Catedral de San Andrés (St Andrew) Escocia


La Catedral de St. Andrews fue, en su momento, la mayor de toda Escocia y, aunque en la actualidad solo quedan en pie sus ruinas, puede deducirse por su grandiosidad la enorme pujanza que debió tener durante su época de mayor esplendor.

La verdad es que St. Andrews que tambien es muy famoso por sus campos de golf merece mucho la pena una visita de fin de semana, os lo recomiendo.

Historia

Sus orígenes se remontan hasta el año 742, cuando las reliquias del apóstol San Andrés (St Andrews), luego patrón de Escocia, llegaron a esas tierras. Sobre una zona rocosa, justo donde hoy se alzan las ruinas de la catedral, se levantó entonces la iglesia de St Mary on the Rocks, la primera de las tres que sucesivamente irían ocupando este lugar. En 1140 una comunidad de agustinos fundó aquí mismo su propia iglesia (iglesia de St. Rules), cuya alta torre cuadrada y aislada aún se conserva y usa como mirador de todo este lugar privilegiado sobre la costa escocesa. Finalmente, sería ya en el año 1160 cuando el Obispo de Sant Andrews promovió la construcción de una gran catedral, cuyas ruinas son las que hoy podemos ver.

Su construcción se llevó a cabo a lo largo de 158 años, siendo finalmente consagrada en 1318. A partir de ahí su historia fue muy agitada, pasando por numerosas vicisitudes. Así, en 1270 y por tanto antes de su terminación, su costado oeste fue destruido por los efectos de una galerna. Posteriormente sufrió un importante incendio en 1378, lo que obligó a su reconstrucción; y más adelante, en 1409 otra tormenta acabó con el lado sur; como se ve, tormentas y vendavales que le efectaron muy directamente debido a su posición directa frente a la costa abierta, en un paraje agreste y muy expuesto a las inclemencias naturales.

Pero además la catedral de Saint Andrews fue víctima de los turbulentos momentos vividos en Escocia durante el siglo XVI con motivo de la Reforma Protestante y la dura reacción del presbítero John Knox, lo que dio lugar a que fuera semiderruida. Tras un tiempo en el que se dudó sobre la posibilidad de su reconstrucción, poco a poco sus piedras se fueron utilizando para distintas obras civiles en la propia localidad de Saint Andrews. Así, de aquella catedral hoy solo queda una gran explanada con algunos muros en pie, uno de los testeros frontales casi completo con sus dos altas torres a los lados, y parte de lo que fue su claustro, de estilo gótico.

Gran parte del terreno se encuentra ocupado por un enorme cementerio, donde antiguas tumbas de distintos tamaños y categorías se distribuyen libremente por doquier, dando lugar a un escenario impresionante que evoca la grandiosidad de esta catedral, en su día la más grande de Escocia. La torre cuadrada de la antigua iglesia de Sant Rule se conserva en relativo buen estado y es visitable, con unas vistas espectaculares desde su parte superior, tanto del acantilado y la costa, como de las propias ruinas de la catedral, de las ruinas del cercano castillo, o de la actual localidad de Saint Andrew.

Museo Carlos de Amberes


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  • El nuevo Museo de la Fundación Carlos de Amberes rinde homenaje a los grandes maestros flamencos y holandeses
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‘Fiesta de Nuestra Señora del Bosque’ (1616), de Denis Van Alsloot.

Resulta llamativo que la pieza más importante del nuevo Museo Carlos de Amberes haya estado siempre en el mismo lugar donde hoy podemos contemplarla: en la parcela que un ciudadano flamenco donó en 1594 para construir una institución destinada a atender a viajeros de las Diecisiete Provincias de los Países Bajos. El Hospital de San Andrés de los Flamencos daría paso en 1988 a la Fundación Carlos de Amberes, y desde entonces El martirio de San Andrés (1638-1639) de Rubens, la obra a la que nos referimos, ha presidido la antigua capilla del edificio.

Desde luego, este impresionante lienzo encargado por el Hospital a mediados del siglo XVII es un inmejorable núcleo para este museo que, en tiempos de saturación expositiva, apuesta por una experiencia concentrada y de dimensiones humanas.

Entre sus muros, un selecto conjunto de pinturas y tapices reúne a algunos de los grandes nombres de la pintura flamenca y holandesa de los siglos XVI y XVII. Esta colección permanente, llamada Maestros flamencos y holandeses, ha surgido del esfuerzo de instituciones como el Real Museo de Bellas Artes de Amberes (que ha cedido 21 pinturas) o el Museo del Prado, prestador de una decena de cuadros. Sin embargo, poco hay de provisional en un recorrido diseñado para dar cabida a géneros muy diferentes y para privilegiar la confrontación directa con los cuadros sustituyendo las cartelas por un catálogo muy detallado.

‘Margarita de Austria’ (1519-1529), de Bernard Van Orley.

El recorrido podría empezar con la creación más antigua de la colección, un retrato de Margarita de Austria firmado por Van Orley entre 1519 y 1529. Comparte estancia con lienzos tan valiosos como los dedicados a los Archiduques Alberto e Isabel, ambos pintados en 1615 por Rubens, responsable de los retratos, y por Jan Brueghel el Viejo, que se encargó de reproducir, al fondo de los mismos, las residencias veraniegas de los aristócratas. Van Dyck firma a su vez un imponente y tenebroso Retrato ecuestre de Cornelis de Wael (1622-1627), con influencia de Rubens, así como la elegante efigie de Policena Spinola, marquesa de Leganés, de la misma fecha.

En la segunda sala, dedicada a las imágenes mitológicas y religiosas, sobresalen los nombres de Rubens, Jacob Jordaens y Michaelina Wautier, uno de los contados casos de pintoras cuyo nombre logró sobresalir en un entorno mayoritariamente masculino. De ella se exponen dos pinturas (Retrato de una joven, 1655, y Santa Inés y Santa Dorotea, sin fechar) que demuestran su talento como retratista y su aguda visión. Junto a estas obras, un monumental tapiz de más de cinco metros de largo atribuido a Jan Van Roome subraya la excelencia de este tipo de piezas durante el siglo XVI. Evoca un episodio de la Eneida y pertenece a una serie de tapices que fue de Felipe II y que, salvo éste, ha desaparecido por completo.

La tercera sala es la más evocadora, porque fue en el tratamiento de temas cotidianos y burgueses donde los pintores flamencos mostraron mayor libertad y creatividad. Hay escenas costumbristas de David Teniers II, detallados bodegones y una extraordinaria pintura de temática animal ejecutada por Jan Fyt, Cisnes en el agua. En la misma estancia, en un espacio dedicado a pequeñas exposiciones temporales, se puede ver ahora una exquisita serie de 11 grabados de Rembrandt dedicados al desnudo. Que no engañe su reducido tamaño: al igual que sucede con este museo, ofrecen una ocasión única para ejercitar dos capacidades -la contemplación y la observación- tan necesarias como infravaloradas en nuestros días.

La falla de San Andrés acumula energía para un gran terremoto en California


ABC.es

  • Los puntos de mayor peligro se encuentran en cuatro sectores urbanos situados en sus cercanías
La falla de San Andrés acumula energía para un gran terremoto en California

Archivo | Fractura en la falla de San Andrés

Cuatro sectores urbanos situados en las cercanías de la falla de San Andrés (California) han almacenado suficiente energía para producir grandes terremotos. Esta es la conclusión de un nuevo estudio, publicado en el Boletín de la Sociedad Sismológica de América, que mide el deslizamiento de las fallas.

En el trabajo, se advierte de que tres de estas secciones -Hayward, Rodgers Creek y Green Valley- están a un punto o menos del promedio de intervalo de recurrencia, es decir, de acabar en seísmo.

El ciclo de un terremoto refleja la acumulación de tensión en la falla, su deslizamiento y su reacumulación. Un seísmo se produce cuando existe un deslizamiento de la placa y se libera la tensión acumulada en la parte superior de la corteza terrestre. De este modo, mientras no hay deslizamiento, la energía se sigue almacenando hasta que es liberada por un terremoto.

Este estudio estima la cantidad de deslizamientos que se producen en cada sección de la falla de San Andrés y si éstos pueden repercutir en el tamaño potencial del próximo terremoto. “El grado de deslizamiento de las fallas, y por lo tanto del bloqueo, controla el tamaño y el momento en que se producen los grandes terremotos en el sistema”, explica James Lienkaemper, autor de la investigación.

A su juicio, “la medida del deslizamiento en algunas secciones de la falla aún no está bien determinada”, de ahí que esta sea una de sus “prioridades” a estudiar, sobre todo en los sectores urbanos cercanos a las zonas de peligro.

La falla de San Andrés acumula energía para un gran terremoto en California

Deslizamiento

La comprensión de la cantidad y el alcance del deslizamiento de fallas afecta directamente a las evaluaciones de riesgo sísmico de la región. El sistema de San Andrés se compone de cinco ramas principales que se combinan para sumar una longitud total de más de 2.400 km. El 60% del sistema de fallas libera energía a través del deslizamiento, que va desde 0,1 hasta 25,1 mm por año, y alrededor del 28% permanece bloqueado en profundidad, según los autores.

El monitoreo del deslizamiento en este área dice que se ha expandido en los últimos años. Las mediciones de la matriz de alineación realizados a través de estaciones GPS han proporcionado datos primarios sobre la superficie de deslizamiento. Son los que los autores utilizan para estimar la profundidad media de deslizamiento para cada segmento de falla.

Así, analizados los datos, existen cuatro fallas que han acumulado la suficiente presión como para producir un gran terremoto. Las tres con mayor peligro tienen grandes áreas cerradas (menos de 1 milímetro por año) y no han roto en un gran terremoto de magnitud 6,7, al menos, desde que se recoge en los registros locales. Por su parte, la cuarta, Hayward sur, registró un terremoto de magnitud 6,8 en 1868, y, según los científicos, está ahora muy cerca de su tiempo de recurrencia media, basado en estudios paleosísmicos.