El segundo gran impacto que formó la Luna


ABC.es

  • La cara oculta podría haber sido modelada por la colisión con un segundo satélite de la Tierra

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La cara oculta de la Luna podría haber sido modelada por la colisión con un segundo satélite de la Tierra, según acaba de revelar un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz. Y eso podría explicar las sorprendentes diferencias entre las caras visible y oculta de la Luna, un misterio cuya solución se ha resistido durante décadas a los intentos de explicación de los científicos. La cara vista es, en efecto, notablemente plana, mientras que la oculta, con una corteza mucho más gruesa, está llena de colinas y montañas.

Ningún ser humano ha visitado aún la cara oculta de nuestro satélite. Allí, sin embargo, cerca del Polo Sur lunar, se encuentra la segunda mayor estructura de impacto de todo el Sistema Solar, solo superada por cuenca Borealis, de Marte. Se trata de la cuenca Aitken, con casi 2.500 km. de ancho y 13 km. de profundidad.

El nuevo estudio se basa en el modelo de “Impacto gigante” para el origen de la Luna, según el cual un objeto del tamaño del planeta Marte chocó contra la Tierra en algún momento de la juventud del Sistema Solar. La enorme cantidad de escombros y rocas lanzados al espacio por el colosal impacto terminaron uniéndose para formar la Luna. El estudio, sin embargo, sugiere que el mismo impacto contra la Tierra tambièn creó un segundo satélite, más pequeño, que al principio compartió órbita con la Luna, pero que terminó cayendo sobre ella y proporcionando así a una de sus caras una capa “extra” de corteza sólida de varias decenas de km. de grosor.

“Nuestro modelo -explica Erik Asphaugh, profesor de Ciencias Planetarias de la Universidad de California en Santa Cruz- funciona muy bien junto a los modelos de la formación de la Luna debido a un gran impacto, que predicen que tras la colisión debió de haber una cantidad realmente masiva de escombros alrededor de la Tierra, y más tarde alrededor de la Luna recién formada. Eso concuerda con lo que sabemos sobre la estabilidad dinámica de un sistema de esas características, sobre el tiempo que tardó la Luna en formarse y sobre la edad de las propias rocas lunares”.

Aspaugh, que junto a Martin Jutzi ya había realizado simulaciones informáticas sobre cómo pudo formarse la Luna tras la gigantesca colisión, afirma que la formación de otras “lunas compañeras” es un resultado bastante común de muchas de las simulaciones.

Lenta y sin cráter

En el estudio, Asphaug y Jutzi rizaron el rizo y utilizaron simulaciones del impacto de la Luna ya formada con un segundo satélite más pequeño (con cerca de un tercio de su masa) para estudiar la dinámica de esa colisión y rastrear la evolución y distribución del material lunar tras la catástrofe. El resultado fue que en las colisiones a baja velocidad, el impacto entre los dos satélites no llega a formar un cráter y tampoco hace que se funda una gran cantidad de roca. Sencillamente, la mayor parte del material impactante se acumula sobre el hemisferio que recibe la colisión y se convierte en una nueva capa de roca sólida, formando una región montañosa comparable en extensión con las elevaciones que realmente existen en la cara oculta de la Luna.

“Por supuesto -puntualiza Asphaug- los modeladores de impactos tratan de explicarlo todo con colisiones. Pero en este caso se requiere una colisión muy extraña: lenta, que no forme un cráter y que acumule todo el material en una sola cara. Y eso es algo nuevo en lo que pensar”.

La hipótesis de los investigadores es que la segunda luna quedó atrapada, al principio, en uno de los puntos Lagrange (en los que las gravedades de ambos cuerpos se equilibran) del sistema, pudiendo compartir así la órbita lunar durante un tiempo. Después, al alejarse la órbita lunar de la Tierra, el delicado equilibrio gravitatorio se rompió y las dos lunas chocaron.

“La colisión -afirma Jutzi- pudo haberse producido en cualquier lugar de la Luna. El cuerpo resultante estaba desequilibrado y tuvo que reorientarse de modo que una sola cara apunta siempre hacia la Tierra”.

El modelo explica también las variaciones que existen en la composición de la corteza lunar. En la cara vista, predomina un tipo de terreno relativamente rico en potasio, tierras raras y fósforo. Todos ellos, así como el torio y el uranio, debieron de concentrarse en el océano de magma que se mantuvo como roca fundida y que finalmente se solidificó bajo la gruesa corteza lunar.

En las simulaciones, la colisión aplasta, literalmente esta capa rica en potasio y fósforo en el hemisferio opuesto, preparando el escenario para el tipo de geología que hoy predomina en el lado más cercano de la Luna.

La NASA publica la imagen más completa de la Tierra


El Mundo

  • El satélite fue lanzado el pasado mes de febrero y hace unos días alcanzó su órbita

  • Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas

 Imagen de la Tierra tomada desde el satélite DSCOVR. NASA

Imagen de la Tierra tomada desde el satélite DSCOVR. NASA

Una cámara del satélite Observatorio Climático del Espacio Profundo (DSCOVR) ha captado por primera vez la imagen de un lado completamente iluminado de nuestro planeta, tomada a 1.5 millones de kilómetros de distancia.

Dicha fotografía ha sido capturada por la herramienta EPIC (Cámara de Imagen Policromática de la Tierra) que permite la captación de imágenes en diez bandas distintas para estudiar los fenómenos terrestres. Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.

Los beneficios que se pueden obtener de esta primera imagen de nuestro planeta demuestra lo importante que es la observación desde el espacio”, afirmó uno de los responsables de la administración espacial, Charlie Bolden. Asimismo, el ex astronauta señala que “quiere que todo el mundo tenga la posibilidad, como él, de apreciar y disfrutar la Tierra como un sistema interactivo e integrado”.

Estas vistas de la Tierra así como sus medidas y alertas de los fenómenos meteorológicos causados por el sol, ayudarán a toda persona a controlar los continuos cambios que se producen en la Tierra y entender cómo nuestro planeta encaja en el sistema solar.

Estas primeras imágenes muestran los efectos de la luz solar dispersadas por las moléculas de aire, dando a la imagen un tinte azulado característico.

Creado a propuesta del vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, se le conoce informalmente como el ‘GoreSat’ y anteriormente como ‘Triana’, en homenaje a Rodrigo de Triana, primer avistador de América en la tripulación de Cristóbal Colón. El Observatorio Climático del Espacio Profundo fue lanzado el pasado mes de febrero y hasta hace solo unos días no había alcanzado su órbita de trabajo.

La NASA encuentra 461 candidatos a planetas fuera del Sistema Solar


El Pais

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Ilustración de los candidatos a planeta de la NASA. / NASA

La misión Kepler de la NASA ha anunciado hoy el descubrimiento de 461 candidatos a planetas nuevos. Según la agencia espacial estadounidense, cuatro de ellos tendrían una dimensión algo inferior a dos veces el tamaño de la Tierra y podrían orbitar en la “zona habitable” de sus planetas, aquella donde el agua líquida podría existir en la superficie de un planeta.

Estos datos se han obtenido a través del satélite Kepler desde mayo de 2009 hasta marzo de 2011, según ha informado la NASA. Los resultados muestran un aumento constante en el número de candidatos a planetas de pequeño tamaño y en el número de estrellas con más de un planeta que orbita a su alrededor.

Los expertos tienen opiniones dispares sobre el descubrimiento. El exdirector de programas de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui, resta importancia al hallazgo. Según la opinión de este experto, desde hace 30 años los científicos están buscando planetas con el objetivo, asegura, de alzarse con el premio Nobel. “Cada 15 días aparece uno nuevo. Se ha convertido en una moda”, afirma Ruiz de Gopegui. “Si hay vida, no vamos a ir hasta allí ni vamos a mandar ningún mensaje”, se lamenta.

Sin embargo, para Valeriano Claros se trata de un importante avance. El antiguo responsable de la estación de seguimiento de satélites de Villafranca de Castillo, en Madrid, cree que la novedad de este nuevo hallazgo está en el sistema utilizado, que permite estudiar la composición del posible planeta: por un lado, una suerte de fotómetro que mide la luminosidad del disco solar y, por otro, un espectógrafo que detecta una absorción de la radiación de la estrella. O más concretamente, si en ese planeta hay o no atmósfera, como sucede en Marte.

A principios de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados

El director de la misión Kepler, Christopher Burke, señala que el telescopio de la NASA ha incrementado un 20% sus hallazgos, que suman ya un total de 2.740 planetas potenciales y 2.036 estrellas desde el inicio de la misión. Burke apunta además que los cuerpos con el mismo tamaño de la Tierra son los más numerosos entre estos hallazgos, así como las supertierras —más del doble de su tamaño—.

También se ha constatado que el 43% de los candidatos a planetas de Kepler tienen vecinos. Para identificarlos, el telescopio espacial mide el cambio en el brillo de más de 150.000 estrellas cuando los supuestos planetas pasan por delante. Se conoce como la técnica del tránsito, explica la NASA, aunque para determinar que existe un planeta orbitando la estrella se necesitan, por lo menos, tres tránsitos verificados.

De momento, la agencia espacial seguirá realizando observaciones para verificar que, efectivamente, se trata de nuevos planetas. A principios de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados. Hoy hay 105.

Los efectos de la Luna: verdades y mentiras


ABC.es

  • El ser humano ha buscado en el satélite la respuesta a muchas de sus preguntas, dando lugar a falsos mitos y a certezas comprobadas

El nacimiento del bebé o la lluvia se vinculan en ocasiones a la posición de la Luna

Está presente simbólicamente en todas las culturas la creencia de que la Luna afecta a nuestro comportamiento, altera nuestros estados de ánimo… la sensación de que estamos completamente a su merced es un sentimiento que viene de atrás y está fuertemente arraigado en el imaginario colectivo. «Eres un lunático», una frase poco amistosa con la que, según la RAE, nos referimos a alguien «que padece locura, no continua, sino por intervalos», intervalos que nos recuerdan a las fases lunares.

La palabra «luna» viene del latín y su raíz, «leuk», es de origen indoeuropeo y está presente por ejemplo en el griego: «leukós» (blanco brillante). Siempre ha sido un foco en la noche, en ocasiones el único, y prácticamente todas las culturas que en la actualidad el hombre es capaz de recordar han decidido otorgarle la categoría de deidad con la consiguiente responsabilidad sobre el ser humano, los animales y la indomable naturaleza del planeta Tierra.

La Luna, cuyos ciclos duran 28 días al igual que el periodo menstrual de las mujeres, ha estado siempre vinculada con el sexo femenino y multitud de culturas la adoraban durante los cultos a la fertilidad en la antigüedad. Se cree que esos 28 días de transformación han sido claves para dicha vinculación y, además, se le asigna un componente oscuro o antagonista al sol.

Influencia en el parto

Ix Chel, la «Dama Arcoíris», fue la diosa de laLuna en la mitología maya. Era adorada como protectora de tejedores y, como no, de mujeres en parto. Y es que a la Luna, incluso hoy día, se le atribuye el don de la fertilidad. Esta creencia ha sobrevivido al tiempo y a las diferencias culturales y en la actualidad se sigue pensando de manera dogmática en sus efectos sobre las embarazadas.

estudiado estos supuestos arraigados en el pensamiento colectivo no encontrando coincidencias. Por ejemplo, algunos científicos de la Universidad de Castilla-La Mancha en nuestro país, elaboraron un estudio sobre la relación entre el número de niños nacidos y los ciclos lunares que no daba pie a las creencias sobre los influjos de la Luna en los partos.

Francisco García Alcaraz, profesor de Enfermería de dicha universidad y uno de los autores de la investigación, dijo que tras analizar todo los partos en el hospital de Albacete, no se había encontrado ninguna relación entre estos y las fases lunares. No obstante, y debido a la gran cantidad de culturas que le atribuían a la Luna estos poderes supra terrenales, lo difícil en la actualidad sería creer que la luna es un mero satélite que no influye para nada en lo más profundo de nuestro ser humano.

La marea

Las mareas son un efecto de la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre la Tierra. Debido al movimiento de traslación de la Tierra se genera una fuerza centrífuga, que ocasiona que las cosas tiendan a irse hacia fuera. Además, como la Luna gira alrededor de la Tierra, esta ejerce una atracción sobre el océano y al combinar estas fuerzas (centrífuga y de atracción) el nivel del agua sube y se producen las mareas.

Que la Luna es capaz de influir sobre las mareas es un hecho científicamente comprobado.

El clima

La Luna es muy importante debido a que ayuda a mantener el eje de laSin embargo, nos encontramos aquí con el primero de los mitos, pues en multitud de ocasiones numerosos médicos y científicos han tierra en su posición, si esta desapareciera la Tierra no

Sin la Luna, la vida en la Tierra sería prácticamente imposible

tendría un eje

fijo sobre el cual moverse y por lo tanto los polos podrían quedar mirando directamente al Sol o todo lo contrario, permaneciendo eternamente en la sombra. Esto daría pie a lugares muy calientes y otros muy fríos provocando que la noche y el día fueran eternos en algunos puntos de la Tierra y la vida fuese casi imposible.

Más allá de esto, el folklore popular ha posicionado a la Luna como un instrumento milimétrico de precisión meteorológica. «Va a llover porque la Luna está cogiendo agua», decían nuestros abuelos. Sin embargo estas predicciones no son contrastables. La gravitación de la Luna (que produce la «marea atmosférica») si que lo es, aun así, el efecto es muy pequeño.

En definitiva podríamos decir que la Luna no tiene ningún efecto sobre el tiempo y el que tiene sobre la presión atmosférica es mínimo.

Creencias populares

Opuesta al sol y algo siniestra, muchas culturas han relacionado la luna con aquelarres y bestias antropomorfas. Con respecto a esto último, se piensa que en función de la fase que esté la luna nos crecerá más rápido el pelo, al igual que en otras fases se nos caerá más. De ahí (en parte) el mito del hombre lobo y su transformación capilar. Se dice de la Luna llena que provoca euforia y alegría, de la Luna menguante que es un tiempo de depuración y limpieza, de la Luna nueva que es momento de inestabilidad e incertidumbre y de la Luna creciente que da lugar al crecimiento y ascenso.

La Luna ha condicionado durante generaciones los quehaceres del ser humano. Desde podar una planta hasta quedar embarazada, las creencias de nuestros antepasados han conseguido sobrevivir a los años para ahora convivir con la ciencia.

‘Planck’ observa el Universo frío


El Pais

Los primeros resultados del satélite desvelan una población invisible de galaxias antiguas

Miles de fuentes de radiación muy frías en el Universo forman el nuevo catálogo hecho con los datos que ha recopilado el satélite europeo Planck. En sus primeros resultados científicos, presentados este martes en París, Planck ha desvelado una población invisible de galaxias envueltas en polvo hace miles de millones de años que formaron estrellas a ritmos mucho más elevados del que vemos en nuestra galaxia actualmente. Las medidas de esta población de galaxias no se habían hecho nunca hasta ahora en las longitudes de onda utilizadas por Planck, entre el infrarrojo y el radio.

El satélite fue lanzado en 2009 para estudiar la formación de las primeras estructuras a gran escala en el Universo, de donde surgieron las galaxias. Estas estructuras son las que rompen la uniformidad de la radiación de fondo de microondas, la que permanece como un eco del Big Bang, ya que se emitió solo 380.000 años después, cuando el Universo ya se estaba enfriando.

Para alcanzar el objetivo, hay que descartar las fuentes muy frías (galaxias en su mayor parte) que se interponen y contaminan las medidas y de ahí el catálogo que se ha presentado ahora. También se ha medido otra fuente de contaminación, la llamada emisión de microondas anómala, un brillo difuso asociado sobre todo a las regiones más densas y ricas en polvo de nuestra galaxia cuyo origen ha sido un misterio durante décadas.

Los datos recogidos por Planck confirman la teoría de que esta niebla local de microondas procede de granos de polvo que giran sobre sí mismos a altísima velocidad debido a colisiones con átomos en movimiento o paquetes de ondas ultravioleta.

Y, por último, Planck ha mostrado nuevos detalles de otros actores del escenario cósmico, los cúmulos distantes de galaxias, que muestra como siluetas compactas sobre el fondo cósmico de microondas. El equipo del proyecto ha identificado hasta ahora 189 de estos cúmulos, 20 de los cuales eran desconocidos y han sido confirmados por el observatorio XMM-Newton, también de la ESA . “Estas observaciones las utilizaremos como ladrillos para construir nuestro conocimiento del Universo”, dice Nabila Aghanim, del CNRS y la universidad Paris Sud.

“Estos resultados son la punta del iceberg científico”, ha dicho David Southwood, director científico de ESA. “Planck está superando las expectativas gracias a la dedicación de todos los involucrados en el proyecto”.

El satélite sigue observando el Universo desde su órbita de Lissajous alrededor del segundo punto de Lagrange del sistema Sol-Tierra. Sus próximos datos serán hechos públicos en enero de 2013 y sus responsables esperan que revelen el fondo cósmico de microondas con un detalle inédito.

La ESA “salva” la misión BepiColombo para enviar dos satélites a Mercurio


EFE – Yahoo

La Agencia Espacial Europea (ESA) “salvó” el proyecto BepiColombo para enviar dos satélites a Mercurio en 2014, a pesar de las dudas suscitadas por “varios Estados miembros” después de que un aumento del presupuesto elevase los costes un 30 por ciento, explicó hoy a EFE el director del proyecto, John Elwood.

El coste total de la misión, que enfilará la rampa de lanzamiento en 2014 y colocará dos satélites orbitando alrededor de Mercurio seis años después, se situará en 970 millones de euros (1.452 millones de dólares), por lo que “varios Estados miembros” mostraron reticencias, aunque “ninguno de ellos votó a favor de cancelar la misión”, señaló Elwood.

La ESA podrá, por tanto, empezar a elaborar en 2020 un mapa detallado de la superficie de Mercurio, su estructura geológica y la composición de sus cráteres.

La BepiColombo servirá además para elaborar un plano magnético de Mercurio, estudiar la exosfera del planeta (una de las capas de la atmósfera), la composición de sus polos y experimentar sobre la teoría de la relatividad enunciada por el físico alemán Albert Einstein (1879-1955).

El precio de la misión se ha disparado porque hubo una error de concepción en el diseño original, lo que obligó a diseñar unos equipos más grandes de lo previsto, a cambiar de lanzador -se pasa de un Soyuz a un Ariane- y a retrasar un año el debut de la misión.

Elwood se mostró confiado en que no haya más retrasos porque “sería una absoluta catástrofe”, aunque no pudo asegurar que los costes se mantengan al nivel actual.

“Es el riesgo que tiene explorar lo desconocido. Me imagino que la Reina (española) Isabel la Católica (1451-1504) le preguntó a (el descubridor de América, en 1942, el genovés Cristóbal) Colón: ¿estás seguro de que, con esto, (el dinero para financiar el viaje del descubrimiento) será suficiente para ir y volver?”, ironizó Elwood, quien precisó, no obstante, que ya se han determinado cuáles serán los costes laborales de la misión, que permanecerán invariables.

Algunos de los problemas de diseño, indicó el director del proyecto, se debieron “a que en Mercurio hace mucho calor porque está muy cerca del Sol, aunque parezca simple. A medida que el diseño progresaba, nos fuimos dando cuenta de que los paneles solares se calentarían demasiado”, agregó.

Con el nuevo diseño, aunque más caro y de mayor tamaño, no debería de haber más problemas y la ESA podrá empezar a estudiar el planeta más cercano al Sol, una misión que Elwood no cree que suponga el inicio de una carrera para que el hombre ponga el pie en Mercurio.

“Creo que es demasiado caliente para que nunca vaya nadie. Si yo tuviera que mandar gente al espacio, elegiría sitios donde se pudiera llegar a vivir: la luna, Marte, un asteroide, pero Mercurio… está demasiado cerca del Sol”, concluyó.

La ESA lanza en noviembre el primer satélite para medir la salinidad del océano


El Pais

SMOS se encargará también de estudiar la humedad del suelo para entender mejor la vida en la Tierra.- El vehículo porta un único instrumento, de fabricación española

Para relacionarnos mejor con nuestro planeta es indispensable, paradójicamente, salir de él. Salir al espacio. Por ello la Agencia Europea del Espacio (ESA) lanzará en la madrugada del 2 de noviembre SMOS, el primer satélite capaz de medir la salinidad del océano y la humedad del suelo. ¿Para qué? Para entender mejor la Tierra; para saber mucho más sobre un problema tan acuciante como el de conocer cómo se comportará su clima; para averiguar si habrá o no cambios drásticos en las corrientes oceánicas. SMOS, además, es el primer satélite de observación de la Tierra que lleva a bordo un instrumento desarrollado enteramente en España.

Desde el espacio la Tierra es un bello y sugerente globo azul, el más interesante de los planetas de nuestro Sistema Solar o fuera de él, sin duda alguna. No en vano es en el que vivimos. ¿Recuerdan aquello que aprendíamos en el colegio sobre el ciclo del agua? Se evapora de los mares, circula por la atmósfera, y se precipita en forma de lluvia en la tierra para después volver al mar… Es una visión simplista de algo muy cierto. El agua total en nuestro planeta se mantiene constante, pero la proporción de ella que se almacena en mares, tierra, atmósfera y criosfera o hielos cambia según complejos modelos todavía por entender. Una pequeña parte del agua (pequeñísima, tan sólo el 0,001% del agua se encuentra en la atmósfera) está continuamente cambiando de estado. Se funde o se solidifica en los polos y glaciares, se evapora o se precipita sobre tierra y océanos, fluye sobre la tierra hasta el mar por los ríos o se almacena en acuíferos o en humedad superficial del suelo para a su vez evaporarse de nuevo.

Un mejor conocimiento del ciclo del agua es fundamental si queremos comprender las condiciones de la vida en nuestro planeta. La humedad almacenada en la capa superficial del terreno es determinante en la agricultura y las condiciones de habitabilidad del territorio, y un factor decisivo para el clima a corto y medio plazo.

Más agua dulce

El deshielo de los polos, la evaporación, el aporte de los ríos y la precipitación de lluvia alteran la salinidad de los mares al mezclar más agua dulce, y eso a su vez marca la evaporación oceánica y la circulación del agua en los océanos. Porque el agua en los mares no permanece quieta, se mueve formando grandes corrientes (la más conocida, a buen seguro, es la del Golfo) en función de las diferencias de temperatura y salinidad. Y esas corrientes son las que hacen que disfrutemos de un clima más cálido de lo habitual en Europa.

¿Cómo adquirir una idea más cercana de esos fenómenos de intercambio de agua en la superficie del planeta? Hace años, los científicos se dieron cuenta de que se pueden medir desde el espacio escuchando cómo la tierra transmite parte de su calor. Y a raíz de esto, se diseñó el satélite SMOS (Soil Moisture and Ocean Salinity, Humedad del Suelo y Salinidad de los Océanos). SMOS pertenece a un programa de la ESA llamado Planeta Viviente, en el que una serie de satélites intentan mejorar el conocimiento de nuestro planeta analizando los vientos (AEOLUS), el espesor de los hielos (CRYOSAT-2), el campo magnético (SWARM), el campo gravitatorio (GOCE) o la concentración de aerosoles en la atmósfera (EARTH-CARE).

Un único instrumento, español

SMOS porta un único pero muy complejo instrumento, MIRAS, de diseño y fabricación 100% españoles. Es la primera vez que la industria española asume el reto de convertirse en proveedor principal de un instrumento en una misión de la ESA. MIRAS observará periódicamente toda la superficie terrestre midiendo la temperatura de brillo, y enviará a tierra información que se podrá convertir en mapas de humedad de suelo y de salinidad.

Ese proceso, convertir los datos recibidos de MIRAS en mapas que puedan analizar los científicos, es precisamente lo que realizará el Centro de Procesado de Datos de SMOS en ESAC, el Centro Europeo de Astronomía Espacial de la ESA en Villanueva de la Cañada (Madrid). Se llegará a ofrecer datos en menos de tres horas desde su captura por el satélite, con lo que se mejorarán los modelos de predicción meteorológica a medio plazo -influyendo así por ejemplo en la información del tiempo cotidiana-.

Asimismo, desde ESAC se vigilará el instrumento y se planificarán las operaciones que ha de realizar SMOS a lo largo de sus órbitas (dará una vuelta a la Tierra cada 100 minutos, pasando por los polos). También se generarán los comandos para indicarle lo que ha de hacer, que serán transmitidos al CNES (Centro Nacional de Estudios Espaciales) en Francia, responsable de las operaciones de la plataforma.

El lanzamiento de SMOS está previsto para la madrugada del 2 de noviembre, desde Plesetsk, en Rusia. Todos cruzamos los dedos (y además ponemos todo nuestro esfuerzo, por aquello de echar una manita a la fortuna) para que a finales de año podamos empezar a conocer mejor nuestro bello, redondo y azul hogar.

Japón lanza un satélite para investigar la polución del aire


El Mundo

Japón ha lanzado esta madrugada (hora española) el satélite Ibuki desde el centro espacial de Tanegashima, en Kagoshima (sur de Japón).

El satélite observará en los próximos cinco años cómo respira nuestro planeta. Para ello, medirá la concentración, distribución y ciclos de absorción de los gases de efecto invernadero. Ibuki (respirar, en japonés) ha costado 300 millones de euros, pesa dos toneladas y hará un escaner completo de la superficie terrestre cada 100 horas, lo que contribuirá a estandarizar cómo los países miden sus emisiones y mejorará el conocimiento del calentamiento global.

Su partida, a bordo de la lanzadera H-2A, estaba prevista para hoy al mediodía en Japón (4.00 horas en España), desde el centro espacial de Tanegashima, en el sur del país. La sonda alcanzará su órbita a 666 kilómetros de la superficie y entrará en un periodo de pruebas y calibración de sus dos sensores. El principal está diseñado para medir con técnicas infrarrojas la densidad del dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4), responsables del 80% del calentamiento terráqueo, mientras que el segundo ayudará a corregir las distorsiones que introduzcan en los datos la presencia del aerosol o las nubes.

La principal aportación del Ibuki consiste en que medirá los gases, de forma periódica, en 56.000 puntos de la atmósfera. Hasta ahora sólo se contaba con las mediciones de 283 bases de observación terrestre, la mayoría en países desarrollados. «No contamos, por ejemplo, con información fidedigna de Sudamérica o África», afirma el doctor Tatsuya Yokota, investigador jefe del Centro de Estudios Ambientales de Japón y responsable de procesar la información que envíe Ibuki. «El satélite proporcionará la primera medición uniforme de todo el planeta, observando el mismo punto cada tres días».

Mediciones mensuales

El doctor Yokota calcula que, contando con la variable atmosférica, se obtendrá una medición mensual en cada punto. Una información que se trasladará a un mapa que explique cómo los diferentes ecosistemas inhalan o exhalan dióxido de carbono y metano. «Mostrar una imagen global del CO2, o un vídeo dinámico de la respiración de la Tierra, tendría un gran impacto para la concienciación», afirma Takashi Hamazaki, responsable del proyecto en JAXA, la agencia aeroespacial japonesa.

Junto al Observatorio Orbital de Carbono (OCO), un proyecto similar de Estados Unidos que se lanzará este año, Ibuki contribuirá a despejar otro vacío científico. La mitad de las emisiones globales de carbono se acumulan en la atmósfera, y otro segmento es absorbido por sumideros naturales, como bosques y océanos. Los datos de ambos satélites ayudarán a entender a dónde va a parar el carbono que se escapa de los cálculos, que equivale a 1.000 millones de toneladas.

El fin de Ibuki es científico, explica Yokota, pero con «potencial político». En el Protocolo de Kioto, el volumen de emisiones a reducir se calcula según las emisiones que declara cada país. Con su medición uniforme del globo, la sonda aportará una variable más para su validación, contribuyendo «a diseñar mejor las respuestas al cambio climático». Las mediciones se compartirán gratuitamente con la comunidad internacional, tras el periodo de pruebas de un año.

Japón lanzará un satélite para medir los niveles de CO2 en la atmósfera en todo el planeta


EP/Reuters – ADN

El lanzamiento tendrá lugar a finales de enero y permitirá abarcar los mares y países en vías de desarrollo, a donde no llegan los observatorios terrestres existentes hasta ahora

La agencia espacial de Japón, JAXA, lanzará un satélite a finales de este mes para monitorizar los gases de efecto invernadero en la atmósfera en todo el planeta con el objetivo de que los datos ayuden a combatir el cambio climático, según ha informado la propia agencia.

Así, el Satélite Observador de Gases Invernadero (GOSAT) se lanzará el próximo 21 de enero y permitirá a los científicos calcular la densidad del dióxido de carbono y el metano de 56.000 emplazamientos en la superficie de la tierra. El GOSAT estará en órbita cinco años y recogerá datos una vez al mes, de modo que los investigadores esperan contar con los primeros ya en abril o mayo.

La fabricación y lanzamiento del satélite tiene un coste de 35 billones de yenes (unos 272 millones de euros) y su cobertura se puede comparar con la de los 282 observatorios terrestres existentes hasta el pasado octubre, según ha explicado el director del proyecto, Takashi Hamazaki.

“Para luchar contra el cambio climático, necesitamos observar la densidad de gases de efecto invernadero en todas las regiones del mundo y ver cómo cambian sus niveles”, ha explicado Hamazaki.

También los países en desarrollo y los mares

No obstante, ha precisado que, de momento, hay muy pocos observatorios en tierra y están concentrados en determinadas zonas, que excluyen a los países en desarrollo. El satélite GOSAT, apodado Ibuki (vitalidad, en japonés) cubrirá esos países y la atmósfera sobre los mares.

Equipado con dos sensores, el GOSAT rastreará rayos infrarrojos desde la tierra que ayudarán a calcular las densidades de los dos gases, porque absorben los rayos y algunas longitudes de onda. El satélite recogerá cualquier signo de nubes, haciendo posible procesar datos sólo cuando el cielo está claro.

Un miembro del Ministerio de Medio Ambiente japonés señaló la voluntad del ejecutivo nipón de que los nuevos datos del GOSAT se reflejen en un informe que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) realizará en 2014.

Por su parte, la NASA también está trabajando en su propio Observatorio Orbital de Carbono para lanzarlo este mismo año y realizar mediciones de CO2 en la atmósfera.

La NASA lanzará un satélite para medir el CO2 en la atmósfera


Europa Press – ADN

El OCO viajará a bordo del cohete Taurus XL el próximo 23 de febrero desde la Base de la Fuerza Aérea de Vandenberg en California

La agencia espacial de Estados Unidos, la NASA, intenta lanzar un satélite que pueda seguir el rastro del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. El llamado Observatorio Orbitador de Carbono (OCO), mostrará los principales sitios en la superficie de la Tierra donde se está emitiendo y absorbiendo CO2.

Se cree que el dióxido de carbono producido por la actividad humana está ocasionando el cambio climático, pero hay factores importantes sobre su movimiento a través de la atmósfera que siguen siendo desconocidos, informó la BBC.

La NASA cree que la tecnología de OCO podrá resolver algunos de estos misterios. “Ésta es la primer nave espacial de la NASA dedicada específicamente a mapear el CO2”, declaró el principal investigador del Laboratorio de Propulsión Jet de la NASA David Crisp.

“El objetivo de la misión OCO es tomar medidas suficientemente precisas para poder utilizarlas para analizar las “fuentes” y “pozos” del CO2″, agregó el científico, que está presentando los detalles de la misión en la Conferencia de la Unión Geofísica Estadounidense en San Francisco.

Tal como anunció, el lanzamiento del OCO a bordo del cohete Taurus XL está programado para el próximo 23 de febrero desde la Base de la Fuerza Aérea de Vandenberg en California. La NASA ya cuenta con un instrumento de detección de CO2 en su satélite Aqua, pero éste se encarga de analizar los gases de efecto invernadero a entre 5 y 10 kilómetros sobre la superficie.

Medir el calentamiento

El OCO, sin embargo, detallará la concentración de dióxido de carbono cerca de la superficie, donde su efecto de calentamiento se siente más. En pocas palabras, el observatorio hará la contabilidad del CO2.

Y sus mapas de la concentración global de carbono ayudarán al equipo de científicos de la misión a analizar los sitios donde el gas está entrando en la atmósfera y donde está siendo absorbido por plantas y océanos.

Los científicos calculan que la naturaleza circula unos 330.000 millones de toneladas de CO2 al año. Las actividades humanas lanzan a la atmósfera unos 7.500 millones de toneladas. Es una cifra pequeña en comparación, dicen los investigadores, pero suficiente para crear un desequilibrio en el sistema y aumentar la temperatura promedio global de la superficie de la Tierra.

“Sabemos de dónde provienen la mayoría de las emisiones de combustible fósil”, indicó el doctor Crisp. “Sabemos también en dónde se ubican las actividades que producen grandes emisiones de CO2, como la producción de cemento”. “Pero hay otras cosas como la quema y deforestación de biomasa (bosques) y no tenemos una buena cuantificación del CO2 que se libera en estos procesos”, agregó el científico.

“La idea es que OCO nos ayude a entender mejor todos estos”, explicó. Los “pozos” de CO2 -los lugares donde éste se absorbe- también están rodeados de muchos misterios. Se cree que la Tierra absorbe cerca de 50 por ciento del CO2 que producimos, la mayoría va a los océanos.

Pero no se conoce mucho sobre los otros sitios donde se absorbe el gas, y debido a esta falta de conocimiento los científicos tienen un entendimiento limitado de cómo evolucionarán estos pozos de CO2 a medida que el clima cambie. Por eso, dicen los científicos, OCO es esencial.