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  • Un equipo internacional descubre restos de torres, paredes y puertas de una población que floreció entre el s.IV y el siglo III antes de Cristo
 Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. - SIA / Efak / YPPOA

Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. – SIA / Efak / YPPOA

Investigadores de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) han descubierto los restos de una ciudad antigua en el centro de Grecia hasta ahora desconocida. Sus exploraciones en el pueblo de Vlochos, al norte de Atenas, podrían proporcionar respuestas a algunos de los misterios que aún rodean a la antigua civilización griega. Los restos arqueológicos se encuentran dispersos en la colina Strongilovoúni y sus alrededores, en esta zona de grandes llanuras de Tesalia y se pueden fechar a varios períodos históricos, según señala la Universidad de Gotemburgo en un comunicado.

Algunas de las ruinas ahora investigadas ya eran conocidas con anterioridad, pero se creía que eran restos de un pequeño poblado, irrelevante, según afirma Robin Rönnlund, arqueólogo de la Universidad de Gotemburgo y líder del trabajo de campo. Recientes exploraciones han revelado que el sitio fue mucho más grande y significativo de lo que se pensaba.

 «El hecho de que no se haya explorado antes la colina es un misterio», dice este investigador, que descubrió el lugar junto a otro colega al estar relacionado con otro proyecto y ambos se dieron cuenta de su potencial.
 En colaboración con el Instituto Sueco en Atenas y el Servicio de Antigüedades de Karditsa, se puso en marcha el Proyecto Arqueológico Vlochos (VLAP) con el objetivo de explorar los restos. Durante dos semanas en septiembre de 2016 el equipo de investigación del proyecto completó la primera exploración de campo.

Rönnlund asegura que la colina esconde muchos secretos. En la cumbre y las laderas se han encontrado restos de torres, paredes y puertas de una ciudad que se extendía por unas 40 hectáreas. Sin embargo, casi nada de la planta inferior es visible.

En lugar de excavar el sitio, los investigadores han utilizado otros métodos como el radar de penetración terrestre que permitirá el estudio del lugar sin alterar su estado actual. Los resultados de los primeros trabajos han sido un éxito, según señalan los investigadores. «Hemos encontrado una plaza de la ciudad y una red de calles que indican que estamos ante toda un gran ciudad», detalla Rönnlund.

También se ha encontrado cerámica antigua y monedas que pueden ayudar a la fecha la ciudad. «Nuestros hallazgos más antiguos son de alrededor de 500 a.C., pero la ciudad parece haber florecido principalmente desde el s.IV hasta el siglo III antes de Cristo antes de ser abandonada por alguna razón, tal vez por la conquista romana de la zona», explica el investigador sueco.

Rönnlund cree que el proyecto sueco-griega puede proporcionar pistas importantes en cuanto a lo que sucedió durante este período violento de la historia griega. «Se sabe muy poco acerca de las antiguas ciudades de la región, y muchos investigadores han creído previamente que el oeste de Tesalia era algo así como un remanso en la antigüedad. Por lo tanto, nuestro proyecto llena un vacío importante en el conocimiento de la zona y muestra que aún queda mucho por descubrir en suelo griego», subraya.

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El Pais

  • Decenas de miles de personas participaron sin saberlo en pruebas de armas químicas, bacteriológicas y drogas en EE UU y Reino Unido

 

 

Como estos voluntarios para un ensayo con aerosoles de 1956, otros 21.000 participaron en el programa de guerra química y bacteriológica británico. / Imperial War Museums

Como estos voluntarios para un ensayo con aerosoles de 1956, otros 21.000 participaron en el programa de guerra química y bacteriológica británico. / Imperial War Museums

A finales de 1964, durante unas maniobras en los alrededores de Porton, en el condado de Wiltshire (Reino Unido) y no muy lejos de las piedras de Stonehenge, 16 comandos de la marina real británica empezaron a comportarse de forma extraña. Al segundo día de los ejercicios, mientras unos soldados salían a campo abierto, exponiéndose al fuego enemigo, otros alimentaban pájaros imaginarios y algunos correteaban por las colinas o se subían a los árboles a hacer el mono. Hubo incluso quien empezó a apuntar a sus compañeros con su arma. El informe secreto de aquel día recoge que “el grupo se desorganizó, cayendo en la indisciplina y eran incapaces de cumplir cualquier orden”. Su comandante, dio la unidad por perdida. Lo que no sabían ni él ni sus hombres es que les habían dado 75 microgramos de LSD.

La historia puede parecer hilarante vista desde el presente, incluso el sueño inconfeso de un pacifista. Pero es solo uno de los miles de experimentos que los militares británicos y estadounidenses hicieron con humanos dentro de sus programas de investigación para la guerra química y bacteriológica. Desde la creación del complejo ultrasecreto de Porton Down, en la I Guerra Mundial, más de 20.000 personas participaron en miles de ensayos con gas mostaza, fosgeno, sarín y otros agentes nerviosos, ántrax, Yersinia pestis (la bacteria de la peste), mescalina, ácido lisérgico y otras drogas.

Aunque las cobayas humanas, casi todos soldados y ningún oficial, eran voluntarios, ninguno sabía realmente a qué se exponía. El historiador Ulf Schmidt, director del Centro de Historia de la Medicina de la Universidad de Kent, cuenta la historia de los veteranos portonianos en el libro Secret Science: A Century of Poison Warfare and Human Experiments (Ciencia Secreta: Un siglo de guerra de venenos y experimentos humanos, Oxford University Press). La obra relata la particular ética de la estrecha colaboración entre científicos y militares para lograr sustancias cada vez más letales. Aunque se centra en Porton Down y su homólogo estadounidense, Edgewood Arsenal, levantado por el Chemical Corps del ejército de EEUU en 1916, también guarda algo para los alemanes.

De hecho, fueron los germanos los que iniciaron esta infamante relación entre ciencia y guerra. A las cinco de la tarde del 22 de abril de 1915, en las trincheras de Ypres (Bélgica), el ejército alemán liberó 160 toneladas de cloro presurizado a lo largo de seis kilómetros del frente y el viento llevó la nube tóxica hasta las posiciones de franceses y canadienses. Aunque los alemanes no supieron sacar tajada estratégica del terror provocado al otro lado, aquel día fue el “el doloroso recordatorio de que la moderna guerra química había comenzado”, escribe Schmidt. El padre de la criatura fue el genial químico Fritz Haber, tan genial que recibió el Nobel de Química solo tres años después.

Más de 20.ooo soldados participaron en pruebas del programa de guerra química y bacteriológica británico

Al día siguiente del ataque alemán, sir John French, comandante en jefe de la fuerza expedicionaria aliada pidió a Londres que hicieran todo lo posible para contar con ese tipo de armas. En septiembre, los británicos ya tenían su propia versión de cloro, que usaron ese mismo mes en el frente de Loos con resultados desastrosos. El viento cambió y centenares de sus propios hombres fueron envenenados. Se iniciaba entonces una alocada carrera de armamentos, primero químicos, y después también bacteriológicos y farmacológicos.

Porton Down fue el corazón del programa de armas químicas y bacteriológicas del Reino Unido. En sus 2.500 hectáreas de terreno se levantaron laboratorios para una pléyade de fisiólogos, patólogos, meteorólogos… venidos de las mejores universidades británicas como Oxford, Cambridge o el University College de Londres. Se llamaba así mismo los cognoscenti, la casta privilegiada que conocía los secretos de la guerra química británica. Al principio, ensayaban las sustancias con ratones, gatos, perros, caballos o monos. Les hicieron de todo, los gaseaban, les echaban polvo de cristal en la cara o concentrado de pimienta de cayena, buscando nuevos agentes químicos.

Pero ya en 1917, tras un ataque alemán con el nuevo gas mostaza, crearon un laboratorio específico para experimentos con humanos. El objetivo era comprender los efectos de los agentes químicos en los órganos y tejidos humanos y, muchas veces, no se podían extrapolar los resultados en los ensayos con los animales. El laboratorio lo dirigía por entonces, el fisiólogo Joseph Barcroft, que había dejado a un lado las enseñanzas pacifistas de sus padres, unos cuáqueros norirlandeses.

Tras el fin de la guerra que iba a acabar con todas las guerras, la investigación no se detuvo, más bien se aceleró. Solo con animales, se realizaron 7.777 experimentos en los que murieron más de 5.000 criaturas. A los voluntarios los reclutaban entre las tres armas del ejército. Al principio, las investigaciones eran defensivas y, hasta cierto punto, lógicas: querían saber el efecto de los agentes químicos en el rendimiento de la tropa y probar la eficacia de las máscaras de gas. A los que se presentaban, les daban unos chelines de sobresueldo y les eximían de las obligaciones normales de un soldado, teniendo incluso la tarde libre. Solo en 1929 se realizaron experimentos con más de 500 militares. La cifra se multiplicaría por 10 durante la II Guerra Mundial.

El mecánico de la RAF, Ronald Maddison, murió en 1953 tras ser expuesto al gas sarín. Su caso no se reabrió hasta 2004. / Lillias Craik (Archivo personal)

El mecánico de la RAF, Ronald Maddison, murió en 1953 tras ser expuesto al gas sarín. Su caso no se reabrió hasta 2004. / Lillias Craik (Archivo personal)

Al entrar las tropas de Hitler en Polonia, en septiembre de 1939, tanto Alemania como Estados Unidos y Reino Unido eran auténticas potencias en guerra química. Y los tres usaron a humanos en sus experimentos. Los nazis recurrieron en muchas ocasiones a prisioneros, en su mayoría judíos, rusos y polacos para sus ensayos. Pero también en Porton Down usaron a extranjeros. A finales de la guerra, ante la escasez de soldados disponibles, los científicos británicos utilizaron a ciudadanos de las potencias del eje que habían sido confinados al comienzo de la contienda.

A pesar de que los aliados contaban con grandes cantidades de gas mostaza o fosgeno, Alemania volvió a adelantarles. En 1936, el químico industrial Gerhard Schrader, creaba el primer pesticida sintético, el tabún, un organofosforado que actúa sobre el sistema nervioso. Además de su letalidad era incoloro e inodoro. En uno de los primeros ejemplos de tecnología dual, los militares enseguida le vieron posibilidades para su uso como arma. Junto al tabún, los alemanes desarrollaron otros agentes nerviosos como el sarín, el somán o el cianuro de hidrógeno o zyklon b, que usaron para asesinar a millones de judíos. Los nazis almacenaron hasta 44.000 toneladas de armas químicas. Sin embargo, ni con los aliados ya en Alemania, las usaron. ¿Por qué?

“La razón principal es que ni los mandos militares aliados ni el alto mando alemán estaban especialmente interesados en usar este tipo de armas por miedo a las represalias. Son difíciles de usar, algo impredecibles y podrían ralentizar el avance de las tropas si la tierra quedaba contaminada”, sostiene Schmidt. Eso no impidió que ensayaran durante la guerra. En EE UU, por ejemplo, Edgewood Arsenal pasó de disponer de un presupuesto de uno a dos millones de dólares y unas 1.000 personas en el periodo de entreguerras a 1.000 millones de dólares y 46.000 empleados en 1942. Solo el proyecto Manhattan para crear la bomba atómica recibió más recursos y personal.

Del cloro y el gas mostaza de la I Guerra Mundial, se pasó a ensayar con sarín, ántrax, la bacteria de la peste o el LSD

Al acabar la guerra, Porton Down no rebajó su actividad; el inicio de la Guerra Fría les ofreció la ocasión de investigar hasta lo inimaginable. Fue también el periodo en el que la ética y las normas médicas se relajaron más y eso que, tras los juicios de Nuremberg, se aprobó el Código Nuremberg que prohibía los ensayos con humanos potencialmente dañinos que no tuvieran un fin terapéutico. La gran mayoría de los voluntarios, unos 16.000 en las décadas de los 50 y 60, no sabían nada de Porton Down. Muchos creían que iban a participar en ensayos para encontrar la vacuna de la gripe y nadie les dijo lo contrario.

Eso pensaba Ronald Maddison, un mecánico de la RAF de 20 años destinado en Irlanda del Norte, cuando se apuntó a los experimentos. Le pagaban el viaje, vivía una experiencia nueva, se olvidaba unos días de la disciplina militar y, lo más importante, podría ver a su novia Mary Pyle, que vivía cerca de Porton. Al llegar, a comienzos de mayo de 1953, un científico les explicó que participarían en un ensayo con sustancias químicas sobre la ropa. Del experimento en sí, solo les dijeron que podrían sentir “un ligero malestar” y que estarían “supervisados” en todo momento.

A las 10 de la mañana del seis de mayo, Maddison y otros cinco voluntarios entraron en la cámara de pruebas con máscaras de gas. No sabían que los iban a exponer a 200 miligramos de gas sarín puro. A los 20 minutos, Maddison empezó a decir que se encontraba mal, cayendo al suelo sudando y entre espasmos. Aunque le inyectaron atropina, el antídoto habitual contra agentes químicos, el mecánico iba a peor. Lo llevaron al hospital que tenían en las instalaciones, pero Maddison murió a las 1:30 de la tarde. En una maniobra de ocultación en la que participaron las altas esferas del Ministerio de la Guerra, hicieron creer a la familia y amigos de Maddison que había muerto por una aguda pulmonía agravada por el experimento. Habría que esperar 50 años para que el caso se reabriese y enterrase la reputación ya cuestionada de Porton Down.

Entonces no se supo, pero hubo muchos otros experimentos que leídos hoy espeluznan. Hasta 750 pruebas a campo abierto desarrollaron los científicos de Porton entre 1946 y 1976, muchas de ellas en sus colonias, como en Nigeria, Bahamas o Malasia. Cinco de esos ensayos se hicieron en el mar, usando ántrax o la bacteria de la peste bubónica. Dentro de la operación Cauldron, los militares liberaron Yersinia pestis en las cercanías de la isla Lewis, en el mar del Norte sin percatarse de que un pesquero, el Carella, con 18 pescadores a bordo, pasaba por esas aguas. En vez de recogerlos y tratarlos con estreptomicina, un antibiótico, les dejaron seguir. Querían aprovechar el accidente para sus resultados. Eso sí, estuvieron atentos a la radio del Carella por si lanzaban alguna alerta de socorro.

 

En esta cajtia de polvos iban los 30 gramos de esporas del 'Bacillus globigii' que los científicos y militares liberaron en el metro de Londres. / TNA, WO195/15751

En esta cajtia de polvos iban los 30 gramos de esporas del ‘Bacillus globigii’ que los científicos y militares liberaron en el metro de Londres. / TNA, WO195/15751

Pero uno de los ensayos más siniestros tuvo lugar el 26 de julio de 1963. Dentro de un programa para establecer la vulnerabilidad de las infraestructuras en caso de ataque químico o bacteriológico, los científicos de Porton Down idearon liberar una bacteria en el metro de Londres. Bajo la cobertura de una rutinaria toma de muestras, liberaron 30 gramos de esporas del Bacillus globigii. Era lo que ellos llamaban un simulador, la sustancia era inocua, aunque hoy se sabe que, puede provocar septicemia. La bacteria se extendió por varias estaciones, hasta 15 kilómetros por los conductos de la ventilación. Los londinenses no supieron hasta hace unos años que habían experimentado con ellos.

Pero el final los años 60 también llegó a Porton Down. La crisis de legitimidad del sistema, el pacifismo, el desengaño con la sociedad burguesa hicieron mella en el programa científico militar. Muchos de los veteranos científicos de Porton dimitieron, otros lo dejaron enganchados al LSD. A las puertas de Porton Down se sucedieron manifestaciones pidiendo su desmantelamiento. Desde entonces, aunque la actividad no se ha detenido, sí que se ha reducido. De los más de 6.000 voluntarios que participaron en sus pruebas en los 50, se pasó a apenas 2.000 desde 1979 y hasta 1989. Ya no se experimenta con humanos, pero sí con miles de animales.

En paralelo, se inició un movimiento entre centenares de veteranos de Porton exigiendo la verdad, reconocimiento y compensaciones por los efectos que les habían provocado los ensayos. Aunque un estudio de Oxford patrocinado por el Gobierno y publicado ya en este siglo encontró una mayor tasa de muerte entre los portonianos, la investigación no estudió el impacto mental o psicológico. La presión de los portonianos llevó a la reapertura del caso del soldado Maddison. Tras la investigación judicial más larga del Reino Unido tras la de la muerte de Lady Di, el jurado consideró que había sido un homicidio provocado por “la aplicación de un agente nervioso en un experimento no terapéutico”. Aquel juicio, celebrado en 2004, llevó al profesor Schmidt a empezar Secret Science. Más importante, gracias a Maddison, en 2008, las autoridades británicas reconocieron el daño causado, se disculparon públicamente y compensaron económicamente a otros 359 de los casi 22.000 jóvenes soldados que pasaron por Porton Down.


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  • A mediados del S. XIX, el Reino Unido envió una expedición al ártico canadiense para explorar el último tramo del Paso del Noroeste
John WILSON carmichael Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

John WILSON Carmichael | Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

En 1845, el Reino Unido envió una expedición naval para cartografiar y explorar el último tramo del Paso del Noroeste en el Ártico canadiense. Partió de Inglaterra y la dirigia Sir John Franklin, un oficial de la Armada Real y un experimentado explorador que ya había participado anteriormente en tres expediciones árticas, las dos últimas como comandante en jefe. Su cuarta y última expedición comenzó cuando ya tenía 59 años. Pero la misión terminó en tragedia. Franklin y los 128 hombres murieron al quedar sus barcos atrapados en el hielo en el estrecho Victoria, cerca de la Isla del Rey Guillermo, en el ártico canadiense.

Como no hubo sobrevivientes, arqueólogos e historiadores se han basado en la evidencia arqueológica y el testimonio de la poblaión Inuit, con el fin de determinar lo que ocurrió durante la agonía final de la expedición.

El testimonio de los Inuit del siglo XIX provisto de John Rae, un cartógrafo, Charles Hall y Frederick Schwatka, aventureros norteamericanos, describió el hambre y el canibalismo entre los sobrevivientes de la malograda expedición. Estas afirmaciones eran muy controvertidas hasta el momento. Muchos pensaron que los actos de canibalismo fueron una necesidad trágica para la supervivencia, pero otros consideraron que era algo no probado y que el testimonio no era fiable.

Los estudios arqueológicos de los restos óseos que se encontraron en los sitios de la expedición desde los años 80 y 90, prestaron apoyo al testimonio Inuit de canibalismo. Estos estudios identificaron marcas de corte en 92 de los 304 huesos recuperados del islote en Erebus Bay que se creen que están asociadas con la eliminación de carne y desmembramiento. Más recientemente, 4 de los 79 huesos recuperados del Erebus Bay en 2013 también mostraron evidencias de corte.

Un estudio reciente de 2015 volvió a evaluar el material esquelético de stand Point y Erebus Bay recuperado en 1981 y 1982. Evaluaron la evidencia de marcas de cuchillo, además de estudiar las fracturas post mortem. La evidencia de marcas de corte o la quema puede relacionarse con el canibalismo, en general, mientras que las fracturas post mortem proporcionan evidencia para la extracción de la grasa de la médula.

La nueva evaluación se completó a través del microscopio y del barrido electrónico. Los investigadores de este último estudio informaron que los huesos muestran evidencias de haber sido quemados. Además, un fémur mostraba clara marcas de corte de cuchillo en la cara posterior, la más larga de las cuales era de 13 mm. El estudio viene a apoyar el testimonio de los informantes inuit del siglo XIX y pinta un cuadro sangriento y trágico de los últimos días de los sobrevivientes de la expedición.


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  • El 10 de agosto de 1890, los británicos la entregaron la pequeña isla de Helgoland al emperador Guillermo II. La “única isla de alta mar de Alemania” tiene solo unos metros cuadrados, pero mucha historia para contar.

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La isla alemana de Helgoland está situada en el Mar del Norte y tiene 2 km de longitud. La pequeña isla de Düne (Duna), en el este, estaba enlazada a la isla principal por una lengua de tierra, pero esta fue sumergida en el mar por una marejada, en 1721. Helgoland está en mar abierto, pero sobre el continente.

Helgoland pasa a ser alemana

El Reino Unido cedió la isla a Alemania, según el tratado de Heligoland-Zanzíbar, en 1890, al tiempo que renunciaba a sus intereses en Madagascar a favor de los franceses, a cambio de que estos abandonaran sus pretensiones sobre la isla de Zanzíbar.

Remilitarización de la isla

Tras la Primera Guerra Mundial, en 1920 florece el turismo en Helgoland, pero a partir de los años 30, los nazis remilitarizan la isla, ampliando el puerto y refaccionando búnkeres y túneles que pueden ser visitados hasta hoy.

Operación “Big Bang”

Luego de que los británicos bombardearon la isla en la Segunda Guerra Mundial, los habitantes de Helgoland fueron evacuados a tierra firme. En 1947, Gran Bretaña hizo explotar las instalaciones militares y las municiones en el operativo “Big Bang”, la mayor explosión no nuclear de la historia.

Los alemanes quieren recuperar la isla

Los temores de que Helgoland pudiera hundirse por completo debido al “Big Bang” no se cumplieron. La isla sigue en pie, a 61 metros por sobre el nivel del mar. En 1950, dos estudiantes de Heidelberg la ocuparon hasta que el gobierno británico volvió a entregarla a Alemania.

Aire puro y cigarrillos

El 1 de marzo de 1952, Helgoland volvió a ser territorio alemán, conservando los privilegios de la era británica: hasta hoy, las compras allí están exentas de impuestos y de aranceles aduaneros. Desde 1962 es un balneario oficial del Mar del Norte, y se caracteriza por el aire puro, pero muchos viajan allí a comprar cigarrillos.

Turismo de un par de horas

Muchos turistas recorren las calles con coloridas casitas cercanas al puerto, que eran depósitos de pescado, pero la mayoría solo permanece en Helgoland unas horas, las suficientes como para admirar su belleza. La mayor afluencia de visitantes se produce al mediodía.

“Anna la larga”

Una de las mayores atracciones de Helgoland es “Anna la larga”, una aguja de tierra de unos 46 m de altura y más de 25 000 toneladas de peso, que emerge a 48 metros de altura desde el Mar del Norte. Está compuesta por arena roja, rica en hierro, y es hogar de más de 350 especies de aves migratorias.

Las focas grises de Helgoland

Sobre las arenas de la “Duna” se revuelcan cientos de focas grises y lobos de mar, cuya caza está prohibida desde los años 70, por lo cual constituyen una gran atracción para el turismo. Sin embargo, solo es posible acercarse a estos animales manteniendo una distancia de 30 metros.

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Energía eólica

Aunque no se ven desde la isla, Helgoland cuenta con centrales eólicas costa afuera. Una de las empresas hasta alquiló por completo el único hotel de lujo para que vivan allí sus empleados por un período de diez años.

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  • Las Islas Caimán, el archipiélago de las Bahamas o Belice fueron usados en el siglo XVII como bases de la piratería contra el Imperio español. La tardía descolonización de estos pequeños estados fue sucedida por el desembarco de defraudadores, sociedades fantasmas y grandes sumas de capitales
Barbanegra se enfrenta a Lt. Maynard en el auge de la Edad dorada de la piratería

Barbanegra se enfrenta a Lt. Maynard en el auge de la Edad dorada de la piratería

Donde la piratería asentaba sus bases en el pasado, las islas del Caribe y del Índico, se establecen hoy muchos de los conocidos como paraísos fiscales, países que ofrecen rebajas impositivas dirigidas a atraer grandes capitales procedentes del exterior y que se muestran poco transparentes a la hora de atender las solicitudes de información. Las Islas Caimán, las Bahamas, las Seychelles o las Bermudas se han considerado tradicionalmente refugios fiscales. Lejos de ser una casualidad, el que los piratas y bucaneros fueran remplazados por defraudadores fiscales es la evolución lógica en pequeños estados que, aunque vinculados directa o indirectamente a otros países, han funcionado de forma autónoma y han diseñado legislaciones con este propósito. La premisa histórica es: con el dinero por delante pueden entrar los piratas y los defraudadores, pero siempre que el daño lo causen fuera de su territorio.

Para que un país sea catalogado de paraíso fiscal tiene que reunir dos características básicas: un sistema tributario de muy baja o nula imposición (carga tributaria) y su oposición a revelar la identidad de las personas que invierten o guardan dinero en su región, la «opacidad». En este grupo de estados se incluye más de una decena de territorios situados en Europa a pesar de lo cual el propio término está vinculado a las islas paradisiacas del Caribe. Esta relación se debe a un error de traducción del término inglés «Tax Haven», cuya traducción literal es «Refugio Fiscal». Previo paso por Francia, donde confundieron la palabra «haven» (refugio) con «heaven» (cielo o paraíso), los españoles heredaron el término «Paradis Fiscal» (Paraíso fiscal).

Así y todo, un gran número de refugios fiscales se siguen concentrando en las zonas del Índico y del Caribe, donde en el pasado los corsarios ingleses, francés y holandeses hostigaron las posesiones del Imperio español y del Imperio portugués. Frente a la incapacidad para disputar por medios convencionales el poder español en América, los reyes de Francia e Inglaterra fueron los primeros en subvencionar expediciones corsarias con el objetivo de causar el máximo daño a las posesiones hispánicas. Tras la sorpresa inicial provocada por los ataques de los populares Juan Florín, John Hawkin o Francis Drake, el aumento de las defensas españolas aseguró el envío y llegada de la flota encargada de trasladar los metales brillantes a España. Entre 1540 y 1650 –periodo de mayor flujo en el transporte de oro y plata– de los 11.000 buques que hicieron el recorrido América-España se perdieron 519 barcos, la mayoría por tormentas y otros motivos de índole natural. Solo 107 lo hicieron por ataques piratas, es decir, menos del 1 %, según los cálculos de Fernando Martínez Laínez en su libro «Tercios de España: Una infantería legendaria».

Los refugios piratas en el Caribe

Lo que no pudo evitar España es que la zona se llenara de refugios piratas, bajo tutela de precisamente los enemigos de España, y que fueran los corsarios quienes hicieran las veces de exploradores en algunas de estas islas. De esta forma, aunque Cristóbal Colón ya las había descubierto en 1503, fue Drake quien puso nombre a las Islas Caimán en 1586. En virtud del Tratado de Madrid firmado en 1670, Inglaterra tomó el control formal de las Islas Caimán, junto con Jamaica, permitiendo que se establecieran impunemente allí las bases de los piratas. Después de la independencia de Jamaica respecto al Reino Unido, las Islas Caimán fueron gobernadas como una única colonia pero con la autonomía suficiente como para ofrecer grandes rebajas impositivas. En los últimos años, las autoridades de las islas trabajan para reducir la opacidad en un sistema fiscal que, durante décadas, fue uno de los lugares preferidos para defraudar grandes sumas de capitales y para albergar la sede de sociedades fantasmas.

El caso del archipiélago de las Bahamas –la primera tierra americana que pisó Colón– es muy parecido. El laberinto insular fue empleado como nido de piratas, bucaneros y filibusteros, especialmente ingleses. Asimismo, en el siglo XVIII, los lealistas británicos que habían dejado Nueva Inglaterra a causa de los sentimientos antibritánicos existentes en aquella colonia, se trasladaron a las islas y la soberanía paso de España al Reino Unido. En 1973, los habitantes de las Bahamas votaron a favor de la independencia y se declararon autónomos del Reino Unido. Fue precisamente a partir de este punto cuando se disparó la actividad bancaria en estas islas, protagonizando numerosos escándalos a nivel mundial. Desde el año 2000, el gobierno local también buscan mejorar la transparencia de su sistema bancario.

wIKIPEDIA Ilustración que muestra a unos piratas luchando por un tesoro

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Ilustración que muestra a unos piratas luchando por un tesoro

Belice es otro ejemplo similar. A partir de 1638, la zona controlada por España empezó a recibir los ataques intermitentes de los «Baymen», un grupo de bucaneros y piratas que fueron comiendo terreno al Imperio español. Con una amplia colonia británica en la región, la Corona inglesa se decidió en el año 1789 a nombrar al primer superintendente del territorio de Belice. Hasta entonces el gobierno británico no reconoció el asentamiento de Belice como una colonia por temor a provocar un ataque español. El retraso en la supervisión de este gobierno, no en vano, permitió a los colonos el establecimiento de sus propias leyes y formas de gobierno. Y pese a que hasta el 21 de septiembre de 1981 Belice no alcanzó la independencia oficial de Reino Unido, el país gozó tradicionalmente de un amplio margen de autogobierno que le permitió ofrecer significativas ventajas fiscales a partir de la década de los años sesenta.

Tras la descolonización llegaron los paraísos

Pese a que la actividad pirata hizo de avanzadilla en muchos de estos territorios antes de la conquista por parte de ingleses, franceses y holandeses, la otra cara de la moneda quedó patente cuando los corsarios dejaron de ser útiles a sus propósitos. Si bien la piratería vivió su edad de oro en el siglo XVII, sobre todo a raíz de la Guerra de los 30 años, todas las naciones se conjuraron para perseguirla y castigarla sin piedad en el siglo XVIII. Las firmas de tratados de paz, que hacían menos necesarios a los buitres del mar, mutaron a los honrosos corsarios poco a poco hacia filibusteros y finalmente a viles piratas.

Por su parte, el proceso que llevó a los territorios mencionados y a otros muchos a convertirse en paraísos fiscales tal y como los conocemos hoy se remonta a los años 1960 y 1970. Tras el proceso de descolonización, estos pequeños estados, acostumbrados a mantener leyes en ocasiones alejadas de las vigentes en las metrópolis, abrazaron la opción de sustentar su economía con el lucrativo negocio de la creatividad fiscal. Así, a partir de 1960 el establecimiento de un mayor número de impuestos con el objeto de financiar el estado de bienestar en muchos países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) y los férreos controles a las transacciones de capital en la mayoría de estos países dieron lugar al auge de los conocidos como paraísos fiscales. Éstos se establecieron primero en Europa y luego se extendieron a todos los continentes.


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  • El Real Madrid C. F. y el F. C. Barcelona han retirado las cruces de sus escudos para expandirse en el mercado musulmán
¿Cuántos países tienen símbolos religiosos en sus banderas?

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El Real Madrid C. F. ya no contará en su escudo con la cruz cristiana plasmada en la corona que le dota el carácter de club «Real». La controversia de este gesto de marketing para dirigirse al mercado musulmán imita lo que hizo hace pocos años el F. C. Barcelona al retirar la cruz de San Jordi de su enseña. Pero la inclusión de simbología religiosa en el fútbol es solo laextensión de la influencia histórica de la religión en la política.

Pese a que en 2014 se cuenten más democracias aconfesionales y laicas que nunca, la presencia de la religión en las banderas de los Estados-nación no es nada desdeñable. El intentar rememeorar la historia nacional y un pasado glorioso remoto, en muchos casos, hace que un tercio de los 196 países constituidos que existen en el mundo incluyan símbolos religiosos en sus enseñas, según un reciente informe publicado por el think tank estadounidense Pew Research Center.

Así, 64 estados incluyen la cruz, la media luna u otros guiños religiosos; y de este número, casi la mitad (48%) constan de símbolos cristianos, mientras que un 33%, de símbolos islámicos.

El grueso de los primeros se encuentra en la vieja Europa, donde 31 países tienen banderas con la cruz. Por ejemplo, la «Union Jack» del Reino Unido incluye las cruces de San Jorge, San Patricio y San Andrés. Algunos de los países de la Mancomunidad británica, Commonwealth, continúan incorporando la «Union Jack» como parte de sus propias enseñas, incluyendo Fiji, Tuvalu, Australia y Nueva Zelanda. Grecia, Noruega y por supuesto España están entre los países que incluyen símbolos cristianos.

A su vez, los símbolos musulmanes son encontrados en banderas de 21 países de la África subsahariana, de Asia Pácífico y de Oriente Próximo y el Norte de África. En Bahrein, la bandera nacional cuenta con cinco triángulos blancos, que simbolizan los cinco pilares del Islam (el testimonio de fe, la oración, ayuda para los necesitados, ayunar en el mes del Ramadán y el peregrinaje a la Meca). Turquía, Argelia, Uzbekistán y Brunei son algunos de los países que cuentan con la estrella islámica y la luna creciente.

Una nota curiosa es la que se esconde tras la bandera de Singapur. Este país asiático consta de una luna creciente y estrellas en su enseña, sin embargo esto no tiene significado religioso alguno. «La bandera nacional representa el ascenso de una joven nación y las cinco puntas, por su parte, recogen los cinco ideales de la democracia, paz, progreso, justicia e igualdad», según publica en su web el Gobierno de Singapur.

Otras religiones

Otras religiones minoritarias como la budista y la hindú aparecen en cinco banderas nacionales. Por su parte, Israel es el único país con un símbolo judío en su señera, la Estrella de David.

Por otro lado, seis estados recogen tambien varios símbolos religiosos en sus banderas nacionales. Japón, el país del sol naciente, tiene el hinomaru, representativo del Imperio de Japón. Argentina y Uruguay, por su parte, rescatan el sol Inca. Y el dios azteca Huitzilopochtli puede ser visto en la bandera mexicana.


La Vanguardia

  • Una mujer descubre el origen de las intrigrantes piezas de caucho halladas durante años en las playas de distintos países europeos
El misterio de los bloques con la palabra Tjipetir que salen del fondo del mar

Bloque de caucho con la palabra Tjipetir hallado en una playa facebook.com/TjipetirMystery

Unos misteriosos bloques de caucho con la palabra Tjipetir que el mar lleva años expulsando hasta la costa europea han intrigado a decenas de personas, que los han hallado mientras paseaban por la playa. Los bloques han ido apareciendo en rincones perdidos de la costa españolas, francesa, británica, holandesa, danesa, noruega y escocesa, según relata la BBC.

Tras encontrar una de estas piezas en Newquay (Reino Unido), Tracey Williams sintió el impulso de averiguar el origen de la pieza y resolver el enigma que escondía la palabra Tjipetir. La investigación le llevó a indagar historias de naufragios, de tragedias de la Primera Guerrra Mundial e incluso del hundimiento del Titanic. También creó un página de Facebook en la que relató los avances de su investigación, las hipótesis que exploraba y en la que reunió imágenes de otras personas que también se habían cruzado con el misterio de Tjipetir.

Finalmente, Tracey Williams ha dado con una respuesta que, según relata la web, cuenta con el aval de las autoridades británicas: Tjipetir era una plantación de caucho que operó en Java Occidental, en Indonesia, a finales del siglo XIX y principios del XX. Su caucho (en realidad de un material muy similar llamado gutapercha) se usaba en todo tipo de objetos, desde pelotas de golf hasta el aislamiento de los cables de telégrafo que cruzan los océanos.

Tras mucho investigar, Williams descubrió que una embarcación japonesa, el Miyazaki Maru, que en 1917 viajaba de Yokohama a Londres con caucho de Tjipetir entre su carga, se hundió en el mar frente al canal de la Mancha tras el ataque de un submarino alemán.

El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer, especializado en objetos flotantes, señala a la BBC que los bloques de caucho probablemente han ido y seguirán emergiendo a la superficie poco a poco. Una vez en la superficie, pueden dar la vuelta al mundo en 25 años gracias a la corrientes marinas. “Todavía están en buen estado después de todos estos años, algo inusual -señala el experto-. Probablemente la gente siga encontrando estas piezas flotantes durante los próximos cien años”.


El Mundo

Tom Higham y una colaboradora escogiendo muestras de neandertales para…

La incógnita de cuándo y cómo desaparecieron los neandertales ha obsesionado a los paleoantropólogos desde hace muchas décadas. Distintos modelos han tratado de esclarecer este asunto mediante diferentes vías, pero sólo los avances tecnológicos están permitiendo aportar pruebas convincentes que permitan datar y averiguar por qué estos robustos humanos fueron desplazados por el hombre moderno hasta su desaparición.

Desde luego la genómica de muestras antiguas ha permitido a los científicos bucear en el patrimonio genético de algunos de los parientes extintos más cercanos del ser humano. Hasta tal punto, que ahora sabemos que compartimos hasta un 4% de nuestro genoma con los neandertales. O, dicho de otra forma, que ambas especies convivieron e hibridaron en algún momento de la historia evolutiva. Pero también la Arqueología y las nuevas y más finas técnicas de datación están abriendo nuevos caminos. Una investigación publicada hoy en la revista ‘Nature’ y liderada por científicos de la Universidad de Oxford ha combinado diferentes técnicas de limpieza de contaminantes de los fósiles y las muestras líticas con nuevas formas de datación con radiocarbono para dar con el momento del fin de la era de los neandertales.

Los científicos recogieron materiales procedentes de 40 yacimientos arqueológicos, desde Rusia hasta España, para datarlos y poder concluir que la desaparición de los neandertales de Europa se produjo hace alrededor de 40.000 años.

Yacimiento español de Arabic Romani.

Yacimiento español de Arabic Romani. THOMAS HIGHAM

“Más que un modelo de reemplazo rápido de los europeos autóctonos neandertales por los humanos anatómicamente modernos, nuestros resultados muestran un escenario mucho más complicado. Uno caracterizado por un mosaico cultural y biológico que duró varios miles de años”, escribe el investigador del Laboratorio de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Oxford (Reino Unido) Tom Higham, autor principal del trabajo.

Los autores concluyen que los neandertales y sus industrias arqueológicas asociadas desaparecieron de Europa entre hace 41.000 y 39.000 años, dejando el continente libre para la expansión del ‘Homo sapiens’. Pero no ocurrió de golpe en todas las regiones de Europa, sino que fue un proceso paulatino que pudo durar milenios. “Nuestros datos indican que la desaparición de los neandertales ocurrió en diferentes momentos según la región geográfica”, detallan los investigadores.

De acuerdo con la investigación, hace 45.000 años Europa era esencialmente neandertal, con pequeños puntos de presencia de humanos modernos, representados por los autores de las herramientas líticas del Uluzziense en algunas regiones de Italia. Pero los autores ponen en duda que los neandertales aguantasen en la península Ibérica, en concreto en Gibraltar, hasta hace menos de 30.000 años, como han sugerido investigaciones previas.

“Al contrario de lo que indicaban los modelos previos, los autores no han encontrado pruebas convincentes de que los neandertales sobrevivieran en la península Ibérica después de hace 40.000 años”, comenta en un artículo que acompaña la investigación William Davies, investigador del Centro para la Arqueología de los Orígenes Humanos de la Universidad de Southampton (Reino Unido).

Además, el equipo liderado por Higham estimó el periodo de tiempo que convivieron ambas especies basándose en la distribución espacial de los últimos neandertales y en el comienzo de las primeras industrias líticas atribuidas a los humanos modernos, las del Uluzziense halladas junto a un diente de leche humano en la Cueva de Cavallo (Italia). Los resultados de los investigadores indican que convivieron entre 2.600 y 5.400 años. Este dato resulta esencial para ahondar en el “conocimiento de los elementos culturales, tecnológicos y biológicos involucrados en el desplazamiento de los neandertales por los humanos modernos”.

La previsión del tiempo solar


El Mundo

  • La agencia meteorológica del Reino Unido emitirá en 2014 partes de tormentas solares
Tormenta solar captada por el observatorio SOHO. |

Tormenta solar captada por el observatorio SOHO. | AFP

Michael Fish, el más popular ‘hombre del tiempo’ en la historia de la BBC, tiene una mancha imborrable en su currículo. Las previsiones de la agencia meteorológica de Reino Unido (MET, en sus siglas en inglés) fallaron en octubre de 1987 y la tarde del 15 de esa ya mítica jornada el genial experto dijo a su audiencia: “no se preocupen, no viene un huracán en nuestra dirección”. Esa misma noche azotó una tormenta con vientos huracanados que provocó una veintena de muertes y destrozos en todo el país. Aún se recuerda como ‘la gran tormenta‘, la más intensa y destructiva en 300 años. El colosal error sigue siendo una auténtica pesadilla para Fish.

La MET opta desde entonces por la prudencia en sus partes meteorológicos. Ahora se embarca en una aventura galáctica para predecir el tiempo en el espacio con periódica regularidad. El gobierno ha destinado a la agencia una inyección de 4.6 millones de libras (unos 5,5 millones de euros), en un periodo de tres años, para la puesta en marcha de un sistema de predicciones de tormentas y otros fenómenos solares. Los pronósticos se realizarán diariamente y beneficiarán a las compañías eléctricas y los usuarios de tecnologías punta.

“Las erupciones solares, las tormentas espaciales y el viento solar pueden afectar a los satélites, GPS, redes energéticas y radio comunicaciones. Las previsiones del tiempo espacial ayudarán al gobierno y a los sectores comercial e industrial a tomar medidas para asegurar la continuidad en el suministro de servicios”, señala la MET en un comunicado difundido ayer. Los partes espaciales se emitirán diariamente a partir de la primavera de 2014.

Las tormentas solares se producen por la emisión de partículas altamente energéticas desde la corona o aureola solar. Estas partículas viajan a millones de kilómetros por hora en distintas direcciones. Cuando el recorrido apunta hacia la Tierra, el impacto puede demorarse entre 17 horas y tres días, dando margen a su detección a tiempo para evitar graves interrupciones o destrozos en las redes energéticas y de comunicación.

Funcionamiento a partir de 2014

El proyecto se desarrolla en asociación con el Servicio Nacional del Tiempo de la NOAA, siglas de la agencia estadounidense oceánica y atmosférica. También colaboran en la puesta en marcha del sistema de mediciones espaciales la Universidad de Bath y empresas privadas británicas. Dependiente del Ministerio de Negocios e Innovación pero con autonomía comercial, la MET ofrecerá su nuevo servicio tanto al gobierno como al sector privado. “El tiempo espacial se identifica entre los riesgos más importantes que pueden dañar nuestra infraestructura nacional. Hay dos riesgos cruciales: la red de transformadores y los sistemas de satélite”, explica Chris Willets, secretario de Estado para Universidades y Ciencia.

La creciente dependencia en las tecnologías por satélite ha acelerado el estudio y conquista de los fenómenos solares. Una macro tormenta espacial es un fenómeno raro pero altamente destructivo que, de acuerdo con los expertos, solo se produce cada cien o doscientos años. La más sonada aconteció en 1859, cuando cayó el sistema de telegrafía en todo el mundo.

“El tiempo espacial es una ciencia relativamente inmadura pero su comprensión está creciendo rápidamente“, señala Mark Gibbs, responsable en el área dentro de la MET. De acuerdo con el experto, la inversión gubernamental permitirá completar la capacidad previsora que británicos y estadounidenses vienen desarrollando en los últimos dos años de forma que en 2014 podrán comenzar a distribuir partes regulares y alertas a los sectores clave.


ABC.es

  • El ron ha jugado un papel crucial en la vida de la Marina Real Británica, tanto que ha condicionado su vida y costumbres
Cómo el ron se convirtió en el arma secreta de la Marina Real Británica

La Marina Real o Royal Navy es considerada una de las armadas navales más importantes y antiguas del mundo desde su fundación en el siglo XVI. Además de su extensa flota, su rica historia a lo largo de seis siglos ha perpetrado una serie de tradiciones y costumbres, entre las que el ron juega un papel imprescindible como hemos descubierto en el blog Military History Now.

El ron es una bebida destilada de la caña de azúcar y su primer testimonio por escrito proviene de 1650 en las islas del Caribe. Antes de la conquista de este territorio por parte de Reino Unido, la tripulación de los barcos británicos bebían cerveza o vino, pero con la conquista de Jamaica en 1655 los ingleses obtuvieron el ron como un botín inesperado.

El transporte de esta bebida en los barcos respondía a la necesidad de conservación durante las largas travesías. Mientras que el agua almacenada en toneles se echaba a perder el alcohol perduraba. Además, llevar las bodegas cargadas de ron ayudaba a mantener a la tripulación animada durante el viaje. Por esta razón, tomar ron en la Marina fue una tradición de siglos. Todos los días los marineros recibían dos raciones de ron al día: una al mediodía y otra al anochecer y la tradición marinera permitía que cada día se brindase por un grupo de personas en concreto.

Las raciones de ron eran tan importantes en la vida a bordo que si el barco se quedaba sin reservas el capitán podía tener un problema y tenía que acercarse a toda prisa a los puertos. Además surgía otro inconveniente: el abuso del ron provocaba que muchos tripulantes estuviesen borrachos todo el día. Así, en 1740 se decidió que el ron debería mezclarse con dos partes de agua, combinado que se llamó «grog».

La tradición del ron también jugó un papel importante en la Batalla de Trafalgar. Tras la muerte del almirante Nelson sus compañeros decidieron conservar sus restos en un tonel del destilado de caña de azúcar. Cuando los restos llegaron a Reino Unido descubrieron que el barril estaba seco. Se cree que los marineros bebían del barril de Nelson para así ser invencibles en las batallas, la llamada «Sangre de Nelson». Así surgió la expresión de «tapping the admiral» (servirse del Almirante), que consiste en beber con una pajita de un barril.

La costumbre continuó perpetuándose a lo largo de los años y ni siquiera las dos guerras mundiales consiguieron interrumpirla. Aún así, las frecuentes borracheras obligaron a reducir drásticamente las raciones hasta el 31 de julio de 1970, fecha en el que el Almirantazgo decidió suprimir la ingesta de ron. La noticia fue recibida con disgusto por los soldados, hasta tal punto que dicha jornada es considerada como «Viernes negro».

Sin embargo, la práctica no ha quedado del todo abolida. Si la reina de Inglaterra o algún miembro de la familia real lo estiman oportuno pueden dar a sus tropas una ración especial de ron por una victoria, una boda real o un acontecimiento importante. Hasta la fecha sólo se ha permitido en la victoria de las Islas Malvinas o en el nacimiento del Príncipe Guillermo, hace ya 31 años. A los marines siempre les quedará el consuelo de acercarse a degustarlo en un local en tierra firme.

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