La historia olvidada de cómo Venezuela fue vendida por Carlos V a los banqueros alemanes


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  • A su regreso a casa después de numerosas correrías, Philipp von Hutten, el último gobernador de esta colonia, y Bartolomé Welser, heredero de la banca alemana, fueron inmediatamente ejecutados por el capitán español Juan de Carvajal el 17 de mayo de 1546. Los términos del contrato no se habían cumplido
 El galeón «La Santa Trinidad», que formó parte de la expedición a Venezuela en nombre de la familia Welser

El galeón «La Santa Trinidad», que formó parte de la expedición a Venezuela en nombre de la familia Welser

La contribución de los alemanes a la conquista y colonización de América se limita a un episodio anecdótico pero casi desconocido. Carlos V cedió este territorio durante 18 años a una familia de banqueros germanos con el fin de pagar una deuda odiosa, la que le había hecho Emperador del Sacro Imperio Germánico. Un trozo del Nuevo Mundo a cambio de poder en Europa. Los banqueros más aventureros, los Welser, asumieron el reto.

Una deuda gigante a cambio de una Corona

Amigo y deudor también de banqueros, el Emperador Maximiliano dejó inacabados sus planes por su inesperada muerte, supuestamente debida a una indigestión de melones, y no pudo asegurar la Corona imperial para su nieto Carlos de Gantes, ya entonces Rey de España. La Casa de los Austrias llevaba casi un siglo al frente del Imperio, pero Maximiliano, en su rebosante mediocridad, no consiguió nunca el propósito de ser coronado por el Papa, lo que impidió que pudiera designar formalmente a su nieto como Rey de los Romanos. Sin este requisito, su nieto se veía obligado a obtener su elección entre una votación de los siete Príncipes electores y a enfrentarse a otros candidatos con sangre igual de azul.

Carlos contaba a favor de su causa con el apoyo de su abuelo y de su entorno, pero ni siquiera había pisado Alemania y entendía tan poco de alemán como Francisco I de Francia, otra opción a tener en cuenta. El resto de candidatos eran Enrique VIII de Inglaterra, el Rey de Polonia y el Duque de Sajonia, aunque el paso de los días evidenció que la elección iba a ser cosa de dos, siendo Francisco el favorito. «Sire, los dos cortejamos a la misma dama», anunció el francés al saber que ambos aspirarían al trono de Carlomagno. La remontada del Rey de España aconteció por una razón muy básica: tanto la familia de banqueros de los Fugger como la de los Welser se negaron a conceder créditos a Francia, tal vez por un leve atisbo nacionalista (evitar que un monarca francés amenazara las leyes y privilegios germanos) o tal vez porque la oferta carolingia sonaba más jugosa.

El nieto de Maximiliano subió la apuesta hasta los 851.918 florines, mientras Francisco I se retiró con la mitad de fichas. El 28 de junio de 1519, los electores eligieron por unanimidad a Carlos de Gantes, a partir de entonces y para siempre: Carlos V, káiser, Emperador del Imperio Romano Germánico, heredero de la tradición romana y las hazañas de Carlomagno. Ahora faltaba pagar la factura.

La familia de banqueros aventureros

Los Welser y los Fugger dominaron la economía mundial durante buena parte del siglo XVI, siendo sucedidos por los banqueros genoveses ya en tiempos de Felipe II y Felipe III. No eran banqueros en el sentido clásico de la palabra, sino «merchant bankers» (banqueros comerciantes), por lo que estaban encantados de aceptar pagos en forma de minas, recursos naturales, territorios e incluso botines de guerra.

Una vez Carlos fue coronado, reclamaron su parte del pastel, el pago de su deuda… Si bien los Fugger (hispanizados como «Fúcares») se dieron por contentos con las millonarias rentas de las órdenes militares españolas; los Welser («Belzares) seguían a finales de 1528 sin haber percibido todo el dinero. A modo de ultimátum: si la Corona quería nuevos créditos, debían ofrecerles alguna clase de pacto o de aventura comercial. La respuesta del Emperador fue un acuerdo por el que cedió una parte del Nuevo Mundo para que la explotasen a su gusto, liberados de cualquier clase de impuesto a la Corona española.

Aquello era algo inédito, ya que Castilla mantenía un férreo monopolio comercial en toda América. En 1522, Carlos V de Alemania y I de España había rechazado una petición de Barcelona para obtener permiso de comercio directo con América desde sus puertos, y remitió a los comerciantes catalanes –como al resto de habitantes de España– a trasladarse a Sevilla (más tarde a Cádiz) y hacer uso de sus infraestructuras. El monopolio estatal estaba controlado estrictamente desde Sevilla y obliga a que ningún barco pudiera salirse de esta ruta. De ahí que resultara tan excepcional el acuerdo firmado con los banqueros alemanes, a los que se les permitía nombrar gobernadores propios, usar a los indios como mano de obra e incluso esclavizarlos, además del permiso para llevarse hasta 4.000 africanos.

Los Welser aceptaron el arriesgado reto, porque habían nacido más para el comercio que para las finanzas

En este sentido, los alemanes estaban obligados por contrato a fundar dos ciudades y a construir tres fortalezas. Y los Welser debían enviar una escuadrilla de cuatro navíos con doscientos hombres, armados y equipados a sus propias expensas, para ayudar al Gobernador de Santa Marta en la pacificación de aquel territorio. Además, podían explorar el territorio próximo en busca de metales preciosos, pero aquí sí debían dar una parte a la Corona española, y aportar 50 técnicos para explotar las minas de la región.

Los Welser aceptaron el arriesgado desafío, porque habían nacido más para el comercio que para las finanzas. De hecho habían mostrado interés y obsesión por el Nuevo Continente desde casi el principio. Tuvieron tierras en Canarias; establecieron una oficina en Santo Domingo; avanzaron hacia México para explotar las minas de plata de Zultepec; y se involucraron en la expedición de Pedro de Mendoza en la que descubrió el Río de la Plata.

Ahora, el territorio concedido a los alemanes fue la provincia de Venezuela, cuyos límites estaban definidos por el Cabo de la Vela (la actual frontera con Colombia) por el Oeste, y el Cabo de Maracapana por el Este (cerca de la ciudad de Barcelona). Varias islas cercanas a la costa quedaron también bajo jurisdicción de los Welser. Era aquella –sabían– la mayor oportunidad económica de su vida.

La obsesión con «El Dorado»

El primer gobernador de Klein-Venedig (Pequeña Venecia) fue Ambrosio Ehinger, cuya principal obsesión fue la encontrar el mítico «El Dorado». Empleando como base la isla de La Española, 4.000 esclavos africanos y cerca 400 alemanes desembarcaron en Venezuela para levantar esta pequeña colonia. Aunque desde el principio parecieron poco interesados en cumplir la parte del contrato que exigía colonizar el territorio. Más bien buscaban cosas brillantes.

En 1529, Ehinger fundó la villa de Maracaibo, pero no logró encontrar las cantidades de oro que los banqueros habían previsto y se sumió en una loca incursión por la Sierra de Perijá hasta las tierras del río Magdalena, en Colombia. Allí recibió un fechazo mortal en la garganta a la altura de Chitacomar, en el territorio independiente de los chitareros, una tribu hoy extinta.

Maracaibo languideció, con apenas 30 vecinos y muy poca actividad comercial, hasta que seis años después el conquistador alemán Nicolás Federmann ordenó trasladar la «capital» de esta colonia a la península de la Guajira, con el nombre de «Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela» (en la actual Colombia). En su primera expedición (1530), Federmann recorrió la región de Barquisimeto, Portuguesa, Yaracuy y el oriente de Falcón. En 1536 llevó a cabo su segunda expedición con gran interés, como todos, por las perlas de las islas próximas.

El siguiente gobernador, Georg von Speyer, tampoco tuvo demasiado éxito en sus objetivos y sus hombres fueron asolados por enfermedades tropicale y hostigados por los indígenas. El último gobernador de esta Venezuela germana, Philipp von Hutten, el hijo de un burgomaestre, se adentró a la desesperada en el interior del continente, en dirección a Colombia, causando gran agitación y desorden a su paso.

A su regreso a casa después de numerosas correrías, Philipp von Hutten, a quien acompañaba Bartolomé Welser, heredero de la banca alemana, se tuvo que enfrentar con el español Juan de Carvajal, quien había sublevado a la población de soldados arruinados contra la pésima gestión de los Welser. Se dice que el español encargó a un negro cortarles las cabeza a los dos aventureros con un machete poco después de apresarlos, «y como el instrumento tenía embotados los filos con la continuación de haber servido en otros ejercicios más groseros, con prolongado martirio acabaron con la vida aquellos desdichados, más a las repeticiones del golpe que al corte de la cuchilla».

El final de un imperio de banqueros

Carvajal no debía temer represalias. El Consejo de Indias retiró la concesión a los Welser ese mismo año por incumplimiento del contrato de arrendamiento. Tampoco en la Corte imperial les quedaban ya muchos aliados a estos banqueros, dadas las sospechas de que estaban apoyando al movimiento luterano en Augsburgo.

En 1556, con la suspensión de pagos decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, se inició un rápido declive de las actividades financieras

Después de esta terrible experiencia, los alemanes no volverían a conseguir establecer una colonia permanente en América, a excepción de casos aislados como es el caso de la Compañía Africana de Brandeburgo. Suyo fue el control del comercio de esclavos en la isla de Santo Tomás (las Islas Vírgenes).

Los Welser tampoco tuvieron una segunda oportunidad. En 1556, con la suspensión de pagos decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, se inició un rápido declive de las actividades financieras de la familia. En 1614, en los albores de la Guerra de los Treinta Años, fue declarada la quiebra de la Casa Welser, siendo Matías Welser encarcelado y perdiéndose el rastro de sus archivos familiares en la bruma de los tiempos.

Canibalismo en la expedición perdida de Franklin


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  • A mediados del S. XIX, el Reino Unido envió una expedición al ártico canadiense para explorar el último tramo del Paso del Noroeste
John WILSON carmichael Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

John WILSON Carmichael | Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

En 1845, el Reino Unido envió una expedición naval para cartografiar y explorar el último tramo del Paso del Noroeste en el Ártico canadiense. Partió de Inglaterra y la dirigia Sir John Franklin, un oficial de la Armada Real y un experimentado explorador que ya había participado anteriormente en tres expediciones árticas, las dos últimas como comandante en jefe. Su cuarta y última expedición comenzó cuando ya tenía 59 años. Pero la misión terminó en tragedia. Franklin y los 128 hombres murieron al quedar sus barcos atrapados en el hielo en el estrecho Victoria, cerca de la Isla del Rey Guillermo, en el ártico canadiense.

Como no hubo sobrevivientes, arqueólogos e historiadores se han basado en la evidencia arqueológica y el testimonio de la poblaión Inuit, con el fin de determinar lo que ocurrió durante la agonía final de la expedición.

El testimonio de los Inuit del siglo XIX provisto de John Rae, un cartógrafo, Charles Hall y Frederick Schwatka, aventureros norteamericanos, describió el hambre y el canibalismo entre los sobrevivientes de la malograda expedición. Estas afirmaciones eran muy controvertidas hasta el momento. Muchos pensaron que los actos de canibalismo fueron una necesidad trágica para la supervivencia, pero otros consideraron que era algo no probado y que el testimonio no era fiable.

Los estudios arqueológicos de los restos óseos que se encontraron en los sitios de la expedición desde los años 80 y 90, prestaron apoyo al testimonio Inuit de canibalismo. Estos estudios identificaron marcas de corte en 92 de los 304 huesos recuperados del islote en Erebus Bay que se creen que están asociadas con la eliminación de carne y desmembramiento. Más recientemente, 4 de los 79 huesos recuperados del Erebus Bay en 2013 también mostraron evidencias de corte.

Un estudio reciente de 2015 volvió a evaluar el material esquelético de stand Point y Erebus Bay recuperado en 1981 y 1982. Evaluaron la evidencia de marcas de cuchillo, además de estudiar las fracturas post mortem. La evidencia de marcas de corte o la quema puede relacionarse con el canibalismo, en general, mientras que las fracturas post mortem proporcionan evidencia para la extracción de la grasa de la médula.

La nueva evaluación se completó a través del microscopio y del barrido electrónico. Los investigadores de este último estudio informaron que los huesos muestran evidencias de haber sido quemados. Además, un fémur mostraba clara marcas de corte de cuchillo en la cara posterior, la más larga de las cuales era de 13 mm. El estudio viene a apoyar el testimonio de los informantes inuit del siglo XIX y pinta un cuadro sangriento y trágico de los últimos días de los sobrevivientes de la expedición.

La expedición militar de «caníbales» que desapareció misteriosamente en 1845


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  • Durante su viaje al Ártico, y tras verse obligados a abandonar sus navíos, 130 marineros británicos fallecieron en extrañas circustancias. Ahora se han hallado nuevas evidencias de su posible destino
Wikimedia Los buques de la «Royal Navy» parten hacia el Ártico

Wikimedia | Los buques de la «Royal Navy» parten hacia el Ártico

Corría 1845 cuando dos navíos de la marina británica, el «HMS Erebus» y el «HMS Terror», partieron de Londres en un viaje dedicado al descubrimiento. La dirección de aquella expedición corría a cargo de James Clark Ross, quien pretendía descubrir una ruta marítima entre el Atlántico y el Pacífico a través de las aguas del Ártico. Todo ello, en nombre de la «Royal Navy». Sin embargo, aquellos buques nunca regresaron a Gran Bretaña por causas todavía desconocidas y misteriosas. De ellos tan solo se sabe que murieron y que, según se cree, antes de ello tuvieron que recurrir al canibalismo para poder sobrevivir sin comida después de que sus bajeles se encallaran en el hielo del Polo.

Aunque han pasado exactamente 170 años desde aquel trágico suceso, la expedición de Clark ha vuelto a salir a la luz de la actualidad gracias al trabajo de una expedición dirigida por Doug Stenton (Director del Departamento de Cultura y Patrimonio de Nunavut –al norte de Canadá-). Y es que, tanto el como los miembros de su equipo (quienes ya en 2014 encontraron en la región los restos del «HMS Erebus») han logrado reconstruir el rostro de uno de los marineros de la expedición en base un cráneo recuperado hace varios años en el norte del país. De hecho, creen haber descubierto la identidad de este marino y han solicitado a sus posibles descendientes que se sometan a unas pruebas de ADN para corroborar sus sospechas

Una trágica expedición

La expedición partió del puerto de Londres el 19 de mayo de 1945. Dirigida por Clark (un marino que había combatido en Trafalgar y había llevado a cabo todo tipo de viajes a las zonas más recónditas del globo) contaba con dos buques equipados con tecnología punta para la época: el «HMS Erebus» y el «HMS Terror». Ambos habían sido reforzados para resistir las bajas temperaturas y sumaban en su interior un total de 130 hombres como tripulación. Su objetivo: hallar una ruta que permitiera a la «Royal Navy» viajar del Atlántico al Pacífico a través de los helados mares ubicados al norte de Canadá.

Tal seguridad desprendía la expedición, que fue calificada de «imparable» por sus tripulantes. Una triste ironía. La última vez que se les vio fue en la bahía de Baffin (uno de los extremos norte de Canadá), donde dos buques balleneros les despidieron antes de que se introdujeran en el Paso del Noroeste (una ruta sumamente peligrosa que conectaba ambos océanos). Algunas semanas después, los barcos encallaron en el frío hielo del Ártico y los marinos se vieron obligados a abandonarlos y desembarcar. Allí les esperaba el frío, la falta de comida y la desesperación.

Aunque se desconoce qué fue de estos soldados, las leyendas (tal y como afirma el diario «Daily Mail»)- dicen que fueron muriendo por todo tipo de causas entre las que se incluyen el frío, el escorbuto y, por descontado, hambre. Todo ello, mientras trataban de viajar tierra adentro para salvar su vida. Nunca se volvió a ver a los 130 marinos. Su leyenda, además, se acrecentó debido a los cazadores inuit, unos nativos de la zona que hablaron de hombres blancos que en los siguientes meses fueron muriendo paulatinamente por congelación.

Recuperando la memoria

Tras la muerte de los miembros de la tripulación, poco se supo de su paradero hasta 1993, año en que se encontraron algunos de sus restos en tierra. Lo mismo sucedió en 2014, cuando los arqueólogos hallaron lo que quedaba del Erebus frente a la costa canadiense (en la isla del Rey Guillermo, más concretamente). Con todo, ha habido que esperar hasta esta misma semana para que Stenton haya anunciado la identificación de uno de los marineros. Para ello, el investigador utilizó novedosas técnicas de reconstrucción facial en un cráneo de uno de los fallecidos en la expedición.

Tras ver su rostro, han determinado que los restos podrían ser los de James Reid, quien posó para una fotografía poco antes de partir en la expedición. Por ello, los expertos han hecho un llamamiento a sus descendientes con el objetivo de que se hagan unas pruebas de ADN y poder determinar así si el fallecido ballenero británico o no. Los restos, según han determinado los expertos, fueron encontrados en el norte de Canadá, cerca de una posible ruta que el grupo pudo seguir para ponerse a salvo. La investigación, por su parte, ha sido publicada en la revista «Registro Polar».

Rusia suspende por razones técnicas la búsqueda del agua más pura del planeta


EFE-ADN

  • Se trata del lago subterráneo Vostok, situado en la Antártida bajo una capa de hielo de más de 3.700 metros | La maquinaria que emplean para perforarla se ha quedado atascada

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Un equipo de científicos rusos ha suspendido por razones técnicas la búsqueda en la Antártida del agua más pura y antigua del planeta, que se encuentra en el lago Vostok bajo una capa de hielo de 3.748 metros.

“Los expedicionarios y perforadores utilizarán las últimas tecnologías para recuperar el taladro de la máquina perforadora, que se encuentra atascado en el pozo”, ha asegurado Valeri Lukín, jefe de la expedición antártica rusa, citado por la agencia oficial Itar-Tass.

Lukín ha recordado que en 2007 los trabajos de perforación tuvieron que ser suspendidos a la profundidad de 3.668 metros debido a la rotura de algunos de los cables de la máquina perforadora al toparse con una capa de cristal de hielo de gran solidez.

“Si la máquina termoperforadora no puede ser izada a la superficie, intentaremos una ruta alternativa a unos 3.580 metros de profundidad”, ha señalado. En estos momentos, “hasta la superficie del lago falta por perforar una capa de hielo de unos 85 metros con un margen de error de unos 20 metros, más o menos”, ha añadido Lukín.

Un importante hallazgo

Con unos 300 kilómetros de largo, 50 de ancho y casi mil metros de profundidad en algunas zonas, el Vostok es una masa de agua dulce en estado líquido que se encuentra en el epicentro del sexto continente. Tiene una superficie de 15.690 kilómetros cuadrados, similar a la del lago siberiano Baikal, la reserva de agua dulce más grande del mundo.

Descubierto en 1957 por científicos soviéticos, ha sido incluido en la lista de los hallazgos geográficos más importantes del siglo XX, ya que es el lago subterráneo de mayor tamaño entre los más de cien que se encuentran bajo el hielo antártico.

Los rusos, que esperaban alcanzar la superficie del lago a principios de este año y tomar muestras de agua, suponen que el embalse natural ha permanecido sellado bajo la placa de hielo entre 500.000 y más de un millón de años.

Una expedición alcanza lugares intactos en el cañón más profundo del mundo


EFE – ADN

Situado en Perú, y con 3.400 metros de fondo, los exploradores han encontrado restos arqueológicos que sugieren una ocupación humana desde tiempos remotos

actualidad080902.jpgEl interior de la Cruz del Cóndor, el inaccesible corazón del peruano cañón del Colca, ha sido explorado por primera vez por un grupo internacional de científicos y aventureros que hoy presentó en Lima un avance de su hazaña.

Detrás el nombre “Colca Cóndor 2008” se encuentra un grupo de polacos, peruanos y estadounidenses que durante nueve días ha recorrido los 20 kilómetros más angostos del cañón más profundo del mundo (3.400 metros), descubriendo secretos como tumbas intactas y recogiendo datos científicos que permitirán conocer el origen del cañón.

El río, compañero traidor

Esta “expedición de alto riesgo”, como la calificó su líder, el polaco Jerzy Majcherczyk -al que todos llaman Yarek-, ha exigido a los aventureros escalar, dormir en cuevas e, incluso, nadar en las heladas aguas del río Colca.

“Hay momentos en el camino que el río desaparece para reaparecer más adelante, tres veces más grande”, narró.

Armados con arneses, cascos y trajes especiales para las bajas temperaturas, el grupo, que incluía expertos escaladores como el peruano Carlos Zárate, descubridor de la popular momia Juanita, empleó dos días en salir del cañón, una vez alcanzado el punto final del recorrido.

Habitado hace centenares de años

Aparte del importante trabajo de exploración, lo que más ha sorprendido a la expedición han sido los restos arqueológicos encontrados: un complejo de tumbas excavadas en la pared del cañón, aparentemente pertenecientes a la nobleza, aunque aún es pronto para asegurar a qué cultura pertenecen.

“Están en muy buen estado porque son muy inaccesibles”, explicó Yarek, que declinó anunciar el lugar exacto donde se encuentran por miedo a que los huaqueros (ladrones de tumbas) intenten llegar al lugar.

Nuevo descubrimiento

Yarek es un viejo conocido de los habitantes del Colca ya que fue él, junto a otro grupo de aventureros, quien realizó la primera expedición a la zona hace ya 27 años, abriendo al mundo el que hoy día es el segundo atractivo turístico del país andino.

Majcherczyk recordó cómo realizaron aquella otra expedición casi sin medios, comiendo lo que los barcos polacos atracados en Lima les donaron y durmiendo en iglesias de la sierra peruana ya que, bromeó, para algo eran “hermanos del Papa (Juan Pablo II)”.

“Mucha gente nos decía que no había Colca, que había un diablo arriba, pero tuvimos suerte porque fuimos de los primeros”, añadió. De aquel valle en el que, según rememoró el explorador polaco, “no había electricidad y la policía en vez de jeep tenía mulas”, poco queda.