El polémico viaje a Madrid de las juventudes hitlerianas en plena Segunda Guerra Mundial


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  • Una delegación con 62 jóvenes visitó la capital en octubre de 1941 para demostrar la naturaleza cultural del III Reich
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Tres representantes de las juventudes hitlerianas desfilan por delante de la Cibeles – SECRETOS DE MADRID/M. URECH

El 13 de octubre de 1941, según figura en la hemeroteca de ABC, una delegación del Frente de Juventudes alemán, conocido como las juventudes hitlerianas, aterrizó en la capital. Lo hizo en plena guerra, en suelo teóricamente neutral y con la intención de demostrar la sólida formación cultural de los jóvenes del III Reich. Durante la visita, segunda escala de su estancia en España, tras su paso por Barcelona, el grupo desfiló por las calles de Madrid, participó en varios conciertos y hasta organizó un festival deportivo.

Un total de 62 jóvenes alemanes, divididos en dos grupos, se desplazaron a Madrid mientras su país estaba inmerso en la Segunda Guerra Mundial. Unos formaron un grupo musical y otros dos equipos de gimnastas, femenino y masculino. Aquellos adolescentes estaban convencidos de que la guerra tendría un único final y que ellos, porque así se lo habían hecho creer, eran el futuro de un «súper estado». La visita a España, de hecho, estaba configurada como una maniobra propagandística para demostrar la buena salud de Alemania, el horizonte que vislumbraba y la excelente formación física y cultural de sus bases militantes.

Recorte de ABC del 14 de octubre de 1941

Recorte de ABC del 14 de octubre de 1941

Las juventudes hitlerianas dieron un concierto en la embajada alemana, en la residencia particular del embajador Von Stohrer, bajo la dirección del maestro Gehrard Maass. Según recoge la información de este periódico, del 14 de octubre de 1941, al acto acudieron altos cargos del partido nazi en Madrid, miembros de la Falange, diplomáticos del Pacto Tripartito (Alemania, Italia y Japón) y personalidades del mundo de la música. El evento musical se celebró en el edificio más emblemático de Alemania en Madrid: la embajada situada junto a la iglesia de Friedenskirche, una joya histórica y arquitectónica que aún hoy se conserva en la capital. Además, en colaboración con la Jefatura nacional de Educación y Descanso, tuvo lugar el día 16 del mismo mes una especie de exhibición deportiva, donde los bisoños alemanes demostraron sus habilidades en gimnasia rítmica, patín sobre ruedas o ejercicios en paralelas. Todo aderezado con música y con un desfile final con canto del «Nur der Freheit gehört unser Leben».

Las connotaciones del viaje generaron una multitud de críticas en el ala menos germánica de la dictadura. Un ejercicio de cinismo que tampoco pasó desapercibido entre la población, que lo rechazó aunque veladamente. La perspectiva que aporta el paso del tiempo arroja más polémica a la visita, pues la delegación visitó la tumba de José Antonio Primo de Rivera bajo la invitación de las autoridades, aunque España se consideraba neutral en el conflicto. Igualmente, desde un análisis más técnico, se ha considerado esta visita como una muestra estéril de músculo cuando la Alemania nazi se asomaba al abismo.

El viaje de Inge Lehmann al centro de la Tierra


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  • La sismóloga danesa desmontó la teoría de la Tierra hueca y dedujo que en el centro de la Tierra existe una parte sólida dentro de la líquida
Inge Lehmann cambió la sismografía con la publicación de «P»

Inge Lehmann cambió la sismografía con la publicación de «P»

A Inge Lehmann, una sismóloga danesa, se le debe la concepción actual de cómo es núcleo de la Tierra. Fue ella quien dedujo que en el centro de la Tierra hay una parte sólida dentro de otra líquida, una realidad muy distinta a la que imaginó Julio Verne para Otto Lidebrock y su sobrino Axe en su «Viaje al centro de la Tierra».

El núcleo interno y el núcleo externo. Dos partes que Inge Lehmann estableció en 1936 con la publicación de un documento que le valió para entrar en la historia de la geofísica. Conocido como «P», contenía una nueva discontinuidad sísmica en la estructura de la Tierra que pasó a llamarse desde entonces discontinuidad de Lehmann. El hallazgo provocó un giro de 180 grados en su campo, ya que demostraba que el planeta no es una esfera compacta e inactiva, sino todo lo contrario.

Con ello desacreditó la teoría de la Tierra hueca, recreada por Julio Verne en 1864 en su «Viaje al centro de la Tierra». El escritor galo fue capaz de amoldar un mundo aparte de la realidad y 70 años después, Inge Lehmann le demostró su error.

Hoy día ya sabemos que el núcleo terrestre es una bola sólida de hierro, de un diámetro similar a la Luna, bañada en una capa externa de aleación de hierro fundido del tamaño de Marte. Este fluido actúa como una especie de lubricante que permite al núcleo interno moverse libremente respecto al resto del planeta.

Lo que no acertó a adivinar Inge Lehmann fue la temperatura del núcleo terrestre. El baremo de la danesa de entre 2.727 y 4.727 grados pasó a ser de cerca de 6.000 hace dos años, según el estudio dirigido por la organización nacional francesa de investigación científica (CEA) y publicado en la revista «Science».

Una pionera

Inge Lehmann creció con el campo de la sismología, convirtiéndose en una pionera entre las mujeres y los científicos. Fue a la escuela mixta dirigida por la tía de Niels Bohr, donde los alumnos estudiaban los mismos temas, independientemente de si eran niños o niñas.

En 1920 obtuvo su título en matemáticas después de 12 años de 12 años de estudios de pregrado y postgrado en la Universidad de Copenhague y de Cambridge. Después empezó la carrera de sismología en 1925 y con ayuda de N.E. Norlund estudió redes sísmicas en Dinamarca y Groenlandia. En 1928, fue nombrada primera jefa del departamento de sismología del recién creado Real Instituto Geodésico danés, un cargo que mantuvo durante 25 años y que todavía mantenía cuando publicó «P».

¿Había estado Cristóbal Colón ya en América antes de su famoso viaje?


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  • El misterioso navegante llevaba dos cuentas diferentes durante la primera travesía. Una, la que enseñaba a sus capitanes y anotaba menos leguas de las recorridas, y otra correcta que guardaba en secreto. Su oscura biografía alimenta las dudas
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ABC | Retrato de Cristóbal Colón conservado en la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América.

La expedición castellana que Cristóbal Colón condujo hasta el Nuevo Mundo, aunque entonces nadie pensaba que se trataba de un nuevo continente, inició un encuentro entre dos civilizaciones que cambió la Historia. No eran, sin embargo, los primeros europeos en llegar a sus costas –sí los primeros en establecer una ruta fija– puesto que hay pruebas claras de que los vikingos estuvieron en la costa noroccidental de Terranova. Otras tantas teorías sitúan a navegantes chinos, turcos e incluso romanos en las costas americanas muchos siglos antes que Colón. Y puede que ni siquiera fuera el primer hispánico: los balleneros cántabros y vascos habían frecuentado Terranova sin que exista consenso sobre la fecha en la que comenzaron sus primeros viajes.

La hipótesis de que Cristóbal Colón pudiera haber estado anteriormente en América, o en contacto con marinos que lo habían estado, nace de su injustificado convencimiento en que lograría su propósito –a pesar de que fue incapaz de demostrarlo desde un punto de vista científico frente a los Reyes Católico– y de la siempre misteriosa biografía del descubridor. Nacido probablemente en Génova, dentro de una familia de tejedores de clase media, Colón se vinculó desde la juventud con el mar y la navegación, pese a que en su estirpe no había tradición marinera. «De muy pequeña edad entré en la mar, navegando, y lo he continuado hasta hoy», declaró en una ocasión el navegante a los Reyes Católicos. En valoración de Lourdes Díaz-Trechuel, autora de «Cristóbal Colón: primer almirante del mar océano» (1991), lo hizo a los 14 años como grumete en un mercante genovés.

Si bien no hay duda de que Colón tuvo contacto con la vida marítima desde muy joven, más difícil es atestiguar que tuviera conocimientos avanzados de astrología, cosmología, geometría y navegación; ciencias necesarias para plantear una expedición que desafiaba a todo lo conocido en la época. Al contrario, el genovés aprendió las primeras letras en una escuela que el gremio de artesanos, al que pertenecía su padre, sostenía en Génova, pero resulta poco probable que estudiara latín y gramática en la Universidad de Pavía como relató Hernando Colón, el hijo del navegante. No obstante, los historiadores que han buscado alguna referencia o matrícula en esta universidad han fracasado y consideran que fueron adornos del hijo para revestir a un hombre que fue completamente autodidacta.

El último documento firmado por Colón en Génova es del 7 de agosto de 1473: los siguientes 5 años resultan casi desconocidos para los historiadores. Según Díaz-Trechuelo, Colón pasó aquellos años embarcado como comerciante y corsario en aventuras que más tarde se cuidó en ocultar. Una de las banderas bajo las que sirvió fue la de Renato de Anjou, pretendiente al trono de Nápoles, que permanecía bajo el control de Aragón. Porque quizás no estaba interesado en que después se conociera su pasado hostil a la causa de Fernando «El Católico» se difuminaron los detalles de su participación como corsario en esta empresa.

Portugal le pone en contacto con otros aventureros

Tras adquirir una amplia experiencia en el Mediterráneo, Cristóbal Colón se lanzó al Atlántico a través de la Corona portuguesa, muy activa en la costa africana a finales del siglo XV. «Fue en el Atlántico, en sus islas, en sus costas, donde Colón concibió la gran idea de buscar el Levante por el Poniente», narra Paolo Taviani, autor de «Genesis de un descubrimiento». Para llevar a cabo su empresa, Colón tuvo la suerte de contar con las escrituras y cartas de marear de su difunto suegro Bartolomé Perestrello y estuvo en contacto con marineros que habían alcanzado los límites de lo que se consideraba el fin del mundo. Un piloto –así lo recoge el propio navegante– le dijo que a 450 leguas al oeste del cabo de San Vicente había encontrado en el agua un madero labrado por manos de hombre. Otro marinero daba fe de dos cadáveres de cara ancha naufragados en el cabo de la Verga, en la costa occidental de África. No en vano, Colón reparó en que los avistamientos de islas hacia poniente, donde se suponía que no había nada, se repetían frecuentemente entre los habitantes de Madeira, las islas del Hierro, Gomera y las Azores. No podía ser casualidad.

Coincidiendo con los testimonios que alcanzaban sus oídos, Colón entró en contacto en Portugal con el médico florentino, aficionado a la Cosmografía, Paolo del Pozzo, que le sirvió en bandeja la parte teórica para confeccionar su plan. Las autoridades portuguesas preguntaron al florentino sobre la posibilidad de buscar una ruta para el comercio oriental, puesto en jaque con la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, a través de occidente. Toscanelli propuso navegar hacia el oeste desde Europa, sin sospechar que antes de llegar a las cosas orientales de Asia se interponía todo un continente. La posibilidad de realizar este viaje la avaló el florentino con una errónea medida basada en la longitud que Ptolomeo dio al grado terrestre. Colón tuvo acceso a esta información, incluido el error de cálculos, y elaboró un proyecto que presentó ante la corte portuguesa primero y ante la española después.

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Wikipedia | «Llegada de Cristóbal Colón a las Indias Occidentales», por John Vanderlyn

Si bien es complicado situar a Cristóbal Colón en otras expediciones previas al Descubrimiento, puesto que su biografía en los años portugueses cuenta con claridad los detalles de esta parte de su vida, personas de su entorno pudieron viajar al Nuevo Mundo poco tiempo antes que él. El primer cronista de las Indias, Gonzalo Fernández de Oviedo, recoge en sus textos una noticia que algunos han catalogado de leyenda. A una carabela que navegaba de España a Inglaterra le sobrevivieron vientos contrarios y «tuvo necesidad de correr al poniente tantos días que reconoció una o más islas destas partes e Indias». Bajó a tierra y halló gente desnuda. En la travesía de regreso murieron casi todos los hombres y solo el piloto (Alonso Sánchez de Huelva) y otros cuatro marineros llegaron a Portugal, tan enfermos que en pocos días fallecieron. El piloto, que era «muy íntimo amigo de Cristóbal Colón», fue a parar a su casa y en ella murió, pero antes pudo darle información del viaje, e incluso una carta de marear en la que había señalado las tierras que había visto.

«Como si en ellas hubiera estado ya»

Otro importante cronista del periodo, Bartolomé de Las Casas aporta un dato de interés al decir que los indios de Cuba tenían reciente memoria de que habían llegado a la vecina isla Española (Santo Domingo) «otros hombres blancos y barbados antes que nosotros no muchos años». Se trata de un testimonio que refuerza la teoría del predescubrimiento.

A su vez, fray Ramón Pane, compañero de Colón en el segundo viaje, recoge una creencia indígena, según la cual, llegarían a la isla «hombres vestidos, armados, de espadas capaces de dividirnos de un solo tajo, a cuyo yugo habría de someterse nuestra descendencia». Frente a estas evidencias, el profesor Juan Manzano afirmó en su libro «Colón y su secreto » (1976) que sin duda algunos portugueses habían llegado por azar a las islas antillanas, a La Española y, concretamente, a la región de Cibao. El encuentro entre algunos de estos marineros y Colón tuvo lugar, en opinión de Manzano, en Madeira hacia 1478, lo cual explicaría la seguridad con que el genovés defendía su proyecto «como si en ellas personalmente hubiera estado», que escribió Las Casas.

«Tan cierto iba de descubrir lo que descubrió y hallar lo que halló como si dentro de una cámara con su propia llave lo tuviera», dejó también registrado Bartolomé de Las Casas sobre la inquebrantable seguridad de Cristóbal Colón durante todo el viaje. Aunque el proyecto no había podido ser respaldado con argumentos científicos sólidos –tanto los asesores portugueses como luego los castellanos habían desaconsejado su ejecución–, fue finalmente aprobado por empeño personal de los Reyes Católicos que, fiándose de su instinto, abrazaron la interminable confianza que parecía radiar Colón. Presumiblemente, el navegante sabía más de lo que decía como atestigua el hecho de que llevara dos cuentas durante todo el viaje. Una, la que enseñaba a sus capitanes y en la que cada día anotaba menos leguas de las recorridas, y otra, secreta y acertada. La supuesta razón de portar dos cuentas era «porque si el viaje fuera luengo no se espantase ni desmayase la gente».

NASA muestra el viaje a un asteroide que revelaría origen del Sistema Solar


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A través de un didáctico documental se muestra el plan de la misión “OSIRIS-REx”, la cual emprenderá viaje en 2016 rumbo a Bennu, el peligroso cuerpo estelar.

Tras el exitoso arribo de la misión Rosetta al cometa 67P, los ojos de la ciencia se han centrado en encontrar respuestas a diversas teorías sobre el origen de la vida en la Tierra a partir del análisis  de moléculas orgánicas que ayudan a entender un poco mejor el origen de nuestro Sistema Solar.

Sin embargo, esta no es la única misión que se encuentra en curso con el objetivo de proveer más información. La NASA se encuentra preparando “OSIRIS-REx” (Origins Spectral Interpretation Resource Identification Security Regolith Explorer) y su destino en esta ocasión no es un cometa, sino un asteroide, que tiene el ‘simpático’ nombre de Bennu.

Bennu es un trozo de roca que ha permanecido relativamente intacto desde los orígenes del Sistema Solar. De ahí su brutal posible impacto en la ciencia.

A través de este video de la NASA (en inglés, con subtítulos) científicos explican de manera muy sencilla y didáctica el viaje de millones de años del asteroide y cómo OSIRIS planea llegar hasta él, tomar una muestra y volverse a la Tierra para que podamos analizarla.

El inicio de la misión está planificado para septiembre de 2016 y OSIRIS pasará un total de 2 años en el espacio antes de posarse sobre Bennu.

FUENTE: GIZMODO

Un viaje a Marte en 90 días


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  • Un viaje a Marte en 90 días
Concepto de MSNW para una nave de fusión. | MSNW/NIAC/NASA

Concepto de MSNW para una nave de fusión. | MSNW/NIAC/NASA

Enviar astronautas a Marte a bordo de una nave espacial alimentada por la fusión nuclear “no es un sueño de ciencia-ficción, sino un proyecto totalmente alcanzable”, según han señalado expertos en tecnología. Los científicos han apuntado que la física detrás de un cohete de este tipo ya se ha demostrado en el laboratorio y que será cuestión de décadas que uno de estos aparatos haga viajes de 90 días al planeta rojo.

Un viaje a Marte de ida y vuelta dura aproximadamente 500 días utilizando los sistemas tradicionales de propulsión química. Pasar tanto tiempo en el espacio profundo plantea riesgos graves para la salud de los astronautas, que se verían expuestos a gran cantidad de radiación y que tendrían que ejercitarse mucho para minimizar la pérdida de masa en músculos y huesos.

El desarrollo de un sistema de propulsión más rápida es, pues, un objetivo principal de la NASA, cuyo fin es llevar al ser humano hasta Marte a mediados de la década de 2030. Por ello, la NASA ha llegado a un acuerdo con la compañía MSNW para desarrollar este tipo de aparatos.

A las órdenes de Anthony Pancotti, los investigadores están diseñando este cohete en torno a una posible misión tripulada de Marte que duraría un total de 210 días, 83 días para el viaje, 30 días en la superficie del planeta rojo y 97 días para volver a la Tierra. “Sentimos que se ha definido un buen problema, una muy buena misión, y estamos enfocados e el dispositivo de fusión para adaptarse a esta misión”, ha apuntado Pancotti.

¿Cómo funcionaría el nuevo cohete?

La fusión se produce cuando los núcleos de dos o más átomos se combinan y liberan de energía. El sol y las otras estrellas convierten esta energía a la luz y el fenómeno también se da en las bombas de hidrógeno, con un enorme poder destructivo. El cohete impulsado por fusión se basaría en un plasma creado con deuterio y tritio, isótopos “pesados” de hidrógeno.

Las burbujas de este plasma se inyectan en una cámara, en donde un campo magnético colapsaría los anillos de metal a su alrededor, comprimiéndolas en un estado de fusión. La energía liberada por las reacciones de fusión sería vaporizaría e ionizaría el metal, que aceleraría la parte trasera de la nave espacial a través de una boquilla, creando un movimiento de empuje. Unos paneles solares generarán la energía necesaria a bordo de la nave espacial para poner todo este sistema en marcha.

Pancotti ha asegurado que “no hay ninguna razón para dudar de la viabilidad de este concepto”. “Este es probablemente el sistema más simple y directo y de más bajo coste que se pueda imaginar”, ha añadido.

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Viaje ‘express’ a Marte en sólo 30 días


El Mundo

Imagen del planeta Marte. | Archivo

Imagen del planeta Marte. | Archivo

Investigadores de la Universidad de Washington han construido todas las piezas de un cohete de motor impulsado por fusión nuclear, que podría conseguir llevar a una tripulación a Marte en 30 días. Según ha explicado el director del proyecto, John Slough, ahora “solo hay que unir los procesis desarrollados para comprobar que funciona”.

El viaje de un ser humano a Marte ha sido, durante mucho tiempo, el objetivo de los programas de las agencias espaciales. Para Slough, utilizar la misma energía que utilizan el sol y las estrellas es estar “un paso más cerca” del planeta vecino. Según ha explicado, la energía nuclear puede eliminar muchos de los obstáculos que bloquean el viaje espacial profundo, incluyendo los largos tiempos de tránsito, los costes exorbitantes y los riesgos para la salud del hombre.

“El uso de combustibles existentes hace que sea casi imposible para los seres humanos explorar más allá de la Tierra”, ha señalado el investigador, quien ha explicado que este es el motivo por el que comenzó a experimentar con “una fuente de energía mucho más potente“.

En los estudios realizados por la NASA se estima que, con la tecnología actual, una expedición de ida y vuelta a Marte llevaría más de cuatro años y la gran cantidad de combustible químico necesario para el cohete en el espacio sería de más de 12.000 millones de dólares. El equipo de Slough han presentado documentos que señalan que su cohete impulsado por fusión nuclear permitiría realizar una misión al planeta rojo en un periodo de entre 30 y 90 días. Esto, según han destacado los científicos, haría que el viaje fuera más práctico y menos costoso.

En este sentido, han explicado que para alimentar su cohete, solo es necesaria una pequeña cantidad de fusión, como “un pequeño grano de arena de este material”.

Para esta misión, el equipo de investigación ha desarrollado un tipo de plasma que está encerrado en su propio campo magnético. La fusión nuclear se produce cuando este plasma es comprimido a alta presión con un campo magnético.

Además, para encender el cohete han creado un sistema en el que un poderoso campo magnético provoca grandes anillos de metal para implosionar en torno a este plasma, comprimiéndolo a un estado de fusión. Los anillos de convergencia se unen para formar un armazón que enciende la fusión, pero sólo por unos pocos microsegundos. A pesar de que el tiempo de compresión es muy corto, se libera la suficiente energía de las reacciones de fusión para calentar rápidamente y ionizar este armazón. Este material es expulsado fuera del cohete a una velocidad alta. Este proceso se repite cada minuto, propulsando la nave espacial.

Primera prueba antes de verano

“Creo que todo el mundo estaba encantado de ver la confirmación del mecanismo principal que se está usando para comprimir el plasma”, ha señalado Slough, quien ha apuntado que una misión con este sistema podría tener un coste en combustible de 2.000 millones de dólares.

Ahora, el equipo está trabajando en aunar todos los procesos usando la tecnología para comprimir el plasma y crear fusión nuclear. Slough espera tener todo listo para la primera prueba a finales del verano.

El proyecto, que está financiado por la NASA, fue presentado en el simposio de Programas Innovadores sobre Conceptos Avanzados, en donde el equipo mostró los primeros resultados experimentales realizados a través de simulaciones informáticas.

Todos los datos de la investigación han sido demostrados con éxito en pruebas de laboratorio. Ahora, “la clave será la combinación de cada prueba aislada en un experimento final que produce la fusión con esta tecnología”, ha señalado Slough.