la Universidad de Michigan, la cual afirmaba que los primeros en llegar a América fueron los vikingos durante el SVIII. Para afirmar esto, los investigadores se basaban en varios artefactos que habían descubierto al sur de la isla de Buffin (en la parte ártica de Canadá) y que se podían asociar a estos «asesinos del norte». Los hallazgos de Mason, por el contrario, situarían el descubrimiento de esta región en el año 600 D.C.

Un silbato y una hebilla

El equipo ha hallado los artefactos en una vivienda con más de 1.000 años de antigüedad. De las decenas de elementos descubiertos, destacan principalmente una hebilla –la cual cuenta con un trozo de cuero fechado hace más de 1.400 años- y un objeto que, según se cree, podría haber sido utilizado como silbato. Ambos elementos, en palabras del arqueólogo, cuentan con determinadas características que desvelan su origen asiático. Una de ellas sería que están elaborados en bronce, una aleación que no se había descubierto en Alaska por entonces.

Así pues, los investigadores mantienen la teoría de que los pueblos ubicados en esta región comerciaron con alguna civilización asiática que atravesó las aguas para llegar hasta ellos. «Creemos que hubo interacciones, directas o indirectas, con las llamadas “grandes civilizaciones” de China, Corea o Yakutia [en Rusia], determina el arqueólogo. La historia sustenta sus afirmaciones, pues todas ellas eran regiones en las que sí se había desarrollado el bronce.

A su vez, dentro de la vivienda los investigadores han encontrado multitud de artefactos elaborados con obsidiana, un material cuya firma química les ha dirigido hasta le valle del rio Anadyr, en Rusia.

Todos estos descubrimientos ponen punto y final a más de un siglo de excavaciones realizadas en la zona y que, finalmente, han determinado que los asiáticos viajaron a Alaska a través del estrecho de Bering antes de la llegada de la Pinta, la Niña y la Santa María.

Las investigaciones comenzaron en 1913 cuando el antropólogo Berthold Laufer afirmó que los chinos habían viajado hasta esa región con el objetivo de obtener marfil y otros elementos de las morsas. En este sentido, no son pocos los expertos que han relacionado las armaduras utilizadas por los guerreros de Alaska con aquellas que se pueden ver en China, Corea, Japón y el este de Mongolia.

Los elefantes que habitaron el Ártico


ABC.es

  • Mastodontes y otros grandes mamíferos ocuparon Alaska hace 125.000 años, cuando la zona todavía era cálida y mucho antes de la colonización humana
Los elefantes que habitaron el Ártico

George | Hace unos 125.000 años, gigantescos mamíferos ocuparon Alaska. En la imagen, el mastodonte, el perezoso de tierra, el pecarí de cabeza plana y el camello occidental

Hubo una vez en que los mastodontes americanos, parientes extintos de los elefantes actuales, llegaron a vivir en un área del mundo tan extrema como el Ártico. Ocurrió hará unos 125.000 años, cuando el clima en la zona era cálido y existían bosques y humedales de los que poder alimentarse en compañía de otros grandes mamíferos. Esto no duró para siempre. Cuando las condiciones climáticas empeoraron, hace unos 75.000 años, el mastododonte desapareció de la zona. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio publicado en la revista Actas de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS), que elimina a los cazadores como causa de esa exintinción local. Faltaban milenios para que los seres humanos llegaran a colonizar la zona por primera vez.

A lo largo de finales del Pleistoceno, entre aproximadamente 10.000 y 125.000 años, el mastodonte americano (Mammut americanum) se generalizó y ocupó muchas partes de la América del Norte continental, así como lugares periféricos como las zonas tropicales de Honduras y la costa ártica de Alaska. Estos animales se alimentaban de plantas leñosas y vivían en los bosques de coníferas u otros árboles con pantanos de tierras bajas.

«Los dientes de mastodonte eran eficaces pelando y triturando ramas, hojas y tallos de arbustos y árboles. Por lo que parece poco probable que fueran capaces de sobrevivir en las regiones cubiertas de hielo de Alaska y Yukón durante el último período completo de los glaciares, como la datación de un fósil anterior había sugerido», explica el paleontólogo Grant Zazula, autor principal del estudio.

El equipo de investigación utilizó dos precisos tipos de datación por radiocarbono en una colección de 36 dientes fósiles y huesos de mastodontes americanos de Alaska y Yukón, la región conocida como el este de Beringia. Los métodos de datación, realizados en la Universidad de Oxford y la Universidad de California, Irvine, están diseñados para examinar únicamente el material de colágeno óseo, sin las contaminaciones de los preparados que se utilizaban hace años para conservar los especímenes.

Todos los fósiles resultaron ser más antiguos de lo que se pensaba, con la mayoría sobrepasando los 50.000 años, el límite efectivo de la datación por radiocarbono. Al tener en cuenta las preferencias de hábitat de mastodonte y otra información ecológica y geológica, los resultados indican que probablemente los mastodontes solo vivieron en el Ártico y el subártico durante un tiempo limitado, cuando se establecieron los bosques y los humedales y las temperaturas eran tan cálidas como hoy en día.

«La residencia de los mastodontes en el norte no duró mucho tiempo -dice Zazula-; el restablecimiento de las condiciones glaciales frías y secas, junto con el avance de los glaciares continentales alrededor de 75.000 años atrás destruyeron eficazmente sus hábitats». Estos parientes de los elefantes desaparecieron de Beringia, y sus poblaciones se desplazaron a zonas mucho más al sur, donde en última instancia sufrieron una extinción completa hace unos 10.000 años».

Perezosos, camellos y castores

La investigación tiene varias implicaciones. Los paleontólogos saben que los perezosos terrestres, camellos y castores gigantes (todos miembros de la megafauna) también hicieron esa misma migración, pero todavía están investigando qué otros grupos de animales podrían haber seguido esa misma suerte. La nueva investigación también sugiere que los seres humanos no podrían haber estado implicados en la extinción local de mastodontes en el norte hace 75.000 años, ya que aún no habían cruzado el istmo de Bering desde Asia, que se cree que fue el primer punto de entrada de personas hacia el continente americano.

«No estamos diciendo que los humanos no estuvieran involucrados en la última batalla de la megafauna hace 10.000 años (cuando se extinguieron por completo). Pero para entonces, la población de mastodontes ya se había reducido a la región de los Grandes Lagos», explica Ross MacPhee, del Museo Americano de Historia Natural y coautor del estudio. «Ese es un escenario muy diferente a decir que las depredaciones humanas causaron la pérdida universal de mastodontes en toda su área de distribución en el espacio de unos pocos cientos de años, que es la visión convencional», añade. En definitiva, el puzzle de la desaparición de la megafauna americana se complica aún más.

Los elefantes que habitaron el Ártico

Reconstrucción de un mastodonte americano. Abajo, comparación entre un mastodonte americano (izquierda) y un mamut lanudo George

Amasia: el supercontinente que fusionará América y Asia


EFE – El Mundo

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La fuerte atracción hacia el polo norte provocará dentro de millones de años la fusión de América y Asia dando lugar a Amasia, el nombre con el que científicos estadounidenses han bautizado al que creen que será el próximo supercontinente de la Tierra.

Según sus cálculos, esta gran masa de tierra llegará a formarse dentro de entre 50 y 200 millones de años, de acuerdo con una investigación publicada en la revista británica ‘Nature’.

Así, ambos continentes se unirán por el polo norte, mediante una cordillera montañosa que permitirá cruzar de Alaska a Siberia y viceversa, de acuerdo con expertos de la Facultad de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale (EEUU).

América permanecerá situada sobre el anillo de fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica, pero su orografía cambiará radicalmente porque la atracción hacia el Polo fusionará América del Sur con el Norte.

Este desplazamiento provocará a su vez la desaparición del océano Ártico y del mar Caribe, según explicó Ross Mitchell, geólogo de Yale y uno de los autores del artículo.

Nuna, Rodinia y Pangea

Han pasado alrededor de 1.800 millones de años desde que se formó el primer supercontinente, Nuna, al que siguieron Rodinia y Pangea, última gran masa de tierra con centro en el África actual y que con el tiempo y la acción de las placas tectónicas conformó los continentes actuales.

El estudio del magnetismo de las rocas de entonces ha servido en el presente al equipo de Mitchell para determinar la distancia que existió entre uno y otro y estimar dónde se situaría Amasia, cuyo centro localizan en algún punto del actual océano Ártico, a noventa grados de distancia del centro del supercontinente anterior, Pangea.

Esta teoría, a la que han denominado ortoversión, desafía los dos modelos tradicionales defendidos hasta el momento para predecir la evolución de las masas terrestres, según detalló Mitchell.

De estas dos últimas hipótesis, una sugiere que la próxima gran masa continental se formará sobre la región en la que existió el supercontinente anterior (introversión), y la otra, todo lo contrario, defiende que será en un punto opuesto a donde se encontraba su predecesora(extroversión).

De esta forma, los partidarios de la introversión localizan el centro del próximo supercontinente en África, mientras que los defensores del modelo de extroversión lo sitúan en el océano Pacífico, en algún punto entre las islas de Hawaii, Fiji y Samoa.

Según estos modelos, la unión se produciría a través del océano Atlántico o del Pacífico respectivamente, mientras que el modelo de Mitchell se decanta por una unión a través del Ártico.

Hallan un lagarto tropical del Mesozoico en Alaska


El Mundo

Un equipo de paleontólogos acaba de encontrar en las playas de Alaska el fósil de un talatosaurio, una especie de reptil de larga colacoetáneo de los dinosaurios, que vivió hace más de 200 años y del que hasta ahora sólo se habían encontrado restos muy fragmentados en esta parte del mundo.

En este caso, se trata de un esqueleto casi completo, aunque no se ha encontrado el cráneo. Según el Museo del Norte de la Universidad de Alaska Fairbanks, donde se encuentra ahora, se localizó por casualidaddurante una marea que fue especialmente baja en la costa del Parque Nacional de Tongass. “En Norteamérica, podría ser el espécimen más articulado que se tenga”, ha señalado el geólogo Jim Baichtal, que formaba parte del equipo y pertenece al equipo forestal de Estados Unidos.

“Acabamos de tomar el café cuando alguien dijo que había algo en el suelo rocoso y no sabía lo que era, si parte de un pez o una rama, hasta que lo tocó con una bota”, recuerda Baichtal, que ya había estado buscando fósiles por la zona, cercana a la aldea india de Tlingit.

Tras enviar algunas fotos al Museo, el equipo decidió excavar el fósil durante el mes de junio. Antes de darlo a conocer, lo estudiaron para ver si se trataba de una especie nueva. Como en todo el mundo no hay más de una docena de talatosaruios completos, enseguida se comprobó que era un hallazgo relevante que puede ayudar a conocer mejor a estos saurópsidos, a los que se relaciona con los arcosaurios (como los cocodrilos) y los extintos ictiosaurios marinos.

El talatosaurio de Alaska, atrapado en sedimento hace entre 200 y 220 millones de años, vivió cuando este lugar tenía un clima tropical, dado que entonces estaba cerca del ecuador. Los científicos han averiguado que se trataba de una isla volcánica, similar a Hawai.

En una nota de prensa del Museo, su geólogo, Patrick Druckenmiller, recuerda que los talatosaurios vivieron en la Tierra unos 30 millones de años y podían medir más de cuatro metros de largo, la mitad casi de cola. Su cuerpo era muy similar a de un lagarto grande, pero con las patas cambiadas para poder moverlas como si fueran aletas. Su larga cola aplanada les servía para propulsarse bajo el agua.

También se sabe que algunas de las especies no tenían dientes, pero otras sí, y se cree que los usaban para atrapar los peces que les servían de alimento o para romper cáscaras, porque se han hallado fósiles de dientes planos.

El fósil encontrado en Alaska parece que incluye restos del tejido blando que rodeaba a los huesos. “Es algo realmente extraño, pero puede darnos idea de cómo era la forma real de su cuerpo”, ha explicado Druckenmiller.

Su intención es volver al lugar y tratar de encontrar el cráneo del animal. “Tengo grandes esperanzas que estará allí”, asegura el geólogo.