Tratado anglo-irlandés (1921)


El Tratado anglo-irlandés fue el tratado entre el Gobierno británico y la República irlandesa por el que se puso fin a la guerra anglo-irlandesa y se estableció el Estado Libre Irlandés. Fue firmado en Londres el 6 de diciembre de 1921.

Entre los signatarios que representaban al gobierno británico se encontraba David Lloyd George, que era el jefe de la delegación, mientras que la delegación de la República Irlandesa estaba encabezada por Michael Collins y Arthur Griffith. Según las cláusulas del tratado, debía ser ratificado por los miembros de los parlamentos británico e irlandés (‘House of Commons of Southern Ireland’). Aunque el tratado se ratificó, se produjo una división interna en el bando irlandés que condujo a la Guerra civil irlandesa en la que se acabó imponiendo el bando partidario del tratado.

El Estado Libre Irlandés que creaba el tratado entró en vigor el 6 de diciembre 1922 por proclamación real, una vez que su constitución había sido aprobada por el parlamento provisional de Irlanda del Sur y el Parlamento británico. Toda la isla se convirtió en el Estado Libre de Irlanda, pero el 8 de diciembre, se segregaron los seis condados del Ulster de la zona oriente del estado libre, de acuerdo con una votación de las Houses.

Contenido

Página de firmas del Tratado anglo-irlandés.

Entre los principales puntos del tratado destacan los siguientes:

  • El ejército británico se retiraría de la mayor parte de Irlanda.
  • Irlanda se convertiría en un dominio con autogobierno del Imperio Británico; un estatus que compartía con Canadá, Terranova, Australia, Nueva Zelanda y la Unión Sudafricana.
  • Al igual que en los otros dominios, el monarca británico sería jefe de Estado del Estado Libre Irlandés (Saorstát Éireann) y su representación la ejercería un Gobernador General.
  • Los parlamentarios del nuevo estado libre deberían hacer un juramento de lealtad al Estado Libre Irlandés. La segunda parte del juramento sería “ser fiel a S.M. el Rey Jorge V, sus herederos y sucesores por ley, en virtud de la ciudadanía común”.
  • Irlanda del Norte, que había sido creada con anterioridad por una ley de 1920, tendría la opción de retirarse del Estado Libre Irlandés durante el mes siguiente a la entrada en vigor del tratado.
  • Si Irlanda del Norte escogía retirarse, se constituiría una Comisión de Fronteras para trazar la frontera entre el Estado Libre Irlandés e Irlanda del Norte.
  • Gran Bretaña mantendría, por razones de seguridad, el control de un conjunto de puertos para su Armada Real. Estos puertos serían conocidos como «puertos del tratado».
  • El Estado Libre Irlandés asumiría la responsabilidad de su parte en la deuda del Imperio.
  • El Tratado tendría un estatus supremo en la ley irlandesa, es decir, que en caso de conflicto entre el Tratado y la nueva Constitución del Estado Libre Irlandés, que se aprobó en 1922, el Tratado tendría preferencia sobre esta.

Negociadores

Los negociadores eran:

Británicos 

  • David Lloyd George, Primer ministro.
  • Lord Birkenhead, Lord Canciller.
  • Winston Churchill, Secretario de Estado para las Colonias.
  • Austen Chamberlain.
  • Gordon Hewart.
Irlandeses

  • Arthur Griffith (presidente de la delegación), ministro de Asuntos Exteriores.
  • Michael Collins, secretario de Estado de Finanzas.
  • Robert Barton, ministro de Asuntos Económicos.
  • Eamonn Duggan
  • George Gavan Duffy

Robert Erskine Childers, autor de Riddle of the Sands (Enigma de las Arenas) y con anterioridad Funcionario de la Casa de los Comunes británica hizo de signatario por la delegación irlandesa. Tom Jones fue uno de los principales colaboradores de Lloyd George y describió las negociaciones en su libro Whitehall Diary.) Es de destacar que el Presidente irlandés, Éamon de Valera no asistió.

Winston Churchill tuvo un papel dual en el gabinete británico, en relación con el Tratado. En principio, como Secretario de Guerra, deseaba el fin de la Guerra Anglo-irlandesa en 1921; luego en 1922 como Secretario para las Colonias (que incluían los asuntos de los Dominios) se tuvo que encargar de ponerlo en práctica.

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Tratado de Rapallo (1920)


El Tratado de Rapallo de 1920 fue un acuerdo entre el Reino de Italia y el nuevo Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos que fijó las fronteras entre ambos Estados.

Antecedentes

El 15 de abril de 1915, los aliados de la Triple Entente, enfrentados entonces con los Imperios Centrales, firmaron el Tratado de Londres, de carácter secreto, por el que se comprometían a entregar amplios territorios austrohúngaros a Italia a cambio de su entrada en la guerra. Estos territorios estaban poblados mayoritariamente por italianos dentro de zonas eslavas.

Tras el final de la Primera Guerra Mundial, los representantes italianos en la Conferencia de Paz de París exigieron el cumplimiento del tratado de 1915 al que Gran Bretaña y Francia estaban sujetas, además de reclamar la cesión de Fiume que no les había sido concedida. Los representantes del nuevo Estado yugoslavo, creado oficialmente el 1 de diciembre de 1918, se negaron a admitir las exigencias territoriales italianas, contando a su favor principalmente con la simpatía estadounidense y, en menor medida, e intermitentemente, con la de británicos y franceses.

El presidente estadounidense Woodrow Wilson se opuso al reconocimiento del tratado, que su país no había firmado, por contravenir el punto noveno de sus Catorce Puntos (el trazado de la nueva frontera italiana de acuerdo con la nacionalidad de los habitantes).

Durante la conferencia de paz, se sucedieron las propuestas y contrapropuestas entre las dos delegaciones y las grandes potencias, sin lograrse un acuerdo. Entre ellas, el presidente estadounidense presentó la que se conoció como «línea Wilson» el 26 de abril de 1919, basada en estudios de los expertos de EE.UU. Esta seguía la frontera trazada por el Tratado de Londres hasta un punto entre Tolmino y Cercina, siguiendo entonces hacia el sur hasta la desembocadura del Arsa, dejando Fiume en poder de los yugoslavos.

El 9 de diciembre de 1919, al no haberse logrado un acuerdo entre italianos y yugoslavos, los Cuatro Grandes modificaron esta línea para favorecer a Italia, concediéndole parte de la costa de la Bahía de Kvarner (en italiano: Quarnero) y proponiendo la independencia de Fiume bajo amparo de la Sociedad de Naciones.

Ante la falta de acuerdo, en enero los italianos, ingleses y franceses propusieron a los yugoslavos una nueva frontera, más favorable a Italia, que obtenía la costa hasta Fiume y más territorio de Istria. El presidente Wilson se opuso a la propuesta de las potencias europeas. Declaró al tiempo que no se opondría a cualquier acuerdo al que pudiesen llegar las dos partes enfrentadas en negociaciones bilaterales, lo que llevó a la celebración de estas. Los yugoslavos, con la ausencia de los estadounidenses, enfrascados en problemas internos, y el deseo de franceses y británicos de resolver cuanto antes la cuestión, se hallaban en una posición de desventaja ante los italianos. Estos, sin embargo, deseaban también definir cuanto antes la frontera y acabar su enfrentamiento con los yugoslavos. Habiendo evacuado Dalmacia y abandonado sus exigencias sobre Albania, se presentaron ante británicos y franceses como moderados que sólo pedían una frontera de fácil defensa y ciertas compensaciones que calmasen a los nacionalistas.

Negociación y firma

Frontera en Istria. El trazado final era desfavorable a los yugoslavos tanto lingüística como militarmente

Frontera en Zara. La ciudad era un enclave de 7 km. de longitud rodeado por territorio yugoslavo en Dalmacia.

Los yugoslavos se prepararon en octubre para recibir la invitación italiana para enviar delegados para la negociación final que se debía de llevar a cabo en Rapallo para evitar publicidad incómoda para aquellos, que deberían hacer sacrificios territoriales que serían vistos con malos ojos en su país (las propuestas incluían la cesión de territorios poblados mayoritariamente por eslovenos a Italia).

Tras varios retrasos, la delegación yugoslava se halló en Rapallo lista para las conversaciones con los italianos el 8 de noviembre de 1920. El primer día no hubo avances, presentando cada delegación su postura pero rechazando la de la otra parte. El día 9 tampoco hubo avances. El día 10, ante la imposibilidad de lograr mejores condiciones de los italianos, los yugoslavos decidieron ceder para evitar la ruptura de las negociaciones. Ante la derrota electoral de Wilson en Estados Unidos y el apoyo franco-británico a los italianos, los delegados yugoslavos no vieron otra salida. Sabían además que el Gobierno italiano estaba dispuesto a aplicar unilateralmente las disposiciones del Tratado de Londres si no se alcanzaba un acuerdo.

El tratado se firmó finalmente entre las dos naciones en Rapallo, en la costa de Liguria, el 12 de noviembre de 1920. La redacción final reflejaba las exigencias italianas en la zona norte mientras concedía la mayoría del sur a los yugoslavos.

En el Norte, la frontera se parecía a lo estipulado en el Tratado de Londres, siendo más favorable a los italianos que la propuesta de Italia, Francia y Gran Bretaña de enero de 1920, a la que Wilson se había opuesto a finales de febrero. La nueva frontera privaba a los yugoslavos de parte del ferrocarril que unía Fiume, puerto natural de la región, con Liubliana. Por motivos estratégicos, zonas pobladas uniformemente por eslovenos pasaron a formar parte de Italia. Esta cesión se entendió como una compensación a Italia por renunciar a sus aspiraciones respecto a Fiume y Dalmacia. Los italianos, aparte del tratado, cedieron el puerto de Baros a Šušak, en las afueras de Fiume, a los yugoslavos.

Sobre Fiume, ambos Estados se comprometieron a reconocer su independencia perpetuamente.

En Dalmacia, el reino yugoslavo recibió la mayor parte del territorio, a excepción de la ciudad de Zara (en croata Zadar) y sus alrededores, y las islas de Lagosta (en croata Lastovo), Cherso (en croata Cres), Lussin (en croata Lošinj) y Pelagosa (en croata Palagruža), que pasaron a Italia.

Italia reconocía la integridad territorial del nuevo reino yugoslavo, abandonando su reconocimiento del antiguo Reino de Montenegro.

Además de las cláusulas territoriales, el tratado incluía la protección de los intereses económicos italianos en Dalmacia y la posibilidad de los italoparlantes de optar por la nacionalidad italiana sin necesidad de abandonar el territorio yugoslavo, opción que los eslavos en territorio italiano no recibieron.

Consecuencias

La ratificación del tratado por los dos países fue rápida y a continuación los italianos devolvieron a los últimos prisioneros de guerra eslavos al nuevo país.

El pacto, que definió la última frontera yugoslava que quedaba por trazar, supuso un trago amargo para el nuevo país y el comienzo de un movimiento irredentista que perpetuó la tensión con Italia. En 1924, tras el ascenso a poder de Mussolini en Italia en octubre de 1922, Fiume fue anexionado a esta, con la aquiescencia renuente de los yugoslavos, a través del Tratado de Roma de enero de ese año.

Tratado de Rapallo
Firmado 12 de noviembre de 1920
Rapallo, Reino de Italia Bandera de Italia
En vigor 27 de noviembre de 1920, 8 de diciembre de 1920 (ratificación italiana, Congreso y Senado)
22 de noviembre de 1920 (ratificación yugoslava)
Firmantes Bandera de Italia Reino de Italia
Flag of the Kingdom of Yugoslavia.svg Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos

Tratado de París (1783)


El Tratado de París se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Reino de Gran Bretaña y Estados Unidos y puso fin a la guerra de Independencia de los Estados Unidos. El cansancio de los participantes y la evidencia de que la distribución de fuerzas, con el predominio inglés en el mar, hacía imposible un desenlace militar, condujo al cese de las hostilidades.

El tratado fue firmado por David Hartley, miembro del Parlamento del Reino Unido que representaba al rey Jorge III, John Adams, Benjamin Franklin y John Jay, representantes de los Estados Unidos. El tratado fue ratificado por el Congreso de la Confederación el 14 de enero de 1784, y por los británicos el 9 de abril de 1784.

Firma del tratado. La delegación británica rehusó posar y por ello la pintura quedó incompleta.

Acuerdos

De forma resumida, mediante este tratado:

  • Se reconocía la independencia de las Trece Colonias como los Estados Unidos de América (artículo 1) y otorgó a la nueva nación todo el territorio al norte de Florida, al sur del Canadá y al este del río Misisipi. El paralelo 31º se fijaba como frontera sur entre el Misisipi y el río Apalachicola. Gran Bretaña renunció, asimismo al valle del río Ohio y dio a Estados Unidos plenos derechos sobre la explotación pesquera de Terranova (artículos 2 y 3).
  • El reconocimiento de las deudas contratadas legítimas debían pagarse a los acreedores de ambas partes (artículo 4).
  • Los Estados Unidos prevendrían futuras confiscaciones de las propiedades de los «Leales» —colonos británicos que permanecieron leales a la corona británica durante la revolución americana— (artículo 6).
  • Los prisioneros de guerra de ambos bandos debían ser liberados (artículo 7).
  • Gran Bretaña y los Estados Unidos tendrían libre acceso al río Misisipi (artículo 8).

Los británicos firmaron también el mismo día acuerdos por separado con España, Francia y los Países Bajos, que ya habían sido negociados con anterioridad:

  • España mantenía los territorios recuperados de Menorca y Florida Oriental y Occidental. Por otro lado recuperaba las costas de Nicaragua, Honduras (Costa de los Mosquitos) y Campeche. Se reconocía la soberanía española sobre la colonia de Providencia y la inglesa sobre Bahamas. Sin embargo, Gran Bretaña conservaba la estratégica posición de Gibraltar —Londres se mostró inflexible, ya que el control del Mediterráneo era impracticable sin la fortaleza del Peñón—.
  • Francia recibía San Pedro y Miquelón, Santa Lucía y Tobago. Además, se le otorgaba el derecho de pesca en Terranova. También recuperaba algunos enclaves en las Antillas, además de las plazas del río Senegal en África.
  • Los Países Bajos recibían Sumatra, estando obligados a entregar Negapatnam (en la India) a Gran Bretaña y a reconocer a los ingleses el derecho de navegar libremente por el océano Índico.
  • Gran Bretaña reconocía la independencia de los Estados Unidos y le cedía los territorios situados entre los Apalaches y el Misisipi. Las regiones de Canadá siguieron siendo un dominio de la Corona, a pesar de los intentos estadounidenses por exportar su revolución a esos territorios.

Consecuencias

En general los logros alcanzados pueden juzgarse como favorables para España y en menor medida para Francia a pesar del elevado coste bélico y las pérdidas ocasionadas por la casi paralización del comercio con América un pesado lastre que gravitaría sobre la posterior situación económica francesa.

Por otra parte, el triunfo de los rebeldes norteamericanos sobre Inglaterra no iba a dejar de influir en un futuro próximo sobre las colonias españolas. Esta influencia vino por distintos caminos: la emulación de lo realizado por comunidades en similares circunstancias, la solidaridad de los antiguos colonos con los que aún lo eran, la ayuda de otras potencias interesadas en la desaparición del imperio colonial hispano, etc. Pero estos aspectos se manifestaron de un modo claro durante las Guerras napoleónicas.

Tratado de Tordehumos (1194)


Tratado de Tordehumos. fue un tratado firmado el día 20 de abril de 1194 entre Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla, por mediación del legado papal Gregorio, cardenal titular de Sant Angelo y sobrino del Papa Celestino III, a fin de poner término a la guerra que los reinos de León y de Castilla mantenían desde el año 1191, en que fue acordada la Liga de Huesca por varios reinos cristianos peninsulares para hacer la guerra al reino de Castilla.

Antecedentes

Tras la defunción del rey Fernando II de León, acaecida en 1188, y la posterior subida al trono leonés de Alfonso IX de León, Alfonso VIII de Castilla invadió el reino de León y se apoderó de varias fortalezas, que desde ese momento le fueron reclamadas por el soberano leonés a su homólogo castellano.

En 1191 Sancho I el Poblador, rey de Portugal, propuso al rey aragonés un pacto para hacer frente al reino de Castilla. Alfonso II de Aragón, que aceptó la propuesta, comunicó al soberano portugués que deseaba que el pacto de alianza frente al reino de Castilla se extendiera al Reino de Navarra y al Reino de León. El pacto entre los cuatro reinos fue llamado la Liga de Huesca, y fue firmado el 12 de mayo de 1191, en la ciudad de Huesca. Tras el acuerdo sellado en la ciudad de Huesca, los reyes de Aragón y Navarra invadieron el reino de Castilla, atacando el territorio soriano.

En 1194 el cardenal Gregorio, legado del Papa Celestino III, se dispuso a mediar en el conflicto que dividía a los reinos de Castilla y León, consiguiendo que los soberanos de ambos reinos se aviniesen a firmar un tratado de paz, que fue rubricado en el municipio vallisoletano de Tordehumos el día 20 de abril de 1194.

Tratado de Tordehumos

En el tratado de Tordehumos se acordó que el rey de Castilla devolvería al monarca leonés las fortalezas que había ocupado durante la guerra entre ambos reinos, y que eran los castillos de Alba, Luna y Portilla. El resto de los castillos que habían sido ocupados por las tropas castellanas serían restituidos al reino de León tras la defunción de Alfonso VIII de Castilla, siendo dichos castillos los de Valderas, Bolaños de Campos, Villafrechós, Villarmenteros, Siero de Riaño y Siero de Asturias. Así mismo el legado ordenaba una pesquisa a Santervás de Campos para averiguar si anteriormente había dependido del castillo de Melgar, si hubiera dependido del castillo de Melgar, Santervás continuaría en poder el rey de Castilla, en caso contrario sería entregado al rey de León.

El legado papal confirmó que los castillos que habían constituido la dote matrimonial de la reina Teresa de Portugal serían considerados propiedad del reino de León, a pesar de la separación de ambos cónyuges. Además, se dispuso que en caso de conflicto se recurriría al arbitraje de la Santa Sede.

Se acordó también que en caso de que Alfonso IX de León falleciese sin dejar descendencia legítima el rey de Castilla heredaría su reino. El Maestre de la Orden del Temple, por parte del reino de León, y el Maestre de la Orden de Calatrava por la de Castilla, se comprometieron a cuidar los castillos que fueron entregados por ambos reinos como garantía de la paz, disponiéndose además que los dos Maestres obligarían a los dos soberanos a mantener la paz entre ambos reinos.

Tratado de El Pardo (1728)


El Tratado de El Pardo o Convenio de El Pardo fue firmado entre el reino de Gran Bretaña y España en marzo de 1728 en el Palacio Real de El Pardo en Madrid. Puso fin a la guerra anglo-española de 1727, al resolver los principales puntos de disputa entre los dos Estados, aunque el posterior Congreso de Soissons y el tratado de Sevilla serían elaborados sobre estas bases.

El objetivo británico era firmar la paz con España antes de unirse a una potencial alianza con Austria; sin embargo, los términos acordados por el embajador británico en Madrid Benjamin Keene fueron considerados muy indulgentes por sus superiores en Londres y fueron repudiados, lo que condujo a posteriores discusiones en Soissons que duraron casi un año.

A pesar de los esfuerzos diplomáticos, una nueva guerra estalló entre Gran Bretaña y España en 1739, poco más de una década después de la conclusión de esta paz.

Tratado de San Stefano (1878)


El tratado de San Stefano (3 de marzo de 1878) es el acuerdo que impuso Rusia al Imperio otomano tras su victoria en la guerra ruso-turca de 1877-1878. Se firmó en San Stefano (griego: Ayastefanos, actualmente Yeşilköy), población situada al oeste de Estambul, por el Conde Nikolai Pavlovich Ignatiev y Aleksandr Nelidov por parte del Imperio ruso y el Ministro de Asuntos Exteriores Safvet Pasha y el embajador en Alemania Sadullah Bey por parte del Imperio otomano.

El 3 de marzo, día en que se firmó el Tratado de San Stefano, es el día nacional de Bulgaria.

El edificio de Yeşilköy en el que se firmó el tratado de San Stefano.

Antecedentes

En 1859 Serbia se rebelaba contra los turcos, rebelión seguida poco después por Montenegro (que llegó a declararse independiente) y Bosnia y Herzegovina (que se habían unido a Serbia). En 1876 la insurrección se propagó también a Bulgaria. La severa represión llevada a cabo por los turcos, publicitada por corresponsales y diplomáticos occidentales, enfureció a la opinión pública europea y provocó que el zar Alejandro III de Rusia aliado con Rumania declarara la guerra a los turcos en 1877. El ejército turco fue finalmente derrotado por el del Imperio ruso, por lo que el primero se vio obligado a firmar la rendición en este Tratado de San Stefano, dictado por el Gobierno ruso.

Consecuencias

El tratado reorganizaba las antiguas posesiones balcánicas del Imperio otomano. La disposición más importante de este tratado fue el reconocimiento de una nueva Bulgaria sometida sólo formalmente al sultán y que al incorporarse la mayor parte de Macedonia le permitió extenderse desde el mar Egeo al mar Negro. Según el tratado, dictado por Rusia al derrotado Imperio otomano en marzo de 1878, la nueva Bulgaria recibiría aproximadamente un tercio de todo el territorio peninsular, con unas fronteras aproximadamente iguales a las del exarcado búlgaro establecido a regañadientes por Constantinopla en 1870. Las aspiraciones de los nacionalistas búlgaros, satisfechas por las fronteras trazadas en el tratado, se habían conseguido, sin embargo, únicamente por la participación de una gran potencia. También se reconoció la independencia de Serbia, de Montenegro y de Rumania. Rumania cedía Besarabia a Rusia y obtenía a cambio Dobruja. Bosnia-Herzegovina pasaba a ser autónoma. Rusia, por su parte, conseguía territorios del Imperio otomano y el sultán garantizaba la seguridad de sus súbditos cristianos.

El Reino Unido y el Imperio austrohúngaro se opusieron a este tratado que daba alas al nacionalismo eslavo al temer que Bulgaria se convirtiera en un satélite de Rusia y una amenaza para el Imperio otomano. El tratado se modificó cuatro meses más tarde, el 13 de julio de 1878, tras el Congreso de Berlín, en el tratado de Berlín. La nueva Bulgaria perdió la independencia de hecho y se convirtió en un principado vasallo de los otomanos, de un tamaño mucho más reducido que el estipulado en el tratado anterior; la parte noreste de Tracia pasaba a constituir una provincia semiautónoma otomana, la Rumelia Oriental, mientras que Macedonia volvía a control otomano y algunos territorios occidentales eran transferidos finalmente al principado de Serbia. El revés para las aspiraciones territoriales búlgaras produjo un movimiento irredentista que marcó la historia del país durante el resto del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. El objetivo de los sucesivos Gobiernos búlgaros hasta el final de la Primera Guerra Mundial fue deshacer las consecuencias del Congreso de Berlín y recuperar las efímeras fronteras de San Stefano.

Tratado de París (1763)


La guerra de los Siete Años terminó en 1763. El 10 de febrero, el Tratado de París fue firmado por el duque Choiseul, el marqués de Grimaldi y el duque de Bedford. William Pitt se había empecinado en mantener vivo el conflicto hasta lograr el aniquilamiento de las fuerzas del Reino de Francia.

Los tratados de paz que pusieron fin a la Guerra de los Siete Años representaron una victoria para el Reino de Gran Bretaña y el Reino de Prusia. Para el Reino de Francia supusieron la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en América y Asia. La firma de la paz tuvo las siguientes implicaciones:

  • Francia concede a Gran Bretaña la isla de Menorca, invadida durante la contienda. Senegal, así como sus posesiones en la India a excepción de cinco plazas. En América le cede Canadá, los territorios al este del río Misisipi (excepto Nueva Orleans), Isla de Cabo Bretón, Dominica, Granada, San Vicente y Tobago.
  • Gran Bretaña obtiene de España la Florida, las colonias al este y sureste del Misisipi.
  • España obtiene de Francia la Luisiana y de Gran Bretaña la devolución del puerto de La Habana y de la ciudad de Manila (Filipinas), ocupadas durante la guerra.
  • Francia conserva la Isla de Gorea, los derechos de pesca en las costas de Terranova y las islas de San Pedro y Miquelón. Gran Bretaña le devuelve Guadalupe y Martinica.
  • El Reino de Portugal obtiene de España la devolución de la Colonia del Sacramento.

El 15 de febrero se firmó el Tratado de Hubertusburg que confirmó a Silesia como posesión prusiana y convirtiendo a esta última en potencia europea.

Tratado de Lunéville (1801)


El Tratado de Lunéville se firmó el 9 de febrero de 1801 en Lunéville entre Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico por José Bonaparte y Luis, Conde de Cobentzel, respectivamente.

 

Contexto

El ejército austriaco había sido derrotado por Napoleón en la batalla de Marengo el 14 de junio de 1800, y por Moreau en la batalla de Hohenlinden el 3 de diciembre del mismo año. Forzados a pedir la paz, firmaron éste como uno más de una serie de tratados.

Acuerdos

El tratado declaraba que «de ahora en adelante y por siempre, habría paz, amistad y buen entendimiento». El tratado requería al mismo tiempo de Austria el reforzamiento de las condiciones del anterior Tratado de Campo Formio (27 de octubre de 1797). Ciertos territorios austriacos en Alemania pasaron a manos francesas, al tiempo que el Emperador renunciaba a sus reclamaciones sobre el Sacro Imperio Romano. El control francés se extendió a la margen izquierda del Rin «en completa soberanía», mientras renunciaba a la posesión de los territorios al este del Rin. Las fronteras en disputa de Italia fueron definidas, reservando para Austria la antigua terraferma veneciana desde el río Adigio, la entrega del Gran Ducado de la Toscana al hijo del duque de Parma según lo previsto en el tratado de San Ildefonso, siendo compensado el Gran duque con posesiones alemanas (Gran Ducado de Wurzburgo), al duque de Módena también le fue prevista una compensación en Breisgau (Ducado de Brisgovia y Ortenau) por la pérdida de su ducado. Los dos partícipes del tratado acordaron la independencia de las repúblicas de Baviera, Cisalpina, Helvética y Liguria.

Repercusiones

Este tratado, junto al tratado de Florencia entre Francia y Nápoles, el de Madrid entre Francia y Portugal, y de París entre Francia y Rusia, marcó el fin de la Segunda Coalición, y dejó al Reino Unido como única nación aún en guerra con Francia. En 1802 la firma de la paz de Amiens entre Francia y Reino Unido traería la paz a Europa.

Austria volvería a entrar en guerra con Francia en la guerra contra la Tercera Coalición a partir de 1805.

Tratado de Lunéville
Tipo de tratado Tratado de paz y amistad
Firmado 9 de febrero de 1801
Lunéville, Francia
Partes
Francia
y

Sacro Imperio

Tratado de Adams-Onís


El Tratado de Adams-Onís o Tratado de Transcontinentalidad de 1819-1821 (antiguamente titulado Tratado de amistad, arreglo de diferencias y límites entre su Majestad Católica el Rey de España y los Estados Unidos de América y algunas veces denominado Florida Purchase Treaty o Tratado de La Florida de 1819-1821) fue el resultado de la negociación entre España y Estados Unidos para fijar la frontera entre la nación norteamericana y el entonces virreinato de la Nueva España.

Mapa que muestra el resultado del Tratado de Adams-Onís.

Luis de Onís acudió como representante del rey Fernando VII de España y por los estadounidenses el secretario de estado John Quincy Adams. La negociación se inició en 1819 y aunque se firmó en ese mismo año no fue ratificado hasta el 22 de febrero de 1821 por ambas partes.

La frontera se fijó más allá del río Sabina y Arkansas hasta el paralelo 42°, como consecuencia inmediata España perdió sus posesiones más allá de esa latitud como lo fue el territorio de Oregón, también perdió definitivamente las Floridas, la Luisiana y la posibilidad de navegar el río Misisipi. La Corona Española quedó como única soberana de Texas, territorio que los Estados Unidos reclamaba como parte de la Luisiana y, por lo tanto, comprada a los franceses en 1803 según los estadounidenses.

El tratado fue beneficioso para las dos partes. En el caso de España, recibía la soberanía de Texas a cambio de una soberanía, que de facto no tenía, en Florida. Además, los territorios del Oregón eran muy remotos y sin ningún valor comercial. Estados Unidos ganó su transcontinentalidad, Florida y el territorio sin fronteras definidas del Oregón, el cual sería un tema de discusión entre Gran Bretaña (en el territorio de Canadá) y los Estados Unidos.

El tratado fue ratificado en 1832 por México y Estados Unidos. Así la frontera quedaría fijada de esta manera hasta que en 1848 cuando tras la guerra de Intervención Norteamericana México perdería definitivamente estos estados por los tratados derivados de esta invasión. Por resultado la frontera mexicano-estadounidense quedaría fijada por el curso del Río Bravo, también llamado Río Grande del Norte.

Tratado de Adams-Onís
Tipo de tratado Tratado de fronteras
Redacción 1819
Firmado 1821
Firmantes España

Estados Unidos de América

Partes España y Estados Unidos

Tratado de Barcelona – 1493


El tratado de Barcelona, también conocido en la historiografía francesa como tratado de Narbona, fue un acuerdo firmado en 1493 por Carlos VIII de Francia y los Reyes Católicos de España (Fernando e Isabel), en el que estos se comprometían a no intervenir en la primera guerra italiana (1494 – 1498) que Francia pensaba llevar a cabo. El acuerdo quedó roto dos años después debido a las desavenencias entre ambas partes firmantes.

El tratado

El acuerdo fue firmado por los Reyes Católicos y por el enviado de Carlos VIII, el 19 de enero de 1493.

Los términos del tratado incluían:

  • Francia restituía a España el Rosellón y la Cerdaña, entregados mediante el tratado de Bayona de 1462 por Juan II de Aragón a Luis XI de Francia en garantía del apoyo militar y económico que el rey francés prestó al aragonés en la guerra civil catalana. Además, Francia pagaría a España una indemnización económica.
  • España se comprometía a no intervenir en la campaña militar que Francia pensaba llevar a cabo en la península italiana contra los otomanos.
  • Los reyes de España se comprometían a no establecer alianzas matrimoniales con Inglaterra ni Borgoña sin el consentimiento del rey francés, y a no prestar ayuda a los enemigos (reales o potenciales) de Carlos VIII, exceptuando el Papa.

Consecuencias

Con la neutralidad de España asegurada por medio de este acuerdo, y con la firma de los tratados de Étaples y Senlis, en los que Francia sellaba acuerdos de paz respectivamente con el reino de Inglaterra y el Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos VIII quedaba en disposición de iniciar su campaña militar en la península italiana, dando inicio a la primera guerra italiana.

Ruptura

El 28 de enero de 1495 los embajadores de Fernando el Católico, Juan de Albión y Antonio de Fonseca se entrevistaron en Roma con Carlos VIII, a quien expusieron las quejas que el rey español tenía de su conducta: la ocupación por la fuerza de las posesiones del papa Alejandro VI y los planes franceses de conquistar el reino de Nápoles, que según el punto de vista del rey Fernando era un asunto que debía someterse al arbitraje papal. Carlos VIII se negó a ello, y el acuerdo entre ambas partes quedó roto.

Ese mismo año España entraría en la guerra de Italia acudiendo en ayuda de Fernando II de Nápoles contra Francia.

Pendón de los Reyes Católicos

Bandera de Francia