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El Mundo

Vista aérea de Barnes Ice Cap en mayo de 2015 NASA

Vista aérea de Barnes Ice Cap en mayo de 2015 NASA

El deshielo de los glaciares de Canadá y sus masas heladas se ha convertido en uno de los principales responsables de los cambios en el nivel del mar debido a la rapidez con la que se están derritiendo. Así lo asegura un estudio basado en los datos recogidos entre 1991 y 2015, el primero que analiza la evolución de las masas de hielo en ese país durante un periodo tan amplio. La investigación se ha publicado en Environmental Research Letters.

Según asegura el equipo de la Universidad de California en Irvine (EEUU), que firma esta investigación, la pérdida de hielo en los glaciares y masas heladas de las Islas de la Reina Isabel (Queen Elizabeth) ha aumentado de forma dramática entre 2005 y 2015: nada menos que en un 1.000%. La pérdida media de hielo, detallan, es de 30.000 millones de toneladas por año.

Los científicos apuntan directamente al aumento de temperaturas experimentado en esa región en los últimos 10 años como causante del acelerado deshielo: “Durante la última década, a medida que la temperatura de la atmósfera subía, la superficie derretida se ha incrementado de forma dramática“, afirma Romain Millan, autor principal del estudio.

Los científicos prevén, además, que el deshielo irá en aumento en las próximas décadas. Una tendencia muy preocupante teniendo en cuenta que Canadá alberga el 25% de todo el hielo ártico, sólo superado por Groenlandia.

Aire caliente

El estudio fue realizado con datos recabados por satélites y modelos climáticos regionales para determinar cuánto hielo ganan y pierden cada año, e intentar entender las causas. Debido a que una gran cantidad de glaciares terminan en zonas de costa, pensaban que la principal causa del deshielo acelerado eran las corrientes de agua cálida que bañan a estas montañas de hielo.

Sin embargo, descubrieron que hasta 2005 la pérdida de hielo fue debida a dos factores, que contribuyeron al deshielo de una forma similar: el 52% fue debido a las masas de agua que chocan con los frentes costeros de los glaciares y hacen que se desprendan icebergs, mientras que el 48% del deshielo de los glaciares fue causado por el aumento de la temperatura del aire.

Durante el periodo 2005-2015, las temperaturas atmosféricas no han parado de crecer. Esa subida continua de las temperaturas, dicen los autores de este estudio, ha hecho que la pérdida de hielo por esta causa haya ascendido al 90%.

Los datos de este estudio se suman a los de otros investigadores, que están monitorizando el estado de glaciares en todo el mundo. El pasado octubre, una investigación, también de la Universidad de California en Irvine, revelaba que tres glaciares de la Antártida occidental habían perdido hielo a un ritmo sin precedentes entre 2002 y 2009. De hecho, los científicos creen que sólo el deshielo en la Antártida puede duplicar el aumento del nivel del mar.

2016 ha sido, globalmente, el año más cálido desde que hay registros de temperaturas, superando a 2015, que ostentaba ese récord.

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  • Sin que existan pruebas de la presencia de pescadores vascos en Norteamérica antes de 1492, sí es demostrable la gran actividad de éstos en Terranova (Canadá) al menos desde 1517. Todavía hoy, muchos de los nombres de ciudades y otros lugares en la Isla de Terranova son de origen vasco

    ABC Pintura de la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492

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    Pintura de la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492

La teoría de que balleneros vascos y otros pescadores procedentes de poblaciones del litoral cantábrico habían viajado a Terranova (Canadá), en torno al año 1375, mucho antes de que lo hiciera Cristóbal Colón cuenta con pocas evidencias históricas y una única certeza: los pescadores españoles dejaron una profunda huella en la zona noroeste de Canadá. Así, cuando el navegante francés Jacques Cartier dio nombre a Canadá y reclamó estos nuevos territorios –la Terra Nova– para la Corona francesa, anotó un sorprendente hallazgo en sus cartas: «En aquellas aguas remotas encontré a mil vascos pescando bacalao».

Llamadme Iñaki (o Patxi, si acaso)… podría haber sido perfectamente la frase de apertura de la novela más famosa sobre la caza de cetáceos, «Moby-Dick», si el autor se hubiera acordado de la fama internacional que los vascos desarrollaron en este tipo de pesca. En las décadas de 1530 a 1570, el negocio ballenero registró su etapa de mayor apogeo. La flota vasca llegó a estar formada por una treintena de barcos, tripulados por más de dos mil hombres, que capturaban unas cuatrocientas ballenas cada año. No obstante, la tradición ballenera en el Cantábrico se remonta a la Edad Media y fue un importante motor de las poblaciones costeras. La principal fuente de ganancia estaba en la grasa del animal, posteriormente convertida en aceite a la que se denominaba saín. Este producto se empleaba en el alumbrado y ardía sin desprender humo ni dar olor. Asimismo, los huesos servían como material de construcción para la elaboración de muebles. La carne apenas se consumía en España, pero se salaba y se vendía a los franceses.

Vikingos, portugueses y vascos en Terranova

En una fecha sin determinar, los pescadores cantábricos extendieron su área de acción hacia el Atlántico, especialmente a Islandia, donde fueron protagonistas de una salvaje matanza ya en el siglo XVII, y a lo que hoy es la provincia canadiense de Terranova y Labrador. En busca originalmente de bacalao, la Isla de Terranova se convirtió en un objetivo preferente de los pescadores del cantábrico. Pero no se trataba del primer contacto de los pobladores de esta región con europeos. Alrededor del año 1001, «las Sagas islandesas vikingas» ubican las expediciones del explorador Leif Ericson en Helluland, Markland y en lo que él llamó Vinland («Tierra de pasturas»). Y las investigaciones arqueológicas, en efecto, han confirmado la existencia de un asentamiento nórdico, «L’Anse aux Meadows», en Newfoundland, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.

Wikipedia Poblado vikingo de L'Anse aux Meadows (Terranova, Canadá)

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Poblado vikingo de L’Anse aux Meadows (Terranova, Canadá)

En cualquier caso esta presencia vikinga en América, que incluso los estudios genéticos han avalado, fue de carácter efímero, y en ningún caso se produjeron asentamientos en territorio continental americano. Así y todo, las incursiones vikingas pudieron ser sucedidas por las de otros europeos, los marinos portugueses. Como si fuera una especie de búsqueda del Santo Grial, los navegantes portugueses acometieron varias décadas antes de Colón la travesía hacia la Isla Bacalao (también llamada «Bachalaos»), representada de forma difusa en los mapas del siglo XVI en las proximidades de Terranova. Así, el portugués Joao Vaz Corte Real habría alcanzado las proximidades de Terranova en 1472, e incluso se especula que bordeó las orillas del río Hudson y del San Lorenzo

Según la versión más estricta del mito, los vascos arribaron en Terranova hacia 1375 y decidieron guardar el secreto para evitar compartir con otras flotas los prodigiosos caladeros de la zona. Entre el mito y la realidad, se relata que cuando los exploradores franceses entraron en contacto con los indígenas de Terranova, éstos les saludaron con la fórmula «Apezak hobeto!» («¡Los curas mejor!», en vasco), que los marineros vascos usaban a modo de respuesta si alguien les preguntaba por su salud. No cabe la menor duda, en cambio, de la enorme huella que la lengua vasca causó en los idiomas de los pobladores de la Isla de Terranova desde el siglo XVI. Durante los dos siglos de esplendor del Imperio español, en Terranova se habló un pidgin, es decir, un lenguaje rudimentario que mezclaba el euskera y las lenguas locales. Muchos de los nombres actuales de ciudades y otros lugares de Terranova son de origen vasco. Como ejemplo, la ciudad Port-aux-Basques está presente en mapas de 1612; Port-au-Choix es una desfiguración de Portuchoa, «puertecito»; y Ingonachoix (Aingura Charra) se traduce como «mal anclaje».

«Los vascos empezaron la industria»

Más allá del componente mítico –alentado sobre todo por los nacionalistas vascos–, está la certeza de que desde 1517 los intercambios comerciales de pesca, culturales y posiblemente genéticos fueron muy frecuentes entre los pescadores vascos (vizcaínos y guipuzcoanos) y los amerindios de Terranova. Las factorías vascas repartidas por las costas de Terranova, Labrador y el golfo de San Lorenzo llegaron a reunir hasta 9.000 personas en algunas temporadas y constituyeron la primera industria en la historia de América del Norte. «Los vascos lo empezaron», afirmó el presidente estadounidense Thomas Jefferson en 1788 referido a que fueron estos pescadores los que descubrieron al mundo conocido de entonces la técnica de la caza industrial de las ballenas. La colaboración con los nativos mikmaq y beothuk, que trabajaban para los vascos a cambio de pan y sidra, permitió un intercambio cultural que ha sobrevivido parcialmente hasta nuestros días.

ABC Mapa del itinerario de los balleneros en el siglo XVI

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Mapa del itinerario de los balleneros en el siglo XVI

El itinerario anual de los balleneros comenzaba con su partida de la Península Ibérica en la segunda semana de junio. La travesía del Atlántico duraba cerca de 60 días, llegando a Terranova en la segunda mitad del mes de agosto, a tiempo para interceptar las ballenas en su migración otoñal del Océano Ártico hacia los mares del Sur. La caza duraba hasta el fin de año, cuando la llegada del invierno recubría de hielo las aguas de la bahía y hacía muy complicada la navegación. Es por ello que solo se quedaban en América del Norte durante la temporada invernal los barcos que no habían conseguido capturar una buena pieza. El viaje de retorno era habitualmente más corto, entre 30 y 40 días, gracias a las corrientes y los vientos favorables.

Conforme avanzaba el siglo XVII, se aceleró el declive de los balleneros vascos. La entrada en el escenario americano de marineros franceses, ingleses, daneses y holandeses, entre otros, comprometió gravemente la actividad vasca en Terranova. El tratado de Utrecht, que escenificó el paso de Terranova de manos francesas a inglesas, fue el golpe final para una industria que ya no obtenía la rentabilidad de otros tiempos.


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  • Una investigación europea confirma que el impacto de un asteroide hace 66 millones de años tuvo efectos globales
Los dinosaurios desaparecieron «en su mejor momento»

Archivo Un meteorito impactó contra lo que hoy es México hace 66 millones de años provocando la extinción de los dinosaurios

La teoría de que un asteroide terminó de forma súbita con los dinosaurios de todo el mundo está ampliamente extendida, pero hasta hace muy poco tiempo los fósiles del final del Cretácico (el último capítulo de la evolución de los dinosaurios) procedían casi únicamente de América del Norte. Lo cual ha suscitado la duda de que su repentina desaparición podría haber sido solo un fenómeno local, circunscrito a Canadá y América.

Ahora, un nuevo estudio recién publicado en la revista Zookeys muestra que también en Europa los dinosaurios florecieron justo hasta el momento del impacto que acabó con ellos, hace unos 66 millones de años.

El trabajo sintetiza todo un abanico de investigaciones sobre dinosaurios europeos llevados a cabo durante las últimas décadas y que revelan que al final del Cretácico los dinosaurios prosperaban y eran muy comunes en España, Francia y Rumanía, entre otros países.

Analizando la variedad y la edad de todos estos fósiles, un grupo de investigadores liderado por Zoltán Csiki-Sava, de la Facultad de Geología y Geofísica de la Universidad de Bucarest, ha determinado que la población de dinosaurios fue muy diversa en el Viejo Continente hasta muy tarde en el Cretácico.

En los Pirineos españoles y franceses, la mejor área de Europa para encontrar fósiles de ese periodo, especies carnívoras y herbívoras resultan muy comunes y todo indica que estaban prosperando sin problemas durante los últimos cientos de miles de años antes del impacto del asteroide.

Para Csiki-Sava, “durante mucho tiempo, Europa ha resultado eclipsada por otros continentes por lo que respecta a la naturaleza, composición y evolución de los últimos ecosistemas continentales de final del Cretácico. Pero los últimos 25 años han sido testigos de un gran esfuerzo en todo el continente para mejorar nuestro conocimiento, y es ahora cuando estamos en condiciones de percibir la importancia de todos estos nuevos hallazgos y de la extraña y nueva historia que esos descubrimientos cuentan sobre cómo era la vida al final de la era de los dinosaurios”.

Para Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo y coautor de la investigación, “todo el mundo sabe que un asteroide nos golpeó hace 66 millones de años y que los dinosaurios desaparecieron, pero esta historia se basa principalmente en fósiles de una sola parte del mundo, Norteamérica. Ahora sabemos que los dinosaurios europeos también prosperaron hasta la caída del asteroide, igual que en Norteamérica. Lo cual constituye una fuerte evidencia de que el asteroide realmente mató a los dinosaurios cuando estaban en su mejor momento, y en todo el mundo a la vez”.

Los dinosaurios desaparecieron «en su mejor momento»

Mapa de la evolución de ecosistemas europeos en la frontera entre el Cretácico (debajo), y el Paleogeno (arriba) Ron Blakey, Northern Arizona University; fossils: Jeremy E. Martin


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  • Los 129 tripulantes perecieron a consecuencia del frío, las enfermedades, el envenenamiento con plomo (a través del agua de los barcos o las comidas enlatadas que transportaban) y la falta de alimentos
Canadá confirma que los restos hallados en el Ártico pertenecen al navío Erebus de la Expedición Franklin

Parks Canadá | Imagen de sónar de barrido lateral con el casco del barco, que sigue intacto

El primer ministro canadiense, Stephen Harper, anunció hoy que los restos de un barco del siglo XIX hallados en el Ártico a mediados de septiembre pertenecen a los de la embarcación Erebus del explorador británico John Franklin.

Harper, que desde que llegó al poder en 2006 se ha esforzado por fortalecer el pasado británico de Canadá, realizó el anuncio de la identificación del barco durante la sesión diaria de preguntas al Gobierno en el Parlamento canadiense.

Posteriormente, en un comunicado, Harper dijo que “me satisface anunciar hoy que el barco de la Expedición Franklin localizado por la Expedición Victoria Strait en septiembre ha sido identificado como el Erebus“. Harper añadió que la identificación del barco contribuye a “resolver uno de los grandes misterios históricos de Canadá”.

La “obsesión” de Harper con la Expedición Franklin ha sido criticada por los partidos de la oposición y organizaciones sociales que han contrastado su desinterés por las demandas de grupos indígenas para investigar la desaparición y asesinato de centenares de mujeres aborígenes con los esfuerzos para localizar el Erebus.

Harper también ha sido criticado por engrandecer “el misterio” de la Expedición Franklin ya que desde hace décadas se sabe lo sucedido con los dos barcos y los 129 miembros de la expedición que partió del Reino Unido en mayo de 1845.

Los dos barcos, Terror y Erebus, quedaron atrapados en el hielo en 1846 entre las islas Somerset y Prince of Wales por los errores cometidos por su comandante, John Franklin.

Los 129 tripulantes perecieron a consecuencia del frío, las enfermedades, el envenenamiento con plomo (a través del agua de los barcos o las comidas enlatadas que transportaban) y la falta de alimentos. Los científicos también han concluido que algunos recurrieron al canibalismo para intentar sobrevivir.

Paradójicamente el Erebus fue localizado en septiembre por una expedición financiada por el Gobierno canadiense y acaudalados empresarios del país en el lugar indicado desde hace más de un siglo por los indígenas del Ártico canadiense, los inuit.

Sin embargo, su tradición oral ha sido ignorada hasta el punto que Harper nunca ha reconocido públicamente su contribución al descubrimiento del Erebus.

El nuevo dinosaurio cornudo


El Mundo

La nueva especie de dinosaurio descubierta. | Mark Schultz

Los dinosaurios se extinguieron hace más de 60 millones de años. Sin embargo, no dejan de descubrirse nuevas especies de estas imponentes criaturas que dominaron la Tierra. El último hallazgo se ha producido en Alberta, Canadá, donde un equipo de investigadores del país han encontrado un nuevo dinosaurio con cuernos y herbívoro a partir de restos fósiles. El ejemplar ha sido bautizado como ‘Xenoceratops foremostensis’ y forma parte así de la familia de los ceratópsidos, el grupo de los grandes dinosaurios con cuernos, entro los que se incluye el famoso Triceratops.

El nuevo dinosaurio medía unos 20 metros de largo y pesaba más de dos toneladas. Este ejemplar representa el dinosaurio con cuernos más grande hallado en Canadá. El trabajo ha sido publicado en la revista ‘Canadian Journal of Earth Sciences’.

Este hallazgo corrobora que “hace 80 millones de años, los dinosaurios con cuernos experimentaron una explosión evolutiva en el norte del continente americano”, según ha explicado el autor principal de la investigación, Michael Ryan. En este sentido, ha indicado que el Xenoceratops “muestra que incluso los ceratópsidos más antiguos geológicamente tuvieron picos masivos en sus escudos de la cabeza y que su ornamentación craneal sólo se volvería más elaborada dentro de una nueva especie, como evolución”.

El descubrimiento de esta nueva especie ofrecerá más información sobre la evolución de los ‘ceratópsidos’. Hasta ahora, los datos sobre esta familia eran muy escasos. “Este descubrimiento pone de relieve cuánto más hay que conocer sobre el origen de este grupo tan diverso”, ha apuntado el investigador.

Este dinosaurio se describe a partir de restos de cráneo de al menos tres ejemplares descubiertos en la formación Foremost, recogidos originalmente en 1958 y que se conservan en el Museo Canadiense de la Naturaleza en Ottawa, Canadá. El coautor de la investigación destaca precisamente la “importancia del acceso a colecciones científicas” para descubrir nuevas especies.


INAH

De Ontario a Québec

LEGADO MAYA CONTINÚA CON ÉXITO GIRA POR CANADÁ

*** La exposición arqueológica Los secretos de la civilización maya sigue su viaje por ese país, y ahora se presenta en el Museo Canadiense de las Civilizaciones, en Québec

*** Luego de su éxito en el Museo Real de Ontario, la muestra —compuesta por 250 piezas— destaca las aportaciones de esta antigua civilización al mundo

Legado maya

La exposición arqueológica Los secretos de la civilización maya sigue su viaje por ese país, y ahora se presenta en el Museo Canadiense de las Civilizaciones, en Québec.


Tras convertirse en una de las exposiciones temporales más exitosas que se haya presentado en el Museo Real de Ontario, en Canadá, donde fue vista por alrededor de 200 mil visitantes en cinco meses, Los secretos de la civilización maya continúa su viaje por el país norteamericano, ahora en el Museo Canadiense de las Civilizaciones, en Québec, donde permanecerá hasta el 28 de octubre.

Por más de tres mil años, durante la época prehispánica, los mayas dieron forma a una civilización cuyos trabajos arquitectónicos son parte tangible del patrimonio de varios países centroamericanos: México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. La muestra, compuesta por 250 piezas arqueológicas, destaca la vitalidad de la cultura maya hasta nuestros días, heredera directa de aquellos grandes constructores.

Monumentos sagrados: templos y palacios, Una misteriosa lengua escrita, Los sacrificios y las ofrenda de sangre, La verdad sobre el fin del mundoLos mayas de nuestros tiempos, son los títulos de las secciones de esta exposición,  producto de la colaboración entre el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) y los museos Real de Ontario y Canadiense de las Civilizaciones.

La antigua civilización maya es reconocida en todo el mundo, sobre todo —explicó la arqueóloga Martha Cuevas, co-curadora de la exhibición—, por la exactitud de sus cálculos matemáticos, conocimientos que han trascendido en el tiempo y que todavía se pueden ver no sólo en la perfección de sus edificaciones, sino también en la complejidad de su calendario.

Expuestas mediante novedosos recursos museográficos, la mayor parte de las 250 piezas que se exhiben en Québec, proceden de colecciones del INAH, principalmente de los museos de Sitio de Palenque y de Toniná, ambos ubicados en las zonas arqueológicas de Chiapas; y los regionales de Tuxtla Gutiérrez —en la capital de esa misma entidad— y del “Palacio Cantón”, en Mérida, Yucatán.

Otras de las instituciones prestatarias de la colección de Los secretos de la civilización maya, son: los museos Británico (Londres), de Arte —de la Universidad de Princeton— (Estados Unidos), Gardiner y Real de Ontario (Canadá).

Un relieve con la imagen del señor de Palenque, K’ay Joy Chitam, la Máscara de la Reina Roja o la señora Tz’akb’u Ajaw, quien también fue soberana de esa ciudad prehispánica; portaincensarios que representan a las antiguas deidades mayas y rostros de gobernantes realizados en estuco, son parte del acervo de esta muestra internacional.

“El recorrido parte con una explicación sobre el descubrimiento de varias ciudades mayas en la época colonial. Posteriormente, en el XIX, la publicación de varios artículos por parte de los exploradores de esta área, comenzó a llamar la atención sobre estas antiguas urbes en ruinas”, detalló Martha Cuevas.

Por su parte, Roberto López Bravo, director del Museo Regional de Antropología e Historia, de Tuxtla Gutiérrez, otro de los curadores de la muestra junto con el experto Justin Jennings, del Museo Real de Ontario, destacó que otra sala está dedicada a mostrar la diversidad de nichos ecológicos en que florecieron las ciudades de esta antigua civilización, las cuales además tuvieron su apogeo en distintas etapas, de modo que, en su opinión, no se puede hablar de un “mundo maya”.

Esculturas, objetos cerámicos, máscaras y joyas —gran parte halladas en excavaciones recientes efectuadas por arqueólogos del INAH—, son referentes del poder que alcanzaron algunas de las ciudades mayas del periodo Clásico (250-900 d.C.). Ejemplo de ello son la ofrenda funeraria de la Estructura XX de Calakmul, en Campeche, y una máscara funeraria de jade de la Estructura II, de esa misma urbe, ambas realizadas entre 300 y 600 d.C.

También se exhibe, completo y por primera vez, el Tablero del Templo XVII (695 d.C.), de Palenque, en donde está representado el gobernante Kan Balam con un cautivo llamado B’olon Yooj; de esta misma ciudad maya procede el Trono del Templo XXI (736 d.C.); de Becán, en Campeche, sobresale una vasija hecha entre 300 y 600 d.C., cuya tapa posee una figura de una iguana-lagarto.

Otro de los temas que intenta desmitificar esta muestra es el llamado “Fin del mundo”, que para los antiguos mayas refiere a un cambio de era, previsto para el 23 de diciembre de 2012. Mediante datos aportados por la arqueología y la epigrafía, se expone la lectura de los glifos del Monumento 6 de Tortuguero, en Tabasco, en el que aparece esa fecha, la cual alude al fin de un ciclo dentro de la Cuenta Larga usada por dicha cultura, y que comprende aproximadamente 144,000 días.

Los secretos de la civilización maya hace hincapié en el proceso de desciframiento de su escritura y la información que contienen estos textos jeroglíficos, los cuales refieren historias de sus gobernantes, aspectos míticos y ceremoniales, e incluso dan pistas para reconstruir el panorama político en ciertos periodos.

“Al momento de abordar el desarrollo del sistema calendárico se explica que los pronósticos que están registrados en muchos de estos monumentos o en códices, eran interpretados por sacerdotes. Estas profecías asociadas al término de ciclos son las que han llamado la atención recientemente, debido a una interpretación falsa de las mismas, y es mediante entrevistas con expertos registradas en video, que la exposición pretende también desmitificar esto”, concluyó Martha Cuevas.


El Pais

Los especímenes dan nuevas pistas sobre el aspecto que tendrían algunos de esos animales de hace entre 70 y 85 millones de años

Los huesos de dinosaurios abundan en el registro fósil mundial, pero mucho más escasa es la información directa del plumaje que cubría el cuerpo de muchos de ellos. De ahí la importancia de un tesoro descubierto ahora de plumas de dinosaurios y de aves conservadas en ámbar, procedente de Alberta (Canadá), y con una antigüedad comprendida entre 70 y 85 millones de años (los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones). El hallazgo ofrece una oportunidad única para los científicos de conocer la estructura e incluso el aspecto cromático de aquellos dinosaurios, que tendrían plumaje de colores difusos (marrones, grisáceos, negros…) similares a aves actuales, con plumas moteadas y translucidas.

Además del interés que tiene la coloración de los dinosaurios, el hallazgo del ámbar de Alberta, permite a los investigadores examinar la morfología y la función de sus plumas, así como conocer mejor su evolución. “El plumaje especializado para el vuelo y para la natación subacuática había evolucionado ya en la aves del Cretácico superior”, escriben Ryan C. McKellar (Universidad de Alberta) y sus colegas en la revista Science.

Estos científicos han descubierto 11 especímenes de plumas o protoplumas en el análisis de más de 4.000 piezas de ámbar recuperadas en la zona del lago Grassy (Alberta) que forman parte de las colecciones del Museo Royal Tyrell de Paleontología y de la Universidad de Alberta. Los especímenes abarcan cuatro fases distintas de evolución de las plumas, incluidos filamentos similares a las protoplumas de dinosaurios no avianos que se desconocen en las aves modernas, a la vez que plumas ya mucho más complejas y parecidas a las actuales. Pero McKellar y sus colegas reconocen que no hay posibilidad de asociar los fragmentos conservados en ámbar con especies concretas de dinosaurios o de aves, ni siquiera pueden determinar qué plumas son de unos o de otras, aunque identifican claramente filamentos y estructuras que son muy similares a las improntas descubiertas en fósiles de dinosaurios de otros yacimientos.

En un análisis del descubrimiento, el especialista Mark A. Norell (Museo Americano de Historia Natural, Nueva York) recuerda que en los últimos años se está avanzando mucho en la investigación del color de los dinosaurios, incluso con análisis de fósiles, si están excepcionalmente bien conservados, porque en algunos casos es posible identificar la forma de las células de pigmento que se pueden comparar con las de animales actuales.


El Mundo

Huellas fosilizadas de reptil. | University of London/Bristol

Huellas fosilizadas de reptil. | University of London/Bristol

En los acantilados de la bahía de Fundy, New Brunswick, en la actual costa este de Canadá, se han encontrado huellas de reptiles de 318 millones de antigüedad. El hallazgo indica que estas criaturas fueron los primeros conquistadores del interior del continente y pusieron las bases de los diversos ecosistemas que se encuentran hoy en día.

Las primitivas huellas fueron encontradas por Howard Falcon-Lang, de la Universidad de Londres. Los resultados del estudio, llevado a cabo con colegas canadienses y de la Universidad de Bristol, se han publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.

El mismo equipo ya había descubierto las huellas más antiguas de reptiles en 2007 en otro área de New Brunswick. El actual hallazgo parece ser de la misma época o incluso más antiguo.

El hallazgo corrobora la teoría previa de que los reptiles fueron los primeros ‘colonos’ de tierras interiores secas, al no tener que regresar al agua para reproducirse, como ocurre con sus primos anfibios. Las rocas en las que se han encontrado las pisadas fosilizadas muestran que los reptiles vivieron en los cauces secos de ríos a cientos de kilómetros del mar.

“Las huellas datan del periodo Carbonífero, cuando existía sólo un supercontinente -Pangea- y la vida se restringía a los pantanales costeros. Cuando los reptiles aparecieron en escena, superaron las fronteras y conquistaron el seco interior continental”, explica el investigador Benton.


El Mundo

ASTROBIOLOGÍA | Cayó en un lago de Canadá en 2000

El ácido fórmico, uno de los ingredientes que se consideran fundamentales en el ‘caldo primordial’ del que surgió la vida, se ha detectado en un meteorito que cayó en el lago Tagish de Canadá, en el año 2000.

Según ha anunciado un equipo de investigadores en la conferencia de la Unión Geofísica Americana, los análisis realizados en esta roca han desvelado niveles de esta molécula cuatro veces más altos que la mayor cantidad detectada hasta ahora en otros meteoritos. Además, los científicos están convencidos de que el ácido fórmico tiene un origen extraterrestre.

“Hemos tenido suerte de que el meteorito no fuera manipulado por personas, ya que si esto hubiera ocurrido se hubiera contaminado con compuestos orgánicos que todos tenemos en los dedos”, ha explicado a la BBC Christopher Herd, de la Universidad de Alberta, uno de los autores principales de la investigación.

Las muestras del meteorito, que en total pesan 850 gramos, se encontraron en las aguas del lago Tagish, cuyas bajas temperaturas evitaron que el ácido fórmico se disipara. Los investigadores han sometido estos fragmentos de roca a una exhaustiva serie de análisis, y han descubierto cantidades de este compuesto orgánico que baten todos los récords en este campo de estudio.

Hasta ahora, los científicos habían centrado sus esfuerzos en la exploración del llamado meteorito de Murchison, que cayó en 1969 en la ciudad australiana del mismo nombre, y en el que se encontraron varios tipos de aminoácidos.

“Lo interesante es que estamos descubriendo mucha variedad en los tipos de compuestos que contienen los meteoritos. No nos habíamos dado cuenta de esto al centrarnos en el metorito de Murchison, pero ahora este nuevo hallazgo nos ofrece una nueva perspectiva”, asegura Mark Sephton, del Imperial College de Londres.

La composición química del ácido fórmico detectado en el meteorito del lago Tagish demuestra que probablemente se formó en las regiones más frías del espacio, antes de que existiera el Sistema Solar.

En la Tierra, el ácido fórmico se encuentra en los aguijones de algunos insectos, como las hormigas, pero los expertos creen que fue un ingrediente importante en las reacciones bioquímicas que desencadenaron el surgimiento de la vida en la Tierra.

Algunos científicos consideran posible que los ingredientes fundamentales de la vida pudieron llegar a nuestro planeta desde el espacio, traídas por meteoritos o cometas. Esta hipótesis, conocida como la teoría de la panspermia, es muy controvertida, aunque ha tenido algunos defensores ilustres, como el codescubridor del ADN, Francis Crick.


El Pais

  • La prenda, que permanecía sin utilizar, se ha subastado en la casa de Christie’s en Nueva York
El chaleco del transatlántico de lujo subastado por la casa de subastas Christie's de Nueva York / AP

El chaleco del transatlántico de lujo subastado por la casa de subastas Christie’s de Nueva York / AP

Un chaleco salvavidas del Titanic, el transatlántico de lujo que se hundió en el Atlántico norte al chocar contra un iceberg en 1912, ha alcanzado en una subasta en la casa Christie’s de Nueva York el precio de 68.000 dólares (43.727 euros), una cifra relativamente baja si se compara con la de 119.000 dólares (75.331 euros) que alcanzó una prenda similar subastada el año pasado en Londres.

Es sólo un anticipo de los 18 lotes que la casa subastará el día 28 y por los que espera recaudar un millón de dólares. Entre las piezas figuran telegramas, dos cartas de supervivientes del desastre y tres fotografías.

La prenda, rellena de corcho, sólo presenta algunas manchas y desgarrones, aunque su estado de conservación es muy bueno. Se cree que fue encontrada por el granjero John James Dumbar en la costa de Halifax (Canadá), después de que el transatlántico se hundiera en abril de 1912 mientras hacía su viaje inaugural entre el puerto británico de Southampton y Nueva York.

Gregg Dietrich, especialista en artículos navales, ha afirmado que el chaleco (uno de los seis que se conservan) parece que no ha sido usado porque las correas de los hombros seguían intactas. Los pasajeros del barco solían cortarlas para evitar que les hicieran daño en la piel.

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