Los vikingos «enseñaron» una nueva forma de caminar a los caballos durante la Edad Media


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  • Este pueblo nórdico escogió a los animales que portaban un gen que les hacía capaces de hacer el «tölt», un tipo de paso que resulta cómodo para el jinete sobre todo a largas distancias
La historia de los genes de los caballos ha llevado a los investigadores hasta el siglo IX. A la derecha, caballos islandeses, capaces de hacer el «tölt» - Hans Splinter/Sela Yair/FLICKR

La historia de los genes de los caballos ha llevado a los investigadores hasta el siglo IX. A la derecha, caballos islandeses, capaces de hacer el «tölt» – Hans Splinter/Sela Yair/FLICKR

Junto a los perros, los caballos han sido desde tiempos inmemoriales compañeros inseparables del ser humano. A lomos de los caballos los hombres han hecho la guerra, han cazado, han trabajado y han acortado distancias.

Cuando el hombre vive junto a un ser vivo durante un tiempo prolongado, acaba seleccionando rasgos que le resultan más interesantes. Por ejemplo, con el paso de los años, el hombre escogió espigas de trigo cada vez más jugosas o perros más dóciles. Ahora, gracias a un estudio presentado este lunes en «Current Biology», los investigadores han situado el origen de un rasgo de los caballos seleccionado por el hombre. En concreto, los científicos han concluido que, durante la Edad Media, los nórdicos de las actuales Islandia y Gran Bretaña no solo contribuyeron a crear una variedad de caballo, el poni islandés, sino que seleccionaron a los caballos capaces de seguir un paso conocido como «tölt», y que se caracteriza por su suavidad y comodidad para el jinete.

«Detectamos el origen de los caballos “ambling” (capaces de hacer el “tölt”) en la Inglaterra medieval», ha explicado Arne Ludwig, investigadora del Instituto Leibniz de Zoología y Vida Salvaje. «Los vikingos cogieron esos caballos y los llevaron a Islandia para criarlos. Más tarde, esos caballos fueron distribuidos desde Inglaterra e Islandia a todo el mundo», ha añadido.

En anteriores investigaciones se descubrió que ese modo de caminar es una capacidad que se hereda, gracias a un gen que controla la formación de algunos circuitos neurológicos y que a su vez influyen en el modo de mover los miembros.

En esta ocasión, los científicos siguieron el rastro de ese gen para localizar su origen. Según han concluido, este rasgo hizo su aparición en la Inglaterra medieval en torno al 850 después de Cristo, un siglo y medio después de que los árabes conquistaran la Península Ibérica.

«El “tölt” es un “aire” (una forma de moverse) en el que el caballo empuja a la vez con el pie y la mano de cada lado», ha explicado a ABC Sabina Wehr, profesora de equitación del Club Nueva Cartuja. «Depende de cada caballo y de cada jinete, pero en general es un paso muy cómodo para estar sentado».

Así, junto a los otros movimientos del caballo, el paso, el trote y el galope, en los que el jinete tiene que compensar más el movimiento del animal, el «tölt» le permite al jinete acomodarse y no tener que hacer tanto esfuerzo.

La historia del caballo

Para buscar el origen de esta forma de caminar, los científicos bucearon en la historia genética de los caballos. Después de analizar los restos de ADN dejados por 90 caballos que vivieron desde el 3.500 antes de Cristo hasta la Edad Media, los investigadores rastrearon la presencia del gen que está detrás del «tölt».

Después de hacer esto, el equipo de Ludwig detectó la presencia de este gen en dos caballos ingleses que vivieron entre el 850 y el 900, y en otros 13 individuos que vivieron en Islandia entre los siglos IX y XI. Por otro lado, este rasgo no estaba presente en ningunos de los otros restos de la Europa continental.

Por ello, esta investigación sugiere que los nórdicos de Dinamarca y el sur de Suecia llevaron los caballos desde las Islas Británicas hasta Islandia, dese donde fueron distribuidos después.

«Teniendo en cuenta la alta frecuencia de esta variante del gen (la que permite adoptar esa forma de caminar) en los primeros caballos islandeses, creemos que los colonos nórdicos lo seleccionaron por su comodidad en cuanto llegaron».

Esto tiene una implicación. Si los vikingos llegaron en torno al siglo VIII a las islas británicas y después escogieron a los caballos que tenían este rasgo, ¿cómo es que este gen ahora está distribuido ampliamente por todo el mundo? La respuesta es que la selección que influye en la domesticación «puede pasar muy rápido», tal como ha explicado Ludwig.

Los investigadores tratarán ahora de averiguar si esta influencia pasada sigue afectando a los animales domesticados de hoy en día, y cómo las preferencias humanas cambiaron con el tiempo e influyeron a los caballos. Sea como sea, parece claro que el tiempo que compartieron hombres y caballos acabó transformando tanto a unos como a otros.

La «piedra solar», el secreto mágico de los vikingos para descubrir América


ABC.es

  • Un nuevo estudio publicado por la «Royal Society Open Science» trata de demostrar qué minerales eran idóneos para elaborar las famosas «piedras solares» de los nórdicos

 

 Dice la leyenda que los vikingos se orientaban en días nublados gracias a las «piedras solares» - Wikimedia

Dice la leyenda que los vikingos se orientaban en días nublados gracias a las «piedras solares» – Wikimedia

Dicen las sagas (una mezcla de historia real y mitología nórdica) que los vikingos eran capaces de orientarse en el mar cuando las nubes copaban el cielo Es decir, sin usar al Astro rey como referencia. Todo ello, mucho antes de que la brújula llegara a Europa. ¿Magia o ciencia? Para ellos, lo primero, pues dejaron constancia de que lo conseguían mediante una milagrosa «piedra solar» (solarsteinn). Sin embargo, la realidad es que esta piedra no era mágica, sino que se correspondía con un mineral que -dependiendo de su composición- cambiaba de color cuando tocaba un rayo de sol o, incluso, reaccionaba haciendo aparecer un punto luminoso en su superficie.

El uso de este artilugio no habría sido precisamente baladí, pues habría permitido a estos sanguinarios combatientes desembarcar en regiones tan lejanas para ellos como Groenlandia o, incluso, dar un paso más y pisar las costas de América antes de la llegada de Cristóbal Colón. Con todo, a día de hoy sigue siendo un misterio si llegaron a utilizar estas piedras o si, por el contrario, toda la historia ha sido creada sobre la miitología nóridca. Y lo mismo sucede con el presunto funcionamiento como improvisadas «brújulas» de estos minerales durante los días nublados.

O al menos, así lo era hasta ahora, pues un grupo de científicos (dirigidos por Dénes Száz y Gábor Horváth -del departamento de óptica de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest-) a realizado una investigación en la que ha conseguido demostrar que minerales como la turmalina, la cordierita y la calcita podrían hacer perfectamente las veces de «piedras solares» al tener la capacidad de polarizar la luz.

A su vez, el estudio (que ha sido publicado por la «Royal Society Open Science» bajo el título de «Errores de ajuste en las piedras solares en el cielo polarimétrico en el primer paso de la navegación vikinga: estudios con dicroicas cordierita / turmalina y cristales de calcita birrefringentes») ha determinado cuál de estos minerales sería el idóneo para lograr establecer la posición del sol con la mayor exactitud posible y cuáles deberían ser desechados por su inutilidad.

Sagas y funcionamiento

La existencia de la solarsteinn se narra, concretamente, en la saga dedicada a Rodulfo y sus hijos. En ella, Olaf el Santo visita a los protagonistas de la historia y afirma a uno de ellos (a Sigurd) que es capaz de hacer algo prácticamente imposible para la época: determinar la posición del sol en un día completamente nublado. Todo ello, con el objetivo de poder orientarse mediante el Astro rey. El retado aceptó el desafío.

Fue entonces cuando Sigurd «tomó una piedra del sol, miró al cielo y vio de donde venía la luz, con lo que definió la posición del invisible sol». Curiosamente, y según afirma el historiador Gonzalo Menéndez Pidal en su obra «Hacia una nueva imagen del mundo», esta forma de orientarse contrasta radicalmente con los escritos de la época, en los que se especifica que lo más habitual era que los «vientos contrarios y nieblas» hicieran sumamente dificil a los navegantes saber cuál era el rumbo que debían seguir.

En base a esta saga, los historiadores han publicado páginas y páginas proponiendo múltiples teorías sobre la forma de uso de este artilugio presuntamente mágico. Las últimas y más concienzudas determinaron que el funcionamiento de la «piedra solar» sería relativamente sencillo y se basaría en los rayos de luz que llegan hasta los ojos humanos al amanecer y al ocaso. Estos provienen directamente del sol y están polarizados (es decir, focalizados), pero no podemos verlos si no contamos con un material (un mineral, por ejemplo) que nos los «desvele».

En un día sin nubes su uso no es necesario, pues con mirar la zona en la que se encuentra el sol es posible determinar la dirección Este-Oeste. Sin embargo, en una jornada nublada estos haces de luz son de gran importancia ya que, si se captan con el susodicho mineral, se puede determinar la posición del sol sin verlo y, por tanto, el lugar en el que se encuentra un cuerpo con respecto a los puntos cardinales.

Las dos «piedras mágicas»

En este momento entra en escena lo que los vikingos llamaban «piedra solar», pero que no era más que un mineral. Este -atendiendo a su composición- funciona de dos formas. Si es calcita, en él aparece un pequeño punto luminoso cuando es tocado por los rayos polarizados del sol. «La “piedra solar”, seguramente calcita, polarizaba la luz de tal manera que aparecía una ligera mancha azulada en el lugar más cercano al sol, por lo que era útil en los días de cielo plomizo», explica el escritor y divulgador de la historia vikinga Manuel Velasco Laguna en su obra «Territorio vikingo».

Sin embargo, el problema que se deriva de esta teoría es que el mineral más habitual en la zona de acción vikinga para polarizar la luz es el Espato de Islandia, una variedad de calcita sumamente pura y casi transparente que solo «desvelaría» el rayo de sol si se talla de forma muy concreta, con gran habilidad y un ángulo determinado. «Los vikingos, aunque conocían el Espato de Islandia, no poseían ni la técnica ni los conocimientos para fabricar tales polarizadores», determina Rafael Ramón Lluch en su libro «Geomitos: Leyendas y mitos con un fundamento geológico».

Por ello, también se baraja la posibilidad de que la «piedra solar» fuera realmente uno mineral del tipo andalucita, cordierita o estaurolita. Estos se hallan habitualmente en las playas de Noruega (con lo que habrían sido sencillos de adquirir por los vikingos) y reaccionan de una forma distinta al Espato ante los rayos del sol.

«Cuando un mineral pleorico [que adquiere dos colores cuando es tocado por los rayos polarizados del sol] se mira con luz polarizada, se ve un notable cambio de color cuando se les da un giro sobre sí mismos; esto es debido a que absorben más cantidad de luz en una dirección que en otra y ello se traduce en el cambio de color o de intensidad del mismo», añade el español.

Un sistema combinado

Por otro lado, Velasco hace referencia también a otro instrumento utilizado por los nórdicos, el llamado «tablero de sombras», que se podría haber utilizado en combinación con el mineral buscando una precisión mayor. «Estaba basado seguramente los relojes de sol. Consistía en una serie de círculos dibujados sobre una tabla. El espacio que marcaba la sombra de un palito indicaba, bastante a bulto, la latitud a la que se encontraba el barco», señala el español.

Todos estos sistemas serían bastante avanzados para la época, y más si consideramos que veníamos de unos siglos en los que se usaban aves para averiguar el rumbo que tomar. «Cuando Cosmas el Indicopleustes [durante el S.VI] navegó al sur de Arabia, aprendió como el vuelo de los albatros servía allí a los marinos para decidir el rumbo», explica, en este caso, Pidal.

Perfectamente posible

Independientemente de que la «piedra solar» tenga uno u otro funcionamiento, la teoría de que uno de estos materiales podía captar los rayos de luz que atravesaban levemente las nubes en un día nublado se vio corroborada a partir del 2005, año en que expertos como el doctor en oftamología Gábor Horváth (también partícipe del estudio publicado el pasado 20 de enero) estableció que el patrón de polarización de la luz que llegaba hasta el artefacto era similar tanto en un día parcialmente nublado como en uno totalmente despejado. Un punto de partida que corroboraría su utilidad como improvisado GPS.

No obstante, la «piedra solar» tendría, según los expertos, sus limitaciones. Y es que, no funcionaría en determinadas condiciones climatológicas. «Los datos recogidos en el Ártico y en Hungría nos permiten concluir que el patrón del cielo nuboso es bastante similar al del cielo despejado. Como consecuencia, la primera condición de la navegación para los vikingos se cumple, al menos para condiciones de niebla. Con todo, los grados de polarización de los cielos sumamente brumosos suelen ser tan bajos, que la segunda condición para que se produzca el calculo polarimétrico de la navegación vikinga no se satisface. Aunque, bajo condiciones de nubosidad, las condiciones del calculo polarimétrico de navegación general, están satisfechos», afirma Horváth en su estudio.

La nueva investigación

En su última investigación, Horvath y sus colegas han logrado determinar, en base a una serie de experimentos, qué materiales son los más adecuados para hacer las veces de «piedras solares dicroicas» (es decir, que adquieren un tono diferente atendiendo a la forma en que son impactadas por los rayos de sol). «Basándonos en los resultados de nuestros experimentos de laboratorio, hemos concluído que los cristales de turmalina y cordieita son adecuados para funcionar como una “piedra solar” dicroica», determina. A su vez, han logrado establecer que la cordierita es aproximadamente el doble de eficaz que la turmalina a la hora de determinar la posición del astro rey en la bóveda celestial.

Estos expertos no se han olvidado tampoco de la calcita. «Hemos demostrado también que los cristales de calcita no son tan ideales como se creía hasta ahora, porque -por lo general- contienen impurezas y defectos que aumentan considerablemente la posibilidad de error». En este sentido, han establecido que este mineral podría haber sido sumamente peligroso para los navegantes, pues -si no hubiese estado pulida perfectamente- podría haberles engañado y hacer que perdieran el rumbo. Con todo, y de estar pulida de la forma adecuada, habrían sido ideales para los vikingos, pues fue la que mejor rendimiento dio en días en los que la polarización era baja.

Para llegar a todas estas conclusiones, el equipo de expertos simuló mediante varios experimentos un viaje vikingo realizado desde Noruega hasta el sur de Groenlandia y Terranova mediante los tres cristales ya explicados. Todos ellos fueron probados en varias condiciones meteorológicas que incluían un día totalmente soleado, uno nubuso -pero con luz- y, finalmente, una jornada con un cielo copado por las nubes y la bruma.

 

Una nueva investigación afirma que los chinos llegaron a América antes que Colón


ABC.es

  • El hallazgo de varios artefactos con características asiátacas en Alaska ha abierto de nuevo el debate
 Archivo ABC Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Archivo ABC | Esta investigación se suma a la que afirmaba que los vikingos habían llegado a América antes que Colón

Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) ha hallado nuevos indicios de que hubo una civilización que llegó antes a América que Cristóbal Colón: la china. Así lo afirma la versión digital de la revista «Live Science», donde Owen Mason -uno de los investigadores- ha señalado que sus conclusiones se basan en dos objetos de origen asiático con miles de años de antigüedad que han sido encontrados en Espenberg, un cabo ubicado en Alaska.

Esta teoría se suma a la que fue desvelada el pasado diciembre por la Universidad de Michigan, la cual afirmaba que los primeros en llegar a América fueron los vikingos durante el SVIII. Para afirmar esto, los investigadores se basaban en varios artefactos que habían descubierto al sur de la isla de Buffin (en la parte ártica de Canadá) y que se podían asociar a estos «asesinos del norte». Los hallazgos de Mason, por el contrario, situarían el descubrimiento de esta región en el año 600 D.C.

Un silbato y una hebilla

El equipo ha hallado los artefactos en una vivienda con más de 1.000 años de antigüedad. De las decenas de elementos descubiertos, destacan principalmente una hebilla –la cual cuenta con un trozo de cuero fechado hace más de 1.400 años- y un objeto que, según se cree, podría haber sido utilizado como silbato. Ambos elementos, en palabras del arqueólogo, cuentan con determinadas características que desvelan su origen asiático. Una de ellas sería que están elaborados en bronce, una aleación que no se había descubierto en Alaska por entonces.

Así pues, los investigadores mantienen la teoría de que los pueblos ubicados en esta región comerciaron con alguna civilización asiática que atravesó las aguas para llegar hasta ellos. «Creemos que hubo interacciones, directas o indirectas, con las llamadas “grandes civilizaciones” de China, Corea o Yakutia [en Rusia], determina el arqueólogo. La historia sustenta sus afirmaciones, pues todas ellas eran regiones en las que sí se había desarrollado el bronce.

A su vez, dentro de la vivienda los investigadores han encontrado multitud de artefactos elaborados con obsidiana, un material cuya firma química les ha dirigido hasta le valle del rio Anadyr, en Rusia.

Todos estos descubrimientos ponen punto y final a más de un siglo de excavaciones realizadas en la zona y que, finalmente, han determinado que los asiáticos viajaron a Alaska a través del estrecho de Bering antes de la llegada de la Pinta, la Niña y la Santa María.

Las investigaciones comenzaron en 1913 cuando el antropólogo Berthold Laufer afirmó que los chinos habían viajado hasta esa región con el objetivo de obtener marfil y otros elementos de las morsas. En este sentido, no son pocos los expertos que han relacionado las armaduras utilizadas por los guerreros de Alaska con aquellas que se pueden ver en China, Corea, Japón y el este de Mongolia.

Desembarco vikingo en el Támesis


El Pais

  • El Museo Británico inaugura su nueva zona de exposiciones con un fascinante viaje a la cultura de los guerreros y marinos escandinavos de entre los siglos VIII y XI

Mandíbula y casco de guerrero vikingo datados entre los años 800 y 1000. / BEN STANSALL (afp)

Una gigantesca nave de guerra vikinga de 37 metros de eslora está varada en plena sede del Museo Británico como vestigio de una era protagonizada por los otrora temidos invasores procedentes de los pueblos nórdicos. “!Qué vienen los vikingos!” es el reclamo publicitario de la exposición, aunque solo juega con el estereotipo de unos guerreros entregados sin más al saqueo salvaje. Pero lejos de reduccionismos, la muestra propone un viaje a una sociedad compleja y rica en expresiones culturales, influida por el contacto con los muy diversos territorios de sus conquistas y exploradora de vastas redes comerciales. La exposición del Museo Británico, pues, va mucho más allá de la imagen de una casta de bárbaros asentada en la cultura popular.

Vikingos: arte y leyenda es el título oficial del despliegue de tesoros que se nutre de recientes descubrimientos arqueológicos —y también de los hallazgos de los aficionados a la detección de metales— con el objetivo de afilar en la naturaleza de la identidad vikinga, en el impacto de sus legendarias incursiones desde el Mar Caspio hasta el Atlántico Norte, o desde el Ártico hasta el Mediterráneo. El apogeo de aquella era, entre finales del siglo VIII y principios del XI, está protagonizado por una mezcla de guerreros entregados al saqueo y a la vez comerciantes de los productos de su botín, que incluye a seres humanos convertidos en esclavos. Un pueblo tan violento como productor de exquisitas piezas artísticas y capaz de una actitud hacia el papel de la mujer más abierta que en otras sociedades de la Europa de aquel tiempo.

El barco es el gran símbolo, una imagen que aparece de forma recurrente a lo largo del periodo vikingo y que expresa el carácter esencialmente marítimo de los ancestros de lo que hoy conocemos como Dinamarca, Noruega y Suecia. La extraordinaria expansión hacia cuatro continentes se sustentó en sus grandes habilidades en la construcción naval, en forjar embarcaciones como la Roskilde 6, que debe su nombre al fiordo danés donde fue hallada en 1997 y que ahora luce como estrella de la muestra.

Uno de los objetos vikingos expuestos en el Museo Británico. / Dan Kitwood (getty)

Montada sobre una estructura de acero inoxidable que recrea la forma y tamaño original, las maderas han sido conservadas y analizadas por el Museo Nacional de Dinamarca, que figura junto al Museo Estatal de Berlín como artífice de la exposición. El desembarco de una estructura de tal escala en el museo londinense ha sido posible gracias a las dimensiones de la Galería Sainsbury, un nuevo espacio destinado a exposiciones de carácter temporal.

A partir de este jueves y hasta el 22 de junio, la galería exhibe, acompañando al espectacular perfil de la nave, una colección de objetos procedentes de sus propios fondos y de otras instituciones del Reino Unido e Irlanda, muchos nunca exhibidos hasta ahora. El conocido como Tesoro del Valle de York, que se estrena por primera vez ante el público desde su descubrimiento hace siete años por detectoristas de metales cerca de Harrogate (norte de Inglaterra), reúne más de seis centenares de monedas, brazaletes y lingotes de plata. Se trata del hallazgo más importante desde que se localizara otro filón de la era vikinga en la localidad también inglesa de Cuerdale en 1840. Piezas originarias de lugares tan distantes como Irlanda o Uzbekistán, además de Rusia y la Europa continental, que tanto beben de las creencias cristianas e islámicas como de la adoración al dios Thor, hablan de la increíble extensión de la red de los vikingos.

Excavaciones recientes en el condado inglés de Dorset han puesto al descubierto una fosa común con los restos de cincuenta cuerpos decapitados, vikingos que acabaron ejecutados tras su incursión fallida en tierras anglosajonas. La crueldad no era patrimonio exclusivo de aquellos combatientes nórdicos. Tampoco es cierta la imagen tantas veces replicada del casco con cuernos del vikingo, mito alimentado en el siglo XIX del que no existe ninguna prueba o testimonio pictórico o escrito. Ni de las greñas o barbas descuidadas que, desde el cine hasta el rock duro, suelen identificar al universo vikingo.

La muestra desmonta el cliché en torno a unos simples saqueadores salvajes

La apariencia era muy importante en una sociedad que ornamentaba las espadas y otras armas para identificar a su propietario, un guerrero que a principios de la era vikinga actuaba en bandas descontroladas pero que acabó siendo partícipe de un ejército organizado a medida que los reinos de Escandinavia fueron unificándose. La exquisita manufactura de la joyería también parece destinada a la exhibición de la riqueza, el estatus y el poder, traducida en broches o en los pesados collares de plata y oro que presenta la exposición. Las mujeres vikingas eran partícipes activas de una sociedad fuerte y dinámica que les permitía la titularidad de propiedades o tomar la iniciativa a la hora de separarse del marido, algo impensable para sus pares de los territorios europeos más próximos. La historia de la era vikinga, viene a sugerir la exposición, está todavía por contar frente a los mitos y leyendas.

La lancha de desembarco vikingo, el mayor barco de su historia, lista para exponerse


ABC.es

  • El Roskilde 6 fue construido en 1025, medía 4 metros más que el Mary Rose, el buque de Enrique VIII, hundido en 1545
La lancha de desembarco vikingo, el mayor barco de su historia, lista para exponerse

La lancha de desembarco vikingo, el mayor barco de su historia, lista para exponerse

Temibles lanchas de desembarco vikingas, de hace mil años, tecnología punta de su época que hacían palidecer a los reinos vecinos de los pueblos del norte. Ahora volverán a cruzar el mar del norte, camino de Londres. La embarcación conocida como Roskilde 6 es el barco vikingo más grande conocido hasta ahora. Apareció en 1997 bajo el limo salado en los aledaños del Museo de los Barcos Vikingos de la antigua capital danesa.

Tiene 36 metros de eslora, fue construido hacia 1025, utilizando 30.000 horas de trabajo especializado de la época. Podía acarrear 100 guerreros. Navegaba entre 5,5 y 20 nudos [sigue leyendo en el blog Espejo de Navegantes]

El ‘GPS’ de los vikingos


El Mundo

Usaban piedras solares para orientarse y navegar

  • Los vikingos fueron excelentes navegantes aunque no tenían brujula
  • Un estudio sugiere que usaban espato de Islandia para localizar el sol
  • Se trata de una variedad de la calcita que abunda en Escandinavia
  • Creen que estas piedras les ayudaban a orientarse en días nublados
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Los vikingos fueron un pueblo tan temido como admirado. Ya en el siglo IX eran unos excelentes navegantes. A pesar de que no disponían de brújulas magnéticas y de que los cielos en Escandinavia estaban con frecuencia cubiertos de nubes, fueron capaces de recorrer miles de kilómetros mar abierto. La luz permanente durante los veranos tampoco les permitía utilizar las estrellas para navegar por lo que, a pesar de las nubes,el sol era su mejor referencia para orientarse.Cómo lo lograban ha intrigado durante décadas a los científicos. Algunas leyendas hablaban del uso de unas piedras solares brillantes, aunque hasta ahora no se había podido demostrar cómo lo hacían. Un grupo internacional de investigadores propone una explicación sobre cómo podrían haber utilizado estas piedras en el último número ‘Proceedings of the Royal Society A’.Los investigadores, liderados por Guy Ropars, de la Universidad de Rennes, sostienen que los vikingos usaban una variedad de la calcita para calcular dónde se encontraba el sol aprovechando la polarización de la luz dispersada por las nubes. La piedra se conoce con el nombre de espato de Islandia y es una variedad transparente de la calcita que se encuentra con facilidad en los países del norte de Europa.

Las leyendas vikingas describen cómo durante los días nublados, con niebla o con nieve los tripulantes de los barcos utilizaban piedras solares para localizar el sol. A pesar de que no existen registros en los que se especifique de qué estaban compuestas estas piedras, algunos hallazgos arqueológicos sugirieron desde mediados del siglo pasado que podría tratarse de calcita.

Excelentes navegantes

Los vikingos lograron recorrer miles de kilómetros y navegar desde el territorio que hoy es Escandinavia hacia Groenlandia y América del Norte entre los siglos VIII y XI, en una época en la que la brújula magnética aún no había sido introducida en Europa.

La teoría del uso de piedras solares surgió por primera vez en los años sesenta. En 1967 el arqueólogo danés Thorkild Ramskou sugirió que los vikingos podrían haber utilizado un cristal polarizador conocido como espato de Islandia. El hallazgo de un trozo de calcita a bordo del barco Elizabethan, que se hundió en la isla de Alderney en 1592, dio credibilidad a esta teoría. En esta nueva investigación, los científicos han demostrado que con este tipo de cristal es posible determinar la posición del sol con precisión y con un margen de error de un grado, incluso al anochecer y en las condiciones meteorológicas más adversas.

Durante los últimos años se han publicado varios estudios que intentan demostrar que los vikingos utilizaban estas piedras para navegar. A principios de año, otra investigación firmada por científicos húngaros sobre la polarización de la luz aseguraba que era posible que estos cristales hubieran ayudado a los vikingos a orientarse.

Cuando navegaban bajo cielos cubiertos no podían ver el sol así que los científicos creen que los tripulantes sostenían un trozo de esta piedra, la proyectaban hacia el cielo y la giraban. Cuando localizaban un punto en el que el brillo aumentaba, determinaban una línea que indicaba dónde estaba el sol. Seguían navegando y repetían la operación más adelante, hasta conseguir establecer una zona en la que se encontraba el sol. Para no perder esa referencia, colocaban una antorcha en esa posición para que les guiara. De este modo el pueblo vikingo logró recorrer largas distancias y establecerse en zonas remotas, como América del Norte.

Recuperan el ADN de vikingos que vivieron hace más de 1.000 años


Europa Press – El Mundo

ESTUDIO PUBLICADO EN ‘PLOS ONE’

  • Expertos de Dinamarca han logrado extraer el material genético de esqueletos
  • El trabajo servirá para conocer el origen de enfermedades y flujos migratorios
  • MADRID.- Investigadores de la Universidad de Copenhague en Dinamarca han conseguido extraer ADN auténtico de esqueletos de antiguos vikingos de hace más de 1.000 años, evitando muchos de los problemas de contaminación con los que se habían encontrado estos estudios en el pasado. Los resultados de su trabajo se publican en la edición digital de la revista ‘PLoS ONE’.

    El análisis de ADN de los restos de humanos antiguos proporciona un valioso conocimiento sobre cuestiones importantes como el origen de las enfermedades genéticas, los patrones migratorios de los antepasados y los patrones familiares y tribales.

    Sin embargo, los investigadores señalan que existen graves problemas conectados con la recuperación y análisis del ADN de organismos antiguos, como la escasez de moléculas intactas, que se agravan en el caso de los humanos. Esto se debe al mayor riesgo de contaminación con el abundante ADN de los humanos modernos.

    Los humanos participan en todas las fases de la investigación, desde la excavación a los análisis de laboratorio. Esto significa que muchos resultados previos se han desechado por la presencia de ADN contaminante y algunos investigadores afirman que es imposible obtener resultados fiables con ADN de humanos antiguos.

    Los investigadores del trabajo actual utilizaron nuevas muestras de material de diez esqueletos vikingos de alrededor del año 1.000 de un lugar de enterramiento no cristiano en la isla danesa de Funen que mostraban que era posible recuperar ADN auténtico de humanos antiguos.

    Los científicos utilizaron trajes protectores y eliminaron los dientes de la mandíbula de los esqueletos en el momento en el que fueron desenterrados cuando habían permanecido sin tocar durante 1.000 años. Los procedimientos de laboratorio posteriores fueron también controlados de forma cuidadosa para evitar la contaminación.

    Los análisis del ADN vikingo no mostraron evidencias de contaminación con ADN extraño y el análisis del ADN endógeno proporcionó resultados reproducibles y mostró que estos individuos eran tan diversos como los humanos contemporáneos.

    Según los autores, la recuperación fiable de ADN auténtico abre la vía a un uso valioso de restos humanos prehistóricos para iluminar la historia genética de las poblaciones pasadas y actuales.